lunes, 2 de diciembre de 2019

Advirtamos: «Pero ahora el nivel del agua está tan bajo que ya no es suficiente para los flamencos», explica Matilde López, bióloga e investigadora de la Facultad de Ciencias Forestales y Conservación de la Naturaleza de la Universidad de Chile. Hace décadas que estudia la fauna de Atacama y ahora está viendo como las minas de litio suponen una amenaza para las poblaciones de flamencos. Si hay menos agua, la salinidad de los lagos aumenta y la cantidad de algas, que es la fuente de alimentación de estas aves, disminuye. “Así se rompe toda la cadena trófica”.

El lugar más árido del planeta está amenazado por culpa de la gran demanda de vehículos eléctricos y teléfonos inteligentes
2 de diciembre de 2019
Por Nikolj Houmnn Mortensen

La Marea climática

La extracción de litio para las baterías de nuestros ordenadores, teléfonos y vehículos eléctricos explota gran parte de los escasos recursos hídricos del desierto más árido del planeta y pone en peligro la existencia de comunidades indígenas y fauna autóctona.
Este artículo refleja los resultados de una investigación de Danwatch, publicada por Climática en exclusiva para España
Poco después de entrar en el desierto de Atacama, las razones por las que la investigación espacial utiliza este territorio chileno para realizar simulaciones de Marte se hacen evidentes. Viendo las inmensas llanuras de arena, piedras y sal de tonos marrones, rojizos y blancos rodeadas de enormes cordilleras y cráteres volcánicos, no es difícil imaginarnos que estamos en otro planeta.  
Según Patricio Guzmán, director de cine chileno fascinado por la astronomía, Atacama es “el único punto marrón” del planeta visible desde el espacio: con una media de 15 milímetros de lluvia anuales, este desierto está considerado el lugar más árido de la tierra. El paisaje desértico penetra por la costa del Pacífico hacia el interior del continente y deja pocos rastros que nos recuerden que todavía estamos en el planeta humano: solo quedan algunos vestigios de pueblos mineros fantasma que antiguamente vivían de la extracción de minerales preciados, como el nitrato de potasio. Ahora, sin embargo, se encuentran abandonados entre la arena.
La parte oriental del desierto ofrece más señales de vida . Cerca de los humedales de agua salada anidan especies únicas de flamencos, mientras que algunas cabras pacen por los alrededores de oasis dispersos, en las que viven comunidades indígenas desde hace centenares o miles de años. En este mismo lugar, el ser humano y una nueva demanda global están dejando unas marcas inéditas sobre el paisaje.
Se calcula que bajo el desierto de Atacama y las cuencas salinas adyacentes Chile acumula más de la mitad de las reservas mundiales de litio , un metal ligero esencial para fabricar las baterías de nuestros teléfonos y ordenadores, así como vehículos eléctricos, elementos clave de la transición hacia las energías verdes. A raíz del crecimiento del sector del automóvil eléctrico, se prevé que en 2025 la demanda global de litio habrá aumentado más de tres veces , de forma que un tipo de fiebre del oro blanco se cierne sobre Chile y los países del alrededor.
Pero para extraer el litio de Atacama se tiene que hacer una explotación masiva de los recursos hídricos. Un agua que ha servido para garantizar la supervivencia de pueblos y animales autóctonos durante miles de años en un entorno muy duro. Según la comunidad científica, eso ya está provocando daños irreparables en el frágil ecosistema del territorio más árido del mundo.
Ya no se puede cultivar la tierra como antes
Los miembros de la comunidad hacen turnos para acceder al agua del río San Pedro. Después de esperarse dos semanas, finalmente Hugo Díaz puede regar sus campos. Este campesino de 58 años vive en Coyo, una de las decenas de comunidades indígenas likanantaí establecidas en los pequeños oasis de Atacama desde hace siglos. Igual que sus antepasados, dirige la corriente por los pequeños canales de un sencillo sistema de riego que se encarga de distribuir el agua entre los campesinos locales. Los padres y los abuelos de Hugo Díaz disponían de suficiente alfalfa y pastos para mantener centenares de reses durante todo el invierno; hoy es impensable.
“Actualmente, hay muy pocos campesinos que puedan ganarse la vida. No tenemos ni el 20   % del agua que nos haría falta ”, afirma Díaz, señalando las marcas de la pared del canal que dan fe de los niveles superiores otras épocas.
A pesar de que muchos de los pobladores autóctonos de Atacama reconocen que la crisis climática está agravando la escasez de agua en el desierto, aseguran que el problema empezó a raíz de la extracción de litio y cobre en este territorio. “Antes de la llegada de las empresas mineras, aquí había mucha agua”, afirma Hugo Díaz.
La Arabia saudí del litio
Chile dispone de unas reservas únicas de litio, un metal que cada vez es más importante para el sector energético. Por eso a veces se dice que este país es la Arabia saudí del litio . Durante los últimos 20 años, al menos un 40 % del suministro mundial era de origen chileno y, tal como ha revelado Danwatch, este material se está empleando para fabricar algunos de los aparatos informáticos y coches eléctricos más populares.
El litio chileno se puede extraer a bajo coste: los mineros bombean la salmuera rica en litio que hay en los grandes yacimientos bajo la cuenca salina de Atacama y lo almacenan en unas balsas gigantescas en la superficie desértica. Aquí, el agua de la salmuera se evapora como consecuencia de la radiación solar más intensa del mundo y lo que queda son acumulaciones de litio con otras sales y minerales.
Durante este proceso, no obstante, hasta un 95 % de la salmuera extraída se evapora en el aire, lo que agrava la escasez de agua de Atacama , explica Ingrid Garces, profesora de ingeniería de la Universidad chilena de Antofagasta y estudiosa de las llanuras salinas. “En Chile se considera que la extracción de litio es un tipo de minería convencional, como la explotación de roca dura. Pero no se trata de un sistema normal, sino que es minería hidráulica”, asegura Garces.
Las dos empresas que se dedican a la explotación de litio en Atacama –Sociedad Química y Minera de Chile (SQM) (Chile) y Albemarle (EE. UU.)–, tienen permisos para extraer casi 2.000 litros de salmuera por segundo. Además de la salmuera, la minería de litio también absorbe cantidades considerables de agua dulce, junto con las explotaciones de cobre próximas. “La consecuencia de eso es un impacto sobre la biodiversidad en general. Y los efectos son visibles, puesto que los humedales se están secando”, explica Ingrid Garces.
No se ha hecho caso de la evidencia anecdótica
Después de conducir media hora por encima de una especie de corteza salada que parece infinita, emergen repentinamente los humedales de Tebinquiche, rodeados de herbazales y juncales. Jorge Álvarez Sandón, de 46 años y perteneciente a la comunidad coyo, señala unas grandes manchas blanquecinas que flanquean los márgenes azul marino de la laguna. “Antes, el agua cubría todas aquellas manchas blancas, pero ahora los humedales cada vez son más pequeños. Eran inmensos”.
Hace años que las comunidades indígenas de Atacama denuncian la sequía. Según el Consejo del Pueblo de Atacama –entidad que representa a 18 comunidades– durante la última década los ríos, los humedales y los prados se han reducido. A pesar de eso, la administración chilena ha confiado mayoritariamente en los estudios de impacto ambiental encargados por las empresas mineras. En general, estos informes no han detectado efectos destacables sobre los niveles de agua o la naturaleza de los alrededores. “Para la población local, el cambio es muy evidente: se está dando cuenta de que hay menos agua para el ganado y de que los ríos se están secando. Aun así, las empresas y el Estado no se han tomado seriamente esta evidencia anecdótica”, afirma la bióloga y profesora asociada de la universidad de Antofagasta Cristina Dorador, que estudia la vida microbiana de Atacama.

Una «causa importante de degradación ambiental»
En general, los escasos datos gubernamentales y la carencia de investigación independiente y exhaustiva han dificultado que colectivos ecologistas, científicos concienciados y comunidades locales puedan rebatir los informes de las empresas mineras. Recientemente, sin embargo, se han publicado estudios independientes favorables a sus tesis.
Este año, el equipo de investigación de la Facultad de Sostenibilidad de la Universidad de Arizona (EE. UU.)ha publicado el estudio independiente más exhaustivo que se ha hecho nunca sobre el impacto que generan los yacimientos de litio en Atacama . Según el estudio, basado en registros clave de parámetros medioambientales sobre vegetación, humedad del suelo y temperatura a la superficie, y con imágenes detalladas sobre el periodo 1997-2017 captadas vía satélite, durante los últimos 20 años el medio ambiente de Atacama se ha deteriorado mucho, con un aumento de la sequía y una disminución de la vegetación.
A pesar de que el equipo de investigación afirma que el aumento del turismo y la población también potencian la crisis ambiental, asegura que “las actividades vinculadas a la explotación del litio son una de las causas más importantes de degradación ambiental local” y ha detectado una clara correlación inversa entre la presencia de minas de litio y el grado de humedad de la vegetación y del suelo de Atacama.
El pasado mes de agosto, la empresa SpaceKnow y la publicación científica Engineering & Technology llegaron a conclusiones similares después de haber analizado imágenes captadas desde el espacio. A partir de las fotografías hechas entre 2015 y 2019, detectaron que había una estrecha relación entre los niveles de agua de los depósitos de litio de SQM y los de los humedales circundantes: “A medida que el nivel de agua de las balsas de SQM va aumentando, el de los humedales va disminuyendo”.

