domingo, 2 de julio de 2017

Advirtamos la cara oculta de la realidad de EEUU.

Desigualdad y pobreza
¿Ha muerto definitivamente 
el "sueño americano"?
1 de julio de 2017
Por Carol Graham /The Guardian / El Diario (España)


Varios estudios demuestran que la posibilidad de que los estadounidenses pobres crean que trabajando duro van a prosperar es 20 veces inferior a la de sus semejantes latinoamericanos. El hecho de que el sueño americano se base en el esfuerzo individual ha hecho que las redes de apoyo público sean más débiles que en otros países. Los estadounidenses blancos son especialmente pesimistas, mucho más que negros y latinos, minorías acostumbradas a las adversidades.

Estados Unidos se ha ganado la reputación de ser excepcionalmente tolerante con la desigualdad económica. Esto se debe a los altos niveles de movilidad social. Estos factores sustentan el "sueño americano" concebido por Thomas Jefferson; el derecho de todo ciudadano a perseguir un determinado tipo de vida, la libertad y la felicidad.
El concepto de "sueño americano" no gira en torno a la promesa de lograr el objetivo marcado sino en torno al concepto de búsqueda de oportunidades. El escritor del siglo XIX Horatio Alger Jr. supo crear personajes que encarnaban esta noción; jóvenes de clase trabajadora que conseguían pasar de la miseria a la riqueza o, al menos, convertirse en miembros de la clase media, gracias a su esfuerzo y a su espíritu emprendedor.
Sin embargo, la posibilidad de vivir el sueño americano es más remota ahora que hace unas décadas. Mientras que el 90% de los que nacieron en la década de los cuarenta del siglo pasado consiguieron mejorar su posición económica en comparación a sus padres, solo el 40% de los que nacieron en los ochenta lograron subir en la escala social.
También ha cambiado la percepción ciudadana en torno a las desigualdades. En 2001 se publicó un estudio que concluyó que los únicos estadounidenses que mostraban mayores niveles de insatisfacción frente al aumento de las desigualdades eran los estadounidenses ricos de izquierdas, mientras que los estadounidenses pobres percibían esta desigualdad como una oportunidad de prosperar en un futuro.
Desde la publicación de este estudio, el optimismo ha disminuido. En 2016, solo el 38% de los estadounidenses pensaban que sus hijos vivirían mejor que ellos. Al mismo tiempo, el debate público en torno a las desigualdades ya no tiene en cuenta un factor clave de la noción del "sueño americano": la suerte.
De la misma forma que en muchos de los relatos de Alger los protagonistas prosperan gracias a la ayuda de un generoso benefactor, a lo largo de la historia de los Estados Unidos se han dado incontables casos reales en los que el factor suerte ha desempeñado un papel clave. Sin embargo, en los últimos años ha descendido el apoyo social hacia los menos afortunados, especialmente los pobres que no consiguen un empleo a tiempo completo. Todo parece indicar que este apoyo seguirá disminuyendo.
Resumiendo, los estudios más recientes que tienen en cuenta nuevas métricas de bienestar parecen concluir que el sueño americano se desmorona.

Desesperación blanca, esperanza de las minorías
Empecé mi estudio comparando las actitudes en torno a la movilidad social en Estados Unidos y en América Latina; una región conocida por sus desigualdades y altos índices de pobreza (si bien en las últimas décadas se han hecho avances). Me detuve en una pregunta clásica en las encuestas Gallup, relativa al sueño americano: "¿Puede un individuo que trabaja duro prosperar en este país?".
La brecha entre las respuestas de los estadounidenses ricos y las de los pobres (los encuestados de Gallup que se encuentran entre el 20% más rico y más pobre del país) era abismal. Esto contrastaba con los resultados obtenidos en América Latina, donde no se aprecian diferencias significativas en función del nivel de ingresos de los encuestados.
 Las posibilidades de que los estadounidenses pobres crean que trabajando duro van a salir adelante son 20 veces inferiores a la de sus semejantes latinoamericanos, a pesar de que estos últimos tienen una situación mucho peor si atendemos a sus posesiones materiales.
Otra pregunta de la encuesta analiza si los encuestados sufren estrés a diario. El estrés es un indicador de mala salud y el tipo de estrés que suelen sufrir los pobres, "el estrés malo", en general debido a situaciones negativas que escapan a su control es considerablemente peor que el "estrés bueno" que se asocia a la obtención de los objetivos marcados por aquellos que tienen la sensación de que controlan su futuro.
En general, los latinoamericanos sufren menos estrés en su día a día, y sonríen más a menudo que los estadounidenses. En este aspecto, la brecha entre ricos y pobres en Estados Unidos es mucho mayor (1,5 veces en una puntuación del 0 al 1) que la de América Latina. Los pobres de Estados Unidos sufren más estrés que los ricos y los pobres de América Latina.
La brecha entre las expectativas y los sentimientos de los ricos y los pobres de Estados Unidos también es más acusada que la de muchos otros países del este de Asia y Europa (las otras regiones estudiadas). Todo parece indicar que ser pobre en un país muy rico y con grandes desigualdades, que se enorgullece de ser una meritocracia y no ayuda a los que se quedan atrás, se traduce en altos niveles de estrés y de desesperación.
Mi estudio también reveló muchos otros hechos sorprendentes. Tomando como punto de partida los bajos niveles de confianza en el valor de trabajar duro y los altos niveles de estrés entre los encuestados estadounidenses más pobres, comparé los niveles de optimismo frente al futuro mostrados por los encuestados pobres de distinta raza.
Me basé en una pregunta que hace Gallup a los encuestados estadounidenses. Les pregunta dónde creen que estarán dentro de cinco años en una escala de satisfacción del 0 al 10.
Descubrí que las minorías más pobres, especialmente los afroamericanos, ven su futuro con más optimismo que los blancos pobres. De hecho, la posibilidad de que los encuestados pobres negros muestren un mayor optimismo sobre su futuro es tres veces superior a la de los encuestados pobres blancos. Los hispanos pobres son 1,5 veces más optimistas que los blancos. Los blancos pobres tenían el doble de posibilidades que los negros pobres de haber sufrido estrés el día anterior a la encuesta. En el caso de los hispanos pobres, la posibilidad de haber sufrido estrés el día anterior era 25% inferior a la de los blancos.
¿Por qué las minorías que tradicionalmente han sufrido discriminación y mayores penurias son las que se muestran más optimistas? Se debe a varios factores.
Uno de ellos es que las minorías más vulnerables, a diferencia de los estadounidenses blancos, siempre han contado con redes informales de apoyo y la ayuda de su entorno, como la familia y la iglesia. Los psicólogos también indican que los miembros de las minorías tienen una mayor capacidad para superar la adversidad y son menos propensos a sufrir depresiones o suicidarse que los blancos, tal vez porque a lo largo de la historia han tenido que enfrentarse a dificultades y desgracias que les han causado un grave impacto emocional.
Otro factor que debe tenerse en cuenta es que la clase trabajadora blanca que vive en los estados industriales del país ha visto en los últimos años amenazadas sus posibilidades de prosperar. En estos estados han desaparecido muchos puestos de trabajo en el sector minero y en las fábricas. Un estudio de Andrew Cherlin, de la Universidad Johns Hopkins, concluye que en comparación con los blancos pobres, que creen vivir peor que sus padres, los negros y los hispanos pobres creen haber prosperado. Los blancos pobres son los más afectados por la desaparición del sueño americano.

El problema estadounidense
¿Qué importancia tiene esta situación? Las investigaciones que llevé a cabo hace una década, y que han quedado confirmadas por estudios posteriores, me permitieron constatar que las personas que ven su futuro con optimismo suelen gozar de mejor salud y suelen tener mejores perspectivas laborales. Los que tienen esperanza en el futuro suelen invertir en su futuro, a diferencia de los que lidian con el estrés, las dificultades del día a día y la desesperanza. Estos últimos, no solo carecen de los medios necesarios para construir su futuro sino que además tampoco creen que valga la pena hacer el esfuerzo.
El indicador más demoledor de la desesperanza que se vive en Estados Unidos es el aumento significativo de muertes prematuras en la última década. Se han incrementado los suicidios y las muertes causadas por el consumo de alcohol y drogas, y también se han estancado los progresos que se habían hecho en las últimas décadas en relación con la prevención de enfermedades cardiovasculares y el cáncer de pulmón. Los principales perjudicados, aunque no los únicos, son los blancos de mediana edad y sin estudios superiores. La tasa de mortalidad entre los negros y los hispanos, si bien es de media superior a la de los blancos, ha disminuido a lo largo de la última década.
Esta tendencia se debe a muchos factores. El hecho de que cada vez es más fácil conseguir determinadas drogas, como por ejemplo los opiáceos, la heroína y el fentanilo ha coincidido en el tiempo con la desaparición de puestos de trabajo en el sector industrial, principalmente debido a la revolución tecnológica. El 15% de los hombres en edad laboral no tienen trabajo y se prevé que en 2050 la tasa de desempleo sea del 25%. Los blancos que trabajan en el sector industrial parecen tener mayores dificultades para trabajar en otro sector que las minorías. Si bien ahora hay nuevas oportunidades laborales en otros sectores, como por ejemplo en el sector salud, los hombres blancos tienen mayores dificultades para reciclarse que los hombres pertenecientes a minorías.
La desesperanza también es un factor que hace aumentar la tasa de mortalidad, como demuestra el último estudio que he llevado a cabo con Sergio Pinto.
De media, las personas que se muestran más desesperanzadas suelen vivir en áreas estadísticas metropolitanas (AEM) cuyas tasas de mortalidad para aquellos que tienen entre 45 y 54 años son más elevadas.
Las personas desesperadas tienen mayores probabilidades de morir prematuramente. Vivir rodeado de muertes prematuras también erosiona la esperanza. Las personas que viven en áreas metropolitanas donde la tasa de mortalidad prematura es menor muestran mayores niveles de optimismo. Suelen ser áreas con mayor diversidad racial, mejores hábitos de salud (como demuestra el hecho de que pocos encuestados fuman o tienen una vida sedentaria) y suelen ser áreas con un mayor dinamismo urbano y económico.

