viernes, 30 de septiembre de 2016

I. Percibamos las violencias del extractivismo y acaparamiento territorial que realizan los grandes capitales locales e imperialistas en contubernio con el Estado nacional, provinciales.

Qué entendemos por energía extrema
28 de septiembre de 2016

Por Tatiana Roa Avendaño (Censat Agua Viva – Amigos de la Tierra Colombia) y Hernán Scandizzo (OPSur)

Aún están frescas las imágenes del incendio de la plataforma Deepwater Horizon, cuando perforaba el pozo Macondo en el Golfo de México, en abril de 2010. La explosión e incendio dejó once trabajadores muertos y, después de más de tres meses de intensas labores, la petrolera BP logró controlar la situación. Para entonces habían sido vertidos al mar Caribe más de 700 millones de litros de crudo y otros varios millones más de litros de agua de formación. La magnitud del desastre expresa los riesgos que conllevará la ampliación de la frontera extractiva y tecnológica, y es lo que algunos autores han denominado energía extrema.
Este concepto de energía extrema se refiere no sólo a las características de los hidrocarburos, sino también a un contexto en el que la explotación de gas, crudo y carbón entraña cada vez mayores riesgos geológicos, ambientales, laborales y sociales; además de una alta accidentalidad comparada con las explotaciones tradicionales. La era de los hidrocarburos fáciles de extraer está llegando a su fin, si no lo ha hecho ya. Los objetivos de empresas y gobiernos para sostener la matriz fósil son las formaciones sedimentarias compactas, los crudos pesados y extra-pesados, las arenas bituminosas e incluso desarrollos biotecnológicos para aplicar en procesos de recuperación mejorada de hidrocarburos en pozos agotados.
En el mismo combo aparecen los yacimientos en el mar, cada vez más alejados de la costa, en aguas más y más profundas, que son extraídos, en algunos casos, luego de atravesar gruesas capas de sal. También estos yacimientos están conociendo las delicias de la fracturación hidráulica, para revertir la caída de la producción. Y el carbón alojado en las profundidades de la tierra, inaccesible para la minería convencional, despierta el interés de gobiernos y empresas, del mismo modo que el gas allí contenido. Miles y miles de toneladas de carbono que serían lanzadas a la atmósfera si esos hidrocarburos son extraídos e inyectados al mercado energético y la industria petroquímica para extender la decadencia de la civilización fósil.

Otra característica de este modelo de extracción extrema es que en muchos casos se trata de gas, crudo y carbón a los que se accede ampliando la frontera extractiva sobre tierras campesinas y de pequeños productores, aguas de pescadores artesanales y territorios indígenas y afrodescendientes. Una expansión acompañada de conculcación de derechos, que da lugar a desplazamientos de población, desaparición de saberes y culturas, así como también la muerte de economías locales y regionales. Es decir, constituye una amenaza contra la soberanía alimentaria y territorial de los pueblos. Una violencia simbólica y material que es intrínseca a la energía extrema, y que significa además una profundización de la violencia sobre los cuerpos y la Naturaleza no humana. No sólo por la irrupción en ecosistemas frágiles y por profundizar la degradación de los ya impactados, sino también por el empecinamiento de seguir apostando a la matriz energética responsable de la crisis climática y el calentamiento global.
Esta ampliación de frontera hacia escenarios extremos implica además condiciones laborales de mayor riesgo. Quienes trabajan en esos proyectos no sólo están expuestos a condiciones meteorológicas rigurosas -como sucede en las operaciones en el Ártico o en alta mar- sino también a la toxicidad de los insumos químicos utilizados, por ejemplo, durante fracturación hidráulica, o a los desarrollos biotecnológicos diseñados para incrementar los niveles de extracción y los procesos de transformación de hidrocarburos pero también a riesgos más altos de accidentes laborales por ejemplo por explosiones.
Por otra parte, el gas y el crudo alojados en yacimientos profundos y/o compactos, o ubicados en lugares remotos, demandan más infraestructura y despliegue logístico, tanto para llevarlos hasta la boca del pozo como para inyectarlos al mercado. Esto se traduce en la perforación de cientos y miles de pozos, el tendido de ductos, la instalación de compresores, tanques, etc.; en síntesis, una mayor ocupación territorial e industrialización de áreas rurales y del paisaje en general, y la expulsión de las poblaciones que no son funcionales al nuevo uso del espacio.
A ello se suma que cada barril obtenido de estas explotaciones requirió un mayor consumo de energía, es decir, su rendimiento es menor. Además, demandó mayores recursos financieros que las explotaciones convencionales, que en muchos llegan a la compañía en forma de subsidios estatales, ventajas impositivas y precios sostén, que son transferidos desde los bolsillos de la población.

Baja del precio del crudo y continuidad de los proyectos extremos
La caída sostenida del precio de crudo muy por debajo de los 100 dólares no se ha traducido en un automático golpe de timón de los gobiernos de la región en sus políticas petroleras, ni ha significado la inmediata inviabilidad de los proyectos de energía extrema en América Latina. Sin duda hay una desaceleración, pero en la medida en que no exista la decisión política y el nivel de movilización para avanzar en la desfosilización de la matriz energética y del modelo productivo (los hidrocarburos como insumo no energético), estos proyectos representan la nueva frontera ante el agotamiento global de los grandes yacimientos convencionales.
Para seguir en carrera las empresas apuestan a reducir la cadena de costos, es decir, despedir o promover el retiro voluntario personal, bajar salarios, eliminar conquistas laborales -beneficios no financieros: descansos, calidad de la alimentación, etc.), eliminar intermediarios, desarrollar y aplicar innovaciones tecnológicas, entre otras variables. También desde el sector corporativo presionan para que los favorezcan con ‘políticas de incentivo’ como subsidios, ventajas impositivas, y precios internos superiores a la cotización internacional. De esta manera se transfieren los costos financieros -además de los sociales y ambientales- a los usuarios, que pagan la energía y combustible más caros, como ocurre en Argentina. Por otra parte hay que tomar en cuenta que países como Ecuador y Venezuela han tomado préstamos de China respaldados con su crudo, lo que también define la marcha sostenida tanto sobre la Amazonía como sobre la Faja del Orinoco. En el caso de la República Bolivariana de Venezuela, son más de U$D 46.000 millones en créditos.

