lunes, 2 de septiembre de 2019

"La historia nos enseña que, incluso (o especialmente) tras las insurrecciones más tumultuosas y las revoluciones triunfantes, el verdadero trabajo político consiste en reconstruir las sociedades desde las ruinas del pasado y aceptando que los conflictos sociopolíticos (y, cabría añadir, socioecológicos) nunca adoptan una resolución definitiva. Antes, durante y después del colapso ecosocial, la política emancipadora más audaz deberá ser consciente de su carácter tentativo y provisional".

El marxismo ecológico 

ante la crisis ecosocial

2 de septiembre de 2019

 

Por Jaime Vindel

 

El elemento común a las aportaciones más ambiciosas de la teoría ecosocialista reciente es su deseo de deshacerse del complejo de culpa que habría atravesado a generaciones anteriores de esa tradición de pensamiento crítico. En la interpretación propuesta por autores como John Bellamy Foster o Paul Burkett (2017), el surgimiento del ecosocialismo habría consistido en una rectificación de las inercias productivistas que atravesaban la obra de Marx.


Las primeras formulaciones del ecosocialismo intentaron generar una síntesis virtuosa entre la crítica de la economía política y la ecología política. Pero el hecho de que se tratara de una síntesis evidenciaba de partida la relación de relativa ajenidad entre el marxismo y la ecología. El materialismo histórico debía pasar por un colador verde que retuviera sus grumos productivistas, así como su pretensión de dominar las relaciones entre el ser humano y la naturaleza. Por el contrario, Foster y Burkett, así como el académico japonés Kohei Saito, cuyos trabajos han sido difundidos en el espacio editorial de la Monthly Review, apuestan por situar la ecología en el corazón de la crítica marxiana. Esto supone, sin duda, realizar un recorte parcial de la obra de Marx 1/. Pero, como señala César Rendueles, toda reconstrucción de su legado tiende a constituirse como una antología.

 

La reivindicación de un Marx ecologista no es una novedad histórica absoluta. De hecho, la tesis de la fractura metabólica (metabolic rift), popularizada por Foster (2000), ya había sido avanzada en nuestro contexto por Manuel Sacristán. En una serie de conferencias, el filósofo español destacó que el capítulo XIII del libro I de El Capital establecía un paralelismo entre las presiones padecidas por la fuerza de trabajo y la tierra como consecuencia del despliegue histórico de la ley del valor (Sacristán, 2005: 136 y ss.).

 

La conversión formal del trabajo y la tierra en mercancías (una ficción jurídica que pasaba por alto que inicialmente no son producidas para ser objeto de intercambio –Polanyi, 2017–) tenía como efecto la tendencia decreciente de la fertilidad de los suelos y los síntomas de la fatiga en el cuerpo de los trabajadores. Interesado por la ecología humana, Sacristán sugería con agudeza la necesidad de reorientar en un sentido ecologista las luchas obreras. Marx habría deslizado la posibilidad de enlazar las reclamaciones por la reducción de la jornada laboral, descritas en el volumen I de El Capital, con la sostenibilidad de las actividades agroindustriales.

 

 Los ciclos de reproducción de la fuerza de trabajo y de la fertilidad de la tierra solo podían ser regulados de modo racional por la libre asociación de los productores.


Foster profundiza y sistematiza en su trabajo estas inquietudes intelectuales, cuya traducción política en el contexto de la crisis ecosocial aún se encuentra en un estadio tentativo. En concreto, el marxista norteamericano ha dotado de contenido a dos conceptos que acreditan el perfil naturalista de la obra del último Marx: metabolismo social y fractura metabólica.


·        El «metabolismo social» describe la dinámica de las transformaciones energéticas que atraviesan la producción social de riqueza, destacando su dependencia en última instancia respecto a la naturaleza.

·        La fractura metabólica, por su parte, alude a cómo las relaciones de producción capitalistas abren un abismo entre dicha producción social (desde la actividad agrícola a la industrial, pasando por los circuitos de distribución y consumo de mercancías) y su sostenibilidad en términos ecosistémicos.

Ante los diagnósticos de la crisis ecosocial, Foster recurre a figuras de las ciencias sociales y naturales que habrían actualizado esta pulsión ecológica marxiana. Esos referentes abarcan desde la sensibilidad naturalista de exponentes de la historia social y el materialismo cultural, como E. P. Thompson o Raymond Williams, a las aportaciones de la biología dialéctica de Richard Levins y Richard Lewontin o el neodarwinismo de Stephen Jay Gould. La obra de estos dos autores permite a Foster imaginar una adaptación activa del metabolismo socioambiental a los retos de la crisis ecológica. En ella, el trabajo y la política de clase juegan un papel mediador decisivo. Foster desea distanciarse tanto de las soluciones de corte tecnofílico como de la pesadumbre de los diagnósticos más catastrofistas o proclives al determinismo energético en la evaluación del desarrollo y las consecuencias del colapso civilizacional.


En la obra de Marx el recurso a conceptos procedentes de las ciencias naturales evidencia que la formación intelectual de los fundadores del materialismo histórico se nutrió de un número mayor de fuentes de las identificadas tradicionalmente. A la filosofía idealista alemana (en particular, los escritos de Hegel), el socialismo utópico francés (que, lejos de ser superado por el socialismo científico, dejó su huella en la imaginación política de Marx y Engels) y la economía política británica (de la que Marx retomaría la teoría del valor-trabajo, con el objeto de teorizarla como una crítica de la explotación) habría que sumar tanto la influencia del materialismo clásico como del materialismo científico del siglo XIX.

La concepción energética del cosmos estaba ya anunciada en el atomismo de Demócrito y Epicuro, que ocuparon a Marx (2012) durante su investigación doctoral. En relación al materialismo científico, aunque el filósofo de Tréveris rechazaba la fisicalización de las relaciones sociales practicada por personajes como Ludwig Büchner 2/, algunos de los conceptos fundamentales de su crítica de la economía política fueron rescatados de las ciencias naturales. Así, la noción de fuerza de trabajo (Arbeitskraft) había sido acuñada y difundida por Hermann von Helmholtz en su conferencia “Über Die Erhaltung der Kraft” (Sobre la conservación de la energía, 1847), centrada en la primera ley de la termodinámica, relativa a la conversión de la energía.

 

Esta conferencia sentaría las bases para la extensión de una cosmovisión utópica de las sociedades modernas basada en las síntesis entre las máquinas y el trabajo humano. Marx se haría eco del concepto por primera vez en los Grundrisse, redactados diez años después de la charla de Helmholtz. Por su parte, la composición orgánica del capital, esto es, la relación entre la inversión en capital fijo (medios de producción) y en capital variable (fuerza de trabajo) en una determinada fase o en un contexto específico de la producción capitalista, remitía a los estudios en química agrícola de Justus von Liebig 3/, otro de los científicos más importantes de la época.


Por lo demás, Marx y Engels eran conscientes, gracias a su conocimiento de las investigaciones en geografía física de Karl Nikolas Fraas (pioneras en la atribución de un origen antropocénico al cambio climático), de que la brecha en el metabolismo socioambiental era anterior a la extensión del modo de producción capitalista. Habían detectado signos del vínculo entre civilización e hybris (desmesura) que caracterizaría la historia humana desde, al menos, el período neolítico. La invención de la agricultura y la aparición de las sociedades excedentarias implementaron una reorganización de la división social del trabajo y de los usos del suelo que infligían un daño ecosistémico estructural. Sin embargo, eso no les hacía perder de vista la novedad radical que el capitalismo entrañaba en relación con esa dinámica histórica.

 

En contraposición a la celebración del desarrollo de las fuerzas productivas derivado de la alianza entre el capitalismo y la burguesía, que había tamizado las páginas del Manifiesto comunista (1848), el Marx de El Capital (1867) y el Engels de El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre (1876) entreveían la cara B de ese proceso histórico, el modo en que amenazaba los equilibrios socioambientales.


