lunes, 3 de febrero de 2020

Nos señala:”dos problemas graves y básicos de los humedales del Delta del Paraná. La contaminación: «Millones de litros de glifosato y otros agrotóxicos en el río. Vivimos rodeados de agua y tenemos que buscar bidones en la ciudad para tomar». Esa agua con agrotóxicos va al Río de La Plata, de dónde se provee de agua la Ciudad de Buenos Aires. El segundo mayor problema es la disputa por el agua y la tierra. Y allí tienen protagonismo los countries. Domínguez precisa nombres propios: Eduardo Costantini (Consultatio-Nordelta), Jorge O'Reilly (Eidico), los hermanos Hugo y Adrián Schwartz (Colony Park) y el Grupo Soldati, entre otros. Denuncia que hay un plan sostenido por distintos gobiernos y empresarios para vaciar la región de isleños, sus históricos habitantes, y dejar vía libre a los barrios cerrados”.

Humedales y biodiversidad en riesgo


3 febrero 2020
    Por Darío Aranda
Barrios cerrados, agronegocio y minería de litio. Son tres de las actividades que más atentan contra los humedales, reservorios naturales de agua que son vitales para regular las inundaciones, preservar la biodiversidad y evitar el calentamiento global. En el Día Mundial de los Humedales, organizaciones sociales, pueblos indígenas y académicos exigen el freno a su destrucción. Los humedales abarcan el 21 por ciento del territorio nacional, 60 millones de hectáreas y aún no hay una ley específica que los proteja.

Los humedales son sitios de gran biodiversidad, zonas de inundación permanente o temporaria, que actúan como "esponja" y regulan el caudal de agua. Absorben y atenúan inundaciones. Ejemplos de humedales son los Esteros del Iberá (Corrientes), el Delta del Paraná (Santa Fe, Entre Ríos, Buenos Aires), la Laguna de los Pozuelos y las Salinas Grandes (Jujuy), entre otros. Almacenan el 30 por ciento del carbono terrestre (son fundamentales para mitigar los efectos de la crisis climática y el calentamiento global).
En las últimas décadas sufrieron el avance de actividades perjudiciales, desde agronegocio (ganadería, arrozales, soja), minería (sobre todo de litio) hasta de grandes empresas inmobiliarias (los countries suelen ubicarse, y destruir, humedales).
Patricia Pintos es investigadora del Centro de Investigaciones Geográficas de la Universidad de La Plata. Explica que décadas atrás los humedales eran catalogados como espacios marginales o exentos de valor, pero a medida que en esos lugares se observaron sus potencialidades económicas comenzaron a ser ecosistemas altamente amenazados. “Se multiplicaron proyectos de agricultura comercial, emprendimientos inmobiliarios para el segmento ABC1 y proyectos de minería. Estos cambios son portadores, cada vez más, de un sinnúmero de conflictos ecológico-distributivos, que en su origen incluyen a los poderes públicos responsables de otorgar los permisos, y cada vez más al Poder Judicial y a las organizaciones sociales en las calles”, afirma.
Una investigación de Pintos, “Urbanismo privado y gestión del suelo sobre humedales de la cuenca baja del Río Luján”, contabilizó al menos 66 barrios privados que ocupan 9065 hectáreas en la cuenca baja del río Luján (Pilar, Campana, Escobar y Tigre).
Diego Domínguez vive en la zona de las islas de Tigre. Es investigador del Conicet, parte del Observatorio de Humedales y de la Cooperativa Isla Esperanza, que reúne a junqueros, habitantes históricos del lugar, los “campesinos” de las islas. Enumera dos problemas graves y básicos de los humedales del Delta del Paraná. La contaminación: “Millones de litros de glifosato y otros agrotóxicos en el río. Vivimos rodeados de agua y tenemos que buscar bidones en la ciudad para tomar”. Esa agua con agrotóxicos va al Río de La Plata, de dónde se provee de agua la Ciudad de Buenos Aires.
El segundo mayor problema es la disputa por el agua y la tierra. Y allí tienen protagonismo los countries. Domínguez precisa nombres propios: Eduardo Costantini (Consultatio-Nordelta), Jorge O'Reilly (Eidico), los hermanos Hugo y Adrián Schwartz (Colony Park) y el Grupo Soldati, entre otros. Denuncia que hay un plan sostenido por distintos gobiernos y empresarios para vaciar la región de isleños, sus históricos habitantes, y dejar vía libre a los barrios cerrados.
Clemente Flores es parte del Pueblo Kolla y uno de los voceros de la Mesa de Comunidades de Salinas Grandes y Laguna de Guayatayoc (Jujuy), región que también es parte de los humedales de Argentina, ya no con islas y frondosa vegetación, sino con llanuras de sal y agua dulce. Desde hace más de una década luchan contra las mineras de litio, que quieren explotar las salinas. “Trabajamos y vivimos acá. Cuidamos el territorio para las futuras generaciones, mientras los gobiernos favorecen la depredación empresaria”, afirma Flores. También recuerda que están vigentes los derechos indígenas (Constitución Nacional y Convenio 169 de la OIT, entre otros), que obligan a que el Estado consulte a los pueblos originarios ante cada afectación que pudieran tener. Denuncia que jueces y fiscales no están haciendo cumplir la ley, y así favorecen a las mineras.
El Programa Humedales Sin Fronteras es un colectivo de organizaciones de Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Países Bajos que trabajan por la sustentabilidad de la Cuenca del Plata. Por Argentina participan Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN), Taller Ecologista, Casa Río y Fundación Cauce. Recuerdan que también hay humedales en riesgo en el Gran Buenos Aires (Reserva Santa Catalina, Lomas de Zamora) y también vinculan actividades extractivas como el fracking con la destrucción de humedales: para las petroleras en Vaca Muerta se extraen arenas silíceas del lecho del Río Paraná, a la altura de la ciudad entrerriana de Diamante. En Chubut también hay humedales en riesgo, por ejemplo el conocido “mallín de los Cual” (de la comunidad Mapuche-Tehuelche Cual) en la localidad de Gan Gan, amenazado por un proyecto de explotación de plata y plomo.
“Hace falta voluntad política de frenar los avances empresarios y la apropiación de las islas. El estado municipal, provincial y nacional deben poner un freno a la destrucción y apropiación indebida de los humedales”, reclama Domínguez. Y recuerda lo que en tiempos de lluvia luego todos lamentan: “Menos humedales es igual a más inundaciones”.
Fuente: http://www.biodiversidadla.org/Noticias/Humedales-y-biodiversidad-en-riesgo

Verificamos " iniciativas que no surgen de lo abstracto, de un común definido teóricamente al que la realidad se haya tenido que adaptar, sino que surgen de comunes sensibles, concretos, perceptibles, vitales, existenciales. Gente que une su vida a su militancia y/o compromiso, personal lo político y político lo personal, y arranca alternativas que le permiten una vida mejor. Y no son complementarias, son el centro de sus vidas: no hay más que ver o leer las entrevistas".

Constelación del Común
Cuarenta y cinco iniciativas 
que ponen la vida 
en común en el centro
3 de febrero de 2020
Por Patricia Manrique
El Salto


”En común” se ha convertido en la referencia que mejor define las alternativas actuales al neoliberalismo. La Constelación de los Comunes, un proyecto audiovisual y un libro, ambos libres, muestran la realidad de casi 50 proyectos que ponen la vida en común en el centro.
No parece descabellado proponer que “común” sea uno de los términos —si no ‘el’ término— que mejor toma el pulso a la transformación social en marcha en este milenio —recogiendo una demanda pendiente de siglos anteriores—, en la medida en que rubrica la oposición a la ideología neoliberal cuyo individualismo, y la competición sin tregua que lo acompaña, es cada vez más contestado. No hay feminismos, ni lucha contra la emergencia climática, ni antifascismo, ni reclamos de democracia política y económica que puedan ser conjugados hoy sin la referencia a la centralidad de lo común. Solo desde ahí es posible poner la vida en el centro dado que la propia vida es, como no se cansa de repetir buena parte del pensamiento contemporáneo, en común.
Para María Ribero, “hace tiempo que pasó la hora de la resistencia y llegó la hora del crecimiento”, y lo dice en calidad de integrante, en su caso como madre, del proyecto educativo del CEIP Vital Alsar, un colegio público que desde 2012 ensaya otro modo de hacer de la escuela “un espacio diferente de aprendizaje común”, en palabras del director de la misma, Fernando Diego, implicando a padres y madres, profesorado y alumnado. Ribero es una de tantas personas inmersas en proyectos comunitarios que buscan cubrir necesidades esenciales poniendo por delante el buen con-vivir y, por ello, es una de las muchas “estrellas” del archivo que la investigadora y profesora Palmar Álvarez-Blanco ha dado llamar Constelaciones del Común. Se trata de un proyecto de investigación de cinco años volcado en forma de herramienta digital de acceso libre y en un libro —abierto— editado en un proceso común con La Vorágine.

