viernes, 16 de agosto de 2019

Hallamos otro ejemplo de cómo desde abajo la lucha es consecuente con las necesidades e intereses populares.

Mar del Plata: Nuevo juicio en septiembre a la Concentración Nacional Universitaria

16 de agosto de 2019
En diciembre de 2016 en Mar del Plata  se condenó a siete integrantes de la Concentración Nacional Universitaria (CNU). A partir del miércoles 11 de septiembre dos nuevos acusados comenzara a ser juzgados en un nuevo proceso:  Oscar Héctor Corres y Eduardo Salvador Ullúa, quien fue detenido en abril de 2017  tras estar nueve años prófugo de la Justicia. 

Por Lucho Soria para ANRed


El Tribunal Oral de Mar del Plata estará integrado por los jueces Daniel Obligado, Nicolás Toselli y Enrique Méndez Signori, y en representación el Ministerio Público Fiscal actuará el fiscal Pablo Ouviña.

Al requerir la elevación a juicio, el fiscal federal Nicolás Czizik reparó en que la causa no se centra en la actividad de la CNU ni en la persecución de las ideas políticas que detentaban sus miembros, sino que se limita a la investigación del accionar de una asociación ilícita que actuó enmascarada en esta agrupación política entre el 20 de febrero de 1975 y el 15 de marzo de 1976. De acuerdo a la prueba que consta en el expediente, y el juicio condenatorio a otros integrantes de la banda, cometieron distintos delitos como homicidios, privaciones ilegales de la libertad, robos, amenazas, “para la persecución y eliminación de personas en el marco de un ataque sistemático y generalizado contra una parte de la población civil y de conformidad con una política de Estado”.
Si bien los hechos juzgados son anteriores al Golpe cívico militar, son catalogados como delitos de lesa humanidad y por lo tanto imprescriptibles. “Son crímenes contra la humanidad los atentados contra los bienes jurídicos individuales fundamentales cometidos como parte de un ataque generalizado o sistemático realizado con la participación, por acción u omisión, del poder político», citó el fiscal a cargo de la instrucción.
De acuerdo a la investigación desarrollada, el accionar de la asociación ilícita contó con el apoyo de diversas instancias del poder local -como Universidad, la Fiscalía Federal y Fuerzas de Seguridad, donde sus integrantes prestaban funciones o tenían vínculos- y con la colaboración de la CNU La Plata e integrantes de la organización Triple A. “El accionar de este grupo era conocido incluso por los servicios de inteligencia estatales al mismo momento de los hechos (…) a lo que debe sumarse el resultado casi nulo de las investigaciones judiciales abiertas en relación a los mismos, todo lo cual acredita como mínimo la aquiescencia estatal prestada a la comisión de los hechos investigados”, sostiene el requerimiento de elevación a juicio interpuesto por el MPF.
En el juicio que finalizó en diciembre de 2016, fueron condenados a prisión perpetua el ex fiscal Gustavo  Demarchi (justicia de la dictadura), Fernando Otero y Mario  Durquet, mientras que José Luis Granel fue condenado a 7 años, Juan Asaro a 5 años y Juan Carlos Asaro a 3 años. En tanto que Raúl Rogelio Moleón y Raúl Arturo Viglizzo resultaron absueltos.  Con relación al ex fiscal Gustavo Demarchi, cabe agregar que el MPF actualizo la informacion sobre la justicia de la dictadura, que Anred fue el único medio que informó del accionar de los cómplices de la dictadura.La información oficial  de la Procuraduría de Crímenes Contra la Humanidad (PCCH) da cuenta de que están siendo investigadas, tanto en etapa de instrucción como de juicio, 48 personas. Y si se repara en otras once que estuvieron imputadas hasta su fallecimiento, la suma de integrantes del sistema de administración de justicia vinculadas a causas por crímenes cometidos durante la última dictadura asciende a 59.
Más del 50% de ese universo eran jueces o juezas al momento de los hechos; el 20% tenían cargo de secretarios; el 19% eran fiscales y el 8% defensores oficiales. Sólo trece obtuvieron sentencia -once condenas y dos absoluciones-: ocho de las once personas condenadas se desempeñaban como magistradas al momento de la comisión de los delitos.

Más Noticias


Fuente: https://www.anred.org/?p=120401

Ejemplifiquemos una vez más cómo sólo la autoorganización y lucha de las diversidades de abajo abren caminos a la vigencia de los derechos de los pueblos y la Naturaleza.

Comunicado tras acudir a sesión de Comisión de Minería y Energía del Senado
"Los glaciares no pueden esperar,
la protección es ahora"
16 de agosto de 2019
Por Coordinación de Territorios por la Defensa de los Glaciares (Rebelión)

“Si Chile no ha tenido una Ley de Glaciares ha sido a consecuencia del sector minero y su influencia. No puede ser que las empresas rayen la cancha respecto de la ley de Glaciares que tenemos que tener

El pasado jueves 8 de agosto, asistimos como Coordinación de Territorios por la Defensa de los Glaciares a la Comisión de Minería y Energía del Senado [1] en contexto de la revisión de un nuevo proyecto de ley de protección de glaciares [2] y a propósito de lo expuesto desde el sector empresarial, expresamos:

1. Como coordinación, solicitamos asistir ya que consideramos que el nivel de falacias, y constante falta a la verdad en el discurso esparcido por los invitados hasta ese momento (Glaciólogo Consultor de Barrick Pablo Wainstein, Ministro Baldo Prokurica, COCHILCO, SONAMI, CODELCO y Federación de Trabajadores), era de tal nivel, que fue necesario poner muchas cosas en su lugar, en aras de la verdad, y de la razón ante una irracionabilidad apabullante.

Cabe recordar que este proyecto se encuentra en esta comisión luego de que previo a la votación en general, el Comité de parlamentarios de los distintos partidos acordó con el Ejecutivo que de aprobarse sería revisado primero por esta comisión, para luego volver a la Comisión de Medio Ambiente. Acuerdo que develó sin pudor alguno el nivel de presión que ejerce la minería ante la posibilidad de una ley de protección.

2. Denunciamos, y constatamos in situ avanzaba la sesión, cómo la discusión de este proyecto de ley, que ya fue aprobada en general, se ha direccionado, intencionalmente, a relativizar la pertinencia de una ley de glaciares en el país, a consecuencia de una clara estrategia concertada entre el Gobierno, el sector minero y científicos serviles (como por ejemplo Gino Casassa, ex consultor de mineras y nombrado por el gobierno en el 2018 como Director de la Unidad de Glaciología y Nieves de la DGA) quienes intentan imponer la idea de que los glaciares en Chile ya se encuentran protegidos, señalando incluso que “El 86% de los glaciares estaría protegido por SNASPE, y el 14% restante por el Sistema de Evaluación Ambiental” [3] .

3. Se explicó contundentemente por qué esa premisa es falsa, pues hay 13.565 glaciares que no están en parques nacionales ni reservas, a su vez hay muchos parques y reservas, y justamente de las regiones más amenazadas por la megaminería que no contienen glaciares protegidos (I, II, III, IV, V, VI, VII y XIV y en la segunda y tercera región no hay ningún glaciar protegido). Además, los 10.549 glaciares que se encuentran en áreas protegidas igual pueden ser desafectados por letra p) del artículo 11 del SEIA que así lo permite igualmente por artículo de Código Minero.

