martes, 30 de abril de 2019

Necesitamos cambiar radicalmente al sistema mundo capitalista, desde ahora por una ecoalfabetización en un Congreso Internacional

NOTA DE PRENSA Yayo Herrero participará en León en el Congreso Internacional “Educación Crítica”
30 de abril de 2019



Yayo Herrero es una de las principales referentes de la ecología, el feminismo y los derechos humanos. Une a su formación de antropóloga social y educadora social, la de ingeniera técnica agrícola, y lo decanta todo en un discurso pedagógico y constructivo que desgrana en sus clases en la UNED, en cursos y conferencias. Será una de las ponentes centrales en el Congreso Internacional “Educación Crítica: hacia una práctica inclusiva y comprometida socialmente” (EDUCRÍTICA 2019) que la Universidad de León acogerá los días 27 y 28 de septiembre de 2019, en la Facultad de Educación. En este encuentro se pretende analizar el papel y la relevancia de la educación crítica en la formación docente y en el análisis de las políticas socioeducativas neoliberales, planteando alternativas por una educación para el bien común. De ahí que la participación de Yayo Herrero sea tan relevante. Pues no solo fue durante mucho tiempo la coordinadora estatal de Ecologistas en Acción, sino que ha dirigido durante seis años la FUHEM, fundación que promueve la justicia social, la profundización de la democracia y la sostenibilidad ambiental, a través de la actividad educativa y del trabajo en temas ecosociales. Yayo Herrero plantea cambiar radical y estructuralmente de modelo, para acabar con el actual el capitalismo caníbal que explota a las mujeres y esquilma pueblos y países y destruye este planeta que nos mantiene. Desde una perspectiva ecofeminista aboga por una auténtica revolución educativa. “El conjunto de transformaciones ecológico-ambientales derivadas de las actividades humanas, que conforman el cambio global y alteran las posibilidades de sostener la vida humana en el planeta, hacen que el contenido y la manera de enseñar tengan que evolucionar hacia una necesaria ecoalfabetización, hacia la preponderancia de un aprendizaje profundo y la adopción de un liderazgo moral, que permitan educar integralmente a la personas para enfrentarse a unos desafíos sin precedentes”, afirma Yayo Herrero. Apuntando la necesidad de repensar la educación con el fin de desarrollar una sociedad sostenible preparada para adaptarse al cambio global.
Esta primera edición contará también con ponentes tan reconocidos como Dave Hill (Profesor de la Universidad de Middlesex, UK), Miguel Ángel Santos Guerra (leonés, actualmente Catedrático de la Universidad de Málaga), María Ángeles Llorente (Profesora de Educación Secundaria, Valencia), César A. Cascante (Profesor de la Universidad de Valencia), Rosa Cañadell (fundadora del Seminario Ítaca de Educación Crítica de Barcelona) o Miguel López Melero (Catedrático de la Universidad de Málaga y Coordinador del Proyecto Roma). El Congreso dirigido por los Profesores de la Universidad de León, Enrique Javier Díez Gutiérrez y Juan Ramón Rodríguez Fernández, del Departamento de Didáctica General, Específicas y Teoría de la Educación, de la Universidad de León, incluirá también experiencias y aportaciones de investigadoras y profesorado de las Universidades de Valparaíso (Chile), Universidad Ciudad Autónoma de México (México), Universidades de Middlesex, Bangor y Anglia Ruskin (Inglaterra), etc.

Para más información: http://educacioncritica.unileon.es Enrique Javier Díez Gutiérrez: ejdieg@unileon.es / +34 678 80 27 22 Juan Ramón Rodríguez Fernández: jrodrf@unileon.es


Facultad Educación, 146. Campus de Vegazana, 24071. León (España). Telf: 678802722, ejdieg@unileon.es http://educacioncritica.unileon.es Fuente:  http://www.rebelion.org/docs/255346.pdf

Posicionémonos en que "el sistema educativo no puede permanecer ajeno al deterioro ambiental que amenaza la vida y nuestras condiciones en las que se desarrolla. Los currículos, las prácticas educativas e incluso las infraestructuras escolares viven de espaldas a los problemas de insostenibilidad estructural".

