miércoles, 2 de septiembre de 2020

Nos invitan a pensar "que detrás de las denuncias sobre ataques a la propiedad privada se encuentran dueños de cabañas y estancia con intereses inmobiliarios y, según fuentes oficiales, presuntas compras irregulares de tierras a Parques Nacionales. El segundo dato, reflejado en una cartografía publicada por Susana Lara en el portal El Cohete a la Luna, es la concentración de hectáreas de la zona en manos de Zorreguieta, Benetton, Roemmers y Lewis. La posesión de tierra en pocas manos se extiende por todo Bariloche y alrededores, e incide sobre otra realidad que no llega a la tapa de diarios: la presión inmobiliaria sobre el precio y la dificultad de acceso para las mayorías".

Nación Mapuche. Río Negro. 

¿Qué hay detrás de la 

marcha anti Winkul Mapu?

Por Pablo Bassi  / Resumen Latinoamericano 1 de septiembre de 2020
La caravana de autos contra la comunidad indígena que tomó posesión de tierras en Villa Mascardi en 2017 reavivó un conflicto que tuvo a Rafael Nahuel como una de sus últimas víctimas. ¿Un nuevo capítulo de estigmatización para correr el foco del gran negociado inmobiliario?
Una caravana de cincuenta autos que intentaba llegar este sábado a Villa Mascardi desde de Bariloche, 30 kilómetros al sur, fue bloqueada por la Policía de Río Negro a mitad de camino. El grupo de personas, en su mayoría hombres, bajaron de los vehículos, prendieron fuego, entonaron el himno con banderas argentinas y desplegaron piedras sobre la Ruta Nacional 40. Y no se querían ir. Habían sido convocados bajo la consigna “Banderazo patriótico”, que en el grupo de Facebook “Apoyo a los vecinos de Villa Mascardi”, alentó una mezcla de justicia por mano propia, venganza y odio sobre la comunidad Winkul Mapu, que tomó posesión de parte del territorio en noviembre de 2017 cuando, en su intento por evitarlo, Prefectura mató por la espalda a Rafael Nahuel.
No es la primera vez que un puñado de vecinos apuesta por una solución represiva al conflicto. Horas después del asesinato de Nahuel, 500 barilochenses marcharon por el centro de la ciudad en respaldo al accionar de las fuerzas federales, por entonces al mando de Patricia Bullrich. Durante su gestión, el Ministerio de Seguridad militarizó la zona sobre la construcción de un imaginario: el pueblo mapuche radicalizado como enemigo interno.
Con la asunción de nuevas autoridades en diciembre, el Estado argentino desistió de avanzar en su ofensiva judicial contra la comunidad Winkul Mapu, si bien mantiene la denuncia por «usurpación» de hectáreas cuya propiedad se adjudica la Administración de Parques Nacionales. El Gobierno apostó en cambio por una mesa de diálogo encabezada por Gabriel Fuks, secretario de Articulación Federal de la Seguridad, que viajó hasta Mascardi, mantuvo contacto con los actores involucrados y diseñó una agenda de trabajo.
La nueva orientación política colisionó con la convocatoria a la marcha del sábado. Algunos perfiles arengaron a armarse y el Director Nacional de Cooperación Judicial y Ministerios Públicos de la cartera de Seguridad de la Nación, Jonatan Firun, presentó una denuncia penal por la posible comisión de los delitos de “instigación a cometer delitos”, “apología del crimen” y “asociación ilícita”. Ni Clarín ni La Nación le perdonaron la vida a la ministra Sabina Frederic en su tapa dominical.
Una parte de los convocados prefirió llevar sus reclamos al Centro Cívico de Bariloche. Allí circuló un petitorio que reclama “la intervención de las fuerzas federales de seguridad para el desalojo de los intrusos y la posterior custodia efectiva del territorio de dominio público y privado”. Además, solicita “que el gobierno provincial declare <personas no gratas> a todos aquellos funcionarios que se expresen en contra de lo manifestado por la propia gobernadora”.
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Arabela Carreras, la gobernadora de Río Negro, había asegurado “no reconocer las reivindicaciones ni la presencia en el lugar de esta autodenominada comunidad, considerando que es una ocupación ilegal y defendiendo a los vecinos que pacífica y legítimamente habitan la región”. Finalmente, Carreras se hizo presente el sábado en el Centro Cívico y en el acto montado sobre la Ruta 40 y dijo: “Repudio la violencia de un grupo de encapuchados que no tiene ninguna legitimidad”, al tiempo que intentaba desactivar la protesta: “Violencia y confrontación no son una solución”.
La violencia a la que hace referencia la mandataria se encuentra, en realidad, en proceso de investigación judicial. Se trata de denuncias por presuntos ataques a la propiedad privada adjudicados a Winkul Mapu. Estas versiones fueron reproducidas en medios de comunicación locales y nacionales. Una de las últimas, disparó la movilización del fin de semana.
El mensaje de ciertos medios de comunicación abonan a la destrucción de los puentes de diálogo. Durante la última semana, Clarín adjudicó a diversas organizaciones de trabajadores de la economía popular, entre ellas la UTEP y Colectivo Al Margen de Bariloche, acompañar la ocupación de 60 hectáreas de la Reserva Natural del Mirador del Azul y Cabeza del Indio en El Bolsón, donde desde el 22 de agosto se asientan 140 familias. Este lunes, Al Margen iniciará acciones legales contra el multimedio y el autor de la nota, Claudio Andrade.
Para la Coordinadora del Parlamento Mapuche Tehuelche de Río Negro, órgano representativo de las comunidades indígenas de la región, la convocatoria al banderazo escondió “claramente un ataque xenófobo y racial contra la comunidad mapuche”. Las organizaciones calificaron la movilización como un “intento destituyente” del diálogo encausado con el Estado y particulares.
Dos datos resultan ineludibles en cualquier análisis. El primero, es que detrás de las denuncias sobre ataques a la propiedad privada se encuentran dueños de cabañas y estancia con intereses inmobiliarios y, según fuentes oficiales, presuntas compras irregulares de tierras a Parques Nacionales.
El segundo dato, reflejado en una cartografía publicada por Susana Lara en el portal El Cohete a la Luna, es la concentración de hectáreas de la zona en manos de Zorreguieta, Benetton, Roemmers y Lewis. La posesión de tierra en pocas manos se extiende por todo Bariloche y alrededores, e incide sobre otra realidad que no llega a la tapa de diarios: la presión inmobiliaria sobre el precio y la dificultad de acceso para las mayorías.

 Canal Abierto. Periodismo de este lado
FUENTE:https://www.resumenlatinoamericano.org/2020/09/01/nacion-mapuche-rio-negro-que-hay-detras-de-la-marcha-anti-winkul-mapu/

Alertémonos: millones mueren por accidentes y enfermedades laborales cada año en el mundo. En un contexto de crisis por la COVID-19 y caída del PIB, crece la siniestralidad mortal".