4. En tanto que la falsa premisa de que los glaciares, que según ellos se encuentran protegidos por el SEIA, fue totalmente desmentida también por los investigadores de la Universidad de Atacama. La minería en las nacientes con la explotación y también exploración a través de sondajes de prospección, o proyectos hidroeléctricos emplazados en el ambiente periglacial son ejemplos de la permisibilidad del sistema. El SEIA es un colador que no cuela, y aún más; el Decreto 40, que vino a agudizar más la situación, permitiendo incluso modificar o alterar volumen de un glaciar. Hoy hay más de 32 proyectos mineros e hidroeléctricos en zona de glaciares permitidos por el SEA (SMA y SERNAGEOMIN).

5. Recalcamos que la minería se ha opuesto históricamente a la protección de los glaciares por medio de una ley particular, truncando y obstaculizando este objetivo, con la constante presencia de sus representantes en todas las instancias de discusión, desplegando también una campaña del terror a través de los principales medios de comunicación de las elites. En esta última sesión, se sumó a la defensa del extractivismo que destruye los glaciares el Colegio de Ingenieros, el Instituto de Ingenieros y la Asociación de Proveedores Industriales de la minería, el centro de Estudios Libertad y Desarrollo, y uno de los visitantes permanentes del parlamento, CODELCO.

6. Dimos cuenta de la situación de crisis hídrica y ambiental del país y de lo relevante que son los glaciares no sólo en términos hídricos y reguladores de las cuencas, sino más allá de eso, son elementos centrales de la sobreviviencia de ecosistemas y son la base para garantizar los derechos humanos. La actual escasez de agua responde al Código de Aguas, que promueve la mercantilización y lucro, consagrando la privatización del agua, que ya no fluye por nuestros ríos. De ahí que los glaciares se vuelven trascendentales para garantizar los derechos humanos y la vida de los ecosistemas y biodiversidad.

7. Aprovechamos de repudiar y denunciar otra estrategia pérfida que va aparejada; la nueva definición de glaciares impulsada por Gino Casassa. Que discrimina a glaciares que no fluyen y a los más pequeños de 1 hectárea, dejando así fuera en su gran mayoría a todos los glaciares del Norte de nuestro país.

8. Rechazamos la presencia del ex Ministro de Medio Ambiente, Pablo Badenier quien, junto al ex Director Nacional de Agua Carlos Estévez, no se arrugaron en contar una post verdad con relación al proyecto de (des) protección del gobierno anterior, promocionado por ellos. Y en donde expresaron: “El proyecto de ley protegía a todos los glaciares”, cuando dicho por la misma Corte Suprema era un proyecto que finalmente regulaba y permitía la intervención de los glaciares.

9. Así mismo, el académico de la carrera de Geografía de la Universidad de Chile Francisco Ferrando y los investigadores que representaron al Laboratorio de Investigación de la Criosfera y Aguas de la Universidad de Atacama, coincidieron con lo expuesto por la Coordinación en el sentido de que la protección debe orientarse a las diversas formas de hielo (crioformas) como el permafrost y al entorno o ambiente periglacial. Defendiendo que incluso se debería hablar de una Ley de la Criosfera, ya que es importante resguardar todas las zonas (bajo 0º C) con presencia de hielo.

10. Expusimos los claros fundamentos de la Corte Suprema que ha indicado que “En la actualidad no existe duda que los glaciares son bienes nacionales, que forman parte del patrimonio ambiental de Chile y no pueden ser objeto de proyectos de inversión con fines económicos” y que no pueden ser sometidos al SEA. Así mismo lo señalado por el Instituto Nacional de Derecho Humanos quienes entienden que la protección deber ir más allá del glaciar mismo; reconociendo la importancia de otras crioformas y el valor del entorno. Y que al no resguardarse se están vulnerando una serie de Tratados Internacionales ratificados por Chile.

11. Por último, respecto de la constitución de una mesa técnica y científica para la viabilización de esta ley o la necesidad previa de avances científicos e investigaciones para entonces poder pensar en una protección adecuada a los glaciares, compartimos de manera enérgica que eso es vulnerar el principio preventorio y precautorio asociado al Acuerdo de Río que atraviesa toda nuestra legislación ambiental, que da cuenta que la falta de certeza jurídica no debe ser un impedimento para tomar medidas necesarias. Los glaciares no pueden esperar, la protección es AHORA.

12. Desde las comunidades, afectadas por la desprotección en la que se encuentran los glaciares y su entorno, levantamos la demanda de CHILE, PAÍS GLACIAR, pues somos a nivel latinoamericano el país con la mayor cantidad de superficie glaciar (albergados el 91%), donde el 70% de la población vive de ellos. Reivindicamos además el derecho a vivir en un medio ambiente libre de contaminación, que es generada por las mismas empresas que hoy no quieren que protejamos nuestros glaciares (empresas causantes además del cambio climático). Chile es hoy económicamente diverso y son otros los sectores que aportan al bolsillo del país (el aporte al PIB de la minería está en el tercer lugar, con una tendencia a la baja), pues no dependemos de la minería únicamente y ante el contexto mundial de emergencia climática no podemos seguir repitiendo aquel discurso. Si hay una certeza es que No podemos vivir sin agua.

Aquí link con el video de la sesión del 08 de agosto pasado. La Coordinación expone a partir de los 38 minutos.

https://tv.senado.cl/tvsenado/comisiones/permanentes/mineria-y-energia/comision-de-mineria-y-energia/2019-08-08/093256.html

CONTACTOS:

Constanza San Juan +56962413008

María Jesús Martínez +56963970135

defendiendo.glaciares@.gmail.com

------------------------

[1] Comisión integrada por los Senadores Elizalde, Guillier, Próhens, García Huidobro y la Senadora Yasna Provoste.

[2] Proyecto de ley presentado originalmente por Senador Girardi, Senadoras Allende y Órdenes y Senadores Ossadón y Prohens, éstos últimos luego retiraron su firma del proyecto.

[3] Exposición Gino en Lanzamiento Atlas glaciares andinos de la Onu enero de 2018.

Asociemos la ofensiva del gobierno peronista contra estatales y docentes con la política de Estado de entrega del territorio a megamineras con la excusa de tener fondos públicos pero hay fuerte resistencia desde hace años.

Chubut: en medio de las protestas la policía detuvo a dos dirigentes docentes

16 de agosto de 2019

Esta madrugada, la policía de Chubut a cargo del gobernador Mariano Arcioni, detuvo a dos dirigentes docentes que se encontraban manifestándose en la Ruta 26 y 3 de Comodoro Rivadavia. Desde hace días trabajadores de la salud, estatales y docentes reclaman el pago de sueldos atrasados. Trabajadoras y trabajadores, realizan un corte de la Ruta 7 para exigir la inmediata libertad de los docentes detenidos, en medio de una tensa negociación con la policía que amenaza con desalojar. 

