jueves, 29 de noviembre de 2018

"Necesitamos más voces críticas como la de Gustavo Petro y menos discursos autocomplacientes como el de Cristina Fernández, si en verdad aspiramos a recrear las izquierdas y enfrentar el avance de la derecha y la ultraderecha".

 Clacso versión 2018
Foro progresista. Entre la ventriloquía 
y la ausencia de autocrítica
29 de noviembre de 2018
Por Maristella Svampa
Brecha


La inauguración del “Foro de Pensamiento Crítico” de Clacso 2018 (1) fue lo más parecido a una postal “consignista” detenida en el tiempo. La falta de autocrítica de los progresismos fue total, respaldada por la solidaridad incondicional que atravesaba las emocionadas voces de los y las presentadoras, que alternaban a conocidos periodistas y académicos, claramente identificados con los progresismos.
El discurso de Cristina Fernández de Kirchner fue políticamente autocentrado, sin reflexión autocrítica alguna. Aunque lo primero no es novedad, sorprende que la ex presidenta crea que lo inventó todo, ¡hasta los movimientos sociales! (“en el año 2001 había piqueteros en las calles, no había movimientos sociales, ¡hoy hay organizaciones sociales!, que son las hijas de nuestro propio gobierno”, se atrevió a decir, sin que se le moviera una pestaña). El único que se animó a cuestionar a los progresismos desde la izquierda fue el colombiano Gustavo Petro, cuyo discurso incorporó el nuevo lenguaje de la crítica a los neoextractivismos y planteó claramente la encrucijada civilizatoria y la necesaria opción por la vida que deben hacer las izquierdas.
En el segundo día del foro se oyeron las voces críticas de algunos intelectuales. En esa línea, la del colega venezolano Edgardo Lander, que propuso una reflexión autocrítica sobre lo que sucede en Nicaragua y Venezuela, fue la más descollante, aunque también fue una voz bastante solitaria.
Aunque esbozó un tímido análisis de los “límites” del progresismo, el discurso del vicepresidente boliviano, Álvaro García Linera, pareció depositar las expectativas en una próxima “oleada progresista”, antes que en la propia experiencia política.
En todo caso, durante esos dos días del megaforo, que fue trasmitido en directo por Youtube, poco y nada se dijo que explicara el ascenso de derechas o extremas derechas, en un contexto del fin del ciclo progresista. Poco y nada se dijo sobre la cuestión de la corrupción a gran escala, ni de la desigualdad y concentración económica con la que terminó el ciclo progresista, tampoco de la fabulosa concentración de poder político en los líderes y lideresas. Para muchos, el problema está siempre en el otro, el neoliberalismo, los medios de comunicación hegemónicos, las derechas tout court.
Aunque Clacso integre centros y grupos de trabajo muy heterogéneos, durante estos años su línea política fue la del apoyo incondicional y acrítico a los progresismos. Esto le hizo mucho daño a Clacso como institución, le quitó credibilidad, pues lejos de convertirse en una usina de pensamiento crítico, diverso, plural, desde la secretaría ejecutiva se tendió a homogeneizar miradas y visiones, convirtiendo a la institución en un ventrílocuo de los líderes y lideresas del progresismo. El cuestionable arte de la ventriloquía se combinó con la expansión de una suerte de comisariado político regional, que algunos ex secretarios de Clacso ejercen todavía hoy con particular vehemencia, ante las críticas que se han venido realizando desde dentro del espacio de las izquierdas (al neoextractivismo, a los gobiernos crecientemente autoritarios de Venezuela y Nicaragua, e incluso al cierre de los canales del pluralismo en Bolivia).
En el plano político, creo que en la región necesitamos más voces críticas como la de Gustavo Petro y menos discursos autocomplacientes como el de Cristina Fernández, si en verdad aspiramos a recrear las izquierdas y enfrentar el avance de la derecha y la ultraderecha.
En cuanto a Clacso, espero que la nueva gestión sea abierta y plural y que el cambio de escenario político (la preocupante derechización) no termine por imponer una lectura única de lo sucedido todos estos años.
La autora es socióloga, escritora y analista política. investigadora principal del Conicet y profesora titular en la Universidad Nacional de La Plata. Autora entre diferentes libros, Del cambio de época al fin de ciclo. Gobiernos progresistas, extractivismo y movimientos sociales en América Latina (Edhasa, 2017)
Nota

1) Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso), fundado en 1967 y asociado a la Unesco que cuenta con 654 instituciones educativas, académicas y de investigación de 51 países de América Latina y el mundo. El “Foro de Pensamiento Crítico” se inscribe en los encuentros internacionales organizados por la institución.

Fuente:  http://www.rebelion.org/noticia.php?id=249585

Nos informan que Macron: "hace pagar más impuestos a los jubilados, a los trabajadores, le saca ayudas a los estudiantes, disminuye los subsidios sociales al mismo tiempo que modifica el impuesto a las grandes fortunas, lo que se traduce en una desigualdad indiscutible".

