viernes, 1 de diciembre de 2017

Necesitamos "un debate reflexivo, crítico, del proceso político venezolano es indispensable si esta experiencia ha de contribuir a la construcción de otro mundo posible".

La larga crisis terminal del modelo rentista petrolero venezolano y la profunda crisis que actualmente enfrenta el país
1 de diciembre de 2017


Por Edgardo Lander (Rebelión)

En este texto no voy a intentar siquiera un somero balance del proceso bolivariano con sus muy importantes logros nacionales y regionales y las numerosas contradicciones, errores y limitaciones que han caracterizado a este intento de una radical transformación anticapitalista. Me referiré fundamentalmente a la intensa crisis que actualmente enfrenta el país. 

Después de más de una década de profundas transformaciones políticas y sociales, Venezuela está viviendo hoy su crisis más grave desde las guerras civiles del siglo XIX. Los importantes logros del proceso bolivariano están en peligro. La economía se derrumba, la pobreza, la desnutrición y las tasas de mortalidad están aumentando. La polarización política y la violencia podrían conducir a una guerra civil. Todo esto está agravado por el creciente aislamiento internacional debido, entre otras cosas, al giro a la derecha de los gobiernos de Brasil y Argentina, y acciones imperialistas como el bloqueo financiero y las amenazas de intervención militar realizadas por Donald Trump.

La crisis venezolana no es nueva. El país ha estado experimentando una profunda crisis económica y política estructural durante las últimas cuatro décadas. Es la crisis terminal del modelo petrolero rentista, estatista y clientelar que ha caracterizado a la sociedad venezolana desde hace muchas décadas. Sin embargo, este modelo rentista extractivo tuvo un nuevo soplo de vida con el liderazgo carismático de Chávez, la legitimidad proporcionada por la Constitución de 1999 y los altos precios del petróleo de los primeros años de este siglo. Una vez más, parecía que los precios del petróleo sólo podían ir hacia arriba. Los ingresos procedentes del petróleo fueron vistos en el corto y mediano plazo, como la fuente de los recursos necesarios para la transformación de la sociedad venezolana. Durante los años del proceso bolivariano no se tomaron medidas significativas de transformación de la estructura productiva del país. Por el contrario, se profundizó el rentismo petrolero hasta que el petróleo alcanzó el 96% del valor total de las exportaciones. Hoy el país es más dependiente que nunca en su historia de las importaciones, incluso de alimentos básicos y suministros médicos.

Las políticas sociales que mejoraron sustancialmente las condiciones de vida de los sectores populares y las importantes iniciativas hacia otros países de América Latina, la cooperación y la solidaridad llevada a cabo por el gobierno venezolano, fueron posibles gracias a un extraordinario auge de la demanda y precio de los commodities generado principalmente por la demanda china. En la medida en que la renta petrolera se dirigió principalmente hacia los sectores excluidos de la población, se produjeron significativas mejoras en sus condiciones de vida. La pobreza y la desigualdad se redujeron notoriamente, el acceso a alimentos, servicios de salud, educación y seguridad social mejoró en términos cualitativos. 

Políticamente se iniciaron profundos cambios en la cultura política popular, se generalizó la organización social de base y se produjeron extraordinarios niveles de participación social y política. Venezuela desempeñó un papel central en el desplazamiento a la izquierda que ocurrió en la mayor parte de América del Sur. Durante años, el gobierno contó con elevados niveles de legitimidad y apoyo electoral. 

Sin embargo, en 2013 y 2014, los dos principales pilares que sostuvieron el proceso bolivariano, el extraordinario liderazgo carismático de Chávez y los elevados precios del petróleo, dejaron de estar presentes. Chávez falleció el 5 de marzo de 2013. Un año más tarde, el precio de las exportaciones de petróleo venezolano se había derrumbado de más de cien dólares el barril a menos de 25 dólares. Así, la profunda crisis terminal del Estado, la economía y la sociedad rentista petrolera que había sido, en cierto sentido, aplazada durante unos años, resurgió con mayor, incluso dramática, intensidad.

1. La situación económica y social 

Para analizar el estado actual de la economía en Venezuela no existe información oficial actualizada disponible. El gobierno ha decidido no revelar la información estadística que permitiría confirmar la profundidad de la actual crisis económica.2 Los cálculos que se han difundido por parte de analistas económicos, centros académicos, asociaciones empresariales e instituciones internacionales presentan grandes variaciones. No todos son confiables.

En el año 2016 la economía venezolana registró su peor caída desde el paro petrolero/lock-out empresarial de los años 2002-2003, con una contracción que se ha estimado entre 10%3 y 18.6%. Se acumularon así tres años consecutivos de disminución del PIB. Según algunas estimaciones, el colapso de la economía venezolana ha sido tal que, en 2017, el PIB per cápita representa un 40% de los niveles del año 2013.4 Los precios del petróleo se recuperaron de un promedio de 35 dólares por barril en 2016 a 42 dólares por barril en abril de 2017,5 aún lejos de los precios que oscilaron entre 101 y 88 dólares por barril entre 2011 y 2013. No solo los precios han colapsado, según la OPEP, la producción de petróleo ha caído a un millón 972 mil barriles diarios.6 Esto es casi un millón de barriles menos de los que se producían en el año 2001. Este descenso se ha atribuido a la ineficiencia, corrupción, falta de inversión, y al hecho de que es mucho más complejo y costoso explotar el crudo pesado y extra pesado que hoy constituye la mayor parte de las reservas venezolanas. Petróleo liviano o gasolina tiene que ser importado para ser mezclado con este petróleo pesado para su transporte y refinación, lo que reduce significativamente los beneficios. De acuerdo a dirigentes sindicales de la industria petrolera, la refinería principal del país, uno de los complejos de refinación más grandes del mundo, está trabajando a menos del 50% de su capacidad instalada debido a la falta de mantenimiento adecuado.7 

Según los Estados Financieros Consolidados de la empresa petrolera estatal (PDVSA) correspondientes al año 2016, el beneficio neto de ésta se desplomó de más de nueve mil millones de dólares en 2014 a 828 millones de dólares en 2016.8 Esta empresa, la fuente de la mayor parte de los ingresos del país, al igual que el resto del Venezuela, se encuentra en una profunda crisis.

Diferentes fuentes, tanto nacionales como internacionales, han calculado que la inflación en 2016 se situó entre 500% y 800%9, se esperan niveles más altos para el año 2017. Por tercer año consecutivo se ha producido un grave déficit fiscal. Según algunas estimaciones, el gasto público en 2016 tuvo una reducción de alrededor del 30% en comparación con el nivel del año anterior.10

Las reservas internacionales disminuyeron de 35 mil millones de dólares en 2009 a 10.300 millones de dólares en abril de 2017.11 La formación de capital fijo ha venido disminuyendo desde 2013. La misma tendencia está presente en el consumo privado. 

El total de la deuda consolidada del país (es decir, deudas nacionales y externas pagaderas en dólares, préstamos y bonos emitidos por la República y PDVSA), ascienden a 181 mil millones de dólares. Esto representa más del 80% del PIB, y es casi 18 veces más que el total de las reservas internacionales del país.12 Todo esto, a pesar del hecho de que durante los 18 años del proceso bolivariano Venezuela experimentó un auge sin precedentes de los precios del petróleo. Durante este período, el país recibió más dólares que los que habían ingresado al país durante las anteriores ocho décadas de exportaciones petroleras. Este enorme endeudamiento externo, como en experiencias anteriores, se produjo precisamente en los años de bonanza, cuando los precios del petróleo eran muy elevados. Parte de esta deuda es una deuda ilícita que sirvió de alimento a la corrupción. Grupos e intelectuales de izquierda han exigido al gobierno la realización de una auditoría pública de esta deuda, como se realizó en Ecuador, y que en el ínterin se lleve a cabo una renegociación que permita una reducción de los pagos.

Incluso ante la realidad de una grave crisis humanitaria, el gobierno venezolano ha dado prioridad al pago de la deuda a tiempo sobre las necesidades urgentes de la población venezolana. De acuerdo al Ministerio del Poder Popular de Petróleo, “En los últimos 36 meses, Venezuela ha cancelado, por concepto de Capital Reembolsado y de Intereses Pagados, la cantidad de 73 mil 359 millones de dólares”.13 Al mismo tiempo la organización de caridad de la Iglesia Católica, Cáritas Internacional, el 54% de los niños venezolanos tienen algún grado de desnutrición.14 Esto es, principalmente, una consecuencia de la drástica disminución de los recursos disponibles para la importación en un país que tiene un nivel tan elevado de dependencia externa para sus alimentos y medicinas. 

Una de las más importantes distorsiones históricas de la economía petrolera venezolana ha sido una moneda sobrevaluada que ha hecho que sea más barato importar la mayoría de las cosas que producirlas internamente. Esto, al mismo tiempo, ha operado como una barrera que dificulta exportar prácticamente nada aparte del petróleo. Esta es la mal llamada enfermedad holandesa. Venezuela la había padecido durante décadas antes del descubrimiento de de los depósitos de gas por parte de Holanda. El país se hizo altamente dependiente de las importaciones, incluso de alimentos básicos. Se trata, propiamente, de una economía de puerto. 