Por ANRed

Esta madrugada, el secretario general de la Regional Sur, Daniel Murphy, y la delegada Magalí Stoyanoff fueron detenidos en las rutas 3 y 26 por la fuerza en medio de la protesta que estaban realizando los docentes.
«Había cortes en las rutas 26 y 3 de Comodoro Rivadiavia y Sarmiento y a las 5 am la policía por orden del gobierno actuó y se llevó detenidos a Daniel Murfhy de ATECH de la regional sur de Comodoro Rivadavia y la delegada Magalí Stoyanoff. A partir de ahí se suscitó una serie de acontencimientos, que tuvieron su repercusión en la zona del valle de Chubut, se cortaron las Rutas 3 y 7 que son el acceso a la capital de la provincia. Desde esta mañana muy temprano los trabajadores estatales permanecen en la ruta. La infantería quiso desalojar, y desde esta mañana hay una tensa negociación. Los trabajadores informaron que van a permanecer en la ruta hasta que liberen a los detenidos. Algunos diputados provinciales estÁn actuando para tratar de mediar, pero se da en el marco de una situación general muy caótica y profunda, que tiene manifestaciones de todo tipo y sentido, con movilizaciones, ocupaciones de escuelas y con paro general en todos los estamentos del estado» informó José Luis Pope de Radio Sudaca en diálogo con ANRed
Según relataron los manifestantes, mientras se encontraban en la ruta realizando una panfleteada e iban a realizar una asamblea en el marco del plan de lucha que vienen realizando contra el atraso en los sueldos y el pago escalonado , la policía irrumpió en el lugar «lo tiraron al piso y se lo llevaron a la rastra».
Los detenidos fueron trasladados a la Comisaría Séptima, pero luego Murphy habría sido trasladado a la seccional de Diadema. Por el momento el Gobierno provincial no dió su versión sobre los motivos de la detención.
«La dirigente Gladys Díaz aseguró a Radio 3 que según los dirigentes de judiciales, Raúl Belcastro y José Luis Ronconi, las detenciones fueron ilegales. Murphy, que fue trasladado a la Comisaría de Diadema, se habría empujado con algunos efectivos cuando intentaba colocar algunos neumáticos sobre la ruta.»
Los trabajadores mantienen un corte en la Ruta 7 para exigir la libertad de los detenidos. El ministro coordinador de gabinete y quién gobierna personalmente las fuerzas en Chubut Federico Massoni, se acercó al corte de ruta y según los manifestamtes «no pudo justificar la detención ilegal de los compañeros».
Por el momento hay un tensa negociación con la policía, ya que amenaza con desalojar. 
Mientras tanto, trabajadores de distintos sectores se van sumando al corte. Petroleros se negaron a subir a los yacimientos en apoyo a la lucha de estatales y docentes.

Más Noticias


Fuente: https://www.anred.org/?p=120370

"Gracias a cada uno de los habitantes de Sarmiento por habernos defendido por habernos bancado por haber sido espontáneos por no permitir la represión.. por el sin fin de abrazos y mimos a todos...hoy el gobernador de Chubut envió a reprimir a maestras, enfermeras, auxiliares, viales etc etc una pueblada en Sarmiento no lo permitió!!!!! gracias infinitas estamos en deuda".

Los petroleros manifestaron su solidaridad con los docentes y evitaron el desalojo por parte de las fuerzas de seguridad

16 de agosto de 2019
Los trabajadores petroleros manifestaron su solidaridad con los docentes que se encuentran con un piquete y acampe en la Ruta 26 en Sarmiento y evitaron un desalojo por parte de las fuerzas de seguridad que se apostaron esta mañana en el lugar.
Sobre la ruta Nacional N° 26 los docentes, junto a trabajadores estatales llevan a cabo un acampe y corte que impide la circulación de vehículos relacionados con la actividad petrolera. Se dispuso en el lugar, un fuerte operativo policial.
El reclamo de los trabajadores es en rechazo al pago escalonado de salarios y decidieron permanecer en la ruta, en cercanías al ingreso de Sarmiento. Allí vecinos, familiares y amigos decidieron sumarse a los piquetes.
Más de 60 efectivos de Infantería, GEOP y también Gendarmería realizaban acciones para tratar de liberar la ruta y permitir el tránsito de los trabajadores petroleros hacia los yacimientos.
Algunos vehículos de transporte de personal siguieron su camino, pero otros ante el tenso panorama y ante la gran presencia de efectivos de las fuerzas de seguridad, decidieron acompañar el reclamo de los trabajadores estatales.
La solidaridad de los trabajadores petroleros hizo desistir el desalojo, por parte de un inminente avance de Infantería en el lugar, así lo aseguró “La Informativa Digital Sarmientina”.

REPRODUCIMOS A CONTINUACIÓN UNA  CRÓNICA DE UN VECINO Y TRABAJADOR DE CHUBUT DESDE EL LUGAR DE LOS HECHOS 

El gobierno de Chubut y los estatales

El tiro de gracia: un tiro que fue evitado por una pueblada.
4 de la madrugada los empleados estatales volcados a las banquinas de la ruta nacional 26 a escasos metros del ingreso al regimiento 25 de sarmiento recibimos notificación de que debíamos abandonar el justo reclamo que hacíamos por la falta de pago de nuestros haberes y el corte de nuestra obra social...ya que para el gobernador una panfleteada o una asamblea era perjudicial para el estado provincial...enviando al grupo geop, infantería, policía montada, policía , y demás a un reclamo de trabajadores 40 aproximadamente en gran parte mujeres ...al cual se no dice que tienen orden de desalojar de la forma que sea... en esos momentos llegaban más personas de los distintos organismos provinciales... a lo cual se le dice al jefe de operativo que nuestra misión era visibilizar  panfletear y solicitarle a nuestros vecinos hermanos amigos tíos cuñados etc. ..que entendieran que estábamos en un reclamo justo para todos hasta inclusive para aquellos que tenían orden de reprimir....estos eran petroleros !!!... mientras las fuerzas de seguridad daban empujones amedrentaban a la gente muchos de nosotros con llanto ante la impotencia de a lo que se nos iba claramente a someter ..que vale aclarar que mínimamente eran más de 150 efectivos para unos 40 trabajadores en ese momento. los petroleros al ver la situación de sometimiento y que la ruta se encontraba cortada por las mismas fuerzas policiales que hacían anillos y forzaban a que nadie se pudiera solidarizar...estos tomaron la decisión de frenar la situación que ya se había tornado muy violenta los autos de particulares paraban y se bajaban a respaldar la no represión a los trabajadores...he ahí que paso algo jamás pensado..el gobierno provincial envió fuerzas de  represión a dar el tiro de gracia y este le salió por la culata...sarmiento Chubut ocurría algo histórico se origina  una pueblada ante los videos los audios que instantáneamente a través de WhatsApp se iban compartiendo cientos de vehículos particulares empezaron a aparecer a volcarse a la ruta gente que no conocíamos gente que nunca vimos gente que jamás pensamos que podrían ponerse en nuestro lugar y decir acá no se reprime a nadie acá no están los estatales acá esta la comunidad de sarmiento!!!!! vamos a defender a nuestras mujeres , esposos , hijos , hijas , sobrinos , nietos, primos , amigos. etc. etc... increíble emocionante no fuimos nosotros fueron ellos los sarmiéntenos que evitaron que la ruta 26 quedara manchada de sangre de trabajadores...en el correr de las horas cada vez más gente llegaba no solo apoyando sino diciendo reclamen somos su apoyo somos sus defensores somos el pueblo en rebelión de un gobierno provincial que para dar respuesta a los trabajadores recurre a la violencia. sin obra social ni noticias  sobre nuestros salario habían enviado grupos especiales de operaciones con armas a decirnos no reclamen lo que es justo y si lo hacen sabemos cómo callarlos y lo habían logrado solo se escuchaba mujeres, hombres, llorando algunos de impotencia otros de miedo al desenlace...hoy todo el día fue impresionante los miles de llamados la presencia de trabajadores del ámbito privado... no están solos reclamen estamos con ustedes ...porque son nuestras familias parte importante de nuestro pueblo...fue tan grande la espontaneidad y la auto convocatoria...que las fuerzas se vieron superadas por miles de personas... fue una pueblada.. evitaron quizá unos garrotazos, unas balas de goma, evitaron quizá hasta una muerte!!.. sabemos la historia nos lo ha contado la represión origina muertos.
Y hoy en lo personal sería muy injusto decirle gracias a algunos....hoy les doy las gracias a cada uno de los habitantes de Sarmiento por habernos defendido por habernos bancado por haber sido espontáneos por no permitir la represión.. por el sin fin de abrazos y mimos a todos...hoy el gobernador de Chubut envió a reprimir a maestras, enfermeras, auxiliares, viales etc etc una pueblada en Sarmiento no lo permitió!!!!! gracias infinitas estamos en deuda.
Bruno Marconi,
trabajador vial

