La madre de todas las crisis
2 de mayo de 2019
Varias voces convergen sosteniendo la pronta aparición de una
crisis financiera global. La de Eric Toussaint es una de esas voces
connotadas. “Ya se unieron todos los ingredientes de una nueva e
importante crisis financiera internacional. Los dirigentes de los bancos
centrales lo saben y también los dirigentes de instituciones como el FMI, la OCDE Y el Banco de Pagos
Internacional (BPI). Por consiguiente, la prensa especializada le está
dedicando numerosos artículos. Uno de los factores que dirigen la economía
hacia una nueva crisis internacional de gran envergadura es la enorme
acumulación de deudas de las grandes empresas privadas y la utilización que se
hace de las mismas”.
Yanis Varoufakis habla de la desesperanza que se empeña en
retornar. “El renacimiento del capitalismo en la posguerra y en
particular el ímpetu hacia la globalización financiarizada después de la Guerra Fría
resucitaron la fe en las capacidades autorreguladoras de los mercados. Hoy, más
de diez años después de la crisis financiera global de 2008, esta fe
conmovedora está otra vez hecha añicos, ahora que vuelve a afirmarse la
tendencia natural del capitalismo al estancamiento. El ascenso de la derecha
racista, la fragmentación del centro político y el aumento de tensiones
geopolíticas son meros síntomas de la descomposición del capitalismo”.
Raymond Goldsmith ha acuñado una definición de crisis financiera:
“un deterioro agudo, breve y ultra cíclico de todos o de la mayoría de los
grupos de indicadores financieros: tipos de interés a corto plazo, precios de
los activos (valores, propiedades inmobiliarias, terrenos), insolvencia
comercial y quiebras de las instituciones financieras”. Por su parte Miguel
Angel Ramos Estrada ha trazado una anatomía de las crisis económicas
financieras: “Expansión económica, relajación del crédito, aumento del
endeudamiento, importante aumento del valor de los activos (con la creación de
burbujas), inicio de una política monetaria más restrictiva, caída en el precio
de los activos y recesión económica.”
Mónica Peralta Ramos
diseña un recorrido paralelo transitado por crisis y endeudamiento.
“Hacia 2008 el PIB global era cercano a los 58 billones de dólares (trillions) y la deuda total ascendía a los 100
billones de dólares (trillions). La
crisis financiera produjo corridas bancarias a nivel mundial. El peligro
principal residía en la posible implosión de los grandes bancos americanos y
europeos fuertemente endeudados con activos tóxicos, es decir irrecuperables. Para
superar la crisis, la
Reserva Federal y la banca central de los principales países
del mundo implementaron una política de facilitación monetaria con tasas de
interés cercanas a cero. Esta política inundó el mundo de dólares baratos y
permitió salvar a los grandes bancos, pero a costa de incrementar los problemas
que originaron la crisis financiera. Diez años después la deuda global había
crecido a 250 billones de dólares (trillions)
mientras el PBI global había ascendido a 80 billones de dólares (trillions)”.
El capital es un sistema que es causa
de sí mismo, por ende, sus personificaciones cuando emprenden la tarea de
encontrar el paliativo perdido, al analizar la situación no van más allá de dar
una pretendida respuesta desde los efectos. “Desde 2010, aprovechándose de la
política de bajas tasas de interés adoptada por los bancos centrales de los
países más industrializados (Reserva
Federal de los Estados Unidos, Banco Central Europeo,
Banco de Inglaterra, Banco de Japón, Banco de Suiza….), las grandes empresas
privadas han aumentado masivamente su endeudamiento. En los Estados Unidos, por
ejemplo, la deuda de
las empresas privadas no financieras ha aumentado en 7 800 millardos de
dólares entre 2010 y mediados de 2017” ,
sostiene Eric Toussaint.
El capital es un sistema que tiene una determinación central:
expansión guiada por la acumulación.
El capital monopólico globalizador no encuentra en la actualidad
el nivel de acumulación requerido en el ámbito productivo, ¿entonces qué
destino le dieron las empresas a los cuantiosos préstamos recibidos?
Compraron sus propias acciones
en bolsa, con las consiguientes ventajas especulativas; sube el precio de la
empresa y remuneran a sus accionistas sin pasar por la ventanilla donde se
abonan los impuestos.
Compraron obligaciones emitidas
por otras empresas privadas, así como títulos públicos.La firma Apple tenía ella sola en 2017
créditos sobre otras empresas por un montante de 156 millardos de dólares, lo
que representa el 60% del total de sus activos. Ford, General Motors y General
Electric compraron igualmente deudas de otras empresas. El 80% de los activos
de Ebay y el 75% de los activos de Oracle son créditos sobre otras empresas.
Al menos la mitad de estos créditos encuentran calor de hogar en
paraísos fiscales.
Las crisis fiscales dejan en los pueblos huellas de dolor,
Argentina 2002 es una diáfana ilustración sobre el particular; la economía se
contrajo 11 %, la moneda se devaluó de un peso por dólar a cuatro; la inflación
alcanzó en ese año 41 %; los salarios cayeron 24 %; y la tasa de pobreza llegó
hasta 57 %. Se estimó que 4 de cada 10 argentinos llegaron a vivir con un dólar
o menos por día.
