jueves, 1 de noviembre de 2018

Señalemos: "el PT gana el gobierno con Lula y fue perdiendo terreno en el sector más popular y en el sector de la izquierda más radical. En lo agrario, por ejemplo, opta claramente por el agro-negocio, que es, de hecho, el negocio que sirve de fuente de acumulación a la extrema derecha en Brasil."

Brasil / Entrevista a dirigente del MST: “Perdimos la batalla pero salimos fortalecidos para seguir la guerra”

31 de octubre de 2018
Entrevista a Edson Bagnara del MST
Todos los análisis permitían prever que Jair Bolsonaro ganaría las elecciones en Brasil. El impacto de esta victoria de la extrema derecha en un país tan importante en nuestro continente ha encendido el debate, circulan análisis, opiniones. La izquierda reconoce que la derrota del PT implica un duro golpe al proyecto emancipador del pueblo brasilero y del continente todo, y un paso fuerte del imperialismo estadounidense en su esfuerzo por reconquistar los espacios perdidos en América Latina.
A propósito de esta compleja conyuntura, Prensa Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora conversó con Edson Bagnara, integrante de la Coordinación Nacional del Movimiento Sin Tierras de Brasil y dirigente de la brigada de ese movimiento en Venezuela, para indagar en las claves de la victoria derechista que puedan servir de análisis y orientación a los propios procesos de la izquierda en el continente.

¿Qué análisis tienes, en términos generales, sobre las causas que llevaron a que el presidente de Brasil sea hoy Bolsonaro?
Quisiera comenzar el análisis recordando que esto se trata de una lucha de clases, donde nos estamos enfrentando dos enemigos, la clase trabajadora, de un lado, y la burguesía, de otro. Hay una guerra desde que la burguesía llegó al poder, desde la revolución industrial y la revolución francesa, y eso continúa. No seamos ingenuos. Esto no es solo un problema de Brasil, sino mundial.
Debemos decir que en Brasil los trabajadores empezamos a ser un actor político con capacidad de disputar poder hace muy poco tiempo. Antes, la clase trabajadora en Brasil éramos esclavos. Había lucha y resistencia, pero esas luchas eran masacradas, no había posibilidad de que la clase trabajadora tuviese condiciones de tener una ofensiva nacional. Pero se fue abriendo camino, Brasil conquistó la república y por ahí fuimos acumulando hasta llegar a la década del 30 cuando hubo el ascenso de los comunistas liderado por Luis Carlos Prestes, que luego fue derrotado y asume el poder Getúlio Vargas, para establecer desde 1930 hasta 1945 una dictadura que derrotó tanto a los comunistas como a la oligarquía. Durante este período hubo muchas concesiones a la clase trabajadora (la conquistas del voto para las mujeres, las leyes laborales, la carta de trabajo). Luis Carlos Prestes estuvo 6 años en la cárcel, y después que sale aparece en alianza con Getulio Vargas, que era el gobierno que lo había encarcelado. ¿Por qué la izquierda en ese momento tomó esta opción? Porque había saldo político para la clase obrera y no había condiciones para enfrentar ese bloque que estaba en el poder. Entonces, se hizo esa especie de alianza política para garantizar más conquistas y más derechos para la clase trabajadora y acumular fuerza política. De allí venimos. Esto es importante recordarlo.
Con la salida del régimen militar en Brasil, los sectores democráticos brasileños se dividieron en varios frentes y el frente más a la izquierda lo encabezó el PT junto a otros partidos menores. El PT ha tenido la conducción de las batallas por la izquierda, y para llegar al gobierno el PT fue construyendo alianzas, tomando posiciones radicales a la izquierda, pero también perdiendo sectores de la izquierda, como PSOL. Efectivamente el PT gana el gobierno con Lula y fue perdiendo terreno en el sector más popular y en el sector de la izquierda más radical. En lo agrario, por ejemplo, opta claramente por el agro-negocio, que es, de hecho, el negocio que sirve de fuente de acumulación a la extrema derecha en Brasil.

En ese proceso donde hubo desafiliaciones por condenar o criticar esas concesiones que iba haciendo el PT o el gobierno, ¿el MST como se situó?
El MST siempre tuvo una posición crítica hacia el gobierno. Pero nosotros sabíamos que no podíamos romper porque nos aislaríamos. Una cosa es PSOL, se aísla del PT porque ellos eran diputados, gente que estaba en la universidad, y sus críticas eran más bien ideológicas. Otra cosa es el MST, que está en un flanco de batalla, con tomas de tierras, con gente organizada y un acumulado. Es una posición en la que se puede morir. Por eso siempre mantuvimos una crítica al PT en contra de algunas políticas que nos tocaban a nosotros, pero manteniendo el apoyo. De hecho, fuimos la principal organización que sale en defensa de Dilma cuando el golpe, y también fue así con la defensa de Lula ahora que lo encarcelaron.

Pero volvamos al tema de las causas de la actual derrota…
Me parece que el problema no está necesariamente en las alianzas que el PT hizo para alcanzar el gobierno, sino en no haber aprovechado este período histórico en el poder para hacer una construcción de base. El PT se enfocó mucho, como estrategia central, y no como táctica, en la disputa electoral. Me parece que es un error poner la disputa electoral como si fuera la estrategia, ocupar cargos del Estado no puede ser entendido como si ésa fuera la estrategia, sino como acumulación de fuerza para hacer las transformaciones. Entonces el PT fue bajando el trabajo político con los pobres, con la base, y se centró en políticas sociales sin trabajo político. Eso explica que mucha gente que ganó un título de universidad con el gobierno del PT hoy votó por Bolsonaro porque no tiene conciencia de que el hecho de que la gente pobre pudiera llegar a una universidad, construir su vivienda, mejorar su vida, estaba conectado a una estrategia, a una política económica distinta a la política económica liberal.
Al no politizar, algunas iglesias lo hicieron, con falsos mesías politizaron hacia la derecha, y utilizaron a su favor la fuerza que debía estar a nuestro favor. El pueblo conseguía una casa y daba gracias a dios por la casa, cosa que no está mal, pero también tenía que entender que lo central en la conquista de la casa es que había una política de la izquierda que estaba en el Estado brasileño, para que eso pudiera ser.
Después viene el golpe a Dilma, y en el PT hubo una depuración. Sectores oportunistas fueon saliendo al cambiar las condiciones. Y crecieron en el PT los sectores que siempre denunciaron los errores y señalaron que se debía seguir construyendo con las bases. Empieza a afianzarse la idea de que si el PT quiere seguir existiendo en Brasil, no es posible, en este momento, hacer una conciliación de clase. Hay que tener un proyecto muy claro para disputar las conciencias de la gente, en los debates políticos, en el trabajo de base. Porque la derecha aprovechó los gobiernos del PT para acumular fuerzas, primero con Lula y después con Dilma. La derecha acumuló fuerzas en todos los sentidos, más fuerza que la izquierda en mi opinión. Y fuerza incluso económica, porque ellos ganaron mucho a través de sus grupos económicos.
Otro aspecto es el éxito de la derecha en asociar el PT a corrupción. ¿Cómo hicieron eso? En el PT hubo un sector que de verdad se corrompió y eso lo explotó el enemigo. Y los medios no le dieron tregua en ningún momento, no le dieron ningún momento de chance para que el PT respirase tranquilo, todo el tiempo golpeando, golpeando. Y en esto de lo mediático hubo otro de los errores. No se desarrollaron formas y medios de comunicación alternos a los hegemónicos, no hubo una política de crear medios públicos y comunitarios.
¿Por qué el imperialismo y las élites nacionales terminan tomando la opción más extrema, la más de derechista, la más fascista, y por qué ésta termina siendo comprada por la gente?
Yo creo que hay un movimiento internacional de la burguesía para intentar salir de la crisis en la que ellos entraron y no están logrando salir a través de gobiernos democráticos. En Brasil, por ejemplo, aunque hayamos perdido la elección, la izquierda creció mucho. Entonces, un gobierno democrático sería como dejar las puertas abiertas para que la izquierda dé un avance tremendo. ¿Por qué? Porque no iría a matar, no iría a reprimir con la fuerza necesaria para imponer su proyecto, que es el proyecto de salvar el capitalismo, salvar el imperialismo y salvar las multinacionales. Porque un gobierno de extrema derecha va a matar, a torturar, a encarcelar, a aislar gente. Bolsonaro lo dijo el domingo pasado: “Los rojos pueden escoger cárcel o exilio”. Un político como Alckmin, si hubiera sido la opción, no diría eso y no haría algo así. Entonces, un gobierno así no garantiza el control social necesario para impedir la acumulación de la izquierda.