Las empresas critican los estudios
Tanto SQM como Albemarle han asegurado a Danwatch que los resultados de los dos estudios contradicen la monitorización continua que ambas empresas hacen en estas zonas. Albemarle critica al equipo de investigación porque solo ha empleado datos indirectos a la hora de plantearse la correlación entre la extracción de salmuera y la degradación ambiental, y no ha tenido en cuenta los datos de campo facilitados por la compañía.
“Disponemos de una amplia red de monitorización que mide los niveles de agua, la química, la evaporación, la cobertura vegetal, los flujos de los canales naturales y, por supuesto, las imágenes de los satélites; y si estos datos se analizan con una visión integral, es evidente que la extracción de salmuera que realizamos no genera ningún impacto negativo sobre los sistemas de los humedales”, según explica la directora de Albemarle en Chile,Ellen Lenny-Pessagno, en un correo electrónico enviado a Danwatch.
En cuanto a esta crítica, Datu Buyung Agusdinata, profesor adjunto de la Facultad de Sostenibilidad de la Universidad de Arizona y uno de los autores del estudio sobre degradación ambiental, argumenta que a pesar de que los datos complementarios podrán servir para mejorar la investigación sobre este tema en el futuro, el informe se basa en un enfoque ampliamente aceptado.
“Respecto a la metodología que aplicamos en este informe, la teledetección es una técnica muy desarrolladay que se aplica ampliamente en estudios de impacto ambiental para detectar cambios en varios paisajes”, explica Datu Buyung Agusdinata a Danwatch.

Desde el medio de una taza
Uno de los puntos más controvertidos es cómo interaccionan los depósitos de agua dulce y de salmuera que hay bajo la cuenca salina y la influencia que esto puede tener sobre la escasez hídrica de la zona. Si bien la elevada salinidad de la salmuera hace que sea inadecuada para el consumo humano, el estudio de la Universidad de Arizona indica que todavía se encuentra en “relación hidrodinámica con el entorno”, lo que quiere decir que la extracción intensiva puede provocar el agotamiento de gran parte de los escasos recursos hídricos de Atacama y “una disminución del acuífero y efectos negativos tanto para su equilibrio hídrico como para sus ecosistemas”.
Según SQM y Albemarle, la explotación de salmuera no afecta a la recarga de agua dulce del territorio. Entre otros factores, citan que las bolsas de salmuera y agua están separadas por una corteza dura de sal y, como tienen densidades diferentes, no se mezclan. Sin embargo, Ingrid Garces argumenta que la costra de sal no puede evitar que los materiales se acaben mezclando. La ingeniera compara la extracción de salmuera con sorber agua desde el margen de una taza. “Aunque alguien extraiga agua del centro de la cuenca salina, esto también afecta al agua de los alrededores”, afirma Garces.

La población aún no tiene agua corriente
El año pasado, el Comité de minería no metálica del gobierno chileno publicó un informe que afirmaba que, entre los años 2000 y 2015, el volumen de agua extraído de Atacama fue un 21 % más que el caudal que había entrado.El comité relacionó el aumento de las extracciones de salmuera con la disminución del nivel de las aguas freáticas. También informó de que, en la parte sur de la cuenca salina de Atacama, los niveles de algunos pozos habían caído aproximadamente un metro durante los últimos diez años. Los registros de los pozos próximos a los yacimientos habían disminuido todavía más.
Mientras que en Peine, la comunidad más próxima a las balsas de extracción, algunos días de verano hay cortes de agua, Albemarle y SQM están autorizadas a extraer casi 2.000 litros de salmuera por segundo.
“La sobreexplotación preocupa mucho a las comunidades porque, a pesar de que todavía hay muchos habitantes que no tienen garantizado el acceso al agua potable, estas empresas bombean mucha salmuera”, afirma Sergio Cubillos, vecino de Peine y expresidente del Consejo de Atacama, que representa a 18 comunidades del territorio.
“Creo que puede haber minería, pero con moderación”, afirma Hugo Díaz, campesino de la comunidad de Coyo. “No como por ejemplo está haciendo SQM, que se dedica a extraer agua sin ningún control por parte del gobierno”, añade.
Los árboles que han hecho saltar las alarmas
Volviendo al desierto, Thomas Vilca avanza por la tierra baldía y se para ante las raíces de un inmenso algarrobo autóctono. Bajo la corteza, mete el pie dentro de la cavidad que se ha formado por la falta de humedad en el suelo arenoso. Este maestro de 55 años de la comunidad indígena tulor señala el tronco del árbol, que no tiene hojas.
“¿Ves aquellas manchas negras que supuran una especie de líquido? Quieren decir que el árbol se está muriendo. Es como si intentara regarse a sí mismo”, explica.
Según las comunidades de Atacama, el algarrobo es una de las especies que cada vez va sucumbiendo más al clima árido. Además de tener un valor cultural y espiritual único para los likanantaí, la mala salud de los árboles también puede enviar una señal de alerta precoz que indica una grave falta de agua. El algarrobo es una especie resistente a la sequía, con unas raíces profundas que le permiten nutrirse de las capas freáticas.
Los algarrobos también protagonizaron un informe elaborado por el gobierno en 2013. Los equipos de inspección comprobaron que SQM no informó a las autoridades de que un tercio de los árboles de sus terrenos se estaban muriendo. La empresa se había comprometido a controlarlo. Según los expedientes mencionados por Reuters, al cabo de dos años la mortalidad había seguido creciendo. No obstante, SQM continuaba sin hacer mucho caso a las señales de alarma.

Una muestra de lo que nos espera
Curiosamente, hace miles de años la cuenca salina de Atacama había sido un lago importante, antes de que los cambios climáticos hicieran que se secara. Ahora, la comunidad científica estudia Atacama para entender lo que puede pasar en otros ecosistemas del planeta a medida que avanza la crisis climática. Aun así, mientras se intenta paliar el calentamiento global con coches eléctricos, las empresas extraen la poca agua que le queda al desierto más árido. “Con estas lluvias tan exiguas, calculábamos que Atacama tardaría unos 100.000 años en secarse del todo. Ahora, sin embargo, las actividades humanas están acelerando este proceso a una velocidad que nunca nos habíamos imaginado”, afirma la microbióloga Cristina Dorador.

Flamencos y microdesastres
Jorge Álvarez Sandón recuerda cuando la laguna estaba llena de flamencos. El desierto fue, hace tiempo, el hogar de la mayor población de flamencos andinos de la región de los Altos Andes. La especie venía a anidar aquí. Había suficientes huevos como para que los Likanantaí recogieran parte y los usaran para negociar con otras comunidades indígenas.
«Pero ahora el nivel del agua está tan bajo que ya no es suficiente para los flamencos», explica Matilde López, bióloga e investigadora de la Facultad de Ciencias Forestales y Conservación de la Naturaleza de la Universidad de Chile.
 Hace décadas que estudia la fauna de Atacama y ahora está viendo como las minas de litio suponen una amenaza para las poblaciones de flamencos. Si hay menos agua, la salinidad de los lagos aumenta y la cantidad de algas, que es la fuente de alimentación de estas aves, disminuye. “Así se rompe toda la cadena trófica”, explica López.
Del mismo modo, la microbióloga Cristina Dorador teme que Atacama pueda experimentar lo que ella denomina “microdesastre”. Este consistiría en cambios de la vida microbiana única de este desierto que pueden tener grandes consecuencias sobre la flora y la fauna autóctona. “Si el nivel o la salinidad del agua cambia, puede afectar a las comunidades microbianas y, al mismo tiempo, a toda la estructura del ecosistema”, afirma Dorador.

Falta de control
En 2017, el jefe de la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO), la agencia estatal de desarrollo, envió una carta a la autoridad ambiental del país , alertando que SQM suponía “un riesgo importante para la estabilidad” del ecosistema de Atacama y sus reservas salinas.
Reuters reveló la existencia de unos expedientes de la autoridad medioambiental chilena que muestran que Albemarle y SQM están preocupadas por la sobreexplotación de las reservas de salmuera por parte de la competencia. Al mismo tiempo, también emitieron comunicados donde afirmaban que confiaban en las reservas existentes y que el suministro del futuro quedaba garantizado.
El Comité de Minería no Metálica, organismo puesto en marcha por el gobierno de Michelle Bachelet, detectó que el volumen de agua extraído de Atacama era muy superior al que entraba. El comité estaba impulsando una estrategia para que el Estado pudiera controlar de manera independiente los cambios ambientales provocados por la minería en Atacama. No obstante, el año pasado el nuevo gobierno de centro-derecha lo disolvió.
“Los pocos estudios que puedo mencionar son fruto de la tarea hecha por el equipo de investigación del Comité de minería no metálica”, afirma Marcela Hernando, diputada del centrista Partido Radical y antigua gobernadora y alcaldesa de Antofagasta, en Atacama.

