sábado, 11 de julio de 2020

" Empecemos con la palabra comunismo. Un comunista es simplemente un partidario de lo común. Y lo común es lo que existe en una comuna y en cualquier asociación más amplia que reúna a muchas comunas. Lo común es el bien común: por ejemplo, el aire que respiramos, los paisajes que disfrutamos, los caminos y senderos que tomamos, el idioma y la cultura que compartimos".

Comunismo

Tweet about this on Twitter11 de julio de 2020

Por Denis Collin (Rebelión)
Como dice el otro, las palabras son importantes. Empecemos con la palabra comunismo.
Un comunista es simplemente un partidario de lo común. Y lo común es lo que existe en una comuna y en cualquier asociación más amplia que reúna a muchas comunas. Lo común es el bien común: por ejemplo, el aire que respiramos, los paisajes que disfrutamos, los caminos y senderos que tomamos, el idioma y la cultura que compartimos. Lo común es también la seguridad (¡en la medida de lo posible!) de que aquellos con los que nos encontremos no nos asaltarán, respetarán las reglas básicas de civismo como nosotros. El común también consiste en compartir cuando es necesario y dar a cada uno según sus necesidades, sabiendo que cada uno trabajará para el bien común según sus capacidades. El que muera de hambre será alimentado y el niño será eximido de trabajar. En cada sociedad hay lo común y en cada sociedad hay personas que defienden este común y que podrían llamarse comunistas. Una sociedad sin bienes comunes es simplemente invivible y, para decirlo claramente, imposible. Sería el mundo del estado de la naturaleza descrito por Hobbes, la guerra de cada uno contra cada uno.
Se puede establecer una ley: cuanto más se desarrolla la vida social, más mejora la moralidad de los individuos, más común es. Cuando establecemos leyes que fijan la duración máxima de la jornada o semana de trabajo, estamos haciendo el comunismo, ya que abolimos la competencia que los vendedores de mano de obra tienen entre ellos al establecer una ley común. Cuando hacemos la escuela gratuita y obligatoria, seguimos haciendo el comunismo: es un bien que pertenece a todos y que cada uno puede disfrutar según sus necesidades. Es lo mismo cuando se crean fondos de pensiones, cuando se establece la seguridad social, etc.
Así que el comunismo no es un proyecto utópico. Es el verdadero movimiento histórico que tenemos ante nuestros ojos, un movimiento que puede haber sufrido reveses y derrotas pero que sigue siendo el corazón de nuestras sociedades. También es un movimiento que se puede ver en las sociedades en las que todavía no tenemos leyes sociales extensas, disposiciones de protección social, etc., pero que todavía está en el corazón de nuestras sociedades.
El comunismo es un movimiento. Nada más. Un movimiento hacia la expansión de los bienes comunes. ¿Cómo podemos luchar por la defensa del medio ambiente sin hacer del agua, la naturaleza, el hábitat global de la humanidad, un bien común que debe ser protegido de los daños por la fuerza común? ¿Cómo se puede hacer esto sin coordinar esfuerzos, sin establecer un plan?
Pero el comunismo no es sólo un movimiento. También es una perspectiva: la de una humanidad pacificada, de una humanidad libre no de desigualdades en general – como creen o pretenden creer los enemigos del comunismo – sino de desigualdades sociales, las vinculadas a las posiciones de clase. Es también la marcha hacia una sociedad en la que el producto del esfuerzo común no será capturado por unos pocos sino que beneficiará a todos y donde cada uno encontrará los medios para su realización personal. También es una sociedad en la que, al garantizarse a todos una vida decente, las personas podrán dar prioridad al ser sobre el tener, al placer de la convivencia sobre el frenesí del consumo.
Nada de esto es utópico. Ya estaba, en parte, en el programa del Consejo Nacional de la Resistencia, simbólicamente titulado «Días Felices». Nada de esto es utópico, ya que esto es precisamente lo que está en el corazón de los avances sociales de los «treinta gloriosos días».
(Continuará)
Traducido del francés por Carlos Javier Blanco
Fuente: https://rebelion.org/comunismo/

"Si algo nos ha dejado claro la pandemia por COVID 19, es el poco alcance garantizado de los derechos humanos y su traducción en servicios públicos esenciales (salud, educación, justicia, seguridad)".

Distanciamiento y confinamiento ¿una forma de destierro social?