Las fronteras extremas de América Latina
Si bien desde principios de la década y hasta entrado 2014 la mayoría de los países de la región, con más o menos intensidad y convicción, tenían a los hidrocarburos de lutitas y al fracking en sus agendas, esto no se ha plasmado en grandes avances en territorio. A nivel regional el fenómeno del shale sólo ha tenido impacto masivo, o relativamente masivo, en Argentina con Vaca Muerta, mientras que en México, el otro país estrella, ha sido menor, y en Colombia hay un firme interés de las autoridades en avanzar en esa dirección. Sin embargo, tampoco significa que haya desaparecido el interés por las formaciones compactas, el desarrollo de campos de tight sands ha cobrado impulso tanto en Argentina, como en México y el extremo sur de Chile. Los costos de producción en arenas compactas son considerablemente menores que los del shale, lo que las vuelve particularmente atractivas para las empresas.
Por otra parte, una frontera que no cesa de ampliarse en la región es la off shore. Brasil desde el descubrimiento del presal, hace una década, apuesta fuertemente a su explotación, incluso las autoridades no le han dado mayor importancia a los bloques con potencial en crudo y gas de lutitas. Éstos tampoco despertaron el interés de las empresas en las últimas rondas de concesiones petroleras. La impetuosa convicción de avanzar hacia el mar emerge también en el conflicto que se suscitó en 2015, cuando el gobierno federal intentó flexibilizar los sistemas de licenciamiento ambiental para las explotaciones costa afuera, una reforma que fue resistida por los trabajadores de las agencias de control ambiental. Hay que tener en cuenta que en el caso del presal los hidrocarburos se alojan a una profundidad cercana a los 7.000 metros; allí se concentraría el 90 % de las reservas petrolíferas probadas y el 77 % de las gasíferas.
Por otra parte la francesa Total comenzó este año la perforación un pozo en la plataforma marítima uruguaya, a 200 kilómetros de la costa. Atravesará 3.400 metros de “columna de agua” y otros 3.000 bajo el lecho oceánico en busca de hidrocarburos. Un proyecto extremo que marca un hito en la región, en un país que carece de antecedentes de explotación de hidrocarburos. También Colombia avanza sobre yacimientos en aguas profundas del Mar Caribe, al igual que Nicaragua y Honduras. Chile, por su parte, a raíz de perforaciones exitosas realizadas por la estatal ENAP, apunta a consolidar sus desarrollos offshore en el Estrecho de Magallanes, al igual que ampliar las explotaciones de bloques de tight gas en la isla de Tierra del Fuego.
En tanto los crudos pesados y extra pesados son centrales en países de la región como Venezuela, con la Faja del Orinoco, y Colombia, en la región de los llanos. Por otra parte, más allá de las características de los hidrocarburos y de las formaciones que los contienen, tanto la Amazonía como el Chaco Sudamericano constituyen la nueva frontera por excelencia para Bolivia, Colombia, Ecuador, Paraguay y Perú, avances que se concretan, en muchos casos, sobre territorios de pueblos indígenas, comunidades campesinas y áreas naturales protegidas.
Detrás de los discursos de salvación o abundancia con que son promocionados los diferentes proyectos de energía extrema en nuestros países, están las otras realidades arriba mencionadas. Con estas líneas damos apertura a una serie de artículos sobre el carácter extremo no sólo de los proyectos energéticos sino también de las infraestructuras y finanzas que demanda la reproducción del capitalismo globalizado.


Nos dicen que "sigue una semana más el documental que muestra los desastres de la Barrick Gold y la megamineria, en complicidad con todos los gobiernos de turno".


Colectivo Documental Semillas 
presenta


OLVIDALOS Y VOLVERÁN POR MÁS
Megaminería y neoliberalismo
FUNCIONES 11:55 Y 17:55HS
CINE GAUMONT Espacio INCAA KM0

“Se nutre de datos de especialistas en medio ambiente, proporciona cifras elocuentes de las ganancias exorbitantes de la empresa, denuncia la indolencia y la complicidad de los políticos ante el incumplimiento de las normas de seguridad que la Barrick suele esquivar con distintas argucias y le da voz a los que se oponen a la megaminería.”

Alejandro Lingenti - La Nación


“Un documental de una actualidad urgente con una clara definición ideológica y la intención militante manifiesta, que ha sumado las últimas decisiones del gobierno actual, con las medidas del anterior y que recoge los testimonios de las víctimas de la explotación minera, desde Canadá hasta nuestro país.”

Catalina Dlugi - El Portal de Catalina


“La película hace foco en una problemática que los grandes medios ocultan por obvios intereses.”

Ernesto Gerez - A Sala Llena


Olvídalos y volverán por más: Megaminería y neoliberalismo resulta de un gran atractivo para conocer a fondo cómo se desempeñan las empresas mineras detrás de esa imagen pulcra y limpia que intentan transmitir y el por qué de la protección que obtienen de los gobiernos, sin que importe el desastre ambiental, económico y social que realizan estas deplorables compañías.”

Brian Macchi - Fancinema


“ilustra, confronta e interpela a un público que no puede hacerse el distraído y debería, antes que sea demasiado tarde, tomar cartas en el asunto para que la historia no se repita.”

Pablo Arahuete - Cinefreaks


Este estreno se realizó en el marco de una campaña de difusión y apoyo a los vecinos que vienen movilizándose en San Juan y en el resto del país contra la megaminería y el saqueo al que las empresas y gobiernos cómplices nos someten.