La agencia estatal no conoce el informe medioambiental
Igual que el personal científico y las organizaciones ecologistas implicadas, Hernando señala que el organismo estatal que gestiona las aguas – la Dirección General de Aguas (DGA) – tendría que jugar un papel clave en las inspecciones, pero tiene muy poca financiación. “La DGA dispone de poco personal y es muy difícil que haga controles en un desierto inabarcable de miles de kilómetros”, afirma Hernando.
Danwatch se reunió con la DGA en el Ministerio de Fomento, en el centro de Santiago. Según la directora del Departamento de Conservación y Protección de los Recursos Hídricos, Mónica Musalem, los niveles de extracción actuales no suponen un riesgo importante para el medio ambiente, la flora y fauna de Atacama. A pesar de reconocer que algunas inspecciones habían demostrado que en 2016 y en 2017 SQM había superado los límites, y que esto había afectado a los terrenos de alrededor, Musalem destacó que, desde entonces, el organismo medioambiental ha sancionado a la empresa y le ha presentado un plan de medidas que todavía se tiene que evaluar.
“Pero como hablamos de agua con salmuera, que tiene una elevada concentración de sal y no es adecuada para humanos ni para nadie, hemos permitido este desequilibrio hídrico. Estamos intentando evaluar hasta qué punto podemos alterar este equilibrio del sistema hídrico sin que esto afecte al medio ambiente”, explica Musalem. La directora asegura que “según los análisis del proceso de evaluación ambiental este desequilibrio no tendrá efectos negativos para el medio ambiente”.
En cuanto al estudio sobre la degradación ambiental de la Universidad de Arizona, presentado hace ocho meses y mencionado por la mayoría de personal científico entrevistado, Musalem respondió a Danwatch que no lo conocía. Sin embargo, enseguida refutó el análisis de las imágenes aéreas de SpaceKnow y Engineering & Technology, argumentando que el nivel de agua de los humedales iba variando a lo largo de los años y que, por lo tanto, la estructura de los lagos no guarda una relación directa con el agua extraída durante el proceso de explotación de litio.

Sobreexplotación por culpa de una nueva manera de interpretar la normativa
La responsable chilena de Albemarle, Ellen Lenny-Pessagno, destaca que la empresa, mediante una tecnología innovadora y un plan de alerta precoz, es capaz de detectar los impactos sobre el medio ambiente y reducir el bombeo de salmuera si los niveles analizados bajan de un umbral determinado. Por otro lado, subraya que Albemarle solo usa una pequeña parte de los derechos adquiridos sobre el agua dulce en comparación con SQM y otras empresas próximas, como las que se dedican a la explotación del cobre, y que solo tiene permiso para bombear hasta 442 litros por segundo de salmuera, mientras que para SQM el máximo es de 1.500 litros.
“La llanura salina de Atacama requiere una acción conjunta por parte de todas las empresas implicadas. En esta cuenca no solo está SQM, también hay minas de cobre que extraen agua y proyectos para ampliar las explotaciones que todavía se tienen que evaluar, lo que podría afectar a la recarga de la cuenca salina”, explica Ellen Lenny-Pessagno en un correo electrónico enviado a Danwatch.
En cuanto a SQM, el vicepresidente del área de medio ambiente, Alejandro Bucher, admite que la empresa sobrepasó el límite de salmuera en 2016, a pesar de que afirma que fue culpa de la autoridad medioambiental, puesto que había cambiado la interpretación de la normativa de extracción. Desde entonces, SQM ha presentado varias propuestas para reducir las extracciones y, finalmente, la administración le ha aprobado un plan que se tiene que ejecutar este año.
“Esta autorización se obtuvo como consecuencia de un exhaustivo proceso de evaluación ambiental aprobado por el organismo con el objetivo de garantizar la extracción de salmuera por parte del proyecto y que esta se lleve a cabo sin generar impactos sobre zonas sensibles de interés ambiental y las comunidades próximas”, explica Alejandro Bucher.
La agencia estatal de desarrollo CORFO, propietaria de las concesiones mineras de la cuenca salina de Atacama –otorgadas en régimen de arrendamiento a las empresas explotadoras de litio– no ha querido hacer declaraciones a pesar de las numerosas peticiones de Danwatch.
Información sobre la investigación:  
Danwatch se desplazó en Chile para analizar la pujante industria de extracción de litio del país. Durante el proceso de investigación se entrevistó con personal científico, empresas y 12 miembros de las comunidades afectadas.  
A pesar de que se han analizado estudios de impacto de empresas y algunos informes independientes que se han publicado sobre el tema, este informe se basa sobre todo en una investigación de la Facultad de Sostenibilidad de la Universidad de Arizona (EE. UU.) del año 2019. Este informe tiene el apoyo del proyecto Make ICT Fair, financiado por la UE, y se ha publicado conjuntamente con SETEM Catalunya.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=263035

Generalicemos la toma de conciencia sobre: "Este movimiento se impone con violencia implícita y explícita que suprimen búsquedas genuinas de alternativas energéticas y autodeterminación de la población. Estos primeros desarrollos en la Argentina reflejan el patrón destructivo y contaminante de la industria al emplear numerosos químicos, muchos de ellos tóxicos, generar grandes cantidades de peligrosa y altamente contaminada agua de retorno (residual) y ocupar importantes extensiones de tierra. Esto tiene un impacto perjudicial sobre poblaciones locales ya que dichas operaciones pueden dañar el ambiente circundante y la salud de las personas, incrementar la competencia por el acceso al agua y la tierra, destruir economías regionales, dañar infraestructura y afectar la cultura local."

Fracturando los límites.... En la civilización petrolera 

del siglo XXI

24 de junio de 2015

 

El boom de los hidrocarburos no convencionales (HNC) acarreó una modificación geopolítica inusitada del petróleo y el gas. A partir de la experiencia norteamericana, iniciada en la década pasada, diversos países han impulsado medidas en pos de valorizar esta enorme masa de recursos en épocas donde la producción de crudo convencional se ha estancado. La forma en que este boom impacta en Argentina es más que relevante ya que, según la Agencia de Información Energética (EIA) de EE.UU., este país es potencia global en recursos de shale: segundo en gas y cuarto en petróleo. Asimismo, la formación Vaca Muerta está sindicada por la misma agencia como el play de mejor potencial por fuera de Norte América.


