domingo, 5 de marzo de 2017

“Tenemos que concentrar nuestra lucha contra los que representan el espíritu de Davos. No puede haber compromiso. No hay un versión “reformada” del capitalismo que pretenden construir.El “cómo” de a Resistencia es claro. Necesitamos entender,colectivamente, con la mayor nitidez , lo que está sucediendo. Necesitamos una deliberación ética y estrategias políticas más sagaces”.


¿Resistir? ¡Resistir! ¿Por qué y cómo?
4 de marzo de 2017

Por Immanuel Wallerstein (Socialismo21)

Desde tiempos inmemoriales, las personas que se sienten oprimidas y/o ignoradas por los poderosos han resistido a las autoridades. Tal resistencia puede cambiar las cosas, aunque esto ocurra sólo a veces. La opinión que merecen las causas de los resistentes depende de los valores y principios de cada uno.

En Estados Unidos, durante el último medio siglo, surgió una resistencia de ciertos sectores sociales contra las “élites” porqué consideraban qué Washington estimulaba prácticas ofensivas; a grupos religiosos, a poblaciones rurales olvidadas y a personas cuyos niveles de vida han disminuido de manera importante. En un primer momento, la resistencia tomó el camino de la participación social. Luego adquirió una forma más política, con el nombre de Tea Party.
El Tea Party tuvo algunos éxitos electorales, pero se disolvió sin una estrategia clara. Donald Trump vio una oportunidad y se ofreció como un líder unificador de esta derecha “populista” y logró catapultar a este movimiento hasta el poder político.
Trump comprendió que no había conflicto entre liderar un movimiento contra el establishment y ganar el poder del Estado a través del Partido Republicano. Por el contrario, la única forma que podía lograr sus nocivos objetivos era armonizar estos ambos fracciones.
El hecho es que tuvo éxito en la mayor potencia militar del mundo y ha conseguido estimular a grupos afines en todo el mundo, que siguen caminos similares ganando cada vez mayor cantidad de adeptos.

Aún hoy en día, el éxito de Trump no es comprendido por la mayoría de los líderes de los dos principales partidos estadounidenses pues siguen esperando que la “presidencia” lo transforme. Es decir, quieren que abandone su papel como líder de un movimiento y se limite a ser el presidente y líder de un partido político.
Se agarran de cualquier pequeña señal para creer que va a cambiar. Cuando, por un momento, ablanda su retórica (como lo hizo en su discurso de febrero de 28 al Congreso), no entienden que esta actitud es precisamente la engañosa táctica del líder de un movimiento. En su lugar, se sienten alentados o esperanzados, pero Trump no renunciará a su papel de “líder del movimiento” porque en el momento que lo haga perdería el poder real.
En el último año, frente al éxito de Trump, ha surgido un contra-movimiento en Estados Unidos (y en otros lugares) que han llamado a Resistir. Los participantes comprendieron que la única manera de contener y derrotar al “trumpismo” es un movimiento social que represente diferentes valores y prioridades diferentes. Este es el “por qué” del “Resistir”. Lo que es más difícil es el “cómo” del “Resistir”.


El movimiento de la resistencia ha crecido con notable rapidez, en ocasiones ha sido tan impresionante que la gran prensa se ha visto obligada a informar de su existencia. Esta es la razón por la que Trump arremete constantemente contra la prensa. La publicidad alimenta el movimiento, y este puede llegar a crecer hasta derrotar al Trumpismo.
El problema con la resistencia es que realiza muchas actividades dispersas sin una estrategia clara o todavía no adopta una estrategia definida. Tampoco tiene una figura unificadora que sea capaz de hacer lo que Trump hizo con el Tea Party.

La “Resistencia” ha participado en múltiples acciones. Ha efectuado grandes marchas, desafiado a los representantes del Congreso en reuniones públicas, creado santuarios para que las personas amenazadas de expulsión, boicoteado el transporte, publicado denuncias, firmado peticiones, y creado agrupaciones locales que se reúnen para estudiar propuestas. La “Resistencia” ha sido capaz de cambiar a multitudes de personas comunes en militantes por primera vez en sus vidas.
Sin embargo la “Resistencia” tiene algunos peligros imperiosos. Cada vez son más los participantes que son detenidos y encarcelados. Ser militante es extenuante y después de un tiempo muchos se cansan de participar. Se necesitan éxitos, pequeños o grandes, para mantener en alto los espíritus. Nadie puede garantizar que el movimiento no se marchite. Al Tea Party le tomo décadas llegar a donde está hoy. Puede que el camino para el movimiento de la “Resistencia” sea igualmente de largo.

La Resistencia como movimiento tiene que tener en cuenta que estamos en medio de una transición histórica y estructural del sistema-mundo capitalista, en el que hemos vivido durante unos 500 años. Esta transición podrá llevarnos a dos sistemas sucesores muy diferentes; un sistema que conservará todas las peores características del capitalismo (jerarquía, la explotación, polarización) o su opuesto, un sistema que sea relativamente democrático e igualitario. Yo llamo a esto, “ la lucha entre el espíritu de Davos y el espíritu de Porto Alegre”.
Estamos viviendo en una situación caótica y confusa propia de una transición. Esto tiene dos implicaciones para una estrategia colectiva. En el corto plazo (digamos tres años), debemos hacer grandes esfuerzos para que el movimiento sobreviva. Todos necesitamos alimento y refugio. Cualquier movimiento que quiera crecer debe ayudar a la gente a sobrevivir, minimizando el dolor de los que sufren.
Sin embargo, en el mediano plazo (digamos 20-40 años), lo que minimiza el dolor no cambia nada. Tenemos que concentrar nuestra lucha contra los que representan el espíritu de Davos. No puede haber compromiso. No hay un versión “reformada” del capitalismo que pretenden construir.
El “cómo” de a Resistencia es claro. Necesitamos entender,colectivamente, con la mayor nitidez , lo que está sucediendo. Necesitamos una deliberación ética y estrategias políticas más sagaces. Esto no se consigue de manera automática. Tenemos que construir la organización. Sabemos que otro mundo es posible, sí, pero también hay que tener en cuenta que no es inevitable.
Traducción: Emilio Pizocaro

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=223659

"Nos dejan bien claro que cualquier estrategia revolucionaria pasa por pensar, fabricar, y activar una estrategia organizada para apoderarnos y liberar por primera vez esta 'tierra de nadie': eso nada tiene que ver con apropiación estatista por parte de 'cúpulas liberadoras' de rentas, petróleo, riquezas energéticas y mineras".

Criterios de análisis 1
La formación del Estado Mafioso, la República Bachaquera; Estado o Territorio
3 de marzo de 2017
Por Roland Denis
Aporrea
Comenzamos esta serie de tres artículos: "El Estado mafioso… El territorio roto… La estrategia de liberación en otra política de esta tierra de nadie", en función de dar un aporte a la reconstrucción del pensamiento y movimiento de emancipación política en nuestro país.

La rueda del saqueo: el delito de producir
Estamos viviendo una crisis insólita, terminal e insolente del mismo modelo de saqueo que no ha cambiado en décadas, suspendida en síntesis en la apropiación y fuga del capital rentario por parte del capital nacional (de vieja y nueva data, capitales de oficinas burocráticas o verdaderas y falsas empresas) como transnacional: perfecta operación que comienza con la entrada pública de divisas, producto fundamentalmente de la venta de petróleo y derivados y la fuga ya privatizada de la misma, en una operación de no menos del 50% de la misma –que los economistas digan–, a su feliz exilio privatizado.
Una fuga hasta el "más nunca vuelvo" ya que se trata de una salida de capital que en los últimos 35 años desde el "viernes negro" de Luis Herrera suma no menos de 500 mil millones de dólares, a la altura de todos los acumulados en reservas de los países de la OPEP. La fuga y regreso de capital es un movimiento natural al capitalismo globalizado, que hasta podría ser beneficiosa siempre y cuando genere una espiral de salida y entrada en una rueda en movimiento acumulativa de capital que siempre termina hacia adentro del lugar donde nació. Círculo que no finiquita en absoluto la tragedia capitalista de la apropiación de unos pocos del trabajo que es de todos, pero al menos garantiza un punto vital para toda sociedad, la cual es el desarrollo de su inteligencia colectiva y de su medios de producción. En nuestro caso se trata de un robo sistemático y empobrecedor sin parangón mundial.

En el Estado Mágico que describió Fernando Coronil en su obra, la montaña condensada de riqueza se conduce exclusivamente hacia afuera sin que regrese hacia el punto de partida, ni tecnologías, ni ganancias, ni nuevas inversiones productivas que no sean las mismas bolsas inmobiliarias –hoy paralizadas– o zonas exclusivas de una economía de lujo hotelero y culinario, centros comerciales, etc. Sólo en la adquisición y pago de deudas por hablar de los tantos mecanismos de fuga, terminan siendo capitales que entraron para solventar las necesidades improductivas del Estado e inversionistas parasitarios, créditos que se convirtieron en un robo en fuga muchas veces acordados con los mismos agentes de Estado que los otorgaron. Ni hablar de las distintas gestiones de divisas por parte del Estado hasta el desastroso modelo del control de cambio de los últimos 15 años que se convirtieron en aparatos del saqueo y la destrucción de la industria propia.
Por eso se trata de un modelo configurado como esquema histórico de dominio y que en los últimos años llegó tan lejos que produjo dos fenómenos terminales: el desfalco completo de los recursos públicos y la sobrexplotación de la fuerza de trabajo vía hiperinflación inducida (una fuerza de trabajo que hoy en día prácticamente se regala) que ya antes de la bajada abrupta de los precios petroleros, ha venido creando las condiciones subjetivas (básicamente la descomposición del campo de resistencia popular y las despolitización e instrumentalización del movimiento popular) para poner a veinte millones de trabajadores a financiarles a estos saqueadores privados su gula acumulativa y al propio aparato de Estado sus requerimientos para fondos presupuestarios (como dirá Enzo Del Búfalo: "el pueblo financiando a PDVSA").

