martes, 31 de octubre de 2017

I. Analicemos cómo el capitalismo y sus partidos de estados subsumen a los pueblos a malvivir.

La crisis de España y la Constitución de Antequera de 1883
La independencia de Andalucía 
como acto revolucionario
31 de octubre de 2017

Por Iñaki Gil de San Vicente (Rebelión)

Nota: Ponencia presentada a las III Jornadas por la Constitución Andaluza organizadas por Nación Andaluza, sobre la actualidad de la Constitución de Antequera de 1883, celebradas en la ciudad de Granada el 28 y 29 de octubre de 2017.

1.      Presentación
2.      Lenin nos ayuda un poco
3.      El contexto de Antequera
4.      La Constitucion de Antequera
5.      Los nacional demócratas

1. Presentación
El pasado 25 de julio, día nacional de Galiza, se conoció el Manifiesto Internacional de Compostela. Hemos dicho en otro texto –La crisis de España como marco de acumulación del capital, 31 de agosto de 2017– que el Manifiesto era tanto la culminación de un proceso de acercamiento y debate internacionalista como la apertura de otro proceso que se considera imprescindible ante la crisis de España como marco de acumulación de capital. Decíamos en esa ponencia que no estamos ante la llamada «crisis del régimen del 78» sino ante una nueva crisis estructural del capitalismo español, es decir, de nuevo se están agudizando rápidamente los antagonismos internos a las contradicciones que minan al Estado desde sus inicios proto burgueses.

La tesis de que nos enfrentamos sólo a una «crisis del régimen del 78» únicamente aprecia parte –que no todas– de las expresiones sociopolíticas externas de la crisis estructural, dejando fuera de su visión otras realidades; pero sobre todo, no bucea hasta el fondo, hasta las raíces históricas que hacen que, inevitablemente, el Estado español sea siempre ferozmente antiobrero y antipopular, sea una cárcel de pueblos, sea incapaz de integrar a las burguesías «regionales», sea incapaz de mantener la carrera imperialista por la productividad del trabajo, sea incapaz de reducir su corrupción hasta las tasas «normales» en otros capitalismos, etcétera.

Es cierto que unas facciones de la burguesía intentaron modernizar su Estado, y tal vez fuera posible que lo intentasen de nuevo con la cacareada «segunda transición» que fracasaría porque dejaría sin tocar esas contradicciones estructurales. La tesis de la «crisis del régimen del 78» reivindica con razón reformas o cambios, según las versiones, democráticos urgentes en estos momentos, pero debe ser integrada en una perspectiva estratégica más amplia que a la fuerza pasa por el debate de si es posible llegar al socialismo –que no únicamente a la III República– sin acabar con los pilares de la «nación española» en su sentido actual, burgués, es decir, como el marco material y simbólico de producción de valor, reproducción de la fuerza de trabajo y de acumulación ampliada del capital en ese trozo de la península ibérica que el nacionalismo español llama España.

Tenemos dos ejemplos palmarios que muestran la imposibilidad de cambios cualitativos hacia el socialismo como trampolín al comunismo desde el Estado-nación español actual. Uno es el de la sobreexplotación y marginalidad periférica de Andalucía, nación en la que el 32,3% de la población es pobre y el 41,7% se encuentran al borde de la llamada «exclusión social»: todas y todos sabemos que el Partido Socialista de Andalucía es una fuerza clave en el PSOE, en el Estado y en el nacionalismo español. Según datos muy recientes, ahora mismo hay no menos de 2.600.000 andaluzas y andaluces que necesitados de recibir la renta básica de lucha contra el empobrecimiento. Pues bien, el PSOE en el gobierno solo presta ayuda a 45.000 familias, o sea no llegan a 200.000 personas si suponemos que cada unidad familiar tiene cuatro personas.

El empobrecimiento, la precarización, la marginalidad del pueblo trabajador andaluz después de tantos años de gobierno del PSOE no responde solo a razones estrictamente económicas sino también al lugar periférico de sobreexplotación que el Estado español impuso a Andalucía, como veremos. El nacionalismo español se volcó a la desesperada para borrar el potente sentimiento andalucista que mostró su arraigo en aquella gigantesca manifestación del 4 de diciembre de 1977 exigiendo derechos burgueses idénticos a los de Catalunya, Galiza y Euskal Herria.

Hoy la realidad andaluza sería muy otra si el nacionalismo español no hubiera logrado silenciar aquel gran sentimiento de identidad. ¿Cómo lo hizo? Antes que nadie, deben ser las fuerzas andalucistas las que lo expliquen. Con todos los respetos en esta ponencia solo podemos sugerir algunas hipótesis: la situación del independentismo popular por las represiones permanentes en el franquismo y en plena «transición» como el asesinato de García Caparrós en Málaga en 1977; el papel de la izquierda española con su tesis de que al socialismo sólo podía llegarse dentro de una república española fuerte y unida, reduciendo la reivindicación nacional andaluza a una simple autonomía regionalista de segunda categoría; la nefasta acción de amnesia histórica y potenciación del españolismo del PSOE; el oportunismo cobarde de la mediana y pequeña burguesía ante la perspectiva de un independentismo popular que podría fortalecerse peligrosamente si lograba conquistas importantes; la permanente intervención del Estado y del bloque de clases dominante en Andalucía acelerando la periferización en medio de una severa crisis económica con sus efectos desestructuradores como la emigración, etcétera.

Sea como fuere, aquella identidad fue sumergida en agua helada. Se pretendió liquidar hitos fundamentales como la Constitución de Antequera, el regionalismo andaluz y la Asamblea de Ronda de 1918, el «trienio bolchevique», la figura de Blas Infante, la Asamblea de Municipios en Sevilla en 1931, la masacre de Casas Viejas, los debates entre las «dos Andalucías» geográficamente diferenciadas, la Asamblea en la Diputación de Sevilla pocos días antes de la sublevación fascista para debatir sobre un Estatuto, la sistemática represión franquista del andalucismo popular y la fabricación de una falsa Andalucía de castañuelas, toros y sol como uno de los sostenes de la «nación española» y como reclamo turístico, el resurgir de las luchas campesinas, populares y obreras y la recuperación de tierras.

Dado que el PSOE es una pieza clave del capitalismo en Andalucía y en el Estado español, es imposible creer que la Andalucía popular, no la de los señoritos, pueda avanzar hacia su libertad dentro del Estado español y es imposible creer que esa misma libertad pueda ser disfrutada por todas las clases y pueblos explotados si continúa existiendo el Estado-nación español.
Es conocida la profunda identidad nacional españolista del PSOE en Andalucía, como del PS de la CAV y de Nafarroa, o de Galiza, etcétera, y su apoyo absoluto al nacionalismo imperialista del PSOE, que impulsa la aplicación del artículo 155 contra Catalunya. El PSOE de Andalucía y las restantes sucursales autonómica, regionales y provinciales del PSOE es una máquina burocrática de fabricar alienación para fortalecer la «unidad nacional española» y con ella la tasa de ganancia del capital y su acumulación ampliada en y gracias al Estado. El PSOE conjuntamente con el PS de Catalunya asumen que se aplique el artículo 155 a Catalunya, la parte ahora más consciente de su identidad nacional propia de los Països Catalans en su conjunto.

Por tanto, cuando hablamos del PSOE hablamos de la nación española, de su Estado y de su burguesía. Y una de las preguntas es: ¿puede pensarse que las clases y naciones oprimidas avanzaremos al socialismo en su sentido verdadero, el comunista, que por tanto supone la previa independencia de las naciones oprimidas para que, en condiciones de democracia socialista, pueda decidir qué alianzas establecen con otros pueblos, sin vencer previamente el poder represor del PSOE, de la nación española, de su Estado y de su burguesía? Hay más preguntas. Una de ellas que responderemos en otra ponencia próxima es: ¿podemos avanzar al socialismo en el sentido que lo entendemos siguiendo la senda de Podemos, del grueso de Izquierda Unida y del Partido Comunista de España, y de otros sectores que se dicen marxistas y que niegan en la práctica en derecho de autodeterminación?