Educación y rebelión ecosocial para salvar el planeta
29 de abril de 2019


Por Agustín Moreno y Julio Rogero
Cuarto Poder


Hoy es necesaria una rebelión ecosocial en la educación para salir de un sistema educativo agotado y abducido por los resultados de las evaluaciones
“¡Sin planeta, no hay futuro!”, “¡Ni un grado más, ni una especie menos!”, eran algunos de los gritos de miles de jóvenes que llenaban las plazas en la huelga estudiantil del 15 de marzo. La Humanidad está en una encrucijada medioambiental estratégica: el cambio climático, el agotamiento de los recursos y el deterioro de las condiciones de vida en la Tierra, es algo que afecta ya a la generación actual y no solo a las futuras.
Aquellos que están dispuestos a seguir colocando al planeta al borde del abismo por su codicia son enemigos muy poderosos. Recientemente se conocía que el cártel del petróleo estaba invirtiendo más de 1.000 millones de dólares para bloquear medidas contra el cambio climático y obstruir el cumplimiento de los objetivos de los Acuerdos de París. Es decir, para mantener o expandir el calentamiento global, con las consiguientes consecuencias catastróficas.
Cada día es más fuerte el movimiento que propone una respuesta radical a esta situación de colapso más que previsible. La propia juventud europea y mundial está tomando conciencia de esta realidad y ha surgido un movimiento de lucha contra el cambio climático, con huelgas y manifestaciones en diferentes países europeos y del mundo. En España se expresó el 15 de marzo con una huelga estudiantil de amplio seguimiento que nos marca el camino a seguir.
La escuela y la educación han jugado un papel importante haciendo que nos sintamos ajenos a lo que vivimos y a la naturaleza. Sigue, hasta hoy, proponiendo un currículo que nos sitúa por encima de la vida, en lugar de educarnos como cuidadores de ella. Hay organizaciones ecologistas y de renovación pedagógica que analizan los currículos escolares y nos muestran la lejanía y la ausencia de una mínima conciencia ecosocial en ellos. Se ha seguido defendiendo que el crecimiento económico y la explotación de los recursos naturales son algo ilimitado, que podemos consumir sin límites. No pone la vida y su cuidado en el centro.
Ante esta situación de emergencia social y ecológica, el sistema educativo no puede permanecer ajeno al deterioro ambiental que amenaza la vida y nuestras condiciones en las que se desarrolla. Los currículos, las prácticas educativas e incluso las infraestructuras escolares viven de espaldas a los problemas de insostenibilidad estructural. Hoy es necesaria una rebelión ecosocial en la educación para salir de un sistema educativo agotado y abducido por los resultados de las evaluaciones, los estándares y las rúbricas. Es necesario modificar la relación de los seres humanos con el territorio. Es imprescindible entender y desarrollar las implicaciones centrales de la sostenibilidad en la escuela. En palabras de José Domínguez, “la educación básica debe crear un clima ecoeducativo adecuado, para que todos los educandos adquieran una conciencia ecológica ético-crítica, científicamente bien informada… La educación básica debe capacitar a los ciudadanos y ciudadanas para llevar a cabo una transición acelerada del modo capitalista de producción y consumo neoliberal, que es esencialmente antihumanista, antiecologista y antidemocrático, a un modo de producción y de consumo ecohumanista, ecologista y democrático”.
Hay, al menos, tres planos de acción: la educación en la naturaleza, el planteamiento medioambiental de la educación y la movilización ciudadana en la que participe la escuela. En cuanto a la importancia de la primera, ya los pedagogos clásicos sabían que era una fuente de conocimiento, desarrollo cognitivo, motivación y toma de conciencia ambiental. Fue uno de los pilares de la renovación pedagógica de la Institución Libre de Enseñanza, y sigue siendo un referente de los movimientos de renovación y del ecologismo hoy. Pedagogas actuales como Heike Freire defienden educar en verde. Para ello, lo primero es acercar a los niños a la naturaleza cada día, sabiendo que ellos son naturaleza; la segunda parte de esta educación verde implica una concienciación medioambiental, ecológica.
Por otro lado, las políticas y la legislación educativa deben incorporar la educación ecosocial en el currículo de todos los niveles. Desde el Documento de Bases para una nueva ley educativa lo tenemos en cuenta y realizamos una serie de propuestas:
• Desarrollar una educación en el territorio. Facilitar el acceso autónomo a pie y en bicicleta a centros escolares y de ocio, vinculado a una escolarización de proximidad. Ampliar los programas y recursos de educación ambiental.
• Construir y adaptar los centros educativos con criterios ecológicos. Organizar sistemas de transporte sostenible al centro educativo. Supervisar la auditoría ambiental de los centros educativos para evitar derroches en calefacción, iluminación, equipos electrónicos. Crear espacios verdes educativos dentro de los centros, incluyendo huertos escolares y zonas arboladas y de tierra, no cementadas.
• Implementar programas que faciliten a los centros trabajar los contenidos curriculares que tienen como eje central la sostenibilidad y sus implicaciones. Abordar los problemas ecológicos más importantes tales como: declive energético, pérdida de biodiversidad, sobre-urbanización, cambio climático, contaminación (de agua, suelos, alimentos, aire…), crisis alimentaria. Sus causas y medidas correctoras necesarias. Filosofía medioambiental y ética ecológica.
• Desarrollar un currículo en la autonomía, que incorpore contenidos de Educación Ética política y promueva las capacidades para conocer y comprender una sociedad basada en el mercado y para desarrollar criterios que permitan construir en ella los propios valores.
• Desarrollar de forma sistemática la contratación pública con criterios de sostenibilidad, éticos y sociales (comedor escolar, compras de productos de limpieza, material escolar…). Modificar en lo posible las construcciones escolares que exigen alto consumo energético.
La nueva ley educativa que este país necesita y que tendrá que elaborarse en la próxima legislatura ha de abordar la educación ecosocial como un imperativo moral y pedagógico. Para ello será necesario que avancen en las próximas elecciones las formaciones políticas que tienen conciencia del gravísimo problema del calentamiento global, defienden el carácter público de la educación, la derogación de la LOMCE como una ley antiecológica y antisocial y el aumento de la inversión educativa. Pero ello solo será posible si van acompañadas de una amplia movilización de la ciudadanía, iniciada ya por el movimiento ecologista y la juventud.
Agustín Moreno y Julio Rogero, profesores y miembros del Foro de Sevilla 

Estemos seguros que llegará un tiempo donde: "Deberán recordar que los de abajo no sólo están para recibir las órdenes y las ideas fantásticas. Y las balas. También tienen y merecen su palabra. Hasta ahora, no ha habido sino una suplantación de la gente por la piadosa vía de asumir su representatividad. Hasta ahora no ha habido sino el secuestro de la cuota de soberanía para ser administrada por esa escoria que de tarde en tarde nos hace saber cuántas maneras existen de robar, de mentir y de engañar".

Izquierda sin batucada ni permiso:
que mande la gente o 
no mande nadie
30 de abril de 2019