El gobierno bolivariano ni siquiera comenzó a corregir las distorsiones cambiarias. A fin de limitar la fuga de capitales, se crearon a lo largo de estos años varios sistemas de control cambiario que generaron distorsiones aun más severas con la creación de varios tipos de cambio paralelos, tanto legales como ilegales. A veces, hasta cuatro tasas cambiarias operaron en forma simultánea. Mientras la paridad altamente subvencionada con que se importa la mayor parte de los alimentos básicos y medicinas ha permanecido fija durante años en 10 bolívares por dólar, la paridad en el mercado paralelo ilegal, que tiene un impacto significativo en la estructura de precios del país, que osciló entre 10.000 y 18.000 bolívares por dólar en agosto de este año, sobrepasó los 80.000 bolívares a finales de noviembre de 2017.

El deterioro general de la actividad productiva y de las finanzas públicas ha tenido graves repercusiones en las condiciones de vida de la población, especialmente en las áreas de salud, alimentación y la inseguridad personal. Esto constituye una reversión de los más importantes logros sociales del proceso bolivariano. Los niveles de pobreza en términos de ingresos monetarios, que se habían reducido significativamente entre 1999 y 2012, hoy están peor que los niveles que existían antes del inicio del gobierno de Chávez. 

La drástica reducción de las divisas disponibles para financiar las importaciones ha creado una escasez generalizada de medicamentos y complica considerablemente el tratamiento de enfermedades crónicas como la hipertensión y la diábetes. Ha habido una pérdida en el peso promedio de la población. Son frecuentes las muertes en hospitales, consecuencia directa de la falta de medicamentos y equipamiento médico, así como la desnutrición infantil. Las tasas de mortalidad de las parturientas y los recién nacidos se ha incrementado significativamente en los últimos tres años.15 Hoy en día existe una severa epidemia de malaria que se ha expandido en forma acelerada en los últimos años. Entre los años 2015 y 2016, el número de casos registrados en el país se incrementó en un 76%, pasando de 136.402 a 240.613 casos.16 Las carencias de medicamentos y los desplazamientos poblacionales hacia las zonas de explotación minera del Estado Bolívar, principal foco de la epidemia, agrava la situación. 

Según el Observatorio de la Violencia en Venezuela, en 2016, el país tuvo una tasa de homicidios de 91 homicidios por cada 100.000 habitantes, en segundo lugar después de El Salvador en todo el mundo17 Aunque no hay cifras oficiales, se estima que unas dos millones de personas han abandonado el país en los últimos tres años, especialmente jóvenes, tanto profesionales como trabajadores no calificados, en busca de un futuro mejor en otros lugares.

La decisión económica más importante realizada por el gobierno de Maduro en los últimos años ha sido el decreto de creación del Arco Minero del Orinoco. Es la apertura de 112 mil kilómetros cuadrados, el 12% del territorio nacional, a grandes empresas mineras transnacionales. Se trata de un área económica especial en la cual quedan suspendidas muchas leyes fundamentales de la República. Frente a la crisis del modelo petrolero rentista, en lugar de promover un debate nacional sobre las alternativas al modelo extractivista depredador que ha caracterizado la economía venezolana durante un siglo, el gobierno ha optado por empujar al país en el camino de un nuevo patrón rentista-extractivista, ahora basado en la minería a gran escala. Este megaproyecto, en caso de llevarse a cabo en la dimensión que ha sido anunciada por el gobierno, profundizaría las dinámicas etnocidas hacia los pueblos indígenas que en la actualidad se producen como consecuencia de la minería ilegal. Tendría devastadoras consecuencias socio-ambientales tanto inmediatas como a largo plazo. Afectaría parte de la foresta amazónica, destruyendo vastas áreas de extraordinaria diversidad biológica, amenazaría las principales fuentes de agua, así como las represas hidroeléctricas que suministran el 70% de la electricidad que se consume en el país. 

2. La pérdida de hegemonía y las tendencias autoritarias 

Cuando Nicolás Maduro llegó a la presidencia, en abril de 2013, lo hizo con un nivel de legitimidad y de apoyo electoral mucho más bajo que el que tuvo Chávez hasta su muerte. Ganó las elecciones con una diferencia de solo 1,5% sobre Henrique Capriles, el candidato de la oposición articulada en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD). 

Una ruptura fundamental en el proceso bolivariano se produjo cuando, con la victoria aplastante en las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre de 2015, la oposición alcanzó una mayoría cualificada de dos tercios en la Asamblea Nacional (AN). Esto implicaba un cambio radical en la correlación de fuerzas en el seno del Estado. Con esta mayoría, la oposición en la AN, de acuerdo a la Constitución, podía nombrar a los miembros del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) y del Consejo Nacional Electoral (CNE). Podría aprobar leyes orgánicas sin negociar con los representantes del gobierno. En lugar de reconocer esta severa derrota e iniciar una profunda reflexión autocrítica sobre sus causas, el Gobierno no vio la necesidad de cambios en sus políticas y atribuyó la crisis y la victoria de la oposición exclusivamente a lo que ha denominado la “guerra económica” por parte de la derecha y del imperio. Estos son asuntos reales pero no son, en sí mismos, suficientes para explicar la profunda crisis económica del país o los niveles de descontento en la población. Temas claves como la corrupción generalizada, la ineficiencia de la administración pública o las distorsiones que genera una paridad cambiaria insostenible, fueron una vez más dejados a un lado. En lugar de dar prioridad a la preservación de la experiencia colectiva y el espíritu combativo del mundo popular bolivariano, que representa el más extraordinario logro de este proceso político, optó por permanecer en el control del Estado por cualquier medio necesario. A partir de ese momento, el Gobierno parece reconocer que no podía permanecer en el poder si esto dependía del apoyo electoral de la población, y de acatar la Constitución bolivariana del año 1999. Se han realizado repetidos llamamientos al poder popular y a dicha Constitución, pero, en la práctica, estos se convierten en obstáculos a superar. Por ello, se fueron tomando una serie de decisiones que, en conjunto, apuntan en una forma cada vez más sistemática y coherente en una dirección autoritaria que tiene como prioridad la preservación del control del poder del Estado. 

Las graves violaciones que se han producido a la Constitución de 1999 y a normas legales básicas en los últimos tres años son demasiadas para ser analizadas en detalle. Sin embargo, algunas de estas deben destacarse con el fin de comprender cómo se llegó a la situación actual. A finales de diciembre de 2015, cuando a la mayoría del gobierno en la AN le quedaban pocos días antes de que la nueva mayoría opositora tomara control, dicha mayoría oficialista, dejando de lado algunos procedimientos exigidos por la ley, designó nuevos magistrados del TSJ. No sólo eran estos nuevos magistrados, sin excepción, aliados incondicionales del gobierno, sino que varios de ellos ni siquiera cumplían los requisitos formales requeridos para ocupar dichos cargos. 

El papel que este tribunal iba a jugar en estas nuevas condiciones del país se hizo evidente poco después. A principios de 2016, basado en una endeble acusación de fraude electoral formulada por algunos miembros del partido de gobierno, este Tribunal decidió anular los resultados de las elecciones en el estado de Amazonas. Decidió que la elección de los cuatro representantes del Estado, en su mayoría indígenas, y que ya habían sido proclamados por el CNE, ya no era válida. Así, los partidos de la oposición dejaron de tener una mayoría cualificada en la AN. 

En vista del hecho de que transcurrieron meses sin que se llevase a cabo una investigación para determinar la veracidad de estas acusaciones ni se programaran nuevas elecciones para ese estado, el estado Amazonas quedó sin representación parlamentaria. Finalmente, la AN decidió incorporar a los parlamentarios cuestionados y el TSJ respondió declarando a la Asamblea en desacato. A partir de este momento, sus atribuciones fueron asumidas por el Poder Ejecutivo y dicho tribunal. Este fue un momento decisivo en la ruptura del orden constitucional, produciendo la concentración de poderes que ha permitido al Gobierno tomar cada uno de los pasos subsiguientes que han definido su deriva autoritaria. 

Una de las principales fortalezas institucionales del proceso bolivariano y un poderoso escudo protector contra los intentos de la derecha nacional e internacional y del gobierno de los Estados Unidos para derrocar al gobierno, fue la legitimidad proporcionada por un sistema electoral totalmente automatizado, transparente, altamente fiable, que contaba con muchos niveles de controles y auditorías. Durante las múltiples elecciones celebradas hasta 2015, este sistema electoral garantizó que los resultados anunciados por el órgano electoral fueran, sin duda alguna, una expresión exacta de la voluntad de los electores. Sin embargo, después de la derrota sufrida en las elecciones legislativas de diciembre de 2015, el gobierno optó por sacrificar este escudo protector para mantenerse en el poder. Esto ha tenido enormes consecuencias políticas.

En octubre de 2016, el CNE canceló el referéndum revocatorio del Presidente. Todos los requisitos establecidos por la ley estaban en proceso de cumplirse. El referéndum revocatorio hasta ese momento había sido celebrado como uno de los más importantes logros de la democracia participativa de la Constitución de 1999. Las elecciones para gobernadores que, según la Constitución tenían que ser celebradas en diciembre de 2016, fueron aplazadas indefinidamente.

En marzo de 2017, el TSJ ratificó que la AN estaba en desacato y, entre otras cosas, autorizó al Presidente a tomar medidas adicionales en la apertura del país a las empresas transnacionales de petróleo y minería en condiciones expresamente prohibidas por la Constitución, por la Ley Orgánica de Hidrocarburos, la legislación ambiental, la referida a los pueblos indígenas y las leyes laborales. 