11 de julio de 2020

Por María Luisa Cabrera Pérez Armiñan (Rebelión)
A tres meses del estallido mundial de la pandemia por COVID 19, podemos discutir las repercusiones del distanciamiento social y del confinamiento del quédate en casa, pues ambos patrones de comportamiento concurren en el aislamiento social y la sustitución del contacto humano por la conectividad virtual.
Distanciamiento y confinamiento sugieren destierro social, porque son experiencias de alejamiento y desapego que afectan los ámbitos de socialización tal y como los conocemos. Tambien lo asocia así, el significado penal en muchas legislaciones. El destierro siempre ha sido una forma de condenar y aislar a los rebeldes y opositores de regímenes autárquicos, para evitar la propagación de su influencia y de sus ideales. Pero no solo, tambien el destierro persigue a los “locos”, a las brujas, a los visionarios, es decir, a todas las influencias que por su propio carisma quedan fuera de lo común. El destierro acoge a los incomprendidos y brinda refugio a los expulsados en cualquier sociedad.
El destierro, siendo el lugar de los que no tienen lugar, es decir de los expulsados por la enfermedad, se convierte en el espacio de contención de los condenados. Algo así han funcionado los dos hospitales de atención de la pandemia (Hospital de Villa Nueva y Hospital del Parque de la Industria) por tener sus puertas cerradas, por estar acordonados por la Policía, por impedir el libre tránsito, por tratar a los enfermos como reclusos inculpados. Meses después el gobierno guatemalteco no perdona al único fugado que nunca pudieron recapturar, aunque lo siguen intentando. ¿Es razonable perseguir la desobediencia a la norma cuando el mayor castigo es el riesgo de enfermar o morir?. En términos psicológicos es razonable preguntarse que produce más complicidad y consenso ciudadano ¿el poder de la norma o el temor del riesgo?
El grado de anomia que genera mantener el distanciamiento y el confinamiento prolongados deja sus huellas en la vivencia de la incertidumbre, que habitualmente nos permite lidiar con la ansiedad a lo desconocido, comprometiendo el futuro con los miedos o temores al contacto físico y el acercamiento humano. Sentir la cercanía con los Otros-as puede tener un alto precio, así que la protección sugerida es retraerse e inhibirse del contacto, lo cual altera la espontaneidad natural del ser. Los niños pequeños, aunque no se conozcan entre ellos, cuando se ven se acercan naturalmente, no se huyen y no se rechazan y ese impulso por buscar el contacto se mantiene toda la vida y conforma las diferentes formas de socialización.
Aislamiento y repudio social
El aislamiento social se paga caro con la soledad, no la escogida, sino la que deviene cuando te sentís arrinconado, marginado, descartado por ser más frágil en razón del género o edad o clase social. En el caso de las personas mayores, esta vulnerabilidad se traduce en el estigma discriminador de la inutilidad de vida, que concita la prescindencia del ser. Repudiar a los abuelos implica una injusticia generacional que rompe el ciclo natural de los diálogos intergeneracionales, que tantas cosas han permitido descubrir a los nietos. La sabiduría de la vejez, es un legado valioso, que a los jóvenes les permite acceder a la historia y formar su identidad como sujetos-as, investigar en la memoria oral de los mayores es un tesoro que nos da claves acerca de nuestra generación y de los grandes cambios sociales que transformaron nuestras vidas.
Por razones mal conocidas siempre ha sido más factible y profundo el dialogo entre abuelos y nietos que las conversaciones entre padres e hijos. El resentimiento y la venganza, que son la deuda que permite dialogar o confrontar violentamente los pareceres en las familias, parecen más atenuadas entre las generaciones más distanciadas, ocurriendo los acercamientos a propósito de algo, ¿de algún secreto familiar? o incluso ¿de algún hallazgo en la historia familiar del que sentirnos orgullosos o avergonzados?
En mi reciente experiencia con talleres virtuales pude sentir en carne propia la dificultad y el desconcierto de la comunicación oral sin imagen, sin ver a los interlocutores. Esto me ha permitido tomar conciencia de que lo virtual reemplaza la presencia, pero no puede suplir la ausencia que sólo puede ser llenada por la subjetividad del ser, y es así como se van forjando los lazos sociales que propician las interacciones.
Hablar es un hecho social retroalimentado por el encuentro comunicativo, donde no puede faltar la expresión gestual y emocional de la mirada y la calidez o aridez de las actitudes; todo ello significa comunicarse con la mitad del rostro anulado (Carlos Cano; 2020) [1], sin el cual no hay interacción social ni mucho menos conversación. En suma, hablar en la distancia y con el rostro semi cubierto no resuelve las necesidades del contacto y perturba la comunicación expresiva través de barreras simbólicas que se resignifican, por ejemplo hay quienes asocian la mascarilla con la libertad de expresión reprimida, que significa el burka para muchos occidentales.
Se hace necesario profundizar en las repercusiones negativas del distanciamiento social, porque a estas alturas de la pandemia nos ha quedado claro que ésta llegó para quedarse y que la integraremos en nuestras vidas y prevenciones futuras como ha ocurrido con el virus del VIH-SIDA, del ébola, del SARS…
Los medios de comunicación y los gobiernos en Centroamérica criminalizan a los enfermos y los responsabilizan de la propagación y del contagio. Y estas formas de discriminación actuales se perciben muy injustas porque te dejan desamparado y desolado; se pierden amigos por el pánico a la enfermedad y por considerar insuficientes los esfuerzos personales de protección. Ocurren denuncias entre vecinos por las pequeñas transgresiones cotidianas que son tambien un acto de rebelión en libertad frente al encierro, predomina la preocupación por obedecer las normas persiguiendo el disenso, y se acusa la desobediencia porque confronta la sumisión.
Normalidad en crisis
No habrá una vuelta a la normalidad conocida, pero tampoco podremos aguantar indefinidamente condiciones tan inciertas, inseguras y desestructuradas. Podemos evitar pensar en el futuro, tal y como este autor sugiere que ocurre a los guatemaltecos (Hofstede, 2014)[2] pero ¿podremos recuperar la anormalidad en crisis a la que estamos tan acostumbrados sin que el suicidio asome como mal menor frente al colapso que estamos viviendo?. La “Nueva Normalidad” promete más de lo mismo profundizando y agravando las consecuencias de la misma desigualdad de siempre (Carlos Cano;2020)[3].
El problema del distanciamiento social, que sí es distanciamiento físico como dijera Rita Segato en una entrevista a La Nación (abril 2020)[4], se acompaña de miedo, inhibición y rechazo al contacto físico. Un miedo enquistado en el cuerpo que inhibe los abrazos, los besos, tocarse, jugar corporalmente, seducir con caricias, todas esas expresiones afectivas y sensuales que estimulan las sensaciones de goce y bienestar se están resignificando como fruto prohibido, debido a que representan peligro porque propaga el contagio del coronavirus. Pero el deseo de acercarse se mantiene vivo porque así es su naturaleza social, la que fragua los lazos sociales que nos permiten convivir en sociedad y aguantar las restricciones con bastante conformidad y tolerancia.
Podremos vivir protegidos si validamos el distanciamiento social como una medida de larga duración, pero viviremos huraños y ariscos, sin la savia de la relación humana que es la formación del vínculo social generado por la necesidad de los y las Otras, por eso los buscamos. Como especie evolutiva, necesitamos el apego del vínculo para madurar, crecer y socializarnos. No hay sociedad humana sin contacto que nos acerque a los Otros, sin apegos que nos socialicen y sin corporalidad que delimite el territorio de nuestra subjetividad.