Las constelaciones del común

Bajo el título En ruta con el común. Archivo y memoria de una posible constelación (2017-19), Álvarez-Blanco presenta un archivo audiovisual de “experiencias comuneras y comunidades de prácticas de orientación y aspiración anticapitalista y autogestionadas”, con entrevistas —en vídeo y transcritas al castellano y el inglés—a 45 proyectos de partida: una casa común a la que se vayan sumando muchos más.
El equipo de trabajo que encabeza esta burgalesa de nacimiento, catedrática en el departamento de español de Carleton College (Minnesota, EE UU), ha dotado la herramienta, además de la zona de entrevistas de los proyectos y la propuesta de “constelación” de los mismos —un mapa relacional atendiendo a las temáticas que tratan—, de una zona de protocolos que permita el crecimiento de la constelación con trabajos que primen “el uso mancomunado y cooperativo, solidario y comprometido socialmente” y con “valores de compromiso social contrarios al capitalismo”, por lo que pone a su disposición contactos y pautas para poder “constelarse”.
Asimismo, dispone de un “co-diccionario”, elaborado con contribuciones diversas y abierto a más con el objetivo de definir cooperativamente desde el amor a la sororidad, del Antropoceno al videoactivismo. Se ofrece también un “Aula Abierta”, en la que las personas dedicadas a la educación, formal y no formal, puedan aportar y tener acceso a actividades de clase,
así como sugerencias de libros, artículos, mapas, plataformas, vídeos… que abran lo común desde lo educativo, que lo inserten en la formación habitual permitiendo cambiar el sentido común individualista por un sentido común de lo común.
“Constelaciones del común” se presenta asimismo como un canal de difusión de conocimiento distinto al del circuito privado y a la lógica productivista, al tiempo que extiende una invitación al ámbito investigador universitario para pensar su actividad desde otro lugar. Una herramienta viva, pues para Álvarez-Blanco, “el archivo no tiene por qué ser solo un espacio de almacenaje de memoria—en muchos casos selectiva—, también puede ser un lugar para vincularse y debatir, un aula abierta, un territorio para soñar, colaborar, jugar, remezclar…”.

LO COMÚN EN EL CENTRO

Cada vez son más las teorías y prácticas comuneras o sobre la comunalidad. Proliferan en los últimos 50 años no sólo las investigaciones referidas a esta cuestión ya sea desde la economía —desde Elinor Ostrom y su cuestionamiento de la tragedia de los comunes, esa tesis falaz de que lo común se defenestra irremediablemente—, el pensamiento —de Giorgio Agamben y Jean Luc Nancy o Roberto Esposito a Virilio, Negri, Pal Pelbart, Dardot y Laval…—, los feminismos —con el auge de los comunitarios, sobre todo suramericanos—... sino, sobre todo, multitud de iniciativas prácticas de construcción de otros modos de vida, que cuestionan la antroponomía neoliberal y sus procesos de subjetivación, que frente a la lógica capitalista, optan por lo cocreado, compartido y cocuidado, y por el valor de la convivencialidad. “El hombre reencontrará la alegría de la sobriedad y de la austeridad, reaprendiendo a depender del otro”, escribió Ivan Illich, “en vez de convertirse en esclavo de la energía y de la burocracia todopoderosa”.
A poner lo común en el centro del sentido común es a lo aspira con su proyecto Rosa Jiménez, promotora de La Escalera (Madrid), uno de los proyectos constelados y grupo de investigación en el ámbito de los cuidados que facilitó procesos de rehabilitación afectiva de varias comunidades en Madrid por iniciativa de alguna o varias de sus vecinas. Jiménez habla de la facilidad que para la tarea aporta cierta “nostalgia de lo común” aún presente en muchas personas: “Es fácil apegarse a lo que propone La escalera, al menos aquí en España, porque los que tenemos en torno treinta años, muchos de nosotros, nos hemos criado en una escalera en cierta medida. Que la vecina se hiciera cargo de ti en los 80-90 era muy habitual”.
Para Jiménez se trata, aunque lo dice con cierta timidez, de micropolítica, ya que “es un espacio doméstico, privado” pero es “donde hemos hecho recaer tantas cosas importantes y fundamentales a nivel político, todas las que tienen que ver con los cuidados”. Y es desde el conocimiento de las virtudes vitales de un modelo comunitario, de su utilidad para el Buen Vivir, desde donde trabajan, al igual que buena parte de los proyectos constelados.
VIVIR DE OTRA MANERA

Trabensol, por su parte, es un proyecto de covivienda de adultos mayores en Torremocha del Jarama (Madrid), también estrella de la Constelación. Allí moría hace poco Antonia, una de sus habitantes, pero lo hacía apoyada hasta el último día por sus compañeros y compañeras, que la sacaron a pasear cada día pese al deterioro de su salud: algo a lo que no se puede aspirar en buena parte de las “residencias de ancianos”, algunas masificadas y con personal cuidador en condiciones precarias. Trabensol es una forma de afrontar en común esa etapa de la vida que, autogestionada, decidida por sus protagonistas, podría ser la mejor, libres ya del yugo del trabajo asalariado. ¿El objetivo final? “La felicidad, la alegría de las personas socias, su bienestar es lo principal”, explica Pilar Ruisánchez. La experiencia es pionera por lo que “vamos improvisando y a la vez, inventando”, explica Jaime Moreno, miembro del proyecto desde el principio. No sólo comparten conocimientos ente ellos, sino que han abierto sus instalaciones a los vecinos y vecinas del pueblo, respondiendo con cordialidad y apertura al aislamiento que se impone como inercia social a los adultos mayores.
Como Trabensol, todos ellos son una respuesta a la pregunta política por excelencia: “¿En qué tipo de mundo queremos vivir?”. Desde ahí, proponen y promueven un buen sentido aspirante a sentido común: “Todas estas comunidades contestan desde la práctica con una pluralidad de propuestas y de ensayos de fórmulas creativamente revolucionarias en el sentido de que validan otras maneras de entender la propiedad, el gobierno de la cosa pública, el trabajo, las relaciones, los cuidados, las transacciones comerciales, la educación, etc”, subraya Álvarez-Blanco. Igual que Moreno, de Trabensol, María González, del Arenero, apunta que lo suyo fue “una respuesta de cuidado para esto tan importante que es cuidar a los niños y a las niñas pequeñas”, y que surgió debido a “una búsqueda para dar respuesta a algo que no encontrábamos en el sistema”.
En la mayor parte de los casos, no se trata de una propuesta teórica sino práctica, una experiencia DIY —Do it yourself , hazlo tú misma— atenta a las potencialidades además de las carencias de sus situaciones vitales, que las impulsa a pensar en común y a investigar en experiencias similares para, finalmente, elaborar propuestas, cada una adecuada a su situación. La existencia de otros proyectos y el apoyo de la comunidad es un refuerzo determinante, pues en muchos casos son experiencias inéditas: “No estamos solas, están las familias que estaban antes, está el Instituto, está el Centro de Mayores, están las personas del huerto, está la gente que va al parque todos los días y nos ve... y eso va creciendo, nos hace fuertes y nos hace capaces de creernos estas alternativas”, explican desde El arenero.

Improvisación virtuosa

Todas estas experiencias comuneras se caracterizan, así, por ser eminentemente prácticas y existenciales. Porque muchas de ellas no fueron diseñadas “con papel y lápiz”, como el CEIP San José Obrero, según explica su director, Miguel Rosa. En este colegio abierto a la comunidad, gracias a su tratamiento individualizado de los chavales y chavalas que han ido llegando hasta él, la diversidad se ha convertido en un patrimonio y motivo de orgullo. Su auténtica constelación del común, o la de proximidad al menos, es el barrio sevillano en que está ubicado, al que se ha ido abriendo desde 1997. Fue entonces cuando, debido a la entrada en el colegio de un contingente de alumnado de etnia gitana decayó la matrícula, pero el director y el equipo no se dejaron amedrentar por el racismo y la falta de estructuras abiertas y se pusieron manos a la obra. Hoy son una referencia estatal por su inclusividad y la fuerte implicación de padres y profesores, pese a que la LOMCE, con su competitividad neoliberal, y los recortes se lo han puesto difícil, pero no piensan rendirse y cuentan con apoyos de sobra.
Por tanto, se trata de iniciativas que no surgen de lo abstracto, de un común definido teóricamente al que la realidad se haya tenido que adaptar, sino que surgen de comunes sensibles, concretos, perceptibles, vitales, existenciales. Gente que une su vida a su militancia y/o compromiso, personal lo político y político lo personal, y arranca alternativas que le permiten una vida mejor. Y no son complementarias, son el centro de sus vidas: no hay más que ver o leer las entrevistas.