La rebelión de los chalecos amarillos
29 de noviembre de 2018
Por Eduardo Febbro
Página/12



En un país formateado por la división ideológica, los chalecos amarillos desconcertaron a la presidencia, al gobierno y a la sociedad. Su narrativa reproduce el verbo dominante de la extrema derecha y de sectores de la izquierda radical.
De tanto jugar a poner al pueblo contra las elites y hacer de ese regateo retórico un instrumento electoral, el pueblo terminó saliendo a la calle. El presidente francés, Emmanuel Macron, enfrenta desde hace varias semanas un movimiento llamado “los chalecos amarillos” que ocupó las calles y bloqueó las rutas para protestar contra el incremento del precio de los combustibles, concretamente el del gasoil que, en 2019, pasará a costar tanto como la gasolina común.
Aunque el jefe del Estado no cedió aún ante las demandas, sí aceptó abrir un diálogo con una fuerza que se fue constituyendo poco a poco con más radicalidad hasta dotar de un rostro y una voz a esa Francia escondida por los medios. Pequeños comerciantes y productores, agricultores, conductores de camión o artesanos componen este movimiento “social nebuloso” (Le Monde) en torno al cual los analistas no se ponen de acuerdo cuando se trata de definirlo: de derecha, de extrema derecha, populistas, los calificativos se mueven según los momentos. Los chalecos amarillos se aparentan más bien a lo que ocurrió a partir de 2007 en Italia cuando empezó a surgir ese grupo al que se califica como “post ideológico”, es decir, el Movimiento Cinco Estrellas (M5S) que hoy cogobierna Italia mediante una alianza con la extrema derecha.
En un país formateado por la división ideológica, los chalecos amarillos desconcertaron a la presidencia, al gobierno y a la sociedad. Son “inclasificables”, apuntan muchos editorialistas. El semanario Le Nouvel Observateur escribe al respecto que “este movimiento no se parece a nada de lo conocido hasta ahora y marca un giro en la vida política social francesa”.

Los argumentos de este sector no son nuevos. Más allá de su exigencia vertebral de no pagar más por los carburantes su narrativa reproduce el verbo dominante de la extrema derecha y de sectores de la izquierda radical: el pueblo víctima de las elites ignorantes, desapegadas de la realidad popular, indolentes frente al sufrimiento social de muchos niveles de la sociedad, el pueblo aplastado por un sistema que mira hacia otro lado. Los chalecos amarillos escenifican la confrontación entre una suerte de Francia a la antigua contra la Francia moderna y conectada que recibe todos los beneficios. Como es una fuerza electoral de cierta consistencia, todos los partidos políticos corren detrás de esos chalecos amarillos (la ropa obligatoria que se debe llevar en los autos) sin que, hasta el momento, estos hayan caído bajo su influencia.

No han convocado a multitudes imponentes, pero su influencia se empieza a sentir tanto más cuanto que se mete en un interciso ya abierto durante la campaña electoral de 2017, donde Macron derrotó en la segunda vuelta a la candidata de la extrema derecha, Marine Le Pen: los chalecos amarillos son la expresión activa de la Francia anti sistema, anti elites y euroescéptica. Esa Francia de los chalecos amarillos usa el motor (auto, tractores) como instrumento de trabajo, circula en la periferia del país, en pueblos y ciudades medianas y en zonas rurales. Pagar más por el diesel es visto como una medida directa contra esa Francia que se levanta con el sol. La bronca de este sector es tanto más fuerte cuanto que el aumento del gasoil se inscribe dentro del programa “transición ecológica”, es decir, a favor del medio ambiente. La Francia de los chalecos siente que le hacen pagar a ella y sólo a ella el costo de un maquillaje a favor del medio ambiente mientras que las burguesías ecologistas y adineradas quedan afuera de la medida.
Desconcertados y sin respuestas, Macron y su Ejecutivo abrieron un camino de dialogo con este sector. Parecen recién descubrir que los chalecos son algo más que un objeto electoral disperso. En un discurso pronunciado este martes para presentar la transición ecológica, Macron adoptó un tono inusualmente modesto. Dijo que comprende la “cólera” de los chalecos amarillos, a quienes calificó como “las primeras víctimas de la crisis del medio ambiente”. El presidente habló mucho, pero ofreció poco: apenas una revisión de la fiscalidad en torno a los combustibles según el precio del petróleo y una gran concertación nacional.
Muy poco frente a los reclamos de una parte del país donde se percibe al presidente como un árbitro parcial: hace pagar más impuestos a los jubilados, a los trabajadores, le saca ayudas a los estudiantes, disminuye los subsidios sociales al mismo tiempo que modifica el impuesto a las grandes fortunas, lo que se traduce en una desigualdad indiscutible. "Nosotros estamos pagando por ellos”, decía a PáginaI12 una mujer del centro de Francia que participó en las manifestación de los chalecos amarillos que tuvo lugar en París. Su compañero, Olivier, repetía enojado: “Macron y los ricachones que lo rodean no entienden nada. No saben dónde está ni como es la Francia profunda”.

