viernes, 1 de diciembre de 2017

Sepamos: "La mayoría de los alimentos que se consumen hoy en día en el mundo se deriva de 5,000 especies de cultivos domesticados y 1,9 millones de variedades de plantas locales cultivadas por campesinos sin agroquímicos o semillas genéticamente modificadas. Este contexto crea un "impulso" para el desarrollo y la ampliación de la agroecología tal como la practican los agricultores campesinos y familiares".

El llamado de Brasilia

28 de noviembre de 2017
Miembros de la Sociedad Científica Latinoamericana de Agroecología (SOCLA) y de su capítulo de América del Norte (SOCLA-NA) se reunieron en Brasilia el Lunes 11 de Septiembre de 2017 antes del VI Congreso Latinoamericano de Agroecología.
Este encuentro también reunió a científicos e investigadores de otras organizaciones como la ‘Asociación Brasileña de Agroecología' (ABA), 'IFOAM - Organics International', 'Food First’, 'Agricultura Familiar e Agroecología' (ASPTA), ‘La Red de Agroecología Cuba-Estados Unidos’ (CUSAN) y de Universidades de Canadá, Estados Unidos, Holanda, Suecia y España quienes endorsaron la presente Declaración. Miembros de la ‘Vía Campesina’ y ‘Agroecología Europa’ contribuyeron a las discusiones que condujeron al texto final.
Contexto:
La Revolución Verde, símbolo de la industrialización agrícola, no sólo falló en garantizar una producción de alimentos segura y abundante para todas las personas, sino que también puso a los sistemas agrícolas y alimentarios actuales en un camino insostenible de múltiples crisis, incluida la contaminación ambiental, la degradación del suelo y la sobreexplotación de los recursos hídricos, la pérdida extrema de biodiversidad, servicios ecosistémicos debilitados, la erosión de los medios de vida rurales y la expropiación y la pérdida de campesinos, pueblos indígenas y agricultores familiares.
Estos impactos también afectan a los ecosistemas terrestres y acuáticos circundantes a través de contaminación acuática y atmosférica.
Además, la agricultura industrial contribuye con alrededor del 25-30% de las emisiones de GEI, alterando aún más los patrones climáticos y comprometiendo la capacidad del mundo para producir alimentos en el futuro.
La industria agroalimentaria fomenta el hambre al rebajar los precios que reciben los agricultores y destruye la viabilidad económica de los sistemas alimentarios locales.
Las actividades económicas extractivistas como la minería comercial, el fracking y otras, así como los conflictos armados, exacerban los problemas en el campo. Además, este sistema ofrece cada vez más alimentos procesados de baja calidad nutricional, altos en sal, azúcar y grasas, con énfasis en cantidades excesivas de carne y productos lácteos, todos los cuales contribuyen a las epidemias de enfermedades relacionadas con la dieta y la obesidad que afectan actualmente a billones de personas. A la luz del cambio climático, la concentración corporativa y financiera y el aumento de los costos de energía, podemos esperar una continuación de la volatilidad de los precios de los alimentos, la desnutrición y el hambre.
Esta situación se ve agravada por el hecho de que para 2030, el 60% de la población urbana mundial vivirá en ciudades, mientras que más del 56% de los pobres del mundo y el 20% de las personas desnutridas se concentran en las ciudades. Hoy, para una mega ciudad con 10 millones de personas o más, se deben importar más de 6.000 toneladas de alimentos cada día, viajando un promedio de 1,000 kilómetros.
Los monocultivos promovidos por la agricultura industrial se han expandido dramáticamente en todo el mundo; sólo un puñado de especies de cultivos y variedades dominan los 1.500 millones de hectáreas de tierras agrícolas del planeta. La drástica reducción de la diversidad de plantas y animales ha puesto a la producción mundial de alimentos en gran riesgo, debido a la extrema vulnerabilidad a las plagas, enfermedades y la variabilidad climática asociada con la uniformidad genética. El sistema alimentario industrial globalizado no es sostenible ni equitativo, no sólo no satisface las necesidades alimentarias de los pobres, sino que también ha perdido la confianza de los consumidores del norte.
A pesar de estos desarrollos, los campeones de la Revolución Verde invocan un temor neo-maltusiano de sobrepoblación para justificar la intensificación agrícola y la industrialización al afirmar que "Alimentar a nueve mil millones de personas en 2050 requerirá un aumento del 70% en la producción mundial de alimentos". Esta posición ignora el hecho de que ya producimos suficiente comida para 10 mil millones de personas, sin embargo, más de una de cada siete sufre hambre.
No menos del 50% de los alimentos del mundo es proporcionado por productores de pequeña escala en menos del 25% de la tierra cultivable. La mayoría de los alimentos que se consumen hoy en día en el mundo se deriva de 5,000 especies de cultivos domesticados y 1,9 millones de variedades de plantas locales cultivadas por campesinos sin agroquímicos o semillas genéticamente modificadas. Este contexto crea un "impulso" para el desarrollo y la ampliación de la agroecología tal como la practican los agricultores campesinos y familiares.
Hay un número creciente de estudios e informes que sugieren que una transición a una agricultura agroecológica no sólo proporcionaría a las familias rurales beneficios sociales, económicos y ambientales significativos, sino que alimentaría al mundo de manera equitativa y sostenible.
- Para descargar el artículo completo (PDF) haga clic en el enlace a continuación:
Fuente: http://www.biodiversidadla.org/Principal/Secciones/Documentos/El_llamado_de_Brasilia

Apreciemos construcciones democráticas desde abajo y entre los de abajo.

Entrevista a Dahyana Gorosito, segunda parte: 

de la soledad y el dolor, a nunca más caminar sola

1ro de diciembre de 2017

Fragmento final de la conversación exclusiva que Dahyana tuvo con medios alternativos que acompañan su lucha desde hace más de un año. El desconsuelo de perder una hija, la injusticia de ser acusada de ello y la esperanza de poder vivir una vida nueva donde ella decida. 

Cobertura Colaborativa de Absolución Para Dahyana.
Mientras concluye la primera semana de audiencias en la causa que investiga la participación de Luis Oroná y Dahyana Gorosito en la muerte de su bebé Selene, recuperamos la historia de la joven de 22 años que fue obligada a parir en un descampado, le fue arrebatada su primera hija mujer y luego fue incriminada por su muerte. Una trama de violencia, sometimiento y opresión que exige un Poder Judicial con perspectiva de género.
Mayo de 2016. Luego de haber sido sometida a una semana de violencias interminables, que comenzaron con un parto inhumano, la desaparición y posterior hallazgo de su beba muerta y un sinfín de violencias institucionales, Dahyana fue llevada al pabellón de mujeres de la Cárcel de Bouwer. Allí debió permanecer casi un año en prisión preventiva ya que la fiscal Mercedes Balestrini consideraba que había riesgo de fuga aduciendo que Dahyana se había “escapado del hospital”. Sobre ese episodio, Dahyana cuenta que puérpera, sin saber dónde estaba su hija, sin respuestas de las autoridades, y en el día del cumpleaños de su hijo Luisito -quien todavía se hallaba en la casa de los Oroná- estaba desesperada por ir a Unquillo a buscar a sus hijxs. Pero nunca llegó, una oficial de la policía la interceptó mientras se trasladaba en un colectivo interurbano.
Mientras Dahyana aún no se recuperaba de salud y afrontaba el dolor por la noticia de que su hija Selene estaba muerta -se enteró del terrible hecho a través de los medios, durante su internación- afuera se levantaba una marea mediática que la juzgaba sin piedad, apoyándose en una Justicia que no dejaba de acusarla de “mala madre”. Nadie se acordaba de que Luis Oroná, el padre de esa beba, el que se la había llevado, también estaba detenido y acusado por homicidio agravado por el vínculo.
Dahyana estaba sola. No contaba con su familia materna, de la que había huido escapando de la violencia de su padrastro; tampoco contaba con su familia política, la que en un principio fue contención y que luego se transformó en sometimiento, mentiras y extorsión con la muerte de su hija para cubrir a uno de los suyos.
Pero algunas mujeres escucharon la voz de Dahyana, que bajito resonaba, y comenzaron a indagar en el hecho, en la historia de su vida, y a acercarle algunas cosas a la cárcel. Aparecieron vecinas de Unquillo. Y luego un grupo de abogados y abogadas, y después una red más grande de organizaciones sociales que conformaron, en ese entonces, la Mesa de Trabajo por la libertad de Dahyana. El objetivo era que ésta pudiese pasar la navidad del 2016 con su hijo Luisito, de quién estaba alejada desde ese trágico día.
La libertad llegó recién en mayo de este año, unos días antes del cumpleaños de su hijo. Dahyana cuenta cómo fue ese día, en el que a las 10 de la mañana le informaron que tenía que salir “de comisión”, sin mayores explicaciones. Sólo las palabras de una de las guardias con las que tenía muy buena relación le sonaron extrañas: “A lo mejor hoy no vas al colegio de acá, pero podés ir a otro colegio”. El traslado llegó a destino y Dahyana continuaba especulando con lo que ese día podría ser, incluso pensó que era el día del juicio. Inesperadamente, aparecieron dos de sus abogadas con una sonrisa que no podían ocultar (ella estaba aún más desconcertada). “El ayudante fiscal me leía un montón de cosas que yo no entendía, y yo las veía a las abogadas que se reían (…) Después apareció la fiscal (Mercedes Balestrini) y me dijo que quedaba en libertad, que tenía que volver para el juicio. En ese momento, me largué a llorar”. Afuera, la esperaban muchas mujeres para darle un abrazo y decirle, finalmente, que ya no estaba sola.
Sentirse acompañada
Al salir de la cárcel de mujeres, Dahyana intentó volver a la casa de su madre y sus hermanxs, pero poco tiempo le llevó darse cuenta de que todo seguía igual. La violencia que el padre de sus hermanxs ejercía sobre la familia no había cesado.
Pero ahora ya había nuevas posibilidades, una familia nueva, compañera. Dahyana se refugió en aquellas mujeres que escucharon su voz y comenzó a transitar un camino que nunca había tenido la oportunidad de conocer: el de la libertad. Podía vivir por primera vez sola y tranquila, pero sabiéndose acompañada por muchas.
Nos cuenta que un día regresó a Bouwer por sus cosas y allí estaba todo. Sus compañeras habían guardado cada una de sus ropas, cuadros y fotos, e incluso los materiales con los que Dahyana hacía artesanías. Todo eso pasó a formar parte de su nuevo hogar, adornado enteramente por fotos de sus momentos felices con quien es la causa de sus risas, su hijo Luisito.
La tortura de estar un año separada de su hijo Luis no concluye aún. A Dahyana sólo se le permiten algunas visitas semanales que actualmente no se están concretando, mientras Luisito está a cargo de la mamá de Luis Oroná.
Imaginar el futuro se vuelve algo hermoso y duro a la vez. A Dahyana se le retuerce el corazón al pensar en el juicio que hoy debe transitar, en todo este mal sueño que la aleja de su hijo y que pone en vilo el futuro de su bebé por nacer: “Es como una tormenta que inició el día que me llevaron presa sin saber porqué, sólo me decían que yo era la madre”. Dahyana fantasea que cuando esa tormenta pase, podrá tener un futuro con sus hijos en el que finalmente pueda tomar sus propias decisiones.
—¿Qué te gustaría?
— Tal vez pueda trabajar desde mi casa, para poder criar a mis hijos, porque se puede.
De la misma manera en que todas sentimos hoy el dolor de Dahyana, ella comienza a sentir el de otras mujeres y nos cuenta que su vida ya nunca será igual. Estamos cerca y estamos juntas, incluso a la distancia. Un caso tan cercano como el de Victoria Aguirre y su beba Selene la conmueve, pareciera que están hablando de su vida cuando, en realidad, es la vida de otra, pero parece y se siente como propia.
Dayhana encontró su lugar rodeada de mujeres que ayudan a otras mujeres en situaciones de violencias. Un día suyo se llena con trabajos de mantenimiento de un espacio cultural pensado para mujeres, con la meta de finalizar sus estudios secundarios y con el aprendizaje de acompañar a aquellas que transitan situaciones similares a las que ella vivió.
Ella puede ver ahora cuántas son las violencias a las que las mujeres están sometidas cotidianamente e identifica incluso aquellas que nunca marcó como tales, pero que vivió en carne propia. El aprendizaje es cotidiano, y duele. Hoy su vida se ha vuelto suya, se teje en un “entre mujeres” con el que camina y del cual toma fuerza para darle batalla a la violencia machista e institucional.


