viernes, 17 de enero de 2020

“Del compartir y conocernos, surge la CAT (Coordinadora de Asambleas Territoriales), punto de encuentro a nivel metropolitano de las diversas asambleas presentes en la región. Un espacio para construir poder popular desde el cuestionamiento intrínseco de qué es lo que queremos como organizaciones que están al margen de las élites políticas y cómo construimos nuestra soberanía desde ese lugar".

Chile. Gran Encuentro de Asambleas Territoriales para seguir atizando el fuego de la lucha

Convoca: Coordinadora de Asambleas Territoriales (CAT)
Resumen Latinoamericano, 15 enero 2020
Inscripciones en http://www.asambleasterritoriales.org/encuentro
Octubre del 2019 será un mes imborrable en la memoria histórica de nuestro país, define el antes y después en la forma de hacer política participativa real, desde sus bases.
El 18 de octubre marca el momento en que las vecinas y los vecinos decidieron unirse en pos de un sueño común, un país digno en el que vivir. A partir de ese día diversos grupos humanos comenzaron a organizarse de forma horizontal, dando cuerpo a las asambleas autoconvocadas, organizaciones territoriales que hacen política desde sus espacios comunes.
Desde la necesidad de organización, del compartir y conocernos, surge la CAT (Coordinadora de Asambleas Territoriales), punto de encuentro a nivel metropolitano de las diversas asambleas presentes en la región. Un espacio para construir poder popular desde el cuestionamiento intrínseco de qué es lo que queremos como organizaciones que están al margen de las élites políticas y cómo construimos nuestra soberanía desde ese lugar.
A tres meses del hito del estallido social ha llegado el momento de encontrarnos, saludarnos y seguir caminando juntos en este proceso de construcción social, es por eso que las y los invitamos a participar activamente del 1° Gran Encuentro de Asambleas Territoriales, un espacio político-cultural que permitirá visibilizar a las diversas organizaciones y asambleas que han estado cimentando la idea de soberanía popular desde las bases del territorio.
Queremos y necesitamos que todas las asambleas de la Región estén presentes, hagamos sentir que conquistar nuestras demandas, acabar con la impunidad y una nueva Constitución para los pueblos de Chile depende de la unidad y de las acciones que desarrollamos desde el cotidiano en nuestros espacios políticos de creación.
Trae a tu Asamblea, a tu vecina, a tu vecino, a tu vecine.
Inscribe a tu asamblea en http://www.asambleasterritoriales.org/encuentro

Fuente: http://www.resumenlatinoamericano.org/2020/01/15/chile-gran-encuentro-de-asambleas-territoriales-para-seguir-atizando-el-fuego-de-la-lucha/

"También nosotros y nosotras despertemos ese estímulo tan indispensable que es el internacionalismo solidario. Chile, su pueblo, su corajuda juventud, nos está convocando con el ejemplo. No les fallemos, acerquemos un saludo fraternal que no signifique solo eso, sino que nos comprometa a que las calles de nuestros países también vean flamear esas dos banderas (la chilena y la mapuche) que se han hermanado para siempre. Que nuestros vecinos y vecinas se enteren que lo que allí ocurre no es por casualidad sino porque el imperialismo y el capitalismo asfixian a los pueblos de tal manera que un buen día «se viene el estallido». Y se convierte en imparable".

Chile. Llamamiento urgente a la solidaridad internacionalista con la lucha del pueblo chileno

Por Carlos Aznárez *
A las organizaciones sociales y populares, a las y los trabajadores, a las y los intelectuales de Nuestramérica:
Ya van tres meses del gran levantamiento popular que vive Chile. Desde aquellos días de mediados de octubre del 2019 en que un bullicioso grupo de estudiantes decidiera evadir (colarse) en el Metro santiaguino protestando por el altísimo costo del pasaje (más de un dólar) y con ello despertar a la sociedad chilena de un prolongado sueño, el país ha vivido un sacudón que sin dudarlo dio nacimiento a un nuevo Chile.
La valentía de aquellos «cabros y cabras» que burlaron la vigilancia del Metro y luego fueron reprimidos violentamente por los carabineros generó una cadena de solidaridades para con los golpeados y heridos estudiantes. Todos a una, el pueblo de Chile salió a las calles y no las abandonó hasta el presente. Miles y miles de jóvenes generaron otras tantas acciones de repudio al accionar policial que muy pronto recondujo la protesta a un salto cualitativo. La exigencia que hoy recorre todo Chile está sintetizada en dos consignas: «Piñera renuncia!» y «Pacos culiaos», refiriéndose con ironía y rabia a esa institución de características nazis que torturó y asesinó durante la dictadura pinochetista y ahora sigue repitiendo ese guión contra quienes protestan pacíficamente.
A partir de esas primeras duras escaramuzas de octubre muchos imaginaron que esta revuelta iba a ser lluvia de verano y que los jóvenes, hartos del capitalismo salvaje y de sentirse excluidos en todo sentido, iban a aflojar. Que «se les iba a pasar la huevá«, como sugirió un ministro. Nada de eso ocurrió, sino todo lo contrario. La rebelión juvenil se convirtió con el correr de los días en una masiva movilización interclasista que abarca todas las edades. Juntar cientos de miles o incluso un millón de personas en la rebautizada Plaza de la Dignidad, se fue convirtiendo en un escenario habitual. Y todo ello a pesar de la cada vez mayor represión, de los potentes chorros de agua con soda caústica que queman el cuerpo, de los gases vomitivois y de los balines arrojados a la cara y a los ojos, siguiendo las enseñanzas israelíes en el tema. Nada hizo retroceder a este huracán que sabe qué es lo que no quiere y qué lo mueve a la rebeldía. » nos hemos despertado y luchamos por nuestra dignidad». Ni más ni menos.
Nada amilanó la saludable bronca de los que «no tienen nada que perder porque lo hemos perdido todo», ni siquiera los hizo recular la salida de los milicos, el toque de queda, los fusilamientos clandestinos, las torturas y asesinatos de los «pacos culiaos». Nada le sirvió a la dictadura, cuyos funcionarios hoy no pueden pisar la calle, salvo disfrazándose, si no quieren que los escupan, los funen (escrachen) o como ocurre en los estadios y en cada plaza del país, les hagan oir el hit del verano chileno: «Piñera conchitumadre, asesino igual que Pinochet».
Este movimiento imparable es asambleario, horizontal por donde se lo mire, sin líderes al estilo de otras épocas pero con el voto de confianza a los y las que luchan en primera línea poniendo el cuerpo a los balines, los gases o la muerte emboscada. Este movimiento, está al margen de los políticos burgueses, de todos ellos sin distinción, incluidos los de cierta «izquierda» que pactó con Piñera una Constituyente que no es la que reclaman los de abajo. «La nuestra será inclusiva, popular, protagónica, feminista y con los pueblos originarios», dicen. Este movimiento de masas en la que están integrados los nietos de aquellos miles que se jugaron el pellejo por hacer la Revolución en los 70 y muchos fueron asesinados en el intento, es la expresión más acabada de una singular revolución cultural y política del siglo XXI. Une, en la fuerza que da el estar cotidianamente espalda con espalda en la calle, el legado histórico de las rebeldías chilenas, desde Manuel Rodriguez hasta Víctor Jara, Salvador Allende y Miguel Enriquez, pero no necesita exponerlos en carteles o banderas, sino que incorpora el canto, la poesía y la bronca de las nuevas insurgencias. Para estos jóvenes pesan otros nombres más cercanos, como Mauricio Fredes, de la primera línea, muerto en la refriega con los «pacos», a metros de la Plaza de la Dignidad. O Gustavo Gatica, que quedó ciego por los balines apuntados a los ojos.
Estos luchadores y luchadoras, escriben sus documentos y declaraciones en las paredes, con textos creativos, al igual que los son las pancartas artesanales con que se movilizan. Son una fuerza arroladora cuando enfrentan la brutalidad bélica de los uniformados, quienes no entenderán nunca por qué esos «cabros y cabras» tan pequeños, que llevan en la mano una bandera chilena o una mapuche, se ríen y bailan, corren como jugando, se montan en bicicletas, cantan al son de la música que transmite la Radio Plaza de la Dignidad. Se besan apasionadamente o se abraza para acuerparse mientras a su alrededor estalla un pandemonium de gases, explosiones y alaridos. Son la vida frente a la muerte, porque «hemos perdido el miedo».
La revuelta es territorial, ora estalla en Santiago, ora en Valparaiso, en Pudahuel Sur, en Antofagasta, Temuco, Concepción o Iquique. El país entero «ha dicho basta y echado andar», golpeando las cacerolas (a las que rinde homenaje la combativa rapera Ana Tijoux) o enfrentando a los fusiles con piedras o hasta con los puños.
Frente a toda esta gigantesca movida, la dictadura ha logrado que sus medios hegemónicos sumisos callen vergonxosamente, censuren lo evidente, intenten tapar la realidad, pero ésta una y otra vez se les viene encima. Y esto no solo ocurre en Chile, sino que el discurso único impera en toda la genuflexa prensa del continente. Pero lo que no han podido amansar es a las cientos de guerrillas comunicacionales que a través de videos en las redes van denunciando los horrores de la represión y las pequeñas pero gratificantes victorias de los movilizados.
De allí el motivo fundamental de esta nota urgente, escrita desde las entrañas y con la pasión que nos provoca semejante rebelión popular. Se hace necesario que en el lugar donde nos encontremos hagamos nuestra la causa del pueblo chileno, que no los dejemos solos en el intento de restaurar una sociedad en la que quepan todos y todas. Que rompamos el muro de la desinformación y de la manera que podamos, en cada ciudad, en cada país, nos manifestemos, abrazando a las y los que luchan en la patria de Gabriela Mistral.
Es hora que también nosotros y nosotras despertemos ese estímulo tan indispensable que es el internacionalismo solidario. Chile, su pueblo, su corajuda juventud, nos está convocando con el ejemplo. No les fallemos, acerquemos un saludo fraternal que no signifique solo eso, sino que nos comprometa a que las calles de nuestros países también vean flamear esas dos banderas (la chilena y la mapuche) que se han hermanado para siempre. Que nuestros vecinos y vecinas se enteren que lo que allí ocurre no es por casualidad sino porque el imperialismo y el capitalismo asfixian a los pueblos de tal manera que un buen día «se viene el estallido». Y se convierte en imparable.
*Director de Resumen Latinoamericano e integrante de «Resistir y Luchar» Alba Movimientos
Fuente: http://www.resumenlatinoamericano.org/2020/01/15/chile-llamamiento-urgente-a-la-solidaridad-internacionalista-con-la-lucha-del-pueblo-chileno/