Por Ricardo Candia Cares (Rebelión)
Levitando entre el poco y la nada, entre la pregunta innecesaria y la duda perpetua, entre el estipendio y la dieta, entre la historia que fue y la soñada, entre la teoría remota y severa y la realidad más severa que lo niega todo a cada rato, entre la derrota y el fracaso, andan las esporas náufragas de la izquierda.
Sin siquiera tener idea que en la utopía manoseada anda una forma de país que aún no tiene dueño sin nadie que la pueda describir, como se lee un sueño.
Tanto darle vuelta al asunto del futuro sin entender que lo que se necesita es un asunto de un ahora que espanta. Ahora la gente sufre. Ahora es escamoteada su posibilidad de ser feliz. Ahora es engañada hasta en su fe por basuras de biblia y diezmo.
Ahora es volteada a engaños. Hoy sufre del desprecio del poderoso. Ahora es la demolición de la escuelita del barrio. En este momento es el asalto diario de la AFP, como tributo del derrotado al que venció. Es esta semana el negocio de todo lo que tiene precio. El robo y el abuso son en este momento.
Y peor aún, con batucada y permiso al día.
La fijación de los compañeros por el futuro olvida que todo futuro es hoy. El futuro es otra forma que adquiere el presente. La vida es siempre, ahora.
Tanto darle vueltas a la utopía y la cosa se resuelve por la misteriosa vía de lo evidente.
Será mucho pedir que hoy haya barrios decentes, limpios, con escuela y consultorio.
Que desde este mes sea prohibido envenenar los mares, la tierra, los ríos y los lagos.
Que a partir de hoy los viejos disfruten de sus vidas jubilosas y no mueran tristes y pobres.
Que ahora tenga más valor la gente que los cascajos de una mina de oro. Las personas valen infinitamente más que una veta.
Que trabajar, desde este momento no sea un martirio con bajo salario
Que la policía siempre cuide a la gente y no la apalee.
Que desde este minuto ahora ser político no salga tan caro y vergonzoso.
Que siempre ser rico sea feo.
La izquierda en vez de mirar el horizonte a la siga de la utopía debería mirar para los lados.
Resulta menos probable perderse o tropezar si en vez de buscar la frase que lo interprete todo, se ponga atención en lo que opina la gente, lo que diga la asamblea, lo que curse en el sindicato, el reclamo del perdedor en su eterno traslado en micro, en la fila de la farmacia, en la espera criminal de la Posta Central
Este país está hecho a imagen y semejanza de la ultraderecha. Es una especie de cielo del especulador. Es la utopía del malvado hecha realidad.
Y no les costó mucho visto desde sus homicidas puntos de vista. Algunos miles de muertos y desaparecidos, otros tantos torturados. El resto, como coser y cantar, fue amaestrar a sus antiguos enemigos por la vía de hacerlos participar del festín.
Tiene la palabra el camarada voto.
Si antes fue el Máuser, o el AK para los nostálgicos, hoy es el voto movilizado, politizado, concientizado y masivo. Es el candidato no salido de la bolsa negra del arreglín cuoteado y la componenda del compadrazgo, sino de los dirigentes que el pueblo, palabra mal vista, elija libre y soberanamente.
Es el acuerdo horizontal que se moviliza, ahora sí, por un país decente. La movilización no es sinónimo de desfile o marcha.
Un pueblo movilizado es un pueblo seducido por una idea de tal magnitud en el calado del corazón, que pone en condición no solo de dar la vida por esa causa, sino también dar la muerte.
Como lo probaron una y otra vez los iluminados de todas las épocas: solo los hoyos comienzan por arriba.
Deberán recordar que los de abajo no sólo están para recibir las órdenes y las ideas fantásticas. Y las balas.
También tienen y merecen su palabra. Hasta ahora, no ha habido sino una suplantación de la gente por la piadosa vía de asumir su representatividad.
Hasta ahora no ha habido sino el secuestro de la cuota de soberanía para ser administrada por esa escoria que de tarde en tarde nos hace saber cuántas maneras existen de robar, de mentir y de engañar.
Inauguremos un tiempo en que mande la gente o no mande nadie.

Reflexionemos: "El Congreso Nacional Africano (ANC), después de tener un papel fundamental en la lucha contra el apartheid, dirige el país junto con el partido comunista desde hace 25 años. El gobierno ANC-PC aplica una política neoliberal con una pizca de política social. La dura realidad de esa política tuvo su demostración trágica en 2012, cuando las autoridades reprimieron una huelga de mineros en Marikana provocando la muerte de 34 obreros. Varios dirigentes actuales de la ANC, entre los cuales el capitalista Cyril Ramaphosa, [3] quien preside el país desde 2018, estuvieron mezclados en esa represión y tenían intereses personales en la empresa privada propietaria de la mina de Marikana".

Desde los BRICS a las townships,
prosigue 
la segregación racial y social
29 de abril de 2019


Por Eric Toussaint
CADTM

Informe de la misión del CADTM Internacional en la República Sudafricana, del 31 de marzo al 12 de abril de 2019 
Mediante su lucha, el pueblo sudafricano consiguió acabar con el régimen legal del Apartheid hace más de 25 años. [1] A pesar de eso, y aunque esté en contra de la ley, la continuación de facto de la segregación racial es evidente. Además, los ataques de los capitalistas contra la mayoría de la población son particularmente notables. La lucha de clases es una realidad bien perceptible sobre todo porque la evolución social principal es la ascensión de una pequeña minoría negra al estatus de capitalistas. Y frente a esos capitalistas blancos y negros, una mayoría de la población no blanca prosigue viviendo en condiciones de grave o extrema pobreza. La República de Sudáfrica llega a los 58 millones de habitantes, con un 80 % de negros, un 9 % de blancos, un 9 % de mulatos (coloured) y un 2,6 % de asiáticos (descendientes de indios, ceilandeses, indonesios, malayos…). [2] Y es uno de los países del planeta con mayores desigualdades. Además, la tasa de desempleo es de cerca del 27 %.
El Congreso Nacional Africano (ANC), después de tener un papel fundamental en la lucha contra el apartheid, dirige el país junto con el partido comunista desde hace 25 años. El gobierno ANC-PC aplica una política neoliberal con una pizca de política social. La dura realidad de esa política tuvo su demostración trágica en 2012, cuando las autoridades reprimieron una huelga de mineros en Marikana provocando la muerte de 34 obreros. Varios dirigentes actuales de la ANC, entre los cuales el capitalista Cyril Ramaphosa, [3] quien preside el país desde 2018, estuvieron mezclados en esa represión y tenían intereses personales en la empresa privada propietaria de la mina de Marikana.

El pasado glorioso del ANC quedó bien lejos. En un contexto muy difícil, tuvieron lugar numerosas luchas de resistencia en el entorno de los barrios pobres tanto en las ciudades como en el mundo rural. Una gran cantidad de familias de las clases populares están muy endeudadas ya que los salarios, u otros ingresos, son insuficientes para llevar una vida digna. De los 34 mineros asesinados en Marikana, a 22 le descontaban una parte importante de sus salarios con el fin de reembolsar sus deudas, y eso porque sus salarios no les alcanzaban para vivir. Por supuesto, también está la deuda pública que va aumentando y cuyo pago conlleva una limitación de los gastos sociales.

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Fuente:  http://www.rebelion.org/noticia.php?id=255317


Nos urge "salir de este sistema en el que un puñado capitaliza sobre la sangre, el sudor y las lágrimas de las mayorías. Ante la inevitable constatación del incremento de la explotación de la miseria y del saqueo de la naturaleza, los grandes capitalistas arremeten con sus tanques de pensamiento: tratan de colonizar nuestras mentes y manejar la percepción de la realidad. Estos tanques de pensamiento intentan plantear el problema bajo luces deformantes, y para ganar tiempo inventaron esta falsa dicotomía entre “capitalismo salvaje" versus un supuesto “capitalismo con rostro humano". El capitalismo es salvaje por naturaleza, puesto que se basa en la explotación de una parte de los humanos contra otra: no hay un “capitalismo menos salvaje" dado que la violencia del mismo es intrínseca a la aceleración de la acumulación capitalista que cada día aumenta más".