Cuánto más perdure el distanciamiento más frágiles se volverán los apegos que construyen vínculo social, mayor sensación de aislamiento y de profunda desolación nos dejará. ¿Queremos que las personas mayores se sientan un estorbo en la sociedad? o ¿queremos protegerlas asegurando una convivencia socializada, respetuosa e intergeneracional? ¿Tendrán ellos un lugar en nuestros hogares? o esta pandemia ¿será la oportunidad de una limpieza social que depure a aquellos que ya no se consideran necesarios?
Si no tuviéramos miedo de morir o de enfermar gravemente no nos preocuparían los estragos de la pandemia, ni tampoco nos inquietaríamos por proteger y cuidar a los viejos, ni a los niños o a las personas más frágiles. El miedo puede advertirnos de los peligros y esa sería una función útil, pero puede alterarnos tanto que el pánico gana la batalla y deja malherida nuestra capacidad de respuesta. El miedo se puede evitar, evadir u ocultar, pero el pánico se impone, nos inunda y nos bloquea. Esa es su fuerza poderosa y destructiva. Lo que incuestionablemente hoy nos tiene a todos y todas “empanicados” no es en sí mismo el hecho de enfermarse, sino morirte porque no hay con qué atenderte. Ese sí es un pánico real en la actual coyuntura de transmisión sostenida de la pandemia en Guatemala.
Sistema de Salud colapsado
El sistema de salud está colapsado y eso es lo que nos aterroriza si llegamos a enfermarnos. Este paradigma no es por los incontrolables derroteros de un virus poco conocido, ocurre por el controlable derrotero impulsado por la privatización de los servicios públicos y la minimización del Estado, reducido a asumir los costes y las deudas de reconversión de las grandes empresas y corporaciones privadas.
Si algo ha dejado claro la pandemia por COVID 19, es el poco alcance garantizado de los derechos humanos y su traducción en servicios públicos esenciales (salud, educación, justicia, seguridad). Los recortes del sistema de salud en Guatemala las ultimas décadas han provocado que en estos momentos tengan menos cobertura sanitaria que nunca antes y estén peor equipados. El efecto de las denuncias de los médicos del Hospital Roosvelt o del Hospital de Villanueva y del Parque de la Industria, sin quitarles toda la razón, atemoriza a la población pues queda claro que el problema ya no es enfermarse, sino el colapso hospitalario cobrado en nuevas víctimas prevenibles. La ausencia de equipamiento y medidas de protección adecuadas para el personal sanitario agrega indignación social a un temor fundamentado.
Una duda razonable sería si alguna de las muertes ocurridas por la pandemia en la región centroamericana hubieran sido prevenibles de haber habido un sistema de salud adecuado como ha sugerido la OMS. Bajo la perspectiva de la justicia transicional, los Estados debieran ser sancionados por permitir que esto llegara a suceder, puesto que ya existieron otras pandemias graves en las últimas décadas y se ha especulado sobre escenarios previsibles, pero dichos informes fueron archivados sin que sus consecuencias se dieran a conocer.
Tribunal de Conciencia en Salud
Si de esta coyuntura mundial de la pandemia y la atención en salud por cada Estado afectado, se desprendiera la formación de un Tribunal Mundial de Conciencia que revisara comparativamente la ética de las diferentes actuaciones de los sistemas de salud de los países afectados, tal vez se lograría tomar conciencia del criminal y fraudulento engaño y corrupción de los poderes, que ha supuesto profundizar diversas formas de privatización de la salud recortando la salud pública en todos los países y convirtiéndolo en el jaque mate del colapso civilizatorio. Si no aprovechamos este colapso para convertirlo en transición contra hegemónica, las muertes que hubieran sido prevenibles con un sistema público bien fortalecido y consolidado, no hubieran engrosado la lista de los mártires de un sistema injusto.
Conforme ha pasado el tiempo se ha evidenciado más la falta de trasparencia de la gestión gubernamental de la pandemia en Guatemala. La gran pregunta sigue siendo, si uno sospecha síntomas de coronavirus ¿a quién puede acudir y qué se debe hacer? El Estado monopoliza las pruebas de detección y solo se aplican bajo criterio médico en los Hospitales públicos. Pero a estas alturas, lo que nadie quiere es estar recluido y vigilado en un hospital del que no puedes salir, prefiero enfermarme o morir en mi casa es la opción más deseable cuando el riesgo de acudir al hospital pasa por transitar en espacios aglomerados, tumultuosos y desprotegidos por falta de equipo y de capacidad instalada.
Lo que produce credibilidad institucional es que el sistema cuente con los recursos y capacidades suficientes para dar plena cobertura a quienes lo necesiten y no practicar el “sálvese quien pueda y quien tenga” en el sector privado de la salud, que por otra parte extorsiona con cantidades desorbitadas y además contraes la obligación con algunos hospitales privados de tener que recuperarte en sus instalaciones.
Ahora que los hospitales privados pueden atender casos de COVID 19, sucederá que los ricos serán rápida y adecuadamente atendidos aunque tengan que dejar una fortuna, la clase media se entregará a los servicios mediocres y fraudulentos de los seguros privados que les arruinan la vida y el futuro. Los pobres y extremadamente pobres, sobrevivirán con suerte si llegan a tiempo a los hospitales nacionales y se endeudarán de por vida, no solo para pagar el traslado del enfermo sino para costear las medicinas, los alimentos y hasta la ropa de cama que los hospitales no tienen, por la mucha corrupción que sigue habiendo.
Los Tribunales de Conciencia sirven para crear y profundizar en sociedad la conciencia social y crítica acerca de realidades profundamente injustas y de luchas sociales más que justificadas. En Guatemala, aún recordamos el impacto del juicio por los delitos de esclavitud y violencia sexual en el caso de Sepur Zarco. El Tribunal dio la oportunidad de escuchar las voces de mujeres campesinas que habían sido silenciadas, reprimidas e ignoradas y de convertir en condena y repudio social una realidad inimaginable e innombrable que a todos nos avergüenza, ya fuera por por omisión, por desconocimiento, por inacción o por conformidad.
Un Tribunal de Conciencia de ámbito Internacional que examinara el comportamiento del sistema público de salud en varios países, sería capaz de estimar daños y reconstruir escenarios ¿Cuánto más se hubiera resuelto de la pandemia sino hubiera habido recortes previos? ¿Cuántas personas fallecidas se hubieran salvado? ¿Cuántas más pruebas se hubieran realizado si se contara con los insumos y las capacidades necesarias? ¿Cuántos médicos y enfermeras se debieron haber contratado para atender adecuadamente y estar bien protegidos?…
La crisis de la pandemia ha desnudado realidades sistémicas en todos los países y sus consecuencias desiguales explotadas en los Tratados Comerciales Multilaterales, como el Tratado de Libre Comercio en América Central, incluyendo las versiones posteriores ajustadas del Plan Puebla Panamá y del Triángulo Norte o Trifinio. Algunos análisis y reflexiones de expertos (Chomsky, Naomi Klein) nos indican que las pandemias resultan útiles para fortalecer objetivos geoestratégicos que escapan al control ciudadano, apremiando la necesidad de nuevas indagaciones que den respuestas. Por ejemplo ¿qué ignoramos del TLC relacionado al poder corporativo de las multinacionales farmacéuticas y al control de la pandemia del COVID 19? ¿Por qué la vacuna se ha convertido en trofeo de competencia mercantil entre países?
En suma, la pandemia representa un mosaico de intereses ocultos y distorsionados donde el derecho a la salud y a la vida es un instrumento para la ganancia puesto al servicio del “bussines as usual”, no un bien común que garantice el bienestar y la igualdad de todos los seres humanos.
Notas:
Fuente: https://rebelion.org/distanciamiento-y-confinamiento-una-forma-de-destierro-social-2/