El hecho de que Marx y Engels no extrajeran las consecuencias últimas de esos hallazgos científicos pudo deberse, entre otros motivos, a la prudencia política que manifestaron ante la posibilidad de que esos estudios pudieran alimentar las hipótesis malthusianas sobre el colapso civilizacional (Vindel, 2018). Este aspecto ha retornado en los debates actuales sobre la crisis de civilización. Una parte del ecologismo contemporáneo insiste en subrayar que el crecimiento de la población mundial es incompatible con la sostenibilidad medioambiental. Esta afirmación es verdadera. Lo que es más discutible son las inferencias políticas que se hacen a partir de ella. Así, por ejemplo, se ha extendido una comprensión del Antropoceno 4/ según la cual no cabría distinguir entre víctimas y verdugos de la crisis climática. Todos seríamos (ir)responsables de las inercias de la petromodernidad en la medida en que nos habríamos beneficiado de ella gracias a los aumentos generalizados de los niveles de consumo y bienestar. Esto ha llevado a que filósofos vinculados al pensamiento poscolonial, como Dipesh Chakrabarty (2009), aboguen por recomponer la subjetividad histórica al margen de los antagonismos clásicos. La humanidad en su conjunto (y no una fracción de ella) estaría llamada a protagonizar una empresa humilde y común de reparación de los daños medioambientales que ha ocasionado. Tampoco parece casual que Paul Crutzen, el científico que acuñó el concepto de Antropoceno en el umbral del nuevo siglo, sea uno de los partidarios de encontrar soluciones de tipo geoingenieril al calentamiento global, que tienden a dejar intacta la dimensión social de la crisis ecológica.

 

Esto explica que la crítica ecosocialista se haya mostrado mucho más proclive a emplear el concepto de Capitaloceno. Por varios motivos. En primer lugar, porque sin necesidad de negar la hybris de cualquier civilización, con frecuencia el concepto de Antropoceno queda asociado a un telos histórico inevitable. Los ambientes conservadores alimentan una interpretación resignada de la crisis ecosocial, según la cual la historia humana habría estado condicionada desde el principio por el despliegue de una esencia maldita. El hallazgo de la fuerza energética de los combustibles fósiles solo habría multiplicado hasta el espasmo la tendencia antropológica a la extralimitación biofísica del metabolismo socioambiental. Esto pasa por alto la singularidad del modo de producción capitalista. En un gesto sin precedentes, la humanidad traspasó su destino a la reproducción autónoma y ampliada de la esfera económica. Tal y como ha señalado la crítica del valor desde Robert Kurz (2016) hasta Anselm Jappe (2016), lo que mueve el capitalismo no es la voluntad humana, sino el sujeto automático (el capital) descrito por Marx en torno a la crítica del fetichismo de la mercancía y la consecuente abstracción de las relaciones sociales. Hablar de Antropoceno es una forma, como otra cualquiera, de negar la historicidad concreta de ese delirio cósmico de la especie.


Pero aún hay más. Las investigaciones recientes de Andreas Malm (2016) han tratado de demostrar no solo que el business as usual de la historia del capitalismo fósil ha repartido de manera crecientemente desigual sus beneficios, sino que, en origen, las formas de vida subalternas se resistieron a asumir ese dispositivo de poder. Malm, cuyos trabajos se sitúan en el ámbito de la historia ecológica, destaca la ambivalencia que el concepto de poder (power) posee en inglés. Este remite tanto a la fuerza que permite activar los procesos de transformación energética como a la dominación política. Como es sabido, la historia de la Revolución industrial se encuentra ligada a la máquina de vapor. En realidad, sus fundamentos tecnocientíficos eran conocidos desde épocas anteriores 5/. Solo la desposesión de las comunidades de vida tradicionales, derivada de los cercamientos de los terrenos comunales y de la concentración urbana de crecientes masas de trabajadores fabriles, hizo posible el encuentro entre la nueva división social del trabajo y la aplicación de la energía fósil a la industria textil. Ambos factores habrían actuado como condiciones de partida para establecer los ritmos de crecimiento exponencial requeridos por la economía capitalista.


Malm recuerda que los sujetos antagonistas que darían lugar a la conformación del primer movimiento obrero (la historia de luditas, partidarios del Capitán Swing y de las huelgas mineras de 1842 6/) se resistieron a ser absorbidos por el dispositivo fosilista de producción de valor. Para Malm, somos herederos de esa derrota histórica. El cambio climático sería su consecuencia fatal; o por decirlo de manera jocosa con McKenzie Wark (2015), la constatación de la victoria del Frente de Liberación del Carbono (Carbon Liberation Front), el único grupúsculo radical que ha obtenido un éxito sin paliativos en la historia de la modernidad. Si Kohei Saito (2018), implicado en el proyecto de reedición de los MEGA, ha sugerido la posibilidad de interpretar la obra tardía de Marx como un intento inconcluso de crítica ecológica de la economía política, la apuesta de Malm podría describirse como una crítica climática del capitalismo fósil.

 

En cualquier caso, en estas aportaciones quedan pendientes dos aspectos ineludibles para la ecología política contemporánea. Por una parte, la cuestión del sujeto. Por otra, la cuestión de los tiempos. En relación a la primera de ellas, es necesario articular una posición crítica tanto con el realismo cortoplacista de quienes ven en el cosmopolitismo verde del Green New Deal una superación ecológica del internacionalismo proletario 7/, como con soluciones de corte mesiánico que, al modo de Sacristán o Malm, convocan una reacción milagrosa a la escalada de la crisis ecosocial que no se detiene a valorar cómo puede ser propiciada de acuerdo a la composición sociológica y subjetiva específica de las sociedades contemporáneas. Esto es lo Wark describe como “el reto de construir la perspectiva del trabajo sobre las tareas históricas de nuestra época”. Al fin y al cabo, es la política de clase la que puede atacar la producción socioambiental de la plusvalía, basada en la subsunción del trabajo vivo 8/.


En relación con la discusión sobre los tiempos, recientemente se ha suscitado un debate dentro del marxismo ecológico entre los partidarios del ecosocialismo y quienes se sitúan en la órbita del marxismo colapsista 9/. Los segundos acusan a los primeros de no incorporar en sus valoraciones la crudeza de los informes científicos más recientes respecto a la evolución de la multiplicidad de factores que configuran la crisis ecológica: cambio climático, descalabro de la biodiversidad, alteración en los usos de los suelos, acidificación de los océanos, ciclos del nitrógeno y el fósforo, reservas de agua dulce, declive energético, etc. El marxismo ecosocialista estaría alimentando las promesas de un socialismo verde que sigue anclado en el paradigma de la sostenibilidad, y que no acepta que el único horizonte posible es el de aminorar los daños de un colapso ecosocial ya irreversible y hasta inminente. Bajo esta óptica, el ecosocialismo sería una destilación marxista de las falsas esperanzas que, en clave reformista, presentan programas como el greenwashing del capitalismo verde o las políticas neokeynesianas del Green New Deal.

 

La posición colapsista presenta un punto fuerte y una serie de ángulos ciegos. El punto fuerte reside en la necesidad de desactivar la psicopatología cotidiana en torno a la crisis sistémica, que oscila entre el optimismo y el pesimismo con que se encajan los diagnósticos ecológicos. Poner el acento en esa disposición subjetiva es similar a suponer que elegir una corbata de tonos alegres en un día de lluvia tendrá alguna incidencia sobre las precipitaciones. Lo que requerimos es más bien una síntesis política de realismo e imaginación, de prudencia y determinación, de humildad y camaradería. Organizar el pesimismo, que diría Walter Benjamin.

Los ángulos ciegos se relacionan con, al menos, tres elementos. El primero de ellos es el relativo a las fechas. Como ha señalado Emilio Santiago Muíño, la insistencia en fijar plazos concretos para el desencadenamiento de fenómenos como la abrupta contracción energética derivada del pico de los combustibles fósiles, se ha demostrado como una estrategia comunicativa errada, en la medida en que expone al activismo ecologista a ser socialmente desacreditado cuando no se cumplen sus proyecciones 10/. El segundo aspecto se relaciona íntimamente con el anterior.

 

Aunque el sustrato natural de los procesos económicos presenta un límite absoluto que no puede ser obviado, resulta aventurado presuponer que la mediación social, cultural y (geo)política de la dinámica extractivista no puede alterar los márgenes que manejamos respecto a la evolución de la crisis ecológica. Pese a que el recurso al fracking de la administración Trump tiene un recorrido probablemente corto, su repercusión sobre el precio del petróleo a nivel global muestra que la temporalidad del colapso civilizacional está expuesta a cambios de ritmo que pueden acelerar o demorar sus efectos.

 

Finalmente, las tesis colapsistas tienen algo de hipótesis autocumplidas, presentando resonancias de la imaginación escatológica marxiana. Me refiero al modo en que alimentan la presunción de una crisis total que abrirá un tiempo político radicalmente nuevo. Los deseos de hacer tabula rasa generan la ilusión según la cual el colapso permitirá reconstruir desde cero los cimientos de la civilización.

 

Lamentablemente, se trata de una visión muy poco materialista. En primer lugar, porque el colapso no será un acontecimiento fulgurante, sino una densa marea histórica cuyo influjo se extenderá gradualmente. Algo similar podría decirse sobre la temporalidad de las transformaciones infraestructurales y culturales requeridas por la transición ecológica. En segundo lugar, porque la historia nos enseña que, incluso (o especialmente) tras las insurrecciones más tumultuosas y las revoluciones triunfantes, el verdadero trabajo político consiste en reconstruir las sociedades desde las ruinas del pasado y aceptando que los conflictos sociopolíticos (y, cabría añadir, socioecológicos) nunca adoptan una resolución definitiva. Antes, durante y después del colapso ecosocial, la política emancipadora más audaz deberá ser consciente de su carácter tentativo y provisional.