El viejo cuento 
del capitalismo bueno
29 de abril de 2019


Por Manuel E.Yepe
Por Esto!


Cecilia Zamudio es una pintora y escritora nacida en Colombia que ha vivido en una decena de países del mundo. Su obra, muy versátil e integral, se define dentro del Colorismo Humanista y en ella resalta su preocupación y estudio por los procesos sociales e históricos. Uno de sus más recientes trabajos está dedicado a demostrar que el capitalismo es salvaje por naturaleza, que no existe un capitalismo menos salvaje puesto que es un ordenamiento social que se basa en la explotación. 

Constantemente se incrementa la pobreza a nivel mundial, a la par que las grandes fortunas crecen de manera exponencial: los capitalistas degradan cada vez más el planeta y esclavizan y cosifican a más seres vivos. Excluyen a millones de personas de la posibilidad de vida sana y dignamente, al tiempo que exterminan especies y ecosistemas”, expone la intelectual colombiana. 

Millones de seres humanos, empobrecidos por el saqueo que perpetran las multinacionales que capitalizan a base de la destrucción de montañas y ríos, terminan apiñándose en los cinturones de miseria de las grandes ciudades enriquecidas. 

Se intensifica el éxodo de personas desde los países más brutalmente saqueados, hacia la metrópoli del capitalismo. Pero los países enriquecidos a costa de empobrecer a los demás aprecian cínicamente las riquezas pero no a las personas. Crecen los muros y las alambradas a la par que disminuye el análisis y la empatía. La arena de las playas se blanquea con la osamenta de miles de naufragados en su intento por huir de la caldera capitalista en que los hombres han convertido a sus países, a punta de saqueo y guerras imperialistas. La patronal de los países en la metrópoli capitalista, que también intensifica la explotación contra los trabajadores propios y precariza sus condiciones de vida, necesita un chivo expiatorio al que culpar de acciones contra las que ella no quiere cargar; usa sus medios de comunicación para alienar a las mayorías aduciendo que la precarización de sus condiciones de vida se debe a “los inmigrantes". Se intensifica en los medios de alienación masiva, la promoción del racismo y del fascismo, para incrementar así la división de la clase trabajadora, y multiplicar los niveles del fanatismo racista. 

La violencia contra las mujeres es también intensamente promovida por los medios de alienación masiva. Dado que el machismo es parte fundamental de la superestructura capitalista, crecen las ganancias de unos pocos sobre la aberración del feminicidio. 

La cosificación del ser humano se promueve hasta la saciedad. Los valores de la solidaridad son reemplazados por seudo virtudes consumistas. La noción de “justicia social" busca ser borrada, y suplantada por la perversa, egocéntrica y triste "caridad". 

“Mientras los medios de alienación capitalista adocenan a la gente con su promovido “no cambies el mundo, cámbiate a ti mismo" (como si no se pudiera intentar hacer las dos cosas a la vez); los capitalistas continúan depredando. Implementan con mayor intensidad la obsolescencia programado (envejecimiento prematuro y programado de las cosas), convirtiendo el planeta en un basural. Envenenan la tierra y los alimentos de manera cancerígena, asesinan por hambreamiento a un niño cada cinco segundos, en un mundo en el que la agricultura actual alcanzaría para alimentar a 12 mil millones de personas”. 

Los capitalistas aprovechan la precarización de las condiciones de vida que ellos mismos promueven para ampliar su cantera de los esclavizables: crecen la esclavitud moderna, la prostitución, el tráfico de niños”. 

Es urgente salir de este sistema en el que un puñado capitaliza sobre la sangre, el sudor y las lágrimas de las mayorías. Ante la inevitable constatación del incremento de la explotación de la miseria y del saqueo de la naturaleza, los grandes capitalistas arremeten con sus tanques de pensamiento: tratan de colonizar nuestras mentes y manejar la percepción de la realidad. 

Estos tanques de pensamiento intentan plantear el problema bajo luces deformantes, y para ganar tiempo inventaron esta falsa dicotomía entre “capitalismo salvaje" versus un supuesto “capitalismo con rostro humano". 

El capitalismo es salvaje por naturaleza, puesto que se basa en la explotación de una parte de los humanos contra otra: no hay un “capitalismo menos salvaje" dado que la violencia del mismo es intrínseca a la aceleración de la acumulación capitalista que cada día aumenta más. 
Y con ella, la exclusión, la explotación, el saqueo, la represión, el terrorismo de Estado, las guerras imperialistas, el fascismo, racismo, machismo, y todas las formas de violencia de ricos contra pobres. 


"Si nos quedáramos con que nuestro destino está marcado por este “fatalidad biológica, natural”, de la búsqueda de supremacía sobre el otro, de esta instintiva “malicia”, ¿para qué intentar cambiar el curso de la historia? Nada demuestra que esto sea natural ni imperecedero. Con lo que llegamos a la última idea, la conclusión final: el mundo no es ni, seguramente, podrá ser nunca un paraíso (el único paraíso es el perdido). Pero el capitalismo, al menos para el 85% de la población planetaria, acerca más que nadie al infierno".