Esto ha provocado que en los últimos años majors del sector pongan foco en el norte de la Patagonia. Chevron, Shell, ExxonMobil, Total, Wintershall, Petrobras y otras, han avanzado en diferentes proyectos mientras nuevos anuncios surgen día a día. Los múltiples actores, fuertemente concentrados, han presionado por cambios en el marco jurídico que impactan necesariamente en el bienestar público y de la población local, los trabajadores y el ambiente.
Por otro lado, las crecientes importaciones de combustibles en Argentina por la caída estrepitosa de la producción hidrocarburífera convencional, condujo a la nacionalización parcial de YPF, la mayor petrolera del país. La injerencia del Estado potenció el vuelco sobre los HNC en alianza tecnológica y financiera con transnacionales a fin de perpetuar una matriz energética basada, casi en su totalidad, en combustibles fósiles.
Este avance fue posibilitado por vacíos normativos y falta de capacidad regulatoria del Estado frente a la introducción a escala masiva del paquete tecnológico conocido como fracking, otorgando mayores facilidades a petroleras como Total, Chevron y Shell – empresas sobre la que éste informe se enfocará. En este sentido, el avance de los HNC tuvo un correlato en reformas que restringen la consulta pública y la participación popular. Asimismo, su impulso fue acompañado por violaciones a los derechos colectivos ambientales e indígenas, incluso avanzando en áreas naturales protegidas.
Este movimiento se impone con violencia implícita y explícita que suprimen búsquedas genuinas de alternativas energéticas y autodeterminación de la población. Estos primeros desarrollos en la Argentina reflejan el patrón destructivo y contaminante de la industria al emplear numerosos químicos, muchos de ellos tóxicos, generar grandes cantidades de peligrosa y altamente contaminada agua de retorno (residual) y ocupar importantes extensiones de tierra. Esto tiene un impacto perjudicial sobre poblaciones locales ya que dichas operaciones pueden dañar el ambiente circundante y la salud de las personas, incrementar la competencia por el acceso al agua y la tierra, destruir economías regionales, dañar infraestructura y afectar la cultura local.
Los puntos clave que hemos encontrado a partir de la investigación son los siguientes:
§              El sector hidrocarburífero ha capturado el debate político: a fin de garantizar sus inversiones, las compañías multinacionales han presionado y extorsionado autoridades nacionales y regionales para obtener beneficios que van en contra del bienestar general (incremento de precios y subsidios, reducción de impuestos y renta percibida por el Estado, extensión de los períodos de concesión).
§              Hay perforaciones en áreas naturales protegidas: Total y Shell están usando vacíos legales para perforar en áreas naturales protegidas, donde esta actividad no estaría permitida.
§              Los organismos públicos a cargo de monitorear los HNC cuentan con baja cantidad de empleados y su trabajo se encuentra precarizado. Cuando sus opiniones son contrarias a los proyectos o señalan la baja calidad ambiental de las compañías son amenazados con medidas administrativas. En este sentido, algunas concesiones han sido entregadas a Total en contra de las recomendaciones de los trabajadores de la Dirección de Áreas Naturales Protegidas.
§              Los contratos entre Chevron e YPF (parcialmente pública) son secretos: autoridades regionales y nacionales no tienen un conocimiento acabado y completo del contrato firmado, hecho a medida de Chevron. Este conducirá a la perforación de 1562 pozos y se realizó sin consultar a las comunidades indígenas.
§              La actividad está rodeada bajo procesos secretos: A los informes ambientales realizados por las compañías no pueden ni siquiera acceder los organismos competentes. Las comunidades locales no fueron consultadas previamente a las operaciones ni los crianceros locales han sido compensados por la degradación ambiental directa de sus territorios. Shell y Total, entre otras, han comunicado pobremente las técnicas usadas en la perforación como también los químicos utilizados y la gestión de residuos aplicada.
§              Regulación e información ambiental laxa: Los informes ambientales realizados por las compañías (Total en particular) están llenos de inconsistencias; llegando a mencionar fauna y flora que ni siquiera existe en las concesiones. Los daños ambientales observados y señalados por los organismos públicos nunca fueron remediados por las empresas.
Fuente: http://elclasista.blogspot.com/2015/06/fracturando-los-limites-en-la.html



domingo, 1 de diciembre de 2019

"Sabemos que el ciclo político que se inicia requiere que la izquierda “no tradicionalista” se construya, con este tipo de esfuerzos y convergencias colectivas, en el seno del pueblo trabajador, con sus multivariados componentes y frentes de lucha".

Resistencia o integración
25 de noviembre de 2019
Exposicion de Aldos Casas, en la presentación del libro Resistencia e Integración.
Buenas tardes. Gracias a todas y todos los que acá están para intercambiar ideas y experiencias y a los organizadores de la actividad por darme la palabra. Sobre todo porque, a diferencia de les otres a quienes acompaño en este panel, yo no escribí ninguno de los artículos publicados en el libro que nos convoca. Sólo puedo alegar que contribuí a su publicación en cuanto miembro del colectivo y editorial Herramienta. En su momento “no me animé” a colaborar en la escritura del libro, porque no tenía muy claro ni qué decir, ni desde que lugar hacerlo. Sin embargo, después de leer el libro ya editado, me animo y tengo ganas de compartir algunas opiniones. Serán cuatro párrafos: algo sobre el contexto mundial, una reflexión sobre el momento regional, y dos comentarios específicamente referidos al libro.
1) El capitalismo, a nivel mundial, está inmerso en una crisis sistémica que tiende a agravarse. Las incesantes innovaciones productivas y tecnológicas que se vienen introduciendo (explotación de nuevos “recursos naturales”, robótica, automatización, informatización) no logran impulsar un nuevo ciclo de expansión. Lo que sí aumenta es la precarización del trabajo, el desempleo estructural, la financiarización. Y una potencial guerra comercial hace más creíbles las predicciones de los economistas de que estaríamos en los umbrales de una grave recesión a escala internacional.
El desarrollo y las disputas geopoliticas a nivel técnico-económico y de la informática posibilita su utilización con fines de control social y proporcionando al capital y a los Estados una capacidad sin precedente de control y manipulación. Políticamente, asistimos a lo que el sociólogo Ricardo Antunes (tomando una fórmula utilizada por Florestán Fernandes para Brasil) ha denominado “contrarrevolución preventiva y generalizada”, que la disputa entre la declinante hegemonia de los Estados Unidos y las pretensiones de Rusia y China torna más compleja. Una fractura que eventualmente podrá ser aprovechada para resistir las pretensiones de los yanquis sobre lo que consideran su “patio trasero”, lo que no justifica creer que Putin o el super-capitalista Estado chino puedan ser considerados aliados de nuestros pueblos. En fin, la amenaza de barbarie se agiganta a consecuencia del cambio climático y del agotamiento de los recursos naturales vitales. En este marco la lucha contra el capitalismo adquiera la importancia de una lucha por la supervivencia misma de la civilización y la especie humana, emancipada del molde productivo colonizador y destructivo (de pueblos y naturaleza) que el capitalismo impuso urbi et orbi.