Llegamos así al otro ejemplo, el del hachazo asestado a los derechos del pueblos catalán con el artículo 155 de la Constitución monárquica española –y la amenaza de aplicarlo también a Euskal Herria y Castilla-La Macha, por ahora– supone una triste confirmación de la perspectiva histórica y de las tareas que estamos debatiendo entre las fuerzas políticas que firmamos el Manifiesto de Compostela.
La burguesía española no puede tolerar que Catalunya se independice y no sólo por la pérdida económica que ello implica sino también por el efecto dominó que tendría –ya lo está teniendo– sobre la concienciación de otras naciones oprimidas, en los sectores más organizados de la clase trabajadora del Estado y sobre la misma legitimidad del marco estatal de acumulación ampliada del capital que llaman “España”. La crisis estructural del Estado explica por qué se ha advertido a la Comunidad Autónoma Vasca que tiene todos los «ingredientes» para que se le castigue con el artículo 155, y por qué también se ha amenazado a Castilla-La Mancha pese a enormes diferencias con el pueblo vasco.
En una ponencia anterior –España contra Catalunya, del 20 de septiembre de 2017– repetíamos los cuatro grandes bloque de abismos insalvables que impiden que lo que se llama «España», o sea el marco estatal de acumulación ampliada de capital, pueda constituirse en Estado-nación capitalista al estilo de los Estado-nación de la primera oleada de revoluciones burguesas triunfantes:

Una, rechazo a integrar democráticamente a las burguesías «regionales» y, ahora mismo, con el artículo 155 golpeando a Catalunya y amenazando a la CAV, tenemos otro ejemplo irrebatible.

Dos, atraso creciente en la productividad del trabajo confirmado por muchos más datos nuevos: a pesar de la espuria recuperación fugaz, el Estado se enfrenta a crecientes fuerzas que merman su «independencia nacional», como la decisión del BCE para dejar de comprar activos y las exigencias alemanas de más rigor en el cobro de deudas, o el dato de que España ha bajado dos puestos más en el ranking de la competitividad mundial, y por no extendernos sobre la dependencia creciente de España basta saber que el capital extranjero ya controla el 43,1% de las acciones de la Bolsa española.

Tres, la gigantesca corrupción estructural e histórica del bloque de clases dominante es ya inocultable también a escala mundial: un informe europeo muestra que España es el Estado de la Unión Europea que menos medidas aplica contra la corrupción judicial, de modo que al aumentar el rechazo público a la corrupción se debilita uno de los sistemas más efectivos para facilitar la acumulación ampliada del capital en un reino caracterizado por su orgulloso analfabetismo científico y tecnológico: España ocupa el tercer lugar del mundo en economía sumergida por detrás de Grecia e Italia. Aunque la propaganda masiva y la guerra psicológica contra el independentismo catalán han logrado desplazar a la corrupción de las primeras noticias, sin embargo el creciente hartazgo popular va minando la legitimidad del sistema.

Y cuatro, la «costumbre» de recurrir a las soluciones represivas, violentas, al palo, antes que a los métodos de integración, cooptación, negociación, a la zanahoria, que hemos visto se está confirmando con el artículo 155, y que se refuerza desde hace tiempo contra la lucha de clases en su generalidad. La escalada represiva venía de antes, pero se endurecerá por la exigencia de la CEOE de parar en seco el recrudecimiento de la lucha de clases que se está produciendo desde comienzos de 2017 e intensificando en los últimos meses, según demuestra su reciente informe que siempre la valora a la baja por intereses obvios; dentro de esta radicalización incluimos el aumento de las luchas de las mujeres trabajadoras, el descenso del poder de la Iglesia, etc.

Como síntesis de esta cuádruple quiebra en sus bases, abismos que no nos cansamos de analizar en nuestras ponencias, es lógica la multiplicación en los últimos tiempos del vandalismo fascista abiertamente consentido por el Estado contra las izquierdas y contra el reformismo duro. Un fascismo brutal y tosco, extremadamente violento en muchas de sus expresiones pero que sirve para ocultar dos procesos de fondo más amenazadores: uno, el fascismo invisible y hasta educado que penetra en los intersticios de la cotidianeidad reforzando la irracionalidad más dictatorial en los micropoderes con los que el capital asegura en buena medida su reproducción ampliada. Y otro, relacionado con el anterior en determinados contenidos, el reforzamiento de las tres expresiones del nacionalismo español que veremos luego cuando recurramos a Lenin para entender qué sucede.

Lo que llaman «España» es el constructo ideológico subjetivo que cohesiona y legitima, junto a otros, la lógica burguesa inmanente a la valoración ampliada del capital en ese espacio productivo y reproductivo. En cuanto constructo ideológico, «España» y su nacionalismo imperialista es una fuerza material objetiva imprescindible para lubricar la explotación de clase, patriarcal y nacional que sustenta la producción de plusvalor.

La interacción entre lo subjetivo y lo objetivo se materializa por ejemplo no sólo en la política del PP, PSOE, Unidos-Podemos, Ciudadanos, Izquierda Unida, etc., en la negación sustancial de los derechos nacionales de los pueblos oprimidos sino también y sobre todo en las manifestaciones en defensa de la «unidad nacional española» ya sea en su núcleo más reaccionario y fascista como en su forma supuestamente «democrática».(...)
Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=233477

“No nos representan”. Y dirán: “No nos representan estos, o no nos representan bien”, y yo digo: “¡No nos representan nunca!”. ¡Nunca! ¡No nos van a representar nunca! Quiero decir que en la mística de la representación, que haya un señor que en función de la ley electoral y esta historia sabe lo que es lo mejor para mí… esto para mí es una ficción. ¡Esto sí que es una ficción, y no las novelas que yo escribo!

Cristina Morales: 
"Los 'terroristas modernos' son los Estados"
31 de octubre de 2017

Por Xavier Vidal (Infolibre)

- La escritora, una de las voces más arriesgadas de la narrativa española, escribe en su nueva novela, Terroristas modernos, sobre la Conspiración del triángulo contra Fernando VII.
- Xavier Vidal conversa con ella sobre el rechazo a la autoridad en sus obras, sobre el nacimiento del Estado burgués... y sobre cómo contarlo.
Cristina Morales (Granada, 1985) es ya una de las voces más interesantes y arriesgadas de la narrativa española. En Los combatientes (Caballo de Troya) seguía a los integrantes de un ficticio (o no) grupo de teatro universitario, en cuyo encendido discurso político de izquierdas colaba fragmentos de uno de Ramiro Ledesma. En Malas palabras (Lumen), imaginaba el diario personal que hubiera escrito Santa Teresa (o Teresa de Cepeda y Ahumada, según quién) mientras componía su Libro de la vida bajo la atenta vigilancia de la Iglesia. En Terroristas modernos (Candaya) retrata a los participantes de la llamada Conspiración del triángulo, que en 1816 se propuso asesinar a Fernando VII para proclamar de nuevo la Constitución de 1812.
Con motivo de la presentación de este último en Barcelona, Xavier Vidal, de la librería Nollegiu, conversa con ella sobre el rechazo a la autoridad que trasminan sus novelas, sobre el nacimiento del Estado burgués en la Modernidad... y sobre cómo contarlo.

Pregunta. En Los combatientes , en Malas Palabras , en Terroristas modernos… hablas desde diferentes perspectivas sobre la autoridad y de la resistencia a la autoridad. ¿La autoridad es necesaria o no? 

Respuesta. Un buen amigo dice que el concepto de autoridad se había pervertido porque, para los clásicos, la autoritas era una cosa necesaria. Una persona con autoridad era aquella de la que se podía aprender. Algunas autoras, como Arendt y Sontag, recuperan y reivindican que la autoridad es algo más que aquello que se entiende en el lenguaje cotidiano. La autoridad es necesaria porque siempre habrá alguien que sabe más que tú y uno debe estar dispuesto a que ese otro le enseñe y estar dispuesto a aprender y no pensarse que uno lo sabe todo. 

P. Esto es lo que dice la tesis doctoral, sí, pero…

R . Pero yo no hago una tesis doctoral, sino que estoy en ese otro lugar del lenguaje cotidiano, de cómo vivimos la autoridad hoy en día o cómo la vivo yo o mi entorno, que es sobre lo que puedo escribir. Esa autoridad que yo vivo no es la de Hannah Arendt , ni la que representa que la autoridad es alguien que sabe más que tú, y tú por lo tanto debes tener en esa autoridad un referente. El concepto, por lo tanto, que yo manejo es el concepto de autoridad de la calle, el cotidiano. O sea, autoridad es aquel que es capaz de ejercer dominio sobre ti, al que tú le debes obediencia.
P. ¿Por ejemplo?

R . Un ejemplo muy claro puede ser la policía: es una autoridad. Pero también puede ser autoridad alguien sin necesidad de que la ley lo denomine como tal, aunque me parece que recientemente hubo una modificación legal, para convertir a los profesores, a los maestros –de primaria, no tiene por qué ser los de la universidad— en autoridad. 

P. Pero la autoridad a la que te refieres tú es la autoridad pública, y la autoridad pública tiene una connotación jurídica que si un señor policía me pone a mí una denuncia, contra su palabra yo solo puedo refutar hechos o pruebas, porque su palabra siempre valdrá más que la mía.

R . Claro, siempre. Yo me refiero a esa, claro, pero también a esa otra autoridad carismática, que no necesariamente tiene que venir dada por la ley. En los libros que tú has mencionado yo me concentro más en la autoridad pública, la que viene legitimada por la ley o por el estado o por el confesor de Santa Teresa, autoridad eclesiástica. 

