sábado, 2 de mayo de 2020

"Como decíamos: una crisis global con características locales. La informalidad le suma matices propios y dramáticos a la odisea del sector asalariado argentino. Los miles y miles que migraron “del blanco al negro” en los últimos tiempos, en su gran mayoría perdieron en el camino la cobertura de salud, tan necesaria en este contexto de emergencia sanitaria, y también la posibilidad de tener el acceso a licencias pagas que podrían garantizar un piso de ingresos mínimos para encarar la etapa más crítica del aislamiento. De hecho para muchos no fue una opción el #QuedateEnCasa".

El mercado de trabajo argentino: entre la precarización y la pandemia

2 de mayo de 2020

La crisis global expuso la precarización del mercado de trabajo argentino y la situación de vulnerabilidad que viven millones de asalariados. La merma en los ingresos y la imposibilidad de aislarse marcó, en gran medida, su realidad. Los más de 160 mil trabajadores de las aplicaciones móviles se convirtieron en la conexión con “el afuera” de muchos. Los “héroes” en bicicleta y sin poderes que reclaman medidas de protección.

Por Jorge Duarte.

El parate económico global producto de la pandemia de Coronavirus tiene un inmediato impacto en el mercado de trabajo. Alrededor del mundo se están destruyendo millones de empleos y, como efecto dominó, caen industrias y comercios. Las pérdidas de horas trabajadas se cuentan por decenas de millones en estudios que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) hace circular semana a semana entre los especialistas. Los gobiernos se debaten entre laissez faire, la ayuda para sostener los puestos de trabajo y la estatización. Incluso algunos ya exploran todo eso junto.

La Argentina no es ni será la excepción a esa realidad. En lo que se perfila como la crisis más importante de la historia reciente de la humanidad, habrá que tomar decisiones trascendentales frente al cierre de empresas, la suba de la desocupación, el crecimiento de la subocupación, la destrucción de los ingresos de las mayorías y el aumento de la vulnerabilidad. Toda una prueba de fuego para testear la capacidad del peronismo en el Gobierno de poner al Estado como motor de una economía que quedará en uno de sus pisos históricos.

Sin embargo, el país arriba a esta crisis en condiciones particulares, con un mercado de trabajo fragmentado y altamente precarizado. De hecho esa cuestión, que tiene tintes estructurales, fue la tendencia que se profundizó en toda la gestión de Cambiemos, la cual se caracterizó por destruir el empleo formal y con derechos, para reemplazarlo, en el mejor de los casos, por empleos informales y sin protección, o por mero cuentapropismo. Todo esto bajo el paraguas general de bajas remuneraciones. Ese proceso no fue gratuito. Estuvo acompañado por un deterioro progresivo de los ingresos y de la participación de las remuneraciones en el valor de producción: de quedarse con el 51,8% de la “torta” en 2016, cayó al 45,7% en 2019.
Si tenemos en cuenta el empleo informal, las trabajadoras de casas particulares (4 de cada 5 están “en negro”), los monotributistas sociales, los/as monotributistas de diversas categorías y la clase no asalariada, tenemos un universo de más de 7 millones de personas que el 17 de marzo, día en el que inició el aislamiento social, preventivo y obligatorio, se quedaron sin ingresos.
Esa aproximación se confirmó semanas más tarde cuando el Gobierno aprobó un plan que integraba a más de 7.8 millones de beneficiarios/as para percibir el Ingreso Familiar de Emergencia. Hablando en criollo: uno de cada dos hogares en el país se quedó automáticamente sin sustento y con necesidad de asistencia estatal para poder cubrir algún gasto mínimo.
Como decíamos: una crisis global con características locales. La informalidad le suma matices propios y dramáticos a la odisea del sector asalariado argentino. Los miles y miles que migraron “del blanco al negro” en los últimos tiempos, en su gran mayoría perdieron en el camino la cobertura de salud, tan necesaria en este contexto de emergencia sanitaria, y también la posibilidad de tener el acceso a licencias pagas que podrían garantizar un piso de ingresos mínimos para encarar la etapa más crítica del aislamiento. De hecho para muchos no fue una opción el #QuedateEnCasa.
El trasfondo de los ‘rapihéroes’ y el mercado de trabajo precarizado en el contexto de la pandemia
El caso testigo es el de los ahora visibilizados trabajadores de aplicaciones móviles, por algunas semanas únicos moradores de calles vacías y silenciosas de los grandes centros urbanos. Héroes para algunos medios.
Un trabajo elaborado el año pasado por CIPPEC, BID Lab, y la OIT, único exhaustivo sobre el tema en el país hasta el momento, relevó que las plataformas empleaban al 1% de los ocupados a escala nacional. Eso hasta mayo del año pasado por lo que se puede inferir que muy probablemente esa cifra haya aumentado en los últimos 12 meses. De ese conjunto de más de 160 mil trabajadores, más 60 mil estaban dedicados estrictamente al reparto. A ellos se le sumaron los que se reconvirtieron por los sucesos recientes (Uber Eats, por ejemplo). El estudio también reflejó que el 45% de ese universo no tiene aportes previsionales de ningún tipo y que menos del 10% está registrado en relación de dependencia. Precarización al palo.
Ese ejército de más de 60 mil ciclistas informales y monotributistas es el que en los últimos 24 meses encaró una serie de protestas e intentos de sindicalización, pioneros a nivel regional y mundial, que encontraron fuertes resistencias de las empresas. También se toparon con una pasividad estatal funcional a las firmas. Los gobiernos mostraron coincidencia ideológica con las denominadas economías colaborativas, o temor de intervenir en el único sector que en la práctica generaba empleo en un contexto de recesión. Toda una señal de los tiempos. A pesar de eso fundaron gremios, crearon agrupaciones y dinamizaron a los sindicatos que los tenían marginados.
En el marco de la pandemia, estos empleados sin empleadores formales ni cobertura de ART, vestidos de estricto rojo, amarillo o naranja, según el caso, se convirtieron en el nexo entre los productos y miles y miles de consumidores de las urbes. Sin chances económicas de optar por aislarse, tuvieron que exponerse al contagio y hacerse cargo de sus propias medidas de seguridad. Según los propios testimonios de los repartidores, las empresas entregaron pocos elementos sanitarios y muy tarde. Como si se tratara de un último recurso para evitar alguna acción legal por venir.
A principios de abril Rappi lanzó una campaña publicitaria para promocionar sus servicios. Ahí hablaba de sus repartidores como “RappiHéroes” de la pandemia. Horas más tarde la Asociación del Personal de Plataformas (APP), gremio ceteísta de la actividad, inscripto en el Ministerio de Trabajo en 2018, emitió un comunicado para responderle: “No somos héroes ni heroínas, queremos insumos de seguridad”.
Ese mismo reclamo, entre varios otros, motivó que el 22 de abril se coordine una protesta regional de repartidores, con fuerte anclaje en Argentina. En 6 países en simultáneo pidieron ser reconocidos como trabajadores formales y ser protegidos del posible contagio de Covid-19. Mientras tanto, se espera algún tipo de regulación estatal que impida la consolidación de un status quo que eternice a una pequeña élite vinculada a las nuevas tecnologías apoyada sobre una marea de trabajadores/as con empleos poco calificados, de bajos ingresos y sin derechos laborales.
Jorge Duarte es Lic. en Comunicación Social de la Universidad Nacional de Quilmes. Periodista, Director del portal InfoGremiales
Nota publicada originalmente en Riberas, revista de la Universidad Nacionald e Entre Ríos
https://www.anred.org/2020/05/02/el-mercado-de-trabajo-argentino-entre-la-precarizacion-y-la-pandemia/

viernes, 1 de mayo de 2020

“Luchamos sólo por un mejoramiento de la situación de los obreros que eleve su capacidad para sostener la lucha de clases, es decir, en la que ese mejoramiento no vaya aparejado a la corrupción de la conciencia política, a la tutela policíaca, a la sujeción de una localidad dada, a la esclavización al 'bienhechor', al rebajamiento de la dignidad humana. (…) Nosotros luchamos también por reformas, pero no de cualquier modo, sino sólo a la manera revolucionaria"