Nos referimos al pago de deuda, créditos y financiamientos deliciosos para sus círculos de amigos empresarios, nuevos mecanismos de saqueo y manutención del aparato de Estado para contener, envenenar de carbohidratos, mantener el clientelismo de una inversión pública dirigida a servicios como agua, luz, vivienda, gasolina, alimentación, educación, salud, misiones sociales que se desmoronan plagados de toda forma de corrupción, ineficiencia, desidia, impunidad. Inversión "socialista" que termina siendo un nicho para la formación de nuevos burgueses sin escrúpulos de ningún tipo, nada que ver con la justicia social que la justificaría. Y no dejemos de lado la confusión simbólica y política de la población por medio de la mentira institucionalizada, la prohibición de información y la movilización "popular" forzada donde se invierten millardos, la administración central de la mitología heroica nacional.

Es la población pagando con su trabajo su propio infierno: una rueda capitalista de explotación realmente perversa y destructiva, que hace de nuestra nación un sentimiento abstracto sin piso material y una espiritualidad pateada. Pone a toda la clase trabajadora, al contrario del supuesto "populismo" que impera bajo el supuesto ideológico que "aquí nadie trabaja y todos vivimos de las dádivas del Estado", cosa que es una gigantesca mentira, a financiar con su labor a todo el aparato estatal y capitalista de saqueo. El margen de plusvalía explotada para sostener la rueda interminable que termina en manos de este modelo sangrante, si incluimos en un solo cálculo perfectamente posible de hacer, a toda la clase trabajadora desde el trabajador petrolero hasta el trabajo nómada de la calle, a estas alturas de sueldos de 40 dólares mensuales, podría ser de las más altas del mundo, a nivel de las regiones más pobres de la India.

El mismo aparato de Estado en todas sus modalidades: jurídico, legal, represivo, administrativo, militar, empresarial, financiero, modelos de desarrollo y asistencia social, mecanismos clásicos de corrupción y filtraje de los sujetos económicos con derecho discrecional concedido por estas cúpulas políticas al acceso directo a esta renta, está dispuesto para garantizar la reproducción eterna de este esquema de saqueo; el chavismo terminó fortaleciendo estos modelajes específicos dentro de todas las ramas de la máquina de Estado y la sociedad civil; solo vean lo que ha pasado con el movimiento sindical cuyos jefes principales suelen ser más antiobreros que los propios patrones. Mecanismos tan descarados e impunes que han producido una psicosis acumulativa rentista en los últimos tiempos al punto de declarar prácticamente un delito la pretensión de hacer efectiva cualquier voluntad creadora y disponer de todo un aparato burocrático y represivo en la calle y carreteras dispuesto a ejecutar a como dé lugar este impedimento.

Es un delito generar nuevos espacios creadores, producir, compartir y distribuir libremente; y ello puede ser un crimen declarado ya que afecta a los grandes capitales monopólicos parásitos, terratenientes, importadores, al narcotráfico, mafias militares y civiles de Estado metidas de lleno en el negocio, y a todo el modelo de dominio que viven del mundo vacío e improductivo que han dejado, pero cuyas verdaderas víctimas son particularmente los entes colectivos organizados y redes de pequeños y medianos propietarios. Obviamente esto ha generado el piso para la proliferación de todas las formas de delincuencia y bandas asesinas fuera y dentro del Estado realmente bárbaro.

El delito de crear y producir se nos muestra como una tesis central ya que en la medida en que se profundiza una aparente crisis política y sus derivados económicos y sociales (aparente porque en el fondo sigue dominando perfectamente bien después de contener por completo el vaporón revolucionario) el aparato de Estado no sólo se hace más represivo, impune, autoritario, censurador, como en efecto sus opositores lo pintan, en función de contener la revuelta social, sino que desarrolla una multiplicidad de mecanismos de control social paralelos a cualquier forma de contención productiva y distributiva liderizados por el estímulo autogestionario sobreviviente y las redes de integración de flujos de producción distribución de orden obrero-comunal como de la pequeña propiedad. Ya hasta se inventan tarjeta de identidad "de la patria" para acrecentar el control social partidario; una humillación a la población más pobre que se hace ilusión con ella de una riqueza ya no está ni es su tierra; efectivamente nos dejaron la corroña final de un basurero ideologizado.

El hambre y el caos social como políticas de dominio
Es un stalinismo meramente destructivo que hasta dentro de la propia propiedad y fuerza empresarial estatal termina jugando el mismo papel de desbaratamiento y contención. Por ello la consecuencia final de todo esto: la violencia socializada, el deterioro vertiginoso de la calidad de vida, particularmente en alimentación y salud, la destrucción del aparato productivo, no son sólo consecuencias mecánicas finales del acto destructivo, se trata de políticas y estrategias contentivas para la contrarrevolución necesaria; el hambre y la desintegración comunitaria es una política y no una consecuencia indeseada. Puntos de partida estratégicos para destrozar lo que en algún momento llamamos poder popular, y más precisamente los segmentos autogobernantes mas luchadores y creadores; donde tiene el poder la repetida tesis del Toto: "en mi hambre mando yo". El hambre, el desespero por la obtención de productos y recursos mínimos de dinero, quiebra el espíritu de solidaridad, disuelve comunidad. Por ello no es solo la indolencia y la inmoralidad lo que se evidencia sino la victoria paulatina de un esquema de poder absolutamente mafioso y contrarrevolucionario, cuyas primeras semillas se generaron hace casi un siglo; mafia en el sentido del grupo de fuerza dominante y violento que contando con sus estrategias y chantajes provoca obligatoriamente la colaboración del entorno y rompe toda cadena productiva y colaborativa de beneficio común y no restringido a ella. Acaba con el "Estado de Derecho" para imponer su ley facciosa; la "banda" de dominio externo sustituye al burgués que domina internamente el orden de derecho.
El chavismo en su vertiente gubernamental y su amplio espectro de partidos y personalidades, de arriba abajo del aparato de Estado, no ha supuesto en definitiva otra cosa que la emergencia del sujeto político de sujeción poblacional para que este viejo mecanismo de explotación y saqueo tanto de la riqueza pública y del producto de la clase trabajadora en los últimos años se convierta ya no simplemente en una demagogia paralela a falsas ilusiones, democráticas, desarrollistas, consumistas y populistas, que garantizaron la desigualdad y el dominio de clase en todo el siglo XX veinte prácticamente, sino algo realmente mafioso y destructivo pero con una enorme capacidad de control de masas: es su parafernalia "revolucionaria". Algo insólito dentro de un contexto que se quiso a sí mismo revolucionario ya que es absolutamente mínimo lo que se salva en lo que respecta a gobierno de esta rueda conscientemente destructiva; toda una historia de 18 años apasionadamente luchada por miles de mujeres y hombres se ha convertido en el basurero final de los sueños socialistas.
Por su parte la oposición ligada a las fantasías televisivas expuestas por el viejo contrato oligárquico, desde el 2004, ha sido en definitiva la pieza bullona que ha contenido el bulto desde el discurso de derecha. Es impresionante como aquí izquierda y derecha orgánicas al poder constituido, discursivamente se matan pero en lo que respecta a las estructuras y dinámicas internas del modelo en sí coinciden perfectamente a la hora de aclarar sus objetivos más allá de conservar o quitarle el poder al otro, utilizando la movilización y declarativa "democratista, constitucional, liberal, ciudadana" por un lado pero absolutamente impotente, y el autoritarismo a través del manejo descarado de los poderes públicos y la argucia legal y constitucional por el otro.
Esta fusión es ya un fenómeno de musiquita mundial donde se borran las diferencias izquierda-derecha globalmente, pero en Venezuela ese mismo fenómeno que se produce en medio de un chantaje permanente hasta de guerra civil, insurgencia golpista, represión total, y cualquier cantidad de mensajes de choque y violencia, sirve para acoplar perfectamente dos enemigos a muerte. Es el orden constituido totalmente decadente institucionalmente, pero brillante a la hora de ordenar hasta todo su potencial de guerra civil interna. Por ello en proporciones cada vez más gigantescas opositores y chavistas del abajo popular ya dejan de odiarse tanto entre sí pasando su indignación total hacia sus propios autodeclarados dirigentes. Solo esto –el odio hacia los de arriba del mismo bando y no solo a los de la acera del frente– dentro del folklore político nacional es la cualidad realmente nueva de los tiempos de Nicolás Maduro.