Fuente: http://contrahegemoniaweb.com.ar/los-petroleros-manifestaron-su-solidaridad-con-los-docentes-y-evitaron-el-desalojo-por-parte-de-las-fuerzas-de-seguridad

Nos comunican que la Asamblea de la Cuenca de Guayatayoc y Salinas Grandes – Jujuy, reforzó la articulación con otros espacios que en Jujuy y Argentina defienden el territorio en contra de grandes proyectos extractivos.

Apuntes sobre socialismo desde abajo y poder popular
El agua y la vida 
valen más que el litio
16 de agosto de 2019

La Asamblea de la Cuenca de Guayatayoc y Salinas Grandes – Jujuy, reforzó la articulación con otros espacios que en Jujuy y Argentina  defienden el territorio en contra de grandes proyectos extractivos.
En la comunidad de Río Grande de los Ayllus de Abralaite, este sábado 10 de Agosto, se realizó la X JORNADA DE ORGANIZACIÓN Y PROYECCIÓN, convocados por la Pachamama y el Apu El Morau , se reunieron miembros de las comunidades de Río Grande, Agua de Castilla, Abralaite, Santa Ana de Abralaite, Casabindo, Tambillos, Aguas Blancas, El Moreno, Santuario de Tres Pozos, Pozo Colorado, Cianzo, Quera y Agua Caliente, Sayate, Laguna de Pozuelos, Abra Pampa, Autoconvocados de Purmamarca y Asamblea de Huacalera.
Se recibió a referentes de San Luis, La Rioja, Tucumán, miembros de distintos espacios en lucha y de la UAC (Unión de Asambleas de  Comunidades), a Marcos Pastrana de la Comunidad Indígena del Pueblo de la Nación Diaguita del Valle del Tafí y jóvenes del Movimiento Salta la India.
Se socializó e intercambió la experiencia de lucha en los distintos territorios, todos amenazados por emprendimientos neocoloniales extractivistas. “Los gobiernos tienen la idea de hacerse ricos, y pagar la deuda que están dejando ahora, con los recursos naturales nuestros, para eso sacrifican a los pueblos chicos y a los pobres. Si nosotros vivimos o morimos es problema nuestro a ellos no les importa, por eso es que solos no podemos hacer nada” expresó Yeni de la Asamblea de Famatina, La Rioja , además de contar que el pueblo de Famatina lleva 13 años, en lucha todos los días, sin dejar entrar a la mineras que quieren destruir el cerro que los provee de agua . “Nuestra vida, nuestra agua no vale un bolsón, una chapa, una bolsa de cemento, nuestra dignidad no tiene precio” la valentía y la organización que expresaron todos los asistentes, en defensa de la Pachamama, quedó enunciada en este ejemplo de lucha.
Se finalizó la Jornada, con una corpachada, renovando la espiritualidad de los pueblos y sosteniendo firmemente el No rotundo a la megaminería-minería de Litio y en pie de lucha en la defensa del territorio.

Fuente: http://contrahegemoniaweb.com.ar/el-agua-y-la-vida-valen-mas-que-el-litio

jueves, 15 de agosto de 2019

"Nos las tenemos que ver con una transformación progresiva y harto sutil del Estado de derecho, que ha incorporado a su legislación la situación de doble guerra económica y policial a la que nos han conducido los gobiernos".

Apuntes sobre socialismo desde abajo y poder popular

Anatomía

 del nuevo neoliberalismo
26 de julio de 2019

Por Pierre Dardot y Christian Laval
Desde hace una decena de años viene anunciándose regularmente el fin del neoliberalismo: la crisis financiera mundial de 2008 se presentó como el último estertor de su agonía, después le tocó el turno a la crisis griega en Europa (al menos hasta julio de 2015), sin olvidar, por supuesto, el seísmo causado por la elección de Donald Trump en EE UU en noviembre de 2016, seguido del referéndum sobre el Brexit en marzo de 2017. El hecho de que Gran Bretaña y EE UU, que fueron tierras de promisión del neoliberalismo en tiempos de Thatcher y Reagan, parezcan darle la espalda mediante una reacción nacionalista tan repentina, marcó los espíritus debido a su alcance simbólico. Después, en octubre de 2018, se produjo la elección de Jair Bolsonaro, quien promete tanto el retorno de la dictadura como la aplicación de un programa neoliberal de una violencia y una amplitud muy parecidas a las de los Chicago boys de Pinochet.  

El neoliberalismo no solo sobrevive como sistema de poder, sino que se refuerza. Hay que comprender esta singular radicalización, lo que implica discernir el carácter tanto plástico como plural del neoliberalismo. Pero hace falta ir más lejos todavía y percatarse del sentido de las transformaciones actuales del neoliberalismo, es decir, la especificidad de lo que aquí llamamos el nuevo neoliberalismo.


La crisis como modo de gobierno

Recordemos de entrada qué significa el concepto de neoliberalismo, que pierde gran parte de su pertinencia cuando se emplea de forma confusa, como sucede a menudo. No se trata tan solo de políticas económicas monetaristas o austeritarias, de la mercantilización de las relaciones sociales o de la dictadura de los mercados financieros. Se trata más fundamentalmente de una racionalidad política que se ha vuelto mundial y que consiste en imponer por parte de los gobiernos, en la economía, en la sociedad y en el propio Estado, la lógica del capital hasta convertirla en la forma de las subjetividades y la norma de las existencias.

Proyecto radical e incluso, si se quiere, revolucionario, el neoliberalismo no se confunde, por tanto, con un conservadurismo que se contenta con reproducir las estructuras desigualitarias establecidas. A través del juego de las relaciones internacionales de competencia y dominación y de la mediación de las grandes organizaciones de gobernanza mundial (FMI, Banco Mundial, Unión Europea, etc.), este modo de gobierno se ha convertido con el tiempo en un verdadero sistema mundial de poder, comandado por el imperativo de su propio mantenimiento.

Lo que caracteriza este modo de gobierno es que se alimenta y se radicaliza por medio de sus propias crisis. El neoliberalismo solo se sostiene y se refuerza porque gobierna mediante la crisis. En efecto, desde la década de 1970, el neoliberalismo se nutre de las crisis económicas y sociales que genera. Su respuesta es invariable: en vez de poner en tela de juicio la lógica que las ha provocado, hay que llevar todavía más lejos esa misma lógica y tratar de reforzarla indefinidamente. Si la austeridad genera déficit presupuestario, hay que añadir una dosis suplementaria. Si la competencia destruye el tejido industrial o desertifica regiones, hay que agudizarla todavía más entre las empresas, entre los territorios, entre las ciudades. Si los servicios públicos no cumplen ya su misión, hay que vaciar esta última de todo contenido y privar a los servicios de los medios que precisan. Si las rebajas de impuestos para los ricos o las empresas no dan los resultados esperados, hay que profundizar todavía más en ellas, etc.