2,78 millones de trabajadores fallecen cada año en el mundo por accidentes de trabajo y enfermedades profesionales

Muertes en el centro de trabajo,

una sangría global

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1de septiembre de 2020
Por Enric Llopis (Rebelión)
Eleazar Blandón, jornalero de 42 años y padre de cinco hijos, falleció el 1 de agosto tras un día de trabajo -en plena ola de calor- en una finca agrícola cerca del municipio de Lorca (Murcia). El empresario para el que trabajaba no le dio de alta en la seguridad social. En declaraciones recogidas por Efe, la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, resumía las condiciones en las que laboraba el temporero: “Su jornada se extendió desde las 7 de la mañana hasta las 14 horas y luego se prolongó en la recolección de melones en una finca adyacente hasta largas horas de la tarde, a una temperatura de 44 grados sin ningún tipo de protección”. La CGT de Murcia denunció en un comunicado que éste es un ejemplo de “trabajo esclavo”, que se extiende “a sus anchas por los campos de nuestra región”.
Las pruebas de ADN confirmaron, el 19 de agosto, que los restos hallados en el vertedero de la empresa Verter Recycling 2002 en  el municipio de Zaldibar (Bizkaia) correspondían a Alberto Sololuze; este trabajador de 62 años permanecía sepultado –junto a su compañero, Joaquín Beltrán- tras el derrumbe de la escombrera ocurrido en febrero. El Departamento de Medio Ambiente del Gobierno Vasco informó que en 2019 entraron en las instalaciones 510.994 toneladas de residuos (4.235 toneladas de materiales de construcción que contenían amianto). La plataforma popular Zaldibar Argitu ha convocado paros laborales y movilizaciones en la calle, con el fin de que se depuren “todas las responsabilidades” (5.000 personas se manifestaron en febrero en el barrio de Zaldibar donde se localiza el vertedero).
En 2019 Mercadona logró unos beneficios netos de 623 millones de euros, un 5% más que el año anterior. El presidente de esta cadena de supermercados, Juan Roig, se sitúa como la tercera fortuna del estado español y 487 del mundo, con un patrimonio –según la revista Forbes- de 4.100 millones de euros. Una trabajadora de la limpieza -de 36 años y con tres hijos- falleció en octubre de 2019 en el centro logístico de Mercadona en Abrera (Barcelona), donde estaba empleada; el cuerpo sin vida fue hallado por los Mossos d’Esquadra -27 horas después de su desaparición- en una zona de máquinas de la nave, destinada a la producción de pan. Por las mismas fechas, un trabajador de 43 años murió tras ser aplastado por una carretilla elevadora en el Centro Comercial Vidanova Parc de Sagunto (Valencia).  
Más allá de los casos concretos, el Ministerio de Trabajo registró en el primer semestre del año 354 muertes por accidentes de trabajo en el estado español, lo que supone un incremento del 21% respecto al mismo periodo de 2019 (ese año se contabilizaron 695 muertes); el mayor aumento de los decesos entre enero y junio se produjo en el sector agrario (109%), seguido de la industria (68%) y con un 25% los servicios (tal vez la reducción del 25% en el sector de la construcción se explique por el parón económico a causa de la pandemia).
El hecho es que, en un contexto de crisis por la COVID-19 y caída del PIB, crece la siniestralidad mortal; entre otras razones, explica en una nota informativa el responsable de Salud Laboral de Comisiones Obreras, Pedro J. Linares, “porque la precariedad laboral cada vez más extendida empuja a renunciar a derechos y asumir peores condiciones de seguridad para mantener el empleo”. Asimismo, el Instituto de Salud Carlos III reporta –con datos hasta finales de mayo- de 52 defunciones entre el personal sanitario del estado español por la COVID-19.
¿Una sangría global? La Organización Mundial del Trabajo (OIT) dedica este año el Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo (28 de abril) al impacto del coronavirus. Quizá por ejemplos como el de un ingeniero de 51 años, empleado de la constructora qatarí Conspel y fallecido en junio; fue la primera víctima mortal por la COVID-19 entre los trabajadores de las infraestructuras para la Copa del Mundo de Fútbol Qatar-2022; “las autoridades qataríes han detenido y expulsado a decenas de trabajadores y trabajadoras migrantes tras decirles que se los llevaban para hacerles la prueba del coronavirus”, denunció el pasado 15 de abril Amnistía Internacional (además de las condiciones laborales de semiesclavitud, la Confederación Sindical Internacional denunció ya en 2014 que al menos 1.200 migrantes de India y Nepal habían muerto –durante cuatro años- en las obras para el mundial de Qatar). Otro caso relevante es el de  Amazon; entre protestas por la falta de medidas de seguridad, huelgas y despidos, tres trabajadores del gigante logístico en los centros de Hawthorne y Tracy (California) y en Staten Island (Nueva York) fallecieron por la COVID-19.
Publicado en 2019, el informe de la OIT Seguridad y salud en el centro del futuro del trabajo señala que cada año mueren por accidentes laborales y enfermedades profesionales 2,78 millones de trabajadores (la mayoría, 2,4 millones -el 86,3%- debido a enfermedades profesionales); en otros términos, cada día pierden la vida mil personas por accidentes del trabajo y otras 6.500 por dolencias profesionales; la cifra representa entre el 5% y el 7% del total de muertes a escala mundial. En cuanto a la tendencia, el documento apunta un incremento en las muertes, ya que los trabajadores fallecidos en 2014 fueron 2,33 millones. Por regiones, en 2014 África y Asia registraron una tasa de accidentes de trabajo mortales por cada 100.000 trabajadores entre cuatro y cinco veces superiores a las europeas.
El sábado 25 de marzo de 1911 se produjo un incendio en la fábrica de camisas Triangle Shirtwaist de Nueva York, en el que perecieron –en sólo 20 minutos- 146 obreras, la mayoría jóvenes migrantes de Europa del Sur y del Este; “recibían bajos salarios, trabajaban largas horas, el sábado en este caso, y las puertas estaban cerradas con llave. No tenían derechos, ni protección legislativa o representación laboral. Era la clásica ‘fábrica clandestina’, a un paso de la esclavitud”, relató en 2011 la directora de la Oficina para la Igualdad de Género de la OIT, Jane Hodges (en noviembre de 1909 tuvo lugar el levantamiento de las 20.000 o huelga de las camiseras de Nueva York, en la que participaron sobre todo trabajadoras migrantes del sector textil). Otro ejemplo de la época, recogido por el informe de la OIT, es el de la explosión ocurrida el 14 de octubre de 1913 en la mina carbonífera de Senghenydd (Gales del Sur, Reino Unido), que se saldó con la muerte de 439 mineros y un rescatador.
Una fuga de más de 30 toneladas de isocianato de metilo, la afección a más de 600.000 trabajadores y habitantes del entorno, y entre 5.295 (cifra oficial) y 25.000 muertes como resultado de la catástrofe; enfermedades respiratorias, daños en el sistema inmunológico y niños con malformaciones, además de trastornos mentales  y cáncer entre los supervivientes, familiares y población en general. A ello se suman los impactos ambientales y la contaminación del aire, los suelos y el agua potable. Es el balance del escape de sustancias tóxicas ocurrido en la fábrica de pesticidas de Bhopal (estado de Madhya Pradesh, India), el 3 de diciembre de 1984; la planta era propiedad de la corporación estadounidense Union Carbide (firma adquirida en 2001 por la compañía Dow Chemical); 35 años después, las asociaciones de afectados continuaban reclamando justicia.
El recorrido podría continuar en Dhaka, capital de Bangladesh y, en concreto, en el edificio Rana Plaza. Fue el lugar donde el 24 de abril de 2013 murieron al menos 1.132 personas (trabajadoras de la confección) y más de 2.500 resultaron heridas, al derrumbarse el edificio que acogía cinco fábricas de ropa y locales comerciales. La campaña internacional Ropa Limpia, que en el estado español coordina la ONG Setem, convocó movilizaciones y señaló un año después algunas de las responsabilidades: “Marcas como Adler Modemärkte, Ascena Retail, Auchan, Benetton, Carrefour, Cato Fashions, Grabal Alok, Güldenpfennig, Iconix (Lee Cooper), JC Penney, Manifattura Corona, Matalan, NKD, PWT (Texman) y Yes Zee contaban con producción en alguna de las fábricas del edificio Rana Plaza en el momento del derrumbamiento o poco antes”, denunciaron. 