Del Estado liberal-oligárquico al estado mafioso; el debate estratégico
Sintetizamos de esta manera la tragedia del capitalismo rentista venezolano en las últimas dos décadas, de manera que sirva primero de marco de análisis: la evidencia en los múltiples aspectos tratados que podríamos sintetizar en la conversión de un modelo histórico de saqueo conducidos por el Estado y los sujetos políticos que intervienen en él pasa de ser una "república corporativa-burocrática" en tiempo de Chávez, como intenté en muchas ocasiones caracterizar, a un verdadero orden mafioso de dominio, hoy en pleno proceso de consolidación. Hecho por lo cual grandes pequeños países de nuestramérica han pasado o pasan (Colombia, México, Guatemala, Honduras), pero que en Venezuela adquiere, si se quiere, una de sus formas más puras: donde sólo hay una gran mafia junto a sus sujetos periféricos incluidos muchos de sus opositores, los que toman el gobierno de Estado en todas sus dimensiones. Vean solo por tomar pequeños ejemplos como ellos mismos ya estan legtimando la "República Bachaquera de Venezuela", poniendo tiendas y locales de venta pública a precios de la peor especulación, como son las PAC y tienditas regadas de lo público privatizado (negocios de ministros, generales y gobernadores utilizando la venta por locales públicos) por todo el territorio, o todo el esquema que ahora plantean para las casas de cambio exclusivas para la frontera donde ¡al fin!, logran legalizar el dólar negro de Cúcuta y su amada en grito de odio, la web "DOLARTODAY".

Pero a su vez, las características y acontecimientos, las conquistas logradas y terribles errores cometidos, dentro del propio ciclo histórico que nos ha llevado a esto y que comienza con el 27 de febrero del 89, nos obliga a una discusión en mi consideración definitiva:si lo que entra de riqueza rentaria dentro de este modelo de dominio se lo lleva no precisamente el viento sino cualquier sujeto que se apodere de ella (del más neoliberal hasta el más socialista como hemos vivido en carne y hueso) por mecanismos de gobierno, por un lado efectivamente esta riqueza que ya la llamaron el "excremento del diablo" no nos pertenece, sino que el problema es preguntarnos bajo una enorme paradoja, ¿es que tiene sentido seguir perdiendo vidas y ciclos históricos de lucha por pelear el control de ella (a eso se reduce en definitiva la lucha política institucional en Venezuela)? Cuestión y pregunta paradójica que nos lleva a algo mucho más interesante y que nunca vimos, desde las viejas generaciones de la izquierda que hablaron de liberación nacional hasta la izquierda del "poder popular de hoy". Y es que mientras todo el poder capitalista dominante fuera y dentro del estado se dedica a "fugarse", a hacerse aquí y triplicarse fuera, moldear todo un orden para ello, legitimarlo, gritarlo, crear sus aparentes enemigos en órdenes bipolares, generar casi que una cultura y un imaginario social que vive atrapado en su seno, han logrado como lo hemos sufrido desmontar revoluciones al interno de ellas, entonces hay algo que sobre lo cual no tienen verdadero dominio al menos en el sentido moderno, cuántico y multidensional en que se ejerce el mismo desde los tiempos posindustriales: se trata de un gran déspota que en realidad no domina realmente su mismo territorio y en el fondo ni le interesa, está en permanente fuga y desterritorialización, acto que explica que ese modelo haya podido llegar a la perversidad de convertirse en un orden mafioso como pocos.

Por tanto después de décadas perdidas podemos decir que las derrotas nos dejan bien claro que cualquier estrategia revolucionaria pasa por pensar, fabricar, y activar una estrategia organizada para apoderarnos y liberar por primera vez esta "tierra de nadie": eso nada tiene que ver con apropiación estatista por parte de "cúpulas liberadoras" de rentas, petróleo, riquezas energéticas y mineras, aunque lo implique su subsuelo, y de hecho cambia por completo nuestra visión de mundo y política. Si no hemos liberado ese territorio mucho menos lo podremos hacer tomado por encima sus productos codiciados; allí todos nos convertimos en un Diosdado más. Cabello, como todas y todos lo personajes famosos de ese Estado Mafioso, es el producto natural aunque extremo del mismo modelo que nos ha pisoteado por décadas.

Pasamos entonces al punto 2 de esta serie reflexiva, precisando las dinámicas internas de despotismo territorial, o la formación del "territorio roto" sobre una tierra y su población que vienen produciéndose.

Fuente: http://www.lafogata.org/17latino/latino3/vene.3.1.htm

“Tenemos en Venezuela una desviación autoritaria, burocrática y corrupta, con políticas de contrarreforma de reasimilación del proceso revolucionario al capitalismo e incluso con claros elementos contrarrevolucionarios”.


 ¿Quién le hace el "juego a la derecha" 

y quién defiende al pueblo?
3 de marzo de 2017

Por Gonzalo Gómez Freire
Aporrea
Hoy lamentablemente tenemos en Venezuela una desviación autoritaria, burocrática y corrupta, con políticas de contrarreforma de reasimilación del proceso revolucionario al capitalismo e incluso con claros elementos contrarrevolucionarios:
Supresión de la democracia electoral y social: se niega el referéndum Revocatorio (constitucional) en vez de afrontarlo desde la reconquista de las simpatías del pueblo para ganar; se posterga fuera del lapso constitucional y se dejan a la incertidumbre las elecciones regionales y municipales; casi no se pueden legalizar partidos, por el filtro discrecional que imponen el CNE y el TSJ progubernamental ( y Marea Socialista es impedida para ello), por lo que está en suspenso la participación electoral en todos los sentidos; no se tramita la inscripción de sindicatos de manera libre pues esto lo maneja a su antojo la burocracia estatal, se suspenden elecciones sindicales si el gobierno teme perder ante la oposición, o ante el chavismo crítico, o ante independientes; tenemos la anulación práctica del Poder Legislativo electo en 2015, y hay monopolio y manejo arbitrario de los demás poderes por el Ejecutivo, apoderado del TSJ que lo complace de manera incondicional.

Incremento de la represión, policías mafiosas que participan en gran parte de los hechos delictivos o hacen parte de la venta de impunidad, y que cobran sus tarifas a la permisividad con la comisión de los delitos, masacres espantosas, política antidelictiva fundamentada en la represión al pueblo, al peor estilo de la IV República, con irrupción de los cuerpos armados en los barrios, utilizando métodos reñidos con los DD.HH. (OLP)... Hay presos de antojo por el disenso o por la pugna política, sin que eso responda a la violación real de las leyes. Incluso hay gente del proceso revolucionario presa por su "indisciplina". Se usa la intimidación, hasta el punto de habernos allanado policialmente el local de Marea en Caracas.

Políticas pro-capitalistas con discurso "socialista" engañoso, manipulador y vacío de contenido, en una economía mafiosa donde la llamada "guerra económica" tiene como su principal actor a la propia burocracia corrupta, militar y neo-burguesa, ejecutora de un desfalco descomunal de centenares de miles de millones de dólares; que sacrifica la importación de alimentos y medicinas en medio de la crisis, para el pago de la Deuda Externa (ilícita y vinculada con el desfalco a la nación); que promueve el proyecto depredador extractivista del Arco Minero del Orinoco: 112 mil Km cuadrados en región colindante o integrante de nuestra Amazonía, sin cumplir requisitos de la Constitución, con pérdida de soberanía, atropello a los pueblos indígenas, puesta en grave riesgo a la naturaleza, aguas y biodiversidad, con la traída de transnacionales de todos los imperios, viejos y nuevos (incluso alguna echada por Chávez).

Se nos aplica un paquete económico comparable con los paquetes neoliberales, pero de una manera sui-generis, a veces explícita y otras camuflada. Aquí hay tarifazos, corralito, no hay control de precios real y efectivo sino hiperinflación, las políticas sociales se concentran en contener a los sectores más vulnerables para pasar el trago del ajuste (precarias bolsas de comida a precios regulados o subsidiadas, cada mes), el salario ha retrocedido a niveles por debajo de los mínimos reales de sobrevivencia (incumpliendo el Art. 91 de nuestra Constitución de la República Bolivariana de Venezuela). Esto va por el rumbo de un capitalismo autoritario, con cada vez más toques de lo que existe en China, pero sin su productividad, con una burocracia que negocia con las transnacionales la plusvalía de su proletariado secuestrado. ¡Esto ya comienza a ser una contrarrevolución, camaradas! ¡Ya la derecha llegó, aunque sea otra derecha, vestida de un rojo desteñido!

Los temas de defensa de la democracia y derechos humanos están pasando a ser la prioridad, con este panorama que nos coloca en una situación defensiva donde ya no podemos avanzar y de lo que se trata es de la conservación de los derechos, para que no se desmantelen todas las conquistas. No hay transición al socialismo, por supuesto; lo que hay es retroceso en todos los sentidos y se desandan los pasos que alguna vez se dieron en esa dirección o con esa inspiración en tiempos de Chávez.