Luisa Ortega Díaz, Fiscal General de la República, declaró que estas decisiones atentaban contra el modelo de Estado consagrado en la Constitución y que esto representaba una "ruptura del hilo constitucional". Ante el rechazo generalizado de estas decisiones, el TSJ modificó algunos aspectos menores sin alterar sus contenidos fundamentales.18 

Desde febrero de 2016, el presidente Maduro ha gobernado mediante decretos de excepción y emergencia económica en condiciones que violan claramente la Constitución. Con este estado de excepción, muchas garantías constitucionales pueden ser suspendidas, y decisiones fundamentales para el futuro del país, como las relativas a la minería en el Arco Minero del Orinoco, pueden ser tomadas por decreto presidencial. El presupuesto nacional correspondiente al año 2017 no fue presentado a la AN como lo exige la Constitución, negando así a esos representantes elegidos el derecho a tener algo que decir sobre la gestión de los recursos públicos y sobre la orientación de las políticas públicas. Esto añade una nueva capa de opacidad en la gestión de los bienes colectivos. 

3. La Asamblea Nacional Constituyente 

El primero de mayo de 2017, el Presidente Maduro anunció que había decidido convocar a una nueva Asamblea Constituyente. En este mismo discurso declaró el fin de la Constitución de 1999, situándola en la categoría de antecedente histórico, una Constitución "pionera". Inmediatamente se generó una gran polémica, dentro y fuera de Venezuela. En ese clima político extremamente polarizado, este debate estuvo lleno de distorsiones y medias verdades. Según el gobierno, el propósito de la Asamblea Constituyente fue el de garantizar la paz en el país después de meses de violentos enfrentamientos callejeros. Sectores de la oposición venezolana denunciaron que el verdadero objetivo era evitar las próximas elecciones (estatales, municipales y presidenciales) y caracterizaron esto como un golpe de Estado. 

Es necesario reconocer que, en la Constitución, las condiciones para la convocatoria de una Asamblea Constituyente no son totalmente explícitas. Según el Artículo 348: "La iniciativa de convocar a una Asamblea Nacional Constituyente puede ser tomada por el Presidente de la República en Consejo de Ministros…" Sin embargo, hay una diferencia entre "convocatoria", que la Constitución atribuye expresamente al "pueblo de Venezuela... depositario del poder constituyente originario" y "tomar la iniciativa de convocar". En consecuencia, aunque el Presidente puede tomar la iniciativa, la convocatoria como tal, debería haberla hecho la ciudadanía a través de un referéndum consultivo, como fue el caso de la Asamblea Constituyente de 1999. 

Es evidente que las principales dificultades que enfrenta el país (escasez, malnutrición, crisis del sistema de salud, inflación, inseguridad, recesión, déficit fiscal y una deuda externa que no puede ser pagada, etc.) no son problemas normativos que pueden resolverse con un nuevo orden jurídico. Los problemas que se plantean en relación con la Constitución de 1999 están en sus violaciones sistemáticas, no en su contenido.

Otra ruptura radical con la Constitución de 1999 y las leyes electorales se produjo con el diseño del proceso electoral para la nueva Asamblea Nacional Constituyente (ANC). En clara violación de los principios constitucionales de la representación proporcional y la igualdad de los electores, las normas para la participación electoral fueron cuidadosamente diseñadas de tal forma que el gobierno se garantizaba el control completo de esta nueva asamblea, a pesar de que la mayoría de la población no respaldase al gobierno y rechazase la convocatoria de una nueva asamblea constituyente. Esto se hizo mediante la creación de un original régimen de doble representación: territorial y sectorial. Contrariamente a la forma en la que siempre habían sido realizadas las elecciones en el país, antes y durante el gobierno bolivariano, a las zonas rurales o pequeños municipios urbanos, donde el gobierno ha contado con mayor respaldo electoral, les fue otorgada una extraordinaria sobre representación en la asamblea. En algunos casos, a un municipio rural con menos de 3000 habitantes se le asignó el mismo número de representantes que a un municipio urbano con más de 700.000 habitantes: un total de uno. Se definió adicionalmente un mecanismo de representación sectorial en el cual los estudiantes votaron por estudiantes, los trabajadores por trabajadores, etc. Unos cinco millones de votantes fueron excluidos de la participación en la elección de los representantes sectoriales ya que no pertenecían a ninguno de los sectores sociales así definidos. 

Esto creó dos tipos de ciudadanos, unos de primera clase, que podían votar dos veces (un voto territorial y uno sectorial), y otros de segunda clase que sólo podían votar una vez (voto territorial). Como consecuencia del carácter arbitrario e inconstitucional de este proceso, sólo organizaciones que respaldan al gobierno presentaron candidatos y participaron en las elecciones, convirtiéndolas prácticamente en unas elecciones internas del PSUV.

Las elecciones para esta ANC constituyeron un fraude. Antes de las elecciones, portavoces del gobierno y del PSUV afirmaron en forma pública y reiterada que se llevaría un control estricto de los votantes y que quienes no participasen en estas elecciones perderían su empleo público, o la posibilidad de tener acceso a programas sociales tales como el de alimentación subsidiada (CLAP) y vivienda. Estos anuncios públicos fueron complementados por amenazas personales en los lugares de trabajo y centros de distribución de alimentos. La democracia participativa de los primeros años del proceso bolivariano se había desplazado hacia una relación de control crecientemente autoritaria desde el Estado, basado en chantajes y amenazas.

Las elecciones se realizaron sin testigos independientes o de la oposición y a los medios de comunicación se los mantuvo a unos 500 metros de los centros de votación. Varios de los más importantes mecanismos de control y auditoría que habían hecho que el sistema electoral venezolano fuese altamente confiable fueron eliminados. Incluso con los niveles de participación muy inflados anunciados por el CNE, casi el 60% de la población no votó. 


Un nuevo giro del tornillo, que alejó al gobierno de Maduro aun más de la democracia y de la Constitución de 1999, se produjo cuando la nueva ANC fue instalada. Como en los viejos tiempos del socialismo realmente existente, se trata de una asamblea unipartidista, cada uno de sus 545 integrantes es oficialista. El que la Asamblea Nacional Constituyente encargada de redactar una nueva constitución en un país tan profundamente dividido como Venezuela sea absolutamente monocromática no es un buen augurio para el futuro de la democracia o la paz en el país. El proceso constituyente ha revivido parte del apoyo popular menguante al gobierno, ya que fue presentado como una radicalización del proceso, como un enfrentamiento con el imperialismo, y como una solución a los problemas que enfrenta la población. Esto, sin embargo, es probable que tenga poca duración ya que el gobierno carece de la capacidad o los recursos para hacer frente a estos problemas. 

La ANC se ha declarado como un poder absoluto, supra constitucional, que puede no sólo redactar una nueva constitución, sino tomar decisiones sobre cualquier asunto legislativo, ejecutivo o judicial que considere conveniente. Su período de vigencia no ha sido fijado. Declaró que las cinco ramas de Estado existentes deberán subordinarse a sus decisiones. En sus primeras semanas de actividad, sus decisiones fueron tomadas por unanimidad o por aclamación, sin debate alguno. Leyes extraordinariamente autoritarias y represivas han sido anunciadas. En el mes de noviembre se aprobó una ley que establece penas de 10 a 20 años de prisión por "incitación al odio" en los periódicos, la radio, la televisión y las redes sociales, la denominada Ley Constitucional Contra el Odio, por la Convivencia Pacífica y la Tolerancia. Igualmente amenazantes han sido los anuncios de que dirigentes de la oposición serían acusados de traición a la patria por su apelación a instituciones internacionales como la OEA y la ONU. Estas amenazas están dirigidas no solo hacia la oposición de derecha, sino contra toda oposición al gobierno. Los espacios para el ejercicio de la democracia continúan reduciéndose…



4. La escalada de la violencia

En
los años del gobierno bolivariano la oposición agrupada en la MUD ha sido muy heterogénea. Incluye desde grupos de extrema derecha que han tenido el apoyo político y financiero externo (básicamente del gobierno de los Estados Unidos y el uribismo en Colombia), hasta sectores más moderados que han buscado alternativas electorales, constitucionales. En la actualidad estas diferencias subsisten a pesar de la apariencia de unidad que se dio entre abril y julio en las masivas movilizaciones de calle en todo el país y el acuerdo casi unánime para participar en las elecciones para gobernadores del mes de octubre de 2017. Esto a pesar del hecho de que el CNE ha abandonado toda pretensión de ser un árbitro neutral y confiable. 

Se produjeron niveles extremos de violencia durante los meses de abril y julio. Al menos 150 personas murieron en enfrentamientos callejeros. Esto fue el resultado tanto de la represión policial/militar, como de la acción de grupos paramilitares armados que operaron en ambos lados de estas confrontaciones. En algunos casos particularmente grotescos, algunos chavistas fueron quemados por turbas de la extrema derecha. Como era de esperarse en una situación tan polarizada, la cobertura de estos acontecimientos por parte de los medios internacionales fue muy distorsionada. El conflicto venezolano ha sido interpretado a través de los lentes de la Guerra Fría. Las narrativas sesgadas según las cuales las más de un centenar de muertes fueron el producto exclusivo de la represión gubernamental, o la narrativa contraria de acuerdo a la cual estas muertes fueron principalmente el resultado de grupos armados fascistas, simplemente no corresponden a lo ocurrido. La situación es más compleja. Ha habido acciones violentas en ambos lados en estas confrontaciones.