Esa sensación de incomprensión entre dos países que se miran desde muy lejos está retratada en un video difundido por un productor de pollos. Filmado en su gallinero, Aloïs Gury, productor del famoso pollo de Bresse, le dice al presidente: “usted no entiende nada. Usted no merece comer mis pollos”. Ante los ojos del mundo, Macron apareció en 2017 como el líder providencial que había derrotado en las urnas al populismo trumpista que se estaba extendiendo por Europa. Le bastó poco más de un año en la presidencia para que su elitismo presidencial desembocara en un movimiento que le reclama su derecho a no perder en la hoguera del sistema lo que cree merecer.
https://www.pagina12.com.ar/158383-la-rebelion-de-los-chalecos-amarillos

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=249607

miércoles, 28 de noviembre de 2018

"Solemos decir que una economía transformadora es una economía que pone en el centro la vida, es decir, que se articula entorno a la prioridad de sostener las condiciones de vida de la gente y por tanto se vincula directamente con las necesidades de las personas, es una economía que se organiza estableciendo como prioridad garantizar que todas las necesidades básicas de todas las personas se cubran y además garantizarlo en el marco de un planeta que tiene límites físicos y sus propias dinámicas".

Entrevista a Yayo Herrero, Natalia Millán y Mar Osuna
Las economías transformadoras 
tienen una cita para enredarse
28 de noviembre de 2018
Por Marcos Rivero Cuadrado
El Salto