Sinopsis:
En este documental filmado en varios países, desde Canadá hasta Argentina, se cuenta cuales son los impactos de la megaminería como avanzada del neoliberalismo que saquea los territorios donde antes hubo agricultura, contaminando las nacientes de los ríos y explotando las montañas. ¿Cuáles son sus impactos en la salud de la población y la contaminación socio-ambiental en los territorios donde se instala? ¿Cuál es la salida que ven los pobladores frente a este problema? Como si todo esto fuera poco, el gobierno actual, profundiza los desastres del gobierno anterior, realizando una mega-transferencia de capitales desde la población, con la suba de los servicios públicos y la devaluación, hacia los sectores privilegiados de la economía como la quita de retenciones al sector minero, entre otros. Este trabajo invita a reflexionar y servirse de la experiencia para no seguir cometiendo errores del pasado.

“Olvidalos y volverán por más”, del Colectivo Documental Semillas, es su tercer producción realizada de manera totalmente independiente (sin apoyo del INCAA). La primera fue "Sin Patrón, una Revolución Permanente", estrenada en Noviembre de 2014, y la segunda, “La jugada del peón”, en Octubre de 2015.

Trailer:


Imagenes y mas información en archivos adjuntos.

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Juan “Elvis” Pereyra
15-6216-0217

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Juan Pablo Lepore
Realizador Integral de Documentales
(011) 15-5697-0418

jueves, 29 de septiembre de 2016

II. Percibamos porqué esos dos desafíos no son irrealizables sino posibilidades concretas de garantizar la vida y la dignidad humana de los pueblos al situarnos en la:

Crisis Civilizatoria
Octubre de 2009

 (...)Ahora bien, la posibilidad de un colapso para el sistema capitalista no quiere decir que los capitalistas del mundo vayan a renunciar a seguirlo siendo y vayan a optar por otra forma de organización social, pues está demostrado a través de la historia que el capitalismo no va a desaparecer gracias a sus propias crisis, sino por acción de sujetos colectivos, conscientes de la necesidad de superar esta forma de organización social y que actúan en consecuencia, como sucedió al estallar los procesos revolucionarios que se presentaron durante el siglo XX.  

Y, en ese sentido, la actual crisis no es diferente, puesto que, como modo de producción, el capitalismo va a reactivar el crecimiento por un breve tiempo, pero eso va a agravar tanto las condiciones de reproducción del sistema como la vida de la mayor parte de la población mundial. Estas dos circunstancias son las que indican que la crisis actual, en la que confluyen todos los aspectos mencionados en este ensayo, no es otra más, pasajera y circunstancial, sino de repercusiones de largo plazo, porque su costo humano y ambiental va a incidir en la vida de millones de seres humanos, lo cual puede conducir o a un cambio revolucionario o a que se acentúen las tendencias más destructivas y criminales del capitalismo, cuyo funcionamiento se enfrenta a un límite insuperable, el fin del petróleo y el agotamiento de los recursos.
De igual forma, con la crisis civilizatoria ya no se presenta sólo un desplome económico al que sigue una rápida recuperación, sino que por el contrario se asiste, como ahora, a un deterioro incontrolable de las condiciones naturales y sociales de la producción, motivado por la acción del mismo capitalismo, aunque eso no impida que en el cortísimo plazo algunas fracciones del capital alcancen ganancias extraordinarias, como resultado del acaparamiento, la especulación o la inversión en actividades relacionadas con la misma crisis, tal como la compra de empresas petroleras o de automóviles. En pocas palabras, la crisis civilizatoria “es silenciosa persistente, caladora y su sorda devastación se prolonga por lustros o décadas, marcados por estallidos a veces intensos, pero no definitivos, que en la perspectiva de la cuenta larga configuran un periodo de crisis epocal”.[14] 
 
Y este carácter insoluble de la crisis civilizatoria plantea la urgencia de un cambio revolucionario para sustituir al capitalismo si es que la humanidad quiere tener un mañana. Esto exige la construcción de otra civilización distinta al capitalismo que recobre los valores de la justicia, la igualdad, el valor de uso, la solidaridad, la fraternidad y otro tipo de relaciones con la naturaleza y que rompa con el culto al consumo, a la mercancía y al dinero. Eso supone reconocer la existencia de límites de diversa clase para los seres humanos: naturales, materiales, energéticos, económicos, tecnológicos y sociales que tornan imposible un crecimiento ilimitado, como el postulado por el capitalismo realmente existente, y que hoy se exalta como el milagro salvador que va a sacar al capitalismo de la crisis, y que pretende estar por encima de cualquier tipo de condicionamiento para sostener que no hay ningún tipo de barrera, ni natural ni social, que pueda impedir una expansión incontenible de la acumulación de capital.
 
Un movimiento anticapitalista en las actuales circunstancias de crisis civilizatoria debe plantearse una estrategia doble, que es complementaria y no antagónica: uno, impulsar todas las medidas indispensables para mejorar las condiciones de vida de la población pobre mediante la redistribución mundial y nacional de la riqueza que permitan romper con la injusticia y la desigualdad de clase, sin que esto se de por la órbita mercantil que privilegia el afán de lucro sino mediante la recuperación del valor de uso, la solidaridad y la fraternidad, todo lo cual sólo puede hacerse con una revolución que posibilite el control de los medios de producción por los productores asociados que, por supuesto, requiere como condición fundamental la “expropiación de los expropiadores”; y dos, replantear en forma radical la noción de progreso tecnológico, proponiendo un programa político y económico que cuestione la producción mercantil y todos sus efectos ambientales y energéticos.

