Enfrentar al estado imperial es un deber patriótico y revolucionario por Amílcar Jesús Figueroa Salazar(Respuesta al Departamento del Tesoro y demás instancias de poder de los Estados Unidos de Norteamérica) [Amilcar es uno de los incluidos en la lista negra del régimen]
A nuestro juicio la política del imperio busca varios objetivos en simultáneo al emitir resoluciones como las del Departamento del Tesoro: aislar y estigmatizar a las revolucionarias y revolucionarios del continente (por eso incorporan el calumnioso calificativo de narcotraficantes); instalar matrices para calificar al Estado venezolano de colaboración con el terrorismo y con el tráfico de drogas; ir sentando condiciones para declararlo Estado forajido. Recordemos que su política actual tiene entre sus líneas de acción recomponer su hegemonía sobre América Latina, particularmente sobre la cuenca de la Amazonía y la Orinoquia, sobre los reservorios de materiales estratégicos existentes en la región, en especial los reservorios energéticos existentes en el subsuelo venezolano.
He tomado cierto tiempo para proceder a presentar esta respuesta pública ante el anuncio efectuado en fecha 8 de septiembre de 2011 por la Oficina de Control de Activos Externos (OFAC), adscrita al Departamento del Tesoro de los Estados Unidos de Norteamérica donde se incluye mi nombre junto al de otros tres compatriotas en su “lista negra”. Por momentos había sentido cubierta la necesidad de respuesta con lo expresado por el Comandante Chávez, nuestras instituciones, organizaciones sindicales, colectivos de trabajadores y trabajadoras, comunicadores populares, organizaciones sociales y un elevado número de camaradas que han sido contundentes en rechazar tal agresión y en expresar su sincera solidaridad; sin embargo, y sin desestimar la conseja de la pertinencia de una respuesta jurídica –a pesar de la dictadura que sobre la legalidad internacional ejerce el Estado Imperial-, he optado por una respuesta política por ser esta la naturaleza del ataque. En efecto, si apartamos la basura mediática y la perversidad del propio comunicado del Departamento en cuestión, es simple manipulación usar el elemento narcotráfico: el señalamiento tiene que ver esencialmente con mi presunta cooperación con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejercito del Pueblo (FARC-EP), todo ello basado en los escritos supuestamente encontrados en el computador del Comandante Raúl Reyes, que por cierto, han sido desestimados como prueba por la propia Corte Suprema de Justicia de Colombia.
¿Cuál legalidad internacional nos señala?
El siglo XXI nos muestra un capitalismo, una sociedad burguesa donde, a pesar de ser evidente que ha entrado en su fase de decadencia, se nos presenta en su intento hegemónico más agresivo: la pretensión de instaurar un Estado Imperial definido por James Petras como “La institución política que facilita la expansión exterior del capital”… (1). De tal suerte, el capital ha venido estableciendo su propia legalidad internacional ya que … “El componente militar y de inteligencia del Estado Imperial actúa bajo el principio imperial de que las leyes, edictos e intereses del imperio son primordiales y tienen precedencia sobre el derecho internacional, los acuerdos de Ginebra y los principios constitucionales estadounidenses. El imperio no reconoce fronteras ni respeta soberanías nacionales, excepto si encajan con sus propios intereses, afirman la superioridad de sus leyes y el derecho a perseguir a sus adversarios en cualquier lugar, en cualquier época –el principio de ´extraterritorialidad’-.”(2). Esta es la legalidad que nos ha señalado ahora por intermedio de un estamento superior del mismo Estado Imperial (OFAC), una institución de los amos. En el pasado, (desde 2008) hablaron los lacayos, los Uribe, los Santos y la mediática asalariada del capital.
Ahora bien, lo más importante es tener presente el origen político de estos señalamientos por parte de un sistema autoritario que no acepta otra postura que la sumisión al sistema del capital; que ha venido criminalizando a movimientos sociales, a migrantes, a las luchas reivindicativas, a los indignados, a pueblos en lucha por su independencia y soberanía, y por supuesto, a cualquier tipo de insurgencia popular. Que a los Estados Populares, o simplemente que no se someten a su hegemonía, los empieza a clasificar como Estados forajidos y le pone fecha a su intervención. También es importante estar contestes de que a través de sus múltiples aparatos de dominación cultural, el imperio ha venido instalando conceptos como “Estado canalla”, “Estado Terrorista”, “narcoguerrilla”, certifica cuál Estado combate al narcotráfico y cuál no, e incluso, aparte de imponer una noción de democracia, certifica también cuál gobierno es democrático y cuál no, llegando también a decidir por encima de los pueblos si un gobierno debe continuar en ejercicio o no. Tal es el caso de la grosera sentencia pronunciada por Barak Hussein Obama durante su alocución antela 66 Asamblea de la ONU con relación al gobierno de Siria.