Fuente: https://rebelion.org/muertes-en-el-centro-de-trabajo-una-sangria-global/

Nos señala:"el desafío es averiguar por qué la mayoría de la clase trabajadora organizada, ancla social del PT desde los años 1980, no se movilizó para defender el gobierno de Dilma Rousseff".

Seis notas sobre la nueva coyuntura y un problema

1 de septiembre de 2020
Por Valerio Arcary
Esquerda Online (Brasil)
El punto de partida de una interpretación honesta de la situación brasileña es que la mayoría de la izquierda, inclusive las fuerzas políticas más influyentes, han subestimado a Bolsonaro.
1. El punto de partida para una interpretación honesta de la situación brasileña es que la mayoría de la izquierda, incluidas las fuerzas políticas más influyentes, viene subestimando a Bolsonaro, algunos más que otros, al menos desde 2017. Explicar este desdén es complicado. La respuesta simple pero insuficiente es que la izquierda moderada subestimó a Bolsonaro porque entender el atractivo del discurso de la extrema derecha, después de más de trece años en el poder, requeriría una profunda revisión autocrítica. Hay un grano de verdad aquí. Después de todo, algo muy malo debe haberse hecho. Pero el problema no es concluir que Bolsonaro arrastró a la mayoría de la clase media por varias razones, el desafío es averiguar por qué la mayoría de la clase trabajadora organizada, ancla social  del PT desde los años 1980, no se movilizó para defender el gobierno de Dilma Rousseff. Esta ausencia fue perturbadora. Como resultado, la izquierda moderada abrazó la táctica quietista de apostar para derrotar a Bolsonaro en las elecciones de 2022, calculando que se acumularía un desgaste inevitable.
2. La simple respuesta de la izquierda súper-revolucionaria es que Bolsonaro fue, esencialmente, un accidente electoral: las fuerzas de la clase trabajadora estarían intactas, y el derrocamiento de Bolsonaro está aún por construirse, porque falta la disposición de las direcciones más influyentes. También hay un grano de verdad aquí. Después de todo, es injustificable que los gobernadores colaboren institucionalmente con el gobierno de extrema derecha. Pero disminuye la importancia reaccionaria del golpe parlamentario, y escamotea su confusión ante él, y la ofensiva burguesa después de diciembre de 2015. Como resultado, abrazaron las tácticas de la ofensiva permanente, apostando por «ultrapasar por la izquierda » a las direcciones mayoritarias, con la precipitación de una situación pre-revolucionaria. Resumen de la ópera: todavía hay muchas dificultades para aceptar que nos enfrentamos a un enemigo peligroso: una fuerza política neofascista de base social.
3. La situación cambió con la pandemia de marzo/abril. Desde el principio estaba claro que las dificultades serían múltiples y de todo tipo. No había condiciones ni siquiera para garantizar las mascarillas. La predicción de que la pandemia tomaría la forma de una calamidad humanitaria fue consensuada. Pero si el desafío no era lo suficientemente grande, las posiciones de Bolsonaro convirtieron la crisis sanitaria en una crisis política. El gobierno despreció la gravedad de la pandemia; dos ministros de salud fueron defenestrados; una fracción de la burguesía, la mayoría de la clase media y los gobernadores de los estados más importantes rompieron con la política de Brasilia; y, finalmente, Bolsonaro descartó la necesidad de una cuarentena, aunque parcial, incorporó al gobierno a miles de oficiales de las Fuerzas Armadas; inició una redada de la Policía Federal, forzó la dimisión de Sergio Moro, favoreció las movilizaciones que propugnaban un autogolpe.
4. Cuando la pandemia golpeó al país, la mayoría de la izquierda, moderada y radical, evaluó que sería un desafío enorme y sin precedentes promover una estrategia de salud y una política de reducción de daños en la escala necesaria para contener esa contaminación acelerada. La parte de la población económicamente activa con contratos de trabajo se limita a menos de la mitad: poco más de treinta millones en el sector privado y doce millones en la administración pública. Otros cuarenta millones no podrían ni siquiera sobrevivir sin el apoyo del Estado. La construcción de una cuarentena estricta no sería posible, porque la mayoría burguesa estaba en contra. El análisis fue que la combinación de una calamidad humanitaria y una crisis económica dejaría debilitado al gobierno bolsonarista. Cientos de miles de muertes, decenas de millones de desempleados, una grave crisis social y, por lo tanto, una oportunidad. Este pronóstico se confirmó durante los primeros cuatro meses. Pero en el último mes, la situación ha cambiado, y Bolsonaro se ha recuperado. Hay buenas razones para pensar que se trata de una oscilación temporal, efímera y transitoria. Hay tendencias y contratendencias. Factores que presionan en una dirección, y otros que los neutralizan parcialmente. La verdad es que la incertidumbre aún prevalece.
5. Muchos factores se han centrado en la inversión de la tendencia de la coyuntura: a) La distribución de ayuda de emergencia de R$600 para a 65 millones de personas, es la política pública de asistencia más voluminosa  de la historia; b) la retirada de Bolsonaro de la estrategia de auto-golpe después de la detención del asesor Queiroz, la dimisión de Weintraub y el reposicionamiento ante el STF (Supremo Tribunal Federal) frente las investigaciones contra sus hijos, uno diputado y otro senador, del gabinete de odio, fakenews  y corrupción; c) la renegociación del arco de alianzas en el Congreso Nacional incorporando la mayor parte del Centrão (partidos oportunistas que cambian votos por cargos: NDT) a la base del gobierno; d) nuevo pacto con la burguesía de un presupuesto para 2021 que mantenga el tope de gastos públicos, de una reforma administrativa que introduzca el gatillo de la reducción de los salarios de los funcionarios públicos y de una reforma fiscal que simplifique la recaudación pero no aumente la carga tributaria; e) la imposibilidad de la izquierda de contar con movilizaciones masivas en las calles debido a la pandemia, a pesar de que ha habido valientes luchas defensivas como la huelga de los repartidores por aplicación, en Renault de Curitiba, los metroviarios de San Pablo y la resistencia a regresar a las aulas; f) por último, la tendencia a la banalización de la pandemia en una parte importante de la base social y electoral de Bolsonaro.
6. Entre todos estos factores, el menos comprendido es la naturalización de la pandemia, especialmente entre los partidarios de Bolsonaro. Sucede que corresponden al menos a un tercio de la población. Esto es un problema. Un problema, en la ciencia, es un asunto a resolver. Diferentes investigaciones han identificado que existe una fuerte correlación entre quienes no temen o temen menos al peligro de la pandemia, y quienes apoyan al gobierno. Tiene más apoyo entre los hombres que las mujeres, entre los mayores que los jóvenes, entre los menos educados que los más educados, y más en el sur que en el noreste. La banalización de la pandemia refleja a grandes rasgos la tendencia a quitarle a los gobiernos la responsabilidad de la calamidad sanitaria, y se basa en muchos factores, y parece difícil discernir el peso específico de cada uno de ellos, pero podemos considerarlo: a) hay mucha confusión sobre lo que es la enfermedad y desconfianza en la información científica; b) existe la percepción de que es una fatalidad que castiga a los ancianos y a los enfermos con la muerte; c) existe una responsabilidad de las propias víctimas, porque no serían capaces de cuidarse a sí mismas; d) hay una presión para reactivar la actividad económica, mucho más intensa entre los propietarios de pequeñas empresas y los trabajadores informales; e) hay fatiga por la cuarentena después de cinco meses y ansiedad por volver a una rutina de vida normal; f) existe la percepción de que el pico de la pandemia ha terminado y los riesgos son aceptables.
Aunque se consideran estos y otros factores, el crecimiento en parcelas de la población del marasmo, la apatía, la indiferencia y la insensibilidad a una tragedia humana tan devastadora como la pandemia, debería ser suficiente para asustarnos. Al final, ¿por qué? La trivialización de la muerte no es normal. Pero la verdad es que la brutalización de la vida no es una sorpresa en Brasil. Es una rutina social y política. Se basa en la deshumanización de los más pobres, de los negros, de los desvalidos, y tiene profundas raíces que distinguen al Brasil: la esclavitud y la desigualdad social y racial. Por lo tanto, está sostenido por una fuerza ideológica. Hay una visión del mundo que sostiene la trivialización de la pandemia. Refiriéndose a las formas económicas de organización social contemporánea a las características de una naturaleza humana invariable – el hombre como lobo del hombre – el reaccionismo brasileño basa la justificación del capitalismo en la desigualdad natural. La rivalidad entre los hombres y la disputa por la riqueza sería un destino inevitable. Somos malvados. Un impulso egoísta o una vocación perezosa, una ambición insaciable o una avaricia incorregible definirían nuestra condición. Esto es fatalismo: el individualismo sería finalmente la esencia de la naturaleza humana. Y la organización política y social tendría que adaptarse a la imperfección humana. Y se resigna. Una humanidad dominada por la mezquindad, la ferocidad o el miedo necesitaría un orden político disciplinado, por lo tanto represivo, que organizara los límites de sus luchas internas como una forma de «reducción de daños». En resumen, y siendo brutal: el derecho al enriquecimiento sería la recompensa de los empresarios, o más valientes, o más capaces, y sus herederos. La propiedad privada no sería la causa de la desigualdad, sino una consecuencia de la desigualdad natural. Es porque hay tantas habilidades y disposiciones diferentes que distinguen a los hombres que, según los defensores de una naturaleza humana rígida e inflexible, la propiedad privada existe, y no al revés. La diversidad entre los individuos, innata o adquirida, sería el fundamento de la desigualdad social. Por consiguiente, el capitalismo sería el posible horizonte histórico y el límite de lo deseable. Porque con el capitalismo, en principio, cualquiera puede disputar el derecho al enriquecimiento.
El marxismo nunca afirmó que la condición humana fuera la generosidad o la solidaridad. Tampoco ha afirmado que sería imposible reconocer las características de una esencia humana. Lo que distinguió al marxismo de otras tendencias igualitarias fue la insistencia en la idea de que la condición humana sólo podía entenderse como un proceso de evolución histórica de las relaciones sociales. Relaciones sociales inmersas en un proceso de cambio. Un proceso que deja muchas posibilidades abiertas. La humanidad ha transformado su relación con la naturaleza y se ha transformado a sí misma a través del trabajo. Reconociendo que la naturaleza humana sólo podía entenderse a partir de las relaciones sociales, estuvo de acuerdo en que hay determinaciones que cambian, y otras que permanecen más o menos constantes durante un período histórico, que puede ser más o menos largo, hasta que éstas también evolucionan. Decir que la esencia humana está condicionada por la forma de las relaciones sociales dominantes significa reconocer que, si éstas favorecen la envidia y la competencia,, entonces la mayoría de los seres humanos se comportarán de manera codiciosa y brutal. Pero eso no significa que estas acciones respondan a impulsos innatos. La colaboración y el conflicto siempre han estado presentes en las relaciones sociales, en diversos grados, a lo largo del proceso de evolución. No sólo somos seres sociales, sino que somos una de las formas de vida más sociales. Si no existiera la capacidad de colaboración, no habríamos sobrevivido.
Valerio Arcary es miembro de la Coordinación Nacional de Resistencia, tendencia del PSOL (Partido Socialismo y Libertad).