Micropolíticas de la felicidad

Para su promotora, los testimonios recogidos conforman, en resumen “sin romanticismos, pero un horizonte propositivo de buenas noticias que, a la vez, celebra los éxitos y alimenta con historias comunitarias el motor de la ilusión”. Así lo refiere, entre otras, Mireia Mora, integrante de La Tremenda, una cooperativa feminista de gestión cultural y social sin ánimo de lucro para quien “el objetivo de todo esto era no depender de personas que no nos garantizaban la felicidad y que nos iban a exigir más y más y más para ganar más dinero ellos, no nosotras”. Hay un claro empeño en ser felices, lo que no es políticamente menor.
En la mayoría de los casos se trata, como señala Álvarez-Blanco, de proyectos “poliéticos”, porque “una posición política, cultural, ecosocial, existencial a la contra de la complicidad predominante con el sistema capitalista tiene que ser ética”: se trata de ethos, de modos de habitar siempre en marcha, ensayos cotidianos. Y, tal vez debamos dejar de ver los proyectos de este tipo como algo reactivo o defectivo y entenderlo como una forma de riqueza y felicidad. Sus integrantes comunican justamente eso.
Con tal fin, Isidro Jiménez, de Consume Hasta Morir, espacio autónomo de experimentación y un laboratorio ligado a la comisión de consumo y al área de consumo de Ecologistas en acción, señala que, con sus campañas de denuncia del consumo desmedido, pretenden “intentar defender un modelo de consumo que dé la vuelta a los valores actuales (…) porque ese estilo de vida nos da ansiedades y al final terminamos teniendo un estilo de vida que es una rueda de infelicidad”. Jiménez insiste en denunciar la “locura neoliberal” en la que habitamos, es que nos convierte en empresarios de nosotras mismas y convierte en invivibles nuestras vidas: “El sistema está haciendo aguas por todos lados, no genera más que infelicidad y parte de esa infelicidad bestial viene del saqueo y el expolio de otros sitios, y no saben cómo gestionarlo”.
Álvarez-Blanco defiende la necesidad de “contrarrestar el clima cultural cínico, pesimista, escéptico, apocalíptico… tan beneficioso al capitalismo por su capacidad para desarrollar estados de ‘indefensión aprendida’”. Abrir una vía de salida de lo que Marina Garcés ha denominado “condición póstuma”, al tiempo del «todo se acaba», al no hay alternativas… y vivirlas dejando de obsesionarse por las soluciones totales, asumiendo que la solución viene de lo local y concreto y de la entreveración, de la “constelación de los comunes”. Mancomunar esfuerzos “contra y más allá del capitalismo”—expresión de los comuneros Silvia Federici y George Caffentzis— sin dejarse engañar por quienes llaman “covivienda” a la precariedad habitacional o “economía colaborativa” a formas de esclavitud del siglo XXI: no todo lo “co” es constelable y las estrellas de esta constelación pertenecen a una galaxia ajena al “co” de Uber, Airbnb, Deliveroo o Glovo.


Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=265125

domingo, 2 de febrero de 2020

“Somos mujeres indígenas que despertamos, estamos hartas y decimos basta de genocidio sistemático, basta de criminalizar la recuperación de territorio ancestral, basta de violencia institucional, basta de racismo y xenofobia”.

Pueblos indígenas:
la lucha incesante
26 abril, 2019
 Por Sergio Alvez / Canal Abierto

Del 19 al 25 de abril se conmemora la Semana de los Pueblos Indígenas. El panorama para las comunidades originarias del país sigue siendo de opresión y resistencia. El modelo extractivista y las políticas cómplices, agentes cercenadores de sus derechos.
Cada año, entre el 19 y el 25 de abril, se conmemora en Argentina, la Semana de los Pueblos Indígenas. Se trata de un instancia propicia para la acción y reflexión acerca del reconocimiento de  la existencia plena, íntegra y vital de los Pueblos Indígenas;  validar su historia y proyección hacia el futuro, reconocer sus derechos comunitarios como sujetos colectivos con una identidad particular y explorar la vivencia del diálogo intercultural, son algunos de los objetivos de aquellas organizaciones – indígenas y no indígenas- que incluyen actividades alusivas en sus agendas durante la Semana de los Pueblos Indígenas.
¿En qué situación se encuentran hoy los Pueblos Indígenas en Argentina? ¿Cuáles son sus conflictos, desafíos y posibles avances? ¿De qué manera las políticas que el Estado despliega los contiene o margina ante el avance voraz del modelo extractivistas sobre sus territorios ancestrales?
La centralidad del territorio
En Argentina habitan 38 Pueblos Originarios. Según el Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2010, se trata de una población de 955.052 personas. El pueblo indígena con mayor población es el Mapuche, con un total de 205.009 habitantes, mientras que la provincia con mayor presencia de personas que han reconocido ser indígenas o descendiente de indígenas es Buenos Aires con 362 mil personas. Estas cifras deben ser tomadas como pisos poblacionales.
“La población indígena en Argentina, fue sistemáticamente excluida a lo largo de la historia del país. Durante la época de la colonización, y especialmente con la serie de campañas militares llevadas a cabo, se produjo el exterminio de una gran parte de los pueblos indígenas. Por la usurpación de sus territorios a partir del siglo XIX y el despojo de sus tierras y recursos, los indígenas fueron condenados a vivir en situaciones de extrema pobreza, lo que derivó en otras formas de exclusión social” señalan desde Amnistía Internacional, institución que junto a otras 5 organizaciones, dieron forma a un mapa que da cuenta de los principales conflictos y luchas de los Pueblos Originarios en la República Argentina. Se trata de un relevamiento que pudo identificar 183 conflictos en curso, y que permanece abierto y dinámico.
Los datos relevados están contenidos en la web territorioindigena.com.ar, que clasifica los casos relevados según el tipo de conflicto que se presenta. Así, el sistema se divide en los siguientes tópicos: Territorial, Ambiental, Violencia, Desalojo, Personería Jurídica y Criminalización. Se presenta además un desglose de “Casos emblemáticos”. Allí es posible encontrar un listado de situaciones. Además de poder interiorizarse acerca de estos casos, el visitante podrá acceder a petitorios para firmar su adhesión a las causas por las que vienen luchando los pueblos en cuestión.
Con claridad, se desprende que la mayoría de los conflictos tienen relación con la tenencia de la tierra, con la posesión del territorio. Desde el Equipo Nacional de Pastoral Aborigen (ENDEPA), sostienen que “la Argentina, no ha previsto mecanismo para la titularización de las tierras/territorios de los Pueblos Indígenas;  la ley 26.160 solo garantiza la determinación técnico-jurídico-catastral de los territorios comunitarios, pero no reconoce títulos de propiedad. A pesar de la importancia de la norma, para frenar los desalojos, ni esta ley, ni las acciones del Estado pueden ser valoradas como un procedimiento acorde a los estándares internacionales que garantice sus reivindicaciones territoriales y, el posterior goce del derecho de propiedad de los pueblos indígenas. Resulta preocupante, que el Estado tampoco haya entregado a las comunidades relevadas en el marco de este procedimiento la carpeta final que contiene los resultados del mismo, incluso luego de transcurrido varios años desde su realización, extremo de suma importancia por ser el único documento público que contiene su reivindicación territorial”.
Represión
Entre 2009 y 2017, al menos 25 personas murieron en situaciones vinculadas a conflictos territoriales.  En  la  mayoría  de  los  casos se  trata  de  miembros  de  Comunidades  Indígenas  asesinados  por  las  fuerzas  de  seguridad  o  sicarios  durante  operativos  de desalojo, represiones  a  la  protesta  y  otras  circunstancias.  Santiago Maldonado y   Rafael  Nahuel – mapuche  de  21  años-,  fueron las  últimas víctimas fatales de la represión contra Pueblos Originarios en Argentina.
Darío Aranda, periodista y autor de los libros Argentina Originaria y Tierra Arrasada, sostiene que “Los pueblos indígenas de Argentina cerraron un año en el que han enfrentado numerosos intentos de despojos de sus territorios, que implicaron represiones, criminalización, cárcel y asesinatos. La embestida contra el pueblo mapuche tuvo sus paralelos, aunque con menor difusión, en Formosa, Tucumán, Misiones, Santiago del Estero, Salta y Jujuy, entre otras provincias. La prórroga de la ley 26.160 (que debiera frenar los desalojos) está entre las buenas noticias. La peor: el asesinato de Rafael Nahuel y la represión al Lof Cushamen (con la desaparición y muerte de Santiago Maldonado)”.
Aranda recordó que “el gobierno nombró en agosto de 2018 al frente del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI) a Jimena Psathakis, de la Fundación Cambio Democrático, ONG referente en el discurso de “diálogo”, muy conocida entre las asambleas socioambientales porque siempre favorece al sector privado, desde Esquel (donde se ubicó del lado de la minera) hasta Vaca Muerta (donde “dialogó” mucho con comunidades mapuches, pero siempre impulsó el fracking). Los pueblos indígenas viven en carne propia  estadísticas de violencia y represión, desde hace décadas. Y apuntan al fondo del asunto: la causa de sus males es el despojo de territorios (de la mano del agronegocio, forestales, mineras, petroleras, grandes obras de infraestructura), la violación sistemática de las leyes que los beneficia, la total falta de políticas públicas para que puedan desarrollarse y el racismo estructural”.
Mujeres
El año pasado, en Ensenada (provincia de Buenos Aires) se realizó el  Primer Parlamento de Mujeres Originarias. El manifiesto redactado en aquel encuentro expresaba: “Somos mujeres indígenas que despertamos, estamos hartas y decimos basta de genocidio sistemático, basta de criminalizar la recuperación de territorio ancestral, basta de violencia institucional, basta de racismo y xenofobia”. Fue a partir de aquellas jornadas que se empezó a impulsar que el Encuentro de Mujeres pase a llamarse “Encuentro Plurinacional de Mujeres”. Moira Millán, mujer mapuche e integrante del colectivo de Mujeres Originarias, remarca la importancia de abordar “el problema de los feminicidios indígenas por parte de las empresas extractivistas; la crisis económica; alternativas para poder salir adelante en la lucha por los territorios; la libre determinación de nuestros cuerpos y nuestros pueblos y seguir avanzando en la agenda indígena hacia la plurinacionalidad”.
Este año, en mayo, se realizará la segunda edición de este Parlamento. Será en Rosario.
La mirada de los medios
Raúl Toribio, comunicador social del Pueblo Wichí, señala que “el discurso dominante muestra a los indígenas como pobres, como víctimas, y si bien existe pobreza, lo que noto como comunicador es que también hay que revalorizar la cultura y otros aspectos. Por suerte, hoy ya los jóvenes están sumándose a hacer comunicación desde las propias comunidades, a través del uso de la tecnología. Esto está pasando con otras disciplinas como la medicina, los profesorados. Muchos jóvenes indígenas apuestan por la educación y la formación. Creo que hay muchas cosas buenas de mostrar cosas positivas, no solo el estereotipo de pobreza y sufrimiento. Casi siempre los pueblos indígenas salimos en la sección de Policiales o como víctimas. Y esa no es la única realidad que se puede mostrar de las comunidades”.

