Territorialidad, Biopolítica y
Estado
de excepción:
una aproximación al conflicto del
Walmapu
como guerra gestional de baja intensidad.
Por Víctor Rodrigo Alarcón Muñoz
(....) Walmapu,
territorialidad y Estado de excepción.
La actual ofensiva estatal sobre el territorio Mapuche no
se produce a través del "tradicional" modelo jurídico soberano, que persigue la
restitución o consolidación del orden exclusivamente estatal, sino que es
emprendida precipitando la gestión del primero hacia la restitución de un orden
jurídico de corte económico-gestional (Karmy, 2013). En este sentido, es que la
relación que el Estado proyecta hacia el Walmapu cobra forma "policiaca", en
tanto el régimen de policía viene a ser el dispositivo económico moderno
fundamental en el ejercicio de gestión de poblaciones. En este sentido, no es
que lo que Michel Foucault define como poder soberano, en términos amplios,
aquella facultad de disponer de la vida de los individuos, aquel poder que posee
el derecho de vida y de muerte de los sujetos, haya sido radicalmente
desplazado, sino que a pesar de su desintensificación y apertura a un proceso de
cambios hacia el final de la época clásica, no deja de ejercerse hasta el
presente (2012). En un clásico pasaje de la Voluntad de Saber indica: «Y quizá
haya que referir esa forma jurídica a un tipo histórico de sociedad en donde el
poder se ejercía esencialmente como instancia de deducción, mecanismo de
sustracción, derecho de apropiarse de una parte de las riquezas, extorsión de
productos, de bienes, de servicios, de trabajo y de sangre, impuesto a los
súbditos. El poder era ante todo derecho de captación: de las cosas, del tiempo,
los cuerpos y finalmente la vida; culminaba con el privilegio de apoderarse de
ésta para suprimirla.» (Foucault, 2007).
Bajo este prisma, podemos observar, siguiendo la deriva de
reflexiones contemporáneas como las de Agamben y Esposito, que tal modelo de
soberanía sigue operando, pero ya no enclavada en la forma propiamente política
del Estado-nacional, sino en la forma gubernamental de la economía global (Karmy,
2013), donde el poder soberano sigue ampliamente operando, pero dentro de una
nueva forma de poder que no establece como única relación con la vida su
clausura, sino que se desplaza hacia una administración que se mueve en función
de su potencialidad como recurso (2013). El modelo soberano sigue siendo el
pilar y la plataforma de despegue de la acumulación basada en la explotación del
trabajo humano colectivo, "el punto de cruce a través del cual se despliega
inicialmente el capital" (2013). Sin embargo, sostiene este mismo autor, a
diferencia de los tiempos clásicos economía y política devienen en un plano de
indiferenciación, cuyo resultado es la instalación de la economía como el
paradigma político contemporáneo, es decir, la economía viene a constituir "el
lugar de la decisión soberana" y, en esta línea, en la potencia definidora del
carácter del conflicto político (y por consecuencia de la guerra), antes
circunscrito a la dimensión estrictamente interestatal, pero hoy articulada en
lo que podemos denominar -siguiendo a Karmy- bajo los términos de guerra
gestional, un tipo de guerra redefinida bajo los objetivos de normalización
sistemática y continua del cuerpo social y sus espacios, que se ordenan en
función de la rearticulación y flexibilización de todos sus límites internos que
exige la lógica del capital global, cuya característica principal es una
indefinida circulación que operará toda situación y todo conflicto,
especialmente todo conflicto territorial, según los ciclos de su "duración"
(2013).