Estamos asistiendo al inicio de una época en que el intelecto social general se objetiviza, sobre todo en los modernísimos medios productivos (programas informáticos, robots, inteligencia artificial, etc. Capacidad productiva del intelecto social general apropiada por el capital en su conjunto .La mencionada capacidad de apropiarse y utilizar el intelecto social general por parte del capital permite explicar que éste ya no necesita explotar, como en el pasado, al mayor número de trabajadores posible, esto es, ampliar el círculo de la explotación a través del empleo asalariado. Por el contrario, puede prescindir de gran número de trabajadores, reducir a otros trabajadores a trabajar por pocas horas y propiciar la existencia de grandes masas de personas que ni siquiera puedan tener las condiciones necesarias para trabajar, además de asalariados sin contrato aunque a todas luces exista una relación laboral".

La cadena invisible (o no tanto) del trabajo asalariado

11 de julio de 2020

Por Carlos G. Osto (Rebelión)
Siempre ha existido un racionalismo económico en cuanto a la necesidad de supervivencia, pero el capitalismo consigue llevar ese racionalismo a la situación en la que el interés de apropiación de riqueza por unos pocos se normaliza en el pensamiento de los que son utilizados/consumidos. El capitalismo ha conseguido obviar el porqué de la filosofía y convertir en ética su interpretación egoísta de la realidad, en una reformulada racionalización de los actos humanos.
Está claro que dicho racionalismo liberal económico encauza la práctica de los comportamientos no solo económicos, sino todos los referentes a la vida, ya que el trabajo asalariado se ha formalizado como agente director y prioritario en todas las decisiones que toman las personas aunque estas sean contrarias a sus intereses:
“Al mismo tiempo y aún prescindiendo por completo del esclavizamiento general que entraña el sistema del trabajo asalariado, la clase obrera no debe exagerar a sus propios ojos el resultado final de estas luchas diarias. No debe olvidar que lucha contra los efectos, pero no contra las causas de estos efectos; que lo que hace es contener el movimiento descendente, pero no cambiar su dirección; que aplica paliativos, pero no cura la enfermedad. No debe, por tanto, entregarse por entero a esta inevitable lucha guerrillera, continuamente provocada por los abusos incesantes del capital o por las fluctuaciones del mercado. Debe comprender que el sistema actual, aun con todas las miserias que vuelca sobre ella, engendra simultáneamente las condiciones materiales y las formas sociales necesarias para la reconstrucción económica de la sociedad. En vez del lema conservador de «¡Un salario justo por una jornada de trabajo justa!», deberá inscribir en su bandera esta consigna revolucionaria: «¡Abolición del sistema del trabajo asalariado!» (Karl Marx, Salario, precio y ganancia)
El gran razonamiento conservador (da igual el partido[1] político del que provenga) «no hay trabajo asalariado si no hay capital” y el consiguiente “además, es mejor ser un asalariado aunque te exploten que no tener trabajo”, son expresión del triunfo de la dominación/explotación, pero también de sumisión/implicación.
Efectivamente, no hay trabajo asalariado sin capital, ¡pero es que hay que acabar con el trabajo asalariado, así como con el capital! Se trata de conseguir la imposibilidad de la explotación, y de la eliminación de la propiedad privada.
El derecho al trabajo es una reivindicación anticuada aún persistente con pretensiones de dialéctica revolucionaria, cuando lo revolucionario, lo liberador, es terminar con la practica explotadora y alienadora del trabajo asalariado. Los oficialistas revolucionarios dirigentes de los partidos marxianos[2] de siempre, dicen que Renta Básica no, porque arrastraría a la clase obrera[3] a no trabajar, con lo cual -deben de temer-  desaparece la clase obrera y hace innecesaria su propia existencia. ¿Y qué?, ¿dónde está el problema, el horror? ¿Tan necio se es que para evitar la desaparición de una clase ideal se perpetúa el sistema de explotación, opresión, alienación, sin querer reconocer la necesidad de erradicar el trabajo asalariado y liberarse así de la esclavitud?
Esta actitud responsable de/con la ortodoxia supuestamente marxiana recuerda mucho a la negativa a reconocer el derecho a voto de la mujer por todo el espectro de izquierdas en la España de 1931.
Y es que mal que nos pese y a pesar de que las relaciones con apariencia humanitaria de la economía capitalista fueron despojadas de su hipocresía y acientifismo por Proudhun, que deja al descubierto su realidad inhumana,  para la masa –da lo mismo si es de forma aprendida incosciente- el trabajo asalariado es un deber que obliga a todo ser humano, una tradición, un mandato religioso, una interiorización cultural/moral de la que están exentas las elites.
Agravándose la situación social porque las categorías marxianas habituales para describir la acumulación capitalista (plusvalía absoluta y relativa, etc. que todavía usa el marxismo teórico/militante) no sirven como hoja de ruta en la fase de desarrollo del capitalismo actual en cuanto a la necesidad de la aportación de trabajo humano a los procesos productivos y especulativos, conservándose, eso sí, vigentes los comportamientos de la empresa capitalista más clásica, como la tendencia a pagar a los asalariados lo mínimo y alargar el tiempo de trabajo lo máximo:
«El capital quiere medir estas enormes fuerzas sociales así producidas por el tiempo de trabajo y mantenerlas dentro de los límites necesarios para conservar como valor al valor ya creado»[4].
La empresa, el capital, no tiene compromisos éticos –ni siquiera humanistas- con los trabajadores, los explota mientras lo que producen se vende bien en el mercado y los despide y rebaja los salarios a niveles paupérrimos para mantener su beneficio en momentos de menor venta. O sea, en términos del vocabulario económico, mantiene la tasa de ganancia con menos trabajadores y peor pagados, como refleja Marx.
“cuanto más se mata el trabajador trabajando, más poderoso se torna el mundo material al que el mismo crea contra si, mas pobres se vuelven él y su mundo interior, menos se pertenece el obrero a sí mismo»[5] MEE p. 64
Y:
El capital es trabajo muerto o almacenado “Cuanto menos comas y bebas, cuanto menos libros leas, menos vayas al teatro, el baile y la taberna, menos piensas, ames, teorices, pintes, hagas versos, etc. más ahorrarás, mayor será tu tesoro, que no comerán las polillas ni el polvo, mayor será tu capital. Cuanto menos seas tú, cuanto menos exteriorices tu vida, mas esencia enajenada acumularas… y cuanto no puedas tú, puede tu dinero.[6] MEF p. 93
Escribe Marx sobre el trabajo:
«El desarrollo del capital fijo indica hasta qué grado el saber social general, el conocimiento, se ha convertido en fuerza productiva inmediata y, en consecuencia, las condiciones del proceso de vida social han pasado a estar bajo el control del intelecto general» Marx, Grundrisse, el capítulo del capital, «Contradicción entre el fundamento de la producción burguesa (medida del valor) y su mismo desarrollo. Máquinas, etc; la cita en OME 22, pág. 92, Barcelona, Ed. Crítica.
Ese es el momento en el que el intelecto social general se objetiviza, sobre todo en los modernísimos medios productivos (programas informáticos, robots, inteligencia artificial, etc.  Capacidad productiva del intelecto social general apropiada por el capital en su conjunto empezando por sectores particulares suyos, por los entes más dinámicos, a la vez que la automatización informática expele de la producción a masas ingentes de trabajadores[7].
La mencionada capacidad de apropiarse y utilizar el intelecto social general por parte del capital permite explicar que éste ya no necesita explotar, como en el pasado, al mayor número de trabajadores posible, esto es, ampliar el círculo de la explotación a través del empleo asalariado. Por el contrario, puede prescindir de gran número de trabajadores, reducir a otros trabajadores a trabajar por pocas horas y propiciar la existencia de grandes masas de personas que ni siquiera puedan tener las condiciones necesarias para trabajar, además de asalariados sin contrato aunque a todas luces exista una relación laboral.
Lo dicho en los párrafos anteriores, no es solo una crítica al seguidismo en cuanto a la economía de mercado, sino el reconocimiento de que ya estamos asistiendo al inicio de una época en que la necesidad del trabajo asalariado humano como formador de la riqueza no solo se está poniendo en duda, sino consolidándose como una aportación cada vez más innecesaria.
Está claro, es que las leyes de competencia intercapitalistas y el desarrollo de las innovaciones técnico-científicas llevan a una situación en la que el aumento de la productividad implica un inexorable cambio de la fuerza de trabajo por el empleo masivo de capital objetivado científicamente. Esto es, la sustitución acelerada del hombre por la maquina.
Notas:
[1] Los partidos políticos son grandes empresas con grandes contactos supranacionales.
[2] Utilizan conceptos, y teorías, que dicen de Marx, en sus procesos teóricos, y en el desarrollo político. Todos los marxistas son marxianos, pero no  todos los marxianos son marxistas.
[3] No hay contradicción de clase, dado que no hay conciencia de clase en el común de la fuerza de trabajo, dado que solo existe una clase con conciencia de sí misma: la burguesa
[4] K. Marx, Grundrisse, el capítulo del capital, «Contradicción entre el fundamento de la producción burguesa (medida del valor) y su mismo desarrollo. Máquinas, etc.
[5] K. Marx. Manuscritos Económicos.
[6] K. Marx, Manuscritos Económicos filosóficos.