Fuente: https://argentina.indymedia.org/2019/04/26/pueblos-indigenas-la-lucha-incesante/ 

"Recordemos el fervor que despertó un día Felipe González, sus ideas y sus propósitos y promesas en los 80. Véase la especie de canallismo que padece desde hace años, degenerando su sentido de las cosas y el enriquecimiento personal al que ha llegado... ".

En serio y en broma

1 de febrero de 2020
Por Jaime Richart (Rebelión)

No tengo término medio, o me tomo las cosas en broma o me las tomo muy en serio. No soy de medias tintas, tampoco partidario de las charlas insustanciales faltas de ideas propias y plagadas de tópi­cos y de prejuicios. Prefiero seguir mi senda acostumbrada de lobo estepario… Y es que en España es muy difícil un diálogo sosegado e interesante cuidadoso de relativizar cualquier idea. ¡Y qué decir de lo que los políticos hablando de su oficio, y de lo que los demás opinamos de ella! No podemos estar más lejos, no digo ya de lo que esperamos de los gobernantes sino de su modo de entenderlo y todo y el nuestro...
Por lo que concierne al ciudadano común, la intemperancia y el el apasionamiento, hermanos de la ofuscación, hacen muy difícil el mero cambio de impresiones; unas ideas que no provengan de corrien­tes de opinión divulgadas por estrategas, por la­boratorios de ideas y por papanatas. Todo eso es lo que a las mentes despeja­das nos lleva a desistir de prestar una atención que no sea superfi­cial a los políticos y a la política. Por eso digo que o bro­meo o estoy enfa­dado con el común de lo espa­ñol y del español común. Sólo entre los muy afines, que no significa una exacta coincidencia en pareceres, podemos espe­rar momentos de expansión. Y en general, sólo hablando, además, brevemente con afines, así como la agudeza y al ingenio de quienes consiguen hacer pública la una y el otro, me hace soportable la política. Comparto esa sinceridad de Cioran: todo el mundo me exaspera, pero me gusta reír y no puedo reír solo...
Pero luego hay otra cosa en relación con la política. España estuvo políticamente paralizada, paralítica, durante la dictadura. España lleva 43 años desquiciada, enferma de confusión, sin encontrarse a sí misma, buscando la manera de legitimar una Constitución y una monarquía imposibles de legitimar mientras no sean ambas refrendadas o deslegitimadas por el pueblo. Han llegado las experiencias a tales extremos, que me siento incapaz de ser mo­derado. No hay quien aguante la política con serenidad. Por eso me siento incómodo, incluso con quienes estoy cerca en cuestiones básicas. Pues la devoción pagana por los líderes propios y el odio a los contra­rios, en muchos casos justificado, situación que no es de ahora sino desde 1978 hasta hoy, me disuaden de toda reflexión. Pues toda meditación exige la voluntad de ser equidistante. Y tal como están en España las cosas, es imposible ser neutral. Podrá uno serlo en el pensamiento puro, comprensivo de las debilidades, el egoísmo y la estupidez humanos. Pero llevado todo a la práctica después de más de 80 años de vivir políticamente sumidos en anomalías, no es posible ser imparcial...
Pero ya no me ex­traña. No hay materia más resbaladiza, más volátil y más dañina que la polí­tica consumida en las dosis suministrada por los me­dios de comunicación privados. No hay sensación más amarga que la decepción de un líder, de un político o de un partido político. Por eso, para pensar sin bridas ideológi­cas, no perte­nezco a partido ni a Club alguno. Estoy con las causas y con quienes, desde la política, intentan la justicia social, pero no con quienes las lideran. Tarde o temprano nos van a defraudar. Pero no entro en el cuerpo a cuerpo, pues cualquier discrepancia con las tesis trazadas por quienes dirigen el cotarro es heterodoxia.
Recordemos el fervor que despertó un día Felipe González, sus ideas y sus propósitos y promesas en los 80. Véase la especie de canallismo que padece desde hace años, degenerando su sentido de las cosas y el enriquecimiento personal al que ha llegado... Véase si no lo que sucede con el modo de interpre­tar y entender el feminismo, a lo que quizá a ello puedan atribuirse muchas de­serciones. Véase lo que sufren en Cataluña millones de personas. Pues la situación que vive Cataluña no es exactamente obra de la política, que también. Si Cataluña está en estado de guerra (en sentido metafórico por lo civilizado de su sociedad) es porque, primero el Tribunal Constitucional cepilló el Estatut, luego el Fiscal General del Estado afín al gobierno de la legislatura anterior promovió un proceso penal contra los dirigentes caralanes sustanciado en una pantomima de tres meses, y luego la justicia decomonónica española han ido generando un clima propio de un país definitivamente atrasado que dura hasta hoy...
Jaime Richart, Antropólogo y jurista. 

"Como todos sabemos, los combustibles fósiles son finitos y el ritmo depredador que sostiene nuestro modelo de consumo hace que estemos próximos a su fin, razón por la cual las energías renovables y su dominio se han convertido en el paradigma tecno-científico dominante de nuestro tiempo. Y en estas, el ser humano tornó de nuevo su mirada hacia el Sol y se dio cuenta que igual que sus fotones posibilitaban la Vida, podían también nutrir nuestras necesidades energéticas".

El fotón y 
la democracia económica
1 de febrero de 2020


Por Valentín Tomé  (Rebelión)