Fuente: http://www.anred.org/spip.php?article15560

"Nos sumamos, de este modo, a los múltiples comunicados de repudio realizados por comunidades y organizaciones indígenas, investigadores, docentes y estudiantes, trabajadores del Estado, agrupaciones religiosas y organismos de derechos humanos. Al mismo tiempo, comunicamos nuestra preocupación, una vez más, por la recurrencia de discursos y relatos sesgados y erróneos sobre la realidad de los pueblos indígenas actuales y sus orígenes".

Mensaje de los investigadores de CONICET
"Los mapuches no son 'indios chilenos',
sino pueblos preexistentes"
1 de diciembre de 2017


ANRed


Los investigadores nucleados en la Sección Etnología, perteneciente al Instituto de Ciencias Antropológicas de la Universidad de Buenos Aires, repudiamos la represión llevada a cabo contra la Pu Lof en Resistencia, en el Departamento de Cushamen, el 11 y el 12 de enero, por Gendarmería Nacional y por la Policía de la Provincia de Chubut. Nos sumamos, de este modo, a los múltiples comunicados de repudio realizados por comunidades y organizaciones indígenas, investigadores, docentes y estudiantes, trabajadores del Estado, agrupaciones religiosas y organismos de derechos humanos.
Al mismo tiempo, comunicamos nuestra preocupación, una vez más, por la recurrencia de discursos y relatos sesgados y erróneos sobre la realidad de los pueblos indígenas actuales y sus orígenes. Como investigadores que trabajamos con pueblos originarios de Argentina y de otros países de América del Sur, respaldamos una parte sustancial de nuestras investigaciones en etnografías llevadas a cabo en los territorios comunitarios y en los márgenes de las zonas urbanas, en las que se instalaron las familias indígenas que fueron forzadas a desplazarse desde mediados del siglo pasado.
Si bien en las últimas décadas la destrucción de sus territorios intensificó las migraciones, también se da un proceso inverso y algunos deciden volver a la tierra. Este proceso de retorno —al que suelen referir como “recuperaciones”— pone al descubierto el despojo territorial que vivieron sus mayores, así como los métodos fraudulentos y violentos empleados tanto por privados como por el propio Estado.
Numerosas investigaciones antropológicas e históricas contextualizan estos procesos de despojo y permiten explicar por qué Benetton es hoy el mayor propietario de la Patagonia, en tanto que la mayoría de las comunidades indígenas territoriales se encuentran en tierras consideradas fiscales, sin títulos de propiedad comunitaria, bajo la amenaza constante de desalojo. Por lo tanto, las “recuperaciones” no son actos terroristas ni amenazas a la seguridad nacional, tal como sostiene el Ministerio de Seguridad de la Nación. Son llamados de atención sobre historias silenciadas en el relato oficial de la colonización, sobre los efectos negativos de la extranjerización de la tierra y de la intervención del capitalismo extractivista, y revelan la continuidad de la colonialidad en el presente.
Por otro lado, tal como indica el nombre de nuestro lugar de trabajo, algunos de nuestros estudios examinan las clasificaciones etnológicas, sus contextos de producción y las relaciones de poder subyacentes. Coherentes con dichas investigaciones, nos vemos en la obligación de aclarar dos enunciados fundados en el desconocimiento que, si bien son antiguos, se actualizan en estos días.
Afirmamos, por lo tanto, que los mapuches no son araucanos de origen chileno y no exterminaron a los tehuelches. La mayoría de los etnónimos (nombres de los pueblos indígenas) variaron entre el siglo XVIII y el presente; algunos son nombres que se dan a sí mismos —como por ejemplo “mapuche”— y otros fueron impuestos —como es el caso de los términos “araucano” y “tehuelche”. Vale decir que “araucanos” no es el “verdadero nombre” de los mapuche ni tampoco es el nombre de los “antiguos mapuche”; es apenas el nombre que los españoles quisieron darles.
Los mapuches, por otra parte, no son “indios chilenos”, sino pueblos preexistentes. Esto significa que vivían en estos territorios antes de que existieran los Estados y que había mapuches en lo que hoy es Argentina, así como había tehuelches en lo que hoy es Chile. A su vez, las alianzas matrimoniales entre unos y otros y los desplazamientos producidos por el avance de los Estados sobre sus territorios dieron lugar a que muchas familias se identifiquen en el presente como mapuche-tehuelche, tal como ocurre en la actual provincia de Chubut. Los tehuelches, por otra parte, no “se extinguieron”, sino que desde hace varios años luchan para demostrar que continúan existiendo y, en la Patagonia austral, han comenzado a identificarse en el espacio público como aonek’enk. Los responsables de su marginación e invisibilización no fueron los mapuches, sino las políticas de colonización.
Convencidos de la importancia de evitar lecturas sesgadas de la historia y del presente, en la vía para reparar injusticias y subordinaciones, invitamos a quienes deseen profundizar en el conocimiento de estos temas a considerar, en primer lugar, las voces de los propios pueblos originarios, que se expresan a través de sus organizaciones y líderes, en los medios de comunicación y en las redes sociales.
Los invitamos también a consultar los numerosos estudios actualizados, disponibles en internet, mediante los cuales los investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y de diversas universidades nacionales contribuimos a resolver problemas que preocupan a nuestra sociedad.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=234806

Necesitamos "un debate reflexivo, crítico, del proceso político venezolano es indispensable si esta experiencia ha de contribuir a la construcción de otro mundo posible".

La larga crisis terminal del modelo rentista petrolero venezolano y la profunda crisis que actualmente enfrenta el país
1 de diciembre de 2017


Por Edgardo Lander (Rebelión)

En este texto no voy a intentar siquiera un somero balance del proceso bolivariano con sus muy importantes logros nacionales y regionales y las numerosas contradicciones, errores y limitaciones que han caracterizado a este intento de una radical transformación anticapitalista. Me referiré fundamentalmente a la intensa crisis que actualmente enfrenta el país. 