Si bien la atención de las mentes se ocupa prioritariamente de la
crisis financiera no se debe soslayar la crisis sistémica sustrato de las
amenazas a la continuidad de la humanidad. “La
crisis que se desarrolla con toda gravedad en nuestra época histórica es
estructural precisamente en el sentido de que no puede ser barrida del camino
ni siquiera gracias a los muchos billones de las operaciones de rescate del
Estado capitalista. Así, la crisis estructural del sistema cada vez más
profunda, junto con el fracaso demostrable de las medidas remediales intentadas
en forma de aventurerismo militar y financiero en una escala antes
inimaginable, hacen que el peligro de la autodestrucción de la humanidad
resulte mayor que nunca”,
teoriza István Meszáros.
Cuando decimos estructural señalamos que afecta a la totalidad de
un complejo social, nada queda por fuera de ella. Se puede argumentar que
crisis y capital son viejos compañeros de ruta, que el capital superó el
escollo y salió fortalecido creando una situación que podríamos llamar como la
“existencia natural” del sistema. En efecto, el capital emergió fortalecido
luego de superar a cada una de ellas, sin embargo, como hemos dicho la presente
crisis tiene otras características.
La actual crisis estructural se evidencia bajo cuatro aspectos:
- Es
de carácter universal, afecta a todas las esferas del sistema.
- De cobertura global, no confinada a un conjunto de
países como sucedió en anteriores oportunidades.
- Permanente,
en su escala temporal.
- Se desarrolla de forma reptante, sin que deban
descartarse convulsiones vehementes.
Una compleja maquinaria creada por las personificaciones del capital
procura desplazar las contradicciones; en el pasado funcionó de manera exitosa
y en la actualidad es cada vez más requerida y con menores resultados. El
Estado es parte central de esta maquinaria, como se observó con toda claridad
en el salvataje realizado por el gobierno de EstadosUnidos a los bancos
involucrados en la crisis hipotecaria inmobiliaria.
A diferencia de otros autores y corrientes, para Marx-Mészáros la
crisis anida en el interior del sistema y tiene repercusiones en los límites y
otras externalidades. Si observamos el desarrollo de la crisis vemos que afecta
tres dimensiones internas y centrales del sistema: producción, consumo,
circulación/distribución; estas dimensiones en el pasado reciente han tendido a
fortalecerse y expandirse mutuamente, dinamizando la reproducción del capital;
en el presente esas dimensiones han comenzado a ocluirse. Las limitaciones
inmediatas de cualquiera de estas dimensiones podían ser superadas gracias a la
interacción recíproca con las otras. Una barrera inmediata para la producción
podía ser superada mediante la expansión del consumo. Con el carácter destructivo
que reviste la producción capitalista, su expansión, que requiere de mayores
recursos materiales y humanos, agudiza las contradicciones.
Voceros del capital afirman que el sistema se las arregló para
superar anteriores crisis y que algo similar ocurrirá con la presente; por
supuesto, no respaldan con razones estos deseos. El colapso de algunos
mecanismos y determinaciones acentúan la crisis de control y dominación. Otro
aspecto que ilusiona a estos voceros es la inmensa fuerza represiva del capital;
olvidan que nada se resuelve con el uso exclusivo de la fuerza: el nazismo, el
estalinismo, a lo que se podría agregar las agresiones a Irak y Afganistán, son
una prueba de la esterilidad de la fuerza en el momento de desplazar
contradicciones.
En esa misma línea se encuadran las esperanzas depositadas para
refrenar las contradicciones en base a intentos políticos autoritarios; se debe
tener presente que el capital es eficiente movilizando los recursos de una
sociedad fragmentada, no es un sistema de unificación de la emergencia, se
requiere del sistema una intervención positiva, más aún cuando el proceso
productivo está perturbado, por ende la emergencia sólo puede tener un carácter
transitorio, jamás ser la condición permanente de una futura normalidad. El
capital configura una sociedad dividida por intereses antagónicos y es dentro
de esa fragmentación que el sistema encuentra sus mejores cauces para la auto
reproducción. Importantes
contradicciones internas de partes del sistema y sus mutuas relaciones crean
vallas para el manejo de la crisis:
Las contradicciones sociales/económicas
del capital avanzado.
Crisis en Estados Unidos y en la Unión Europea
signadas por un elevado desempleo, pérdida del hogar para un elevado número de
trabajadores, recesión, secesionismo, decadencia social y política, pobreza
creciente.
Las dimensiones internas y las contradicciones inherentes de la
auto expansión del capital configuraron desde sus orígenes una unidad
contradictoria, ya que una tenía que sojuzgar a la otra; por ejemplo,
subordinar la producción al intercambio, en la medida en que la reproducción
ampliada de cada una pudiese realizarse sin perturbaciones, cada una de las
dimensiones se fortalecía y el conjunto funcionaba en armonía. Cuando las
perturbaciones no pueden ser superadas se tornan acumulativas, estructurales.
Otro aspecto alarmante de la crisis estructural es el hecho de que
las falencias de la sociedad civil ( para la reproducción del sistema )
repercuten de forma ostensible en las instituciones políticas, se requieren
garantías políticas nuevas, que el estado capitalista se ve en graves
dificultades para proporcionar. Vivimos una auténtica crisis de dominación,
basta mirar la realidad desde los ángulos más diversos para comprobarlo.