El interior del Sol, y de las estrellas en general, es un lugar extremadamente denso, en el que se crea la luz que llega constantemente a nuestro planeta. Desde hace tiempo se sabe que esa luz está formada por pequeños “paquetes” (cuantos) de energía conocidos como fotones. En el caso de nuestro astro rey, el origen de esos fotones hay que hallarlos en la liberación de energía provocada por las reacciones de fusión de átomos de hidrógeno en átomos de helio. Desde que son emitidos en el núcleo solar los fotones sufren millones y millones de interacciones con núcleos atómicos, haciendo que el ascenso a las capas externas sea casi una misión imposible, de tal manera que pueden tardar miles o incluso decenas de millones de años en salir al exterior… sí, ha leído bien, ¡decenas de millones de años!.
Sin estos fotones, la Vida en nuestro planeta no sería posible. Gracias a su aporte energético se producen ciertas reacciones químicas en el organismo que posibilitan el crecimiento y desarrollo en los animales y plantas que viven en la Tierra. Uno de estos procesos primordiales es la fotosíntesis en las plantas, que permite no solo la existencia de alimentos para otras especies, sino también de oxígeno en la atmósfera terrestre.
Uno de los grandes motores de la civilización ha sido el dominio de las fuerzas de la Naturaleza. Hasta tal punto, que el surgimiento del capitalismo como sistema económico dominante se encuentra fuertemente ligado a la explotación de nuevas fuentes de energía hasta ese momento desconocidas. Antes de la era industrial la mayor parte de la energía provenía de la madera y de otras fuentes naturales, como los molinos de agua. A partir del siglo XVIII, con la revolución industrial se comienza a utilizar el carbón, el combustible que alimentaba a la máquina de vapor. Pero a mediados y finales del siglo XIX, surgieron el petróleo y el gas como principales fuentes energéticas. Éstas serán las que sustenten los nuevos inventos, como el motor de combustión interna, que propulsará al automóvil y, más adelante, a los aviones. La aparición de la electricidad es decisiva, ya que constituye una forma de almacenar y transportar la energía de forma refinada y estandarizada, facilitando en gran medida el consumo.
Pero como todos sabemos, los combustibles fósiles son finitos y el ritmo depredador que sostiene nuestro modelo de consumo hace que estemos próximos a su fin, razón por la cual las energías renovables y su dominio se han convertido en el paradigma tecno-científico dominante de nuestro tiempo. Y en estas, el ser humano tornó de nuevo su mirada hacia el Sol y se dio cuenta que igual que sus fotones posibilitaban la Vida, podían también nutrir nuestras necesidades energéticas.
En la actualidad, Extremadura, con 12 parques fotovoltaicos en construcción y 61 proyectos más en tramitación, bulle con el negocio de la energía solar fotovoltaica. Entre ellos, se encuentra uno de los más grandes de Europa: la planta fotovoltaica "Núñez de Balboa", que Iberdrola desarrolla en Usagre (Badajoz), y que según afirman sus voceros, sus más de 1.400.000 paneles solares repartidos por un territorio de aproximadamente 1.000 hectáreas permitirán generar energía competitiva, sostenible y limpia. Además de todo esto, Ignacio Sánchez Galán, presidente de Iberdrola, de la mano del señor Vara, declaró en su inauguración, que todos los proyectos de renovables comprometidos por su compañía en nuestra región permitirán generar, al menos, unos 20.000 empleos.
Como ocurre tantas veces en el mundo de los negocios, la realidad predicada no coincide con la realidad experimentada. Recientemente, un juez ha imputado a Iberdrola por expropiación irregular de la finca en la que se encuentra su planta de Usagre, que además afecta a una zona de acuíferos y yacimientos arqueológicos protegidos. Mientras, los beneficios para el territorio han sido mínimos. En la etapa de promoción, el Ayuntamiento de Usagre llegó a publicar en sus redes sociales un bando en el que informaba de la creación de 1.800 puestos de trabajo. Sin embargo, en la construcción de la central han intervenido no más de 150 personas del municipio y alrededores, y el mantenimiento de la planta fotovoltaica Núñez de Balboa no creará más de diez empleos. Como ocurre con todas las empresas generadoras, el valor de la instalación será evacuado por una línea de alta tensión sin que redunde ni un solo euro en beneficio del territorio, y, además, el municipio también pierde por el lado tributario porque, para incentivar el uso de renovables, las administraciones locales exoneran un 95% del Impuesto de Construcciones que va unido a la licencia de obras.
Es ahora ya evidente que estos parques solares no traerán la riqueza y el desarrollo prometido a nuestra región. Del caso de Usagre, podemos extraer varias conclusiones. Primera, este tipo de instalaciones pueden dañar nuestro patrimonio natural (afectación de acuíferos, tala de árboles…) e incluso el arqueológico. Segunda, son escasamente intensivas en mano de obra, y una vez finalizada su instalación funcionarán de manera totalmente automatizada como ya ocurre desde hace años con las centrales hidroeléctricas. Tercera, las exenciones fiscales, en el plano local, regional y nacional, de las que gozan estos proyectos hacen que su contribución a las arcas públicas sea mínima. Por último, y no menos preocupante, perpetúan el modelo oligopólico energético dominante en nuestro país al centralizar la producción, permitiendo a un pequeño grupo de multinacionales controlar el mercado haciendo que tengamos una de las energías más caras de Europa.
Volviendo al inicio, ¿qué lección podemos extraer de ese viaje homérico y azaroso que realiza el fotón desde el núcleo solar hasta nuestro planeta? Pues que no existe bien más público y universal (de Universo) que la energía. Su emisión solar es espontánea, sin intervención humana y se expande “democráticamente”, a todos por igual, desde hace miles de millones de años. Por lo tanto, es el momento, como ocurre en otros países europeos, de apostar por una generación distribuida, es decir, llevar esos paneles solares a los tejados de las viviendas, fomentando el autoconsumo fotovoltaico y minimizando las pérdidas de energía en su transporte (algo muy habitual en la producción centralizada) al estar muy próximos la generación y el consumo. Además, sería enormemente beneficioso para el empleo, favoreciendo la creación de pequeñas y medianas empresas dedicadas a la fabricación de los paneles o mantenimiento de los mismos. Y se reduciría significativamente nuestra dependencia energética de los combustibles fósiles, contribuyendo así a la lucha contra el cambio climático.
Desgraciadamente no es este el modelo que están fomentando nuestras administraciones, siempre celosas de que nuestras élites económicas no pierdan sus privilegios. Así, podrá darse el absurdo de que un vecino o vecina de Usagre, Torrecilla de la Tiesa o Talayuela esté pagando una de las energías más caras de Europa, procedente de un parque fotovoltaico situado a escasos metros de su vivienda, y cuyos paneles podrían estar en el tejado de su vivienda, absorbiendo la energía de esos fotones que el Sol esparce de manera democrática.

Valentín Tomé, coordinador de IU Navalmoral de la Mata (Cáceres) y concejal de este ayuntamiento por "Unidas por Navalmoral"

Nos "demuestra que existe, aún en la actualidad, un plan sistemático de acción policial para abusar, violentar y acosar a les pibes pobres del país. Una práctica establecida, y que es propia de la fuerza y no de oficiales individuales".

Fue la Policía y 

lo desapareció el Estado

2 de febrero de 2020


El 31 de enero de 2009 la policía bonaerense desapareció a Luciano Arruga. El cuerpo fue encontrado en 2014 en el cementerio de la Chacarita, enterrado como NN. Luciano había sido visto por última vez en el calabozo del destacamento de Lomas del Mirador, donde fue ingresado ilegalmente, donde lo torturaron y lo mataron. Luego, la policía armó ese supuesto accidente para encubrir el crimen. 

Por Juan Alberto Pérez para ANCAP
Luciano sufría una persecución constante de los policías. Meses antes de su desaparición ya había sido detenido ilegalmente en el destacamento de Lomas del Mirador, un lugar que no correspondía para la detención de personas, y mucho menos de menores de edad. Además, en aquella detención sufrió torturas, por lo que el ex policía, Julio Torales, fue condenado a 10 años de prisión en 2015.
Mientras estuvo desaparecido su cuerpo ningún funcionario local o provincial dio ayuda o asistencia a la familia. El silencio político legitimó el accionar policial que asesinó a Luciano. El intendente de La Matanza de entonces era Fernando Espinoza, quién después de desfilar por varios puestos políticos, entre los que figura diputado nacional, en la actualidad es nuevamente el intendente de esa localidad. El gobernador de la provincia era Daniel Scioli, quién es responsable necesario del accionar de las fuerzas, ya que era el jefe político de la bonaerense en 2009. A pesar de eso, en la justicia nunca estuvo su nombre, o de sus funcionarios en el área de seguridad, rondando como responsables de lo que pasó con Luciano. Muy por el contrario, Scioli fue candidato a presidente, diputado nacional y ahora fue condecorado con la embajada argentina en Brasil.
Actualmente la causa por la desaparición de Luciano, y por su muerte posterior, no tiene imputados. Esto demuestra el grado de impunidad que maneja la justicia para los pobres. De hecho, desde la familia y los organismos que se presentan como querellantes denuncian una clara obstrucción para que la investigación progrese. En agosto de 2019 el jurado concluyó el sumario y dio lugar a la formulación de las acusaciones para que se pudiera avanzar hacia el juicio propiamente dicho, pero la Procuración General de la Suprema Corte de Justicia de la Provincia y la Comisión Bicameral de Enjuiciamiento de Magistrados y Funcionarios decidieron no acusarlos.
La familia de Luciano y el CELS denuncian a las fiscales Roxana Castelli y Celia Cejas y al juez de garantías Gustavo Banco por las conductas que tuvieron durante la investigación de la desaparición. Castelli delegó la investigación en la misma policía de la provincia de Buenos Aires, apuntada por la desaparición de Luciano, y avaló irregularidades policiales y negó información de la causa a las familiares. Cejas intervino los teléfonos de Mónica Alegre(madre), Vanesa Orieta(hermana) y otres familiares de Luciano, de forma arbitraria, secreta y extendida en el tiempo. Banco ordenó esas intervenciones durante más de un año, lo que implicó una injerencia arbitraria e ilegal en la privacidad e intimidad de la familia.
Hoy se cumplen 11 años de la desaparición de Luciano. El caso sintomático que demuestra que existe, aún en la actualidad, un plan sistemático de acción policial para abusar, violentar y acosar a les pibes pobres del país. Una práctica establecida, y que es propia de la fuerza y no de oficiales individuales. A Luciano lo mató la policía y lo desapareció el estado.
https://www.anred.org/2020/02/02/fue-la-policia-y-lo-desaparecio-el-estado/

"Opinamos algunos- sí al menos una apresurada construcción de 'resiliencia' social, que debería ser el nuevo objetivo político y social prioritario a todos los niveles: local, nacional e internacional"

Entrevista a Casal Lodeiro:

la izquierda ante el colapso de

la civilización industrial

3 de febrero de 2017

Al calor de la edición en castellano de La izquierda ante el colapso de la civilización industrial (Ediciones La Oveja Roja) nos acercamos a su autor, Manuel Casal Lodeiro, un gallego que se anima a criticar a la izquierda ante una derecha envalentonada.