Traducción: Ernesto Herrera, para Correspondencia de Prensa.
 https://esquerdaonline.com.br/2020/08/28/seis-notas-sobre-a-nova-conjuntura-e-um-problema/
Fuente:https://rebelion.org/seis-notas-sobre-la-nueva-coyuntura-y-un-problema/

martes, 1 de septiembre de 2020

“Vamos a seguir protegiendo nuestros territorios y luchando por la liberación de nuestro tierra. Para la gente que vive en la ciudad y es conciente, que se ha organizado y lucha por distintos reconocimientos, estan planeando una contra marcha para el sábado en Bariloche. Son organizaciones sociales, que acompañan nuestra lucha. Alentamos a los peni lamien que viven en la ciudad para que se sumen y se termine tanta discriminación y racismo”

Comunidad mapuche Lafken Winkul Mapu: “Vamos a seguir protegiendo nuestros territorios”

Radio Alas de El Bolsón, entrevistó a Samuel Kalfucura, kona de la comunidad Lafken Winkul mapu a raíz de los amedrentamientos que sufrió la comunidad. Asimismo opinó sobre la marcha que se realizó el sábado en Villa Mascardi bajo la consigna en “defensa de la propiedad privada”.

Por ANRed

“Un auto gris Gol cuatro puertas, con cuatro personas a bordo, vinieron a hostigarnos. Llegaron hasta la tranquera de la comunidad. Se los notaba drogados y alcoholizados. Andaban con cadenas en las manos, con intención de pegar. Todos los peni bajamos y ellos retrocedieron para luego meterse en la casa de Frutos, a un kilómetro y medio de aquí. Utilizamos nuestra autodefensa para proteger nuestro territorio” explicó Samuel.
Consultado por la organización de la marcha del sábado en Villa Mascardi opinó “para nosotros es una estrategia política de los fachos que tienen acciones por acá y quieren destruir y vender la tierra en todo el territorio del Puelmapu. Por otro lado, los intereses del gobierno de Rio Negro y el Gobierno de la Nación, porque nuestro pueblo esta luchando, recuperando nuestras tierras en distintos puntos del Puelmapu y en el Wallmapu igual. Todo fue armado por el poder político, incluida la gobernadora Arabela Carreras. A doce kilómetros esta Parque Nacionales que tiene un complejo turístico de cabañas y camping, a nombre de Clarisa Montenegro que vive en Bariloche, la verdad es que pasan a ser punteros políticos del gobierno. Utilizan la lucha de nuestra comunidad para individualizarnos y decir que estamos solos, cuando no es así, porque nosotros somos un pueblo”.
Agregó “Clarisa Montenegro tiene un hermano, pero nuestra lucha no es con ellos, pero ellos nos provocan y fueron quienes organizaron esta marcha facha y lo difundieron en varias radios de Bariloche. Los Montenegro son simples punteros. Uno de los hermanos trabaja en las oficinas de Parques. Sabemos en que barrio viven y cuales son sus pensamientos: que es su capital y llenarse los bolsillos a costilla de la lucha de nuestro pueblo. De quienes damos la vida en los territorios, de los peni que estan presos. Usan nuestra lucha mapuche para hacer un folklore, para alquilar cabañas turísticas, para hacer campings. No saben de nuestra tierra, de nuestra historia y cultura. Son unos pequeño burgueses que lo único que quieren es seguir negociando vendiendo terrenos en Bariloche para su beneficio y el de los capitalistas que matan a los pibes en los barrios”.
En cuanto a la lucha histórica por recuperar las tierras ancestrales refirió “nosotros somos un pueblo masacrado en distintos puntos del Wallmapu. El capitalista creyó que había matado la palabra mapuche. Esta lucha nunca terminó, se fortaleció como hace unos diez años. Esto no ha parado desde la Conquista del desierto”
“Vamos a seguir protegiendo nuestros territorios y luchando por la liberación de nuestro tierra. Para la gente que vive en la ciudad y es conciente, que se ha organizado y lucha por distintos reconocimientos, estan planeando una contra marcha para el sábado en Bariloche. Son organizaciones sociales, que acompañan nuestra lucha. Alentamos a los peni lamien que viven en la ciudad para que se sumen y se termine tanta discriminación y racismo” finalizó.

  • https://www.anred.org/2020/09/01/comunidad-mapuche-lafken-winkul-mapu-vamos-a-seguir-protegiendo-nuestros-territorios/

  • Advirtamos que la acumulación gran capitalista de riquezas y poder se hace no sólo por expoliación, transferencia estatal de fondos nuestros sino también sacrificando la vida de pueblos y trabajadores.


    2,78 millones de trabajadores fallecen cada año en el mundo por accidentes de trabajo y enfermedades profesionales

    Muertes en el centro de trabajo,

    una sangría global

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    1de septiembre de 2020
    Por Enric Llopis (Rebelión)
    Eleazar Blandón, jornalero de 42 años y padre de cinco hijos, falleció el 1 de agosto tras un día de trabajo -en plena ola de calor- en una finca agrícola cerca del municipio de Lorca (Murcia). El empresario para el que trabajaba no le dio de alta en la seguridad social. En declaraciones recogidas por Efe, la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, resumía las condiciones en las que laboraba el temporero: “Su jornada se extendió desde las 7 de la mañana hasta las 14 horas y luego se prolongó en la recolección de melones en una finca adyacente hasta largas horas de la tarde, a una temperatura de 44 grados sin ningún tipo de protección”. La CGT de Murcia denunció en un comunicado que éste es un ejemplo de “trabajo esclavo”, que se extiende “a sus anchas por los campos de nuestra región”.
    Las pruebas de ADN confirmaron, el 19 de agosto, que los restos hallados en el vertedero de la empresa Verter Recycling 2002 en  el municipio de Zaldibar (Bizkaia) correspondían a Alberto Sololuze; este trabajador de 62 años permanecía sepultado –junto a su compañero, Joaquín Beltrán- tras el derrumbe de la escombrera ocurrido en febrero. El Departamento de Medio Ambiente del Gobierno Vasco informó que en 2019 entraron en las instalaciones 510.994 toneladas de residuos (4.235 toneladas de materiales de construcción que contenían amianto). La plataforma popular Zaldibar Argitu ha convocado paros laborales y movilizaciones en la calle, con el fin de que se depuren “todas las responsabilidades” (5.000 personas se manifestaron en febrero en el barrio de Zaldibar donde se localiza el vertedero).
    En 2019 Mercadona logró unos beneficios netos de 623 millones de euros, un 5% más que el año anterior. El presidente de esta cadena de supermercados, Juan Roig, se sitúa como la tercera fortuna del estado español y 487 del mundo, con un patrimonio –según la revista Forbes- de 4.100 millones de euros. Una trabajadora de la limpieza -de 36 años y con tres hijos- falleció en octubre de 2019 en el centro logístico de Mercadona en Abrera (Barcelona), donde estaba empleada; el cuerpo sin vida fue hallado por los Mossos d’Esquadra -27 horas después de su desaparición- en una zona de máquinas de la nave, destinada a la producción de pan. Por las mismas fechas, un trabajador de 43 años murió tras ser aplastado por una carretilla elevadora en el Centro Comercial Vidanova Parc de Sagunto (Valencia).  
    Más allá de los casos concretos, el Ministerio de Trabajo registró en el primer semestre del año 354 muertes por accidentes de trabajo en el estado español, lo que supone un incremento del 21% respecto al mismo periodo de 2019 (ese año se contabilizaron 695 muertes); el mayor aumento de los decesos entre enero y junio se produjo en el sector agrario (109%), seguido de la industria (68%) y con un 25% los servicios (tal vez la reducción del 25% en el sector de la construcción se explique por el parón económico a causa de la pandemia).
    El hecho es que, en un contexto de crisis por la COVID-19 y caída del PIB, crece la siniestralidad mortal; entre otras razones, explica en una nota informativa el responsable de Salud Laboral de Comisiones Obreras, Pedro J. Linares, “porque la precariedad laboral cada vez más extendida empuja a renunciar a derechos y asumir peores condiciones de seguridad para mantener el empleo”. Asimismo, el Instituto de Salud Carlos III reporta –con datos hasta finales de mayo- de 52 defunciones entre el personal sanitario del estado español por la COVID-19.
    ¿Una sangría global? La Organización Mundial del Trabajo (OIT) dedica este año el Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo (28 de abril) al impacto del coronavirus. Quizá por ejemplos como el de un ingeniero de 51 años, empleado de la constructora qatarí Conspel y fallecido en junio; fue la primera víctima mortal por la COVID-19 entre los trabajadores de las infraestructuras para la Copa del Mundo de Fútbol Qatar-2022; “las autoridades qataríes han detenido y expulsado a decenas de trabajadores y trabajadoras migrantes tras decirles que se los llevaban para hacerles la prueba del coronavirus”, denunció el pasado 15 de abril Amnistía Internacional (además de las condiciones laborales de semiesclavitud, la Confederación Sindical Internacional denunció ya en 2014 que al menos 1.200 migrantes de India y Nepal habían muerto –durante cuatro años- en las obras para el mundial de Qatar). Otro caso relevante es el de  Amazon; entre protestas por la falta de medidas de seguridad, huelgas y despidos, tres trabajadores del gigante logístico en los centros de Hawthorne y Tracy (California) y en Staten Island (Nueva York) fallecieron por la COVID-19.
    Publicado en 2019, el informe de la OIT Seguridad y salud en el centro del futuro del trabajo señala que cada año mueren por accidentes laborales y enfermedades profesionales 2,78 millones de trabajadores (la mayoría, 2,4 millones -el 86,3%- debido a enfermedades profesionales); en otros términos, cada día pierden la vida mil personas por accidentes del trabajo y otras 6.500 por dolencias profesionales; la cifra representa entre el 5% y el 7% del total de muertes a escala mundial. En cuanto a la tendencia, el documento apunta un incremento en las muertes, ya que los trabajadores fallecidos en 2014 fueron 2,33 millones. Por regiones, en 2014 África y Asia registraron una tasa de accidentes de trabajo mortales por cada 100.000 trabajadores entre cuatro y cinco veces superiores a las europeas.
    El sábado 25 de marzo de 1911 se produjo un incendio en la fábrica de camisas Triangle Shirtwaist de Nueva York, en el que perecieron –en sólo 20 minutos- 146 obreras, la mayoría jóvenes migrantes de Europa del Sur y del Este; “recibían bajos salarios, trabajaban largas horas, el sábado en este caso, y las puertas estaban cerradas con llave. No tenían derechos, ni protección legislativa o representación laboral. Era la clásica ‘fábrica clandestina’, a un paso de la esclavitud”, relató en 2011 la directora de la Oficina para la Igualdad de Género de la OIT, Jane Hodges (en noviembre de 1909 tuvo lugar el levantamiento de las 20.000 o huelga de las camiseras de Nueva York, en la que participaron sobre todo trabajadoras migrantes del sector textil). Otro ejemplo de la época, recogido por el informe de la OIT, es el de la explosión ocurrida el 14 de octubre de 1913 en la mina carbonífera de Senghenydd (Gales del Sur, Reino Unido), que se saldó con la muerte de 439 mineros y un rescatador.
    Una fuga de más de 30 toneladas de isocianato de metilo, la afección a más de 600.000 trabajadores y habitantes del entorno, y entre 5.295 (cifra oficial) y 25.000 muertes como resultado de la catástrofe; enfermedades respiratorias, daños en el sistema inmunológico y niños con malformaciones, además de trastornos mentales  y cáncer entre los supervivientes, familiares y población en general. A ello se suman los impactos ambientales y la contaminación del aire, los suelos y el agua potable. Es el balance del escape de sustancias tóxicas ocurrido en la fábrica de pesticidas de Bhopal (estado de Madhya Pradesh, India), el 3 de diciembre de 1984; la planta era propiedad de la corporación estadounidense Union Carbide (firma adquirida en 2001 por la compañía Dow Chemical); 35 años después, las asociaciones de afectados continuaban reclamando justicia.
    El recorrido podría continuar en Dhaka, capital de Bangladesh y, en concreto, en el edificio Rana Plaza. Fue el lugar donde el 24 de abril de 2013 murieron al menos 1.132 personas (trabajadoras de la confección) y más de 2.500 resultaron heridas, al derrumbarse el edificio que acogía cinco fábricas de ropa y locales comerciales. La campaña internacional Ropa Limpia, que en el estado español coordina la ONG Setem, convocó movilizaciones y señaló un año después algunas de las responsabilidades: “Marcas como Adler Modemärkte, Ascena Retail, Auchan, Benetton, Carrefour, Cato Fashions, Grabal Alok, Güldenpfennig, Iconix (Lee Cooper), JC Penney, Manifattura Corona, Matalan, NKD, PWT (Texman) y Yes Zee contaban con producción en alguna de las fábricas del edificio Rana Plaza en el momento del derrumbamiento o poco antes”, denunciaron. 