Eso que dices explica por qué la derecha opta por esa alternativa, ahora bien, ¿por qué la mayoría de la población votó por esa opción, con una alta participación, además, sólo 21% de abstención?
La gente está como anestesiada. Yo no creo que la población brasileña de forma general sea neofascista, pero la gente fue bombardeada durante años contra el PT. Y el encarcelamiento de Lula fue determinante. De no encarcelar a Lula el resultado sería otro. Además, contra el PT estaba la izquierda esa ideológica, que no es poca gente. Y hay una masa que votaba a la izquierda y dejó de hacerlo por el distanciamiento del PT de las bases, y por el feroz ataque permanente en los medios y en sectores de las iglesias. Pero la mayoría de la gente no sabe lo que votó. Por eso es que yo creo que hay un campo abierto allí para que la izquierda pueda volver a acumular y a fortalecerse. La izquierda sale de esta elección unificada me parece.

Hay zonas de Brasil importantes donde ganó la opción izquierda, ¿qué pasó allí?
El PT ganó en el nordeste con una proporción casi de 70 a 30, y perdió en todas las demás. La razón es porque es una zona históricamente olvidada que fue muy atendida por los gobiernos del PT. Es una zona que para agricultura es complicada porque es muy seca y debe hacerse mucha inversión para tener rentabilidad en la agricultura. La política hacia esa zona siempre fue la de sacar gente para ocupar el resto del territorio nacional, y ser mano de obra. El agronegocio, por ejemplo, sale del sur oriental y va subiendo, hasta llegar al Roraima, y la mano de obra sale del noreste, hasta llegar por lo menos hasta San Pablo, que es donde está la fuerza industrial más grande en Brasil. En el nordeste no hubo nunca inversión y el PT cambió eso, la gente recibió una vida mejor, casa, vivienda, salud, educación. Se detuvo la salida de mano de obra y se desarrolló la región. De hecho, la gente del sur despreció eso, lo condenaron con el argumento de que en el sur se produce la riqueza y se le regala a los del nordeste.

En tu opinión, ¿qué peso tuvieron los sectores medios en el resultado? ¿se construyó un discurso y una política hacia estos sectores?
Comenzaría por decir que los sectores medios están siempre presionados, de un lado por el miedo a “bajar” a la clase trabajadora, y de otro lado la aspiración a ascender a la burguesía. Cuando la derecha la asusta y le quita derechos viene con nosotros, pero cuando nosotros tenemos mejoras de vida ella se siente amenazada. Es difícil hacer un discurso y una política para este sector. El PT, de hecho, dio muchas ventajas a la clase media en Brasil y ésta creció y mejoró. La clave está en lograr que esas mejoras de calidad de vida para la gente no impliquen simpatía ideológica con el proyecto capitalista del enemigo. Y es importante hacerlo. Hay sectores de la clase media que ya están con nosotros, pero hay que ampliar el nivel de inserción y de conocimiento en ese sector, porque allí están los profesores, los magistrados, la propia policía, los pequeños productores, los pequeños empresarios, ese sector tiene que estar con la clase trabajadora.
Es diferente al sector de la banca nacional e internacional, de los grandes oligopolios económicos. Si, por ejemplo, como hizo se hizo en Brasil, se fortalece mucho el sector agroindustrial entonces los medios y pequeños desaparecen. Veamos un solo dato. En 2016 Dilma dio aproximadamente 150 mil millones de reales para al agronegocio, que son como 20 mil propietarios, la élite del agro negocio brasileño, y para los pequeños y medianos agricultores, que son casi 4 millones de familias, fue apenas aproximadamente 20 mil millones de reales. Y esto se puede decirse también de los sectores industriales. Allí vemos claramente un error en política económica que tiene graves consecuencias en la lucha política.
¿Qué podemos esperar ahora con Bolsonaro presidente? ¿Por dónde debería de caminar ahora la izquierda?
La izquierda sale fortalecida de este proceso, nosotros fuimos derrotados en una batalla, pero estamos más fortalecidos para la guerra. Primero, porque dentro de la izquierda a habido una depuración, está más claro el enemigo y mucho oportunista ha salido. Estamos más conectados con el pueblo y estamos más a la izquierda y más claros del proyecto de izquierda que antes. Ahora debemos saber aprovechar esta energía para defendernos de los ataques que vienen y para desarrollar un trabajo amplio de reconstrucción, de reconexión con los sectores que nosotros perdimos en esta trayectoria.
Con respecto al gobierno de Bolsonaro, creo hay que esperar un poco. Hay posiciones como la Boulos, del PSOL, planteando salir de inmediato a la calle a protestar. Éste no es momento para meter el pecho porque saldríamos reventados. Así que creo que hay que dar tiempo para ver con qué viene el enemigo. Claro que si nos empiezan a matar nos vamos a defender, pero es posible que no sea así. Puede que haya alguna moderación. Y en general, a mí me parece que salimos fortalecidos, salimos con más unidad que la que teníamos antes, con más claridad y ahora a esperar un poco para reposicionar las fuerzas. Una cosas es clara: hay que hacer trabajo de base, hay que hacer conexión con el pueblo.

¿Qué esperar del gobierno Bolsonaro para América Latina y Caribe?
Es evidente que el continente gira a la derecha con la victoria de Bolsonaro. Él prometió romper con los espacios de integración latinoamericana, prometió una aproximación subordinada a los intereses de EEUU, prometió guerra contra Venezuela y Bolivia y limpiar de la izquierda a América Latina.
Eso nos apunta un posicionamiento político claro, pero creo que no es tan sencillo meterse en una guerra. No creo que eso se va dar pronto o si se va dar. Debemos aguardar los movimientos de ellos para verificar con claridad qué pretenden realmente hacer y también ir relacionando con la geopolítica internacional. El conflito se dá en los territorios, los países, las regiones, pero la disputa es global. Nada va a ocurrir aislado del contexto de la disputa mundial.
Prensa Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora

Fuente: http://www.resumenlatinoamericano.org/2018/10/31/brasil-entrevista-a-dirigente-del-mst-perdimos-la-batalla-pero-salimos-fortalecidos-para-seguir-la-guerra/

"Entramos con compañeros y familias de otras zonas. Levantamos nuestro campamento, y desde ahí nos organizábamos, debatíamos, y llegamos a conquistar nuestro pedazo de tierra(...)y que después había que seguir luchando por la producción en el asentamiento. Y después teníamos otro desafío más, que era luchar por el país. La lucha por la tierra no es conseguir un pedazo de tierra, quedarse con la familia, y hasta ahí nomás".

Esther Leiva: Tres veces rebelde

31 de octubre de 2018

 

Reportaje/María Sanz



Esther Leiva es una de las voces más potentes en la lucha del campesinado por el acceso a la tierra en Paraguay, y por los derechos de las campesinas. A lo largo de décadas de militancia, ha enfrentado desalojos, persecución, detenciones e imputaciones. Ahora libra una de sus batallas más duras: un juicio por un presunto delito de corrupción que podría llevarla a la cárcel. Esther defiende su inocencia, y dice que siempre fue atacada por su condición de mujer, campesina y militante. Su caso se presenta como un emblema de la criminalización a la que se ven sometidas muchas defensoras de derechos humanos en América Latina.

Cuesta resumir a Esther Leiva en una frase. Porque, cuando habla, es como si hubiera miles de otras Esther habitándola. Cuando habla, Esther son varias.


—Soy una militante campesina, humilde, luchadora, madre de familia- se define ella.- También me han dicho siempre que hablo fuerte, que soy juru guasú.


Juru guasú significa literalmente “boca grande” en guaraní, la lengua que hablan la mayor parte de quienes viven y trabajan en el campo en Paraguay. La lengua que habla Esther, y que en su voz se vuelve puño, bandera, consigna. Cuando habla en guaraní, y las palabras le brotan exactamente como ella quiere, Esther se transforma en otra persona. Entonces habla más fuerte, con la clase de fuerza que tiene un megáfono en mitad de una manifestación. Esther es un altavoz. Por su boca desbordan los reclamos campesinos, de una forma en que no queda más remedio que detenerse y escuchar.


Esther dice también que es coherente, que es responsable. Que es pobre. Y que es mujer. Después, añade:

—No soy delincuente, no soy bandida, no soy corrupta.