Demián Morassi

Para Casal Lodeiro la crisis vino para quedarse. Su base energética pone en jaque nuestro modelo civilizatorio y fuerza a las izquierdas a reconsiderar estrategias, programas y acciones.

Este activista, nacido en 1970 en Barakaldo, País Vasco, pero asentado en Galicia, lleva desde los años 90 promoviendo acciones culturales, sociales y políticas destinadas a la difusión del choque de la civilización industrial contra los límites biofísicos del planeta, y de las vías de respuesta social que necesitamos dar ante los cambios históricos a los que este choque nos enfrenta.

Al calor de la edición en castellano de La izquierda ante el colapso de la civilización industrial (Ediciones La Oveja Roja) nos acercamos a Manuel, quien se anima a criticar a todo el arco de la izquierda mientras el PP, un partido clásico de derecha, vuelve a disfrutar los beneficios del “Estado de bienestar” que tienen los que están al mando del Estado Español.

Para arrancar, ¿por qué considerás en el subtítulo del libro que es un “debate urgente”? Hasta que colapse esta civilización con doscientos cincuenta años de construcción, podríamos tomar el tema con más calma.

Manuel: Es urgente porque todo apunta a que disponemos de poco tiempo para no ya enderezar el rumbo (opción de la llamada “sostenibilidad”), para lo cual ya es tarde, sino para organizar el abandono del Titanic en los botes salvavidas, por usar la conocida alegoría que tan bien explica el científico y divulgador Carlos de Castro [1]. Es decir, la situación de deterioro ecosocial combinada con el comienzo del declive de los combustibles fósiles que han alimentado el auge de esta civilización, es tal que se debería declarar un “estado de emergencia” mundial, como reclama, entre otros, el divulgador del Cambio Climático Ferran Puig Vilar [2]. Y el problema se agrava porque incluso antes de poner en marcha esa política de emergencia, debemos abordar en la izquierda (pero no sólo) el debate de por qué es necesaria y urgente y cómo llevarla a cabo, comunicarla a la sociedad, etc. Es decir, son dos pasos que deben seguir una secuencia: primero la izquierda debe comprender la gravedad del panorama y la perentoria necesidad de actuar sin más dilación, y después se deben trazar los planes de acción para lograr, si no ya la salvación de este modelo civilizatorio -que debemos ya descartar, opinamos algunos- sí al menos una apresurada construcción de “resiliencia” social, que debería ser el nuevo objetivo político y social prioritario a todos los niveles: local, nacional e internacional. Es lo que reclama por ejemplo Dennis Meadows, uno de los autores de aquel “Limits to Growth” (Límites del crecimiento) de 1972. Si le hubieran hecho caso entonces, hubiera sido posible “sostener” un tipo de civilización industrial dentro de los límites biofísicos. Pero perdimos nada menos que cuatro décadas y ahora ya es tarde y tan sólo cabe prepararse para el impacto. El manifiesto “Última llamada” [3] dice que nos quedan apenas 3 años para lograr que se produzca ese debate: luego sería ya tarde.

 ¿Qué ejemplos en la historia reciente podrían ayudar para pensar el colapso?

Manuel: No hay ningún ejemplo en la historia realmente adecuado, porque nunca ninguna civilización había alcanzado la escala que tiene la nuestra, ni a nivel energético, ni de consumo de materiales ni de desbordamiento de los sumideros planetarios (los gases de efecto invernadero, pero no sólo). Por no mencionar que jamás hubo tantos seres humanos sobre el planeta, lo cual ha sido consecuencia de esta Era de la Aceleración, alimentada por el petróleo y los otros combustibles no renovables. Eso no quiere decir que no podamos encontrar experiencias históricas que nos ayuden, incluso remontándonos al colapso del Imperio Romano (tanto el de Occidente como Bizancio, con sus interesantes diferencias). Pero si me preguntas por lo más reciente o cercano a nosotros yo miraría quizás a la caída de la URSS y todo el bloque soviético, especialmente cómo afectó esto a países como Cuba y Corea del Norte que dependían del petróleo ruso y que se quedaron sin él prácticamente de la noche a la mañana. ¿Cómo reaccionaron estas sociedades y cómo les afectó? Es muy revelador comparar ambas experiencias, y cómo Cuba “sobrevivió a su Peak Oil” anticipado, como dice un conocido documental, pese a la dureza y el sacrificio que supuso, y cómo en el régimen norcoreano la misma carencia dio lugar a una auténtica tragedia. Pero no quiero decir con esto que la experiencia cubana sea modélica, ¡ojo! Como dice Emilio Santiago Muíño, buen conocedor de esta experiencia, el Periodo Especial cubano casi es más interesante por sus sombras que por sus luces. Pero, sin duda, es algo que toda sociedad industrializada debería conocer, porque nos va a llegar a nosotros una escasez muy parecida y tenemos que pensar si seremos capaces de las transformaciones necesarias que ellos hicieron (y otras más, que no llegaron a hacer o hicieron muy parcialmente).

De todos modos, también hay otro factor que nos hace mirar este ejemplo relativizando su extrapolabilidad: cuando “colapsó” Cuba, la mayor parte del mundo aún seguía creciendo y disfrutando de toda la energía que quería. Ahora, por contra, no será el caso: iremos colapsando un país tras otro, y la lucha será encarnizada por las últimas migajas fósiles… A no ser que renunciemos anticipadamente a esa pelea de buitres por los restos de la civilización fosilista y busquemos otra vía, claro. Eso es en parte lo que le reclama mi libro a la izquierda española, y, por extensión, a la de otros países.

Ya que te acercás a Latinoamérica ¿En qué medida las experiencias del EZLN o el desarrollo de conceptos como Bien vivir creés que contribuyen al debate en torno al post petróleo?

Manuel: Son fundamentales, en mi opinión. Algo que le recomendamos muchos a la izquierda europea es que deje a un lado su habitual eurocentrismo y mire a otros lugares del mundo donde hay experiencias de especial utilidad e interés para la misión que tiene ante sí. Por ejemplo el Buen Vivir (que en realidad no está alejado de tradiciones culturales que también existían en la propia Europa antes del industrialismo y del capitalismo; el “indigenismo europeo” aún está por revelarse) es un óptimo referente a la hora de buscar nuevos objetivos o “banderas” para enganchar, para motivar a la población, sea o no de izquierdas, y también para la actualización a nivel teórico de la política de izquierdas. Además, el manejo del lenguaje que es habitual en torno al Buen Vivir y que tan bien representa el EZLN es una muestra de cómo buscar la emancipación cambiando los conceptos, las narraciones, y creo que encajaría muy bien, especialmente con aquellos pueblos como el gallego que aún tenemos muy cercana la “cultura de la tierra”. Tenemos que dejarnos fecundar intelectualmente, emocionalmente incluso, por estos lenguajes, pero no sólo como algo instrumental para llegar al mismo lugar de siempre, sino también para cambiar el horizonte que buscamos. Es decir, menos lenguaje “universitario” y más lenguaje campesino; menos “crecimiento” y más “buena vida con menos”. Implica un enorme acto de humildad por parte de las muchas veces arrogante izquierda europea, pero creo que alguna gente ya lleva dando esos pasos desde la creación del Foro Social mundial o tal vez antes. Ahora, además, el hecho de que el EZLN haya optado por combinar su tradicional estrategia con la utilización de los mecanismos electorales me parece especialmente interesante porque puede ser un ejemplo de las “estrategias duales” que reclamamos algunos activistas y pensadores en España; es decir, aprovechar la vía institucional sin renunciar a la acción desde abajo, sacando el mejor partido de ambas y de sus posibles realimentaciones. Esto no quiere decir poner más esfuerzo en ganar unas elecciones que en construir institucionalidades alternativas fuera del Estado, sino buscar en cada momento el óptimo esfuerzo para lograr combinar lo que se haga desde ahí con lo que se pueda lograr desde el Estado, aunque sólo sea impedir que las fuerzas antagónicas tengan un control absoluto de ese recurso que, queramos o no, sigue siendo la maquinaria estatal, dotada de energía, material y dinero que vendría muy bien para facilitar la preparación para el colapso. No podemos dejar ese inmenso recurso en manos del capitalismo moribundo para facilitarle su transición a un neofeudalismo o un ecoautoritarismo, que es justo el horizonte opuesto al nuestro. Yo reclamo trabajar con ese factor como trabajaría una persona permacultora con cualquier elemento de energía o material que fluye por el ecosistema, buscando que cumpla una función a nuestro favor en el conjunto.