La reproducción ampliada del capital, a lo que todo lo demás debe
quedar subordinado, se alza como un obstáculo para la satisfacción de las
necesidades humanas. Los
gastos militares de los Estados Unidos impuestos por la lógica de la
“acumulación por el pillaje” se cuentan por billones de dólares mientras mil
millones de seres humanos sufren hambre. Los millones de personas que padecen
necesidades alimentarias en el mundo podrían ser alimentados más de 50 veces
con los presupuestos destinados al armamento.
La producción capitalista procurando su reproducción ampliada ha
entrado en una fase de destrucción sistemática de la naturaleza; a su vez, el
incremento e incorporación de la tecnología torna devastador su preocupante
poder de destrucción de la vida en el planeta.
Ha quedado atrás la ilusión de Marx de ver en el desarrollo
capitalista un aporte civilizatorio, la destrucción es el sino de la producción
capitalista. El alto nivel
de productividad alcanzado genera una contradicción insoluble del capital
expresada en un desempleo estructural, el sistema crea las condiciones
materiales para el desarrollo de los individuos para negarlas inmediatamente en
tiempo de crisis en interés de su propia supervivencia.
Todos estos fenómenos socioeconómicos deben ser observados bajo la
crispación generada por una latente y presente guerra comercial.
-Contradicciones sociales, económicas y políticas en Europa
del Este; estados al borde de la desintegración.
– Rivalidades y tensiones entre los principales países
capitalistas, competencia intensificada por la crisis. En 1974
Alemania Federal y Japón lanzaron al mercado productos industriales a un precio
notablemente inferior al que tenían los mismos productos fabricados en Estados
Unidos, los costos de Norteamérica eran superiores. Desde entonces los salarios
en Estados Unidos se hallan a la baja procurando las empresas mejorar su
situación competitiva. El dólar, la moneda que Estados Unidos emite según sus
necesidades, ha participado de manera activa en la puja: cuando Estados Unidos
debe pagar desciende su cotización, cuando Estados Unidos es acreedor asciende
el valor del dólar.
– Dificultades para mantener el sistema de dominación neocolonial.
La búsqueda de la tasa de ganancia en un “Tercer Mundo” con
elevada tasa de explotación llevó a la radicación de capitales del mundo
avanzado en países emergentes originando un desarrollo desnaturalizado, pero
desarrollo al fin y la desindustrialización en los países de origen. Esta
situación, más el fracaso de las políticas neoliberales, especialmente en
Latinoamérica y El Caribe.
– Por otra parte, como se ha sostenido líneas atrás, el éxodo
empresarial incrementó los problemas laborales y sociales en los países
centrales. En Detroit, que fue una ciudad industrial, alrededor del 50 % de las
viviendas carecen de moradores
-Desde algunos círculos -con tintes reformistas- del capital se ha
alentado la ilusión de hallar los recursos para una expansión económica en la
reasignación de presupuestos destinados al gasto militar. Los anhelos se
frustraron por diversas cuestiones. Una de ellas es el inmenso peso económico y
por ende el poder político del complejo militar/industrial, además el
“complejo” desplaza una porción importante de la economía de las azarosas
sendas del mercado a las seguras y rentables finanzas estatales y tanto o más
importante, gran parte de la producción armamentística tiene una tasa de
utilización cero, lo cual contribuye a dinamizar la economía formal.
-Desarrollar el Tercer Mundo apareció como una alternativa
apetecible; sin embargo, una vez más la realidad se encargó de disipar las
ilusiones, los países emergentes ya están integrados al capital y cumplen
dentro de él una función vital a través de la división internacional del
trabajo; se debe señalar que, si fuese posible la convivencia de un Tercer
Mundo desarrollado con los países capitalistas avanzados, lo único que se
lograría sería incrementar los problemas del capital. Entre otros factores cabe
señalar el deterioro del medio ambiente que provocaría la industrialización del
Tercer Mundo bajo los mismos parámetros que siguió el desarrollo en los países
metropolitanos.
Mirando desde Los Andes
La sociedad que estructura el capital es una formación de
antagonismos y contradicciones permanentes, en el marco de la crisis
estructural del sistema estos aspectos que inducen al individualismo han sido
analizados con mirada certera por cientistas sociales enrolados en la
cosmovisión del Buen Vivir, forjada por los pueblos andinos.
“Estamos ante la presencia de una gran crisis global, que amenaza tanto
a la vida comunitaria como al planeta mismo”, sostienen desde el Buen Vivir y
continúan. Responsable de este proceso que amenaza la humanidad es la codicia
de los grandes dueños del dinero, que han expandido por todo el mundo sus
empresas transnacionales, la cultura occidental, el sistema capitalista.
Una crisis profunda está en desarrollo. Son cada vez más evidentes
determinadas tendencias que se interrelacionan y potencian entre sí:
– El cambio climático, que se manifiesta en sequías o
inundaciones, olas de intenso calor o frío polar; huracanes y tornados cada vez
más frecuentes, que asolan especialmente a poblaciones pauperizadas. En
proyección, el cambio climático generará transformaciones en el organismo de
todos los seres vivos. La actividad humana es la principal responsable del
calentamiento detectado a partir de 1950, particularmente ocasionado por los
“patrones de consumo” implantados a partir de la revolución industrial. Se
estima que la emisión de dióxido de carbono proveniente de la quema de
combustibles fósiles era de 3 millones de toneladas en 1751: en 2006, se
emitieron a la atmósfera 8.379 millones de toneladas a la atmósfera. Desde
1860, Europa y Norteamérica han aportado el 70% de emisiones de CQ2, los países
empobrecidos sólo el 25%. Forman parte de la crónica periodística diaria las
noticias sobre la desaparición de las masas de hielo en el Ártico y en la
Antártida, o en las cumbres de montañas de Asia, África y Latinoamérica.