II. Enfrentemos al capitalismo que por expropiar bienes comunes implantó terrorismo paraestatal y estatal en los setenta y hoy:

La situación crítica de los Derechos humanos en Chile se traslada al Parlamento sueco y se espera reacción de 
la Unión Europea
17 de enero de 2020


Por Equipo Comunicación Mapuche (Rebelión)
Lorena Delgado, diputada por el Partido Sueco, Vänsterpartiet, estuvo de visita en Chile la segunda semana de enero del 2020, reuniéndose con representaciones políticas y de organizaciones sociales, recibiendo una serie de antecedentes con respecto a las violaciones a los derechos humanos que se han cometido en el País en el marco del denominado “estallido social”, requiriéndose su gestión para extender informes y diligencias al parlamento de dicho País.
Al respecto, el Equipo de Derechos Colectivos y el Equipo de comunicación Mapuche, entregó una misiva a la Parlamentaria Sueca de origen chilena, por medio de la comunicadora y educadora, Andrea Cohen Marinao, quien le indicó: “Me han pedido que te entregue un documento y que te lo vas a llevar digitalmente, respecto de los tratados internacionales que están firmados por Chile, para que ningún País que ha firmado los tratados internacionales de Derechos Humanos, pueda hacer comercio con quienes violan los derechos Humanos. Es muy importante Lorena, que los documentos que se te entregan los puedas revisar y plantearlo en la Cámara y que Suecia sea uno de los países que se oponga al comercio con Chile mientras se estén violando los Derechos Humanos (…) Necesitamos que esto se revitalice y se aplique desde el Parlamento Sueco”.
Los equipos de trabajo recientemente han manifestado al respecto: “Se entiende que los Tratados de Libre Comercio deben someterse a los Tratados Internacionales de Derechos Humanos y la violación de las mismas debería provocar la suspensión inmediata del acuerdo comercial, sin embargo han pretendido imponerlos como herramientas legales de grupos privados que empujan por mantener una apertura comercial indiscriminada en los países donde se exportan materias primas y ciertos productos. Esto se realiza a través de los llamados temas regulatorios o temas asociados al comercio, por ello, los gobiernos que se dicen democráticos no pueden hacerse cómplices de las atrocidades cometidas en Chile, porque dichas violaciones se relacionan directamente con mantener a la fuerza el status quo imperante y el régimen político primitivo que se ampara en la actual Constitución Política”.
Cabe señalar que Suecia es parte de los veintiocho países miembros de la Unión Europea (UE) y a su vez, todos los Estados miembros son partes de los Tratados de la Unión Europea, que son el Tratado de la Unión Europea (TUE) y el Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea (TFUE).
Chile mantiene un Acuerdo de Asociación con la Comunidad Europea y sus estados miembros, y entró en vigor el 1° de febrero de 2003, el que luego fue revisado y “modernizado” entre el 2017 y 2018. Un elemento esencial en estos acuerdos comerciales, es la cláusula que estipula el respeto de los principios democráticos y de los derechos humanos como fundamento de cooperación, ya que su incumplimiento autoriza a cualquiera de las partes a tomar medidas e incluso puede ser causal de la suspensión de la aplicación del acuerdo si se vulneran estos principios.
Al 30 de diciembre de 2019, según registros oficiales del Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) desde el 18 de octubre, iban 9.589 personas detenidas, incluyendo a 1.100 niños, niñas y adolescentes. 3.583 personas heridas por disparos de distinto tipo de municiones, incluye 359 casos con estallido o mutilación ocular, que se ha convertido en una practica estatal, siendo incierto el número de muertes en el marco de este estallido social, estimándose en 27 personas.
Para los Equipos de Comunicación Mapuche y de Derechos Colectivos, es grave que el Estado bajo la administración del gobierno de Sebastián Piñera, abiertamente viole los derechos humanos, atente contra la libertad de expresión, atente contra la vida e integridad de manifestantes, hechos que constan en los diversos informes oficiales de organismos internacionales de derechos humanos, quienes han manifestado alarma frente a estos hechos, “lo que debe generar que el mundo democrático revise los acuerdos comerciales con Chile de manera urgente”, señalaron.
La diputada del Parlamento Sueco, Lorena Delgado, hizo pública una carta abierta al gobierno de Sebastián Piñera el 24 de octubre del 2019, indicando: “Como representante de uno de los partidos democráticos en Suecia quiero dar mi expresión sobre los acontecimientos, y también entregar un saludo de solidaridad a cada uno de las chilenas y chilenos que se encuentran en las calles luchando (…) Las exigencias de los movimientos sociales son justas, cada uno de nosotros merece una vida con dignidad, donde la educación, el acceso a comida y agua son elementos básicos de una sociedad libre y democrática. Donde tus hijos no arriesguen envenenarse por residuos tóxicos, y donde veamos un freno a los cambios climáticos. Donde los pueblos originarios se les respete y se cumplan los tratados internacionales como el Convenio 169.
¿Reacciones desde la Unión Europea por crisis de Derechos Humanos en Chile?
En diciembre del 2019, una delegación U. de Chile se reunió con autoridades de Suecia para reflexionar sobre los principales desafíos de la crisis y la institucionalidad en Chile, señalando al respecto la Coordinadora en el gabinete de la Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo (VID), Inta Rivas, luego de reuniones sostenidas con parlamentarios suecos: “Existe un gran interés por la situación chilena, sobre todo por la represión estatal y la vulneración de derechos humanos. Las autoridades hicieron una interpelación al gobierno sueco y en respuesta se declaró que continuarán observando la situación nacional. Además, se están creando comisiones a nivel de Unión Europea para viajar a Chile y analizar lo que está pasando. Por ello es muy relevante fortalecer el trabajo transdisciplinar de ACCESS (Foro de Cooperación académica Chile y Suecia) y vincularlo con agrupaciones socioculturales de ambos países”, comentó.
De acuerdo a lo manifestado por la delegación, existe preocupación por los resultados de los informes de organismos internacionales en materia de violaciones a los derechos humanos ocurridas en Chile durante este último tiempo. Asimismo, las reuniones sostenidas profundizaron las formas de vulneración a mujeres, jóvenes y ciudadanía en general, junto con conocer las medidas tomadas por instituciones estatales para enfrentar esta crisis.
Cabe señalar que la tercera edición del Foro Chile-Suecia, fue reprogramada debido a la crisis en Chile, la que fue propuesta desde el 8 y 12 de junio de 2020 en las ciudades de Uppsala y Lund. “Cuando repensemos la organización de este evento internacional, indudablemente estará marcado por el proceso político social que se vive en Chile y en Latinoamérica en general”, indicó a comunicaciones VID, Andree Henríquez, Director del Proyecto de Internacionalización UCH.