Después de más de una década de profundas transformaciones políticas y sociales, Venezuela está viviendo hoy su crisis más grave desde las guerras civiles del siglo XIX. Los importantes logros del proceso bolivariano están en peligro. La economía se derrumba, la pobreza, la desnutrición y las tasas de mortalidad están aumentando. La polarización política y la violencia podrían conducir a una guerra civil. Todo esto está agravado por el creciente aislamiento internacional debido, entre otras cosas, al giro a la derecha de los gobiernos de Brasil y Argentina, y acciones imperialistas como el bloqueo financiero y las amenazas de intervención militar realizadas por Donald Trump.

La crisis venezolana no es nueva. El país ha estado experimentando una profunda crisis económica y política estructural durante las últimas cuatro décadas. Es la crisis terminal del modelo petrolero rentista, estatista y clientelar que ha caracterizado a la sociedad venezolana desde hace muchas décadas. Sin embargo, este modelo rentista extractivo tuvo un nuevo soplo de vida con el liderazgo carismático de Chávez, la legitimidad proporcionada por la Constitución de 1999 y los altos precios del petróleo de los primeros años de este siglo. Una vez más, parecía que los precios del petróleo sólo podían ir hacia arriba. Los ingresos procedentes del petróleo fueron vistos en el corto y mediano plazo, como la fuente de los recursos necesarios para la transformación de la sociedad venezolana. Durante los años del proceso bolivariano no se tomaron medidas significativas de transformación de la estructura productiva del país. Por el contrario, se profundizó el rentismo petrolero hasta que el petróleo alcanzó el 96% del valor total de las exportaciones. Hoy el país es más dependiente que nunca en su historia de las importaciones, incluso de alimentos básicos y suministros médicos.

Las políticas sociales que mejoraron sustancialmente las condiciones de vida de los sectores populares y las importantes iniciativas hacia otros países de América Latina, la cooperación y la solidaridad llevada a cabo por el gobierno venezolano, fueron posibles gracias a un extraordinario auge de la demanda y precio de los commodities generado principalmente por la demanda china. En la medida en que la renta petrolera se dirigió principalmente hacia los sectores excluidos de la población, se produjeron significativas mejoras en sus condiciones de vida. La pobreza y la desigualdad se redujeron notoriamente, el acceso a alimentos, servicios de salud, educación y seguridad social mejoró en términos cualitativos. 

Políticamente se iniciaron profundos cambios en la cultura política popular, se generalizó la organización social de base y se produjeron extraordinarios niveles de participación social y política. Venezuela desempeñó un papel central en el desplazamiento a la izquierda que ocurrió en la mayor parte de América del Sur. Durante años, el gobierno contó con elevados niveles de legitimidad y apoyo electoral. 

Sin embargo, en 2013 y 2014, los dos principales pilares que sostuvieron el proceso bolivariano, el extraordinario liderazgo carismático de Chávez y los elevados precios del petróleo, dejaron de estar presentes. Chávez falleció el 5 de marzo de 2013. Un año más tarde, el precio de las exportaciones de petróleo venezolano se había derrumbado de más de cien dólares el barril a menos de 25 dólares. Así, la profunda crisis terminal del Estado, la economía y la sociedad rentista petrolera que había sido, en cierto sentido, aplazada durante unos años, resurgió con mayor, incluso dramática, intensidad.

1. La situación económica y social 

Para analizar el estado actual de la economía en Venezuela no existe información oficial actualizada disponible. El gobierno ha decidido no revelar la información estadística que permitiría confirmar la profundidad de la actual crisis económica.2 Los cálculos que se han difundido por parte de analistas económicos, centros académicos, asociaciones empresariales e instituciones internacionales presentan grandes variaciones. No todos son confiables.

En el año 2016 la economía venezolana registró su peor caída desde el paro petrolero/lock-out empresarial de los años 2002-2003, con una contracción que se ha estimado entre 10%3 y 18.6%. Se acumularon así tres años consecutivos de disminución del PIB. Según algunas estimaciones, el colapso de la economía venezolana ha sido tal que, en 2017, el PIB per cápita representa un 40% de los niveles del año 2013.4 Los precios del petróleo se recuperaron de un promedio de 35 dólares por barril en 2016 a 42 dólares por barril en abril de 2017,5 aún lejos de los precios que oscilaron entre 101 y 88 dólares por barril entre 2011 y 2013. No solo los precios han colapsado, según la OPEP, la producción de petróleo ha caído a un millón 972 mil barriles diarios.6 Esto es casi un millón de barriles menos de los que se producían en el año 2001. Este descenso se ha atribuido a la ineficiencia, corrupción, falta de inversión, y al hecho de que es mucho más complejo y costoso explotar el crudo pesado y extra pesado que hoy constituye la mayor parte de las reservas venezolanas. Petróleo liviano o gasolina tiene que ser importado para ser mezclado con este petróleo pesado para su transporte y refinación, lo que reduce significativamente los beneficios. De acuerdo a dirigentes sindicales de la industria petrolera, la refinería principal del país, uno de los complejos de refinación más grandes del mundo, está trabajando a menos del 50% de su capacidad instalada debido a la falta de mantenimiento adecuado.7 

Según los Estados Financieros Consolidados de la empresa petrolera estatal (PDVSA) correspondientes al año 2016, el beneficio neto de ésta se desplomó de más de nueve mil millones de dólares en 2014 a 828 millones de dólares en 2016.8 Esta empresa, la fuente de la mayor parte de los ingresos del país, al igual que el resto del Venezuela, se encuentra en una profunda crisis.

Diferentes fuentes, tanto nacionales como internacionales, han calculado que la inflación en 2016 se situó entre 500% y 800%9, se esperan niveles más altos para el año 2017. Por tercer año consecutivo se ha producido un grave déficit fiscal. Según algunas estimaciones, el gasto público en 2016 tuvo una reducción de alrededor del 30% en comparación con el nivel del año anterior.10

Las reservas internacionales disminuyeron de 35 mil millones de dólares en 2009 a 10.300 millones de dólares en abril de 2017.11 La formación de capital fijo ha venido disminuyendo desde 2013. La misma tendencia está presente en el consumo privado. 

El total de la deuda consolidada del país (es decir, deudas nacionales y externas pagaderas en dólares, préstamos y bonos emitidos por la República y PDVSA), ascienden a 181 mil millones de dólares. Esto representa más del 80% del PIB, y es casi 18 veces más que el total de las reservas internacionales del país.12 Todo esto, a pesar del hecho de que durante los 18 años del proceso bolivariano Venezuela experimentó un auge sin precedentes de los precios del petróleo. Durante este período, el país recibió más dólares que los que habían ingresado al país durante las anteriores ocho décadas de exportaciones petroleras. Este enorme endeudamiento externo, como en experiencias anteriores, se produjo precisamente en los años de bonanza, cuando los precios del petróleo eran muy elevados. Parte de esta deuda es una deuda ilícita que sirvió de alimento a la corrupción. Grupos e intelectuales de izquierda han exigido al gobierno la realización de una auditoría pública de esta deuda, como se realizó en Ecuador, y que en el ínterin se lleve a cabo una renegociación que permita una reducción de los pagos.

Incluso ante la realidad de una grave crisis humanitaria, el gobierno venezolano ha dado prioridad al pago de la deuda a tiempo sobre las necesidades urgentes de la población venezolana. De acuerdo al Ministerio del Poder Popular de Petróleo, “En los últimos 36 meses, Venezuela ha cancelado, por concepto de Capital Reembolsado y de Intereses Pagados, la cantidad de 73 mil 359 millones de dólares”.13 Al mismo tiempo la organización de caridad de la Iglesia Católica, Cáritas Internacional, el 54% de los niños venezolanos tienen algún grado de desnutrición.14 Esto es, principalmente, una consecuencia de la drástica disminución de los recursos disponibles para la importación en un país que tiene un nivel tan elevado de dependencia externa para sus alimentos y medicinas. 

Una de las más importantes distorsiones históricas de la economía petrolera venezolana ha sido una moneda sobrevaluada que ha hecho que sea más barato importar la mayoría de las cosas que producirlas internamente. Esto, al mismo tiempo, ha operado como una barrera que dificulta exportar prácticamente nada aparte del petróleo. Esta es la mal llamada enfermedad holandesa. Venezuela la había padecido durante décadas antes del descubrimiento de de los depósitos de gas por parte de Holanda. El país se hizo altamente dependiente de las importaciones, incluso de alimentos básicos. Se trata, propiamente, de una economía de puerto. 

El gobierno bolivariano ni siquiera comenzó a corregir las distorsiones cambiarias. A fin de limitar la fuga de capitales, se crearon a lo largo de estos años varios sistemas de control cambiario que generaron distorsiones aun más severas con la creación de varios tipos de cambio paralelos, tanto legales como ilegales. A veces, hasta cuatro tasas cambiarias operaron en forma simultánea. Mientras la paridad altamente subvencionada con que se importa la mayor parte de los alimentos básicos y medicinas ha permanecido fija durante años en 10 bolívares por dólar, la paridad en el mercado paralelo ilegal, que tiene un impacto significativo en la estructura de precios del país, que osciló entre 10.000 y 18.000 bolívares por dólar en agosto de este año, sobrepasó los 80.000 bolívares a finales de noviembre de 2017.