Las Economías Transformadoras y ciudadanía tienen una cita para enredarse con otros agentes y construir colectivamente un movimiento capaz de transformar el modelo imperante hacia un Desarrollo Humano Sostenible. Conversamos con Yayo Herrero, Natalia Millán y Mar Osuna, quienes abrirán este Encuentro Internacional de Economías Transformadoras.
¿Qué es una Economía Transformadora desde una perspectiva ecofeminista? 
Yayo: Solemos decir que una economía transformadora es una economía que pone en el centro la vida, es decir, que se articula entorno a la prioridad de sostener las condiciones de vida de la gente y por tanto se vincula directamente con las necesidades de las personas, es una economía que se organiza estableciendo como prioridad garantizar que todas las necesidades básicas de todas las personas se cubran y además garantizarlo en el marco de un planeta que tiene límites físicos y sus propias dinámicas.
¿Qué papel juega la Economía Social y Solidaria dentro de las Economías Transformadoras?
Mar: La Economía Social y Solidaria (ESS) recoge una trayectoria común de décadas en la creación de otros modelos económicos alternativos al sistema capitalista, neoliberal, patriarcal, neocolonial y facista. Su papel colectivo le permite revindicar la cocreación de otra cosmovisión socioeconómica donde la persona y el medio ambiente sean el centro de las estrategias economías y configurarse como sujeto de incidencia política para la necesaria transformación social que tantos movimientos sociales persiguen.
Una de sus grandes aportaciones sociales, intrínseca a su origen, reside en sus mecanismos para autoorganizarse como una red de redes de colectivos, movimientos y personas en torno a la ESS. Así mismo, se ha autodenominado también "solidaria" buscando espacios diferenciales con la tradicional Economía Social, a veces, muy identificada con las políticas institucionalistas y sus prácticas políticas oportunistas. Por tanto, la ESS presenta un modelo económico real alternativo al sistema, representado por redes de iniciativas, proyectos, personas y entidades que recogen décadas de experimentación.
Los Objetivos del Desarrollo Sostenible siguen poniendo en el centro al “crecimiento económico” y a la “industrialización”, aunque sea apellidándolas de “sostenible” e “inclusiva”. ¿Las Economías Transformadoras son motor hacia ello o más bien son su alternativa?
Natalia: Es cierto lo que planteas. La Agenda parte teóricamente de un espíritu de cuestionamiento al sistema de producción y consumo, y plantea la insostenibilidad de la forma de vivir de las sociedades ricas. Además, asume que hay toda una parte social de carencias que tiene que ver con las desigualdades, la falta de acceso a salud y educación, la violencia y la discriminación multidimensional que sufrimos las mujeres, la pobreza extrema, etc. Ahora bien, la propia formulación de la agenda y sus actores, que representan en última instancia el poder, exhiben una contradicción, volviendo a hablar de “crecimiento económico”, “comercio” o de la importancia de las empresas como agentes de desarrollo. Todo esto, sin haber realizado ningún diagnóstico sobre cómo se ha impulsado el modelo que ahora se dice que es insostenible, y sin asumir que los actores privados se erigen -en muchos casos, no en todos- como agentes económicos promotores de este sistema productivo y económico y, por ende, son fuerzas hegemónicas que se resisten al cambio y lo obstaculizan.
Mi perspectiva es que la ESS no representa una nueva forma de crecimiento, sino que es una alternativa al sistema global que plantea una nueva forma de hacer economía y una nueva forma de relacionarnos, poniendo en el centro la vida y la cooperación y asumiendo los límites de nuestros cuerpos e instituciones. No es una forma, por tanto, de promover un sistema de crecimiento más sostenible sino una alternativa al sistema productivo en que estamos.
Vivimos tiempos de urgencias frente a grandes amenazas como la emergencia de los nuevos fascismos, las guerras por los recursos y el caos climático ¿En qué pueden contribuir las Economías Transformadoras en este contexto?
Yayo: 
En general todo lo que está alrededor de la ESS y las Economías Transformadoras aportan varias cosas. En primer lugar, el hecho de estar situadas en el territorio pues suelen ser iniciativas económicas que están colocadas en el territorio y satisfacen las necesidades más cercanas, lo que me parece importante.
El segundo lugar, son prácticas económicas que, como en el caso de las cooperativas, sitúan el mantenimiento del empleo y del trabajo como prioridad frente a la búsqueda de beneficios, a los que de hecho en muchos casos incluso se renuncia.
Por último, suelen estar centradas en las necesidades de las personas, porque de alguna manera configuran una forma de establecer el trabajo que intenta romper esa fractura entre lo que llamamos “producción” y lo que llamamos “reproducción”, de tal manera que la propia economía y el propio trabajo se integren de una manera más armónica en los otros aspectos de la vida. Muchas de estas iniciativas están situadas al rededor de la alimentación, otra forma de entender la salud, la cultura, los medios de comunicación…, que directamente son coherentes y ayudan en mayor medida a afrontar los grandes problemas ecológicos y sociales que atravesamos.
¿Cuáles son las principales oportunidades y amenazas que afrontan las Economías Transformadoras en el panorama internacional?
Natalia: La puesta de las Economías Transformadoras (ET) y la ESS por el desarrollo sostenible y por poner en el centro el cuidado de la vida y la cooperación como base de evolución encuentra un claro límite en los poderes hegemónicos; poderes económicos y políticos que entienden que este sistema les beneficia y quieren por tanto perpetuarlo. Esos poderes tienen la capacidad de construir una narrativa entorno a la idea de que este sistema nos ha permitido salir de la pobreza y mejorar el bienestar de la mayoría de la población, marcando la liberalización como el camino a seguir. Ese discurso tiene el apoyo de los medios de institucionalización (sistemas educativos, universidades, think thank, medios de comunicación, etc.), por lo que no sólo tienen una capacidad económica y política sino de hegemonía cultural, lo que supone el limite fundamental para plantear una transformación del sistema productivo y económico.
Respecto a las fortalezas yo podría mencionar tres. En primer lugar, más allá de estas narrativas hegemónicas, el proponer un sistema de organización social que ponga en el centro la vida es el único sistema real posible, porque la visión de que se puede crecer indefinidamente es una ficción, una narrativa que no se puede sostener materialmente. Hago mucho hincapié en el concepto de realismo, porque más allá de la hegemonía cultural, la realidad es que, teniendo en cuenta las bases materiales de nuestro planeta y nuestra esencia como seres humanos, no hay otro camino que una transformación profunda que ponga en el centro del sistema de organización social el cuidado de la vida.
En segundo lugar, también observo un cambio de conciencia en una parte, aún pequeña, de la sociedad. El sistema no sólo genera políticas económicas depredadoras e injustas, genera muchísimo sufrimiento en las personas. Yo observo una necesidad colectiva de repensarnos, de promover redes de cooperación y solidaridad, de cambiar de modelo de vida, de crianza, de relaciones humanas…, lo que me parece un elemento básico para promover una economía alternativa, y aunque, de forma minoritaria, sí que hay un avance en la conciencia ciudadana. Esta nueva conciencia que, a mi juicio se abre paso, plantea la necesidad de cambiar de paradigma, de promover la cooperación, las redes solidarias y una forma de vivir más sana, afectuosa y sostenible en armonía con la naturaleza.
Por último, esta conciencia ha dado lugar a formas de movilización política en forma de movimientos de todo tipo que surgen de la sociedad civil y que pretenden construir una sociedad diferente. Es decir, también hay una movilización política fundamental que promueve estos valores y surge, como un actor de contrapoder en este mundo globalizado.
¿Qué propuestas plantea la Economía Social y Solidaria y las Economías Transformadoras frente a los retos globales actuales?
Mar: Son propuestas económicas y relacionales alternativas que necesitan visualizarse desde miradas rupturistas del sistema extractivista y heteropatriarcal, como alternativa real a las propuestas cíclicas reformistas del sistema capitalista, que sólo han reinventado nuevas formas de apropiación de nuestras propuestas basadas en modelos autogestionarios, cooperativos, asociativos desde lo local.
Tenemos que reapropiarnos, como ET, de conceptos y modelos procedentes de nuestros sistemas sociales y solidarios de autoorganización cooperativa, de distribución de riqueza, de reciprocidad y cuidados, de nuestras redes de apoyo mutuo, de nuestras prácticas económicas de proximidad, de nuestros modos productivos y reproductivos de sostener la vida colectiva. Reapropiarnos para que las fórmulas reformistas del actual sistema no sigan convirtiendo estas prácticas comunitarias en elementos de capitalización bajo terminologías innovadoras (empredimiento e innovación social, economía colaborativa, etc..), o vuelvan a neutralizar los revindicados Bienes Comunes bajo legislación y regulaciones sostenibles que validan la explotación de los recursos naturales y culturales de los territorios (desarrollo local sostenible, promoción del turismo rural y cultural).
Tenemos que tener voz activa en los objetivos de desarrollo sostenible y poder cuestionar las propuestas que siguen encontrando las soluciones a la crisis global en el crecimiento económico, frente a nuestras visiones ecofeministas, decrecentistas, de buen vivir, de desarrollo sustentable y valorización de los bienes comunales frente a la explotación capitalista de los llamados bienes públicos. La interacción de la ESS con la sociedad civil organizada se mezcla actualmente con la incidencia política de los actuales movimientos municipalistas, que están jugando un papel en la toma de conciencia ciudadana de la necesidad de una corresponsabilidad social para lograr la transformación social, y están consiguiendo abrir grietas al sistema mercantilista y clientelar tan enraizado en las instituciones públicas.
¿Qué necesitamos para que las economías transformadoras dejen de ser una alternativa y se conviertan en el nuevo ecosistema socio-económico?  
Natalia: Lo que necesitamos un cambio de conciencia, algo que no es fácil. Precisamos generar una narrativa, en la ciudadanía que cuestione el modelo en que estamos desde la perspectiva material, que haga patente que este sistema es imposible de sostener, que el crecimiento indefinido es una falacia . Además, necesitamos generar una conciencia de la importancia de la vida humana, y de la solidaridad y cooperación como elementos fundamentales, y asumir que, más allá de la ética, no es seguro tener sociedades extremadamente desiguales, porque esto genera distorsiones en el sistema que lo amenazan, y hemos de avanzar, por tanto, hacia la redistribución y las políticas de cohesión social. El tercer reto es generar conciencia entorno a los efectos físicos y emocionales que tiene para el ser humano este sistema que está basado en la competencia, que niega la realidad del cuerpo, las enfermedades y cualquier límite, que promueve individualismo…, en definitiva una serie de valores que son difícil de sostener para la vida humana porque van en contra de su propia esencia.
Para esta transformación de narrativa y conciencia es fundamental el trabajo de los movimientos sociales, las organizaciones locales y vecinales, de asociaciones ecologistas, de crianza… Necesitamos la movilización de actores contra hegemónicos que se manifiesten en la calle para defender la ecología, el feminismo…, y que generen otro tipo de relaciones a escala micro. Por último, esas transformaciones han de organizarse para llegar a las estructuras de poder, como es el caso de algunas experiencias en los Ayuntamientos que, con muchos limites, están cambiando algunas políticas. Es un trabajo difícil y que genera bastante sufrimiento, porque el juego político es muy agresivo y violento, y es difícil asumir que hay que ser parte de eso, pero creo que es también fundamental. 