Primero de Mayo,

peronismo o socialismo revolucionario

1 de mayo de 2020

Por Rolando Astarita

Desde hace muchas décadas se plantea, a nivel global, una lucha ideológica y política en torno al Primero de Mayo. Por un lado, están los que le dan un contenido burgués y nacionalista. Por el otro, los que procuramos que tenga un contenido obrero e internacionalista. En Argentina ese enfrentamiento tiene una expresión muy definida en el peronismo, por un lado; y el socialismo  internacionalista, por otro. En esta nota trato esta cuestión. Me mueve a hacerlo la cantidad de personas que, habiendo militado en la izquierda, ahora se inclinan al peronismo. Tal vez para justificar ese viraje, algunos encuentran virtudes progresistas en el peronismo (“ayuda a la cohesión social y unidad obrera”); y otros intentan toda suerte de síntesis entre aspectos “progresistas” de uno y otro lado. De ahí también que se busque alguna esencia pro-obrera en los primeros de mayo peronistas, para conectarla con las tradiciones socialistas. Sostengo que estos ejercicios solo llevan a confusión y desarman al socialismo. Empiezo con el significado histórico originario del Primero de Mayo.
Primero de Mayo en la tradición socialista
El 14 de julio de 1899 se reunieron en París unos 400 delegados, provenientes de diversos países, para formar lo que sería la Segunda Internacional. Fue en esa reunión  que se votó “organizar una gran demostración internacional” por las ocho horas de trabajo. Dado que la American Federation of Labor, de EEUU, ya había convocado a manifestaciones para el 1º de mayo de 1890, se decidió que sería la fecha para la acción internacional.
Desde el principio los sectores revolucionarios de la Segunda Internacional encararon la  jornada del 1º de mayo como una jornada de lucha. Y aunque tenía un propósito reivindicativo inmediato –la jornada de trabajo de 8 horas – el mismo se planteaba en un marco revolucionario y socialista. Por eso, el Congreso de la Internacional, realizado en Zurich, en 1893, declaró: “La demostración del 1º de mayo por la jornada laboral de 8 horas debe servir al mismo tiempo de demostración de la voluntad determinada de la clase obrera de destrozar las distinciones de clase a través del  cambio social, y así entrar en el único camino que lleva a la paz para todos los pueblos, la paz internacional”.

Como era de esperar, los reformistas intentaron licuar ese contenido. En especial, intentaron que en lugar de ser un día de lucha, el Primero de Mayo fuera una jornada de descanso y recreación. Sin embargo, las tendencias revolucionarias mantuvieron el contenido de lucha de la jornada. Así, Rosa Luxemburgo, ante el 1º de mayo de 1913, escribía que ese día era la celebración de “la acción autónoma de las masas proletarias”, de  la “acción política de masas de los millones de trabajadores”. Más adelante reivindicaba “la acción ndependiente y autónoma de las masas más amplias”, “sus propias acciones políticas”; las huelgas y manifestaciones de masas “que deben estallar tarde o temprano adelante en un período de lucha revolucionaria por el poder del Estado”. Las nociones claves: lucha de clases, independencia obrera, acción autónoma de las masas, internacionalismo.
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Primero de Mayo  de 1944 y discurso de Perón
En 1944 el gobierno del general Farrel decretó feriado nacional el 1º de mayo, y organizó, por primera vez, un acto oficial para esa jornada, con la participación de direcciones sindicales. Allí Perón, que había asumido en diciembre de 1943 como Secretario de Trabajo y Previsión, pronunció un extenso discurso, el cual definió el contenido que el peronismo daría, de ahí en más, al Primero de Mayo (y a su política hacia los trabajadores). Entre otras definiciones, destaco:
“El Primero de Mayo celebra la noble labor humana”
“Buscamos suprimir la lucha de clases, suplantándola por un acuerdo justo entre obreros y patrones, al amparo de la justicia que emana del Estado”.
“La Justicia suplanta la lucha de clases”.
“Hemos defendido la unidad y compenetración de propósitos entre patrones, obreros y Estado, como el único medio para combatir a los verdaderos enemigos sociales, representados por la falsa política, las ideologías extrañas seas cuales fueren, los falsos apóstoles que se introducen en el gremialismo para medrar con el engaño y la traición de las masas y las fuerzas ocultas de perturbación del campo político-internacional”.
“Deseamos desterrar de los organismos gremiales a los extremistas, para nosotros ideologías tan exóticas, ya representan un extremo como el otro, porque es lo foráneo, a los que nosotros los argentinos no hemos jamás sentido inclinación ni apego y porque ellos con un sedimento de odios ancestrales nos traen sus problemas que no nos interesan ni atañen”.
“No queremos agitadores a sueldo, verdaderos vampiros sociales,… Estas verdaderas alimañas son enemigas de las conquistas sociales. Encaramos seriamente estos problemas, seguros que en su solución está la muerte de estos agentes de disociación”.
Resumiendo:
1.        a) El Primero de Mayo pasa a ser “celebración de la noble labor humana”.
2.        b) No a la lucha de clases; no a la supresión de las clases; sí a la colaboración entre el capital y el trabajo.
3.        c) Exaltación del Estado burgués, y sus instituciones armadas. .
4.        d) Exaltación del nacionalismo.

Definiciones centrales, sustentadas, a su vez, en el ataque a los “agitadores a sueldo”, “vampiros sociales”, “extremistas”, “fuerzas ocultas de perturbación”, “verdaderas alimañas enemigas”, de manera que “la solución es la muerte de estos agentes de disociación”. Consecuencia práctica: hostigamiento y persecución, por parte de la burocracia sindical, a la militancia de izquierda, durante décadas. Palizas a opositores, colaboración con las patronales para despedir “zurdos infiltrados”, asesinatos. Todo con la excusa de “son agentes del coloniaje y la antipatria”. Disciplinar a como diera lugar. Es lo que se llama control bonapartista – burgués del movimiento de masas. Lo opuesto del objetivo que busca el marxismo revolucionario.
En cualquier caso, al leer ese discurso de 1944, es imposible no evocar el que dio Perón en otro Primero de Mayo, el de 1974, cuando incitó a acabar con los “infiltrados que trabajan de adentro”, “más peligrosos que los que trabajan de afuera”, “mercenarios al servicio del dinero extranjero”. El contexto: los crímenes de las bandas parapoliciales, la formación de la Triple A, y la colaboración con ella de la burocracia sindical. Era la “solución” adelantada 30 años antes: “la muerte de los agentes de disociación”.
No es suma y resta,  sino independencia de clase e internacionalismo
Es evidente que no hay posibilidad de establecer continuidad alguna entre los Primero de Mayo “nacionales y populares”, y los Primero de Mayo “a lo Rosa Luxemburgo”. Y tampoco puede haber síntesis (como pretenden muchos stalinistas). Es que el razonamiento “coloco un signo más en X (digamos, una mejora salarial para la clase obrera) y un signo menos en Y (por caso, subordinación al Estado) y el saldo es empate”, no se aplica en el análisis marxista. La razón: el avance en la conciencia de clase e internacionalista de los obreros es nuestro criterio fundamental. Todo el resto de las cuestiones –entre ellas, la tan cacareada unidad del movimiento obrero- se subordina a ello. Por lo cual, y para terminar, quiero reivindicar ese criterio del socialismo, explicado esta vez por Lenin:
“Luchamos solo por un mejoramiento de la situación de los obreros que eleve su capacidad para sostener la lucha de clases, es decir, en la que ese mejoramiento no vaya aparejado a la corrupción de la conciencia política, a la tutela policíaca, a la sujeción de una localidad dada, a la esclavización al “bienhechor”, al rebajamiento de la dignidad humana. (…) Nosotros luchamos también por reformas, pero no de cualquier modo, sino solo a la manera socialdemócrata, solo a la manera revolucionaria” (p. 210, t. 6. O C., Cartago).
Descargar el documento: varios formatos siguiendo el link, opción Archivo/Descargar Como: Primero de Mayo, peronismo o socialismo revolucionario


Fuente: https://rolandoastarita.blog/2020/05/01/primero-de-mayo-peronismo-o-socialismo-revolucionario/#comments

Vemos "probable que, con la Covid-19, el proceso hacia energías renovables se acelere ahora, ya que las compañías eléctricas se ajustan a la desaceleración económica global y tratan de minimizar sus costes. Ante el cierre de muchas empresas, el uso neto de electricidad en Estados Unidos ha disminuido realmente algo en estos meses, aunque no tanto como la caída en el uso del petróleo, dada la forma en que el consumo de electricidad en el hogar ha compensado la caída en la demanda empresarial".

¿El principio del fin del petróleo?