La sociedad venezolana se enfrenta al grave peligro de que la violencia armada y el terrorismo puedan instalarse como la forma normal de procesar las diferencias. El peligro no es sólo que la violencia se desborde a niveles no deseados por los líderes del gobierno y la oposición. En ambos polos de la confrontación actual hay sectores que ven la violencia como única forma de derrotar al enemigo e imponer su agenda. 

Algunos de los más altos funcionarios corruptos del gobierno se dan cuenta de que si fueran obligados a abandonar sus cargos, no sólo perderían sus privilegios, sino que también les resultaría difícil encontrar un lugar en el mundo donde disfrutar de sus fortunas mal habidas y que incluso podrían terminar en la cárcel. 

Lo que algunos sectores de extrema derecha buscan no es simplemente una victoria electoral para sustituir a Maduro, si esto dejase intacta la Constitución de 1999, y se mantuviese vida por lo menos parte de los imaginarios transformadores de los sectores populares chavistas de base. Lo que quieren es un completo aplastamiento de la experiencia chavista, de todos los sueños emancipatorios de la primera década del proceso bolivariano, a fin de imponer una derrota política de larga duración que sirva como una lección y liquide, de una vez por todas, las aspiraciones y el espíritu rebelde subalterno de estos años. Se considera que esto es un requisito básico para que la sociedad regrese a la "normalidad", donde todo el mundo asuma su lugar. Las consecuencias de esto van mucho más allá de Venezuela. Para ello han contado siempre con el apoyo del gobierno de los Estados Unidos. 

5. La corrupción
 

Una adecuada caracterización de los mecanismos y la dimensión de la corrupción durante el proceso bolivariano es una tarea pendiente. En agosto de 2013, Edmée Betancourt fue removida de su cargo como presidenta del Banco Central de Venezuela (BCV) por denunciar que en ese año más de 20 mil millones de dólares altamente subsidiados fueron entregados por la Comisión de Administración de Divisas (Cadivi) a “empresas de maletín" para importaciones y actividades productivas que nunca tuvieron lugar.19 Casi un año más tarde, después de su separación del Ministerio de Planificación, Jorge Giordani, un conocido bastión de los gobiernos del presidente Chávez, divulgó su carta de Testimonio y responsabilidad ante la historia en la cual confirmó y profundizó las denuncias que había formulado Edmée Betancourt.20 

La grave falta de transparencia en las finanzas públicas hace extremadamente difícil determinar la magnitud de la corrupción. Según diversas estimaciones, el monto global de la corrupción durante la última década supera los 300 mil millones de dólares. Esto cubre una amplia gama de actividades, entre ellas el acceso ilícito a divisas subvencionadas, la especulación con bonos venezolanos (comprados en bolívares, luego vendidos en dólares), sobre-facturación de las importaciones, sobornos y comisiones en contratos de PDVSA y en grandes obras de infraestructura, como fue el caso en las relaciones con la constructora brasileña Odebrecht. 

6. Movimientos y organizaciones populares ante la crisis

Las
reacciones subalternas ante el profundo deterioro de las condiciones de vida que se han producido como consecuencia del aumento de la inseguridad, (debido tanto a la delincuencia como a la represión policial), una inflación desbordada, la escasez de alimentos básicos y medicamentos y el deterioro de los servicios públicos, no ha sido, en términos generales lo que podría haberse esperado. Muchas de las organizaciones de base populares que han involucrado a millones de personas en estos años se habían vuelto tan dependientes de los recursos públicos transferidos por instituciones del Estado que se debilitan cuando estos recursos ya no están disponibles. La crisis ha llevado a un creciente desencanto con el gobierno y la pérdida de expectativas en relación con el futuro del país. Después de años de procesos de movilización y organización popular, guiados por los valores de la cooperación y la solidaridad, la reacción a la crisis actual se ha caracterizado en buena medida por la competencia y el individualismo. El bachaqueo se ha convertido en un componente importante de la economía venezolana.21 Se han producido saqueos masivos en varias ciudades de todo el país con diversas combinaciones de activismo militante de grupos de extrema derecha, organizaciones delictivas y protesta popular espontánea debido a la falta de acceso a alimentos y gas para cocinar. El tejido social y moral del país están gravemente desgarrados. Esto tardará muchos años en cicatrizar.


7. La "comunidad internacional " y Venezuela


Los intentos imperiales de debilitar o derrocar el gobierno bolivariano han tomado muchas formas, tales como el apoyo político y financiero a los sectores más radicales de la oposición, el respaldo al golpe de Estado de abril de 2002 y los intentos de aislar al país internacionalmente. Más recientemente, Barack Obama, justo antes de terminar su mandato renovó una orden ejecutiva que declaraba que Venezuela era "una inusual y extraordinaria amenaza a la seguridad nacional y la política exterior de los Estados Unidos".22 

En un informe presentado al Comité de las Fuerzas Armadas del Senado de los Estados Unidos en abril de este año, Kurt W. Tidd, Jefe del Comando Sur, afirmó que:

Venezuela se enfrenta a una significativa inestabilidad en este próximo año debido a la generalizada escasez de alimentos y medicinas, la incertidumbre política y el deterioro de las condiciones económicas. La creciente crisis humanitaria en Venezuela podría eventualmente obligar a una respuesta regional.23 

En agosto de 2017, Donald Trump amenazó a Venezuela con una intervención militar de los Estados Unidos en los siguientes términos:

Tenemos muchas opciones para Venezuela y por cierto, no voy a descartar una opción militar.

Tenemos muchas opciones para Venezuela, este es nuestro vecino… Estamos en todo el mundo y tenemos tropas en todo el mundo, en lugares que están muy lejos, Venezuela no está muy lejos y la gente está sufriendo y muriendo. Tenemos muchas opciones para Venezuela, incluida una posible opción militar si es necesario.24 

Se dio un paso más el 24 de agosto de 2017, cuando Donald Trump ordenó un bloqueo financiero de Venezuela. Esta amplia gama de prohibiciones incluye la negociación de nuevas deudas públicas y bonos emitidos por el gobierno venezolano, el pago de dividendo u otra distribución de utilidades al Gobierno de Venezuela o a cualquier entidad que sea propiedad o esté controlada, directa o indirectamente, por el Gobierno de Venezuela, así como la compra, directa o indirectamente, por Estados Unidos o una persona dentro de los Estados Unidos, de títulos o valores emitidos por el gobierno venezolano.25

En contraste con las anteriores sanciones aplicadas directamente a altos funcionarios de gobierno, este bloqueo financiero puede tener un severo impacto sobre el conjunto de la población. En las condiciones actuales de grave crisis que está atravesando el país, incluyendo un considerable déficit del sector externo, el gobierno ha enfrentado enormes dificultades en el acceso a los mercados financieros internacionales. Como consecuencia del mayor "riesgo país" en las Américas, solo puede obtener nuevos préstamos a tasas de interés muy elevadas. Como se señaló arriba, hoy carece de los recursos para importar los alimentos y medicamentos básicos requeridos por la población. Este bloqueo financiero podría conducir al país a un default y con seguridad haría que el acceso al financiamiento externo sea más restringido y costoso. La coalición de derechas organizada en la MUD emitió un comunicado dando la bienvenida a estas sanciones.26 La guerra económica que venía denunciando el gobierno venezolano en los últimos años ha llegado con fuerza.

La respuesta del gobierno venezolano a este aumento del aislamiento internacional y regional no ha sido la de tratar de recuperar su legitimidad y aumentar la participación democrática. Por el contrario, ha optado por más control estatal y partidista y por la profundización de sus tendencias autoritarias. 


Los partidos de la derecha internacional, los principales medios globales de derecha (The Miami Herald, El Tiempo de Bogotá, El País de Madrid, CNN, Fox News, incluso periódicos supuestamente liberales como The New York Times y el Washington Post, o medios de comunicación “responsables”, como la BBC, así como muchos gobiernos en todo el continente americano y la Unión Europea, han definido al gobierno venezolano prácticamente como enemigo público número uno, a veces compitiendo con Corea del Norte. Todos ellos pretenden hablar y actuar en nombre de la defensa de la democracia en Venezuela amenazada por un gobierno autoritario. Es indudable que el gobierno venezolano ha tomado un camino que lo aleja sustancialmente de la Constitución democrática de 1999 y de aspectos fundamentales del proyecto político original de Chávez, pero esto de modo alguno explica la histeria de la llamada comunidad internacional en torno a Venezuela. ¿Dónde estaban todos esos defensores de la democracia cuando la derecha brasileña derrocó al gobierno democráticamente elegido de Dilma Ruosseff? ¿Por qué no hay protestas en esta llamada "comunidad internacional" sobre el hecho de que en los últimos decenios, según la ONU, más de 30 mil personas han desaparecido en México.27 ¿Cuántos titulares periodísticos y sanciones se han producido como respuesta a la sistemática guerra asesina contra los usuarios de drogas por parte del gobierno de Rodrigo Duterte en Filipinas?28 ¿Por qué los gobiernos de los Estados Unidos, el Reino Unido y España, tan preocupados por la democracia, tienen relaciones tan cordiales con el régimen saudita a pesar de su carácter totalitario y sus continuados ataques genocidas contra la población de Yemen? ¿Serán los enormes y lucrativos negocios de armas parte de la explicación? ¿La geopolítica del petróleo? ¿Por qué estas preocupaciones por la democracia no parecen aplicarse a las autocracias del mundo árabe? ¿Se considera que el apartheid israelí es compatible con la democracia?


