miércoles, 8 de enero de 2014

"Denunciamos que no existe una voluntad real de condenar el carácter masivo y planificado de la represión, en un concepto, de reconocer que lo que aquí sucedió fue un Genocidio, y que todos, del primero al último de los verdugos, merecen castigo por formar parte del plan represivo".

Más justicia a cuentagotas
En 2013 se consolidó el estancamiento de los procesos a los genocidas



Con 2 juicios menos que el año pasado y un total de sólo 468 genocidas condenados, 2013 significó el estancamiento de la pretendida voluntad de condena del Estado sobre el Genocidio que ocurrió en nuestro país. Tras 10 años de anuladas las leyes de impunidad y 8 años de juicios, el proceso de juzgamiento se va estancando en dos decenas de juicios con un centenar y medio de condenas cada año. Y pese a la persistencia de más del 70% de los represores imputados en estos años en espera de juicio, el gobierno kirchnerista dice querer cerrar los procesos en 2015. Por HIJOS La Plata.
En esta nota analizamos los magros datos de 8 años de juicios, realizamos proyecciones y explicamos por qué tal voluntad de clausura oficial es un disparate que sólo generaría más impunidad. Las cifras que mencionamos son de elaboración propia. Se acompaña adjunta una tabla con detalles de los juicios concluidos entre 2003 y 2013. Nuestra base de datos, actualizada trimestralmente, puede consultarse en www.hijosprensa.blogspot.com.ar
Al 31 de Diciembre de 2013 el Estado argentino sólo efectivizó 111 juicios orales con sentencia en todo el país. En esos 111 juicios estuvieron procesados 633, y hubo como resultado 567 condenas sobre 468 represores, 61 absueltos y 6 muertos impunes mientras duraba el proceso, por un universo de 2793 víctimas. Esto quiere decir que sólo alrededor del 30% del total de los 2.100 procesados desde 2003 fue llevado a juicio, y un 24% de ese número de procesados fue condenado.
Si tomamos como dato los 600 Centros Clandestinos de Detención que funcionaron en todo el país durante la dictadura, los 468 condenados siguen representando, a 10 años de anuladas las leyes, menos de 1 represor condenado por CCD. Esto marca claramente que la pretensión punitiva de estos procesos lejos está de representar la dimensión real del aparato represivo del Terrorismo de Estado.
Entonces, comparado con los miles de represores implicados en el Terrorismo de Estado entre el ’76 y el ’83 (200 mil según estimaciones del propio Ministerio de Defensa) e incluso comparado con los cerca de 2.100 procesados, ese 24% de condenados sobre procesados, es decir que más del 70% de los represores procesados en 10 años está impune, es menos auspicioso que los datos defendidos como “avances” desde los sectores oficiales.
En cuanto a las zonas represivas y a las fuerzas que participaron del Genocidio, si subdividimos el total de juicios y condenas efectivizados por zona y por fuerza represivas, la perspectiva es mucho más desalentadora. Y obtenemos que respecto a las 3 zonas represivas más importantes, en lo que corresponde al Ejército, las policías provinciales y los servicios penitenciarios se han hecho:
- 30 juicios en jurisdicción del Comando del Primer Cuerpo con 146 condenas.
- 25 juicios en jurisdicción del Comando del Segundo Cuerpo con 100 condenas.
- 31 juicios en jurisdicción del Comando del Tercer Cuerpo del Ejército con 183 condenas.
En tanto en otras jurisdicciones como la del Comando del Cuarto Cuerpo de Ejército, que incluyó 8 partidos del norte bonaerense, vemos que el juzgamiento fueron solo 7 procesos y 39 condenas, por hechos del partido de Escobar, Tigre y de Campo de Mayo. Y en el caso del Comando del Quinto Cuerpo, que abarcaba a toda la Patagonia, sólo se realizaron 7 juicios que condenaron a 57 represores que actuaron en los CCD “La Escuelita” de Neuquén, las comisarías de Sierra Grande y Viedma, la Escuela de Cadetes de Viedma, algunos CCD de Bahía Blanca, la Base Almirante Zar, la Unidad 6 del SPF, el Batallón de Comunicaciones 181 y “La Escuelita” de Bahía Blanca.
En cuanto a los crímenes de la Armada, sólo se logró condenar a 36 integrantes de las patotas de esa fuerza, 2 prefectos y 8 civiles cómplices: Ortiz y Pertusio en la primera parte de la causa de Base Naval de Mar del Plata, 10 marinos y 2 prefectos en el segundo tramo de esa casusa, 17 de los 18 represores imputados en Causa ESMA 2, Policarpo Vázquez, su mujer y la partera que los asistió en la apropiación de Evelyn Bauer-Pegoraro, 3 de los 4 represores del arma acusados en causa “Plan Sistemático”, 3 de los 5 marinos imputados por la “Masacre de Trelew”, el médico del hospital Naval Jorge Magnacco en “Plan Sistemático” y en la rémora de la causa Bauer-Pegoraro, el marino entregador y al apropiador civil de Natalia Suarez Nelson-Corvalán, y a 3 de los civiles apropiadores de Fedrico Cagnola Pereyra desde la Esma.
Además sólo 8 fueron los integrantes de la Fuerza Aérea condenados en las causas Mansión Seré, Hospital Posadas, Área Mar del Plata y La Cueva de Mar del Plata y la Base Aérea de Reconquista. Y hubo sólo 7 integrantes de Gendarmería condenados, Víctor Enrique Rei en el caso de la apropiación de Alejandro Adrián Fontana-Sandoval, y 6 de los 7 gendarmes imputados la causa Arsenales-Jefatura de Tucumán.
Si revisamos las características de los juicios en cuanto al número de imputados que incluyeron veremos que de los 111 procesos realizados, el 22% tuvieron un solo imputado en el banquillo, el 41% tuvieron de 2 a 5 imputados, el 25% tuvieron entre 6 y 10 acusados, y sólo el 13% de los procesos se realizaron contra más de 10 imputados. Ese patrón responde a la lógica de juzgamiento sólo de las responsabilidades de los altos jefes del mando militar o policial que funcionaron como responsables en la estructura orgánica de las zonas represivas, pero no contempla a la totalidad de los represores que actuaron en cada CCD ni mucho menos a la totalidad de víctimas que por ellos pasaron. Y además confirma el proceso de fragmentación que estira los debates a más de un juicio, o bien los clausura en las mínimas responsabilidades.
Si analizamos la característica de las penas, surge que sólo el 47 % de las condenas fueron por al máximo de la pena (prisión o reclusión perpetua). En efecto, el 14 % de los condenados recibió 25 años de prisión, y el restante 39 % menos de 25 años. Esto nos hace reflexionar sobre la calidad de la condena con que el Estado valora los crímenes que está juzgando, que son de lesa humanidad, y por lo tanto imprescriptibles, y fueron cometidos en grupos de tarea, utilizando el aparto de Estado y con acumulación de casos; pero que muchas veces son equiparados en sentencia en el monto de las penas a delitos graves y de sangre, pero cometidos por delincuentes comunes.
Además, en estos 8 años de juicios hubo 61 polémicas absoluciones, 18 de las cuales correspondieron a juicios de 2013, y de las que en 8 años de juicios se hicieron notar el reguero de perdones que despachó el TOF Nº 1 de Córdoba sobre 7 imputados de un total de 31, en el proceso por los hechos de la Unidad Penal Nº 1 de esa provincia; el escandaloso perdón en todos los 13 casos en que se acusaba al torturador Juan Carlos Rolón en el segundo juicio parcial por hechos ocurridos en la ESMA (su libertad no fue efectiva por estar procesamiento en otras 5 causas), la tomada de pelo que resultó la absolución de Rubén Paccagnini y Jorge Bautista en el juicio por la “Masacre de Trelew”; y la decisión más execrable, que fue sin dudas el fallo del segundo juicio por el CCD “La Escuelita”, donde los jueces Orlando Coscia, Eugenio Krom y Mariano Lozano del TOF de Neuquén absolvieron en noviembre de 2012 a 8 de los 22 acusados y apartaron por “cuestiones de salud” a un represor que, ahora repuesto, vuelve a ser juzgado en 2013.
Estos casos alertan sobre la necesidad de mejorar el trabajo fiscal y de jueces de instrucción para completar las investigaciones incriminatorias preliminares sobre cada imputado, y para arribar a la etapa oral sin dar posibilidad a las “dudas” absolutorias.
Curiosamente venimos escuchando desde los sectores oficialistas que cada año que se inicia será realmente “el año de los juicios”, valoración propia de quien analiza en abstracto el proceso en lugar de ir a los números concretos. Si tomamos los últimos 4 años veremos que lejos de crecer exponencialmente, el proceso anual de juzgamiento se va estancando en dos decenas de juicios con un centenar y medio de condenas cada año. En 2010 hubo 19 juicios con 114 condenas, mientras en 2011 hubo 21 procesos finalizados con 84 condenas, en 2012 fueron 25 juicios llegados a sentencia con 131 condenas, y en 2013 el proceso se estancó en 23 juicios concluidos con 161 condenas .
Aquí es donde entra a pesar la fragmentación de las causas que llegan a juicio, y por eso sostenemos la necesidad de acumular las causas para juzgar por circuito represivo o por CCD: porque sabemos que incluso más juicios por año no es necesariamente más justicia, y porque sumar juicios en abstracto no es lo mismo que destacar que en 2010, 7 de los 19 juicios fueron a 1 o 2 represores, y que esa cifra aumentó en 2011 a 9 de los 21 procesos, se sostuvo en 2012 en 9 juicios y que en 2013 11 de los 23 procesos juzgaron a 3 represores o menos.
Claro que no siempre esto es destacado por funcionarios de Justicia o Derechos Humanos del Poder Ejecutivo, ni por el Ministerio Público, ni por la prensa adepta al gobierno, que viene pregonando “el año de los megajuicios” desde comienzo de 2013 y destaca el supuesto “salto cualitativo en el juzgamiento de los delitos de lesa humanidad” y afirma que “comenzaron a realizarse los llamados ‘megajuicios’”. Habría que recordarle a esa prensa obseKuente que en 2012 sólo 6 de los 25 juicios juzgaron a 10 o más represores, es decir que hubo tres veces más “mini-juicios” que “mega-juicios”. Los “mega-juicios” tan citados que en 2013 representaron sólo 7 de los 23 procesos concluidos.
La distribución geográfica de los procesos llegados a sentencia hasta el 31 de diciembre de 2013 en las 26 jurisdicciones Federales, continuó destacando a Capital Federal (con 21 debates concluidos, sólo 1 en 2013), como la jurisdicción donde mayor cantidad de juicios hubo en todo el proceso, seguida de La Plata (10 juicios), San Martín (9 juicios), Mar Del Plata (7 juicios), Tucumán (7 juicios) y Santa Fe (6 juicios).
Sigue siendo crítica la situación de los juicios en los juzgados el interior del país, sobre todo en lo que fueron en dictadura zonas represivas importantes como Córdoba (5 juicios), Rosario (5 juicios) y Neuquén (2 juicios). Peor es el panorama en las provincias de noroeste y noreste del país, que en general no superan los 5 procesos terminados. El caso más extremo lo representa la provincia de Jujuy, que tuvo su primer sentencia de este tipo de juicios en mayo de 2013, a casi 10 años de anuladas las leyes de impunidad por el Congreso.
En cuanto a los juicios por la apropiación de los hijos de los compañeros desaparecidos (contemplados en las figuras de supresión de identidad, retención y ocultamiento de un menor, falsificación de documento público y supresión de identidad), el panorama de juzgamiento ha avanzado con las mismas contradicciones que el resto de los procesos. Un total de 18 juicios en 10 años, que incluyeron 60 casos y donde se obtuvieron 72 condenas sobre similar número de represores. En esos 60 hechos juzgados, siendo que el total de restituciones fue de 109 identidades, y pese a haberse juzgado a algunos de los represores responsables de su apropiación, encontramos que en 15 de estos casos los jóvenes aún no han sido restituidos a su verdadera identidad.
Para la ciudad de La Plata el año 2013 sumó un ida y vuelta en la característica de los procesos, ya que si al comienzo de la reapertura de las causas se venía juzgando de a un represor por vez, y luego se comenzó a revisar los hechos de a un CCD por vez. Pero si en 2012 se logró juzgar parcialmente crímenes de 5 de los 29 CCD del Circuito Camps, que en el caso de los centros de La Plata dejaron para cada uno causas residuales, este año se volvió a la lógica de fragmentación. Entre Junio y Julio de 2013 fueron realizados en La Plata los juicios por las causas Iaccarino y Gallinari-Abinet.
En la causa por los secuestros de los hermanos Iaccarino la justicia sólo llevó a juicio a los máximos jefes del CCD “El Infierno”. El resultado de la sentencia fue de lo peor que se obtuvo en los 8 juicios anteriores realizados en La Plata: condenas a 3 años a Bruno Trevisán y 4 años a Rómulo Ferranti por el delito de “vejaciones y severidades”.
Para el tribunal las torturas fueron vejaciones y severidades, eso sí, cometidas “en el marco del Genocidio perpetrado en la última dictadura”. Este fallo nos mostró, una vez más con la disidencia incólume del juez Rozansky, las consecuencias concretas que arroja la fragmentación de las causas, porque muy diferente hubiera sido la sentencia y caracterización del delito si se hubieran juzgado en conjunto todos los crímenes cometidos en la Brigada de Investigaciones de Lanús, porque se hubiera dado cuenta del conjunto de hechos y de la sistematicidad de la práctica represiva, y no se confundiría, 37 años después, una simple severidad con lisas y llanas torturas, delito que tiene penas más graves.
La causa "Madrid, Elichart y Kirilosky” juzgó este año en La Plata la retención y ocultamiento de menor, supresión y suposición de estado civil y falsedad ideológica de documento público en el caso de Elena Gallinari Abinet, nacida en 1976 durante el cautiverio de su mamá, María Leonor, e inscripta como hija propia por el represor Domingo Madrid. Elena nació en cautiverio y fue entregada a Madrid por el genocida de la Brigada de Investigaciones de La Plata Carlos Vercellone, que murió impune en julio de 2008.
Un gran abismo planteado en esta causa se refiere al CCD en el que su madre dió a luz a Elena, cosa que no ha sido nunca investigada, con la excusa de que no hay sobrevivientes con los que María Leonor haya compartido su detención.
Este caso tuvo la particularidad de que los tres imputados fueron sobreseídos por prescripción en 1990 por el juez Blanco, que casi veinte años después volvió a procesarlos cuando Elena se presentó como querellante en 2009, alegando con justeza que fue víctima de crímenes de lesa humanidad que no estaban prescriptos. Es decir: nuevamente es la voluntad de las víctimas, nunca la voluntad punitiva del Estado, la que pone las cosas en su lugar y enfrenta a la impunidad. Finalmente Madrid y su esposa fueron condenados a 10 años de prisión (8 menos que los solicitados por la querella particular), mientras la médica Kirilovski recibió 5 años de prisión (3 menos que los pedidos por la querella particular).
Suman entonces 49 los genocidas condenados en La Plata al 31 de diciembre de 2013, una cifra poco representativa para una ciudad que en dictadura contó con al menos 12 CCD y miles de víctimas de la represión coordinada tanto por la policía Bonaerense como por Ejército, la Armada y agentes civiles de Inteligencia o de grupos paraestatales como el CNU. Pero los 49 genocidas condenados son menos representativos aún de los 29 CCD del Circuito Camps, circuito represivo que está en instrucción en La Plata, y donde hay unas 20 fragmentadas causas en instrucción con 150 procesamientos sobre unos 80 represores a ser juzgados en inciertos próximos juicios. Es decir que, aun presuponiendo la efectiva condena de todos los represores procesados en la jurisdicción federal La Plata, no superaríamos los 140 genocidas condenados en el horizonte de juzgamiento que el Estado propone, al menos sobre el circuito represivo de la Policía Bonaerense en dictadura.