P. Entonces, esa autoridad que manejas en los tres libros es una autoridad pública que continuamente está discutida por tus personajes, porque se entiende que tu autoridad pública no está ejerciendo el papel de autoridad pública que le corresponde, lo está pervirtiendo.

R . Esto sería un punto de vista, pero para mí… Claro, yo no te diré que la autoridad no sea necesaria, te diré que si los personajes de la novela confrontan esta autoridad no es para decirle: “Autoridad, usted se está portando mal, ejerza su poder tal y como la ley se lo exige”, sino que contestará su propia existencia, dirá “¿En razón a qué usted me pone a mí una multa?” o “¿En razón a qué usted me chifla por la calle y tengo que bajar la cabeza?”. En razón a qué. Bueno, y se le dirá: “En razón a qué hay una ley promulgada en un parlamento que nos representa a todos, que lo hemos votado”, y yo diré que para mí ese parlamento no está legitimado, que para mí esto era como un lema del 15-M, “No nos representan”. Y dirán: “No nos representan estos, o no nos representan bien”, y yo digo: “¡No nos representan nunca!”. ¡Nunca! ¡No nos van a representar nunca! Quiero decir que en la mística de la representación, que haya un señor que en función de la ley electoral y esta historia sabe lo que es lo mejor para mí… esto para mí es una ficción. ¡Esto sí que es una ficción, y no las novelas que yo escribo! 

P. Acabo con el tema de la autoridad. La autoridad no se da, la autoridad viene ejercida y se entiende que se gana, ¿no? ¿Estaríamos de acuerdo en eso?

R . No. Es evidente que la autoridad, que tú bien has dicho, viene determinada por la ley. O sea, yo consigo mi plaza de oposición de municipal, de policía, y soy una autoridad, y ya puedo ser un maltratador o un torturador que no me la tengo que ganar. Sí, pero esta es la autoridad que se da, por decirlo de alguna manera. Del modo que tú dices “No nos representan” y es porque entiendes que esa autoridad que se ha dado a una determinada gente para que nos representen nos parece mediocre. Es una autoridad dada, no es una autoridad ganada, y por lo tanto, no es respetada. Entonces, la crisis de representación que se expresa a través del 15-M, se manifiesta por los casos de corrupción, mediocridad, falta de preparación en la gente que nos debe representar, y por lo tanto el gap entre autoridad dada y autoridad respetada al final debe ser el origen de esta crisis. 

P. Cuando lo describes en el caso de Santa Teresa en Malas palabras, ese monólogo, lo escribes porque entiendes que la autoridad eclesiástica dice “No, usted tiene que hacer esto”, pero Santa Teresa dice otra cosa. En Los combatientes… tienes unos personajes que entienden que el sistema no funciona. Y en este caso, un terrorista en el poder —como es el título de la novela—, un señor que se carga la Constitución de Cádiz e implanta un sistema absolutista de nuevo, volviendo al régimen anterior, cuando la Constitución de Cádiz era lo más democrático que se había hecho en España. La misma discusión en los tres libros: hay una autoridad pública pero no me gusta cómo se ejerce.

R . Entiendo lo que me dices, y puntualizo la primera reflexión que me has hecho. Dices que hay una autoridad pública pero no me gusta cómo se ejerce. Claro, yo no puedo compartir ese punto de vista, te hablo desde un lugar libertario, o sea, donde yo no pongo en cuestión cómo se ejerce la autoridad –si se puede ejercer mejor o peor, si se puede controlar mejor o peor, si se puede depurar la corrupción o no— sino que yo parto de la base de que esa autoridad no debe existir, y de que siempre va a ser corrupta, no va a haber mecanismos de control que la limpien. Va a ser ilegítima siempre, ya la apruebe el parlamento más limpio del mundo, que no existe.
Un parlamento limpio no existe, porque el parlamento ya es una institución de dominio, no de representación. 

Lo que tampoco creo es que la crisis actual venga provocada por una crisis de la representación, porque me parece que si fuera así, esa representación se habría visto resquebrajada y no, se ha visto reforzada. A la vista está que después del 15-M vuelve a ganar las elecciones Rajoy, y que hay nuevos partidos políticos que han entrado en el parlamento: está Ciudadanos, está Podemos… La crisis de representación no la veo. Creo que se han reforzado los mecanismos para que haya nuevos partidos políticos que vuelvan a arrogarse el derecho a representarnos. Que a mí, desde luego, considero que no me representa ninguno, pero ninguno que haya ahora ni que esté por inventar. 

P. Discutámoslo a partir de las novelas.

R . En Terroristas modernos –voy a empezar por la última—pareciera que yo, por el hecho de que retrato a unos personajes que quieren matar al rey y reinstaurar la Constitución del 1812, pareciera que a mí me despierta simpatía la Constitución de 1812. No es así. Esto me lo preguntó una chica en la presentación, un miembro del público, me decía: “Parece, Cristina, que escribieras de algo que te desagrada, ¿no? Estos personajes, que eran unos románticos, que querían reinstaurar la Constitución de Cádiz…”. Y yo digo pues sí, efectivamente, me parece que escribir, que crear desde el desagrado es poderoso. Me parece que es el mejor lugar desde el que ejercer la crítica. ¿Por qué no voy a ponerme yo en la piel del desgraciadito de Diego Laso que se ha creído que la nación española es libre e independiente y no puede ser patrimonio de ninguna familia ni persona? Me lo sé de memoria, el artículo 2 de la Pepa. Para mí es un ejercicio teatral, el de ponerme en esa voz con la que para nada me identifico –me puedo identificar en otras cosas de Diego Laso—, pero también porque me permite hablar de lo que me disgusta desde dentro. Es más, me permite hablar desde una perspectiva libertaria, que en ese momento no existía pero yo la poseo, sobre el año 1816. Del mismo modo que en Santa Teresa, que en Malas palabras, yo me puse a hablar desde un punto de vista feminista sobre el siglo XVI, el año 1540 y tantos. Ahí es donde yo encuentro mi motivación como escritora, no en hacer una obra enciclopédica y preciosista de traer a la actualidad una época del pasado. 

P. Tú haces al revés, llevas la actualidad al pasado, para hacer una mirada desde hoy de lo que sucedía en ese pasado o para introducir en ese pasado –mejor dicho— una mirada que nadie ha hecho.

R . Claro,
porque de hecho la historia que tenemos y cómo la hemos estudiado ya está escrita con un tipo de mirada, con una mirada hegemónica. 

P. La historia la escriben los vencedores.

R . Claro, o sea, no estoy descubriendo nada nuevo. 

P. Los vencedores, y no las vencedoras, además.

R . Además. Gracias por la puntualización. O sea que no me parece nada estrambótico el hecho de querer desmentir un punto de vista sobre las cosas, o por lo menos, confrontarlo porque no hay historia neutra. No la hay. 

P. Pero en los manuales de historia…

R . Claro, nos quieren vender la historia como científica, se presume. Pero ya somos mayorcitos para darnos cuenta de que podemos revisar la historia. Además, da la casualidad de que curiosamente con Malas palabras nadie me dijo que era una novela histórica, nadie. Con Terroristas modernos sí. 

P. Tal vez porque Malas palabras es un monólogo de Santa Teresa hablando de ella y de una perspectiva mucho más abstracta de la vida. Y en cambio, en Terroristas modernos, ¿no hay una intención de escribir de forma realista utilizando como excusa la Conspiración del triángulo y el Madrid de 1816? Es decir, ¿el tema no es una excusa para hacer una novela de 1816?

R . Claro, es una excusa. 

P. ¿Y la intención? No hay novela sin intención. ¿La Conspiración es la chispa y la intención es lo que comentábamos antes?

R . Sí, arrojar un punto de vista crítico sobre estos hechos en concreto, y sobre todo sobre la formación del Estado español. Porque es precisamente en esta época cuando aquí, en España, hay una crisis –como si ahora no la tuviéramos—, pero en el tránsito del régimen feudal al Estado. Antes era un reino y ahora se está convirtiendo en la nación española, de súbditos a ciudadanos, y toda esta chufla de la Revolución francesa. Ha habido un cambio revolucionario en Francia y por extensión a los países del entorno, y antes en América. Mi intención es cuestionar la bondad de este tránsito de estado feudal al estado liberal burgués, porque –dime tú si me equivoco— a mí me han enseñado que la Revolución francesa fue una cosa estupenda. 