Desde hace casi 14 años, Esther enfrenta a periodistas, jueces, policías y fiscales que se refieren a ella con ese tipo de calificativos. Para quienes ejercen el poder -político, judicial, mediático- en Paraguay, la boca grande y justiciera de Esther es una amenaza que conviene acallar.


La primera ocupación

Hubo un tiempo, sin embargo, en que a Esther le daba miedo hablar en público. También le daban miedo las noches en el bosque, y la idea de dormir rodeada de alimañas. Esther tenía 19 años y tres hijos la primera vez que participó en una ocupación de tierras. Estaba embarazada del cuarto.
Y estaba asustada.


—Cuando llegamos era todo bosque, y no había caminos. Al principio no teníamos casa. Con mi marido hicimos una estructura de madera, igual que una cama, pero con palos, y me subía ahí con los tres pequeños. Y yo le decía: “Lo tenés que construir más alto, porque yo tengo miedo de los animales”. Y me reía. Pero a veces, en la noche, nos avisaban de que iba a entrar la policía para desalojarnos.


Esther nació en el distrito de General Morínigo, a unos 211 kilómetros al sureste de Asunción, la capital paraguaya. Conoció a su marido a los 15 años, y se mudó con él al departamento de San Pedro (norte). La familia de su marido vivía cerca de la ciudad de Capiibary (unos 250 kilómetros al noreste de Asunción), y se dedicaba a producir alimentos para sobrevivir. A medida que Esther y su marido tenían hijos, empezaron a pensar en disponer de una parcela propia de tierras donde vivir, cultivar su comida y criar a los niños.

Pero, para Esther y su marido, pensar en reunir algún día el dinero suficiente para adquirir un terreno era una utopía. La suegra de Esther, que estaba vinculada a las Ligas Agrarias Cristianas -una organización campesina duramente reprimida durante la dictadura de Alfredo Stroessner (1954-1989)- apuntó entonces una alternativa: ocupar tierras del Estado paraguayo y fundar en ellas un asentamiento. Era el año 1993.


—Estas eran tierras fiscales. Habían sido de un banco, pero estaban siendo transferidas al Estado paraguayo. Son 5.000 hectáreas de terreno. Entramos con compañeros y familias de otras zonas. Levantamos nuestro campamento, y desde ahí nos organizábamos, debatíamos, y llegamos a conquistar nuestro pedazo de tierra. Casi nueve meses estuvimos acampados frente al Parlamento paraguayo para reclamar estas tierras. Y después de cuatro años, logramos que se reconociera el asentamiento. Pero todavía hoy no se ha concretado la transferencia, las tierras están con problemas, y el Estado no puede hacer inversiones acá.

En las tierras no había caminos, ni viviendas, y mucho menos luz, agua, escuelas u hospitales. A lo largo de esa primera ocupación, Esther enfrentó amenazas, persecución y desalojos. Pero siguió participando en más y más ocupaciones porque, asegura, son la única forma en la que las comunidades campesinas han podido acceder a la tierra en Paraguay. Dice que esa lucha por la tierra, frontal, en ocasiones un combate cuerpo a cuerpo contra la policía, “da principios”. Con cada ocupación, Esther se daba cuenta de que la lucha por la tierra iba más allá de los límites de su terreno, o del asentamiento que iba a fundar. Ella luchaba por tierras para todos los campesinos, en todo el país.


—Cuando una persona tiene un pedazo de tierra, se conforma, porque ya se identifica como propietario, como terrateniente. Pero nosotros entendíamos que ése era solo un paso, y que después había que seguir luchando por la producción en el asentamiento. Y después teníamos otro desafío más, que era luchar por el país. La lucha por la tierra no es conseguir un pedazo de tierra, quedarse con la familia, y hasta ahí nomás. Para mí no era suficiente con conquistar diez hectáreas de tierra para nosotros. También hacían falta tierras para nuestros cuatro hijos. Y no solo para ellos, sino para los miles de criaturas que iban a necesitar tierras, y que necesitaban de nosotros. En la organización entendí que la lucha por la tierra era una lucha de clase.


A partir de este compromiso, la misma Esther que tenía miedo a las alimañas en los bosques paraguayos se convirtió en militante de base de su asentamiento, de su zona, de su distrito y de su departamento, hasta llegar a ser secretaria de la Mujer, secretaria de Relaciones y, finalmente, coordinadora general de la Organización de Lucha por la Tierra (OLT) en todo el país. Hablaba -fuerte- en las reuniones de base de las ocupaciones, repartidas ya por todo el territorio paraguayo. Pero también en las marchas campesinas, en las asambleas de la OLT, en las entrevistas con parlamentarios, en las radios, en las televisiones. Escalón por escalón, Esther se convirtió en una de las portavoces del campesinado. Era cada vez más visible. Y cada vez más perseguida.


Campesina y militante

Esther se dio cuenta de que enfrentaba un triple estigma: el de ser mujer, campesina y militante. Tres veces rebelde.

—En la sociedad paraguaya, nos dicen que las mujeres tenemos que callar, quedarnos en casa, y cuidar a la familia. Las mujeres tienen que reproducirse, casarse y ser vistas como esposas. Si salimos de esos roles, ya somos personas terribles. En las reuniones (de la organización) empezó a cambiar mi mentalidad. Me dije: “No, yo no puedo solamente reproducirme y criar niños, tengo derecho de decidir y participar”. Y decidí, como mujer y como campesina, no callar ante las injusticias. Solo por eso, ya soy criminal. Así es como me califican los caudillos políticos de mi zona.

Los cuestionamientos hacia su rol de mujer militante no solo los recibió Esther de parte de sus enemigos políticos. También tuvo que enfrentarlos en su propia familia.


—Me decían que por qué yo abandoné a mi familia, que me necesitaban también. Insistían en que tenía que tener más hijos, que cuatro eran muy pocos. Y yo sufría mucho, porque dejar a cuatro hijos en la casa y salir a militar es terrible. Pero mis hijos me comprendían.


Además, en sus inicios también fue cuestionada por parte de sus compañeros de organización.


—Yo era una militante joven, y al principio tenía que enfrentarme a que me dijeran que era muy linda, que era muy hermosa… y tenía que ganarme el respeto y la confianza de mis compañeros. A las mujeres nadie nos regala un espacio, tenemos que hacer doble y triple esfuerzo, y lo que conseguimos es con lágrimas. El patriarcado te da la oportunidad de participar, pero también te marca hasta dónde puedes hacerlo. Cuando una mujer quiere pasar a otro nivel, choca con todas las contradicciones machistas, y empiezan las barreras.

Por eso, a medida que fue avanzando en su empoderamiento, también empezó a reconocerse en el movimiento feminista, y a entrelazar sus reclamos con las reivindicaciones campesinas. Dice estar cansada del discurso, extendido en los sectores conservadores, de que el feminismo y la teoría de género –cuya enseñanza está prohibida en las escuelas públicas paraguayas– “destruyen a la familia”.


—Lo que destruye a la familia es el sistema capitalista, machista y patriarcal. Es la migración masiva, que viene por la falta de tierras, y que fuerza a que los padres o las madres tengan que irse a otros países por falta de oportunidades. Es la fumigación del campo con agrotóxicos, que hace que las familias se estén enfermando y muriendo. Es la falta de acceso a la salud gratuita, a la educación. Es la falta de ingresos para la agricultura familiar campesina. Pero acá lo que promueven los medios es instalar que es el género el que destruye a la familia, que somos las mujeres que defendemos nuestros derechos las que destruimos a la familia.


El inicio de la criminalización

Con el paso de los años, Esther logró vencer los prejuicios de su entorno y ser respetada en su organización. Pero entonces, empezó a ser criminalizada.

En 2004, militantes de organizaciones sociales y campesinas, entre quienes se encontraba Esther, protestaron contra la instalación de un silo para procesar soja en el departamento de San Pedro. Hubo arrestos e imputaciones. Esther fue imputada por “invasión de inmueble ajeno” unas veces, y por “perturbación de la paz pública” otras veces, unos tipos penales que los fiscales invocan con frecuencia durante ocupaciones en el campo y manifestaciones en la ciudad. El campesinado ya no solo era perseguido por políticos locales y agentes de policía, sino también por los jueces.


La mayor parte de las veces, Esther y sus compañeros recibían medidas alternativas a la prisión o quedaban como preso sambuku, como se conoce en guaraní a la libertad condicional. Esther fue imputada en al menos tres ocasiones. La última vez, un juez le advirtió:

—A la próxima, te vas derecha al Buen Pastor.