Bajo este prisma, la acción estatal-empresarial en el
conflicto político del Walmapu, se configurará como una larga saga de batallas
por la normalización de la población Mapuche, ejecutada a través de lo que aquí
hemos llamado como nueva guerra de baja intensidad, una estrategia donde ahora
la soberanía es ejercida con el objetivo permanente y sistemático de imponer el
“orden” del capitalismo financiero en toda su extensión, territorial, cultural y
político, redefiniendo así el ejercicio soberano como un ejercicio propiamente
económico-gestional y ya no simplemente estatal, toda vez que bajo el
neoliberalismo los dispositivos de seguridad y de circulación financiera que
operan sobre los territorios, están crecientemente por sobre el Estado,
desplegando un agenciamiento policial no anclado en una lógica pública, regida
por una ideología espacio-corporal biopolítica cuyos protocolos y dispositivos
de acción están signados por lo que Agamben desarrolla bajo la categoría de
Estado de excepción, operación orientada al resultado de una creciente
coincidencia del espacio propio del Pueblo Mapuche con un espacio de excepción,
cuestión que transforma -parafraseando a Agamben- el territorio y los cuerpos
que le dan potencia y forma, en tanto sitio de captura de la vida, en uno de los
hechos políticos fundamentales de la contemporaneidad chilena. En los primeros
años de la dictadura, la citada marca del "tiempo presente chileno", el Estado
desata una profundización de su histórica estrategia de descomposición
territorial del pueblo mapuche, interrumpida temporalmente por el Gobierno de la
Unidad Popular, a través primero de la brutal represión de las comunidades que
habían recuperado en años anteriores sus tierras ancestrales (con una
desconocida cifra de asesinados, torturados y desaparecidos) y , como
complemento (igualmente una histórica práctica) al imponer una ley de política
única de tierras, que terminó de dividir las propiedades comunitarias al
convertirlas en propiedades particulares. En este sentido, como rescata Gonzalo
Díaz, al acabar con la propiedad colectiva se genera un “mercado de tierras” que
produce, como consecuencia, que los descendientes de los propietarios vayan
vendiendo sus partes heredadas –principalmente a capitales chilenos–, "con lo
que se consolida la desintegración territorial del Wallmapu como tal y su
integración al régimen jurídico territorial del Estado de Chile" (Diaz, 2012).
Bajo estas consideraciones se aprecia, entonces, que la fase del capitalismo que
se abre en Chile con la dictadura, instala un diseño que intensificará la
circulación económica de la realidad en su conjunto, cuestión que precipitará
especialmente sobre la redefinición de la propiedad de los territorios y a la
normativa jurídica de sus recursos (por ejemplo el agua como recurso
concecionable a perpetuidad, despojada de su control público), para lo cual
recurre a extensivas estrategias de sometimiento y control punitivo (Cortes,
2010).
A partir de estos protocolos
administrativos, este proyecto económico-gestional impulsa sobre el territorio y
el cuerpo Mapuche dos procesos simultáneos, a saber, sobre el territorio, la
circulación ecómica permanente propia de la expansión de la lógica financiera
contemporánea y, en segundo lugar, la activacion de espacios disciplinarios de
control propios de la topología política contemporánea, esto es, el estado de
excepción. Ambos procesos constituyen categorías que revelan el nuevo tipo de
ideología, en cuyas estrategias fundamentales el territorio se define como
objetivo del poder y el poder se define bajo la lógica de la espacialidad
dispuesta económicofinancieramente. La convergencia de estos procesos,
constituye la reactualización de la saga colonial en por medio de la expasión
forestal e hidroeléctrica, es decir, la "puesta a punto" de la privatización de
las tierras comunitarias iniciado a comienzos del siglo XX y, a través de una
diversidad de planes gubernamentales de reeducación en torno al “emprendimiento”
(turismo étnico, microproyectos de forestación industrial etc.), el proceso de
asimilación a través de la refurmulación contemporánea de la otrora "educación
obligatoria". Como se observa, entonces, el Estado chileno reajusta las
“fronteras materiales y simbólicas” con el objetivo de consumar la
incorporación, colonización y "civilización” de un pueblo que sigue disponiendo
otra relación política y ontológica con su entorno y con su comunidad, con el
objetivo de convertir el Walmapu en una especie de “espacio vital” del
neoliberalismo en el sur del país, desplazando el territorio fuera de la ley
(Montajes jurídicos, testigos sin rostro, asesinatos impúnes, ley
antiterrorista) situándolo en un sistemático y continuo estado de excepción,
subordinando de esta forma a su gente y su nombre (Mapuche), el nomos de esa
tierra, al capitalismo gestional contemporáneo y sus políticas de extracción
salvaje de los recursos naturales.
Esta "gobernanza" que el
Estado proyecta sobre el presente Mapuche, para tales objetivos, dispone un
poder-saber que se realiza a través de una positividad elástica, específica y
local, que produce procesos generativos que implementan "arquitecturas"
económico-policiales concretas, redes de relaciones que apuntan a la captura y
control del espacio en que se constituye el Mapuche, en tanto campo de fuerzas
identitarias que significan el actual principal obstáculo para el arrasamiento
de los recursos naturales que son indispensables para la vida de este pueblo. En
este sentido, esta operatoria apunta, sistemáticamente, a asegurar una
modulación espacial y discursiva del walmapu que produzca y ajuste campos de
reconocimiento de la vida en perspectiva de su total reducción y control (Butler,
2010). En concordancia con estos procedimientos, se observa igualmente el
ensamble del relato mediático sobre el Walmapu, articulado mediantes
dispositivos comunicacionales ajustados por las retóricas de la seguridad que
propone el mercado, que son sumados a la tarea de homogenizar su territorio con
toda la espacialidad y territorialidad global bajo la marca de la fragilidad y
del terror, de manera que éste carezca de identidad y sus habitantes se adecúen,
como señala Agamben, a la “imposibilidad de usar, de habitar, de hacer
experiencia.” (Agamben, 2004).
