sábado, 22 de febrero de 2020

Nos señalan que: "La experiencia de unión y organización de las distintas Guardias con los grupos de Primeras Líneas durante las movilizaciones del Paro Nacional de fines de 2019 demostró que se pueden llevar adelante manifestaciones pacíficas, y sienta un precedente fundamental de aquí en adelante, para la movilización social en defensa de la vida, el territorio y la Madre Tierra, no sólo para Colombia, sino también para todo el Abya Yala".

Guardias y Primeras Líneas: En defensa de la vida, el territorio y la Madre Tierra

21 de febrero de 2020

Colombia está viviendo un momento trascendental en su historia: desde el 21 de noviembre del 2019, el descontento generalizado de la población se cristalizó en un solo grito de Paro Nacional, que reunió a sectores urbanos, indígenas, campesinos y afrodescendientes, cansados de padecer durante años políticas neoliberales llevadas adelante por malos gobiernos.

Por Makio para ANRed

Estas movilizaciones han contado con una participación masiva, cosa que desde hace más de 50 años no ocurría en este país. Las movilizaciones iniciadas en noviembre del año pasado se retoman nuevamente este año, ahora con más fuerza y coordinación luego del último Encuentro Nacional de Organizaciones Sociales, realizado el pasado 30 y 31 de enero, donde se acordó llevar a cabo un Paro Nacional por tiempo indefinido que afecte directamente a la producción y el abastecimiento de alimentos, contando con la movilización en campos y ciudades. La fecha de inicio del Paro se acordó para mediados de abril con el fin de que los procesos regionales campesinos, indígenas y afros aseguren las cosechas y el alimento para resistir el tiempo que sea necesario. De igual manera, las movilizaciones continúan e irán aumentando de manera escalonada hasta esa fecha.
El “paquetazo” de medidas que ha impuesto el gobierno de Iván Duque incluye las reformas laboral, pensional y tributaria, la privatización del aparato productivo del Estado y del sector financiero estatal, el tarifazo nacional al servicio eléctrico, el incumplimiento de los acuerdos con sectores sindicales, sociales y estudiantiles y la restricción del derecho a la protesta social. Si bien este «paquetazo» fue la gota que rebalsó el vaso, estas movilizaciones representan la inconformidad frente a las medidas de despojo sistemático que la población ha sufrido durante años, mercantilizando derechos fundamentales como la educación y la salud y entregándole los bienes comunes naturales a empresas trasnacionales mineras, agroindustriales y farmacéuticas a costa del asesinato y desplazamiento de las comunidades.
La violencia estatal, además de expresarse en el plano legislativo, ejecutivo y judicial, se expresa también mediante el uso de la violencia física y simbólica en manos del Ejército, el escuadrón móvil antidisturbios (ESMAD), y grupos paramilitares, quienes actúan de manera coordinada oficial y extraoficialmente en función de los intereses de la clase dirigente.
Muestra de esta violencia es el asesinato del estudiante Dilan Cruz, a manos del ESMAD durante las movilizaciones del pasado 21 de noviembre en el marco del Paro Nacional, además de la muerte de más de 800 líderes y lideresas sociales y ambientales desde el 2016, por parte de grupos paramilitares en las regiones más militarizadas del país.
En este contexto, las expresiones de autodefensa surgidas desde las comunidades toman un rol necesario para garantizar la construcción de paz y la defensa de los territorios, e incluso, garantizar el derecho a la protesta, como se ha visto en las expresiones de apoyo que ha hecho la Guardia Indígena a las movilizaciones en Bogotá. La unión de las Guardias Indígenas, Cimarronas y Campesinas, que ya cuentan con legitimidad propia por sus años de experiencia y organización en los territorios, se unen ahora a las experiencias de Primera Línea, grupos urbanos autoconvocados surgidos con la finalidad de proteger la vida de quienes ejercen su derecho a la protesta y salen a movilizarse en las ciudades.
Las Guardias Indígenas, Cimarronas y Campesinas – Resistencia milenaria de los Pueblos
Las guardias son procesos de autoorganización, que surgen en distintas comunidades y regiones del país, con el propósito de defender la vida, el territorio, los recursos naturales, los saberes ancestrales y la libre determinación de los pueblos. Se conforman en el contexto de militarización de los territorios y el despojo de las comunidades, llevando consigo la resistencia milenaria de los pueblos indígenas, afrodescendientes y campesinos.
Su mandato deriva de los propios concejos comunitarios, por lo que dependen directamente de las autoridades locales. No son grupos armados, defienden el territorio con su bastón de mando, que les otorga la fuerza espiritual, para defender la vida y garantizar la paz.
Estos grupos funcionan como redes comunitarias que se movilizan en situación de riesgo, con amplia participación de la población. Sus tareas están relacionadas con el ejercicio de la autoridad, el control territorial, la autoprotección, la administración de justica y el derecho a la protesta, procurando también el cuidado a los líderes y lideresas sociales, frente al atropello del Estado y los grupos paramilitares. También es tarea de las guardias generar mayor conciencia ecológica dentro de la comunidad, por ejemplo, explicando los peligros de la tala indiscriminada de bosques, y proponiendo alternativas como siembras de cultivos tradicionales, conformando territorios agroalimentarios que coexisten con la vegetación nativa sin deteriorarla, como vienen haciendo estas comunidades desde hace cientos de años.