Ser pobre en EEUU
Los avances tecnológicos no solo afectan a Estados Unidos y a los trabajadores estadounidenses no cualificados. Es un reto para los trabajadores no cualificados de la mayoría de países de la OCDE. Y sin embargo en estos países la tasa de muertes prematuras no ha aumentado como en Estados Unidos. Tal vez se deba al hecho de que la mayoría de estos países tienen sistemas de protección social más sólidos y una normativa más sofisticada en lo relativo a la responsabilidad que tiene la sociedad con todos aquellos que se quedan rezagados.
El sueño americano podría ser parte del problema. Los blancos del sector industrial cuyos padres vivieron el sueño americano y que esperaban que sus hijos también lo vivieran son los que se sienten más afectados por el hecho de que este sueño se haya desvanecido. Sorprendentemente, por lo general suelen votar en contra de programas de protección social del gobierno. En cambio, los miembros de minorías que han pasado penurias durante años ya saben lo que es tener trabajos muy distintos y también saben pedir ayuda a sus familiares y a la comunidad cuando la necesitan. Tienen una mayor capacidad para superar adversidades y se muestran más esperanzados, ya que creen que aún tienen la posibilidad de prosperar.
Ser pobre en Estados Unidos tiene un coste muy alto. A los ganadores les va muy bien; a los perdedores, fatal. El hecho de que el sueño americano se fundamente sobre la base del esfuerzo individual en una supuesta meritocracia ha hecho que las redes de apoyo público sean más débiles que en otros países. En estos países hay sistemas de protección, formación y apoyo de la comunidad para quienes están en desventaja o para aquellos que atraviesan por una racha de mala suerte. Este tipo de medidas son más necesarias que nunca, especialmente en los mismos estados donde vivían los personajes ficticios de Horatio Alger. Hace tiempo que a sus semejantes se les agotó la suerte.
Traducido por Emma Reverter
http://www.eldiario.es/theguardian/muerto-sueno-Americano_0_657584900.html

sábado, 1 de julio de 2017

“Hemos vuelto a la época en la que finalmente esta idea elemental, que estructuró la esperanza comunista durante dos siglos y que consistía en afirmar que la tarea prioritaria era atacar la dictadura del capital y la propiedad privada, está completamente desaparecida del espacio parlamentario desde hace unos cuarenta años. En efecto, cualquier política comunista debe volver a situarla en el centro de las discusiones y de los procesos organizados”.

Entrevista a Alain Badiou, filósofo
"Debemos sacar nuestro propio balance de l
as experiencias del pasado"
1 de julio de 2017

Por Philippe Stroot y Raffaele Morgantini (Investig’Action)

Traducido del francés para Boltxe Kolektiboa por Beatriz Morales Bastos.
El mundo va mal. La nueva crisis sistémica del capitalismo depredador se ha transformado ahora en una crisis de civilización que nos lleva directamente a darnos contra la pared. Las alternativas progresistas tardan en afirmarse en el tablero político, incapaces como son de engendrar verdaderos movimientos emancipadores. Por lo tanto, ¿cómo hacer frente a una clase dominante organizada, decidida y que dispone de todos los recursos?
Philippe Stroot y Raffaele Morgantini (Investig’Action) han entrevistado al filósofo militante Alain Badiou para que nos esclarezca los nuevos retos globales y los desafíos futuros: la idea del comunismo, la «crisis» de los emigrantes, la izquierda y la derecha, el papel de los medios de comunicación, la democracia…
Pregunta: Profesor Badiou, a los medios les gusta presentarle como El profesor comunista francés, como si se tratara de una especie en vías de extinción. ¿En qué punto están las ideas comunistas en Francia y en el mundo en 2017, cien años después de la Revolución de Octubre?
Creo que la hipótesis comunista y la experiencia comunista están en un estado de extrema debilidad en todo el mundo. Y, como es natural, Francia no es una excepción. Y lo están tanto más cuanto que son objeto de confusiones considerables. Por ejemplo, el partido en el poder en China se sigue denominando «Partido Comunista» aunque a todas luces se trata de una potencia capitalista emergente que se dispone a disputar la hegemonía mundial a Estados Unidos. Otro ejemplo de este tipo de paradoja: en Francia tenemos un Partido Comunista que todavía subsiste, el PCF, pero que fuera de su nombre nunca pronuncia la palabra «comunista».
Pagamos el precio, inevitable históricamente, del fracaso de los grandes Estados comunistas. Más concretamente, el fracaso de lo que se puede denominar el «comunismo de Estado», es decir, la hipótesis según la cual el comunismo se puede instalar en una figura cuyo agente político principal (incluso único en la lógica estaliniana) es el Estado. El comunismo de Estado se ha hundido en todo el mundo y, por lo tanto, la hipótesis comunista está por el momento reducida a sí misma, reducida a su estatus de hipótesis política e histórica. A veces afirmo que en virtud del desarrollo de la historia en espiral, como decía Hegel, hemos vuelto a una situación que en cierto modo se parece a los años 1840-1848, cuando la hipótesis comunista debía ser formulada, argumentada y apoyada antes incluso de que se le pudiera pedir ser una gran fuerza política y tener proyectos estratégicos. Ante un escepticismo muy fuerte se debe volver a formular y trabajar todo lo que atañe a la palabra «comunismo». Tenemos que sacar el balance de los fracasos, de las debilidades y de los errores.
Se puede entender que muchas personas, incluso de buena fe, estén tentadas de decir que lo más sencillo sería abandonar cualquier uso, incluso hipotético, de la palabra «comunismo». Pero, simplemente, hoy no veo a qué llevaría el abandonarlo si no es, en definitiva, a unas formas diversas de adhesión al orden establecido. No creo ser ciego o testarudo al afirmarlo. Estoy totalmente dispuesto a aceptar que otra hipótesis pueda tener una virtud emancipatoria superior, pero no la veo. Por consiguiente, he decidido conservar la palabra «comunismo» diciéndome que asumiría su carácter escandaloso, menospreciado y casi infame. A fin de cuentas, ¿no es totalmente natural que nuestros amos, y la opinión dominante que ellos controlan, declare infame aquello que llama a destruir los cimientos de su poder?

P: Acaba de recordar que China ya no era comunista y tampoco Rusia, a pesar de lo cual la hostilidad de Occidente respecto a ellos es peor incluso que durante la Guerra Fría. ¿No demuestra esto que la lucha contra el comunismo disimulaba sobre todo el odio del Imperio y de sus vasallos por cualquier Estado que no se somete a su voluntad?
Creo que, en efecto, detrás del anticomunismo declarado hay viejas rivalidades imperialistas. A mí mismo me sorprende mucho la actitud de los gobiernos franceses, que son particularmente agresivos con una Rusia que ya no es en absoluto comunista. Por consiguiente, estaría bastante tentado de contestar «sí» a su pregunta teniendo en cuenta, sin embargo, que debido a sus orígenes y a su argumentación el anticomunismo ha desempeñado a pesar de todo un papel no desdeñable en este enfrentamiento.
Durante décadas, entre 1917 y, digamos, 1989, hubo un enfrentamiento ideológico planetario que al menos tenía la ventaja de mantener con vida la existencia de dos hipótesis concernientes al futuro de la humanidad: la capitalista imperialista y la comunista internacionalista. Actualmente está absolutamente claro que el argumento oficial del antagonismo con la Rusia de Putin es la oposición entre «democracia» y «dictadura», en definitiva, entre capitalismo autoritario y capitalismo liberal, y ya no es en absoluto la oposición entre capitalismo y comunismo. Por lo tanto, se ha vuelto a esquemas que ya eran clásicos en el enfrentamiento interimperialista en el siglo XIX. Incluso durante la guerra de 1914 la propaganda antialemana era sobre todo una propaganda según la cual nosotros éramos la República y los alemanes eran Guillermo II, la vieja monarquía, los bárbaros, etc.

Por último, creo que el antagonismo entre capitalismo y comunismo, es decir, la existencia estratégica de dos vías en lo referente al destino de la humanidad, se ha mantenido vivo a pesar de todo durante bastante tiempo, aunque en parte haya estado sobredeterminado por unos enfrentamientos interimperialistas que finalmente han prevalecido. Por lo que se refiere a la situación actual, ya no se puede justificar por medio del anticomunismo. Resulta difícil pretender que Putin es un comunista convencido. Más bien asistimos al retorno de esa antigualla que es la oposición entre, por una parte, los Estados que se pretenden modernos, liberales y democráticos (es decir, las ciudadelas del imperialismo mundial) y, por otro, los países que sin duda están totalmente metidos en el juego capitalista pero que Occidente trata de describir como un tanto bárbaros. Lo que se designa así son los recién llegados al mercado mundial, que preocupan mucho a un Occidente cansado y que teme que su hegemonía mundial se debilite irremediablemente.
Finalmente, el antagonismo hacia la Rusia de Putin y la China de Xi Jing Ping es a fin de cuentas el clásico antagonismo entre quienes están bien situados en la dominación global y quines tratan de conquistar un buen puesto en ella.