I. Enfrentemos al capitalismo que por expropiar bienes comunes implantó terrorismo paraestatal y estatal en los setenta y hoy:

Pueblos tradicionales y originarios víctimas de asesinatos y agresiones en Mato Grosso do Sul,
Amazonas y Maranhão

17 de enero de 2020
Por Lu Sudré
Brasil de Fato


Año nuevo, violencia vieja. Los 13 primeros días de 2020, indígenas y quilombolas* fueron víctimas de asesinatos y ataques que dieron continuidad a la escalada de violencia que alcanzó a los pueblos tradicionales y originarios el año pasado.
El número de líderes indígenas muertos en conflictos en el campo, por ejemplo, fue el mayor en por lo menos 11 años. Datos de la Comisión Pastoral de la Tierra (CPT) registraron siete muertes en 2019, contra dos muertes en 2018. Las informaciones son preliminares y el balance final sólo será divulgado en abril de este año.
Entretanto, la tónica continua la misma. Apenas comenzado el 2020, el 2 de enero, cerca de 180 familias Guaraní y Kaiowá sufrieron una ofensiva de guardias privados en Dourados, en el estado de Mato Grosso do Sul. La confrontación, que duró 16 horas y terminó apenas al día siguiente, dejó siete indígenas heridos por balas de goma y proyectiles de arma de fuego.
Entre ellos, un indígena de 12 años que perdió tres dedos de la mano izquierda al manipular una granada dejada atrás por la policía. Los policías, de acuerdo con el Centro Indigenista Misionero (CIMI), fueron hasta el lugar durante el ataque de los guardias privados y también actuaron de forma violenta contra los indígenas.
La acción de guardias privados de hacendados contra los indígenas que ocupan los territorios en los límites de la Reserva de Dourados, de la cual fueron expulsados, es constante. Después del ataque de comienzos del año, la Defensoría Pública de la Unión (DPU) de Campo Grande solicitó al gobierno estadual que requiera el envío de la Fuerza Nacional de Seguridad Pública para atenuar los conflictos.
El primer domingo del año, 5 de enero, dos campesinos quilombolas fueron brutalmente asesinados en el municipio de Arari, en el estado de Maranhão. Lideres de la asociación quilombola de Cedro, Celino Fernandes y Wanderson de Jesus Rodrigues Fernandes, padre e hijo, fueron asesinados con tiros en el rostro después de que su residencia fuera invadida por cuatro pistoleros.
Según la CPT, los trabajadores habían denunciado el conflicto agrario entre la comunidad y grileiros**, que cercan – inclusive con cercas eléctricas – terrenos públicos de la región para la cría de búfalos.
Paulo Moreira, de la coordinación nacional de la CPT, evalúa que el primer año del gobierno de Bolsonaro profundizó la violencia contra los pueblos tradicionales de la selva.
“El recado del gobierno fue claro. No va a apoyar de forma alguna políticas para los pueblos y comunidades tradicionales. Eso está provocando, ha provocado a lo largo de los últimos años, ese incentivo a la violencia. El gobierno tiene una política de favorecer al capital, al agro negocio y a las mineras. Deliberada y sistemáticamente, paralizó las políticas para los pueblos del campo y avanzó en el sentido contrario”, denuncia Moreira, añadiendo que la perspectiva negativa se mantiene para 2020.
Durante la noche del 6 de enero de este año, el día siguiente al asesinato de los quilombolas maranhenses, tres indígenas del pueblo Miranha, de la Terra Indígena Cajuhiri Atravesado, en el municipio de Coari (estado de Amapá), también fueron asesinados. Las muertes ocurrieron debido a un conflicto local involucrando indígenas y no indígenas y desavenencias relacionadas a la extracción de la nuez de Brasil en la región.
Profesor, el indígena Joab Marins da Cruz fue asesinado en su casa, en la aldea Cajuhiri Atravessado. De acuerdo con la PM de Coari, Joab habría entrado en confrontación con el propietario de un rifle supuestamente robado por su hermano.
Inmediatamente después, Marcos Marins da Cruz y Francisco Marins da Cruz también fueron asesinados después de intentar localizar y perseguir a los autores de los disparos contra Joab. Uno de los asesinos está preso.
Para Paulo Moreira, no es coincidencia que gran parte de los conflictos y asesinatos contra indígenas y quilombolas históricamente sucedan en la Amazonía. El destaca que los territorios de los pueblos tradicionales son extremadamente valiosos y codiciados por diversos sectores.
“Es un mercado que avanza de forma violenta, incentivado por el Estado, a exterminar los pueblos para explotación de la selva. Es el fin de la selva”, lamenta el coordinador de la CPT.
Otra forma de violencia
Desde comienzos de enero, seis niños indígenas de menos de un año de edad también murieron en la región de la Terra Indígena Vale do Javari. En entrevista al CIMI, Jorge Duarth, coordinador del Distrito Sanitario Especial Indígena (DSEI), afirmó que las muertes ocurrieron debido a las condiciones insalubres del puerto local, donde atracan las canoas indígenas y no hay saneamiento básico.
También de acuerdo con informaciones del DSEI, la mayoría de los fallecimientos tuvo lugar en la ciudad de Atalaia do Norte, municipio brasileño del interior del estado de Amazonas.
Antonio Eduardo Cerqueira de Oliveira, secretario general del CIMI, analiza que la desestructuración completa de una red de asistencia que garantice derechos básicos es otra forma de violencia responsable por el aumento de muertes de indígenas en Brasil.
Como ejemplo, cita el desmantelamiento de instituciones importantes desde el inicio del gobierno de Jair Bolsonaro. Entre ellas, la Fundación Nacional del Indio (FUNAI), el Instituto Chico Mendes de Conservación de la Biodiversidad (ICMBio) y el Instituto Brasileño del Medio Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables (IBAMA).
“Las poblaciones indígenas y quilombolas están siendo colocadas como enemigas del Estado, del pueblo brasileño. Eso es terrible. El propio Estado brasileño patrocina una violencia tamaña que niños mueren y eso parece natural. Tres indígenas fueron asesinados y eso parece natural”, lamenta Cerqueira de Oliveira.
Según el, el gobierno de Bolsonaro tiene la intención de privatizar la atención de salud de las comunidades indígenas y ya inició el proceso de desarticulación de esa red.
Crítico al proyecto de minería en territorios indígenas presentado por el gobierno, el secretario del CIMI relata además que el fin del programa Más Médicos y la consecuente retirada de médicos cubanos de las regiones más vulnerables del país precarizaron aún más la atención a los indígenas.
“Son señales de que estamos viviendo una situación de barbarie. La población indígena, rural y más pobre, está completamente desprotegida”.
Notas [Brasil de Fato]
* Habitantes de quilombos: comunidades rurales ancestrales de población mayoritariamente negra, creados inicialmente por esclavos fugados.
** los grileiros legalizan tierras con títulos de propiedad falsificados.
Traducción: Pilar Troya, para Brasil de Fato.
Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=264568