    Fuente: https://rebelion.org/muertes-en-el-centro-de-trabajo-una-sangria-global/

    Aplaudimos el aporte 'solidario' de las grandes fortunas pero resulta que es para:


    El viernes se presentó en @DiputadosAR el proyecto de ley para gravar la riqueza, que alcanza a 12.000 personas con un patrimonio de $200 millones. De los $300.000 millones recaudados, el 25% se destinaría a programas de exploración, desarrollo y producción de gas natural

    ¿Impuesto a la riqueza para subsidiar al gas? 


    Sí, leíste bien. La empresa pública IEASA recibiría $75.000 millones para reinvertirlos en nuevos proyectos de gas natural durante un plazo no menor a 10 años, 𝘁𝗼𝗱𝗼𝘀 a cargo de YPF S.A.

    El monto equivale al total de los subsidios recibidos por las empresas de gas entre 2017 y 2019. De 2016 a 2019, YPF recibió subsidios estatales por $30.695 millones. Con el nuevo monto, se multiplicaría por 23 los $3.400 millones que recibió en 2019

    Leamos más en:
    https://twitter.com/farnargentina/status/1300533602267131904?s=20

    Reparemos la política de estado de la exportación es antipopular no sólo por las gravísimas consecuencias sino también porque se subsidia a los llamados inversores, incluso a las poderosas petroleras.

    El gobierno reflota la ilusión de Vaca Muerta: claves para entender el tropiezo que viene

