viernes, 6 de febrero de 2015

Alertémonos cómo se planifica la destrucción de la soberanía alimentaria y el afianzamiento de la desnutrición y el hambre.¿La agricultura familiar qué puede hacer frente a esta alianza con China gestionada por la Presidenta para los monopolios que dominan al sistema mundializado de agronegocios?

Una vuelta por Chinatown
6 de febrero de 2015
Por Lucas Paulinovich (Rebelión)
La gira presidencial por China en busca del afianzamiento de la Alianza Estratégica Integral se enmarca en una discusión esquivada por todos los sectores: la del modelo extractivista y sus consecuencias en la economía, la soberanía nacional y, fundamentalmente, en las vidas de los habitantes y sus culturas. Una visión a largo plazo que no se cuestiona.
La presidenta, Cristina Fernández, se reunió con directivos de las 30 empresas líderes de China en el marco de la gira que realiza por el país asiático con el fin de consolidar la “asociación estratégica integral”. Los alcances de esa decisión política quedaron definidos en palabras de la propia mandataria: "no es una política de este gobierno o de un espacio político, sino una política pública de Estado en la República Argentina". La certidumbre de todos los candidatos a la sucesión en la gestión de gobierno acerca de las ventajas que otorga la alianza comercial con China queda vista en el silencio cordial que reina en torno a la discusión del modelo productivo: prácticamente ninguno se refirió al tema en sus campañas y son aisladas las voces que advierten sobre los peligros de una relación que se estrecha tanto que asoman visos de dependencia colonial.
En sus declaraciones, la presidenta se encargó de aclarar los atributos provechosos que tiene la Argentina para insertarse en esa nueva distribución de tareas mundial. Mencionó que la Argentina es el octavo país en extensión del mundo, con características muy particulares para ponerlo como productor de alimentos. Casi toda su superficie es cultivable y los avances tecnológicos facilitan el desplazamiento de la producción granaria hacia geografías no tradicionales. Las propuestas en danza sobre un posible traslado de la capital hacia Santiago del Estero, provincia equidistante de los dos océanos que proporcionaría la salida hacia el Asia Pacífico (agitado como iniciativa por el precandidato oficial y ex ministro de Agricultura, Julián Domínguez) y los sucesivos encuentros con los monopolios en la producción y comercialización de biotecnología (negociaciones con Monsanto y acuerdos de adelantos de divisas con las grandes cerealeras) tanto como la presencia amena de exponentes insignes de los agronegocios en las reuniones oficiales, ratifican una línea de acción que no parece ser discutida: “prácticamente toda su superficie es cultivable, inclusive lo que se consideraba casi un desierto, como es la Patagonia, a partir de obras de irrigación y de la biotecnología que se produce con las semillas, en un futuro se podrá producir granos y alimentos desde Jujuy hasta Tierra del Fuego”, afirma la información publicada en la página del Ministerio de Agricultura.

Las oportunidades del Gran Almacén
El titular de la cartera, Carlos Casamiquela, que acompaña a la presidenta en su ronda asiática, también apuntó en ese rumbo elegido: "Argentina produce energía alimenticia para 400 millones de habitantes y cuenta con recursos de agua y suelo, profesionales fuertemente instruidos, industria desarrollada, insumos y un sector metalmecánico dinámico, sumada a la capacidad de nuestros productores que es reconocida en el mundo".

Esa afirmación descontextualizada de su marco histórico contribuye a ocultar las consecuencias directas de ese modelo, exhibidas trágicamente en las comunidades desplazadas, la contaminación del agua y el aire, la deforestación masiva de bosques nativos, la paulatina devastación de los suelos (de acuerdo a Marcos Penna, ingeniero agrónomo y subgerente de insumos agropecuarios la Asociación de Cooperativas Argentinas, entre un 60 y un 70 % de los nutrientes que se extraen del suelo no son repuestos) y, sobretodo, la introducción rapaz de grandes empresas de capital extranjero en la explotación de los recursos naturales con abundantes prerrogativas para la práctica del despojo. Un modelo que impulsa la expansión de la pampa productivista a toda la geografía nacional, arrasando con la tierra, las cosmovisiones y las prácticas de vida. Agrociudades exportadoras de norte a sur.

Esos convenios, entre los que las empresas chinas son grandes protagonistas, ganaron en detalles durante el cónclave en el que se avanzó sobre los temas vinculados a los proyectos de construcción de las represas Néstor Kirchner y Jorge Cepernic, cuyos fines están emparentados al desarrollo de mecanismos de riego artificial; las inversiones mineras impulsadas por los yacimientos de Vaca Muerta y las minas de potasio y litio no aprovechadas por la gran explotación; y los acuerdos prosperados en relación al sector nuclear, la electrónica, la fabricación de satélites, la industria farmacéutica y ferroviaria.

Un completo panorama de oportunidades que, inscripto en las condiciones objetivas, se establece como un pilar más en la profundización de un modelo agroextractivo que está trayendo drásticos resultados en un nivel humano y político.

Antiimperialismo político, dependencia comercial
La alianza comercial con China se sostiene en la promoción de las posibilidades de la producción agroalimentaria argentina. En el contexto global y según las características particulares de los actores en juego, eso implica la continuación del modelo productivo a gran escala y centrado en productos de bajo valor agregado. Una reprimarización productiva que lleva a la especialización en pocos productos, en manos de pocas empresas. La inequidad entre la potencia de la demanda china (que concentra el 80% de las compras externas de los productos del complejo sojero nacional) y la oferta argentina delinea nuevos trazos de dependencia que hunden a la Argentina en una situación de nuevo almacén mundial.
La conveniencia política del acercamiento al bloque de “potencias emergentes” fogueada por el gobierno como explicación de la “alianza estratégica integral” con el fin de ejercer un contrapeso a la influencia occidental tradicional, no puede desconocer los efectos económico-comerciales que la acompañan.

La presencia china en el continente es expansiva y sus métodos, si bien difieren de los usos imperialistas clásicos de la modernidad y se plantean en otros términos, arrastran consecuencias nefastas para la soberanía nacional y el desarrollo vital de la población. Una expansión colonialista según los nuevos tiempos.

Durante el 2013, las exportaciones de productos agroindustriales (donde los grandes monopolios tienen un rol preeminente y administrador) representaron el 81,77% de los envíos totales a China. Los principales productos vendidos fueron habas de soja, tabaco, aceite en bruto de girasol, harinas y pellets de invertebrados acuáticos. Esos números fueron arrojados durante la realización de la Segunda Reunión de Diálogo Estratégico para la Cooperación y la Coordinación Económica Argentina-China, una serie de encuentros entre las naciones que se prometen como diálogos sur-sur o negociaciones simétricas entre estados equivalentes en su fuerza.

Esa es la filosofía que inspira al Plan Estratégico Agroalimentario que para el 2020 se propone alcanzar las 150 millones de toneladas de granos, incorporando parte de las seis millones de hectáreas vírgenes de productividad en el norte argentino: "estamos en condiciones de mejorar y aumentar la provisión de alimentos a China", informó Casamiquela a las autoridades chinas. Es dudoso que los intercambios en materia de investigación y conocimiento técnico que se pactaron entre los dos países tengan como objetivo el desarrollo de líneas que no se correspondan con esas metas estratégicas. Que no sean, en definitiva, un paso más en la apropiación de la renta tecnológica derivada de la gran producción moderna.

El amor después de la oposición
Estos coqueteos del kirchnerismo con la promesa china del gran comprador no son espontáneas ocurrencias de los funcionarios, sino que surgen de una necesidad efectiva de la gestión: el neodesarrollismo concibe la necesidad de altos ingresos para la aplicación de políticas públicas activas. En todo caso, hay una urgencia fiscal. Esa necesidad se impone mediante el acuerdo tácito con los sectores concentrados del agro, quienes han sabido montarse al carro de la “modernización productiva” consagrada con la siembra directa, los desarrollos biotecnológicos y los agroquímicos. Un diseño de agronegocios que dejó conformes a todos: al gobierno, proveyéndole divisas frescas y en cantidad; y a los empresarios del sector, que acaudalaron un capital económico y político inédito y pueden ejercer su influencia arbitraria sobre los territorios que dominan. La fundación de la Argentina en 4x4.