Cada guardia local se fortalece con la articulación con otras guardias locales e interculturales. Ellas sostienen que los problemas no son de cada región, en todo el Abya Yala el enemigo es el mismo – “Vienen por nuestros bienes comunes, el agua, los minerales, los nutrientes del suelo y nuestros saberes ancestrales”-.
Es por eso que insisten en la necesidad de hacer “una sola guardia”: es un llamado a hacer una sola plataforma para romper las divisiones y fortalecerse, unificar saberes, experiencias y hacer que esta lucha se extienda por todo el continente. Para la guardia indígena: “el bastón lo llevamos todxs, cada unx elije si sacarlo o dejarlo dentro”.
Primera línea – Experiencia de los Escudos Azules
Son grupos independientes y autoconvocados que surgen desde las bases de los movimientos estudiantiles y de los barrios, como una expresión legítima de la movilización social. Frente a la represión estatal sistemática que se da en las manifestaciones, decidieron organizarse para defender a quienes participan en las marchas.
Si bien en un inicio se conformaron como un grupo que solamente buscaba la acción directa y respuesta legítima a las agresiones de la policía y el ESMAD, con el transcurso del tiempo se constituyeron no solo como grupo de defensa y cuidado de lxs manifestantes, sino también como grupo político.
Así, fueron consolidando estrategias frente a la represión, pero también fueron desarrollando prácticas pedagógicas, que ayuden a generar conciencia en la población sobre la legitimidad de la protesta, de la autodefensa y también la reivindicación de la capucha. Ésta se volvió un elemento simbólico importante, ya que se busca generar conciencia de que es un elemento fundamental de protección física, no sólo frente a los gases, sino también de resguardo de la identidad, en un contexto de represión y asesinato sistemático a quienes alzan la voz para defender sus derechos en Colombia.
En estos grupos, también está presente el concepto de que “la primera línea somos todxs”, desde los escudos hasta los manifestantes que van por detrás. Hay distintos roles dentro de la organización: quienes actúan de escudos y defensa directa del ESMAD, lxs bomberxs y quienes asisten en primeros auxilios. Además se han conformado grupos de investigación, de estrategias mediáticas y de comunicación alternativa.
La experiencia de unión y organización de las distintas Guardias con los grupos de Primeras Líneas durante las movilizaciones del Paro Nacional de fines de 2019 demostró que se pueden llevar adelante manifestaciones pacíficas, y sienta un precedente fundamental de aquí en adelante, para la movilización social en defensa de la vida, el territorio y la Madre Tierra, no sólo para Colombia, sino también para todo el Abya Yala.

Fuente: https://www.anred.org/2020/02/21/guardias-y-primeras-lineas-en-defensa-de-la-vida-el-territorio-y-la-madre-tierra/

"No nos pueden frenar el proceso organizativo chileno que se vienen gestando desde hace décadas entre movimientos sociales, feministas, socio-ambientales, estudiantiles, de pueblos originarios, migrantes y diferentes sectores oprimidos a lo largo de todo el país"

El Movimiento por el agua

y los territorios de Chile

21 de febrero de 2020

 El verano chileno continúa marcado por el proceso de lucha que estalló el 18 de octubre del año pasado contra las consecuencias de un sistema basado en la precarización de la vida, la marginalización y la privatización de todo espacio público y bienes comunes. Ni las políticas neoliberales, la desarticulación social y la represión pueden frenar el proceso organizativo chileno que se vienen gestando desde hace décadas entre movimientos sociales, feministas, socio-ambientales, estudiantiles, de pueblos originarios, migrantes y diferentes sectores oprimidos a lo largo de todo el país. Porque “no son 30 pesos, fueron 30 años”: 30 años30 años de represión y silencio, de segregación y precarización pero también años de rearticulación y crecimiento del movimiento social. Compartimos la entrevista  a Francisca Fernández. 