Jaime Vindel es profesor de Teoría del Arte en la Universidad Complutense de Madrid

Notas

1/ Una interpretación más mesurada del legado ecológico marxiano es la proporcionada por ecosocialistas como Michael Löwy o Daniel Tanuro (“Colapsología: todas las derivas ideológicas son posibles”, viento sur, 02/07/2019,www.vientosur.info/spip.php?article14953 ).

2/ Büchner establecía un correlato lógico entre la energía como fuerza que atravesaba el conjunto del universo y la república como forma democrática de gobierno, o presuponía que el cambio en la dieta de una persona podía variar sus ideas políticas.

3/ Sobre la relación entre materialismo histórico y materialismo científico: Rabinbach (1990) y Wendling (2009).

4/ El concepto de Antropoceno alude al período geológico que, al menos desde la Segunda Guerra Mundial, con la denominada Gran Aceleración, habría reemplazado al Holoceno. El Antropoceno se caracteriza por el modo en que la acción humana ha adquirido el rango de una fuerza biogeoquímica de superficie, que altera la biosfera con consecuencias desastrosas para la sostenibilidad ecosistémica y amenazando la propia supervivencia de la especie.

5/ Así lo recordaba, por ejemplo, Kropotkin en su relectura cooperativista de la biología evolutiva de Darwin en El apoyo mutuo. Un factor de evolución, Logroño, Pepitas de Calabaza, 2016, p. 349.

6/ Conocida como Plug Plot Riots, la sucesión de huelgas, incentivada por el cartismo, se inició en Staffordshire para extenderse posteriormente a Lancashire, Yorkshire y las minas de carbón galesas.

7/ Esta es la posición defendida por Santiago Muíño y Tejero (2019). Con todo, el manifiesto no es ingenuo respecto a las contradicciones y los límites que esa construcción subjetiva puede implicar en un contexto de acentuación de la crisis ecológica. Ambos autores proponen soluciones que no se adecuan a los imaginarios clasemedianistas de la transición ecológica, como la apuesta por un sindicalismo verde que conciba en términos ecológicos la reducción de la jornada laboral. Paradójicamente, el libro podría ser leído como una corrección materialista del programa del populismo de izquierdas.

8/ Debo este apunte, así como otros comentarios de utilidad, a Juanjo Álvarez.

9/ El debate ha tenido eco en el portal de la revista Sin permiso:http://www.sinpermiso.info/textos/ecosocialismo-versus-marxismo-colapsista-i-y-ii

10/ Emilio Santiago Muíño, “Futuro pospuesto: notas sobre el problema de los plazos en la divulgación del Peak Oil”, en: https://www.15-15-15.org/webzine/2019/03/02/futuro-pospuesto-notas-sobre-el-problema-de-los-plazos-en-la-divulgacion-del-peak-oil/

Referencias

Chakrabarty, Dipesh (2009) “The Climate for History: Four Theses”, Critical Inquiry, 35, 2, pp. 197-222.

Foster, John Bellamy (2004) La ecología de Marx. Materialismo y naturaleza. Barcelona: El Viejo Topo.

Foster, John Bellamy y Burkett, Paul (2017) Marx and the Earth. An anti-critique. Chicago: Haymarket Books.

Jappe, Anselm (2016) Las aventuras de la mercancía. Logroño: Pepitas de Calabaza.

Kurz, Robert (2016) El colapso de la modernización. Buenos Aires: Marat.

Malm, Andreas (2016) Fossil capital. The Rise of Steam Power and the Roots of Global Warming. Londres: Verso.

Marx, Karl (2012) Diferencia de la filosofía de la naturaleza en Demócrito y Epicuro. Madrid: Biblioteca Nueva.

Polanyi, Karl (2017) La gran transformación. México: Fondo de Cultura Económica.

Rabinbach, Anson (1990) The Human Motor. Energy, fatigue and the origins of modernity. Berkeley/ Los Angeles: University of California Press.

Sacristán, Manuel (2005) Seis conferencias. Sobre la tradición marxista y los nuevos problemas. Barcelona: El Viejo Topo, 2005.

Saito, Kohei (2018) Karl Marx´s ecosocialism. Capital, nature and the unfinished critique of political economy. Nueva Delhi: Dev Publishers.

Santiago, Emilio y Tejero, Héctor (2019) ¿Qué hacer en caso de incendio? Manifiesto por el Green New Deal. Madrid: Capitán Swing.

Vindel, Jaime (2019) “Entropía, capital y malestar: una historia cultural”, en VV. AA., Comunismos por venir, Barcelona, Icaria, pp. 157-188.

McKenzie Wark, (2015) Molecular Red. Theory for the Anthropocene, Londres, Verso.

Wendling, Amy (2009) Karl Marx on technology and alienation. Hampshire: Palgrave MacMillan.

https://vientosur.info/spip.php?article15059

 

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"Nos cuesta entender que estamos ante una crisis ecológica de escala continental y que ella también expresa el agotamiento de las ideologías políticas herederas de la Europa ilustrada. Las viejas políticas, todas ellas, han caducado. La cuestión es comprenderlo para construir alternativas antes de que se queme el último árbol".

