lunes, 14 de septiembre de 2015

"Presenciamos en la actualidad a escala planetaria, una agudización sin precedentes de las históricas contradicciones sociales y ecológicas del desarrollo capitalista mundial".

Tensión neoliberal y territorialización del poder:
Un diálogo crítico con Álvaro García Linera
9 de septiembre de 2015

Por Emiliano Terán Mantovani (Rebelión)
Presenciamos en la actualidad a escala planetaria, una agudización sin precedentes de las históricas contradicciones sociales y ecológicas del desarrollo capitalista mundial: peligros de una escalada bélica internacional, en sus diferentes modalidades [1]; dramáticas tensiones migratorias[2]; crecientes desajustes en el orden de los ciclos climáticos [3]; ralentización del gran salvador de la economía mundial desde 2008, China, y tendencia a la deflación global [4]; desbordamiento progresivo de las precarias “democracias” contemporáneas y conexión cada vez más fuerte entre la política formal y bandas criminales, narcotráfico, grupos extremistas, entre otros –con mayor énfasis en periferias o el Sur Global– [5]; desgarramiento de los tejidos sociales y reconfiguraciones de los límites del pacto social; entre otras.

Cuando el pastel de la riqueza se hace cada vez más pequeño y los apetitos crecen, las ilusiones de progreso se van vaciando, la acumulación capitalista se vuelve aún más salvaje. El neoliberalismo ―como modo de acumulación propio del capitalismo globalizado― se potencia, se reacomoda, busca ocupar espacios y ámbitos que se resisten a su lógica, y así expandir aún más el despojo y la mercantilización de todo. No importa en qué parte del mundo usted se encuentre, no importa si el gobierno de su país es considerado o no “progresista”, esta tensión neoliberal está presente, en diversos grados y formas, en cada proceso de acumulación formal o informal de capital en la actualidad.

Pregunta de orden estratégico: ¿quiénes, en este momento en América Latina, son las fuerzas antagónicas capaces de detener el avance de la acumulación por desposesión? ¿Qué actores o sectores sociales y políticos pueden aún encarnar hoy una alternativa, no sólo a este neoliberalismo mutante  [6]  que ha coexistido versátilmente entre nosotros, sino al propio orden capitalista?

Años atrás, parecía evidente que esta alternativa, entendida como “posneoliberal” [7], estaba centrada principalmente en los gobiernos progresistas de la región, y en los líderes que los han guiado. Ya estos gobiernos no serían fundamentalmente dominación, sino representación no sólo de los intereses populares, sino también de la construcción de la vía hacia modelos que podrían estar en un futuro, más allá del capitalismo y la dependencia. A estas alturas, sostener esta idea es más que problemático.

Desde varios meses atrás, venimos presenciando una aceleración de la deriva regresiva en la región, incluyendo claro está a todos los llamados gobiernos progresistas. Cuando baja la marea de las rentas obtenidas por los commodities –un nuevo tiempo de vacas flacas–, todo parece más árido, más tosco, se ve con más claridad la topografía excluyente e insostenible de los modelos extractivistas.
Sumadas a las políticas más conservadoras de la región, que tienen a los gobiernos de México, Colombia y Chile entre sus principales exponentes, resaltan las más claras definiciones a favor del ajuste ortodoxo y flexibilización (Agenda Brasil) en las políticas económicas del gobierno de Dilma Rousseff; en Argentina, se han impulsado reformas como la de la ley de hidrocarburos (oct. 2014), que propone una flexibilización favorable a las compañías petroleras transnacionales –con una de las regalías más bajas de la región [8]– para facilitar la extracción de no convencionales; y el nuevo Código Civil y Comercial (ago. 2015), en el cual se produce la pérdida del acceso público a todos los ríos del país –siendo para Viale y Svampa “la mayor privatización de tierras de la historia de nuestro país (…) en manos de la especulación inmobiliaria” [9]; sin dejar de tomar en cuenta la proyección aún más a la derecha en los horizontes de la política oficial argentina, dadas las candidaturas favoritas para las próximas elecciones presidenciales a fines de octubre de este año.

En Ecuador, además de la firma del Tratado de Libre Comercio (TLC) con la Unión Europea (dic. 2014, aún no en vigor), resalta desde 2014 la más agresiva política de endeudamiento de todo el gobierno de Correa –casi 10.000 millones US$, de los 18.000 millones que se han adquirido desde el inicio de su mandato [10]–; el desconocimiento y la omisión de obligación de pago de casi 3.000 millones US$ con el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS) –afectando el futuro de las jubilaciones [11]–; o la apertura a la participación privada en la prestación de gestiones públicas, a partir del proyecto de Alianzas Público-privadas (APP) [12]; en el marco general de una creciente conflictividad política interna.
En Uruguay, sobresale el ingreso en febrero de 2015 (de muy bajo perfil) del Acuerdo sobre el Comercio Internacional de Servicios (TISA) –que el Frente Amplio ha repudiado recientemente [13]–, un acuerdo impulsado por los EEUU y la UE, que supone un TLC con varios países, donde se propone la privatización de prácticamente todos los servicios públicos [14].

En Bolivia, se ha abierto el camino a transnacionales para nuevas exploraciones petroleras en áreas protegidas (Decreto 2366, mayo de 2015) [15], en el marco de progresivas flexibilizaciones en los términos de negocios con las mismas, donde destaca el reciente anuncio del gobierno boliviano (ago. 2015) de "incentivos a la exploración" para las petroleras, que implica un enorme subsidio de US$ 3.556 millones para elevar sus ingresos en 64% en los próximos diez años [16]; también destaca el avance de proyectos de legislación para una agresiva ampliación de la frontera agroindustrial –apuntando al "modelo cruceño de desarrollo", Agenda Patriótica 2025 [17]–. Todo esto, se desarrolla en un momento político en el cual, el gobierno de Evo Morales ha declarado “irregulares” a 38 ONG, entre ellas al CEDIB [18].
Y en Venezuela, ante la crisis del modelo rentista petrolero, y en el marco de una progresiva transformación en las políticas del gobierno nacional, destacan, por un lado, el decreto 1425 de "Ley de Regionalización Integral" (nov. 2014), que plantea la figura de las “Zonas económicas especiales” (ZEE) –tomadas del modelo chino–, las cuales representan una liberalización integral de regiones geográficas del país, para derribar obstáculos al capital (IED) y así “afianzar el desarrollo y enfrentar la pobreza estructural” [19] –la Faja Petrolífera del Orinoco fue declarada como una de las ZEE del país [20] y sería una "vitrina de la Venezuela que se quiere construir" [21]–; y por otro lado, el impulso de la “Operación para la Liberación del Pueblo” (OLP), que implica intervenciones de choque directas de los cuerpos de seguridad del Estado en diferentes territorios del país (rurales, urbanos, barrios periféricos), para "combatir el hampa" –al estilo de las operaciones en las favelas brasileñas–, lo cual tiene, y tendrá, bajo este enfoque, serias implicaciones sociales y políticas [22]. Se tratan en ambos casos, y es fundamental decirlo, de territorializaciones de ajuste.

Pensar estratégicamente: preguntas para un tiempo de mutaciones

La recurrente idea del ataque exterior, encarnada por el imperialismo estadounidense, en articulación con las derechas tradicionales de los respectivos países, a pesar de tener asidero, pues representa actores importantes que ejercen presión en el avance de esta deriva regresiva en la región, ha servido a algunos para querer explicarlo todo con ella. Pero como lo ha propuesto recientemente el propio François Houtart, “La teoría del complot tiene el peligro de velar las causas profundas del proceso” [23]. Nos preguntamos: para convertir la dirección de un Estado en un gobierno de derecha, ¿hace falta cambiar los actuales gobernantes, o también se puede ir configurando su mutación desde adentro (sin “cambio de gobierno”)?

¿Es única y obligatoriamente el ajuste, el horizonte próximo de todos los gobiernos de la región? ¿Podrían los gobiernos progresistas tomar una serie de medidas que en teoría habían combatido en sus inicios?
Si el consumo se ha convertido en el principal factor de consenso político nacional –primordialmente en las ciudades–, lo cual permite amortiguar el impacto de ciertas políticas de ajuste, ¿hasta cuándo y con qué alcance se podría mantener esta modalidad?
También: los trabajadores y trabajadoras de la región, campesinos y pueblos indígenas, ¿prefieren el consenso de Beijing al consenso de Washington? Y de nuevo: ¿quiénes detienen las “restauraciones conservadoras”, o bien las reformulaciones neoconservadoras? En cada vez más ámbitos, los pueblos van contando sólo consigo mismos para defender sus reivindicaciones y territorios.

Ante este cambio de época en marcha en América Latina, e incluso ante la reciente y dramática capitulación de Syriza en Grecia, o la vacilante propuesta de Podemos en España, parece conveniente y profundamente estratégico, preguntarnos qué hemos aprendido como pueblos de estos procesos; insistir en un debate vital en torno a la forma Estado, y nuestra relación con ésta. ¿Pueden los desencantos recientes potenciar no sólo rabias coyunturales, sino nuevas disposiciones y cosmovisiones sobre la producción de lo político?
También parece conveniente insistir en que, ante la agudización de las contradicciones sistémicas mencionadas al principio, y de las manifestaciones de la crisis civilizatoria, podríamos estar ante escenarios en los cuales se estén configurando radicales modificaciones de las estructuras de poder tal y como las conocemos, de las formas de la soberanía, de las modalidades de control territorial –¿apuntamos hacia nuevas feudalizaciones del poder? [24]–. Si esto fuese así, los debates sobre el Estado se complejizan aún más, toman nuevos matices, aparecen nuevos elementos.

Fenomenología del Estado y territorialización del poder: un diálogo crítico con Álvaro García Linera
Como hemos propuesto, la discusión sobre el Estado, y la idea de la autonomía desde abajo ante el mismo, es profundamente estratégica ante los tiempos actuales. Podemos afirmar que existe en la región toda una línea teórico-política que insiste en la centralidad del Estado como alternativa de transformación social, en la cual el vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera (AGL), aparece como uno de sus principales exponentes. La relevante propuesta de AGL intenta reactivar una nueva fe sobre lo estatal.

