lunes, 3 de julio de 2017

"Si pretendemos la defensa de la la vida y del bien común nuestras prioridades estratégicas, entre otras, deben ser: desmantelar el poder corporativo, poniendo freno a los nuevos tratados regionales y globales; defender los territorios y los bienes comunes, tanto públicos como comunitarios; desmontar el sistema financiero desregulado y sobrecomplejizado; enfrentar la exclusión y violencia de todo tipo; así como abanderar la democracia como valor fundamental".

La que se avecina: 

un capitalismo (aún) más salvaje

27 de junio de 2017

Por Gonzalo Fernández - Investigador del Observatorio de Multinacionales en América Latina (OMAL) -Paz con Dignidad.

El proyecto civilizatorio construido en torno al capitalismo atraviesa una profunda crisis que pone de manifiesto no solo las crecientes dificultades del sistema para autorreproducirse, sino también la ofensiva que éste desarrolla contra la vida, cuya sostenibilidad corre serio peligro. Partiendo de este conflicto capital-vida, proliferan tanto las agendas emancipadoras que pretenden defender la reproducción ampliada de la vida como aquéllas que se centran en salvar y redefinir el capitalismo en este momento crítico, aunque ello nos conduzca al abismo social y al colapso ecológico.

Si queremos evitar este fatal desenlace, es preciso conocer estas apuestas pro-capital y sus perspectivas de futuro, con el ánimo de adelantarse a las mismas y hacerlas descarrilar desde lógicas alternativas.
Éste es precisamente el objetivo del presente artículo: conocer qué diferentes propuestas disputan hoy en día la defensa de los valores civilizatorios hegemónicos del crecimiento ilimitado, la primacía de los mercados, la reproducción ampliada del capital y la agudización de las asimetrías de clase, género y raza/etnia. Destacamos en este sentido la confrontación actual entre quienes abogan por el avance de un mercado universal autorregulado desde una supuesta perspectiva progresista, por un lado, y quienes aspiran desde claves más extremas a capturar, en un contexto de profunda crisis, la máxima ganancia posible para los capitales nacionales propios bajo la premisa de guerra económica y geopolítica entre bloques regionales, por el otro.
Sea una u otra la agenda que se imponga —o incluso la más que probable síntesis de ambas—, las perspectivas parecen consolidar una versión del modelo global todavía más antidemocrática, excluyente y violenta. Concluiremos el artículo señalando cuáles pudieran ser, en nuestra opinión, las claves que definen la nueva versión del viejo proyecto civilizatorio de la modernidad capitalista, en el que el poder corporativo tejido alrededor de las grandes empresas transnacionales cobra un gran protagonismo.
El conflicto capital-vida se agudiza, pero también la disputa entre capitales
Atravesamos momentos de gran incertidumbre sistémica, cuyo origen reside básicamente en dos grandes nudos a los que el sistema vigente parece no encontrar respuesta.
Por un lado, el capitalismo evidencia serias limitaciones para iniciar una nueva fase expansiva de crecimiento económico, que genere un círculo virtuoso de productividad, rentabilidad, inversión, empleo y consumo. En este sentido, la propia OCDE pronostica un lánguido desempeño económico global hasta 2060, [1] lo que refuerza la idea de que cada vez es más complicado reproducir el flujo del ingente excedente generado por un sistema financiarizado, sobrecomplejizado y desregulado, además en un marco de austeridad y grandes desigualdades estructurales. En este contexto, se visualizan con mayor nitidez las contradicciones de un sistema incapaz de poner en marcha una revolución tecnológica con potencialidad para impulsar un círculo virtuoso como el antes citado. Si la apuesta es, en este sentido, la automatización y la robótica, no hay seguridad alguna de que ésta tenga una incidencia generalizada sobre la productividad del conjunto del tejido económico global. Incluso existen serias dudas sobre si el hipotético saldo de empleos de este proceso sería negativo y no positivo, destruyendo más empleo que el que se pudiera crear, tal y como señala la UNCTAD. [2] En todo caso, más allá del debate sobre si el capitalismo es capaz de reinventarse de nuevo en un contexto de profundas limitaciones, sí que podemos afirmar tajantemente que este afronta grandes dificultades en el corto, medio y largo plazo, lo que nos aboca a décadas de fuerte inestabilidad.
Pero, por otro lado, a los problemas del sistema económico para reproducirse se les une un segundo elemento generador de incertidumbre, que no es sino el gravísimo colapso ecológico en ciernes. Se trata, en palabras de Tanuro, [3] de una catástrofe silenciosa provocada por el cambio climático y por el agotamiento de las tres fuentes de energía fósil sobre las que se ha asentado el patrón de desarrollo desde la segunda guerra mundial: el petróleo, el gas y el carbón. Si el petróleo ya ha alcanzado su pico, el carbón y el gas lo harán en las próximas décadas, tratándose de recursos —sobre todo, el petróleo— imposibles de ser sustituidos por otros, renovables o no, debido a una capacidad de transporte, almacenamiento, múltiples usos y alta densidad energética sin igual. Por tanto, nos enfrentamos, sí o sí, a una reducción de la base material sobre la que opera nuestra sociedad global y, en consecuencia, a una profunda transformación de las fórmulas hegemónicas de producción, consumo y organización social.
Vinculando ambos procesos —límites del capitalismo y colapso ecológico—, se explicita la gravedad del momento presente, ya que la hipotética superación del primero de los procesos no haría sino ahondar la catástrofe ecológica, mientras que enfrentar de manera taxativa el segundo exigiría descentrar el capital y los mercados como valores hegemónicos y, por tanto, trascender completamente el modelo civilizatorio articulado en torno al capitalismo. El piso se nos mueve a todos y todas y, lo queramos o no, grandes cambios se avecinan, en uno u otro sentido. Asistimos, por tanto, a una fase histórica especialmente crítica, marcada por la crisis del capital y por el conflicto de éste con la vida misma, dando lugar a un recrudecimiento de la disputa de agendas y sujetos. Y no hablamos solo de la confrontación de quienes defienden la vida frente al atolladero al que nos conduce el capital, sino también entre los que pretenden mantener el statu quo capitalista, pero desde parámetros diferentes a los hasta ahora hegemónicos.
Surge en este sentido una nueva versión capitalista nítidamente reaccionaria, que Trump abandera pero en la que se inscriben fenómenos como el auge de la extrema derecha en Europa, el Brexit o Putin, por poner solo algunos ejemplos. Esta nueva propuesta política en boga se reproduce ante la creciente deslegitimación de la hasta ahora agenda hegemónica del capital, que denominamoscapitalismo universalista. Este se ha sustentado sobre dos pilares fundamentales: en primer lugar, la apuesta por un mercado único global y autorregulado —o al menos conformado por grandes bloques económicos que colaboran entre sí, a través de pactos entre diferentes capitales, encarnados en tratados y acuerdos multilaterales—, que garantice el comercio y la seguridad de las inversiones a nivel planetario; en segundo término, un modelo de gobernanza política sustentado sobre un relato de democracia formal, respeto a los derechos humanos y defensa de la diversidad y la multiculturalidad, edificado sobre una estructura multilateral a tal efecto.
Para garantizar este mercado de proyección universal se apuesta principalmente por tratados y acuerdos regionales y globales de comercio e inversión. Estos pretenden conformar una nueva gobernanza corporativa, que institucionalice nuevas estructuras de convergencia reguladora entre regiones —para armonizar a la baja en protección social y ambiental—, y que acabe de implantar unalex mercatoria [4] sostenida sobre tribunales privados de arbitraje, en los que las corporaciones tienen la capacidad de denunciar a las instituciones públicas si éstas amenazan sus beneficios. Como hemos señalado previamente, este proyecto sufre hoy en día un creciente descrédito, evidenciándose que el valor fuerte del capitalismo universalista —el mercado autorregulado— es incompatible con el segundo —democracia y derechos—, que se convierte en pura retórica, tal y como muestra esta ofensiva contra el poder legislativo y judicial. Se constata así la primacía del capital sin caretas democráticas e inclusivas, condenando a las grandes mayorías populares al desempleo, la precariedad, la exclusión y, en definitiva, a múltiples y diversas fórmulas de dominación. Así, un proyecto retóricamente universalista, progresista y pacifista, en su pretensión de desarraigar la dimensión económica del resto de variables sociales, políticas y culturales a partir de la constitución de un mercado global autorregulado, acaba explotando a la vasta y diversa clase trabajadora y amputando los mínimos resortes democráticos en el altar de dicho mercado. Karl Polanyi, en su certero análisis realizado hace ocho décadas, ya alertó sobre estos intentos de desarraigo, situando en el patrón oro y en el impulso universalista del capital la génesis de las guerras mundiales y los fascismos que asolaron la primera mitad del siglo XX. [5]
Pero esta deslegitimación del capitalismo universalista, como antes hemos especificado, no es solo evidente para las propuestas emancipadoras en defensa de la vida. También lo es para quienes abogan por una redefinición del statu quo. Estos constatan, por un lado, cómo este modelo universalista ha roto los consensos o pactos nacionales entre capital y trabajo en base a diferentes formulaciones del Estado del Bienestar —fundamentalmente en el Norte Global, que es donde éstas se permitieron, y que han sido base de cierta estabilidad social y política—, sin ofrecer alternativa alguna a las lógicas de deslocalización, terciarización, desinversión interna, desempleo y precariedad vinculadas a la globalización neoliberal. Y, por otra parte, consideran que la delegación de soberanía nacional a órganos supraestatales, propia de la lógica de los acuerdos y tratados regionales y globales, impide el desarrollo de políticas autónomas y constriñe las capacidades económicas de los capitales propios, al obligar a pactar con los foráneos desde un prisma multilateral, cediendo así necesariamente poder en un momento en el que la tarta no da para todos.