Pero en términos políticos nacionales, la gran creación kirchnerista de este año fue la alocada idea de cerrar los juicios en 2015. Desde abril de este año el Secretario de DD.HH., Martín “Ñato” Fresneda, salió plantear su voluntad de que “en el transcurso del 2015 empiecen a concluir los procesos judiciales por delitos de lesa humanidad” porque supuestamente, "a partir del diseño de acumulaciones de expedientes y del mejoramiento de la política judicial sobre los procesos de delitos de lesa humanidad, se lograron importantes avances que hoy se pueden reflejar en los juicios que se desarrollan en distintos puntos del país". La realidad que pinta el ex abogado de HIJOS Córdoba se basa en trasladar mágicamente que como han llegado a juicio procesos complejos como los de los CCD ESMA o La Perla, que incluso reconoce “van a tardar entre un año y un año y medio en concluir”, el resto de las causas en instrucción en todo el país irán copiando ese modelo por generación espontánea, o por aplicación de una política nunca expresada.

En realidad la presidenta Cristina Fernández lo viene pregonando desde diciembre de 2011, cuando en el acto por el día de los Derechos Humanos dijo: “Yo espero que en estos cuatro años de mi mandato estos juicios que han demorado más de treinta años en ser iniciados, puedan ser terminados” y “que el próximo presidente que tenga que prestar juramento el 10 de diciembre del 2015, no tenga que volver a pronunciar esta frase y hayamos dado vuelta definitivamente una página tan trágica de nuestra historia”.