Para AGL, el debate «Autonomía o Estado» es un falso debate [25]. Nosotros en cambio, planteamos que la fusión (sic) que propone el autor, de integración de las luchas desde abajo con el Estado, es inconveniente; que una lucha popular de múltiples escalas, no supone necesariamente la integración de sus objetivos, formas y acciones con los de la máquina-Estado, que son claramente diferentes. En este sentido, mantener esta diferenciación es estratégico en la agenda política de las luchas desde abajo, sin que en ningún sentido se lleve adelante una política de aislamiento o una propuesta maniquea. Se trata de pensar, antes que en un «Estado Integral», en un horizonte de territorialización del poder.

a) El Estado omnipresente y la subsunción de lo común en lo público en AGL
A partir de lo que AGL llama el principio de incompletitud histórica –propuesto desde el Teorema de Gödel–, el autor propone que la tradición de la dominación [26] del Estado no es ahistórica, que tiene grietas, y que la gente tiene la posibilidad de trascenderla. Siendo esto cierto, la necesaria pregunta subsiguiente es: ¿cuáles son los límites de esta posibilidad de transformar al Estado?
Y también: aunque es importante definir al Estado como un “campo de lucha”, como una construcción política en permanente movimiento, o una estructura de relaciones maleables, no es la contradicción en sí, el elemento que lo define. Algo debe darle forma, sentido. Y su especificidad histórica, su sentido de existencia es ser una maquinaria de dominación y conducción política, tomando el propio concepto de AGL [27].

Esta modalidad monopólica, centralizadora y abstractalizante de poder, esta forma política de hacer que es el Estado, en AGL es al mismo tiempo materia e idea, es también creencia colectiva [28], lo que permite evidenciar, de manera muy útil, la forma fenomenológica del Estado. Sin embargo, hay una especie de omnipresencia e irresistibilidad que otorga el autor al Estado-idea colectiva: si éste es, por tanto, “las estructuras mentales, los esquemas simbólicos, los sistemas de interpretación del mundo que hacen que cada individuo sea uno con capacidad de operar y desenvolverse en ese mundo”; si las luchas populares, los saberes colectivos, los esquemas de organización del mundo, y las propias identidades sociales no están al margen del Estado, sino que éste los contiene; si éste es “la subalternidad misma en estado institucional y simbólico (…) es la comunidad social, los logros comunes, los bienes colectivos conquistados, aunque bajo una forma fetichizada”; si la “sociedad real (…) ha construido la estatalidad con sus logros y sus desdichas” [29], parece pues, que el afuera del Estado es un desierto.

Estado no es igual a sociedad. No toda producción molecular de lo político es Estado, o tributa a su constitución, aunque coexista o se articule con él, aunque sufra su dominación. Seguramente la constitución popular de lo político está profundamente permeada por el Estado, pero éste no la configura de manera completa. Las exterioridades del Estado son múltiples, en el espacio, en las creencias, en los cuerpos, aunque puedan ser momentáneas y contingentes.

La rebelión no sólo proviene desde la propia experiencia de estatalidad [30] de los sujetos, sino al mismo tiempo de procesos productivos propios y territorializados que están también más allá del Estado. AGL parece incluir todas las contradicciones socio-políticas en el seno estatal.
Es necesario entonces otro tipo de fenomenología del Estado. Una que reconozca las diversas y múltiples formas de producción de lo político que se encuentra en las afueras de éste, las otras formas de hacer que se distinguen de él; que dé cuenta cómo sus objetivos, formas y acciones difieren de la forma de la estatalidad. La clave del cercamiento fenomenológico que propone AGL, y que al mismo tiempo traba el desbordamiento popular de las fronteras estatales, está en la subsunción que hace el autor de lo común en lo público. Dice AGL:
El Estado sólo puede producirse en la historia contemporánea si produce (como fruto de las luchas y de las relaciones sociales) bienes comunes, recursos pertenecientes a toda la sociedad, como la legalidad, la educación, la protección, la historia cívica, los aportes económicos para el cuidado de los demás, etc.; pero este común únicamente puede realizarse si al mismo tiempo de producirse, también se inicia el proceso de su monopolización, su concentración y su administración por unos pocos que, al realizar esa monopolización, consagran la existencia misma de los bienes comunes  [31].

En realidad el Estado sólo produce bienes públicos, no bienes comunes. El ámbito de lo público ha aparecido tradicionalmente en el imaginario político moderno/occidental como el ámbito por excelencia donde se manifiesta y organiza lo popular. Sin embargo, la forma de lo público se reproduce a través de la representación política trascendental del Estado, lo que supone una gestión monopólica y corporativa del poder territorial. Los bienes comunes, como materialidad de la vida, al ser un don de la misma otorgada a todos, preexiste a la apropiación y monopolización que ejerce el Estado, a diferencia de lo planteado por AGL –“los bienes comunes son creados (…) pero sólo existen si son a la vez monopolizados”, dice el autor [32]–. Las múltiples formas de lo común se basan en otra valoración de la Vida (si se quiere, de la naturaleza), en otras formas de gestionar los territorios (ecosistemas), en la acción colectiva dirigida a reproducir la vida inmediata –aunque puedan ser frágiles, discontinuas, inestables–, que en cambio son constitutivas de la dinámica social [33].

La distinción no es arbitraria ni insignificante. Es en el modo de gestión de los territorios, de la reproducción de la vida, en la forma de su horizonte vital, donde se produce este importante deslinde. No hacemos referencia a una comunalidad inmaculada, a un tipo de pureza, o de formas ideales libres de contradicciones. No hablamos de sujetos impecablemente cooperantes, sino pueblos rurales, semi-rurales y urbanos que apelan persistentemente a gestiones colectivas para posibilitar, en primera instancia, el curso de su vida.
Lo que es también importante recalcar, es como la representatividad estatal –siempre fluctuante, y en diversos grados dominante y represiva– impide, en el corto o en el largo plazo, la gestión directa de lo común. Los bienes públicos (como la educación, la vivienda, la salud, etc.) son usufructuados socialmente por la vía de una intermediación, y en numerosas ocasiones, se viven sólo como idea, suspendidos en la promesa de un futuro desarrollo, o una futura mejor gestión. Nuevas posibilidades y horizontes de lo político en la región, pasan por recuperar la centralidad de esta dimensión territorial inmanente de lo común. Producir con el trabajo colectivo y la riqueza inmediata, desde abajo, el experimento político que en algún momento del ciclo progresista quedó abortado.

b) Extractivismo y la entelequia del «Estado Integral»
Como ya es sabido, AGL plantea que el extractivismo es una fase temporal para generar condiciones para alcanzar una "futura fase social" [34], y en numerosas ocasiones ha propuesto que los críticos del extractivismo le hacen el juego al imperialismo, como lo ha expresado sobre ONGs como CEDIB (Bolivia) en su reciente carta Sobre el papel de las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) en Bolivia y su financiamiento. Ya en otros espacios hemos intentado replicar esta idea de que para salir del extractivismo hace falta más extractivismo , y hemos señalado el peligroso camino de la satanización de la crítica.
Pero esta prometida fase temporal del extractivismo se sostiene sobre la idea –que suele ser recurrente– de que, ahora sí, hemos alcanzado un escalafón histórico de las luchas políticas, lo cual se traducirá en una alianza progresiva entre el Estado y el pueblo, que construirá el camino para deshacer al extractivismo. Esta alianza es lo que AGL ha llamado el «Estado Integral» [35].

Para AGL, a partir de la experiencia boliviana, en este Estado Integral se produce “la presencia directa de representantes de los sectores sociales movilizados en distintos niveles del aparato estatal”, y añade también “la presencia directa de las organizaciones sociales en la definición de las principales políticas públicas” [36]. El Estado en AGL es una trama cotidiana en la cual gobernantes y gobernados, con distintos niveles de influencia, intervienen en torno a la definición de lo colectivo [37]. De ahí que el autor afirme que “Socialismo es entonces un largo proceso de transición en el que estado revolucionario y Movimientos Sociales se fusionan para que día a día se democraticen nuevas decisiones; para que día a día más actividades económicas entren a la lógica comunitaria en vez de la lógica del lucro” [38].

Conviene insistir en lo siguiente: el extractivismo es una modalidad de acumulación capitalista que centraliza tanto el poder como la soberanía sobre el territorio; esto es, estructura un tipo de soberanía (nacional-estatal) que mercantiliza y monopoliza la decisión sobre los llamados “recursos naturales”. Esta racionalidad, esta forma política de hacer particular, esta modalidad de dominación transnacionalizada y corporativa, que se superpone y evita que la gente realice una gestión directa de los bienes comunes, está dotada de sentido por los procesos de acumulación de capital a escala global, por la División Internacional del Trabajo y la Naturaleza.

La entelequia del «Estado integral» intenta fusionar modos de hacer, de producir de lo político, que se contraponen. Por medio de la coacción y la “manufactura de consensos” (de diversas maneras), éste evita o pone límites a la ocupación, recuperación y reapropiación de lo común (sea en espacios urbanos, tierras agrícolas, áreas de reserva natural, etc), en nombre de la protección de la propiedad privada, de la “soberanía nacional” y del mantenimiento del orden y la estabilidad. El Estado pues, no reconoce otra soberanía que no sea la nacional-estatal –no es casual que, por ejemplo, casi ninguna de las consultas previas en América Latina respecto a proyectos extractivos o desarrollistas sea reconocida por los poderes constituidos [39]–. Adicionalmente, en contextos de aguda crisis como las actuales, el Estado tiende a profundizar mecanismos políticos de acumulación por desposesión como medidas de ajuste, por lo que su conflicto con lo común se intensifica.