Más allá de ideologías, un modelo de desarrollo extractivista y agropecuario similar
Amazonia, La naturaleza se quema y la política se agota
2 de septiembre de 2019
Por Eduardo Gudynas
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En los primeros días el fuego te acorrala, en los días siguientes las cenizas te entristecen. Así pueden describirse mis sensaciones en una de mis visitas años atrás a las zonas amazónicas de Brasil, Perú y Bolivia. Estas coincidieron con incendios como los que hoy causan alarma mundial.
Cuando las llamas están activas, el humo inunda todo, es peligroso transitar los caminos por la poca visibilidad, hay momentos en los que cuesta respirar, la garganta se inflama y los ojos lagrimean. Cuando las llamas se apagan, el ocre y el gris dominan las escenas. Aquí y allá siguen erguidos los restos de algunos árboles, mientras que en el suelo, entre las cenizas, aparecen de tanto en tanto los cadáveres calcinados de animales que no pudieron escapar.
Esta destrucción de la fauna y la flora es lo que está repitiéndose en estos días en América del Sur. Si bien la prensa convencional insiste con los titulares sobre la Amazonia y sobre Brasil, la realidad es más compleja, y también más hiriente.
En efecto, este tipo de incendios está ocurriendo en estos momentos en por lo menos cuatro países sudamericanos; además de Brasil, afectan a Bolivia, Perú y Paraguay. A su vez, se están quemando selvas tropicales húmedas, la Amazonia, pero lo mismo está sucediendo con los bosques secos y sabanas arboladas, como la Chiquitanía en Bolivia o el Cerrado brasileño.
En los datos más recientes, el número de incendios en Brasil superó los 82 mil focos (al 26 de agosto), la cifra más alta desde 2010, y casi el doble de lo registrado en estas mismas fechas en el año anterior. En Bolivia son más de 19 mil focos (el doble que en 2018), en Paraguay más de 10 mil (manteniéndose en valores semejantes al año anterior), y en Perú más de 6 mil (un poco más del doble).
Todas las grandes regiones ecológicas del trópico y subtrópico sudamericano están afectadas por los incendios. Por ejemplo, en Brasil, aproximadamente la mitad de los focos se ubican en la Amazonia, pero casi un tercio ocurren en el Cerrado, y un 10 por ciento en los bosques atlánticos. Bolivia en estos momentos vive el drama de ver cómo enormes áreas de bosques secos e incluso su Pantanal están siendo devorados por las llamas (las pérdidas al día de hoy se estiman en 1,5 millones de hectáreas). Por lo tanto, pensar que solamente está ardiendo la Amazonia brasileña es una simplificación. Las pérdidas ecológicas en todos esos ambientes son enormes. Por ejemplo, el bosque seco de la Chiquitanía es único en su tipo en todo el continente, y se estima que más de 750 mil hectáreas ya se quemaron.
El chaqueo de ayer y la deforestación de hoy
La quema de bosques o campos, el llamado “chaqueo” en algunos sitios, ha sido una práctica tradicional realizada especialmente por pequeños campesinos e indígenas. Afectaba a pequeñas superficies en tanto estaba directamente vinculada al autoconsumo de alimentos o por limitaciones tecnológicas. Todo eso ha cambiado en las últimas décadas a medida que han llegado a las áreas tropicales y subtropicales todo tipo de colonos y empresas. Los incendios de hoy nada tienen que ver con aquellos del pasado.
En la actualidad se deforestan y queman amplias zonas, casi siempre con el propósito de liberar espacio para la ganadería extensiva, aunque en otros sitios es para la agricultura. Para hacerlo a esa mayor escala se necesitan importantes recursos materiales, como motosierras y maquinaria pesada, y mucho capital para financiar una ingeniería de trámites legales o ilegales, formales o amparados en la corrupción. Detrás de esto no están ni los indígenas ni los pequeños agricultores.
Esa presión ganadera puede ser brutal. Por ejemplo, en la zona de San Félix de Xingú (estado de Pará), se concentra un rodeo vacuno de más de 2 millones de cabezas. Factores como esos empujan a la agropecuaria convencional a las áreas naturales tropicales y subtropicales.
A su vez, la diseminación de los monocultivos, especialmente de la soja, en otras zonas de Brasil, pero también en Bolivia y Paraguay, hace que los ganaderos se desplacen hacia nuevas áreas a deforestar. Todo esto genera un enorme arco de deforestación amazónica que atraviesa América del Sur, desde la costa atlántica brasileña hasta las faldas de los Andes en Bolivia y Perú. Es una franja de casi 3 mil quilómetros de largo; una distancia similar a la que separa Madrid de Varsovia.
Bolsonarización para militarizar la Amazonia
Esta problemática se ha agravado notablemente bajo el gobierno de Jair Bolsonaro. Por un lado, recortó controles ambientales en cuestiones críticas como la deforestación, redujo el presupuesto del Ministerio del Ambiente, cesó a personal clave en las agencias del ambiente y de conservación de la biodiversidad, maniobró para que se cancelaran multas a los infractores ambientales, y mucho más.
Por otro lado, Bolsonaro y su equipo han hostigado repetidamente a los ambientalistas, indígenas y pequeños campesinos, presentándolos como trabas al progreso, potenciales criminales e incluso como responsables de los incendios. Tan sólo como ejemplo, el 27 de agosto, en la reunión con los gobernadores de los estados amazónicos, en lugar de analizar la crisis ecológica volvió a quejarse de que los indígenas ya tienen demasiadas tierras y anunció que no aprobará nuevas áreas protegidas.
Bolsonaro tampoco duda en repeler las críticas diciendo que son parte de un complot del exterior para quedarse con la Amazonia brasileña. Esa retórica tiene antecedentes desde por lo menos la década de 1970, cuando el gobierno militar se oponía a las primeras negociaciones internacionales ambientales. Bolsonaro revive parte de ese vocabulario, viene colocando a militares en puestos afectados a la gestión ambiental y ha dado señales de resucitar un programa de control militar en las fronteras amazónicas. Bajo esas condiciones, no puede sorprender que recibiera cierto respaldo de otro gobierno muy conservador, el de Ivan Duque en Colombia. Este también ha presentado un nuevo plan de desarrollo en el que la gestión ambiental pasa a ser parte de la estrategia de seguridad del Estado.
Lo geopolítica amazónica
La condición internacional de la Amazonia volvió al primer plano con la reacción internacional ante los incendios. Una circunstancia que aprovechó Emmanuel Macron, en la que hay poco de ambientalismo y mucho de oportunismo comercial y político. Pero el problema es que, por lo menos desde la década de 1980, los gobiernos brasileños por un lado insisten en el control soberano sobre su Amazonia, pero al mismo tiempo repiten que no tienen dinero para protegerla y reclaman ayudas a los países industrializados. Desde allí se construyeron diversos mecanismos, financiados especialmente por Europa.
Por ejemplo, en 1992 se inició el Programa Piloto de Protección de los Bosques Tropicales del G7 (Ppg7), que funcionó hasta 2009, con un presupuesto de más de 460 millones de dólares. Cuando se hacía lobby por esos dineros, desde Brasil se insistía en que la Amazonia era un ecosistema único en el planeta y que los países ricos debían colaborar a protegerlo. También se alentó una visión deformada, como si sólo existiera Amazonia en Brasil, dejando en segundo plano a los otros países que comparten la cuenca. De ese modo, las propias autoridades brasileñas durante al menos 30 años han contribuido a ese entrevero que ha oscilado entre una Amazonia “solo mía” a otra que sería “de toda la humanidad”.
La actual crisis ha expuesto en toda su crudeza las tensiones entre la soberanía nacional y las responsabilidades ecológicas, no sólo hacia adentro de un país, sino con sus vecinos y con la salud ecológica planetaria.
Las cenizas ideológicas
El problema se vuelve más complejo cuando se entiende que las quemas y la crisis ambiental se repiten en las naciones vecinas. No sorprende que ocurra con gobiernos conservadores como los de Colombia, Perú y Paraguay. Más difícil se vuelve asumir que en Bolivia, desde posturas ideológicas que se presentan como opuestas, también se han debilitado los controles ambientales, se perdonaron las faltas a los deforestadores y se alienta el avance del agronegocio.
El gobierno de Evo Morales cita a la Pachamama, pero sus acciones concretas han sido las de promover la explotación minera, petrolera y agropecuaria, y por ello enfrenta un desastre ecológico similar. Así como Bolsonaro ataca a los ambientalistas, la administración de Morales se burla de ellos, los hostiga y ha amenazado con expulsarlos del país.
En los progresismos, la retórica se nutre de otros argumentos. Por ejemplo, el vicepresidente boliviano, Álvaro García Linera, cita a Marx y a Lenin, pero también sostiene que la protección de la naturaleza es un invento del norte y por eso no deberían ser guardabosques de nadie. Tuvieron éxito en esa promesa: no cuidaron los bosques y ahora se están incendiando. Y aunque los aderezos de sus discursos son opuestos a los de Bolsonaro, las similitudes en sus esencias dejan un gusto muy amargo.
Por todo esto, cuando se leen los titulares de la prensa en Madrid, Londres o París, siempre queda esa sensación de que realmente no están entendiendo lo que ocurre aquí en el sur. Es más sencillo atacar a Bolsonaro, en tanto es machista, racista, violento y autoritario, pero es más dificultoso asumir las serias contradicciones en otras tiendas políticas. Nos cuesta entender que estamos ante una crisis ecológica de escala continental y que ella también expresa el agotamiento de las ideologías políticas herederas de la Europa ilustrada. Las viejas políticas, todas ellas, han caducado. La cuestión es comprenderlo para construir alternativas antes de que se queme el último árbol.
* Miembro del Centro Latino Americano de Ecología Social.   https://ctxt.es/es/20190828/

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=259981

"Queremos fortalecer nuestras formas de vida comunitaria, las relaciones de respeto y apoyo mutuo. No para gestionar proyectos de gobierno, para eso ya hay muchos, nosotros nos preguntamos y preguntamos: qué podemos construir con nuestras propias fuerzas, con la fuerza organizativa que levantan los pueblos cuando desde la palabra nace el acuerdo y crecen las propuestas y la organización".

enred_sinfronteras@riseup.net

México: Denuncia urgente por ataque armado a comunidades del CIPOG-EZ

21 de julio de 2019

Denuncia urgente por ataque armado a comunidades del CIPOG-EZ

Desde el Concejo Indígena y Popular de Guerrero Emiliano Zapata, denunciamos que en estos momentos tarde noche del sábado 20 de Julio del 2019, varios comandos armados del grupo narcoparamilitar de los “Ardillos” sitiaron la comunidad de Tula Guerrero. Llevan ya varias horas de ataque armado y la balacera no ha parado. En este momentos desconocemos el número de hermanos heridos o asesinados.

Por lo tanto urgumos a las autoridades locales, estatales y federales que intervengan inmediatamente para evitar una masacre. A las organizaciones nacionales e internacionales solidarias y defensores de los derechos humanos les solicitamos demandar al estado mexicano su inmediata intervención para evitar una masacre contra nuestros hermanos y hermanas indígenas nahuas de la comunidad de Tula.

Atentamente:

Concejo Indígena y Popular de Guerrero – Emiliano Zapata
https://cipogez.wordpress.com/

fuente:http://www.congresonacionalindigena.org/2019/07/20/denuncia-urgente-por-ataque-armado-a-comunidades-del-cipog-ez/


¡Nunca más un México sin nosotros!

¿QUÉ QUEREMOS HACER?


El CIPOG-EZ es una organización política que nace para acompañar a nuestros pueblos, a nuestras asambleas. Con respeto a la autonomía de las comunidades, las organizaciones y las personas. Nuestro propósito es trabajar y formarnos para servir a nuestros pueblos, para defender nuestras comunidades y construir un futuro digno en nuestros territorios.