Lo que propone el kirchnerismo es técnicamente impracticable si pensamos que en 10 años se juzgó al 30% de los procesados, que la cantidad de condenados por año se estancó y que el número general de imputados por juicio es constante. ¿A través de qué solución voluntarista habríamos de pensar que en 2 años se hará una tarea que, así planteadas las cosas, llevará varias décadas? Una proyección objetiva del proceso nos dice que juzgando a razón de un promedio de 600 represores cada 10 años, sin sumar nuevos procesamientos, concluiría recién en más de 3 décadas, y haría recaer una potencial condena a 3,5 represores por cada uno de los 600 CCD. E incluso si se acelerara al doble la capacidad punitiva, siempre que no se sumen más procesamientos, no se cerraría en menos de 2 décadas. Panorama que se complejiza si se agregan nuevos procesamientos, que de todas maneras no se resolverían en menos de 10 años, siempre que lo represores no abracen la muerte como último recurso de impunidad.
Desde una vista superficial de este desempeño juzgador del Estado, y analizando números en el vacío, no es nada desdeñable que más de 4 centenar y medio de represores, sobre todo figuras emblemáticas del Terror de Estado, pasen el final de su vida purgando las culpas de su campaña desaparecedora. Pero una visión más detallada de la magnitud de los hechos ocurridos en la represión, del horizonte de juzgamiento que el Estado se está proponiendo, y de la agudización de las variables que urgen más condenas en menos tiempo, nos presenta una situación más crítica.
Así planteados, estos procesos continúan reproduciendo la situación de impunidad porque sólo serán juzgados una serie de casos emblemáticos, altos mandos y reputados represores, mientras el conjunto de miembros de las Fuerzas Armadas, de Seguridad y de Inteligencia que planificaron y ejecutaron el genocidio quedará relegado a juzgarse en futuros inciertos debates o, si la tendencia actual se consolida, completamente libre.
La pereza que presenta la situación actual de la política de Juicio y Castigo, la palpable improvisación en la ejecución de herramientas que completen y aceleren el proceso, nos produce a muchos un efecto inverso al que debería generar la de una pretensión de Justicia: la sospecha de que cada juicio que se concreta fuera no la posibilidad de continuar avanzando con otras investigaciones por demás lejanas, sino la clausura del necesario esclarecimiento de responsabilidades sobre hechos, víctimas y verdugos que han sido arbitrariamente relegados de los debates que se han efectivizado.

Una clara convicción de los sectores que seguimos el camino crítico a este proceso que hoy analizamos, es que la investigación y sanción de TODOS los delitos cometidos por los verdugos de la dictadura militar es una responsabilidad indelegable del Estado, incluidos sus tres poderes constitutivos. Por todo esto denunciamos que no existe una voluntad real de condenar el carácter masivo y planificado de la represión, en un concepto, de reconocer que lo que aquí sucedió fue un Genocidio, y que todos, del primero al último de los verdugos, merecen castigo por formar parte del plan represivo.
HIJOS LA PLATA
Diciembre de 2013
Fuente: http://www.anred.org/spip.php?article7138

martes, 7 de enero de 2014

Indaguemos si existe conexión entre el incendio mayor de la historia bonaerense y los proyectos de fracking en la provincia.

Fracking en Buenos Aires


El año pasado, la petrolera YPF anunció que comenzará con la exploración en la Provincia, en la denominada Cuenca de Claromecó. La avanzada incluiría a 15 municipios y a toda el área de Sierra de la Ventana. Las organizaciones ambientalistas de la zona denuncian un grave riesgo ambiental por los recursos que utiliza la técnica de fractura hidráulica.
En agosto del año pasado, el CEO de YPF, Miguel Galuccio, presentó uno de los objetivos fundamentales de la ahora empresa estatal: la incorporación de nuevas zonas de exploración para aumentar la producción tanto de petróleo y gas tanto convencional como no convencional.
En su Plan Exploratorio Argentino, la petrolera prevé la perforación de 25 pozos de estudio (considerados exploración de frontera) en 12 provincias petroleras y “no petroleras”, con objetivos convencionales y no convencionales y se realizarán estudios de sísmica 2D y 3D.
En Buenos Aires, las miradas están centradas en el potencial hidrocarburífero de la Cuenca de Claromecó, que abarcaría a los municipios de Laprida, San Cayetano, General La Madrid, Tres Arroyos, Tornquist, Coronel Suárez, Saavedra, Coronel Pringles, Monte Hermoso, Gonzales Chaves, Coronel Dorrego, Benito Juárez, Tandil, Bahía Blanca, Coronel Rosales, y todo el sistema orográfico de Ventana.

De hecho, en octubre del año pasado profesionales de la Gerencia de Nuevas Cuencas de YPF presentaron su informe sobre el territorio bonaerense junto al ministro de Infraestructura bonaerense, Alejandro Arlía. Además, la Provincia tiene firmado con la empresa YPF S.A. un acuerdo de trabajo para el Desarrollo de Proyectos Exploratorios de Hidrocarburos.
“Estamos muy conformes con el trabajo que se viene desarrollando y con las tareas técnicas realizadas para determinar la existencia de hidrocarburos como gas y carbón en el sureste de nuestra provincia, y de ese modo, podamos generar más producción y riqueza que se traduce en beneficios para sus 15 millones de habitantes y para todos los argentinos”, declaró Arlía para La Política en aquella oportunidad.
Según señaló el fallecido especialista en temas ambientales Rodolfo Knittel, en la Cuenca de Claromecó la empresa Barranca Sur Minera S.A. descubrió del gas carbono a través de perforaciones (1999, Paragüil; 1999, San Cayetano; 2003,Lamadrid; 2003, San Mayol) a unos 600 metros de profundidad. La empresa, es parte del grupo Panamerican Energy.

Claro que la explotación de los pozos de petróleo y shale gas se harían a través del fracking, un método muy cuestionado porque es altamente contaminante y que ya fue prohibido en Francia y algunos estados de Estados Unidos.

La noticia sobre la exploración en la Provincia puso los pelos de punta a sectores ambientalistas y políticos que están en contra de esta modalidad.
El intendente de Tornquist, Gustavo Trankels, le dijo al diario La Nueva Provincia que YPF “no pidió realizar oficialmente estudio alguno en el distrito” aunque admitió que “en forma extraoficial se sabe que el plan quinquenal de YPF contempla realizar estudios de exploración en cinco zonas de la denominada Cuenca de Claromecó”.
Sin embargo, para los ambientalistas la versión no es confiable. Gabriel Molinero, uno de los titulares de la ONG Ambiente Comarca, le dijo al sitio Eco Días: “Por lo que hemos podido ver en algunos otros medios de comunicación ha habido ya algunas presentaciones en localidades, o sea que no estamos tan seguros de que esto no vaya a suceder porque ya hay algunas actividades relacionadas al respecto”.


domingo, 5 de enero de 2014

Reflexionemos: "lo más desventurado de este (sub)desarrollismo neoliberal es su capacidad para «atrapar» y deshacer, precisamente «vía» el Estado, las múltiples resistencias que desde hace varias décadas se han gestado desde los pueblos de la región".

El gobierno CFK nos quiere convencer de su rostro humano pero impone a Milani.
8 Tesis sobre el neoliberalismo (1973-2013)

Por José Francisco Puello-Socarrás (FISYP)


A pesar que desde los primeros años del nuevo milenio se vocifera el fin de la llamada Hegemonía Neoliberal, idea reforzada más recientemente con ocasión de la Crisis global por la que atraviesa el capitalismo hoy y que las posturas neoliberales convencionales reinantes durante las últimas décadas del siglo pasado ciertamente han sido desacreditadas - afortunadamente no desde la teoría abstracta sino desde las realidades concretas -, el neoliberalismo continúa su curso buscando consolidar “nuevos” referentes, sin extralimitar en ningún momento su identidad ideológica fundamental. El actual trance crítico ha propiciado no sólo la reemergencia de discursividades (algunas de ellas) novedosas y alternativas sino también una reconfiguración al interior del neoliberalismo - en general inadvertida - pero que viene gestándose a través de la recomposición de la hegemonía del proyecto neoliberal (su ideología y prácticas) con el relevo de las posiciones ortodoxas, en su gran mayoría de inspiración leséferista (laissez-faire, laissez-passer, “dejar hacer, dejar pasar”) activándose la renovación del ideario neoliberal a partir otras perspectivas igualmente neoliberales pero heterodoxas. Este sendero permitiría la reconstrucción del capitalismo neoliberal con el fin de enfrentar las vicisitudes que le plantean los nuevos tiempos y ante los cuales el extremismo ortodoxo no parece ofrecer ya respuestas viables, sobre todo, desde el punto de vista político-económico. Este trabajo intenta proponer 8 tesis generales en perspectiva histórica que sintetizan cambios y rupturas en el neoliberalismo para allanar diagnósticos prospectivos en torno a su superación.


Tesis 1. El Neoliberalismo, etapa “superior” del Capitalismo
Un análisis retrospectivo del neoliberalismo permite establecer dos precisiones en torno a su posible periodización en perspectiva histórica.

Por una parte y desde un abordaje de memoria larga, el neoliberalismo no sólo es la última etapa del capitalismo histórico hoy conocido, cronológicamente hablando. La expansión de los mercados, conocida como “globalización”, ilustraría la dimensión espacial-temporal de este punto y se ajusta muy bien a lo que Harvey actualiza, desde la “vieja” pero aún vigente proposición de Lenin, como nuevo imperialismo. Igualmente resulta ser la fase superior del sistema en sentido cualitativo. El neoliberalismo es la etapa donde se verifica la más pronunciada exacerbación de las lógicas y contradicciones inherentes a la reproducción y acumulación incesante del capital. La explotación económica, la dominación política, la opresión social y la alienación ideológica, en todos los niveles y dimensiones que caracterizan - al decir de Wallerstein - la economía-mundo capitalista, encuentran al día de hoy y al mismo tiempo, su cenit y su ocaso. La denominación coloquial que se le ha venido otorgado al neoliberalismo como “capitalismo salvaje” es tan consistente como descriptiva respecto de la progresiva mercantilización de la vida humana pero sustancialmente de la deshumanización del hombre (en sentido genérico) dentro del capitalismo. El salvajismo se propone como la impronta más distintiva de la actual fase neoliberal

1. Las condiciones críticas y las tendencias inéditas que actualmente muestra el sistema rebasan ampliamente el balance de tensiones históricamente conocidas durante toda la evolución del modo de producción capitalista desde sus orígenes.