Esto, desde luego, supone todo un reto ideológico y político para afrontar la crisis porque implica que las izquierdas históricas deben romper con su inveterado culto al progreso, a las fuerzas productivas y a los artefactos tecnológicos generados por el capitalismo, lo cual requiere de un nuevo tipo de educación y politización, porque “es imprescindible refundar un movimiento comunista rojo-verde, que ponga en el centro de su actividad política las medidas ambientalistas radicales”.[15]   
En esta dirección, hoy ante la crisis civilizatoria se precisa complementar dos tipos de crítica, la de Marx a la explotación de los trabajadores y otra, más reciente del ecologismo anticapitalista, a la destrucción de las condiciones que permiten la reproducción de la vida. Y esta doble crítica debería recobrar la indignación, aquella que Marx mostró cuando denunció que la búsqueda insaciable de plusvalía por parte de los capitalistas degrada las relaciones humanas y esa misma indignación se requiere para enfrentar las consecuencias de la crisis ambiental y la transformación climática, ya que “frente a esta posibilidad de una gran perturbación que pondría en peligro la base material de la reproducción social, los sectores dominantes de la burguesía han caído aún más bajo, en una degradación moral sin precedentes, que pone en peligro el futuro de la humanidad en su temerario intento de continuar las prácticas productivas que han creado esta situación”.[16]
Con relación a esta decadencia moral e histórica de las clases dominantes que representan a un régimen económico y social que puede catalogarse como un capitalismo senil, es imprescindible reivindicar otra ética, la de los límites y la de la autocontención, que deben llevar a plantear la urgencia del decrecimiento en algunos lugares del mundo (en los países altamente industrializados), junto con la redistribución económica allá y en el sur del mundo, como resultado de una modificación revolucionaria en las relaciones de propiedad, como un proyecto político, colectivo y urgente, que claramente reivindique la superación del capitalismo porque solamente una ruptura con su culto al crecimiento, su consumismo exacerbado y su productivismo sin límites, puede evitar la catástrofe. Porque, en pocas palabras, “la dinámica del capitalismo de consumo masivo desemboca en la aberración de un planeta para usar y tirar. Frente a esto el ecologismo es insurgente: ¡la Tierra no es desechable!”.[17] Por ello, como dicen Adolfo Gilly y Rhina Roux “en el mundo de hoy, razonar con lucidez y obrar con justicia conduce a la indignación, el fervor y la ira, allí donde se nutren los espíritus de la revuelta. Pues el presente estado del mundo es intolerable; y si la historia algo nos dice es que, a su debido tiempo, no será más tolerado”.[18]
En efecto, la historia está abierta y que se consolide otra forma de sociedad depende, en última instancia, de la capacidad de refundar un proyecto anticapitalista de tipo ecosocialista por todos los sujetos que creen que otro mundo es posible y necesario, y que tal vez podría expresarse de manera sintética en la actualización de una célebre máxima revolucionaria, de esta manera: “Ecosocialismo o barbarie tecnofascista”.

 
*Historiador. Profesor titular de la Universidad Pedagógica Nacional de Bogotá, Colombia. Doctor de la Universidad de París VIII. Diplomado de la Universidad de París I, en Historia de América Latina. Autor y compilador de los libros Marx y el siglo XXI (2 volúmenes), Editorial Pensamiento Crítico, Bogotá, 1998-1999; El Caos Planetario, Ediciones Herramienta, 1999; Gente muy Rebelde (4 volúmenes), Editorial Pensamiento Crítico, Bogotá, 2002; Neoliberalismo: mito y realidad; Entre sus últimos trabajos podemos mencionar: Los economistas neoliberales, nuevos criminales de guerra: El genocidio económico y social del capitalismo contemporáneo (2010). La República Bolivariana de Venezuela le entregó en 2008 el Premio Libertador por su obra Un mundo incierto, un mundo para aprender y enseñar. Dirige la revista CEPA (Centro Estratégico de Pensamiento Alternativo). Es integrante del Consejo Asesor de la Revista Herramienta, en la que ha publicado varios de sus trabajos..
 
 Artículo enviado por el autor para su publicación en Herramienta.

Revista Herramienta Nº 42

Octubre de 2009
Fuente: http://www.herramienta.com.ar/revista-herramienta-n-42/crisis-civilizatoria

I. Percibamos porqué esos dos desafíos no son irrealizables sino posibilidades concretas de garantizar la vida y la dignidad humana de los pueblos al situarnos en la:

Crisis Civilizatoria
Octubre de 2009

En estos momentos se desenvuelve otra crisis que, a primera vista, hace parte del recurrente ciclo capitalista que en forma periódica desemboca en una caída drástica en todos los órdenes de la vida económica. Pero si se mira con algún cuidado, la crisis actual tiene unas características diferentes a todas las anteriores ya que hace parte de un quiebre civilizatorio de carácter integral, que incluye factores ambientales, climáticos, energéticos, hídricos y alimenticios. La noción de crisis civilizatoria es importante porque con ella se quiere enfatizar que estamos asistiendo al agotamiento de un modelo de organización económica, productiva y social, con sus respectivas expresiones en el ámbito ideológico, simbólico y cultural. Esta crisis señala las terribles consecuencias de la producción de mercancías, que se ha hecho universal en los últimos 25 años, con el objetivo de acumular ganancias para los capitalistas de todo el mundo y que sólo es posible con el gasto exacerbado de materiales y energía.