Pero sobre todo, es importante insistir en cómo, en las esferas más altas del Estado, donde se concentran las decisiones sobre los bienes comunes para la vida ―los llamados “recursos naturales”―, sobre las Fuerzas Armadas nacionales, las grandes finanzas, se evidencia con más claridad y crudeza la estructura jerarquizada, la modalidad corporativa transnacionalizada que posee la gestión de lo público (extracción de naturaleza, infraestructuras urbanas, adquisición de tecnología militar, financiamiento externo, etc.), lo radicalmente excluyente que es respecto a lo común, y lo complejo de delegar estas gestiones a unos cuantos representantes y voceros de movimientos sociales, para replicar los modelos de concentración de poder y manejo centralizado de la riqueza colectiva. Bajo este modelo, estos ámbitos son prácticamente intocables para las bases populares, por lo cual reformas progresistas sobre igualdad de género, aborto, derecho a la ciudad, figuras de participación política formal, entre otras, se convierten en reformas cosméticas sino se produce un proceso social de re-apropiación territorial.

c) Alternativas, correlación de fuerzas y territorialización del poder: la centralidad de las luchas desde abajo
Aunque se puedan producir las condiciones ―que siempre serán temporales― para llevar adelante una gestión política articulada de las formas de lo público, entre el Estado y una masa crítica popular contrahegemónica organizada ―siempre en diferentes grados―; aunque se resalte la importancia de trastocar y transfigurar la forma Estado “desde adentro” de la maquinaria; lo que consideramos fundamental es quitarle centralidad política a la idea de que hay que, en primera instancia, ocupar el Estado.
En la medida en la que un movimiento político desde abajo, efervescente, numeroso, potente, otorga centralidad en su lucha a la toma de la esfera estatal, se introduce en un campo asimétrico en el que puede, paradójicamente, ocupar al Estado, mientras que el Estado, lo ocupa a él. Si el Estado es también una relación social (dominante), entonces en sus formas se producen tipos de subjetividades, corporalidades, territorialidades, redes moleculares de poder, las cuales son finalmente funcionales a la reproducción del capital. Se genera pues, algo que pudiésemos llamar unadominación productiva, a partir de sus estructuras de relacionamiento y sus formas de racionalidad.

El reconocimiento del Estado como máquina de dominación, no supone un desentendimiento o abandono del mismo, del campo de lo público, cuando se trata de pensar horizontes anti y post extractivistas, rentistas y capitalistas. No sólo porque el Estado no va a desaparecer de la noche a la mañana, sino también porque su función en la escala del sistema interestatal mundial y la División Internacional del Trabajo y la Naturaleza, puede variar políticamente, es relativamente maleable, dependiendo de diversas luchas domésticas. Es decir, no solo se configura un duopolio cooperativo entre Estado y Mercado, sino que se pueden desarrollar diferentes niveles de contradicción entre ellos, que podrían ser más o menos favorables a procesos de luchas locales, lo cual puede ser aún más vital y relevante en los débiles Estados-nación periféricos. Se trata de la contradicción planteada por David Harvey entre la lógica del capital y la lógica territorial [40].

Pero lo fundamental, con miras a abrir o mantener las posibilidades de reproducción de una política popular de lo común –resistencia y constitución–, es el estado de la correlación de fuerzas en un espacio-tiempo específico, la síntesis que se produce en el completo campo de la política (que puede ser en un país, pero no únicamente), y que está determinada por las fuerzas y probabilidades de cumplir sus objetivos, por parte de los actores que disputan en dicho campo –para lo que nos compete, las subjetividades contrahegemónicas–. A esto lo podemos llamar lacomposición política.
Esta composición política pues, está fundamentalmente determinada por las luchas desde abajo. Todo proceso contrahegemónico de horizonte social emancipatorio, se mueve y produce a partir de la lucha popular ―es su factor constituyente y originario―, la cual puede generar una recomposición que mejore las condiciones de disputa, la gestión común de la vida y las posibilidades de transformación social. Esto aplica en particular para el Estado, que posee “internamente” su propia composición política que lo define, y que puede ser reformulada para que ejerza un rol más favorable al proceso reproductivo de lo común.

Es la lucha popular territorial el punto de partida, llevada adelante para reproducir la vida, sin que esto implique, de ninguna manera, el abandono de ámbitos más amplios de disputa política, de escalas municipales, biorregionales, nacionales, continentales o incluso globales. Se trata de la configuración y el ejercicio de otras soberanías, de posibilidades para la autonomía material de pobladores y pobladoras, de producción de narrativas propias, que en primera instancia no admitan límites exteriores y anteriores a su propio despliegue y decisión –como lo ha propuesto Raquel Gutiérrez Aguilar [41]–, y que no detienen su movimiento territorial para esperar una supuesta “resolución histórica” de la contradicción Estado/movimientos sociales, orientada a la conformación de un imaginado «Estado integral».

La territorialización del poder se alimenta de esos otros códigos y formas de hacer contrahegemónicos, de las cotidianas deserciones que producen los pueblos desde abajo, presentes en movilizaciones de diversos tipos, como la de los pueblos indígenas bolivianos o las expresiones cooperativas del chavismo popular urbano. Lo importante es pues, mantener el deslinde vital entre lo público y lo común, entre lo que se instituye y lo constituyente.

Si las luchas masivas tienden inevitablemente a declinar, a agotarse, después de una ola ascendente y efervescente, y con ello, la composición política se hace más adversa a la producción y reapropiación de lo común, y el Estado se hace más reaccionario y conservador, la única alternativa ante esto es procurar el florecimiento territorial de lo común, de la comunalidad –vista como estabilización de lo común–, que permita que los procesos de lucha social, la configuración de alternativas y transformaciones, se hagan más orgánicas.
Si el Estado es también una creencia colectiva, es fundamental construir nuevos sentidos comunes, nuevas creencias sociales que busquen desplazar a la conciencia colectiva de su inevitabilidad, al fetiche del Estado, a su capacidad de abstractalizar el poder, a su esencia trascendente, para en cambio territorializar la posibilidad emancipatoria.
Notas: (…)
Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=203070

Nos dicen: "Es el momento de iniciar un diálogo nacional de las organizaciones populares, con el fin de definir objetivos, estrategias y sobre todo un proyecto de país diferente".

De la política como privilegio, 
a la política como posibilidad
12 de septiembre de 2015

Por Tomás Quevedo Ramírez (Tesis Once)
 “Se ha dicho que el privilegio es una dispensa para el que lo obtiene y un desaliento para los demás. Si ello es así, habrá que reconocer que los privilegios son una triste invención” Emmanuel Sieyes/Ensayo sobre los privilegios.
I

Históricamente, la política ha sido considerada como el arte de gobernar, además de la discusión pública sobre el bien común. Sin embargo, durante los últimos años, el Ecuador atraviesa una profunda distorsión de este principio. El gobierno de Alianza País conocedor de la verdad y de la razón, ha convertido la política en patrimonio de su movimiento, reduciéndola a un principio técnico, de bonitas carreteras. Son ellos los portadores de la razón, de la representación popular, de la legalidad y de la legitimidad. Esto lo corroboran las declaraciones del presidente de la República, en la noche del 13 de Agosto de 2015 en la Plaza Grande, cuando dijo: “alguien me puede explicar contra qué se levantan, no tienen la legitimidad para hacerlo… y no han logrado absolutamente nada, cada vez son menos”. A esto hay que añadir las declaraciones del ex canciller de la República, Ricardo Patiño, quien respecto al Paro del Pueblo y Levantamiento Indígena señaló en un medio de comunicación: "los levantamientos indígenas de los 80s y 90s eran legítimos, porque tenían demandas que nunca habían sido atendidas. Las violentas protestas indígenas actuales no tienen razón de ser porque todas su necesidades ya están totalmente cubiertas por el gobierno." Tomando estas declaraciones como base de análisis queda claro que, para Alianza País, por fuera del gobierno no se pueden establecer canales de legitimidad política basada en la organización de base de los movimientos sociales. Así también, la política es, para ellos, una actividad exclusiva de aquellos que están dentro de la administración pública. Esto me remite a una de las definiciones clásicas de la política postulada por Aristóteles, quien sostenía que esta actividad era realizada por hombres libres e iguales, pero que sin embargo “la naturaleza […] ha creado a unos seres para mandar y a otros para obedecer” (Aristóteles, 1980: 10). Si coincidimos con Aristóteles, el gobierno se encarna como el único capaz de ejercer la política: se reserva la capacidad de mandar. Mientras el resto, ese gran otro llamado pueblo, tiene la obligación de obedecer. Dicho esto, tiene la razón señor Presidente, no hay motivos para protestar, movilizarnos, ni quejarnos pues en usted y en su movimiento descansa la política.
II

En su mandato, Ecuador, un pequeño país enclavado en el corazón de los Andes, se convirtió en el lugar de realización de la Utopía. Es ‘el mundo feliz’. Los indígenas y campesinos acceden al crédito. Sus ingresos por venta de productos agrícolas son elevados y se respeta sus formas ancestrales de elaborarlos. Así también acceden a un excelente sistema de educación. Tienen caminos para sacar sus productos y además toda la asistencia técnica que necesitan. Incluso sus hijos son los primeros en ganar un cupo para la educación universitaria. Los jóvenes, en las ciudades, gozan del libre ingreso a la Universidad y de la educación gratuita. Cuando terminan sus estudios, un empleo estable les está esperando. Se respetan sus manifestaciones identitarias y culturales. Las mujeres gozan de sus derechos y la violencia es solo una cuestión aislada. Ellas deciden sobre sus cuerpos y gozan plenamente de su sexualidad. Los obreros tienen salarios dignos. La flexibilización laboral desapareció. Todos los empresarios respetan la dignidad de las y los trabajadores. Los jubilados están felices con sus pensiones y gozan de atención médica oportuna y de calidad. El Ecuador es el país de la perfección democrática. Todos y todas tomamos decisiones. Los poderes del Estado son independientes. El gobernante manda obedeciendo. La Asamblea Nacional es un lugar de amplio debate de ideas. En ella se consulta permanente. En ella se manifiesta la voluntad del pueblo, con leyes perfectas como la de Aguas, la de Tierras, la de Educación Superior, el proyecto de Código de Trabajo y las enmiendas constitucionales, además de un emancipador Código Penal. Si todo esto es verdad ¿porqué protestar? Será acaso porque más de 500 mil jóvenes quedan excluidos del Sistema de Educación Superior. Porque se está limitando la organización sindical. Porque se pone el agua y la tierra al servicio de los grandes grupos económicos del Ecuador, los actores principales del cambio de matriz productiva. O acaso porque los campesinos e indígenas están siendo desplazados de su territorio por las actividades agroindustriales y de monocultivo. O porque las mujeres aún sufren violencia física, patrimonial, emocional, psicológica y no han logrado desprenderse de la obligación patriarcal de ser madres. Cualquiera que sea la razón, señor Presidente, una movilización convocada por las organizaciones históricas de este país, como la CONAIE, el FUT o el Frente Popular, no puede ser deslegitimada por el simple hecho de que su gobierno, bajo una razón cínica, diga que ya no hay motivos para movilizarse y que el gobierno ha solucionado todas sus demandas. Si entendemos medianamente la democracia liberal, sabemos que esta es perfectible y no perfecta. Esto significa que las y los actores del perfeccionamiento democrático son las organizaciones sociales, que mediante sus movilizaciones establecen demandas para que el gobierno las analice y ejecute. Sin embargo, cuando el gobierno cierra las puertas a las demandas de las organizaciones e intenta un proceso de diálogo condicionado, sin duda, la acción de tomar las calles es legítima e incluso legal. La Constitución reconoce de forma clara el derecho a la resistencia, aunque usted, señor Presidente, diga que incluirlo fue un error ¿Es un error acaso, que una madre luche para que sus hijos puedan estudiar, respetando sus costumbres y aprendiendo que nuestro país es plurinacional? ¿Entonces los jóvenes no podemos reclamar para escoger nuestras carreras universitarias? Rousseau señalaba en El contrato social que “si el pueblo promete simplemente obedecer, se disuelve por este acto y pierde su calidad de pueblo; en el momento que hay un amo, no hay ya soberano, y desde ese instante está destruido el cuerpo político” (Rousseau, 2000: 38). Esto nos plantea, que frente a un gobierno que ha construido una democracia restringida y distorsionada, que destruye el cuerpo político, las organizaciones sociales, mediante su accionar lo reconstruyen. El pueblo ecuatoriano no ha jurado obediencia y es más, se ha declarado desde hace años en un proceso de resistencia permanente.
III