Acompañan esta información prospectivas sobre la subida del nivel de los mares,
inundaciones en zonas costeras, y sequías progresivas en África subsahariana,
regiones andinas de Sudamérica, o próximas al Himalaya. Las consecuencias son
conocidas o previsibles:
– La desaparición de especies vegetales y animales, hambrunas,
enfermedades,
desplazamientos de poblaciones, conflictos sociales,
desertificación.
– El agotamiento de los recursos naturales del planeta. La
sobreexplotación que realizan las naciones más desarrolladas, que consumen un
30% más de lo que la Tierra puede regenerar, amenaza la vida en el planeta y la
supervivencia de culturas que tradicionalmente han vivido en equilibrio con la
naturaleza.
– La crisis del agua. La urbanización y los procesos industriales
producen un mayor consumo de agua tanto de superficie como subterránea, con su
correlato en un 15 a
30% de insostenibilidad de las extracciones para riego. Sin agua, la vida es
imposible. Hemos interferido en el ciclo hidrológico mismo, hemos destruido
cuencas hidrográficas imprescindibles para la reproducción de la vida. En Estados
Unidos la agricultura industrial, y las plantas de generación de energía
atómica consumen cuatro quintas partes del agua que usa todo el país. En el sur
del planeta se consume con el riego el 85% del total del agua utilizada. Si le
sumamos procesos extractivos como la minería, la situación se define con rasgos
sumamente críticos. La presión sobre la Tierra se intensifica; implementamos
seis formas fundamentales de explotación: extrayendo el agua subterránea de los
acuíferos mediante equipos de tecnología reciente, con una rapidez que supera
la reposición natural de la misma; exportando “agua virtual” de las cuencas
hidrográficas, incorporada en las materias primas o en los productos
industriales; desviándola por tuberías, para abastecer grandes ciudades o para
cultivos en zonas semiáridas, desprotegiendo así el ecosistema de origen;
mediante la deforestación, que altera el ciclo del agua, creando “islas de
calor”.
– La crisis en la
producción de alimentos, incidida por el cambio climático y por la utilización
de productos agrícolas para la obtención de combustibles. Se reduce
progresivamente la reserva mundial de alimentos, encarecidos además por la
utilización de agroquímicos en la cadena de producción, y por los costos de transporte.
El aumento de precios de los alimentos fue constante en los últimos 50 años,
tendencia que muy probablemente se mantendrá. Una gestión inadecuada de los
recursos hídricos pone en riesgo la seguridad alimentaria mundial. Cuencas
fluviales hasta hoy potentes productoras de alimentos están al límite de la sobreexplotación. El
cambio climático incide en sequías y en inundaciones, sobre todo en regiones
tropicales áridas y semiáridas los agricultores no podrán prever cuál será el
flujo de agua disponible, agravando la situación de poblaciones que ya padecen
inseguridad alimentaria. La más
afectada será la agricultura de secano, esta comprende el 96 por ciento del
total de la superficie agrícola en el África subsahariana, el 87 por ciento en
América del Sur y el 61 por ciento en Asia. En zonas semiáridas de los
márgenes, se pierden cosechas por la sequía; especies animales se ven afectadas
en sus posibilidades de vida por la misma causa. Millones de productores y de
consumidores se verán damnificados por la disminución en el rendimiento de
alimentos. A esto se suman los problemas sanitarios generados por la
utilización de agua contaminada – la única disponible-en las regiones más
pobres del mundo
– La crisis en la generación de energía, por el fin de la era de
energía barata – petróleo, gas. No han adquirido desarrollo suficiente las
energías alternativas, y se duda sobre las magnitudes que puedan suministrar en
relación con las energías tradicionales. Esto tendría como correlato la
incapacidad del actual sistema industrial para sobrevivir, y la necesidad de un
rediseño cualitativo y cuantitativo de la producción, cambios en los modos de
vida, y en los proyectos urbanísticos de las ciudades.
– La crisis financiera mundial, con la consecuente reducción del crecimiento
económico. Esta corriente lo atribuye al estancamiento en la producción de
petróleo desde 2005, sumado a la desaceleración de la producción causada por el
cambio climático. La posibilidad de retomar la etapa de crecimiento se verá
probablemente frustrada por el estancamiento en la producción de petróleo, con
el concomitante incremento de su precio, por lo que la crisis puede prolongarse
hacia el futuro.
– La crisis del tiempo: el tiempo global de la producción
industrial, del ciber espacio y las telecomunicaciones “chocan brutalmente
contra el tiempo de la vida, ocasionando una tremenda colisión de tiempos entre
el tiempo cíclico de la naturaleza y el tiempo lineal de la historia, el tiempo
del reloj”
Estas tendencias, combinadas, constituyen una explosiva y
amenazante amalgama que puede terminar con la vida, no sólo de la civilización
gestada por el occidente “desarrollado”, sino también de los hombres y demás
seres vivientes; los golpes más peligrosos e inmediatos caerán primero en las
regiones más indigentes. Los esfuerzos de los gobiernos por dar respuesta a
esta crisis global aparecen como inadecuados.