La energía en un mundo 

posterior a la pandemia

1 de mayo de 2020
Por Michael T. Klare
TomDispatch.com
Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández
Los analistas de la energía tienen asumido desde hace mucho tiempo que, en un momento dado, la creciente preocupación internacional por el cambio climático daría como resultado una inmensa reestructuración de la empresa energética mundial. El resultado sería un sistema más ecológico y menos degradante del clima. En ese futuro, los combustibles fósiles serían superados por las energías renovables, mientras que el petróleo, el gas y el carbón quedarían relegados a un papel cada vez más marginal en la ecuación energética global. En su World Energy Outlook 2019, por ejemplo, la Agencia Internacional de Energía (AIE) predijo que, para 2040, las energías renovables reemplazarían finalmente al petróleo como principal fuente energética del planeta y el carbón desaparecería en gran medida de la combinación de combustibles. Sin embargo, como resultado de la Covid-19, es posible que ya no tengamos que esperar otros 20 años para que se produzca una transición cósmica de este tipo: se está produciendo justo en estos momentos.
Así pues, tómense un respiro y, en medio de todas las malas noticias que llegan sobre una pandemia mundial mortal, consideren esto: cuando se trata de energía, lo que se esperaba que tardara al menos dos décadas en el escenario más optimista de la AIE, puede ocurrir ahora en solo unos pocos años. Sucede que el impacto de la Covid-19 está remodelando la ecuación energética mundial, junto con muchas más cosas, de maneras inesperadas.
Que la energía se vea fuertemente afectada por la pandemia no debiera sorprendernos. Después de todo, el uso de combustibles está estrechamente alineado con la actividad económica y la Covid-19 ha dejado en suspenso gran parte de la economía mundial. Con fábricas, oficinas y otros negocios cerrados o apenas funcionando, naturalmente hay menos demanda de energías de todo tipo. Pero los impactos de la pandemia van mucho más allá de eso, ya que nuestros principales mecanismos para afrontarla (distanciamiento social y requisitos para quedarse en casa) tienen implicaciones excepcionales en el consumo de energía.
Entre los primeros y más dramáticos encontramos una disminución asombrosamente profunda de los vuelos, viajes en automóvil y viajes de placer; actividades que justifican gran parte del uso diario de petróleo. Los viajes aéreos en Estados Unidos, por ejemplo, han disminuido en un 95% desde hace un año. Al mismo tiempo, el consumo personal de electricidad para el teletrabajo, la educación a distancia, las conversaciones grupales y el entretenimiento se ha disparado. En Italia, por ejemplo, Microsoft informa de que el uso de sus servicios en la nube para reuniones de equipo, un consumidor voraz de electricidad, ha aumentado en un 775%.
Todo esto representa respuestas temporales a la pandemia. Sin embargo, a medida que los funcionarios del gobierno y sus asesores científicos comiencen a hablar de regresar a una apariencia de “normalidad”, cada vez está más claro que muchas de esas prácticas relacionadas con la pandemia persistirán de alguna forma durante mucho tiempo y, en algunos casos, pueden resultar permanentes. Es probable que el distanciamiento social siga siendo la norma en los espacios públicos durante muchos meses, si no años, reduciendo la asistencia a los parques temáticos y a los principales eventos deportivos, que también suelen implicar muchos desplazamientos en coche. Muchos de nosotros nos estamos acostumbrando también a trabajar desde casa y es posible que no tengamos prisa por reanudar un viaje diario de 30, 60 o 90 minutos hasta el trabajo. Algunos colegios y universidades, ya bajo presión financiera de diversos tipos, pueden abandonar las clases presenciales en muchas materias y confiar mucho más en el aprendizaje a distancia.
No importa cómo evolucione finalmente esta pandemia, el mundo posterior a la Covid-19 tendrá seguramente un aspecto muy diferente al anterior y es probable que el uso de la energía se encuentre entre las áreas más afectadas por las transformaciones en curso. Sería claramente prematuro hacer predicciones radicales sobre el perfil energético de un planeta posterior al coronavirus, pero hay algo que parece realmente posible: la gran transición, crucial para evitar los peores resultados del cambio climático, originalmente proyectada para que sobreviniera dentro de varias décadas, podría terminar sucediendo significativamente de forma más rápida, incluso a costa de bancarrotas generalizadas y desempleo prolongado para millones de personas.
El dominio del petróleo en peligro
A medida que 2019 llegaba a su fin, la mayoría de los analistas de la energía asumieron que el petróleo continuaría dominando el paisaje global durante la década de 2020 del mismo modo en que lo había hecho en las últimas décadas, con el resultado de cantidades cada vez mayores de emisiones de carbono enviadas a la atmósfera. Por ejemplo, en su International Energy Outlook 2019, la Administración de Información Energética (EIA, por sus siglas en inglés) del Departamento de Energía de EE. UU. predijo que el uso mundial de petróleo en 2020 ascendería a 102,2 millones de barriles por día. Eso representaría un aumento de 1,1 millones de barriles desde 2019 y representaría el segundo año consecutivo en el que el consumo global hubiera superado el notable umbral de 100 millones de barriles por día. De forma bastante sombría, la EIA proyectó que la demanda mundial continuaría subiendo hasta llegar a 104 millones de barriles por día en 2025 y 106 millones de barriles en 2030.
Al llegar a esas proyecciones, los analistas de la energía asumieron que los factores responsables de impulsar el uso del petróleo en los últimos años iban a persistir en el futuro: la creciente propiedad de automóviles en China, India y otras naciones en desarrollo; desplazamientos cada vez mayores a medida que los precios inmobiliarios en alza obligaban a las personas a vivir cada vez más lejos del centro de la ciudad; y un aumento exponencial en los viajes aéreos, especialmente en Asia. Por lo general, se suponía que esos factores compensarían con creces cualquier caída en la demanda causada por una mayor preferencia por los autos eléctricos en Europa y en algunos otros lugares. Según sugeríaHYPERLINK «https://www.bp.com/content/dam/bp/business-sites/en/global/corporate/pdfs/energy-economics/energy-outlook/bp-energy-outlook-2019.pdf» el gigante petrolero BP en su Energy Outlook 2019: “Todo el crecimiento de la demanda proviene de las economías en desarrollo, impulsado por la floreciente clase media en las mismas, sobre todo en Asia”.
Incluso en enero, cuando el coronavirus comenzó a extenderse desde China a otros países, los analistas de la energía imaginaron pocos cambios en tales predicciones. Al informar de “un fuerte impulso continuo” en el uso del petróleo entre las principales economías en desarrollo, la AIE reafirmó, como de costumbre, su creencia en que el consumo global crecería en más de un millón de barriles diarios en 2020.
Esa Agencia ha comenzado a cambiar de tono solo recientemente. En su último Informe del Mercado del Petróleo proyectó que el consumo mundial de petróleo en abril caería a la asombrosa cifra de 29 millones de barriles por día en comparación con el mismo mes del año anterior. Esa caída, por cierto, es el equivalente al consumo total de petróleo en 2019 de Estados Unidos, Canadá y México. Aún así, los analistas de la AIE asumieron que todo esto sería un fenómeno pasajero. En ese mismo informe, también predijo que la actividad económica mundial se recuperaría en la segunda mitad de este año y, para diciembre, el uso del petróleo estaría ya a pocos millones de barriles de los niveles de consumo anteriores al coronavirus.
Sin embargo, otros indicadores sugieren que esas predicciones optimistas acabarán siendo muy fantasiosas. La probabilidad de que el consumo de petróleo se acerque a los niveles de 2018 o 2019 para fin de año o incluso a principios de 2021 parece ahora  notablemente poco realista. De hecho, es dudoso que esas proyecciones anteriores sobre el crecimiento futuro sostenido de la demanda de petróleo se materialicen alguna vez.
Una economía mundial destrozada
Para empezar, el regreso a los niveles de consumo anteriores a la Covid-19 supone una restauración razonablemente rápida de la economía mundial tal y como era, con Asia a la cabeza. En este momento, sin embargo, no hay evidencias de que ese resultado sea probable.
En su informe de abril del World Economic Outlook [Perspectivas de la Economía Mundial], el Fondo Monetario Internacional pronosticó que la producción económica mundial caería un 3% en 2020 (que ahora resulta una clara subestimación) y que los duros impactos de la pandemia, incluido el desempleo generalizado y la quiebra del comercio, persistirán hasta bien entrado 2021 o más allá. En total, sugería, la pérdida acumulada del PIB mundial en 2020 y 2021, a consecuencia de la pandemia, ascenderá a unos 9.000 millones de dólares, una suma mayor que las economías de Japón y Alemania combinadas (y eso suponiendo que el coronavirus no vuelva aún más ferozmente a finales de 2020 o 2021, como hizo la “gripe española” en 1918).
Este y otros datos recientes sugieren que cualquier idea de que China, India y otras naciones en desarrollo van a reanudar pronto su trayectoria ascendente de consumo de petróleo y a salvar a la industria petrolera mundial parece ser muy descabellada. De hecho, el 17 de abril, la Oficina Nacional de Estadísticas de China informó que el PIB del país se redujo un 6,8% en los primeros tres meses de 2020, la primera disminución de este nivel en 40 años y un golpe asombroso para el modelo de crecimiento de ese país. A pesar de que los responsables del gobierno van abriendo de nuevo fábricas y otros negocios clave lentamente, la mayoría de los observadores creen que estimular un crecimiento significativo resultará extremadamente difícil dado que los consumidores chinos, traumatizados por la pandemia y las medidas de cierre que la acompañan, parecen reacios a realizar nuevas compras o realizar viajes de turismo y similares.
Y tengan en cuenta que una desaceleración en China tendrá consecuencias espectaculares en las economías de muchas otras naciones en desarrollo que dependen del turismo de ese país o de sus importaciones de petróleo, cobre, mineral de hierro y otras materias primas. Después de todo, China es el principal destino de las exportaciones de muchos países asiáticos, africanos y latinoamericanos. Con las fábricas chinas cerradas u operando a un ritmo reducido, la demanda de sus productos se ha desplomado ya, causando dificultades económicas generalizadas a sus poblaciones.
Añadan todo esto a la creciente ola de desempleo en Estados Unidos y en otros lugares, y parecería que la posibilidad de que el consumo mundial de petróleo regrese a los niveles previos a la pandemia en el corto plazo, aunque sea mínimamente, es en el mejor de los casos modesta. De hecho, las principales naciones exportadoras de petróleo han llegado evidentemente a esta conclusión por sí mismas, como lo demuestra el extraordinario acuerdo del 12 de abril por el que saudíes, rusos y otros países exportadores importantes convinieron reducir la producción mundial en casi 10 millones de barriles por día. Fue un intento desesperado de impulsar los precios del petróleo, que habían caído en más del 50% desde principios de año. Y tengan en cuenta que incluso esta reducción, sin precedentes en escala, es poco probable que evite un mayor descenso de esos precios, ya que las compras de petróleo continúan cayendo una y otra vez.
Hacer las cosas de manera diferente
Es probable que los analistas de la energía argumenten que, si bien la recesión durará sin duda más tiempo que el pronóstico optimista de la AIE, tarde o temprano el uso del petróleo volverá a sus pautas anteriores, una vez más al nivel de los 100 millones de barriles por día. Pero esto parece muy poco probable, dada la forma en que la pandemia está remodelando la economía global y el comportamiento humano cotidiano.
Después de todo, los pronósticos de la AIE y de la industria petrolera dan por sentado un mundo totalmente interconectado en el que el tipo de crecimiento dinámico que esperamos de Asia en el siglo XXI alimentará, tarde o temprano, el vigor económico a nivel mundial. Una vez más, amplias cadenas de suministros transportarán materias primas y otros insumos a las fábricas chinas, mientras que las piezas y productos terminados chinos se enviarán a los mercados de todos los continentes. Pero tanto si la economía de ese país comienza a crecer nuevamente o no, es poco probable que un modelo económico globalizado como este prevalezca en la era posterior a la pandemia. De hecho, muchos países y empresas están comenzando a reestructurar sus líneas de suministro para evitar una dependencia a gran escala de proveedores extranjeros, buscando alternativas más cercanas a sus hogares, una tendencia que probablemente persistirá después de que se levanten las restricciones relacionadas con la pandemia (especialmente en un mundo en el que el “nacionalismo” al estilo Trump parece seguir aumentando).
“Habrá que volver a plantearse el nivel en el que un país quiere depender de cualquier otro país”, sugiere la destacada miembro del Council of Foreign Relations llamada, muy adecuadamente, Elizabeth Economy. “No creo que este sea el fin de la globalización. Pero esta situación acelera el tipo de pensamiento existente en la administración Trump de que hay tecnologías críticas, recursos críticos, capacidad de fabricación de reserva que queremos que esté aquí, en Estados Unidos, en caso de crisis”.
Otros países van a tener que empezar a planificar en líneas similares, lo que llevará a una disminución significativa del comercio transcontinental. Por supuesto, será preciso incrementar el comercio local y regional para compensar esta disminución, pero es probable que el impacto neto sobre la demanda de petróleo sea negativo a medida que disminuya el comercio de larga distancia y los viajes. Para China y otras potencias asiáticas en ascenso, esto también podría significar una tasa de crecimiento más lenta, que exprimirá a esas “clases medias florecientes” que, a su vez, se suponía que iban a ser las principales impulsoras locales (de forma muy literal, en el caso de la culturas alrededor del coche en esos países) del consumo de petróleo.
Cambio hacia la electricidad y mayor dependencia de las energías renovables
Otra tendencia que el coronavirus probablemente acelerará será la de una mayor dependencia del teletrabajo por parte de corporaciones, gobiernos, universidades y otras instituciones. Incluso antes de que estallara la pandemia, muchas compañías y organizaciones comenzaban a depender más de la teleconferencia y las operaciones de trabajo desde casa para reducir los costes de viaje, los dolores de cabeza e incluso, en algunos casos, las emisiones de gases de efecto invernadero. En nuestro nuevo mundo, es probable que el uso de estas técnicas se vuelva mucho más común.
“La pandemia de la Covid-19 es, entre otras cosas, un experimento masivo de teletrabajo”, observaron Katherine Guyot e Isabel Sawhill, de la Brookings Institution, en un informe reciente. “Hasta la mitad de los trabajadores estadounidenses trabajan actualmente desde su hogar, más del doble de la fracción que lo hizo (al menos ocasionalmente) en 2017-2018”.
Señalaron también  que muchos de esos trabajadores no estaban familiarizados con la tecnología de teletrabajo cuando comenzó este gran experimento, pero que rápidamente dominaron las habilidades necesarias. Dadas las pocas opciones al respecto, los estudiantes de secundaria y universitarios también se están volviendo más expertos en el teletrabajo a medida que sus escuelas cambian al aprendizaje remoto. Mientras tanto, las empresas y las universidades están invirtiendo masivamente en el hardware y software necesarios para tales comunicaciones y enseñanza. Como resultado, Guyot y Sawhill sugieren: “El brote está acelerando la tendencia hacia el teletrabajo, posiblemente a largo plazo”.
Cualquier gran aumento del teletrabajo tendrá un impacto doble espectacular en el uso de la energía: las personas conducirán menos, reduciendo su consumo de petróleo, al tiempo que dependerán más de la teleconferencia y la informática en la nube y, por lo tanto, aumentarán su uso de electricidad. “El coronavirus nos recuerda que la electricidad es más indispensable que nunca”, dice Fatih Birol, director ejecutivo de la AIE. “Millones de personas están ahora confinadas en sus hogares, recurriendo al teletrabajo para hacer su trabajo”.