Sepamos:El 31 de enero, en El Maitén, se reunirán las distintas delegaciones de la Asamblea No a la Mina, junto a organizaciones ambientalistas y comunidades mapuches de la zona, en lo que llamaron "Parlamento por el Agua".

Proyecto Calcatreu
Insisten con la megaminería
en Río Negro
17 de enero de 2020
Por Lorena Bermejo

Página12

A 82 kilómetros de Jacobacci, casi en la frontera con Chubut, el oasis canadiense de oro y plata se prepara para las exploraciones. En diciembre el gobierno provincial de Río Negro aprobó mediante el Departamento Provincial de Agua (DPA) la utilización de un pozo de agua de 2,5 millones de litros para que la minera Aquiline Argentina --que pertenece a la internacional Patagonia Gold-- empiece las excavaciones para confirmar la presencia de oro y plata que esperan extraer del yacimiento. Conocido como proyecto Calcatreu, el terreno está en las manos de una compañía con sede central en Canadá, que se dedica a la actividad minera en el sur argentino. La operación, concretada en 2017, costó 15 millones de dólares.  
Desde hace ocho años, distintas agrupaciones ambientalistas en Río Negro se reúnen y convocan manifestaciones para reclamarle al gobierno provincial que vuelva a poner en práctica la ley Nº 3981, que prohíbe la utilización de cianuro y mercurio en los procesos de extracción minera y fue derogada a fines del 2011. Con el antecedente de la derogación de la ley anticianuro en Mendoza , y los rumores de una posible modificación a la ley en Chubut , la activación de las exploraciones en Calcatreu “es la punta del iceberg de una fila de empresas que están dando vueltas por la provincia”, señala Claudia Huircan, de la Asamblea por el Agua y Territorio de Jacobacci, la ciudad más cercana al yacimiento. El pozo de agua que el organismo provincial puso a disposición de la minera contiene 2,5 millones de litros, que la empresa destinará para las excavaciones y lubricación de las perforaciones. Además, podrán bombear agua de napas subterráneas para abastecer el campamento de los trabajadores de la mina. “Hace años que la zona está en emergencia hídrica. Los pobladores rurales que viven en los alrededores de Calcatreu dependen del agua subterránea y de los arroyos, no solo para vivir sino para los animales, que son su fuente de trabajo”, explica Claudia. En la zona conocida como Línea Sur, que se extiende entre la cordillera y el mar siguiendo la ruta 23, el clima es árido, el viento fuerte y la lluvia una novedad. “No hay agua porque no llueve. En el año el promedio llega con suerte a los 200 milímetros”, relata Alejandro Yanniello, integrante de la organización ambientalista Piuké y de la Asamblea No a la mina en la ciudad de Bariloche.
El yacimiento de Calcatreu volvió a estar activo desde 2017 después de la negociación entre las empresas mineras, pero su historia en la provincia se remonta al 2005, cuando, con las excavaciones ya avanzadas, la minera tuvo que frenar el proyecto por un amparo presentado por el Consejo de Desarrollo de las Comunidades Mapuches (CODECI) y aprobado por el tribunal de justicia provincial. Ese mismo año, semanas antes, el gobierno provincial había aprobado la ley “anticianuro”, que derogó en 2011. “La minería fue uno de los proyectos de Pichetto en la provincia”, señala Yanniello. “En Jacobacci inauguró, en la universidad de Río Negro, la tecnicatura en hidrocarburos, que apunta a formar trabajadores para las mineras. Después la empresa instala internet, les da camisetas a los equipos de futbol locales, alguna ambulancia al hospital, preparan el territorio para la instalación de la mina”. A fines de diciembre, las organizaciones agrupadas en la Unión de Asambleas Patagónicas, junto a comunidades mapuches de la zona, entregaron una carta a la gobernadora en reclamo por el avance del proyecto Calcatreu. “Desde hace dos años estamos pidiendo información sobre el impacto ambiental de los proyectos en la provincia, pero ni el gobierno provincial ni el nacional nos dieron respuesta”, relata Huircan, desde Jacobacci. “Durante el gobierno de Macri distintas empresas volvieron a analizar la zona”, agrega. Amarillo Grande, a 25 kilómetros de la localidad de Valcheta, es uno de los proyectos en la mira, en este caso para la explotación de uranio. “El uranio de por sí es radioactivo, si se filtra en el agua va directo a la que usa la población”, señala Yanniello. El yacimiento está a cargo de la empresa Blue Sky Uranium Corp, otra empresa canadiense que se dedica a la minería en Río Negro y Chubut.