Se refería a la cárcel de mujeres de Asunción, la principal prisión femenina del país. Esther sabía que cada imputación dejaba un rastro en su expediente policial, pero no se detenía. Siguió liderando ocupaciones, protestas, marchas, discursos.

Y el 11 de julio de 2015, recibió otra advertencia.


En un polideportivo ubicado en un barrio acomodado de Asunción aguardaban miles de personas. En primera fila se sentaban el entonces presidente de la República de Paraguay, Horacio Cartes; su entonces vicepresidente, Juan Afara; y Mario Abdo Benítez, hoy presidente electo del país. En el escenario, el papa Francisco escuchaba las preguntas de los representantes de la sociedad civil. El tiempo estaba acotado, y solo hablaría un representante por cada sector. La representante del campesinado era una mujer que habló fuerte y en guaraní: Esther Leiva.


Comenzó pidiendo perdón por saltarse el protocolo. No hizo una pregunta: dio un discurso. Habló de la falta de tierras y de acceso a derechos básicos, como la salud y la educación.


—Acá hay problemas que no se pueden esconder del mundo entero- dijo Esther.


Habló durante casi cuatro minutos, y los aplausos la interrumpieron varias veces. Las cámaras que grababan el evento buscaron los rostros inexpresivos de Cartes, Afara y Abdo. Esther pidió a las autoridades que respetasen la democracia, y reclamó a la iglesia mayor colaboración con el campesinado y los pueblos indígenas. Ni el férreo protocolo que envolvía al pontífice, ni la presencia de los gobernantes parecieron intimidarla. Se bajó del escenario segura, convencida. Y alguien le dijo:

—Ahora tenés que estar preparada, porque se viene la carga. Vos sabés que la criminalización es fuerte, y ahora tenés que prepararte más, porque la gente del sistema te va a condenar.


Emergencia en el campo

Pese a las advertencias, la lucha de Esther no se detuvo. Tras su salida de la Organización de Lucha por la Tierra, Esther fundó en octubre de 2014, junto a varios compañeros, la Coordinadora de Trabajadores Campesinos y Urbanos (CTCU). La organización está presente en ocho de los 17 departamentos de Paraguay, y se centra en la defensa de los derechos de las mujeres, los jóvenes y los agricultores y agricultoras. Luchan por el acceso a la tierra, y por una reforma agraria que garantice el arraigo de las familias campesinas, unas buenas condiciones de vida y la posibilidad de desarrollo económico.


En abril de 2016, la CTCU se unió a otras organizaciones campesinas en una protesta masiva en Asunción. Pedían la condonación de las deudas que los pequeños productores rurales habían contraído para cultivar algunos productos, como la chía o el sésamo, que nunca encontraron el mercado ni las ganancias que les habían prometido. Miles de campesinos de todo el país acamparon en la plaza junto al Congreso paraguayo durante más de 20 días, hasta que lograron firmar un acuerdo con el Gobierno para la condonación, reestructuración y refinanciación de la deuda.


Un año después, volvieron a movilizarse. Denunciaron que el acuerdo no se cumplía, y lograron que el Congreso aprobase una ley de subsidio a la deuda campesina. En agosto de 2017, Horacio Cartes vetó esta ley.


Esther fue una cara visible en estas movilizaciones. En pie en el escenario instalado junto al Congreso, motivaba a sus compañeros. Explica que, para estos productores, no hay posibilidad de liquidar el pago de una deuda. Cuenta que muchas familias asumieron en su momento un crédito para la producción por valor de quince o veinte millones de guaraníes (entre 2.600 y 3.500 dólares, aproximadamente), pero sus productos no lograron comercializarse, o no obtuvieron un buen precio.


Acusaciones de corrupción

En octubre de 2016, apenas medio año después de que los campesinos firmaran con el Gobierno el acuerdo para la condonación y reestructuración de la deuda, la Fiscalía imputó a diez dirigentes de organizaciones campesinas por el presunto desvío de 4.000 millones de guaraníes (unos 626.000 euros) de fondos del Instituto de Desarrollo Rural y de la Tierra (Indert), el ente encargado de la gestión de tierras públicas en el Gobierno paraguayo. En el listado de imputados aparecía destacado el nombre de Luis Aguayo, dirigente de la Coordinadora Nacional Intersectorial, que ejerció como portavoz de los campesinos en la negociación del acuerdo sobre la deuda con el Gobierno. También figuraba otro nombre vinculado a esas movilizaciones: el de Esther Leiva.

La imputación tenía que ver con unos fondos otorgados a diferentes organizaciones campesinas en 2011, durante el Gobierno de Fernando Lugo. Los fondos debían destinarse a proyectos productivos para la agricultura. Pero, según la imputación, el dinero fue desviado, y los proyectos nunca llegaron a ejecutarse.

Esther aparecía como representante de la Asociación Nacional de Productores Agropecuarios, organización que recibió unos 1.000 millones de guaraníes (cerca de 158.000 dólares) para un plan de fortalecimiento de la agricultura familiar campesina en varias comunidades. Este plan incluía, por ejemplo, la compra de herramientas menores para el trabajo en el campo, y abarcaba a cerca de 1.500 familias. La lideresa campesina defiende que el proyecto se llevó a cabo tal cual había sido propuestado. Y cree que los fiscalizadores del proyecto actuaron de mala fe, cometieron irregularidades, y elevaron un informe que buscaba inculpar a los dirigentes campesinos.


—Los fiscalizadores fueron a las bases, preguntaban por el proyecto productivo, y la mayoría respondía que todo se ejecutó bien. Pero en Villarrica [centro de Paraguay], en lugar de entrevistar a los campesinos, hablaron con un caudillo político local, que les dijo que nunca se habían llevado las herramientas. En Alto Paraná [este de Paraguay, frontera con Brasil] preguntaron por la comunidad Naranjal, con la que habíamos trabajado. Los policías informaron de que no era una comunidad sino un distrito, y ellos [los fiscalizadores] hicieron constar que no había existido el proyecto. Hacían un trabajo sucio para elevar un informe que no era real. Nos acusaron por corrupción, aunque nunca tocamos ni un guaraní. Para nosotros está bien clara la cosa: es un camino de criminalización de los dirigentes.


Desprestigio y criminalización


La criminalización de la que habla Esther se ha convertido en una herramienta para hostigar, intimidar y acallar a personas que defienden los derechos humanos -entre los que figuran el derecho a la tierra, que implica entre otros el derecho a la vivienda y a la alimentación-. Lo dice un informe de Amnistía Internacional (AI) que reúne casos emblemáticos de persecución judicial a personas defensoras en Perú y Paraguay, y que se presentó en abril de 2018. El informe describe la “receta para la criminalización” que opera en estos países, y que busca “silenciar a quienes levantan su voz en contra de diversos abusos a los derechos humanos”.


La apertura de expedientes judiciales infundados, a través del “uso indebido del sistema de justicia para iniciar investigaciones” contra personas defensoras del derecho a la tierra, al ambiente y al territorio, es uno de los principales ingredientes de esa receta. La medida persigue mantener a estas personas bajo un proceso judicial, y “juzgarlas por delitos relacionados únicamente con el ejercicio de sus derechos humanos”, denuncia AI. Es lo que Esther afirma que sucede en su caso.


—Mi imputación no es una cosa del otro mundo. Todos los compañeros [dirigentes campesinos] que estaban en la época de [Fernando] Lugo fueron imputados. Yo sumaba a la causa en mi contra, porque salía a las calles, denunciaba la injusticia, criticaba a [Horacio] Cartes. Mi culpa más grande es que no quiero callar.


En paralelo al proceso judicial, Esther ha enfrentado una campaña pública de estigmatización y desprestigio, otro de los elementos que señala Amnistía Internacional en su informe como pilares de la criminalización.

“María Ester Leiva se presenta como defensora de derechos de labriegos. Sin embargo, según datos recabados, residiría en Villa Elisa, y está siendo investigada por supuesto desvío de dinero”, comenzaba, en julio de 2017, una noticia del diario ABC Color. Los “datos recabados” por el periódico referían a que, en su perfil de Facebook, Esther figuraba como residente en Villa Elisa, una localidad cercana a Asunción donde se encuentra la sede de la OLT.


Esther vivió desde los 15 años en Capiibary, pero en los titulares de los diarios aparecía como dirigente “campesina”, entre comillas, como si se pusiera en duda su origen. Ella recuerda el tono agresivo de una periodista que la entrevistó para la radio, insistiendo acerca de dónde tenía su residencia, como si ése fuera un aspecto que pudiera desacreditarla.