Por Ayelén Branca para ANRed

El 1ro de Febrero, en la Asamblea abierta de la Coordinadora 8M de Santiago de Chile convocada para organizar la Huelga general del 8 de marzo nos encontramos con Pancha (Francisca Fernández) del Movimiento por el agua y el territorio (MAT) de Chile. En esta instancia intercambiamos sobre el proceso organizativo que se viene dando este movimiento ¿Qué lugar tiene el movimiento en el levantamiento insurreccional y el proceso constituyente que se abre actualmente? ¿Cuáles son las perspectiva de cambio que se abren?
Ayelen: ¿Cómo surge el MAT en Chile? ¿se extiende a lo largo del país? ¿articulan con otros movimientos sociales y ambientales de Chile o de otros países? ¿qué luchas y reivindicaciones sostienen?
Pancha: El Movimiento por el Agua y los Territorios lo conformamos en el 2013. El proceso es bien interesante. El OLCA (Observatorio Latinoamericano de Conflictos Ambientales), una ONG, realizó un encuentro que se llama “Aguante la vida”, en el que distintos territorios mostramos y visualizamos nuestro conflicto socioambiental para generar estrategias conjuntas, teniendo en cuenta las demandas y las posibilidades de construcción de alternativa. En uno de los primeros “Aguante la vida” se resolvió que se necesitaba conformar un MAT con un principio, una demanda, fundamental: la derogación del código del agua. 
En el fondo para nosotres el gran problema en Chile es la privatización de todos los bienes comunes y de la vida en general, la precariedad que habitamos sostenida por la constitución de 1980, que consagró el agua como bien privado y si bien lo reconoce como bien nacional de uso público, su forma de aprovechamiento es a través del derecho del agua. En Chile el código de agua 1981 te permite vender, comprar, arrendar y hasta hipotecar el agua. Es decir, el agua es privada. Y eso es demasiado importante para nosotres y nos conformamos al ala de esta exigencia en 2013.
Lo conformamos alrededor de 100 organizaciones desde Arica a Magallanes, constituidas en tres zonales: zonal norte, centro y sur. Yo participo del zonal sur, específicamente el Bloque Andino por el agua del territorio, que somos un bloque que funcionamos en un espacio que se llama Cerro Blanco en recoleta que recuperamos hace 20 años. Lo conformamos organizaciones territoriales, socio-ambientales, estudiantiles, OLCA, Asambleas por el Agua y soberanía del Puente Alto; en el sur, la red de defensa de los territorio; en el norte, la coordinadora de mujeres por la defensa del río y la madre tierra, entre muchos otros espacios y organizaciones artísticas, de pueblos originarios y migrantes.
Es un movimiento bien diverso y justamente esa diversidad hace que nos definamos como movimiento Plurinacional. Cuando hablamos de plurinacionalidad no hablamos exclusivamente del reconocimiento de los pueblos originarios sino que nos reconocemos como distintas comunidades, territorios y pueblos que tenemos horizontes políticos que queremos articular desde lo originario, desde lo afro, desde lo migrante, desde lo rural, desde lo urbano.
Otro hito super importante es que nos definimos como movimiento Antipatriarcal. Entendemos que el origen del despojo, la contaminación y la degradación de nuestras aguas, de los territorios en general y de nuestros bienes naturales es el extractivismo. El extractivismo ha sido la forma en el que el capitalismo ha azotado a los territorios colonizados. Por eso también nuestra lucha, siendo un movimiento plurinacional, tiene carácter descolonizador. Entendemos que la forma de construcción del capitalismo en la modernidad ha construido un poder y una forma de entender a la naturaleza basada en su explotación y consumo. El extractivismo es la extracción ilimitada de los bienes comunes para las ganancias de los mercados internacionales. La misma forma de explotar a la naturaleza es con la cual se ha explotado el cuerpo a las mujeres, les niñes y las disidencias. Entendemos que el extractivismo tiene lógicas de economías masculinizadas que han instalado la precariedad de la mujer en el ámbito laboral, el no reconocimiento del trabajo reproductivo. Además, solemos ser las mujeres las que estamos en el espacio de la resistencia y de la construcción de la alternativa desde la agroecología, el cuidado de la semilla y resistiendo los cortes de ruta. Desde ese carácter antipatriarcal muchas de nosotras nos referimos como ecofeministas o feministas territoriales. Nosotres hablamos hace rato del feminismo de los pueblos, es por eso que hace un año del MAT somos parte de la Coordinadora Feminista 8M y conformamos un comité socioambiental.
Somos plurinacionales, tenemos el carácter descolonizador, somos antipatriarcales y nuestra lucha primordial y esencial es la desprivatización del agua y de los territorios ¿Bajo qué? Derogar el código del agua, finalizar con las instituciones privatizadoras y que realmente haya una institucionalidad que permitan fiscalizar respecto al ámbito socioambiental. También exigimos la demanda de los derechos de la naturaleza. El agua debe ser reconocido como un derecho humano