Ese formato que desconoce particularidades culturales, modos de vida y todo cuidado de la biodiversidad, que impone una relación netamente productivista-extractiva con el medio natural y subasta el futuro del patrimonio nacional, intenta ser legitimado desde diferentes cenáculos y simposios promoviendo nociones como “desarrollo sustentable” o “convivencia pacífica” entre los modelos de producción. Un intento elegante por esconder los resultados.

El 2014 terminó con la puesta en escena de varios de estos encuentros que sentaron en una misma mesa a exponentes de los agronegocios y organizaciones campesinas y de agricultura familiar. En Salta, por noviembre, estuvieron los representantes de Acsoja y Aapresid junto con la dirigencia del Mocase-Vía Campesina, el Movimiento Nacional Campesino-Indígena y otras organizaciones, convocados por el Ministerio de Agricultura y la Iglesia Católica. Esa “mesa de diálogo” se desplegaba mientras se discutía la sanción de una Ley de Agricultura Familiar que en una primera instancia fue aprobada sin presupuesto, como un gesto elocuente del interés de los representantes políticos.

Desde la Cámara Argentina de Fabricantes de Maquinaria Agrícola, que festejó sus 30 años, invitaron como disertantes al analista y ex funcionario menemista, Jorge Castro, y a Juan Llach. La propuesta se enmarcaba en la consigna “hablemos del futuro” y ahí quedaron expuestas las prioridades de esos sectores: que la Argentina no desperdicie esta gran oportunidad que se abre con el crecimiento de la demanda de los agroalimentos y las nuevas energías, para lo que es necesario moderar el nivel inflacionario, rebajar la presión impositiva y generar nuevas políticas de incentivo a la producción. Asumir el rol en la distribución internacional del trabajo, en fin.

Una propuesta a la medida: continuar con las grandes líneas del modelo productivo, pero mejorar en los aspectos desfavorables para la concentración de la renta extraordinaria. “La intensificación de la producción agroalimentaria que permitiría alcanzar una cosecha de granos de 120/130 millones de toneladas en 2020 con incentivos favorables al sector y en el contexto de una demanda mundial de alimentos extremadamente dinámica, proveniente de China/ Asia, donde las importaciones de soja pasarán de 70 millones de toneladas este año a 120/ 125 millones en 2023/ 2024, según la estimación del Departamento de Agricultura de Estados Unidos”, detallo Castro. En ese contexto de nuevas relaciones amigables con el mundo, es indispensable asegurar el esqueleto del modelo: las inversiones. En este ámbito también se espera el ingreso en gran escala de inversiones del exterior hacia todos los eslabones de la cadena de producción agroalimentaria provenientes de las grandes empresas transnacionales de alimentos (Cargill, Dreyfus, ADM, entre otras), a las que hay que sumarles la incorporación de capitales chinos de envergadura, canalizados a través de Nidera y Noble, y en general de las grandes compañías de importación de granos de la República Popular China”, clarificó el analista. Y que nadie quede sin su porción.


Advirtamos en Venezuela hacia dónde conduce la relación con China al profundizar el extractivismo, el capitalismo rentístico y el correspondiente Estado Mágico.

Extractivismo delincuencial y 
la metástasis del capitalismo rentístico venezolano
5 de febrero de 2015

Por Emiliano Teran Mantovani (Rebelión)
 
(…)Feudalización corporativa, despliegues múltiples del extractivismo delincuencial y operaciones de extracción en América Latina
A pesar de que el carácter delincuencial es constitutivo de la histórica acumulación capitalista, existen pues, alarmantes tendencias de una radicalización violenta del despojo en los territorios de la región, junto a procesos de feudalización corporativa del poder.
Si como lo evidenciara la agencia Reuters (2014), el cartel de los Caballeros Templarios ha exportado hierro a China desde el puerto de Lázaro Cárdenas (Michoacán)2; o bien como lo ha revelado un estudio que contratara la Contraloría General de Colombia, cárteles mexicanos como el de Sinaloa, establecen alianzas territoriales y adquieren minerales como el coltán o el oro extraídos por grupos criminales armados en Colombia, para luego ser vendidos a “negociadores mundiales” –donde participan empresas transnacionales–, aprovechando el gran poder de comercialización internacional que han adquirido dichos grupos a través del negocio de la droga3, ¿podríamos estar presenciando una reconfiguración de la División Internacional del Trabajo y la Naturaleza, en la cual comienzan a establecerse de manera cada vez más importante, intercambios entre corporaciones delincuenciales de diferentes países, que ya no sólo controlan una parte de las rentas y excedentes de las economías nacionales, sino también una parte del control de los recursos naturales en determinados territorios, y sus respectivos procesos de extracción?
No olvidemos la forma cómo el llamado «Estado Islámico» controla campos petroleros en Irak y Siria, junto a infraestructuras de refinación, pudiendo producir una cuota estimada entre 50.000 a 100.000 barriles diarios (2014), para comercializar una parte a precios más económicos de los del mercado internacional, y recibir un estimado entre 800.000 a 3 millones US$ diarios, con los que financian su expansión territorial4.
 
Otra expresión de estos procesos de feudalización la vemos en la relación entre la minería ilegal y los grupos armados y bandas criminales en Colombia, y su proporción con el total de la extracción minera en el país. Según, el Senador Germán Villegas Villegas (partido conservador), el 63% de estas actividades no tienen título minero, resultado de la ausencia del Estado en estos procesos de extracción5. Según una investigación de la Revista Semana (Marzo 2013), de las 51 toneladas de oro que exportó Colombia hasta septiembre de 2012, más de la mitad provenía de la minería informal. Aunque no se tienen cifras exactas de cuántas de estas explotaciones “informales” están articuladas a grupos armados en el país, la investigación expone que en 151 municipios de 25 departamentos convergen la minería ilegal y los grupos armados6.
Hablamos de que, adicionalmente a las cuantiosas sumas de dinero obtenidas directa o indirectamente de este negocio minero, en algunos lugares del país, los grupos armados controlan los propios procesos extractivos, su comercialización, y reproducen una institucionalidad territorial acorde a estas dinámicas. Por otro lado, en la llamada «minería gris» ―debido a que esta actividad se reproduce entre la legalidad y la ilegalidad―, estas economías delincuenciales lavan sus capitales por medio de inversiones en proyectos mineros formales7, lo cual adicionalmente contribuye a la ampliación del extractivismo.
El avance de estas formas económicas ―visibles también en los modelos mineros africanos―, en el marco de la expansión del extractivismo en la región, suponen una amenaza de ampliación de mecanismos bárbaros y sumamente depredadores en las disputas territoriales sobre el control y la gestión de los bienes comunes para la vida.

Venezuela ha sido remete por estas dinámicas de manera muy compleja. Las disputas políticas en el país han estado profundamente atravesadas en los últimos años ―y con más intensidad después de la muerte del presidente Chávez en 2013― por operaciones masivas de extracción de bienes de consumo e incluso de producción, en formas de contrabando que en buena medida están motorizados por grupos delincuenciales. Según el presidente Nicolás Maduro, “Entre 30% y 40% de los productos del mercado nacional son desviados a Colombia por el contrabando8, y quien fuera vicepresidente para el Área Económica, Rafael Ramírez, afirmaba que el contrabando de gasolina a Colombia se traducía en una pérdida para el Estado venezolano de 100.000 barriles diarios de petróleo9.
La manera como la creciente estructuración de redes delincuenciales están generando formas de extracción que incluso no se dirigen sólo al consumo interno sino a comercios transfronterizos, ha tenido un severo impacto en los circuitos económicos del capitalismo rentístico venezolano, en la medida en la que intensifica la sed de divisas y productos importados propia del modelo rentista, presionando al Estado a un mayor endeudamiento externo para solventar los déficits, al aumento de sus cuotas extractivas (Faja del Orinoco, Arco Minero de Guayana), y/o a la flexibilización de su soberanía territorial respecto a las empresas multinacionales, quienes ante la situación deficitaria desean que se hipotequen los territorios y la naturaleza del país.
Si sumáramos los bienes de consumo fugados, los barriles de petróleo extraídos y no capitalizados debido al contrabando de gasolina transfronterizo, y le añadimos la enorme fuga de capitales de los últimos años en Venezuela, que también está vinculada en muy buena medida a estafas y la reproducción de economías delincuenciales10, lo que tendremos es una enorme cantidad de Naturaleza liquidada domésticamente –una expansión de su huella ecológica–, que ni siquiera responde a las exigencias de necesidades básicas de la población nacional, y mucho menos a inversiones para salir del modelo rentista/extractivista.
Los análisis sobre extractivismo deben reconocer que es probable que ciertas dinámicas de disputas territoriales y políticas estén mutando o se encuentren en expansión para América Latina, lo que supone que también pueden mutar los objetos del reclamo político, y por ende las estrategias de resistencias populares; y que las dinámicas de caos sistémico representa un enorme desafío epistemológico para estos análisis.
 