Diversas organizaciones sociales, tanto paraguayas como internacionales, afirman que, tras la masacre de Curuguaty en 2012, en la que murieron once campesinos y seis policías, pero por la que solo fueron investigados y condenados los campesinos, se ha acrecentado la criminalización de la lucha campesina en el país. La Coordinadora de Derechos Humanos de Paraguay advierte, en su informe de 2017, de que la Fiscalía paraguaya lleva adelante una política que homologa las acciones que buscan exigir derechos con diferentes hechos punibles, lo que contribuye a criminalizar la protesta social.

Con esta preocupación coincide el relator especial de la ONU sobre la situación de las personas defensoras de derechos humanos, Michel Frost, quien en su último informe (publicado en febrero de 2017) recomendó a Paraguay “adoptar medidas adicionales para proteger a los defensores de la reforma agraria contra los actos de intimidación y violencia”.


El precio que Esther está pagando por defender el derecho del campesinado a la tierra, y por expresar sus ideas sin censuras, es alto. La lideresa campesina está pendiente ahora de un juicio por la causa de corrupción en la que se encuentra imputada. Debe acudir a firmar al juzgado cada dos meses, y tiene prohibido abandonar el país. Aunque aún no conoce cuál es la pena que solicita la Fiscalía, ve la amenaza de la prisión en su horizonte. Y dice, otra vez, que no va a callarse.


—Nunca hice ni un desvío de dinero. Nunca traicioné los principios de la organización, ni lo voy a hacer. Siempre luché de forma coherente por un Paraguay mejor, porque es el sector campesino e indígena el más discriminado, excluido, explotado del país. El sistema quiere condenarme para dar un ejemplo a los otros, a mis compañeros de las organizaciones campesinas. Y yo estoy con un pie dentro de la cárcel. El golpe va a ser para mi familia, porque ellos están muy preocupados. Pero si voy a la cárcel…bueno, no hay problema. Igual, cuando salga, voy a seguir luchando. Mientras exista un problema social, voy a seguir trabajando con la gente.


Nota:
Este reportaje es fruto de un acuerdo de colaboración entre el Centro de Documentación y Estudios (CDE) de Paraguay y Pikara Magazine.


Para saber más sobre Paraguay y el acceso a la tierra os recomendamos leer este reportaje: Una superviviente en la lucha por la tierra en Paraguay


http://www.pikaramagazine.com/2018/10/criminalizacion-campesina-paraguay


Fuente: https://redlatinasinfronteras.wordpress.com/2018/10/31/paraguay_esther-leiva-tres-veces-rebelde/

Sostenemos "que la lucha debe ser constituyente, construir nuevos entramados y redes, desplegar la creatividad. Porque de esa manera, lo nuevo se va construyendo en la lucha misma y no hay que esperar a algún futuro lejano.".

Capitalismo & Feminismo
Silvia Federici: 
"Los capitalistas se organizan internacionalmente, 
nosotras debemos hacer lo mismo".
1 de noviembre de 2018
Por Andrea D'Atri 

http://www.laizquierdadiario.com


En encuentros y actividades organizadas por la Fundación Rosa Luxemburgo y la editorial Tinta Limón, Silvia Federici está presentando, en estos días, su libro "El patriarcado del salario. Críticas feministas al marxismo".

Con un amable castellano, Silvia Federici recibió a un grupo de periodistas de medios alternativos y comunitarios en la sede que la Fundación Rosa Luxemburgo tiene en el barrio de Chacarita. Italiana de nacimiento, pero residente en Estados Unidos desde 1967, a dónde marchó para estudiar Filosofía, Federici tuvo una activa militancia en los años ’70 y hoy sus libros son verdaderos best-sellers para una generación de jóvenes feministas. Son bien conocidas sus críticas al marxismo y a los partidos de izquierda, hoy concentradas en El patriarcado del salario, aunque no deja de señalar los aportes que las lecturas de Marx han hecho al feminismo y las luchas de las mujeres. Heredera de una corriente de pensamiento autonomista y recorriendo, luego, otros caminos propios y particulares, Federici inscribe su preocupación por el reconocimiento del trabajo reproductivo de las mujeres, en un feminismo anticapitalista. 

Conversando con periodistas de medios alternativos 

Desde el inicio de la conferencia de prensa, se deslinda de lo que ella define como un "marxismo ortodoxo que siempre miró sólo la fábrica y el proletariado industrial, invisibilizando a otros movimientos y sujetos sociales." Pero yo tenía la oportunidad de hacer una única pregunta, así que en vez de usar ese tiempo en responder su crítica al marxismo, me preocupé porque mi interrogante obtuviera una respuesta de su parte que resultara realmente provechosa. Mientras tanto, las compañeras periodistas continuaban este diálogo sobre su nuevo libro y sobre distintos temas de la coyuntura nacional e internacional. Una de ellas preguntó si era posible un feminismo que no fuera anticapitalista. "Hay muchos feminismos, y muchos no son anticapitalistas. En los últimos cuarenta años, desde mediados de los ’70, el feminismo se fue institucionalizando, se hizo un feminismo de Estado, un feminismo de la ONU que se presenta ahora como quién nos emancipa. Ese feminismo dominante es pro-capitalista neoliberal.

Impone una agenda domesticada, usando nuestro propio lenguaje para fundamentar la incorporación de las mujeres a la economía neoliberal, siendo las más precarizadas bajo la mistificación de la emancipación." Prosiguió: "Un feminismo que parta de la experiencia de las mujeres en su trabajo de reproducción, su trabajo doméstico, tiene que ser anticapitalista. El capitalismo sólo fue capaz de dar prosperidad para algunos sectores y por determinado tiempo limitado, mientras para la mayoría de las mujeres, nada." Con Silvia Federici hemos polemizado en un artículo titulado "Nosotras, el proletariado", precisamente, por la supremacía que le adjudica al trabajo reproductivo en el funcionamiento del capitalismo, al que considera más fundamental aún que a los mecanismos de extracción de plusvalía en el ámbito del trabajo extradoméstico. "El trabajo doméstico tiene una contradicción interna", dijo Federici, "porque reproduce la vida, pero en las sociedades capitalistas ese trabajo sirve para reproducir la existencia del capital, mediante la reproducción de la fuerza de trabajo. 

Es el trabajo más importante de la sociedad." Otras compañeras se adentraron en algunos de los temas que fueron debatidos durante este año en el movimiento de mujeres de Argentina, en las grandes movilizaciones del 8 de marzo y por el derecho al aborto. Hubo quien comentó sobre cómo el gobierno de Macri se había reapropiado de una agenda feminista, de manera oportunista y otra que preguntó cuál debería ser el rol de los compañeros varones en las marchas de mujeres. "Los varones que apoyan, al fondo de la marcha", respondió sonriendo Silvia Federici y eligió hablar de otra ubicación, de la ubicación política: "Deben elegir dónde se ubican en esta lucha de las mujeres: si lo harán para reafirmar las jerarquías o para abolirlas". 

También aprovechó para hablar de la violencia machista: "La violencia contra las mujeres es un sabotaje de la lucha anticapitalista". Aunque la lectura de sus libros, incluido El patriarcado del salario, me había despertado varios interrogantes, a mi turno tuve que decidirme por una única pregunta y planteé que, en general, se habla de los efectos negativos de la asalarización de las mujeres, porque se incorporan a trabajos muy precarios y además cargan con la doble jornada que representa el trabajo reproductivo no remunerado; pero que, actualmente, la mitad de la clase trabajadora asalariada son mujeres. 

¿Qué efectos puede tener, no sobre las mujeres que es lo que ya conocemos, sino sobre el conjunto de la clase trabajadora, sus luchas, sus organizaciones, su burocracia sindical y sus representaciones –que siempre fueron masculinizadas-, que la mitad de la clase sean mujeres? Tenía en mente el impacto que, en Argentina, está teniendo el movimiento de mujeres –mayoritariamente juvenil- entre las trabajadoras de la salud, docentes, trabajadoras de diferentes gremios y ramas de la producción y los servicios que están enfrentando el ajuste impuesto por el gobierno nacional y el FMI. Pensaba en cómo, a su vez, ellas interpelan a sus compañeros de trabajo. 