El deterioro general de la actividad productiva y de las finanzas públicas ha tenido graves repercusiones en las condiciones de vida de la población, especialmente en las áreas de salud, alimentación y la inseguridad personal. Esto constituye una reversión de los más importantes logros sociales del proceso bolivariano. Los niveles de pobreza en términos de ingresos monetarios, que se habían reducido significativamente entre 1999 y 2012, hoy están peor que los niveles que existían antes del inicio del gobierno de Chávez. 

La drástica reducción de las divisas disponibles para financiar las importaciones ha creado una escasez generalizada de medicamentos y complica considerablemente el tratamiento de enfermedades crónicas como la hipertensión y la diábetes. Ha habido una pérdida en el peso promedio de la población. Son frecuentes las muertes en hospitales, consecuencia directa de la falta de medicamentos y equipamiento médico, así como la desnutrición infantil. Las tasas de mortalidad de las parturientas y los recién nacidos se ha incrementado significativamente en los últimos tres años.15 Hoy en día existe una severa epidemia de malaria que se ha expandido en forma acelerada en los últimos años. Entre los años 2015 y 2016, el número de casos registrados en el país se incrementó en un 76%, pasando de 136.402 a 240.613 casos.16 Las carencias de medicamentos y los desplazamientos poblacionales hacia las zonas de explotación minera del Estado Bolívar, principal foco de la epidemia, agrava la situación. 

Según el Observatorio de la Violencia en Venezuela, en 2016, el país tuvo una tasa de homicidios de 91 homicidios por cada 100.000 habitantes, en segundo lugar después de El Salvador en todo el mundo17 Aunque no hay cifras oficiales, se estima que unas dos millones de personas han abandonado el país en los últimos tres años, especialmente jóvenes, tanto profesionales como trabajadores no calificados, en busca de un futuro mejor en otros lugares.

La decisión económica más importante realizada por el gobierno de Maduro en los últimos años ha sido el decreto de creación del Arco Minero del Orinoco. Es la apertura de 112 mil kilómetros cuadrados, el 12% del territorio nacional, a grandes empresas mineras transnacionales. Se trata de un área económica especial en la cual quedan suspendidas muchas leyes fundamentales de la República. Frente a la crisis del modelo petrolero rentista, en lugar de promover un debate nacional sobre las alternativas al modelo extractivista depredador que ha caracterizado la economía venezolana durante un siglo, el gobierno ha optado por empujar al país en el camino de un nuevo patrón rentista-extractivista, ahora basado en la minería a gran escala. Este megaproyecto, en caso de llevarse a cabo en la dimensión que ha sido anunciada por el gobierno, profundizaría las dinámicas etnocidas hacia los pueblos indígenas que en la actualidad se producen como consecuencia de la minería ilegal. Tendría devastadoras consecuencias socio-ambientales tanto inmediatas como a largo plazo. Afectaría parte de la foresta amazónica, destruyendo vastas áreas de extraordinaria diversidad biológica, amenazaría las principales fuentes de agua, así como las represas hidroeléctricas que suministran el 70% de la electricidad que se consume en el país. 

2. La pérdida de hegemonía y las tendencias autoritarias 

Cuando Nicolás Maduro llegó a la presidencia, en abril de 2013, lo hizo con un nivel de legitimidad y de apoyo electoral mucho más bajo que el que tuvo Chávez hasta su muerte. Ganó las elecciones con una diferencia de solo 1,5% sobre Henrique Capriles, el candidato de la oposición articulada en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD). 

Una ruptura fundamental en el proceso bolivariano se produjo cuando, con la victoria aplastante en las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre de 2015, la oposición alcanzó una mayoría cualificada de dos tercios en la Asamblea Nacional (AN). Esto implicaba un cambio radical en la correlación de fuerzas en el seno del Estado. Con esta mayoría, la oposición en la AN, de acuerdo a la Constitución, podía nombrar a los miembros del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) y del Consejo Nacional Electoral (CNE). Podría aprobar leyes orgánicas sin negociar con los representantes del gobierno. En lugar de reconocer esta severa derrota e iniciar una profunda reflexión autocrítica sobre sus causas, el Gobierno no vio la necesidad de cambios en sus políticas y atribuyó la crisis y la victoria de la oposición exclusivamente a lo que ha denominado la “guerra económica” por parte de la derecha y del imperio. Estos son asuntos reales pero no son, en sí mismos, suficientes para explicar la profunda crisis económica del país o los niveles de descontento en la población. Temas claves como la corrupción generalizada, la ineficiencia de la administración pública o las distorsiones que genera una paridad cambiaria insostenible, fueron una vez más dejados a un lado. En lugar de dar prioridad a la preservación de la experiencia colectiva y el espíritu combativo del mundo popular bolivariano, que representa el más extraordinario logro de este proceso político, optó por permanecer en el control del Estado por cualquier medio necesario. A partir de ese momento, el Gobierno parece reconocer que no podía permanecer en el poder si esto dependía del apoyo electoral de la población, y de acatar la Constitución bolivariana del año 1999. Se han realizado repetidos llamamientos al poder popular y a dicha Constitución, pero, en la práctica, estos se convierten en obstáculos a superar. Por ello, se fueron tomando una serie de decisiones que, en conjunto, apuntan en una forma cada vez más sistemática y coherente en una dirección autoritaria que tiene como prioridad la preservación del control del poder del Estado. 

Las graves violaciones que se han producido a la Constitución de 1999 y a normas legales básicas en los últimos tres años son demasiadas para ser analizadas en detalle. Sin embargo, algunas de estas deben destacarse con el fin de comprender cómo se llegó a la situación actual. A finales de diciembre de 2015, cuando a la mayoría del gobierno en la AN le quedaban pocos días antes de que la nueva mayoría opositora tomara control, dicha mayoría oficialista, dejando de lado algunos procedimientos exigidos por la ley, designó nuevos magistrados del TSJ. No sólo eran estos nuevos magistrados, sin excepción, aliados incondicionales del gobierno, sino que varios de ellos ni siquiera cumplían los requisitos formales requeridos para ocupar dichos cargos. 

El papel que este tribunal iba a jugar en estas nuevas condiciones del país se hizo evidente poco después. A principios de 2016, basado en una endeble acusación de fraude electoral formulada por algunos miembros del partido de gobierno, este Tribunal decidió anular los resultados de las elecciones en el estado de Amazonas. Decidió que la elección de los cuatro representantes del Estado, en su mayoría indígenas, y que ya habían sido proclamados por el CNE, ya no era válida. Así, los partidos de la oposición dejaron de tener una mayoría cualificada en la AN. 

En vista del hecho de que transcurrieron meses sin que se llevase a cabo una investigación para determinar la veracidad de estas acusaciones ni se programaran nuevas elecciones para ese estado, el estado Amazonas quedó sin representación parlamentaria. Finalmente, la AN decidió incorporar a los parlamentarios cuestionados y el TSJ respondió declarando a la Asamblea en desacato. A partir de este momento, sus atribuciones fueron asumidas por el Poder Ejecutivo y dicho tribunal. Este fue un momento decisivo en la ruptura del orden constitucional, produciendo la concentración de poderes que ha permitido al Gobierno tomar cada uno de los pasos subsiguientes que han definido su deriva autoritaria. 

Una de las principales fortalezas institucionales del proceso bolivariano y un poderoso escudo protector contra los intentos de la derecha nacional e internacional y del gobierno de los Estados Unidos para derrocar al gobierno, fue la legitimidad proporcionada por un sistema electoral totalmente automatizado, transparente, altamente fiable, que contaba con muchos niveles de controles y auditorías. Durante las múltiples elecciones celebradas hasta 2015, este sistema electoral garantizó que los resultados anunciados por el órgano electoral fueran, sin duda alguna, una expresión exacta de la voluntad de los electores. Sin embargo, después de la derrota sufrida en las elecciones legislativas de diciembre de 2015, el gobierno optó por sacrificar este escudo protector para mantenerse en el poder. Esto ha tenido enormes consecuencias políticas.

En octubre de 2016, el CNE canceló el referéndum revocatorio del Presidente. Todos los requisitos establecidos por la ley estaban en proceso de cumplirse. El referéndum revocatorio hasta ese momento había sido celebrado como uno de los más importantes logros de la democracia participativa de la Constitución de 1999. Las elecciones para gobernadores que, según la Constitución tenían que ser celebradas en diciembre de 2016, fueron aplazadas indefinidamente.

En marzo de 2017, el TSJ ratificó que la AN estaba en desacato y, entre otras cosas, autorizó al Presidente a tomar medidas adicionales en la apertura del país a las empresas transnacionales de petróleo y minería en condiciones expresamente prohibidas por la Constitución, por la Ley Orgánica de Hidrocarburos, la legislación ambiental, la referida a los pueblos indígenas y las leyes laborales. 

Luisa Ortega Díaz, Fiscal General de la República, declaró que estas decisiones atentaban contra el modelo de Estado consagrado en la Constitución y que esto representaba una "ruptura del hilo constitucional". Ante el rechazo generalizado de estas decisiones, el TSJ modificó algunos aspectos menores sin alterar sus contenidos fundamentales.18 

Desde febrero de 2016, el presidente Maduro ha gobernado mediante decretos de excepción y emergencia económica en condiciones que violan claramente la Constitución. Con este estado de excepción, muchas garantías constitucionales pueden ser suspendidas, y decisiones fundamentales para el futuro del país, como las relativas a la minería en el Arco Minero del Orinoco, pueden ser tomadas por decreto presidencial. El presupuesto nacional correspondiente al año 2017 no fue presentado a la AN como lo exige la Constitución, negando así a esos representantes elegidos el derecho a tener algo que decir sobre la gestión de los recursos públicos y sobre la orientación de las políticas públicas. Esto añade una nueva capa de opacidad en la gestión de los bienes colectivos. 