Por tanto, no todos los capitales tienen expectativas positivas en el modelo de capitalismo universalista, ni posibilidad de sustento político y social que garantice su sostenibilidad. Debido a ello, algunos de ellos —sobre todo los que tienen su matriz en el Norte Global, y que acumulan por tanto un notable poder de negociación—, apuestan por ampliar su trozo de tarta frente a otros, transitando del universalismo a la guerra económica. Se plantea así la posibilidad de impulsar un relato y una agenda que prime la defensa de los capitales nacionales frente al capital en general; que limite el costo de la apuesta global en su retórica multilateral; que integre en su base política no sólo al capital nacional, sino también a parte de la clase trabajadora ávida de recuperar inversión y empleo y que ha sido despreciada por las élites beneficiadas por la globalización; que, finalmente, confronte aún retóricamente con dichas élites desde una ofensiva contra su imaginario liberal y progresista (derechos y libertades fundamentales, igualdad de oportunidades, diversidad sexual, protección del medio ambiente…), situando el debate político en una guerra entre pobres, contra lo otro, centrado especialmente en la migración como fenómeno directamente vinculado a la globalización y sus efectos.
Cuál de estas dos versiones del capitalismo —universalista o de guerra económica— se impondrá en esta disputa en ciernes, nadie lo sabe. En todo caso, la deslegitimación de la apuesta universalista, por un lado, y los estrechos límites que el capital impone a las propuestas de corte populista de derechas que pongan en cuestionamiento la globalización y el modelo pergeñado en las últimas décadas, por el otro, nos llevan a la conclusión de que seguramente la agenda hegemónica será un híbrido de ambas, configurando un modelo de capitalismo más salvaje, dictatorial, excluyente y violento. Veamos a continuación cuáles pudieran ser sus características principales.
Perspectivas del capitalismo que se nos viene encima
La agenda de síntesis que parece prefigurarse en un contexto de crisis de reproducción del sistema semeja a la respuesta de un león herido. Así, a pesar de que se ven cada vez más las grietas por las que brota su sangre, sigue siendo tremendamente peligroso y acumula la fuerza suficiente para conducirnos a la humanidad y al planeta en su conjunto al abismo. Un león herido que, en esta situación, minimiza su retórica sobre democracia, derechos e inclusividad —sacrificados para tratar de salvar al capital—, mientras que posiciona y justifica fundamentalismos, exclusiones y asimetrías como ofrendas necesarias para dicho sacrificio. Bajo esta premisa, exponemos brevemente cuáles podrían ser, en nuestra opinión, algunas de las claves que darían forma a esta nueva versión de capitalismo para las próximas décadas: [6]
1. El poder corporativo, protagonista de la ofensiva final para mercantilizar la vida. Nunca antes las grandes empresas habían atesorado tanta fuerza como durante la globalización neoliberal, configurando una agenda y una estructura cultural y política al servicio de su poderío económico —hoy en día 69 de las 100 mayores entidades del mundo son empresas y solo 31 Estados [7]—. Este ingente poder las sitúa como premisa de todo proceso político, protagonistas y principales beneficiarias de la apuesta por la reproducción incesante del capital. Para ello, abogan, como respuesta a la crisis, por ahondar en la mercantilización definitiva de toda forma de vida y sector, incidiendo especialmente en la contratación pública, los servicios, las economías campesinas, etc., convirtiendo a nuestros cuerpos precarizados —especialmente los de las mujeres—, en pistas de aterrizaje de su estrategia. De esta manera el poder corporativo —que trasciende a las propias empresas, conformando una amplia red de Estados y organismos multilaterales cómplices—, trata de abarcar el espectro completo de nuestras vidas, proyectándose en el marco de una sociedad empresarial, privatizada, centralizada y concentrada en términos de poder —como muestran las fusiones recientes de las seis grandes empresas de la agroindustria [8]—.
2. La lex mercatoria como base de una gobernanza corporativa que pone en jaque la democracia. El poder corporativo vehiculiza su pretensión de avanzar en la mercantilización de la vida a través de la imposición de una lex mercatoria en defensa de la seguridad de la inversión y el comercio, situada por encima del marco internacional de derechos y de la soberanía nacional y popular. La nueva oleada de tratados (TTIP, TISA, CETA, etc.) se enmarca en esta lógica, que debe entenderse como una agresión contra la capacidad institucional de regulación frente a toda traba al comercio y a la inversión, posicionando en ese sentido un nuevo modelo de gobernanza corporativa que genera una institucionalidad conformada, como ya hemos dicho previamente, en base a la convergencia reguladora y a los tribunales privados de arbitraje. De esta manera la democracia —ya de por sí mínima— molesta, y sufre una ofensiva definitiva, instaurando una arquitectura de la impunidad para las grandes empresas, en la que coinciden tanto el capitalismo universalista como el de guerra económica, ya que ambos solo cuestionan quién y cómo negocian los acuerdos, no la existencia ni el contenido de los mismos.
3. La tensión geopolítica y por los recursos escasos se incrementa. La crisis capitalista y la sensación de que la tarta económica no crece —e incluso se agota en términos energéticos— abona el terreno para una agudización de la confrontación entre bloques por el puesto de hegemón, así como por los escasos recursos fundamentales para la vida. Parece entonces que asistiremos a un recrudecimiento de la disputa entre bloques económicos y sus capitales, liderados por las grandes empresas (EE UU, UE y China), de consecuencias imprevisibles, incluso en términos militares. A su vez, asistiremos a una ampliación de los conflictos generados por la situación climática y energética, acompañados posiblemente de una pretensión de acaparamiento de dichos recursos escasos —energía, agua, tierra, etc.— incluso en su versión renovable, bajo el paraguas del capitalismo verde.
4. Una economía estructuralmente sobrecomplejizada, financiarizada y especulativa. Debido a las escasas expectativas de crecimiento económico generalizado en base a una nueva onda larga expansiva, es más que probable que se mantenga e incluso ahonde la tendencia actual de búsqueda de reproducción del capital por la vía financiera. Así, mientras no se sienten las bases que permitan incrementos generalizados en la productividad y en la tasa de ganancia, la crucial cuestión del endeudamiento público y privado seguirá siendo un aspecto de especial relevancia, mientras que las señas de identidad de la financiarización se seguirán trasladando al conjunto del modelo económico. Por tanto, cortoplacismo, ingobernabilidad, lucro y especulación serán conceptos que definan el escenario también en el futuro próximo, incidiendo posiblemente en el incremento de la inestabilidad estructural y de las asimetrías sociales. La apuesta de Trump de derogar los tímidos controles financieros establecidos por Obama tras el crash de 2008, así como el contenido de las negociaciones del TISA, parecen abundar en este sentido.
5. Un modelo de sociedad global más abiertamente excluyente y violenta. La apuesta por el capital frente a la vida en un momento de crisis tiene como corolario la agudización de la matriz excluyente del proyecto civilizatorio en base a la clase, el género y la raza/etnia. De esta manera, el capitalismo heteropatriarcal y colonial se priva progresivamente de toda retórica, mostrando lógicas de fascismo social, en las que se establece un régimen de relaciones de poder extremadamente desiguales que concede a la parte más fuerte un poder de veto sobre la vida y el sustento de la parte más débil. Pareciera por tanto que el relato de la ciudadanía con derechos y de la igualdad pierde valor, y la agenda hegemónica nos ofrece en toda su crudeza su génesis excluyente y violenta, alentando la guerra entre pobres —para ocultar la responsabilidad del poder corporativo— así como desatando la violencia machista, de odio, empresarial y geopolítica de todo tipo.
Éste parece ser el capitalismo que se perfila en este siglo XXI, en un contexto de crisis sistémica y civilizatoria: un modelo pirómano que parece querer apagar el fuego con más madera, dirigido por un poder corporativo que atenta contra la democracia y contra la sostenibilidad de la vida para tratar de mantener el flujo del capital, para lo cual no duda en recrudecer la exclusión y la violencia.
Por lo tanto, desmantelar el poder corporativo, poniendo freno a los nuevos tratados regionales y globales; defender los territorios y los bienes comunes, tanto públicos como comunitarios; desmontar el sistema financiero desregulado y sobrecomplejizado; enfrentar la exclusión y violencia de todo tipo; así como abanderar la democracia como valor fundamental, entre otras cuestiones, son para cualquier agenda alternativa que pretenda avanzar en defensa de la vida y del bien común.
26 de junio de 2017
Notas
[1] OCDE (2014): «Policy challenges for the next 50 years», OECC Economic Policy Papers, n.º 9, disponible aquí
[2] UNCTAD (2016), «Robots and industrialization in developing countries», Policy Brief n.º 50, disponible aquí (pdf)
[3] Tanuro (2015), «Enfrentar la urgencia ecológica», Inprecor n.º 619-620, disponible: aquí
[4] Hernández, Juan, y Ramiro, Pedro (2015): Contra la lex mercatoria. Propuestas y alternativas para desmantelar el poder de las empresas transnacionales, Icaria, Barcelona.
[5] Polanyi, K., (1944), La gran transformación, Siglo XXI, México.
[6] Fernández, Gonzalo (2016): Alternativas para desmantelar el poder corporativo. Hegoa, Bilbao. Disponible aquí
[7] Datos del Informe 10 biggest corporations make more money than most countries in the world combined, publicado en septiembre de 2016 por Global Justice Now.
[8] ETC Group (2016): Campo Jurásico. Syngenta, DuPont, Monsanto: la guerra de los dinosaurios del agronegocio. Disponible aquí (pdf)