"Un efecto ya inmediato es el nuevo interés de muchas mujeres sobre la socialización del trabajo reproductivo; porque se ha quebrado la ilusión de que salir de la casa para hacer otro trabajo extradoméstico es emancipatorio. En los ’70 hubo un período en que las mujeres que salían a trabajar fuera de su hogar, reclamaban tiempo para amamantar, reformas en la organización del trabajo en función de sus capacidades reproductivas. Pero mientras tanto, se estaba desmantelando la gran industria como la habíamos conocido hasta el momento. 

Esta temática de cómo unir las dos partes del trabajo, productivo y reproductivo, vuelve a tener importancia. Estamos asistiendo a una gran crisis de la reproducción. El derecho al aborto y a la maternidad, el rol reaccionario de la Iglesia católica y los sectores fundamentalistas, el avance de la derecha en el continente, la depredación de la naturaleza y muchos otros temas se fueron desplegando a lo largo de casi dos horas de conferencia de prensa. Cuando compararon a Bolsonaro de Brasil con Trump, aprovechó también para desligarse del Partido Demócrata norteamericano. "El peligro de la derecha, como la que representa Trump, es que se termina idealizando lo anterior, como Obama, del Partido Demócrata. Lo peor de las últimas décadas en Estados Unidos, lo hicieron los demócratas. 

La alternancia en el poder de estos dos partidos es funcional al sistema." Terminó la conferencia de prensa. Mientras las periodistas salían de la sala, Silvia permaneció en su silla. Pensé que podía aprovechar la ocasión para hacerle una pregunta más de la que tenía permitida. Me invitó a sentarme a su lado y seguimos conversando por más de media hora. Le planteé que me inquietaba su afirmación sobre los comedores comunitarios y otras organizaciones impulsadas por mujeres, que permiten paliar el hambre en las barriadas populares. Que si bien permitían restablecer nuevas formas de relaciones y lazos comunitarios, como ella decía, se trataba de organizaciones para la resistencia, que surgían de las necesidades más acuciantes, de la emergencia que impone el ajuste estructural de la economía; que, entonces, teníamos que pensar cómo pasar a la ofensiva, sin idealizar las formas organizacionales a las que nos empuja la miseria capitalista para sobrevivir. 

Me dijo que estaba de acuerdo con que eran formas de resistencia que surgían como consecuencia de la emergencia de la crisis y me preguntó: "Pero, acaso, ¿no viven permanentemente en situaciones de emergencia las mujeres bajo este sistema?" Añadió: "Sé que, una vez que se estabiliza la situación económica, muchas mujeres vuelven al lugar donde estaban antes. Pero creo que la lucha debe ser constituyente, construir nuevos entramados y redes, desplegar la creatividad. Porque de esa manera, lo nuevo se va construyendo en la lucha misma y no hay que esperar a algún futuro lejano." No me dejó muy convencida; pero seguimos hablando de política. 

Le pregunté su opinión sobre el fenómeno Sanders en las últimas elecciones norteamericanas. Me quiso alertar de que Bernie Sanders no era verdaderamente socialista y le aclaré que yo no creía eso, pero que me parecía interesante el surgimiento de una generación de jóvenes norteamericanos abiertos a escuchar algunas ideas que, para Estados Unidos, parecían bastante radicales. "Sí, eso es cierto. Pero Sanders terminó apoyando a Hillary Clinton y el peligro es que, de ese modo, toda una generación caiga en el escepticismo y el cinismo". 

Enseguida me preguntó cómo podía ser que nadie dijera más nada contra el Papa, en Argentina, cuando se sabe que Bergoglio fue indagado por casos de robos de bebé durante la dictadura militar, como también por la desaparición de dos sacerdotes de la orden jesuita. Le dije que el Papa tenía una influencia muy directa en la política nacional, que mantiene vínculos con funcionarias y funcionarios del gobierno, pero también con sectores políticos y sindicales del PJ y el kirchnerismo, con movimientos sociales. Ya estaba al tanto de que se había hecho una movilización de sectores sindicales y políticos del arco opositor, hacia la Basílica de Luján para pedir pan y trabajo. Le parecía un grave error. Para ella, criada en la Italia de posguerra, la Iglesia es sinónimo de fascismo. 

Conversando con sindicalistas 

Al día siguiente, Silvia Federici se reunió con mujeres sindicalistas. Las organizadoras tuvieron la amabilidad de invitarme, una vez más. Federici volvió sobre los mismos tópicos, aunque esta vez, a diferencia de la conferencia de prensa, se trató de una conversación colectiva. Nuevamente se diferenció de la izquierda partidaria, señalando que contrariamente a lo que decían las corrientes políticas, que el sujeto primario era el obrero industrial, ella sostiene que "la cadena de montaje capitalista comienza en nuestras cocinas y nuestras camas." Remarcó que el trabajo doméstico es fundamental. "¿Por qué siendo tan importante, está invisibilizado? Por eso, porque es muy importante. 

Porque los patrones se verían obligados a pagarlo, no podrían acumular tanta riqueza como acumulan si fuera reconocido." Sin embargo, contra la posibilidad de interpretar que la lucha feminista es una lucha contra los varones, añadió: "Los reales beneficiarios de este trabajo son los hambreadores, los capitalistas." "Cambiar esta situación implica darle más poder a las mujeres, cambiar las relaciones con los hombres. A través del salario, el capital ha delegado en los hombres, el poder de controlarnos y controlar nuestro trabajo. La violencia doméstica siempre ha sido tolerada por el Estado, en gran medida, porque es parte del disciplinamiento del trabajo doméstico." Para Federici, este planteo que hicieron en los años ’70, cuando conformó con otras feministas la Campaña Internacional por el Salario para el Trabajo Doméstico, era "una medida para cambiar las relaciones de poder entre hombres y mujeres y empezar una lucha, pero teniendo más poder. No era la revolución. Algunas feministas nos acusaban de institucionalizar el lugar de la mujer en la casa, su encarcelamiento en el hogar. Pero nuestra respuesta era que las mujeres obreras nos decían que ya estaban encarceladas." 

Luego se refirió al papel que jugaron las profesoras y maestras en las recientes huelgas docentes en Estados Unidos. Ellas luchaban no sólo por sus reivindicaciones sino también porque se preguntaban "qué vamos a hacer con nuestros estudiantes, que no comen". Volviendo sobre el tema de los sindicatos, añadió: "Los hombres y las mujeres migrantes han encabezado las luchas en Estados Unidos, por la sindicalización. Sólo el 9% de los trabajadores norteamericanos están sindicalizados. 

Los únicos sindicatos fuertes son los de maestras y maestros. Y es un sector estratégico porque son un punto de unión entre el mundo del salario y el mundo del hogar." Quise retirarme antes de que la acusaran a Silvia de "trosquearla" con estas aseveraciones. 

Mientras me alejaba por la avenida Paseo Colón, me resonaba algo en lo que Federici había sido explícita y que, a pesar de nuestras diferencias, también compartimos: "El feminismo debe ser internacionalista. Los capitalistas se organizan internacionalmente, nosotras debemos hacer lo mismo." 

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=248505

Atendamos que "España continúa privilegiando sus relaciones con Marruecos, sirviendo de cómplice en los sufrimientos del pueblo saharaui, en el saqueo de sus recursos naturales y aniquilando cualquier esperanza que pueda desarticular el conflicto con una solución que permita a los saharauis ejercer su derechos a la autodeterminación y la independencia".

A 43 Años de la vil invasión al Sahara Occidental: El pueblo saharaui no claudicará en la defensa de su patria

Resumen Latinoamericano, 31 de octubre de 2018.
Chahid El Hafed (Campamentos de Refugiados Saharauis) (SPS)-.
El 31 de  octubre de 1975, se cumplen 43 fatídicos  años de la invasión militar del Sáhara Occidental por Marruecos.
Con una coyuntura internacional marcada por  la crisis mundial de los 70 y  sobre todo, la guerra fría, empezó así a gestionarse con la ayuda de algunas potencias occidentales, la invasión más vil de la historia contemporánea.
Mientras eso ocurría, un pueblo indefenso, marcado por las secuelas coloniales, se  desplazaba  bajo los cobardes bombardeos de fuego enemigo hacia la tierra más inhóspita, comenzando  la condena masiva más dolorosa de la historia contemporánea saharaui. En este panorama comenzaba así el episodio negro de la Invasión marroquí al Sahara Occidental.
Con esta deplorable ocupación del territorio  se usurpó  la patria saharaui, se exilió un pueblo y se violaron  tantas  normas del derecho internacional.
En un intento de camuflar esta invasión ante la Comunidad Internacional, Marruecos moviliza a  miles de colonos marroquíes, la mayoría pobre y marginada, gente de los bajos barrios, condenados y aquéllos  que el rey  quiere lejos.
Típico, Marruecos copió a su socio español su método de conquista. Recuérdese lo que hizo España en América Latina, llevó al nuevo mundo, bandidos, condenados a muerte, galeotes…

De esta forma España se retiraba  del Sahara Occidental con un  proceso de descolonización inconcluso, abortando la legalidad internacional, pisoteando las normas y resoluciones de organismos internacionales.
Pero los sufrimientos del pueblo saharaui sólo acababan de comenzar, dos  semanas después,  se producía la firma del tristemente célebre Acuerdo Tripartito de Madrid, el 14 de noviembre de 1975 entre la España franquista, el régimen marroquí de Hassàn II y  la  Mauritania de ULD Dadàh, un acuerdo que sirvió de tapadera , para legalizar la invasión del territorio saharaui.