Mar: Necesitamos de una sociedad civil organizada y consciente, que se autoorganice en torno a lo local, en torno a las soberanías alimentarias, energéticas, tecnológicas.., y que incida y se enrede en lo global, con una visión humanista, ecologista, decrecentista y que se conduzca desde estrategias de economía ecofeminista, poniendo en el centro la vida y las relaciones de apoyo mutuo, la solidaridad, la ecodependencia y el lugar que ocupamos en el planeta y cómo podemos ser las impulsoras de alternativas económicas para la sostenibilidad de la vida y de la madre tierra.

Necesitamos que las ET ofrezcan un abanico de alternativas económicas para una justicia global que den respuestas globales a la crisis humanitaria y medioambiental desde nuevos parámetros relacionales de redistribución de la riqueza y reequilibrio de los recursos naturales. Las ET tienen que convertirse y visualizarse como palanca de cambio y servir de coagulante de tantísimas voces y acciones mundiales que denuncian y advierten frente a un peligro común: el colapso civilizatorio. Para ello, es necesario impulsar soluciones diversas a los grandes problemas globales, tales como: el efecto invernadero, las catástrofes naturales, el agotamiento de los recursos fósiles, la desigualdad y la falta de opciones a una vida digna en los territorios, la explotación de los cuerpos y violencias machistas y racistas.., que se esconden tras cortinas de humo creadas por los verdaderos agentes económicos y políticos del actual sistema mundial financiero.
Yayo: Necesitaríamos en primer lugar voluntad política. En efecto, la vía más fácil sería que en las instituciones estuvieran gobernando personas que también tuvieran claro la vocación de poner la vida en el centro y apostaran por estas iniciativas. Un ejemplo de ello es Madrid, el lugar donde vivo, y donde en un momento dado hubo una buena apuesta por una estrategia de la ESS que ha hecho patente que hay personas que están dispuestas embarcarse en este tipo de proyectos, que es posible desarrollarlos y extenderlos en mayor medida.
Si no hay voluntad política, lo que necesitamos es un trabajo de pedagogía popular impresionante. Hacer lo que fueron los trabajos del movimiento obrero en sus inicios; ir casa por casa, barrio por barrio tratando de explicar, reflexionar y construir con la gente para que pueda ser visibilizada como una alternativa real. No es una opción fácil de hacer, pero en ausencia de apoyo institucional, a la gente organizada es lo que nos toca. En esta línea,encuentros como el que se organizan en Córdoba son verdaderas inyecciones de energía para que otras personas se vayan incorporando, para que se comprendan los avances que se pueden producir y también las dificultades, contradicciones y las partes difíciles de impulsar este tipo de proyectos que solamente pueden salir adelante en un entorno de cooperación y ayuda mutua.
* Yayo Herrero es antropóloga, ingeniera, profesora y activista ecofeminista. Ha sido coordinadora estatal de Ecologistas en Acción y directora general de la Fundación FUHEM. Actualmente es profesora en la Universidad Nacional a Distancia.
*Natalia Millán es Doctora en Ciencia Política (Relaciones Internacionales), profesora de la Universidad Pontificia de Comillas y de la Complutense y secretaria de la Red Española de Estudios de Desarrollo(REDES).
* Mar Osuna es directora de CreaCultuLabs y Vicepresidenta de REAS Andalucía.
Marcos Rivero Cuadrado, SOLIDARIDAD INTERNACIONAL ANDALUCÍA. COMISIÓN DE PLENARIOS DEL ENCUENTRO DE ECONOMÍAS TRANSFORMADORAS.
https://www.elsaltodiario.com/mecambio/las-economias-transformadoras-tienen-un-cita-para-enredarse

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=

"Decimos que frente al modelo agroindustrial dominante promovido por el capitalismo y sus más feroces representantes, es necesario, urgente y posible que los pueblos nos unamos para construir, desde abajo, relaciones que disputen y hagan posible otros modelos de vida y organización social, y otro modelo de producción y alimentación basado en la soberanía alimentaria y la agroecología de base campesina que sirva para satisfacer las necesidades de nuestros pueblos y no del capital".