Fuente: http://www.biodiversidadla.org/Principal/Secciones/Documentos/La_que_se_avecina_un_capitalismo_aun_mas_salvaje

Sepamos: "los pueblos campesinos, en México, no sólo conservan el maíz (cuyo futuro es objeto de debates mundiales). Los pueblos campesinos son quienes resguardan la diversidad de bosques, y con ellos, los ciclos del agua y del aire, y en esos territorios cuyo eje es la milpa, las comunidades tienen la posibilidad de negarse al extractivismo y la imposición de megaproyectos".

Los cuidados que sostienen al mundo

3 de julio de 2017

"¿Cómo es posible que con menos de un cuarto de toda la tierra agrícola del planeta, los pueblos y comunidades campesinos provean casi 70% de la alimentación que nos mantiene con vida como humanidad? Esos pueblos, comunidades y colectivos calumniados de obstaculizar la modernización, despliegan una potencia que no se enfoca solamente en arrancarle la comida a los suelos. Son quienes aún mantienen un tramado de prácticas y saberes que persiste pese al embate modernizador de los gobiernos, de las agencias de financiamiento y de las mega-corporaciones."

AGRICULTURA INDUSTRIAL SE ENFOCA SÓLO EN 12 ESPECIES. UN NUEVO CULTIVO BIOTECNOLÓGICO PUEDE LLEGAR A COSTAR 136 MILLONES DE DÓLARES. LAS REDES CAMPESINAS MANEJAN MÁS DE DOS MILLONES DE VARIEDADES Y LAS DESARROLLAN SIN COSTOS COMERCIALES