Es lamentable que España tras 43 años sigue desentendiendo de su responsabilidad para con el pueblo saharaui, continúa privilegiando sus relaciones con Marruecos, sirviendo de cómplice en los sufrimientos del pueblo saharaui, en el saqueo de sus recursos naturales y aniquilando cualquier esperanza que pueda desarticular el conflicto con una solución que permita a los saharauis ejercer su derechos a la autodeterminación y la independencia.
España sigue eludiendo sus responsabilidades como potencia administrativa de iure del Sahara Occidental. Tal elusión y falta de decoro   lo ilustra su ministro de Exteriores al  afirmar en declaraciones recientes  durante su comparecencia ante la comisión de Asuntos Exteriores del Senado del 25 de octubre, donde el senador canario Rodríguez Cejas  le preguntó al ministro, si España defiende el cumplimiento de los Derechos Humanos y la legalidad internacional, el ministro  español respondió que “España no es considerada potencia administradora en el proceso de descolonización del Sáhara Occidental”.  De esta forma, según se desprende de las palabras del responsable español, el ejecutivo actual va seguir  por  el camino de anteriores gobiernos, traicionado al pueblo saharaui y privilegiando las relaciones con Marruecos.
Después de todo, ¿qué  se puede pedir a España transcurridos 43 años?
El  Frente POLISARIO en sucesivas ocasiones ante los organismos internacionales, ha condenado la invasión marroquí, ha  planteado la nulidad de los acuerdos de Madrid y ha subrayado la responsabilidad de España como potencia administrativa del territorio en el proceso de descolonización de la última colonia en el continente africano.
Las secuelas de aquella cobarde invasión siguen vigentes . La agresión marroquí produjo el desplazamiento de miles de saharauis a los confines de la Hamada argelina, un lugar  hostil en la que han permanecido resistiendo  y sostenidos por una  moral alta durante más de cuatro décadas.
Otra  de las consecuencias es la división del pueblo saharaui: la agresión separó a familias enteras, separó hermanos, esposos.
La invasión marroquí sembró asimismo por su paso, terror. La agresión dejó secuelas físicas y psicológicas que marcaron a muchas personas durante todos estos años.
En  la memoria colectiva  saharaui se recuerdan  los trágicos sucesos de 1976. A penas España  se retira del territorio, Marruecos comienza su guerra de  aniquilación, bombardeando  con fósforo blanco y napalm  los campamentos de Tifariti, Guelta Zemur y Um Dreiga. Todo ello ocurrió frente al mundo, sin que la comunidad internacional mueva un dedo para detener  esta injusticia cometida contra un pueblo inocente  e indefenso.
Desesperación,  represión, persecución, miedo, caos, Muerte  y fosas comunes, la más reciente  fue  hallada este año en la región de M’heiriz, Territorios  Liberados  de la RASD, ese era el panorama que recuerdan muchas víctimas de aquella tragedia.
La invasión al territorio y los acuerdos de Madrid no fueron sino un desafío para los saharauis a la lucha para conquistar la independencia.
Era tanto el odio al  invasor que los saharauis impusieron una férrea  resistencia que dura hasta hoy en día con el Levantamiento de la Independencia en la Zonas Ocupadas.
La lucha contra la ocupación marroquí y  a favor de la independencia crece. El levantamiento del campamento de Gdeim Izik en 2010, ilustra la dimensión y el alcance de las reivindicaciones del pueblo saharaui por  su amada patria.
La causa  del pueblo saharaui  se fortalece y cosecha apoyos y respaldos a nivel internacional.
El pueblo saharaui que rememora la fecha de la cobarde invasión del territorio,  tiene la esperanza de que  los responsables de esta tragedia  puedan  ser un día enjuiciados por genocidio y crímenes contra la humanidad.

¡¡CONDENAMOS LA INVASIÓN MILITAR MARROQUÍ DEL SAHARA OCCIDENTAL el 31 de octubre de 1975!!
¡¡CONDENAMOS LA MARCHA VERDE (MARCHA NEGRA) el 6 de noviembre de 1975!!


Fuente: http://www.resumenlatinoamericano.org/2018/10/31/a-43-anos-de-la-vil-invasion-al-sahara-occidental-el-pueblo-saharaui-no-claudicara-en-la-defensa-de-su-patria/

"Informamos que como territorio nos afectan distintos problemas de intervención capitalista y del Estado chileno: (...)La intervención de la CONADI en algunos Lof del territorio, haciendo pelear entre sí por tierras a nuestra gente. Todo lo anterior tiene fines extractivistas de explotación de las aguas, forestal y minera afectando nuestro mapuche mongen y todo el fillke mongen (biodiversidad) que habita en la mapu, vida tanto material como espiritual, ya que el Wenü Lewfü (Río Bueno) tiene una significación espiritual, político e histórico incalculable para toda la Fütawillimapu, así también la Füta kasrü Mawisan (cordillera de la costa) en la comuna de La Unión aún poco intervenida y con arboles milenarios de Lawal (alerce).".

Nación Mapuche. Lof de territorio Künko, en La Unión, refuerza su lucha por recuperar y proteger los territorios

Resumen Latinoamericano / 31 de octubre de 2018 / Mapuexpress
También llamamos a nuestro peñi y lamüen a no dejarse manipular por la CONADI (entidad estatal), a no pelear entre Mapuche y recuperar tierras al winka usurpador, como forestales y latifundistas.
El Lof mapu Pilpilkawin del territorio Künko de la Fütawillimapu, actual comuna de La Unión – región de Los Ríos, comunica a nuestra Nación Mapuche y a la sociedad chilena e internacional lo siguiente:
1. Que el sábado 27 de octubre 2018 en nuestro Lof Mapu se realizó un Traftun (encuentro) de palín y trawün con la asistencia de autoridades ancestrales de la Fütawillimapu (Apo ülmen, Lonko, Machi y Werken), así como diferentes comunidades para fortalecer nuestro Mapuche az mongen y conversar sobre los diferentes problemas que nos afectan como Mapuche – Williche.
2. Informamos que como territorio nos afectan distintos problemas de intervención capitalista y del Estado chileno:
– La gran presencia de forestales en la zona. – Nuevos proyectos de pisciculturas en el Wenü Lewfü (Río Bueno). – La intención del Estado y empresarios de construir la carretera de la costa por nuestro territorio ancestral, tramo Chaihuin a la barra del Río Bueno. – La construcción de la carretera interoceánica (IIRSA) desde Corral a La Unión y desde ahí hacia el puel mapu (Puerto San Antonio Este en Argentina). – La construcción de un mega puerto extractivista en la Bahía de Corral por el consorcio Chino Pacífico Sur. – La intervención de la CONADI en algunos Lof del territorio, haciendo pelear entre sí por tierras a nuestra gente.
Todo lo anterior tiene fines extractivistas de explotación de las aguas, forestal y minera afectando nuestro mapuche mongen y todo el fillke mongen (biodiversidad) que habita en la mapu, vida tanto material como espiritual, ya que el Wenü Lewfü (Río Bueno) tiene una significación espiritual, político e histórico incalculable para toda la Fütawillimapu, así también la Füta kasrü Mawisan (cordillera de la costa) en la comuna de La Unión aún poco intervenida y con arboles milenarios de Lawal (alerce).
Como Mapuche tenemos la responsabilidad de cuidar y defender el Lewfü, la Füta Mawisan y el Lafken Mapu y toda la vida que allí habita, los ngen mapu como el ngen Chiway en la playa de Hueicolla y los pu newen de la montaña que rigen nuestra vida Mapuche y que mantienen el equilibrio de todo lo que habitamos esta mapu.
3. Que desde este momento distintas Mochülla de nuestro Lof se levantan por la protección de la vida de la Füta Kasrü Mawisan, del Wenü Lewfü, el Lafken Mapu, el ngen mapu Chiway y de los diferentes newen y espacios espirituales que tenemos en nuestro territorio.
4. Hacemos un llamado a los distintos Lof, mochülla y comunidades de la comuna de La Unión a sumarse a la defensa y recuperación de nuestro territorio ancestral Mapuche – Williche.
También llamamos a nuestro peñi y lamüen a no dejarse manipular por la CONADI, a no pelear entre Mapuche y recuperar tierras al winka usurpador como forestales y latifundistas.
5. Por último, enviamos un saludo fraterno a nuestro pueblo que en distintas partes del Wall Mapu están luchando para que podamos seguir existiendo como Mapuche.
Fuera capitalistas del Wall Mapu, Libertad a todos Presos Políticos Mapuche, Con la memoria del Lonko Mankepan, Con la fuerza del ngen Chiway y del taita Wenteyao, ¡¡Marichiweu!!
Palín mapuche en la Futawillimapu

Discutamos concepto e importancia de nacionalizaciones y suscitemos la reflexión crítica de las apelaciones a dicotomías descontextualizadas.