1. Crisis energética: el comienzo del fin del petróleo

La civilización industrial capitalista consolidada durante los dos últimos siglos, un breve lapso de la historia humana, se ha sustentado en la extracción intensiva de combustibles fósiles (carbón, gas y, de manera primordial, petróleo). Las transformaciones tecnológicas que se han producido desde la Revolución Industrial en Inglaterra, a finales del siglo XVIII, han sido posibles por el uso de estos combustibles, a los cuales están asociados la maquina de vapor, el ferrocarril, el avión, el televisor, el tanque de guerra, el automóvil, el computador, el teléfono celular y en la práctica casi cualquier artefacto que se nos ocurra. El uso de esos combustibles ha permitido al capitalismo extenderse por todo el mundo ya que los medios de transporte han aumentado su velocidad, tamaño y alcance, con lo cual la producción de mercancías ha rebasado el ámbito local y se ha desplegado por el orbe entero.
La utilización de petróleo a vasta escala ha urbanizado el mundo, como nunca había sucedido en la historia humana, hasta el punto que hoy por primera vez habita en las ciudades un poco más del 50 por ciento de la población mundial, una tendencia que se incrementará en los años por venir, marcando la desruralización del planeta. En las ciudades se reproduce a escala planetaria la diferenciación social, entre una minoría opulenta que reproduce el American Way of Life y una mayoría que vive en la más espantosa pobreza, sin tener acceso a los servicios públicos fundamentales, apiñados en tugurios y sin contar con lo básico para vivir en forma digna, constituyendo las ciudades de la miseria .[1]
Aun más, la expansión mundial del capitalismo, que tanto se aplaude, no habría sido posible sin el petróleo, ya que la producción de China o India, que vincula a millones de personas al mercado capitalista como productores (en las maquilas y fábricas de la muerte) y consumidores (vía uso de automóviles o celulares, para indicar los íconos de este sistema), se ha logrado con la reproducción de la lógica depredadora del capitalismo y el uso a vasta escala de combustibles fósiles. En ese sentido, no resulta extraño que China sea el segundo productor mundial de CO2 y necesite para mantener su irracional sistema de producción capitalista, concentrado en la zona norte del país, de ingentes cantidades de agua, madera, minerales y toda clase de materiales.
Pero el petróleo tiene un problema, es un recurso no renovable, y en estos momentos nos encontramos en un punto de inflexión, cuando ha comenzado su agotamiento irreversible. Esto se explica por el hecho elemental que la cantidad de combustibles fósiles existentes es fija y en la medida en que sean extraídos a una mayor velocidad, más rápido se acabarán. Y eso es lo que está sucediendo hoy como consecuencia de la generalización de la lógica capitalista de producción y consumo a todo el mundo, puesto que las clases dominantes replican el modelo estadounidense  por doquier.(...)
2. Crisis alimenticia: el regreso de los motines de subsistencia

El capitalismo es una fábrica simultánea de riqueza y de miseria, productor constante de injusticia y desigualdad, en razón de lo cual la polarización de clase es una de sus características intrínsecas. Eso se manifiesta en los más diversos tópicos de la vida social, como sucede con la producción de alimentos. Que el capitalismo produzca hambrientos no es nuevo, puesto que su expansión mundial ha generado, de manera invariable, hambre a vasta escala, como resultado de la destrucción de las economías locales, sometidas a nuevas exigencias para que se “adapten” a los requerimientos del mercado mundial, como reza la formula de los economistas ortodoxos.En la práctica, la mundialización del capital ha dado origen a una realidad profundamente injusta en términos alimenticios, porque al mismo tiempo unos pocos consumen hasta el hartazgo (como puede apreciarse en los “esbeltos cuerpos” de millones de estadounidenses, mofletudos y regordetes, que no pueden ni andar de tanto ingerir comida basura), mientras que en todos los continentes millones de seres humanos soportan la desnutrición o mueren de hambre. 
En tal sentido, el hambre y la desnutrición actuales son un resultado directo de la destrucción de las economías campesinas por parte de las empresas agroindustriales, que monopolizan las mejores tierras, imponen costosos paquetes tecnológicos y controlan la producción de alimentos y materias primas de origen agrícola. Esto ha venido acompañado del despojo y expulsión de los campesinos e indígenas de sus territorios ancestrales por compañías transnacionales y empresarios locales, con lo que la producción agrícola y pecuaria es dominada por pocos países, unas cuantas empresas y algunos terratenientes, habiéndose liquidado la soberanía alimenticia de territorios antaño autosuficientes, en los cuales se siembran productos comerciales en sustitución de alimentos esenciales.
(...)