Una mayor dependencia de la electricidad, a su vez, tendrá un impacto significativo en la naturaleza misma del consumo de combustibles primarios, ya que el carbón comienza a perder su papel dominante en la generación de energía eléctrica y es reemplazado a un ritmo cada vez más acelerado por las energías renovables. En 2018, según el World Energy Outlook 2019 de la AIE, un 38% de la generación mundial de electricidad era aún suministrado por el carbón, otro 26% por el petróleo y el gas natural, y solo un 26% por las energías renovables; el 10% restante provino de las nucleares y otras fuentes de energía. Se esperaba que esto cambiara de forma espectacular con el tiempo a medida que las políticas conscientes respecto al clima empezaran a tener un impacto significativo, pero, incluso en los escenarios más esperanzadores de la AIE, solo después de 2030 sería cuando las energías renovables podrían alcanzar el nivel del 50% en la generación de electricidad. Sin embargo, es probable que, con la Covid-19, ese proceso se acelere ahora, ya que las compañías eléctricas se ajustan a la desaceleración económica global y tratan de minimizar sus costes.
Ante el cierre de muchas empresas, el uso neto de electricidad en Estados Unidos ha disminuido realmente algo en estos meses, aunque no tanto como la caída en el uso del petróleo, dada la forma en que el consumo de electricidad en el hogar ha compensado la caída en la demanda empresarial. A medida que compañías de suministros públicos se adaptan a este entorno desafiante, descubren que la energía eólica y solar son a menudo las fuentes menos costosas de energía primaria, con el gas natural justo detrás, siendo el carbón la más cara de todas. Así pues, en la medida en que están invirtiendo en el futuro, parecen estar favoreciendo grandes proyectos solares y eólicos, que pueden de hecho empezar a operar con relativa rapidez asegurando los ingresos necesarios. Las nuevas plantas de gas natural tardan más en instalarse y el carbón no ofrece ninguna ventaja.
En las profundidades del desastre global, es aún demasiado pronto para hacer predicciones detalladas sobre el panorama energético de las décadas futuras. No obstante, parece que la actual pandemia, aún en momentos de furia, está forzando cambios drásticos en la forma en la que consumimos energía, y que es probable que muchos de estos cambios persistan de alguna manera mucho después de que se haya amansado al virus. Dada la naturaleza ya extrema del calentamiento de este planeta, es probable que tales cambios resulten catastróficos para las industrias del petróleo y el carbón, pero beneficiosos para el medio ambiente y también para el resto de todos nosotros. Mortal, disruptiva y económicamente devastadora como ha demostrado ser la Covid-19, puede acabar resultando que al menos, en retrospectiva, haya tenido este aspecto positivo.
Michael T. Klare, colaborador habitual de TomDispatch.com, es profesor emérito de estudios por la paz y la seguridad mundial en el Hampshire College, e investigador en la Arms Control Association. Es autor de quince libros, entre los que figura el recién publicado All Hell Breaking Loose: The Pentagon’s Perspective on Climate Change (Metropolitan Books).
Esta traducción puede reproducirse libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y a Rebelión.org como fuente de la misma.