3. La Asamblea Nacional Constituyente 

El primero de mayo de 2017, el Presidente Maduro anunció que había decidido convocar a una nueva Asamblea Constituyente. En este mismo discurso declaró el fin de la Constitución de 1999, situándola en la categoría de antecedente histórico, una Constitución "pionera". Inmediatamente se generó una gran polémica, dentro y fuera de Venezuela. En ese clima político extremamente polarizado, este debate estuvo lleno de distorsiones y medias verdades. Según el gobierno, el propósito de la Asamblea Constituyente fue el de garantizar la paz en el país después de meses de violentos enfrentamientos callejeros. Sectores de la oposición venezolana denunciaron que el verdadero objetivo era evitar las próximas elecciones (estatales, municipales y presidenciales) y caracterizaron esto como un golpe de Estado. 

Es necesario reconocer que, en la Constitución, las condiciones para la convocatoria de una Asamblea Constituyente no son totalmente explícitas. Según el Artículo 348: "La iniciativa de convocar a una Asamblea Nacional Constituyente puede ser tomada por el Presidente de la República en Consejo de Ministros…" Sin embargo, hay una diferencia entre "convocatoria", que la Constitución atribuye expresamente al "pueblo de Venezuela... depositario del poder constituyente originario" y "tomar la iniciativa de convocar". En consecuencia, aunque el Presidente puede tomar la iniciativa, la convocatoria como tal, debería haberla hecho la ciudadanía a través de un referéndum consultivo, como fue el caso de la Asamblea Constituyente de 1999. 

Es evidente que las principales dificultades que enfrenta el país (escasez, malnutrición, crisis del sistema de salud, inflación, inseguridad, recesión, déficit fiscal y una deuda externa que no puede ser pagada, etc.) no son problemas normativos que pueden resolverse con un nuevo orden jurídico. Los problemas que se plantean en relación con la Constitución de 1999 están en sus violaciones sistemáticas, no en su contenido.

Otra ruptura radical con la Constitución de 1999 y las leyes electorales se produjo con el diseño del proceso electoral para la nueva Asamblea Nacional Constituyente (ANC). En clara violación de los principios constitucionales de la representación proporcional y la igualdad de los electores, las normas para la participación electoral fueron cuidadosamente diseñadas de tal forma que el gobierno se garantizaba el control completo de esta nueva asamblea, a pesar de que la mayoría de la población no respaldase al gobierno y rechazase la convocatoria de una nueva asamblea constituyente. Esto se hizo mediante la creación de un original régimen de doble representación: territorial y sectorial. Contrariamente a la forma en la que siempre habían sido realizadas las elecciones en el país, antes y durante el gobierno bolivariano, a las zonas rurales o pequeños municipios urbanos, donde el gobierno ha contado con mayor respaldo electoral, les fue otorgada una extraordinaria sobre representación en la asamblea. En algunos casos, a un municipio rural con menos de 3000 habitantes se le asignó el mismo número de representantes que a un municipio urbano con más de 700.000 habitantes: un total de uno. Se definió adicionalmente un mecanismo de representación sectorial en el cual los estudiantes votaron por estudiantes, los trabajadores por trabajadores, etc. Unos cinco millones de votantes fueron excluidos de la participación en la elección de los representantes sectoriales ya que no pertenecían a ninguno de los sectores sociales así definidos. 

Esto creó dos tipos de ciudadanos, unos de primera clase, que podían votar dos veces (un voto territorial y uno sectorial), y otros de segunda clase que sólo podían votar una vez (voto territorial). Como consecuencia del carácter arbitrario e inconstitucional de este proceso, sólo organizaciones que respaldan al gobierno presentaron candidatos y participaron en las elecciones, convirtiéndolas prácticamente en unas elecciones internas del PSUV.

Las elecciones para esta ANC constituyeron un fraude. Antes de las elecciones, portavoces del gobierno y del PSUV afirmaron en forma pública y reiterada que se llevaría un control estricto de los votantes y que quienes no participasen en estas elecciones perderían su empleo público, o la posibilidad de tener acceso a programas sociales tales como el de alimentación subsidiada (CLAP) y vivienda. Estos anuncios públicos fueron complementados por amenazas personales en los lugares de trabajo y centros de distribución de alimentos. La democracia participativa de los primeros años del proceso bolivariano se había desplazado hacia una relación de control crecientemente autoritaria desde el Estado, basado en chantajes y amenazas.

Las elecciones se realizaron sin testigos independientes o de la oposición y a los medios de comunicación se los mantuvo a unos 500 metros de los centros de votación. Varios de los más importantes mecanismos de control y auditoría que habían hecho que el sistema electoral venezolano fuese altamente confiable fueron eliminados. Incluso con los niveles de participación muy inflados anunciados por el CNE, casi el 60% de la población no votó. 


Un nuevo giro del tornillo, que alejó al gobierno de Maduro aun más de la democracia y de la Constitución de 1999, se produjo cuando la nueva ANC fue instalada. Como en los viejos tiempos del socialismo realmente existente, se trata de una asamblea unipartidista, cada uno de sus 545 integrantes es oficialista. El que la Asamblea Nacional Constituyente encargada de redactar una nueva constitución en un país tan profundamente dividido como Venezuela sea absolutamente monocromática no es un buen augurio para el futuro de la democracia o la paz en el país. El proceso constituyente ha revivido parte del apoyo popular menguante al gobierno, ya que fue presentado como una radicalización del proceso, como un enfrentamiento con el imperialismo, y como una solución a los problemas que enfrenta la población. Esto, sin embargo, es probable que tenga poca duración ya que el gobierno carece de la capacidad o los recursos para hacer frente a estos problemas. 

La ANC se ha declarado como un poder absoluto, supra constitucional, que puede no sólo redactar una nueva constitución, sino tomar decisiones sobre cualquier asunto legislativo, ejecutivo o judicial que considere conveniente. Su período de vigencia no ha sido fijado. Declaró que las cinco ramas de Estado existentes deberán subordinarse a sus decisiones. En sus primeras semanas de actividad, sus decisiones fueron tomadas por unanimidad o por aclamación, sin debate alguno. Leyes extraordinariamente autoritarias y represivas han sido anunciadas. En el mes de noviembre se aprobó una ley que establece penas de 10 a 20 años de prisión por "incitación al odio" en los periódicos, la radio, la televisión y las redes sociales, la denominada Ley Constitucional Contra el Odio, por la Convivencia Pacífica y la Tolerancia. Igualmente amenazantes han sido los anuncios de que dirigentes de la oposición serían acusados de traición a la patria por su apelación a instituciones internacionales como la OEA y la ONU. Estas amenazas están dirigidas no solo hacia la oposición de derecha, sino contra toda oposición al gobierno. Los espacios para el ejercicio de la democracia continúan reduciéndose…



4. La escalada de la violencia

En
los años del gobierno bolivariano la oposición agrupada en la MUD ha sido muy heterogénea. Incluye desde grupos de extrema derecha que han tenido el apoyo político y financiero externo (básicamente del gobierno de los Estados Unidos y el uribismo en Colombia), hasta sectores más moderados que han buscado alternativas electorales, constitucionales. En la actualidad estas diferencias subsisten a pesar de la apariencia de unidad que se dio entre abril y julio en las masivas movilizaciones de calle en todo el país y el acuerdo casi unánime para participar en las elecciones para gobernadores del mes de octubre de 2017. Esto a pesar del hecho de que el CNE ha abandonado toda pretensión de ser un árbitro neutral y confiable. 

Se produjeron niveles extremos de violencia durante los meses de abril y julio. Al menos 150 personas murieron en enfrentamientos callejeros. Esto fue el resultado tanto de la represión policial/militar, como de la acción de grupos paramilitares armados que operaron en ambos lados de estas confrontaciones. En algunos casos particularmente grotescos, algunos chavistas fueron quemados por turbas de la extrema derecha. Como era de esperarse en una situación tan polarizada, la cobertura de estos acontecimientos por parte de los medios internacionales fue muy distorsionada. El conflicto venezolano ha sido interpretado a través de los lentes de la Guerra Fría. Las narrativas sesgadas según las cuales las más de un centenar de muertes fueron el producto exclusivo de la represión gubernamental, o la narrativa contraria de acuerdo a la cual estas muertes fueron principalmente el resultado de grupos armados fascistas, simplemente no corresponden a lo ocurrido. La situación es más compleja. Ha habido acciones violentas en ambos lados en estas confrontaciones.

La sociedad venezolana se enfrenta al grave peligro de que la violencia armada y el terrorismo puedan instalarse como la forma normal de procesar las diferencias. El peligro no es sólo que la violencia se desborde a niveles no deseados por los líderes del gobierno y la oposición. En ambos polos de la confrontación actual hay sectores que ven la violencia como única forma de derrotar al enemigo e imponer su agenda. 

Algunos de los más altos funcionarios corruptos del gobierno se dan cuenta de que si fueran obligados a abandonar sus cargos, no sólo perderían sus privilegios, sino que también les resultaría difícil encontrar un lugar en el mundo donde disfrutar de sus fortunas mal habidas y que incluso podrían terminar en la cárcel. 