La metástasis del capitalismo rentístico venezolano
Hemos expresado que el capitalismo rentístico venezolano es un orden metabólico insostenible, y que desde hace unos 30-40 años los pilares de la sociedad rentista venezolana comenzaban a resquebrajarse, iniciando un período de desequilibrios estructurales que, con grados de severidad variables, se ha mantenido permanentemente hasta nuestros días11. Casi 100 años después del inicio de la explotación masiva de petróleo en el país, cabe preguntarse varias cosas: a) ¿cuáles son las capacidades endógenas actuales que posee el sistema para regularizarse y hacerse viable domésticamente?; b) ¿estamos pues, solo ante una crisis coyuntural o estamos viviendo los síntomas de una crisis estructural del modelo rentista venezolano?; y c) en perspectiva histórica, ¿qué era Venezuela antes del petróleo?, y ¿qué podría ser en el futuro, si se tratara de una crisis estructural del modelo petro-rentista?
Estamos ante el tercer impacto histórico del «efecto Venezuela»12 ―el primero se produce a partir de la década de los 20-30, y el segundo en la década de los 70― originado desde mediados de la década pasada (2000) con el boom de las materias primas. Sin embargo, hay una diferencia con los dos impactos anteriores: los efectos de este tipo de fenómenos de «enfermedad holandesa» se encuentran ahora con un orden metabólico-territorial entrópico, profundamente complejo, y con niveles muy altos de vulnerabilidad sistémica, lo cual se une a las condiciones actuales de disputa geopolítica y crisis civilizatoria.
2015 aparece para Venezuela como la bienvenida al desierto de lo real, cuando se hacen cada vez más nítidas las consecuencias de la reproducción expansiva del capitalismo rentístico y del accionar ilusorio del Estado Mágico: si el petróleo se cobra a 90 días, el avanzar del año nos aproxima a la realidad del hundimiento de los precios internacionales del crudo (38,82 US$ por barril al 30/01/2015), y a la desnudez de las contradicciones económicas y políticas del sistema. La cobertura de las importaciones se enfrenta adicionalmente con el monstruo de la deuda externa, y las fechas de pago establecidas para este año.
Pero esta situación crítica no responde sólo a un problema de gestión política, o de estructuras caducas. El capitalismo rentístico hace metástasis, no sólo porque su orden metabólico es entrópico, por los efectos del “desarrollo” capitalista sui géneris que se ha producido en el país ―¿se trata de un metabolismo incontrolable? (I. Mészáros)―, sino también porque Venezuela se encuentra inmersa en una guerra biopolítica ―“la política es la continuación de la guerra por otros medios” (M. Foucault)― que abarca las instituciones, la territorialidad, los bienes comunes y la producción de subjetividad.
Se trata de una lógica cancerosa y corporativa, que alrededor de una disputa geopolítica por la renta, los territorios y los bienes comunes, y a partir de flujos extractivos de carácter delincuencial, va generando redes económicas corruptas, y sociabilidad e institucionalidad en torno a ellas, sea en espacios urbanos o rurales, y rremete incluso la propia actividad petrolera13; se desliza por medio de los rieles de la fragmentación social que produce el capitalismo, genera micropolíticas de la acumulación por desposesión; rremete permanentemente los entramados comunitarios existentes, las formas de solidaridad popular, las expresiones cooperativas que el proceso de la «Revolución Bolivariana» pudo haber creado o estimulado; despliega la corrupción a todas las capas de la sociedad; intenta carcomer pues, el proyecto constitutivo contrahegemónico, depositado primordialmente en el chavismo popular .
 
Los escenarios ante la agudización de la crisis del capitalismo rentístico son diversos. En todo caso existen varios factores de posibilidad que resaltar ante esto:
·         En Venezuela en estos últimos años, y a pesar de los continuos y marcados obstáculos, han germinado formas diversas de organización popular, que en muchos sentidos o ámbitos logran en sus prácticas estar más allá del capital. El desafío parece estar en su dificultad para articularse por sí mismos. ¿Podrían generar otras territorialidades en momentos de agudización de la crisis? ¿Cuáles son las posibilidades reales del ejercicio de un liderazgo colectivo?
·         Cada movimiento social y organización popular tiene su riqueza propia, tanto en términos materiales como inmateriales. Esta se torna en potencia política en la medida en la que se articula con las otras riquezas de las demás organizaciones territoriales y hermanas. En este sentido, es imperioso, incluso ante un posible período crítico, la propagación de economías de los comunes, sociales y solidarias. Redes y sistemas territoriales mediante los cuales, los diversos movimientos generen un inventario colectivo de bienes, saberes y servicios, y de necesidades, que se articulen en directorios comunes, cuentas comunes de intercambio y créditos, pensados desde valores de uso, que puedan ampliar la capacidad de autosuficiencia y los tejidos autónomos de la economía popular ante contingencias de carácter extraordinario.
·         Toda crisis representa una oportunidad. En el caso venezolano, además de interpelar los modos de vida imperial, abre las posibilidades de construir una narrativa propia, desde los movimientos, en los que también sea posible pensarnos más allá del petróleo, más allá del rentismo, más allá del capital.

Emiliano Teran Mantovani es investigador del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG)
Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=195084

Constatemos en qué resultó la "alianza estratégica con China" para Venezuela

   Los rasgos del “Efecto China” 

y sus vínculos con el extractivismo en América Latina
9 de febrero de 2014


Por Emiliano Teran Mantovani.


(...)Venezuela, el “Efecto China” y la acumulación por desposesión

China es hoy el segundo socio económico de Venezuela (según estudio del INE) y un aliado geopolítico estratégico. El gigante asiático es uno de los principales inversores en los proyectos de explotación petrolera de la Faja del Orinoco, acompañando al gobierno nacional en su objetivo de aumentar la cuota extractiva en el futuro próximo. China importa casi el 12% del petróleo que consume de América Latina, siendo que cerca de la mitad de éste (46%) proviene de Venezuela.

Según expresara en su momento el presidente Chávez, entre 2001 y 2011 se suscribieron más de 350 acuerdos e instrumentos entre ambas naciones [30] principalmente en áreas de infraestructura —como un proyecto de ferrocarril y la Gran Misión Vivienda Venezuela—, energía, agricultura, minería, petroquímica y transporte, entre otros. Estos proyectos están siendo financiados a partir de la creación del Fondo Chino, establecido una vez que Venezuela iniciara el suministro petrolero a los asiáticos en 2007, y los dos gobiernos firmaran acuerdos denominados de Cooperación Financiera de Largo Plazo para “acelerar el desarrollo social y económico de Venezuela” [31].

Destaca que Venezuela representa casi dos terceras partes del total del financiamiento de infraestructura que China dio en toda Latinoamérica (unos 28.000 millones US$) [32]. A su vez, será el país asiático quien financie nuestro camino a la ampliación de los proyectos de minería —insólito para el país con la mayor reserva de petróleo del mundo—, al firmar Venezuela un convenio a fines de 2009 por mil millones US$ (casi la cuarta parte de lo financiado para minería por China en ALC) con el CDB. La empresa transnacional china Citic elabora en la actualidad, junto con el Instituto Nacional de Geología y Minería (Ingeomin), el llamado mapa minero de Venezuela –«la exploración geológica de las reservas minerales en el país»–, misma empresa que, luego de la nacionalización del oro en 2011 por parte del Gobierno Nacional, firmó a fines de febrero de 2012 un acuerdo con éste, en la figura de empresa mixta, para la explotación de oro en una de las minas más grandes del mundo, Las Cristinas —unas 17 millones de onzas de reservas estimadas [33] .