"Los feminismos no buscamos generar el mismo dolor al escrachado ni venganza, sino advertir, exigir, gritar, no olvidar, cuidar y aplicar la condena social en tanto no haya políticas efectivas de prevención y contención ni justicia. Porque ellos, los pedófilos, los violadores, los femicidas, en su mayoría, no están presos (la mayor parte de los internos en las penitenciarias federales cumplen condenas por robo y narcotráfico, sólo el 5% corresponde a delitos sexuales y el 6% a homicidios). Y por eso, en tanto no haya justicia efectiva, habrá escrache. Muy diferente es entender a la justicia como el ejercicio de la tortura y el asesinato sistemáticos".

Las cárceles, el feminismo y

la delgada línea del punitivismo

1 de mayo de 2020

¿Realmente la sociedad se da el debate de pensar quiénes deben acceder al arresto domiciliario y quienes no? ¿Por qué causa más indignación este planteo que los beneficios y tratos especiales a criminales de lesa humanidad? ¿Se está cuestionando tras la pandemia la función de las cárceles, la criminalidad penitenciaria y policial, y la inoperancia del poder judicial? Las pantallas y las redes estallan de indignación por la supuesta “liberación masiva de presos” que en realidad, hilando fino, resulta ser muy selectiva. En general, las cárceles no están ni en la agenda ni en los discursos políticamente correctos porque, como bien decimos las feministas, lo que no se nombra no existe, y dentro de la (súper)población carcelaria, las mujeres y disidencias también son invisibilizadas como en todos los aspectos sociales. ¿Alguien está hablando de las mujeres con hijos, las embarazadas y las personas con enfermedades inmunosupresoras en contexto de encierro?

Por Natalia Tangona para ANRed.

Siempre ha sucedido que ciertas noticias recién demandan atención cuando explotan “del lado de adentro de la Gral. Paz”. En los últimos días la situación del penal de Devoto acaparó las pantallas, siendo que las cárceles del interior comenzaron sus demandas, sus comunicados, sus huelgas de hambre, desde hace casi un mes. Los internos advirtieron de la presencia de agentes penitenciarios infectados mucho antes de la confirmación de casos positivos en Bariloche, Olmos, Campana y Devoto. Advirtieron de los traslados de internos desde cárceles ubicadas en zonas de riesgo hacia penales del interior en pueblos donde no se registraban casos, como Junín. De hecho, el 16 de marzo las mujeres privadas de la libertad en la cárcel de Batán fueron las primeras en tomar la iniciativa de solicitar que se suspendieran las visitas por prevención y cuidado teniendo en cuenta que sus familias viajan horas en transportes masivos para verlas.

En general, las cárceles no están ni en la agenda ni en los discursos políticamente correctos porque, como bien decimos las feministas, lo que no se nombra no existe. Y si los muros ya hacen su parte evitándonos poder ver y los medios tergiversan las voces para no escuchar lo que realmente deberíamos escuchar, el silencio es el remate final para legitimar la barbarie en los sótanos del Estado. Barbarie es la palabra que resume a la concepción del sistema carcelario como centros de hacinamiento, de tortura, violaciones, infecciones y asesinatos declarados por la versión oficial como “suicidios” o “enfrentamientos” entre reclusxs, y archivados como “muertes dudosas”.

El punitivismo es una de las cuestiones más teorizadas y debatidas por los feminismos, en este último tiempo, a partir de la práctica del escrache a abusadores, golpeadores y femicidas. La delgada línea del punitivismo serpentea entre los justificativos, los discursos éticos y el dolor. Lo cierto es que los feminismos no buscamos generar el mismo dolor al escrachado ni venganza, sino advertir, exigir, gritar, no olvidar, cuidar y aplicar la condena social en tanto no haya políticas efectivas de prevención y contención ni justicia. Porque ellos, los pedófilos, los violadores, los femicidas, en su mayoría, no están presos (la mayor parte de los internos en las penitenciarias federales cumplen condenas por robo y narcotráfico, sólo el 5% corresponde a delitos sexuales y el 6% a homicidios). Y por eso, en tanto no haya justicia efectiva, habrá escrache. Muy diferente es entender a la justicia como el ejercicio de la tortura y el asesinato sistemáticos.

Lo irrefutable es que para los genocidas y para estos hijos sanos del patriarcado el único lugar posible es la cárcel. Entre éstos hay un conjunto en común de crímenes cometidos contra mujeres, adolescentes y niñas. Aún así, muchos criminales de la dictadura cumplen la preventiva en cárceles vip como la de Campo de Mayo o gozan de prisión domiciliaria. ¿Acaso hablamos de que deben tener todos los mismos beneficios por igual?, no. Se deben regularizar las condiciones sanitarias básicas de las cárceles comunes y allí deben permanecer todos ellos cumplimentando sus penas y los protocolos de prevención ante la pandemia, tal como debe asegurarlo un Estado de derecho que respeta las garantías constitucionales incluso de los que representan las violencias que combatimos quienes luchamos por los derechos humanos. El beneficio del arresto domiciliario frente a los riegos de contagio del coronavirus se aplica a personas con condenas menores o pertenecientes a la población de riesgo, sin embargo quienes deberían acceder a ello aún se encuentran hacinados en las cárceles mientras que genocidas, violadores y femicidas ya están en sus domicilios y, en varios casos, sin previa notificación a las víctimas o sus familiares. Mientras tanto, presxs políticos, presxs por causas armadas, presxs por cultivar cannabis para uso medicinal, o por portación de cantidades insignificantes, por robos menores, con prisiones preventivas por doquier, están en penitenciarías y comisarías colapsadas frente un inminente contagio masivo y devastador que, además, puede extenderse más allá de los muros y calabozos.

Dentro de la (súper)población carcelaria, las mujeres y disidencias también son invisibilizadas como en todos los aspectos sociales. ¿Alguien está hablando de las mujeres con hijos, las embarazadas y las personas con enfermedades inmunosupresoras en contexto de encierro?

En el caso de las mujeres privadas de la libertad la primera causa de detención es el menudeo y transporte de estupefacientes. El 70% se encuentra en prisión preventiva a la espera del inicio de un juicio. Capítulo aparte, o un libro entero, merecerían las causas armadas por el aparato policial y los periplos del horror que padecen quienes no han hecho absolutamente nada y están presxs.
En Argentina no hay un registro sistematizado ni actualizado de datos sobre presas por aborto. El Código Penal establece una pena de 1 a 4 años pero la libre interpretación de jueces y juezas hace que muchos casos se caratulen como “Homicidio agravado por el vínculo”. Ésto, sumado a la falta de relevamientos completos, contribuye a la total invisibilización de las mujeres condenadas por abortar. ¿Cuántas están en prisión a la espera de un juicio caratulado vaya a saber de qué forma?.
El 8 de abril, el juez de la Cámara de Casación Penal bonaerense, Víctor Violini , dispuso mediante una resolución el beneficio del arresto domiciliario a detenidos por delitos leves y en riesgo sanitario. Según él mismo declaró no lo permite a quienes están presxs por delitos cometidos con armas, delitos de violencia de género, delitos de abuso sexual o delitos cometidos con violencia. Sin embargo, la realidad siempre es bien distinta cuando el poder judicial es deshumanizado y patriarcal.
En un artículo publicado por Página 12, el 18 de marzo, Adriana Meyer resumió claramente estas desigualdades: “La ley 24.660 indica en el artículo 32 que los jueces pueden disponer la prisión domiciliaria a las mujeres embarazadas y a las que tienen hijes pequeñes a su cargo. Pero el cumplimiento queda a la arbitrariedad de jueces y juezas. La selectividad del sistema penal se ve con claridad en estos casos, cuando en gran medida se le concede con facilidad la domiciliaria a los genocidas, pero a las mujeres pobres y con hijxs, no. También se pidió que se revisen las causas por homicidios agravados o intentos de homicidio en los que las mujeres están detenidas por defenderse de sus parejas.”