Las implicaciones que se desprenden de la actual crisis del Capitalismo son radicalmente expresivas de la época de crisis civilizatoria que encarna el neoliberalismo. No hay que olvidar tampoco que la manera como se pretendieron sortear las crecientes contradicciones y la sobrevenida crisis del capitalismo de postguerra, especialmente, el agotamiento del Estado de Bienestar y el modelo de acumulación fordista a nivel planetario (principalmente en los países centrales pero siempre en correlación a las periferias capitalistas) fue articulada bajo la contrarevolución neoliberal.

Desde la década de 1970s y hasta el día de hoy, el neoliberalismo es, por antonomasia, la estrategia ofensiva del Capital (contra el Trabajo) y reacción, “salida” y “solución” ante la crisis estructural y global del capitalismo tardío. Inclusive, desde la perspectiva de las élites hegemónicas, la actual crisis plantea salidas no sólo en el marco del capitalismo sino peor aún bajo la profundización de las lógicas neoliberales, aunque, como se ha advertido poco, dependiendo de los ritmos y espacios, alrededor de un neoliberalismo nuevo, es decir, una versión de nuevo cuño.

Desde una aproximación de corta duración, de otra parte, y más allá que los orígenes del neoliberalismo pueden rastrearse de diferentes maneras a lo largo y ancho del siglo XX en su pretensión por “actualizar” el capitalismo liberal de antaño en tiempos contemporáneos y darle “solución” al trance estructural crítico capitalista, se sugieren dos momentos puntuales que informan la emergencia y la proyección sociopolítica del neoliberalismo en tanto - en términos de A. Sohn-Rethel - materialidad real, es decir, en abstracto y en concreto.

El primero, el año 1948, nacimiento in vitro del neoliberalismo con la fundación de la Sociedad de Mont-Perelin, cónclave intelectual y plataforma ideológica clave desde la cual se difundieron con posterioridad el pensamiento y las doctrinas neoliberales y, con este objetivo se promocionaron también distintos “tanques de pensamiento” (think tanks), centros de investigación, foros públicos y estrechos vínculos con “prestigiosas” universidades a nivel mundial; en segundo lugar, lo que podríamos denominar la emergencia in vivo del neoliberalismo, en 1973, una fecha en la que además existe un relativo consenso sobre el inicio de largo plazo de esta crisis por ser el año del shock petrolero mundial, entre otros hechos. Más exactamente hablamos del 11 de septiembre de 1973, día del golpe de Estado contra el primer gobierno socialista elegido por voto popular, el del chileno Salvador Allende y período en el cual se desencadena una oleada de dictaduras cívico-militares en el Cono Sur de Latinoamérica y el Caribe en el marco del Plan Cóndor, iniciativa promovida por el gobierno de los Estados Unidos, a través de la Central de Inteligencia Americana (CIA). 

Este acontecimiento marca la instalación de las bases del régimen económico-político neoliberal en la región (recuérdese las “asesorías” en materia de reformas económicas y sociales en Chile por parte de los llamados Chicago’s Boys y de las élites neoliberales globales, los padres del neo-liberalismo F.A. Hayek y, en el caso chileno, M. Friedman, lineamientos que luego serían “transferidos” a través de diversos mecanismos y presiones hacia los países vecinos) (Ramírez 2012). Durante las décadas posteriores, la consolidación del neoliberalismo a nivel global, especialmente y entre otros, estuvo de la mano de otro plan, esta vez de carácter económico-político: el tristemente célebre “Consenso de Washington” - en su versión original de 1989 y en la de sus sucedáneos (Puello-Socarrás 2013) -, encarnado por los mal-llamados organismos multilaterales de crédito (stricto sensu son “unilaterales” en vista del unilateralismo que practican, casi sin ninguna excepción, subordinado a los intereses y dictados de Washington) como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y el Banco InterAmericano de Desarrollo.

Tesis 2. El Neoliberalismo es, ante todo, un Proyecto económico-político de clase y no solamente un programa de políticas públicas
El neoliberalismo no se agota ni se puede igualar directamente al Consenso de Washington (1989) - ni sus versiones sucedáneas -. Tampoco al programa específico de políticas económicas allí contenido, como muchos afirman “ingenuamente”. (…)


Síntesis liminar: Antineoliberalismo Anticapitalista


Considerando las anteriores 8 tesis sobre el Neoliberalismo resulta un hecho que cualquier alternativa auténtica al statu quo necesariamente pasaría no sólo por una perspectiva abiertamente anti-neoliberal sino también, decididamente anticapitalista. Expliquémoslo mejor.

Por lo general, en el primer caso, el antineoliberalismo se ha agotado en señalar “críticamente” al hoy anacrónico viejo neoliberalismo ortodoxo de las últimas décadas apuntando hacia el también desgastado Consenso de Washington, es decir, al decálogo de políticas económicas allí resumidas. En este caso, no se percata que el neoliberalismo es un proyecto social y político de clase imposible de reducir a un programa específico de políticas públicas, sean éstas económicas o “sociales”. Tampoco advierte el proceso emergente hoy en marcha de recomposición del capitalismo centrado en el mercado - vale decir, los intereses privados dominantes de naturaleza neoliberal - y el cambio de estrategia asociada a la necesidad de dotar con regulacionismo estatal al proceso de acumulación neoliberal, incluyendo sus facetas de reproducción, seguramente las más ilustrativas, las de desposesión.

Hablar entonces de una supuesta era post-neoliberal sin verificar cambios (o posibles futuras transformaciones, es decir, “otro” proyecto social y político), por lo menos en la estructura y la funcionalidad del régimen económico político actual resulta ser demasiado aventurado y, en nuestro concepto, políticamente peligroso. No es válido afirmar la superación progresiva del neoliberalismo simplemente bajo la sospecha de verificar la (mayor o menor) presencia estatal - para los defensores de este tipo de argumentos, “activa” - o el cambio en un par de políticas económicas que ni reforman ni reformulan la matriz del neoliberalismo. Por el contrario, en muchos casos reales, particularmente en la región latinoamericana, las supuestas “reformas antineoliberales”, la dejan intacta. Algunos van más allá - incluso - y presumen verificar la aurora “post”-neoliberal con la excusa de una serie de políticas que se autoproclaman “sociales” y “redistributivas”, sin poner en cuestión el espectro amplio, político y económico, del neoliberalismo que venimos hablando.


Un antineoliberalismo (el cual puede identificarse fácilmente con posiciones contrarias al neoliberalismo ortodoxo pero no al neoliberalismo capitalista, tal y como sucede con las posturas heterodoxas fielmente neoliberales) sin el adjetivo anticapitalista propone ser tal vez una de las mayores encrucijadas políticas de la actualidad.

Una salida antineoliberal que no retorne nuevamente al neoliberalismo (así sea de otro tipo, llámese “regulado”, con “rostro humano” - ¡una contradicción en términos! -, todos ellos y en todo caso, neoliberales) debe convocar la destitución (y no el mantenimiento o la restitución) del neoliberalismo real. Ello significa ante todo una actitud contra el neoliberalismo, en todas sus versiones y, principalmente, des-andar el espinoso camino de las décadas anteriores y, en simultáneo, la instalación progresiva de otro régimen económico guiado e inspirado en otro proyecto político.

Por ejemplo, la vorágine de discursos y el cándido paroxismo generado sobre todo por la supuesta novedad del emergente nuevo desarrollismo (y el neo-extractivismo) en América Latina y el Caribe (también modelo por antonomasia, bajo otras características en países del Sudeste asiático), el cual en sus teorías y, especialmente, en sus prácticas, resultan ser simplemente una continuidad interrumpida, un neoliberalismo regulado que resulta antineoliberal frente al programa de políticas promovidas por la ortodoxia pero no discute el “modelo” ni el paradigma, con lo cual en diferentes sentidos converge casual o acríticamente con la heterodoxia neoliberal, se sintonizan consistentemente con el proyecto hegemónico actual y por las mismas razones resulta ser una sin-salida para la crisis actual.

Quizás, lo más desventurado de este (sub)desarrollismo neoliberal es su capacidad para “atrapar” y deshacer, precisamente “vía” el Estado, las múltiples resistencias que desde hace varias décadas se han gestado desde los pueblos de la región, no como una moda sino fruto de la descomposición y malestar de las realidades sociales que produjo y sigue produciendo el capitalismo neoliberal hoy vigente, y que han mostrado la posibilidad de auténticas alternativas ante el statu quo y sobre todo nuevos paradigmas ético-políticos. Este parece ser el gran desafío de nuestros tiempos. Leer

viernes, 3 de enero de 2014

Nos "invita a revisar críticamente el discurso legitimador de los procesos socio-económicos en curso, los criterios que guían la intervención estatal y el esquema real de ganadores y perdedores de la última década...".