Corrupción, “malicia”, capitalismo
29 de abril de 2019


Por Marcelo Colussi (Rebelión)

La reciente detención en Miami, Estados Unidos, del candidato presidencial guatemalteco Mario Estrada por hechos de corrupción (pretendido contacto con el Cartel de Sinaloa para pedir financiamiento para su campaña a cambio de impunidad total para el narconegocio de ganar la primera magistratura), desató una andanada interminable de comentarios, análisis y tomas de posición. El presente escrito es uno más de ellos pero, quizá, con una particularidad: no se detendrá tanto en juzgar la inmoral y condenable conducta del ahora reo de la justicia estadounidense, sino que pretende ser una reflexión quizá algo más amplia.
Las sociedades marchan de acuerdo a normativas establecidas; quienes no entran ahí, quienes no se adecuan aceptablemente van o al manicomio (psicóticos) o a la cárcel (en general: psicópatas). Los demás (neuróticos, llamados normales) más o menos soportamos la vida y vamos pasándola. Los hechos corruptos, atentatorios de esas normas sociales, son condenables. La sociedad “sana” se cuida muy bien de los ilícitos, y los castiga ejemplarmente. En algunos casos, como en la República Popular China, los hechos corruptos se castigan incluso con pena de muerte. Sin ningún lugar a dudas, tales actos son abominables, porque atentan contra el todo social, perjudican, dañan. Pero, ¿qué es la corrupción exactamente?
En 1988, un sínodo de obispos en Ecuador la consideró (caracterización que sigue siendo absolutamente válida al día de hoy) “un mal que corroe las sociedades y las culturas, se vincula con otras formas de injusticia e inmoralidades, provoca crímenes y asesinatos, violencia, muerte y toda clase de impunidad; genera marginalidad, exclusión y miedo (…) mientras utiliza ilegítimamente el poder en su provecho. Afecta a la administración de justicia, a los procesos electorales, al pago de impuestos, a las relaciones económicas y comerciales nacionales e internacionales, a la comunicación social. (…) Refleja el deterioro de los valores y virtudes morales, especialmente de la honradez y la justicia. Atenta contra la sociedad, el orden moral, la estabilidad democrática y el desarrollo de los pueblos”.
Como se ve, es una definición bien amplia donde pueden entrar un sinnúmero de prácticas y conductas sociales. Honradez y justicia. ¿En qué medida existen? Si queremos ser rigurosos en la investigación, las cosas se comienzan a complicar.
Las sociedades, todas, presentan un discurso oficial, institucionalizado, ¿políticamente correcto habría que decir?, de sus principios morales –el que nos enseñan desde chiquitos en las escuelas y/o iglesias y repetiremos toda la vida– y una dinámica distinta, la real, que no necesariamente se corresponde en un todo con esa versión oficial. Virtudes morales, honradez, justicia… son palabras bastante altisonantes (igual que democracia, o libertad) que pueden dar para todo. En su nombre se puede hacer cualquier cosa, incluso muchas de las cuales están realmente reñidas con la honradez y la justicia. Todo lo cual nos permite ver que la edificación civilizatoria humana… tiene mucho de mentirosa. En realidad, en las sociedades de clase basadas en la explotación de las grandes mayorías por parte de un pequeño puñado de propietarios de los medios de producción, la mentira es el basamento primero del edificio social. El Estado y toda la normativa jurídica no es sino una justificación de una mentira originaria, de una verdad siempre escamoteada. ¿Quién produce la riqueza? La clase trabajadora. ¿Quién se la apropia? Esa minúscula fracción de potentados. Luego vienen las justificaciones. Y así llegamos a que “los pobres son pobres porque no trabajan duro”, o los ricos son “emprendedores arriesgados”.
Marx dirá que el primer robo de la historia es, justamente, la propiedad privada (“Es delito robarse un banco, pero más delito aún es fundarlo”, decía provocativo Bertolt Brecht, ampliando la idea). Luego vendrá todo el aparato que invisibiliza esa realidad originaria, el robo que hay en juego, la mentira fundacional. La mentira, debidamente tratada, se convierte en verdad. (Esto siempre fue así. Ahora, más patéticamente, con un capitalismo neoliberal atroz sin anestesia, la post-verdad –léase: la mentira institucionalizada y aceptada como “normal”– pasó a ser la norma dominante. La enseñanza goebbeliana marcó rumbo).
Cuando hablamos de corrupción, por distintos motivos ya tenemos hondamente incorporada la idea (cuestionable, por cierto) que la une con conductas delictivas por parte de funcionarios públicos (desde un agente de policía hasta un presidente) donde aparece el soborno, el robo encubierto (sobrefacturación) o las “comisiones” como lo distintivo. Pero si estamos con la definición aportada más arriba, la corrupción es mucho más que eso, no solo porque hay corruptos en tanto hay corruptores, sino porque ¡el cimiento mismo del mundo es corrupto, engañoso, hipócrita!
Quizá por nuestro proverbial complejo de inferioridad latinoamericano, es ya moneda corriente pensar que pasó a ser nota distintiva de la “clase política” de la región una inveterada actitud corrupta. Lo de Mario Estrada, aunque impacta, no se hace especialmente raro porque “los países pobres son particularmente corruptos”.
Podríamos dar por terminada la reflexión ahí, quedándonos con la idea que efectivamente en el Sur prima la pobreza y la corrupción, mientras que el Norte próspero es “honrado y trabajador” (¿el secreto de su éxito?). Ese candidato presidencial detenido “refleja el deterioro de los valores y virtudes morales, especialmente de la honradez y la justicia”. ¿Nos quedamos con el discurso oficial, o lo profundizamos?
Si lo profundizamos, vemos claramente la mentira en juego. Lo que puede hacer un candidato presidencial de un país pobre (capitalista pobre, subdesarrollado y dependiente, para ser exactos) es bochornoso, corrupto, totalmente enjuiciable… tanto como lo son similares procederes en el Norte. Si es cierto que la corrupción “se vincula con otras formas de injusticia e inmoralidades, provoca crímenes y asesinatos, violencia, muerte y toda clase de impunidad; genera marginalidad, exclusión y miedo “]pues[” afecta a la administración de justicia, a los procesos electorales, al pago de impuestos, a las relaciones económicas y comerciales nacionales e internacionales, a la comunicación social”, políticos profesionales como el referido Mario Estrada son niños de pecho al lado de lo que sucede con quienes juzgan (desde una posición de poder, de superioridad) al Sur, y hacen exactamente lo mismo. ¡O cosas absolutamente peores!
Las guerras nos las declaran los corruptos políticos del Sur, o si lo hacen, es siguiendo los mandatos que reciben de las potencias del Norte. ¿Y quiénes fabrican y venden las armas que se utilizan en esas guerras? ¿Quién fija los precios de las materias primas? Los corruptos y decadentes políticos del Sur no. ¿Y quién distribuye la tonelada y media de drogas ilegales que diariamente ingresa a Estados Unidos? ¿Algún político del Sur decide las campañas mediáticas que fijan la opinión pública mundial? El racismo que segrega y mata a tanta gente no es patrimonio de los abominables funcionarios públicos del Sur… La lista de tropelías de demasiado larga: y no se trata de procedencias geográficas. ¡Los humanos somos capaces de eso!, en cualquier punto del globo. Junto a un Hitler (¿raza superior?) hay un Idi Amín, junto a la Coca-Cola o las petroleras anglosajonas están las maquilas en condición de semi-esclavitud, o los niños-soldados del África extrayendo coltán. ¿Quién es el corrupto ahí? ¿Son honradas y justas las decisiones del Fondo Monetario Internacional? ¿Son moralmente encomiables la explotación inmisericorde de la mano de obra barata de las empresas deslocalizadas del Norte, o los paraísos fiscales? ¿Para qué se dona dinero para la reconstrucción de Notre Dame: por bondadosos o para blanquear capitales (evadir impuestos)?
Todas estas aberraciones (injusticias e inmoralidades) son parte de la estructura “normalizada” del mundo, debidamente justificada. Se entiende ahora por qué las sociedades de clase están basadas en una deleznable mentira. No hay ni honradez ni moralidad a la vista. Hay mentira y más mentira. Y el discurso oficial se llena la boca con esas altisonantes palabras de libertad, honradez, democracia, justicia. ¿Cómo pueden unos cuantos ancianos misóginos viviendo en Roma decidir sobre la conducta sexual de las mujeres del mundo? ¿Por qué se mantienen muchas veces los matrimonios pese a que desde años duermen en camas separadas? Hay demasiada mentira en juego, demasiada hipocresía.
Mario Estrada es un delincuente apresado por la DEA; pero ¿por qué la DEA solo incinera un 5% de la droga decomisada? ¿Dónde va a parar el resto? El corrupto panameño Arnoldo Noriega ahora purga prisión en Estados Unidos por narcotraficante. ¿Era “moralmente virtuoso” cuando era agente de la CIA? En Nüremberg se juzgó a los asesinos jerarcas nazis (perdedores de la guerra); ¿por qué no se juzgó a quienes lanzaron armas nucleares sobre población civil no combatiente en Japón?, ¿porque fueron ellos los ganadores? El empresario no explota al trabajador sino que le da oportunidades de trabajo. ¿Tendremos que seguir creyéndonos todo esto? Hay demasiada mentira en juego, demasiada hipocresía.
Esto lleva a las dos ideas finales: ¿es esta “malicia” una característica de la humano? La explotación, la injusticia, el afán de poder, la soberbia, ¿son características inmanentes a nuestra especie? Si lo fueran, no podría existir la esperanza de un mundo de justicia como es el socialismo (pero donde también hay corrupción, “la principal amenaza a la revolución”, según reconociera Fidel Castro). Si nos quedáramos con que nuestro destino está marcado por este “fatalidad biológica, natural”, de la búsqueda de supremacía sobre el otro, de esta instintiva “malicia”, ¿para qué intentar cambiar el curso de la historia? Nada demuestra que esto sea natural ni imperecedero. Con lo que llegamos a la última idea, la conclusión final: el mundo no es ni, seguramente, podrá ser nunca un paraíso (el único paraíso es el perdido). Pero el capitalismo, al menos para el 85% de la población planetaria, acerca más que nadie al infierno.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=255286