La feminización de la pobreza, la criminalización de las mujeres y disidencias y la justicia patriarcal se complementan y retroalimentan calando tan hondo que ni en los discursos ni las agendas de los feminismos más representativos las presas y les preses están presentes. En la última reunión informativa por videoconferencia de la Comisión de Mujeres y Diversidad con del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad ninguna de las asistentes, ni la ministra siquiera, dijeron una sola palabra sobre la situación de las encarceladas ante la pandemia de Covid 19, siendo que ya el 20 de abril, las internas de la Unidad Penitenciaria n°33 de Los Hornos habían emitido un comunicado donde expresaron “un penal que no sólo aloja mujeres sino también a sus hijos hasta los cuatro años de edad; a adultas mayores; con VIH; con enfermedades respiratorias (…)
Pedimos ser contempladas en el Plan de Emergencia Sanitaria y que las malas condiciones en nuestra situación de encierro sean tenidas en cuenta en el contexto actual de pandemia por COVID 19. La cárcel no está preparada para atendernos si nos enfermamos y los efectos serían devastadores (..) Vinimos a pagar una condena, no a morir en una cárcel.” Además, el pasado 24 de abril, las mujeres privadas de la libertad en la Unidad Penitenciaria n°3 del Borbollón, en Mendoza, fueron reprimidas por el grupo masculino de choque del Complejo Boulogne Sur Mer con golpizas y disparos, tras iniciar un reclamo sonoro ante una nueva negativa de parte de las autoridades a sus notas solicitando garantías de higiene y celulares para comunicarse con sus hijes (beneficios que sí se habían otorgado en el Complejo de varones).

Por su parte, el Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos elaboró recomendaciones irrisorias al Servicio Penitenciario Federal, como si el actual estado de las prisiones cumpliera con los mínimos requisitos de sanidad y como si la idiosincrasia del personal carcelario guardara algo de respeto por la dignidad humana cuando se trata de presxs comunes y pobres. A nadie se le ocurre considerar la formación de género.
En las últimas horas, cinco de los seis módulos del Complejo IV de Mujeres de Ezeiza comenzaron una protesta pacífica exigiendo el cumplimiento del protocolo de salud y que se tomen medidas para descomprimir la superpoblación. Las internas del Centro de Rehabilitación de Drogadependientes (CRD) denuncian que se relizan requisas excesivas (30 requisas para 11 mujeres, obligándolas a quitarse la ropa y tocándolas a todas con los mismos guantes) y el recrudecimiento de la falta de insumos sanitarios como guantes, barbijos y botas para las encargadas de la limpieza de los pabellones.
En lo que va de la cuarentena se contabilizan oficialmente los asesinatos de José Candía, en Corrientes, y Federico Rey, en Florencio Varela, ambos a balazos, por parte del SPF. Se sospecha de otras dos posibles muertes más en Devoto. Y en la Unidad 40 de Lomas de Zamora, Magalí Saraco, de 27 años, fue hallada ahorcada en una celda de castigo, estando a días de recuperar la libertad y reencontrarse con sus hijes. También hubo “suicidios” en San Luis: Florencia Magalí Morales, de 39 años, en la comisaría 25ª de Santa Rosa de Conlara y un chico de 16 años en la Comisaría de Atención a la Niñez, Adolescencia y Familia, de Villa Mercedes.
¿Realmente la sociedad se da el debate de pensar quiénes deben acceder al arresto domiciliario y quienes no? ¿Por qué causa más indignación este planteo que los beneficios y tratos especiales a criminales de lesa humanidad? ¿Se está cuestionando tras la pandemia la función de las cárceles, la criminalidad penitenciaria y policial, y la inoperancia del poder judicial?
Mientras las pantallas y las redes estallan de indignación por la supuesta “liberación masiva de presos” que en realidad, hilando fino, resulta ser muy selectiva, Miguel Ángel Pierri es designado como colaborador de Sergio Berni, en el Ministerio de Seguridad Bonaerense. Pierri fue el abogado defensor del femicida de Ángeles Rawson, Jorge Mangieri; participó de la defensa del padre Julio Grassi e incluso estuvo detenido por encubrimiento en esta causa. Al parecer, el Estado está muy lejos aún de discusiones y acciones estructurales en torno a las cárceles y la perspectiva de género, demasiado distante de las representaciones no sesgadas y por demás enviciado con la misma doble vara de la justicia patriarcal, de la cual no se eximen legisladores y mandatarixs escudadxs en el discurso de la división de poderes.
“Del otro lado de la reja está la realidad, de este lado de la reja también está la realidad”, pero lo que no puede ni quiere verse, ni escucharse, ni pensarse, no puede ser puesto en palabras. En nuestros feminismos tan llenos de voces desapresadas y no olvidadas habrá que escuchar con los ojos y observar las voces a través de los muros donde “la libertad es real aunque no se sabe bien si pertenece al mundo de los vivos, al mundo de los muertos, al mundo de las fantasías o al mundo de la vigilia” Después de todo, si hay algo que nosotres sabemos muy bien es que “la única irreal es la reja.”*
*Fragmentos de Paco Urondo.

Fuente: https://www.anred.org/2020/05/01/las-carceles-el-feminismo-y-la-delgada-linea-del-punitivismo/

"Salimos a sembrar ollas populares, cacerolazos, plantones, tomarse balcones, embanderar casas y comunas, expresarnos contra el hambre y la miseria en todo nuestro continente. Semillas como banderas que señalan que el pueblo trabajador, lxs sin tierra, lxs campesinxs, lxs originarixs, lxs afro, las mujeres, las travestis y todas las disidencias sexuales confían en sus propias fuerzas. Que la salud es una construcción cotidiana y colectiva. Es cuidarnos: cuidar nuestra alimentación, nuestro descanso, cuidar que nadie nos trate como mercancía, cuidarnos de las violencias patriarcales y que se respete nuestra dignidad y el acceso a la salud integral".

Comunicado de los pueblos originarios, campesinos, afrodescendientes y organizaciones populares y feministas de Nuestra América en el día internacional de la clase trabajadora

«Su riqueza es nuestra pobreza,

ni un derecho menos»