Así fue (y no es muy tranquilizador, hay que decirlo) la relación de Francia e Inglaterra con Alemania en el momento de la guerra de 1914. Alemania desempeñaba exactamente el papel de Putin hoy afirmando «quiero mi sitio, quiero mi sitio en vuestros negocios y sobre todo en vuestros negocios coloniales». Y lo que se dijo entonces de los alemanes es exactamente lo que hoy se dice de Putin: horribles, terribles, bárbaros, etc. Hoy la inquietud se apodera de los Estados del viejo Occidente imperial, sobre todo, de los más débiles. Francia forma parte de estos Estados, ya no es una gran figura e Inglaterra tampoco. En dos guerras mundiales y decenas de millones de muertos Estados Unidos les ha robado el papel. Así que estos Estados debilitados están particularmente preocupados porque lo que los recién llegados del mercado mundial y de las operaciones guerreras querrían ocupar es su sito con el fin de prepararse para acabar ocupando el primer puesto. Evidentemente, toda esta cocina neoimperialista está muy lejos, hay que decirlo, de la idea de la que hablábamos al principio, es decir, de la existencia de dos vías estratégicas concernientes al devenir de la humanidad.

P: Los medios de comunicación dominantes equiparan la noción de soberanismo (que resurge con vigor por todas partes, tanto en la izquierda como en la derecha) con el nacionalismo burgués y a la xenofobia. ¿Considera posible construir una soberanía al servicio de los pueblos? ¿La soberanía nacional es compatible con el internacionalismo? Cuba, por ejemplo, ¿no es a la vez el país más solidario del mundo y el más independiente políticamente?
Plantean una pregunta extremadamente interesante y que es objeto de un gran debate actualmente. En todas partes se discute, sobre todo en la extrema derecha y en la extrema izquierda, acerca de una vuelta a la soberanía nacional. ¿Qué quiere decir? En el caso de Francia se trataría de no depender ya ni de la protección militar y nuclear estadounidense ni de la solidez de la economía alemana. Las consignas son claras: salir de la OTAN y salir tanto de la Unión Europea como del euro. No tengo una opinión definida respecto a saber cuáles van a ser, desde ese punto de vista, los caminos de la hipótesis comunista. Sin duda sabemos que cuando ésta vuelva a tomar cuerpo y vuelva a ser una política desarrollada lo hará en alguna parte. Una política nueva no se establece de pronto como una fuerza mundial preconstituida. Evidentemente, no se puede excluir que las nuevas orientaciones de la política comunista estén localizadas. ¿Dónde? Dejemos la pregunta abierta.

No obstante, lo que afirmo sin la menor duda es que todo repliegue sobre una soberanía nacional que esté totalmente separada de la hipótesis comunista, e incluso sea hostil a ella, sólo haría el juego a unas fuerzas nacionalistas reaccionarias, incluso, fascistoides. Por consiguiente, el punto clave es el siguiente: sí, de acuerdo, existe la posibilidad de una localización transitoria, incluso nacional, de una experiencia de reactivación de las políticas de emancipación, pero a condición expresa de que se inscriba explícitamente en la hipótesis comunista y, por lo tanto, considere que su futuro sólo está asegurado mundialmente. Ustedes citan el ejemplo de Cuba. Pero precisamente Cuba ha asumido a su manera la hipótesis comunista y la ha asumido hasta el final. Es incluso el último Estado del mundo que la ha asumido verdaderamente hasta el final. Nos encontramos así ante un caso, precisamente, de un país pequeño en la boca del lobo, en la boca del monstruo, que a pesar de todo ha resistido respecto a su independencia y que sigue haciéndolo, pero que lo ha hecho en el elemento de la hipótesis comunista.

P: Por lo que se refiere a la crisis de los emigrantes, ¿es una falta de solidaridad afirmar que es absolutamente necesario ayudarles a vivir correctamente en sus países en vez de hacerles venir por millones a Europa para reforzar este «proletariado nómada», por retomar su expresión, cuyas condiciones de vida son cada vez más precarias, incluso en los países más ricos?
Es evidente que a largo plazo, estratégicamente, la gran cuestión es la de la posibilidad de una transformación liberadora de los países de origen. En segundo plano de las migraciones de lo que denomino el proletariado nómada, esos millones de personas que deambulan por el mundo en busca de lugares en los que sobrevivir, evidentemente encontramos el hecho de que un continente entero, África, está sometido a la depredación capitalista más violenta. En última instancia, sin duda la verdadera cuestión que plantean estas emigraciones es la del proceso de emancipación y, por consiguiente, del renacimiento de la hipótesis comunista, en los países concernidos.

Desde ese punto de vista yo esperaba que Sudáfrica podría desempeñar un papel dirigente en revolucionar la situación africana, pero no ha sido el caso. En realidad en Sudáfrica hemos asistido al advenimiento de una burguesía negra que comparte el antiguo poder de los coloniales blancos y abandona a las masas a su pobreza y a su sumisión forzadas.
Así las cosas, otro aspecto de la cuestión es que el capitalismo siempre se ha apoyado en un proletariado nómada. Conocí una época, en las décadas de 1950, 1960 y 1970, en que se hacía venir aviones enteros de obreros de Marruecos y de Argelia. Actualmente probablemente hay en Francia entre 6 y 7 millones, como mínimo, de obreros, de hijos e hijas de obreros, algunos de los cuales hoy se encuentran reducidos al estado de parados por la desindustrialización nacional, de quienes hay que afirmar que, efectivamente, son proletarios y cuyo origen nacional es tal o cual país africano, de Oriente Próximo o asiático…. Estas personas, estas familias, son proletarios, existen y son de aquí.
Por lo tanto, pienso que hay dos aspectos en su pregunta. En primer lugar, hay que apoyar y ayudar a todo aquello que pueda significar emprender un proceso político de emancipación y de liberación en los países dominados. Es tanto más necesario cuanto que las liberaciones nacionales de los años sesenta con frecuencia fueron mistificaciones. En muchos países que han sido colonizados hay gobiernos «nacionales» que en realidad son agentes de tal o cual imperialismo o corruptos que se aprovechan de las rivalidades interimperialistas. En contra de todo ello se tienen que alzar los movimientos progresistas a los que apoyaremos. Por otra parte, también debemos impedir las persecuciones discriminatorias, racistas y de otro tipo respecto a las poblaciones que están aquí, a veces desde hace mucho tiempo, a veces de tercera generación, y que no han hecho sino llevar a cabo a nivel mundial la clásica emigración del campo a la ciudad y del campesinado al proletariado. Hay dos aspectos concernientes a esta cuestión: un aspecto internacionalista y un aspecto nacional o local, y hay que tener en cuenta ambos.

P: Siempre respecto a la cuestión de los emigrantes, hoy en Europa es un reto fundamental para los medios de izquierda y progresistas. En su opinión, ¿en qué medida es importante articular la lucha del «proletariado nómada» instalado en Europa con las luchas sociales de los movimientos de izquierda? ¿Cuáles son, en su opinión, los retos y obstáculos en este tema?
Hay que tener en cuenta que en ciertos aspectos esta cuestión no es tan nueva como parece. Veamos, por ejemplo, la historia del proletariado francés en el siglo XIX. Durante mucho tiempo este proletariado estuvo constituido por lo que se puede denominar «emigrantes nacionales», que venían de Auvernia, de Bretaña o de lo más recóndito de los Pirineos, pero a quienes los habitantes de las grandes ciudades consideraban emigrantes. La mejor prueba es que tenían una cartilla de obrero. Desde esa época ha existido la cuestión de los papeles y de los obreros sin papeles. Si no tenías esa cartilla, la policía te podía enviar de vuelta al campo. No hay que olvidar que esta cuestión fue la motivación directa de la gran insurrección de junio de 1848: la consecuencia del cierre de los Talleres Nacionales, fábricas en las que estas personas trabajaban, fue que hubo que expulsar a todas ellas. Se rebelaron y con la represión del ejército tuvimos una de las mayores masacres obreras en las calles de París.
Las cuestiones políticas son a menudo menos nuevas de lo que se cree. La cuestión de los emigrantes no es sino la ampliación a nivel mundial del problema general de la procedencia de la fuerza de trabajo obrera. Las personas ya no vienen sólo de Auvernia o de Bretaña, sino que vienen de África, Oriente Próximo, Asia, Europa central… Huyen así de las mortíferas guerras civiles y tratan de protegerse. La consideración progresista (ni siquiera comunista, sino progresista) supone naturalmente que se integran estas circunstancias, aunque sin abandonar el hecho de que hay en sus países problemas políticos de la mayor importancia y que hay que tratar, estoy de acuerdo con ustedes en este punto. Hay que ser solidario en ambos frentes. Es una máxima en mi opinión fundamental, la vía por la que el proletariado (incluido, e incluso sobre todo, su componente nómada) se constituye como fuerza política en nuestros países. Yo mismo me ocupé mucho de las fábricas en las décadas de 1960 y 1970. Trataba con muchas personas marroquíes, argelinas, malíes, senegalesas, mauritanas… En ese sentido, incluso la creación de núcleos comunistas dentro de las fábricas era a su manera una actividad internacionalista. Y además también hay que mostrarse solidario con estas personas en lo que concierne a las luchas que se llevan a cabo en sus países y en las que podrían participar.