[7] En función de ello, han empezado a pedirse que por las máquinas automáticas, y todo tipo de robots aplicados a la producción y movimientos de capitales, paguen  impuestos, , dado que en las condiciones de hoy (y más, de futuro), el trabajo asalariado se ve/verá reducido en su número, y consecuentemente, en aportación de impuestos

Sostenemos que no hay soberanía alimentaria si sigue el extractivismo. "Este demanda que cada día se produzca más al menor costo, sin importar la calidad del producto ni las circunstancias en las que se produce, ya sea de quienes producen, de la tierra y los recursos naturales, como de las poblaciones aledañas. El resultado de este modelo está a la vista: tierras arrasadas producto del monocultivo y los pesticidas, poblaciones arrasadas producto de la necesidad de aumentar la cantidad de tierra cultivada, pueblos fumigados por agrotóxicos, napas contaminadas, agua con cianuro y otros metales pesados y una huella ecológica y humana que perdurará finalizado cualquier negocio".

Vicentin: ¿El camino a una soberanía alimentaria?

·                                  16 JUNIO, 2020

El presidente Alberto Fernández anunció la intervención del Grupo Vicentín y el envío de un proyecto de ley para su expropiación. En el anuncio detalló que este era un paso hacia la soberanía alimentaria del país pero, ¿de qué hablamos cuando hablamos de soberanía alimentaria?

Por Vivian Palmbaum e Ivan Barrera
El pasado lunes primero de junio, el presidente Alberto Fernández anunció la intervención del Grupo Vicentin, gigante del agronegocio, y el envío de un proyecto de ley para su expropiación, el traspaso de sus activos a un fondo fiduciario y que su gerencia quede a cargo de YPF Agro.  En el anuncio, Alberto Fernández puso énfasis en que estas acciones contribuyen a la construcción de una soberanía alimentaria. Este punto, que fue nombrado de forma pomposa al pasar, quedó resonando en el medio del anuncio.
Curiosamente al mismo tiempo que se enuncia como una conquista hacia la soberanía alimentaria el interventor designado es Gabriel Delgado, señalado como un defensor del  modelo productivo industrial basado en el uso de transgénicos y las fumigaciones con agrotóxicos. Funcionario del gobierno encabezado por Cristina, en 2015 fue acusado por Monsanto de no reconocer las patentes a las semillas transgénicas.  
¿Qué es la Soberanía Alimentaria
El concepto de soberanía alimentaria fue desarrollado por Vía Campesina y llevado al debate público con ocasión de la Cumbre Mundial de la Alimentación en 1996 y se definió para enfrentar a las políticas neoliberales.  Según la definición acuñada por la organización, la soberanía alimentaria es el derecho de los pueblos, de sus países o uniones de estados a definir su política agraria y alimentaria, sin dumping frente a países terceros. 
En esa definición, también se detalla que se debe “priorizar la producción agrícola local para alimentar a la población, el acceso de los/as campesinos/as y de los sin tierra a la tierra, al agua, a las semillas y al crédito.La necesidad de reformas agrarias, de lucha contra los OGM (Organismos Genéticamente modificados), para el libre acceso a las semillas, y de mantener el agua en su calidad de bien público que se reparta de una forma sostenible. El derecho de los campesinos a producir alimentos y el derecho de los consumidores a poder decidir lo que quieren consumir y, cómo y quién se lo produce. La participación de los pueblos en la definición de política agraria y el reconocimiento de los derechos de las campesinas que desempeñan un papel esencial en la producción agrícola y en la alimentación.”
Esta semana desde la Confederación Latinoamericana de Trabajadores Estatales (CLATE) se organizó un conversatorio sobre soberanía alimentaria en la región. Allí Marco Filardi, abogado ambientalista e integrante de la Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria de la Facultad de Agronomía de Buenos Aires, explicó a qué se refiere la soberanía alimentaria.
“La soberanía alimentaria, paradigma introducido por la Vía Campesina en 1996,  plantea que hay otros modos, en plural, de producir nuestros alimentos en armonía con la naturaleza de la que somos parte, y en armonía con los seres humanos. Es la agroecología en todas sus formas: una agricultura por agricultoras y por agricultores. La soberanía alimentaria aboga por priorizar la producción local para el abastecimiento de las necesidades alimentarias. La finalidad esencial de la agricultura es producir alimentos sanos, seguros y soberanos para alimentar a los pueblos”.
El modelo extractivista es el engranaje principal del mundo globalizado neoliberal  y la base de la división internacional del trabajo. Los países en desarrollo se encargan de proveer de materias primas como semillas, granos, alimentos, maderas, minerales o petróleo a los grandes países industrializados. Este modelo extractivista demanda que cada día se produzca más al menor costo, sin importar la calidad del producto ni las circunstancias en las que se produce, ya sea de quienes producen, de la tierra y los recursos naturales, como de las poblaciones aledañas. El resultado de este modelo está a la vista: tierras arrasadas producto del monocultivo y los pesticidas, poblaciones arrasadas producto de la necesidad de aumentar la cantidad de tierra cultivada, pueblos fumigados por agrotóxicos, napas contaminadas, agua con cianuro y otros metales pesados y una huella ecológica y humana que perdurará finalizado cualquier negocio.