lunes, 29 de abril de 2019

Veamos: "La mediación política pasó a actuar entonces en sentido opuesto. Ya no se trata, para el Frente Amplio, de que los aumentos salariales no afecten a la ganancia, sino, al contrario, de detener los aumentos y posibilitar la rebaja de los salarios para permitir una recuperación de la tasa de ganancia del capital con menores subas de precios".

Del progresismo a
la austeridad en Uruguay
29 de abril de 2019


Por Luis Ibarra (Rebelión)
El progresismo consiguió mantenerse en el gobierno del Uruguay mientras la economía crecía aceleradamente, pero pasa por tensiones desde que decayó la actividad local. ¿Es el anuncio de una vuelta de la derecha al poder? Nuestro propósito no es adivinar el futuro, sino aclarar sus alternativas a partir de la acción de los trabajadores.
A menudo se hace lo contrario. Se dice, por ejemplo, que las mejoras salariales serían un fruto de la política del gobierno y estarían en peligro si el gobierno cambia, con lo cual la acción de los trabajadores queda subordinada al partido gobernante. Otras son las conclusiones si, en vez de ver la situación de los trabajadores como consecuencia de la coyuntura, consideramos a la coyuntura política como resultado de las luchas de los trabajadores. Se pondrán de manifiesto entonces no sólo las tensiones que encierra, sino también el movimiento que las supera y lleva más allá del actual estado de cosas.
1.    El gobierno de los salarios
La inflación es la preocupación principal de la política económica del Frente Amplio, como lo fue para los gobiernos anteriores.
El consenso económico actual, a diferencia de los modelos neoclásicos, asume que los mercados no son perfectamente competitivos y que el gobierno tiene importantes funciones en la economía. En este esquema, los precios son fijados por las empresas aplicando un margen de ganancia sobre los costos y no un resultado de la competencia en el mercado. Recae sobre el gobierno la responsabilidad de proteger la tasa de ganancia de la economía con respecto a circunstancias que puedan llevar a subas generalizadas de precios.
Si el objetivo es el mismo, los instrumentos son distintos. Los partidos tradicionales buscaron la estabilización de precios flexibilizando el mercado de trabajo, mientras que los gobiernos progresistas tratan de controlar la inflación centralizando el manejo de los salarios.
La negociación salarial centralizada puede conseguir los mismos efectos que un mercado de trabajo flexible. Desde la investigación de Calmfors y Driffill (1988), una extensa literatura sostiene que la centralización hace que los sindicatos consideren el impacto de los salarios sobre la economía; los dirigentes sindicales se verían inducidos a no movilizar todo el potencial de lucha disponible y a moderar las demandas, bajo la amenaza del desempleo. Los salarios alcanzan el mayor nivel, según los autores, cuando los sindicatos negocian por ramas de actividad con independencia de la situación de la economía.
La centralización de la negociación aparece como un dispositivo institucional para mantener sujetos los salarios a las necesidades del capital, con la colaboración de los sindicatos, cuando no fue posible flexibilizar el mercado de trabajo. Sin embargo, al reducir la participación y politizar los asuntos, advierte Franz Traxler (2003), la centralización tiene el doble efecto de facilitar los acuerdos con la dirección sindical y dificultar su aceptación por los trabajadores. Requiere, además, que el gobierno organice la negociación colectiva dentro de formas que obliguen al cumplimiento de los acuerdos y eviten los conflictos.
En Uruguay, el Poder Ejecutivo establece tanto el monto de los ajustes de salarios como la duración de los convenios colectivos. Estos lineamientos generales no son objeto de concertación social; son definidos exclusivamente por el Ministerio de Economía y anunciados a las organizaciones empresariales y sindicales como el marco de la negociación.
A continuación actúan los Consejos de Salarios. Se trata de comisiones sectoriales, integradas por delegados del gobierno, los sindicatos y las gremiales patronales, que negocian la aplicación de la pauta oficial por ramas de actividad. Las negociaciones se efectúan en forma de grandes rondas, que envuelven simultáneamente a todos o a gran parte de los sectores productivos, y concluyen con la firma de convenios colectivos. Los convenios fijan la escala salarial del sector como un mínimo obligatorio para todas las empresas y proscriben los conflictos de los trabajadores durante la vigencia de los acuerdos.
Una negociación colectiva ampliamente distribuida por ramas de actividad queda centralizada por las pautas del gobierno. Por medio de los Consejos de Salarios, el Frente Amplio trata de encerrar los conflictos de clase y asociar a los sindicatos, en un papel subalterno, a la aplicación de la política económica.