La burocracia disputa su lugar en el reparto internacional y busca cómo salvar su pellejo: El imperialismo clásico juega con el garrote y la zanahoria, mientras compite con China y Rusia, y de uno u otro modo se reencaja al país en la lógica capitalista global; pero ni siquiera necesita pegar, porque el monigote del modelo y la gestión pseudo-socialista se deshace solo. Con la derecha clasica nacional (venezolana) apuesta a que sea el gobierno de Maduro quien aplique el paquete económico y la restauración plena del Estado burgués, domesticando todos los vestigios de un incipiente Poder Popular; es el gobierno burocrático de la corruptocracia el encargado de allanarles el camino con su propia conducta, al tiempo que se va se desgastando políticamente, aunque por el momento eso acrecente el autoritarismo antidemocrático. Los frutos de esa dialéctica entre el desgaste y el abuso de poder, los cosechará después con el retorno de la vieja derecha o con nuevas combinaciones de la baraja burguesa, quizás ganando esa derecha clasica las elecciones del 2018 (si es que se convocan), sin descartar que ocurra un estallido social antes (hubo algo de eso en diciembre 2016) o se concreten otras manifestaciones de los pactos que están en camino.
Hay mucho miedo, adulancia, hipocresía, un discurso dentro de la casa y otro hacia afuera en los que están dependiendo del clientelismo o de trabajos en la administración pública. Hay mucha angustia y rabia contenida en la gente. El PSUV ha dilapidado su apoyo electoral y su capacidad de movilización está atada al aparato estatal, pero no al entusiasmo popular como con Chávez.

La oposición de derecha (la otra derecha)
La oposición de derecha... ¡Sí, la otra derecha! -porque el PSUV ya hoy es más derecha que izquierda- no está de lo mejor; está bastante golpeada, pero ya tiene mayoría electoral, aunque tanto el PSUV como la oposición, juntos, están convirtiéndose en minoría frente a los llamados ni-ni, que no se identifican con ninguna de las dos cúpulas políticas, que no quieren ni al PSUV ni a la MUD (véanse las encuestas de Venezuela).
Y es que la oposición de derecha ha venido arruinando su capital electoral desde que ganó la amplia mayoría de la Asamblea Nacional, creyendo que el éxito electoral democrático podría convertirlo en instrumento para reactivar sus sempiternos planes conspirativos. Comenzó dándole plazo a gobierno para salir por vías no constitucionales, sin tomar en cuenta que gran parte de su votación le fue prestada por el pueblo chavista descontento y tuvo la desfachatez de pretender aprovecharse de eso para golpear conquistas populares con fallidos proyectos de ley que se quedaron atascados.
El pueblo descontento con la burocracia, pero receloso de los típicos partidos de la burguesía y sus clones o mutantes, ve a una derecha que sólo disputa poder, pero que es incapaz y renuente a defender los verdaderos intereses y aspiraciones populares, porque no puede enfrentar una política económica que se parece muchísimo a lo que se conoció como el "Paquete de la MUD", aunque esté siendo aplicada por un gobierno que se dice "chavista", "socialista" y "revolucionario", pero que se mueve con las claves del capital, y con algunas pinceladas de manipulación populista, para engatusar conciencias con el ondeo de banderas arriadas.
Por eso estos políticos de derecha no salen a defender el salario, porque como patronos privados (al igual que la burocracia patronal del Estado) prefieren mano de obra superbarata y sometida. Por eso, prefieren que se pague la Deuda Externa Ilícita y Corrupta que paga Maduro con prioridad, porque les preocupa más los intereses de la banca, del capital financiero, de los tenedores de bonos... Y como son parte del festín de dólares corruptos de CADIVI junto con la burocracia neo-capitalista, y son parte de la sociedad de cómplices de la economía rentista e importadora, ocultan juntos el sectreto de los capitales fugados, del fraude importador, de la sobrefacturación o envío ficticio de mercancías para lucrarse entre todos, aunque mantengan la discordia en torno a otros negocios y en el terreno de la política. La Auditoría Ciudadana y la Repatriación de Capitales, la Moratoria de la Deuda, son malas palabras para ellos.
Por eso están entusiasmados, o acaso dicen "¡qué horror!" para disimular, mientras se hacen los "paisas", en su gran mayoría, con la explotación del Arco Minero del Orinoco, como oportunidad para los "bussines", a costa de la soberanía, del ambiente, de los derechos de los pueblos indígenas y de la Cosntitución. ¡Cómo van a armar escándalo en contra de eso!
También la derecha destruyó su propia unidad y el "dialogo" sin pueblo es un pantano. La derecha se mueve ambivalentemente entre la conspiración y el pacto con el gobierno en función de los intereses convergentes, que se vienen derivando de la conversión de la burocracia en una nueva burguesía, con la monstruosa acumulación de capitales desprendida del desfalco a la nación.
Se puede entender entonces porqué no pueden ofrecer una verdadera alternativa distinta, porque lo que tenemos son simplemente maneras de administración del capitalismo y del control político, pero no hay ya ninguna confrontación capitalismo-socialismo en Venezuela; solamente una cosa muy importante: el pueblo está confundido, debilitado, cargado de una ira reprimida y expectante... pero el sujeto social de la revolución no ha sido aplastado y ambas cúpulas tienen que andarse con cuidado con él, porque en algún momento se puede manifestar, como se manifiestan las fuerzas telúricas y las mareas.

Por eso planteamos la necesidad de construir una referencia política alternativa para la recuperación de la revolución, de la vigencia de la Constitución y de la democracia y para superar la crísis con una lógica no capitalista, y con una posición ética contra la corrupción monstruosa y los abusos.

Ya en esta crucial y compleja tarea andamos, junto a una parte de los mejores y más honestos ministros de Chávez, que estuvieron mucho tiempo con él y que son críticos del Maduro-PSUV y de la burocracia usurpadora del poder del pueblo. Eso incluye a militares bolivarianos que vienen del 4F, a constituyentistas, a indigenistas y ecologistas muy respetables, a dirigentes de sectores sociales, sectores juveniles, a muchos ex-militantes de base y cuadros medios del PSUV que rompieron con la falsa polarización de las cúpulas (o que siguen allí por inercia y están explorando opciones) y a gente vinculada con las plataformas de lucha que hemos venido impulsando de manera amplia, para la acción concreta en torno a temas específicos: Plataforma para la Aditoría Pública y Ciudadana, Plataforma Contra el Arco Minero, Plataforma en Defensa de la Constitución, Plataforma del Pueblo en Lucha y el Chavismo Crítico... Sectores sanos del chavismo comenzaron a reaccionar, pasando por el manejo de este segundo duelo, tan duro como la muerte de Chávez: la definitiva descomposición de la dirección política del proceso que debe ser reemplazada.

No es la solución un atajo desesperado. No se puede defender al pueblo con ninguno de los enemigos del pueblo. Pero tampoco se puede hacer sin la más amplia unidad necesaria frente a la crísis y en torno a los requerimientos de la emergencia, a la hora de defender el derecho a la alimentación o el derecho a la participación democrática que nos otorga la Constitución, surgida en los tiempos frescos y de auge de esta revolución herida.
Es un camino de construcción y de acumulación de fuerzas, que estimule y acompañe al pueblo en la lucha y que esté atento al momento en que éste nos envie las señales de su nueva disposición de cambio, como se las dió a Chávez, para dar el salto posible hacia su renovado y genuino protagonismo revolucionario.

El objetivo:
Un gobierno democrático que regule a favor del trabajo, del productivo de la clase trabajadora, los campesinos, los sectores populares. No de los intereses del capital parasitario, como ha vuelto a suceder; esta vez de la mano de las castas rentistas.
Que se apoye en el control social y la participación ciudadana decisora.
Que desarrolle la democracia real y no una democracia simulada o un autoritarismo disimulado (y a veces desvergonzado).
Que tome la Constitución en su esencia y no sólo en la forma, que la tome como fundamento de los derechos y obligaciones, y no la use simplemente para cubrir las apariencias y aplicar la trampa.
Que golpee a la burocracia saqueadora del patrimonio y emprenda una campaña aniquiladora de la corrupción.
Que construya y valide con el pueblo la ruta de emergencia para superar la crísis, sin descargar su peso sobre la clase trabajadora y los sectores populares como ahora.
Que canalice el poder de movilización del pueblo en base al convencimiento, la identificación en el bien común y la simpatía, y no con la imposición y la coerción de las maquinarias estatales, ni con la supeditación clientelar, ni con el chantaje con las fuentes de trabajo, ni con la administración discrecional de los derechos sociales...
No podemos irnos ni con los que siempre explotaron a este pueblo y enfrentaron sus luchas (los herederos de la IV República), ni con quienes volvieron a reproducir las viejas fórmulas opresoras, de explotadoras y de rapiña, en nombre de una revolución traicionada.
Nuestro camino es reconstruir el poder popular democrático en lucha, zafándonos de las manipulaciones burguesas (multicolores) y burocráticas.
¡Eso requiere autonomía política e iniciativa social propia!
Eso requiere un nuevo referente político.

Nos alarma que muchos camaradas de la izquierda (nacional e internacional) sigan sin ver, o no quieran, o piensen que no les conviene ver esto y se queden pegados de la propaganda y a los condicionantes gubernamentales.
Nos alarma que todavía parte de la izquierda latinoamericana y mundial defienda lo que ya no es; ésto, en que se ha convertido lo que tenemos hoy, y que ya es parte de todo lo que nos oprime.