A 30 años de democracia.
‘Proyecto nacional’ y extranjerización: 
discurso y procesos estructurales en la Argentina actual

Por: Martín Schorr (ACTA)

Martín Schorr aborda las diferencias entre los discursos y los hechos en materia de extranjerización económica.

La apertura que sufrió la economía argentina durante el decenio de 1990 (con sus antecedentes desde 1976) supuso transformaciones decisivas en la estructura económica y en la dinámica social. Si durante el modelo de sustitución de importaciones el eje del proceso económico pasaba por la defensa del mercado interno a través de una alianza entre el capital nacional y la clase obrera, bajo el predominio del neoliberalismo se potenció una inserción en el mercado mundial a partir de rubros altamente concentrados y asociados a la explotación de recursos naturales. Sectores en los que, en su mayoría, los salarios significan mucho más un costo de producción que un factor dinamizador del consumo. Más recientemente, el abandono del régimen convertible implicó cambios a nivel macroeconómico que tuvieron un impacto positivo en el desempeño de los sectores ligados al mercado interno, pero durante la posconvertibilidad también se profundizaron las modalidades de inserción del país en una economía mundial crecientemente internacionalizada.

Entre las principales apuestas del gobierno de Néstor Kirchner figuró la recreación de una “burguesía nacional” que pudiese constituirse en el sujeto impulsor de un proceso de desarrollo económico con inclusión social. Para lograrlo se apeló al recuerdo del empresariado mercado-internista que durante la etapa de la industrialización sustitutiva conformó, junto con la clase trabajadora, la alianza social sobre la cual se erigió el peronismo clásico.

El proyecto parece haber quedado trunco, como se desprende de algunas acciones del gobierno de Cristina Fernández que involucraron la intervención directa del Estado en empresas de sectores estratégicos (como YPF y Aerolíneas Argentinas). No obstante, la esperanza en una clase empresaria vernácula no ha desaparecido totalmente; así lo demuestran las diversas regulaciones que, sobre todo a partir de 2008, se han adoptado en materia comercial con la supuesta intención de favorecer la actividad de los capitalistas nativos.

La continuidad del proceso de extranjerización
En la primera mitad de la década de 1990 el grueso de la inversión extranjera directa se dirigió al sector no transable, especialmente hacia los servicios públicos privatizados. Mientras que en el segundo lustro la extranjerización alcanzó también al sector productivo, en particular a aquellas actividades que contaban con ventajas absolutas como la producción agroindustrial, minera, petrolera y de otros commodities. Así las cosas, en el año 2001 del panel de las 200 corporaciones más grandes de nuestro país un total de 92 empresas eran extranjeras y, en conjunto, daban cuenta del 55% de las ventas globales de dicha cúpula (en 1990 eran 56 firmas que explicaban “apenas” el 23% de la facturación total).

Ahora bien, ni el resurgimiento en los elencos gubernamentales de discursos favorables a un “capitalismo nacional”, ni el renovado protagonismo de firmas de capital local supuestamente interesadas en desarrollar el mercado interno, han logrado revertir durante la posconvertibilidad el proceso de extranjerización. Muy por el contrario, este último se afianzó: en 2010 las compañías de origen foráneo dentro de la elite empresaria eran 115 y su ponderación en las ventas totales orillaba ya el 60%. Semejante nivel de extranjerización se dio, además, en un cuadro de creciente concentración a favor de estos segmentos del poder económico, pues a fines de la década pasada las 200 empresas más grandes del medio doméstico explicaron cerca del 30% de toda la producción generada en el país, porcentual holgadamente superior a los registros de la convertibilidad.


Una aproximación alternativa permite corroborar que en la actualidad el peso relativo del stock de inversión extranjera directa en el PBI (algo más del 20%) se encuentra en valores similares a los existentes al final de la convertibilidad, pero con un nivel de actividad que es el 75% más elevado.

El predominio extranjero se manifiesta en casi todos los sectores, siendo particularmente intenso en aquellas actividades que han tenido un rol protagónico en el crecimiento económico en la posconvertibilidad: agroindustrias, armaduría automotriz, industrias químicas y de refinación, minería y petróleo, comercio minorista y de productos agropecuarios. Además, los capitales transnacionales tienen una presencia destacada en diversos servicios, como la telefonía celular y el sector financiero a comienzos de la década en curso los bancos extranjeros controlaban aproximadamente la mitad de los depósitos y los préstamos concedidos por la banca privada con operatoria en el medio local).

El peso estructural de los oligopolios foráneos se vuelve aún más gravitante cuando se evalúa su importancia sobre el comercio exterior: la participación de este tipo de firmas sobre el total de las exportaciones argentinas pasó de alrededor del 40% a fines de la convertibilidad a casi el 50% en la actualidad. Este hecho es sumamente significativo ya que se trata de un número acotado de corporaciones extranjeras que detenta el control sobre una parte de las divisas generadas en el país, lo cual les confiere objetivamente un importante poder de veto sobre la orientación del funcionamiento estatal en distintos aspectos.


Otra cuestión a mencionar son los “cambios de mano” a favor del capital transnacional (con una participación activa de inversores brasileros) que involucraron a varias compañías en cuya propiedad participaban accionistas locales y que, por su generalizada condición de oligopolios en un mercado interno reactivado y/o por contar con bajos costos absolutos en dólares (lo cual favorece su inserción exportadora en un contexto de creciente demanda mundial de commodities), operaron con amplios márgenes de rentabilidad. Entre otras empresas líderes que pasaron a manos de capitales extranjeros en estos años se destacan: la bodega Peñaflor, Trigaglia (molino harinero), Molfino Hermanos (industria láctea), Pecom Energía (holding petro-energético y petroquímico del grupo Pérez Companc), Cervecería Quilmes, Acindar (siderurgia), Loma Negra (cemento) y numerosos frigoríficos.

En conclusión, bajo el esquema de acumulación que se ha venido configurando tras la implosión de la convertibilidad, se han afianzado las tendencias hacia una fuerte extranjerización del núcleo duro del poder económico local y, en consecuencia, del conjunto de la economía argentina. Naturalmente, el correlato de esta situación es una ostensible pérdida de “decisión nacional” en lo que atañe a la definición de ciertas temáticas relevantes para el devenir económico, político y social del país. Tal es el resultado de una economía dependiente en tiempos de globalización, pero también del andamiaje normativo-institucional vigente. Por ejemplo, en la actualidad sigue rigiendo la Ley de Inversiones Extranjeras Nº 21.382 sancionada durante la última dictadura militar y otras normas complementarias que habilitan múltiples prebendas al capital extranjero. Además, vale apuntar que en la posconvertibilidad fueron ratificados 55 de los 58 tratados bilaterales de inversión que la Argentina suscribió en la década de 1990 en pleno auge del neoliberalismo.

¿Menor o mayor dependencia?
La extranjerización del gran capital en la economía argentina es un dato estructural que no responde a factores meramente coyunturales del tipo “etapa de crisis” o “etapa de crecimiento”. Si bien tras el default de la deuda, el abandono de la paridad cambiaria fija y la cancelación de los pasivos con el FMI el país logró mayor autonomía respecto del capital financiero internacional, el rol central que juegan las grandes empresas extranjeras en variables clave como el nivel de la inflación y el tipo de cambio, la inversión, el mercado de trabajo, la distribución del ingreso y las cuentas externas y fiscales, ha reforzado ciertos aspectos nodales de la dependencia económica. La concentración de poder económico en una fracción del capital cuyo centro de decisión escapa, en lo sustancial, a los límites territoriales de la nación, impone condicionamientos importantes al Estado argentino en su intento por definir los parámetros centrales del proceso de acumulación.

A este se le añade una serie de elementos críticos que no han tenido la debida atención de los “hacedores de política” y de diversos ámbitos académicos e incluso sindicales, al menos hasta que últimamente “reapareció” con crudeza la problemática de la restricción externa y se empezaron a realizar esfuerzos denodados, no siempre exitosos, priorizando el corto (y muy corto) plazo. Entre otros nudos críticos cabe resaltar: las compañías transnacionales que se desenvuelven en el nivel local son relativamente poco generadoras de empleo por unidad producida y en su interior se manifiesta una distribución funcional del ingreso sumamente regresiva, lo cual torna poco plausible que el poder económico realmente existente pueda oficiar de vector conductor de un “modelo de acumulación con inclusión social”; las presiones sobre las cuentas externas generadas por los actores que controlan una proporción muy considerable y creciente del ingreso, por el hecho de ser fuertes demandantes de divisas (aunque sean importantes exportadores): altos coeficientes de importación (con su correlato en el plano interno en débiles grados de articulación e integración productiva y tecnológica, y el afianzamiento del carácter trunco de la estructura manufacturera), remisión al extranjero de utilidades y dividendos, pago de honorarios y de regalías por la compra y/o la utilización de tecnologías y/o patentes, intereses devengados por el endeudamiento con el exterior, etc.. Por eso, difícilmente se pueda afirmar que la inversión extranjera directa contribuya en el largo plazo a superar el problema del estrangulamiento externo crónico de la Argentina; y la inversión insuficiente por parte de las grandes empresas extranjeras y nacionales, así como la persistencia de buena parte del excedente en estado “líquido”, en su mayor parte bajo la forma de fuga de capitales al exterior.