Lo que algunos sectores de extrema derecha buscan no es simplemente una victoria electoral para sustituir a Maduro, si esto dejase intacta la Constitución de 1999, y se mantuviese vida por lo menos parte de los imaginarios transformadores de los sectores populares chavistas de base. Lo que quieren es un completo aplastamiento de la experiencia chavista, de todos los sueños emancipatorios de la primera década del proceso bolivariano, a fin de imponer una derrota política de larga duración que sirva como una lección y liquide, de una vez por todas, las aspiraciones y el espíritu rebelde subalterno de estos años. Se considera que esto es un requisito básico para que la sociedad regrese a la "normalidad", donde todo el mundo asuma su lugar. Las consecuencias de esto van mucho más allá de Venezuela. Para ello han contado siempre con el apoyo del gobierno de los Estados Unidos. 

5. La corrupción
 

Una adecuada caracterización de los mecanismos y la dimensión de la corrupción durante el proceso bolivariano es una tarea pendiente. En agosto de 2013, Edmée Betancourt fue removida de su cargo como presidenta del Banco Central de Venezuela (BCV) por denunciar que en ese año más de 20 mil millones de dólares altamente subsidiados fueron entregados por la Comisión de Administración de Divisas (Cadivi) a “empresas de maletín" para importaciones y actividades productivas que nunca tuvieron lugar.19 Casi un año más tarde, después de su separación del Ministerio de Planificación, Jorge Giordani, un conocido bastión de los gobiernos del presidente Chávez, divulgó su carta de Testimonio y responsabilidad ante la historia en la cual confirmó y profundizó las denuncias que había formulado Edmée Betancourt.20 

La grave falta de transparencia en las finanzas públicas hace extremadamente difícil determinar la magnitud de la corrupción. Según diversas estimaciones, el monto global de la corrupción durante la última década supera los 300 mil millones de dólares. Esto cubre una amplia gama de actividades, entre ellas el acceso ilícito a divisas subvencionadas, la especulación con bonos venezolanos (comprados en bolívares, luego vendidos en dólares), sobre-facturación de las importaciones, sobornos y comisiones en contratos de PDVSA y en grandes obras de infraestructura, como fue el caso en las relaciones con la constructora brasileña Odebrecht. 

6. Movimientos y organizaciones populares ante la crisis

Las
reacciones subalternas ante el profundo deterioro de las condiciones de vida que se han producido como consecuencia del aumento de la inseguridad, (debido tanto a la delincuencia como a la represión policial), una inflación desbordada, la escasez de alimentos básicos y medicamentos y el deterioro de los servicios públicos, no ha sido, en términos generales lo que podría haberse esperado. Muchas de las organizaciones de base populares que han involucrado a millones de personas en estos años se habían vuelto tan dependientes de los recursos públicos transferidos por instituciones del Estado que se debilitan cuando estos recursos ya no están disponibles. La crisis ha llevado a un creciente desencanto con el gobierno y la pérdida de expectativas en relación con el futuro del país. Después de años de procesos de movilización y organización popular, guiados por los valores de la cooperación y la solidaridad, la reacción a la crisis actual se ha caracterizado en buena medida por la competencia y el individualismo. El bachaqueo se ha convertido en un componente importante de la economía venezolana.21 Se han producido saqueos masivos en varias ciudades de todo el país con diversas combinaciones de activismo militante de grupos de extrema derecha, organizaciones delictivas y protesta popular espontánea debido a la falta de acceso a alimentos y gas para cocinar. El tejido social y moral del país están gravemente desgarrados. Esto tardará muchos años en cicatrizar.


7. La "comunidad internacional " y Venezuela


Los intentos imperiales de debilitar o derrocar el gobierno bolivariano han tomado muchas formas, tales como el apoyo político y financiero a los sectores más radicales de la oposición, el respaldo al golpe de Estado de abril de 2002 y los intentos de aislar al país internacionalmente. Más recientemente, Barack Obama, justo antes de terminar su mandato renovó una orden ejecutiva que declaraba que Venezuela era "una inusual y extraordinaria amenaza a la seguridad nacional y la política exterior de los Estados Unidos".22 

En un informe presentado al Comité de las Fuerzas Armadas del Senado de los Estados Unidos en abril de este año, Kurt W. Tidd, Jefe del Comando Sur, afirmó que:

Venezuela se enfrenta a una significativa inestabilidad en este próximo año debido a la generalizada escasez de alimentos y medicinas, la incertidumbre política y el deterioro de las condiciones económicas. La creciente crisis humanitaria en Venezuela podría eventualmente obligar a una respuesta regional.23 

En agosto de 2017, Donald Trump amenazó a Venezuela con una intervención militar de los Estados Unidos en los siguientes términos:

Tenemos muchas opciones para Venezuela y por cierto, no voy a descartar una opción militar.

Tenemos muchas opciones para Venezuela, este es nuestro vecino… Estamos en todo el mundo y tenemos tropas en todo el mundo, en lugares que están muy lejos, Venezuela no está muy lejos y la gente está sufriendo y muriendo. Tenemos muchas opciones para Venezuela, incluida una posible opción militar si es necesario.24 

Se dio un paso más el 24 de agosto de 2017, cuando Donald Trump ordenó un bloqueo financiero de Venezuela. Esta amplia gama de prohibiciones incluye la negociación de nuevas deudas públicas y bonos emitidos por el gobierno venezolano, el pago de dividendo u otra distribución de utilidades al Gobierno de Venezuela o a cualquier entidad que sea propiedad o esté controlada, directa o indirectamente, por el Gobierno de Venezuela, así como la compra, directa o indirectamente, por Estados Unidos o una persona dentro de los Estados Unidos, de títulos o valores emitidos por el gobierno venezolano.25

En contraste con las anteriores sanciones aplicadas directamente a altos funcionarios de gobierno, este bloqueo financiero puede tener un severo impacto sobre el conjunto de la población. En las condiciones actuales de grave crisis que está atravesando el país, incluyendo un considerable déficit del sector externo, el gobierno ha enfrentado enormes dificultades en el acceso a los mercados financieros internacionales. Como consecuencia del mayor "riesgo país" en las Américas, solo puede obtener nuevos préstamos a tasas de interés muy elevadas. Como se señaló arriba, hoy carece de los recursos para importar los alimentos y medicamentos básicos requeridos por la población. Este bloqueo financiero podría conducir al país a un default y con seguridad haría que el acceso al financiamiento externo sea más restringido y costoso. La coalición de derechas organizada en la MUD emitió un comunicado dando la bienvenida a estas sanciones.26 La guerra económica que venía denunciando el gobierno venezolano en los últimos años ha llegado con fuerza.

La respuesta del gobierno venezolano a este aumento del aislamiento internacional y regional no ha sido la de tratar de recuperar su legitimidad y aumentar la participación democrática. Por el contrario, ha optado por más control estatal y partidista y por la profundización de sus tendencias autoritarias. 


Los partidos de la derecha internacional, los principales medios globales de derecha (The Miami Herald, El Tiempo de Bogotá, El País de Madrid, CNN, Fox News, incluso periódicos supuestamente liberales como The New York Times y el Washington Post, o medios de comunicación “responsables”, como la BBC, así como muchos gobiernos en todo el continente americano y la Unión Europea, han definido al gobierno venezolano prácticamente como enemigo público número uno, a veces compitiendo con Corea del Norte. Todos ellos pretenden hablar y actuar en nombre de la defensa de la democracia en Venezuela amenazada por un gobierno autoritario. Es indudable que el gobierno venezolano ha tomado un camino que lo aleja sustancialmente de la Constitución democrática de 1999 y de aspectos fundamentales del proyecto político original de Chávez, pero esto de modo alguno explica la histeria de la llamada comunidad internacional en torno a Venezuela. ¿Dónde estaban todos esos defensores de la democracia cuando la derecha brasileña derrocó al gobierno democráticamente elegido de Dilma Ruosseff? ¿Por qué no hay protestas en esta llamada "comunidad internacional" sobre el hecho de que en los últimos decenios, según la ONU, más de 30 mil personas han desaparecido en México.27 ¿Cuántos titulares periodísticos y sanciones se han producido como respuesta a la sistemática guerra asesina contra los usuarios de drogas por parte del gobierno de Rodrigo Duterte en Filipinas?28 ¿Por qué los gobiernos de los Estados Unidos, el Reino Unido y España, tan preocupados por la democracia, tienen relaciones tan cordiales con el régimen saudita a pesar de su carácter totalitario y sus continuados ataques genocidas contra la población de Yemen? ¿Serán los enormes y lucrativos negocios de armas parte de la explicación? ¿La geopolítica del petróleo? ¿Por qué estas preocupaciones por la democracia no parecen aplicarse a las autocracias del mundo árabe? ¿Se considera que el apartheid israelí es compatible con la democracia?