El acuciante problema de la crisis de alimentación en el mundo se esboza en muchos lados como insuficiencia de alimentos pues la población crece exponencialmente y “no habrá comida que alcance”. Según los expertos, más de 800 millones de personas padecen hambre y más de la mitad de la humanidad tiene problemas relacionados con la alimentación. Quienes brindan una solución a esa crisis, quienes subsanan la subsistencia de la mayoría de la humanidad, son esos pueblos y comunidades campesinas, acusadas de atrasadas e ineficaces, los pueblos vernáculos del mundo.
Más del 90% de las y los agricultores del mundo son campesinos e indígenas, pero acceden a menos de la cuarta parte de la tierra agrícola mundial, según datos de GRAIN. Y sin embargo, con ello producen entre el 50 y el 70 por ciento de la comida que mantiene viva a la gente. Sustentos básicos (cereales, leguminosas, tubérculos) pero también animales, frutas y hojas verdes que se distribuyen en mercados locales en cantidades importantes, total o parcialmente al margen del mercado, y llegan a sitios inaccesibles para los contenedores rodantes que distribuyen los paquetes de alimentos procesados.
Si asumimos la perspectiva de Adolfo Gilly sobre los historiadores a contrapelo que develan que casi la totalidad de la actividad económica la realiza una inmensa mayoría de seres humanos sin lugares prominentes en las cifras oficiales, ni en las inteligencias de derecha o izquierda, ni en los liderazgos de opinión, ni en los debates entre élites, es fácil comprender que la mayoría de la alimentación que nos mantiene con vida la provee esa miríada de redes campesinas y urbanas de subsistencia, rompiendo así el monopolio radical del pensamiento que presupone que sólo la industria puede resolver el problema de alimentar a una población planetaria cada vez más numerosa.
Se trata de pueblos con diversos grados de autonomía, de soberanía en lo que permanece de sus mundos vernáculos, pero también se trata —y esto es muy sorprendente— de colectivos que quieren darle la vuelta a vivir comprando todo: organizaciones en el campo y en la ciudad, personas y colectivos que de alguna forma quisieran ser como los pueblos vernáculos.
El Grupo de Acción sobre Erosión, Tecnología y Concentración (Grupo ETC) se planteó recientemente preguntas como quién nos alimenta hoy, cuánta diversidad alimentaria tenemos y cuidamos, cuál es el estado de los bosques, qué nos está ocasionando la industrialización de la comida, cómo se usa la energía para producir alimentos, cuánta comida se desperdicia, cuál es la relación entre trabajo, salud y producción industrial o campesina. Y éstas son algunas de las respuestas:
Hoy, con un cuarto de la tierra agrícola a nivel mundial y con 30% de los recursos mecánicos, hídricos, fertilizantes y combustibles, las redes de subsistencia (campesinos, pastores, pescadores artesanales, recolectores y sus combinaciones), junto con la agricultura urbana, producen mayor cantidad, diversidad y calidad de alimentos que las cadenas de la agricultura industrial.
La agricultura industrial se enfoca sólo en 12 especies. Un nuevo cultivo biotecnológico puede llegar a costar 136 millones de dólares. Las redes campesinas manejan más de dos millones de variedades de plantas y animales, y los desarrollan sin costos comerciales. La pesca industrial captura 360 especies y cultiva en cautiverio otras 600. Los pescadores artesanales cosechan 15 mil especies de agua dulce y un número desconocido de especímenes marinos. Más de mil quinientos millones de habitantes se alimentan de pesca no comercial.
El mercado de productos maderables promueve plantaciones de 450 especies mientras que los habitantes de los bosques cuidan más de 80 mil tipos de árboles, arbustos, trepadoras y plantas medicinales.
Se calcula que mil 600 millones de personas habitan esos espacios “ociosos” que el capital no ceja en agredir para meterlos al mercado de tierras. 80% de las poblaciones de los países en desarrollo acuden, para satisfacer o complementar sus necesidades terapéuticas, a plantas crecidas en los bosques, selvas y humedales o cultivadas en traspatios, balcones o azoteas. Estos lugares “subutilizados” son clave para enfrentar el caos climático por su capacidad de absorción de gases contaminantes.
La comida procesada ha ocasionado que desde 1950 se pierda infinidad de nutrientes del suelo; que las dietas se uniformen, que la diversidad se reduzca, y que haya un aumento dramático de enfermedades crónicas como obesidad y diabetes, hipertensión, y ciertos tipos de cáncer relacionados con la alimentación.
La emisión de gases con efecto de invernadero provenientes de la alimentación industrial (con los desmontes para monocultivos, el uso de fertilizantes —cuya fabricación es origen de gases en sí misma— el transporte, el embalaje, la refrigeración y la basura resultante) dan cuenta de un 50% de los gases que ocasionan el calentamiento planetario.
Casi 80% del agua dulce disponible en un año se utiliza en agricultura industrial y procesado de alimentos. El agua de este procesado industrial de alimentos y bebidas en un año podría cubrir las necesidades domésticas de 9 mil millones de personas.
Entre 33 y 40% de la comida producida con agricultura industrial se desperdicia cada año por los estándares de producción, en la transportación y almacenamiento, en los procesos de producción y en los hogares donde llega no se consume.
Más de dos mil millones de personas en el planeta tienen deficiencias nutricionales y más de 400 millones tienen sobrepeso u obesidad. El consumo de carne en los países ricos rebasa en más de dos veces las recomendaciones de la Organización Mundial de Salud. Por cada dólar que pagamos en comida industrial, la sociedad planetaria paga otros dos dólares en remediar desastres ambientales y enfermedades. 