Además de créditos en forma de financiamientos conjuntos para inversiones discrecionales, un préstamo para el proyecto de refinería Abreu e Lima (2011), y otro para compras de productos relacionados con el petróleo (2012), en 2010 se estableció específicamente una línea de crédito relacionada con el comercio. El plan de créditos de 20.000 millones US$ del Fondo Pesado (2010) también se orienta a proyectos e importación de bienes chinos. Esto se conecta, por ejemplo, con la ampliación en el mercado venezolano de teléfonos celulares marca Haier, y las facilidades de bajos precios y créditos a largo plazo y sin intereses de aires acondicionados, televisores, lavadoras, entre otros, en el marco de la Misión Mi Casa Bien Equipada [34] y la llamada “Cédula del Buen Vivir”. La recreación de una sociedad de abundancia sostenida en la renta petrolera y articulada a tratados comerciales externos, tiene su génesis en la firma por parte de Pérez Jiménez en 1952 de la versión revisada Tratado Comercial entre EE.UU. y Venezuela de 1939 para mantener condiciones muy favorables para la importación de bienes manufacturados de ese país, en “defensa del acceso del público a bienes de alta calidad a precios razonables”. La fórmula parece similar en la actualidad, pero sustituyendo en los tratados a los EE.UU. por China.

Es importante subrayar que los créditos chinos son pagaderos con petróleo, lo que implica que una serie de gastos y compromisos futuros, y la expectativa de realizar otros nuevos en nombre del mentado “desarrollo”, se respaldan en la naturaleza “rentable” que comprende el territorio nacional, y un porcentaje de la producción nacional se destina para pagar dichos préstamos, lo que en un contexto de severas dificultades y desequilibrios económicos en el país, amenazan con la viabilidad económica de la Revolución Bolivariana. Basta pensar en un hipotético escenario de caída de los precios internacionales del crudo —como ya ocurrió en 2009— para hacer más claro la notable vulnerabilidad de esta situación.

A estas alturas, aún si sumáramos los préstamos chinos, los del BID y del BM en América Latina desde 2005, tendríamos a Venezuela en primer lugar de la región en créditos adquiridos, destacando que sólo ella ha recibido casi la mitad de los mismos emitidos por China en toda ALC. El presidente del BANDES, Gustavo Hernández, reconoció en enero de 2014 que el financiamiento de China “supera en todos los tramos más de los 40 mil millones de dólares” [35], de los cuales, según afirmara en agosto de 2013 el Ministro para la Energía y Petróleo, se habrían cancelado 20.000 millones US$ [36]. La extensión de 5 mil millones US$ del Fondo Chino para “viviendas e industrias” depositada en diciembre de 2013, así como nuevas solicitudes crediticias, supondrían un aumento de la cuota de envío de petróleo al país asiático como pago de la deuda, que en la actualidad se encuentra en alrededor de 250.000 barriles diarios, lo cual achicaría y comprometería aún más los montos disponibles para gastos corrientes.

Es fundamental reflexionar sobre las implicaciones que el tipo de encadenamiento bilateral que mantenemos con China pueden tener tanto en las pretensiones de transformar el modelo rentista y llevarlo a formas productivas alternativas —en el caso de las corrientes más voluntariosas de la Revolución Bolivariana, ir hacia el “Estado Comunal”—, como en las propias posibilidades de viabilidad futura de un proyecto social de inclusión popular nacional, en un mundo donde las fuerzas del capital globalizado presionan enormemente para avanzar hacia procesos masivos de acumulación por desposesión.

La forma como se estructuren las relaciones económicas internacionales determinan la política doméstica —y más para un país periférico como Venezuela— y delimitan las posibilidades de avanzar, o no, hacia modelos post-extractivistas en el país y la región —piénsese, por ejemplo, en las terribles consecuencias que acarrearía para los pueblos de los países del MERCOSUR, la concreción de un inminente TLC con la Unión Europea [37]. China, por la potencia de su economía y las características de su nación, por su política económica exterior, y por los efectos que ha generado su crecimiento en el mundo, representa hoy la fuerza más dinámica en el reforzamiento de los patrones coloniales/imperiales. China está en disputa por la hegemonía del sistema capitalista, y su expansión está determinada por la lógica depredadora del capital, a pesar del acuñado “socialismo con características chinas”.

Los crecientes compromisos rentísticos internacionales que adquiere Venezuela en nombre del “desarrollo”, lo inserta en un círculo vicioso que lo obliga a la necesidad de captar cada vez más renta. De esta forma la misión desarrollista del petro-Estado venezolano hace evidente que cada vez más factores exógenos determinan la realidad nacional. La conexión de los convenios de endeudamiento progresivo con China, con el Plan Siembra Petrolera y el Plan de la Patria —duplicar la extracción petrolera para financiar la «modernización» y poder pagar con petróleo su costo—, al contrario de lo alegado en la retórica política sobre la “independencia” (el Obj. I del Plan de la Patria), encierra a Venezuela aún más en su limitada función extractivista, al tiempo que profundiza el modelo de sociedad que en teoría queremos cambiar, y nuestro nexo de tipo enclave que tenemos con los grandes capitales transnacionales, debido a que los acuerdos y proyectos firmados van estructurando los compromisos y haciendo más rígido el esquema de organización productiva, sometido a una serie de contratos de corto, mediano y largo plazo.

 

Los desajustes y desequilibrios que vivimos en nuestra economía doméstica, impulsados en muy buena medida por los efectos de las descompensaciones internas que produce la llamada “Enfermedad Holandesa”, producto del boom de los commodities que desde 2004 ha estimulado primordialmente China, se inscriben en una larga crisis de agotamiento estructural del modelo del capitalismo rentístico nacional que se da desde hace unos 30-40 años [38]. Aquí se mezclan las consecuencias del llamado “Efecto Venezuela” con el denominado “Efecto China”, lo cual siembra dudas sobre la posibilidad de mantener el curso actual de captación de la renta petrolera en el país, y la consiguiente probabilidad de intensificación del endeudamiento externo y vulneración a procesos masivos de acumulación por desposesión.

Una más intensa integración a la globalización capitalista nos hace más dependientes y vulnerables ante un sistema-mundo en crisis, lo cual resulta muy peligroso. Debemos atender a lo que hemos denominado, a partir de David Harvey, el neoliberalismo mutante. La acumulación por desposesión opera también mediante finos mecanismos desterritorializados, moleculares e híbridos, pudiendo coexistir con formas de control estatal. Paradójicamente, en la medida en la que un Estado periférico administra los procesos expansivos domésticos de articulación con el capital transnacionalizado, abre el camino para un progresivo ataque y desmantelamiento de los propios dispositivos de protección estatal.

El neoliberalismo post-consenso de Washington no opera primordialmente bajo la lógica del «shock», por lo que es fundamental tratar de detectar esos mecanismos moleculares de acción antes que sea muy tarde. En este sentido es menester preguntarse, ¿qué supone la flexibilización de algunos parámetros de los proyectos de la Faja del Orinoco en favor de las transnacionales, y qué factores geopolíticos los propician? ¿Qué suponen algunas medidas económicas tomadas con carácter de apertura, y qué factores sistémicos los promueven? ¿Qué procesos de la acumulación de capital doméstica está administrando el Estado y cómo lo está haciendo?Por último, es esencial hacer notar que, si Venezuela y en general, América Latina, han basado su crecimiento en los ingresos por exportación a partir de la demanda de materias primas de China, es obvio que esto no será para siempre. Si el crecimiento chino, que muestra tendencias de frenado desde hace más de dos años —en 2012 tuvo la tasa de crecimiento más baja desde 1999 [39]—, llegara a ralentizarse o a disminuir en el mediano plazo, o bien si el gigante asiático dirigiese su mirada hacia adentro, en busca de un rebalanceo de su economía, esto tendría importantes impactos en América Latina y, en general, en la economía mundial. El asesor económico Daniel Munevar afirma que: “En este contexto, para los futuros y derivados sobre las materias primas la desaceleración del crecimiento de China sería el equivalente de lo ocurrido en el verano de 2007 con los primeros problemas de las hipotecas subprime ” [40].