¿“Burguesía nacional” versus capital extranjero?
La notable extranjerización de la economía argentina en las últimas décadas no hace más que expresar la ostensible debilidad del capital nacional vis-à-vis el capital extranjero. Incapaz de competir en igualdad de condiciones, esta fracción del empresariado local ha venido resignando porciones importantes de la estructura económica y se ha replegado hacia el procesamiento de recursos básicos relacionados con la “vieja” (pero sumamente actual) inserción del país en la división internacional del trabajo, actividades que, vale recalcar, tienen en los salarios bajos un dato estructural. Entre los “miembros ilustres” de esta fracción del poder económico se destacan los grupos Arcor, Grobocopatel, Ledesma, Madanes, Pérez Companc, Techint, Urquía y Vicentín, quienes en la posconvertibilidad se vieron ampliamente beneficiados.

A ellos debería agregarse un conjunto de actores que experimentaron un crecimiento notable bajo los gobiernos kirchneristas y que antes ocupaban lugares marginales (o inexistentes) en la dinámica de acumulación general y en el interior de los sectores dominantes. Dicha expansión económica y patrimonial fue posible merced a la muy activa participación de estos actores en muchas de las “áreas de negocios” que se habilitaron desde el sector público en diferentes frentes: obras de infraestructura, energía, medios de comunicación, juegos de azar, etc. (Electroingeniería, Cristobal López, Lázaro Báez, Grupo Petersen y Pampa Holding).

La notable expansión de estos “nuevos” grupos económicos fue posible por tratarse en general de actividades no transables y reguladas por el Estado y, por lo tanto, no sujetas directamente a la competencia capitalista. Lo más interesante a destacar al respecto, más allá de posibles hechos de corrupción, es que no se trata de un nuevo conjunto de “campeones nacionales” fomentados desde el aparato estatal, a la manera de los chaebols coreanos, para disputar una porción del mercado mundial en sectores dinámicos e intensivos en conocimiento, sino que deriva del aprovechamiento de ciertos espacios de acumulación que operan a resguardo de la competencia externa.


Es por ello que, más allá de las diferencias que puedan establecerse entre estos capitales vernáculos y los anteriores (historia empresaria, procedencia social de los propietarios, inserción sectorial de las firmas, grados de articulación con el capital extranjero, etc.), es claro que ninguno de ellos está interesado en encarar un proyecto susceptible de impulsar la reindustrialización del país sobre la base del desarrollo y el control de nuevas capacidades productivas que puedan recrear y/o potenciar las ventajas dinámicas de la economía, como mecanismo para hacer viable una sociedad más inclusiva e igualitaria y reducir el nivel de dependencia. De allí que se encuentren en las antípodas de lo que constituiría una genuina burguesía nacional.

De modo que en la actualidad, pese a ciertas construcciones discursivas, hay confluencia de intereses en el proyecto de país del capital extranjero y de los diferentes segmentos del gran capital nacional. En un caso, el de los “miembros ilustres”, por su inserción en el mercado mundial a partir del aprovechamiento de las ventajas comparativas domésticas. En el otro, el de los “nuevos burgueses”, porque allí no se busca modificar las modalidades de inserción de la Argentina en la economía global, en la medida en que el objetivo casi excluyente pasa por garantizarse ciertos “nichos de privilegio” al amparo de múltiples acciones y omisiones estatales. El problema es que, en ambos casos, el resultado es el mismo: la profundización de un perfil de especialización sumamente regresivo y una inserción pasiva y subordinada en el mercado mundial.


Esto marca una diferencia sustancial entre el papel de la burguesía argentina y otras periféricas como las del sudeste asiático, cuyas empresas nacieron mayormente como proveedoras o clientes de compañías foráneas pero luego se desarrollaron hasta terminar compitiendo con ellas. Países como Corea del Sur, Taiwán o China también procuraron insertarse en la economía globalizada a través de sus exportaciones, pero a diferencia del grueso de América Latina, estos países carecen de ventajas comparativas naturales y sus respectivos Estados buscaron crear o fortalecer burguesías nacionales asentadas sobre la producción industrial (con una creciente densidad tecnológica). Ello, a partir de burocracias estatales con grados más o menos relevantes de autonomía relativa respecto de la sociedad civil.

En cambio, en América Latina en general, y en la Argentina en particular, la mayor parte de los sectores dominantes sigue asentándose en buena medida sobre la explotación de las ventajas comparativas que ofrecen sus recursos naturales o en “nichos” de negocios regulados por el sector público; consecuentemente, los Estados nacionales no han llevado adelante una verdadera política industrial. De allí que las distintas regiones de la periferia (Este de Asia y América Latina) ocupen hoy en día lugares tan disímiles en la división internacional del trabajo.

En ese marco, difícilmente se encuentre entre las prioridades de las empresas trasnacionales el modificar sustancialmente el rol de la economía argentina en el mercado mundial, mucho menos cuando la misma no ofrece ventajas comparativas más allá de su abundante dotación de recursos naturales y ciertos ámbitos de acumulación privilegiados por las políticas públicas. Pero tampoco parece existir una burguesía nacional dispuesta a llevar adelante un proyecto de país distinto al que surge “naturalmente” de la tradicional división del trabajo a escala mundial. En definitiva, en este esquema no parece haber ninguna fracción de la gran burguesía que tenga interés genuino en impulsar la reconstrucción de un sistema industrial fuerte y moderno que le permita a la Argentina salir de su situación de dependencia.


Se trata de cuestiones de suma relevancia, máxime cuando en nuestro país existe un discurso bastante difundido que plantea que a partir de la salida de la convertibilidad, puntualmente desde 2003, se estaría atravesando una reindustrialización pujante que tiene entre sus principales correlatos un control nacional cada vez más acentuado. Sin embargo, ello entra en contradicción con dos factores estructurales, estrechamente relacionados, que se fueron configurando en los años de vigencia del neoliberalismo y que en la posconvertibilidad se profundizaron en sus aspectos esenciales: un perfil de especialización e inserción internacional que pivotea sobre producciones con un bajo o nulo grado de industrialización y una creciente extranjerización de la economía local. Todo esto invita a revisar críticamente el discurso legitimador de los procesos socio-económicos en curso, los criterios que guían la intervención estatal y el esquema real de ganadores y perdedores de la última década en términos de clases y fracciones de clase.



Martín Schorr es Licenciado en Sociología (UBA), Magíster en Sociología Económica , Doctor en Ciencias Sociales (FLACSO), docente e investigador de CONICET y coordinador, entre otros, del libro recientemente publicado “Argentina en la posconvertibilidad: ¿desarrollo o crecimiento industrial? Estudios de economía política”.
Fuente: http://www.argenpress.info/2014/01/a-30-anos-de-democracia-proyecto.html

jueves, 2 de enero de 2014

Intentemos aclarar qué percepciones los condujeron a estigmatizar a los otros de izquierda y a identificarse con CFK o más precisamente con el capitalismo-imperialismo.

Es revisar nuestras conceptualizaciones y actitudes de vida en base a qué han puesto de manifiesto y explicitan hoy quienes eran compañeros de ruta. Es descubrir que este último compartir era superficial e incoherente con los proyectos de cambios radicales. Había ambigüedad suficiente para albergarlos y hoy más que quebrados están satisfechos de apartarse del debate sobre rumbos y construcciones emancipatorias entre los diversos de abajo y de contribuir al monopolio del hacer político por el Estado. 

Podemos preguntarnos cómo pueden negar qué es el capitalismo pero será más beneficioso si nos planteamos cómo Eduardo Aliverti llegó a (¿se mantiene?) prototipo de comunicación social desde la izquierda, si bloquea la reciprocidad y retroalimentación del vínculo en su actividad radial como lo podemos comprobar en el editorial:
Una recorrida
Como todos los años, la imagen dejada por el cierre parece anular cualquier otra consideración. Los balances políticos se subsumen en las fotos de la despedida. Y el adiós de este año es la juntada entre un calor insoportable y los cortes de luz.
El análisis debe superar el impacto de la indignación y las protestas justificadas, porque de lo contrario se toma al todo por la parte. Las causas –ya se ha dicho, pero hay que ver si se asimila– deben buscarse en las empresas distribuidoras, no en la generación ni en el transporte de electricidad. Son las responsables de no haber hecho las inversiones necesarias, para garantizar un servicio que se resguarde de los picos de demanda e, incluso, de la demanda a secas. Su excusa es que no se les permite reajustar las tarifas y que en verdad operan a déficit, lo cual se contrasta con la pregunta de por qué permanecen en el negocio. (...)