2) América Latina ha ingresado en un momento de abruptos cambios, al calor de grandes confrontaciones entre desposeídos y las pretensiones del gran capital. Esa disputa se expresa en revueltas populares y reacciones de los opresores. En un polo afloran esperanzas colectivas y en el otro las elites recurren a los más bárbaros recursos contrarrevolucionarios. Las batallas se dirimen en las calles y en las urnas. Los poderosos recurren a la represión policial y militar, manipulan la información, y alientan el resentimiento de la clase media empobrecida ofreciendo agitando los fantasmas del vandalismo y el extremismo para lanzarlas con métodos neofascistas contra diversos “chivos expiatorios” y la izquierda. En toda la región y en un proceso vertiginoso, victorias significativas coexisten con derrotas y preocupantes retrocesos. En lo que va del siglo XXI, Nuestra América es la región del mundo que no ha dejado de luchar, oponiendo resistencias y momentáneas barreras al avance del neo liberalismo, desarrollando multivariadas fuerzas contestarias que, sin embargo, no han logrado confluir para erigirse en plural sujeto antagónico al capital, un sujeto con fuerza social, organización colectiva y proyecto alternativo estratégicamente orientados para ir mas allá del capital. La plena solidaridad con la admirable resistencia de la Venezuela bolivariana, no debe ocultar que el “golpe de timón” que reclamara Chavez no se dió, y hoy todo el esfuerzo del gobierno parece agotarse en sobrevivir a como de lugar. En Bolivia, el golpe de estado que no ha terminado de consolidarse implica una regresión brutal, que debemos denunciar y combatir, dejando de lado la ilusoria meta del “capitalismo andino-amazónico” que frustró las iniciales expectativas del proceso de cambio, la Constituyente, el Estado Plurinacional y los proclamados (pero no aplicados) principios del Buen Vivir. En nuestro país, Macri fue derrotado electoralmente, pero la fuerza política que triunfó es la misma que so pretexto de salvar la “gobernabilidad” le permitió llevar hasta el fin el programa de ajuste, endeudamiento y entrega. Y que llega al gobierno pidiendo paciencia y tiempo para disminuir la pobreza y reactivar el mercado interno, apostando a que un Pacto Social permitiría pagar la deuda externa (al FMI y los acreedores)terminando al mismo tiempo con el hambre y mejorando salarios. Negocian la despenalización o legalización del aborto con la Iglesia, los evangelistas y gobernadores “antiderechos” con incierto resultado. Máximo Kirchner aplaude el compendio de buenas intenciones que se presenta como un programa de buen gobierno elaborado por los movimientos sociales integrados en el Frente de Todos, pero se elige un gabinete comprometido con la profundización del perfil agro-exportador y extractivista que requieren el mercado mundial y las Transnacionales. Derrotar al golpismo, al imperialismo y al neoliberalismo es el gran objetivo de las luchas actuales, pero para lograrlo sera imprescindible que con la movilización se intensifique la acción política, demostrando en ese terreno que hemos aprendido de las debilidades y errores que tan bien sabe aprovechar la derecha. Entiendo que para ésto pueden servir el libro que nos reúne, y las futuras elaboraciones que le den continuidad.
3) Resistencia o Integración. Como bien se dice desde el título, para evitar la integración y tras ella las derrotas más sangrientras, será necesario que la nueva resistencia alumbre un proyecto societario alternativo, que deberemos construir sobre la marcha. Debemos romper con la parálisis que pregona el “posibilismo”, reconociendo y asumiendo la necesidad y actualidad de la revolución, pero esto sólo será posible atreviéndonos a revolucionar la concepción misma de la revolución y de sus contenidos, que no son ni podrían ser los mismos que nutrieron a las revoluciones del siglo XX, marcadas por las ilusiones en la Modernidad, el Progreso, el Desarrollo productivista y una ilimitada “explotación de la naturaleza”. Vale aclarar asumir una perspectiva revolucionaria y descartar el reformismo y el posibilismo por ser orientaciones políticas basadas en la falacia de que la estabilidad y progresividad del capitalismo harían innecesario o imposible ir más allá del capital, no significa en modo alguno renunciar a la lucha por reformas o despreciar conquistas parciales, por mínimas que sean. Distinguiendo, es claro, entre efectivas reformas (cada vez más improbables e inestables) y los cambios cosméticos que se proponen para que nada cambie. Y atendiendo a la posibilidad de ocasiones en que pueda lucharse por lo que Harvey denomina “reformas revolucionarias” que en vez de consolidar desestabilizan al sistema. Enfrentamos problemas teóricos y prácticos de inmensa complejidad que debemos asumir y discutir sin complejos ni disimulos, para destacar y profundizar acuerdos, para reconocer tensiones, matices y énfasis diversos que enriquecen y ayudan a considerar con equilibrio el alcance de las discrepancias y reconociendo que frente a muchas cuestiones no tenemos respuestas. El libro que nos reúne hace un significativo aporte a esta necesaria e impostergable reflexión y elaboración colectiva, aporta voces y experiencias: desde la inmensa movilización los feminismos y su aporte a la interseccionalidad, desde la luchas por la defensa y transformación de la educación pública, desde el sindicalismo clasista, desde las luchas ambientales y territoriales, recuperando el revolucionario e imprescindible combate por la democracia socialista, por mencionar sólo algunos de los temas abordados. Me permito reivindicar específicamente la profunda crítica y autocrítica de nuestra propia experiencia (la de la “izquierda independiente”, “popular” o como se prefiera denominarla) que escribe Miguel Mazzeo. También la lúcida y valiente postura de Sergio Nicanoff y Fernando Stratta señalando que “evitar la cooptación y la subordinación política sera esencial de cara al futuro. Es factible un escenario donde la inestabilidad económica y política sea un rasgo de la coyuntura sino un elemento de largo plazo”. Y advierten sin medias tintas sobre los actuales limites y contradicciones de movimientos sociales con una subjetividad en gran medida integrada y referentes comprometidos a defender la gobernabilidad del sistema. Para enfrentar un nuevo ciclo de previsible ajustes a fin de pagar la deuda externa con el FMI y los acreedores, y de profundización del modelo dependiente, extractivo-exportador, se proponen elementos de una estrategia alternativa. Claro que estos artículos, como el libro todo, no pretenden cerrar sino proponer nuevas y fructíferas discusiones…
4) La lectura del libro y la constatación de significativas coincidencias, me llevan a una reflexión final. Por banal y sabido que pueda parecer, me atrevo a recordar que con estudiar y discutir no alcanza. Para construir respuestas a los dilemas que nos plantea la realidad son imprescindibles los aportes de la historia, la teoría social, el ecologismo y el feminismo… pero para actuar e incidir en el presente es necesario, como dijera hace décadas el filósofo Walter Benjamin y repitió años después el investigador-militante Daniel Bensaïd, reconocer la primacía de la política. Nada puede reemplazar el desarrollo de prácticas, construcciones y luchas políticas, echando raíces por abajo y entre los de abajo, desarrollando un empeño político de largo aliento. Pienso que en las actuales circunstancias ese esfuerzo debería ser canalizado, contenido y potenciado por la confluencia de diversas organizaciones dispuestas a dotarse de un marco orgánico común, federativo o movimientista pero con organismos (de coordinación, conducción y militancia de base) comunes. La lectura del libro y esta misma reunión me dejan este interrogante: ¿podrán/querrán las organizaciones aquí reunidas asumir el desafío de intentarlo, sin esperar acuerdos plenos (que no pueden surgir del aire), a sabiendas de que nadie puede garantizar que el intento sea exitoso. Sin ultimatismos, sin buscar atajos ni acuerdos meramente formales o circunstanciales. Sin apresuramientos, pero sabiendo que el ciclo político que se inicia requiere que la izquierda “no tradicionalista” se construya, con este tipo de esfuerzos y convergencias colectivas, en el seno del pueblo trabajador, con sus multivariados componentes y frentes de lucha.
Aldo Casas, 20 de noviembre de 2019.