Este gobierno mediante la crisis solo es posible, claro está, porque el neoliberalismo se ha vuelto sistémico. Toda crisis económica, como la de 2008, se interpreta en los términos del sistema y solo recibe respuestas que sean compatibles con el mismo. La ausencia de alternativas no es tan solo la manifestación de un dogmatismo en el plano intelectual, sino la expresión de un funcionamiento sistémico a escala mundial. Al amparo de la globalización y/o al reforzar la Unión Europea, los Estados han impuesto múltiples reglas e imperativos que los llevan a reaccionar en el sentido del sistema.

Pero lo que es más reciente y sin duda merece nuestra atención es que ahora se nutre de las reacciones negativas que provoca en el plano político, que se refuerza con la misma hostilidad política que suscita. Estamos asistiendo a una de sus metamorfosis, y no es la menos peligrosa. El neoliberalismo ya no necesita su imagen liberal o democrática, como en los buenos tiempos de lo que hay que llamar con razón el neoliberalismo clásico. Esta imagen incluso se ha convertido en un obstáculo para su dominación, cosa que únicamente es posible porque el gobierno neoliberal no duda en instrumentalizar los resentimientos de un amplio sector de la población, falto de identidad nacional y de protección por el Estado, dirigiéndolos contra chivos expiatorios.

En el pasado, el neoliberalismo se ha asociado a menudo a la apertura, al progreso, a las libertades individuales, al Estado de derecho. Actualmente se conjuga con el cierre de fronteras, la construcción de muros, el culto a la nación y la soberanía del Estado, la ofensiva declarada contra los derechos humanos, acusados de poner en peligro la seguridad. ¿Cómo es posible esta metamorfosis del neoliberalismo?

Trumpismo y fascismo

Trump marca incontestablemente un hito en la historia del neoliberalismo mundial. Esta mutación no afecta únicamente a EE UU, sino a todos los gobiernos, cada vez más numerosos, que manifiestan tendencias nacionalistas, autoritarias y xenófobas hasta el punto de asumir la referencia al fascismo, como en el caso de Matteo Salvini, o a la dictadura militar en el de Bolsonaro. Lo fundamental es comprender que estos gobiernos no se oponen para nada al neoliberalismo como modo de poder. Al contrario, reducen los impuestos a los más ricos, recortan las ayudas sociales y aceleran las desregulaciones, particularmente en materia financiera o ecológica. Estos gobiernos autoritarios, de los que forma parte cada vez más la extrema derecha, asumen en realidad el carácter absolutista e hiperautoritario del neoliberalismo.

Para comprender esta transformación, primero conviene evitar dos errores. El más antiguo consiste en confundir el neoliberalismo con el ultraliberalismo, el libertarismo, el retorno a Adam Smith o el fin del Estado, etc. Como ya nos enseñó hace mucho tiempo Michel Foucault, el neoliberalismo es un modo de gobierno muy activo, que no tiene mucho que ver con el Estado mínimo pasivo del liberalismo clásico. Desde este punto de vista, la novedad no consiste en el grado de intervención del Estado ni en su carácter coercitivo. Lo nuevo es que el antidemocratismo innato del neoliberalismo, manifiesto en algunos de sus grandes teóricos, como Friedrich Hayek, se plasma hoy en un cuestionamiento político cada vez más abierto y radical de los principios y las formas de la democracia liberal.

El segundo error, más reciente, consiste en explicar que nos hallamos ante un nuevo fascismo neoliberal, o bien ante un momento neofascista del neoliberalismo 2/. Que sea por lo menos azaroso, si no peligroso políticamente, hablar con Chantal Mouffe de un momento populista para presentar mejor el populismo como un remedio al neoliberalismo, esto está fuera de toda duda. Que haga falta desenmascarar la impostura de un Emmanuel Macron, quien se presenta como el único recurso contra la democracia iliberal de Viktor Orbán y consortes, esto también es cierto. Pero, ¿acaso esto justifica que se mezcle en un mismo fenómeno político el ascenso de las extremas derechas y la deriva autoritaria del neoliberalismo?

La asimilación es a todas luces problemática: ¿cómo identificar si no es mediante una analogía superficial el Estado total tan característico del fascismo y la difusión generalizada del modelo de mercado y de la empresa en el conjunto de la sociedad? En el fondo, si esta asimilación permite arrojar luz, centrándonos en el fenómeno Trump, sobre cierto número de rasgos del nuevo neoliberalismo, al mismo tiempo enmascara su individualidad histórica. La inflación semántica en torno al fascismo tiene sin duda efectos críticos, pero tiende a ahogar los fenómenos a la vez complejos y singulares en generalizaciones poco pertinentes, que a su vez no pueden sino dar lugar a un desarme político.

Para Henry Giroux 3/, por ejemplo, el fascismo neoliberal es una “formación económico-política específica” que mezcla ortodoxia económica, militarismo, desprecio por las instituciones y las leyes, supremacismo blanco, machismo, odio a los intelectuales y amoralismo. Giroux toma prestada del historiador del fascismo Robert Paxton (2009) la idea de que el fascismo se apoya en pasiones movilizadoras que volvemos a encontrar en el fascismo neoliberal: amor al jefe, hipernacionalismo, fantasmas racistas, desprecio por lo débil, lo inferior, lo extranjero, desdén por los derechos y la dignidad de las personas, violencia hacia los adversarios, etc.

Si bien hallamos todos estos ingredientes en el trumpismo y más todavía en el bolsonarismo brasileño, ¿acaso no se nos escapa su especificidad con respecto al fascismo histórico? Paxton admite que “Trump retoma varios motivos típicamente fascistas”, pero ve en él sobre todo los rasgos más comunes de una “dictadura plutocrática” 4/. Porque también existen grandes diferencias con el fascismo: no impone el partido único ni la prohibición de toda oposición y de toda disidencia, no moviliza y encuadra a las masas en organizaciones jerárquicas obligatorias, no establece el corporativismo profesional, no practica liturgias de una religión laica, no preconiza el ideal del ciudadano soldado totalmente consagrado al Estado total, etc. (Gentile, 2004).

A este respecto, todo paralelismo con el final de la década de 1930 en EE UU es engañoso, por mucho que Trump haya hecho suyo el lema de America first, el nombre dado por Charles Lindbergh a la organización fundada en octubre de 1940 para promover una política aislacionista frente al intervencionismo de Roosevelt. Trump no convierte en realidad la ficción escrita por Philip Roth (2005), quien imaginó que Lindbergh triunfaría sobre Roosevelt en las elecciones presidenciales de 1940. Ocurre que Trump no es a Clinton o a Obama lo que fue Lindbergh a Roosevelt y que en este sentido toda analogía es endeble. Si Trump puja cada vez más en la escalada antiestablishment para halagar a su clientela electoral, no trata, sin embargo, de suscitar revueltas antisemitas, contrariamente al Lindbergh de la novela, inspirada directamente en el ejemplo nazi.