29/11/2018 10:00  CABA

¿Qué propone el G20 para nuestra alimentación? ¿Qué proponemos los pueblos?

Uno de los tres ejes centrales propuestos por el gobierno argentino para esta reunión del G20 es “un futuro alimentario sostenible”  Pero ¿qué nos proponen bajo este lema?
El enfoque de los documentos del G20 es el mismo que se impulsa desde la OMC y los Tratados de Libre Comercio: liberalización del comercio, apertura a inversiones, trato nacional para las corporaciones y sobre todo profundización de este modelo productivo basado en el extractivismo y el saqueo de nuestros bienes comunes. Una vez más se encubren los verdaderos objetivos: seguir alimentando al monstruo del agronegocio. Buscan transformar los alimentos, a la agricultura y a las semillas en meras mercancías.

El G20 viene por nuestros derechos, a convertir en ganancías lo que aún nos queda como baluarte de vida digna y soberanía sobre nuestros territorios. Por eso decimos que frente al modelo agroindustrial dominante promovido por el capitalismo y sus más feroces representantes, es necesario, urgente y posible que los pueblos nos unamos para construir, desde abajo, relaciones que disputen y hagan posible otros modelos de vida y organización social, y otro modelo de producción y alimentación basado en la soberanía alimentaria y la agroecología de base campesina que sirva para satisfacer las necesidades de nuestros pueblos y no del capital.

Es por eso que organizaciones sociales, sindicales, de trabajadorxs, estudiantiles, feministas, campesinas, ambientalistas, políticas sostenemos la Semana de Acción Global “Fuera G20 y FMI”. En este marco, este jueves 29 de noviembre, de 10 a 13 hs. nos estaremos encontrando en la Plaza de los Dos Congresos, en el Foro de Soberanía Alimentaria, para debatir esos otros modelos posibles en el marco de la Cumbre de los Pueblos.
¡Por pueblos soberanos, libres, con suelos sanos, plantas sanas, animales sanos y alimentos sanos!
Organizan: MNCI – Vía Campesina, UTT, Red de Cátedras de Soberanía Alimentaria, Acción por la Biodiversidad, Huerquen y GRAIN.
Contactos de Prensa:
Eleonora Pedot – MNCI: 11 6646-2906
Nahuel Levaggi – UTT: 11 3633-7324

Fuente: http://www.anred.org/?convocatoria=que-propone-el-g20-para-nuestra-alimentacion-que-proponemos-los-pueblos


Sepamos: "“La sobreexplotación de la fuerza de trabajo se ha convertido en una pieza clave de la Europa realmente existente, del proceso de acumulación capitalista y de la propia supervivencia del sistema”.