“No es lo mismo una piedra como la ves al lado del lago, que una roca pulida con los minerales desintegrados: eso es la harina de roca, que es lo que queda abandonado en las escombreras cuando se extrae la plata y el oro”, explica Yanniello. Desde Mendoza, el investigador Marcelo Giraud, especialista en minería, comenta que no solamente las sustancias para separar el metal de la roca, como el cianuro y el ácido sulfúrico, son las que contaminan el agua, sino que “las sustancias químicas ligadas a la obtención de muestras y a la perforación del suelo son contaminantes”. Además, el uso de combustibles, lubricantes y la maquinaria “afectan el ecosistema de la estepa, lo que implica un impacto sobre la flora, la fauna y el paisaje”. En las comunidades de la zona, las familias trabajan con el ganado, en su mayoría con ovejas o cabras. "Muchos pobladores terminan cediendo las tierras por unos pesos", señala Claudia Huircan. Los vecinos de la mina, en estos últimos dos años, tuvieron conflictos con la minera: "Entran a los campos sin consultar y rompen las tierras con las máquinas pesadas que utilizan", relata.  
“En una fase de exploración los riesgos están más en las sustancias que en los volúmenes de agua, pero es la base para la explotación posterior, donde sí se necesitan cantidades que van entre los 100 y 800 metros cúbicos de agua por día”, explica Giraud. En la mina Alumbrera, la más grande del país, se llegaron a utilizar 1000 metros cúbicos, lo que equivale a un millón de litros de agua diarios. “Legalmente tiene que haber una evaluación de impacto ambiental antes de hacer cualquier exploración, y debe quedar a disposición de cualquier persona”, señala el especialista. “El problema es que cada provincia interpreta las leyes como quiere”, aclara. El 31 de enero, en El Maitén, se reunirán las distintas delegaciones de la Asamblea No a la Mina, junto a organizaciones ambientalistas y comunidades mapuches de la zona, en lo que llamaron "Parlamento por el Agua". 
https://www.pagina12.com.ar/241959-insisten-con-la-megamineria-en-rio-negro

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=264571

"Debemos reafirmar es que el Estado colombiano (y sus gobiernos), no tiene la autonomía, el poder o la voluntad para resolver un problema que es global y estructural, que responde a la crisis del sistema capitalista y a la decadencia de una civilización patriarcal basada en el interés individual de enriquecimiento".

Dinero (capital) ensangrentado
17 de enero de 2020

Por Fernando Dorado (Rebelión)

“No se puede luchar por partes. El sistema es uno sólo, como uno sólo es el poder que nos oprime y asesina”. Raúl Zibechi 
En Colombia se dicen muchas verdades y mentiras sobre el narcotráfico y las economías “ilegales” o criminales; sobre la violencia del Estado, la para-estatal, para-militar, “insurgente”, delincuencial y “común”, y sobre el asesinato de líderes sociales y guerrilleros desmovilizados.
Pero la realidad es que crece exponencialmente el asesinato y la persecución de luchadores sociales. Es un hecho inocultable y doloroso. Y por ello podemos decir que mientras
… exista el narcotráfico y se mantengan las economías ilegales (criminales), la violencia se hará más grave y compleja y seguirán asesinando a los luchadores sociales;
… exista la política de prohibición impuesta por el gobierno de los EE.UU., el incentivo del tráfico ilegal hará que la producción de cocaína sea uno de los negocios más rentables del planeta;
… los grandes centros financieros sean los principales actores económicos que se lucran de lo producido por esas economías criminales y, mientras los pueblos no enfrenten seriamente ese problema, la violencia prosperará y el pueblo sufrirá mucho más;
… las economías agrarias y en general toda la economía colombiana dependa de la exportación de materias primas (no procesadas), los cultivos de coca, el narcotráfico y la minería ilegal seguirán creciendo y haciendo daño;
… las organizaciones sociales y políticas (y las víctimas) piensen que los gobiernos pueden detener esa violencia (así sean gobiernos progresistas o de izquierda), se le estará ayudando al gran capital a engañar a los pueblos;
… se continúe creyendo que los llamados “procesos de paz” son solución al problema de la violencia (como el que se hizo con las FARC), ese “cáncer” seguirá avanzando;
… el problema estructural no se aborde con profundidad, el lugar que ocupan los grupos armados que se desmovilicen será ocupado por otros grupos, cada vez más descompuestos y criminales.
Lo que debemos reafirmar es que el Estado colombiano (y sus gobiernos), no tiene la autonomía, el poder o la voluntad para resolver un problema que es global y estructural, que responde a la crisis del sistema capitalista y a la decadencia de una civilización patriarcal basada en el interés individual de enriquecimiento.
Solo los pueblos que hagan conciencia plena de tamaño reto, pueden auto-organizarse, plantear propuestas que enfrenten las causas estructurales, y forzar soluciones de fondo tanto con su movilización masiva, la construcción de nuevas y propias economías y culturas, y la presión socio-política de tipo global.
De resto (mientras…), seguiremos colocando los muertos y los capitalistas continuarán llenando sus bolsillos con dinero ensangrentado.

Nota: México y Colombia son los mayores ejemplos en América Latina, pero lo mismo ocurre en África y Asia, y en todo el mundo.
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Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=264583


Nos señalan. “el libro más completo, documentado y sugerente que se ha publicado hasta ahora en castellano sobre los cambios ocurridos en Rusia desde la caída del muro de Berlín y la desaparición de la Unión Soviética”. Su autor, nos recordaba el profesor Fernández Buey, corresponsal de La Vanguardia en Moscú precisamente durante los años de esta transición, aportaba “informaciones, análisis y reflexiones que con toda seguridad serán de consulta obligada para toda persona que quiera conocer bien lo que ha sido aquella historia singular, sus causas y sus derivaciones más importantes.”

Francisco Fernández Buey y
la perestroika (y VIII)
17 de enero de 2020
Por Salvador López Arnal (editor)

El autor de Leyendo a Gramsci reseñó en 2003 La gran transición. Rusia, 1985-2002 (Barcelona, Editorial Crítica, 2003. http://www.lainsignia.org/2003/febrero/cul_074.htm) de Rafael Poch de Feliu (Su blog: https://rafaelpoch.com/). Hay elementos de interés en ese texto para nuestro asunto.