Pero, sobre todo, no estamos viviendo un momento polanyiano, como cree Robert Kuttner (2018), caracterizado por la recuperación del control de los mercados por los poderes fascistas ante los estragos causados por el no intervencionismo. En cierto sentido ocurre todo lo contrario, y el caso es bastante más paradójico. Trump pretende ser el campeón de la racionalidad empresarial, incluso en su manera de llevar a cabo su política tanto interior como exterior. Vivimos el momento en que el neoliberalismo segrega desde el interior una forma política original que combina autoritarismo antidemocrático, nacionalismo económico y racionalidad capitalista ampliada.

Una crisis profunda de la democracia liberal

Para comprender la mutación actual del neoliberalismo y evitar confundirla con su fin es preciso tener una concepción dinámica del mismo. Tres o cuatro decenios de neoliberalización han afectado profundamente a la propia sociedad, instalando en todos los aspectos de las relaciones sociales situaciones de rivalidad, de precariedad, de incertidumbre, de empobrecimiento absoluto y relativo. La generalización de la competencia en las economías, así como, indirectamente, en el trabajo asalariado, en las leyes y en las instituciones que enmarcan la actividad económica, ha tenido efectos destructivos en la condición de las personas asalariadas, que se han sentido abandonadas y traicionadas. Las defensas colectivas de la sociedad, a su vez, se han debilitado. Los sindicatos, en particular, han perdido fuerza y legitimidad.

Los colectivos de trabajo se han descompuesto a menudo por efecto de una gestión empresarial muy individualizadora. La participación política ya no tiene sentido ante la ausencia de opciones alternativas muy diferentes. Por cierto, la socialdemocracia, adherida a la racionalidad dominante, está en vías de desaparición en un gran número de países. En suma, el neoliberalismo ha generado lo que Gramsci llamó monstruos mediante un doble proceso de desafiliación de la comunidad política y de adhesión a principios etnoidentitarios y autoritarios, que ponen en tela de juicio el funcionamiento normal de las democracias liberales. Lo trágico del neoliberalismo es que, en nombre de la razón suprema del capital, ha atacado los fundamentos mismos de la vida social, tal como se habían formulado e impuesto en la época moderna a través de la crítica social e intelectual.

Por decirlo de manera un tanto esquemática, la puesta en práctica de los principios más elementales de la democracia liberal comportó rápidamente bastantes más concesiones a las masas que lo que podía aceptar el liberalismo clásico. Este es el sentido de lo que se llamó justicia social o también democracia social, a las que no cesó de vituperar precisamente la cohorte de teóricos neoliberales. Al querer convertir la sociedad en un orden de la competencia que solo conocería hombres económicos o capitales humanos en lucha unos contra otros, socavaron las bases mismas de la vida social y política en las sociedades modernas, especialmente debido a la progresión del resentimiento y de la cólera que semejante mutación no podía dejar de provocar.

¿Cómo extrañarse entonces ante la respuesta de la masa de perdedores al establecimiento de este orden competitivo? Al ver degradarse sus condiciones y desaparecer sus puntos de apoyo y de referencia colectivos, se refugian en la abstención política o en el voto de protesta, que es ante todo un llamamiento a la protección contra las amenazas que pesan sobre su vida y su futuro. En pocas palabras, el neoliberalismo ha engendrado una crisis profunda de la democracia liberal-social, cuya manifestación más evidente es el fuerte ascenso de los regímenes autoritarios y de los partidos de extrema derecha, respaldados por una parte amplia de las clases populares nacionales. Hemos dejado atrás la época de la posguerra fría, en la que todavía se podía creer en la extensión mundial del modelo de democracia de mercado.

Asistimos ahora, y de forma acelerada, a un proceso inverso de salida de la democracia o de desdemocratización, por retomar la justa expresión de Wendy Brown. A los periodistas les gusta mezclar en el vasto marasmo de un populismo antisistema a la extrema derecha y a la izquierda radical. No ven que la canalización y la explotación de esta cólera y de estos resentimientos por la extrema derecha dan a luz un nuevo neoliberalismo, aún más agresivo, aún más militarizado, aún más violento, del que Trump es tanto el estandarte como la caricatura.

El nuevo neoliberalismo

Lo que aquí llamamos nuevo neoliberalismo es una versión original de la racionalidad neoliberal en la medida que ha adoptado abiertamente el paradigma de la guerra contra la población, apoyándose, para legitimarse, en la cólera de esa misma población e invocando incluso una soberanía popular dirigida contra las élites, contra la globalización o contra la Unión Europea, según los casos. En otras palabras, una variante contemporánea del poder neoliberal ha hecho suya la retórica del soberanismo y ha adoptado un estilo populista para reforzar y radicalizar el dominio del capital sobre la sociedad. En el fondo es como si el neoliberalismo aprovechara la crisis de la democracia liberal-social que ha provocado y que no cesa de agravar para imponer mejor la lógica del capital sobre la sociedad.

Esta recuperación de la cólera y de los resentimientos requiere sin duda, para llevarse a cabo efectivamente, el carisma de un líder capaz de encarnar la síntesis, antaño improbable, de un nacionalismo económico, una liberalización de los mecanismos económicos y financieros y una política sistemáticamente proempresarial. Sin embargo, actualmente todas las formas nacionales del neoliberalismo experimentan una transformación de conjunto, de la que el trumpismo nos ofrece la forma casi pura. Esta transformación acentúa uno de los aspectos genéricos del neoliberalismo, su carácter intrínsecamente estratégico. Porque no olvidemos que el neoliberalismo no es conservadurismo. Es un paradigma gubernamental cuyo principio es la guerra contra las estructuras arcaicas y las fuerzas retrógradas que se resisten a la expansión de la racionalidad capitalista y, más ampliamente, la lucha por imponer una lógica normativa a poblaciones que no la quieren.

Para alcanzar sus objetivos, este poder emplea todos los medios que le resultan necesarios, la propaganda de los medios, la legitimación por la ciencia económica, el chantaje y la mentira, el incumplimiento de las promesas, la corrupción sistémica de las élites, etc. Pero una de sus palancas preferidas es el recurso a las vías de la legalidad, léase de la Constitución, de manera que cada vez más resulte irreversible el marco en el que deben moverse todos los actores. Una legalidad que evidentemente es de geometría variable, siempre más favorable a los intereses de las clases ricas que a los de las demás. No hace falta recurrir, al estilo antiguo, a los golpes de Estado militares para poner en práctica los preceptos de la escuela de Chicago si se puede poner un cerrojo al sistema político, como en Brasil, mediante un golpe parlamentario y judicial: este último permitió, por ejemplo, al presidente Temer congelar durante 20 años los gastos sociales (sobre todo a expensas de la sanidad pública y de la universidad). En realidad, el brasileño no es un caso aislado, por mucho que los resortes de la maniobra sean allí más visibles que en otras partes, sobre todo después de la victoria de Bolsonaro como punto de llegada del proceso. El fenómeno, más allá de sus variantes nacionales, es general: es en el interior del marco formal del sistema político representativo donde se establecen dispositivos antidemocráticos de una temible eficacia corrosiva.