Los intentos de las empresas e industria de reformar sus políticas
se encuentran imposibilitados por imposiciones estructurales que sólo consideran
la expansión y las ganancias.
Los modelos dominantes del capitalismo
y del socialismo priorizan el crecimiento económico rápido y la acumulación
colectiva e individual de la riqueza, para responder a un consumismo insaciable
demandante de la visión ocultando graves e insolubles problemas. Desencanto y
lucidez transitan el mismo camino. El ser humano para ser lo que es debe
cambiar siempre y la imposibilidad de cambio real muta en resistencia. A todo
esto, la tendencia conservadora cobra primacía en la sociedad, para que el yo cobre
certeza es preciso cerrarse a toda alternativa de cambio. Se persigue a todos
los que proyectan los cambios necesarios, el suicidio tiene rango colectivo.
En la vida moderna la pérdida de sentido de la vida genera un
vacío cultural, la cultura, aunque sea muy “expresiva”, no expresa nada, es
cobertura de vaciedad. La dinámica del comercio cultural, la gran producción,
no son muestras de excelencia, sino de decadencia. Nada dura en ese universo,
salvo la insatisfacción que ni el consumismo logra atenuar.
Consumismo, adicción, pilares de un mercado que digita, consagra y
denosta. El ánimo de los seres humanos alberga indiferencia, insensibilidad,
sinsentido; se pretende cubrir el vacío con objetos. Un sinnúmero de formas
pretende conferir sentido a la existencia.
Reinan las apariencias, desaparece lo sustancial y esencial. Ganan
espacio en la consideración social lo frívolo y superfluo, aunque sin
explicitarse. Ese universo de frivolidad se puebla con cosas y mercancías que
postergan al ser humano, la fetichización impera en todos los órdenes de la cotidianidad. La
conciencia queda inmovilizada, su inercia produce retraso mental. La voluntad,
que es el poder real, no se manifiesta, ni proyecta. Proyectarse significa
exponerse, mostrar de lo que se es capaz, persuadir, convencer. Todo lo
contrario de la fuerza que clausurando a los demás se clausura. La vida, el
bienestar de todos es considerado imposible por los poderosos.
Estos modelos de consumo exagerado no pueden extenderse a toda la
población mundial porque provocaría daños inmediatos irreversibles. Son los
principales causantes de la
Crisis Global ; ante las evidencias del daño ambiental
continúan con su expansión, con la explotación irracional de los recursos aún
en las regiones más lejanas del planeta, e incluso buscan ganancias en acciones
presuntamente medioambientalistas.
La crisis avanza y las amenazas a la paz mundial se acrecientan.
Las naciones- estado demandan recursos naturales escasos para sobrevivir, las
guerras por el petróleo ya han comenzado.
De acuerdo con Rafael Bautista (2011), 500 años de Modernidad han
derivado en un sistema socioeconómico que sume en la pobreza al 80 % de los
habitantes del planeta; mientras niega la capacidad regenerativa de la propia
naturaleza.
Las derivaciones sociales de la crisis sistémica crean situaciones
paradójicas; en efecto, en la era de las comunicaciones deambulamos en una
sociedad de sordos, no somos capaces de escucharnos. La incomunicación devalúa
las relaciones humanas, perdemos humanidad, las relaciones se mercantilizan,
todo pasa por el rasero individualista de los intereses utilitarios. Con esas
actitudes las personas contribuyen a la destrucción de la vida. Como dice Rafael
Bautista, “todos, al perseguir su bienestar exclusivamente particular,
colaboran en el malestar general”. Se generaliza la competencia, las
aspiraciones chocan entre sí, no existe la comunidad, los seres humanos se
atomizan.
La sociedad se sumerge en un continuo desequilibrio, algo debe
cambiar siempre para que nada cambie, la moda es el reflejo de lo social,
variaciones de lo mismo, la vida pierde sentido y el sin sentido da origen al
cambio superficial, lo sustancial es ignorado y las apariencias cubren todo: no
es factible cuando el tema concierne a la posibilidad de mejorar la economía de
los pobres, inviable, cuando se propone ampliar el horizonte democrático. Es
que el poder precisa relativizar la importancia de los pueblos en la
construcción de su propia vida “porque sólo hay ejercicio del poder cuando hay
sobre quien ejercerlo”, manifiesta
Rafael Bautista. La sempiterna dialéctica del amo y el esclavo.
La importancia de la acción personal se percibe en toda su
magnitud cuando se constata que la transformación real es transformación del
sujeto, desde allí se dinamiza el cambio estructural. La historia se hace
conciencia, condición insoslayable para proyectar futuro. Los sueños
perseguidos habitan nuestro interior, no proceden de afuera, se carece del
conocimiento que les otorga visibilidad; las respuestas a las preguntas que nos
acucian anidan en nuestros pechos. El resplandor moderno de las mercancías
ajenas nos coloniza la
subjetividad. En ese contexto, nadie podía enseñar como Buen
Vivir, los que lo sabían soportaban el extenuante peso del sometimiento
estructural. “La
estructura de las luchas indígenas se puede condensar en un afán que manifiesta
el deseo de vivir-de-otro-modo; esto quiere decir: vivir como se vive ahora no
es vida, vivir de modo digno no es posible en la forma de vida actual”, sostiene
Bautista. “No hay ningún
paraíso para recuperar, se trata de retomar una estructura ética que expresa un
modo de vida más racional, más humano, más digno. Recuperar recuperándonos como
sujetos, viviendo una buena vida con plenitud moral y rebosante de belleza”, sostienen desde los Andes.