¿Cómo es posible que con menos de un cuarto de toda la tierra agrícola del planeta, los pueblos y comunidades campesinos provean casi 70% de la alimentación que nos mantiene con vida como humanidad?
Esos pueblos, comunidades y colectivos calumniados de obstaculizar la modernización, despliegan una potencia que no se enfoca solamente en arrancarle la comida a los suelos. Son quienes aún mantienen un tramado de prácticas y saberes que pese al embate modernizador de los gobiernos, de las agencias de financiamiento y de las mega-corporaciones, persiste a veces como aparente inercia, con una reflexividad impresionante, en el flujo del desastre, en medio de la vorágine y la incertidumbre.
El tramado de cuidados que sostienen al mundo no se reduce a sembrar y cosechar “cosas que se coman”. En México, los pueblos campesinos no sólo conservan el maíz (cuyo futuro es objeto de debates mundiales). Los pueblos campesinos son quienes resguardan la diversidad de bosques, y con ellos, los ciclos del agua y del aire, y en esos territorios cuyo eje es la milpa, las comunidades tienen la posibilidad de negarse al extractivismo y la imposición de megaproyectos. Así que los pueblos vernáculos de México no sólo arrancan alimentos a la tierra. Con sus pertinentes relaciones con sus territorios, que se materializan en lenguas, modos, ropas, músicas, ritos, celebraciones, organización, luchas, los pueblos de México son núcleo de soberanía nacional.
Conocimos hace poco en Holanda un “bosque comestible”: en dos hectáreas de tierra yerma, destruida por la agricultura industrial, alguien removió el suelo, construyó declives y se puso a reunir especies de latitudes hermanas, de lugares separados por glaciaciones, por el aumento de los océanos, por desertificación, por reacomodo de las placas tectónicas; pero también separados por guerras o tratados de paz, o lugares con especies extinguidas por revoluciones verdes, por agricultura comercial y por mera urbanización. Comenzamos la caminata por el bosque comiendo rosas de Mongolia, directas del rosal. Seguimos con manzanas silvestres de Azerbaiján, membrillos de Turquía, peras japonesas; recogimos para la cena unos 20 tipos de hongos; para el desayuno, avellanas, moras rojas, negras, grandes, chicas, ácidas, dulces; kiwis, nueces, castañas, grosellas. Había frijoles silvestres de varios tipos, almendras, higos, lentejas… Ese bosque brinda según temporada más de 400 especies comestibles. Tiene más especies de insectos y aves que los parques naturales holandeses. Lo que pide este lugar, dicen sus propiciadores, es acompañar los procesos libres que hacen los bosques para crecer y mantenerse. En 6 años ocurrieron procesos que quienes hicieron este bosque esperaban en 10 o más años. Están abriendo el entendimiento para alimentarse de otros cultivos además de los 12 “más famosos” en los que se enfoca el sistema industrial de producción de alimentos. Calculan que el ciclo de restauración total de los bosques puede reducirse 50 años de lo que ahora se piensa.
Acá en México, durante la presentación de un libro con recetas de platillos elaborados con lo que hay en la milpa “estándar”, un campesino mixteco de Oaxaca dijo que estamos acostumbrados a ver al bosque como algo muy grandioso y a la parcela campesina como algo pequeño en comparación. Dijo que la milpa es precisamente un bosque donde convive todo, lleno de matices y de espesura, donde todos los seres pueden existir y potenciarse.
Entre 1992 y 2010 el Estado mexicano dirigió una cruzada contra la propiedad colectiva de la tierra, una campaña nacional para que las tierras de cultivo se “regularizaran” en títulos de propiedad individuales, y que toda esa tierra entrara en el mercado, junto con la proletarización de sus habitantes. A la vuelta de 20 años, mucho menos del 30% de los campesinos registró sus tierras a título individual para poder venderlas, lo que tiene francamente intrigado al Banco Mundial.
En México se siembran y cosechan casi 22 millones toneladas de maíz, de las cuales 14 millones de toneladas se cultivan con semillas que provienen de la cosecha propia, en tierras colectivas. Más de 8 millones de toneladas se destinan a la subsistencia de las comunidades sin pasar por el mercado, señala la investigadora Ana de Ita. Eso es sumamente subversivo.
Tal vez es un momento de la historia en que ya no estudiamos las dinámicas económicas campesinas como parte de una etnografía de los sistemas económicos “alternos” o “subalternos”, o en el registro de aquello que está por extinguirse. Es muy visible, muy evidente, el proceso de reflexiones y de acciones desde lo profundo de las comunidades vituperadas, calumniadas de ineficaces, desgarradas por las migraciones, arrinconadas en las mega-urbes.
Aún sigue sin comprenderse plenamente la distinción que hizo Iván Illich sobre la subsistencia autónoma (con sus límites y sus problemas a resolver) y la miseria en la que caemos cuando se nos imponen los planes de desarrollo, las tecnologías, la modernización, y lograr ese entendimiento es una tarea urgente.
Andrés Barreda dijo al resumir una discusión de la Red en Defensa del Maíz en 2016: 
“La resistencia campesina tiene un claro significado universal para toda la humanidad porque defiende y muestra el sentido de la subsistencia autónoma, de la posibilidad de ser libre manteniendo relación con la tierra, con el territorio. Pero tiene un significado más, referido al peor drama de nuestro tiempo, el peor drama que vive toda la humanidad en el momento actual, que es el de la ruptura entre naturaleza y sociedad. Ruptura que tiene a la humanidad no sólo al borde del cambio climático, la tiene al borde de desaparecer.
“La separación entre sociedad y naturaleza, que avanzó durante siglos, en los últimos 80 años alcanzó niveles brutales que ponen en peligro la vida de todos los seres humanos. Los campesinos son quienes detentan en vivo y en directo qué significa la relación entre la sociedad y la naturaleza. Es muy importante subrayar este punto para percibir de otra manera la situación de guerra social en la que estamos hundidos. Los campesinos se sienten solos. Los indígenas se sienten solos en sus territorios. Imagínense cómo se sienten 9 millones de compañeros indígenas que ya se fueron a trabajar como jornaleros, lejos de sus tierras, a los ranchos de agro-exportación. Sobre todo los que caen en ranchos en los desiertos, nadie puede escaparse de allí. Cómo se sentirán los obreros, sin el sentido de organización comunitaria de las comunidades campesinas; cómo se sienten las mujeres víctimas de asesinatos masivos. O cómo se sienten los jóvenes que no tienen ni en el campo ni en la ciudad —ni en la tierra ni en el cielo— ninguna oportunidad de nada.
“Todos nos estamos sintiendo solos, pero los campesinos tienen un fuego entre las manos. Es la relación con la naturaleza. Tienen la brújula de cómo se compone el mundo. Si algo define al capitalismo, es que separa a la sociedad respecto de la naturaleza. Y esta separación está llegando a un nivel que implica el suicidio de la humanidad. En esta situación de suicidio civilizatorio, la vida campesina tiene algo que sí es significativo para toda la humanidad: la única posibilidad de futuro.”.
–––––––––––
María Verónica Villa Arias (del Grupo ETC) presentó una versión más amplia de este texto en Cuernavaca en el simposio “Iván Illich: lo político en tiempos apocalípticos”, agosto de 2016.

Suplemento Ojarasca 242

Fuente: http://www.biodiversidadla.org/Principal/Secciones/Documentos/Los_cuidados_que_sostienen_al_mundo

"Entendemos que el trabajo es el factor alrededor del cual la mayor parte de la sociedad organiza su vida, la precarización del mismo conlleva ineludiblemente a la precarización de la propia vida de las personas. Conceptos como flexibilidad, ajuste, movilidad vertical y geográfica, entre otros, sólo pretenden esconder el verdadero impacto social que conllevan".