3. Crisis hídrica: secando la fuente de la vida
A la par de la crisis alimenticia discurre otra relacionada con la destrucción de los reservorios de agua, el agotamiento del agua dulce y la contaminación de ríos, lagos y mares, junto al arrasamiento de los humedales. Hasta no hace mucho tiempo se suponía que el agua era un recurso inagotable y no había ningún problema en garantizar su suministro de manera permanente. Hoy se sabe que el agua dulce es limitada y su agotamiento y escasez corre en paralelo al aumento demográfico, al crecimiento urbano, a la industrialización de la agricultura, a las modificaciones climáticas y a su derroche en la producción de mercancías. En esta dirección, la crisis hídrica es un resultado de la expansión mundial del capitalismo porque el agua misma se ha convertido en una mercancía y ha dejado de ser un bien común y público, ya que conglomerados transnacionales (como Coca-Cola, Danone y otros) la han convertido en un nicho de mercado, con el que obtienen cuantiosas ganancias por diversos medios: la producción de agua embotellada, la privatización de los servicios de acueducto y cloacas y la apropiación de ríos y lagos por empresarios capitalistas.
A esto debe añadírsele que la urbanización acelerada necesita de importantes cantidades de agua, aunque su distribución y calidad sigan los parámetros de clase propios del capitalismo, puesto que en las grandes urbes sólo una parte de la población tiene acceso a agua potable y suficiente, mientras que la mayoría no la disfruta y tampoco cuenta con redes cloacales. De la misma manera, los procesos tecnológicos más sofisticados requieren cantidades ingentes de agua, como la que precisa la producción de automóviles, computadores, celulares y televisores. Igual acontece con la producción de determinado tipo de cultivos, como las flores, que consumen enormes volúmenes de agua.
A la par con todo lo anterior, los procesos de industrialización, la urbanización desaforada, la agricultura industrial, los megaproyectos y la explotación de recursos minerales y energéticos han contaminado las más importantes fuentes de agua en el mundo. No sorprende que, casi sin excepción, junto a una gran ciudad se encuentre un río convertido en una fuente de aguas fétidas y malolientes, al lado del cual malviven los sectores más empobrecidos.
Tanto a nivel interno en los países como en el plano mundial existe una distribución injusta y desigual del agua, porque mientras sectores minoritarios tienen a su disposición agua de calidad que despilfarran sin vergüenza (para lavar autos, regar campos de golf, o surtir su propia piscina), la mayor parte de la sociedad carece del vital liquido, lo cual ocasiona la muerte diaria de miles de personas por problemas estomacales y produce la enfermedad de millones de ellos por consumir agua no potable. Esta desigual apropiación del agua también existe en el terreno mundial, ya que algunos países cuentan con importantes reservas hídricas o por su poder económico, militar y político pueden apropiarse del agua de sus vecinos, a los que dejan exhaustos y muriéndose de sed (el caso de Israel con los palestinos es emblemático al respecto), con lo cual se avizora una de las contradicciones determinantes de los conflictos del futuro inmediato que va a ocasionar guerras por el agua, con la misma frecuencia que las actuales guerras por el petróleo.  
Entre otras cosas, valga recordar, para mostrar las interrelaciones entre la explotación de hidrocarburos y el agua, que la extracción de los primeros conlleva siempre despilfarro de la segunda de múltiples formas: para extraer un barril de petróleo o de gas se precisan cientos o miles de barriles de agua; con todas las labores propias de la industria petrolera se contaminan las fuentes de agua; los derrames de crudo llegan inexorablemente a los cursos de agua, como nos lo recuerdan las tragedias de contaminación hídrica que han generado los numerosos accidentes de grandes buques petroleros en los mares del mundo. 
Y el otro aspecto que debe mencionarse es el relativo a los nexos directos entre el trastorno climático y la crisis hídrica. Así, el trastorno climático se manifiesta en primera instancia con un aumento de la temperatura en diversos sitios del planeta, lo que ocasiona transformaciones bruscas e inesperadas: se producirá, y se está produciendo ya, el deshielo de glaciares, con lo que se reducirá la oferta hídrica en muchos países, pues las principales reservas de agua dulce están en los nevados y en los paramos. Al mismo tiempo, y como consecuencia de lo anterior, aumentara el caudal de muchos ríos mientras que otros se secarán, lo cual afectará a las poblaciones que viven gracias a esos cursos de agua. Esto generará inundaciones y sequías a un ritmo antes no conocido, como ya se evidencia en algunos continentes, como Europa, donde se han presentado en los últimos años inviernos más lluviosos y veranos más calidos. De la misma manera, la transformación climática influye en el cambio de la cantidad y la calidad del agua disponible, ya que al aumentar la temperatura del aire se altera la temperatura del agua, con lo cual se reduce su contenido de oxigeno, se afecta la distribución de los organismos acuáticos y se altera el ciclo de los nutrientes, entre otras muchas consecuencias nefastas. Igualmente, las modificaciones climáticas ocasionan la mezcla de agua salada con aguas dulces en los acuíferos litorales, afectando otra importante reserva de agua dulce en muchos lugares del planeta.
Adicionalmente, en la medida en que cambia el clima mundial se altera el régimen de lluvias en ciertas zonas del planeta lo que produce la sequía, la desertificación y la hambruna y genera las migraciones hídricas, cuando la gente huye de sus terrenos ancestrales, convertidos en lugares yermos y sin vida, donde han desaparecido las fuentes de agua que les posibilitaban la subsistencia, como es el caso de algunos países del Sahel en África.
 
 
4. Crisis ambiental: la destrucción de las condiciones de producción y de vida
Junto con todas las crisis antes nombradas, y como síntesis de las mismas, hay que considerar la crisis ambiental, hoy generalizada a todo el planeta. Son numerosos los componentes de la degradación medioambiental que hoy soportamos, en la que deben incluirse la destrucción de fuentes de agua, la desaparición de tierras y suelos aptos para la agricultura, el arrasamiento de selvas y bosques, la reducción de recursos pesqueros, la disminución de la biodiversidad, la extinción de especies animales y vegetales, la generalización de distintos tipos de contaminación, la reducción de la capa de ozono y la destrucción de ecosistemas.
Todos estos componentes de la catástrofe ambiental que ponen en riesgo la misma continuidad de la especie humana, se han originado en la lógica depredadora del capitalismo con su concepción arrogante de mercantilizar todo lo existente y de dominar la naturaleza a su antojo.
(...)
5. Trastorno climático por el uso intensivo de combustibles fósiles
Para completar el círculo perverso, todos los elementos anteriores influyen en otra modificación de dimensiones imprevisibles, como es el trastorno climático. Utilizamos este nombre para enfatizar que no puede seguir considerándose como un simple cambio, porque con ello se estaría indicando que es algo gradual y puramente natural. Aunque a lo largo de la historia del planeta tierra se hayan presentado incontables modificaciones climáticas, con bruscos cambios hacia épocas glaciales o calidas, todas las modificaciones anteriores tenían un origen natural. Ahora, existe un trastorno climático asociado de manera directa al uso de combustibles fósiles, especialmente del petróleo. No por casualidad, en la medida en que se llegaba al pico del petróleo han aumentado en forma proporcional las emisiones de CO2 y su concentración en la atmosfera, como se observa en la gráfica adjunta.
Algunos científicos han establecido que el clima es uno de los factores fundamentales para explicar la extraordinaria biodiversidad y, por lo mismo, sus modificaciones tienen efectos devastadores sobre variadas formas de vida. Aunque entre los climatólogos no exista consenso sobre la magnitud que tendrá el trastorno climático, muy pocos dudan que estamos asistiendo a una transformación brusca que es resultado de la acción antropica, ligada a la constitución de la moderna sociedad industrial desde finales del siglo XVIII.
(...)