Eduardo Aliverti nos enseña a leer la realidad social como lo hace la Presidenta y -como Ella- refuerza el pensamiento oficial al reproducir amplificando el discurso de los altos funcionarios responsables del Estado cómplice por socio en los negociados. Nos escamotea la crítica propositiva con fundamentos en décadas de militancia por la energía como un derecho humano más en contraposición a la visión vigente sobre la energía como una mercancía de José Rigane: Secretario General de la Federación de Trabajadores de la Energía de la Republica Argentina (FeTERA-CTA) expresó que “la crisis energética es estructural e inocultable, pero aparecen como culpables los usuarios. Pero ningún usuario es responsable”. Y agregó que el Secretario de Energía de la Nación, Daniel Cameron, “no está jugando ningún rol y está totalmente en un segundo plano. Pasa desapercibido como funcionario en medio de los terribles cortes de luz que sufre la gente”. “Daniel Cameron no cumple con el rol que debería cumplir”, dijo.
El también Secretario Adjunto de la CTA expresó que “esta crisis energética no tiene que ver con algo coyuntural porque es totalmente estructural. No se puede poner de excusa al clima porque en el sector energético se puede saber con anticipación el tipo de consumo que va a haber”. “Pero es importante tomar dimensión que la crisis viene de la mano de la privatización y extranjerización del modelo energético”, agregó.
Rigane expresó que “la forma de salir de esto es terminar con este modelo energético porque quedó demostrado que fracasó”. También dijo que “queda demostrada la falta de inversiones en el ámbito de la generación, en el ámbito de la transmisión y en el ámbito de la distribución. No sirve pedirle a la gente que controle su consumo cuando hace mucho calor o mucho frío, porque el problema viene de raíz por la falta de mantenimiento y de inversión. No hicieron lo que tenían que hacer”.
“Está establecido que en un día de máximo calor en Argentina se necesitan 5.000 megavatios más de lo común en la producción y en un día de máximo frío se necesitan 4.800 megavatios más. Todo es previsible en el sector energético, no es verdad que no se puede prever la demanda”, explicó. También agregó que “esto sucede porque no se invirtió en las obras de infraestructura”.
Rigane comentó que “un informe recientemente conocido de la Auditoria General de la Nación, establecía, por el aumento de nuevos clientes, construir 5 centrales de generación de electricidad. Esto representa la incorporación de varios miles de megavatios al sistema. De esas 5 centrales sólo se hicieron 2. Esto resulta determinante”.
Rigane manifestó que, “según el Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA), la energía creció menos de la mitad de lo que creció el PBI. Entre el año 2003 y 2013 el PBI creció a una tasa del 6,5% promedio anual y la potencia instalada de energía lo hizo tan sólo a 3,2% por año. Este dato establece claramente por qué hoy la energía está en crisis”.
Para finalizar, Rigane dijo que “las consecuencias están claras porque las pagan los usuarios, pero el origen es la falta de inversión y el fracaso del modelo energético”.Leer
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A continuación Eduardo Aliverti se suma al esmero sistémico de convertir el crecimiento económico en fetiche y de argumentarlo con su medición productivista. Soslaya, de este modo, que consiste en rauda concentración y transnacionalización económica territorial. Por consiguiente este proceso de reestructuración de Argentina genera mayor desigualdad e injusticia social y como esencialmente es acumulación oligopólica por desposesión se concreta con violencia y destrucción de comunidades de vida y trabajo. Pero el iluminado periodista no sólo se desentiende de las graves consecuencias de ese apoderamiento que denuncian las organizaciones populares en todo el país sino que nos habla de la herencia neoliberal después de la "década ganada". Dice participando de la lectura dicotómica:
Antes o después que eso, hay la respuesta de una economía que aún sigue creciendo, moderadamente, tras haber alcanzado tasas chinas. Mientras el país salía del infierno dejado por los sabios reaparecidos, entre quienes se cuentan los sucesivos funcionarios del área energética que fueron responsables del desquicio, funcionó el “canje” de “quedate y no inviertas, pero las tarifas se congelan”. Aquel país, con una desocupación pavorosa y más de la mitad de sus habitantes apartados de bienes y servicios esenciales, se convirtió en uno de reasignación más pareja de los recursos estatales, actividad industrial recuperada y boom de consumo (el lector sabrá comprender que en este aspecto no deben entrometerse las características productivas y culturales de tal avance; son, apenas, apreciaciones “técnicas” indesmentibles).
Eduardo Aliverti repite slogans del gobierno CFK sin reparar en lo que advierten quienes investigan desde un posicionamiento contrario a la ultraderecha. Martín Schorr reflexiona: (...)se destaca la apuesta del Gobierno por apuntalar el crecimiento fabril a partir de dos rubros fabriles con un elevadísimo componente importado: el sector automotor de armaduría y la electrónica de consumo que se ensambla en Tierra del Fuego (en ambos casos, sobre todo en el primero, se trata de importaciones que, en no pocas ocasiones, también sustituyen producción nacional existente). En 2012 las importaciones realizadas, de conjunto, por estas actividades manufactureras representaron alrededor del 45 por ciento del total de importaciones industriales (de allí la relevancia de los tres sectores en su aporte al déficit comercial). Se trata de cuestiones para nada menores si se considera la reaparición de problemas críticos en el frente externo de la economía.
En su nota del 14/12/13, Alfredo Zaiat señala que uno de los desafíos de la hora pasa por avanzar hacia una “activa participación del Estado en la orientación de la industrialización por sustitución de importaciones con estímulos a las exportaciones”. La concreción exitosa de un planteo de estas características no puede pivotear especialmente alrededor de incentivos macroeconómicos y/o de naturaleza horizontal, ni descansar en un criterio de competitividad focalizado en forma decisiva (si no exclusiva) en el nivel del tipo de cambio real y/o en el aprovechamiento de términos de intercambio favorables. De allí la necesidad de consensuar y poner en práctica políticas industriales activas, coordinadas y de abordaje integral que partan del reconocimiento del “mundo real” y la masa crítica existente, así como de las perspectivas, las potencialidades y las restricciones de los diferentes rubros de la industria que se busque promover.
De lo contrario, la intervención estatal seguirá alentando la “reproducción ampliada” de muchos de los rasgos de la industria argentina (reprimarización de las exportaciones, dependencia tecnológica, poder de veto de los grandes exportadores). Y, por esa vía, reforzará aún más ciertos problemas estructurales que condicionan severamente el manejo de la coyuntura. Leer
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Eduardo Aliverti reafirma la lógica capitalista, desprecia a quienes miramos hacia cambios de emancipación del capitalismo-imperialismo y nos descalifica etiquetándonos de tener pérdida cognitiva. Pero el periodista termina realizando una mera síntesis del embaucamiento CFK respecto a medidas gubernamentales que no forman parte de una planificación del país atendiendo a necesidades e intereses populares como lo demuestra Julio de Vido dedicado a poner en práctica al IIRSA del sistema imperialista en contubernio con los poderes locales. Formula: En este país el canje ya no funciona, porque una economía recobrada hasta tal punto no aguanta –al ritmo y modo en que crecen los grandes centros urbanos– que a primera de cambio haya cableado y mantenimiento eléctricos atados con alambre. Hay quienes opinan que es absurdo plantear la estatización de las distribuidoras, con el argumento de que, si no se las sabe comandar y controlar, menos que menos se sabría gestionarlas. Eso no es cierto, pero no sólo porque este Estado ya demostró que puede ser eficiente en el manejo de empresas estratégicas. No es cierto porque el Gobierno las dejó (no) hacer a sabiendas, en función de aquel país que ya no es. ¿Qué se hace? ¿Se discriminan los subsidios entre ricos, clases medias y sectores populares? ¿No se puede porque es muy complejo? ¿Se puede, aunque sea complejo, pero los resultados se verían, con viento a favor, a mediano plazo? ¿Se extraen por otra vía más fondos, más capacidad contributiva, y se los administra y opera directamente desde el Estado, o con una empresa mixta u otras variantes? Bien podría pasar por esto último, pero la clave, en cualquier caso, es quiénes pagan para que la mayoría esté mejor, siempre y cuando no se refute desde subidas a platos voladores y con pérdida cognitiva de que estamos en un sistema capitalista.
Es decir, mantiene el ocultamiento de que:
 
El régimen privatista se mantuvo por los subsidios
Por Mario Hernández. A 10 años de gobierno kirchnerista entrevistamos a Julio Gambina, economista de izquierda. Primer entrega de un análisis estructural sobre los procesos de privatización, esquemas de subsidios y las diferentes lecturas del momento.

Publicaste un artículo: "El fracaso de las privatizaciones". Me quedé con varias cosas, pero en particular con una que quisiera que desarrollaras. Me llamó la atención esta afirmación tan fuerte de que "la institucionalización no mutó".
-Para tratar de ser didáctico puedo ampliarlo a distintas esferas de lo que llamo lo estructural-institucional. En los '80 y, sobre todo en los '90, se modificó de manera muy importante la relación capital-trabajo, favoreciendo la flexibilización laboral y salarial con un impacto claro en una redistribución regresiva del ingreso, con merma de salarios, crecimiento del desempleo, el subempleo, la informalidad en el trabajo y esos son temas que se mantienen.
Fijate que pese al importante crecimiento económico en la última década del nivel de actividad y el empleo, el último dato estadístico del Indec señala que el 34.6% de los trabajadores están en situación informal.