Es lamentable que se acuse a los críticos de hacerle el juego a la derecha, que se renuncie a exigirle a un supuesto gobierno "progresista" lo que siempre le exigieron a los gobiernos de derecha.
Pero también nos satisface que haya sectores de la izquierda que vengan despertando y hayan venido identificando las estafas para reasumir los principios éticos y las tésis programáticas por encima de las maquinarias, las camarillas, las mafias, los grupos de negocios y privilegios, las macollas y los fanáticos del poder que agitan las bambalinas de una revolución a la que niegan con su conducta.
Ningún maquillaje de enroques y reciclajes sirve ya para enmascarar el reemplazo del programa revolucionario y democrático por agendas contrarrevolucionarias que se muestran por todos los costados. Cada vez sirve menos el recurso de llamarle "chigüire al cochino"; hay que llamar a cada cosa por su nombre.
Esta polémica también está cruzando a los movimientos sociales y corrientes de América Latina: la lógica de la adaptación claudicante al burocratismo funciona de la siguiente manera: por ejemplo; se le puede exigir moratoria y auditoría a un gobierno neoliberal, pero no a Maduro, porque hay "guerra económica" y sabotaje o cerco imperialista.

Y resulta que ese gobierno "enfrentado con el imperialismo" (aunque no sea el gobierno que el imperialismo quiere y éste preferiría reemplazarlo en algún momento o cuando le convenga), le encarga la fabricación de papel moneda a empresas de países imperialistas, trae a transnacionales imperialistas a explotar nuestros recursos y para ser socias de las empresas estatales, paga deuda a los imperialistas, importa alimentos de países imperialistas con fraude importador (y luego dice que lo bloquean), distribuye productos de los "pelucones" en las bolsas que entregan los CLAP; dispone crear "zonas económicas especiales" (islas de neoliberalismo con desregulación laboral y tributaria); los burócratas o sus allegados y familiares se llevan divisas a paraísos fiscales capitalistas-imperialistas....

¿Qué más queremos? ¿Tiene que llegar un Macri para que se le llame a esto "capitalismo salvaje"?
Si en nuestras filas se apoya eso, terminamos negándonos a nosotros mismos y eso es doloroso, es la vía del sometimiento, de la pérdida de independencia política y... por supuesto, de la revolución con todos sus logros.
Por eso desde Marea Socialista nos apegamos a nuestros más sencillos principios: ¡Ni burocracia ni capital! ¡Más democracia y no menos!
¡Debatamos!: ¡Hay crisis de modelos! ¡Hay crisis de las izquierdas! ¡Las izquierdas siguen atadas al carro de los degenerados aparatos! ¡Se quedan con los dirigentes cuando éstos abandonan los proyectos y los sepultan! ¡Dan la oportunidad a las derechas para que les rebasen, por su claudicación e inconsecuencia!
Eso sí es lo que le hace el famoso "juego a la derecha".

Fuente: http://www.lafogata.org/17latino/latino3/vene.3.4.htm

Reflexionemos: “una población muy politizada se siente cada vez menos identificada con la clase política en general y con la clase política chavista en particular”.


Un balance de 2016
El año más largo
3 de marzo de 2017
Por Reinaldo Iturriza López
I. A finales de agosto pasamos un par de días en Puerto La Cruz. Veníamos de Margarita y decidimos hacer una pausa para saludar a la familia antes de continuar el viaje de regreso a Caracas. Diez días antes habíamos salido de casa llevando un pequeño mercado con nosotros, porque viajábamos con muy poco dinero, pero sobre todo porque estábamos seguros de que nos costaría mucho trabajo conseguir alimentos en la isla, sin hablar de los precios, históricamente más altos que los de la capital. Dos días en Los Robles fueron suficientes para darnos cuenta de lo equivocados que estábamos: conseguíamos pan, leche líquida o queso con relativa facilidad, en contraste con la situación a la que nos habituamos en Parque Central, pero además a precios similares o más bajos que los de Caracas. Pocos días después fuimos a comprar vegetales y frutas: cebolla, tomate, lechoza, cambur, piña. En Caracas lo comprábamos casi todo al mismo precio, con el añadido de que lo hacíamos en el lugar con los precios más accesibles que conocíamos: en cualquier supermercado, los tomates o las piñas duplicaban y hasta triplicaban el precio. Cada vez teníamos menos dudas de que, a diferencia de cualquier otra coyuntura durante los últimos quince años, el ataque contra la economía nacional se expresaba con mayor virulencia en Caracas.
Llegamos a Puerto La Cruz por la tarde, dormimos en el apartamento de los suegros y al día siguiente, muy temprano, fuimos a comprar algunas pocas cosas para hacer tres, tal vez cuatro comidas. Desorientados, por mala fortuna o por la razón que fuera, terminamos en el peor lugar posible: la Avenida Principal de Lechería, y probablemente en uno de los peores lugares de toda la avenida, un lugar de nombre "Le Marché", un automercado con pretensiones de bodegón, mini-market o como quiera que se les llame a los establecimientos comerciales que ofrecen a su "distinguida clientela" productos importados a precios impagables por el común de los mortales. No más entramos nos dividimos, a ver qué conseguíamos. Caminé al lado de una cola de quince o veinte personas que cargaban, cada una, dos, tres, cuatro paquetes de arroz y azúcar. Me extrañó no tanto que se consiguieran estos productos, sino las marcas: no conocía ninguna. Al fondo del local, del lado izquierdo, había dos pilas de paquetes: una de arroz y otra de azúcar. Dos empleados del automercado los ofrecían para la venta, a precios exorbitantes, entre los dos mil y tres mil bolívares. También ofrecían aceite, a un precio similar. Importados de Colombia y Brasil. No tan caros como los precios del mercado paralelo e ilegal, pero mucho más caros que los precios regulados. La escena era tan repulsiva que decidimos irnos. Saliendo del local escuché a una señora que justificaba todo aquello: "¡Carísimos, sí! Pero, bueno, también es que ésta es una zona exclusiva".
Regresamos a Caracas con la cabeza puesta ya no en el contraste entre la situación de Caracas y la de Margarita, sino en el contraste entre Los Robles y Parque Central y la zona más rica de todo el estado Anzoátegui. Sabemos perfectamente que en Caracas, como en muchas otras ciudades de Venezuela, abundan los lugares del tipo "Le Marché", y que los hay muchísimo más "exclusivos", pero ellos pertenecen a un universo al que no pertenecemos nosotros y al que nunca hemos deseado pertenecer. Supongo que intentar comprar alimentos en Lechería en agosto de 2016 nos afectó tanto como haber vivido en San Antonio de Los Altos en 2002: ahora, como entonces, observamos al monstruo desde dentro y atestiguamos la podredumbre moral que predomina en las burbujas que habitan las clases medias y altas.
No pasaron dos meses cuando, a mediados de octubre, fue puesto en marcha el Plan de Abastecimiento Complementario (PAC) en ocho puntos de Caracas. Precios exorbitantes, aunque no tanto como los del mercado paralelo e ilegal. Por más que intentamos, no fuimos capaces de desentrañar la racionalidad política y económica de la iniciativa. Tal vez entendimos, pero no quisimos aceptarlo. Tal vez preferimos hacer como que no entendíamos. Luego de meses escuchando a voceros del equipo económico afirmar que no había otra alternativa sino el ajuste de precios como precondición para que los alimentos aparecieran, el PAC en Caracas vino a ser como la consumación de una derrota material y simbólica. Había que ajustar precios, quién puede dudarlo. Pero los precios resultantes, la no normalización de la distribución de alimentos, la persistencia del ataque contra la economía nacional por parte de las fuerzas económicas que controlan el mercado, sugieren que, más que un simple ajuste de precios, se trató de una peligrosa concesión: una cuasi liberación de precios que, lejos de aplacarlas, fortaleció aún más a las élites económicas rebeladas contra la democracia venezolana.

En el campo de lo simbólico el retroceso es hondo y se expresa nítidamente en los cambios operados en el sentido común: "Que aumenten los precios, pero que se consigan los productos", "el problema son los subsidios", "hay que acabar con la regaladera". No es que antes fueran pocos quienes se expresaban de tal manera. El problema es cómo este sentido común ha ido ganando terreno. Hasta hace poco resultaba muy sencillo sustraerse de aquel universo de valores y además muy gratificante combatirlo de manera entusiasta. Hoy ese universo es cada vez más el nuestro. Como si nuestro mundo estuviera a punto de ser engullido por un agujero negro. Como si Venezuela se estuviera convirtiendo, poco a poco, e irremediablemente, en una gigantesca Lechería.
II.-
El chavismo no sólo no ha sido derrotado: durante este largo 2016 ha vuelto a demostrar que sabe aprovechar muy bien las ventajas que otorga el antichavismo. Ensoberbecida por el triunfo electoral de diciembre de 2015, parte de la clase política antichavista incurrió en el despropósito de ponerle plazo a la salida de Nicolás Maduro de la Presidencia: seis meses como máximo. Lo cierto es que el referéndum revocatorio nunca encabezó la lista de opciones. Demagógica a extremos insospechados, prometió a su base social algo que no sería capaz de cumplir. Dicha falsa promesa obedeció, además, a dos razones: a la brutal disputa interna por el liderazgo político de la oposición, pero sobre todo a la subestimación de la fuerza del pueblo chavista. Muy difícil estimar correctamente la fuerza de un sujeto político cuya existencia se niega de manera sistemática.
El pueblo chavista volvió a aprovechar la ventaja que supone la subestimación de su propia fuerza, pero además decidió emplearse a fondo: resistió cada embate, cada provocación, y lo sigue haciendo. El chavismo no ha renunciado a sus deseos de pelear. Pero el precio que ha debido pagar ha sido muy alto y negarlo sería irresponsable.