Venezuela ha sido construida como parte de un nuevo eje del mal (junto con Irán y Corea del Norte) por otras razones. El proceso bolivariano fue el más radical intento de trascender el capitalismo en el siglo XXI. Esta experiencia no sólo tuvo gran impacto en el llamado giro a la izquierda que se produjo en la mayoría de los países de América del Sur. La experiencia venezolana se convirtió en una referencia, un rayo de esperanza, para gente tan lejos como Palestina, Filipinas y la India. Aunque el actual gobierno venezolano se ha alejado de estos imaginarios de una profunda transformación de la sociedad, a pesar de su corrupción y sus tendencias autoritarias, todavía es visto por muchos en la izquierda y movimientos sociales en todo el mundo como un símbolo o referencia subversiva. Desde la perspectiva de algunas elites globales estos imaginarios deben ser exterminados. Esto obviamente tiene poco que ver con preocupaciones en torno a la democracia. Esta auto-proclamada comunidad internacional está promoviendo un “cambio de régimen” en Venezuela, incluso si esto implica el riesgo de una guerra civil. Esto ha contribuido activamente a que una negociación interna para procesar las profundas divisiones existentes en la sociedad venezolana sea tan difícil. 

La “amenaza autoritaria" representada por el gobierno de Maduro se ha convertido en un instrumento útil en las manos del gobierno conservador de Mariano Rajoy en España para atacar a Podemos, por parte de los conservadores en el Reino Unido para poner en duda las credenciales democráticas de Jeremy Corbin, por Donald Trump, para mostrar a sus seguidores lo macho que es, y por la derecha mexicana en su intento de describir a Andrés Manuel López Obrador, quien encabeza las encuestas de opinión para las elecciones presidenciales del año próximo, como una radical amenaza chavista. 
Venezuela, con las mayores reservas de hidrocarburos en el planeta y sus extraordinarios bienes minerales e hídricos, se ha convertido en un campo de batalla central de luchas inter-imperiales contemporáneas, tanto entre países, como entre corporaciones globales. Con el giro a la derecha y la geopolítica de re-alineamiento con los Estados Unidos de los gobiernos de Argentina y Brasil, Venezuela quedó aislada políticamente. Se mantiene como el principal territorio latinoamericano de las confrontaciones geopolíticas globales entre los Estados Unidos en defensa de su tradicional patio trasero, y la búsqueda por parte de China y Rusia por convertir al país en una cabeza de playa para sus proyectos globales en este continente. 


Hoy, para las empresas transnacionales, el problema no es que un gobierno izquierdista o nacionalista limite su acceso a las abundantes fuentes de energía del país o sus riquezas minerales. El gobierno ha abierto el país a las inversiones extranjeras en petróleo y minería en condiciones sumamente favorables para estas empresas. Es el caso de la Faja Petrolífera y el Arco Minero del Orinoco. Dado que este tipo de inversión no es rentable en el corto plazo, muchas empresas transnacionales están esperando a tener más seguridad jurídica a fin de proceder con sus anunciadas inversiones. A pesar de que en el mega proyecto del arco Minero del Orinoco se han establecido condiciones extraordinariamente favorables para los inversores extranjeros, estas normas fueron aprobadas por decreto presidencial y constituyen una clara violación de la Constitución y normas jurídicas referidas al ambiente, a los pueblos indígenas y en el ámbito laboral. Estas normas y los nuevos contratos con empresas transnacionales no han sido aprobados por la Asamblea Nacional como lo exige la Constitución. No hay garantía de que vayan a ser reconocidos en el caso de un cambio de gobierno. Según muchos críticos de izquierda, esta es una de las principales razones por las que el gobierno de Maduro decidió convocar a una nueva Asamblea Constituyente: proporcionar el sólido marco jurídico y constitucional necesario para atraer estas inversiones. Una propuesta de ley con este propósito ha sido introducida por Maduro a la ANC. Es poco probable que estos esfuerzos tengan éxito, ya que en las condiciones actuales, la ANC no es vista como legítima ni por la mayoría de la población venezolana ni por la llamada "comunidad internacional". 


Muchos Intelectuales internacionalmente reconocidos, partidos y movimientos sociales identificados con la izquierda no están contribuyendo a la creación de las condiciones de una salida no violenta de la crisis actual. En el mismo marco de Guerra Fría que caracteriza la perspectiva dominante de la derecha, gran parte de la izquierda internacional continúa identificando al gobierno de Maduro como un gobierno democrático, popular y anti-imperialista y tienden a proporcionarle una solidaridad incondicional. Esto a pesar de las políticas ultra liberales de zonas económicas especiales para atraer las inversiones extranjeras; a pesar de la profundización del modelo extractivista depredador que ha dado origen a los mayores problemas que enfrenta el país; a pesar de su negativa a tratar con responsabilidad el cambio climático en su papel como importante productor de petróleo; a pesar de que durante el proceso bolivariano ha habido una consolidación de la inserción histórica del país en la división internacional colonial del trabajo y la naturaleza; a pesar del hecho de que los pueblos indígenas siguen siendo severamente impactados por las políticas neo-desarrollista en sus territorios ancestrales; a pesar de las tendencias anti-democráticas, autoritarias y represivas que caracterizan hoy al gobierno de Maduro. Esta solidaridad incondicional, acrítica, contribuye a bloquear la posibilidad de análisis críticos de los problemas del proceso bolivariano y contribuye activamente a reforzar y legitimar sus rasgos más negativos. Las opiniones tienen consecuencias. Con independencia de las decisiones que tome el gobierno de Maduro, éstas han sido celebradas por parte de sectores de la izquierda internacional como brillantes tácticas anti-imperialistas. Como por arte de magia, las mismas políticas que se denuncian si son llevadas a cabo por gobiernos neoliberales o derechistas, de alguna manera se convierten en aceptables si son llevadas a cabo por gobiernos "progresistas" o de "izquierda". El extractivismo de la derecha es considerado como una política pro-imperial que tiene graves consecuencias ecológicas y socioeconómicas, como amenazas a las comunidades indígenas y campesinas y como una renuncia a la soberanía nacional en favor de las empresas transnacionales. Los movimientos de resistencia en estas condiciones son celebrados. Por otro lado, cuando esas mismas políticas son llevadas a cabo por gobiernos “amigos” de alguna manera pasan a tener un significado radicalmente diferente y los movimientos de resistencia son acusados de formar parte de una agenda imperial antinacional y antipopular. Con esta construcción maniquea de la realidad, no hay manera de aprender de la experiencia. Las razones para cada problema o error siempre se encuentran en otra parte. 


Todo esto le hace un daño enorme a los movimientos anti-capitalistas y proyectos transformadores alrededor del mundo. Alimenta la propaganda derechista que define toda alternativa anti-capitalista, por su propia naturaleza, como necesariamente estatista, autoritaria y corrupta. Parece que amplios sectores de la izquierda continúan teniendo grandes dificultades para extraer lecciones de las consecuencias a largo plazo que tuvo la incapacidad para criticar a la Unión Soviética, a pesar de su carácter autoritario y represivo, porque se enfrentaba al imperialismo estadounidense.
 

Venezuela es hoy un campo de batalla decisivo, no sólo en el ámbito geopolítico del las competencias inter-imperiales. Es también un terreno privilegiado de la confrontación de ideas, en debates críticos sobre cómo avanzar en la dirección de una sociedad democrática post-capitalista que supere el patriarcado, el antropocentrismo y el racismo, así como el estado de guerra permanente que caracterizan al sistema mundo contemporáneo. Un debate reflexivo, crítico, del proceso político venezolano es indispensable si esta experiencia ha de contribuir a la construcción de otro mundo posible.
 

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=234789

"Nos hace cómplices, y a menudo partidarios de las políticas de privatización y desregulación, pero también hace de sujetos altamente gobernados. Nos imaginamos que somos libres pero, en realidad, nunca hemos estado más autorregulados".