Dejar atrás la tolerancia
represiva
La crisis estructural trae aparejada una crisis de dominación para
el capital. “En el transcurso del desarrollo humano, la función del control
social ha sido enajenada del cuerpo social y transferida al capital que, por
consiguiente, adquirió el poder de agrupar a las personas en un esquema
jerárquico estructural funcional, de acuerdo con el criterio de una mayor o
menor participación en el necesario control sobre la producción y la
distribución”, sostiene I. Meszáros.
En el marco del proceso de globalización, concentración y
expansión el poder de control asumido por el capital se va retransfiriendo de
facto al cuerpo social. Aflora una contradicción fundamental entre una
incipiente pérdida de control y la forma de control establecida. Si miramos
debajo de la superficie de los acontecimientos vemos que el control del capital
se va esfumando y el paisaje de las calles presenta como un hecho habitual a
movimientos sociales protestando por las consecuencias de las políticas
instrumentadas por los gobiernos. Poderosas presiones sociales inciden en el
cambio producido hasta en el vocabulario de políticos y el surgimiento de
corrientes identificadas a tientas con propuestas de cambio.
En Estados Unidos, el gendarme del sistema se producen fenómenos
hasta hace poco tiempo impensados. Según un sondeo realizado por Gallup en
el 2018, solo un 45 % de los estadounidenses de entre 18 y 29 años de
edad está a favor del capitalismo y un 51% apoya el socialismo.
Además, el estudio GenForward, realizado por científicos de la Universidad de
Chicago, reveló que de los cuatro grandes grupos raciales, sólo los
blancos eligen mayoritariamente —un 54%— el sistema económico actual, mientras
que los ciudadanos de origen africano, asiático y latino simpatizan
predominantemente con el socialismo.
«Hemos encontrado una tendencia preocupante hacia
la normalización de la connotación positiva del ‘socialismo'», afirmó
con amargura la
fundación Víctimas del Comunismo (VOC), comentando su
propio estudio, que corroboró, en general, los datos de Gallup.
Un socialismo que navega en ambigüedades, aún en los conceptos y
mentes de sus dirigentes. Bernie Sanders, precandidato a presidente por
el Partido Demócrata, ha dicho: «No creo que el Gobierno deba poseer los medios
de producción, pero sí creo que la clase media y las familias trabajadoras, que
producen la riqueza de EE.UU., merecen un trato justo. Creo en las compañías
privadas que prosperan, invierten y crecen en EE.UU. en lugar de enviar sus
trabajos y ganancias al extranjero». Julia Salazar, estrella en ascenso del
socialismo democrático elegida el año pasado en el Congreso del estado de Nueva
York, sostiene que el objetivo final del movimiento debe consistir en la
supresión del capitalismo: «Un socialista democrático reconoce que el sistema
capitalista es inherentemente opresivo y está trabajando activamente
para desmantelarlo y para empoderar a la clase obrera y a los marginados en
nuestra sociedad».
Suben a la superficie los límites del capital tanto en lo militar
como en lo ecológico, de cara al peligro de un aniquilamiento nuclear y una
marcada destrucción del medio ambiente, el sistema colisiona con los propios
límites de la existencia humana. El capital fiel a su naturaleza procura
obtener ganancias de esta situación.
Instituciones de relevante importancia en el control social y el
encasillamiento ideológico de las personas pierden el favor de los pueblos con
cada aparición del sol, nos referimos a la iglesia, la educación, la familia.
En el capital, lo que hoy se incrusta en el ámbito de la libertad,
mañana se inserta en una de las tantas contradicciones. En la década de los `60
del siglo pasado la píldora anticonceptiva era un símbolo de libertad sexual,
en especial en lo que concernía a la mujer. “…la típica familia nuclear
occidental, la pareja casada con hijos, se encontraba en franca retirada. En
los Estados Unidos, estas familias cayeron del 44 por 100 del total de hogares
al 29 por 100 en veinte años (1960-1980 ); en Suecia, donde casi la mitad de
los niños nacidos a mediados de los años ochenta eran hijos de madres solteras…
En determinados casos, dejó de ser incluso típica. Así, por ejemplo, en 1991 el
58 por 100 de todas las familias negras de los Estados Unidos estaban
encabezadas por mujeres solteras, y el 70 por 100 de los niños eran hijos de
madres solteras”, decía Eric Hobsbawm. Aparecían fuertes indicadores de la
pérdida de vigencia de la familia nuclear, el gran reproductor ideológico del
capital.
El presidente francés E. Macron estimó que podía lograr una tregua
con los movimientos sociales que vienen cuestionando su gestión, refugiándose
en el sentimiento religioso de los franceses que esperaba estarían
sensibilizados por la destrucción de la catedral de Notre-Dame. Desde esa
perspectiva postergó el discurso que debía pronunciar para comunicar los
resultados del llamado debate nacional. No hubo tregua y las ciudades francesas
volvieron a vestirse de amarillo.