    23 de junio de 2020

    Por Marcelo García Extremo Sur .- Vaca Muerta comienza a convertirse otra vez en el epicentro de las miradas petroleras del país, tal como sucedió con el kirchnerismo en 2012 y el macrismo en 2016. El gobierno de Alberto Fernández impulsará una nueva Ley de Hidrocarburos, implementará subsidios a las petroleras y buscará reactivar la explotación de los hidrocarburos no convencionales neuquinos como epicentro productivo del país.
    La política energética nacional basada en subsidios estatales y el fomento a la exportación gasífera se ha demostrado como un fracaso reiterado en el intento de resolver los grandes problemas que tiene el país. Tres claves para entender los tropiezos constantes y las perspectivas diferentes a transitar.
    La impronta albertista muestra otra vez que en Vaca Muerta no aflora la grieta política y el país se encamina nuevamente a tropezar con la misma piedra imantada que atrajo a la clase dirigente a lo largo de la última década.
    A poco de asumir la presidencia de la Nación, Alberto Fernández expresó en enero pasado que “Argentina se enamoró de Vaca Muerta” y cuestionó que “se desincentivó el resto de la producción convencional” de hidrocarburos.
    Parecía que iba a producirse en cambio brusco de timón con respecto a los no convencionales, pero a poco de andar comenzaron a surgir las versiones de un proyecto de ley para los hidrocarburos que podrían nuevamente en la escena principal a Vaca Muerta; donde habría subsidios y amplios beneficios impositivos para las petroleras que operan en esos yacimientos de la Cuenca Neuquina (ver el artículo https://www.elextremosur.com/nota/22147).
    En su visita a Neuquén de principios de junio, Fernández se reunió con el gobernador Omar Gutiérrez y manifestó que el desarrollo de Vaca Muerta “ocupa un rol central” para el país.
    La vuelta al tapete del gran yacimiento de no convencionales disparó la reaparición del proyecto de ley para impulsar el sector, incluyendo el pago de subsidios atrasados a las petroleras y un nuevo Plan Gas 4, por lo que varios funcionarios nacionales comenzaron a poner otra vez a Vaca Muerta en el epicentro de la política energética nacional.
    Debates ambientales y sociales: 10 millones de argentinos sin gas
    Si bien hay un debate de fondo y mucho más profundo sobre los recursos hidrocarburíferos no convencionales -que implica tener en cuenta la cuestión ambiental y sus impactos sociales sobre las comunidades afectadas- se debe tratar de responder una pregunta esencial que se adentra en determinar si son necesarios para el país pagar esos altísimos costos.
    En paralelo surge como otro punto de discusión que implica definir cuál debe ser la matriz productiva de Argentina. Si se incorporará valor agregado a las materias primas generadas o si solamente seguirá siendo un país exportador de commodities.
    Avanzando más al fondo de la problemática social vale preguntarse si se debe pensar en una nación exportadora de gas cuando por lo menos 10 millones de personas no tiene acceso al gas natural por redes domiciliarias.
    Según el INDEC, hasta el segundo semestre del 2019, en los 31 aglomerados urbanos del país un 35,3% de las personas y el 29,6% de los hogares no tenían acceso a la red de gas natural. Esos porcentajes se traducen en 9,8 millones de personas sin acceso al gas natural por redes sobre un total de 28 millones de habitantes localizados en dichos centros urbanos; todo en el marco general que la mitad de la población en cuestión no tiene acceso a alguno de los servicios esenciales como el agua, cloacas y el gas natural.
    A principios de los años ’90 solamente el 52% de los hogares nacionales tenía acceso al gas natural por redes. Hoy en día, a más de 25 años, un tercio de los hogares del país sigue sin poder contar con una conexión domiciliaria al vital fluido para calefaccionarse y cocinar.
    Dilucidar una nueva estrategia petrolera y energética basada otra vez Vaca Muerta puede llevar al país a tropezar por tercera vez consecutiva con la misma roca madre, y de allí la importancia de comprender algunas de claves principales que ponen en superficie la inconsistencia de un plan petrolero que busca volver a poner en el centro del desarrollo a los yacimientos no convencionales del país.
    Claves para entender los constantes tropiezos con Vaca Muerta
    Clave 1: Pila de subsidios estatales a petroleras privadas
    Los altos costos de producción que insume la técnica del fracking (fractura hidráulica de la roca madre) sólo podrían ser soportados por la industria petrolera con altos precios del crudo internacional, algo que no está sucediendo en la actualidad y por ende debe suponerse que el Gobierno nacional avanzará nuevamente en un esquema subsidiado para la explotación de los yacimientos convencionales.
    Ese esquema de subsidios estatales a la industria privada no solamente se direccionó a Vaca Muerta en los últimos años ni fue patrimonio exclusivo de los cuatro años de gobierno del macrismo, sino que arrancó en 2008 durante el primer mandato de Cristina Kirchner.
    Los incentivos estatales fueron en un primer momento a la producción de petróleo y luego fueron virando a la de gas focalizándose en Vaca Muerta desde 2013, para alcanzar sus puntos más elevados en 2016 y 2017 durante la gestión de Mauricio Macri.
    Si se toman los últimos 11 años de subsidios a las compañías petroleras, el total de los montos transferidos para incentivar la actividad privada (para el petróleo y gas, tanto convencional como no convencional) ronda los 24.000 millones de dólares.
    Estos datos surgen de las elaboraciones propias en base a los informes de ASAP y el minucioso trabajo elaborado por Ejes – Enlace por la Justicia Energética y Socioambiental (“El Estado, ¿rehén o planificador?: Transferencias económicas al sector hidrocarburífero”, de diciembre de 2016).
    Según los datos difundidos por la Asociación Argentina de Presupuesto, hasta el 31 de diciembre de 2019 el Estado nacional transfirió a las petroleras subsidios para la explotación gasífera que ascendieron a un total de 27.647 millones de pesos.
    De ese total, 24.967 millones de pesos correspondieron a subsidios del Plan Gas no convencional (Resolución 46/2017) focalizado esencialmente en Vaca Muerta y que representaron un 295% de los entregados en el 2018. Mientas que el por el ex Plan Gas la suma fue de 2.680 millones de pesos, un 23,6% menos que en el año anterior.
    En tanto que hasta el 30 de abril el Estado liquidó 66,9 millones de pesos por el Plan Gas no convencional (-98,3%).
    En plena pandemia, según publicó el portal EconoJournal, el actual gobierno de Fernández pagó a las petroleras 18.500 millones de pesos en subsidios a la explotación de gas no convencional adeudados de gestiones anteriores.
    “El Ministerio de Desarrollo Productivo trabaja contrarreloj: quiere presentar oficialmente el Plan Gas 4.0 el 1 de agosto para reactivar la perforación durante el último cuatrimestre de 2020. Para eso debe reconstruir la reputación del Estado, que desde 2008 incumplió -al menos parcialmente- los plazos de pago de los subsidios involucrados en los diferentes planes de incentivo que se pusieron en marcha a partir de ese año (el primero fue el Gas Plus). Con ese antecedente, la primera variable que el Ejecutivo debe despejar es de confianza”, dio a conocer el sitio especializado en hidrocarburos y energía.