Un gobierno de guerra civil

La lógica neoliberal contiene en sí misma una declaración de guerra a todas las fuerzas de resistencia a las reformas en todos los estratos de la sociedad. El lenguaje vigente entre los gobernantes de todos los niveles no engaña: la población entera ha de sentirse movilizada por la guerra económica, y las reformas del derecho laboral y de la protección social se llevan a cabo precisamente para favorecer el enrolamiento universal en esa guerra. Tanto en el plano simbólico como en el institucional se produce un cambio desde el momento en que el principio de competitividad adquiere un carácter casi constitucional. Puesto que estamos en guerra, los principios de la división de poderes, de los derechos humanos y de la soberanía del pueblo ya solo tienen un valor relativo. En otras palabras, la democracia liberal-social tiende progresivamente a vaciarse para pasar a no ser más que la envoltura jurídico-política de un gobierno de guerra. Quienes se oponen a la neoliberalización se sitúan fuera del espacio público legítimo, son malos patriotas, cuando no traidores.

Esta matriz estratégica de las transformaciones económicas y sociales, muy cercana a un modelo naturalizado de guerra civil, se junta con otra tradición, ésta más genuinamente militar y policial, que declara la seguridad nacional la prioridad de todos los objetivos gubernamentales. El neoliberalismo y el securitarismo de Estado hicieron buenas migas desde muy temprano. El debilitamiento de las libertades públicas del Estado de derecho y la extensión concomitante de los poderes policiales se han acentuado con la guerra contra la delincuencia y la guerra contra la droga de la década de 1970. Pero fue sobre todo después de que se declarara la guerra mundial contra el terrorismo, inmediatamente después del 11 de septiembre de 2001, cuando se produjo el despliegue de un conjunto de medidas y dispositivos que violan abiertamente las reglas de protección de las libertades en la democracia liberal, llegando incluso a incorporar en la ley la vigilancia masiva de la población, la legalización del encarcelamiento sin juicio o el uso sistemático de la tortura.

Para Bernard E. Harcourt (2018), este modelo de gobierno, que consiste en “hacer la guerra a toda la ciudadanía”, procede en línea directa de las estrategias militares contrainsurgentes puestas a punto por el ejército francés en Indochina y en Argelia, transmitidas a los especialistas estadounidenses de la lucha anticomunista y practicadas por sus aliados, especialmente en América Latina o en el sudeste asiático. Hoy, la “contrarrevolución sin revolución”, como la denomina Harcourt, busca reducir por todos los medios a un enemigo interior y exterior omnipresente, que tiene más bien cara de yihadista, pero que puede adoptar muchas otras caras (estudiantes, ecologistas, campesinos, jóvenes negros en EE UU o jóvenes de los suburbios en Francia, y tal vez, sobre todo en estos momentos, migrantes ilegales, preferentemente musulmanes). Y para llevar a buen término esta guerra contra el enemigo, conviene que el poder, por un lado, militarice a la policía y, por otro, acumule una masa de informaciones sobre toda la población con el fin de conjurar toda rebelión posible. En suma, el terrorismo de Estado se halla de nuevo en plena progresión, incluso cuando la amenaza comunista, que le había servido de justificación durante la Guerra Fría, ha desaparecido.

La imbricación de estas dos dimensiones, la radicalización de la estrategia neoliberal y el paradigma militar de la guerra contrainsurgente, a partir de la misma matriz de guerra civil, constituye actualmente el principal acelerador de la salida de la democracia. Este enlace solo es posible gracias a la habilidad con que cierto número de responsables políticos de la derecha, aunque también de la izquierda, se dedican a canalizar mediante un estilo populista los resentimientos y el odio hacia los enemigos electivos, prometiendo a las masas orden y protección a cambio de su adhesión a la política neoliberal autoritaria.

El neoliberalismo de Macron

Sin embargo, ¿no es exagerado meter todas las formas de neoliberalismo en el mismo saco de un nuevo neoliberalismo? Existen tensiones muy fuertes a escala mundial o europea entre lo que hay que calificar de tipos nacionales diferentes de neoliberalismo. Sin duda no asimilaríamos a Trudeau, Merkel o Macron con Trump, Erdogan, Orbán, Salvini o Bolsonaro. Unos todavía permanecen fieles a una forma de competencia comercial supuestamente leal, cuando Trump ha decidido cambiar las reglas de la competencia, transformando esta última en guerra comercial al servicio de la grandeza de EE UU (“America is Great Again”); unos invocan todavía, de palabra, los derechos humanos, la división de poderes, la tolerancia y la igualdad de derechos de las personas, cuando a los otros todo esto les trae sin cuidado; unos pretenden mostrar una actitud humana ante los migrantes (algunos muy hipócritamente), cuando los otros no tienen escrúpulos a la hora de rechazarlos y repatriarlos. Por tanto, conviene diferenciar el modelo neoliberal.

El macronismo no es trumpismo, aunque solo fuera por las historias y las estructuras políticas nacionales en las que se inscriben. Macron se presentó como el baluarte frente al populismo de extrema derecha de Marine Le Pen, como su aparente antítesis. Aparente, porque Macron y Le Pen, si no son personas idénticas, en realidad son perfectamente complementarias. Uno hace de baluarte cuando la otra acepta ponerse los hábitos del espantajo, lo que permite al primero presentarse como garante de las libertades y de los valores humanos. Si es preciso, como ocurre hoy en los preparativos para las elecciones europeas, Macron se dedica a ensanchar artificialmente la supuesta diferencia entre los partidarios de la democracia liberal y la democracia iliberal del estilo de Orbán, para que la gente crea más fácilmente que la Unión Europea se sitúa como tal en el lado de la democracia liberal.

Sin embargo, tal vez no se haya percibido suficientemente el estilo populista de Macron, quien ha podido parecer una simple mascarada por parte de un puro producto de la élite política y financiera francesa. La denuncia del viejo mundo de los partidos, el rechazo del sistema, la evocación ritual del pueblo de Francia, todo esto era quizá suficientemente superficial, o incluso grotesco, pero no por ello ha dejado de hacer gala del empleo de un método característico, precisamente, del nuevo neoliberalismo, el de la recuperación de la cólera contra el sistema neoliberal. No obstante, el macronismo no tenía el espacio político para tocar esta música durante mucho tiempo. Pronto se reveló como lo que era y lo que hacía.

En línea con los gobiernos franceses precedentes, pero de manera más declarada o menos vergonzante, Macron asocia al nombre de Europa la violencia económica más cruda y más cínica contra la gente asalariada, pensionista, funcionaria y la asistida, así como la violencia policial más sistemática contra las manifestaciones de oponentes, como se vio, en particular, en Notre-Dame-des-Landes y contra las personas migrantes. Todas las manifestaciones sindicales o estudiantiles, incluso las más pacíficas, son reprimidas sistemáticamente por una policía pertrechada hasta los dientes, cuyas nuevas maniobras y técnicas de fuerza están pensadas para aterrorizar a quienes se manifiestan e intimidar al resto de la población.

El caso de Macron está entre los más interesantes para completar el retrato del nuevo neoliberalismo. Llevando más lejos todavía la identificación del Estado con la empresa privada, hasta el punto de pretender hacer de Francia una start-up nation, no cesa de centralizar el poder en sus manos y llega incluso a promover un cambio constitucional que convalidará el debilitamiento del Parlamento en nombre de la eficacia. La diferencia con Sarkozy en este punto salta a la vista: mientras que este último se explayaba en declaraciones provocadoras, al tiempo que afectaba un estilo relajado en el ejercicio de su función, Macron pretende devolver todo su lustre y toda su solemnidad a la función presidencial. De este modo conjuga un despotismo de empresa con la subyugación de las instituciones de la democracia representativa en beneficio exclusivo del poder ejecutivo. Se ha hablado con razón de bonapartismo para caracterizarle, no solo por la manera en cómo tomó el poder acabando con los viejos partidos gubernamentales, sino también a causa de su desprecio manifiesto por todos los contrapoderes. La novedad que ha introducido en esta antigua tradición bonapartista es justamente una verdadera gobernanza de empresa. El macronismo es un bonapartismo empresarial.