Insisto en el hecho de que el proletariado siempre ha sido nómada en un sentido porque la propaganda trata de presentar todo esto (los refugiados, los viejos jubilados argelinos, los jóvenes parados de origen africano) como un fenómeno completamente nuevo, una invasión del país por parte de personas a las que no se conoce, etc.
Pasé mi infancia en Toulouse, que era una ciudad poblada de proletarios españoles que habían huido en la guerra civil cuando los republicanos vencidos se replegaron en el sur de Francia. Puedo asegurarles que se decía de estos refugiados españoles, en su mayoría cristianos, exactamente lo mismo que se dice hoy de los marroquíes, los sirios o los malíes, en su mayoría musulmanes. Así, por medio de la opinión pública en mi infancia aprendí que los españoles no eran como nosotros, que eran unos bárbaros. Lo que más se aportaba como prueba del hecho de que no estaban verdaderamente civilizados es que no sabían qué era una bañera y que creían que ahí era donde se ponía el carbón. Son historias significativas en lo que respecta al racismo social. Hoy se afirmará de buen grado que la prueba de que los árabes son unos bárbaros es que sus mujeres e hijas llevan un pañuelo en la cabeza. ¿Quizá estas mujeres desconocen qué es una boina o un paraguas?
En realidad, la constitución del proletariado siempre ha sido problemática desde el punto de vista de la estupidez nacionalista, la mentalidad torpe y violenta de las «identidades» que se creen superiores. En la Inglaterra del siglo XIX, otro ejemplo, se adoptaron unas leyes extremadamente feroces respecto a lo que se puede denominar los «emigrantes interiores». Cualquier persona que no pudiera decir de dónde venía, a dónde iba y por qué podía ser colgada por el delito de vagabundeo. Como he mencionado, en nuestro país existía la cartilla del obrero: en cuanto la situación económica lo exigía se devolvía a la gente a su pobre provincia.

Ahora bien, esto es exactamente lo que ocurre en Francia. Desde hace décadas mi país sufre los efectos en el pueblo de una desindustrialización enconada. En una veintena de años, no más, se ha desmantelado el sistema general de las grandes fábricas que rodeaban París. Evidentemente, esto creó un paro generalizado, incluidos los jóvenes. Cuando se tiene a una persona cuyos abuelos fueron obreros aquí y que ha nacido ella misma en Francia, lo mismo que sus padres, ¿se la va a enviar al sur de Marruecos? ¡Es completamente aberrante!
Todas estas viejas cuestiones siguen siendo cuestiones fundamentales del progresismo moderno y, por supuesto, de la reconstrucción de una política comunista.

P: En una entrevista reciente de la periodista Aude Lancelin usted afirmaba en esencia que las promesas incumplidas eran consustanciales a la política. ¿La solución no es el referéndum revocatorio, propuesto por Jean-Luc Mélenchon y ya aplicado en algunos países de América Latina, que permite cuestionar por medio de un referéndum el mandato de los cargos electos que hagan lo contrario de lo que prometieron, como François Hollande, por ejemplo?
Sí, sería interesante. Pero puede que a pesar de todo siga siendo un tanto intraparlamentario, un poco demasiado ligado al sistema electoral dominante. Se trataría sólo de una especie de juicio público de las promesas incumplidas. Además, se podría imaginar que estuviera organizado por la oposición. Por ejemplo, sería muy extraño ver a la derecha francesa provocar una votación con el tema «Hollande no ha cumplido sus promesas».

P: Pero, a fin de cuentas, el pueblo es quien decide si es o no el caso…
Sí, pero el pueblo electoral es una noción bastante confusa. Entre el pueblo electoral y el pueblo político hay una diferencia capital: el pueblo electoral también se compone de muchas personas indiferentes o sumisas. Incluso son la mayoría.
Estoy totalmente de acuerdo en llevar a cabo una campaña sobre el hecho de que la promesa incumplida es una figura absolutamente constitutiva de la vida política actual y que si hay quien padece particularmente esta enfermedad, es la izquierda. A lo largo de mi historia personal he tenido contacto de manera casi sistémica con las promesas incumplidas del Partido Socialista. Entré en política cuando tenía 18 años porque a principios de 1956 el Partido Socialista había tomado el poder con la consigna «Paz en Argelia» y tres meses después enviaba allí un contingente, llevaba a cabo ahí la guerra sin piedad, autorizaba la tortura, etc., etc. Aquello empezó así. Hollande pertenece a esta familia.

P: Precisamente, cuando personas como Hollande y Valls se pretenden de izquierda, aunque no lo sean en absoluto, y no digamos ya Macron, que afirma no ser ni de de derecha ni de izquierda, ¿no aparece ahora una nueva división entre los partidarios del Estado y de la propiedad colectiva (la verdadera izquierda), y quienes quieren privatizarlo todo?
Evidentemente es el debate central y la razón por la que, como decía, en cierto modo hemos vuelto a una época arcaica de la existencia de la «izquierda» (si se debe mantener esta manida categoría electoral) puesto que la cuestión del mantenimiento o no de la dictadura de la propiedad privada vuelve a ser absolutamente central. Es un criterio imponente aunque determinante de lo que constituye una orientación nueva, es decir, comunista.
Hay que reconocer que la última existencia formalmente aceptable de la «izquierda» en Francia fue la elección de Miterrand en 1981 porque el programa común que unía a los socialistas con los comunistas «ortodoxos» todavía era un programa muy crítico de la propiedad privada. Contenía unas medidas bastante radicales como, por ejemplo, la casi nacionalización de la totalidad del crédito y de los bancos. Hay que ver en ello el efecto de un último arranque programático del Partido «Comunista» antes de entrar en una prolongada agonía.
Este arranque sólo duró dos años, después se acabó. Aquello ocurrió hace cuarenta años. Después nadie en el espacio parlamentario ha propuesto atacar al capital. Recuerdo que el propio Jospin, primer ministro socialista, había respondido en un tono absolutamente altivo cuando unas delegaciones obreras acudieron de la fábrica de Michelin en vías de desindustrialización a pedirle que nacionalizara esta fábrica: «¡De todos modos, no vamos a volver a la producción administrada¡». Había añadido que ni siquiera había que hablar de ello. Por consiguiente, hemos vuelto a la época en la que finalmente esta idea elemental, que estructuró la esperanza comunista durante dos siglos y que consistía en afirmar que la tarea prioritaria era atacar la dictadura del capital y la propiedad privada, está completamente desaparecida del espacio parlamentario desde hace unos cuarenta años. En efecto, cualquier política comunista debe volver a situarla en el centro de las discusiones y de los procesos organizados.

P: Quisiéramos abordar ahora la cuestión de los medios de comunicación. Al tiempo que la prensa occidental, controlada casi toda ella por multimillonarios, denuncia la desinformación que practican todas aquellas personas que piensa de otra manera se dedica a hacer a una propaganda sin precedentes tanto sobre cuestiones internacionales como cuando hay elecciones nacionales, como acabamos de ver en Francia. ¿Qué piensa usted de quienes dicen ahora que los medios son el segundo poder, después de las finanzas pero por delante de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial?
No es falso. Sin embargo, quisiera precisar que entre los medios de comunicación y el poder político hay más una relación de horizontalidad que una relación jerárquica que subordine los políticos a los caciques de la información. En definitiva, es evidente que a pesar de todo los medios siempre están más o menos obligados a designar su clientela política favorita. En Francia, por ejemplo, periódicos como Le Monde y Libération están obligados a mantener un barniz de centro izquierda, en el sentido parlamentario, no necesariamente en el que le damos ustedes y yo. Centro izquierda quiere decir algo que se parece a Macron o en todo caso algo que va de Macron a Hollande pasando por Ségolène Royal. El poder mediático es un poder tanto más determinante cuanto que en Francia, singularmente, el gran capital ha comprado el conjunto de los periódicos de gran tirada, con lo que no podemos espera de ellos sino lo que es favorable al gran capital. Pero en el mismo seno de este gran capital hay divisiones porque el viejo capitalismo más familiar, más provinciano, está vinculado a la derecha tradicional, a la de quienes apoyaban a Fillon y que están muy vinculadas a esta orientación política. En cambio, resulta sorprendente ver que los grandes proveedores de fondos de Macron son más bien personas como Niel, que pertenece al mundo del gran capital informático. Siempre ha habido una proyección política del hecho de que frente a un capital arcaico se despliegue un capital «moderno», cuyos paladines consideran que sería arriesgado para el propio capital fiarse ciegamente de unas tendencias extremadamente de derecha, sobre todo en el plano social, en el plano de la evolución de las costumbres.

De modo que el reparto mediático de las opciones políticas y, tras ellas, de los grandes capitalistas, no se refiere en absoluto a las cuestiones generales de la gestión económica, a propósito de las cuales evidentemente están de acuerdo, sino sobre las cuestiones sociales. Es absolutamente evidente que personas como Macron u Hollande no ven inconveniente alguno en que exista el matrimonio homosexual o en que las mujeres sean ministras. Consideran que más vale ir en esta dirección, que eso no supone peligro alguno para la dictadura del capital y que incluso crea una pequeña clientela suplementaria. En mi opinión, es una de las razones de la grave crisis del partido de derecha dominante en Francia. En el fondo Juppé representaba una salida semiliberal, mientras que Fillon dio un golpe de Estado en el seno de la derecha movilizando durante las primarias al personal militante de la manifestación antihomosexual, lo más profundo de la reacción tradicional, del viejo petainismo burgués. Dio un golpe de Estado en el interior del partido republicano y eso provocó la catástrofe general y la necesidad de hacer surgir a Macron como muñeco político «nuevo».