P. Claro, es el cambio del Antiguo régimen al Estado moderno.

R . Claro, nos dicen que hemos pasado a ser ciudadanos, que ya se puede votar, en ese momento surge el sufragio censatario, que ya podía haber movilidad social, que no existían los gremios… Empieza a llegar el capitalismo, empieza a fraguarse en esta época. Entonces quería hacer una mirada crítica sobre este tránsito, y decir que no me parece para nada que haya habido progreso, una visión crítica de eso de que con el rey se estaba muy mal y con los diputados en las cortes se estaba muy bien, y eran los libertadores de la patria, ¿no? Para nada. 

P. Esto a principios del siglo XX Lampedusa lo describió muy bien, en eso que alguien llama elgatopardismo: todo cambia para que no cambie nada.

R . Yo no estoy inventando nada nuevo. Lo que sí que echo en falta es una visión crítica en España al respecto. Yo no estoy al tanto de todo ni he leído todos los ensayos posibles, pero vi grandes fastos hacia la Pepa cuando fue el bicentenario en 2012, o el bicentenario del Levantamiento, de la guerra contra el francés en 2008. Esos fastos eran… “La nación en armas”, “El pueblo unido”… En ese momento era el Madrid de Esperanza Aguirre , Fernando VII hecho un monigote y los liberales abanderando la libertad. Yo en ese momento estaba empezando a escribir la novela y esto a mí me sobrecogió, y me decía “¿Cómo es posible que no haya una versión crítica de lo que hace el estado liberal burgués, que es en el que estamos todavía?”. Los cimientos ideológicos del sistema político no han variado desde entonces. Mi intención era ir a la raíz de donde estamos ahora. 

P. Me gusta mucho el título de Terroristas modernos. Al final, la gente, esto del terrorismo lo tiene asociado a una palabra no moderna, sino contemporánea. Es una palabra que es como si la hubiéramos inventado hace 50 años en España en el caso de ETA, pero moderno es anterior que contemporáneo.

R . Muy anterior, y la palabra “terrorista” o “terrorismo” aparece por primera vez en 1793, en el diccionario de la Academia francesa, para referirse al que era afín al régimen del terror que en ese momento era la Convención y Robespierre . El 1793 la Convención ya había sido tumbada, habían llegado los girondinos, ya habían cortado la cabeza a Robespierre, si no me equivoco, y entonces claro, hablaban despectivamente de un terrorista como aquel sistema que era una purga sistemática, no sé cuánto asesinato hubo en Francia. Y la consigna que
gritamos en las manifestaciones, “El único terrorista es el Estado capitalista”, no es una bravuconada de los antisistema. Igual toda esta gente, cuando nosotros lo gritamos en las manifestaciones, no tiene ni idea de la definición del Diccionario de la Academia francesa, pero es que tienen el diccionario de su parte. Y modernos, porque es entonces, en la Modernidad, cuando nace la palabra “terrorista”. Y finalmente, como colofón, “terroristas modernos”, que son los Estados. Los terroristas modernos son los Estados. 

Obviamente, y ahora vuelvo a lo que te dije al principio, igual que con la autoridad me refiero a la autoridad de la calle, no me quiero yo poner aquí de erudita y decir que todo el mundo tiene que saber que en el año 1793… De modo que yo simplemente era consciente de que la lectura actual puede traer a la mente el yihadismo, o ETA, o mis colegas de aquí de Sants que los han acusado de terroristas por publicar un fanzine anarquista que se llamaContra la democracia. Igual yo aspiro a que sea una reflexión, ¿no? 

P. A principios del siglo XX, Weber fue el que dijo que el Estado era el único legitimado para el uso legítimo de la violencia. Una cosa era cómo se definía en el 1793 el terror, y luego cómo el uso de las palabras se legitiman. Como ‘terror’ es una palabra que suena terrible, pues cambiémosle y hablemos de ‘uso legítimo de la violencia’. Y el uso ilegítimo es el que se transforma automáticamente en terrorismo.

R . Esa es una vuelta de tuerca estupenda. El terrorista es primero el Estado, pero un siglo después Weber escribe que vale, que el Estado es violento y lo sabemos, pero que es violento con razón, es violento porque necesita mantener el orden. La autoridad va siempre por delante, es la captadora de cualquier manifestación crítica. “Vale, en algún momento fuimos terroristas, pero es por algo”, y aquí se acabó el problema. “Ahora los terroristas sois vosotros.” Esto es impresionante ¿no? Cómo primero el terrorista es el Estado y después
… Es el Estado que acusa de terroristas a aquellos que lo atacan a él. Se nos puede decir muy fácilmente que el régimen del terror era el de Robespierre y que hoy en día no vivimos en un régimen del terror, que no hay una guillotina aquí en la plaza Osca. Pero es que no la ponen porque no hace falta. 

P. Porque hemos encontrado otros métodos…

R . Efectivamente. De aniquilamiento y, si no, de alienación, de convertirnos en productores, consumidores, capaces de mantener a flote el estado de las cosas. 

P. Lo que se demuestra es lo que decíamos al principio, que la historia al final la escribe el poder. Y la concepción, o creación o adjudicación de determinadas palabras con connotaciones peyorativas la construye el poder.

R . Con terrorismo es muy evidente. Y ahora claro, como vivimos en la época del terrorismo, es muy fácil ser terrorista. La chica esta tuitera: apologeta del terrorismo. Vamos, es que… También esto demuestra nerviosismo por parte del Estado: cuando todos son terroristas, cuando todos están contra él… Podemos ver que algo se tambalea, hay inseguridad, cosa que a mí no me consuela, pero… 

P. Hemos hablado mucho de Terroristas modernos pero yo no puedo evitar preguntarte por las cuestiones formales, que son las que a mí, más allá de las reflexiones que hacíamos ahora, son las que me han interesado más de la novela. Porque al final, la literatura no es explicar una historia, sino la manera como la explicas. Pero lo que tú has contado es una historia que no estaba novelada, entonces…

R . No había caído en que esta no la ha contado nadie. 

P. Te planteas la Conspiración del triángulo a partir de una conversación entre militares y encuentras una tesis sobre el tema escrita en los setenta por María del Pilar Ramos Rodríguez. Tú construyes una novela, y para construir esta novela adoptas una intención formal, un determinado lenguaje y un determinado estilo que dista mucho de lo habitual...

R . El tema me apasionó tanto y, además, en ese momento yo estaba estudiando Ciencias Políticas, a Weber… Me apasionó tanto que me lancé a escribir sin una idea previa de cómo iba a ser el estilo. Y me lancé a escribir como me gusta a mí leer. Cuando yo empecé a escribirla hace 10 años, yo estaba leyendo La ciudad y los perros , El lobo estepario , terminaba de leer Cien años de soledad … estaba leyendo las obras maestras para mí, para un escritor. 

P. Por lo tanto, tú no eres de esas que dicen “Cuando estoy escribiendo, no leo”, que a mí me parece una gilipollez…

R . No, para nada, yo leo siempre. Además, como me documento siempre, me pongo a leer libros de la época. Curiosamente, de esta, un tercio de la novela es una fiesta, y esta fiesta como la quería mantener durante 60 páginas, quería que fuera un fiestón y que el lector lo pasara bien. Me documenté con El lobo estepario, que no sé si recuerdas que hay un momento, en una parte de la novela, que es una fiesta clandestina muy surrealista y con imágenes muy psicodélicas. Entonces yo me lancé a escribir en un estado un poco virginal de diversión. Yo vengo aquí a divertirme, a ponerme cachonda, a que haya pelea… Venía a crear vida, un poco a lo doctor Frankenstein. La novela ya es larga, tiene 400 páginas, pero yo decía “En una semana ellos intentan cambiar el mundo, intentan cambiar de país”, y finalmente lo que ocurre es un cambio muy personal en los personajes. En Catalina Castillejo se ve el tránsito, se ve en Diego Laso, se ve quizá en los músicos que es la primera oportunidad que les dan de tocar en el teatro, en los poetas que en las fiestas de las capitales por primera vez podrán leer sus poemas, en el público porque fuera están censurados… 

P. Y cuando tienes todo esto, me interesa mucho que utilices este diálogo indirecto, en el párrafo…

R . A veces no hay indirecto, a veces hablan… 

P. Digámoslo de otra manera. Este diálogo desordenado, pero que cuando terminas de leer el párrafo tienes clarísimo quién ha dicho qué, cómo lo ha dicho, y esta sensación de Woody Allen, de escena donde está todo, las conversaciones interrumpidas, conversaciones seguidas, gente que se interpone, el ruido de fondo… Construir la escena debe ser muy complicado.