Existen alternativas a estos tipos de encadenamientos sistémicos, que requieren otro espacio para exponerlas con mayor detalle. Sólo mencionamos tres elementos: desconexión selectiva, comercio de los pueblos intrarregional estilo ALBA en pro primordialmente de una soberanía alimentaria, y transiciones desde la soberanía y administración territorial visto desde las comunas.

* Emiliano Teran Mantovani es sociólogo de la Universidad Central de Venezuela, investigador del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG) y hace parte del equipo promotor del Foro Social Mundial Temático Venezuela.
Fuentes consultadas (...)


    

jueves, 5 de febrero de 2015

II. Llegaremos inexorablemente a usar sólo las energías renovables frente al agotamiento y las graves consecuencias de los recursos no renovables. “Demorar su desarrollo es postergar un beneficio que todos merecemos”.

Matriz energética argentina: ¿qué se debe hacer?
Publicado por
OPSur / 8 de diciembre de 2014


Carlos Alberto Dagna.- La distribución de fuentes de energía primaria en Argentina, se compone de un espectro similar al de 1970. Hace 44 años, teníamos una dependencia del 89% de las energías fósiles (Petróleo y gas) mientras que actualmente, se invirtieron los porcentajes pero los combustibles fósiles representan un 87% de la matriz energética. La energía hidroeléctrica (4,7%) y la nuclear (2,8%) cubren menos del 8% y el resto (5%) la sumatoria de energía eólica y solar. (…) Leer
¿Qué debemos hacer?
Diversificar la matriz energética e ir gradualmente reemplazando los combustibles fósiles y la energía nuclear por energías renovables y limpias.
Parte de las pérdidas en el proyecto Vaca Muerta y todos los play no convencionales que el estado subsidia sin conocer el horizonte temporal, destinarlas a inversiones en el desarrollo de recursos renovables. El autoabastecimiento de combustibles fósiles  a 10 años es anacrónico y tan cuestionable como difícil.
Un ejemplo de lo posible, lo vemos en Europa y particularmente en Alemania. En energía eólica dispone de 33.730 MW instalados a principios de 2014, y representa un tercio de la energía eólica del mundo. Europa aporta el 75% de la energía eólica mundial, con Alemania y España como países líderes. El mercado eólico ha ayudado a generar en la Unión Europea (UE) más de 50.000 puestos de trabajo. Alemania iguala en energía eólica a toda la energía eléctrica convencional generada en Argentina. También es uno de los líderes mundiales en la instalación de energía solar fotovoltaica, con una potencia instalada a principios de 2014 superior a los 35 gigavatios (GW). Sólo en 2011, Alemania instaló cerca de 7,5 GW y la fotovoltaica produjo 18 TW·h de electricidad, el 3% del total consumido en el país.
Fuera de Europa, podemos observar el admirable combo energético que logró Brasil con el 42% de recursos renovables (biomasa 16,2% – Hidráulica 13.5% – Carbón vegetal 8.3% – Eólica 4.2%)
Los beneficios de una energía limpia se traducen en la reducción de las emisiones de partículas contaminantes y la sustentabilidad de la economía. Brasil con su matriz emite 1,4 toneladas de dióxido de carbono (tCO2) por tonelada de petróleo equivalente (tep) mientras el promedio mundial es de 2,4 tCO2 / tep.
Los beneficios de las energías renovables superan a los perjuicios y son el camino inexorable al que finalmente llegaremos  con el agotamiento de los recursos no renovables y sus graves consecuencias ambientales. Demorar su desarrollo es postergar un beneficio que todos merecemos. Aún considerando solamente el aspecto económico (y dejando de lado el aspecto ambiental), la estructura actual de la matriz energética argentina potencia la dependencia del bienestar del país a los precios de los commodities y exige una serie de inversiones que tarde o temprano deberá ser desechada.
*Geólogo – Universidad Nacional de Córdoba. Master en Auditorías Ambientales – INIEC, España.

Fuente: http://www.opsur.org.ar/blog/2014/12/08/matriz-energetica-argentina-que-se-debe-hacer/

I. Llegaremos inexorablemente a usar sólo las energías renovables frente al agotamiento y las graves consecuencias de los recursos no renovables. “Demorar su desarrollo es postergar un beneficio que todos merecemos”.

Opiniones cruzadas por las declaraciones de 

Cristina Kirchner sobre las energías renovables
5 de febrero de 2015


Su discurso ante empresarios chinos desató la polémica en el sector. La mayoría de los referentes del sector cuestionaron su posicionamiento en defensa de los hidrocarburos y de la energía atómica. ¿No es momento de comenzar con el desarrollo de las fuentes alternativas? Todas las voces en esta nota.

Por Gastón Fenés
gaston.fenes@energiaestrategica.com

Cristina Fernández de Kirchner, la presidente de Argentina, brindó un discurso en Pekín, China, ante representantes de compañías de todos los rubros, las de mayor peso en el mundo, a los fines de tentarlos para atraer inversiones. El objetivo de máxima era consolidar el financiamiento para las dos mega represas hidroeléctricas de Santa Cruz, Carlos Néstor Kirchner y Jorge Cepernic, que permitirían agregar al sistema 1.740 MW de potencia instalada; también para otra planta nuclear y Vaca Muerta, el yacimiento de hidrocarburos no convencionales.
Fue en este contexto que la principal mandataria expuso su visión sobre las energías alternativas: “es muy cool hablar de las energías alternativas renovables. Todos estamos con ellas. Estamos haciendo inversiones en un parque eólico, pero también como empresarios y dirigentes del Estado sabemos que la energía fósil va a ser durante los próximos 30, 40 o 50 años el gran motor que alimente la industria y los automóviles”.
Mientras tanto tenemos que tomar las decisiones estratégicas para tener las energías que vayan sustituyendo esa energía fósil“, disparó. “Junto con la hidroeléctrica y la eólica, la energía nuclear para nosotros también es uno de los puntales en la sustitución de esa energía contaminante”, dijo Cristina.
Paso siguiente, comparó: “De hecho, si uno compara los costos de la generación eléctrica en Francia,  con la generación energética en Italia, tenemos que Francia  tiene un 40 ó un 50 por ciento de costo energético menor que su vecino de Italia, y eso es en virtud del gran de desarrollo nuclear que han alcanzado”.
Este posicionamiento, generó diversas reacciones por parte de los promotores de una matriz diversa y limpia. Por su parte, Gustavo Gil, máximo referente en la materia del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), manifestó: “es lamentable pensar que un horizonte de 30 o 40 años en materia de planificación energética se considere un plazo tan lejano que no merece la atención de hoy. Ese error es muy probable esté gestado por algunos mal intencionados que lucran con el estado actual de las cosas, y que incapaces de aceptar lo ineludible de la transición, sostienen que las renovables solo son un capricho de europeos cool”.
El experimentado Ing. René Galiano, también dio su punto de vista: “Es muy fácil poner como ejemplo a Francia, con sus 60 centrales atómicas, que tienen sumamente preocupada a su población, pero no habla de Alemania, que está bajando una a una a sus centrales atómicas reemplazándolas por fuentes renovables. Obviamente que el mundo seguirá dependiendo del petróleo por 30 años más, pero ¿en qué proporción cuando para esa época seamos alrededor de 9000 millones de habitantes? Una cosa es clara, están aceptando a regañadientes la diversificación de la matriz energética en base a la inclusión del inmenso potencial en renovables que tiene el país. Francamente lamentable”.
Sin emitir juicio de valor, Guillermo Malinow, Ingeniero y miembro del Consejo Directivo del Comité Argentino de Presas explicó los motivos de la asociación con China para proyectos de energía hidroeléctrica: “China tiene 50.000 plantas y produce el 19 por ciento de la energía hidroeléctrica mundial, ya en el año 2010 la potencia hidráulica instalada alcanzaba los 220.000 MW y producía una energía media anual de 690.000 GWh/año. Para el año 2020 prevén alcanzar una potencia hidráulica instalada de 300.000 MW. Con esto quiero decir que China es un país con una gran experiencia en la materia y se la respeta mucho en el plano internacional”.
Pablo Bertinat, referente del Observatorio de Energía y Sustentabilidad, docente de la Universidad Tecnológica Nacional, máster en sistemas humanos ambientales e ingeniero eléctrico, analizó las declaraciones de Cristina Kirchner, desde una óptica social: vivimos en la región una fiebre extractivista, agronegocios sojeros, minería depredadora e hidrocarburos, un combo necesario para sostener el modo de acumulación capitalista extremadamente depredador e inequitativo. Quienes apostamos a los gobiernos progresistas en toda la región apostamos a que estos gobiernos pudieran desafiar un futuro determinado por la fatalidad histórica”.
Siguiendo la idea, planteó: “existe otra posibilidad para el desarrollo de la región y el país, pero para ello hay que desafiar el futuro y construir algo diferente a lo que conocemos. Esto significa rediscutir el modelo productivo y consecuentemente el modelo energético. ¿Es de imaginar por ejemplo que nuestro país debe tener dentro de dos décadas una industria automotriz más fuerte o más débil? ¿Qué sectores de la economía deben activarse y cuales desactivarse? Es imposible pensar en un modelo menos depredador si no avanzamos en usar menos materia y energía”.
En el sector energético el futuro se construye todos los días. Más allá de que haya una muy tibia apuesta por el sector eólico sería bueno que el gobierno haga el ejercicio de revisar los montos invertidos en hidrocarburos y nuclear versus renovables. Allí quedaría muy claro porque el futuro para el gobierno y muchos otros sectores tecnocráticos es fósil”, señaló Bertinat.
Por último, el especialista concluyó:hoy los hidrocarburos son el pasado, el futuro se encuentra en la eficiencia y las fuentes renovables de energía acompañando un modelo productivo menos intensivo en energía pero mucho más equitativo”.
Nicolás Brown, referente de la actividad, fue también crítico de la posición de Cristina: las renovables no son cool; son una solución genuina al problema de la energía desde el punto de vista económico, socio-político y ambiental. Hablar de energías renovables es “políticamente correcto” porque invertir en renovables es lo correcto“.
Y agregó: Cristina menciona a la nuclear como una opción económica, cuando todos los costos de construcción de Atucha II fueron enormes, las renovables resultan mucho más económicas… y la menciona como energía “limpia”, considerando los efectos de la contaminación por gases de efecto invernadero, pero sin considerar el impacto de la contaminación nuclear”.