El CIPOG-EZ se propone trabajar con la gente sencilla y humilde pero honesta y digna. No para decirles qué van a hacer, sino para tomar en cuenta su palabra y pensar cómo podemos seguir caminando como pueblos. Construir una red organizativa que, tomando en cuenta la palabra de la gente, responda a preguntas para actuar con responsabilidad en la lucha de nuestros pueblos y para construir propuestas para resistir a la guerra de exterminio contra los pueblos originarios.

Queremos fortalecer nuestras formas de vida comunitaria, las relaciones de respeto y apoyo mutuo. No para gestionar proyectos de gobierno, para eso ya hay muchos, nosotros nos preguntamos y preguntamos: qué podemos construir con nuestras propias fuerzas, con la fuerza organizativa que levantan los pueblos cuando desde la palabra nace el acuerdo y crecen las propuestas y la organización.

El CIPOG-EZ busca ser una pequeña casa donde podamos escucharnos y hablar entre pueblos. No viene a prometer nada, viene a preguntar y a escuchar. No sigue el calendario electoral ni la gestión de proyectos del mal gobierno, no trabaja ni tiene tratos con partidos políticos.

Si camina con las comunidades y sus asambleas con los siguientes principios:

No hacer acuerdos arriba para imponer abajo.

Sí construir acuerdos para organizarnos desde abajo.

No negociar movimientos a espaldas de quienes los hacen.

Sí tomar en cuenta la opinión de todos los que participan.

No buscar regalitos, posiciones ni puestos públicos.

Sí ver más lejos que las ventanillas del gobierno.

El CIPOG-EZ camina abajo, con los pueblos indios y frente al sistema capitalista que nos despoja, explota, desprecia y reprime. Como pueblos originarios recuperamos los principios que nos heredaron las luchas de nuestros pueblos:

* Mandar obedeciendo.

* Proponer y no imponer.

* Construir y no destruir.

* Bajar y no subir.

* Convencer y no vencer.

* Representar y no suplantar.

* Servir y no servirse.


Fuente: https://redlatinasinfronteras.wordpress.com/2019/07/21/mexico-denuncia-urgente-por-ataque-armado-a-comunidades-del-cipog-ez/

"Estamos viviendo bajo un momento de austeridad fiscal y recorte de inversiones públicas en América Latina. En ese contexto, entre otras medidas, diversos gobiernos están impulsando y defendiendo la realización de reformas tributarias(...)N ninguna tiene como reto cambiar la estructura desigual del cobro de impuestos en nuestra región".

[argentinamejorsintlc] Estudio de la ISP: la justicia fiscal es posible en América Latina


Pobres son los que más pagan impuestos en América Latina y la recaudación es insuficiente para financiar servicios públicos de calidad, según estudio

La publicación “¿La justicia fiscal es posible en América Latina?”, que será lanzada el 30 de agosto, analiza las diferencias de tributación entre países latinoamericanos y países de la OCDE, apuntando caminos para un cobro de impuestos más igualitario y eficiente. La iniciativa es una asociación entre la Internacional de Servicios Públicos (ISP), la fundación alemana Friedrich Ebert (FES) y el economista brasileño Eduardo Fagnani.

En los últimos años estamos viviendo bajo un momento de austeridad fiscal y recorte de inversiones públicas en América Latina. En ese contexto, entre otras medidas, diversos gobiernos están impulsando y defendiendo la realización de reformas tributarias como parte del paquete de reformas necesarias para recuperar la economía.

Sin embargo, esas propuestas de reformas tributarias tienen algo en común: ninguna tiene como reto cambiar la estructura desigual del cobro de impuestos en nuestra región. Por el contrario, en general, mantienen la lógica de concentrar la parte más grande de la recaudación sobre el consumo, en lugar de tributar proporcionalmente más la renta y el patrimonio, al paso que no se revisan los privilegios tributarios frecuentemente concedidos a la porción más rica de la sociedad y a las grandes empresas trasnacionales – estos elementos son los que caracterizan la regresividad de los sistemas tributarios en América Latina

Para comprender cómo funciona la tributación en América Latina y buscar alternativas técnicamente viables para reformas progresivas es que nació la publicación ¿La justicia fiscal es posible en América Latina?, organizada por Gabriel Casnati y elaborada por los economistas brasileños Pedro de Carvalho Jr. y Eduardo Fagnani.

El estudio, una asociación entre la Internacional de Servicios Públicos (ISP) y la fundación alemana Friedrich Ebert (FES), será lanzado en el próximo viernes, 30 de agosto, en la página web y las redes sociales de la ISP y en las redes sociales del periódico Le Monde Diplomatique Brasil y Le Monde Diplomatique Chile. Se puede leerlo y descargarlo haciéndose clic aquí.

Con base en un análisis comparativo entre la estructura de impuestos de los países latinoamericanos frente a los miembros da la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), formada mayoritariamente por naciones desarrolladas, la publicación presenta propuestas de reformas tributarias que si implementadas aproximarían los niveles de carga tributaria de los dos grupos de países, sin necesariamente aumentar la carga tributaria total. Para ello, son presentadas propuestas elaboradas conjuntamente por el movimiento sindical y académico en Brasil, Chile y Costa Rica.

Para más informaciones: Gabriel Casnati, coordinador regional Tax-Trade ISP Interaméricas. gabriel.casnati@world-psi.org o +55 11 94243-7876.

Abraços,

Gabriel Casnati


ISP/PSI Interamerica
Oficina Regional - Regional Office
São Paulo - SP / BRASIL
Tel.: +55 11 9 4243-7876

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domingo, 1 de septiembre de 2019

Apreciemos: "Algo se está gestando en el impenetrable chaqueño, es una articulación de distintas luchas propiamente indígenas, que están confluyendo en una articulación de experiencias que van desde la conformación de guardias comunitarias, la lucha por la recuperación de tierras, la reivindicación de la cultura indígena y su espiritualidad y la experiencia indígena piquetera heredera del 2001 y particulares formas de autogobierno".

El Ya Basta de las comunidades indígenas del Impenetrable Chaco

1 de septiembre de 2019

Desde mediados de 2018 en la zona del Impenetrable Chaco, en el norte de Argentina, las comunidades indígenas Qom y Wichí fueron noticia, debido a la recuperación de tierras iniciadas por las Comisiones de Recuperación de Tierras en Miraflores y la creación de las guardias comunitarias wichí Whasek, en Sauzalito y Nueva Pompeya, para proteger el monte y luchar contra el narcotráfico, como así también la creación de un cuerpo de bomberos. 

Por Desinformémonos

Más de 3.700 hectáreas recuperadas en Miraflores y el reconocimiento del gobierno del Chaco, de que ese territorio corresponde a la reserva indígena; sumado a la creación de las guardias comunitarias indígenas wichí en Sauzalito y Nueva Pompeya, es sólo una muestra de la intensificación de la lucha y resistencia por la recuperación del territorio, y la necesidad de ejercer autonomía sobre dichos territorios (para mas información sobre estas luchas clic aquí).
El Chaco, al igual que la mayoría de las provincias del norte Argentino, están siendo asoladas por la intensificación de la presencia del narcotráfico, la corrupción de los gobiernos, el desvío de fondos indígenas, la intensificación del despojo de tierras, deforestación y la contaminación debido a las políticas extractivistas, el aumento de gatillo fácil y la falta de trabajo que en las poblaciones indígenas muestra un índice muy elevado. Sumado a esto, enfermedades endémicas en los territorios indígenas como el mal de Chagas, la tuberculosis y las enfermedades relacionadas con el arsénico en las aguas de pozo; como así también la desnutrición provocada por una monodieta hidrocarbonada a base de harinas, grasas, aceite, de vez en cuando arroz o sémola, dan cuenta de un cuadro de abandono sistémico, un genocidio silencioso.
Estas resistencias tuvieron sus muertos indígenas: Silverio Enrique desaparecido en 2018 en la zona de las recuperaciones de tierras en Miraflores. Su cuerpo fue encontrado días después de su desaparición. No se le realizó ninguna autopsia. En 2018 es asesinada y violada Dominga Arias joven wichí en la zona de Sauzalito. En 2019 desaparece por más de 5 días María Magdalena Moreyra adolescente, hermana de Ariel Sánchez que es uno de los hermanos que empezaron la recuperación de tierras en Miraflores. Su cuerpo fue encontrado enterrado en el patio del femicida y violador. De nada sirvieron las denuncias previas efectuadas por los familiares.
Es por eso que la muerte de María Magdalena acentuó la indignación, la rabia y rebeldía de las comunidades indígenas de Miraflores por tanta injusticia, racismo y despojo acumulados por siglos.