R . No era lo más complicado, para nada. Me alegra esto que me dices, que ves un trabajo y algo de pericia, pero para mí eso no era lo más complicado, porque esto estaba alimentado por mi deseo de fiesta, de bullicio, de gente… Para mí lo más difícil era dar a conocer la intriga, van haciendo aliados, poco a poco se van produciendo delaciones… El mantenimiento de la intriga, ir poco a poco, no chafarla. Esto que se ve poco en la novela, que es un hilo, como una corriente continua, pero que no es lo que más aflora, porque como tú bien dices la Conspiración es una excusa. Sin embargo, para mí sobre esta excusa se construía todo, y en este pequeño (o gran) juego de detectives que era la Conspiración, no la podía cagar. Yo pensaba que precisamente este secreto era lo que luego me permitía a mí ser una vocinglera con todo lo demás. Porque todo el mundo habla todo el tiempo de todo menos de la Conspiración. Luego sí, por supuesto, se habla también de la Conspiración, pero la mayoría de las cosas que le pasan a los conspiradores son de la cotidianidad, son ajenas a lo conspirativo, o tienen que ver con el dinero que cogen de la Conspiración, porque ellos no están hablando de cuándo se van a reunir y con qué secreto, y las decisiones que se tienen que tomar… 

P. Todo va transcurriendo con una inmensa normalidad.

R . Exacto. 

P. Y aparte con las relaciones personales de los unos con los otros…

R . Sí, sí. Mira, has dado en la clave. Para mí, lo más importante era qué tipo de relaciones personales fomentaba la conspiración. 

P. Al final, esto de las conspiraciones… Es una palabra que depende de cómo se utilice, tiene cierta erótica. Pero —igual tiene relación con aquello que decías antes de que tú por la Pepa no sentías ninguna sintonía— los personajes que van saliendo al final me parecen de una extrema ingenuidad.

R . Ay, sí, pobrecitos. Bueno, que están ahí por la pasta, finalmente. Algunos son conspiradores porque se lo creen, pero otros son mercenarios. Aunque están hermanados, algunos de ellos son muy cínicos y otros son muy románticos. Y claro, están ahí porque va llegando pasta, que era mucha pasta. Y esto sí que es verdad, esto no me lo invento, había mucha pasta.
Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=233437

Destapemos que el neoliberalismo es el único capitalismo posible hoy y el engaño K de su humanización.


Los fondos buitre carroñean con lo más básico en España: techo, pan y luz
31 de octubre de 2017

Por Fátima Martín (CADTM)


Los fondos buitre carroñean con lo más básico en la “Finca España”: Con el techo, con el pan y con la luz, entre otras necesidades. En la España postburbuja inmobiliaria, los buitres, a menudo alimentados por conocidos bancos nacionales e internacionales y guiados por los serviles córvidos políticos estratégicamente situados en las Administraciones Públicas, tal que el ministro de Economía, el banquero de inversión Luis de Guindos, devoran los despojos de un pueblo esquilmado. El resultado son cientos de miles de familias desahuciadas y con deudas de por vida en un país con un gravísimo problema de vivienda irresuelto; unos productos agroalimentarios menos saludables y más caros producidos por empresas que han adelgazado sus plantillas y precarizado a sus trabajadoras; y una cadena de demandas por una gestión energética que ha pasado de las primas envenenadas a las renovables de Zapatero a la imposición del impuesto al sol de Rajoy. En esta fase del saqueo, tras la socialización de las pérdidas, buitres privados engordan a costa de lo público, sacando tajada de una deuda pública estratosférica ilegítima que pagaremos con sangre, sudor y lágrimas durante generaciones si no logramos impedirlo.

El sector inmobiliario es, sin duda, uno de los preferidos por los buitres en un país donde entre 1997 y 2007 se permitió construir al año, “más viviendas que Alemania, Francia, Italia y Reino Unido juntos” (1). Las consecuencias de aquella exuberancia irracional las seguimos pagando las mismas.

Entre los objetivos de los buitres hay hoteles, oficinas, activos logísticos, hipotecas y viviendas, muchas viviendas. Las de protección oficial protagonizan algunos de los casos más sangrantes. Como las mil 860 viviendas de alquiler social que Blackstone compró a la Empresa Municipal de la Vivienda y el Suelo de Madrid (EMVS) siendo alcaldesa Ana Botella, la mujer de José María Aznar, por 127,5 millones de euros, a una media de 69 mil euros por vivienda. Las consecuencias de la gestión buitre para los inquilinos no se hizo esperar: Subidas de las rentas, condiciones abusivas, arbitrariedades y desahucios indiscriminados. Hasta que en mayo de 2017, el Tribunal Supremo cortaba las alas al buitre Blackstone (a través de su filial Fidere) protegiendo los derechos de las inquilinas de esas viviendas sociales (2). En junio, la EMVS, dependiente del Ayuntamiento de Madrid de Manuela Carmena, ha propuesto declarar nula la venta (3).
En una operación similar, en junio de 2017, el Tribunal Supremo ha admitido a trámite un recurso presentado por los afectados por la venta de 2.935 viviendas públicas del IVIMA, dependiente de la Comunidad de Madrid, a los buitres Azora-Goldman Sachs por 201 millones de euros. Afectados y la Asociación Corruptil han pedido a los tribunales que investiguen posibles “acuerdos entre tres fondos de inversión (Goldman, Blackstone y Cerberus) para adjudicarse cada uno las operaciones inmobiliarias de envergadura realizadas en Madrid por administraciones del Partido Popular (PP)”. Otra de esas operaciones fue la concesión de la SAREB (banco malo) de 52.000 préstamos de Bankia a Cerberus. Casualmente, el hijo del expresidente del Gobierno, José María Aznar, y la exalcaldesa de Madrid, Ana Botella, José María Aznar Botella, es consejero de Cerberus a través del córvido local Poniente Capital (4).
El top ten de inversores en deuda “distressed” (en dificultades) inmobiliaria en Europa en el segundo trimestre de 2015, según el informe “From Puerto Rico to the Dublin Docklands; vulture funds and debt in Ireland and the global south” ha sido, por este orden: Cerberus, Deutsche Bank / Apollo, Lone Star, JP Morgan, Oaktree Capital, Fortress / Eurocastle, Sankaty, Blackstone, Goldman Sachs y Otto Group. La gran mayoría de ellos se ha puesto las botas en la hiperendeudada España tras el descalabro del ladrillo.