¿A qué denominás “La izquierda”? Y ¿Qué opinión te merece en América Latina las experiencias del chavismo en Venezuela y Evo Morales en Bolivia y sus proyectos de desarrollo en equidad pero en torno a los hidrocarburos?

Manuel: Sí, la cuestión de qué es exactamente la izquierda surge lógicamente ya a partir del título del libro. No he pretendido arrogarme el derecho a excluir de dicha denominación a nadie, pero me he centrado sobre todo en aquella izquierda trasformadora, especialmente en los partidos de filiación comunista y socialista, aunque dejando un poco de lado a esa socialdemocracia tan integrada en el sistema capitalista actual que algunos denominan “socioliberal” o, más suavemente, de centro-izquierda, y que en España representaría el PSOE. También he prestado atención al ámbito libertario, el cual incluyo en la izquierda o, mejor dicho, en “las izquierdas”, término que en ocasiones utilizo en el libro para no perder de vista la pluralidad de dicho ámbito político. Tampoco he excluido a algunas formaciones sin representación parlamentaria que destacan especialmente por su avanzada comprensión de la situación de colapso, aunque lógicamente el libro se enfoca principalmente a aquellas formaciones políticas más conocidas y con representación, especialmente en España. En cuanto a las izquierdas gobernantes en Sudamérica he incluido algunas menciones, sobre todo a la hora de criticar su falta de coherencia o de perspectiva del colapso civilizatorio, aunque al mismo tiempo señalo valores fundamentales que pueden aportar a nivel teórico o práctico a las izquierdas europeas, por ejemplo, cuando defiendo que se sustituyan viejas banderas eurocéntricas por conceptos venidos de “abajo” (tanto en el sentido geográfico como social) como el Buen Vivir.

España llegó a su pico de consumo energético en 2007 y cayó desde ahí aproximadamente un 10 %, a valores semejantes al de 2001 pero con una población 10 % mayor a ese último año de la Peseta. ¿Cuál es tu lectura?

Manuel: Se pueden hacer varias lecturas. La primera nos llevaría al concepto del Cénit de la Energía per Cápita, que a nivel mundial ha estudiado Richard Duncan, el autor de la Teoría Olduvai. En España, por tanto, los datos que tú aportas parecen indicar que se ha superado ya (habría que estudiar más datos para poder confirmarlo), lo cual nos apuntaría a que estamos avanzando en las fases previstas del colapso. Por supuesto debemos descartar las lecturas miopes de posibles “desmaterializaciones de la economía”, puesto que lo que no se consume por unidad de PIB nacional se consume en otro país a donde se deslocaliza la producción. También hay quien señala a la prestigidigitación contable que se realiza para maquillar las cifras como causa de las recientes subidas anunciadas del PIB y por tanto hay que dejar de verlo como indicador fiable y, aún más necesario, rechazarlo como tótem de las políticas económicas. Es algo muy perverso, porque al hacer depender todo del PIB, si este no sale como queremos, lo trucamos para que diga lo que queremos, y seguir manteniendo el castillo en el aire. Lo necesario en realidad es satisfacer lo más básico a la gente: vivienda, energía mínima, alimentos, agua… y eso no depende del PIB (o no debería depender). Esto debería ser un mensaje, en teoría, fácil de aceptar para la izquierda, pero por desgracia no es así y vemos a la supuesta “nueva” izquierda (como Podemos) anclada en mensajes socialdemócratas neokeynesianos totalmente obsoletos. Parece que no hay coraje para hacer algo tan sencillo. Mucho me temo que la realidad bío-geo-física, y por supuesto la historia, les pasarán por encima. Y a la gente sólo le quedará la rabia y apoyar al totalitarismo de extrema derecha, los únicos “antisistema” a la vista.

En España Podemos logró unir al electorado de izquierdas y en parte romper el bipartidismo PSOE-PP ¿Crees que con propuestas de decrecimiento u objetivos de resiliencia hubiese contribuido a diferenciarse aún más o bien hubiese espantado electores? ¿Hay ejemplos de partidos que se acerquen a las propuestas de tu libro sea en Galicia o en otra parte de Europa?

Manuel: Bueno, en primer lugar hay que matizar que Podemos no ha logrado unir a ’todo’ el electorado de izquierdas. Hubo muchos votos a otras opciones y mucha gente de izquierda que simplemente no ha votado. Aclarado esto, podemos especular sobre si con propuestas decrecentistas/resilientistas hubiese logrado más o menos electores. En mi opinión, en el tipo de pseudodemocracias totalmente mediáticas que tenemos, es mucho más importante, por desgracia la forma que el fondo de las propuestas. Por tanto, jugando a ese juego y con una forma adecuada de comunicar, como bien dice la reconocida ecologista social española Yayo Herrero, la gente no es tonta y hubiera entendido y aceptado potencialmente ese mensaje.

Pero, claro, esto hubiese requerido en primer lugar que los líderes de Podemos compartiesen de verdad el diagnóstico que nosotros hacemos, y en segundo lugar que hubiesen aceptado el papel de explicarlo a la población con palabras al tiempo sinceras, claras, rigurosas y motivadoras; es decir, cumplir el papel de pedagogos sociales que tradicionalmente han cumplido las izquierdas y que ahora parece darles tanto miedo, y sólo se atreven a jugar con el material conceptual de la derecha.

Creo de verdad que es algo que se puede y se debe hacer, y un reciente estudio de investigadores de la Universidad Autónoma de Barcelona lo confirma: más de un tercio de la población española aceptaría renunciar al objetivo del crecimiento si es necesario para lograr la sostenibilidad. Y no más de un tercio es lo que suma actualmente la izquierda española en votos, así que en teoría al menos, no hubiera sido peor el resultado. En mi opinión podría haber sido incluso mejor, porque la gente está realmente harta de que los políticos les mientan y creo que la respuesta a un mensaje nuevo, radical y que traspirase sinceridad y que se está tratando a la gente como adultos y no como a borregos o a niños inmaduros, podría no sólo aportar votos sino vacunar contra los cantos de sirena del populismo de derechas que está emergiendo con fuerza por todo el mundo.

Y si lo hace es, en buena medida, porque la izquierda se lo permite, porque no está ocupando el campo de la radicalidad contra un sistema que hace aguas y que causa sufrimiento a cada vez más capas sociales y más países. Y ese vacío lo aprovecha el populismo autoritario de derechas. En cuanto a los ejemplos que me preguntas de partidos que se acerquen a esas propuestas, alguno apunto ya en el libro, y más recientemente algo nuevo hemos podido ver en el Movimento 5 Stelle italiano, pero aún está por ver su coherencia y que esos cambios de postura sean significativos e irreversibles. En el Estado español me parecen de especial interés los pasos dados por las izquierdas nacionalistas vasca y catalana, y por algún líder de Izquierda Unida como Alberto Garzón.

España perdió un millón de extranjeros desde 2009 ¿Ya sabían que España no se estaba preparando bien?

Manuel: No sé dar una respuesta precisa a esta pregunta, tan sólo puedo especular en base a lo que intuyo o percibo lateralmente, o hacerlo en base a mi experiencia vital como emigrante hijo de emigrantes. Quizás se haya analizado esto desde la sociología, pero lo desconozco. Habría que preguntarles a esas personas que han vuelto a sus países, o quizás emigrado a otros, saltando de témpano en témpano a medida que se van derritiendo los más delgados —si me permites el símil de los osos polares—, es decir, los países más débiles o más dependientes de la energía fósil (existen gráficas que revelan que la crisis golpea primero y más duramente allí donde se depende más de la importación de energía). La relación de los movimientos migratorios con el progreso de esta crisis terminal en los diversos países y regiones es algo sin duda en lo que convendría investigar más y que también debería preocupar, y mucho, a la izquierda. Además no debemos descartar importantes migraciones interiores debidas no sólo a la crisis sino también al progreso del Caos Climático. ¿Cómo se piensa gestionar esto? ¿Mirando para otro lado? A veces parece que tenemos una izquierda avestruz que piensa que por no mirar a los problemas de frente estos simplemente van a desaparecer, y es justo al contrario: cuanto menos se enfrentan, más rápido y brutalmente nos llegan.

¿Coincidís con el término Antropoceno para retratar este momento histórico?

Manuel: Creo que los científicos tienen ya un amplio consenso al respecto de que dicha denominación está más que justificada, aunque pueda haber divergencias en cuanto al momento exacto en que comenzó dicha era. Pero sí, básicamente, estoy de acuerdo en que este “Homo Colossus”, como lo llamaba William Catton, ha dejado ya una huella sobre el planeta digna de inaugurar una nueva era geológica. No obstante, y aunque reconozco su utilidad para percibir hasta qué punto estamos modificando el planeta, creo que tampoco es un término que nos ayude concretamente a percibir el colapso. Necesitamos reconocer, por un lado, que la misma desmesura en el empleo de energía fósil y en la saturación de los sumideros planetarios que nos hace adentrarnos en una nueva era, es la que nos ha llevado rápidamente a una situación de irreversible colapso. Y, por otro lado, que nuestra huella perdurará, en forma tanto de Cambio Climático como de contaminación persistente o de destrucción de ecosistemas y especies, durante cientos o seguramente miles de años después del colapso de la civilización que lo causó. Y eso si no acabamos totalmente con la vida en la Tierra, que es una posibilidad que no debemos perder de vista, y por supuesto tampoco la izquierda.