La represión salarial avanza
28 de noviembre de 2018
Por Fernando Luengo
La Marea
“La sobreexplotación de la fuerza de trabajo se ha convertido en una pieza clave de la Europa realmente existente, del proceso de acumulación capitalista y de la propia supervivencia del sistema”, asegura el autor.
El término “austeridad” –tramposo y equívoco como pocos–, aplicado a los salarios, hace referencia a las políticas destinadas a moderar o reducir las retribuciones de los trabajadores con el objetivo de activar la inversión, mejorando los márgenes de beneficio de las empresas, y promover la competitividad, ajustando los precios de los bienes y servicios colocados en los mercados doméstico, europeo y global.
No entraré a valorar los resultados de estas políticas, que han sido, en el mejor de los casos, discretos, o, directamente, negativos. Pero sí quiero llamar la atención del lector sobre una dimensión de la represión salarial –¡llamemos a las cosas por su nombre!– que trasciende los datos estadísticos sobre la evolución seguida por los salarios nominales y reales. Esta información es, por supuesto, muy necesaria, pero resulta claramente insuficiente para tener una visión cabal de lo que está ocurriendo en el mundo del trabajo.
La Sexta Encuesta Europea sobre las Condiciones de Trabajo 2015 elaborada por Eurofound aporta una batería de indicadores, de naturaleza más bien cualitativa, que da cuenta de la verdadera magnitud del ajuste salarial. Dos de las preguntas contenidas en el apartado denominado “Intensidad del trabajo” hacen referencia a las condiciones en que los asalariados realizan su trabajo: a) ¿Su puesto de trabajo conlleva trabajar a gran velocidad?, y b) ¿Su puesto conlleva trabajar con plazos muy ajustados? El valor añadido proporcionado por estos y otros indicadores que aparecen en el cuestionario es que abren la “caja negra” de las empresas, para preguntarse qué está sucediendo con las condiciones laborales de los que han conservado su empleo o han conseguido uno nuevo.
La respuesta a la primera pregunta para el conjunto de la Unión Europea es que el 23% de los trabajadores valoran que la velocidad con que desempeñan su tarea es siempre muy alta y para el 37% lo es entre una cuarta parte y tres cuartas partes de su jornada laboral. En España, los porcentajes son, respectivamente, el 33% y el 31%; y en Alemania, el 22% y el 44%. En total, más del 60% de los trabajadores encuestados consideran que están obligados a realizar su trabajo con gran velocidad.
La contestación a la segunda de las preguntas apunta en la misma dirección. En la UE, el 27% de los trabajadores opinan que siempre tienen que desarrollar su labor en plazos muy estrictos, y el 37% que lo tienen que hacer durante una buena parte de su tiempo laboral. En España estos porcentajes son el 35% y el 29%; y en Alemania, representan el 21% y el 45%. De nuevo nos encontramos con que más del 60% de los asalariados están obligados a desempeñar su trabajo en plazos muy ajustados.
Una conclusión, muy relevante, que se desprende de estos datos es que la represión salarial ha sido considerablemente más pronunciada que lo reflejado por las estadísticas agregadas sobre la trayectoria seguida por las retribuciones de los trabajadores. No sólo el crecimiento de los salarios nominales y reales en los años de crecimiento del Producto Interior Bruto (a partir de 2013) en la mayor parte de los países comunitarios ha sido débil o, simplemente, inexistente. Además, hay que tener en cuenta que la carga de trabajo -hacer más en menos tiempo- se ha intensificado para muchos trabajadores; ello supone una reducción de hecho de los salarios realmente percibidos.
Buena parte de los estudios en materia laboral ponen el foco en la destrucción o conservación del empleo, en la creación mayor o menor de puestos de trabajo o en la evolución de los salarios. Esta información es, desde luego, trascendental, pero es imprescindible poner el foco asimismo en las condiciones de trabajo dentro de las empresas; pues estas condiciones están cambiando sustancialmente, a peor, tanto en los países del norte como en los del sur, tanto en las empresas en declive como en las “historias de éxito”.
Para la economía crítica es evidente que presionar a la baja los salarios no crea puestos de trabajo (este ha sido uno de los argumentos estrella de las denominadas políticas de austeridad). Resulta igualmente claro que disponer de un puesto de trabajo y la reducción de la tasa de desempleo oficial no implica un aumento de las retribuciones de los trabajadores ni la mejora de sus condiciones de vida. En el escenario que emerge de la crisis, la sobreexplotación de la fuerza de trabajo –a través de la represión salarial y de la aceleración de los ritmos laborales– se ha convertido en una pieza clave de la Europa realmente existente, del proceso de acumulación capitalista y de la propia supervivencia del sistema.
Fernando Luengo es economista y miembro de la Secretaría de Europa de Podemos

Fuente:  http://www.rebelion.org/noticia.php?id=249569

"Debemos responder a estas dos preguntas con la conjunción de un proyecto, prácticas sociales y una perspectiva política que una indisolublemente la cuestión social y la cuestión ecológica, la redistribución de la riqueza y la lucha contra el calentamiento climático global. El anclaje de la izquierda emancipadora en las clases populares es condición previa para alentar una coalición de la mayoría por la justicia social y ambienta"l.

Francia: Los "chalecos amarillos" son también el producto de una serie de fracasos del movimiento social.
28 de noviembre de 2018

Annick Coupé, Patrick Farbiaz, Pierre Khalfa, Aurélie Trouvé  son miembros de Attac y de la Fundación Copernic.

La indignación social ha encontrado con el movimiento de los "chalecos amarillos" una expresión sin precedentes. El carácter neopoujadista y anti-impuestos que parecían dominar hasta una semana y los intentos de su instrumentalización por la extrema derecha y la derecha extrema se han visto relativizados por la dinámica del movimiento, que ha crecido considerablemente, y la conciencia de que el aumento de impuestos sobre la gasolina ha sido "la gota que ha colmado el vaso."

Algunos excesos homófobos o racistas, marginales pero no obstante detestables, y algunos incidentes, a veces graves, no empañan su sentido. Este movimiento de auto-organización popular es un punto de referencia y es una buena noticia.

El movimiento de los “chalecos amarillos" es ante todo síntoma de una crisis generalizada, la de la representación social y política de las clases trabajadoras. El movimiento obrero organizado ha sido durante mucho tiempo la fuerza que cristalizó el descontento social y le dio un sentido, un imaginario emancipador. El poder del neoliberalismo ha debilitado progresivamente su influencia en la sociedad, no dejándole otra función que la de acompañar la regresión social.

Una situación fluida

Más recientemente, el desarrollo de las redes sociales ha apoyado esta profunda transformación, permitiendo la coordinación informal sin pasar por las organizaciones. La arrogancia del gobierno Macron ha hecho el resto con el cinismo de quienes dominan y que siempre valoran a “los primeros de la cordada" contra "los que fuman cigarrillos y conducen vehículos de diesel”.
El movimiento se caracteriza por una desconfianza generalizada vis-à-vis el sistema político

Los “chalecos amarillos" son también el producto de una serie de fracasos del movimiento social. Estos fracasos se han multiplicado desde la batalla de 2010 sobre las pensiones hasta el movimiento contra la Ley del Trabajo o la huelga de los ferrocarriles, y tienen razones estratégicas todas ellas relacionadas con la incapacidad de refundarse política, organizativa e ideológicamente tras Guerra Fría, la globalización financiera y el rechazo de cualquier compromiso social de las clases dominantes. Todos somos responsables, activistas y líderes de la izquierda política, sindical y asociativa, de estos fracasos.