Venezuela ha sido construida como parte de un nuevo eje del mal (junto con Irán y Corea del Norte) por otras razones. El proceso bolivariano fue el más radical intento de trascender el capitalismo en el siglo XXI. Esta experiencia no sólo tuvo gran impacto en el llamado giro a la izquierda que se produjo en la mayoría de los países de América del Sur. La experiencia venezolana se convirtió en una referencia, un rayo de esperanza, para gente tan lejos como Palestina, Filipinas y la India. Aunque el actual gobierno venezolano se ha alejado de estos imaginarios de una profunda transformación de la sociedad, a pesar de su corrupción y sus tendencias autoritarias, todavía es visto por muchos en la izquierda y movimientos sociales en todo el mundo como un símbolo o referencia subversiva. Desde la perspectiva de algunas elites globales estos imaginarios deben ser exterminados. Esto obviamente tiene poco que ver con preocupaciones en torno a la democracia. Esta auto-proclamada comunidad internacional está promoviendo un “cambio de régimen” en Venezuela, incluso si esto implica el riesgo de una guerra civil. Esto ha contribuido activamente a que una negociación interna para procesar las profundas divisiones existentes en la sociedad venezolana sea tan difícil. 

La “amenaza autoritaria" representada por el gobierno de Maduro se ha convertido en un instrumento útil en las manos del gobierno conservador de Mariano Rajoy en España para atacar a Podemos, por parte de los conservadores en el Reino Unido para poner en duda las credenciales democráticas de Jeremy Corbin, por Donald Trump, para mostrar a sus seguidores lo macho que es, y por la derecha mexicana en su intento de describir a Andrés Manuel López Obrador, quien encabeza las encuestas de opinión para las elecciones presidenciales del año próximo, como una radical amenaza chavista. 
Venezuela, con las mayores reservas de hidrocarburos en el planeta y sus extraordinarios bienes minerales e hídricos, se ha convertido en un campo de batalla central de luchas inter-imperiales contemporáneas, tanto entre países, como entre corporaciones globales. Con el giro a la derecha y la geopolítica de re-alineamiento con los Estados Unidos de los gobiernos de Argentina y Brasil, Venezuela quedó aislada políticamente. Se mantiene como el principal territorio latinoamericano de las confrontaciones geopolíticas globales entre los Estados Unidos en defensa de su tradicional patio trasero, y la búsqueda por parte de China y Rusia por convertir al país en una cabeza de playa para sus proyectos globales en este continente. 


Hoy, para las empresas transnacionales, el problema no es que un gobierno izquierdista o nacionalista limite su acceso a las abundantes fuentes de energía del país o sus riquezas minerales. El gobierno ha abierto el país a las inversiones extranjeras en petróleo y minería en condiciones sumamente favorables para estas empresas. Es el caso de la Faja Petrolífera y el Arco Minero del Orinoco. Dado que este tipo de inversión no es rentable en el corto plazo, muchas empresas transnacionales están esperando a tener más seguridad jurídica a fin de proceder con sus anunciadas inversiones. A pesar de que en el mega proyecto del arco Minero del Orinoco se han establecido condiciones extraordinariamente favorables para los inversores extranjeros, estas normas fueron aprobadas por decreto presidencial y constituyen una clara violación de la Constitución y normas jurídicas referidas al ambiente, a los pueblos indígenas y en el ámbito laboral. Estas normas y los nuevos contratos con empresas transnacionales no han sido aprobados por la Asamblea Nacional como lo exige la Constitución. No hay garantía de que vayan a ser reconocidos en el caso de un cambio de gobierno. Según muchos críticos de izquierda, esta es una de las principales razones por las que el gobierno de Maduro decidió convocar a una nueva Asamblea Constituyente: proporcionar el sólido marco jurídico y constitucional necesario para atraer estas inversiones. Una propuesta de ley con este propósito ha sido introducida por Maduro a la ANC. Es poco probable que estos esfuerzos tengan éxito, ya que en las condiciones actuales, la ANC no es vista como legítima ni por la mayoría de la población venezolana ni por la llamada "comunidad internacional". 


Muchos Intelectuales internacionalmente reconocidos, partidos y movimientos sociales identificados con la izquierda no están contribuyendo a la creación de las condiciones de una salida no violenta de la crisis actual. En el mismo marco de Guerra Fría que caracteriza la perspectiva dominante de la derecha, gran parte de la izquierda internacional continúa identificando al gobierno de Maduro como un gobierno democrático, popular y anti-imperialista y tienden a proporcionarle una solidaridad incondicional. Esto a pesar de las políticas ultra liberales de zonas económicas especiales para atraer las inversiones extranjeras; a pesar de la profundización del modelo extractivista depredador que ha dado origen a los mayores problemas que enfrenta el país; a pesar de su negativa a tratar con responsabilidad el cambio climático en su papel como importante productor de petróleo; a pesar de que durante el proceso bolivariano ha habido una consolidación de la inserción histórica del país en la división internacional colonial del trabajo y la naturaleza; a pesar del hecho de que los pueblos indígenas siguen siendo severamente impactados por las políticas neo-desarrollista en sus territorios ancestrales; a pesar de las tendencias anti-democráticas, autoritarias y represivas que caracterizan hoy al gobierno de Maduro. Esta solidaridad incondicional, acrítica, contribuye a bloquear la posibilidad de análisis críticos de los problemas del proceso bolivariano y contribuye activamente a reforzar y legitimar sus rasgos más negativos. Las opiniones tienen consecuencias. Con independencia de las decisiones que tome el gobierno de Maduro, éstas han sido celebradas por parte de sectores de la izquierda internacional como brillantes tácticas anti-imperialistas. Como por arte de magia, las mismas políticas que se denuncian si son llevadas a cabo por gobiernos neoliberales o derechistas, de alguna manera se convierten en aceptables si son llevadas a cabo por gobiernos "progresistas" o de "izquierda". El extractivismo de la derecha es considerado como una política pro-imperial que tiene graves consecuencias ecológicas y socioeconómicas, como amenazas a las comunidades indígenas y campesinas y como una renuncia a la soberanía nacional en favor de las empresas transnacionales. Los movimientos de resistencia en estas condiciones son celebrados. Por otro lado, cuando esas mismas políticas son llevadas a cabo por gobiernos “amigos” de alguna manera pasan a tener un significado radicalmente diferente y los movimientos de resistencia son acusados de formar parte de una agenda imperial antinacional y antipopular. Con esta construcción maniquea de la realidad, no hay manera de aprender de la experiencia. Las razones para cada problema o error siempre se encuentran en otra parte. 


Todo esto le hace un daño enorme a los movimientos anti-capitalistas y proyectos transformadores alrededor del mundo. Alimenta la propaganda derechista que define toda alternativa anti-capitalista, por su propia naturaleza, como necesariamente estatista, autoritaria y corrupta. Parece que amplios sectores de la izquierda continúan teniendo grandes dificultades para extraer lecciones de las consecuencias a largo plazo que tuvo la incapacidad para criticar a la Unión Soviética, a pesar de su carácter autoritario y represivo, porque se enfrentaba al imperialismo estadounidense.
 

Venezuela es hoy un campo de batalla decisivo, no sólo en el ámbito geopolítico del las competencias inter-imperiales. Es también un terreno privilegiado de la confrontación de ideas, en debates críticos sobre cómo avanzar en la dirección de una sociedad democrática post-capitalista que supere el patriarcado, el antropocentrismo y el racismo, así como el estado de guerra permanente que caracterizan al sistema mundo contemporáneo. Un debate reflexivo, crítico, del proceso político venezolano es indispensable si esta experiencia ha de contribuir a la construcción de otro mundo posible.
 

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=234789

"Nos hace cómplices, y a menudo partidarios de las políticas de privatización y desregulación, pero también hace de sujetos altamente gobernados. Nos imaginamos que somos libres pero, en realidad, nunca hemos estado más autorregulados".

Entrevista a la politóloga Wendy Brown
“Hoy la democracia simplemente se equipara a la existencia de mercados libres, 
abiertos y desregulados”
1 de diciembre de 2017

Por Ignazi Gozalo-Salellas, Álvaro Guzmán Bastida y Héctor Mugiente/ CTXT (Contexto y Acción)