En el propio empleo estatal es muy alta la informalidad.
-Altísima, pese a que era más grave en 2001-2, a una década de crecimiento económico muy importante, como pocas veces ha habido en Argentina, la situación de la flexibilización salarial-laboral y el impacto que tiene en la desindicalización, sigue siendo importante. Lo mismo ocurre en el ejemplo que estás sugiriendo que es el tema de las privatizaciones. En Argentina, hubo un cambio muy claro en la función del Estado transformado en un soporte de la rentabilidad de los grandes capitales. Hoy el presupuesto vigente tiene una asistencia en subsidios a empresas privadas que es superior a todo el gasto en salarios de la administración pública nacional.
Es normal escuchar una crítica al empleo público, a cómo el Estado resuelve muchas cuestiones políticas con empleo estatal, y nos encontramos que hoy el nivel de subsidios a las empresas privadas es superior a la totalidad del salario de maestros, médicos, policías, empleados administrativos, etc.
La totalidad del empleo público tiene un gasto menor que el gasto en subsidios a empresas privadas, con lo cual queda claro que han pasado diez años de gobierno kirchnerista y la orientación del presupuesto público sigue marcando niveles de inequidad y de favorecer a la iniciativa privada.
Ha cambiado la función del Estado, por eso no hay definiciones de reorientación de ese cambio a través de la apropiación de empresas. El caso más evidente es el de la expropiación parcial de YPF y lo primero que hace la empresa con gestión pública es una asociación con Chevron para que haga inversiones y desarrollar la tecnología de la fractura hidráulica, el fracking, para avanzar en la explotación de hidrocarburos no-convencionales. Es decir, que más allá de la gestión pública o privada, seguís teniendo una YPF que antes gestionada por Repsol servía al capital externo y ahora gestionada por el Estado sigue haciéndolo, lo que motivó renuncias en el Directorio.
Me sorprendió la renuncia de Basualdo, un duro crítico a toda la política de los '90.
-Ese es un dato concreto que tiene que ver con diferencias con el proceso. Obviamente, eso no se ventila. Con Basualdo hemos compartido y ha sido uno de los constructores intelectuales de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) en los '90. Estuvo y está co-participando del gobierno lo que supone que tengamos lecturas diferenciadas. Hay mucha gente que las tiene, pero participa honestamente y con convicción del proceso de gobierno y cuando se dan situaciones de esta naturaleza se generan algunas contradicciones como la que estamos planteando. Pero quiero insistir que en esa orientación que significó la relación laboral por un lado, o el papel del Estado por otro, no veo que haya cambios sustanciales en el patrón que define la situación.

Algo similar pasa con las relaciones internacionales donde se destaca mucho que durante estos diez años ha habido un acercamiento con Venezuela y en 2005 el NO AL ALCA.
-Es cierto, pero al mismo tiempo Argentina ha sido parte del G20, que es el núcleo mundial donde las potencias hegemónicas han decidido resolver el tratamiento de la crisis mundial del capitalismo y la respuesta por un lado es el ajuste, claramente visibilizado en Europa y, por otro, el salvataje de los países capitalistas más desarrollados y a sus empresas en crisis. Pensá que EE. UU. que se dice tiene una política diferenciada de la europea, porque Europa tiene una política de austeridad y EE. UU. emite todos los meses U$S 85.000 millones para sostener el nivel de actividad en el país, eso no se hace en beneficio de las mejores condiciones de vida de los trabajadores y los sectores estadounidenses empobrecidos. La política de salvataje, sea de Japón, EE. UU. o Europa, con más o menos austeridad, es la que viene empujándose desde el G20 y Argentina, junto con Brasil y México, participan de ese organismo que una de las pocas cosas que ha resuelto es fortalecer la potencia mundial del FMI cuando éste estaba prácticamente en la lona.
La crisis mundial empieza en 2007-8 y hacia 2006 Brasil al igual que Turquía, Argentina y Rusia, habían cancelado la deuda con el FMI y éste prácticamente se había quedado sin funciones. La realidad es que el G20 revivió al FMI, facilitó la ampliación de su capital y recientemente el Parlamento argentino aprobó la capitalización de nuestro país en el FMI.
Entonces, más allá del 'Adiós al Alca' en 2005, que reivindico y destaco, también existe la participación argentina en el G20 y el fortalecimiento del FMI. En general, todo aquél que piense críticamente la situación mundial sabe cuál ha sido en décadas pasadas y en el presente el papel del FMI, del BM y de los organismos financieros internacionales.

En los últimos tres años las empresas más rentables fueron los bancos
-El sentido del comentario de esta nota en la que aludo al tema de las privatizaciones es que hay novedades institucionales que plantearon Videla y Martínez de Hoz y no pudieron materializarlas por la resistencia popular, que sí lo hizo Menem en los '90, que continuaron con la Alianza y, lamentablemente, todavía subsisten. Quizás la más emblemática de todas las medidas sea la Ley de Entidades Financieras aprobada en 1977. Cuando Martínez de Hoz dejó el Ministerio de Economía en 1981 planteó que el instrumento más revolucionario que habían generado en el gobierno de Videla había sido esa ley que favoreció el proceso de extranjerización de la banca y la apertura de la cuenta de capitales sea para inversiones extranjeras o el crecimiento de la deuda pública. Fue un instrumento fundamental para la inserción subordinada de Argentina en la economía mundial de los '70 generando las condiciones para el gran ajuste de los '80 y la profundización de esa entrega subordinada en la división internacional del trabajo en los '90. Hoy sigue habiendo la misma Ley de Entidades Financieras y sigue habiendo extranjerización de la banca como sistema bancario hegemónico.
Fijate que 2001-2 comienza con una crítica social extendida a la banca, principalmente a la banca privada extranjera y en los últimos tres años las empresas que más rentabilidad han tenido fueron los bancos. Han pasado diez años y esos bancos que presentaban balances complejos y que llevó a muchos a retirarse del país, que se visibilizaron como el problema principal y que mucha de la bronca del 'que se vayan todos' se orientaba hacia ellos, prácticamente todos tuvieron que blindar sus vidrieras, excepto el Credicoop, porque se las rompían en las protestas, movilizaciones y las broncas que había. El resultado que tenés de todo eso es el restablecimiento de una banca extranjera en el sistema financiero argentino y su preeminencia como sector altamente rentable al que se le mantuvieron todas las eximiciones de impuestos durante todos estos años.
Fuente: http://www.marcha.org.ar/1/index.php/nacionales/119-entrevistas/3924-el-regimen-privatista-de-los-90-se-mantuvo-sostenido-por-los-subsidios-publicos
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Eduardo Aliverti sigue promocionando a: la falsedad del Estado cuidando por la inclusión equitativa y no, como la realidad lo prueba, por los negocios de los grandes capitales; la lectura maniquea de la realidad social que bloquea la deliberación y toma de decisiones de los de abajo; el desconocimiento de que el proyecto CFK de Código Civil y Comercial privatiza y sobre todo transnacionaliza la Justicia; y la estigmatización de las organizaciones y luchas populares para ir concretando las bases de una democracia en todas las dimensiones que dignifican la vida y el trabajo entre los diversos de abajo. En efecto, expresa:  
Con un gobierno progre, no con uno revolucionario que, si es por eso, tampoco propuso serlo; aunque, con lo hecho, ya marcó estar a la izquierda de esta sociedad. Extrae de la renta agraria, sin ir más lejos y sin que ese sector deje de andar de fiesta, y reparte con una orientación mucho más equitativa que lo conocido hasta ahora. Lo que se recuperó, en definitiva, es cierta capacidad del Estado como regulador de los desequilibrios sociales. Es con más Estado, jamás con menos, que deben hallarse las fórmulas y las experiencias para seguir avanzando. Eso incluye al paradigma y la operación energéticos, de la misma manera en que es aplicable a la mayoría de las variables de fondo. Como para ver algunas, se va el año en que fueron retomadas las líneas ferroviarias: el Mitre, el Sarmiento, el Roca, el San Martín, el Belgrano Sur y el Belgrano Cargas, aunque la foto siga siendo la estación Once (o precisamente por eso, tras el proceso constante de deterioro a partir de las privatizaciones del menemato). Se va el año de las protestas policiales en gran parte del país y el año del crecimiento o mostranza del narcotráfico, obligando a repensar integralmente a los organismos de “seguridad”, y si es sensato insistir con que sean estas policías las encargadas de proteger a la población. Se va el año del enfrentamiento del Gobierno contra un gran pedazo de la corporación judicial, que rechaza todo cambio sustantivo de su estructura ancestralmente conservadora. Se va el año en que la inflación continuó siendo un problema, y el año en que continuó diciéndose, con todo desparpajo, que la culpa corresponde con exclusividad al Estado y no a la cadena de valor de quienes forman los precios. (...) Leer
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Ya es suficiente para saber cómo Eduardo Aliverti arrumba su labor comunicacional y se consagra a la de apologista del gobierno CFK, gracias a lo cual puede vivir a lo burgués con tranquilidad de conciencia e ironizar sobre quienes nos oponemos al progreso capitalista porque estamos convencidos que es hora de situarnos en su crisis civilizatoria y en el potencial de la diversidad de los de abajo para multiplicar tanto los encuentros convivenciales como los caminos de construcción de los distintos modos de buen vivir.