Salud mental en una sociedad neoliberal
3 de julio de 2017
Por Paco Cervera (eldiario.es)
Tras 10 años de crisis, podríamos llamar a las circunstancias actuales como nuevo-viejo modelo económico, basado en una economía de servicios y cuya principal vía competitiva es el precio. Pésima elección que va a afectar a nuestro bienestar como sociedad de manera significativa. Una de las vías que más van a interferir en nuestra calidad de vida va a ser la salud, y en concreto, la salud mental.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la salud mental es "un estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad". En España, entre las diez enfermedades más declaradas, según la Encuesta Europea de Salud (2014), encontramos dos de carácter mental, como son la depresión (6.89%) y la ansiedad crónica (6.85%). Si nos centramos en la depresión, la misma encuesta nos dice, atendiendo a un cuestionario específico (Patient Health Questionnaire, PHQ-8), que alrededor de un 16% de la población de nuestro país presenta sintomatología depresiva en diferentes grados. Según se informa: "En términos absolutos, casi cinco millones de personas (4.929.400) presentan sintomatología depresiva leve o moderada (12,74%) y otro millón (1.110.600) moderadamente grave o grave (2,87%). En total, más del 15% de la población residente en España presenta sintomatología depresiva de distinta gravedad".
Las causas que existen detrás de una enfermedad mental son múltiples y muchas veces se combinan entre ellas. Por ejemplo, existen factores bio-genéticos como el envejecimiento y la discapacidad física de nacimiento o la forma en que nos enfrentamos ante grandes catástrofes sobre los que poco se puede incidir. En cambio, existen otros sobre los que sí que disponemos de elementos de choque pero que la ideología hegemónica vigente no permite que actúen a favor de nuestra salud.
Es notorio que el sujeto neoliberal es individualista, egoísta, avaro y competitivo. Estos valores no nos son propios a ciudadanos criados bajo los dogmas de la tradición católica y son más propios de culturas protestantes calvinistas. Nos medimos por lo que obtenemos y por lo que gastamos, convirtiéndose esta simplificación en una forma de vivir que llena muy poco a la complejidad del ser humano. El imperialismo capitalista, también conocido como globalización neoliberal, está provocando continuamente conflictos internos en las personas que distinguen entre cómo fueron educados por sus familias y cómo les exige el sistema que sean. Un ejemplo claro lo encontramos con la actual figura del "emprendedor" y su accesorio timo de la psicología positiva, con frases que responsabilizan al individuo de su éxito o fracaso, sin tener en cuenta el entorno.
El propio sistema está polarizando la sociedad, el grado de desigualdad y la tasa de pobreza están manteniéndose, junto a la precarización del trabajo y, por tanto, a la inestabilidad vital. Existen numerosos estudios que relacionan a la pobreza, absoluta y relativa con el riesgo a sufrir alguna patología de este tipo. Por ejemplo, en Unhealthy Societies: The Afflictions of Inequality (Wilkinson, 1996), el autor se pregunta cuáles son los determinantes de las diferencias de salud entre países. Entre las evidencias que se obtienen, destacan que los países con niveles de ingreso bajos tienen peor salud que los de ingreso mediano y alto; pero este hecho se repite dentro de los propios países entre zonas más ricas y más pobres. Además, de esta relación cabe destacar la causalidad entre ambas, esto es, a mayor pobreza mayor riesgo de trastorno mental y viceversa. Por tanto, hay que luchar contra la pobreza, pero también contra desigualdad para disminuir este riesgo.
Si entendemos que el trabajo es el factor alrededor del cual la mayor parte de la sociedad organiza su vida, la precarización del mismo conlleva ineludiblemente a la precarización de la propia vida de las personas. Conceptos como flexibilidad, ajuste, movilidad vertical y geográfica, entre otros, sólo pretenden esconder el verdadero impacto social que conllevan. Cada Encuesta de Población Activa vemos cómo la contratación temporal supera con creces la contratación indefinida, pero tampoco pensemos que esta última sirve de colchón. Si consideramos también que teniendo en cuenta que la remuneración, además de escasa es insegura, todo junto provoca el desmoronamiento de lo que era un proyecto de vida y como consecuencia conlleva no pocas frustraciones. Según la Millenial Survey Data de Telefónica, el 51% de los jóvenes entre 18 y 30 años consideran que "los mejores días han pasado" en oposición a los que consideran "que están por llegar".
La tasa de paro por encima del 15% de manera constante desde el 2009 es un factor a tener en cuenta cuando hablamos de salud mental. Está demostrado que existe un mayor riesgo de padecer este tipo de enfermedades si estás parado que empleado, aunque estar empleado hoy puede provocar también un aumento del riesgo si has sufrido con anterioridad episodios de pobreza. Es decir, el miedo a perder el empleo provoca periodos continuados de estrés que pueden desembocar en este tipo de enfermedades.
La lucha enfermiza contra el déficit público ha provocado que las políticas públicas hayan ido desmantelando el paupérrimo estado del bienestar que nos habíamos permitido en este país. Los recortes en cantidad y calidad de sanidad, educación y resto de políticas sociales, como dependencia, son factores que contribuyen de manera inequívoca al aumento del riesgo de sufrir estas dolencias. Piensen el caso de una familia que debe cuidar a una persona de edad avanzada y que pagarle una residencia, con los cuidados que se merece, resulta inasumible. Una opción es que un miembro de la familia abandone su puesto de trabajo con la consiguiente disminución de la renta familiar.
Podríamos considerar que esta situación será pasajera y que cuando las cosas vayan mejor todo cambiará. La juventud se está enfrentando a una tasa de paro superior al 40% y a una tasa de abandono escolar del 20%, la más alta de Europa. No pueden abandonar el hogar familiar, por el encarecimiento de los alquileres y la precariedad laboral, hasta los 28 años de media. ¿En serio pensamos que va a ser pasajera esta situación?
A modo de resumen, hemos dicho que la pobreza, tanto absoluta como relativa, la clase social, el desempleo y las políticas sociales son factores que afectan al riesgo de padecer algún trastorno mental. En materia de desigualdad, según el índice de Gini, estamos en niveles de 1995 alrededor del 0,34 y según el indicador S80/S20, estamos por encima, 6,6 (2016) comparado con 5,9 (1995). La tasa de paro pocas veces en la democracia ha bajado del 10%. Y pertenecer a la clase trabajadora te condena a una precariedad vital en detrimento de la rentabilidad del capital. No estoy convencido de la temporalidad de estos hechos, más bien es el propio sistema y si no le ponemos remedio, las consecuencias sobre nuestra salud pueden ser devastadoras. Luchar contra los efectos de la enfermedad mental con medicamentos sólo sirve para enmascarar una realidad que precisa soluciones desde la raíz. Políticas valientes que construyan un Estado de Bienestar digno y que pongan a las personas por encima del capital se necesitan y no sólo en España.

domingo, 2 de julio de 2017

“No podemos aceptar jugar en una cancha donde las reglas de juego las ponen otros, que siempre nos van a anular nuestros goles, y nos van a expulsar a nuestros jugadores, y las reglas de juego van a hacer que nunca podamos ganar. Si ganamos alguna vez, como ha pasado en algunos países, después tenés que administrar algo sobre lo cual no tenés poder, el poder lo bancan las corporaciones, las multinacionales y así”.


El zapatismo y la disputa 

(más allá de lo)electoral.

Hace algunos días conversamos con Raúl Zibechi acerca de la coyuntura latinoamericana, la situación en Venezuela y el anuncio por parte del Congreso Nacional Indígena y el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional de la participación en el proceso electoral de 2018. Compartimos aquí la opinión de Raúl en torno al desafío que están planteando las y los zapatistas y en qué se diferencia de las construcciones políticas partidarias de las izquierdas latinoamericanas.

-Mencionaste algo que es transversal al os mal llamados gobiernos progresistas, que es recostarse en la disputa electoral y en procesos que implican la ratificación o no de su proyecto casi exclusivamente en las urnas. Hay una situación que puede parecer paradójica o distante de estos procesos que es el zapatismo, y el Congreso Nacional Indígena, que hace poco tiempo eligió a María del Jesús Patricios Martínez como vocera  del Consejo Indígena de Gobierno y como posible candidata para el 2018. ¿Cómo lees este planteamiento, que quizás de manera un poco apresurada ciertos sectores han intentado parangonar con otros procesos de disputa electoral que se viven en la región, pero que sabemos que es más profundo y tiene diferencias con el resto de los ensayos de construcción de partidos políticos o de disputa en las urnas que ha venido haciendo la izquierda?

Raul Zibechi: Creo que lo que planteas es algo muy acertado, porque el zapatismo no se plantea elegir diputados, senadores, gobernadores, ni siquiera sabemos si van a contar los votos, yo estimo que no. Porque ¿cuál es el problema de la institucionalidad democrática? que vos te presentas a las elecciones y terminas siendo rehén del sistema electoral y del sistema político. Ellos están haciendo todo lo contrario, presentan una candidata, ni siquiera están hablando de listas parlamentarias, aprovechan la situación para movilizar y  llegar a sectores a los que nunca llegan, y el día de las elecciones veremos si la gente vota o no vota, lo importante no es cuántos votos sacaron, aquí hay toda una discusión en nuestro continente sobre si hubo fraude, no hubo fraude, si ganó por el 1 % si perdió por tanto…Sabemos que el sistema político es corrupto, la política, la economía en esta etapa del capitalismo, son corruptas. Entonces, evidentemente va a haber fraude, pero no porque se cuenten mal las papeletas en las urnas, porque las quemen, hay fraude porque ya el sistema y los medios de comunicación están preparando un fraude desde el día que se convoca a las elecciones. En Francia, Macron era un hombre gris y desconocido, lo fabricaron los medios y ganó. Se demonizan ciertos candidatos y se fabrican otros candidatos. Yo acuerdo totalmente con lo que decís y con la propuesta zapatista -ya que la gente cree en las elecciones, vamos a usar las elecciones para nuestros fines. No nos encasillemos en la lógica de la democracia electoral que es tramposa, y hagamos nuestro juego-. Porque si vamos a las elecciones con toda la parafernalia, que es lo que se ha hecho en todo el continente y varios movimientos importantes en Argentina, es terminar siendo rehén de esas reglas de juego, y yo no quiero ser rehén, quiero utilizarlas para la organización y la movilización popular. Me parece que aquí lo que aparece con mucha flexibilidad, con mucha imaginación en el zapatismo, es decir: “vamos a ir, pero vamos a ir a nuestra manera; ponemos de candidata a una mujer pobre que habla lengua originaria, ya estamos rompiendo el chiquero”. Y ni siquiera creo que vaya a debate con otros candidatos, ya veremos qué pasa. Me parece que no podemos aceptar jugar en una cancha donde las reglas de juego las ponen otros, que siempre nos van a anular nuestros goles, y nos van a expulsar a nuestros jugadores, y las reglas de juego van a hacer que nunca podamos ganar. Si ganamos alguna vez, como ha pasado en algunos países, después tenés que administrar algo sobre lo cual no tenés poder, el poder lo bancan las corporaciones, las multinacionales y así. Este es el gran desafío que plantean en este momento los zapatistas.