Fuente: http://www.dariovive.org/resistencia-o-integracion/

Preguntémonos si el sistema mundo capitalista se reduce a: "Manejan sectores cada vez más crecientes del mundo, invirtiendo muchas veces en el aparato productivo de bienes fácticos - industria, servicios, comercio - controlando integralmente los circuitos capitalistas (materias primas, elaboración, distribución, mercadeo), siendo quien aporta las grandes sumas de dinero necesarias para generar la producción en su conjunto".

Capital financiero mundial
El neoliberalismo no terminó,
la lucha sigue
18 de noviembre de 2019
Por Marcelo Colussi (Rebelión)


“Un total de 737 accionistas -un 0,123%- controlan el 80% del valor de más de 43.000 compañías multinacionales.” Narciso Pizarro 
“Robar un banco es delito. Pero más delito aún es fundarlo.” Bertolt Brecht
Las recientes revueltas populares en diversos países del mundo (Irak, El Líbano, Egipto, Francia, Haití, Honduras, Chile, Ecuador) podrían hacer creer que los modelos neoliberales vigentes están en crisis, están siendo derrotados. En realidad, más que estar en crisis, están produciendo estragos inconmensurables en las poblaciones, pero para quienes los implementan y se benefician de ellos, no están en ninguna crisis. Por el contrario, están sumamente saludables. 
No caben dudas que los pueblos que sufren esas políticas ya están hartos, hambreados, empobrecidos como nunca antes, hastiados de los engaños de los políticos, faltos de proyecto alternativo. Están desesperados, evidentemente, lo cual los hace salir a protestar en forma visceral. Pero esa energía, ese tremendo descontento, además de ilusionarnos y hacernos creer que las cosas están cambiando -estamos esperando ese cambio en forma ansiosa- no encuentra los canales adecuados para transformar la realidad. Los cacerolazos se enfrentan a balas reales, y sin una conducción revolucionaria con proyecto claro, no puede haber revolución. Puede haber cambios importantes desde las casas de gobierno con planes de contenido social, como los que promovían el MAS en Bolivia, o el PT en Brasil. Pero por la vía de las democracias formales no se pueden consolidar las transformaciones. Con esos dos ejemplos podemos ver cómo terminan las cosas. Pero sí, como hay mucho malestar en la gente, definitivamente hay ebullición, hay protestas, hay movilizaciones. 
Como bien lo dice Susana Merino: “El planeta se ha transformado en una enorme caldera donde se cocina un guiso para pocos y en la que sin orden ni proporción se mezclan los más insólitos e imprevistos ingredientes creados por el ser humano: divisas y otros muy diversos derivados financieros tales como SWAPS, acuerdos a futuro (forward) OTCs (operaciones “over de counter”), CDS (Credit Default Swaps, o permutas de incumplimiento crediticio), los CFD, los contratos de futuros, los bonos estatales, los fondos de inversión y las opciones, calificados todos como armas de destrucción masiva, instrumentos en suma puramente especulativos y en permanente ebullición que según el premio nobel de economía Maurice Allais han convertido al mundo en un “enorme casino” destinado a sustentar la “pleonexia”, como llamaban los griegos al insaciable apetito de riquezas que Platón calificó como verdadera “enfermedad moral”, generando un potaje en permanente ebullición al servicio de un reducidísimo núcleo de seres humanos.” 
Para saber dónde estamos parados y qué procede en consecuencia, es importante no perder de vista la situación real. “ Análisis concreto de la realidad concreta ”, podría decirse. Es decir: análisis muy exhaustivo de cómo están las cosas, cómo marcha el mundo, y qué se puede -o qué se debería- hacer para intentar cambiar su curso. 
Por lo pronto, la globalización neoliberal que se ha impuesto estas últimas décadas, definitivamente está muy viva, no ha muerto. “ Los muertos que vos matáis gozan de buena salud ”. Los megacapitales financieros que manejan buena parte del mundo (excluidas China y Rusia, y algunos otros países que no caen bajo su égida: Cuba, Norcorea, Irán, Irak y Libia cuando lo intentaron) están cada vez más robustos. El monstruoso, infame y vil golpe de Estado en Bolivia (principal fuente mundial de litio, gran reserva de hierro, de zinc, de gas natural, tras todo lo cual van esos capitales) lo demuestra en forma palmaria. 
Seamos racionales en el análisis y no nos dejemos ganar por la pasión espontánea: las protestas que se dieron en buena parte del mundo fueron importantes rebeliones que marcan el camino, sin dudas, pero que no lograron conmover los cimientos de la estructura capitalista mundial. Ningún presidente fue removido de su cargo (Evo Morales sí), y los megacapitales globales no perdieron un centavo (y ahora caerán como buitres sobre las reservas minerales del Estado Plurinacional de Bolivia). 
¿Qué son esos megacapitales que establecen los planes neoliberales de los que casi nada puede escapar? Son los verdaderos dueños del planeta, de sus recursos naturales y de sus poblaciones. El mundo del libre mercado (el “mundo libre” se le llamaba durante la Guerra Fría, en oposición al “reino de las tinieblas del infierno socialista”) se mueve en torno al dólar. Irak, con Saddam Hussein a la cabeza, y la Libia de Mohamed Khadafi (a la sazón, país con el menor índice de pobreza en toda África) intentaron salirse de la esfera del dólar vendiendo su petróleo en otra moneda, y ahí están los resultados: muertos ellos, sus países invadidos y sus sociedades en crisis. 
El dólar es fijado por el llamado “Banco Central” de Estados Unidos, que es el país donde oficialmente se imprime esa moneda. Pero en realidad, ese Banco Central es otra cosa; toma el nombre de Sistema de la Reserva Federal (en inglés: Federal Reserve System , también conocido como Reserva Federal o, más comúnmente, como FED), aunque… ni es reserva ni es enteramente federal. No es Reserva, porque por ley no mantiene ningún fondo en reserva, y no es estrictamente Federal, por cuanto es un banco público-privado, con participación de la gran banca empresarial privada. 
La FED es quien fija la política monetaria de Estados Unidos y, por extensión, del mundo, emitiendo dólares a mansalva, con el respaldo, finalmente, de las fuerzas armadas (las de Estados Unidos y las de la OTAN). 
Los megacapitales que fijan la marcha del mundo, es decir: el ámbito financiero global, tiene hoy día un poder pavoroso, inconmensurable. Mientras que la masa mundial de bienes se ha cuadriplicado en estos últimos 30 años, la masa monetaria se multiplicó por 40. Es decir: los bancos, los megabancos con poder mundial, tienen un control desmedido del planeta. Desde hace varias décadas el capitalismo productivo fue dando lugar a un capitalismo basado crecientemente en la especulación financiera. El mundo del dinero especulativo fue desplazando en su desarrollo a la industria, así como la industria dieciochesca desplazó a la producción agropecuaria - fuente principal del modo de producción feudal - en tanto dominadora de la escena sociopolítica. 
Hoy día esos capitales financieros tienen una preponderancia definitoria, marcan el rumbo planetario , definen la arquitectura del sistema global. Son transnacionales, se mueven a velocidades de vértigo, invierten en lo que dé ganancias, no tienen sentimientos ni espíritu solidario (¿acaso el capitalismo podría tenerlo?). Manejan sectores cada vez más crecientes del mundo, invirtiendo muchas veces en el aparato productivo de bienes fácticos - industria, servicios, comercio - controlando integralmente los circuitos capitalistas (materias primas, elaboración, distribución, mercadeo), siendo quien aporta las grandes sumas de dinero necesarias para generar la producción en su conjunto. 
La OTAN es la instancia militar mundial (de Estados Unidos y de Europa Occidental) que sostiene a todo el sistema del petrodólar, obligando bajo amenaza militar a los diversos países a comerciar en esa moneda. Quienes se salen de ese sistema son declarados miembros del “Eje del mal” (y eventualmente destruidos). Es por este motivo que más de tres millones de soldados estadounidenses están acantonados en casi 1,500 bases militares dirigidas por Washington a lo largo y ancho del globo, en 120 países. ¿Para qué? ¡Para cuidar a esos megacapitales y a los ostentosos privilegios de sus propietarios! 
Esos inconmensurables capitales tienen nombre y apellido: son los poderosos grupos económicos que dirigen las finanzas mundiales, y a través de sus bancos, con los llamados fondos de inversión, manejan incontables empresas multinacionales dedicadas a todos los rubros: energéticos, armamentos, alimentación, comunicaciones, transportes, industria química. Entre los más connotados se encuentran  Goldman Sachs, Rockefeller, JP Morgan , Loeb Kuhn, Lehman, Du Pont, Rothschild, Warburg, Lazard, Israel Moses Seifs. 
Manejando las finanzas internacionales del mundo capitalista (ahora enfrentados a los grandes capitales chinos), tienen como organismos operativos a los brazos técnicos de Bretton Woods: el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. El dólar intenta seguir mandando, y las políticas neoliberales que vienen aplicándose desde los 70/80 del siglo pasado, siguen impertérritas, más allá de las protestas que actualmente vemos. “ Los imperios económicos están interesados en promover el endeudamiento de los gobiernos. Cuanto más grande es la deuda, más costosos son los intereses. Pero además pueden exigir al presidente de turno privilegios fiscales, monopolios de servicios, contratos de obras, etc. Si este gobierno no acepta, provocarán su caída, promoviendo disturbios y huelgas que al empobrecer a la nación los obliga a claudicar ante sus exigencias ”, tal como perfectamente lo dijera el historiador estadounidense Carroll Quigley. Se mueven con pasos muy finamente estudiados, saben lo que hacen y dónde quieren llegar y, de momento, parecieran tener casi todo el planeta bajo control. 
El neoliberalismo, lamentablemente, no está derrotado, no está de salida. Los pueblos están diezmados, sin dudas; los capitales no. Aunque apoyemos fervientemente todo alzamiento popular, no podemos decir que esas políticas están derrotadas, ni en vías de serlo muy prontamente. Los recursos naturales del mundo siguen siendo saqueados por ese capitalismo voraz, y cuando se intenta defenderlos con espíritu nacionalista: golpe de Estado, como el recién acontecido en Bolivia, o ahogo insoportable, como en Venezuela. Con China y con Rusia no se meten porque el poder militar de estas potencias se los impide. Pero ganas no le faltan. 
Cuando en 1963 el presidente de Estados Unidos John Kennedy, que no era socialista precisamente, intentó transformar la FED con un famoso decreto presidencial ( Executive order number 11110 ), evitando que fuera ese banco quien emitiera los dólares, para pasar a hacerlo el gobierno central (ahorrándose así los intereses que Washington debe pagarle a esa banca privada al contraer créditos), al poco tiempo fue asesinado. Y todavía no existían formalmente lo que ahora llamamos neoliberalismo. 
Con todo lo dicho no se quiere restar importancia a las protestas populares que se han encendido recientemente. Por el contrario, ese es el camino: la insurgencia popular, el levantamiento de los pueblos. Pero sin proyecto organizado y conducción certera no se pasa de los cacerolazos, no se conmueven las políticas trazadas. El neoliberalismo, mal que nos pese, está demasiado firmemente enraizado. Pero la lucha sigue.

Advirtamos: "Vaca Muerta tiende a convertirse en un descabellado laberinto que, al calor de los impactos ambientales y territoriales y ante la ausencia de milagros, va habilitando una serie de interminables excepciones: beneficios impositivos, subsidios estatales que repercuten sobre la economía de todas las y los argentinos, mayor flexibilización laboral y un blindaje jurídico que avanza sobre los derechos de las poblaciones. En verdad, la promesa eldoradista de Vaca Muerta tiene todos los elementos para convertirse en una pesadilla nacional de repercusiones múltiples y en un desastre ambiental a gran escala".

De la promesa "eldoradista" a la cruda realidad de los impactos
18 de noviembre de 2019
Por Maristella Svampa