Alejandro Moreano, siguiendo la idea de Severino Sharupi (dirigente de territorios de la CONAIE), señaló la necesidad imperante de construir una tercera fuerza; entendiendo que la primera y la segunda son el gobierno y la derecha. La idea es potente, pero habría que preguntarse ¿quiénes componen esa tercera fuerza? Debido a que algunos piensan que, para componerla, basta con ser anti-correísta y ante lo cual, no sería necesaria una posición político-ideológica, ni tampoco expresar el anhelo de transformación de la sociedad. La tercera fuerza que, a mi entender, estaría compuesta por las organizaciones de izquierda y por aquellxs ciudadanxs que tienen la posibilidad de imaginar un mundo diferente, debe cerrar la puerta a la derecha y a aquellas propuestas que miran en la movilización social una base político-electoral. La izquierda ha mostrado tener un síntoma de afirmación del caudillaje. Es decir, de esperar al cuadro iluminado que pueda convertirse en una promesa de cambio, a pesar de que luego de cierto tiempo sea traicionada. Basta con mencionar los ejemplos de Lucio Gutiérrez o del mismo Rafael Correa. Sería importante, empezar por crear un nuevo imaginario, donde la consigna “crear poder popular” no sea sólo un grito de marchas, sino una forma real del ejercicio de la política de esta tercera fuerza. El poder popular, entendido como una forma de organización basada en principios y con profundo asidero en la auto-organización de la gente que, a la par que lucha y construye sus condiciones materiales de vida, pueda tener la posibilidad de debatir sobre los problemas del bien común. Quizá esta alternativa es mucho más utópica. Pero habría que preguntarse hasta dónde podemos llegar simplemente con la participación electoral, de la que no niego su importancia, pero sí su utilización como único mecanismo. Como sostenía el maestro Agustín Cueva:

La diferencia real se da más bien entre una tendencia que trata de congelar las aspiraciones de las masas en el nivel fijado por el democratismo burgués, y otra que no niega la democracia sino que busca la manera de elevarla hasta niveles revolucionarios. Para esta última, el problema no es obviamente el de la democracia a secas, ni el de la democracia como una esencia filosófica, sino el de cómo incorporar la mayor cantidad de democracia para el pueblo en el proceso de transformación radical de la realidad (Cueva, 2004: 212).

La izquierda, en consecuencia, tiene el reto histórico de convertirse en una alternativa de cambio y transformación. Si somos fieles a los principios, no se trata de cambiar un gobierno para poner otro, ni de cambiar una constitución por otra: la motivación principal debería ser la transformación del sistema. Esta tercera fuerza, debe convertirse en la base de articulación de los sectores populares, de las organizaciones sociales y de aquellxs ciudadanxs que quieren un cambio que no sea sólo de forma. La tercera fuerza debe ser el eje desde el que se canalicen las demandas de los sectores sociales hacia una propuesta de poder popular. Nos encontramos en una profunda encrucijada ¿Cómo avanzar? ¿Cómo construir la tercera fuerza? ¿Cómo ser una alternativa de gobierno? Y ¿Cómo no ser utilizados nuevamente por el oportunismo de derecha o socialdemócrata? Es el momento de iniciar un diálogo nacional de las organizaciones populares, con el fin de definir objetivos, estrategias y sobre todo un proyecto de país diferente.

Fuente original: http://infotesisonce.blogspot.com/2015/09/coyuntura-de-la-politica-como.html  Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=203190

viernes, 11 de septiembre de 2015

Recordemos: "Lo excepcional del gobierno de Salvador Allende fue el hecho de que por primera vez los más pobres sabían que ese médico, socialista de verdad, los representaba y no buscaba abusar de su esperanza".

A 45 años de su elección y a más de 4 décadas del golpe
Salvador Allende inmortal
11 de septiembre de 2015

Editorial de la revista “Punto Final”
Lo ocurrido en Chile el 4 de septiembre de 1970 aún no ha desplegado toda su profunda trascendencia histórica. Tal como lo dijera esa noche desde el balcón de la Fech (Federación de estudiantes de Chile), el nuevo presidente electo Salvador Allende, emergía de lo más profundo de la historia el primer gobierno auténticamente democrático, popular, nacional y revolucionario de Chile. Se detonaba un momento único en la aporreada vida del pueblo que desde su anonimato incansable y fértil hizo lo posible por ese triunfo largamente buscado, que tantos obstáculos debió superar y tanta traición tuvo que sortear. Lo excepcional del gobierno de Salvador Allende fue el hecho de que por primera vez los más pobres sabían que ese médico, socialista de verdad, los representaba y no buscaba abusar de su esperanza. Esa fe nacía de una marginación centenaria, de sueños eternamente postergados. 

Salvador Allende dejó latiendo un pulso histórico que ha tardado en ser entendido en su cabal mensaje y compromiso: el honor, la lealtad, la fidelidad a la palabra empeñada, el sentido de coherencia. El triunfo de Salvador Allende representa un momento único e irrepetible. Inaugura mil días en que cada uno pareció ser el primero, pero también el último. Y sería el pueblo allendista, el marginado, el explotado, el hombre y la mujer sin futuro, quienes entendieron mejor su profundidad revolucionaria. Pero la victoria de Salvador Allende detonó el odio más profundo de los poderosos. Movió rencores y prejuicios anidados en quienes toda medida es riqueza, y todo valor tiene un precio. 

Esa noche heroica e irrepetible notificó al imperialismo norteamericano, el enemigo de todos los pueblos, que en este pequeño país comenzaba un proceso que trascendería la geografía y la historia y que por su impronta popular y el despliegue inusual y original de su optimismo, se alzaba como un peligroso ejemplo. La victoria del 4 de septiembre de 1970 fue ante todo la victoria de los más desposeídos. Desde su ejemplo Allende sigue exponiendo en su vergüenza la cobardía de militares traidores y rastreros que sucumbieron a potencias extranjeras, al dinero de la oligarquía y al odio de clase. 


En estos días hemos visto la irrupción de empresarios del transporte en un intento de provocar al gobierno aprovechando su debilidad y vacilaciones. No olvidamos el rol de esos sectores en el derrocamiento del gobierno popular, financiados por la CIA y con apoyo de políticos que hoy lucen vestimentas democráticas. El pueblo jamás abandonó a Salvador Allende. Sí lo hicieron algunos de los que se dijeron sus compañeros. Y lo siguen haciendo con singular entusiasmo. Es que el ejemplo de Salvador Allende se transformó en una valla difícil de sortear para quienes lo olvidaron al amparo de los goces del poder. Allende es para la memoria de algunos un recuerdo incómodo, un destello que molesta. Para muchos es solo una estatua. No para el pueblo. Para la gente humilde es un ejemplo que impulsa, un recuerdo que emociona, un muerto imbatible.

A cuarenta y cinco años de aquel triunfo de la gente pobre, vivimos el contraste inimaginable entre el Programa Popular y el país que la mayoría sufre, y que ha sido perfeccionado con el concurso de quienes se dijeron sus camaradas. Las riquezas que fueron rescatadas para beneficio del país, hoy son propiedad de capitales extranjeros que dejan un hoyo estéril donde estuvo la viga maestra de nuestra economía. Se depreda el mar para goce de un puñado de familias que arrasan con sus riquezas. Destazaron la incipiente industrialización del país, dejando que en otras latitudes se fabrique lo que se podría hacer aquí. Se carcomió la tierra, se envenenó el aire, el agua y destruyeron los glaciares. La “cultura” que se entronizó con apoyo de algunos allendistas conversos, pulverizó todo intento por restituir los derechos humanos que hacen de la existencia algo grato de vivir. 

Se destina a los viejos a sufrir la última parte de sus vidas en la pobreza más indigna para que de su trabajo disfruten empresarios abotagados de riqueza levantada sobre la base de pensiones de horror. La infancia no es lo que fue en el ideario de Allende. Los niños ya no nacen para ser felices, sino para ser considerados clientes del consumo y la estulticia, cuando no de la droga y otras lacras hijas del desprecio y la pobreza. Se privatizó la educación, la salud, las carreteras, los puertos, las cárceles y todo cuanto genere beneficios a los que lo controlan todo. Las ciudades se han transformado en una geografía anárquica, a expensas del clima, de edificaciones que asfixian a los habitantes, creando guetos abominables donde van a parar los más pobres de los pobres. El negocio inmobiliario rompe todas las reglas de la civilización.

El país se ha poblado de industrias tóxicas que generan medioambientes sucios, contaminados, trasminados de olor a mierda, de residuos sobre los cuales se construyen casas, escuelas y calles. El pueblo mapuche sigue con sus tierras militarizadas, lamentando de tarde en tarde el asesinato de sus jóvenes. Y cada una de estas desgracias que pagan día a día los más desposeídos, es la forma que adquiere en su proyección histórica la venganza de los poderosos por esos tres años tan lejanos y sin embargo tan cerca en el recuerdo. Y en ese tránsito hacia un país diseñado para una oligarquía, encabezando un proyecto antipopular, burlando los derechos más elementales de la gente y mediante represión, se sitúan algunos que un día dijeron ser compañeros del presidente Allende.