Fueron jornadas de asambleas de las comunidades indígenas y el miércoles 28 de agosto se decidió la toma de la comisaria, luego la Intendencia. Echaron al comisario y al intendente. Tomando como ejemplo la experiencia de la guardia comunitaria Whasek se decide que también Miraflores va a conformar su guardia comunitaria y esta asamblea de autoconvocados indígenas decide suspender las elecciones.

Algo se esta gestando en el impenetrable chaqueño, es una articulación de distintas luchas propiamente indígenas, que están confluyendo en una articulación de experiencias que van desde la conformación de guardias comunitarias, la lucha por la recuperación de tierras, la reivindicación de la cultura indígena y su espiritualidad y la experiencia indígena piquetera heredera del 2001 y particulares formas de autogobierno. Estas formas de organización no están influenciadas por ningún partido, sindicato u Ong. Es la maduración de experiencias propiamente indígenas que abrevan de la propia historia de resistencia y lucha de los pueblos del impenetrable chaqueño, como así también de experiencias de otros pueblos indígenas de nuestro continente, como por ejemplo la lucha del Consejo Regional Indígena del Cauca del pueblo nasa de Colombia o la lucha del municipio autónomo de Cherán México contra el narco y la recuperación de formas de autogobierno indígena.
A continuación el acta redactada por este movimiento social indígena del impenetrable chaqueño ante la falta de respuestas del gobierno:
1 – Reclusión perpetua para el asesino “Facundo David Narciso”, inmediato enjuiciamiento y condena.
2- Destitución inmediata del comisario López y de todo el cuerpo policial.
3 – Profundizar la investigación del narcotráfico en Miraflores.
4 – Destitución del fiscal Obregón por incumplimiento de sus deberes de funcionario público, por no actuar en las denuncias previas que se realizaron por parte de la familia de las víctimas.
5 – Conformación de una secretaria de derechos humanos en Miraflores, donde las comunidades puedan hacer sus denuncias y reclamos.
6 – La inmediata puesta en funcionamiento de personal femenino indígena en la comisaria para atender las demandas de nuestras comunidades, en especial a la violencia de género.
7 – Desde nuestras comunidades para contribuir a la sana convivencia hemos decidido crear la guardia comunitaria indígena para resguardar la seguridad y la integridad de nuestras familias.
8 – Solicitamos en lo inmediato la intervención de la señora ministra de Justicia y gobierno para dialogar con la comunidad para una inmediata resolución de lo planteado.
9 – Intervención del municipio de Miraflores (por el mal manejo y su no funcionamiento).
10 – Intervención del juez de paz (juzgado de paz).
11 – Intervención de la comisaria de Miraflores.
12 – Suspensión de las elecciones en Miraflores.

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Fuente: https://www.anred.org/2019/09/01/el-ya-basta-de-las-comunidades-indigenas-del-impenetrable-chaco/

Necesitamos generalizar la toma de conciencia sobre el carácter ecocida y genocida del capitalismo, por su identificación con el sistema opresor, progresistas y neoliberales coinciden en promover los extractivismos.

enred_sinfronteras@riseup.net

La derecha sudamericana estimula la destrucción del medioambiente

1 de septiembre de 2019

Unos se hacen cómplices de la acelerada destrucción del planeta, otros simulan ser santos ecologistas. Francia destruye su Guyana mientras critica a Bolsonaro y otros delincuentes políticos sudamericanos. Macron no vale más que Trump. Juntos terminaron por destruir la economía argentina, apoyando a Macri con el concurso del FMI y el Banco Mundial.


 La derecha sudamericana estimula la destrucción del medioambiente

El mejor ejemplo está dado por los gobiernos de Brasil y Chile, íconos del neoliberalismo salvaje en la región

Escribe Arturo Alejandro Muñoz

Resulta imposible negarlo. El neoliberalismo no puede prosperar sin destrozar, arrasar y aniquilar el medioambiente, así como le cuesta mucho funcionar sin narcotráfico. Es parte de su naturaleza, ello forma cuerpo en su esencia como sistema. Tal vez sea el corazón del mismo, o el alma.

Las tiendas políticas derechistas de Sudamérica aman el destrozo del medioambiente; según ellas, lo hacen “en beneficio de la producción y el desarrollo”, la libre competencia, el mercado, y todas esas cuestiones que se enmarcan dentro de la Economía, para lo cual esgrimen argumentaciones tan extrañas como una mermelada de lluvia. En este caso, de palabras rimbombantes cuyos significados entienden sólo los economistas, aunque tampoco saben para qué sirven puesto que ni siquiera pueden asegurar que aplicándolas resolverán el problema de la pobreza y la desigualdad.

Lo dicho, a la derecha sudamericana le encanta hacer pebre el planeta, el medioambiente.

Hasta el día anterior del ascenso de Jair Bolsonaro a la presidencia de Brasil, la mitad de las especies de árboles de la Amazonia se encontraba en peligro de extinción. A ese ritmo de deforestación, antes de 20 años, el 57% de aquella gigantesca zona estaría en alerta roja amenazada por la muerte de la mitad de las especies existentes.

Bolsonaro y la derecha brasileña quieren apurar el tranco y ayudar a la Amazonia a morir con rapidez. El gobierno del ex capitán de ejército autorizó con bastante ‘orgullo patrio’ la invasión de empresas y aventureros a la zona, para que desforesten y exploten todo lo que sea posible de explotar.

El llamado “pulmón verde” del mundo sufre hoy la tala masiva de muchos de sus árboles. Organizaciones preocupadas del cuidado y conservación del medioambiente aseguran que cincuenta y dos millones de árboles son talados cada hora en la Amazonia. Sí, leyó bien, 52 millones de árboles en cada hora. Una brutal estupidez que comienza a convertirse en crimen contra la Humanidad.

No se detiene allí esta desgracia: muchas de las tribus amazónicas –como los Awá y los Guajajara– han comenzado a organizarse portando armas convencionales (escopetas, rifles y pistolas), y otras que no lo son (arcos, flechas y machetes), dispuestos a defender los terrenos que han ocupado por siglos, pero que entusiasman a empresas depredadoras, madereros furtivos y bandoleros varios que pujan por meter máquinas, derribar árboles y horadar la tierra en busca de minerales.

El mundo sufre mirando la agonía del gran pulmón verde y su propia decadencia. La derecha brasileña –y la del subcontinente– aplauden porque a esa masacre y brutalidad la consideran “desarrollo”.

La tragedia que viven algunas tribus amazónicas, en pleno siglo XXI, es un asunto casi olvidado (mas, no desconocido) por las grandes organizaciones supranacionales, menos por Greenpeace, que en su página web es.greenpeace.org, informa lo siguiente:

“Brasil es el país que alberga la mayor parte de la selva amazónica, pero la deforestación y la degradación forestal es un problema crónico. La expansión de la frontera agrícola para el cultivo de soja y la creación de pastos para la ganadería es la principal responsable de este problema. También, la explotación forestal industrial, en gran parte ilegal, abre el camino a la destrucción posterior mediante el uso del fuego. Otra gran amenaza son los grandes proyectos hidroeléctricos que amenazan toda los valiosos ríos de la cuenca amazónica, como el complejo de presas proyectadas en la cuenca del río Tapajos, hogar de la tribu Mundurukú”.

Miles de kilómetros al suroeste, otras acciones depredadoras se llevan a efecto ‘oficialmente’. Es en Chile donde el sistema neoliberal alcanza grados de salvajismo en las materias que invocan estas líneas. El pequeño país andino (su población alcanza solamente a dieciséis millones de habitantes) es considerado ‘laboratorio de prueba’ por las multinacionales y por el Fondo Monetario Internacional (FMI), aprovechando que la sociedad civil chilena quedó prácticamente “amaestrada” luego de diecisiete años de una cruel dictadura, y que pese a estar nuevamente en ‘democracia’ continua semidormida e increíblemente temerosa de las reacciones de sus propias fuerzas armadas, lo que permite a unas venales y corruptas cofradías políticas y empresariales experimentar aquello que proponen Washington, el Banco Mundial y el FMI.

Los gobiernos chilenos, asociados en lo que la prensa independiente bautizó con el nombre de “duopolio binominal”, siguieron (y siguen aún) al pie de la letra las indicaciones y ‘consejos’ de las transnacionales y de EEUU, soslayando dramáticamente las consecuencias medioambientales que se derivan de esas acciones, que son voluminosamente rentables para las sociedades empresariales, pero dañinas y gravísimas para la población en general, y para el futuro de esa república. El siguiente listado de daños es incluso insuficiente para demostrar lo dicho.