Entrevista a la politóloga Wendy Brown
“Hoy la democracia simplemente se equipara a la existencia de mercados libres, 
abiertos y desregulados”
1 de diciembre de 2017

Por Ignazi Gozalo-Salellas, Álvaro Guzmán Bastida y Héctor Mugiente/ CTXT (Contexto y Acción)

Capítulo II de la serie "Qué hacer. EE.UU. en la era Trump"
Tras rastrear de la mano de David Harvey los flujos del capital por el mundo y su impacto en la política, el clima y la sociedad, la serie Qué hacer. EE.UU. en la era Trump avanza con la entrevista a la politóloga Wendy Brown. Brown es una de las analistas más refinadas del neoliberalismo. Situando el foco en fenómenos tan dispares como las grandes empresas tecnológicas de Silicon Valley, la Universidad, la pérdida de soberanía popular, las dietas alimenticias o el muro fronterizo prometido por Trump, Brown nos ofrece múltiples ejemplos de los largos tentáculos del proyecto neoliberal –y de los estragos que tal expansión provoca. Sin embargo, donde Harvey observaba continuidad y profundización neoliberal en la elección de Trump, Brown descubre una nueva versión "autoritaria, proteccionista y nacionalista” del mismo régimen. No deberíamos, pues, dar por acabado el neoliberalismo.
En el libro coral ¿Democracia en qué estado? usted habla de cómo la democracia se ha convertido de alguna forma en un significante vacío, y pone como ejemplo la figura de Barack Obama. ¿Puede explicar mejor esta aparente ambigüedad y cuándo comienza este proceso?
Lo que me preocupa de la democracia hoy en día cuando me refiero a ella como un significante vacío, y del peligro que conlleva que sea un significante vacío, es que eso permite que se la apropien, que la enarbolen o la manipulen con fines de todo tipo. Hoy la democracia simplemente se equipara a la existencia de mercados capitalistas libres, abiertos y desregulados, sólo a veces combinados de manera mínima con elecciones modestamente libres. El concepto mismo de democracia y sus principios básicos –igualdad, libertad, soberanía popular– se ha resignificado en un sentido orientado al mercado. De ese modo, la igualdad simplemente significa el derecho a competir los unos con los otros, en un mundo de ganadores y perdedores. La libertad, de nuevo, pasa a significar simplemente libertad de la regulación, la libertad de cada uno para hacer lo que quiera como ciudadano individual o como un pedazo de capital. Y la soberanía popular se vuelve algo incoherente, porque el neoliberalismo no deja espacio para que la gente se gobierne, en lugar de limitarse a expresar sus preferencias.
Cuando analiza el uso de tal concepto, usted propone por un lado los casos de Berlusconi o Bush, pero por el otro a pensadores como Derrida y Balibar o bien tradiciones políticas como el comunismo italiano o el movimiento palestino Hamas. ¿Quiere decir con esto que la democracia es un concepto legitimador o más bien una constante forma de borrar significados previos u originales?
La captura de la democracia por parte del neoliberalismo supone un problema grave. Reina la certidumbre, entre los intelectuales neoliberales y los políticos, de que los mercados deciden mejor que la gente. Las democracias, pues, deben limitarse a encontrar al mejor gestor de los mercados que engloba un país. Así, no debe sorprendernos una de las tendencias más claras de los cuarenta años de despliegue del neoliberalismo: cada vez más empresarios entran en política, persuadiendo a la población de sus capacidades en base a su experiencia en los negocios. Trump, sin duda, encarna eso como nadie. Se presenta diciendo: “Soy el mejor negociador. Sé cerrar tratos mejor que nadie. Conviene recordar que el Primer Ministro de Tailandia, en los años noventa se autoproclamó literalmente el Director Ejecutivo (CEO) de Tailandia. Y no lo dijo en broma.
HEMOS TENIDO UNA SERIE DE SENTENCIAS DEL TRIBUNAL SUPREMO QUE, BASÁNDOSE EN RAZONAMIENTOS JURÍDICOS NEOLIBERALES, HAN PERMITIDO LA ENTRADA DE FINANCIACIÓN CORPORATIVA Y CAPITAL FINANCIERO PARA, EN ESENCIA, COMPRAR NUESTRAS ELECCIONES
Su extenso trabajo en el ámbito de la ciencia política se ha basado en elaborar, entre otros conceptos, una teoría del neoliberalismo o, como usted lo denomina, la “razón neoliberal”. Para ello, sitúa al filósofo francés Michel Foucault como el punto de irradiación de una ideología que llegará en la actualidad a ámbitos como la educación universitaria, la ley o los gobiernos. ¿Nos puede poner ejemplos concretos en el caso de Estados Unidos?
Algunas de las maneras concretas en las que la neoliberalización ha avanzado hasta afectar también a la democracia incluyen, por ejemplo, las maniobras sucesivas para privatizar bienes anteriormente públicos. Hay muchos casos en EE.UU, aunque quizá uno de los mejores ejemplos sea la privatización de las universidades públicas, algo que también ha sucedido en gran parte de Europa. Otro ejemplo es la privatización de los parques, que siguen siendo accesibles al público, pero se financian con cuotas al usuario. Si quieres acceder al parque, tienes que pagar. Quizá lo más importante en tanto a que atañe a la democracia en sí misma, y de nuevo con EE.UU como ejemplo, es la inundación del proceso electoral con dinero de las grandes corporaciones. Hemos tenido una serie de sentencias del Tribunal Supremo que, basándose en razonamientos jurídicos neoliberales, han permitido la entrada de cantidades ilimitadas de financiación corporativa y capital financiero para, en esencia, comprar nuestras elecciones.
Un aspecto relevante de su teoría es que esta ideología ha llegado a transformar tanto los principios fundamentales de las instituciones democráticas liberales como la de los imaginarios democráticos más radicales.
Hay que pensar más allá: el neoliberalismo no entiende de partidos. Hay neoliberales de izquierdas y neoliberales de derechas. Es algo que sabemos desde Mitterrand en Francia, pasando por Blair en Inglaterra y los Clinton en EE.UU. Ellos también basaron su experiencia, su reputación y su legitimidad en ser buenos privatizadores, expertos en negociar acuerdos, y en ser lo que aquí llamamos ‘empollones de la política’. Es importante que recordemos que en EE.UU fue Bill Clinton el que, según sus propias palabras “terminó con el estado del bienestar tal y como lo conocíamos”. Fue el fin del estado de bienestar, anunciado a bombo y platillo por los Clinton mientras hacían gestos simbólicos hacia cuestiones de justicia social.
Y luego está en este país lo que podemos llamar el ‘neoliberalismo de Silicon Valley’. El centro global de la innovación tecnológica y la creatividad es un mundo decididamente neoliberal. Cree en la desregulación absoluta, la privatización, la libertad individual y las grandes cantidades de capital riesgo. Estamos ante un mundo muy moderno, socialmente progresista, gay, en cierto modo feminista, que hace guiños a la multiculturalidad y sin embargo es consumadamente neoliberal, contrario a la intervención del estado y favorable a los mercados y el gran capital financiero.
Se refiere también al aspecto espiritual o subjetivo del neoliberalismo. ¿Podría desarrollar esta idea?
Hay otro aspecto importante del neoliberalismo, que es la transformación de uno mismo, o del sujeto. En cierta medida, no tiene demasiado que ver con la monetización, sino con todo un abanico de prácticas que incluyen, por ejemplo, las dietas que miden las calorías, el ejercicio, la educación, el ocio, el contabilizar la cantidad de hierro y otros nutrientes que ha ingerido uno. Calcular si tal o cual inversión en la educación reportará mayores beneficios para nuestro capital humano. Todo esto nos hace cómplices, y a menudo partidarios de las políticas de privatización y desregulación, pero también hace de sujetos altamente gobernados. Nos imaginamos que somos libres pero, en realidad, nunca hemos estado más autorregulados.
NOS IMAGINAMOS QUE SOMOS LIBRES PERO, EN REALIDAD, NUNCA HEMOS ESTADO MÁS AUTORREGULADOS
Señala que los muros entre naciones son hoy en día el mejor ejemplo de cómo la disminución de la soberanía de los estados en el nuevo escenario de poder global genera una nueva ansiedad nacionalista... 
Mi manera de leer este fenómeno no es tanto que los muros mantengan a raya las diferentes cosas que ciertos países quieran excluir, como el terrorismo, las armas, las drogas, la inmigración, etc. Más bien, sirven para movilizar un imaginario particularmente nostálgico del pasado de una nación. Trump es muy eficaz a la hora de movilizar esa respuesta racializada y xenófoba a los efectos de la globalización, igual que hacen la mayoría de los políticos de derecha. Marine Le Pen, el partido Alternativa para Alemania, todos los partidos de extrema derecha consiguen desviar los males de la globalización y el neoliberalismo hacia la figura del inmigrante oscuro, criminalizado y terrorista. “America first”, “América primero”, “América para los americanos”, y todo el resto son agentes contaminantes. Destruyen nuestra comunidad, la imagen de lo que somos.
¿Puede explicar en qué es diferente lo que representa el muro de Trump del antiguo muro de Berlín, por ejemplo?
Lo que hace Trump cuando dice que “no se puede tener un país sin frontera” es dirigirse precisamente a una triple ansiedad o miedo por parte de sus votantes: primero, que los trabajos desaparecen porque se los llevan a otros lugares; después, que los inmigrantes entran en masa para robar el trabajo de la población autóctona; y finalmente, que la amenaza del terrorismo y del crimen también se cuela por la frontera, y que se supone que el muro detendrá todas esas tendencias. El ejemplo perfecto es el muro fronterizo entre EEUU y México, que en realidad no ha cambiado la cantidad de inmigrantes. Esa cantidad sube y baja dependiendo de la demanda de fuerza de trabajo indocumentada en EE.UU. Pero sirve para construir un imaginario de nación. Imaginamos que somos una nación blanca sitiada por riadas de inmigrantes no deseados, drogas y todo lo demás, y que levantamos una barricada contra eso para proteger nuestra existencia civilizada y purificada.
¿Podemos afirmar, entonces, que Trump representa un giro proteccionista que da por acabado la hegemonía ideológica del neoliberalismo?
Trump está atrapado por la clásica encrucijada neoliberal-neoconservadora, que por un lado pretende recortar impuestos, y por tanto los ingresos del Estado, y por otro lado tiene un plan de inversiones en infraestructura descomunal, tanto a nivel militar como de construir el nuevo muro. Los pequeños elementos protofascistas de una economía política construida en torno a un proyecto nacionalista basado en la construcción de infraestructuras a gran escala, el levantamiento del muro y demás están a punto, pero la base económica sigue atrapada por la lógica neoliberal de recortes, privatización y desregulación, de modo que no funcionará. Los verdaderos principios no pasan por cuestionar el valor máximo del mercado. Lo que buscan es volver a afianzar las economías neoliberales a nivel nacional. Esta versión concreta de un neoliberalismo autoritario, proteccionista y nacionalista que vemos hoy en día no supone el fin de la neoliberalización. Pero sí creo que estamos, sin duda, ante un nuevo capítulo.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=234781

jueves, 30 de noviembre de 2017

Escuchemos: "Mientras los movimientos se limiten a luchar por conquistas específicamente sectoriales que además se encuentran encorsetadas por los límites que le establece el propio Estado, entonces difícilmente se podrá articular luchas de transformación y cambio más global, y solo podrán conformarse con avances puntuales, constreñidos al régimen imperante".