En el fondo, la trenza de poderosos que ha instalado esta cultura inhumana y ajena, intenta imponer la certeza de que no es posible un intento siquiera parecido al que ganó aquella noche del 4 de septiembre de 1970. A cuarenta y cinco años de ese día heroico, las esporas de aquella Izquierda compañera y decidida se debaten en la nada, sin atinar a generar una idea que permita un nuevo horizonte. Peor aún, sin entender este mundo en que vivimos. Entregados en cuerpo y alma al sistema, los otrora combativos partidos que conformaron la Unidad Popular trastocaron la trinchera por el directorio y el puño en alto por el traje de marca. Y de lo que hubo, no queda sino algún afiche desteñido.

De esas maquinarias electorales ávidas de poder jamás va a salir una opción que retome las antiguas banderas y sume las contemporáneas. Serán otros quienes demuestren que nada es eterno, que ningún sistema es capaz de aplastar a un pueblo provisto de una idea y de una decisión de futuro. 

Late fuerte la esperanza en las nuevas generaciones que hacen sus primeras armas en la lucha social y política, opuestas a un destino que parece inevitable. La juventud chilena que fue vanguardia en esa gran batalla de los 70, según dijera el mismo Salvador Allende, ha hecho bastante por desnudar esta cultura avasalladora y miserable. Pero no todo lo necesario. Con las organizaciones de trabajadores en el atolladero de la politiquería, cooptadas sus organizaciones, sus dirigentes y estructuras, son los jóvenes los llamados a empujar la historia y ofrecer un camino de lucha a este presente que a veces parece irremediable y definitivo. Innumerables colectivos, agrupaciones, frentes, iniciativas y coordinadoras de Izquierda pululan en escuelas, Facultades, poblaciones y sindicatos sin que se logre un lenguaje común y un camino a compartir. 

Y olvidado de casi todo, a la espera de su hora, está el pueblo. En este extravío que a veces abruma, la figura de Allende y su porfía trascendente es un buen punto de partida. Su decisión por cambiar un destino que parecía inmodificable lo hizo un campeón de la unidad, capaz de comprender las diferencias como propias de la riqueza humana, más que como insalvables fronteras. Supo que la unidad requería de una alta dosis de generosidad, de voluntad y decisión y por sobre todo, de una especial preocupación por el que nunca es tomado en cuenta: el pueblo. En tiempos de brumas e incertidumbres haría muy bien el ejercicio de sentirse allendistas, no sólo para reivindicar un heroísmo que transciende nuestro tiempo, sino como un imperativo que urge considerar: que el pueblo de Chile es el legatario indiscutible del inmortal ejemplo de Salvador Allende.

Editorial de “Punto Final”, edición Nº 836, 21 4 de septiembre, 2015 www.puntofinal.cl

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=202913

"Creemos que el verdadero saqueo de Nueva Orleans empezó con la reconstrucción. No recuerdo quién describió el Katrina como la catástrofe más aprovechable de la historia de Estados Unidos".


Entrevista con Larry Bradshaw y Lorrie Beth Slonsky
Nueva Orleans: diez años después del Katrina, segregación social y racial
11 de septiembre de 2015

Por Elizabeth Schulte (Viento Sur)
Cuando el 29 de agosto de 2005, el huracán Katrina golpeó la costa del Golfo de México, Larry Bradshaw y Lorrie Beth Slonsky, colaboradores de la web SocialisWorker.org, estuvieron bloqueados en Nueva Orleans. Después de varios días, participaron en una conferencia de trabajadores de la Ayuda Médica Urgente (EMS, Emergency medical services) y no pudieron irse. Pasaron la mayor parte de la semana siguiente atrapados por las inundaciones así como por el cordón de seguridad, bajo ley marcial, desplegado alrededor de la ciudad.
Cuando al fin pudieron contar lo que les había sucedido en el sitio SocialistWorker.org, la información se propagó por todo el mundo contribuyendo a desvelar lo que verdaderamente había pasado en Nueva Orleans durante el Katrina. Estaban presentes, especialmente, cuando centenares de personas intentaron evacuar la ciudad pasando sobre un puente encima del río Misisipi antes de ser detenidos por policías armados que disparaban balas reales encima de sus cabezas. En esta entrevista con Elizabeth Schulte, Lorrie Beth y Larry, a la luz de sus experiencia de hace diez años, hablan sobre lo que ha cambiado -así como lo que, sin duda, no ha cambiado- en Nueva Orleáns.
Hace diez años, escribisteis vuestras experiencias en Nueva Orleans durante el huracán Katrina para SocialistWorker.org. Mirando al pasado, ¿qué es lo más destacable para vosotros hoy? ¿Qué significa eso en este décimo aniversario?
Lorrie Beth: Hoy, lo más sobresaliente es que las personas que fueron abandonadas, olvidadas e ignoradas cuando el Katrina llegó, siguen, en su conjunto, abandonadas, olvidadas e ignoradas en la recuperación y reconstrucción de Nueva Orleans.
Larry: Mirando las emisiones especiales sobre el aniversario del Katrina, nos asombró la jactancia y el triunfalismo de muchos comentaristas y representantes gubernamentales. Los políticos y las élites empresariales nos presentan su gran trabajo en la reconstrucción de Nueva Orleans. Mich Landrieu, el alcalde demócrata de Nueva Orleans, así como la Fundación Rockefeller lanzaron un proyecto llamado Katrina 10 que menciona a nueva Orleans como la “ mejor historia de recuperación de la historia americana”.
En la página de internet www.katrina10.org, el alcalde Landrieu presume de que “Nueva Orleans se ha convertido en el laboratorio más rápido de innovación y cambio de esta nación- y desde muchos puntos de vista, del mundo. Actualmente es la oportunidad de posicionar Nueva Orleans como líder mundial de la resiliencia, de la tenacidad”
Los “socios de Katrina 10” constituyen un elenco destacado de empáesas y organizaciones civiles, incluida la Cámara de Comercio. Su página de internet cuenta la historia oficial, rosa, de la “recuperación” a partir de la perspectiva de quienes han logrado la reconstrucción. El eslogan del alcalde es “resiliencia”. Se repite “ ad nauseam” en los medios de comunicación.
Lorrie Beth: Es verdad que hay muchas reconstrucciones en Nueva Orleans y que sus habitantes han dado muestra de una gran tenacidad. Pero hay otro relato de la reanudación del crecimiento, de la recuperación: una mirada desde abajo de Nueva Orleans diez años después del Katrina.
Se puede hacer esto en la página www.katrinatruth.org. Katrina Truth (truth:la verdad) cuenta la historia de quienes han sido dejados de lado en la recuperación. Su eslogan es: resistencia.
Larry : El Presidente Obama (en su discurso del 27 de agosto de 2015 en Nueva Orleans) reconocía que aunque el Katrina había sido una “catástrofe natural”la mayoría de los muertos, de la destrucción, de las inundaciones y la falta de evacuación de algunas personas son de origen humano. Las desigualdades estructurales, de clase y de raza, establecen una relación entre quienes vivieron, quienes murieron y quienes sufrieron.
Por el contrario, lo que el alcalde y el presidente no reconocían es que las desigualdades económicas y sociales anteriores al Katrina han vuelto de forma vengativa. Esto se observa en lo que concierne a la pobreza, los cuidados, la vivienda, el mantenimiento del orden, la educación y el medio ambiente.
Lorrie Beth : Al movernos por las calles de Nueva Orleans los días siguientes al huracán Katrina, nos llamó la atención la cantidad de familias con hijos e hijas pequeñas. También vimos muchas personas mayores y con discapacidad en las calles así como el gran número de personas sentadas alrededor y en el Centro de convenciones de la ciudad, en medio de un calor sofocante. Cerca del 40% de las personas que murieron debido al huracán Katrina, eran ancianas. Las personas abandonadas pertenecían con más frecuencia a la capas vulnerables de la sociedad.
Larry : En lo que se refiere a niñas y niños, la reconstrucción puede ser considerada como un fracaso. A comienzos de año, una nueva encuesta revelaba que la tasa de pobreza infantil en Nueva Orleans alcanza actualmente el 39%. Es decir, que este porcentaje es el 17% más elevado que el porcentaje de pobreza infantil nacional y próxima al 41% anterior al Katrina. Más de la mitad de las niños y niñas negras viven en la pobreza.