¿Cómo lo hacemos? vía asamblea general constituyente real, plurinacional, feminista y desde el enfoque socioambiental popular, que permita una nueva constitución donde el agua se consagre como derecho humano pero también como derecho a la naturaleza, ¿en qué sentido? en que nuestra lucha no es solo por el consumo humano del agua sino también por el equilibrio del ecosistema, por la mantención de los flujos y los ciclos hídricos. Implica tener otra mirada de la relación con la naturaleza entendiendo que somos parte de y estableciendo interrelaciones que requieran, por ejemplo, de la justicia restaurativa.
Hablamos de justicia restaurativa porque queremos una justicia ecológica que restaure el ecosistema y que permita la generación de la vida y que además permita la dignidad de los pueblos. Es un horizonte bien particular, en ese sentido como movimiento socioambiental tenemos alianzas con otros movimientos sociales vinculados con la lucha por la desprivatización y contra la precariedad de la vida. Además de ser parte de la Coordinadora Feminista 8 de Marzo con algunas dificultades hemos participado algunas organizaciones de Unidad Social. También tenemos cercanía con la ACES (Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios) al entender que la lucha contra la desprivatización educativa es la misma lucha contra la desprivatización del agua. Tenemos cercanía internacional con el Asamblea Agua de Mendoza. También tenemos cercanía con el Foro Fama en Brasil y hay compañeras que son parte de una Red de Mujeres Defensoras de la Madre Tierra y en contra de la Minería. Se han ido articulando relaciones en distintos niveles.
Ayelén: Es muy interesante el proceso de constitución del MAT y cómo este movimiento está vinculado con todas las luchas que se están dando a lo largo del país desde hace años y que en este momento estallan; así como el modo en que se articulan luchas socioambientales, por el agua y contra el extractivismo en toda la región, dado que como países dependientes es el sustento de las economías nacionales tanto en los países con gobiernos progresistas como con gobiernos neoliberales clásicos.
Pancha: Es muy importante lo que decis porque, por ejemplo, nuestra propuesta es una alternativa a la lógica del desarrollo. Los estados progresistas han podido reconocer los derechos a la madre tierra, como Ecuador y Bolivia, pero no cambiaron el modelo energético productivo, siguieron arrasando con los territorios. Entonces acá estamos diciendo: La lucha socioambiental hoy tiene un carácter de urgencia, que la existencia misma de la vida tanto humana como no humana y es el carácter de urgencia. Y por eso nuestra idea es también la construcción de alternativa, para desplazar este modelo productivo energético.
Y ¿desde donde? Señalamos las economías territoriales, la gestión integrada pensada desde las cuencas donde nos encontremos las distintas comunidades; desde la agroecología, en contra de los agrotóxicos y el uso de plaguicidas; desde la lucha de las semillas. Esto nos entrelaza en contra de los tratados de libre comercio que vienen a intensificar los procesos de privatización. También tenemos construcción de alternativa que ya estamos habitando, por ejemplo está la Escuela Agroecológica Genuina que es parte del MAT y que ha hecho un trabajo muy interesante desde esta perspectiva de la agroecología. Es decir, son muchas aristas bajo, justamente, lo que tu bien señalas, uno de los supuestos importantes de nuestra lucha es mucho más transversal: derrocar la lógica de cómo se ha instalado la relación con la naturaleza, con los bienes comunes  y que implica finalmente derrocar el neoliberalismo. O sea pensarlo desde otros lugares posibles y desde esa lectura articularnos con otros sectores.
Ayelén: En relación a este estallido que se da en Chile desde el 18 de Octubre del año pasado, algo que es muy palpable es que que la lucha tiene una perspectiva amplia -contra un modelo neoliberal- en el que se articulan diversos sectores organizados a lo largo del país. El MAT que ya tiene siete años de existencia ¿cómo crees que aporta este movimiento al proceso abierto desde el estallido? y a la inversa, ¿qué efectos tiene este proceso en el movimiento por el agua?