Oteando entre una “izquierda” que no lo es y un izquierdismo conservador
El síndrome del autoconvencimiento errado

30 de noviembre de 2017

Por Arturo D. Villanueva Imaña (Rebelión)


Lo que se quiere demostrar
El comportamiento humano siempre será motivo de investigación y curiosidad, pero sobre todo de enorme sorpresa, en vista de la increíble como inagotable capacidad que tenemos para sorprendernos a nosotros mismos, e ingeniarnos modos de reacción y respuesta frente a lo que sucede.
 Si bien es cierto que el título del artículo (muy lejos de insinuar un contenido político), puede inducir a imaginarnos un análisis centrado en el comportamiento y los trastornos que sufren algunas personas, sea oportuno precisar que no siendo nuestro interés indagar causas o motivos subjetivos o sicológicos que lo expliquen (tarea que muy bien podría interesar a sicólogos o siquiatras); en este caso abordaré el fenómeno desde otra perspectiva. Me refiero a la perspectiva de los hechos y los datos que se producen en la realidad, pero que extrañamente producen y provocan una incorrecta como equivocada percepción y apreciación sobre los mismos, para terminar dando como resultado también, un equivocado posicionamiento y respuesta frente a esa misma realidad. 
Es decir, trataré de explicar cuál es el tipo de lectura de la realidad que hace el gobierno de Evo Morales por una parte, y por otra, algunos sectores progresistas, plataformas ciudadanas y hasta movimientos sociales preocupados por el estado de cosas en el país; con el objeto de explicar primero cómo se produce este síndrome de lo que llamo el autoconvencimiento errado y, segundo, cuáles son las consecuencias de esta distorsión en el campo social, económico y político. Ya decía Marx que no siempre (y casi nunca) los hechos son como se presentan, porque si así fuese no habría necesidad de una ciencia que se ocupe de desentrañar los acontecimientos.
Para el efecto, hay que señalar que el síndrome del autoconvencimiento errado lo entendemos como un fenómeno por el cual el sujeto (en este caso político), termina autoconvencido de que la lectura que hace de la realidad es la única correcta, pero que además aplica (esa misma interpretación) como fórmula de acción y respuesta ante los acontecimientos y la realidad. A partir de ello, se entenderá que lo que se busca desentrañar son dos aspectos. Por una parte, por qué el gobierno de Evo Morales no representa ninguna alternativa de izquierda, y mucho menos encara tarea alguna de transformación y cambio, a pesar de su incansable adscripción discursiva y verbal con la izquierda y el socialismo. En segundo lugar, por qué algunos sectores sociales progresistas (muchos de los cuales sintiéndose escaldados por lo que hizo y representa el llamado socialismo del siglo XXI, y que por eso mismo no quieren y hasta rechazan denominarse como izquierdistas, menos socialistas), tampoco muestran ninguna posibilidad para ofrecer una alternativa postpopulista y, menos, postcapitalista, a pesar de que también están empeñados en mostrar un rostro nuevo, frente al descontento que representa el gobierno de Evo Morales, como el rechazo generalizado que provoca la antigua derecha neoliberal. 
En el caso del gobierno de Evo Morales, dicho síndrome se traduce en las políticas públicas y el modelo económico que aplica; y en el caso de los sectores que identificamos como progresistas, se traducen en las propuestas y la forma de encarar la oposición política frente al estado de cosas y ante el próximo periodo de transición democrática del 2019. 
Es claro que en este análisis no se contempla en absoluto lo que hace o podrían intentar aquellos sectores tradicionalmente derechistas y conservadores, por la completa irrelevancia que tienen, no solo por razones de desinterés y rechazo que provocan en la mayoría del pueblo, sino por su propia incompetencia, incapacidad y falta de todo sentido de ubicación frente a los acontecimientos nacionales. 
El gobierno del MAS
En vista de los innumerables ejemplos evidenciados y conocidos públicamente, es ya un hecho incontrovertible y ampliamente divulgado, la descarada incongruencia entre discurso y práctica que aqueja al gobierno de Evo Morales. 
Tanto es así, que los ejemplos se remiten a los más diversos campos que van, solo como ejemplo, desde lo que sostienen respecto a los derechos de la naturaleza y lo que hacen con ella, pasando por lo que ocurre con los derechos de los pueblos indígenas y la supuesta identidad indigenista del gobierno, hasta la desvergonzada actitud machista y patriarcal de la que el propio presidente ha hecho gala (con el respaldo de sus propias ministras y otras altas autoridades que se desgarran las vestiduras en otros casos conocidos, pero que no dicen nada cuando los mismos tienen origen en el propio gobierno), sin mencionar casos de violencia, agresión, violaciones y hasta feminicidios en las que no faltan autoridades y personalidades vinculadas al oficialismo, nada menos que en un contexto de transformaciones y cambio que el propio gobierno dice abanderar. 
Producto de este fenómeno de disonancia entre lo que se dice y lo que se hace, se explica tanto el abandono y traición al mandato popular y la propia Constitución que emergió como resultado de la Asamblea Constituyente, como la usurpación, el apropiamiento desvergonzado y el envilecimiento de los postulados populares a los que se adscribieron inicialmente, pero que posteriormente solo utilizaron como un discurso que pretende ser asociado a un ideario de izquierda y socialista, cuando en realidad representa los intereses más reaccionarios y conservadores de la derecha y el capitalismo neoliberal en la práctica.
No es necesario ahondar más en este campo, que a su turno constituye una de las principales causas del rechazo y el desencanto popular respecto del gobierno, porque son los propios hechos y noticias que surgen del accionar gubernamental, los que se encargan de evidenciar cotidianamente esta flagrante como reincidente incongruencia. 
El perverso legado político de esta impostura sin embargo no es despreciable; porque equivocadamente suele ser asociada (y malintencionadamente generalizada), como si se tratase de una característica propia o inherente a la izquierda, y porque también le facilita argumentos a la derecha y los intereses reaccionarios, para que ésta efectúe su tarea de descalificación y critica, y así mismo capitalice en su favor dichos despropósitos, siendo que se trata del mismo tipo de mañas, solo que reproducidas por un sujeto político (el gobierno del MAS), que pretende adoptar una identidad que no le pertenece. 
Lo más grave del asunto no se reduce a dicha incongruencia de la que por lo demás ya se han realizado varios análisis. Debe llamarnos también poderosamente la atención, la disonancia que se produce entre las medidas prácticas que adoptan, y lo que el gobierno cree que es el referente ideológico y político que lo identifica como de izquierda y socialista. Nada más falso. 
Es decir, que no solo existe una incongruencia entre el discurso y su práctica, sino también entre su práctica y lo que ellos creen (y muy astutamente reclaman) que es su referente ideológico. En el primer caso se trata de una flagrante disonancia entre el mandato popular y constitucional, y las medidas gubernamentales puestas en práctica que implican su traición y abandono. El ejemplo más importante es la imposición de la Agenda 2025, que sustituye y tergiversa completamente el mandato programático contenido en la Constitución Política del Estado. En el segundo caso, la incongruencia se produce entre las medidas y políticas públicas que adoptan fundamentalmente a partir del segundo mandato presidencial (2009), y lo que el gobierno considera y cree que se trata de un ideario de izquierda y socialista. Frente a semejante situación, es imposible dejar de sospechar de un sórdido oportunismo y una maquiavélica astucia. 
Veamos con más detenimiento el segundo caso, porque lo que se encuentra en juego no es meramente un posicionamiento falso y equivocado (del que finalmente nadie está exento y hasta podría ser razonablemente justificable), sino el futuro y el destino final de la Nación.
Un ejemplo emblemático (en tanto puede ser entendido como un hito que resume al conjunto de pasos previos, entre los que se encuentran por ejemplo las conferencias internacionales de Nueva York -promovida nada menos que con el Financial Times- y Londres -con el mismo propósito- de convencer y convocar a la inversión extranjera internacional para que se localice en Bolivia), es el reciente IV Foro Internacional de Países Exportadores de Gas que se reunió en Santa Cruz, y donde Bolivia (a puertas cerradas), subastó 80 áreas de exploración hidrocarburífera entre 27 empresas internacionales acreditadas.
Más allá del inaudito acto de entreguismo antinacional y neocolonial con el que se firmaron diversos contratos con las transnacionales (que por supuesto se encuentra en la antípoda del discurso antiimperialista gubernamental), el mencionado Foro Internacional sintetiza un conjunto de medidas y disposiciones previas que son sustancialmente procapitalistas y responden a un modelo extractivista y neoliberal propio de la derecha. Dichas medidas han ido desde la concesión y ampliación de facilidades, incentivos y garantías (que inclusive afectan y nos quitan ingresos nacionales propios provenientes del IDH para entregárselas a las corporaciones transnacionales), pasando por la flexibilización de normas y procedimientos (entre las que se encuentra por ejemplo la realización del proceso de consulta a los pueblos indígenas), con el objeto de facilitar la entrega y concesión de extensas zonas de exploración y explotación de los recursos naturales; hasta la apertura indiscriminada de áreas protegidas y territorios indígenas (de alta biodiversidad y estratégicos servicios ambientales como la producción y conservación de lluvia y agua, de la que varios departamentos del país se quejan y padecen por recurrentes y cada vez más críticos periodos de sequía), y que tienen el mismo propósito extractivista y explotador.