Lorrie Beth : Los expertos en desarrollo infantil nos advierten de que la pobreza produce un “estrés tóxico crónico” en la infancia. Diría que un gran número de familias y sus hijas e hijos abandonados cuando el Katrina golpeó sufrieron un “estrés tóxico agudo”. Para muchas familias, la recuperación solo ha significado sustituir un estrés tóxico grave por un estrés tóxico crónico.
Pero no son solo las niñas y niños, las personas mayores y las que padecen minusvalías también fueron abandonadas. El factor de raza y clase determinaron quien fue abandonado. Ningún “millonario” acampaba en las calles con nosotros. Casi todas las personas con las que nos cruzábamos pertenecían a la clase trabajadora o eran pobres, la mayoría afroamericanas.
Larry : La vida y la muerte en Nueva Orleans así como la calidad de vida siempre han estado atravesadas por la raza, la clase y la lubicación en la ciudad. Hace diez años, ser negro, pobre o pertenecer a la clase trabajadora aumentaban mucho tus “posibilidades” de morir durante el Katrina. Actualmente, diez años más tarde, la esperanza de vida en Nueva Orleans varía hasta en 25 años según tu código postal y la raza a la que pertenezcas. Los códigos postales con la esperanza de vida más baja son los de aquellos lugares donde se encuentra el porcentaje más elevado de habitantes pobres y gente de color.
Las personas afroamericanas de cada grupo de edad tienen actualmente y en igual situación, una probabilidad mucho más elevada de fallecer que las blancas. Las personas afroamericanas en Nueva Orleans, por ejemplo, tienen tres veces más probabilidades de morir de sida o de enfermedades renales que las blancas. Se estima que un 30% de la muerte de personas afroamericanas de 15 años o más, entre 2008 y 2010, eran evitables. Esta catástrofe no natural ocurre ahora mismo, no hablamos de 2005.
Lorrie Beth : Muchos habitantes de Nueva Orleans no tienen acceso a prestaciones de cuidados ofrecidos por la Affordable Care Act [Ley de Cuidados de Salud. NdT] (más conocida con el nombre de “Obamacare”, nuevas disposiciones, bastante limitadas, y que se supone que aseguran una cobertura médica a 32 millones de americanos que carecen de ella) porque el gobernador republicano de Luisiana, Bobby Jindal, rechaza extender el Medicaid (seguro de enfermedad para personas con pocos ingresos) para cubrir un mayor número de personas adultas con bajos ingresos.
Al igual que la mayoría de las ciudades estadounidenses, el mayor establecimiento psiquiátrico de Nueva Orleans es trágicamente la cárcel de la parroquia [división administrativa. NdT] de Orleans (Orleans Parish Prison). Se estima que el 45% de los presos de esta cárcel sufren enfermedades mentales. En vez de darles acceso a servicios psiquiátricos, los políticos de Nueva Orleans discuten sobre el tamaño de una nueva cárcel.
Larry : En lo que respecta a la pobreza infantil y el acceso a los cuidados sin duda, hay mucho más que hacer.
Lo que habéis escrito en 2005 contradecía la versión “oficial” que provenía de Nueva Orleáns según la cual, los “desórdenes” estaban extendidos. ¿Podéis hablar de esto, describir algunas cosas que os ocurrieron allá: cómo la gente actuaba unos con otros?
Larry : La cobertura mediática de entonces afirmaba que Nueva Orleans estaba sumida en la anarquía. Un miembro del ayuntamiento declaró que el barrio francés (el centro histórico y turístico de la ciudad) se encontraba sometido a un “estado de sitio” y los medias estaban llenos de reportajes sensacionalistas de saqueos masivos, de menores violados en el Superdome (el gran estadio que acoge los grandes acontecimientos y bautizado Mercedes-Benz Superdome, pues la multinacional compró en 2011 para 10 años el derecho a ponerle su nombre), así como disparos contra los helicópteros de socorro.
Lorrie Beth : Estoy convencida de que algunas cosas malas les sucedieron a algunas personas en los días siguientes al Katrina, pero las historias mediáticas sensacionalistas, que nunca se verificaron, se revelaron falsas. El relato de los “desórdenes” era indispensable para justificar los esfuerzos tristemente inadecuados del Gobierno Federal, del Estado y de la región. Refleja igualmente el racismo en los medios y en la sociedad.
Larry : No sé si la gente recuerda la distinción entre los “saqueadores” negros y los blancos que “encuentran”.
Una foto de entonces de la Associated Press mostraba un joven negro chapoteando con el agua hasta el pecho, llevando un paquete con gaseosa y un bolso flotando detrás de él. La leyenda decía “que había robado en una tienda de comestibles”. Comparad esto con otra foto de agencia que muestra una pareja blanca, con el agua también hasta el pecho, llevando agua y una bolsa de comestibles. La leyenda decía que “habían encontrado pan y gaseosas en una tienda de comestibles del lugar”. Alguien publicó en Internet las dos fotos, una al lado de la otra, lo que provocó un intenso debate sobre el sesgo racial de los periodistas.
Lorrie Beth : Antes de que decidiéramos evacuar nuestro hotel, estábamos en el balcón y habíamos visto a algunas personas aprovisionarse en la tienda Walgreens del otro lado de la calle. Una mujer blanca, más o menos de mi edad, declaró: “Es terrible, estas gentes roban Walgreens”.Mirando su maleta entreabierta, llena de sábanas y toallas del hotel, le pregunté: “¿Por qué el hecho de que usted coja toallas y sábanas del hotel no es un robo al hotel Monteleone?” Ella se mostró muy indignada y me respondió: “¡Yo no robo! ¡Solo cojo lo que necesito para mi supervivencia!”.
Larry : En los días que siguieron al Katrina, la máquina de propaganda de Karl Rove (célebre relaciones públicas, entonces responsable de “comunicación” de Georges W. Bush) se puso en marcha.
La respuesta especialmente insensible e inepta de la Casa Blanca, del Departamento de Seguridad Interior, de Estados Unidos y del ejército fue manipulada y reformulada para afirmar: “Katrina ha sido una catástrofe natural imprevisible y la Casa Blanca no es responsable por la falta de una respuesta adecuada a la catástrofe, lo son las autoridades locales y del Estado”. Efectivamente, el relato de la nueva administración Bush era que quienes no habían salido eran responsables de su suerte y además, muchos eran, en cualquier caso, criminales.
Esto es ignorar el hecho de que entre 80.000 personas que no pudieron salir de la ciudad, la mayoría era pobre, no tenía coche, estaba enferma o era discapacitada. O eran personas que se quedaban para cuidar a un miembro de la familia que estaba enfermo o discapacitado. O se trataba de turistas como nosotros cuyos vuelos habían sido anulados cuando el aeropuerto cerró. O eran trabajadores de hostelería cuyos patronos les habían pedido que se quedasen. O incluso, se trataba de funcionarios indispensables, como este “gestor del 911” (que recibía las llamadas de urgencia y organizaba en envío de servicios de socorro) que recibió la orden de permanecer hasta que el agua llegara demasiado arriba, entonces su jefe la llevó al Centro de Convenciones.
Lorrie Beth : El problema en relación al saqueo es que empezó demasiado tarde y que no estaba organizado. Una buena parte de los alimentos en los almacenes y los restaurantes ya estaba en mal estado cuando los famosos ladrones, sedientos, agotados y coléricos empezaron a romper los escaparates. De todas formas, buena parte de los productos no perecederos que fueron tomados habría sido destruida por el calor, la humedad, la inundación y el moho.
El alcalde y la gobernadora priorizaron sin embargo, la propiedad sobre la supervivencia de la gente. Desplegaron centenares de agentes de policía para perseguir a los ladronzuelos en vez de desplegar la policía para distribuir alimentos y artículos de primera necesidad o, incluso mejor, para socorrer a decenas de personas que aún estaban atrapadas en sus graneros o en sus tejados. Vergüenza debería darles al alcalde y a la gobernadora.
Larry : Creemos que el verdadero saqueo de Nueva Orleans empezó con la reconstrucción. No recuerdo quién describió el Katrina como la catástrofe más aprovechable de la historia de Estados Unidos.