El modelo extractivista evoluciona, se tecnifica y la soberanía alimentaria es un ideal cada vez más lejano. El agronegocio se alimenta de semillas genéticamente modificadas, se lubrica con agrotóxicos y se almacena en silo bolsa esperando las mejores condiciones locales e internacionales para lucrar. La concentración de tierras aumenta año a año, expulsando a campesinos, campesinas, cooperativas y pueblos originarios.
Marco Filardi se refirió a este modelo como un modelo que “viola nuestro derecho a la alimentación adecuada, viola nuestro derecho al agua, viola nuestro derecho a vivir en un ambiente saludable, viola nuestro derecho a la salud, viola nuestro derecho a la integridad personal. No está concebido para alimentar a nadie sino para producir dinero concentrado cada vez en menos manos. Al mismo tiempo es un modelo que no alimenta, no solo no alimenta al mundo como ya vimos, sino que es incapaz de garantizar el ejercicio del derecho a la alimentación de nuestra propia población. En el contexto de cosechas récord como se anuncia tenemos desnutrición aguda en nuestro país, desnutrición crónica, sobrepeso y obesidad que afecta al 70% de la población y que comen esos cuerpos también carencias nutricionales.” 

El otro campo
También consultamos a quienes producen alimentos para el pueblo. Ellos y ellas que conforman el otro campo: el que lejos de buscar el lucro de la expansión sojera, trabaja la tierra de forma agroecológica, responsable con el ambiente, con sus trabajadores  y trabajadoras. El campo que no conoce de Hilux último modelo pero sí de autogestión, conformado por pequeños productores y productoras que cultivan la tierra que no es suya y que alimentan a las ciudades. 
Desde Marcha le preguntamos sobre la medida a Rosalía Pellegrini, Secretaria de Género de la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT) que aportó la mirada de la organización, respecto a la intervención y su relación con la construcción de soberanía alimentaria. 
“Nosotras y nosotros desde la UTT, al igual que el Foro por un Programa Agrario y Popular pensamos que es una medida que hay que apoyar. Si bien creemos que no hay soberanía alimentaria sin la distribución y el acceso a la tierra por parte de las familias que producimos alimento, no hay soberanía alimentaria sin un esquema de comercialización justo para el que produce y para el que consume, no hay soberanía alimentaria si tampoco hay igualdad de género. La mitad de las que producimos alimentos no tenemos acceso a la tierra y vivimos en condiciones de vulnerabilidad por la violencia machista. Seguimos pensando esto las organizaciones del otro campo. “
“Es real que es un avance en términos de soberanía del modelo agropecuario. No es lo mismo que las organizaciones campesinas peleemos contra Dreyfus y Cargill por un modelo agroalimentario más sano y con el derecho a la alimentación de todos y todas, que pelearsela al Estado. Además entendemos que un montón de productores también medianos, también cooperativas de granos, que dependerán de Vicentin, si es posible en manos del Estado, tendrán la posibilidad de plantear un esquema de producción más sustentable”. Además agregó la necesidad que la estatización se lleve adelante para poder plantear las reglas de juego al interior del modelo de agricultura extensiva. “Saludamos la medida y apoyamos y presionaremos para la posible estatización“. 
Para terminar Rosalia resaltó que “este tipo de intervenciones tiene que ir acompañado por todo este tejido social que venimos reclamando y luchando por soberanía alimentaria”. 
La expropiación de Vicentin significaría que uno de los grandes actores del agronegocio pase del mundo privado y lucrativo al ámbito público. Desde la gerencia estatal se podrá evitar la especulación financiera de los silo bolsa y decidir cuándo exportar y cuándo vender al mercado interno. Pero, ¿cuánto de Soberanía Alimentaria tiene la expropiación de Vicentin? ¿cuántos de los reclamos abiertos por Vía Campesina en su búsqueda por la Soberanía Alimentaria abarca esta expropiación? ¿Se agota un modelo extractivista con la expropiación de una empresa?

Un modelo productivo que nos expropia
En Argentina y en toda Nuestra América hay organizaciones y cooperativas que construyen día a día la Soberanía Alimentaria. Francia Garcia Hermosillo, de la organización Sin Maíz No hay Pais de Mexico nos cuenta como comenzaron a luchar contra un modelo que busca expropiarlos de los cultivos ancestrales como el maíz y así arrebatarles la soberanía y seguridad alimentaria. Allí organizaron la Campaña Sin Maíz No hay País, desde junio de 2007 en vísperas en que se levantaran los aranceles del maíz, al frijol, al azúcar y a la leche en polvo, pero “la principal preocupación era el maíz y el frijol a partir de enero de 2008. Era una preocupación que se vivía en el campo y que no llegaba a los consumidores en las grandes ciudades. Sin Maíz No hay País, Pon a México en tu boca era lo que se pretendía, porque estábamos en el Tratado de Libre Comercio, el TLCAN, y venía esta embestida contra nuestra alimentación. El maíz es nuestra base, nuestra alimentación, nuestra cuna, nuestra identidad. Consumimos 115 kg. por cada uno de nuestros habitantes al año de este grano básico. En aquel año además de querer sacar al maíz y al frijol del Tratado de Libre Comercio con América del Norte, buscamos que se prohibieran los granos transgénicos, que se protegieran las semillas nativas y que se generarán esas políticas en defensa del campo, de los campesinos, de la soberanía y de la seguridad alimentaria”.
La Soberanía Alimentaria requiere necesariamente salir de un modelo extractivista concentrado, extranjerizado y especulador a un modelo soberano, con leyes y políticas públicas de acceso y protección de la tierra, de sus trabajadores y trabajadoras y de los pueblos. 
Un país que anualmente produce alimento para 10 veces su población, pero donde hay niños y niñas con hambre, desnutrición infantil, pueblos fumigados, bebés que nacen con malformaciones y metales pesados en sangre, campesinos y campesinas sin tierra, pueblos originarios desplazados, escuelas fumigadas, napas contaminadas, tierras arrasadas, es un país que tiene sus recursos muy mal distribuidos y aprovechados, que tiene un modelo que atenta contra la tierra, los seres vivos que la habitan y las personas a las que alimenta. 
El camino hacia la soberanía alimentaria es largo y atenta contra negocios millonarios, contra multinacionales y contra el modelo globalizado. ¿Estaremos en ese camino?

Fuente: https://www.marcha.org.ar/vicentin-el-camino-a-una-soberania-alimentaria/

viernes, 10 de julio de 2020

¿"Vicentin, un camino
a la soberanía alimentaria"?
¡No!, ¿por qué?
Por Elena Cedrón

Y algunas propuestas:

Destapemos a quienes suscitan esperanzas en que exigiendo-presionando al gobierno Estado habrá solución a los problemas fundamentales. Y que el capitalismo puede humanizarse. Asumamos las emergencias social, humanitaria, ecológica y climática.