El siglo XXI nos muestra un capitalismo, una sociedad burguesa donde, a pesar de ser evidente que ha entrado en su fase de decadencia, se nos presenta en su intento hegemónico más agresivo: la pretensión de instaurar un Estado Imperial definido por James Petras como “La institución política que facilita la expansión exterior del capital”… (1). De tal suerte, el capital ha venido estableciendo su propia legalidad internacional ya que … “El componente militar y de inteligencia del Estado Imperial actúa bajo el principio imperial de que las leyes, edictos e intereses del imperio son primordiales y tienen precedencia sobre el derecho internacional, los acuerdos de Ginebra y los principios constitucionales estadounidenses. El imperio no reconoce fronteras ni respeta soberanías nacionales, excepto si encajan con sus propios intereses, afirman la superioridad de sus leyes y el derecho a perseguir a sus adversarios en cualquier lugar, en cualquier época –el principio de ´extraterritorialidad’-.”(2). Esta es la legalidad que nos ha señalado ahora por intermedio de un estamento superior del mismo Estado Imperial (OFAC), una institución de los amos. En el pasado, (desde 2008) hablaron los lacayos, los Uribe, los Santos y la mediática asalariada del capital.
Ahora bien, lo más importante es tener presente el origen político de estos señalamientos por parte de un sistema autoritario que no acepta otra postura que la sumisión al sistema del capital; que ha venido criminalizando a movimientos sociales, a migrantes, a las luchas reivindicativas, a los indignados, a pueblos en lucha por su independencia y soberanía, y por supuesto, a cualquier tipo de insurgencia popular. Que a los Estados Populares, o simplemente que no se someten a su hegemonía, los empieza a clasificar como Estados forajidos y le pone fecha a su intervención. También es importante estar contestes de que a través de sus múltiples aparatos de dominación cultural, el imperio ha venido instalando conceptos como “Estado canalla”, “Estado Terrorista”, “narcoguerrilla”, certifica cuál Estado combate al narcotráfico y cuál no, e incluso, aparte de imponer una noción de democracia, certifica también cuál gobierno es democrático y cuál no, llegando también a decidir por encima de los pueblos si un gobierno debe continuar en ejercicio o no. Tal es el caso de la grosera sentencia pronunciada por Barak Hussein Obama durante su alocución ante
¿A qué aspira entonces el Imperio con los referidos señalamientos?
A nuestro juicio la política del imperio busca varios objetivos en simultáneo al emitir resoluciones como las del Departamento del Tesoro: aislar y estigmatizar a las revolucionarias y revolucionarios del continente (por eso incorporan el calumnioso calificativo de narcotraficantes); instalar matrices para calificar al Estado venezolano de colaboración con el terrorismo y con el tráfico de drogas; ir sentando condiciones para declararlo Estado forajido. Recordemos que su política actual tiene entre sus líneas de acción recomponer su hegemonía sobre América Latina, particularmente sobre la cuenca de la Amazonía y la Orinoquia, sobre los reservorios de materiales estratégicos existentes en la región, en especial los reservorios energéticos existentes en el subsuelo venezolano.
A nuestro juicio la política del imperio busca varios objetivos en simultáneo al emitir resoluciones como las del Departamento del Tesoro: aislar y estigmatizar a las revolucionarias y revolucionarios del continente (por eso incorporan el calumnioso calificativo de narcotraficantes); instalar matrices para calificar al Estado venezolano de colaboración con el terrorismo y con el tráfico de drogas; ir sentando condiciones para declararlo Estado forajido. Recordemos que su política actual tiene entre sus líneas de acción recomponer su hegemonía sobre América Latina, particularmente sobre la cuenca de la Amazonía y la Orinoquia, sobre los reservorios de materiales estratégicos existentes en la región, en especial los reservorios energéticos existentes en el subsuelo venezolano.