Capítulo II de la serie "Qué hacer. EE.UU. en la era Trump"
Tras rastrear de la mano de David Harvey los flujos del capital por el mundo y su impacto en la política, el clima y la sociedad, la serie Qué hacer. EE.UU. en la era Trump avanza con la entrevista a la politóloga Wendy Brown. Brown es una de las analistas más refinadas del neoliberalismo. Situando el foco en fenómenos tan dispares como las grandes empresas tecnológicas de Silicon Valley, la Universidad, la pérdida de soberanía popular, las dietas alimenticias o el muro fronterizo prometido por Trump, Brown nos ofrece múltiples ejemplos de los largos tentáculos del proyecto neoliberal –y de los estragos que tal expansión provoca. Sin embargo, donde Harvey observaba continuidad y profundización neoliberal en la elección de Trump, Brown descubre una nueva versión "autoritaria, proteccionista y nacionalista” del mismo régimen. No deberíamos, pues, dar por acabado el neoliberalismo.
En el libro coral ¿Democracia en qué estado? usted habla de cómo la democracia se ha convertido de alguna forma en un significante vacío, y pone como ejemplo la figura de Barack Obama. ¿Puede explicar mejor esta aparente ambigüedad y cuándo comienza este proceso?
Lo que me preocupa de la democracia hoy en día cuando me refiero a ella como un significante vacío, y del peligro que conlleva que sea un significante vacío, es que eso permite que se la apropien, que la enarbolen o la manipulen con fines de todo tipo. Hoy la democracia simplemente se equipara a la existencia de mercados capitalistas libres, abiertos y desregulados, sólo a veces combinados de manera mínima con elecciones modestamente libres. El concepto mismo de democracia y sus principios básicos –igualdad, libertad, soberanía popular– se ha resignificado en un sentido orientado al mercado. De ese modo, la igualdad simplemente significa el derecho a competir los unos con los otros, en un mundo de ganadores y perdedores. La libertad, de nuevo, pasa a significar simplemente libertad de la regulación, la libertad de cada uno para hacer lo que quiera como ciudadano individual o como un pedazo de capital. Y la soberanía popular se vuelve algo incoherente, porque el neoliberalismo no deja espacio para que la gente se gobierne, en lugar de limitarse a expresar sus preferencias.
Cuando analiza el uso de tal concepto, usted propone por un lado los casos de Berlusconi o Bush, pero por el otro a pensadores como Derrida y Balibar o bien tradiciones políticas como el comunismo italiano o el movimiento palestino Hamas. ¿Quiere decir con esto que la democracia es un concepto legitimador o más bien una constante forma de borrar significados previos u originales?
La captura de la democracia por parte del neoliberalismo supone un problema grave. Reina la certidumbre, entre los intelectuales neoliberales y los políticos, de que los mercados deciden mejor que la gente. Las democracias, pues, deben limitarse a encontrar al mejor gestor de los mercados que engloba un país. Así, no debe sorprendernos una de las tendencias más claras de los cuarenta años de despliegue del neoliberalismo: cada vez más empresarios entran en política, persuadiendo a la población de sus capacidades en base a su experiencia en los negocios. Trump, sin duda, encarna eso como nadie. Se presenta diciendo: “Soy el mejor negociador. Sé cerrar tratos mejor que nadie. Conviene recordar que el Primer Ministro de Tailandia, en los años noventa se autoproclamó literalmente el Director Ejecutivo (CEO) de Tailandia. Y no lo dijo en broma.
HEMOS TENIDO UNA SERIE DE SENTENCIAS DEL TRIBUNAL SUPREMO QUE, BASÁNDOSE EN RAZONAMIENTOS JURÍDICOS NEOLIBERALES, HAN PERMITIDO LA ENTRADA DE FINANCIACIÓN CORPORATIVA Y CAPITAL FINANCIERO PARA, EN ESENCIA, COMPRAR NUESTRAS ELECCIONES
Su extenso trabajo en el ámbito de la ciencia política se ha basado en elaborar, entre otros conceptos, una teoría del neoliberalismo o, como usted lo denomina, la “razón neoliberal”. Para ello, sitúa al filósofo francés Michel Foucault como el punto de irradiación de una ideología que llegará en la actualidad a ámbitos como la educación universitaria, la ley o los gobiernos. ¿Nos puede poner ejemplos concretos en el caso de Estados Unidos?
Algunas de las maneras concretas en las que la neoliberalización ha avanzado hasta afectar también a la democracia incluyen, por ejemplo, las maniobras sucesivas para privatizar bienes anteriormente públicos. Hay muchos casos en EE.UU, aunque quizá uno de los mejores ejemplos sea la privatización de las universidades públicas, algo que también ha sucedido en gran parte de Europa. Otro ejemplo es la privatización de los parques, que siguen siendo accesibles al público, pero se financian con cuotas al usuario. Si quieres acceder al parque, tienes que pagar. Quizá lo más importante en tanto a que atañe a la democracia en sí misma, y de nuevo con EE.UU como ejemplo, es la inundación del proceso electoral con dinero de las grandes corporaciones. Hemos tenido una serie de sentencias del Tribunal Supremo que, basándose en razonamientos jurídicos neoliberales, han permitido la entrada de cantidades ilimitadas de financiación corporativa y capital financiero para, en esencia, comprar nuestras elecciones.
Un aspecto relevante de su teoría es que esta ideología ha llegado a transformar tanto los principios fundamentales de las instituciones democráticas liberales como la de los imaginarios democráticos más radicales.
Hay que pensar más allá: el neoliberalismo no entiende de partidos. Hay neoliberales de izquierdas y neoliberales de derechas. Es algo que sabemos desde Mitterrand en Francia, pasando por Blair en Inglaterra y los Clinton en EE.UU. Ellos también basaron su experiencia, su reputación y su legitimidad en ser buenos privatizadores, expertos en negociar acuerdos, y en ser lo que aquí llamamos ‘empollones de la política’. Es importante que recordemos que en EE.UU fue Bill Clinton el que, según sus propias palabras “terminó con el estado del bienestar tal y como lo conocíamos”. Fue el fin del estado de bienestar, anunciado a bombo y platillo por los Clinton mientras hacían gestos simbólicos hacia cuestiones de justicia social.
Y luego está en este país lo que podemos llamar el ‘neoliberalismo de Silicon Valley’. El centro global de la innovación tecnológica y la creatividad es un mundo decididamente neoliberal. Cree en la desregulación absoluta, la privatización, la libertad individual y las grandes cantidades de capital riesgo. Estamos ante un mundo muy moderno, socialmente progresista, gay, en cierto modo feminista, que hace guiños a la multiculturalidad y sin embargo es consumadamente neoliberal, contrario a la intervención del estado y favorable a los mercados y el gran capital financiero.
Se refiere también al aspecto espiritual o subjetivo del neoliberalismo. ¿Podría desarrollar esta idea?
Hay otro aspecto importante del neoliberalismo, que es la transformación de uno mismo, o del sujeto. En cierta medida, no tiene demasiado que ver con la monetización, sino con todo un abanico de prácticas que incluyen, por ejemplo, las dietas que miden las calorías, el ejercicio, la educación, el ocio, el contabilizar la cantidad de hierro y otros nutrientes que ha ingerido uno. Calcular si tal o cual inversión en la educación reportará mayores beneficios para nuestro capital humano. Todo esto nos hace cómplices, y a menudo partidarios de las políticas de privatización y desregulación, pero también hace de sujetos altamente gobernados. Nos imaginamos que somos libres pero, en realidad, nunca hemos estado más autorregulados.
NOS IMAGINAMOS QUE SOMOS LIBRES PERO, EN REALIDAD, NUNCA HEMOS ESTADO MÁS AUTORREGULADOS
Señala que los muros entre naciones son hoy en día el mejor ejemplo de cómo la disminución de la soberanía de los estados en el nuevo escenario de poder global genera una nueva ansiedad nacionalista... 
Mi manera de leer este fenómeno no es tanto que los muros mantengan a raya las diferentes cosas que ciertos países quieran excluir, como el terrorismo, las armas, las drogas, la inmigración, etc. Más bien, sirven para movilizar un imaginario particularmente nostálgico del pasado de una nación. Trump es muy eficaz a la hora de movilizar esa respuesta racializada y xenófoba a los efectos de la globalización, igual que hacen la mayoría de los políticos de derecha. Marine Le Pen, el partido Alternativa para Alemania, todos los partidos de extrema derecha consiguen desviar los males de la globalización y el neoliberalismo hacia la figura del inmigrante oscuro, criminalizado y terrorista. “America first”, “América primero”, “América para los americanos”, y todo el resto son agentes contaminantes. Destruyen nuestra comunidad, la imagen de lo que somos.
¿Puede explicar en qué es diferente lo que representa el muro de Trump del antiguo muro de Berlín, por ejemplo?
Lo que hace Trump cuando dice que “no se puede tener un país sin frontera” es dirigirse precisamente a una triple ansiedad o miedo por parte de sus votantes: primero, que los trabajos desaparecen porque se los llevan a otros lugares; después, que los inmigrantes entran en masa para robar el trabajo de la población autóctona; y finalmente, que la amenaza del terrorismo y del crimen también se cuela por la frontera, y que se supone que el muro detendrá todas esas tendencias. El ejemplo perfecto es el muro fronterizo entre EEUU y México, que en realidad no ha cambiado la cantidad de inmigrantes. Esa cantidad sube y baja dependiendo de la demanda de fuerza de trabajo indocumentada en EE.UU. Pero sirve para construir un imaginario de nación. Imaginamos que somos una nación blanca sitiada por riadas de inmigrantes no deseados, drogas y todo lo demás, y que levantamos una barricada contra eso para proteger nuestra existencia civilizada y purificada.
¿Podemos afirmar, entonces, que Trump representa un giro proteccionista que da por acabado la hegemonía ideológica del neoliberalismo?
Trump está atrapado por la clásica encrucijada neoliberal-neoconservadora, que por un lado pretende recortar impuestos, y por tanto los ingresos del Estado, y por otro lado tiene un plan de inversiones en infraestructura descomunal, tanto a nivel militar como de construir el nuevo muro. Los pequeños elementos protofascistas de una economía política construida en torno a un proyecto nacionalista basado en la construcción de infraestructuras a gran escala, el levantamiento del muro y demás están a punto, pero la base económica sigue atrapada por la lógica neoliberal de recortes, privatización y desregulación, de modo que no funcionará. Los verdaderos principios no pasan por cuestionar el valor máximo del mercado. Lo que buscan es volver a afianzar las economías neoliberales a nivel nacional. Esta versión concreta de un neoliberalismo autoritario, proteccionista y nacionalista que vemos hoy en día no supone el fin de la neoliberalización. Pero sí creo que estamos, sin duda, ante un nuevo capítulo.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=234781