miércoles, 4 de febrero de 2015

Nos advierten, respecto al fracking, "de una crisis medioambiental y sanitaria completamente evitable que está en cambio ignorándose, o escondiéndose, por parte de quienes detentan el poder".

Los costes reales de las fracturas hidráulicas
3 de diciembre de 2014

Por Allison Wilson (CounterPunch)
Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández.
Los primeros investigadores en documentar de forma sistemática las enfermedades del ganado, de los animales domésticos y de la gente que vive cerca de los lugares donde se están llevando a cabo fracturas hidráulicas fueron Michelle Bamberger y Robert Oswald. Bamberger, veterinaria, y Oswald, profesor de medicina molecular en la Universidad Cornell, se sirvieron de un enfoque de estudio de caso –en hogares individuales- para buscar los posibles efectos (Bamberger and Oswald 2012). 
Se sabe ya que muchas de las substancias químicas utilizadas en las perforaciones son carcinógenas, son interruptores endocrinos o contienen otras clases de toxinas (Colborn et al. 2011). Los estudios de Bamberger y Oswald, desarrollados durante el actual boom de las fracturas hidráulicas, descubrieron graves efectos adversos, entre ellos problemas respiratorios, reproductivos y relacionados con el crecimiento de los animales y todo un espectro de síntomas en los seres humanos que denominaron “síndrome del gas de esquisto”. En última instancia, su investigación les llevó a considerar implicaciones más amplias de las fracturas hidráulicas en la agricultura y en el sistema alimentario (Bamberger and Oswald 2012 y 2014).
Su nuevo libro, “The Real Cost of Fracking: How America’s Shale Gas Boom is Threatening Our Families, Pets and Food”, describe los resultados de esta investigación. Sin embargo, es mostrando la capacidad de penetración de los nocivos efectos de las perforaciones en las vidas de las personas donde Bamberger y Oswald trasmiten mejor sus verdaderos costes.

¿Por qué incluir animales?
La estrategia de incluir animales en su investigación se basó en la suposición de que los ciclos de vida más cortos y la mayor exposición de los animales a los contaminantes les convierte en “sistemas de alerta temprana” frente a los riesgos medioambientales (Reif 2011, Rabinowitz et al. 2010, Van der Schalie et al. 1999). Además, al ser a menudo animales utilizados para la alimentación, los animales expuestos o enfermos podrían convertirse directamente en un riesgo para el sistema alimentario humano.

Estudios detallados de caso
En su publicación de 2012, Bamberger y Oswald recopilaron los resultados de 24 estudios de caso realizados en seis estados de EEUU donde se estaban realizando fracturas hidráulicas intentando encontrar gas. Documentaron las incidencias en la salud que experimentaron las personas y los animales que vivían cerca de los lugares fracturados e identificaron también las posibles vías de exposición a los elementos químicos utilizados en las perforaciones. Publicaron estos datos y desde entonces vienen discutiendo en revistas científicas acerca de sus implicaciones (Bamberger and Oswald 2012; Bamberger and Oswald 2014a).
The Real Cost of Fracking describe claramente esos hallazgos. Sin embargo, el libro se organiza alrededor de experiencias de primera mano con los animales y personas implicadas en siete de esos estudios de caso. Esas experiencias se refieren a la muerte de terneros y a la imposición de cuarentena a los rebaños tras un derrame de las aguas residuales; los toros y los perros de Terranova presentaban continuos problemas reproductivos; uso de esteroides con los caballos al presentar problemas respiratorios. Los autores hallaron que los niños padecían elevados niveles de arsénico, los adultos sufrían pérdidas de peso espectaculares y familias enteras sufrían el “síndrome del gas de esquisto” (quemazón en los ojos, dolor de garganta, dolor de cabeza, hemorragias nasales, vómitos, diarrea, sarpullidos en la piel). Algunos residentes no podían entrar en sus hogares sin ponerse gravemente enfermos y otros perdieron sus medios de vida basados en la agricultura y la ganadería.
Durante su investigación, Bamberger y Oswald comprobaron asimismo la indiferencia exhibida por el gobierno y cómo las tácticas utilizadas por la industria perjudicaban la salud de las personas y les creaban problemas financieros. Esas tácticas incluyen el secretismo acerca de los agentes químicos utilizados en las fracturas, lo que dificulta un tratamiento médico eficaz (McDermott-Levy et al. 2003). Otras incluyen acoso e intimidación a los residentes que protestan.

Obstáculos a la investigación científica y a las “pruebas de nocividad”
Al exponer estas historias, Bamberger y Oswald describieron las complejidades de tener que desarrollar una investigación en lugares industriales activos operados por una industria secreta. Por ejemplo, los acuerdos no divulgados ocultan datos potencialmente útiles. Cuando las víctimas de las fracturas hidráulicas son financieramente indemnizadas por sus pérdidas, a menudo se ven obligadas a firmar tal tipo de acuerdos, que les impiden revelar al público las enfermedades u otras pérdidas que estén sufriendo y que están relacionadas con las fracturas hidráulicas.
En el terreno de lo ideal, como prueba de nocividad, los investigadores podrían vincular determinados productos químicos con determinados síntomas de enfermedades. Esto requeriría realizar pruebas químicas para demostrar que una substancia química estaba ausente antes de que empezaran a realizarse las fracturas hidráulicas y que, sin embargo, apareció tras haber iniciado las mismas. Los investigadores necesitarían entonces establecer una vía probable de exposición (i.e., beber agua contaminada con la sustancia química). Y por último, controles independientes de salud para confirmar que los síntomas de las enfermedades no existían antes de la exposición sino que han aparecido después.
Además de la existencia de los acuerdos no divulgados, The Real Cost of Fracking subraya otras barreras al establecer tales vínculos. En primer lugar, no hay disposiciones para que se puedan llevar a cabo pruebas químicas sistemáticas del aire, suelo o el agua en los lugares de perforación y sus alrededores. Ni tampoco un control sistemático de la salud de ningún tipo. Además, al no revelarse los productos químicos utilizados en cada lugar específico de perforación, los investigadores, veterinarios y doctores no pueden saber con seguridad qué productos químicos o efectos sobre la salud son con los que tienen que trabajar.
Las necesarias pruebas sistemáticas medioambientales y de salud a gran escala sólo pueden llevarse a cabo con el apoyo de gobiernos y reguladores. A fin de servir al interés público, deben ser realizadas por una fuente de confianza y los resultados deben estar a libre disposición. Contra toda lógica, al no requerirse que se lleven a cabo esas pruebas, los funcionarios y reguladores del gobierno se unen a la industria para proclamar que no se ha demostrado que exista una “prueba de nocividad” en la fractura hidráulica.