Estoy de acuerdo en que actualmente los medios, el personal político y las finanzas se encuentran en un sistema de conexiones extremadamente estrecho. Pero creo que también hay capitalistas que consideran importante que la dictadura capitalista pueda presentarse como moderna y no esté demasiado estrechamente ligada a las fuerzas sociales exageradamente conservadoras, católicas, racistas, etc. Por consiguiente, existe un conflicto interno dentro de la derecha entre modernidad y tradición. Macron será elegido como «moderno».

P: La propaganda mediática trata de desacreditar a quien no le gustan utilizando indiscriminadamente términos negativos como «populismo», pero también «dictadura», «totalitarismo» e incluso «terrorismo». ¿No cree usted que actualmente vivimos en un régimen caracterizado por el totalitarismo del dinero, la dictadura de los mercados e incluso el terrorismo de las agencias de calificación contra ciertos Estados?
Sí, por supuesto, creo que todas estas palabras despectivas se podrían volver contra sus autores, sin la menor duda. Por ejemplo, se ve que unos gobiernos socialistas ordenan graves acciones de discriminación policial. Yo mismo, que desde mi más tierna infancia lucho contra los socialdemócratas, me he quedado estupefacto al ver que las funciones de Valls han consistido en explicarnos ¡que un problema muy grave de Francia era el de las personas nómadas de origen rumano! ¡Es inimaginable! Y que diera instrucciones para que se destruyeran los campamentos de estas personas. ¿Es esa la cuestión fundamental del nuevo primer ministro socialista de Francia? Sin duda se puede aplicar a este Valls una de las palabras de ustedes acaban de mencionar y muchas otras. La logomaquia despectiva utilizada por los medios se podría volver perfectamente contra los propios medios y contra quienes son sus servidores. Habría que tratar de hacer que la opinión pública dejara de consentir este tipo de lenguaje y vocabulario. Incluso he criticado el uso desenfrenado de la palabra «atentado» porque en realidad el atentado de los anarquistas rusos contra el zar, por ejemplo, no tiene nada que ver con los asesinatos en masa de unos locos. Creo que la rectitud del lenguaje político, su precisión, es algo que hay que conquistar y salvar.

P: Le hemos oído decir que no vota desde 1968, desengañado por la oleada reaccionaria que siguió a los acontecimientos de mayo. ¿Quiere eso decir que no cree en la posibilidad de un cambio verdadero por medio de las urnas y qué solución alternativa preconiza entonces usted para tratar de cambiar el mundo?
En Francia el parlamentarismo se estableció progresivamente en el siglo XIX y su victoria definitiva data de la Tercera República, es decir, de 1875. Desde esta fecha a día de hoy, ¿qué valor progresista o qué posibilidad de cambio efectivo ha puesto a la orden del día el parlamentarismo? Se basó en la represión de la Comuna de París en 1871. Ahí fue donde los primeros republicanos se afilaron los dientes, por así decirlo, con 30.000 obreros muertos en las calles de París. Después llevó a cabo las expediciones coloniales más feroces de nuestro país y comprometió a Francia en la guerra de 1914, gigantesca masacre donde se adoptó la costumbre de contar los muertos por millones, pero que no sirvió de nada puesto hubo que empezar otra vez veinte años después. Una cámara republicana, elegida regularmente, es la que dio plenos poderes a Pétain. En mi juventud fue una cámara socialista la que emprendió la guerra de Argelia. Se podrían citar muchas otras «hazañas» de este tipo de las que ha sido culpable nuestra famosa República, ya se trate de la Tercera, de la Cuarta o de la Quinta. Por ello no veo interés alguno en estudiar los proyectos de la Sexta República, propuestos por Lordon o Mélenchon.
Finalmente, sólo veo en total tres aparentes excepciones en siglo y medio que pudieron hacer creer por un instante que las elecciones eran capaces de otra cosa.
La primera es el Frente Popular en 1936. Su elección suscitó algo de naturaleza muy diferente: la primera gran huelga general de obreros franceses. Hay que señalar que eso no es puramente electoral. Y Blum, primer ministro electo, escribió negro sobre blanco que había recibido esta huelga «como una bofetada», es decir, como algo que, en efecto, no obedecía a las reglas del juego. El Frente Popular suscitó grandes esperanzas, se votaron leyes sociales, pero aquello terminó en 1937, ¡al cabo de un año había acabado! Terminó debido a unas decisiones deplorables, como la de no intervenir en la guerra de España o cosas por el estilo, mientras que Blum anunciaba, exactamente como hará más tarde Mitterrand, que era «la pausa». Y la pausa quería decir el final. Y esta misma cámara, que había votado las reformas de 1936, es la que en 1940 votó otorgar plenos poderes a Pétain. Esta es la primera excepción.
La segunda excepción fue la cámara constituida tras la Liberación, en 1944-45. Entonces tuvimos un gobierno en el que participaban comunistas y una burguesía francesa totalmente desacreditada por haber apoyado a Pétain y la colaboración durante toda la guerra. Una vez más se aprobaron leyes sociales, algunas de las cuales continúan en vigor todavía hoy, aunque se cuestionan e incluso están en vías de ser eliminadas. Se nacionalizaron algunos sectores cuyos patrones habían trabajado con los nazis, pero se empezó a privatizarlos en la década de 1980. Esta experiencia de 1945 acabó en 1947. En esa fecha los comunistas abandonaron el gobierno y se acabaron o se enterraron las reformas.
Por lo que se refiere al tercer episodio, fue la elección de Mitterrand en 1981 con un programa que, como he dicho, comportaba por primera vez varias cosas importantes concernientes a la propiedad de los capitales. Pero apenas dos años después había terminado ese paso anticapitalista. El gobierno Balladur desmanteló totalmente todo el programa de la «izquierda unida». Y que yo sepa, Mitterrand en absoluto vio un posible motivo de dimisión en echar abajo todo lo que había anunciado y empezado a construir. Es más, en adelante no hizo nada en esa dirección, no volvió a nacionalizar nada, ¡a pesar de que todavía permaneció once años en el poder!

Por consiguiente, en primer lugar constato que el régimen electoral francés fue el autor, ya fuera con la izquierda o con derecha en el poder, de una sucesión ininterrumpida de cosas espantosas. Y, en segundo lugar, que en total hubo tres excepciones, que duraron como máximo dos años y cuya herencia se ha aniquilado totalmente. Por lo tanto, no tengo razón alguna para creer que las elecciones puedan proponer algo de positivo a un verdadero militante comunista. No puedo creer que un movimiento electoral pueda encarnar la existencia de otra posibilidad, de otra estrategia. El parlamentarismo no es sino la fórmula política ajustada a la dominación capitalista.
Por consiguiente, vuelvo a mis consideraciones iniciales: en primer lugar hay que formular claramente una hipótesis alternativa y a continuación hay que organizar directamente a la gente en torno a ésta. Si en un momento determinado se considera útil entrar en el juego electoral es una cuestión de oportunidad, pero a todas luces sólo puede ser una decisión táctica, no puede ser una decisión estratégica. No se puede hacer con la esperanza de que como se ha elegido a unas personas se ha ganado la partida o se puede ganar ahora. Eso va a depender exclusivamente tanto del movimiento de masas y de su nivel de conciencia y de pensamiento como de la fuerza de sus organizaciones. Se puede utilizar la palabra «revolución» si se quiere. En todo caso va a depender de la política colectiva, de la política organizada y de las grandes revueltas obreras y populares, a una escala cada vez mas internacional porque el propio capitalismo es internacional y en ese aspecto vamos con retraso respecto a él. Todavía seguimos muy encerrados en lo nacional. Los grandes capitalistas están cómodos en Shanghai, San Francisco o Buenos Aires, pero nosotros no lo estamos tanto políticamente. Y, en todo caso, creo que hay que acabar con el mito de la democracia electoral, incluido en la opinión pública e incluso sobre todo en ella.