6. El capitalismo y sus límites
Como acabamos de mostrar, la actual crisis es completamente distinta a todas las anteriores, en virtud de la sincronía de diversos factores, que hacen de la presente una crisis civilizatoria, que marca la frontera de una época histórica en la que se ha puesto en peligro la misma permanencia de la especie humana, conducida al abismo por un sistema ecocida y genocida, regido por el afán de lucro.
Sin embargo, el capitalismo pretende en forma arrogante que no existen ningún tipo de límite que impida su funcionamiento hacia el futuro inmediato, y por ello sus voceros más emblemáticos (jefes de Estado, banqueros, empresarios, economistas) proponen como recuperación de la economía más de lo mismo, es decir, un regreso a las pautas de crecimiento económico existente antes de que comenzara la crisis, esto es, más producción en gran escala de mercancías, con derroche de materia y energía, para que se sigan consumiendo y se reactive la economía en su conjunto. Efectivamente, el capitalismo no va a desaparecer en esta crisis, por la sencilla razón que, por lo menos por ahora, no se dibuja en el horizonte una fuerza alternativa que lo derrote, pero esto no quiere decir que vaya a seguir funcionando “armónicamente” como antes, porque debe afrontar límites infranqueables, que como nunca antes la crisis civilizatoria actual ha puesto al orden del día y no pueden eludirse. Entre dichos límites debe mencionarse los siguientes:
  • el límite energético, relacionado con el agotamiento del petróleo, el gas y el carbón y cuando no emerge a la vista una alternativa real a esos combustibles fósiles, lo cual indica que la sociedad del automóvil y de las ciudades iluminadas no tiene perspectivas de mantenerse en el largo plazo, aunque de seguro se va extender en los próximos años, con lo cual se estará metido con plena certeza, para usar una metáfora del mismo medio automovilístico, en un carro de alto cilindraje pero sin combustible para andar;
  • el límite científico y tecnológico, que en la práctica supone reconocer el carácter restringido y relativo de cualquier solución basada en los desarrollos de la ciencia y la tecnología como panacea que va a solucionar cualquiera de los problemas creados por la sociedad capitalista, los cuales incluso, en muchos casos, son causados y agravados por los mismos inventos tecnológicos o los descubrimientos científicos, lo que se ejemplifica con el caso del automóvil, considerado hoy, con toda razón, como uno de los peores inventos de todos los tiempos;
  • el límite ambiental, que resulta del hecho comprobado que los recursos naturales se encuentran en un momento crítico, en razón del ritmo desenfrenado de explotación a que han sido sometidos en los últimos decenios, junto con la extinción de miles de especies, y aunque esto último no parece preocupar al capitalismo, éste si debe enfrentar la perspectiva poco halagadora de mantener unos irracionales ritmos de producción y consumo que no pueden ser satisfechos ante la disminución real de los recursos materiales que posibilitan la producción;
  • el límite demográfico, como producto del crecimiento de la población, que se apiña en grandes urbes de miseria, y cuya mayoría soporta deplorables condiciones de vida –mientras recibe mensajes ideológicos y propagandísticos de que las cosas van a mejorar para los exitosos y triunfadores– y que deben luchar por participar en la repartición de un pedazo de la torta, cada vez más concentrada en pocas manos, hace que tarde o temprano el capitalismo busque la reducción de población y para eso, como está demostrado hasta la saciedad, empezará por eliminar a los más pobres, como se ejemplifica hoy con las epidemias, hambrunas, guerras y otros mecanismos maltusianos de control demográfico; 
  • límites sociales y laborales, porque con la crisis se acentúan las diferencias de clases, la explotación y diversas formas de opresión que, de seguro, originarán resistencias, rebeliones, revoluciones y estallidos sociales, de los cuales no sabremos hacia donde conduzcan, pero si podemos decir que estarán presentes ante la confluencia de todas las crisis señaladas en este escrito.
En forma sintética el problema de los límites reales para el capitalismo puede expresarse con una formula elemental: I = C x T x P(Impacto sobre la tierra = Consumo x Tecnología x Población).[11] Aunque en teoría existirían varias posibilidades por parte del capitalismo para contrarrestar su impacto sobre la tierra y alargar su permanencia, en la práctica se está impulsando la reducción de la población más pobre del planeta, mientras se incrementan los niveles de consumo y el desarrollo tecnológico. Valga recordar los diferentes instrumentos de reducción demográfica en marcha en estos momentos, como las guerras, las epidemias, las nuevas enfermedades, la privatización de los servicios médicos y sanitarios, la conversión del agua en una mercancía, todos los cuales pueden considerarse como mecanismos neomalthusianos.

Con respecto a todos los elementos antes esbozados, el pensador brasileño Leonardo Boff ha entendido bien el sentido de los límites al capitalismo, resaltando la importancia decisiva de los aspectos ecológicos:
Una naturaleza devastada y un tejido social mundial desgarrado por el hambre y por la exclusión anulan las condiciones para reproducir el proyecto del capital dentro de un nuevo ciclo. Todo indica que los límites de la Tierra son los límites terminales de este sistema que ha imperado durante varios siglos.
El camino más corto hacia el fracaso de todas las iniciativas que buscan salir de la crisis sistémica es esta desconsideración del factor ecológico. No es una “externalidad” que se pueda tolerar por ser inevitable. O lo situamos en el centro de cualquier solución posible o tendremos que aceptar el eventual fracaso de la especie humana. La bomba ecológica es más peligrosa que todas las bombas letales ya construidas y almacenadas.[12]
Esta situación plantea la pregunta sobre la posibilidad de colapso de la civilización capitalista y con ella de la humanidad, pero esta última perspectiva sólo si no se admite la existencia de alternativas revolucionarias, imprescindibles para evitarlo. Como diría Walter Benjamin hoy la revolución es más actual que nunca para colocar los frenos de emergencia que detengan la caída rauda en el abismo e impida que el capital nos hunda en la locura mercantil que nos conduce hacia la muerte como especie y a la desaparición de diversas formas de vida.[13]

Ahora bien, la posibilidad de un colapso para el sistema capitalista no quiere decir que los capitalistas del mundo vayan a renunciar a seguirlo siendo y vayan a optar por otra forma de organización social, pues está demostrado a través de la historia que el capitalismo no va a desaparecer gracias a sus propias crisis, sino por acción de sujetos colectivos, conscientes de la necesidad de superar esta forma de organización social y que actúan en consecuencia, como sucedió al estallar los procesos revolucionarios que se presentaron durante el siglo XX.   Leer

Tenemos, por el contrario, dos desafíos abajo y a la izquierda:


  • Articular todas nuestras luchas descubriéndolas anticapitalistas y asumiéndolas no sólo resistencias al avasallamiento de derechos humanos sino también como constructoras de relaciones entre nosotros de la otra sociedad posible. De suerte de ir afirmando y arraigando la autodeterminación de los pueblos.
     