«Los chalecos
amarillos agradecen a todos los generosos multimillonarios donantes para
salvar a Notre-Dame y proponen que ofrezcan lo mismo a los Miserables, publicó en su Facebook Jerôme
Rodrigues, referente de los “chalecos”. No hubo tregua y durante las
marchas pudieron escucharse a los chalecos gritar revolución en
repetidas oportunidades. Un cartel decía: «El capitalismo es el cáncer del
planeta, Macron es un tumor y los chalecos amarillos, el remedio», «No escuchan
a la gente, y de repente, sacan del bolsillo millones para las piedras», «La
piedra tiene más valor que el ser humano».
La escuela es uno de los mayores espacios de socialización. “La
enseñanza general básica, es decir la alfabetización elemental, era, desde
luego, algo a lo que aspiraba la práctica totalidad de los gobiernos … La gran
expansión económica mundial hizo posible que un sinnúmero de familias humildes
–oficinistas y funcionarios públicos, tenderos y pequeños empresarios,
agricultores, y en Occidente hasta obreros especializados prósperos- pudiera
permitirse que sus hijos estudiasen a tiempo completo”, sostenía Eric Hobsbawm
refiriéndose a los años dorados del capitalismo en el Siglo XX. En la
actualidad 264 millones de niños no concurren a la escuela, por cierto, una
institución muy criticada por los contenidos que imparte y por su estructura de
funcionamiento.
Los datos socioeconómicos que arroja la crisis dificultan
encontrar un calificativo para ellos: 821 millones de ciudadanos pasan hambre
(12,9% de la población mundial); 1.100 millones viven en condiciones de extrema
pobreza (14,5%), 2.800 viven en situación de pobreza (36,8%). La nutrición
deficiente es causa de muerte del 45% de los niños menores de 5 años: 3,1
millones de niños mueren anualmente por esta causa (8.500 por día); 66 millones
de niños asisten a clase con hambre en los países subdesarrollados. Cifras
suministradas por Unicef. Además, 2.100 millones de personas no tienen
acceso a agua potable, 4.000 millones (más de la mitad de la población mundial)
carece de saneamiento seguro según la Organización Mundial
de la Salud. En
el mundo hay alrededor de 350 millones de personas que “no existen”, que no
tienen ningún tipo de registro de su vida, que no son sujeto de estadísticas.
Pisando este territorio los apologistas del capital se esfuerzan
en alimentar el pensamiento iluso con pretendidas e infalibles tautologías
sosteniendo que las contradicciones económicas y sociales son sólo los efectos
de “expectativas crecientes”. Se empeñan en eludir las causas, un ejercicio
frecuente realizado por los intelectuales de derecha. Con la expresión
“expectativas crecientes” hacen mención ínsita de la pasada superioridad del
capital sobre otros sistemas de reproducción metabólica.
Meszáros recurre a una interesante metáfora para ilustrar el
presente del sistema. “Hubo una vez en que al desarrollo del capitalismo le
convenía dejar escapar de la botella al genio de la implacable conversión de
todas las cosas en mercancías mercadificables, aunque este acto necesariamente
acarrease el socavamiento y desintegración final de las instituciones
religiosas, políticas y educacionales que eran vitales para el mecanismo de
control de la sociedad de clases. Hoy, sin embargo, el status quo quedaría
mejor servido con una restauración de todas las instituciones de control que
fueron socavadas y desintegradas”.
El propio Meszáros señala que “cuando el sistema no logra
controlar las manifestaciones de disidencia y al mismo tiempo no es capaz de
entendérselas con sus causas originarias, en estos períodos de la historia
aparecen en escena no solamente figuras y remedios fantasiosos, sino también
los “realistas” del rechazo represivo de toda crítica.” Se pasa de la
“tolerancia represiva” a la defensa liberal de la represión.
Por su parte el liberal en lo económico y neo fascista en lo
político-social, el presidente brasileño, Jair Bolsonaro, afirmó durante
un discurso dirigido a militares en la sede de la Marina, en Río de Janeiro,
que la democracia y las libertades existen “cuando las Fuerzas Armadas así lo
quieren”
Whitney Webb, periodista de MintPress News y residente en Chile,
ha investigado lo concerniente a los peligros de fraude en las próximas
elecciones presidenciales argentinas. Se ponen de manifiesto espurios esfuerzos
para poner en consonancia a los órganos de control político con las necesidades
de articulación de la economía capitalista. Entre esos esfuerzos se destacan
las maniobras para darle continuidad a los proyectos más retrógrados burlando
hasta las propias leyes del sistema. El territorio argentino sería el escenario
de una de esas burdas maniobras, protagonista principal un empresario con todas
las características de esa profesión, Eduardo Elsztain, de 30 años, que cuando
vivía en Nueva York tuvo una reunión con el rico financiero
húngaro-estadounidense George Soros. Aunque Elsztain no tenía experiencia y era
desconocido en ese momento, Soros vio algo que le gustaba en el ambicioso
argentino, tanto que le dio 10 millones de dólares sin pensarlo dos veces.