El aspecto autoritario y vertical de su modo de gobierno encaja perfectamente en el marco de un nuevo neoliberalismo más violento y agresivo, a imagen y semejanza de la guerra librada contra los enemigos de la seguridad nacional. ¿Acaso una de las medidas más emblemáticas de Macron no ha sido la inclusión en la ley ordinaria, en octubre de 2017, de disposiciones excepcionales del estado de emergencia declarado tras los atentados de noviembre de 2015?

La aplicación de la ley en contra de la democracia

No cabe descartar que se produzca en Occidente un momento polanyiano, es decir, una solución verdaderamente fascista, tanto en el centro como en la periferia, sobre todo si se produce una nueva crisis de la amplitud de la de 2008. El acceso al poder de la extrema derecha en Italia es un toque de advertencia suplementario. Mientras tanto, en este momento que prevalece hasta nueva orden, estamos asistiendo a una exacerbación del neoliberalismo, que conjuga la mayor libertad del capital con ataques cada vez más profundos contra la democracia liberal-social, tanto en el ámbito económico y social como en el terreno judicial y policial. ¿Hay que contentarse con retomar el tópico crítico de que el estado de excepción se ha convertido en regla?

Al argumento de origen schmittiano del estado de excepción permanente, retomado por Giorgio Agamben, que supone una suspensión pura y simple del Estado de derecho, debemos oponer los hechos observables: el nuevo gobierno neoliberal se implanta y cristaliza con la promulgación de medidas de guerra económica y policial. Dado que las crisis sociales, económicas y políticas son permanentes, corresponde a la legislación establecer las reglas válidas de forma permanente que permitan a los gobiernos responder a ellas en todo momento e incluso prevenirlas. De este modo, las crisis y urgencias han permitido el nacimiento de lo que Harcourt denomina un “nuevo estado de legalidad”, que legaliza lo que hasta ahora no eran más que medidas de emergencia o respuestas coyunturales de política económica o social. Más que con un estado de excepción que opone reglas y excepciones, nos las tenemos que ver con una transformación progresiva y harto sutil del Estado de derecho, que ha incorporado a su legislación la situación de doble guerra económica y policial a la que nos han conducido los gobiernos.

A decir verdad, los gobernantes no están totalmente desprovistos para legitimar intelectualmente semejante transformación. La doctrina neoliberal ya había elaborado el principio de esta concepción del Estado de derecho. Así, Hayek subordinaba explícitamente el Estado de derecho a la ley: según él, la ley no designa cualquier norma, sino exclusivamente el tipo de reglas de conducta que son aplicables a todas las personas por igual, incluidos los personajes públicos. Lo que caracteriza propiamente a la ley es, por tanto, la universalidad formal, que excluye toda forma de excepción. Por consiguiente, el verdadero Estado de derecho es el Estado de derecho material (materieller Rechtsstaat), que requiere de la acción del Estado la sumisión a una norma aplicable a todas las personas en virtud de su carácter formal. No basta con que una acción del Estado esté autorizada por la legalidad vigente, al margen de la clase de normas de las que se deriva. En otras palabras, se trata de crear no un sistema de excepción, sino más bien un sistema de normas que prohíba la excepción. Y dado que la guerra económica y policial no tiene fin y reclama cada vez más medidas de coerción, el sistema de leyes que legalizan las medidas de guerra económica y policial ha de extenderse por fuerza más allá de toda limitación.

Por decirlo de otra manera, ya no hay freno al ejercicio del poder neoliberal por medio de la ley, en la misma medida que la ley se ha convertido en el instrumento privilegiado de la lucha del neoliberalismo contra la democracia. El Estado de derecho no está siendo abolido desde fuera, sino destruido desde dentro para hacer de él un arma de guerra contra la población y al servicio de los dominantes. El proyecto de ley de Macron sobre la reforma de las pensiones es, a este respecto, ejemplar: de conformidad con la exigencia de universalidad formal, su principio es que un euro cotizado otorga exactamente el mismo derecho a todos, sea cual sea su condición social. En virtud de este principio está prohibido, por tanto, tener en cuenta la penosidad de las condiciones de trabajo en el cálculo de la cuantía de la pensión. También en esta cuestión salta a la vista la diferencia entre Sarkozy y Macron: mientras que el primero hizo aprobar una ley tras otra sin que les siguieran sendos decretos de aplicación, el segundo se preocupa mucho de la aplicación de las leyes.

Ahí se sitúa la diferencia entre reformar y transformar, tan cara a Macron: la transformación neoliberal de la sociedad requiere la continuidad de la aplicación en el tiempo y no puede contentarse con los efectos del anuncio sin más. Además, este modo de proceder comporta una ventaja inapreciable: una vez aprobada una ley, los gobiernos pueden esquivar su parte de responsabilidad so pretexto de que se limitan a aplicar la ley. En el fondo, el nuevo neoliberalismo es la continuación de lo antiguo en clave peor. El marco normativo global que inserta a individuos e instituciones dentro de una lógica de guerra implacable se refuerza cada vez más y acaba progresivamente con la capacidad de resistencia, desactivando lo colectivo. Esta naturaleza antidemocrática del sistema neoliberal explica en gran parte la espiral sin fin de la crisis y la aceleración ante nuestros ojos del proceso de desdemocratización, por el cual la democracia se vacía de su sustancia sin que se suprima formalmente.
Pierre Dardot es filósofo y Christian Laval es sociólogo. Ambos son coautores, entre otras obras, de La nueva razón del mundo Común

Traducción: viento sur
 Referencias

Gentile, Emilio (2004) Fascismo: historia e interpretación. Madrid: Alianza.

Harcourt, Bernard E. (2018) The Counterrevolution, How Our Government Went to War against its Own Citizens. Nueva York: Basic Books.

Kuttner, Robert (2018) Can democracy survive Global Capitalism? Nueva York/Londres: WW. Norton & Company.

Paxton, Robert O. (2009) Anatomía del fascismo. Madrid: Capitán Swing.

Roth, Philip (2005) La conjura contra América. Barcelona: Mondadori.

Notas:

1/ Prefacio a la traducción en inglés, publicada por la editorial Verso, de La pesadilla que no acaba nunca (Gedisa, 2017), obra publicada originalmente por La Découverte, París, en 2016.

2/ Éric Fassin, “Le moment néofasciste du néolibéralisme”, Mediapart, 29 de junio de 2018, https://blogs.mediapart.fr/eric-fassin/blog/290618/le-moment-neofasciste-du-neoliberalisme .

3/ Henry Giroux, Neoliberal Fascism and the Echoes of Historyhttps://www.truthdig.com/articles/neoliberal-fascism-and-the-echoes-of-history/ , 08/09/2018.

4/ Robert O. Paxton, “Le régime de Trump est une ploutocratie”, Le Monde, 6 de marzo de 2017.

Fuente: http://contrahegemoniaweb.com.ar/anatomia-del-nuevo-neoliberalismo