  • Empoderarnos de nuestros respectivos lugares y responsabilidades como sujetos colectivos e individuales del estar siendo comunalidades estrechamente vinculadas y sin fronteras para cooperar en la creación de cada una de ellas y de todas de buenos vivires, convivires.

Aclarémonos que por ser anticapitalistas consecuentes, somos antiimperialistas y antineoliberales e incluso internacionalistas revolucionarios. Esta síntesis la concretamos, en Nuestra América, al comprometernos con el Nunca Más al extractivismo.

Percibamos cómo el progresismo latinoamericano pretende salvar al capitalismo trazando objetivos falsos hasta respecto a sus líderes.

Encuentro Latinoamericano Progresista
29 de septiembre de 2016

 

Antecedentes

Después del I Encuentro Latinoamericano Progresista, durante el 29 y el 30 de septiembre de 2014, se estableció en la declaración final consolidar el ELAP como un espacio de encuentro y de debate. Se resolvió fortalecer el apoyo a la integración regional, radicalizar la democracia en todas sus formas, promover la participación de jóvenes y mujeres, elaborar una agenda propositiva regional, alertar y responder a una contraofensiva de la derecha, combatir la hegemonía mediática, luchar contra los abusos del gran capital y la banca, entre lo más importante.
En tal perspectiva, y dado el nuevo y difícil escenario político que enfrenta la región debido a las estrategias de desestabilización de las derechas locales y de los poderes transnacionales, hemos considerado convocar a este III Encuentro con un enfoque regional y político, que permita la consolidación de las políticas de cambio en la región y que aumente nuestra capacidad de hacer frente al nuevo contexto.
En esta edición, el lema será “por un pacto ético latinoamericano” y hay varias razones para que éste sea el propósito del III ELAP. Luego de la publicación de los Panamá Papers en abril de este año, el problema de los paraísos fiscales se colocó nuevamente en la mira. Varios presidentes, políticos, intelectuales, medios de comunicación y hasta propietarios de universidades, se encontraron en las listas de evasores. América Latina es todavía el continente más desigual, y aquello es la clara consecuencia de unas élites económica-financiera que boicotean deliberadamente cualquier posibilidad de desarrollo a través de la evasión fiscal.
De acuerdo a un informe de la OXFAM , el 22 % de la riqueza de la región se encuentra en empresas offshore. Este porcentaje que los Estados no recaudan reduce las posibilidades de llevar a cabo inversiones públicas para garantizar derechos básicos, como a la salud, a la vivienda, a la educación o el acceso a agua potable. En consecuencia, gran parte de la desigualdad y la pobreza, del subdesarrollo, se explica por estas formas institucionalizadas de corrupción, llamadas paraísos fiscales. Por eso, es fundamental, convocar en América Latina a un pacto ético, que ponga freno a las formas ilícitas de acumulación de la riqueza, y erradique estas prácticas antipatria y antipopulares.
Ejes temáticos:
• Pacto Ético
• Proceso Político en América Latina
• Debates sobre la economía latinoamericana


Fuente: http://www.elapecuador.com/index.php/2016/09/16/antecedentes/

Nos hacen relativizar la gravedad del envenenamiento causado por Barrick Gold y la criminalidad cómplice de los gobiernos nacional y provincial de turno.



luego del segundo derrame en Jachal
28 de septiembre de 2016

Las fotos muestran los precarios dispositivos que contendrían urgencias en la empresa minera. Luego de conocerse el segundo derrame de aguas cianuradas, los pobladores continúan movilizados y exigiendo el cierre de la mina en Jachal.

Por ANRed

Desde hace unos días está circulando por las redes sociales imágenes del valle de lixiviación en Jachal, en el cual se observan las “medidas de seguridad” implementadas por la empresa Barrick Gold en caso de urgencias y derrames. En las mismas se pueden observan la precariedad de las medidas que van desde simples parches en caños de trasporte de material hasta una contención de grandes bolsas de plástico alrededor del cerro. Las imágenes alertaron aun mas a los asambleístas y defensores del ambiente en todo el país.
El Proyecto Veladero reportó dos derrames que han perturbado no sólo a los habitantes de Jachal sino a todo el país. Los derrames han afectado a la cuenca del río Jachal poniendo en riesgo el ambiente de la zona glacial. Pero la noticia de la negligencia de la empresa multinacional Barrick Gold a desatado acciones judiciales que hasta el día de hoy mantienen detenida la actividad minera.
El martes, vecinos organizados en la “Asamblea Jáchal No Se Toca” arribaron a la capital de San Juan para entregar un petitorio al gobierno exigiendo el cierre del emprendimiento minero que denuncian, “lejos de traer prosperidad solo amenaza destruir nuestro lugar”. El abogado de los asambleístas, Enrique Viale, manifiestó, "La mina debería cerrar por estar en zona de glaciares: la Ley de Glaciares prohíbe la minería en este tipo de zonas. Cuando se difunda el inventario de glaciares de San Juan se comprobará que Veladero no puede funcionar ahí".

La noticia del último derrame el pasado 8 de septiembre se filtro a la población seis días después mientras el pueblo se encontraba movilizado reclamando por el primer derrame. En ese momento la Corte Suprema de Justicia dejó en manos del fuero penal provincial la tramitación de la causa y apartó al juez Sebastián Casanello. El resultado fue la sanción a la empresa a través de una insignificante multa ordenada por el juez local Pablo Oritja.