Es decir, la situación actual del territorio Mapuche en su
relación con el poder, muestra que la planificación espacial, en cuya dinámica
los relatos en torno a las políticas seguritarias cobran una centralidad
fundamental, convierte el espacio territorial en una arma de punición, en
“espacios de excepción” (2004) donde las comunidades quedan en una permanente
relación de extrañamiento con su hábitat y excluidas de toda posibilidad
autónoma de decisión sobre él, de manera de configurar un nuevo paisaje
economizado y sometido a la lógica extractivista y al emprendimiento como una
única relación con la tierra, a través de una superposición de proyectos
económicos y de circulación productiva, que reemplazan por la disposición
ideológica neoliberal de los territorios, la concepción de relación tradicional
y ancestral de copertenencia con la tierra que el Pueblo Mapuche concibe en su
cosmovisión y filosofía. De esta forma, en medio de esta nueva "geografía"
económica impuesta sobre el territorio, el Mapuche comienza a experimentar su
tierra como dispuesta meramente hacia la circulación del mercado en tanto ésta,
por medio de la acción ecómica-gestional del Estado, sufre la conversión en un
medio para el desplazamiento de las políticas económicas neoliberales que
obliteran, como se advirtió, el sentido comunitario de la relación con la Mapu
en la cual la identidad mapuche se encuentra, reconoce e identifica socialmente.
En este sentido, el Pueblo Mapuche en todo su territorio, queda recluido
crecientemente en sus comunidades, que comienzan a devenir en verdaderos guettos
marginales o marginalizados por los mega proyectos extractivistas,
experimentando su propio espacio territorial como una “amenaza concreta de
violencia” policiacoempresarial, viendo debilitada su integridad Mapuche, en
tanto su disposición dentro del territorio queda marcada sistemáticamente por
una planificación orientada a capturar económicamente sus cuerpos y sus tierras.
Bajo estos antecedentes, cuando el pueblo Mapuche y sus
organizaciones (como la CAM o las fuerzas de control territorial) activan sus
procesos reactivos ante la expansión capitalista en su territorio, instalan un
problema que no sólo pone de manifiesto las aberraciones y violaciones jurídicas
y medio ambientales de la vorágine neoliberal, sino que también abre una
práctica crítica en relación al develamiento de las operaciones micropoliticas
del Estado nacional y de los grupos económicos ensamblados en éste, en tanto y
en cuanto este proceso -como todo proceso social- no se ha desarrollado sin la
expresión de la histórica resistencia Mapuche y sin el correspondiente
despliegue represivo que constantemente está activando una acción soberana que
instrumentaliza la existencia humana y la destrucción material de los cuerpos
(Mbembe, 2011). La forma política que modela la
realidad del Walmapu, proyecta por medio de una heterogeneidad ilusoria, un
relato que los artificios del poder construyen en torno a la democracia y una
"definición participativa" de sus condiciones por medio de la sumatoria de todas
las omnipotencias inscritas en el cuerpo social, es decir, a través de un
efectivo mecanismo ideológico de encubrimiento de las estrategias que aseguren
el despeje de cualquier límite interno al poder. En esta perspectiva, el
territorio Mapuche viene a constituir la topología del colapso de la democracia
chilena, pues en él se materializa la persistencia del monopolio de la decisión,
en una administración que opera desde un adentro/afuera de toda legalidad
posible, enunciando en su espacio lo que Agamben (2004) indica como la paradoja
de la soberanía, es decir, la constitución material de las formas y los modos de
la excepción que "producen y gestionan el territorio" por medio de una
indiferencia entre hecho y derecho (Agamben, 2010). Este colapso democrático se
evidencia, entonces, en la coincidencia de la democracia con el totalitarismo en
el territorio del Walmapu, una antinomia que no desaparece en la indistinción,
sino que pierde su carácter sustancial y se transforma en un campo de tensiones
del cual, en este modelo de producción, resulta cada vez más difícil encontrar
espacios de fuga y autonomía, en tanto crecientemente esa coincidencia se
materializa en la fusión entre el diseño económico territorial y la maquinaria
policial (Cortes, 2010).