2.    El ciclo progresista
El Frente Amplio asumió el gobierno del Uruguay, en el año 2005, con un panorama dominado por las consecuencias de la crisis de principios de siglo.
La crisis del año 2002 llevó la desocupación hasta 19% y rebajó 23% los salarios, dejando en la pobreza a la tercera parte de la población, al mismo tiempo que multiplicó, como por arte de magia, la valorización de la producción exportable. Los conflictos en defensa del empleo, por el reclamo de salarios adeudados y contra la política económica, sumaron un total de 1.319.261 jornadas de trabajo perdidas en el año 2002, según el Instituto de Relaciones Laborales. No obstante, la unanimidad de todos los partidos políticos evitó movimientos de insubordinación popular, como los ocurridos en Argentina, y mantuvo la continuidad del gobierno.
Caída de costos y suba de precios crearon súbitamente las condiciones de ganancia para una recuperación. Esas condiciones se vieron ratificadas, a su vez, por la especulación con las materias primas en el mercado mundial con una afluencia de inversiones extranjeras. La producción reanudó rápidamente el curso ascendente y, ya en el año 2004, el producto interno bruto registró la fabulosa cifra de 12% de aumento.
Mientras la economía crecía aceleradamente por la inversión de capital extranjero, los gobiernos progresistas trataron de mantener los aumentos de salarios por debajo del incremento de la producción.
Los lineamientos del Poder Ejecutivo extendieron los convenios colectivos hasta dos y tres años de duración, con ajustes salariales de acuerdo a la fórmula clásica: una actualización según la variación del costo de vida, que conserva el poder de compra, y un aumento real, definido dentro de estrechos márgenes. Así, por ejemplo, indicaron aumentos de salarios entre un mínimo de 2 y un máximo de 4% para el año 2005, mientras que el producto interno bruto crecía a una tasa de 6,6%.
Según el ministro de Economía, “los lineamientos establecidos por el Poder Ejecutivo para las negociaciones en los Consejos de Salarios ayudaron a conciliar varios objetivos, dentro de los que se destacan: recuperación del salario real, crecimiento del empleo, mantenimiento de bajos niveles de inflación y mejora de la competitividad de las empresas” (Lorenzo 2010, 169). El Frente Amplio esperaba lograr de ese modo un crecimiento “con equidad”: salarios que aumentan menos que la producción disminuyen los costos laborales y elevan la ganancia de las empresas sin subas de precios.
La administración de los salarios por el gobierno, sin embargo, se encontró con necesidades y deseos que escapan a la centralización política.
Los conflictos aumentaron rápidamente, a medida que el crecimiento económico iba absorbiendo el desempleo. Las jornadas de trabajo perdidas pasaron de 392.914, en el año 2005, para 1.315.984, en el año 2008, según el Instituto de Relaciones Laborales. Con las luchas se extendió la organización. Creció la afiliación a los sindicatos existentes y se constituyeron también otros nuevos, al amparo de la protección legal, en actividades que permanecían desorganizadas. La cantidad de trabajadores sindicalizados aumentó desde los 127.600, estimados en el año 2004, a más de 213.000, en el año 2008, según la central PIT-CNT. La incorporación masiva de nuevos trabajadores renovó, a su vez, a los sindicatos y le imprimió mayor radicalidad a las acciones. Se puso en movimiento una circulación de luchas y organización que se impulsan mutuamente.
La conflictividad en los gobiernos progresistas alcanzó dimensiones similares a las que tenía bajo los gobiernos de los partidos tradicionales, aunque con un contenido completamente diferente. Ya no son luchas defensivas por conservar el empleo o reclamar el pago de salarios adeudados; los trabajadores aprovecharon las circunstancias económicas y políticas para pasar a la ofensiva por mayores salarios y mejores condiciones de trabajo.
La organización de la negociación salarial consiguió efectivamente encauzar las acciones hacia la firma de convenios colectivos, que comprometen la paz laboral, y encerrar las luchas dentro de los plazos contractuales. La conflictividad adquirió la forma de ciclos, con picos de alta intensidad en los momentos de negociación, seguidos de profundas caídas y períodos de calma relativa hasta la próxima ronda. 
En cambio, el contenido de los convenios fue alejándose de los lineamientos oficiales. Las negociaciones sectoriales escaparon a la centralización y reclamaron un mayor precio al capital por la domesticación de las luchas. Mientras los ajustes acumulados por el primer gobierno progresista iban desde un mínimo de 9 hasta un máximo de 20, el salario real aumento 26% en promedio durante el quinquenio
No se trata, por cierto, de un aumento desmesurado. Si en vez de los porcentajes, como se hace habitualmente, vemos los valores monetarios, los salarios siguen siendo notablemente bajos. Más de la mitad de los trabajadores ganaba menos de diez mil pesos mensuales (el equivalente a 500 dólares), en el año 2010, insuficientes para cubrir las necesidades básicas, según el Instituto Cuesta Duarte (2011).
El asunto es otro: “Las condiciones del mercado de trabajo y las rondas de negociación colectiva se combinaron para generar aumentos de salarios que son un desafío para las empresas, que deben promover aumentos muy fuertes del volumen de negocios para generar las mejoras de productividad capaces de absorberlos” –aseguró el economista Pablo Rosselli ( El país , 30 de abril de 2012).
La recomposición de clase, tanto en el sentido del empleo como en el aspecto político de las luchas y la organización, modificó la relación inicial de fuerzas. El cambio invirtió la relación entre las variables y puso a los salarios por delante de la productividad. Los trabajadores convirtieron al salario en “un componente exógeno”, advierte el Banco Central (2011), en una variable independiente que condiciona a la política económica del gobierno, en lugar de verse determinada por ella.
3.    El vuelco hacia la austeridad
Cuando pasó el boom de las materias primas en el mercado mundial y cesó la inversión extranjera, decayó el dinamismo de la actividad local. El producto interno bruto apenas tuvo una variación de 0,4% en el año 2015.
La mediación política pasó a actuar entonces en sentido opuesto. Ya no se trata, para el Frente Amplio, de que los aumentos salariales no afecten a la ganancia, sino, al contrario, de detener los aumentos y posibilitar la rebaja de los salarios para permitir una recuperación de la tasa de ganancia del capital con menores subas de precios.
El gobierno continuó administrando los salarios, pero dejó de actualizarlos de acuerdo al costo de vida, como hacía durante el ciclo progresista, y pasó a fijar exclusivamente aumentos nominales. Los lineamientos del Poder Ejecutivo mantuvieron la duración de los convenios colectivos de dos a tres años, ahora con ajustes decrecientes a lo largo del período. Así, indicaron aumentos monetarios de 8 a 10% en el año 2015, entre 7 y 9% para el 2016 y, finalmente, de 6 a 8% en el año 2017.
Los ajustes nominales permiten que, incluso aumentando en dinero, el salario real pueda ser rebajado en los hechos por las subas de precios de las empresas. Con una inflación de 9,4% en el año 2015, las pautas del gobierno excluyeron prácticamente la posibilidad de aumentos y convirtieron a la negociación colectiva en una discusión acerca de la magnitud de la rebaja de salarios.
Ajustes cada vez menores aseguran una disminución continua de los costos laborales, que permita a las empresas restablecer los márgenes de ganancia con menores subas de precios, y esperan que la menor inflación compense, a su vez, el atraso salarial. Una corrección de la diferencia con la variación de precios promete devolver finalmente el nivel del salario real al punto de partida de los convenios.
Si la economía crece y los salarios no, ¿quién se lleva la diferencia? -es la adivinanza que plantea Milton Castellano, director del Instituto Cuesta Duarte ( El popular , 16 de agosto de 2018).