Empresas mineras, en el norte y centro del país, ocupan más del 50% de las aguas de ríos y lagunas, contaminando el resto de ellas con el vaciamiento de materiales tóxicos que aumentan la tragedia de pequeños agricultores sitos en los valles cercanos, quienes ven reducidos los volúmenes de agua para el riego y, además, envenenados sus sembradíos.
Empresas mineras como las existentes en el centro norte, han dejado sin agua dulce a miles de personas, obligándolas a recurrir a camiones aljibes provenientes de comunas aledañas para surtirse del vital líquido. Todo ello con el consentimiento del gobierno de turno. Petorca es el mejor ejemplo.
Entrega del mar y sus productos a siete familias, sin duda un desquiciamiento político-económico que tendrá severas y graves réplicas en los asuntos medioambientales a mediano y largo plazo, además del desastre que ello significa para cientos de familias dedicadas a la pesca artesanal que constituye su sustento.
Destrucción de glaciares por parte de empresas transnacionales que explotan recursos mineros en la alta cordillera (cordillera de los Andes), una de ellas, frente a Santiago, la capital del país.
Envenenamiento de ríos y lagos realizado por empresas madereras en el sur del país, sacrificando el medioambiente donde habitan pueblos, comunidades y ciudades. Deforestan extensos bosques de árboles nativos reemplazándolos por maderas de rápida industrialización, como los pinos.
Instalación de tóxicas y contaminantes termoeléctricas en zonas de muy fino equilibrio medioambiental, donde existe una fauna que es exclusiva de aquellos lugares, y por lo tanto única en el mundo, destrozando ecosistemas y poniendo en grave riesgo la salud de la población.
Intoxicaciones masivas en ciudades como Quintero, provocadas por industrias que son altamente contaminantes, pero el gobierno de turno (el de Sebastián Piñera en este caso) opta por apoyar a esas empresas y dejarles puertas abiertas para seguir ’produciendo’ (ergo, contaminando).
Vaciamiento de líquidos tóxicos a ríos y al mar, efectuado por diversas empresas, tanto madereras, mineras y salmoneras, con el silencio cómplice del Estado.
Lo dicho, al neoliberalismo y a la derecha chilena les parece normal y necesario destruir el medioambiente para que algunas corporaciones y empresas privadas puedan llenar sus faltriqueras a costa de la salud de la población y el futuro del país.

En este salvajismo no están exentas de culpa la ex Concertación y la ex Nueva Mayoría: ambas se casaron con los objetivos del neoliberalismo transformándose en sus mejores administradores, y en sólidos defensores de la expoliación de recursos naturales y la concentración de la riqueza en pocas manos.

En este y en otros casos es imposible discernir diferencias entre las coaliciones de “centro-izquierda” y las coaliciones de “centro-derecha”. Unidas por el “centro”, de cara a la destrucción de la Naturaleza y en materia económica y medioambiental vienen a ser lo mismo.

https://madmimi.com/p/b5c12f

enviado por diarioelect.politika@gmail.com


Fuente: https://redlatinasinfronteras.wordpress.com/2019/09/01/la-derecha-sudamericana-estimula-la-destruccion-del-medioambiente/

“Estamos en un momento en el que el gran debate ético y político nos pone ante dos opciones: compartir a una escala sin precedentes o matar a una escala que tampoco tiene precedentes. La extrema derecha va a construir política de mayorías apelando a todos los temores y todas las angustias que genera esta situación, preparándonos colectivamente para dar una respuesta homicida a la crisis climática. Tenemos en nuestra mano evitar que eso suceda".


Extrema derecha y crisis climática: el riesgo del nacionalismo verde

1 de septiembre de 2019

Movidas por la creciente preocupación social por los efectos del cambio climático, algunas formaciones de extrema derecha viran de su tradicional discurso negacionista hacia posiciones más estratégicas en defensa del medio ambiente.