P: En su último artículo usted afirma que uno de los elementos sin el que nunca se pondrá fin a nuestra actual servidumbre frente al sistema capitalista es una organización sólida con vistas a establecer los elementos constitutivos de la vía comunista. Afirma que eso representa un punto vital en la constitución de una alternativa progresista válida a largo plazo. En su opinión, ¿cuál es el elemento central que falta a las organizaciones de la izquierda radical, de los comunistas, para garantizar esta solidez organizativa de base?
Es un problema complicado porque me parece que la mayoría de las organizaciones que mantienen con vida la hipótesis comunista en el mundo lo hacen sin haber establecido completamente el balance de lo hecho en el pasado. Como si en cierto modo ellas garantizaran una continuidad. Esta continuidad puede ser una continuidad estalinista, trotskista, maoísta, pero me parece que lo que falta (y me hago este reproche a mí mismo) es un balance la experiencia comunista del siglo XX que sea un balance progresista, es decir, que no sea el mismo balance que el del enemigo, pero que tampoco sea la idea de que podemos pura y simplemente continuar. Los Estados socialistas del siglo anterior no lograron desplegar completamente la hipótesis comunista y hacerla irreversible históricamente. Nosotros mismos debemos sacar las enseñanzas de este fracaso, reteniendo también lo que estuvo bien hecho, incluso lo que fue notable.
Personalmente creo que la Revolución de Octubre fue un acontecimiento sin precedentes en la historia. Es la primera vez que se emprende la construcción de una sociedad que no esté bajo la dictadura de la propiedad privada. ¡No se había emprendido desde el Neolítico! Lo digo en serio, es un proyecto que no había existido desde el Neolítico porque la propiedad privada no es simplemente el capital, la propiedad privada existe desde siempre, desde la aparición de los Estados. Por consiguiente, hay que continuar en ese sentido, extrayendo de lo que ha tenido lugar su carácter creador e innovador. Pero al mismo tiempo es necesario que nos rindamos cuentas a nosotros mismos, y que rindamos cuentas a la gente, de las razones internas del fracaso. Por supuesto, ha habido presión externa, presión capitalista, lo que no impide que todo se haya desmoronado y tenemos que saber por qué. Es necesario que quienes continúan sepan por qué y que, por lo tanto, encuentren sus propias razones para continuar sabiendo qué ocurrió realmente, proponiéndolo y explicándoselo a la gente. Ahora bien, es evidente que todo esto gravita en torno a la cuestión del Estado. Creo que en cierto sentido estas empresas han sido contrarias a la hipótesis general marxista que era la de una decadencia del Estado. Se trataba de empresas violentamente estatales que entendieron la dictadura del proletariado como la dictadura del propio comunismo, lo que no es en absoluto lo mismo. Así pues, creo que debemos tener nuestra propia conciencia histórica.
Sobre ese punto, el segundo episodio sin precedentes en la historia es la Revolución Cultural en China. ¿Por qué? Porque, precisamente, puso a la orden del día la cuestión del comunismo en su difícil relación con la del poder del Estado. Durante años la juventud estudiante y millones de obreros actuaron, pensaron y escribieron en un desorden extremo pero extremadamente movilizador para rectificar el curso de las cosas y animar el devenir comunista. Finalmente fracasaron, pero es imperativamente necesario partir de su experiencia.
Hoy en día lo que domina la opinión pública y, de hecho, una opinión sumisa al tiempo que inquieta, es que ha interiorizado un «balance» del comunismo hecho por quienes siempre han sido enemigos jurados del comunismo. Este supuesto balance se resume en una máxima: «No existe una política comunista, no ha existido y nunca existirá».
Pues bien, ya veremos.


Veamos cómo el progresismo ha embaucado con el 'nuevo' mundo que China propicia

Petróleo vs. gas y renminbi vs. dólar
Qatar, epicentro de dos guerras
1 de julio de 2017

Por Alfredo Jalife-Rahme (La Jornada)
Se manejan muchas causales –unas   rocambolescas, otras muy peregrinas– sobre la ruptura dramática de la coalición de varios países árabes poderosos –encabezados por Arabia Saudita (AS), la mayor potencia económica de la región, y Egipto, todavía la mayor fuerza militar del mundo árabe hoy dislocado– con Qatar, diminuto país (con una superficie de 11 mil 581 kilómetros cuadrados) con el segundo mayor PIB per cápita del mundo (129.700 dólares, detrás del paraíso fiscal europeo Liechtenstein) gracias a ostentar la principal exportación de gas natural licuado (LNG, por sus siglas en inglés) del planeta y a su ínfimo número de habitantes autóctonos (¡11,6% de la población total de 2 millones 258 mil!), encapsulados por la aplastante mayoría de trabajadores residentes primordialmente provenientes del subcontinente indio.
The Hill asevera que detrás la crisis de Qatar se encuentra la telenovela del pago de un rescate por mil millones de dólares de 26 personajes, con varios miembros de la familia real, que andaban de caza en Irak, secuestrados por Al Qaeda y cuya mitad fue pagada al gobierno de Bagdad (https://goo.gl/jsgnVs).
Otros novelistas británicos con pretensiones geopolíticas, afirman que se trata de una venganza del otrora empresario Trump por el desprecio a sus inversiones inmobiliarias y de casinos mafiosos en Qatar.
Seré más estructural con la profundidad geopolítica de la crisis que ha fracturado al Golfo Pérsico –enfrentando a las cinco potencias regionales del Medio Oriente: por un lado, AS, Egipto (e Israel en forma subrepticia), y por otro, a Turquía e Irán que apoyan a Qatar– sin contar la división interna del Consejo de Cooperación del Golfo cuando Kuwait (con una notable población chiíta de 40%) y Omán se han inclinado por una plausible cuan elusiva salida diplomática– no se diga la neutralidad de Argelia y Marruecos en el mundo árabe y, sobre todo, en el mundo islámico no-árabe, la ecuanimidad, que no nimiedad, de Pakistán: único país musulmán dotado de 130 bombas nucleares que comparte una frontera de 959 kilómetros con Irán y cuenta con una pletórica población chiíta (20 %) inmersa en sus 200 millones de habitantes de mayoría sunita.
Muchos factores han acercado a la potencia sunnita no-árabe de Turquía con la potencia chiíta persa de Irán cuando destacan su mutuo apoyo a Qatar y su común aversión a la creación de un estado independiente kurdo.

Todavía no redacto las causales estructurales, a mi juicio, cuando ya brilla en todo su resplandor la hipercomplejidad de la grave crisis que enfrentan AS y Qatar que ha puesto de cabeza tanto al mundo árabe como al mundo islámico para el schadenfreude –placer que provoca el mal ajeno– de Israel, cuyo anhelo es balcanizarlos con el fin de prevalecer sola con su máximo de 400 bombas nucleares clandestinas.
El gobierno alemán –usualmente parco y prudente en sus apreciaciones globales– teme la detonación de una guerra regional en el Golfo Pérsico.
No es un asunto menor, que tiene como epicentro a Qatar y coloca en relieve dos simultáneas guerras estructurales: 1. La del petróleo (encabezado por AS) contra el gas (el componente LNG de Qatar) y 2. La del dólar de EEUU con el renminbi chino.

Entre las 13 exigencias perentorias, transmitidas por la loable intermediación de Kuwait, que han exigido cuatro países árabes –AS, Egipto, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin– para que cumpla Qatar en un plazo de 10 días, destaca el alineamiento (sic) militar, político, social y económico (¡supersic!) con los otros países del Golfo y el mundo árabe, en línea (sic) con el acuerdo logrado con AS en 2014.
Más que alineamiento parece más bien la alienación y la capitulación de Qatar.
Pese a la asfixia en sus únicos 87 kilómetros de frontera terrestre con AS que encabeza un boicot por cielo, mar y tierra –sin contar la pérdida de 13 mil millones de dólares en sus activos bursátiles y la obligada importación de alimentos de Turquía, Irán y Omán–, Qatar cuenta con cartas nada desdeñables: desde sus prósperos Fondos Soberanos de Riqueza (https://goo.gl/Txfs57) –que le han permitido invertir en grandes empresas de Gran Bretaña y Alemania–, pasando por la principal base militar de EEUU en la zona, hasta la nueva base militar de Turquía.
Alá ha deseado que Qatar comparta geográficamente con Irán su mayor fuente de ingreso de su pletórico yacimiento gasero en el Golfo Pérsico (los contiguos Campo Norte de Doha y el Campo Pars Sur de Teherán) y cuyas transacciones son retribuidas con la divisa china renminbi debido a las sanciones cada vez más asfixiantes de Trump contra la antigua Persia al haber adoptado sin rubor la irredentista política exterior del primer israelí Netanyahu acoplado con el ultraortodoxo judío Jared Kushner, yerno del polémico empresario-presidente.

Tal como pintan las cosas al corte de caja de hoy, se ha gestado la competencia de dos estratégicos oleogasoductos para desembocar en el mar Mediterráneo con mira en el relevante mercado europeo: 1: El de AS-Jordania-Israel, y 2: El de Qatar-Irán-Siria-Turquía.
Ya habrá tiempo para detallar la guerra del petróleo de AS y del LNG de Qatar para centrarme en forma sucinta en el primer centro regional del renminbi en Doha.

Desde hace dos años opera en Qatar un Centro de Compensaciones & Liquidaciones con la divisa china renminbi, según Economist Intelligence Unit, propalado por HSBC (https://goo.gl/xq7jmR), lo cual, a mi juicio, no podía quedar sin respuesta disuasiva por EEUU que lleva en su conciencia a dos cadáveres conspicuos que intentaron fugarse de los grilletes globales del dólar-centrismo petrolero –el ahorcado iraquí Saddam Hussein, quien se atrevió a formular la permutación de petrodólares por petroeuros,y el libio sodomizado (literal) Muamar Kahadfi quien pretendió lanzar el dinar-oro en lugar de la chatarra del billete verde–, sin contar el extraño accidente aéreo en Rusia de Christophe de Margerie, jerarca de la petrolera gala Total, quien pensaba realizar sus transacciones en petro-rublos en lugar de dólares (https://goo.gl/ZLNH36).
El Centro Renminbi de Qatar es operado por el banco chino ICBC, el mayor del planeta que ayudará en teoría a facilitar los flujos comerciales de China con Qatar y la región.
Hoy las petroleras estatales chinas CNOOC y PetroChina son recipiendarias de las cada vez más crecientes importaciones de LNG qatarí (con la estatal QatarGas, la mayor del mundo), detrás de Japón, Surcorea e India.
La Autoridad de Inversiones de Qatar diversifica sus Fondos Soberanos de Riqueza y ya empezó a invertir en empresas chinas: ICBC, Banco Agrícola de China, Citic Capital (22 por ciento) y Lifestyle International (20 por ciento), mientras la constructora China Harbour Engineering Company y Sinohydro participan en la infraestructura de Qatar que apoyó en forma entusiasta la creación del legendario banco AIIB de patrocinio chino (https://goo.gl/ASe5ho).
El Centro Renminbi de Qatar epitomiza el desplazamiento del dólar en su otrora feudo inexpugnable del Golfo Pérsico, hoy fracturado, cuando se vislumbra la muy riesgosa fase del advenimiento del petroyuan.
¿Dejarán celebrar la Copa Mundial de Futbol en 2022 en Qatar?
Artículo publicado originalmente en La Jornada

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=228607

Reflexionemos: “los ataques de los drones o las operaciones especiales militares que han causado la muerte a cientos de civiles durante la administración Obama y que continúa Trump parecen operaciones militares dedicadas al consumo interno: aparentar que se hace algo contra Al-Qaeda, más que operaciones militares bien concebidas para debilitarla”.