Singer: de Argentina al Banco Popular
El especulador buitre por antonomasia, Paul Singer, que acorraló a Argentina (5), también quiso pillar cacho en España. Uno de sus fondos buitre, Elliott, se hizo en 2015 con pisos de Bankinter por 60 millones de euros. Previamente, adquirió 1.354 millones de euros en créditos fallidos de Bankia (junto con Cerberus y la empresa noruega de recobros Lindorff) y 300 millones del Santander, con unos descuentos del 95%. A partir de ese momento, Lindorff acosa a sus clientes vía telefónica, presencial y judicial y los maltrata con frases como ésta: “Estás hablando por teléfono, alguien te lo pagará. Quien te paga el teléfono, que te pague la deuda. En algún sitio vivirás. Quien te acoge, que te pague la deuda” (6).
Elliott también compró la firma de recuperación de deudas doméstica Gesif para convertirla en su base de operaciones en el mercado español. Su directora general era Melania Sebas­tián, exresponsable de Ges­tión de Información de Banca Co­mercial de Caja Madrid, quien seguiría en la usurera Gesif. Nótese cómo una exdirectiva de Caja Ma­drid hace de intermediaria entre la ya nacionalizada Bankia y el fondo buitre Elliott.
Paul Singer no ha sido el único en ponerse las botas en el muladar ibérico. Ni mucho menos. A finales de 2014, 41 mil 200 millones de euros de los 50.000 del banco malo o SAREB pasaron a ser gestionados por tres fondos oportunistas estadounidenses: Cerberus (Haya Real Estate),TPG y Apollo, que se hicieron con las plataformas inmobiliarias de algunos de los principales bancos españoles: Bankia, CaixaBank y Santander, respectivamente (7).
Los tres fondos más Solvia, del Sabadell, desembolsaron inicialmente 600 millones de euros por 126 mil activos, entre préstamos e inmuebles. Fuera del banco malo, Blackstone se adjudicó la plataforma inmobiliaria de Catalunya Caixa, Cerberus la de Cajamar, Centerbridge la de BMN, Lone Star la de Kutxabank y Värde-Kennedy la del Popular.
La tendencia sigue a día de hoy. Unos meses antes de que el Santander comprara el Popular por un euro en junio de 2017, éste vendió una cartera de deuda de 220 millones de euros de principal aportando como colateral activos hoteleros. También colocó 400 millones de euros con activos colaterales de viviendas, plazas de garaje y trasteros. Los compradores fueron Apollo y Blackstone, respectivamente.
Las pérdidas ocasionadas por el colapso del Popular han provocado decenas de demandas, entre ellas, por parte de la estadounidense Pimco, una de las mayores gestoras de fondos del mundo, que baraja demandar desde al Santander hasta al Banco Central Europeo (BCE), o al fondo de rescate europeo (8).
El propio Paul Singer, a través de Elliott Management está sondeando el mercado para comprar antiguos bonos del Popular a precio de saldo (valorados en menos del 5% sobre su valor nominal) y negociando con otros fondos un frente común para pleitear contra el proceso de resolución del banco. También a través de su filial Bentham Ventures, “explora oportunidades en relación a Popular con vistas a una actuación coordinada”, según fuentes cercanas a la entidad citadas por Expansión. El fondo pagaría los gastos legales de los fondos en el proceso, y en caso de éxito se llevaría una parte de la potencial compensación (9).
Hasta marzo de 2017, la inversión inmobiliaria en España superaba los 3 mil 400 millones de euros. Sus protagonistas, conocidos fondos que operan como buitres: GreenOak, Värde, Blackstone... A la altura de abril de 2017, sólo Bankia, Sabadell, Deutsche Bank y BBVA habían colocado 1.600 millones de euros a Blackstone, Grove u Oaktree.
A la espera del rescate de autopistas de peaje en quiebra
Los buitres no le hacen ascos a nada. Por ejemplo, a las autopistas de peaje que se construyeron también en la era Aznar, hoy en quiebra. En total, nueve. Cuatro buitres (Taconic, Kingstreet, Strategic Value y Atlestor) se han quedado con la mayor parte de su deuda financiera, que asciende, junto con la que está en manos de bancos como Deutsche Bank, JP Morgan, Goldman Sachs o Bankia y concesionarias, a cerca de 6.000 millones de euros, que pretenden que asuma el Gobierno. Los fondos han contratado a la firma especializada Houlihan Lokey, conocida por su intervención en Lehman Brothers o Abengoa.
Los citados fondos compraron la deuda a bancos españoles y extranjeros que habían participado en la financiación de las obras y que decidieron irse ante la dificultad de llegar a un acuerdo. Lo hicieron con pérdidas, ya que en algunos casos los cobros se aproximaron al 10% del valor nominal. Entre los bancos que vendieron están Santander, BBVA, Popular, Natixis, Société Générale, ING y Bank of Tokyo -Mitsubishi, informa El País. La cifra, cualquiera que sea, iría contra el déficit del Estado, lo cual compromete el cumplimiento de los objetivos impuestos por Bruselas (10).
Los buitres tampoco le hacen ascos a otros activos inmobiliarios llamados “alternativos”, como los sanitarios, residencias de ancianos o de estudiantes. En estas últimas hozó Oaktree, con residencias en Madrid y Barcelona cuya venta ha complicado la llegada a las alcaldías de Madrid y Barcelona de Manuela Carmena y Ada Colau (11).
Oaktree, que lo mismo se da un atracón de ladrillo merendándose el banco malo del Deutsche Bank en España o zampándose las promociones fallidas en la costa que heredó el Sabadell con la compra de la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM), también es capaz de hincar el diente a Panrico, empresa de pan de molde y bollería, cuyos trabajadores no han parado de sufrir, incluso un Expediente de Regulación de Empleo (ERE), desde que el buitre puso en ella sus garras. Finalmente, se la vendió al grupo mexicano Bimbo por 190 millones de euros, 89 millones más de lo que aportó (12) Oaktree también ha querido sacar tajada de la fábrica de productos cárnicos Campofrío.
Con las cosas de comer no se juega, dice el refrán. A los buitres eso les da igual. PJT Partners, una escisión de Blackstone, es una firma especializada en servicios de asesoramiento a la banca de inversión. Entre sus consejeros cuenta con James Costos, exembajador de EEUU en España bajo la administración Obama. Y entre sus operaciones en España, buitreras como la reestructuración de Isolux o la citada venta de Panrico a Bimbo.
PJT Partners también han participado en la venta de la mayor panadería de España, Berlys Corporación Alimentaria, anteriormente conocida como Panaderías Navarras (Panasa). Artá Capital, la firma de capital riesgo participada por Corporación Financiera Alba, y N+1, ahora rebautizada como Alantra, decidieron poner a la venta Panasa, la empresa líder en fabricación, distribución y comercialización de pan, bollería y pastelería fresca y congelada de España (13).
Del pan al aceite
Y del pan, al aceite. Resulta que la mayor productora mundial de aceite de oliva español está en manos de un fondo de capital riesgo británico, CVC Capital Partners, que opera con la lógica buitre: se hizo con la aceitera tras el fortísimo endeudamiento, que llegó a los 1.500 millones de euros, al que llevó a la compañía la irregular gestión de SOS Cuétara (germen de Deóleo), por parte de los hermanos Salazar, hoy en el banquillo por múltiples delitos societarios. Desde que el fondo de capital riesgo manipula Deóleo, que cotiza en bolsa, ha italianizado la cúpula de la compañía, los precios del oro líquido no paran de subir, alcanzando precios máximos en una década, y las condiciones tanto de la empresa como de los trabajadores no paran de empeorar. A principios de 2017, aprobó un ERE que afectó a un centenar de trabajadores, después de ir vendiendo las plantas a trozos. “El objetivo del fondo CVC es desguazar la empresa”, se temen los minoritarios, que sospechan que su objetivo es no poder pagar la hipoteca para ejecutar la deuda y quedarse con los activos a precio de saldo. CVC está presente actualmente en España en otros sectores como el textil (Cortefiel), el geriátrico (Vitalia Home), o el energético (CLH).
Precisamente, los mismos fondos buitre que encarecen el aceite de oliva español o echan de sus casas a familias enteras no tienen empacho en chupar la sangre también al sector energético. Los fondos CVC, KKR y Blackstone sobrevuelan la eléctrica que fuera española y pública Endesa para hacerse con su control, actualmente en manos del Estado italiano a través de Enel. Troceada y amputada su pata latinoamericana, los italianos destinan el 100% de los beneficios de la segunda eléctrica española a dividendos (14).
La propia Endesa negocia la compra de Renovalia Energy a Cerberus, que compró la renovable en 2015 a los exdueños de los quesos Forlasa. Algo debió de ver Cerberus en las renovables españolas pese al impuesto al sol del Gobierno Rajoy, porque en 2015 adquirió cuatro parques eólicos y varios fotovoltaicos. Por su parte, también en 2015, Oaktree compró la empresa de renovables Eolia. Son sólo dos ejemplos. Hay muchos más (15).
Recientemente, a primeros de mayo de 2017, España perdió su primer arbitraje ante la Corte Internacional de Arreglo de Diferencias del Banco Mundial, el Ciadi, por los recortes aplicados desde 2010 a las ayudas a las renovables. El laudo dio la razón a la británica Eiser Infrastructure Limited, fondo ligado a ABN Amro, y su filial luxemburguesa Energia Solar Luxembourg y condenó a España a pagar 128 millones de euros más intereses. Esta Corte del Banco Mundial considera ilegal la transformación radical del marco regulatorio renovable español, con Zapatero primero, a finales de 2010, con Rajoy después, en 2013 y 2014.
Sobrevolando las renovables
Detrás de ésta, hay esperando otras 27 denuncias pendientes de empresas que invirtieron en renovables. “Se trata principalmente de fondos de renta variable privados que entraron en el mercado después de que la crisis hubiera comenzado, según el informe publicado por las ONG Transnational Institute y Corporate Europe Observatory”, cita Juan Hernández Vigueras, miembro del Consejo Científico de ATTAC España, que ha escrito el libro Los fondos buitre. Capitalismo depredador (16).
En un artículo titulado “Fondos buitre en España: de la especulación a los pleitos”, Hernández Vigueras explica que estas demandas se basan en el Tratado de la Carta de la Energía, un convenio multilateral que proporciona protección a los inversores en el sector energético, reconociéndoles derechos similares a los de los tratados bilaterales de inversión (TBI) y que también permiten a las empresas demandar a los gobiernos ante los tribunales internacionales de arbitraje.
Llama la atención que muchos de estos demandantes están asesorados por la firma de abogados Allen & Overy, que casualmente ha asesorado a Eiser, la que ha ganado el primer arbitraje ante el Banco Mundial. Otro aspecto que destaca el informe citado por Hernández Vigueras en su artículo es cuándo invirtieron estos fondos: “Cuando llegó la mayoría de estos inversores extranjeros, España estaba en plena crisis económica y ya habían comenzado las restricciones a las subvenciones a la energía solar. Lo que permite pensar que estas firmas practicaban estrategias especulativas similares a los fondos buitre, buscando la rentabilidad en la garantía del Estado que lograrían vía pleitos” (17).