Correlaciones de la fractura hidráulica con una mala salud
A pesar de esos obstáculos, los resultados de Barberger y Oswald mostraron que los vecinos locales sufrían daños nuevos y graves en su salud, bienestar y medios de vida tras haberse iniciado la fractura hidráulica. Pudieron documentar que “animales y humanos tienen síntomas que se relacionan en el tiempo con las operaciones de fractura para encontrar gas y petróleo”. En muchos de los casos, pudieron también identificar probables vías de exposición a las toxinas de las perforaciones. El agua de los pozos es una posible vía y los autores señalan la investigación de Osborn et al. (2011) que halló que “los pozos de agua en las áreas cercanas a los lugares donde se estaba operando con gas de esquisto estaban contaminados de metano, que tiene la firma isotópica del gas de esquisto”. Estos resultados sugieren que, además del metano liberado por las perforaciones, los pozos podían estar contaminados con otros productos químicos tóxicos.
Reforzando la correlación entre fractura hidráulica y mala salud, Bamberger y Oswald encontraron que en algunas clínicas de salud de Pensilvania y Colorado habían informado que algunos pacientes que vivían cerca de los lugares de fractura habían sufrido también el “síndrome del gas de esquisto”. Además, desde la publicación de sus resultados, otros investigadores han informado de la aparición de problemas de salud relacionados con la fractura (Bamberger y Oswald 2014b; Macey et al. 2014; McDermott-Levy et al. 2013); Hill 2013; Food and Water Watch Report 2013). Sin embargo, es probable que estos estudios no identifiquen todos los efectos nocivos de la fractura. En particular, los problemas reproductivos de los animales documentados por Bamberger y Oswald sugieren que es necesario que la gente que vive y trabaja cerca de las perforaciones se someta a una serie de pruebas para ver las consecuencias que produce en la reproducción, así como otros efectos a largo plazo en la salud.

Campos agrícolas, alimentos y fractura hidráulica
Bamberger y Oswald destacan por trasmitir los nocivos efectos de la fractura hidráulica en los habitantes locales. Sin embargo, la síntesis de sus datos con la de otros investigadores les lleva a preocuparse mucho más. Su análisis sugiere que si la fractura hidráulica se sigue extendiendo provocará un impacto negativo grave en los campos agrícolas y en la calidad de los alimentos en EEUU y quizá en el mundo entero.
Las operaciones de fractura hidráulica se localizan a menudo en granjas, o cerca de ellas. Por tanto, los pastos, las tierras de cultivo, los arroyos, los estanques y los pozos corren riesgo de contaminarse con las toxinas utilizadas o liberadas durante la fractura hidráulica. Es bien sabido que pueden producirse filtraciones y derrames durante las perforaciones de pozos, la fractura hidráulica a alta presión o el traslado de los deshechos. Las vías de exposición incluyen también las fugas de tuberías y el almacenamiento intencionado de residuos agrícolas. Los animales pueden beber agua contaminada y pacer en pastos contaminados. Las cosechas pueden crecer en suelo contaminado. Además, la mala calidad del aire puede impactar en la salud de los animales. La calidad del aire se ha deteriorado también a causa del aumento del tráfico rodado, de lagunas de aguas residuales a cielo abierto, de productos químicos liberados durante la quema intencionada de gases y por la continua presencia de benceno en los lugares donde se están haciendo perforaciones.
Estas amenazas al sistema alimentario se mezclan con la acumulación de productos que emanan del actual sistema alimentario industrial y con la ausencia de pruebas adecuadas y de regulación de los suministros alimentarios. Además, las presiones financieras animan a los granjeros a permitir que los animales enfermos entren en el sistema alimentario. Al tener impacto en las cosechas y en el ganado a través de la tierra, el aire y el agua, Bamberger y Oswald hicieron hincapié en que la fractura hidráulica incide tanto en la agricultura industrial como en la agricultura a pequeña escala.

Una advertencia poderosa
Michelle Bamberger y Robert Oswald se unen a otros importantes científicos y escritores que se sienten obligados a hablar de forma clara y directa a la gente. Su libro, al igual que “Silent Spring” de Rachel Carson, “Living Downstream: An Ecologist’s Personal Investigation of Cancer and the Environment”, de Sandra Steingraber, y The China Study”, de Colin Campbell, advierte acerca de una crisis medioambiental y sanitaria completamente evitable que está en cambio ignorándose, o escondiéndose, por parte de quienes detentan el poder. Esos libros tienen un valor especial, debido en parte a la calidad de su escritura y en parte a la autoridad e integridad de los autores y a la profundidad de sus conocimientos.
Como documentan las nuevas investigaciones, está muy claro que la contribución del boom de la fractura hidráulica al cambio climático global es mucho mayor de lo que originalmente se afirmó (Howart 2014; Schneising et al. 2014). Ahora, con The Real Cost of Fracking, Bamberger y Oswald dan voz a todos aquellos cuyas vidas y salud están sufriendo ya las consecuencias de ese boom, al tiempo que lanzan una advertencia para el resto de nosotros.
Allison Wilson es directora científica del The Bioscience Resource Project.

Nos explican, desde Europa, porqué luchan contra el fracking e instan "a la UE, a sus Estados miembros y a las instituciones financieras europeas a no seguir prestando apoyo financiero o político a los proyectos en los que intervenga el gas de esquisto, el aceite de esquisto y el metano procedente de yacimientos de carbón".

Declaración sobre el petróleo y el gas de esquisto, el metano procedente de yacimientos de carbón y la fractura hidráulica
Para nuestra coalición de organizaciones no gubernamentales especializadas en los ámbitos del medio ambiente y la salud, la utilización en Europa de técnicas de fractura hidráulica para la obtención de petróleo y gas de esquisto, así como del metano procedente de yacimientos de carbón, constituyen graves motivos de preocupación, debido en particular a sus repercusiones en las siguientes esferas:
• Clima: no todos los científicos están de acuerdo en que los gases no convencionales (como el gas de esquisto y el metano procedente de yacimientos de carbón) reduzcan de manera significativa la totalidad de las emisiones de gases de efecto invernadero con respecto a otros combustibles fósiles convencionales (por ejemplo, el carbón).
• Energía: la explotación del gas de esquisto y de metano procedente de yacimientos de carbón socava las iniciativas a favor del ahorro energético, la transición hacia energías renovables y la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero.
• Contaminación del agua: la fractura hidráulica conlleva el riesgo de contaminar las aguas superficiales y subterráneas (incluida el agua potable) con las sustancias químicas tóxicas utilizadas en los fluidos de fracturación1 , y de aumentar en dichas aguas la concentración de metano y materiales peligrosos y radioactivos que se encuentran de forma natural en el subsuelo.
• Consumo de agua: La fractura hidráulica consiste en bombear bajo tierra grandes cantidades de agua dulce, gran parte de la cual resulta contaminada, irrecuperable, o ambas cosas; dado que las operaciones de fractura hidráulica requieren grandes cantidades de agua dulce, este proceso creará importantes presiones sociales y ambientales al menos a nivel local y regional, y en particular en las regiones que sufren escasez de agua.
• Contaminación atmosférica: la prospección de gas no convencional y las operaciones conexas producen contaminantes atmosféricos, incluidas partículas, precursores de ozono troposférico, y metano.
• Contaminación del suelo: la fractura hidráulica entraña el riesgo de fugas procedentes de depósitos de almacenamiento de residuos contaminados, de las aguas residuales y de los posibles incendios de los pozos.
• Uso de la tierra: la fractura hidráulica altera el paisaje y afecta a las zonas rurales y a los espacios protegidos.
• Ruido: la explotación del gas de esquisto genera contaminación acústica procedente de los equipos y de los vehículos, la cual afecta a los residentes de la zona, al ganado y a la vida silvestre.
• Actividad sísmica: la fractura hidráulica aumenta los riesgos de movimientos sísmicos, lo que a su vez incrementa el riesgo de daños a los pozos y de fugas procedentes de los mismos.
• Repercusiones sanitarias y ambientales acumulativas y combinadas sobre las comunidades y los trabajadores de la industria del gas no convencional; por ejemplo, la fractura hidráulica aumenta la exposición a sustancias químicas tóxicas.
• Repercusiones socioeconómicas en las comunidades: la fractura hidráulica puede provocar ciclos de “expansión y recesión” en las economías locales en detrimento de otras economías más sostenibles basadas en la agricultura y el turismo.