Pancha: Creo que uno de los grandes aportes del estallido en general es la importancia de la radicalidad y la movilización constante. Hemos visto durante estos treinta años post dictatoriales que realmente los cambios estructurales no los logramos. Entonces lo que sostiene el cambio estructural es la movilización y visiones más rupturistas del modelo. En este sentido ha habido actives muy interesantes, por ejemplo, en muchos territorios con la movilización de octubre se rompieron boca de toma. Las bocas de toma son donde se desvían las aguas y se manejan. Esto es un giro en la radicalidad de la lucha, antes no se había hecho. Otro ejemplo, se tomó un pozo, el pozo 9 en el Melón donde la comunidad también se movilizó y finalmente los desalojan. Pero se entiende que ya tiene que haber este tipo de acciones directas. No estoy diciendo que no haya debate legal, que es fundamental también y lo estamos dando pero ahora también tenemos que hacer acciones concretas. Entonces quizas esta gran emergencia, nos posibilitó a tener más seguridad de que los cambios también pasan por esas acciones directas. Ahora se nos viene el 22  de marzo, que es el día mundial por el agua, donde planeamos ese tipo de acciones además de movilizaciones, marchas, participación de foros y conversatorios.
Obviamente hay una retroalimentación sin embargo todavía creemos que hay altos desafíos de reconocer la importancia de la dimensión social y mental de la lucha en general. Por ejemplo, nos pasa que escuchamos mucho sobre “recuperar los recursos naturales” cuando hace años hablamos de “bienes comunes”. O se habla de “nacionalizar el agua” cuando no es lo que interesa nacionalizar porque no interesa el tipo de estado que se ha construido ni que ellos sean los gestores del agua. No! queremos gestion comunitaria del agua. Estas son las perspectivas generales.
Ayelén:  Bien, parece que el proceso de estallido social mantiene en crecimiento y ebullición el proceso abierto por el MAT durante tantos años de lucha y organización. Hay una pregunta mas para ir cerrando que se nos presenta a todes quienes estamos viendo el proceso chileno,  que es ¿Hacia donde ? ¿Cuáles son los resultados o los horizontes que se puedan llegar a dar tanto por vía legal, por la nueva constitución, como el proceso constituyente que se está dando en el pueblo?Pancha:  Para ir cerrando, la pregunta más difícil.  Mira hemos hecho una lectura importante. Para nosotras el proceso constituyente tiene dos momentos, dos dinámicas o dos temporalidades como le quieran llamar. El institucional y el movilizado. El institucional tiene que ver con el debate de la Nueva Constitución , que iremos a una Asamblea Constituyente. Pero voy a referirme más al segundo.
Entendemos el proceso constituyente como la constitución de nuevos horizontes políticos que nos permitan la construcción de alternativa ¿desde donde? desde las asambleas territoriales, los cabildos y espacios autoconvocados. Esos procesos constituyentes tienen una temporalidad mucha más larga de la que nos da la institucionalidad.  Es lo que estamos habitando ahora desde dentro de la movilizaciones en los distintos territorios. Entonces el proceso constituyente de esta construcción de un nuevo horizonte político requiere un proceso destituyente, la desmonumentalización por ejemplo -se han roto muchas estatuas para resignificar y recolocar por ejemplo una casica diaguita del norte en La Serena, o pintar, o renombrar la Plaza Italia que se llama hoy la Plaza de La Dignidad-, es un gesto destituyente que va más allá de lo que el acta de la Constitución permite.
Igualmente también estamos en el proceso constituyente institucional debatiendo respecto a esos procesos, que por ejemplo nosotras decimos “queremos asamblea plurinacional, feminista y desde un enfoque socio-ambiental que reconozca  los derechos de la naturaleza”. Entonces a nivel institucional vamos a presionar hasta el máximo. Sin embargo respecto a las elecciones tanto en el MAT como en la Coordinadora 8M, no tenemos claridad. Hay un sector que llama a boicotear y otro sector que dice participemos para no quedar afuera de la posibilidad que se derogue el codigo agua o de otros cambios estructurales. A mi en lo personal me pasa que por dia cambio de opinión, de momentos digo “hay que boicotear porque ya no se puede más, es todo una burla, nos asesinan, dan una serie de requerimientos que impiden criterios tan básicos como la paridad, ni siquieras estamos en una lucha feminista, la paridad me parece un criterio lógico, entonces tu dices esto es una porqueria”, y por otra parte tu dices “ pero claro , ahora es un momento en que realmente podríamos colocar es que se pueda derogar el … de agua y eso generaría un cambio super potente” pero no hay claridad.
¿Cuál es la claridad? posicionar y presionar hasta el máximo para una Asamblea Constituyente a nuestra medida, a la medida de los pueblos, presionar de mantener la movilización por Marzo y por todo el 2020, y respecto a la agenda institucional ir evaluando desde este marco de presión.
Ayelén: Muchas gracias se que no va a ser fácil pero se viene y se continúa la lucha fuerte, que igual yo creo que más allá del horizonte ya está generando transformaciones durante el  proceso constituyente y de lucha insurreccional que aún sigue abierto.