    Desde hace más 10 años la industria petrolera que extrae crudo en yacimientos concesionados por los Estados provinciales viene recibiendo subsidios estatales para mejorar o desarrollar los niveles de extracción de petróleo y gas.
    Esa situación se ha profundizado en los últimos años y deja más beneficios para el capital privado que para los verdaderos propietarios de las concesiones, en lo que debe denominarse como un rotundo fracaso de las políticas privatistas de los años ’90 cuando se desguazó la YPF estatal y se dejó al sector en manos del mercado.
    Clave 2: Producir hidrocarburos para el mercado interno o para exportar y pagar la deuda
    El gobierno nacional de Alberto Fernández da muestras de encaminarse en la misma dirección e inclusive profundizar lo acontecido desde 2016 con el macrismo poniendo el epicentro nuevamente en Vaca Muerta.
    “Vamos a lanzar la Ley de Hidrocarburos a la salida de la pandemia”, afirmó el ministro de Desarrollo Productivo Matías Kulfas a mediados de junio; con la mira puesta en darle prioritariamente garantías y horizontes a los inversores privados nacionales e internacionales del sector petrolero.
    “Seguimos viendo el mismo potencial en Vaca Muerta, lo mismo que para todo el sector hidrocarburífero de Argentina. Está en condiciones de ser una palanca para el desarrollo para la próxima década”, dijo Kulfas hace tres semanas atrás ante un grupo de empresarios reunidos vía Zoom por la Fundación Mediterránea.
    “Seguramente una de las tareas que vamos a emprender a la salida de la crisis es el envío al Parlamento de una ley de inversiones hidrocarburíferas para estimular un salto productivo en Vaca Muerta y en otros proyectos productivos”, insistió el ministro Kulfas y explicó que desde el gobierno ven el recurso natural como “una palanca para el desarrollo del entramado productivos industriales, tecnológicos, integrado por cientos de pymes en todo el país”.
    De ahí que se instale la sanción de una nueva Ley de Hidrocarburos y que el flamante CEO de YPF, Sergio Affronti, haya asegurado en las últimas horas que la compañía “va a liderar la industrialización de Vaca Muerta, agregándole mayor valor al crudo y el gas no convencional”.
    Con una caída significativa del consumo de hidrocarburos y derivados, tanto a nivel mundial como nacional producto de la cuarentena que originó la pandemia; surgen interrogantes sobre cuáles debieran ser los objetivos centrales del desarrollo hidrocarburífero nacional.
    Por un lado, no es posible obviar a esos 10 millones de argentinos localizados en centros urbanos que no tienen acceso al gas natural por redes y que por ahora no parecen tener prioridad de conexión para el gobierno nacional. En paralelo Argentina tendría que plantearse qué tipo de industria quiere desarrollar y en qué tipo de condiciones sociales y económicas.
    En la etapa post pandemia, que por ahora parece lejana producto de la trepada constante de la curva de contagios de Coronavirus especialmente en el AMBA, el país se encontrará ante el desafío de hacer avanzar sus industrias, reconstruir el mercado interno y ampliar el tejido social inclusivo. Todas tareas enormes y no concluidas desde hace muchas décadas.
    Conseguir la recuperación económica y productiva no será simple, pero tampoco imposible. En una misma dimensión debería repensarse cuál tendría que ser la estrategia hidrocarburífera, apostando al autoabastecimiento perdido, la incorporación de valor agregado sobre ese tipo de recursos naturales y a la vez una mejora redistributiva de los ingresos que se traduzcan en la calidad de vida de los argentinos.
    Desechando buena parte de estas premisas, la otra lógica que se ha impuesto en los últimos años es la de desarrollar los yacimientos no convencionales de Vaca Muerta para así conseguir un mecanismo de producción, exportación y captación de dólares que servirían para pagar la enorme deuda externa que padece desde hace años Argentina.
    Lo que dejó entrever el ministro Kulfas es que la implementación del Plan Gas 4 buscará brindar certezas en los precios del gas natural extraído esencialmente en Vaca Muerta para así obtener dólares a través de la exportación.
    Por eso que manifestó que “la idea es poder encontrar un mecanismo para contractualizar a largo plazo la demanda de gas a los productores a un precio razonable y que pueda garantizar la rentabilidad del sector como el desarrollo de inversiones”.
    Vale mencionar que para desplegar ese mecanismo productivo y exportador, Vaca Muerta se encuentra en una situación compleja de infraestructura que ni el macrismo con sus millonarios subsidios e inversiones estatales en infraestructura pudo solucionar en cuatro años. Quedaron pendientes e inconclusos proyectos de gasoductos troncales, el tren Neuquén a Bahía Blanca y sin avances significativos en la planta de GNL en el puerto de la costa bonaerense (ver el artículo de 2018 https://www.elextremosur.com/nota/vaca-muerta-produce-mas-pero-corre-riesgo-de-estancarse-por-falta-de-inversion-en-produccion-e-infraestructura-social/).
    Con las caídas pronunciadas de la demanda mundial de hidrocarburos y los bajos precios internacionales, a lo que se le debe sumar la contracción económica inversora planetaria producto de la pandemia, conseguir hacer realidad ese proyecto productivo y exportador parece poco probable o cuanto menos ilusorio en el futuro cercano.
    Clave 3: La lógica de rentabilidad privada frente al beneficio social común
    Desde 1992 cuando se privatizó YPF y durante casi 30 años Argentina ha retrocedido en materia de hidrocarburos dejando en manos del capital privado la liberalización del mercado, perdiendo reservas de crudo y gas, achicando hasta casi su extinción el rol estatal y perdiendo el autoabastecimiento.
    Nada bueno sucedió a lo largo de tres décadas. Por momentos el país que abastecerse a través de las importaciones de gas a costos elevados. Tampoco se revirtió significativamente la problemática con los procesos de “argentinización” o expropiación parcial de YPF.
    Si bien es cierto que con la expropiación del 51% de las acciones de Repsol en YPF la compañía cambió su postura frente al esquema productivo en los yacimientos convencionales, eso no fue suficiente para modificar sustancialmente el rol de la empresa insignia que supo tener el Estado nacional. Desde la expropiación en 2012, la nueva YPF no le ha dado grandes beneficios al país y se manejó como una empresa privada más en el mercado.
    Además de haber en este nuevo siglo 10 millones de argentinos sin gas natural, los precios de los combustibles son elevados y se rigen en el país por la ley de la oferta y la demanda. Siguen respondiendo a variables el como valor internacional del crudo o la cotización del dólar, sin retroceder cuando alguno de los ítems decrecen.
    Nada diferente ha sido ese mecanismo trasladado a los servicios públicos de gas y luz, primero subsidiados por el Estado y ahora dolarizados en favor de las ganancias de las distribuidoras y generadoras energéticas.