En tu ensayo Nosotros los detrívoros [4] partías de la base que nuestra población depende de alimentarse de detritus fósiles convertidos en alimento por la revolución verde (que propusiste cambiarle el nombre por revolución negra). ¿Qué actualización podrías hacerle al ensayo?

Manuel: Sigue siendo plenamente válido, en mi opinión. En todo caso cabría incorporarle nuevos datos, por ejemplo en el terreno de las predicciones acerca de cuánta población podrá mantener el planeta una vez desaparezca ese “detritus” fósil. También en cuanto a las posibles vías de reducción de la población que se van concretando y así, por ejemplo, aparecen nuevos datos acerca de las víctimas que se prevén por la resistencia a los antibióticos que están desarrollando mucho microorganismos patógenos, de nuevas fuentes de contaminación o de agotamiento de recursos críticos como el agua dulce o la tierra fértil. Quizás también en la nueva información que va apareciendo acerca de la progresión acelerada del Cambio Climático. Yo sigo recopilando información pero no sé si habrá alguna nueva edición, ahora que está a punto de agotarse la segunda. Tengamos en cuenta que es un libro muy artesanalmente producido, que ha circulado en tiradas muy pequeñas. Existían planes de publicarlo también en portugués e inglés pero no han acabado de concretarse. Es un mensaje muy difícil de circular: la gente no quiere oír noticias tan malas. Prefieren comprar y leer aquello que les proporciona confort, aunque sea falso y poco duradero. El autoengaño también creo que está detrás de ese auge del populismo autoritario del que hablábamos, en buena parte del mundo industrializado, pero esa es otra historia… Volviendo a “Nosotros, los detritívoros” quizás donde quepa añadir algo es en la actuación a partir de esa información, en el “qué hacer”, pero no era objetivo del libro, y tal vez deba ser abordado en nuevos textos, como los que vamos publicando en la Revista 15/15\15.

Para la Revista 15/15\15 generaste una moneda propia (el REVO) para el pago de escritores e ilustradores ¿Podrías comentar esta y otras experiencias exitosas de dinero alternativo, cuáles son sus ventajas y dificultades?

Manuel: Bueno, no la “generé” yo, sino que la generaron las casi trescientas personas que pusieron euros para respaldarla; en serio, es algo fundamental cómo se emite una moneda, y cuál es su respaldo, y ahí hay diversas posibilidades que hacen que la moneda sea de un tipo u otro. Yo en el caso de los “revos” me limité a diseñarla y ponerla en marcha. Es un tipo de moneda muy sencillo, virtual, pero “low-tech”, y de utilidad limitada para el circuito de gente que colabora y es amiga de la revista (anunciantes, librerías…). He colaborado definiendo otras monedas interesantes, como los “costavales”, que puso en marcha una asociación de comerciantes local en Galicia (zona de Costa da Morte). También en la propia revista hablamos de casos muy interesantes como el de la “turuta”, una moneda catalana local, que nació desde abajo, del tejido social y con óptica permacultural, y que ha dado ahora el paso de institucionalizarse al haber sido aceptada por el ayuntamiento de Vilanova i la Geltrú para el pago de tasas municipales. Es otro ejemplo más de las cosas que se pueden hacer desde las visiones y estrategias “duales”, de no jugárnoslo todo a la carta estatal pero sí aceptar que en ese terreno se pueden hacer muchas cosas útiles para enfrentarnos al colapso, huyendo de purismos anarquistas, como también reclaman el australiano Ted Trainer o en su día Murray Bookchin. Hay numerosas iniciativas de interés en el tema de las monedas sociales y de la economía alternativa en general. Me parecen especialmente útiles las monedas sociales en la medida en que pueden convertirse en un colchón para el caso de quiebra del sistema monetario y financiero oficial, que está totalmente basado en el crecimiento y en la creación de dinero-deuda, y eso es insostenible, como venimos explicando, desde el punto de vista de la economía ecológica o de la simple física. Por eso en la batería de propuestas que siempre presentamos a los partidos de izquierda para comenzar a actuar para prepararnos para una civilización poscapitalista y poscrecimiento, incluimos la puesta en marcha de monedas de este tipo, que como se demuestra en el caso de la turuta no hace falta crearlas desde la administración pública (como intentan en el caso de Barcelona) y que incluso eso puede dar pie a problemas legales y/o políticos innecesarios, sino que se puede crear desde la iniciativa social (pública, privada o comunitaria) y después llegar a acuerdos con el Estado. En ese sentido, también es un avance la ley francesa que recientemente ha regulado la convivencia del euro con las monedas sociales de aquel país, aunque tampoco puedo asegurar que sea ideal, pues no la conozco en detalle. Pero demuestra que se puede hacer y que se puede facilitar que surja la nueva economía antes de que se acabe de desmoronar la actual, con políticas concretas y fácilmente “vendibles” al electorado.

Le has hecho llegar el libro “La izquierda…” a referentes políticos de la izquierda gallega ¿Te han dado algún tipo de devolución?

Manuel: Sí, y no sólo a la izquierda gallega. Me consta que ha llegado a algunas personas clave también de ámbito español. Seguramente a muchos menos de los que deberían leerlo, o al menos ¡eso dicen los militantes de base! Pero de momento no hay mucho feedback, por desgracia. Sí que hemos tenido ya dos presentaciones del libro en formato debate, aunque sin apenas repercusión mediática ni política: la primera fue en Madrid con Cristina Narbona, quien fuera ministra de medioambiente en el gobierno de Rodríguez Zapatero (PSOE, 2004-2008) y con Juan López Uralde, coportavoz de Equo, formación ecologista integrada con Podemos, y parlamentario. Posteriormente en Galicia se prestaron al debate Antón Sánchez (el único parlamentario gallego declaradamente decrecentista), quien forma parte de En Marea, principal fuerza de la oposición en Galicia, muy igualada con el PSOE; y con Carme Adán, ex-parlamentaria del Bloque Nacionalista Gallego. Son primeros pasos, y espero que no los últimos, y que se provoquen más debates y de mayor calado y pluralidad. De hecho, estamos intentando que se cree una Comisión en el parlamento gallego para analizar los límites al crecimiento, con participación de todos los partidos, incluida la derecha, al estilo del que existe en el Reino Unido. Para ello, la asociación Véspera de Nada por unha Galiza sen petróleo tradujo al gallego el informe que Tim Jackson preparó para dicha comisión británica (Limits revisited). Poniéndoles el ejemplo de otros países es más fácil moverlos, al menos, a estudiar el problema. Luego ya veremos qué respuesta se le da, pero es un primer paso imprescindible.

Por último ¿Hay posibilidades de pedir por internet La izquierda ante el colapso de la sociedad industrial y que lo envían fuera del territorio español?

Manuel: Sí, por supuesto. El editor, Alfonso Serrano de La Oveja Roja ( http://www.laovejaroja.es/casallodeiro.htm ), se está moviendo mucho para hacerlo llegar a diversos países americanos por medio de distribuidoras alternativas. Y por Internet también se puede comprar en numerosas librerías online españolas. También me gustaría recordar que en http://esquerda.colapso.info existen algunas partes del libro disponibles gratuitamente, del original en gallego, como por ejemplo el estupendo prólogo de Teresa Moure, la escritora ecofeminista gallega.


Notas

[1] La métafora de Carlos de Castro que relaciona el Titanic con la civilización industrial se puede leer en Transiciones versus colapso: ¡Realimentaciones!, Revista 15/15\15. ( https://www.15-15-15.org/webzine/2015/05/11/transicion-versus-colapso-realimentaciones/ )

[2] Textos de Ferran Puig Vilar se pueden leer en su blog Usted no se lo cree  ( https://ustednoselocree.com/ )

[3] El manifiesto Última llamada está firmado por científicos, activistas, políticos, divulgadores de la Península Ibérica, Baleares, Canarias, Ceuta y Melilla. ( https://ultimallamadamanifiesto.wordpress.com/el-manifiesto/ )

[4] Una versión resumida del ensayo Nosotros los detrívoros se puede leer en revista Rebelión. http://detritivoros.com/


http://www.laizquierdadiario.com/Entrevista-al-espanol-Casal-Lodeiro-la-izquierda-ante-el-colapso-de-la-civilizacion-industrial


Fuente: https://redlatinasinfronteras.wordpress.com/2020/02/02/entrevista-a-casal-lodeiro-la-izquierda-ante-el-colapso-de-la-civilizacion-industrial/