Ahora bien, cuáles son los argumentos que justifican y fundamentan semejantes medidas del gobierno boliviano? El propio presidente Evo Morales ha señalado que lo que se busca es otorgar todas las garantías para atraer la inversión internacional que permitirá incrementar la producción actual de hidrocarburos, mejorar los ingresos y garantizar el crecimiento económico del país. Es decir, unas razones y unos propósitos que no podían ser más capitalistas y burgueses (salvo, claro está, que detrás de ello se crea que no existe ninguna contradicción entre este tipo de iniciativas económicas promovidas y su carácter empresarial, capitalista y de derecha). 
El gobierno de Evo Morales está convencido de que una vez superado este corto periodo de crisis y drástica reducción de los precios internacionales de las materias primas (especialmente de los hidrocarburos), y que produjeron la drástica reducción de ingresos nacionales que afectó tanto a la economía; se puede volver a crecer. En su desesperación por continuar alentado un desarrollismo salvajemente extractivista que le ha permitido “sembrar cemento” (como él mismo dijo) y persistir en esa afiebrada rutina de construir e inaugurar mega obras generalmente inútiles como innecesarias, no se da cuenta que ese corto periodo de reducción de los precios internacionales, NO es pasajera, sino que es mundial y corresponde al conjunto del sistema capitalista (que él se empeña en sacarlo de la terapia intensiva en la que se encuentra, ofreciéndole nuevas áreas de explotación y extractivismo).
El gobierno de Evo Morales lo que hace es enfrentar la declinación económica y el decrecimiento, ahondando los factores que agudizarán el problema. Con tal de recuperar la vitalidad de la economía, ofreciendo una estabilidad que irremediablemente depende de lo que sucede con la dinámica del sistema capitalista global (y no como él se imagina de las medidas que adopte su gobierno); lo que hace (además de entregar y someter la soberanía del país a la voracidad de los intereses capitalistas transnacionales), es entregarse al sistema y formar parte de su lógica capitalista y de un extractivismo salvaje de los recursos naturales. Es decir, se hace parte del problema y NO de su solución. 
Llegado a este punto como se podrá advertir, ya no se trata únicamente de la cruda inconsistencia que demuestra que el gobierno de Evo Morales no es de izquierda y socialista (como se quiere hacer pasar); sino algo más grave. Que la lógica y el modelo económico que sustenta no solo es procapitalista, neoliberal y de corte burgués (en el sentido más conservador y reaccionario), sino que es parte y aplica un modelo que atenta contra las bases de sustento mismo de La Vida (en su sentido más integral y completo), así como contra la posibilidad de establecer una relación armoniosa con la naturaleza, respetar sus derechos y los derechos de los pueblos indígenas (que se han constituido globalmente en el baluarte indispensable para resguardar los últimos y únicos medios para que el planeta pueda alentar un mínimo resquicio antes de su completa destrucción). 
Se trata de una nueva fase, una etapa diferente de la decadencia del sistema capitalista que no ha logrado ser asimilada por el gobierno de Evo Morales, sino que por el contrario ha sido fagocitado por él, convirtiéndolo en parte y engranaje de la declinación y de su propia crisis. Por eso puede sostenerse que el gobierno de Evo Morales es un gobierno impostor, pero además es un gobierno que de prorrogarse (como también quiere desesperadamente), llevará al desastre al país. 
Una izquierda conservadora que quiere fungir como oposición “progre”
Sin lugar a dudas podría decirse que se trata de una izquierda trabalenguas, porque acoquinada e insegura como está, pero sobre todo persuadida de que el debate izquierda-derecha pertenece a la prehistoria; entra en cólera y rechaza toda posibilidad de identificarse como de izquierda, y menos socialista (porque entre otras cosas la “modernidad” habría dado lugar a novedosas ideas y diferentes posicionamientos, y porque además el socialismo del S. XXI habría demostrado hasta el agotamiento sus límites). 
En este caso el problema también es digno de análisis. Sucede que más de 11 años de gobierno no han pasado ni pesado en vano. Han marcado tanto la posibilidad de construir alternativas, que el solo hecho de saber lo que se ha sucedido a nombre de izquierda y socialismo, ya de por sí genera una resistencia que tiende a desmarcarse completamente de tal identidad, pero además de no reconocerse con una corriente que representaría todos los antivalores y los peores principios. No es poco (y hasta podría decirse que es razonablemente lógico: nadie en su sano juicio se identificará con lo que se desprecia). A su turno (efectuando una digresión marginal), eso mismo explica y sucede con una buena parte de la población nacional, que rechazando y repudiando completamente la otra cara de la medalla que representa aquella derecha neoliberal y tradicional que fue expulsada –revueltas populares de por medio-, también se pregunta: y entonces qué elijo?
Pero volviendo al tema central del acápite, lo que se desea destacar es ese mismo fenómeno de autoconvencimiento errado al que hicimos referencia al inicio, por el cuál este sector (buena parte del cual se ha adherido y participa en diversos colectivos, plataformas, grupos de ciudadanos autoconvocados, etc., que se han organizado con diferentes propósitos), y que tratando de distanciarse de aquella derecha tradicional y del propio masismo, se ha dado a la tarea de buscar un candidato y una figura (nueva y no contaminada), y en algunos casos a plantear algunas innovaciones programáticas que puedan servir de gancho para atraer el enorme descontento popular que existe contra el gobierno, así como el rechazo que provoca aquella derecha neoliberal expulsada. 
En este caso, sin desdeñar la adopción de poses “progre”, pero que expresa y desesperadamente quieren desvincular de cualquier relación que pudiese tener con la izquierda y el socialismo, no terminan de comprender que al plantear únicamente reformas (o inclusive el cambio de régimen gubernamental), lo único que favorecen es precisamente la perpetuación del sistema y el modelo (procapitalista, extractivista y neoliberal), que supuestamente rechazan en la figura de Evo Morales y su gobierno. 
Es decir, también se adhieren a la lógica y el modelo imperantes, privándose de la oportunidad de plantear una alternativa post populista y post capitalista como corresponde, si efectivamente quisiesen constituir una real alternativa política. En otras palabras, no son ni constituyen una alternativa diferente como quieren mostrarse; pero además convalidan y forman parte de una lógica y un modelo que, en el mejor de los casos, lo que podría conseguir es la optimización y perfeccionamiento de los mecanismos y procedimientos del mismo sistema (de explotación, extractivismo, dominación, enriquecimiento de minorías, etc.), pero que cada vez más tienen el plus de destruir la naturaliza, el medio biótico y las condiciones de vida de todos los seres del planeta. En fin, nada nuevo a pesar de las sesudas disquisiciones que efectúan. 
Una mención aparte merecen aquellos movimientos sociales que entrañan importantes conquistas y que, de hecho, han planteado serias interpelaciones al gobierno, pero sobre todo a la posibilidad de construir un mundo diferente. Es el caso de los pueblos indígenas, los movimientos feministas, antipatriarcales y contra la violencia hacia las mujeres en todas sus manifestaciones, los movimientos obreros, y todos aquellos otros sectores sociales que han protagonizado luchas y resistencias de gran envergadura en el país. 
En ningún caso se cuestiona o relativiza sus luchas y conquistas (todo lo contrario), pero en honor a un sano criterio crítico, hay que señalar su encapsulamiento y el excesivo celo para concentrarse casi exclusivamente en la defensa de su causa y los asuntos que les incumben; lo que les ha impedido en gran manera articularse y construir movimientos de alcance más holístico y antisistémico, que propiamente sectorial como se dieron. 
Mientras estos movimientos se limiten a luchar por conquistas específicamente sectoriales que además se encuentran encorsetadas por los límites que le establece el propio Estado, entonces difícilmente se podrá articular luchas de transformación y cambio más global, y solo podrán conformarse con avances puntuales, constreñidos al régimen imperante. 
Estos son los desafíos que quedan en lo inmediato. Se trata de un panorama sombrío, qué duda cabe, puesto que tal como está encaminada la situación, sólo es previsible la reedición y/o instalación de un régimen derechista, reaccionario y cada vez más brutalmente extractivista en Bolivia. 

Arturo D. Villanueva Imaña, Sociólogo, boliviano.