Naomi Klein llama a esto la “doctrina del skock”: cuando las empresas privadas trabajan con el estado, sacan ventajas de una crisis para esquilmar lo público y enriquecerse. La empresa de seguridad Blackwater (que también fue contratada, entre otras, en Irak), recibió un contrato, sin concurso público, de 70 millones, al mismo tiempo que Bechtel (la mayor empresa de obras públicas de Estados Unidos, cuyos lazos con la familia Bush eran estrechos) y otras empresas bien conectadas políticamente recibieron contratos similares para la reconstrucción, sin concurso público. Acertadamente, Klein y Caroline Heldman llaman esto “capitalismo del desastre”.

Lorrie Beth : Nuestra experiencia en las calles estaba muy lejos de las terribles historias de los medios de comunicación. Generalmente, encontramos personas simpáticas, que se prestaban atención unas a otras y muchas intentaban ayudar a los demás.
No quiero exagerar esto y dar la impresión de que estar en la calle en Nueva Orleans después del huracán Katrina no tenía problemas. Las calles estaban en tensión, la gente estaba agotada, hambrienta, y sedienta y el calor era sofocante. La mayoría de las personas solo tenían la ropa que vestían. Personas que sufrían enfermedades crónicas se encontraban sin sus medicamentos y cada día estaban más enfermas.
La gente estaba frustrada, algunas personas desanimadas, otras llenas de resentimiento. Vivíamos en una cloaca, con la suciedad y los excrementos humanos. Los “socorristas” -de la policía a la Guardia Nacional, pasando por numerosos agentes federales- se mostraron fríos e indiferentes y, en ciertos casos, abiertamente hostiles.
Larry : Es un aspecto de las cosas. Como lo escribimos en nuestro artículo de entonces, pudimos establecer un campamento sobre un puente de la autovía, a la vista de los helicópteros de los medios. Una vez que pudimos conseguir alimentos y agua -alguien nos llevó un camión de reparto de agua- y habíamos recuperados dos palés de víveres de supervivencia aparentemente perdidos en un viraje cerrado a kilómetro y medio- la cooperación y la comunidad afloraron.
En medio de la tragedia y la miseria, pudimos ver lo que el espíritu humano tiene de grande y de bueno. El problema es que tan pronto como nos reuníamos en mayor número de cuatro o cinco personas para trabajar juntas o reunir nuestros escasos recursos, los agentes veían una “multitud” y nos percibían como una amenaza.
Lorrie Beth : La única violencia de la que fuimos personalmente testigos procedía de la servicios de policía de Gretna (localidad situada cerce de Nueva Orleans, al otro lado del río). Los agentes de policía de Gretna dispararon para impedirnos salir de Nueva Orleans, desde el Greater New Orleans Bridge (Crescent City Connection).
Larry : Hablando de saqueos, el peor saqueo del que fuimos testigos fue cometido por un agente de policía de Gretna que nos amenazó con su arma mientras robaba alimentos y agua de nuestro campamento. Al principio, descendió un helicóptero “de socorro” y sobrevoló sobre nuestro frágil campamento de cajas de cartón que reunía aproximadamente 100 personas y lo rompió en mil pedazos dispersando a mujeres, hombres, niñas, niños y personas minusválidas.
No podíamos creérnoslo e intentamos “razonar” con el agente de policía que cargaba el vehículo de la policía con los “hallazgos” de nuestro campamento. Algunos de los nuevos compañeros del campamento nos empujaron físicamente hacia atrás diciéndonos: “ Al policía le importa un bledo quién eres o de dónde vienes, ve que estás con nosotros”.
Lorrie Beth : Según nuestra experiencia, podemos decir que quienes tenían menos compartían con nosotros lo poco que tenían mientra que los que tenían recursos agitaban un arma delante de nuestra cara.
Un elemento de la historia que habéis contado hace diez años abordaba lo que la policía hacía a la gente pobre y a la gente de la clase trabajadora de Nueva Orleans, especialmente el enfrentamiento en el puente que cruza el Misisipi en dirección a Gretna, en la otra orilla. Los agentes de policía de Gretna dispararon balas reales a la cabeza de las personas que intentaban salir de la ciudad.
Larry : Los hechos sobre lo que ocurrió sobre el Greater New Orleans Bridge, que describimos en nuestro artículo del Socialist Worker, no son discutidos. El alcalde y el jefe de la policía de la pequeña localidad suburbana de Gretna pidieron que les enviaran agentes armados al puente para cerrar el paso a los peatones. El puente, conocido a veces como Crescent City Connection, era la única vía terrestre que permitía salir de Nueva Orleans.
Lo que los medias oficiales no os decían es que los supervivientes válidos no tenían ninguna razón para estar atrapados en Nueva Orleans. Muchos habrían podido salir de la ciudad si el puente no hubiera estado bloqueado por policías armados.
Una vez que Socialist Worker sacó la historia, diversas agencias de prensa nacionales e internacionales preguntaron al alcalde y al jefe de la policía. Los dos declararon públicamente que habían ordenado el cierre del puente, que mantenían esa decisión y lo que es más preocupante, que lo repetirían.
Un mes después del Katrina, Arthur Lawson, jefe de la policía de Gretna, fue citado por el New Orleans Times-Picayune diciendo: “ Si estás en tu casa y hay disturbios a tu alrededor para entrar, los vas a dejar entrar? Hemos salvado nuestra ciudad y hemos protegido a su gente”.
Lorrie Beth : Ahora, imagínate que todos los primeros participantes, incluida la policía, los bomberos,y la ayuda médica de urgencias (AMU) reciben un entrenamiento preparatorio para las catástrofes idéntico. Así que lo escribimos en una Carta abierta a los habitantes de Gretna, una de las primeras cosas que se enseña a las personas que responden al 911 (número de emergencias) ante cualquier incidente que implique una masa de gente (que desborde el servicio de emergencias) antes de tratar con cualquiera, es dirigir hacia hacia la salida a la gente y trasladarla hacia una zona segura.
Así que podéis imaginaros, la finalidad de esto es poder hacer varias cosas: trasladar a las personas que no están heridas o que tienen heridas leves a un lugar seguro; permitir a los socorristas concentrarse en las personas que tienen heridas más graves. ¡Es algo básico, tan básico como respirar! No se tendría que reflexionar más allá de este simple plan de clasificación.
Lo que me irrita es que la policía haya declarado que estaban desbordados por la urgencia y es por eso que ha infringido la ley. Dado que el mantenimiento del orden no parece funcionar en caso de urgencia, ¿deberíamos invertir tanto en las comisarias o más bien trasladar una parte del presupuesto para entrenar personas deseosas y capaces de seguir simples planes de catástrofes?
Larry : Nos preguntamos qué habría pasado si Socialist Worker no hubiera contado esta historia: el cierre del puente hubiera llamado la atención de los medas nacionales e internacionales?
¿Qué significa lo que dijisteis a propósito del papel de la policía ahora que cada vez más personas conocen el rol racista y violento de la policía después del ascenso del movimiento Black Lives Matter?
Antes del Katrina, el racismo, la pobreza y la opresión en Nueva Orleans pocas veces eran objeto de atención mediática. No tenía valor mediático. No era considerado como lo bastante importante para ser objeto de reportajes. Incluso, en el pasado, los medios no informaban de las muertes extrajudiciales de jóvenes negros. No tenían valor mediático, así que no se cubrían.
En ambos casos, se trataba de desinterés por negligencia. Y entonces ocurre algo como el Katrina o Ferguson, que lleva la cuestión al espacio público. Únicamente la negligencia y la negación ya no funcionan.
La segunda línea de defensa consiste en demonizar y criminalizar a las víctimas. Mike Brown, por ejemplo, adolescente negro que fue asesinado por la bala de un agente de policía blanco en Ferguson, en el Estado de Misuri, se convirtió en agresor, en “maleante” y cada policía blanco que mata un hombre o una mujer negra sin armas nos cuenta que temía por su vida.
“Tenemos el derecho que nos concede la ley marcial de disparar sobre los saqueadores”
Lo mismo ocurrió con la población negra de Nueva Orleans después del Katrina. Recordad el relato de Karl Rove: los habitantes habrían debido evacuar y, además, muchos eran criminales que vivían en los grandes complejos de viviendas de protección oficial, por tanto merecían su suerte. Kathleen Blanco, la gobernadora (demócrata) de Luisiana, calificó a los saqueadores de “maleantes” y emitió un decreto de “tirar a matar” (autorización de usar fuerza letal).
En fin, cuando las faltas de la policía son innegables, los medios nos dicen que es la acción de un “mal policía” o una parte de las “manzanas podridas”.
Lorrie Beth : Fuimos citados a declarar sobre lo que había pasado en el Greater New Orleans Bridge al despacho del procurador general de Luisiana, así como más tarde durante las investigaciones de iniciativa pública.
En los dos casos, los interrogatorios se centraron exclusivamente en la acción de policías individuales y en si podíamos identificar a los agentes que habían disparado. Intentamos repetidamente darle la vuelta a los interrogatorios para pasar de las acciones de policías individuales a centrarse sobre las declaraciones públicas explícitas tanto del alcalde como del jefe de la policía de Gretna que habían ordenado el cierre del puente. Es conocido públicamente que la oficina del sherif de la parroquia de Jefferson también envió policías para bloquear el puente.
Larry : Una de las contribuciones del movimiento Black Lives Matter (N. del T.: Las vidas negras importan.) es abordar que los policías individuales, simplemente son el último eslabón de una estructura represiva político-legal y racista. Black Lives Matter nos ha ayudado a mirar el conjunto de la estructura del poder, de la que cada agente solo es la parte más visible.
Lorrie Beth : En el caso de los policías de Gretna que cerraron el puente, pudimos aproximarnos suficientemente, una vez que dejaron de disparar, para hablar personalmente con ellos. Oímos justificaciones de carácter fascista: “Esto no es Nueva Orleáns” y “no queremos Superdome por aquí.”Claramente, se trataba de palabras codificadas para decir “ningún negro se aproxima o entra en nuestra ciudad”.
No obstante, es importante recordar que fueron el jefe de policía y el alcalde de Gretna quienes ordenaron el cierre del puente a los peatones precisamente para impedir que la población mayoritariamente negra marchara hacia los lugares seguros porque la carretera pasaba demasiado cerca de su ciudad.
Larry : ¿Qué les pasó a los responsables de Gretna? Absolutamente nada. El procurador general no tomó ninguna medida. Blanco, la gobernadora de entonces, no hizo nada, ni siquiera condenar públicamente o prohibir estos actos. La Cámara de representantes (el legislativo federal) elaboró un informe de 600 páginas sobre los problemas de la respuesta gubernamental al Katrina. El Senado elaboró un informe de 800 páginas, pero el Departamento de Justicia (el Ministerio de Justicia) no investigó ni siquiera a los responsables de Gretna por haber interrumpido, por el cierre del puente, el tráfico entre dos Estados.
Lorrie Beth : La actuación de los responsables de Gretna plantea la cuestión de por qué miles de personas nos encontrábamos en el puente intentando evacuarnos por nuestros propios medios cinco días después de la llegada del Katrina. ¿Por qué la FEMA (Agencia Federal de Emergencias) no fue capaz de juntar miles de autobuses para evacuar a las 80.000 personas que se encontraban aún en Nueva Orleans?
Mientras que más de 1800 personas murieron en esta catástrofe de origen humano, los máximos responsables del gobierno siguieron con sus asuntos indiferentes e insensibles ante las víctimas, la mayoría negras.
Condoleezza Rice, la Secretaria de Estado, estuvo en el US Open para hacer algunos hoyos (de golf), fue vista mientras compraba zapatos de varios miles de dólares y asistió a una comedia musical de Broadway. El presidente Bush también se fue de vacaciones, llevando un pastel de cumpleaños al senador de Arizona, Jonh McCain. El Secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, asistió a un partido de beisbol de los San Diego Padres y Michael Brown, el jefe de la FEMA, discutía con su equipo sobre sus reservas en un restaurante.
Todo esto mientras personas negras morían o estaban atrapadas en sus casas, se pudrían en el Superdome o en el centro de Convenciones, incluso en la calle. La vida de los negros no contaba en Washington, en Baton Rouge (la capital de Luisiana) o Nueva Orleans.
Larry : Creo que otra relación entre lo que se produjo durante el Katrina y el movimiento Black Lives Matter es que los dos son un desplazamiento del estado del Estado social hacia la represión.