Fuente: http://www.fmlacaterva.com.ar/2017/06/el-zapatismo-y-la-disputa-mas-alla-de.html

"Nuestra idea es ir visitando, ir escuchando, que vaya hablando la gente de las comunidades, que escuchen los problemas que hay de un lado y del otro. Que vayamos viendo que la problemática está en todos lados y no es algo sólo de un lugar". .

México: lo electoral como apuesta 
por el mandar obedeciendo

Por FM La Caterva
Del Río Bravo al Río de La Plata, el programa de la Asamblea de Mexicanas-os en Argentina, entrevistó a María de Jesús Patricio Martínez, vocera del Consejo Indígena de Gobierno (CIG), impulsado por el Consejo Nacional Indígena (CNI) integrado por los diversos pueblos de México, entre ellos las y los zapatistas. Los desafíos de esta nueva apuesta política. La vocería de una mujer indígena en un país neoliberal, profundamente racista y patriarcal.
-Estamos platicando sobre el anuncio que hicieron el Domingo, y para empezar queríamos que nos cuentes sobre ti, sobre cuál ha sido tu participación, desde cuándo estás participando en el Consejo Nacional Indígena (CNI)

Desde que nació el CNI me tocó participar y de ahí he caminado junto al Congreso Nacional Indígena por 20 años, acompañando en este proceso de las comunidades indígenas aquí en México aglutinadas en ese espacio. Este espacio surge como un espacio para los pueblos indígenas, para reflexionar, juntarse, escuchar la palabra de las diferentes comunidades, e ir viendo juntos los problemas que se van teniendo, y cómo se puede, unidos en ese espacio hacer algo, apoyándose los unos a otros. Entonces al principio estábamos conociéndonos, en 20 años que hemos caminado, ahora ya sabemos dónde se encuentran los diferentes pueblos indígenas aquí en México. Al principio solamente nos identificaban los problemas que había en común entre los diferentes pueblos, pero ahorita, que ya se conoce uno, sabemos dónde está cada uno de los pueblos indígenas, y ese caminar juntos nos ha hecho reflexionar sobre este otro paso que se acaba de dar.

-¿Qué objetivos tiene este Consejo Indígena de Gobierno, y cómo va a funcionar?

Después de que se tuvo el 5° Congreso, se decide participar en este proceso 2018, para dar ese otro paso en vista que la problemática cada vez está agudizándose más, en lugar de que disminuya va en aumento, el saqueo, la destrucción en las comunidades, la introducción de minas, la represión cunado los mismos pueblos quieren que se escuchen esa voz de los problemas que se tienen, se viene la represión, la desaparición de hermanos indígenas. Al ver que la situación se agudiza cada vez más, se decide dar este otro paso con el fin de que los mismos pueblos vuelvan a poner sobre la mesa nacional la cuestión indígena, que esta olvidada. 

La destrucción viene cada vez más fuerte, y eso hace que se piense buscar esta otra forma y participar en este proceso, considerando crear ese Consejo Indígena de Gobierno, y este será el que estaría conformado por todos los pueblos indígenas en México, un hombre y una mujer de cada pueblo, según como estén organizado en cada región aquí en México, se pidió que fuera un hombre y una mujer de preferencia, pero ya cada comunidad, cada pueblo, decidirá a qué compañeros propondrá, porque hay lugares que son dos hombres porque es lo que ellos proponen. Este consejo indígena de gobierno es el que estaría al frente y nada más la designación de una vocera, sería quien llevaría la voz, porque todo el Consejo Indígena de Gobierno no se puede registrar, entonces tendría que ser una persona, y por eso se pensó que era necesario tener una vocera, y que fuera una mujer indígena.

-¿Qué significa dar este siguiente paso que nos decías? ¿Se podría interpretar que, al no entrar todo el Consejo a las elecciones, serías tú la candidata independiente y que, por lo tanto, ya empezarían a juntar las firmas para registrarse legalmente?

No, todavía no porque hay tiempos del INE (Instituto Nacional Electoral), y ellos son los que van a marcar el tiempo. Nos tienen que dar unas hojas membretadas que sólo ellos las dan, y de esa manera se levantarán las firmas en 17 Estados, unas 850.000 firmas que hay que ver si las podemos sacar. Entonces ya se registraría la vocera, en este caos mi persona, para ser aspirante y ver si logran dar el registro para así poder contender.

-¿Saben cuándo va a suceder todo esto?

Eso lo está viendo otra comisión que esta viendo los tiempos, ahorita se me escapa para dar una fecha con precisión,pero más o menos a finales de agosto, empezar a hacer los trámites, y el INE da un tiempo para recabar esas firmas, y se va a buscar la forma de conseguirlas para poder registrarse.

-Lo que nos ha venido generando un poco de duda a lo largo de estos días, es que el CNI ha dicho en varias ocasiones que no buscan la toma del poder, que no es en el sistema democrático formal, en las elecciones, el ir a dar la pelea a esos espacios, porque saben que no es allí donde está la resistencia, ni donde se va a generar ese cambio. Tu ahora planteas que hay una pretensión de juntar las firmas para que haya un registro formal tuyo como candidata, ¿como sería esto?¿ hay una intención de ir por las firmas,pero a su vez no es ahí el espacio donde se busca la toma del poder? ¿Cuál es el objetivo de esta candidatura, cómo la están pensando, en este caso tuyo como vocera?

Sí, es el participar pero nada más para poder llegar a plantear no desde allí, sino más bien el ir conversando con los diferentes pueblos o comunidades que no están dentro del CNI, que están en otros lugares, e ir invitando a la importancia de la organización para poder hacer frente a este capitalismo que esta destruyendo los territorios de los pueblos indígenas y todo este proceso que se lleva el dañar todo. Sí se va a participar, por eso esta la vocera, ahorita es vocera, más bien luego se convertirá … más bien para los pueblos es la vocera. Y ya para allá va a ser la candidata.

-Para los de arriba va a ser la candidata, pero para los pueblos va a ser la vocera.

Exacto, porque allí quien estaría seria el CNI, yo nada más llevaría la palabras que ellos me indiquen. Es con ese fin, no tanto porque queramos ahora llegar y estar en el poder, es construir otra forma de mandar obedeciendo al pueblo. Realmente que se haga realidad lo de los principios que se dijeron del mandar obedeciendo, que se escuche la palabra del pueblo, las comunidades, los pueblos indígenas de México.