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Fuente: https://www.anred.org/2020/02/21/el-movimiento-por-el-agua-y-los-territorios-de-chile/

"Insistimos, un vez más, en que el fenómeno general de la pérdida de población en la provincia de Jaén (que destaca sobremanera dentro del marco general de trasvase de población de cada vez más zonas del país –no solo rurales- hacia los grandes centros) no es resultado de un proceso natural sino de decisiones conscientes que han dado lugar al desmantelamiento de estructuras económicas y sociales enteras; dicho proceso se impuso como requisito para adaptar el país a su nueva función, junto con una estrategia de desinversión y deterioro de servicios públicos que ha hecho imposible el ejercicio real de la soberanía y de los derechos sociales nombrados en una Constitución que ha venido perdiendo, de manera creciente y especialmente desde la reforma impuesta desde Bruselas en 2011, su carácter normativo".

Fuentes: Rebelión

Las siguientes notas pretenden ser una aportación al debate sobre Andalucía y, en especial, sobre la provincia de Jaén, entre gentes, colectivos y fuerzas políticas que siguen apostando por pensar con vocación mayoritaria y conquistar el apoyo de las clases populares y subalternas, afectadas por el neoliberalismo y la globalización capitalistas, ahora ya en crisis, y hacerlas protagonistas del presente de Andalucía y su futuro renacimiento.

¿”Chalecos amarillos” en Jaén?
En las últimas semanas ha irrumpido en escena una quiebra social y territorial que no podía ya sino hacer saltar las costuras del manto que ha ocultado, durante años, lo que se ha venido desarrollando en nuestro país: la configuración de una España periférica (que no es lo mismo que decir “vaciada”) progresivamente alejada de los centros metropolitanos y las grandes ciudades (especialmente Madrid y Barcelona) que concentran el grueso de los recursos y pueden valorizarlos; ese área periférica del país, sumida en una espiral depresiva y de competencia destructiva a la baja, impulsa una gran parte del malestar expresado en los últimos días, aunque raras veces se trata a fondo del fenómeno.
Preferimos hablar de España periférica, antes que de España vaciada, porque esto último parece limitarse a una de las muchas caras de la situación que atraviesa una enorme porción del país (la mayoría) vaciado también de los mecanismos básicos de control sobre la organización de la propia vida social y económica en el territorio; unos mecanismos que han sido usurpados en el marco de la globalización y del modo en que cada país del sur de la UE ha gestionado el papel subordinado al norte que recibieron “el día del reparto”. 