Opsur
Existe un consenso generalizado entre los científicos contemporáneos sobre la gravedad de la crisis socioecológica que atraviesa el planeta. Los diagnósticos coinciden en que hemos ingresado a una nueva edad, el Antropoceno, en el cual el ser humano se ha convertido en una fuerza de transformación con alcance global y geológico. En esta línea, el debate sobre el Antropoceno 1 plantea la idea de que hemos traspasado un umbral peligroso, que puede llevarnos a experimentar cambios bruscos e irreversibles, ilustrado –cual punta del iceberg– por el calentamiento global y sus consecuencias sobre el cambio climático, así como por la extinción masiva de especies y la consecuente pérdida de biodiversidad a gran escala (Svampa, 2019). En términos energéticos, esto conlleva varias consecuencias. Por un lado, estamos ante la evidencia de que los impactos producidos por la quema de combustibles fósiles sobre los ecosistemas, humanos y no humanos, son cada vez mayores. Así, los cambios de origen antropogénico, a escala planetaria, están directamente ligados a la dinámica de acumulación del capital, esto es, a los modelos de extracción, producción y consumo dominantes, cuyo carácter insustentable ya no puede ser ocultado. Por otro lado, a futuro la disponibilidad energética será menor. La finitud de los recursos fósiles y la imposibilidad de aprovechar las fuentes renovables por los límites en los materiales (también se requieren minerales) son una realidad actual. Estamos, pues, frente al fin de las energías baratas y abundantes (Svampa y Bertinat, 2019). 2
Todo esto nos inserta en un escenario civilizatorio inédito y desafiante, a partir del cual cualquier esquema de transición energética exige el urgente reemplazo de las energías contaminantes por energías limpias y renovables, como también nos confronta con la necesidad de reducir el metabolismo social (producir con menor cantidad de materia y energía). Sin embargo, en lugar de discutir posibles escenarios de transición energética que apunten a redefinir las relaciones sociales en el plano de la producción, la distribución y el consumo, las élites económicas y políticas globales promueven la fuga hacia adelante a través de la expansión de la frontera tecnológica, con la extracción de energías extremas.
En el marco de la crisis socioecológica, el concepto de energías extremas es muy útil, pues “se refiere no sólo a las características de los hidrocarburos, sino también a un contexto en el que la explotación de gas, crudo y carbón entraña cada vez mayores riesgos geológicos, ambientales, laborales y sociales; además de una alta accidentalidad comparada con las explotaciones tradicionales o llamadas convencionales” (Avedaño y Scandizzo, 2016). En esta línea, Vaca Muerta aparece como un caso emblemático de energía extrema. En términos específicos, Vaca Muerta designa una formación sedimentaria que se extiende unos 30 000 km ² en el corazón de la meseta neuquina. En esta enorme superficie rica en fósiles de dinosaurios y yacimientos de hidrocarburos, existen una treintena de proyectos, con fuerte protagonismo de YPF y Tecpetrol, y presencia de las grandes transnacionales del sector.
En términos más amplios, la problemática que instala Vaca Muerta involucra un área mayor, la Cuenca Neuquina, que abarca diferentes formaciones geológicas de shale y tight, un total de 120 000 km ² . Así, encontramos la formación Lajas, en la cual desde 2011 se extrae tight gas entre plantaciones de peras y manzanas en la localidad rionegrina de Allen, hoy de la mano de YPF. En 2018, la frontera de explotación se amplió también hacia Malargüe, en Mendoza, donde el fracking fue autorizado por decreto provincial. Estamos, por lo tanto, frente a un conjunto de megaproyectos, asociados a las energías extremas, cuyos impactos sociales, ambientales y territoriales tienden a darse en términos amplios, dado que repercuten en diferentes territorios, poblaciones y economías.
Pese a que Vaca Muerta está instalada en la agenda pública y mediática a nivel nacional y es evocada de modo recurrente por las y los candidatos presidenciales de las elecciones de octubre próximo, la Argentina está lejos de haber entablado un debate serio, democrático y multidimensional sobre los impactos socioambientales y territoriales, así como sobre las diferentes consecuencias económicas, financieras, culturales y sociosanitarias que implica un megaproyecto de estas características en términos de desarrollo. Silenciando las críticas, el kirchnerismo abrazó la idea de que Vaca Muerta y sus reservorios no convencionales salvarían a la Argentina del déficit energético y la convertirían rápidamente en una suerte de Arabia Saudita del sur.
La fiebre eldoradista desatada con la expropiación parcial de YPF en 2012, agravada por el contexto de desabastecimiento energético, obturó la posibilidad de un debate responsable y desideologizado, y así generó lo que en su momento denominamos con Enrique Viale el consenso del fracking. A partir de 2016, Cambiemos profundizó la apuesta por los no convencionales, aunque sin esconder sus aspectos vergonzosos (la asociación con grandes corporaciones transnacionales y los subsidios del estado), ya en abierta clave neoliberal (esto es, con mayor flexibilización ambiental y laboral, transfiriendo el costo a los usuarios y trabajadores).
En Estados Unidos, país pionero del fracking, existen numerosos estudios científicos que prueban los impactos socioambientales y sanitarios de esta técnica, entre ellos, el Compendio de hallazgos científicos, médicos y de medios de comunicación, publicado en 2014 por el Concerned Health Professionals of New York (CHPNY, 2015), que advierte con datos concretos sobre la contaminación del agua, la contaminación atmosférica, la lubricación de fallas sísmicas, los escapes radioactivos, filtración del gas y de los fluidos. En Argentina, pese a la corta experiencia con el fracking, gran parte de los impactos que señala la literatura científica ya son visibles: aumento de derrames, proliferación de basureros con residuos tóxicos, ocupación intensiva del territorio y desplazamiento de poblaciones y otras economías, emisión de gases y aumento de la sismicidad, entre otros riesgos y daños.
En la actualidad, en la Cuenca Neuquina se produce un promedio de dos derrames por día. Según información de la Secretaría de Ambiente de Neuquén, entre enero y octubre de 2018, se registraron 934 hechos de contaminación (Diamante, 2019), mientras que 2015 fueron 863 (Página12, 2018). Uno de los derrames más serios se produjo en octubre de 2018 en el área Bandurria Sur, donde la surgencia de un pozo estuvo 36 horas fuera de control y afectó unas 45 hectáreas (Aringoli, 2018). El hecho no fue informado por la empresa sino por los trabajadores. Asimismo, entre marzo de 2014 y enero de 2018 hubo al menos catorce accidentes de envergadura en la localidad de Allen. En junio de este año se produjo también el primer derrame en Malargüe, en el yacimiento El Mollar, minimizado por las autoridades (La Izquierda Diario, 2019).
Uno de los grandes problemas del fracking es la utilización de agua, un detalle no menor en la meseta neuquina, zona de escasos recursos hídricos. Un informe reciente indica que para 2023, la demanda de agua en Vaca Muerta se duplicará y alcanzará casi los 30 millones de metros cúbicos anuales (Del Pozzi, 2019). Otro gran problema es el almacenamiento de los residuos tóxicos que genera la actividad. Los basureros petroleros existentes en Vaca Muera revelan enormes deficiencias, tal como lo ejemplifica la empresa Treater, cuyo vertedero, situado a cinco kilómetros de Añelo, que ocupa 13,6 hectáreas (equivalente a 15 campos de fútbol), fue denunciado en 2018 ante la Justicia por no respetar la distancia mínima de un núcleo urbano (ocho kilómetros) y por tener piletas de disposición de residuos sin canales de drenaje adecuados ni mallas protectoras que eviten la contaminación de suelos y napas de agua, tal como exige la legislación nacional. Entre los clientes de Treater figuran YPF, Shell y Total.
Otro de los impactos es la utilización intensiva del territorio (Bertinat et al., 2014). 3 Esto acentuó la disputa con los pueblos originarios, pues en Vaca Muerta se asientan de modo disperso unas veinte comunidades mapuches. En 2014 el Gobierno del Neuquén debió reconocer a la comunidad Campo Maripe, asentada en la zona desde 1927. Aunque el territorio en disputa son unas 10 000 hectáreas, el Gobierno solo aceptó como parte de la comunidad unas 630. En abril de 2019, dicha comunidad fue llevada a juicio por “usurpación”, y pese a que el juez a cargo dictaminó su absolución, el fallo fue anulado dos meses después en una clara señal política (Gaffoglio, 2019). Así, el avance de las locaciones empuja ostensiblemente a los pueblos originarios que se encuentran en la zona y agrava el histórico proceso de criminalización de las comunidades mapuches.
Asimismo, la problemática es visible en Allen, donde el retroceso de la actividad frutícola es evidente: con más de 150 pozos de fracking y 93 en carpeta, los datos revelan que entre 2009 y 2014 la localidad perdió 409 hectáreas, esto es el 6,3 % de la superficie cultivada (Svampa, 2018). 4 Finalmente, entre los impactos palpables está el aumento de la sismicidad. Desde el inicio, los registros sísmicos recorren la cartografía global del fracking afectando regiones geológicamente estables antes de la llegada de las energías extremas; desde Arkansas a Texas, hasta la provincia de Sichuan, en China, donde en febrero de 2019 se ordenó el cese temporal de las operaciones luego de que el último sismo provocara dos muertos y varios heridos (“Suspenden fracking…”, 2019). En Neuquén, junto con el aumento de los accidentes ambientales y laborales, una de las mayores preocupaciones es el incremento de la sismicidad, que afecta a la localidad de Sauzal Bonito, aunque también se ha extendido a Cutral Có. Según estudios recientes, Sauzal Bonito se asentaría sobre la Dorsal de Huincul, un sistema de fallas geológicas, pero no se descarta que estas se potencien o activen a raíz del fracking (“Un sismo con epicentro…”, 2019). A raíz de ello, la provincia ordenó instalar sismógrafos para monitorear los movimientos (“Los sismógrafos de Vaca Muerta…”, 2019). 5
De esta manera, el escenario actual de la Cuenca Neuquina desmiente con claridad la existencia de un “fracking seguro y responsable”, fórmula difundida a nivel global y repetida a nivel local y nacional por las compañías petroleras y los Gobiernos. Cabe agregar que nada de lo que está sucediendo constituye una sorpresa, pues la información sobre los impactos ambientales y territoriales del fracking ya estaba disponible en 2013, año en que arrancó la explotación en Vaca Muerta. La diferencia entre 2013 y 2019 es que, en su carácter multidimensional, tales impactos ya son visibles y palpables. Si a esto sumamos que, en realidad, Vaca Muerta apenas ha despegado, pues solo se ha explotado el 3 % (Roberts, 2019), cabe preguntarse cuál será la envergadura de estos cuando la gran escala sea una realidad.
Por último, en un contexto de calentamiento global, Vaca Muerta es considerada una potencial bomba de carbono. Lejos de ser un “combustible de transición”, como vienen sosteniendo las corporaciones petroleras, el shale gas y el tight gas generan mayores emisiones de gases de efecto invernadero durante su etapa de producción que el convencional, ya que se necesitan más pozos por metro cúbico de gas producido; además, sus operaciones utilizan energía, por lo general procedentes de los motores diesel, lo que aumenta las emisiones de CO2 por unidad de energía útil producida. Asimismo, la fracturación hidráulica requiere mayor consumo de energía e incluso un mayor volumen de venteo o quema de gas durante la fase de terminación del pozo. Por otro lado, las emisiones de gas metano contribuyen de modo muy potente al efecto invernadero. No es casual que en 2018 el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de Naciones Unidas dejara en claro que, de avanzar en Vaca Muerta, “la explotación total, con la fracturación hidráulica, de todas las reservas de gas de esquisto consumiría un porcentaje significativo del presupuesto mundial de carbono para alcanzar el objetivo de un calentamiento (no mayor) de 1,5 grados Celsius, estipulado en el Acuerdo de París” (CESCR, 2018), y que por ello recomendara al Estado argentino reconsiderar su explotación, a la luz de los compromisos adoptados. 6
En suma, el objetivo de convertir a Argentina por la vía de Vaca Muerta (y la Cuenca Neuquina) en una potencia hidrocarburífera a gran escala expresa como pocos la apuesta ciega por un extractivismo energético, de tipo contaminante y depredatorio, que colisiona con las necesidades de un planeta marcado por el cambio climático; alude a la histórica dificultad de amplios sectores de la dirigencia política y económica por superar una visión productivista y primario-exportadora del desarrollo; y consolida el rechazo a pensar escenarios de transición energética, basados en las energías limpias y renovables. En realidad, mucho de la tozudez política que existe en el país, del afán de aceleración en la explotación en Vaca Muerta, de la apelación constante al “milagro” que recorre los discursos mediáticos, políticos y empresariales, se basa en el hecho de que, a nivel global, pese al lobby petrolero, la transición hacia energías renovables deviene cada vez más inevitable, lo cual permite predecir que en un futuro próximo los combustibles fósiles quedarán bajo tierra, como activos paralizados, pero descartados como fuente de energía.
En su peligrosa fuga hacia adelante, Vaca Muerta tiende a convertirse en un descabellado laberinto que, al calor de los impactos ambientales y territoriales y ante la ausencia de milagros, va habilitando una serie de interminables excepciones: beneficios impositivos, subsidios estatales que repercuten sobre la economía de todas las y los argentinos, mayor flexibilización laboral y un blindaje jurídico que avanza sobre los derechos de las poblaciones. En verdad, la promesa eldoradista de Vaca Muerta tiene todos los elementos para convertirse en una pesadilla nacional de repercusiones múltiples y en un desastre ambiental a gran escala.
Referencias
Aringoli, F. (30 de octubre de 2018). Cómo se produjo el derrame en Vaca Muerta que afectó 45 hectáreas. Río Negro. Disponible en línea.
Bertinat, P.; D’Elia, E.; Ochandio, R.; Svampa, M.; Viale E. (2014). 20 Mitos y realidades del fracking. Buenos Aires: Ed. El ColectivoDisponible en línea.
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Notas:
1 Véase El Antropoceno como diagnóstico y paradigma, en el dossier que coordinamos con Francisco Longa para la revista Utopía y Praxis Latinoamericana.
2 Desarrollamos este punto con Pablo Bertinat en “La energía en debate” (2019).
3 Véase Bertinat et.al. (2014), 20 Mitos y realidades del fracking. Ed. El Colectivo, Buenos Aires. Disponible en línea.
4 Los datos sobre el retroceso territorial son de Diego Rodil. Véase M. Svampa, 2018.
5 “Los sismógrafos de Vaca Muerta detectaron el primer movimiento”; en Río Negro , 30 de junio de 2019.
6 “Comité ONU sobre derechos económicos, sociales y culturales emitió informe sobre Argentina
Maristella Svampa. Socióloga y escritora, Investigadora del Conicet y miembro del Gecipe (Grupo de Estudios Críticos e Interdisicplinarios de la problemática energética).
Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=262556