En relación a esta
indistinción propia de la soberanía moderna y contemporánea, Vicente Serrano en
su texto “La herida de Spinoza”, señala que: La diferencia entre lo que se llama
un orden totalitario y un sistema democrático está precisamente en que el
mecanismo mediante el que se pone en ejercicio la omnipotencia es distinto, pero
la tendencia es la misma y el principio de soberanía latente es el mismo. (2011)
Es decir, en el contexto concreto del Walmapu, esta especie de indistinción es
resultado de una ilimitación total del poder económico-gestional, del desarrollo
material y simbólico de un espacio territorial que se procesa mediante un
sistema permanente de agregación de lo no incluido, de aquello que está afuera y
que siempre es posible para la potencia sin límites y que coincide
paradojalmente -como se indicó más arriba- con el espacio del decisionismo total
propio del estado de excepción. Nada puede evitar ceder a esta "agregación
utilitarista", ningún límite interno puede contener su "expansión", evidenciando
que este diseño ideológico del territorio, corresponde a una profunda matriz
biopolítica, en tanto la vida queda capturada y subsumida en su totalidad, a
través del ya mencionado operativo de la excepción que realiza la soberanía
(2011). El territorio del Pueblo Mapuche deviene,
entonces, en un sitio totalitario por excelencia, en tanto y en cuanto se activa
la facultad de disponer de toda la extensión de la vida del Mapuche, un poder de
captación que cubre su base económica, se tiempo, su cuerpo y finalmente la vida
(Foucault, 1998). El neoliberalismo concreta a través de esta violencia
fundacional, su implacable capacidad -que afanosamente intenta encubrir-, de
transformar a los sujetos en productos consumibles (Bauman 2007); en definitiva,
el territorio Mapuche deviene hoy en el espacio de su propio reemplazo, pues el
flujo extenso e intenso del capitalismo, parece apuntar a obtener el privilegio,
sin contención, de apoderarse totalmente de la vida para disponer su supresión
cuando el sistema así lo requiera. Bajo este enfoque, la configuración del
presente del walmapu supera o radicaliza la acción de la matriz soberana de
poder -que se expresaba en la expansión geográfica como dispositivo de
consolidación- al quedar permanentemente sometido de manera total al paradigma
biopolítico de gestión y control, bajo cuyas definiciones la política se torna
en gubernamentalidad, esto es, una administración que vuelca sus potencias y sus
formas hacia el ámbito de la vida, en tanto es regida por una razón autolimitada
bajo los criterios del mercado, ese espacio no estatal que es el de la libertad
económica total (Foucualt, 2010) y que hoy crecientemente permanece fuera de
todo ordenamiento normal (Agamben, 1998). De esta manera, todo el Walmapu
comienza a coincidir con ese espacio cuya estructura es "todo lo posible",
convirtiéndose en la topología de la excepción, es decir, en la coincidencia con
lo que podemos denominar sin eufemismos como una gran campo de concentración (Agamben,
1998). Finalmente, es preciso señalar que lo que se pone en juego en este
conflicto, más bien, verdadera ofensiva bio-necropolítca del Estado chileno
sobre el Walmapu, es la posibilidad del arrasamiento total de todo un mundo de
la vida, el Mapuche, a través de una violencia cuya lógica alcanza un predominio
no sólo en las fronteras internas del estado chileno, sino a nivel global.
Las interrogantes que nos hagamos frente a este drama
territorial, cultural y político, así como otros de esta misma índole (como por
ejemplo el drama Palestino) pueden aportar luces en relación a la naturaleza de
la matriz biopolítica que nos gobierna y sus procedimientos crecientemente
inmunitarios de protección negativa de la vida. En conflictos como el que
comentamos y que, padecemos, está la posibilidad de recuperar el coraje del
pensamiento y abrirnos a la recuperación de una potencia común capaz de
interrumpir ese "humanismo" que nos agobia y que nos deja a todos arrojados a
una especie de prescindible nueva categoría: la de "indios contemporáneos".
Bibliografía:(...)
Fuente: http://www.idaes.edu.ar/pdf_papeles/7-9%20Ponencia%20biopol%C3%ADtica%20Territorialidad,%20y%20Biopol%C3%ADtica%20Estado%20de%20excepci%C3%B3n.%20(1).pdf
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