    A ese panorama se suma el uso de los fondos estatales subsidiando al capital privado hidrocarburífero o inclusive llevando a cabo las mayores inversiones en infraestructura o desarrollos productivos y exploratorios en yacimientos convencionales o no convencionales.
    El rol de la actual YPF está lejos de la comandada por Repsol desde las oficinas corporativas en Madrid, pero más distante se encuentra aún de la visión estratégica y social que desempeñaba la YPF estatal antes del desguace menemista.
    Embarcar, como ha sucedido hasta ahora, a YPF como punta de lanza en Vaca Muerta no ha demostrado ser la estrategia más fructífera para la compañía ni tampoco para el país. Hasta el momento la hipótesis de que con el desarrollo de los no convencionales se posibilitaría fomentar la industria nacional o conseguir los dólares para el pago de la deuda no está demostrada en lo más mínimo.

    El propio Claudio Lozano, actual director del Banco Nación, remarcó que es inviable la idea de avanzar con “el fenómeno Vaca Muerta asociado a una salida en donde la Argentina fuera exportadora de gas no convencional y que esto permitiera un salto importante en el ingreso de dólares”.

    Se debe considerar que en Vaca Muerta se viene llevando a cabo el máximo experimento empresario privado para la obtención de ganancias y maximización de la rentabilidad.
    Es allí donde se modificaron los convenios colectivos de trabajo para flexibilizar a los obreros petroleros y reducir los costos laborales, con la consiguiente derivación altísimos costos en vidas de trabajadores que en menos de un año y medio se tradujeron en 8 obreros fallecidos en los yacimientos neuquinos (ver el artículo https://www.elextremosur.com/nota/20198). En los últimos 20 años murieron trabajando nada más y nada menos que 100 petroleros en todo el país.

    Una cuota importante de responsabilidad tiene frente a este panorama la dirigencia sindical del sector, que permite que estos “accidentes” cuesten vidas humanas y en muchas oportunidades luchan solo por conquistas salariales -para nada menores o despreciables- pero que en tiempos de crisis funcionan con la lógica empresarial y con la excusa de defender los puestos de trabajo terminan reduciendo salarios o entregando conquistas laborales históricas.

    Estas problemáticas no parecen ser tenidas en cuenta por la administración de Alberto Fernández, ni estarían incluidas en el proyecto de nueva ley o de desarrollo productivo de los hidrocarburos en el país.
    Por ahora no aparecen explicitados como objetivos del gobierno nacional -es cierto, ahogado por la pandemia y la deuda externa- lograr un país autoabastecido con hidrocarburos, sin muertes por súper explotación laboral en los yacimientos, con tarifas y combustibles accesibles para el conjunto de la población, con gas por redes para todos los habitantes del país. Aparece lejano un nuevo Estado que no solamente intervenga en el mercado como un jugador más entre privados sino como un organizador, generador del empleo y desarrollador de PyMES locales, además de definir las políticas energéticas estratégicas.
    Fuente: https://opsur.org.ar/2020/06/23/el-gobierno-reflota-la-ilusion-de-vaca-muerta-claves-para-entender-el-tropiezo-que-viene/