1 de mayo de 2020
Publicado por Rebelión
Los últimos meses con la pandemia, la cuarentena, las restricciones, los estados de excepción, se ha profundizado una crisis generada por un sistema capitalista de muerte y dominación múltiple, patriarcal, colonial. Esta crisis estructural, mucho más grande y profunda que el COVID-19, si bien ha golpeado a toda la humanidad y planeta, también es necesario reconocer que los impactos más catastróficos, se dan en los sectores vulnerables e históricamente excluidos de la población de América Latina, y a la Madre Tierra fuente incesante de explotación para extracción de materias primas.
El primero de mayo de 1886 la clase trabajadora salió a la huelga en EEUU como parte de una lucha internacional contra la superexplotación capitalista bajo la bandera de las tres 8: “8 horas de trabajo, 8 horas de sueño, 8 horas de tiempo libre”. Los capitalistas y sus Estados respondían que eso era imposible, que si se reducía la jornada laboral a 8 horas la producción quebraría y todo se desmoronaría. Mucha sangre provocó la represión capitalista contra esta huelga, pero la lucha de la clase trabajadora conquistaría las 8 horas de jornada laboral a lo largo del mundo.
Bajo el neoliberalismo, los capitalistas con sus dictaduras a sangre y fuego nos arrancaron cada una de las conquistas obreras y populares del siglo XX, concentrando la riqueza, aumentando la desigualdad, eliminando derechos, flexibilizando el mercado de trabajo, mercantilizando los bienes comunes y la vida. Poco a poco se fue constituyendo una diferencia cada vez mayor, el 10% más rico de América Latina y el Caribe posee el 71% de la riqueza y tributa solo el 5,4% de su renta.La riqueza de unos pocos por medio de la explotación de la fuerza de trabajo es la miseria y la falta de derechos de una mayoría.
A su vez, este sistema capitalista se asienta sobre el saqueo de nuestros bienes comunes, la destrucción de la naturaleza, el modelo extractivista y contaminante que genera hoy el cambio climático , enfermedades y muerte con el único objetivo de seguir maximizando las ganancias de los grandes empresarios y grupos de poder para perpetuar una lógica de consumo exacerbado, que llevará a la destrucción del medio ambiente.
Esta forma de producción agroexportadora y de monocultivo sin soberanía alimentaria se lleva adelante a costa de nuestras vidas y de nuestra salud, e impide que los pueblos habiten dignamente el planeta. Las grandes aglomeraciones en las ciudades, el vivir en el hacinamiento, las dificultades para acceder a la salud, al trabajo, la educación, la vivienda y a ciertos recursos básicos e indispensables como el agua potable hace que seamos más propensxs a contraer nuevas enfermedades y que estas se vuelvan pandemias; o que viejas enfermedades ya superadas para algunos sectores de la población, sean letales para otrxs, como por ejemplo la tuberculosis, sarampión, el mal de Chagas o la malaria.
Todas estas consecuencias toman diferentes formas según el sector, poniendo en evidencia cómo el patriarcado es estructurante del capitalismo. Por ejemplo en todo el mundo las mujeres y las disidencias sexuales, las lesbianas, transexuales, bisexuales, no binares, trans, travestis son las que más sufren la desocupación y la precarización laboral. Esto se debe en gran parte a que son quienes realizan las tareas de domésticas y de cuidado en sus hogares sin recibir un salario a cambio o sosteniendo roles naturalizados sin que se compartan dichas tareas, y por lo tanto se hace muy difícil sostener esas largas horas de doble explotación y responsabilidades junto con un trabajo formal por fuera de la casa.
A su vez, si bien el movimiento feminista ha logrado grandes avances y se encuentra en alza protagonizando grandes gestas de luchas , la violencia patriarcal que va de la mano con el capitalismo, se cobra la vida de miles de mujeres e identidades disidentes a diario. Esta forma de violencia se sustenta en la dominación de los cuerpos y de la sexualidad de las mujeres, quintándoles sus saberes, deseos y decisiones, y queriendo relegarlas a un papel de reproductoras de la mano de obra necesaria para engordar las ganancias empresariales y un sistema de opresión con raíces profundamente coloniales.
También la violencia colonial y heredada desde la conquista, se presenta de forma más descarnada hacia los pueblos originarios, afro y campesinxs, se presenta de forma más descarnada. Los Estados Nación que conocemos en la actualidad se han fundado a partir del exterminio de los pueblos preexistentes, y aún hoy la discriminación y la violencia siguen funcionando para borrar su cultura, su idioma y sus costumbres. El desplazamiento y la expropiación de sus tierras para el negocio inmobiliario, el avasallamiento a sus formas de organización comunitaria y la construcción de sus identidades como un enemigo interno, son la muestra de que aún existe una represión Estatal atroz.
Un aspecto fundamental para consolidar la explotación y contener los avances populares ha sido la militarización de la vida. El asesinato y la judicialización de lideres y lideresas sociales, el desplazamiento forzado, la irrupción de grupo armados paramilitares, la estigmatización de los movimientos populares y revolucionarios, son parte del pan de cada día que hoy enfretan los pueblos y movimientos que buscan defender sus soberanías y territorios.
Como parte de la misma ofensiva, los medios masivos de comunicación y otros mecanismos como los extremismos religiosos, representan hoy los pilares para generar grandes masas de la población convencidas de que la desigualdad es natural y de que el “desarrollo” de occidente es el camino.
Junto a las tecnologías, se nos imponen unas no tan nuevas, formas de control social generando importante cambios en el mundo del trabajo. Una sociedad cada vez más fragmentada y produciendo por medios virtuales, que pone en mayor nivel de opresión a las grandes mayorías de la población que se dedican al llamado trabajo informal y a las labores feminizadas no reconocidas expresamente por el mercado, como las del cuidado y reproducción de la vida.
Del mismo modo nos enfrentamos al trabajo precarizado, donde bajo el discurso de ser emprendedor, y la supuesta autonomía, se esconde la autoexplotación, la tercerización, la falta de garantías y pérdida total de derechos que van desde la organización sindical, hasta salud y pensión.
Pero a lo largo de todos estos años, la clase trabajadora no se ha dado por vencida y conserva en su memoria colectiva y en su hacer cotidiano la organización popular a lo largo del mundo, lo cual mantiene una esperanza viva. Millones y millones luchamos, a veces con victorias, muchas otras con derrotas, pero siempre construyendo respuestas para resolver nuestros problemas desde la solidaridad de los y las de abajo. Aún en situaciones de resistencia o defensiva, impulsamos iniciativa popular porque sabemos que ahí está la clave para sembrar, cultivar y cosechar otro mundo posible.
A pesar del contexto actual, conservamos de manera vívida las recientes experiencias del pueblo chileno, ecuatoriano, colombiano y boliviano contra el ajuste neoliberal y la implantación de nuevas dictaduras como es el caso de Bolivia. Los procesos de lucha masiva y creación de propuestas en las calles, de barricada, de enfrentamiento contra las fuerzas represivas en las barriadas, las ollas populares, la desobediencia civil, las huelgas, el piquete, el corte de ruta, el levantamiento, las economías solidarias y la articulación internacionalista entre pueblos hermanos, nos demuestran que ese es el camino fundamental e indispensable hoy.                                    
La solidaridad internacionalista también ha sido fundamental para que procesos con el cubano y el venezolano sigan defendiendo hoy sus soberanías y levantando banderas de libertad y justicia para nuestros pueblos
Necesitamos que el aislamiento social no cale en nuestra clase, que los estados de excepción sean excepción y no la regla, darle batalla al individualismo y el estado policial entre vecinos y vecinas. Que el distanciamiento necesario para superar esta pandemia no se instale como estilo de vida y que por el contrario sigamos manteniendo la conciencia de unidad y lucha que hemos sabido construir como trabajadorxs.
Este primero de mayo salimos a sembrar ollas populares, cacerolazos, plantones, tomarse balcones, embanderar casas y comunas, expresarnos contra el hambre y la miseria en todo nuestro continente. Semillas como banderas que señalan que el pueblo trabajador, lxs sin tierra, lxs campesinxs, lxs originarixs, lxs afro, las mujeres, las travestis y todas las disidencias sexuales confían en sus propias fuerzas. Que la salud es una construcción cotidiana y colectiva. Es cuidarnos: cuidar nuestra alimentación, nuestro descanso, cuidar que nadie nos trate como mercancía, cuidarnos de las violencias patriarcales y que se respete nuestra dignidad y el acceso a la salud integral.
Las, les y los de abajo hemos construido el mundo con nuestras propias manos y vinimos a él para ser libres o luchar hasta conseguirlo.
#Pandemia es capitalismo!
#Nuestras vidas valen más que sus ganancias!
Libertad a todos los presos y presas políticas, basta de persecuciones a las organizaciones populares.No al golpe de estado en Bolivia.
Primero la vida, abajo el capital
La deuda es con el pueblo no con el FMI
POR UN PRIMERO DE MAYO EN LA UNIDAD DE LXS QUE LUCHAN, RESISTEN Y CONSTRUYEN PARA LA LIBERACIÓN Y LA FELICIDAD DE LXS DE ABAJO!
 Firmas
  • CONAIE Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador-Ecuador
  • Congreso de los Pueblos – Colombia
  • MTST Movimiento de Trabajadores Sin Techo-Brasil
  • CONFENIAE Confederación de Nacionalidades Indígenas de la Amazonía Ecuatoriana-Ecuador
  • FPDS Frente Popular Darío Santillán-Argentina
  • ONIC Organización Nacional Indígena de Colombia-Colombia
  • FOL Frente de Organizaciones en Lucha- Argentina
  • UKAMAU-Chile
  • Movimiento de los Pueblos/por un socialismo feminista desde abajo (Frente Popular Darío Santillán Corriente Nacional-Movimiento por la Unidad Latinoamericana y el Cambio Social -Izquierda Latinoamericana Socialista-Movimiento 8 de Abril) – Argentina
  • MICC, Movimiento Indígena y Campesino Cotopaxi-CONAIE
  • MBL Movimiento de Barrios en Lucha – Ecuador
  • Movimiento Pueblo Lucha y Trabajo ( MPLT) Argentina
  • Venceremos. Partido de Trabajadorxs – Argentina.
  • Feminismo Comunitario Antipatriarcal -Bolivia.
  • Marabunta. Corriente Social y Política – Argentina.
  • FS Fábrica Surda – Ecuador
  • Democracia Socialista – Argentina
  • Organización Revolucionaria Guevarista – Argentina
  • Venceremos Abriendo Caminos – Argentina
  • Polo Ciudadano – Panama
  • LUCHAS (Liga Unitaria Chavista Socialista) de Venezuela
  • Coordinadora Socialista Revolucionaria – México
  • RUA Juventud Anticapitalista – Brasil
  • Red Feminista Ecosocialista – Ecuador
  • Movimiento Guevarista – Bolivia
  • Corriente Política de Izquierda – Argentina
  • Corriente político sindical Rompiendo Cadenas -Argentina
  • Jóvenes Ante la Emergencia Nacional – México
  • Movimiento Insurgente – Bolivia
  • ASL Acción Socialista Libertaria – Argentina
  • Convergencia 2 de Abril – Chile
  • Trabajadorxs Movilizadxs – Chile
  • SME (Sindicato Mexicano de Electricistas) – México
  • NCT (Nueva Central de Trabajadores) – México.
  • ANUEE (Asamblea Nacional de Usuarios de Energía Eléctrica) – México
  • Federación de Jubilados, Pensionados y Adultos Mayores – México
  • OPT (Organización Política del Pueblo y los Trabajadores) – México
  • PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores) – México
  • Espacio cultural, político y social La Casita en Marabunta – Guernica,  Argentina.
  • Escuela Popular Permanente Concepción Chile
  • Asamblea Popular Wallpen Chile
  • Colectiva Feminista Socialista Voces de Lilith