Ahora mismo, el chavismo está atravesando por un importante proceso de mutación. Esta mutación se expresa, entre otras cosas, en la progresiva desafiliación política de las mayorías populares. No estoy seguro de que sea correcto hablar de despolitización creciente. Al contrario, sospecho que una población muy politizada se siente cada vez menos identificada con la clase política en general y con la clase política chavista en particular. Esta severa crisis de las mediaciones políticas produce el efecto de una retirada popular de la política, que viene a sumarse a la retirada parcial del espacio público como consecuencia del boicot a la economía nacional, que a su vez ha dado paso al predominio de lógicas de supervivencia. La misma retirada se ha traducido en una tendencia a desplegarse en otros frentes: el bachaqueo es uno de ellos. Otro sería el productivo: individualidades, pequeños grupos familiares o comunitarios y organizaciones populares que se han desplegado en pequeñas y medianas extensiones de tierra cultivable para producir algunos rubros, casi siempre para el consumo a pequeña y mediana escala. Como se viene haciendo costumbre afirmar, el difícil trance histórico ha sacado a relucir lo peor y lo mejor del pueblo venezolano. Estos frentes ilustrarían esta verdad elocuentemente.

Es necesario hacer algunas precisiones respecto de esta crisis de representación política. En primer lugar, ésta no constituye ninguna novedad histórica. Hacia mediados de los 90, la intelectualidad europea de izquierdas comenzó a usar el término de "pensamiento único" para referirse a este fenómeno, al que consideraban el correlato político de la hegemonía neoliberal en boga desde inicio de los años 80. ¿Cómo interpretar el ascenso de figuras como Donald Trump o la creciente popularidad de políticos de ultraderecha en varios países de Europa: como signos del agotamiento de la onda expansiva neoliberal o como la radicalización de sus líneas de fuerza más antipolíticas? Sea como fuere, el chavismo es, sin duda alguna, producto de la crisis de representación. Es la respuesta política del pueblo venezolano frente a tal crisis. Es la manera como la clases populares en Venezuela se movilizaron para hacerle frente al agotamiento de las formas tradicionales de representación política. Parte de las fuerzas económicas e incluso políticas que, al final de cuentas, terminaron haciendo parte del antichavismo, intentaron, en su momento, capitalizar esta crisis de representación. Sin ningún éxito, como es evidente.
La oligarquía venezolana, los partidos reunidos en la Mesa de la Unidad Democrática, el gobierno de Estados Unidos, sus aliados políticos y económicos en el continente y el resto del mundo, siguen sin ser capaces de capitalizar políticamente la misma crisis de representación política, tal y como se expresa en el actual momento histórico. Y esa es otra de las razones por las cuales Nicolás Maduro continúa en la Presidencia. Sobre todo durante los últimos cuatro años, el antichavismo ha sido muy eficaz minando las bases sociales del chavismo, destruyendo poco a poco los vínculos sociales construidos por la revolución bolivariana. Pero está muy lejos de constituirse en una alternativa política real para la mayoría de la población. El antichavismo es, fundamentalmente, una fuerza destructiva, "destituyente". Una fuerza que durante 2016, y desde la Asamblea Nacional, volvió a mostrar su verdadero rostro, que moviliza a una parte minoritaria de la base social del antichavismo, la misma que fue radicalizándose conforme avanzaban los meses y el Gobierno no caía, y que exigía marchar sobre Miraflores al costo que fuera. No hay que desestimar el detalle del verdadero rostro del antichavismo: desde 2006, cuando Manuel Rosales fue el candidato presidencial opositor, el liderazgo no era ejercido por una figura plenamente identificada con lo peor del pasado político en Venezuela: Henry Ramos Allup.

Pero en el campo popular y revolucionario las cosas no están mucho mejores. Habiendo insurgido contra las formas tradicionales de representación política, sólo cabía esperar del chavismo la superación de la vieja cultura política y el predominio indiscutible de lógicas democráticas participativas y protagónicas. Y vaya que logró avanzar a pasos agigantados durante algún tiempo. Más recientemente, sin embargo, sólo cabe hablar de franco retroceso. La obstinación en desconocer esta tendencia peligrosamente regresiva no hace sino agravar el problema. La burocracia política, en buena medida despolitizada, pragmática al extremo, distraída en disputas grupales y limitándose a asegurar sus cuotas de poder a través de redes clientelares, tiene el control casi total del partido, de sus "equipos políticos". La falta de iniciativa que le caracteriza, su desconexión de las dinámicas territoriales y, en general, su nivel de postración frente a los problemas cotidianos de la población han llegado a tal punto que sólo un muy severo estremecimiento interno haría que recuperara algo de la vitalidad perdida. Un verdadero sacudón.

En un nivel más superficial, otros fenómenos se han manifestado a lo interno del chavismo durante 2016. Por una parte, está la forma muy particular como este proceso de desafiliación política se expresa en la clase media chavista. Como me desenvuelvo en un entorno predominantemente clase media, me ha tocado padecerlo muy de cerca y con mucha frecuencia, sobre todo durante el primer semestre. Más allá de lo anecdótico, que en realidad no aporta nada, me parece importante anotar que en este caso la desafiliación está asociada principalmente con pérdida de estatus o privilegios. Esto nos obliga a revisar, una vez más, muchos de nuestros supuestos, claramente equívocos: como aquel según el cual la formación académica universitaria garantiza mayores niveles de politización. Antes al contrario, la institucionalidad universitaria, incluida la creada en revolución, parece seguir siendo concebida, fundamentalmente, como una oportunidad para el ascenso social, y continua funcionando como un espacio que promueve el desclasamiento. En los casos más extremos, cuando la desafiliación da paso a la identificación con el antichavismo, se hace presente la característica virulencia de los conversos: denostan de Maduro mientras reivindican el "legado" de Chávez, evidentemente como forma de justificar su conversión. Parte importante de la "masa crítica" contra Maduro provendría de la clase media conversa.
Un fenómeno que ha pasado más desapercibido, y que se manifiesta, al menos en parte, como respuesta a la manera como se expresa la desafiliación política en la clase media chavista, es el de los "irreductibles". Yo mismo he llegado a considerarme uno de ellos. Quienes sufrimos esta suerte de "complejo de irreductibilidad" incurrimos en el grave error de considerar al desafiliado como débil, equivocado o incluso traidor. Sólo nosotros somos fuertes, sólo a nosotros nos asiste la razón, sólo nosotros somos leales. El problema con nosotros, los irreductibles, es que cada vez somos menos y más los desafiliados. Estamos condenados a convertirnos en reducto porque abandonamos cualquier vocación hegemónica: no somos capaces de sumar porque no sabemos u olvidamos o no tenemos voluntad para lidiar con la diferencia, con el que piensa distinto, incluso, y en ocasiones pareciera que menos que menos, si se trata de otro chavista. Nótese cómo es que esto supone desaprender la forma chavista de hacer política. Sólo nosotros somos chavistas y mientras más claros estamos, menos claro está el resto del mundo. Presumimos de nuestra autoridad moral. No nos interesa la pedagogía, aleccionamos constantemente. Somos infinitamente soberbios: actuamos como una partida de idiotas compitiendo por quién muere primero con las botas mejor puestas. Este "complejo de irreductibilidad" afecta a la clase media que todavía "resiste", a la burocracia política y al funcionariado que anda en el mismo plan de "resistir" y que no tiene nada que perder salvo sus cuotas de poder, pero también a lo más lúcido del chavismo: el "chavismo de corazón".
Sobre "el chavismo de corazón" ya escribí en diciembre de 2015 (1). Antiburocrático, anticlientelar, durante 2016 lo he visto protagonizando las iniciativas más audaces y exhibiendo una claridad política que ya quisiéramos fuera la norma en nuestro liderazgo político. Es muy improbable que comprenda más que algunos pocos centenares de miles, lo que podría parecer una cifra insignificante en un país con treinta millones de habitantes. Sin embargo, son estos hombres y mujeres quienes sostienen, literalmente, la revolución bolivariana. No hay política de contenido revolucionario del Gobierno bolivariano que no los tenga como principales protagonistas, y permanecen, en el territorio, muy a pesar de todas las dificultades, disputándole a los poderes fácticos, incluidos los que medran a lo interno del chavismo, garantizando un grado mínimo de vínculo social, de organización, de vitalidad, de aliento, a partir del cual tendríamos que ser capaces de reordenar y sumar fuerzas.
III.-
La patria se desangra en alcabalas y peajes. Una verdadera contrarrevolución es la que están protagonizando funcionarios policiales y efectivos militares que, muchas veces a la vista de todos, roban para permitir el flujo de alimentos y otros productos. Ésta es una de las expresiones más ignominiosas del proceso de franco deterioro de los vínculos sociales, de la sociabilidad construida en revolución. Una de las tantas que no se puede atribuir al antichavismo. Impóngase la autoridad democrática en alcabalas y peajes y se habrá ganado la mitad de la guerra.
IV.-
Durante los primeros meses de 2016 la derrota parecía inminente. El tiempo se acababa. Contra todo pronóstico, el presidente Nicolás Maduro logró imponer el diálogo. Sí, la política chavista, la que practica su clase política, es cada vez más una política cupular. Pero es un error calificar la mesa de diálogo como un espacio en el que un puñado de cúpulas "negocia" de espaldas al país. Con la mesa de diálogo ha terminado imponiéndose la alta política y la que ha sido siempre, debo insistir, la bandera del Presidente. Al menos temporalmente, Maduro ha sido capaz de neutralizar al antichavismo más violento y puede que al chavismo más "irreductible" y, en consecuencia, más proclive a la baja política. Ha sido una victoria de la política, a secas, y como tal hay que celebrarla, por más reservas que tengamos. Parece claro que la inmensa mayoría del país está realmente harto de la "diatriba" entre políticos y desea que unos y otros se concentren en resolver lo que, de manera muy eufemística, el lenguaje periodístico y la encuestología llaman "problemas económicos". El "país real". No el país imaginario que construyen a conveniencia todas las encuestadoras, sin excepción.
V.-
Hoy disponemos del tiempo que no nos alcanzaba a comienzos de año. La pregunta es: ¿tiempo para qué? Una manera de verlo es que, por los momentos, tenemos poco más de seis meses hasta la próxima contienda electoral, lo que quiere decir que, guardando las distancias, estamos en una situación similar a la de comienzos de 2016. Poco más de seis meses para que la política económica retome su carácter decididamente popular, democrático, revolucionario. Poco más de seis meses para que se produzca el necesario sacudón político a lo interno. Caso contrario, podríamos estar a las puertas de un nuevo, y tal vez catastrófico, revés electoral, antesala de nuevas y más dolorosas derrotas. El tiempo es para aprovecharlo.
VI.-
El chavismo todo, pero en particular su liderazgo político, debe ser capaz de hablarles a las mayorías populares. A todas: chavistas y antichavistas. Convocarlas a una cruzada dirigida a neutralizar a quienes promueven el odio como forma de ejercicio de la política. Para esto no basta con hablar de paz. No es cuestión de retórica. Hay que reconstruir el sentido perdido. Recomponer los vínculos sociales fracturados, restituir los derechos económicos vulnerados, recuperar el orgullo mancillado.
VII.-
En agosto pasado (2), puesto a valorar el liderazgo de Nicolás Maduro, consideré necesario hacerles frente a quienes, desde dentro del chavismo, jugaban a presentarlo como un hombre débil e incapaz de timonear el barco. Tal apreciación, sobre todo si evitaba hacer mención de la lucha de clases, y de la forma que ésta asume a lo interno del chavismo, me parecía ligera a irresponsable. Hoy reitero esa posición. Y quisiera agregar: si hemos llegado a esta fecha, eso se debe a dos cosas: a la voluntad de lucha del pueblo venezolano y a Nicolás Maduro. Sí, el hombre es presa de las circunstancias, con frecuencia luce impotente y tal vez sea cierto que más que lo hecho, es lo que ha dejado de hacer. Pero en esto también cierro filas con el "chavismo de corazón", sin pensarlo dos veces: una de las cosas que no ha hecho Nicolás Maduro es defraudar al pueblo venezolano. Ojalá pudiera decirse lo mismo de muchos de quienes lo rodean.
Referencias:
(1) Chavismo de corazón. 18 de diciembre de 2015.
https://elotrosaberypoder.wordpress.com/2015/12/18/chavismo-de-corazon/
(2) Chavismo y revolución. ¿Qué pasa en Venezuela? 29 de agosto de 2016.
https://elotrosaberypoder.wordpress.com/2016/08/29/chavismo-y-revolucion-que-pasa-en-venezuela/
* Reinaldo Iturriza López fue Ministro del Poder Popular para la Cultura y Ministro del Poder Popular para las Comunas y Protección Social de la República Bolivariana de Venezuela