En esta situación fluida, la respuesta de la izquierda emancipadora debe ser la politización popular. Por ello hay que trabajar en la reconstrucción de una fuerza anclada en nuestros valores: la igualdad, la justicia fiscal, social y ambiental, las libertades democráticas, la lucha contra la discriminación. El movimiento de los “chalecos amarillos" se caracteriza por la desconfianza generalizada vis-à-vis el sistema político, en especial los partidos y sindicatos.

Anclar la izquierda emancipadora en las clases populares

No se puede luchar contra esta desconfianza, ni contra la instrumentalización por la extrema derecha o el riesgo de antifiscalismo, practicando la política de la silla vacía o culpando a los manifestantes. Se trata por el contrario de tener los medios para influir en él y ganar la batalla cultural y política dentro del movimiento contra la extrema derecha y las fuerzas patronales que quieren hacerse con él.

Este movimiento plantea dos cuestiones: la creciente miseria social, especialmente en los barrios populares de las áreas metropolitanas, los desiertos rurales y las regiones ultraperifericas; y el de la gravedad de la crisis ambiental y climática que amenaza las condiciones de existencia de una gran parte de la humanidad y principalmente de los pobres.

Debemos responder a estas dos preguntas con la conjunción de un proyecto, prácticas sociales y una perspectiva política que una indisolublemente la cuestión social y la cuestión ecológica, la redistribución de la riqueza y la lucha contra el calentamiento climático global. El anclaje de la izquierda emancipadora en las clases populares es condición previa para alentar una coalición de la mayoría por la justicia social y ambiental.
Traducción G. Buster Fuente: Le Monde, 20 de Noviembre 2018 URL de origen (Obtenido en 29/11/2018 - 01:47): http://www.sinpermiso.info/textos/francia-los-chalecos-amarillos-son-tambienel-producto-de-una-serie-de-fracasos-del-movimiento

Destapemos cuán democráticos son, representan al 1% de la humanidad y "el G20 nos intenta imponer es de hambre, explotación y saqueo, para exigir la ruptura del acuerdo con el FMI y enfrentar el plan de ajuste y represión del gobierno de Macri".

Chubut: 

marcha contra la Cumbre G20

Los Trump y Bolsonaro nos proponen un mundo de flexibilización laboral, miseria y saqueo. Preparemos una enorme movilización para este 30 de noviembre que los enfrente.
30 de noviembre y el 1º de diciembre se reunirá la cumbre del G20, el organismo que integran los gobiernos de las potencias imperialistas, de países llamados emergentes, el FMI, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio (OMC).
Discutirán temas de impacto global como son los planes de flexibilización laboral en los diferentes países, el libre flujo de capitales, el cambio climático, etc.
Estas reuniones presentadas como ejemplo de democracia están integradas por gobiernos de derecha, misóginos y racistas como Erdogan (Turquía), Trump y Bolsonaro, por las entidades de crédito internacionales que, como el FMI, nadie votó pero definen el destino de cantidad de países llevándolos a la miseria y por el 10 % del total de los países del mundos cuyas decisiones tomadas en la cumbre afectan al 90% restante.
Los Trump y los Bolsonaro del planeta vienen a representar los intereses del 1% más rico buscando nuevas formas de explotación sobre el 99% restante, potenciando la flexibilización laboral, la expoliación de los recursos de los países “en vías de desarrollo” como el nuestro, negando cualquier compromiso o consenso para la regulación del cambio climático. En síntesis, millones de ganancias para las multinacionales por un lado y millones de trabajadores a los que sólo les espera más miseria, flexibilización y contaminación por el otro.
En Argentina le toca a Macri ser el anfitrión de la cumbre, razón por la cual está montando un operativo represivo que nos costará varios miles de millones de pesos y que sitiará la ciudad de Buenos Aires durante los dos días de la reunión, rodeando de vallas el sector en el que va a funcionar el G20 e inundando La Capital con 25 mil efectivos de todas las fuerzas de seguridad. Con esto intenta boicotear las movilizaciones masivas que desde el 2008 se vienen realizando en todo el mundo cada vez que se convoca la cumbre.
¡Sumate a marchar este 30 de noviembre! A las 18:00hs en peatonal gazín, frente al touring, trelew Chubut!
Para repudiar y denunciar que el mundo que el G20 nos intenta imponer es de hambre, explotación y saqueo, para exigir la ruptura del acuerdo con el FMI y enfrentar el plan de ajuste y represión del gobierno de Macri.
#FUERAMACRI#ABAJOELG20
Hacemos un llamado general a las organizaciones, las Asambleas y a la prensa alternativa a sumarse, adherir y acompañar la movilización y el repudio.
Fuente: http://www.anred.org/?convocatoria=chubut-marcha-contra-la-cumbre-g20