Veamos, sea gestión progre sea neoliberal desembozada, el capitalismo está maximizando no sólo la explotación de la naturaleza sino también de los trabajadores.

México, el país con las peores condiciones de trabajo

1 de diciembre de 2019

En México el 85 por ciento de las empresas son tóxicas, esto es, con entornos de trabajo que promueven la ocurrencia de diferentes factores de riesgo ocupacional: cargas de trabajo mal distribuidas, estilos de liderazgo negativo, violencia laboral entre los pares o del líder hacia su equipo de trabajo, jornadas poco sanas, mala ergonomía y estrés laboral, explica Erika Villavicencio Ayub, de la Facultad de Psicología (FP) de la UNAM. 

Por Fabiola Méndez/Damián Mendoza

De acuerdo con estudios que realizó en el laboratorio de Salud Ocupacional en organizaciones mexicanas, resalta que en los últimos veinte años se han normalizado las malas condiciones de trabajo y el impacto en la salud es, en muchos casos, irreversible.
En ese contexto, la coordinadora e investigadora de psicología organizacional de la FP,  refiere que el panorama mundial está orientado a atender el tema de salud ocupacional en las organizaciones. “México tiene índices de estrés laboral importantes, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos México ocupa el primer lugar en estrés laboral, seguido de Japón y Estados Unidos. Es de los países que más horas trabaja, con menos índices de productividad y pocos días de vacaciones”.
La fórmula laboral no es la más adecuada y lleva a tener condiciones de trabajo tóxicas que no llevan sólo al estrés laboral, sino afectaciones como violencia laboral, adicción al trabajo, etc.
Lo anterior deriva en trastornos orgánicos, físicos, psicológicos y de relaciones interpersonales: “hay una afectación a nivel social y familiar, un problema de México entero, ya que si se enferman más, hay ausentismos, accidentes, trastornos de sueño y alimentación; tampoco tienen un desarrollo organizacional, ni una forma de trabajo en pro de los trabajadores”.
El pasado 23 de octubre entró en vigor la Norma Oficial Mexicana 035-STPS-2018 “Factores de riesgo psicosocial en el trabajo – Identificación, análisis y prevención”, mejor conocida como NOM 035, que obliga a toda empresa, ya sea pequeña, mediana o grande, a atender cualquier situación negativa en su personal, desde desórdenes de sueño y ansiedad, hasta el estrés, para reducir su impacto y, en la medida de lo posible, erradicarlo o evitarlo.
Para Villavicencio el reto es atender el desconocimiento que hay sobre la norma (NOM-035), ya que hay países latinos que ya llevan 10 años en atender esta problemática. Por el lado de los patrones y las empresas el reto es, por un lado,  llevar a cabo  la norma estratégicamente para que se vuelva una inversión y medir cómo impacta en la productividad o buscar el mero cumplimiento.
Los beneficios de implementar las medidas expuestas en la NOM-035 no se verán de inmediato, pero paulatinamente “sí se incidirá en la cultura del trabajo, en corregir las dolencias de la organización, formar líderes con habilidades que influyan en el resto del equipo, hacer un análisis de las funciones, con mecanismos de recepción de quejas, todo a la medida de cada realidad organizacional”.
Asimismo, a mediano plazo habrá impactos en la productividad, habrá menos rotación y mejores rendimientos, “hay que crear un sistema pensado para el mejor resultado de la organización a la par del bienestar y balance de sus trabajadores”.
Sin embargo, lo que más sobresale del tema desde que entró en vigor, es la psicosis generada en las empresas por el tema de las multas. Al respecto Erika Villavicencio considera que lo primordial es sensibilizar a todos empezando por el equipo gerencial y directivo, implementar un comité donde haya varios involucrados, que dé el impacto necesario, establecer una política de prevención de riesgos psicosociales, con obligaciones para ambas partes, promover un entorno organizacional favorable y sumarse a un ambiente de no violencia laboral.

“Tenemos que incidir en la cultura del trabajo, no podemos seguir siendo el país con las peores condiciones de trabajo, horario y distancias. La gente pasa mucho tiempo conectada hasta los fines de semana. Hay que entender que un trabajador es más productivo de manera sostenible cuando le damos la oportunidad de atender su área personal (la familia, recreación, ejercicio)”.
Fuente: https://www.anred.org/2019/12/01/mexico-el-pais-con-las-peores-condiciones-de-trabajo/