Prohibición de despidos y concepción materialista
4 de julio de 2020


Rolando Astarita
El 31 de marzo el gobierno nacional emitió un decreto de necesidad y urgencia por el cual por 60 días se prohibieron los despidos “sin causa justa” o que tuvieran por causales la falta o disminución de trabajo. También prohibieron las suspensiones por los mismos motivos. Aunque con la salvedad de estar exceptuadas las pactadas entre el sindicato y los trabajadores “y se basen en fuerza mayor”. El 8 de junio el gobierno prorrogó la prohibición por 60 días. La medida fue saludada por la CGT y la CTA y por buena parte de la izquierda nacional. Por supuesto, se señalaron insuficiencias – por caso, los trabajadores informales, más del 35% de la fuerza laboral, quedó fuera del decreto; además de las suspensiones “pactadas” – pero se lo consideró un paso en el sentido de que “la política le marque el paso a los grandes grupos concentrados”. Alguno incluso sugirió que, a fin de dar más fuerza a la medida, se debería establecer por ley que “preservar las fuentes de trabajo es prioridad absoluta [absoluta, faltaba más] del Estado”.
Pues bien, según datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) 185.000 trabajadores registrados perdieron sus empleos en abril. La caída de empleos de los trabajadores informales seguramente también fue muy elevada. A lo que se suman las innumerables suspensiones, acompañadas de rebajas salariales. Pero… ¿no era que la política domina a la economía? ¿Y que un gobierno “con sensibilidad popular” protegería el empleo? ¿Qué ocurrió? ¿Nos falló la “sensibilidad” de AF? ¿O le está faltando coraje, como se cuestiona un seguidor de Francisco? Son las preguntas habituales de los “amigos del pueblo”, que analizan los fenómenos sociales con los lentes del subjetivismo. De ahí también la historia de cambiar fusibles en las “altas esferas de la política” para que todo siga más o menos igual para la gente común.
El enfoque materialista del marxismo
El enfoque del marxismo es opuesto al de los “amigos del pueblo”. Parte de un análisis científico de la sociedad, con centro en las fuerzas productivas y las clases sociales. Como escribía Lenin, refiriéndose a Marx, este no se limitó a juzgar y condenar al capitalismo, sino estudió sus leyes de funcionamiento y desarrollo, demostrando “la necesidad de la explotación [del trabajo] de semejante régimen” (“¿Quiénes son los amigos del pueblo?”, Obras Completas, t. 1, p. 168, Cartago). En el mismo sentido se refiere “al método científico en sociología, consistente en considerar a la sociedad como un organismo vivo… para cuyo estudio es necesario realizar un análisis objetivo de las relaciones de producción que constituyen una formación social determinada, estudiar las leyes de su funcionamiento y desarrollo” (p. 176).
Es la idea que expresa Marx en el Prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política: las formas de Estado no pueden comprenderse por sí mismas ni por la evolución general del espíritu humano, sino radican, por el contrario, en las condiciones materiales de vida cuyo conjunto Hegel resumió bajo el nombre de sociedad civil. Y la anatomía de la sociedad civil hay que buscarla en la Economía Política. En la producción los seres humanos contraen determinadas relaciones de producción que corresponden a una determinada fase de desarrollo de las fuerzas productivas. El conjunto de esas relaciones forma la estructura económica de la sociedad. Esta es la base sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política, a la que corresponden determinadas formas de conciencia. El modo de producción de la vida material condiciona la vida social, política y espiritual. Y cuando hablamos del modo de producción nos referimos a todas sus “unidades”. No se trata solo de “los grandes grupos económicos”, sino del capital en todas sus formas y tamaños.
Pero si el modo de producción condiciona la vida política; si la explotación es una necesidad del sistema capitalista; si el capital basa su poder económico y social en la propiedad privada de los medios de producción; y si el Estado en la sociedad capitalista no puede no ser capitalista, ¿cómo se puede anular el crecimiento de la desocupación, en medio de una depresión económica, mediante leyes, sin cambiar las relaciones sociales que son el fundamento de esas mismas leyes? Un análisis mínimamente serio nos muestra que el capital domina a través de decenas y centenares de miles de relaciones de propiedad sobre los medios de producción y de cambio. ¿A quién se le puede ocurrir que los efectos de la depresión, que entra hasta el último rincón de la sociedad, se van a anular con decretos?
En definitiva, estas medidas “vende humo” solo llevan a la frustración y a reciclar el control de burócratas y arribistas sobre las masas populares. Por eso los que andan con estas panaceas nunca hacen balance. En ellos todo es relato del relato del relato. “Verso” como también se le dice. Es necesario que la izquierda – y en primer lugar la que se reivindica del marxismo – enfrente esta ideología que solo contribuye a mantener las cadenas del trabajo asalariado.

Fuente: https://rolandoastarita.blog/2020/07/04/prohibicion-de-despidos-y-concepcion-materialista/

Tendríamos, abajo y a las izquierdas consecuentes, analizar cómo el gob FF ha aprovechado no sólo para reforzar los extractivismos o economía del gran capital sino también para el avasallamiento de derechos de les trabajadores, los pueblos originarios y para un Estado represor.

Regular el teletrabajo, 

¿Avances o retrocesos?