A través de la negociación colectiva, el gobierno del Frente Amplio llevó a cabo un auténtico golpe contra la independencia de la variable salarial. El vuelco del progresismo hacia la austeridad tuvo como correlato un aumento extraordinario de los conflictos de los trabajadores. La conflictividad alcanzó el mayor nivel de los últimos veinte años en el 2015, con más de un millón y medio de jornadas de trabajo perdidas -1.663.895 exactamente, según el Instituto de Relaciones Laborales.

La magnitud de las luchas puso también en evidencia el agotamiento de una estrategia que se apoyaba en la rápida acumulación de capital para aumentar los salarios por encima de las pautas del gobierno. No sólo la rigidez de los lineamientos acentuó la centralización, sino que el estancamiento de la economía hizo reaparecer el desempleo. Mercado de trabajo y negociación colectiva se combinaron ahora para detener efectivamente los salarios, que sólo tuvieron una variación de 0,2% en el año 2018.
¿Se había logrado la “estabilidad para seguir creciendo”, que celebra la publicidad electoral? En realidad, a medida la centralización se acentúa, decae el interés por la negociación; convenios colectivos que congelan los salarios pierden la capacidad de comprometer la paz laboral. La conflictividad dejó de ceñirse al calendario de las negociaciones, como ocurría en el ciclo progresista. Desde el vuelco hacia la austeridad, los conflictos se volvieron continuos, manteniendo importantes niveles, por encima del millón de jornadas de trabajo perdidas anualmente, con indiferencia de las rondas de negociación. 
El Frente Amplio califica su papel como partido de gobierno por la gestión de los trabajadores dentro del capital. Mediante la centralización de la negociación colectiva, trata de subordinar los salarios a la ganancia y controlar la inflación. Depende, por lo tanto, de la adhesión de los trabajadores. Los gobiernos progresistas consiguieron encerrar los conflictos de clase cuando la economía crecía aceleradamente a costa de mayores salarios. En cambio, desde el vuelco hacia la austeridad, decae la capacidad de la negociación centralizada de contener las luchas. Tampoco los trabajadores son los mismos de antes. Ya no son las personas desesperadas por la pobreza y dispersas por el desempleo, que produjo la crisis de comienzos de siglo, sino los protagonistas de las luchas que desbordaron la política económica de los gobiernos progresistas.
Referencias
Banco Central del Uruguay (2011). Informe de política monetaria, Montevideo, BCU.
Calmfors, Lars y Driffill, John (1988). “Bargaining Structure, Corporatism and Macroeconomic Performance”,Economic Policy v. 3, n. 6, pp. 13-61.
Instituto Cuesta Duarte (2011). Los diez mil pesistas en 2010, Montevideo, PIT-CNT.
Instituto de Relaciones Laborales (1995-2018). Informes de conflictividad, Montevideo, Universidad Católica del Uruguay.
Lorenzo, Fernando (2010). La política económica del primer gobierno del Frente Amplio, en P. Bustos (comp.),Consenso progresista, Buenos Aires, Fundación Friedrich Ebert, pp. 145-192.
Traxler, Franz (2003). “The Contingency Thesis of Collective Bargaining Institutions”, CESifo DICE Report, Institut für Wirtschaftsforschung n. 2, pp. 34-39.
Tronti, Mario (1964). “Lotte operaie e congiuntura capitalistica”. Quaderni piacentini anno 3 n. 16, pp. 38-41.
Luis Ibarra es politólogo y Magíster en Gobierno y Políticas Públicas. Trabaja como docente en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República en Uruguay.
Fuente:http://www.rebelion.org/noticia.php?id=255330