A 66 años de la revolución boliviana, Evo Morales reivindicó la nacionalización de las minas, fruto de la organización y unidad de sus trabajadores


Resumen Latinoamericano*, 31 de octubre de 2018
La Paz, 31 oct (PL/ABI) El presidente boliviano Evo Morales celebró hoy los 66 años de la nacionalización de las minas en Bolivia y resaltó la fuerza y unidad de los obreros que posibilitó la ocurrencia de ese hecho histórico. En un acto realizado en la estatal Empresa Metalúrgica Vinto, en el departamento de Oruro, el mandatario agradeció a la Central Obrera Boliviana y a la Federación de Mineros por convocar a este multitudinario encuentro en conmemoración de esta fecha, evocada como revolución de 1952.
Morales recordó que el gobierno de ese entonces, de Víctor Paz Estenssoro, no implementó de forma decidida esa política por temor a Estados Unidos (EEUU), y que los mineros lo “obligaron” a nacionalizar las tres grandes empresas Patiño, Hoschild y Aramayo.
“Después de la llamada revolución de 1952, Víctor Paz Estenssoro, su partido, no quería nacionalizar las minas. Habían sido los dirigentes de aquellos tiempos movilizados y organizados, y obligaron a Víctor Paz Estenssoro a que nacionalice las minas”, indicó.
El mandatario afirmó que Paz Estenssoro no quería nacionalizar las minas en ese entonces porque “tenía miedo a EEUU, no quería tener problemas con una potencia; sin embargo, ahí se ha visto la fuerza y la unidad de los mineros para obligar a nacionalizar las minas”.
El 31 de octubre de 1952 Paz Estenssoro firmó el decreto de nacionalización de las minas en el campo de María Barzola en Catavi, Potosí. Posteriormente pasaron al Estado las minas Bolsa Negra, Kami, San José, Colquiri, Morococala, Huanuni, Alantata, Catavi, Antequera, Colquechaca, Colavi, Unificada del Cerro Rico de Potosí, Pulacayo, Matilde, Chorolque, Ánimas, Chocaya, Oploca, Venus, Pampa Grande y Viloco.
Según la cuarta edición del texto ‘Historia de Bolivia de los orígenes al 2010’, escrito por Herbert Klein, en ese entonces al Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), a la cabeza de Paz Estensoro, “le preocupaba las posibles reacciones del gobierno de EEUU”, porque “no deseaba chocar con un aliado potencialmente peligroso”.
Los mineros en ese entonces, según ese texto, plantearon un programa revolucionario en el que demandaban la nacionalización sin compensación de las minas, la liquidación del Ejército y su reemplazo por las milicias, y la reforma agraria con la abolición del sistema latifundista y todas las formas de servidumbre campesina.
Para Morales, es muy importante reflexionar y entender esos datos históricos en el país para identificar a los “enemigos internos y externos” de Bolivia en la actualidad y en un contexto semejante.
Asimismo, destacó la unidad y la lucha de los mineros y de los movimientos sociales de ese entonces, porque acertaron -dijo- en la implementación de una política en beneficio de la patria.
“Podemos seguir revisando, tantas historias de nacionalizaciones. Nuestra Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia hizo mucha historia, pero también hay que repasar la historia, nuestra historia, a veces por errores de los pueblos nos equivocamos”, remarcó.

66 años después

En el 2007 la Empresa Metalúrgica Vinto fue revertida al Estado por el Gobierno de Evo Morales en el marco de su política de recuperación de los recursos naturales, para beneficio de todos los bolivianos.
Esta entidad estatal y estratégica, funde y refina concentrados de estaño para ofrecer al mercado nacional e internacional lingotes de este producto con la marca registrada ENAF.
Durante el acto los ejecutivos de la Federación de Trabajadores Mineros de Bolivia, Orlando Gutiérrez, y de la Central Obrera Boliviana, Juan Carlos Huarachi, ratificaron el compromiso de los obreros con el proceso de cambio que se lleva a cabo en el país y el apoyo al presidente boliviano y su reelección en los comicios del 2019.

Por su parte, Morales aseveró que ‘hay sólo dos caminos: somos del imperio o del pueblo; algunos hablan de otra vía, somos de los pobres o de los ricos, a esta nueva generación le preguntamos: somos los privatizadores o los nacionalizadores’, apuntó.

Añadió que hay que identificar a los enemigos externos e internos; ahora para los capitalistas los movimientos sociales somos terroristas y los migrantes que escapan de sus países por la extrema pobreza producto de la privatización y las medidas neoliberales, son tildados de criminales por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
Tenemos que tener clarísimo el panorama político, ideológico y programático en Bolivia, no nos dejemos confundir, pues los candidatos de la oposición vienen del neoliberalismo, sentenció Morales.

* Fuentes: PRENSA LATINA/ ABI

Fuente: http://www.resumenlatinoamericano.org/2018/10/31/a-66-anos-de-la-revolucion-boliviana-evo-morales-reivindico-nacionalizacion-de-las-minas-fruto-de-la-organizacion-y-unidad-de-sus-trabajadores/

Pongamos en cuestión el presidencialismo acérrimo, las nacionalizaciones y el lenguaje de consignas

Morales advierte que la derecha quiere volver al Estado neoliberal, racista, entreguista y separatista en Bolivia


Resumen Latinoamericano*, 31 de octubre de 2018
La Paz, 31 oct (ABI).- El presidente boliviano Evo Morales advirtió el miércoles que los partidos políticos de la derecha quieren volver al Estado neoliberal, racista, entreguista y separatista, a propósito de las elecciones generales del 2019.
Exautoridades del periodo de las coaliciones de gobierno o la denominada democracia pactada (1985-2003) anunciaron su candidatura y cambios en la Constitución Política del Estado promulgada en 2009, que reconoce a Bolivia como un país unitario, con autonomías y soberano de sus recursos naturales (RRNN).
“La derecha privatizadora plantea ‘Estado federal’ y borrar la CPE aprobada por el pueblo, que nacionalizó los RRNN, descentralizó con autonomías y eliminó la discriminación. Que el pueblo juzgue. La derecha quiere volver al Estado neoliberal, racista, entreguista y separatista”, escribió Morales en su cuenta en Twitter.
Desde que Morales llegó a la Presidencia, en enero de 2006, impulsó la nacionalización de los recursos naturales y de empresas estatales estratégicas que fueron privatizadas, entre otras medidas que posicionaron a Bolivia en los primeros puestos de crecimiento económico en la región.
El oficialista Movimiento Al Socialismo (MAS) sostiene que la oposición, para encarar los próximos comicios, apela al cuoteo y viejas alianzas políticas con sectores conservadores que sometieron al país a intereses extranjeros, entre ellos Estados Unidos.
“Como hoy, 1995, se informó que #EEUU iba a cortar poco a poco toda su ayuda a #Bolivia. En la Bolivia neoliberal, esa noticia era una catástrofe: vivíamos a merced de las dádivas y órdenes del imperio. Hoy en día, gracias a la Nacionalización, somos un Estado digno y soberano”, destacó Morales en otro tuit.
ABI

Fuente: http://www.resumenlatinoamericano.org/2018/10/31/morales-advierte-que-la-derecha-quiere-volver-al-estado-neoliberal-racista-entreguista-y-separatista-en-bolivia/