La gran transición era “el libro más completo, documentado y sugerente que se ha publicado hasta ahora en castellano sobre los cambios ocurridos en Rusia desde la caída del muro de Berlín y la desaparición de la Unión Soviética”. Su autor, nos recordaba el profesor Fernández Buey, corresponsal de La Vanguardia en Moscú precisamente durante los años de esta transición, aportaba “informaciones, análisis y reflexiones que con toda seguridad serán de consulta obligada para toda persona que quiera conocer bien lo que ha sido aquella historia singular, sus causas y sus derivaciones más importantes.”

Quienes hubieran seguido las corresponsalías de Poch de Feliu desde Moscú (antes en Berlín; después en China y París; ahora ya no en La Vanguardia) y sus ensayos anteriores sobre Rusia encontrarían en La gran transición la confirmación del excelente trabajo periodístico que allí apuntaba. En cualquier caso, el libro de Poch de Feliu era “bastante más que una crónica inteligente de los hechos más relevantes de una transición de la que se ha dicho que adelantó el comienzo del siglo XXI”. Era, para el autor de Conocer Lenin y su obra, “una memoria en la que los buenos reflejos del periodista ante los acontecimientos inmediatos y sobre las actuaciones en curso de los protagonistas se junta con la ambición del historiador que tiene ya una hipótesis explicativa de lo ocurrido allí.”

Hacía tres años, en Tres preguntas sobre Rusia (1. ¿Cómo se ha transformado la sociedad rusa tras la reforma económica iniciada en 1992 y cómo afecta a la población esta “modernización” económica?; 2. ¿qué nuevo espacio se está creando en Eurasia?; 3. ¿qué nuevo margen para lo alternativo en el mundo se plantea en la actualidad después del fin de la bipolaridad y con el dominio americano en exclusiva?), Poch de Feliu había ofrecido explicaciones para entender por qué los resultados de la reforma capitalista en curso “estaban siendo tan catastróficos, analizaba el papel de los nacionalismos en el hundimiento de la Unión Soviética y proponía un balance acerca de lo que en aquel mundo quedaba de lo que se llamó socialismo.”
Ahora, en La gran transición, Poch de Feliu ampliaba los interrogantes y abordaba prácticamente todos los asuntos relevantes que habían sido objeto de debate en Rusia en los últimos años: “desde las causas del fracaso de los primeros proyectos de reforma económica hasta las guerras en Chechenia y desde el significado de la perestroika hasta los motivos de la desintegración de la federación de repúblicas soviéticas pasando por efectos de la catástrofe de Chernobil y la valoración de lo que han representando personalidades como Gorbachov, Yeltsin y Putin.”. Fernández Buey recordaba que en su análisis de la gran transición Poch de Feliu se había basado en documentos de primera mano, en memorias publicadas en Rusia durante aquellos años, en testimonios recogidos por él mismo entre los protagonistas, y en opiniones, en conjeturas e investigaciones aparecidos en diarios y revistas rusos al hilo de los acontecimientos. Había hecho, además, “su trabajo con muy pocas concesiones al discurso ideológico y con un talante fresco, crítico, distanciado y comparatista que diferencia su libro de la mayoría de las aportaciones recientes procedentes de la sovietología occidental reciclada y de la antigua disidencia resentida o finalmente reconvertida al orgullo gran ruso”. Para empezar, proseguía el que fuera profesor de la UPF y de la UB, Poch de Feliu pasaba revista, en treinta apretadas páginas, a lo que había sido la evolución de la URSS. Sitúa en los años sesenta su momento de apogeo; describe los principales problemas económicos, sociales, políticos y culturales con que aquel país de países se encontraba entonces; y explica por qué, después de aquel apogeo, fracasaron sucesivamente las principales reformas económicas propuestas desde la época de Breznev hasta los días de la perestroika. 

Al analizar las causas de estos fracasos el autor de La gran transición ha puesto el acento en la ineptitud y miopía de los administradores del país, lo cual condujo a una primera crisis social, ya en los setenta, sintomáticamente percibida en dos chistes que entonces se hicieron populares. Uno de estos chistes hablaba de los siete milagros del socialismo: "No hay paro, pero nadie trabaja. Nadie trabaja, pero los planes se cumplen. Los planes se cumplen, pero en las tiendas no hay nada. En las tiendas no hay nada, pero las despensas de la gente están llenas. Las despensas están llenas, pero todos están descontentos. Todos están descontentos, pero votan a favor" [pág. 14]. El otro apuntaba a la sustancia de una situación que siempre se definió oficialmente en términos ideológicos: Brezhnev invita a su anciana madre, que apenas había salido de su provinciana ciudad de Ucrania, le enseña orgulloso su apartamento de 200 m2 en el centro de Moscú, luego su dacha en las afueras, su Rolls Royce y su Cadillac, su pabellón de caza y la dacha de Crimea; visto lo cual, la madre, alarmada, pregunta: "Pero hijo, ¿qué pasará si de repente toman el poder los comunistas?" [pág. 20]. 

En cualquier caso, Poch de Feliu no se limitaba a documentar con cifras cómo, hacia 1975, la economía de la URSS estaba ya en números rojos. Iba más allá: subrayaba que los analistas occidentales coincidían entonces con la propaganda soviética en la sobrevaloración de un crecimiento económico ficticio. Cerraba este apartado dedicado a los fracasos económicos con una reflexión sobre las previsiones occidentales de aquellos años. Ahora, con el paso del tiempo, aquellas previsiones podían sonar a sarcasmo, admitía el autor de Utopías e ilusiones naturales, pero traerlas a la memoria o recordárselas a los más jóvenes permitía explicar “por qué varios de los desastres nada naturales ocurridos luego en la Unión Soviética pudieron ser considerados sorprendentes o insólitos por tanta gente”. 

Cuando la crisis social era ya evidente en la calle y los chistes sobre la economía ficticia pan de cada día entre los de abajo, un informe de cuatrocientas páginas, redactado por la CIA en 1982, o sea, ya en la era Reagan, concluía así: "La economía soviética está en buena forma, será capaz de mantener la carrera de armamentos sin recortes del nivel de vida y se desarrollará más rápidamente que la economía de Estados Unidos" [pág. 30]
El segundo capítulo del libro -"El precio de la libertad"- estaba dedicado a explicar el fracaso de las reformas, “ya no sólo económicas, conocidas con el nombre de perestroika”, así como la llamativa discrepancia entre lo que por entonces se pensaba de Gorbachov en Occidente y lo que se pensaba en la URSS, otro de los "misterios" generalmente abordados por la sovietología. Poch de Feliu desarrollaba ahí un diagnóstico de la situación que ya había avanzado en 1987, como corresponsal de La Vanguardia en Moscú. Subraya que, en varias cuestiones, y particularmente en su manera de enfocar uno de los grandes problemas del momento -la dimensión que había alcanzado la carrera armamentista- la perestroika se inspiró en ideas occidentales que formaban parte de la subcultura disidente soviética [33]. Ocurrió como si la utopía "eurocomunista", que tan pronto se vino abajo en Occidente, donde había sido formulada, se abriera paso, tarde y a destiempo, en el locus para el que en realidad había sido pensada sin decirlo. Solo que, a diferencia de lo que se pensaba en los ambientes socialdemocráticos de Occidente, en aquella URSS era demasiado patente el desfase entre los aspectos ideológicos de la perestroika, cuyos teóricos seguían hablando casi mecánicamente de socialismo, remontándose a Lenin, y la realidad percibida por la mayoría de la población, para la cual si algo había caracterizado la historia de la URSS fue, en última instancia, el estatuto de potencia mundial alcanzado precisamente bajo la fachada del "socialismo". [la cursiva es mía]