Fuente: https://rebelion.org/1-de-mayo-dia-internacional-de-la-clase-trabajadora-su-riqueza-es-nuestra-pobreza-ni-un-derecho-menos/

"Sostenemos que el Poder Judicial y el Poder Ejecutivo deben tomar decisiones urgentes para preservar la vida de las personas privadas de libertad, entre ellas, disminuir la población encarcelada. (...)Reducir los riesgos de contagio y difusión del virus dentro de las cárceles es una cuestión de salud pública que involucra a toda la sociedad. Aun los que desprecian la vida de las personas privadas de su libertad, por “delincuentes indeseables” y declaman su muerte, deberían comprender que si el virus ingresa en estos ámbitos colapsarán todos los servicios de salud y no tendrán capacidad para atender a ellos ni a nadie".

DECLARACIÓN DE LA CPM 

La prioridad es salvar vidas


Abr 27, 2020En nuestro país, la pandemia mundial ha obligado a decisiones excepcionales por parte del gobierno -en todos los órdenes de la vida social- con un objetivo claro: reducir la letalidad que la expansión rápida del COVID-19 puede provocar en los grupos de riesgo. Esto, en gran medida, debido al colapso que podría provocar en el sistema de salud. El distanciamiento social y normas estrictas de higiene personal y de los ambientes son las claves.
En los lugares de encierro se vive una situación extrema, donde todos los riesgos son exponenciales debido al hacinamiento que provoca la sobrepoblación crítica, en plazas que no alcanzan ni para la mitad de la población penitenciaria de la provincia de Buenos Aires. No se puede cumplir ni con el distanciamiento social ni con la higiene personal o ambiental básica.
Cabe señalar que este es un problema mundial. Todos los organismos internacionales con pertinencia en la materia, como la OMS, la CIDH y Naciones Unidas, han recomendado como medida paliativa y urgente bajar la población en las cárceles con medidas alternativas a la prisión para el cumplimiento de la pena, libertades o cese de la prisión preventiva, en particular a las personas que son de riesgo por edad o patologías preexistentes. Es decir, aquellas que si se contagian tienen certeza de morir. Esto ha sido también sostenido por los organismos que trabajan la problemática a nivel internacional como el Subcomité para la Prevención de la Tortura de Naciones Unidas o el Comité Nacional para la Prevención de la Tortura de Argentina.
En decenas de países como EEUU, Chile, Perú, Irán, Italia, etc. se ha recurrido entre otras medidas a la conmutación de penas e indultos por parte del ejecutivo, o bien leyes que buscaron ese camino. También el Papa Francisco y máximos referentes cristianos de distintas Iglesias han llamado a resolver urgente el problema de las prisiones.
En la Argentina, y en particular, en la provincia de Buenos Aires, el Poder Judicial, mediante distintas a.cordadas, fallos y resoluciones, ha seguido las recomendaciones de los organismos internacionales, ajustándose a derecho y a valores humanitarios esenciales. Esto ha implicado no solo detener el crecimiento sostenido y acelerado de la población carcelaria, sino ir disminuyendo (aunque lentamente) su número. Esta merma hoy no supera un escaso 5 % del total, mientras la sobrepoblación en algunas unidades asciende al 200%, el triple del cupo. En los pabellones colectivos que esta semana protestaron en la Unidad 23 de Florencio Varela, hay capacidad para 35 personas pero alojan a 140 Las medidas básicas para la prevención de la pandemia son inexistentes e impracticables: menos de medio metro cuadrado ocupado por persona, con cuatro canillas de agua para todos, sin jabones ni alcohol en gel o barbijos.
Todas estas cuestiones se han venido tratando y debatiendo antes de la emergencia sanitaria, en diversas mesas de diálogo interinstitucional, con la participación de todos los poderes y la sociedad civil, donde también están representados los familiares de detenidos.
El temor al contagio y la clara conciencia de que las medidas sanitarias para contener la pandemia son de imposible cumplimiento motivaron en las personas detenidas el inicio de protestas y huelgas de hambre. En la mayoría de los casos han sido pacíficas, y gran parte de las peticiones se están tramitando en mesas de diálogo en cada una de las unidades penitenciarias.
Cuando las protestas se tornaron violentas, la responsabilidad debe buscarse en un servicio penitenciario que eligió reprimir y no dialogar. En la Unidad 23 se expresó de manera trágica: la violencia penitenciaria provocó el fusilamiento con balas de plomo de Federico Rey.
Tales hechos han instalado el tema en los medios de comunicación. Al mismo tiempo, en ellos se han ido expresando las reacciones frente a la aplicación de las recomendaciones puestas en marcha para preservar la vida de las personas detenidas. Se ha montado una operación espuria que promueve la violencia, desprecia la vida, falsea la realidad y nuevamente trata de promover el desprestigio de quienes defendemos los derechos humanos, inventando una suerte de conspiración maliciosa cuyo objetivo es liberar a “delincuentes peligrosos” que pondrían en riesgo la seguridad de la sociedad toda. Esto es falso. En medio de la pandemia alimentan otros miedos, estigmatizan y deshumanizan. Bajezas y «fake news» para promover el odio y el malestar social.

Desde la Comisión Provincial por la Memoria (CPM), en su carácter de Mecanismo Local de Prevención de la Tortura, siempre hemos sostenido que el aumento del índice de prisionización no es una buena política de seguridad, pero lamentablemente ha sido la estrategia que, desde hace 20 años, han seguido los distintos gobiernos. Esto ha llevado al colapso del sistema de encierro. El poder judicial es parte del problema, demorando juicios, sentencias y resoluciones. En la provincia de Buenos Aires, la mitad de las personas detenidas están con prisión preventiva, es decir aún no condenadas por el delito que le imputan, y muchos permanecen así por años. Varias de estas causas son «armadas» por policías que no investigan o que regulan el delito con estas prácticas. En la cárcel la atención de la salud es inexistente o desastrosa, se muere de TBC, VIH o neumonías. Desde hace años que la CPM reclama el pase de la Dirección de Salud Penitenciaria, hoy dependiente del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, a la órbita del Ministerio de Salud.
Reducir los riesgos de contagio y difusión del virus dentro de las cárceles es una cuestión de salud pública que involucra a toda la sociedad. Aun los que desprecian la vida de las personas privadas de su libertad, por “delincuentes indeseables” y  declaman su muerte, deberían comprender que si el virus ingresa en estos ámbitos colapsarán todos los servicios de salud y no tendrán capacidad para atender a ellos ni a nadie.

Es por ello que sostenemos que el Poder Judicial y el Poder Ejecutivo deben tomar decisiones urgentes para preservar la vida de las personas privadas de libertad, entre ellas, disminuir la población encarcelada. Esto de ningún modo vulnera ni el orden social ni la ley, todo lo contrario, pone a derecho situaciones que se han apartado de los mandamientos constitucionales. Hoy la prioridad es salvar vidas.

http://www.comisionporlamemoria.org/la-prioridad-es-salvar-vidas/