Por un lado, tanto demócratas como republicanos nos dijeron que no había dinero para los servicios públicos, para la red de protección social o para asuntos como la sanidad y educación. No hay dinero para reconstruir nuestras infraestructuras. El último informe para saber por qué los diques cedieron durante el Katrina concluyó que la seguridad se cambió para reducir costes. En otras palabras, los servicios responsables recortaron los refuerzos para economizar dinero. No hay dinero para hacer frente al cambio climático que es el origen de los grandes huracanes como el Katrina.
Los neoliberales que están en el gobierno y entre la élite de las empresas dicen que debemos reducir las dimensiones del estado e incitan a la adopción de agendas de austeridad a nivel federal, de estado y local. Paralelamente al retroceso del sector público y a la disminución de los recursos públicos, sin embargo, vemos a un aumento enorme de los gastos ligados al “mantenimiento del orden” y a las cárceles. Richard Seymour ha destacado la existencia de un autoritarismo moral en el corazón del programa de austeridad. El ataque ideológico contra la “cultura de la dependencia”, las “welfare queens” (término muy peyorativo utilizado entre otros por Reagan, para designar a las mujeres negras supuestamente beneficiadas por las ayudas sociales) y en consecuencia, la criminalización de los jóvenes negros.
A la par del ataque a los estándares de vida de las personas trabajadoras, vemos el aumento de la “ley y orden policíaco”, de la “tolerancia cero”, de la “retención y el cacheo según el color de piel (stop and frisk: para y cachea)”, así como la “vigilancia de las ventanas rotas” (tolerancia cero, famosa expresión de una teoría de la criminología según la cual, si no se hace nada frente a los delitos menores, como la rotura de un cristal, vendrán los mayores desórdenes; se aplicó, especialmente, en Nueva York a partir de los años 90 del siglo pasado por el alcalde republicano R. Giuliani). Todo esto tiene poco que ver con la lucha contra el crimen y sí todo que ver con el desvío de los recursos del estado social hacia la represión. Esto explica la creciente militarización de las fuerzas policiales que tan bien se ha visto en Ferguson y en otras ciudades.
Lorrie Beth : Y desgraciadamente, esto explica la militarización creciente de la respuesta a las urgencias médicas o a las catástrofes. Aún hoy estoy horrorizada de que un agente paramédico haya sacado como parte del “socorro”, un arma en lugar de un kit de primeros auxilios.
Larry : En Nueva Orleans, la tasa de encarcelamiento es cuatro veces mayor que la media nacional: 236 presos por 100.000 habitantes frente a 912 por 100.000 en Nueva Orleans. 84% de las personas presas son afroamericanas.
Me habéis dicho que estabais hace poco en Nueva Orleans para otra convención. ¿Que habéis visto allí? ¿Qué significa la “reconstrucción” para Nueva Orleans?
Lorrie Beth : Hace diez años, estuvimos en Nueva Orleans para una conferencia paramédica. Hemos vuelto este año para que yo pueda participar en una conferencia de intérpretes del lenguaje de signos.
Una de las primeras cosas que nos ha chocado es el contraste entre la gentrificación de algunas zonas del centro de la ciudad y la ausencia de reconstrucción en los barrios históricos pobres, negros y de clase obrera. Ahí vemos, una vez más, una intersección entre cuestiones de raza, clase y espacio.
El Times-Picayune informa de que el precio de las viviendas ha aumentado un 46% después del Katrina. Es una media, algunos barrios no han conocido ningún aumento. Cuatro de los barrios más pobres de la ciudad, incluido el Lower Ninth Ward, siguen aún en gran parte abandonados. Durante este tiempo, otros barrios populares gentrificados, próximos al centro se han convertido en inalcanzables por su precio, como lo son algunas zonas de Nueva York o de Chicago.
Larry : Quién ha podido beneficiarse de la reconstrucción y por qué han tenido ese resultado las decisiones tomadas por el gobierno y por qué las empresas han priorizado la gentrificación, los desvíos de los recursos hacia estos que son económicamente acomodados...
Lorrie Beth : Las viviendas sociales fueron diezmadas. Cinco de los más importantes complejos de viviendas sociales han sido cerrados y/o demolidos. Solamente un tercio de las 5.000 antiguos habitantes han encontrado en sustitución, una vivienda.
Más de 13.000 familias, el 98% de ellas afroamericanas, están en las listas de espera de la sección 8 del Housing Act (adoptado en 1937, permite beneficiarse de subvenciones para el pago del alquiler. En 2008, más de 4,8 millones de familias recibían esta prestación). Esta lista se cerró en el 2009. Los alojamientos públicos fueron reemplazados por un sistema de bonos. Una reciente encuesta refleja que los habitantes que poseen bonos son relegadas a los barrios más pobres y más segregados.
Larry : Además, ha habido una destrucción de escuelas públicas de Nueva Orleans. Hemos pasado por el Louisiane Children’s Museum en Nueva Orleans y nos ha llamado la atención el número de niñas y niños que asisten actualmente a las charter schools (escuelas privadas que reciben fondos públicos). El Museo analiza el tipo de escuela seguido por el alumnado: las cifras para las escuelas públicas eran tan bajas que ni siquiera formaban una categoría propia.
Después del Katrina, el Estado trasladó el 80% de las escuelas públicas de Nueva Orleans a Louisiana Recovery School District con el mandato de transformarlas en charter school. Actualmente, el 90% del alumnado de las escuelas públicas de la ciudad va a las charter school. Ame Duncan, la Secretaria de Educación de Obama, ha tenido la desfachatez de decir: “ El huracán Katrina fue la mejor cosa que le ha podido pasar al sistema educativo de Nueva Orleans.”
Lorrie Beth : Los políticos han dicho lo mismo a propósito de la destrucción de viviendas sociales de la ciudad. Richard Baker, diputado federal republicano, declaró: “Finalmente, hemos limpiado las viviendas sociales en Nueva Orleans. Nosotros no podíamos hacerlo. Pero Dios lo ha hecho.”
Esta declaración es del mismo tipo que la que hizo la anterior primera dama, Barbara Bush, a propósito de los supervivientes del Katrina realojados en Texas, que, según ella, eran “ tan desfavorecidos, que esto les ha venido muy bien”.
Larry : Los partidarios de las charter school citan el argumento de los resultados de los test y del número de diplomas como prueba de la “impresionante mejora realizada por las charter schools” en Nueva Orleans. Lo que no dicen es que la mejora de los resultados en los test así como del número de diplomas es también el resultado de la selección de matriculación de las charter schools mediante  la creación de un proceso de selección complejo y restrictivo, filtrando al alumnado con necesidades educativas especiales, evitando alumnado “complicado”, rechazando alumnado con resultados flojos y expulsando y dejando de lado al alumnado con más necesidad.
Lorrie Beth : Los partidarios de las charter schools dejan también de lado que la FEMA les acordó una subvención global de 1800 millones de dólares a dichas escuelas. ¿Os podéis imaginar lo que las escuelas públicas habrían podido hacer con esta inversión de cerca de 2000 millones de dólares?
Larry : Y también está la cuestión de qué pasará cuando llegue el Katrina 2. La mejor protección contra otro huracán es restaurar los humedales y las marismas. Entre 1932 y 2010, Nueva Orleans perdió más de 2.450 Km² de humedales y marismas. Además la costa de Luisiana está 40 km más cerca de Nueva Orleans. Decenios de explotación petrolífera y gasística han degradado la integridad de lo que quedaba de marisma y de zonas húmedas costeras (véase, por ejemplo, el desastre de 2010 del Deepwater Horizon de BP) [N. del T.: Explosión de la plataforma petrolera en el Golfo de México.]. Las canales industriales se han convertido en “autopistas” para los huracanes. Han dirigido la corriente asesina directamente hacia los barrios populares negros del Lower Ninth Ward.
Lorrie Beth : El Times-Picayune revela que el estado dispone de un plan de 50 000 millones de dólares en 50 años para la restauración costera y la protección ante las inundaciones. El artículo afirma que los responsables citaban esta “cantidad” porque era el máximo que pensaban recoger en 50 años. El coste real se estima en el doble como mínimo.
Mil o dos mil millones por año puede parecer una cantidad enorme de dinero a menos que se tenga en cuenta que Estados Unidos ha gastado miles de millones de dólares para salvar a los bancos de Wall Street y otros miles en la guerra en Irak.
Larry : Otra cosa que nos ha chocado a propósito de Nueva Orleans, es la pobreza. El turismo está vivo y se comporta bien. Es el sector que emplea más personas. Sin embargo, este sector paga salarios miserables. El salario mínimo de la mayoría de la gente trabajadora en Nueva Orleans es de 7,25 dólares por hora.
Un estudio reciente indica que una persona que trabaja debe ganar 22 dólares por hora para poder llevar una “vida modesta pero digna”. Un tercio de las familias gana menos de 20 000 dólares al año. Decenas de miles de mujeres ganan menos de 17 000 dólares al año. Cuatro de cada diez habitantes de Nueva Orleans dedican al menos la mitad de sus sueldos al alquiler.
Lorrie Beth : Cuando andábamos por algunas zonas de Nueva Orleans, me llamó la atención que las aceras estaban pavimentadas de forma desigual, con losetas de piedra fuera de lugar y dejando grandes agujeros. Era fácil tropezar y caer en una de las grandes grietas.
Pasamos delante de una madre y su hijo de cinco años que vendían a los turistas abalorios de plástico del Martes de Carnaval (semillas utilizadas para hacer colgantes, collares, etc. y lanzarlos después a la multitud en las paradas del desfile de carnaval). En la calle, varios ancianos estaban alineados a lo largo de la acera para pasar la noche.
Me ha chocado hasta qué punto las grandes grietas (agujeros) de las aceras eran una metáfora de las grandes diferencias sociales para los habitantes de la ciudad que habían sido rechazados por la recuperación económica.
Se necesita una gran resiliencia para dormir en la acera o para trabajar una jornada completa y ganar menos de 16.000 dólares al año, así como para criar a tus hijos o hijas en la pobreza. En lugar de los tópicos comunes para ensalzar nuestra resiliencia [alusión a los eslóganes mencionados al inicio de la entrevista], ¿por qué el alcalde, el gobernador y el presidente no promulgan políticas para ayudar a los habitantes pobres y a miembros de la clase trabajadora de Nueva Orleans?
Larry : Hemos hablado antes de la pobreza infantil. El estudio que hemos mencionado cita los bajos salarios como el causante principal de esta última. Los políticos, al insistir en los programas de austeridad, quieren decirnos que la pobreza infantil es el resultado de la disfuncionalidad familiar entre la clase trabajadora o las familias negras, pero las investigaciones demuestran que la pobreza infantil puede ser barrida en una noche subiendo los salarios de los sectores económicos de bajos sueldos.
Lorrie Beth : Leyes a favor del salario mínimo, apoyo a las viviendas sociales, mejora en el acceso a los cuidados: ahí están todas las políticas que los patrocinadores del Katrina 10 Projet pueden defender y poner en práctica.
Larry : Sin embargo, esperar que los políticos actúen es lo que ha llevado a la destrucción de Nueva Orleans. La gente ha esperado años a que le Bayou (las marismas) sea restaurado y los diques aumenten su altura. Los habitantes esperan aún que actúen cuando la crecida del río se produzca.
Lorrie Beth : Personas que estaban físicamente o económicamente paralizadas esperaban a ser evacuadas antes del Katrina. Durante este tiempo, el alcalde Ray Nagrin mandó un tren vacío fuera de la ciudad, rechazó movilizar los autobuses urbanos y escolares y dudó hasta el último minuto en ordenar la evacuación obligatoria porque temía ser demandado por las empresas de la ciudad. La gente esperaba que los políticos actuasen hasta que la crecida les obligó a huir o murieron. Muchos actuaron y ayudaron a sus vecinos o se salvaron ellos mismos.
Larry : 80 000 personas esperamos días después de la tempestad y la inundación para ser evacuados porque las autoridades locales y federales no podían elaborar un plan conjunto para reunir un millar de autobuses en Nueva Orleans. Quienes intentaron evacuarnos fueron rechazados a la entrada del puente.
Lorrie Beth : La paciencia y la resiliencia son grandes cualidades. Pero deben completarse con la resistencia y la autocrítica.
Traducción: VIENTO SUR
Fuente del artículo en español: http://vientosur.info/spip.php?article10454
Fuente del original en inglés:  http://socialistworker.org/2015/08/...

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=203154