Fuente: http://www.lafogata.org/17latino/latino3/vene.3.5.htm

Vemos: "una doble situación de las fuerzas políticas, bastante común tanto en América Latina como en Europa, de un lado, la izquierda se encuentra en situación minoritaria, incapaz de ser un factor decisivo en situaciones políticas claves; de otro lado, esas situaciones claves son disputadas entre dos fuerzas políticas en el que una de ellas representa un polo derechista, reaccionario e incluso ultraderechista, y la otra un polo de “progresismo desgastado” o, simplemente, una derecha menos agresiva".

Otro pulso sin resolver en América Latina
4 de marzo de 2017
Por Jesús Sánchez Rodríguez (Rebelión)
En las recientes elecciones en Ecuador el candidato de Alianza País, Lenín Moreno, fue el vencedor, pero, aunque obtuvo una victoria de más de 10 puntos sobre el candidato conservador, el hecho de no alcanzar el 40% de los votos por unas decimas obliga a celebrar una segunda vuelta electoral el próximo 4 de abril dónde la victoria no parece tan asegurada.
Rafael Correa ganó las primeras elecciones presidenciales en 2006 también en una segunda vuelta con un 56,67% de los votos, frente al candidato conservador Álvaro Noboa, empresario bananero y la mayor fortuna de Ecuador. Pero en los dos siguientes procesos electorales, en 2009 y 2013, obtuvo la victoria en la primera vuelta con un 51,99% y un 57,17% de los votos respectivamente. Rafael Correa gozó, pues, durante esa época de un amplio apoyo social y electoral que ahora se ha desgastado claramente.
Tres tipos de razones se han alegado para explicar este desgaste y los actuales resultados electorales. La primera se refiere a la menor capacidad de atracción por parte del actual candidato de Alianza País, Lenín Moreno, aunque éste formó parte como candidato a vicepresidente junto a Rafael Correa en las elecciones de 2006 y 2009. La segunda hace referencia a los enfrentamientos que los gobiernos de Correa han tenido con parte de su base social de apoyo tanto por su política extractivista como por el desdibujamiento de sus políticas progresistas. La tercera se relaciona con el cambio de etapa que está viviendo América Latina desde hace unos años y que está suponiendo diferentes derrotas de los gobiernos y fuerzas progresistas que habían avanzado en la región durante más de tres lustros. Aunque pueda haber una mezcla de las tres razones citadas en la explicación final del resultado, es evidente que son los dos últimos tipos de razones los de mayor peso e importancia y, por lo tanto, en los que vamos a fijar nuestra atención.

El desgaste interno
El desgaste interno ha sido objeto de numerosos análisis desde hace bastante tiempo. El enfrentamiento de los gobiernos Correa con los movimientos sociales apareció en una fase temprana. «Quizás haya ocurrido que los componentes “progresistas” del proyecto de la “revolución ciudadana” (cierta impugnación de la deuda externa, llamamiento a la Asamblea Constituyente, nueva Constitución, política internacional “soberana”) y la disputa con la derecha haya hecho perder de vista que desde el inicio del gobierno se produjeron ya enfrentamientos con los movimientos sociales.» [ii]
Para este analista, los adversarios iniciales de Rafael Correa, identificados con la “oligarquía”, la “partidocracia” y la ”prensa corrupta” fueron desplazados paulatinamente por unos nuevos adversarios, los movimientos sociales. De esta manera, los gobiernos de Correa iniciaron desde 2007 el enfrentamiento con maestros, organizaciones ecologistas, indígenas y empleados públicos. Estos enfrentamientos llevaron al régimen a diversos intentos por «desconstituir los movimientos»
Esta situación es interpretada como un giro del correísmo hacia un proyecto de modernización capitalista. De manera que Mario Undia para expresar los cambios recoge la expresión «“contrarrevolución constitucional” que se operaba en la traducción de la Constitución a las leyes que le siguieron»[iii]
En el mismo sentido se expresa Fracoise Houtart, «el agotamiento de un modelo de modernización de la sociedad que ha tenido logros sociales importantes y ha permitido inversiones públicas e numerosas, pero que no transformó el modo de acumulación y sus contradicciones fundamentales […] Socialmente, se desarrolló una clase media con un consumo importante de bienes importados; se realizó una salida de la pobreza de casi dos millones de personas, con programas eficaces, pero de tipo principalmente asistencialista que crean más clientes que actores sociales; se redujo el poder político de la antigua oligarquía capitalista, se eliminaron los partidos políticos tradicionales denominados como partidocracia. Al mismo tiempo, nuevos grupos capitalistas “modernos” económicamente eficaces se reforzaron, con procesos acelerados de acumulación en los sectores de las finanzas; de la construcción; del comercio; de las telecomunicaciones; del agro-negocio y de los intermediarios con los nuevos inversionistas, especialmente chinos.» [iv]
Decio Machado habla de un “segundo proceso de modernización capitalista” a través de “la reinstitucionalización y fuerte intervención del Estado”, y describe cual habría sido el proyecto del correísmo, al que denominan «una sociedad posneoliberal, implementado un proceso de reformas por fases que pretendía como objetivo la construcción de un segundo momento que podríamos definir como “socialismo de mercado” (capitalismo popular), para terminar en un tercer estadio que tuvieron a bien definir como “biosocialismo” (una sociedad de autoconciencia implementada bajo los principios civilizatorios del Buen Vivir). En la práctica y tras más de diez años de gobierno del presidente Rafael Correa, podemos aseverar que el proceso no ha sido capaz de pasar de su primera fase.» [v]
Así, y hasta que la crisis de los precios de las materias primas no empezaron a mostrar su impacto negativo en Ecuador a partir de 2013, el correísmo pudo paralelamente llevar a cabo medidas de redistribución social, con mejora de diversos aspectos socioeconómicos para las clases populares, a la vez que impulsaba la acumulación capitalista heredada de la etapa anterior neoliberal en un sentido que para Decio Machado no ofrece dudas «las empresas más grandes que operan en el mercado ecuatoriano ganaron durante el período progresista sustantivamente más que durante los años anteriores a la llegada del presidente Rafael Correa al Palacio de Carondelet.» [vi]
Pero si los gobiernos de Rafael Correa se enfrentaron con crecientes protestas en el plano interior, provenientes muchas veces de sus bases naturales de apoyo, en el plano internacional su proyecto “modernizador” también encontró crecientes obstáculos derivados de la crisis internacional desatada a partir de 2008 que redujo el valor de sus exportaciones y le llevó a un creciente endeudamiento exterior - previa reconciliación con sus antiguos enemigos, el FMI y el BM -, y al recorte del presupuesto y la reducción de sus programas sociales. [vii]
Estos enfrentamientos, con una amplia variedad de movimientos sociales, llevó a un punto alto las protestas en 2015 – paro sindical y “levantamiento indígena” - y a plantear claramente la crisis de la hegemonía en la que se habían asentado los gobiernos del correísmo, «Pensamos que ocho años ininterrumpidos de gobierno de Rafael Correa no son casualidad y tienen que ver con algún tipo de construcción hegemónica que ha permitido semejante periodo. Proponemos, por lo tanto, que la crisis política actual –atravesada de una crisis económica– está relacionada con una crisis de hegemonía del movimiento PAIS que permea como crisis de legitimidad a las instituciones del Estado […] La experiencia última en Ecuador demuestra que el gobierno se ha mostrado incapaz de incluir (o mantener) a los “dominados" como parte del proyecto político.» [viii] Si el correísmo se ha mantenido en el poder, incluso si ahora aún ha obtenido cerca de un 40% de los votos es porque «la ley de comunicación, la propaganda y el control de los medios de comunicación han definido a favor del gobierno la batalla por la hegemonía cultural» [ix]