Red Eco Alternativo

En un informe elaborado por el Observatorio del Derecho Social de la CTA Autónoma, se analizan los principales contenidos sobre el proyecto de ley de teletrabajo aprobado por la Cámara de Diputados. En su trabajo, el observatorio advierte sobre puntos críticos y posibles retrocesos en materia de derecho laboral.
El teletrabajo es un instrumento que venía siendo utilizado por los empleadores desde hace muchos años, que permitía reducir costos y, en cierto sentido, también dificultaba la capacidad de organización y acción sindical. Previo a la pandemia, se trataba de un mecanismo circunscripto a algunos sectores y con un alcance aún incipiente. Con el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio, la situación se modificó radicalmente y se planteó la necesidad de establecer un marco regulatorio, con derechos y obligaciones de trabajadores y empleadores.
El informe advierte que si bien el proyecto que reunió el consenso de casi todas las fuerzas políticas puede estar lleno de buenas intenciones, no debe dejarse de lado que “su texto tiene problemas de técnica legislativa, incluye retrocesos y peligros potenciales, al tiempo que gran cantidad de los supuestos avances están condicionados a una negociación colectiva posterior”.
En este sentido, se identifican los principales aspectos abordados por el proyecto de ley, señalando sus problemas concretos, sus potenciales peligros y el mayor o menor alcance de los límites que se pretende imponer al teletrabajo.
Sobre los problemas de técnica legislativa y fecha de entrada en vigencia de la ley, el informe aclara que “El texto del proyecto contiene imprecisiones que generarán previsibles conflictos, litigios y que facilitarán la imposición unilateral de la voluntad de los empleadores. Uno de ellos refiere al momento en el que la ley comenzará a entrar en vigencia, 90 días luego de finalizado el aislamiento social, preventivo y obligatorio (ASPO) según expresa el art. 19”.
En cuanto a retrocesos y peligros potenciales contenidos en el proyecto, la primer advertencia que aparece en el artículo 4, sobre la vinculación entre teletrabajo y trabajo por objetivos. “Para los trabajadores este es el peor de los mundos: implica volver a lo peor del trabajo a destajo del siglo XIX con las herramientas tecnológicas del siglo XXI. La referencia al trabajo por objetivos, que pueden ser cuantitativos y/o cualitativos, aparece en el artículo que busca garantizar el derecho a una jornada limitada, que luego se complementa con el reconocimiento del derecho a la desconexión”.
“Si se abre la posibilidad para relacionar teletrabajo a trabajo por objetivos la idea de jornada limitada pasa a estar completamente desdibujada y pierde efectos en la práctica. Por otra parte, en el artículo 2 el proyecto considera al teletrabajo como un nuevo contrato de trabajo y no como una modalidad de organizar el trabajo. Esta es una cuestión técnica, pero abre la puerta para que, en un futuro, este contrato esté expuesto a una mayor flexibilidad laboral.”, explica el informe.
En sus artículos 7 y 8, el proyecto establece que la decisión de pasar a la modalidad de teletrabajo es voluntaria y reversible. Al respecto, el observatorio indica que el reconocimiento de estos derechos constituye un paso adelante, aunque alerta sobre algunos problemas importantes. “Por un lado, se trata de un derecho reconocido individualmente, lo que hace muy difícil (o virtualmente imposible) su ejercicio en la práctica dada la disparidad existente en la relación de poder entre trabajadores y empleadores a nivel individual. En otras palabras, no hay ninguna referencia a que esta voluntariedad pueda surgir de manera colectiva a través de la organización sindical, sino que está referida a la decisión de cada trabajador o trabajadora”.
Asimismo se trata de derechos que solo son aplicables para los trabajadores que comenzaron su contrato realizando tareas presenciales, mientras que para quienes iniciaron su vínculo a través del teletrabajo estos derechos no son aplicables (en el mejor de los casos podrían ser habilitados por la negociación colectiva): “Este mecanismo genera un riesgo muy importante a mediano y largo plazo, ya que las empresas podrán comenzar a contratar teletrabajadores, e incluso a reemplazar trabajadores presenciales por trabajadores a distancia, vaciando en la práctica aquellos lugares o centros de trabajo donde esta modalidad pueda ser utilizada con mayor facilidad”.
En cuanto a los límites al teletrabajo que quedan sujetos a una posterior e incierta negociación colectiva, el texto anuncia: “Para poder ejercer gran parte de los derechos reconocidos en la ley será necesario contar con un acuerdo colectivo entre empleadores y organizaciones sindicales que puede o no celebrarse. En caso de no existir tal acuerdo, la ley terminará funcionando como una habilitación general a la imposición del teletrabajo sin mayores límites normativos”.
El proyecto habilita la posibilidad de realizar el teletrabajo de manera total y la posibilidad de combinar con tareas presenciales está sujeta a una negociación colectiva posterior que puede o no suceder. Queda la posibilidad de que una porción cada vez mayor de trabajadores pierda todo contacto presencial con sus compañeros de trabajo, reforzando así el proceso de individualización de las relaciones laborales y de ruptura de los vínculos colectivos
El reconocimiento de las tareas de cuidados y el derecho a contar con un horario compatible con dichas tareas y a interrumpir la jornada de trabajo también se plantean como avances que corren riesgos de quedarse en buenas intenciones: “Este articulo tiene dificultades técnicas legislativas que van a hacer muy difícil su ejercicio en la práctica, y su reglamentación también depende de una incierta y posterior negociación colectiva. Adicionalmente, existen dudas acerca de si una medida de estas características tenderá a generar una mayor equidad de género o si, por el contrario, reforzará la asignación social de las tareas reproductivas en cabeza de las trabajadoras mujeres”, remarcan.
Una situación similar se verifica con la obligación de los empleadores de proporcionar los equipos de trabajo, conexiones y reparaciones necesarias: “si bien como principio general, está muy bien, el proyecto abre la puerta para que el empleador opte por entregar una compensación que deberá ser regulada en la negociación colectiva”.
Algunos avances previstos en el sistema de la ley, el informe reivindica el derecho a la desconexión, que no deja de ser un reconocimiento del retroceso que ha experimentado el derecho a una jornada limitada de trabajo a lo largo de los últimos años. En otras palabras, la desconexión no sería necesaria si se respetaran a rajatabla los límites de la jornada de trabajo ya existentes.
Posibles modificaciones al proyecto aprobado por Diputados
Tal como está redactado, el proyecto “fomenta” el teletrabajo sin establecer límites precisos ni garantías para evitar que se transforme en una nueva herramienta de flexibilización y precarización laboral. Gran parte de los límites que dice establecer son en realidad remisiones a la negociación colectiva que podrá o no llevarse adelante y que parte de mínimos legales inexistentes.
Por eso, el informe propone “Supeditar la habilitación para la realización de teletrabajo a la manifestación de la voluntad colectiva por parte de la organización sindical representativa, debiendo incluir en dicho acuerdo pautas que reglamenten aquellas cuestiones que la ley deriva a la negociación colectiva”.
En caso que no sea posible, “establecer mínimos legales concretos en cada una de las dimensiones que el proyecto delega en la negociación colectiva (parcialidad, compensación por mayores gastos, horario limitado e interrupciones vinculados a la realización de tareas de cuidado, etc)”.
En este sentido, se proponen las siguientes modificaciones: que los equipos de trabajo siempre deberán ser provistos por el empleador, no pudiendo exigirse en ningún caso que el trabajador ponga a disposición equipos propios; eliminar la posibilidad de vincular teletrabajo con trabajo por objetivos; establecer que los accidentes ocurridos en ocasión del teletrabajo se “consideran” laborales, en los términos previstos en el art. 6 de la LRT; eliminar la referencia al teletrabajo como un nuevo contrato de trabajo y disponer que se trata de una forma de organizar el proceso productivo; eliminar la facultad de los empleadores de asignar a quienes realizan teletrabajo a un centro de trabajo o unidad productiva a los fines del ejercicio de los derechos sindicales, disponiendo que ella debe ser realizada por las organizaciones sindicales respectivas.
Informe completo AQUI
https://redeco.com.ar/nacional/trabajadorxs/29818-regular-el-teletrabajo,-
%C2%BFavances-o-retrocesos
Fuente: https://rebelion.org/regular-el-teletrabajo-avances-o-retrocesos/