La consecuencia del desfase entre ideología y realidad había sido doble: en un lado, “deslumbramiento por el talante ético de Gorbachov al exponer con valentía su política de desarme en el concierto internacional”; en el otro, “decepción creciente ante la falta de ideas nuevas en política interior y por las incongruencias manifiestas de los teóricos de la perestroika en asuntos que afectaban directamente a las necesidades de las gentes”. Así y todo, al entrar en las causas del fracaso de la perestroika, Poch de Feliu no había puesto el acento en los errores o en las "traiciones" de Gorbachov, como se había hecho habitual en Rusia en aquellos años, “sino en el distanciamiento o la incomprensión de las gentes, dirigidos y dirigentes, respecto de su proyecto”.

La forma en que Poch de Feliu lo exponía coincidía en gran parte con una inquietante idea varias veces expresada, mientras la perestroika estaba en curso, por el historiador y politólogo Kiva Maidánik, quien muchos años antes había dado ya a Fernando Claudín [La crisis del movimiento comunista, París, Ediciones del Ruedo Ibérico], “no pocas pistas para su análisis de la crisis del comunismo”. La idea era esta: “en el fondo de aquel fracaso no sólo hay que ver la degeneración burocrática del aparato del partido (aquella degeneración que lleva a aplaudir casi simultáneamente el proyecto gorbachoviano y su crítica radical), sino también, y es duro decirlo así, "la impronta servil de la cultura popular, con su manifiesto déficit de dignidad" [44]”. Traducido a otros términos más comprensibles para nosotros, apuntaba Fernández Buey, eso quería decir: “insensibilidad general respecto de los derechos políticos y respecto de la tarea de democratizar la sociedad.”


El análisis del desconcierto que produjo la glasnost y la estimación de la fulgurante aparición del fenómeno Yeltsin confirmaba hasta niveles casi esperpénticos lo dicho sobre la degeneración burocrática. En los capítulos dedicados a estos asuntos, Poch de Feliu documentaba “la metamorfosis experimentada por varios de los personajes principales de la nomenclatura que, en unos pocos años, y en algunos casos en cuestión de meses, acabaron convirtiéndose en teóricos de las reformas neoliberales”. Se explicaba así cómo lo que en un principio se había llamado "revolución cultural", se fue acercando a los presupuestos más primitivos de la derecha occidental. Al llegar a este punto, Poch de Feliu hacía de cronista y fundamentaba su juicio atendiendo al transformismo camaleónico de personajes como Aleksandr Yokovlev, Yegor Gaidar, Pavel Bunich, Larisa Piyasheva, Yuri Cernichensko, Anatoli Sobchak, Dimitri Volkogonov y Stanilav Govorujin. La lista de las rectificaciones oportunistas que Poch de Feliu aporta es larga, y de ella, Gorbachov aparte, sólo sale limpio, por contraste, Yegor Ligachov, "el único de los altos dirigentes del politburó lo suficientemente enérgico y honesto como para formular en voz alta sus contrapuntos a los resultados de la política emprendida" [81]
Por lo que aportaban al conocimiento de un personaje alabado en las chancillerías de Occidente, eran también notables, en opinión de Fernández Buey, las páginas dedicadas a Boris Yeltsin. En ellas, el autor de La gran transición ponía de relieve “no sólo la ambigüedad y las depresiones que estuvieron a punto de llevar al suicidio” a quien fue presentado “por los mandamases del mundo occidental como "salvador de la democracia en Rusia", sino también su habilidad para captar e instrumentalizar el pulso de la calle”. De un país de extremos, como se ha dicho tantas veces que era la vieja Rusia, extremo oriental de Europa ella misma, se esperaría en tales circunstancias rigor moral y coherencia política, pero fue la ambigüedad lo que acabaría convirtiéndose en "virtud" política esencial de la transición, alabada por unos y otros. Tal vez fue así -y esto lo añado yo- porque la ambigüedad ha sido allí tradicionalmente metáfora política del pantano. Y, como se sabe por su literatura rusa clásica, siempre hubo, en la vieja y nueva Rusia, mucho pantano, además de extremos. Un capítulo central del libro, en opinión del autor de 1917, era el dedicado a la quiebra, optimistamente percibida, del orden europeo. En ese capítulo Poch de Feliu retomaba el análisis de la política exterior gorbachoviana en aquellas fechas decisivas que cambiaron el mundo del siglo XX, “tanto que pareció como si se hubiera acabado el siglo (con el fin de la pesadilla de un guerra termonuclear en ciernes)”.

Algunas de las cosas que ahí aportaba Poch de Feliu sobre el papel de Mijail Gorbachov y su ministro de Exteriores, Eduard Shevardnadze, eran muy esclarecedoras. Fernández Buey señala a continuación que Poch de Feliu se basaba en distintas fuentes igualmente solventes. Aducía las memorias del mariscal Sergei Ajromeyev, sugiriendo que, entre 1986 y 1988, “Gorbachov nunca examinó con detalle la situación militar y política en Europa ni las perspectivas de su desarrollo con los responsables militares”. Aportaba Poch de Feliu fuentes occidentales para “mostrar que, en las decisivas conversaciones sobre desarme de aquellos años decisivos, los dirigentes políticos de esta parte del mundo siempre supieron de antemano que Gorbachov y Shevardnadze acabarían siendo más flexibles que las personas responsables de los grupos negociadores”. Poch de Feliu traía a colación el testimonio de James Baker para mostrar “que el sí de Gorbachov a la propuesta occidental de reducción de tropas soviéticas en la zona central de Europa, en 1990, dejó "estupefacto" al secretario de estado norteamericano”.
Poch de Feliu usaba las propias notas tomadas en sus entrevistas “para probar que ninguno de los dirigentes políticos de la Europa del Este esperaba, ni de lejos, unos meses antes, el tipo de concesiones que iba a hacer Gorbachov a este respecto”. Mostraba también, contra las especulaciones habituales sobre los planes expansionistas de la política soviética, que “Gorbachov no tenía en realidad política para Alemania y que en el momento inmediatamente anterior a la caída del Muro su actitud era "una errática improvisación basada, además, en cálculos fallidos"”. Sugería igualmente, a partir de las conversaciones mantenidas con otros protagonistas implicados en los hechos, “que Gorbachov ni siquiera aprovechó la tendencia entonces existente en la opinión pública mundial en favor de la neutralización de Alemania y su salida de la OTAN a cambio de la reunificación”. Recordaba que la actitud de Gorbachov y de Shevardnadze ante la cuestión de la reunificación alemana “sorprendió a todo el mundo, empezando por los propios negociadores occidentales”. Aducía del mismo modo que aquellas concesiones inesperadas, en tan decisivo momento, “se basaron en consideraciones del tipo "Genscher [Ministro de Asuntos Exteriores de la RFA, del partido liberal, mano derecha entonces de Helmut Koln] ha insistido mucho en ello y es una buena persona"”. Y, finalmente, Poch de Feliu volvía “a aportar el testimonio de Baker para recordar que "varios ayudantes de Gorbachov parecieron genuinamente asombrados de que éste hubiera accedido a lo que, de hecho, equivalía al acuerdo de una Alemania unificada en la OTAN" [108-120].
La microhistoria de la alta política, apuntaba Fernández Buey (se ha hablado de ello en entregas anteriores), confirmaba la impresión que se sacaba al leer las actas del encuentro conmemorativo, celebrado en EE.UU una década después de la caída de la URSS, “entre los jefes de estado de las cuatro grandes potencias que se vieron implicadas en decisiones tan transcendentales como el acuerdo sobre las armas nucleares, la apertura del muro de Berlín, la reunificación de Alemania y la disolución del Pacto de Varsovia”. De los cuatro, “Gorbachov seguía siendo, políticamente, el más ingenuo; los otros tres todavía se movían, diez años después, entre la glorificación de la prepotencia occidental y el estupor ante un comportamiento que no se correspondía en absoluto con el estereotipo sobre soviéticos y rusos que habían difundido durante décadas”. 