El cambio de etapa en América Latina
El fin del ciclo progresista en América Latina ha sido la tesis de muchos artículos [x] en los últimos meses que se han ocupado de las transformaciones del clima político y social en la región en los últimos años bajo una ofensiva de la derecha que ha empezado a dar sus frutos, revirtiendo parte de los avances conseguidos por las fuerzas progresistas y de izquierda en el subcontinente. En apenas tres meses, de octubre a diciembre de 2015, tres derrotas electorales seguidas de estas fuerzas dan consistencia a esta tesis, primero fue la pérdida de la alcaldía de Bogotá por parte del Polo Democrático, el principal bastión de la izquierda colombiana, a manos del conservador Enrique Peñalosa; después se produjo la derrota del kirchnerismo en las presidenciales de Argentina que pasó a la derecha neoliberal argentina con Mauricio Macri; finalmente la oposición venezolana derrotó ampliamente al chavismo en las elecciones legislativas. Posteriormente, siguieron a estas derrotas dos más, de un lado, en lo que ha sido considerado ampliamente como un golpe de Estado parlamentario, fue depuesta de su cargo la presidenta brasileña Dilma Rousseff en septiembre de 2016 [xi] ; de otro lado, Evo Morales perdió en febrero de 2016 el referéndum de reforma constitucional convocado para permitirle un tercer mandato en las elecciones presidenciales de 2019.
Se pueden diferenciar en este ciclo dos tipos de derrotas, aquellas que ya se han consolidado y han desplazado del poder a gobiernos progresistas por parte de otros conservadores, como es el caso de Argentina y Brasil; y aquellas en que se trata de una derrota parcial que ha abierto un período de incertidumbre en espera de un desenlace definitivo del enfrentamiento hacia un lado u otro, estos son los casos de Venezuela, Bolivia y, ahora, Ecuador hasta el mes de abril con la celebración de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales.
Existen analistas que vinculan estrechamente este cambio de ciclo político con el que está teniendo lugar en el ámbito económico mundial y que se refleja en el hundimiento del precio de las materias primas. El fundamento de esta relación se encuentra en el hecho de que los gobiernos progresistas o de izquierdas de la región mantuvieron el poder - después de las victorias sobre los gobiernos anteriores neoliberales conseguidas por las grandes movilizaciones populares – gracias a que una coyuntura favorable de precios internacionales de las materias primas permitió una política de redistribución económica entre las clases populares sin tener que atacar en profundidad los privilegios de sus burguesías nacionales y cambiar la estructura de propiedad de su sistema financiero y productivo. Cuando esta situación económica cambió, las políticas sociales se resintieron y una parte de las clases populares empezó a retirar el apoyo a los gobiernos progresistas o de izquierdas.
Es decir, estos gobiernos siguieron funcionando dentro de la lógica del mercado y la acumulación capitalista, si bien desmontaron las políticas más claramente neoliberales, a la vez que fueron capaces de aplicar una política redistributiva hacia las clases populares apoyándose en el ascenso del precio mundial de las materias primas, debido especialmente al crecimiento de la economía china, lo cual se terminó convirtiendo, por otro lado, en un problema, pues “la voraz demanda china de recursos naturales ha provocado una reprimarización de la economía latinoamericana” [xii] .
Pero las bases económicas, sociales y políticas de la burguesía no fueron debilitadas más que de manera débil y temporal, lo cual dejaba intacta la capacidad de aquellas para emprender una contraofensiva exitosa en cuanto se dieran las condiciones propicias. Y éstas se fueron creando lentamente tanto por la concurrencia de factores externos - la ya citada caída del precio de las materias primas - como, especialmente, por los errores y deformaciones cometidas en la gestión de los propios gobiernos progresistas y de izquierdas. Y entre estos se encuentran como más denunciados la corrupción, la burocratización y el verticalismo, el enfrentamiento con sectores de la izquierda, como los movimientos sociales y los sindicatos, o la ineficacia para afrontar políticas sensibles como la seguridad ciudadana. Un coctel que, como hemos analizado en la primera parte de este artículo, está plenamente representado en el Ecuador actual.
Así, y desde el punto de vista de la correlación de fuerzas a nivel regional y sobre el impacto en el cambio de etapa que vive el subcontinente, es evidente que si bien una victoria de Lenín Moreno en abril posiblemente no aliviaría los problemas o las incertidumbres de los gobiernos de Bolivia y, especialmente, Venezuela, sin embargo, su derrota si contribuiría a agravar la situación de estos dos últimos gobiernos.

Viejos dilemas de la izquierda
Nuevamente en las elecciones de Ecuador vuelve a presentarse un dilema clásico para las fuerzas de izquierda que ha empezado a convertirse en habitual en los últimos años. El dilema podría definirse como “la decisión ante el mal menor”, y el origen se encuentra en una doble situación de las fuerzas políticas, bastante común tanto en América Latina como en Europa, de un lado, la izquierda se encuentra en situación minoritaria, incapaz de ser un factor decisivo en situaciones políticas claves; de otro lado, esas situaciones claves son disputadas entre dos fuerzas políticas en el que una de ellas representa un polo derechista, reaccionario e incluso ultraderechista, y la otra un polo de “progresismo desgastado” o, simplemente, una derecha menos agresiva.
Se pueden ilustrar esos casos con los de las elecciones presidenciales francesas en 2002 (Chirac-Jean Marie Le Pen) y posiblemente en 2017 (candidato conservador- Marine Le Pen); el de las recientes elecciones presidenciales en Austria (candidato ecologista-candidato del ultraderechista FPÖ); el de Perú (Pablo Kuczynski-Keiko Fujimori); el de Estados Unidos (Hillary Clinton-Donald Trump); el de Gran Bretaña, dónde Corbyn apoyó su mantenimiento en la UE frente a los xenófobos del brexit; el de Argentina, (Scioli-Macri); el de España, dónde Podemos tuvo que optar entre apoyar un gobierno del PSOE con Ciudadanos o resignarse a que gobernará de nuevo el PP y; finalmente, ahora Perú con la decisión de apoyar a Lenín Moreno, a pesar de las graves críticas realizadas al correísmo, o correr el riesgo de que vuelva la derecha al gobierno con su candidato banquero.
Las decisiones de las fuerzas de izquierda ante esos dilemas han sido variadas y contradictorias, desgarrándose ante la opción de apoyar a un candidato al que han criticado y del que sabe que se pueden fiar poco o nada, y que lleva a que sus críticas pierda credibilidad ante la opinión pública y su proyecto propio se desdibuje; o resignarse a una victoria de fuerzas derechistas o reaccionarias que van a hacer retroceder profundamente derechos y libertades. No existe ninguna fórmula común para tomar la decisión, siendo necesario el análisis concreto de cada situación y una visión amplia de las tendencias globales existentes y la correlación de fuerzas tanto regionales como mundiales.
Notas:...

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=223621