La guerra de Yemen en tiempos de Trump
1 de julio de 2017

Por Mark Aguirre (El Viejo Topo)
El primer ataque militar ordenado por Trump ha sido contra un pobre y pequeño pueblo de campesinos escondido entre las grises montañas del centro del Yemen.
A finales de enero tropas de elite del ejército de Estados Unidos atacaron al Ghayil, en la provincia de al-Bayda. Qassim al Rimi, el líder de Al-Qaeda en la Península Arábiga, supuesto objetivo del ataque, se había esfumado horas antes –dijeron que había habido un chivatazo–. En el ataque, los soldados asustados por la resistencia masacraron a la población de la pequeña aldea. Además de destruir 12 casas y exterminar los burros y ovejas de la comunidad murieron asesinados seis mujeres y 10 niños menores de 13 años. Se desconoce el numero de combatientes que murieron en la refriega pero se sabe de la muerte de un oficial estadounidense y que uno de los helicópteros usados en la operación fue destruido. No sé sí será una premonición, pero el primer ataque ordenado para hacer grande a America otra vez fue un auténtico desastre1.
* * *
La población de al-Ghayil pertenece mayoritariamente a la tribu Qayfa. En Yemen la mayoría de las veces los hombres tribales no se alinean en términos territoriales sino sanguíneos. Los jeques de esta tribu –al-Bayda está dividida y es un frente de guerra– tienen relaciones con los saudíes; una relación sellada por el dinero. Esta tribu pelea en la guerra de Yemen al lado del depuesto Presidente Hadi y de los Estados Unidos. Estos hombres tribales reciben como combatientes de la coalición un salario mensual que los saudíes pagan, aun sabiendo que Qassim al Rimi, el líder de Al-Qaeda en Arabia Saudí –la organización de Al-Qaeda en Yemen y Arabia Saudí, están unidas–, está protegido por ellos. Mientras los saudíes les pagan, sus aliados de Estados Unidos los atacan. El caos de la política en Oriente Medio está por todos lados. Un caos que aunque parezca paradójico tiene su lógica.
Está documentado que Al-Qaeda ha sido un instrumento de Estados Unidos y Arabia Saudí, aunque obviamente no se reduce soólo a ello. La usan a escondidas de su población porque saben que ésta no aceptaría que apoyaran de alguna manera a grupos terroristas que luego atentan contra sus ciudades. Pero Washington, Ryad y otros gobiernos vienen aprovechándose desde hace décadas de estos grupos de jóvenes radicalizados. El nacionalismo árabe laico, enemigo histórico del Islam político, es también enemigo de las grandes compañías privadas petroleras occidentales que tienen a sus gobiernos en su nómina. Este doble juego entre policías y terroristas, basado en intereses comunes a corto plazo pero a la larga difícil de manejar, ha empezado a pasar factura en forma de ataques terroristas a ciudades y aviones de Europa y Estados Unidos.
Yemen llegó a mandar oficialmente a Afganistán a 3.000 guerrilleros reclutados en mezquitas o madrasas para luchar contra los soviéticos de manera organizada por la CIA; combatientes que usó después el Presidente Saleh contra los socialistas del sur. Luego fueron dos mil islamistas a la guerra de Iraq, la mayoría a luchar junto al líder de Al-Qaeda Abu Musab al-Zarqawi, cuya estrategia era enfrentar a los sunitas con los chiítas. Estrategia también usada por las fuerzas ocupantes. Estos combatientes, financiados por los saudíes y qataríes, a su regreso constituyeron los cimientos que han formado Al-Qaeda en Yemen. Hubo cierta continuidad porque lograron entenderse entre las diferentes generaciones y fundaron en el año 2009 la organización Al-Qaeda en la Península Arábiga.

* * *
La guerra actual del Yemen, que lleva ya más de dos años, empezó con dos ataques de ISIS en Sanaa: el asesinato del periodista defensor de los derechos humanos Abdulkarim al-Jaiwani y el ataque suicida a dos mezquitas zaydíes cuando estaban repletas de feligreses. Fue un salto en la historia de los rebeldes salafistas en Yemen. Hasta ese momento habían atacado a objetivos colonialistas: el Cole de la marina estadounidense, instalaciones petroleras, turistas. Ha sido la primera vez y la última que ISIS se ha responsabilizado públicamente de atentados dirigidos contra civiles yemenitas, aunque se sabe que el Estado Islámico está operando en Taiz y Aden. Este terrorismo contra la población apareció cuando los intereses del Estado saudí lo requerían. Pero no son solo los saudíes quienes lo dirigen. Una y otra vez diferentes servicios de inteligencia acuden al terrorismo en la región cuando sus gobiernos no pueden conseguir sus objetivos con la diplomacia o la guerra convirtiendo al terrorismo en la tercera pata de su política. Para estos gobiernos los grupos “terroristas” a los que manipulan son la continuación de la política por otros medios. Por eso los saudíes protegen al líder de Al-Qaeda en Yemen. Pueden necesitarlo en el futuro si su guerra contra Yemen fracasa.

El caso en Londres de Bherlin Gildo, acusado de terrorista, es una muestra elocuente de lo que estamos hablando. Los fiscales abandonaron el caso cuando los abogados del acusado demostraron que la inteligencia británica había armado y asesorando al grupo en que militaba el acusado. El grupo armado estaba activo en Inglaterra y Siria. En el juicio los abogados preguntaron al juez si se podía mandar a alguien a la cárcel por seguir la política del gobierno. ¿No debía ir entonces también el gobierno a la cárcel?, preguntaron al juez2. Los fiscales, avergonzados, retiraron el caso. No es el único. En documentos desclasificados de la inteligencia estadounidense escritos en 2012 se da la bienvenida a “usar” a los salafistas (la corriente puritana wahabista del Islam saudí que siguen el ISIS y Al-Qaeda) en Siria e Iraq3.

The Economist publicó recientemente un artículo sobre Yemen en el que documentaba cómo Al-Qaeda se ha ido fortaleciendo en los dos últimos años gracias a la política de guerra saudí, una política que cuenta con el apoyo de Washington y Londres. Según el artículo, Al-Qaeda en Yemen es más poderosa que nunca4. Periodistas que han visitado el sur del país dicen que las banderas de Al-Qaeda y las independentistas son mas visibles que las del gobierno del Presidente depuesto Hadi, él mismo nativo del sur. Viendo el resultado sobre el terreno, los ataques de los drones o las operaciones especiales militares que han causado la muerte a cientos de civiles durante la administración Obama y que continúa Trump parecen operaciones militares dedicadas al consumo interno: aparentar que se hace algo contra Al-Qaeda, más que operaciones militares bien concebidas para debilitarla.

** *

Hay varias razones para este éxito de Al-Qaeda. Una de ellas es que las tribus que luchan contra el gobierno huzí-Saleh, sobre todo del sur del país, como la tribu Qaifa, ven a los militantes de Al-Qaeda como sus aliados. Es importante para Al-Qaeda dado el carácter tribal de la sociedad yemení. Sin el consentimiento de las tribus ninguna organización puede moverse libremente y prosperar. Pero hay otras razones reveladoras de lo que venimos diciendo. Un estudio hecho sobre los objetivos de los bombardeos aéreos de la coalición –realizados por aviones saudíes pero asesorados por militares ingleses o estadounidenses– muestra que ninguno de ellos, y son cientos las salidas documentadas de sus aviones, ha sido dirigido directamente contra Al-Qaeda a pesar de que llegó a controlar Mukalla, el segundo puerto más importante del Océano Indico después de Aden, durante un año4. The New York Times informó incluso que Al-Qaeda gestionaba los ingresos del petróleo de Hadramout en nombre del Presidente depuesto Hadi5. Cuando los saudíes permitieron a regañadientes –Estados Unidos estaba en una posición difícil cuando el The New York Times publicó la noticia– a soldados de la coalición de Emiratos Arabes Unidos sacar a los guerrilleros islámicos de la ciudad, Ryad sólo lo autorizó con la condición de que se dejara escapar a los guerrilleros de Al-Qaeda hacia los wadis aislados del interior.