Todos estos efectos repercuten directa e indirectamente en la salud individual y pública y muchos de ellos no se producen sólo a nivel local, sino también regional e incluso mundial. Sin una evaluación científica exhaustiva de las repercusiones de la fractura hidráulica, el auge del gas no convencional constituiría un experimento de enorme alcance para el medio ambiente y la salud humana.

Además, tomamos nota de lo siguiente: 1. Al objeto de reducir el calentamiento global a menos de 1,5 grados Celsius y, por ende, de prevenir un cambio climático peligroso, la utilización de combustibles fósiles debe ir reduciéndose lo más rápidamente posible. Creemos que las energías renovables, el ahorro energético y una importante reducción de las emisiones de CO2 constituyen la única vía factible hacia un futuro saludable y sostenible desde el punto de vista ambiental. La explotación de combustibles fósiles no convencionales, como el gas de esquisto y el metano procedente de yacimientos de carbón, aumentará la totalidad de las emisiones de gases de efecto invernadero, dado que la posterior explotación de dichos combustibles incrementará la dependencia de los combustibles fósiles a nivel mundial y, por consiguiente, ralentizará el desarrollo a gran escala de energías renovables limpias y el ahorro energético.

2. La fractura hidráulica es una actividad de alto riesgo que afecta a la salud humana y al medio ambiente en general. La fractura hidráulica para obtener combustibles contraviene el compromiso de la UE de alcanzar un nivel de protección ambiental más elevado, tal como se establece en el artículo 37 de la Carta de los Derechos Fundamentales. También, de conformidad con el artículo 35 del Tratado, la UE se compromete a garantizar un alto nivel de protección de la salud humana en todas las políticas y actividades de la Unión. Una de las responsabilidades de la UE es elaborar políticas ambientales basadas en “los principios de precaución y de acción preventiva, en el principio de corrección de los atentados al medio ambiente, preferentemente en la fuente misma, y en el principio de quien contamina paga” (artículo 191 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea). Por tanto, creemos que la explotación del gas no convencional dentro del territorio comunitario es contraria a las obligaciones de la UE en virtud del Tratado.

3. Creemos que se produce una violación de los principios mencionados anteriormente debido a la ausencia de: - un análisis exhaustivo y detallado, realizado por una entidad independiente, del marco normativo de la UE, por lo que respecto a las fases de prospección y explotación; - apartados en la Directiva marco sobre el agua o en cualquier otra normativa derivada (por ejemplo, sobre aguas subterráneas o sobre normas de calidad ambiental) que se refieran a las características específicas de la fractura hidráulica; - un estudio científico de la contaminación atmosférica provocada por la fractura hidráulica y sus repercusiones a largo plazo para la salud; - un estudio científico de la contaminación del agua provocada por la fractura hidráulica y sus repercusiones a largo plazo para la salud (tanto de la contaminación provocada por los materiales peligrosos y radioactivos que se producen de manera natural durante el proceso, como del metano y otras sustancias contaminantes producto de de los fluidos utilizados en la fractura hidráulica, que interactúan, por ejemplo, con los productos utilizados en la desinfección del agua); - una evaluación completa de la capacidad de todas las instalaciones de tratamiento de aguas, en todos los países afectados, para tratar las aguas residuales generadas, así como de los costes de tratamiento de aguas, tomando como base el principio de quien contamina paga; - una evaluación completa de las capacidades de supervisión y aplicación de las autoridades de los Estados miembros en todos los ámbitos de impacto; - una evaluación científica de los riesgos transfronterizos de contaminación atmosférica agua, teniendo en cuenta la información facilitada por el público; - un libro verde de la Comisión Europea en cuya elaboración participen plenamente todas las partes interesadas pertinentes, sobre los ámbitos que pueden resultar afectados por las actividades de fractura hidráulica y que no entren dentro del ámbito de aplicación de la reglamentación de la Unión Europea actualmente en vigor; - un conjunto claro y vinculante de documentos de referencia sobre las mejores técnicas disponibles (Brefs) en Europa destinados a las empresas que realizan operaciones de fractura hidráulica.

4. Hasta la fecha no existe en Europa un proceso uniforme mediante el cual los ciudadanos y las comunidades participen en la adopción de decisiones relativas al gas de esquisto, al aceite de esquisto o al metano procedente de yacimientos de carbón. En la mayoría de los proyectos de fractura hidráulica no se solicita el consentimiento libre y con pleno conocimiento de causa de las comunidades antes de las fases de prospección y explotación, cuando éstas deberían participar plenamente en los debates sobre estas cuestiones. 

5. Las empresas que realizan actividades de fractura hidráulica no hacen pública una lista exhaustiva y detallada de las sustancias químicas utilizadas en cada uno de sus proyectos, por lo que resulta imposible evaluar los riesgos para la salud y el medio ambiente que se derivan de su explotación y prospección (incluidas las repercusiones durante todo el ciclo de vida).

Actualmente, dados los distintos plazos y requisitos establecidos en la legislación relativa al registro, la evaluación, la autorización y la restricción de sustancias y preparados químicos (Reglamento REACH), no existe a disposición del público información sobre las sustancias químicas y los controles establecidos por el Reglamento REACH sobre la fractura hidráulica podrían tardar mucho tiempo en aplicarse. Hasta que estos problemas no se aborden debidamente mediante una evaluación científica exhaustiva, creemos que no deberían proseguir las actividades relacionadas con la extracción de gas y de petróleo de esquistos, ni de metano procedente de vetas de carbón, e instamos a los Estados miembro a suspender todas las actividades en curso, derogar los permisos y prohibir todos los proyectos nuevos de prospección y explotación.

La Comisión, en su calidad de guardiana de los tratados, debería garantizar la aplicación plena y puntual, por parte de los Estados miembros, de todas las leyes de la UE relativas al gas de esquisto, el aceite de esquisto y el metano procedente de yacimientos de carbón y presentar propuestas legislativas que aborden los aspectos que no estén todavía contemplados en la legislación comunitaria. También instamos a la UE, a sus Estados miembros y a las instituciones financieras europeas a no seguir prestando apoyo financiero o político a los proyectos en los que intervenga el gas de esquisto, el aceite de esquisto y el metano procedente de yacimientos de carbón. Toda la ayuda financiera y política prestada a los proyectos relacionados con el gas de esquisto en los países del Sur Global debería desviarse hacia la producción y promoción de fuentes de energía renovables e iniciativas de ahorro energético, de conformidad con los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Para obtener más información sírvanse ponerse en contacto con: Antoine Simon, Friends of the Earth Europe Tel: +32 (0) 2 893 10 18, Mob: +32 (0) 486 685 664, email: antoine.simon@foeeurope.org Geert De Cock, Food and Water Europe Tel: +32 (0) 2 893 10 45, Mob: +32 (0) 484 629 491, email: gdecock@fweurope.org Lisette van Vliet, Health and Environment Alliance Tel: +32 (0) 2 234 36 45, Mob: +32 (0) 484 614 528, email: lisette@env-health.org Tara Connolly, Greenpeace Tel: +32 (0) 2 274 19 21, Mob: +32 (0) 477 790 416, email: tara.connolly@greenpeace.org

Fuente: http://www.foeeurope.org/sites/default/files/press_releases/ngos_joint_statement_against_shale_gas_es.pdf