La inversión de Soros
no sólo cambió el destino de Elsztain, sino también el de Argentina. Con esos
10 millones en fondos recién asegurados, Elsztain y su socio cercano Marcelo
Mindlin transformaron la empresa de los abuelos de Elsztain -Inversiones y
Representaciones SA («Investments and Brokerage, Inc.», más conocida por su acrónimo
en español IRSA)- en el imperio comercial más grande de Argentina. De hecho, a
través de IRSA, Elsztain se ha convertido no sólo en el mayor propietario de tierras y desarrollador de bienes raíces, sino también en
la fuerza dominante en la masiva industria agrícola y de carne de res, su
industria de extracción de oro y su sistema bancario. Como resultado ha sido
llamado por sectores de la prensa argentina simplemente «El
terrateniente».
“A medida que la influencia de Elsztain, Mindlin y sus asociados
se ha expandido tanto en Argentina como en Israel, este pequeño y unido grupo
de poderosos multimillonarios se ha fijado ahora en consolidar para ellos y
para sus partidarios aún más poderosos el poder político en Argentina. Aunque
la presidencia de Macri ha visto crecer su influencia en formas nuevas y
preocupantes, nuevas evidencias muestran que Elsztain, con el respaldo de la
familia bancaria Rothschild, se ha fijado en el sistema de votación de
Argentina. Durante los últimos años, el Gobierno de Macri ha estado promoviendo
en gran medida la necesidad de sistemas de votación electrónica en Argentina,
que -argumenta- son necesarios para modernizar el actual sistema de boletas
electorales del país. Sin embargo, como se ha visto en otros países, incluido
EE.UU., donde se han implementado tales sistemas, los resultados de las
elecciones realizadas en sistemas de votación electrónica pueden manipularse
fácilmente y tales manipulaciones son, de hecho, imposibles de detectar”,
manifiesta Whitney Webb.
El especialista informático en elecciones Jonathan Simon dijo
sobre la vulnerabilidad a la interferencia de tales sistemas de votación:
“A menudo se apresuran a usar esos sistemas de votación con grandes promesas de
velocidad, conveniencia y precisión, pero estos son completamente
computarizados, particularmente aquellos que no proporcionan un registro en
papel de los votos emitidos, y han resultado ser problemáticos, por decir lo
menos, en todas partes donde se han empleado, incluyendo los Estados Unidos y
varios países europeos. De hecho, la tendencia ahora es deshacerse de ellos en
favor del retorno a los sistemas basados en papel.
Irlanda literalmente convirtió sus computadoras de votación en vertederos;
Noruega, Alemania, los Países Bajos y, gradualmente, Estados Unidos los han
dejado fuera de servicio.
La razón es simple: como las computadoras, este equipo de votación
es vulnerable no sólo a la piratería externa, sino a la manipulación interna.
Es trivial programarlos para sumar, restar, cambiar votos, y esto es cierto ya
sea que estén conectados a Internet o no. La peor parte es que no hay
absolutamente ninguna forma de verificar o validar los resultados de las
elecciones que se emiten con este equipo. Todo el hardware y software fue
considerado como ‘propiedad’ corporativa y está prohibida su inspección por
parte de cualquier persona, incluidos los gobiernos».
Mónica Peralta Ramos ha realizado un comentario sobre esta acción
en la que se procura controlar los resultados del acto eleccionario con los
proyectos y ambiciones del capital. “Hoy los objetivos del FMI son múltiples.
No sólo busca condicionar al próximo gobierno, cualquiera sea su signo
político, creando las condiciones que reproducen un endeudamiento permanente y
asegurando así una permanente succión del excedente, los ingresos y la riqueza
del país por parte del capital financiero internacional. Busca también
maximizar la presencia del capital extranjero en la estructura productiva del
país y en las áreas de recursos no renovables.
Esto implica, entre otras cosas, desarmar el tinglado de la patria
contratista y desarticular todas las prebendas y subsidios que les otorga el
Estado. En Vaca Muerta podemos encontrar un pequeño ejemplo de lo que se busca.
Como hemos visto en notas pasadas, hoy existe un enfrentamiento entre el
gobierno y el grupo Techint por la apropiación de los subsidios estatales para
la producción de gas no convencional. El FMI ha impuesto restricciones a su
otorgamiento y busca sustituir los subsidios con más privatización y
desregulación de la actividad privada. En los últimos tiempos el gobierno ha
dado impulso a la conexión directa entre las empresas petroleras con
inversiones en Vaca Muerta y las grandes corporaciones en Houston, Texas. Para
ello se han impulsado vuelos directos y mensuales desde el aeropuerto de
Neuquén, supuestamente fiscalizados por el gobierno provincial. Así, en lugar
de subsidios estatales tenemos potenciamiento de lazos entre corporaciones
petroleras en ambos países en un ámbito que asegura poca fiscalización del
gobierno nacional. En este contexto, las próximas elecciones plantean
alternativas que van más allá de un mero cambio de gobierno.”
Tiempos vendrán en que para salir de la crisis se planteen
transformaciones radicales que afecten de manera irreversible los parámetros
sistémicos del capital. Para hacer realidad estos deseos, es imprescindible la
creación de un movimiento radical de masas que entre otros aspectos desarrolle
una labor de educación política del pueblo.
Fuente: http://contrahegemoniaweb.com.ar/la-madre-de-todas-las-crisis/
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