De este modo, vemos cómo los mismos buitres son capaces de especular con la vivienda, con la alimentación y con la energía. Han picoteado en muchos otros sectores, como el de las apuestas deportivas (Blackstone jugó en Codere) o las clínicas dentales, como la polémica Vitaldent, donde opera Javier Botín, de la familia que preside el Santander. En muchas ocasiones, los buitres vienen de la mano de presuntamente prestigiosos bancos nacionales e internacionales, que aunque se escondan tras cambios de nombre y se protejan en paraísos fiscales, tienen igualmente las garras manchadas de sangre.
Notas:

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=233458

Politicémonos dejando la politiquería a la democracia representativa y escrutemos cómo la ofensiva de los grandes capitales se da en el mundo.

Tribuna viento sur
Pobreza laboral y 
degradación del empleo
28 de octubre de 2017

Por Mikel de la Fuente
El riesgo de pobreza y/o exclusión social se mide en la Unión Europea a través del indicador AROPE. Según este indicador una persona está en situación AROPE cuando cumpla al menos uno de los siguientes tres criterios: 1. Estar en Riesgo de Pobreza, lo que se produce cuando viva en un hogar con una renta inferior al umbral de pobreza, que se define como el valor que corresponde al 60% de la mediana del ingreso estatal equivalente. 2. Estar en situación de Privación Material Severa: cuando no viva en un hogar que no disponga de al menos cuatro de nueve conceptos de consumo básico. 3. Vivir en hogar con baja intensidad de trabajo, que se mide como la relación entre el número de meses trabajados por todos los miembros del hogar y el número de meses que podrían trabajar teóricamente como máximo todas las personas en edad de trabajar.
Según el VII informe de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social (EAPN), El Estado de la Pobreza. Seguimiento del indicador de pobreza y exclusión social en España 2008-2016, en el Estado Español ese riesgo abarcaba en 2016 al 27,9% de la población total (12,9 millones de personas), siendo la tasa más alta la correspondiente al grupo de personas adultas jóvenes, de 16 a 29 años, con un 37,60%. Según el INE en el 2015 el 58,0 de las mujeres y el 70,4 de los hombres en paro se encontraban en esa situación de riesgo. En hombres, el porcentaje más alto en el año 2015 corresponde a los hombres parados (70,4%) y el segundo lugar a los hombres inactivos (46,1%). Según un informe del Observatorio Empresarial contra la Pobreza de enero de 2017, el riesgo de pobreza alcanza el 60% entre los jóvenes desempleados. El desempleo, especialmente el de larga duración (más de un año en paro), se mantiene en el elevadísimo porcentaje del 58% en el segundo trimestre de este año, siendo llamativo un porcentaje superior y en aumento, del 65%, en una Comunidad Autónoma “rica”, como la del País Vasco. El 40,7% de las personas paradas, 1,59 millones, llevan desempleadas más de 24 meses, seis veces más que en 2008.
El elevadísimo desempleo, que según el mismo Banco de España, incluso con crecimientos importantes del PIB seguirá siendo superior en el 60% a la media europea en el 2019, y las “reformas” laborales que han aumentado el poder empresarial para contratar, despedir, modificar unilateralmente las condiciones de trabajo, privilegiado la negociación colectiva de empresa en detrimento de la sectorial, las dobles escalas salariales, etc., han impulsado la caída de los salarios. Según la Encuesta Anual de Estructura Salarial del INE del año 2015, hecha pública en junio de 2017, durante el período 2010-2015 el salario más frecuente pasó de 16 489 a 16 498 euros/año, mientras que en ese período la inflación aumentó el 8,7%, lo que supone un importante retroceso del salario real. Por otra parte, según la misma Encuesta el salario más frecuente ha sido en ese período 6608 euros inferior al salario medio, lo que muestra que la mayoría de las personas que trabajan se sitúan en los estratos de menores retribuciones 1/.
En las últimas décadas está apareciendo con fuerza el fenómeno de los trabajadores pobres (working poor), los que se consideran en el primer criterio de AROPE. La delimitación de pobreza laboral combina dos niveles de análisis: el estatus en relación con el trabajo de las personas individuales, conforme al cual se clasifica a la población entre “trabajadora” y “no trabajadora” y el de la renta de los hogares en el que viven las personas, conforme a la cual se clasifican como “pobres” o “no pobres”. El bajo salario se establece en relación con el salario mediano de la economía 2/. Para las Estadísticas de la Unión Europea sobre renta y condiciones de vida (EU-SILC) la definición de pobreza en el trabajo (“in-work poverty”) incorpora dos elementos: el status en relación con el trabajo de las personas individuales y el de renta de los hogares en la que viven. Según las reglas de la UE, working poors son aquellas personas que están empleadas, por cuenta ajena o por cuenta propia al menos siete meses al año, y cuyos ingresos, ajustados conforme al número de miembros del hogar y su composición, son inferiores al 60% de la mediana estatal. En las últimas décadas, en paralelo al desarrollo de las políticas neoliberales, el fenómeno de los trabajadores pobres (working poor) se ha convertido en un dato estructural en la generalidad de los Estados miembros de la Unión Europea. Se constata que losworking poors hacen frente a más problemas sociales que el conjunto de la población, ya que la pobreza laboral se encuentra asociada con niveles más bajos de bienestar subjetivo, tienen importantes problemas para acceder a un alojamiento adecuado y mantienen relaciones deficientes con otras personas y sentimientos de exclusión social.
El empleo reduce el riesgo de pobreza, pero de ninguna forma lo elimina. El desempleo puede ser reducido –o contenido-, por la multiplicación de empleos precarios: a tiempo parcial, eventuales, de duración determinada, etc. La crisis ha acentuado las tendencias a la segmentación del mercado de trabajo entre “los pequeños currelos” y los empleos cualificados y bien remunerados, lo que constituye una razón suplementaria para considerar que la tasa de desempleo no es un indicador suficiente para apreciar la situación del mercado de trabajo 3/.
La Fundación Europea para la Mejora de las Condiciones de vida y de Trabajo (Eurofound), Agencia de la Unión Europea (UE) , publicó en el 2010 un informe sobre la pobreza laboral en los Estados miembros de la UE, conforme al cual en el año 2007 el Estado español era el tercer país con tasa de pobreza laboral más elevada (el 11%), tras Grecia y Polonia. En el 2017 ha realizado un nuevo informe sobre el tema que recoge el impacto de la crisis de 2008 4/. En el mismo se recogen las últimas estadísticas de Eurostat, conforme a las cuales el 9,6% de la gente trabajadora de la UE se encuentra en riesgo de pobreza, frente al 8% del 2007. En el siguiente gráfico se puede apreciar la evolución del proporción de trabajadores en riesgo de pobreza de los Estados miembros entre 2007 y 2014.
El Estado español ocupa el tercer lugar, tanto en el 2007 como en el 2014, en el ranking de los Estados con mayores índices de pobreza laboral, tras Rumanía y Grecia. Además, el indicador de privación material severa, que a diferencia del anterior se ve mucho menos afectado por las variaciones macroeconómicas, entre otras en los ingresos medios, también ha aumentado en 5,3 puntos entre esos años.