¿Porqué al Presidente Trump le gustan los halcones saudíes que apoyan a Al-Qaeda?
Esta política saudí de fortalecer a Al-Qaeda es en cierta manera el reconocimiento de que la guerra contra Yemen está siendo un fracaso. La coalición de los huzíes con Saleh ha demostrado ser más fuerte de lo que se pensaba. La mayoría de los yemeníes la apoyan a pesar del enorme sufrimiento –la agresión saudí está provocando según Naciones Unidas la mayor crisis humanitaria que existe actualmente, el país vive estos meses una epidemia de cólera dantesca que está causando cientos de muertos– porque ven al gobierno huzíes-Saleh como la resistencia de una nación frente a un poder externo. Las empresas de comunicación suelen presentar a los huzíes como un aliado iraní o un Hezbolah en Yemen que amenaza a la seguridad saudí. Pero es pura propaganda para legitimar la venta de armas millonarias a los agresores. Los huzíes tomaron Sanaa contra la opinión de Irán, que le aconsejó no hacerlo. En Yemen no hay tropas iraníes o de Hezbolah, son el ejército nacional y las milicias tribales quienes resisten a los saudíes bajo una política de defender a una nación agredida injustamente.
Los halcones que se han hecho cargo del poder en Ryad, representados por el Príncipe Mohammed bin al Salman, a cargo de la defensa y los ingresos petroleros, pueden dar un paso mayor y mandar al grueso de su ejército a invadir Yemen, pero es una opción cada vez más difícil de realizar por su coste político y económico. Un ataque a Hodeidah, el puerto del Mar Rojo por donde entran al menos el 80% de la comida y las medicinas importadas, llevaría al país al límite y las consecuencias son impredecibles. Este escenario se ha hecho todavía más improbable debido al conflicto entre saudíes y qataríes que está debilitando a la coalición. Doha ha ordenado a sus mercenarios pakistaníes regresar a casa. Los estrategas militares saben que entrar es fácil. Lo difícil es salir y para ello se necesita construir una solución política; cada vez más difícil de lograr. Los hermanos musulmanes, cercanos a Qatar, encuadrados en Yemen en el partido del Islah, apoyaban a Hadi. Ahora es una incógnita lo que van a hacer. En esta situación cualquier acuerdo político precisa incluir a los huzíes y Saleh.

* * *

Arabia Saudí es un vampiro que se alimenta de petróleo. Ha anunciado que quiere diversificar la economía, pero de momento eso solo es un proyecto. El 90% de los ingresos del gobierno vienen del crudo. Del petróleo depende la vida extravagante de la masiva familia al-Saud, los salarios de dos tercios de los trabajadores saudíes y todo el entramado de política exterior de injerencia e intervención en asuntos ajenos. El gasto militar ha representado el 13% del PNB durante los últimos seis años. Arabia Saudí se ha convertido en el mayor comprador de armas per capita del mundo. El mejor cliente de Inglaterra y Estados Unidos. Pero también ha financiado, gastando miles de millones de dólares, el wahabismo, principal instrumento ideológico de la expansión saudí, y se ha gastado otro tanto para comprar a las empresas de comunicación que informan sobre Arabia Saudí. Ante tantos gastos su superdependencia petrolera hace que cualquier turbulencia en el mercado de petróleo sea vital para sus intereses. Ryad necesita intervenir en él si no quiere ser afectada fatalmente por cualquier crisis.

Los halcones saudíes necesitan a Estados Unidos para ello. En su guerra contra Yemen dependen de ellos para mover sus aviones, municiones, entrenamiento, refueling en vuelo y proteger las fronteras. Uno de las últimas medidas de Obama –hay una oposición creciente en el Congreso a vender armas a los saudíes– había sido bloquear una entrega de munición de precisión por su preocupación con los ataques a objetivos civiles. Hay más de 12 mil muertos, la mayoría civiles, a causa de ellos. Una prohibición que Trump levantó rápidamente.
El Presidente Trump está haciendo más caso a los militares que Obama cuando se trata de política de seguridad nacional. Esto significa menos diplomacia y más bombas, incrementando el riesgo de una guerra total en la región. De momento sigue la política de Obama de drones y operaciones especiales, aunque se han intensificado. Hay quien piensa que dada la relación que el Presidente Trump está creando con el Principe Salman los Estados Unidos podrían atacar directamente a los huzíes. Sí esto ocurre el conflicto quedará fuera de control, pudiendo convertirse en el primer enfrentamiento directo entre iraníes y saudíes en una guerra generalizada.

En su viaje a Ryad –era su puesta de largo diplomática– Trump anunció una venta de armas por valor de 110 mil millones de dólares. Hubo más contratos económicos, cerca de 270 mil millones de dólares, entre ellos uno con Exxon Mobil. En su visita Trump se hizo acompañar de Rex W. Tillerson, su Secretario de Estado. Tillerson es gran amigo de los saudíes debido a que es un hombre del petróleo. Durante décadas fue el jefe ejecutivo de Exxon Mobil. Tillerson conoce bien la región. El problema es que la conoce desde la óptica de los intereses de las compañías petroleras. Al nombrarlo, Trump se había comportado como el sirviente de los intereses petroleros, que en realidad es lo que ha demostrado al sacar a Estados Unidos del acuerdo climático de París. Los intereses petroleros son parte de su coalición reaccionaria.

¿Para qué quieren los saudíes una Al-Qaeda fuerte en el sur de Yemen?
A finales de mayo un barco petrolero, el MT MUSKIE, con bandera de Estados Unidos, fue atacado en el estrecho de Bab al Mandab. La Fuerza Naval de la Unión Europea dijo que los atacantes dispararon granadas propulsadas por cohetes antes de llevar a cabo su asalto al buque. Los saudíes acusaron inmediatamente a los huzíes del incidente, pero el presidente del Comité Supremo Revolucionario de Yemen, Mohamad Ali al-Houzi negó toda responsabilidad de sus soldados y acusó a Arabia Saudí de fabricar el incidente.
El estrecho de Bab al Mandab, donde acaba el mar Rojo al sur del Yemen, es uno de los siete mayores embudos de transporte energético en el mundo. Pasan cada día 3,8 millones de barriles de petróleo y el equivalente a 0,5-1 millón de barriles de gas natural. Un bloqueo significaría un repunte inmediato del precio del petróleo, algo muy beneficiosos para los saudíes, quienes se encuentran en aprietos financieros. El precio del barril del petróleo saudí es muy competitivo, está por debajo de los 10 dólares. Cualquier aumento del precio del barril es muy lucrativo.
Un bloqueo del estrecho de Bab al Mandab tendría efecto en los precios, pero afectaría muy levemente a las exportaciones petroleras saudíes, a diferencia de lo que ocurriría con las de Irán y otros países del golfo. Eso ayuda a entender, al menos parcialmente, las diferencias existentes entre Arabia Saudi y otros estados del Golfo Pérsico. Un conflicto que afecta también al futuro de Yemen del Sur. Mientras la Unión de Emiratos Árabes apuesta por un Yemen del Sur independiente, Ryad estaría tentado de apoyar una división del territorio en sultanatos gobernado a la vieja manera colonial inglesa, territorio fértil para las disputas y la inestabilidad. Emiratos Árabes Unidos ha desplegado miles de tropas en el sur a diferencia de los saudíes; han entrenado a 30 mil yemeníes como soldados de un ejército estatal; y han invertido 2 mil millones de dólares en proyectos para revivir la economía. Incluso ha llegado a participar en operaciones contra Al-Qaeda junto a las fuerzas especiales de Estados Unidos7.
Los saudíes necesitan menos el paso por el estrecho que otros países del Golfo, porque el oleoducto saudí que une el este y oeste de Arabia, el Golfo con el Mar Rojo, atravesando la Península Arábiga, ha empezado a ser operativo. Los grandes pozos petroleros saudíes están en zonas chiítas del Golfo Pérsico. Arabia solo necesitaría para exportar el grueso de su petróleo que los estrechos de Ormuz y Bab al Mandab estuviesen abiertos. Podría embarcarlo en sus puertos del Mar Rojo. Pero sigue necesitando el paso de sus tanques petroleros por el canal de Suez. La buena amistad con Egipto es vital para sus intereses. Por eso cultiva sus relaciones con el Mariscal de Campo al-Sissi atacando a los Hermanos Musulmanes, que están apoyados por Qatar. El desarrollo de la guerra de Siria está siendo una mala noticia para Ryad. El Presidente Bashar al-Assad parece estar ganándola, cerrando la salida de petróleo saudí a Europa por oleoducto vía Turquía o en barcos desde el puerto de Lattakia. La crisis con Qatar puede ser interpretada en esta clave. Su acercamiento a Irán podría facilitarle un futuro entendimiento con Siria, asegurándose el envío del gas –Qatar tiene cuantiosas reservas– a Europa a través de su territorio. Egipto está cerrando el canal de Suez a sus barcos por su apoyo a los Hermanos Musulmanes.
La política militarista saudí –la nueva generación macho rehúsa establecer compromisos– busca controlar por la fuerza las salidas del petróleo en la región. Un objetivo estratégico por su alta dependencia de los ingresos petroleros. Es una de las razones que explican la guerra del Yemen y su apoyo a ISIS en Iraq y Siria. Los guerrilleros islamistas pueden dañar cualquier oleoducto que atravesando Iraq y Siria llegase a Europa o al Mediterráneo, incidiendo en el precio y perjudicando a sus adversarios. En su frontera sur un gobierno de los huzíes protegería el paso a través Bab al Mandab de los barcos de Irán y de otros países del Golfo que exportan millones de barriles cada mes por el estrecho. Esa es la razón del porqué Ryad necesita un Yemen bajo su control, o si fracasa un Al-Qaeda fuerte en el sur del Yemen. Es una política de piratas pero esa es la historia de la familia beduina de los al-Saud. ¿No están saqueando en su propio provecho el petróleo de su pueblo?
Notas:
Ver “Death in Al Ghayil”, Iona Craig, The Intercept.
“Terror trial collapse after fears of deep embarrassment to security services”, The Guardian, Monday 1 june 2017.
“Now the truth emerges: how the US fueled the rise of ISIS in Syria and Iraq”, The Guardian, june 6
“In its third year of war, Yemen risk fragmentation”, The Economist Apr 27th 2017.
Ver “What is happening in Yemen and how are Saudi Arabia´s airstrikes affecting civilian”, The Guardian, The Date Yemen Project.
“Yemeni Bankers Get in Troubles Over a costumer, Al Qaeda”, The New York Times. Nov 15 2016.
Ver el articulo citado de The Economist.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=228608