Se comprendía desde ahí, y comparando lo que habían dicho en sus memorias varios de los implicados, “el tono irritado con que Gorbachov evita en 1996 una pregunta de Poch de Feliu sobre por qué no planteó en su momento la neutralidad alemana y la salida de la OTAN como condición para la reunificación [126]”. Por lo demás, proseguía el autor de Marx a contracorriente, los detalles que Poch de Feliu aportaba a esta microhistoria de la alta política seguramente harán sonreír a los académicos disidentes que aún recuerden la gran importancia que en aquellos años dramáticos de la segunda guerra fría se estaba dando a la aplicación de la teoría de juegos de estrategia para la resolución (no precisamente pacífica, por cierto) del Gran Conflicto. Esclarecedoras eran igualmente las páginas que el ex corresponsal de La Vanguardia dedicaba en su libro al despertar de las nacionalidades en aquel océano de la diversidad, “al proceso que condujo a la disolución de la Federación, a los conflictos de Armenia, Azerbaidjan y Georgia, a la separación de las repúblicas bálticas (Lituania, Estonia y Letonia) y a la evolución de las guerras en Chechenia”. En estas páginas, Poch de Feliu trasladaba al lector desde un escenario de comedia felliniana al lugar de la tragedia y al conocimiento directo de sus principales protagonistas. Poch de Feliu contrasta la hipótesis formulada en su día por Hélène Carrère d’Encause (una de las pocas personas que en Occidente habían formulado con cierta anticipación la posibilidad del estallido del imperio por desmembración de las nacionalidades) con lo que en realidad ocurrió desde finales de la década de los ochenta. Que no fue inicialmente la revuelta anti-rusa de los pueblos y regiones de tradición islámica, como esperaba Hélène Carrère, sino una sucesión de querellas en las que se fueron mezclando irremisiblemente el independentismo histórico de unos, los nuevos nacionalismos de otros, los conflictos con las minorías en las mismas nacionalidades que despertaban y la lucha por la redistribución de los poderes en el seno de la vieja nomenclatura.

Tal era el trasfondo del desplazamiento de Gorbachov por Yeltsin, de las varias intentonas golpistas, de las elecciones en que el viejo partido comunista, transformado también, se convertía en la primera fuerza de la Duma, de la dimisión de Yeltsin y de su sustitución por Putin, todo ello bajo la mirada atenta y la intervención (sorda, violenta o impositiva) de dos fuerzas que habían condicionado todo el proceso: “los restos del antiguo Ejército Rojo, de donde han salido varias de las personalidades decisivas para los nuevos conflictos, y el capital transnacional que, curado ya del asombro, ha decidido quién es allí demócrata y quién no.”
Seguramente era la atención prestada al detalle, en el que Poch de Feliu se demoraba, lo que hacía felliniana la segunda parte de esta tragedia. “En algún momento, cuando la historia se convierte en crónica, le vienen a uno a la memoria las palabras de Luces de bohemia, escritas en el otro extremo de Europa, en otro país de extremos: aquí la tragedia no es tragedia; es esperpento.” En el epílogo, Poch de Feliu, ya entonces en Pekín [La actualidad de China. Un mundo en crisis, una sociedad en gestación, Barcelona, Crítica, 2009], volvía a hacerse preguntas transcendentes, alguna de las cuales estaba condicionada por la comparación entre lo que había sido la evolución de Rusia y de China en las últimas décadas.
En ellas, apuntaba el autor de Marx (sin ismos), reaparecía la dimensión mundial, cosmopolita, de la gran transición. Al fin y al cabo, la Unión Soviética, el país de países, la pensión felliniana, era un mundo, pero parte activa del mundo. Está, pues, justificado preguntarse si lo que se hundió no fue, en última instancia, un modelo de la misma civilización industrial en la que se encuentran quienes festejaron el acontecimiento [377], si lo que se hundió no fue tanto una ideología como una vía de desarrollo caduca [381], si la gran transición no habrá sido sólo un puente por el que regresa el fantasma del atraso o la puerta abierta a la genuina "occidentalización popular" de Rusia [388]. Fernández Buey señala al lector que Poch de Feliu terminaba su libro recordando lo que escribió Diderot a finales del siglo XVIII después de su visita a San Petersburgo y con dos notas optimistas, si es que se puede hablar así. La primera sobre la ventaja potencial que para la Rusia del siglo XXI podía representar lo que había vivido como una pérdida: la disolución imperial. Visto con una perspectiva amplia y comparatista, resulta que la retirada rusa de Asia central, Transcaucasia, el Báltico y Ucrania, con tantas muertes y desastres, "hasta sale ganando por su carácter esencialmente pacífico" en comparación con los horrores que ha supuesto el proceso de descolonización europeo en la segunda mitad del siglo XX [389]. La segunda nota se refería a la posibilidad de creación de una unión de pagos entre Rusia y los países que formaron la Unión para restablecer un gran mercado que podría parecerse a los primeros pasos de la integración europea de los años sesenta. Al fin y al cabo, finalizaba el autor de La gran perturbación, había sido el propio Putin quien había declarado que, manteniendo un crecimiento adecuado, dentro de quince años se alcanzaría allí el nivel de países como Portugal y España. Y ¿quién iba a decirnos a nosotros hace treinta años que para eso haría falta una gran transición en Rusia? Finalizo con esta entrega la serie sobre Francisco Fernández Buey y la perestroika. Habrá que volver. Fue mucho lo que el estudioso de Marx, Luxemburg, Korsch y Gramsci escribió y aportó para el conocimiento de la Revolución de Octubre, el desarrollo de la URSS y la caída del irreal “socialismo real”.

Fuente: http://www.rebelion.org/docs/264569.pdf