Razones del aumento de la pobreza laboral
Entre los factores explicativos de ese aumento un papel destacado consiste en el desarrollo de los llamados contratos laborales “atípicos” o no estándar, es decir, diferentes del contrato indefinido a jornada completa. Estos contratos se desarrollan especialmente entre los bajos salarios, que son los que han experimentado de forma más intensa el ajuste salarial, además de haber sufrido la mayor reducción de empleo. El aumento de la contratación temporal y a tiempo parcial ha incrementado el número de personas de bajos ingresos, especialmente mujeres y jóvenes y, frecuentemente, esos trabajos no suponen un paso hacia mejores empleos. Algunos analistas de la OCDE, con el argumento de suprimir obstáculos desde el lado de la demanda de los jóvenes, han propuesto reducir sus salarios directos e indirectos, mediante la instauración de un sub-salario mínimo para ellos, la reducción de las cotizaciones sociales aplicables y la puesta en práctica de contratos de aprendizaje con salario inferior al salario mínimo por el “compromiso de formación” que implican (en muchos casos, teórico). Sin embargo, análisis de la misma OCDE constataban que el trabajo a tiempo parcial y el temporal, se caracterizan por desigualdades salariales más pronunciadas (superiores a la mitad en Holanda y en los países nórdicos) y, de hecho, han contribuido al crecimiento de las desigualdades en los países (entre ellos el Estado español) 5/. En el siguiente cuadro se puede apreciar como la proporción del riesgo de pobreza es más elevado en esas modalidades contractuales.
Aunque la actual tasa de temporalidad, de casi el 27%, es inferior a la de 2008, justamente por el despido masivo de los contratos temporales, ha aumentado en el último año. Según la EPA los contratos indefinidos han aumentado en el segundo trimestre de 2017 en 93 600, mientras que los contratos temporales lo han hecho en 255 900. En los años de la crisis ha tenido lugar un uso cada vez mayor de los contratos de corta duración: la duración media de los contratos es de 55 días, el 25% de los contratos son de una duración inferior a una semana y se realizan especialmente con personas de bajo nivel educativo. En algunas comunidades autónomas el peso de la temporalidad es aún más elevada: según un informe de la UGT, en Galicia el 34’7% de los contratos temporales en 2016 fue de menos de siete días, siete puntos por encima de la media del Estado y un cinco por ciento más que en 2012. El aumento del número de contratos temporales de duración muy reducida entre los jóvenes reduce su probabilidad de acceder a contratos indefinidos 6/.
El aumento de los períodos sin trabajo debido a la creciente rotación laboral derivada de los contratos cada vez más cortos y los salarios inferiores de los nuevos empleos han dado lugar a que los salarios de la gente con contrato temporal hayan sufrido una reducción salarial durante la crisis del doble de quienes tenían contrato indefinido. Los trabajadores estables, entendiendo por tales quienes se mantuvieron en el empleo entre 2008 y 2013 experimentaron una reducción de salarios del 1,6% entre 2008 y 2013, mientras que los inestables, es decir, quienes cambiaron de empleo, en la mayoría de los casos alternando el empleo con el desempleo, cayeron un 17% en el mismo período. En términos de poder adquisitivo, los primeros perdieron el 10,4% pero los inestables llegaron hasta el 25,8% 7/.
En el Estado Español el tiempo parcial alcanza al 15,26 % de las personas asalariadas en el segundo trimestre de 2017 y se está concentrando en empresas de mayor tamaño. Este trabajo se distribuye desigualmente entre los dos sexos: el 72 % de los contratos a tiempo parcial corresponde a las mujeres y un porcentaje muy importante de los nuevos contratos son a tiempo parcial. El tiempo parcial va unido, de forma muy mayoritaria, a los bajos salarios. En efecto, según la Encuesta Trimestral de Coste Laboral del segundo trimestre de 2017, la diferencia salarial entre los trabajadores a tiempo completo y parcial es de 5,12 euros por hora (15,52 euros/hora de media para el tiempo completo frente a 10,40 para el tiempo parcial) y está en aumento en los últimos años. La parcialidad afecta especialmente a los jóvenes: los salarios de los contratos de los jóvenes menores de 26 años que entraron en el mercado laboral en 2015 eran un 14,4% inferiores a los que recogían estos mismos contratos en 2008 y esa menor retribución de los contratos de entrada se debe principalmente al mayor peso del tiempo parcial. En el siguiente gráfico se puede observar la gran distancia en el riesgo de pobreza laboral entre quienes trabajan a tiempo completo y lo hacen a tiempo parcial, con notables diferencias entre los Estados donde la diferencia es menor, por el mejor trato, legal y convenido colectivamente, al tiempo parcial, entre otros, Holanda, Austria y Luxemburgo, frente a otros Estados, como el español, con proporciones cuatro o cinco veces superiores en el riesgo de pobreza.

La devaluación salarial ha afectado especialmente a las personas que ya con anterioridad a la crisis cobraban los salarios más bajos; según datos de la EPA, la caída salarial media fue del 3,0% entre 2009 y 2013, pero en el decil de los ingresos más bajos, que comprende a la gente más precaria (a tiempo parcial, con contratos temporales, con escasa antigüedad en la empresa) alcanzó el 16,4% 8/.
Según la última EPA de 2016, la principal razón del trabajo a tiempo parcial es la de no poder acceder a uno a tiempo completo, involuntariedad que ha aumentado desde el 35% de 2008 hasta una media de más del 65% en el 2017. El Estado español, junto a Eslovenia, es el país de la OCDE donde más ha aumentado esa involuntariedad entre 2000 y 2015, junto a Eslovenia. El porcentaje es mayor en casi diez puntos entre los hombres (66%) que entre las mujeres (58%), Esta diferencia se explica por la dedicación muy mayoritaria de las mujeres al trabajo doméstico y de cuidados: mientras que la segunda razón de los hombres para tener un trabajo a tiempo parcial es la compatibilización con los estudios y solo un 3% para realizar actividades de cuidado, los porcentajes respectivos de las mujeres son del 4,2% y casi el 20%.
Los trabajadores autónomos o por cuenta propia sin empleados (“autoempleados” en la terminología del informe de Eurofound) sufren tasas de pobreza superiores a los trabajadores por cuenta ajena en la mayoría de los Estados miembros, entre ellos el Estado español. Esta situación, que permite desmitificar las loas al “emprendedurismo”, se debe a la necesidad de una parte de la gente parada de obtener ingresos, para las que se establecen en sectores a los que pueden acceder sin disponer previamente de capitales propios importantes, como la hostelería o el comercio entre otros, muy saturados, y de los que obtienen ingresos muy bajos, cuando no se ven obligados al cierre por no poder pagar los alquileres. En otros casos, su relación jurídica como trabajadores por cuenta propia esconde que trabajan para empresas de forma exclusiva o muy mayoritaria, pero si eso si asumiendo los costes fiscales y de seguridad social. La movilización de los trabajadores de Telefónica-Movistar en los últimos años en exigencia de acabar con la cesión ilegal, las subcontratas y los falsos autónomos ha sido un ejemplo de las prácticas en esta materia de las grandes empresas y ha probado que la lucha permite hacer retroceder las formas más retrógradas de deterioro laboral.
Desigualdad y trabajadores pobres
La otra cara de la pobreza laboral es el aumento de la riqueza y la desigualdad. Sólo entre 2015 y 2016 el número de los millonarios (cuyo patrimonio supera el millón de dólares) se ha incrementado en siete mil en el Estado español, pasando a 338 mil (Global Wealth Databook 2016) y desde inicio de la crisis en el 60%. Su riqueza se aproxima a los 500 000 millones de euros. Según la Oficina de Estudios de Investigación Económica de Estados Unidos, entre el 30% y el 40% del dinero de los mayores patrimonios españoles está en paraísos fiscales, lo que supone que aproximadamente 140.000 millones de euros (más del 12% del PIB) no tributan.
En los años de recesión, la brecha salarial entre directivos del conjunto de las empresas y el resto de los trabajadores se ha multiplicado por diez y la relación entre el salario de los dirigentes y el del resto de los trabajadores que era, de media, de 3,2 en el 2010, es de 3,5 en el 2017. Obviamente, la diferencia es muchísimo más elevada entre las empresas del IBEX 35, cuyos consejeros cobran 116 veces el salario medio de sus trabajadores.
Pobreza, protección por desempleo y salario mínimo
Las prestaciones de desempleo cubren de forma muy insuficiente las situaciones de desempleo, especialmente desde la reforma de 2012, que ha dado lugar a que el número de beneficiarios se reduzca continuamente. En el primer trimestre de 2017 el total de la cobertura de las prestaciones era el 54,9%, frente a un 79,9% del 2010, es decir, que el 45% de las personas paradas no tiene ningún tipo de protección por desempleo. Las llamadas prestaciones contributivas cubren a una parte reducida de los perceptores (el 37%), ya que su duración máxima de dos años ha dado lugar a la desprotección de quienes no han encontrado empleo (o lo ha sido de duración muy corta) tras haber finalizado el cobro de las mismas. Las muy prestaciones asistenciales, que son percibidas por el 63% de los beneficiarios son de muy escasa cuantía (en casi todos los casos se limita a 430,27 euros mes) y duración. Una de sus variantes más importantes, el subsidio de los mayores de 52 años sufrió un empeoramiento radical en el 2013.
Las rentas mínimas de inserción que conceden las comunidades autónomas suponen la única vía de garantía de rentas de las personas paradas que no tienen acceso a las prestaciones por desempleo (el citado 45%) y de las que tengan ingresos laborales de muy baja cuantía. La generalización de los bajos salarios contribuye a desincentivar el acceso al mercado de trabajo de las personas inactivas y de perceptores de las rentas mínimas, en los casos en que éstas concedan prestaciones de cierta cobertura y cuantía 9/, es decir, fundamentalmente la Comunidad Autónoma Vasca, Navarra y Catalunya, que ha mejorado sustancialmente sus prestaciones desde la aprobación de la Renta Garantizada de Ciudadanía en julio de 2017 10/. Ello da lugar a un cambio en el perfil de los perceptores de la prestación, en el sentido de aumentar el porcentaje de quienes perciben la misma como complemento a los bajos salarios, a pesar de que las comunidades autónomas tienen dificultades para financiar los servicios públicos y las prestaciones sociales por la presión de la Unión Europea, asumida gustosamente por el gobierno español, para la contención de los déficits públicos. La solución de esta problemática exige una elevación sustancial del salario mínimo, en línea con las reivindicaciones de los sindicatos vascos ELA y LAB de fijación del mismo en una cuantía de 1.200 euros mensuales 11/.

Notas: Fuente: https://vientosur.info/spip.php?article13144