Por Layla Martínez para El Salto

Las elecciones parlamentarias de 2018 en Hungría confirmaban el apoyo al gobierno ultraderechista de Viktor Orbán, que lograba la mayoría absoluta por tercera vez. Su partido, la Unión Cívica Húngara (Fidesz), conseguía 133 de los 199 escaños en juego, mejorando los resultados de las elecciones anteriores. Sin embargo, la sorpresa electoral no la daba la formación de Orbán.
Al otro lado del arco parlamentario, el Partido Socialista Húngaro se hundía hasta los 20 escaños y perdía el segundo puesto. El liderazgo de la oposición quedaba en manos del Movimiento por una Hungría Mejor (Jobbik), un partido aún más escorado a la derecha que la Unión Cívica y que lograba 26 escaños. La correlación de fuerzas parlamentarias no dejaba mucho lugar a dudas: a un lado tenías a la ultraderecha y al otro, bueno, más ultraderecha aún. Podemos calificarlos de fascistas sin miedo a equivocarnos: el Movimiento tiene incluso sus propios cuerpos paramilitares, los Magyar Garda.
Las contundentes victorias electorales y el dominio parlamentario colocan a la extrema derecha húngara en una posición de liderazgo entre los partidos de esta corriente de otros países europeos, junto con el Ley y Justicia polaco. Todos quieren parecerse a ellos. Todos escuchan sus declaraciones, analizan sus discursos, aprenden de sus medidas.
En este contexto, las declaraciones de la Unión Cívica sobre la necesidad de aplicar políticas que frenen la crisis climática son especialmente relevantes. En el Parlamento Europeo, el partido de Orbán es uno de los que más han defendido la necesidad de estas medidas dentro de la extrema derecha, aunque en Hungría se ha mostrado bastante más moderado. El Movimiento por una Hungría Mejor no se queda atrás: el partido se autodefine como “ecologistas de extrema derecha” y en su página de Facebook promueve un “nacionalismo verde” y una “administración de la naturaleza bajo valores cristianos”.
La mayoría de los parlamentarios de extrema derecha votan regularmente en contra de las medidas de política climática y energética, según un estudio sobre 21 formaciones políticas europeas de ultraderecha.
Otro de los partidos que parecen estar modificando su discurso sobre la crisis climática es el Reagrupamiento Nacional de Marine Le Pen. En su programa para las elecciones europeas de este año, escrito en forma de manifiesto, anunciaban la creación de una plataforma dedicada al cambio climático. El portavoz del partido, Jordan Bardella, decía en una entrevista en abril que “las fronteras son el mejor aliado del cambio climático” y que “con ellas salvaremos el planeta”. La propia Le Pen argumentaba que la preocupación por el clima es “inherentemente nacionalista” y que los que son “nómadas”, refiriéndose a los migrantes y los refugiados, “no se preocupan del medio ambiente, porque no tienen patria”.
Guillermo Fernández, experto en la extrema derecha francesa, apunta que la incorporación de la defensa del ecologismo como una parte del proyecto nacionalista está siendo una de las líneas que están siguiendo algunas corrientes de la derecha radical europea para renovar el proyecto de patriotismo identitario. “Este ha sido en buena medida el programa del Frente Nacional, ahora Reagrupamiento Nacional, francés entre 2011 y 2017. Su ideólogo, Florian Philippot, sigue defendiendo este tipo de ideas y se le puede ver fácilmente criticando el uso de pesticidas o hablando del maltrato animal y de la necesidad de incrementar las ayudas públicas al sector primario francés para que acometa este tipo de reformas. Y todo con una mantra general: de ese modo se favorecerá la salud de todos los franceses y la supervivencia del modo de vida francés”.
No obstante, esta posición no es compartida por toda la extrema derecha francesa: “la posición de Marion Maréchal Le Pen, nieta de Jean-Marie Le Pen y favorita para liderar el Reagrupamiento Nacional en el futuro, es que el ecologismo es un enemigo cultural al que combatir porque, en primer lugar, exagera en sus diagnósticos, y, en segundo lugar, es un caballo de Troya del liberalismo globalista”.
En los últimos meses hemos asistido a varios ejemplos de partidos de ultraderecha que han hecho campaña en contra de las políticas para frenar la crisis climática.
Esta ambivalencia es compartida por una buena parte de la ultraderecha europea. En un estudio realizado por Stella Schaler y Alexander Carius que analiza la postura relativa a la crisis climática y las políticas medioambientales de 21 partidos de extrema derecha presentes en el Parlamente Europeo, los autores encontraron una gran variedad de posicionamientos, desde negacionistas del cambio climático a conservacionistas del medio ambiente. Aunque los negacionistas son cada vez menos —Schaler y Carius encontraron que siete de los 21 partidos sostenían esta postura—, la mayoría de los parlamentarios de extrema derecha votan regularmente en contra de las medidas de política climática y energética —dos de cada tres según el estudio— y la mitad de todos los votos en contra de las resoluciones sobre clima y energía provienen de la extrema derecha.
De hecho, en los últimos meses hemos asistido a varios ejemplos de partidos de ultraderecha que han hecho campaña en contra de las políticas para frenar la crisis climática, con un resultado desigual. En Finlandia, las elecciones generales de este año dieron, contra todo pronóstico, el liderazgo de la oposición al Partido de los Finlandeses, cuya campaña se había basado en un rechazo explícito de estas medidas bajo el argumento de que perjudican a la clase trabajadora. Mientras los otros ocho partidos que concurrían a las elecciones habían incluido en sus programas medidas contundentes contra el cambio climático, la agrupación de ultraderecha decidió apostar por convertir este tema en un polarizador del debate y asumir una postura contraria. Les salió bien: sus afirmaciones de que el país había caído en la “histeria climática” y que “ya había hecho suficiente en ese asunto” les dieron 39 escaños, solo uno por debajo del ganador, el Partido Socialdemócrata.
La extrema derecha”, dice Héctor Tejero, “se va a enfrentar a un gran dilema los próximos años, ya que tradicionalmente se ha asociado a posturas negacionistas climáticas.
En Alemania, en cambio, esta estrategia no parece haber dado tan buenos resultados. En las últimas elecciones europeas, en las que el cambio climático aparecía como una de las principales preocupaciones de lo votantes, Alternativa para Alemania optó por reafirmase en sus posturas negacionistas. Aunque el partido creció modestamente respecto a los comicios anteriores, sus resultados se vivieron como una derrota, ya que los Verdes les doblaron en apoyo electoral y se hicieron con el segundo puesto.
Algunas corrientes del propio partido culparon de estos resultados a las posturas sobre el cambio climático y exigieron una rectificación. En una carta abierta, el líder de las juventudes del partido, David Eckert, instaba a la organización a “abstenerse de declarar que la humanidad no influye en el clima”, advertía de que eso podía alejar al partido de los más jóvenes y señalaba que los problemas climáticos “mueven a más personas de las que creíamos”.
Riesgos
El aumento de la preocupación de los ciudadanos por los efectos de la crisis climática está obligando a los partidos a posicionarse respecto a ella, incluyendo a las agrupaciones de extrema derecha que no habían tenido una postura clara más allá del negacionismo que compartían de forma mayoritaria hace unos años. Este posicionamiento se está convirtiendo en un factor cada vez más decisivo para el voto, y es previsible que su peso aumente a medida que los efectos de la crisis climática se dejen notar con más virulencia en nuestra vida cotidiana. Por ello, aunque una parte de ellos sigue anclada en el negacionismo, muchos otros han empezado a virar su discurso hacia posiciones más estratégicas.
Emilio Santiago y Héctor Tejero, autores de ¿Qué hacer en caso de incendio? (Capitán Swing, 2019) ven dos posibles opciones: “la extrema derecha”, dice Tejero, “se va a enfrentar a un gran dilema los próximos años, ya que tradicionalmente se ha asociado a posturas negacionistas climáticas que cada vez son más insostenibles por la pura experiencia personal de la gente. Ante esto tienes dos posibles opciones: la tibieza, con posturas que reconocen el cambio climático pero disminuyen la importancia de sus consecuencias y proponen medidas claramente insuficientes, generalmente escudándose en las necesidades económicas, o tratar de utilizar la crisis ecológica en beneficio de sus posicionamientos y políticas anti migración, pero también anti élites”.
Para Santiago, es probable que esas dos posibles líneas de posicionamiento estén relacionados con las propias reservas de combustibles fósiles que tenga el país: “En países donde haya combustibles fósiles va a ser muy tentador aprovechar esa oportunidad de apurar las reservas de combustibles fósiles externalizando el daño en el exterior y escudándose en el negacionismo del cambio climático, aunque sea un negacionismo tibio. La otra posible línea es aprovechar la crisis climática para consolidar un discurso excluyente, de cierre nacionalista ante la percepción de escasez”.
Santiago: “La extrema derecha va a construir política de mayorías apelando a todos los temores y todas las angustias que genera esta situación, preparándonos colectivamente para dar una respuesta homicida a la crisis climática”.
El riesgo de que la extrema derecha utilice la crisis climática para extender un discurso racista y xenófobo es especialmente preocupante si tenemos en cuenta que la ONU cifró ya en 17,2 millones los desplazados como consecuencia del cambio climático el año pasado y que es previsible que esta cifra aumente a medida que se aceleren los efectos de la crisis ecológica. “Las migraciones climáticas van a adquirir tales dimensiones que hay que reconocer que su potencial para la desestabilización política es objetivo”, señala Santiago.“Una política de apertura de fronteras, que es la que éticamente deberíamos mantener, debe asumir que su tarea va a ser difícil por estas tensiones, por el peligro de la extrema derecha y por el riesgo de que también desde la izquierda surjan opciones, de las que ya estamos viendo conatos, que apuesten por políticas excluyentes”.
Para Tejero, “quizás el mayor miedo es que un contexto de crisis climática grave se utilicen argumentos que puedan apelar a más cantidad de gente, incluida gente que se sienta y tradicionalmente vota izquierda. Por ejemplo, los argumentos del ‘no cabemos todos’ o la ‘ética del bote salvavidas’, en la que al no haber espacio, se está legitimado éticamente dejar morir a la gente sin ayudarla o incluso evitar por la fuerza que se suban al bote”.
Precisamente esta metáfora del bote salvavidas es utilizada de forma frecuente en las comunidades ecologistas de extrema derecha que se pueden encontrar en internet. Aunque su número y capacidad de influencia es pequeña, han adquirido notoriedad a partir de la matanza de Christianchurch, Nueva Zelanda, en marzo de este año, cuyo autor se definía a sí mismo como “ecofascista” en el manifiesto que hizo público antes del tiroteo. Las justificaciones de defensa de la naturaleza también estaban entre las motivaciones aducidas por el autor de la masacre de El Paso, en agosto, que acabó con la vida de 22 personas. Estos grupos comparten una ideología que combina racismo, nacionalismo, supremacismo blanco, tesis eugenésicas y una defensa de la naturaleza basada en el lebesraum, el espacio vital.
Santiago plantea que “a nivel institucional sería importante ser capaz de pensar en políticas a medio plazo que sitúen correctamente quién es el enemigo real y qué es lo que está en juego”
Peter Standemaier y Janet Biehl investigaron el origen de esta ideología en su libro Ecofascismo. Lecciones sobre la experiencia alemana (Virus, 2019): “Ha habido un vínculo histórico significativo entre algunas versiones del ecologismo y algunas versiones de la política de la derecha durante más de un siglo, tanto en Europa como en América del Norte y en otros lugares”, dice Staudenmaier. “La mayor parte de mi investigación se centra en Alemania en la primera mitad del siglo XX, pero la historia completa es mucho más amplia. En los Estados Unidos, por ejemplo, varios conservacionistas tempranos apoyaron firmemente la eugenesia. Quizás el aspecto más importante de esta historia es la conexión que los ecologistas de extrema derecha postulan entre la pureza natural y la pureza racial. Los recientes asesinatos en masa en Christchurch y El Paso son un ejemplo claro. Ambos autores invocaron explícitamente preocupaciones ecológicas al justificar sus acciones”.
Posibilidades
Los riesgos de un aumento del peso de los partidos de extrema derecha y de las posiciones ideológicas ecofascistas en el contexto de la crisis climática pueden frenarse desde varios frentes. Para Tejero, “esto pasa por plantear una alternativa progresista capaz de articular mayorías populares, electorales pero también sindicales y a nivel de movimientos en una transición ecológica socialmente justa que convierta la lucha contra la crisis climática en una palanca para reducir la desigualdad y democratizar la sociedad”.
Santiago plantea que “a nivel institucional sería importante ser capaz de pensar en políticas a medio plazo que sitúen correctamente quién es el enemigo real y qué es lo que está en juego. Se va a necesitar una guerra de posiciones con concesiones a corto plazo que hagan posibles victorias a largo. En el plano de los movimientos sociales, solo si somos capaces de construir una idea de felicidad más seductora pero a la vez con una carga ecológica menor, vamos a poder combinar transición ecológica y democracia”.
Los riesgos son grandes, pero las posibilidades también. “Estamos en un momento en el que el gran debate ético y político nos pone ante dos opciones: compartir a una escala sin precedentes o matar a una escala que tampoco tiene precedentes”, continúa Santiago. “La extrema derecha va a construir política de mayorías apelando a todos los temores y todas las angustias que genera esta situación, preparándonos colectivamente para dar una respuesta homicida a la crisis climática”. Tenemos en nuestra mano evitar que eso suceda.

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Fuente: https://www.anred.org/2019/09/01/extrema-derecha-y-crisis-climatica-el-riesgo-del-nacionalismo-verde/