-¿Qué estrategias han pensado en este sentido para ir haciendo alianzas con estos pueblos? ¿qué se ha pensado que se puede hacer más allá de las firmas, cómo llegar a otros pueblos, otras organizaciones que también los apoyan y ven muy gratamente el CIG (Consejo Indígena de Gobierno) y esta vocería?

Es visitar directamente a las comunidades, no sólo a las indígenas sino ya cuando se empiece la campaña, para nosotros es más bien como el ir acercándonos tanto a los pueblos indígenas como a gente de la ciudad que ya esta cansada, de que no hay una respuesta clara de arriba, que nada más los de arriba deciden y los de abajo obedecen, ir invitando a todas las personas, sabemos que juntos se puede lograr algo. Hay varias propuestas que se estuvieron platicando en esta otra reunión que acabamos de tener, ya hay varias propuestas, próximamente se reunirá el CIG, y se estará planificando más, a detalle bien concreto cómo se va a trabajar. Ahorita no tenemos esa información, hasta que no haya esa reunión con el CIG.

-¿Seria algo así como la Otra Campaña que lideró el EZLN, ir recorriendo el territorio mexicano para ir recogiendo denuncias, encontrándose con otras luchas, con otras resistencias?

Sí, algo parecido podría ser. Porque esa es la idea, ir visitando, ir escuchando, que vaya hablando la gente de las comunidades, que escuchen los problemas que hay de un lado y del otro. Que vayamos viendo que la problemática está en todos lados y no es algo sólo de un lugar

-Sabemos que la política tradicional mexicana es completamente machista, que hay un fuerte racismo y que los pueblos indígenas han sabido refutar y decir acá existimos, desde un lugar muy digno ¿Qué significa para la política mexicana que haya una candidata mujer indígena?

El capitalismo está diseñado de una forma machista, en donde no caben las mujeres y se considera que son de segunda, y que donde tienen que estar es en la casa, con los hijos atendiendo, que la política es de los hombres y la mujer tiene que estar en su casa. Entonces, el que participe aquí la mujer tiene como finalidad reivindicar a la mujer que está en la casa pero también puede salir afuera a dar su palabra, que ha estado presente en las luchas de las comunidades. La mujer esta vez es el símbolo de los pueblos, que llevará la palabra ante este país que considera que solamente el hombre es el que puede estar allí. De esta manera, el CNI estaría participando donde se le da voz a la mujer que está allá atrás, que está relegada, que está olvidada, que se le considera de segunda o de tercera, y por eso aquí hay una revuelta sobre por qué es una mujer la vocera.

-Nos podrías explicar cómo es que no buscan el poder, sino colarse en la fiesta y echárselas a perder a quienes están arriba

Es que siempre los de arriba hacen su festejo en el tiempo electoral, siempre solamente deciden si organizan, y usan al pueblo porque quieren el voto. Por eso se decide participar y llegar, y voltearles pues. Otra forma de hacer política de los pueblos indígenas, a la forma como las comunidades se han venido organizando. Por eso se dice: vamos a irles a echar la fiesta, porque ellos son los únicos que deciden, piensan y usan, imponen, no toman en cuenta y desde ahí planean pues toda la destrucción de, no solamente las comunidades, sino de toda la sociedad. Entonces, planteamos participar de esa fiesta pero no para estar con ellos, sino para echaárselas a perder, para nosotros imponer otra forma.

-Sabemos que eres de Tuxpan en Jalisco, y sabemos también que Tuxpan está tomado por el Cartel Nueva Generación, que ahora está liderando todo México. Tuxpan es un territorio que ha sido bastante atacado por los narcos, como todo Jalisco. ¿No te preocupa este contexto? Va a requerir que haya seguridad no sólo para ti, sino para todo el Consejo… ¿Han pensado algo de esto?

Sí, hemos pensado que hay bastante riesgo, está pasando ya en las comunidades, pero creo que si no nos hacemos fuertes y seguimos adelante, por siempre nos vamos a quedar paralizados. Por este cartel, que lo que hace es infundir temor, para que la gente no se organice y no hable, que no haga nada, que se queden estáticos. El gobierno está a favor, pensamos, porque a pesar de hablar, de decir que estan pasando por acá los problemas con el narco, el mismo gobierno sabe de todos esos problemas y ni hace caso. Pensamos que es lo mismo, y que están de acuerdo en juntos hacer equipo para esa destrucción en las comunidades. Con tantos muertos, desaparecidos, a veces la gente se desanima, da temor, pero sino sigue uno adelante va a ser peor más adelante para nuestros hijos.

-Nos preguntamos también cómo organizarnos, todos nosotros desde acá, todos los que estamos fuera, que los apoyamos, qué podemos hacer para sumar fuerzas en este proceso que están iniciando

Una forma es esto que están haciendo ahorita, difundir lo que se esta pensando dentro del CNI, dando a conocer la problemática, informando ustedes allá. Que sepan pues, y yo creo que también este proyecto que se esta pensando, esta forma de lucha que se ha emprendido es por la vida, y pienso que nos toca a nosotros acá, y por allá pienso que también hay otros problemas parecidos, entonces el dar a conocer la problemática de acá, pienso que en otros lugares se parecen y desde donde estemos se puede, ya sea difundiendo u organizándose en cada lugar, porque esto va mas allá. La destrucción por el capitalismo no solamente va para México sino también para otros países.

-Desde acá, desde Argentina vamos a hacer todo lo que este de nuestra parte para poder difundir la palabra de ustedes. En términos mas financieros, ¿cómo van a hacer? ¿Cómo van a financiar las visitas a las comunidades y lo que se conoce como campaña política?

Estamos con la gente de la ciudad que apoya y está de acuerdo, están realizando varios eventos en diferentes lugares, nosotros como CNI vamos a organizar otra actividad grande para recabar fondos. Y los mismos pueblos van a cooperar cuando ya se haga la visita, ya sea que ellos van a dar a de comer, cunado se visite se va viendo qué le toca a cada pueblo, por lo pronto ahorita estamos organizando actividades para sacar fondos.

-Para cerrar la entrevista, queríamos preguntarte más a manera personal, cómo te sientes al ser la vocera de este CNI, de los pueblos indígenas de México

Pues con una responsabilidad que me han encomendado, y que han depositado esa confianza de ser la vocera. Al principio un poco asustada… después de que ya pasa el susto, uno asimila, es un honor que se fijen en uno y por sobre todo esa responsabilidad que siento que han encomendado sobre mí, y yo con gusto llevo esa palabra que ellos quieren que se escuche en todo el territorio de México, y fuera de México también

-Cuenta con eso, aquí hay un micrófono, muchos oídos, muchas manos, muchos corazones y mucha esperanza sobre todo de este lado del continente para acompañar esta lucha, nosotros y nosotras vamos a hacer todo lo posible para asumir este compromiso de dar a conocer la palabra del consejo y de apoyar en todo lo que podamos.

Muchas gracias a nombre de los pueblos de acá de México

-El consejo no está solo, tú no estás sola, nosotros y nosotras acompañamos desde acá, y tengan la convicción fuerte de que hay todo un pueblo rebelde de izquierda por todos lados, que los vamos a apoyar hasta donde sea. Éxito en esta colada, echemosela a perder


Echemosela juntos (risas)


Fuente: http://www.fmlacaterva.com.ar/2017/06/el-zapatismo-y-lo-electoral-como.html