 En un artículo anteriori abundamos sobre la cuestión, en particular, sobre el rol económico reservado a Andalucía dentro de la que a España le asignó la Europa de Maastricht y del euro, y en el que los ERE habían sido un elemento clave para acompasar, con el cambio de siglo, un proceso de desindustrialización forzada en favor de las potentes industrias del norte. No es sorprendente que los más notables estallidos sociales de las últimas semanas se hayan originado principalmente en Extremadura y Andalucía; no debe ser casual que en esta última, en particular en la provincia de Jaén, la histórica movilización por la garantía de precios justos para el aceite de oliva se tiñiera (abriendo camino a otras que han tenido lugar después) del amarillo de los chalecos que, en Francia, llevan más de un año protagonizando la revuelta de la Francia periférica. Parece haber pillado por sorpresa la existencia de un país, de una sociedad, desconocidos, a pesar de que esa dinámica de centro-periferia y sus consecuencias sociales venían manifestándose abiertamente, incluso recogidas en numerosos estudios estadísticos de lo más reciente. Como ha señalado, en un artículo reciente, el periodista Esteban Hernándezii, “quien no ha visto es porque no ha querido ver”.
Como decíamos, el asunto demográfico (el trasvase incesante de población hacia unos pocos centros) es un aspecto más de la cuestión, aunque clave. Justo antes de que acabara 2019, el Instituto Nacional de Estadística (INE) publicaba los datos del padrón municipal, que pusieron cifras a ese trasvase y colocaron la provincia de Jaén a la cabeza en pérdida, con diferencia y sin que ya sorprenda la noticia; nada menos que 4.535 jiennenses desaparecieron del censo en solo un año, solo 600 habitantes menos de los habitantes que perdió toda una región como Extremadura, la tercera comunidad autónoma más afectada por el trasvase de habitantes. Las cifras dan para hablar, como hemos hecho en otras ocasiones, de una auténtica situación de emergencia. Entretanto, la Comunidad de Madrid (donde se crea la inmensa mayoría de los nuevos empleos) incrementó su población en más de 85.000 habitantes en 2019, unas cifras espectaculares que solo a prudente distancia es capaz de seguir Cataluña, o más bien, la metrópolis barcelonesa. La toma de distancia del Gran Madrid con respecto a Barcelona puede ayudar, también, a explicar algunas de las tensiones políticas del momento, tensiones en las que las clases populares catalanas juegan un papel algo menos que secundario.

Insistimos, un vez más, en que el fenómeno general de la pérdida de población en la provincia de Jaén (que destaca sobremanera dentro del marco general de trasvase de población de cada vez más zonas del país –no solo rurales- hacia los grandes centros) no es resultado de un proceso natural sino de decisiones conscientes que han dado lugar al desmantelamiento de estructuras económicas y sociales enteras; dicho proceso se impuso como requisito para adaptar el país a su nueva función, junto con una estrategia de desinversión y deterioro de servicios públicos que ha hecho imposible el ejercicio real de la soberanía y de los derechos sociales nombrados en una Constitución que ha venido perdiendo, de manera creciente y especialmente desde la reforma impuesta desde Bruselas en 2011, su carácter normativo.

Andalucía en la jaula de las desigualdades de la UE
La evolución económica de las distintas zonas del país, medida en el PIB, no dice todo lo que hay que decir (no habla, por ejemplo, de la desigualdad intensificada en los últimos años) pero también dice algo y ayuda a ir componiendo, poco a poco, un cuadro de conjunto. La agencia europea de estadística Eurostat publicaba recientemente datos relativos a la evolución del PIB en todos los países, regiones y provincias que forman parte de la Unión Europeaiii

A partir de la lectura de los mismos se puede constatar que el año 2014 marcó un ligero cambio de tendencia a partir del cual el PIB fue recuperándose lentamente en España, después de varios años de intensa caída desde la crisis de 2008. Para 2016, muchas zonas del país situaron ya su PIB en cifras que estaban por encima de las de 2008 (solo la Comunidad de Madrid lo había logrado en 2015), pero no así Andalucía y Extremadura, que a pesar de una tímida “recuperación” continuaban entonces por debajo de los niveles previos a la crisis. Y ello sin contar que ese aumento de la riqueza no se tradujo en una mejora general de las condiciones de vida de la mayoría social sino más bien al contrario, dada la “solución” de recuperación económica por la vía de la devaluación interna. Si los datos de Andalucía o Extremadura resultan significativos en cuanto a la diferenciación de unas zonas del país que van tomando progresiva distancia del resto, entre dichas cifras se esconde aún otro dato no poco elocuente: entre 2015 y 2016 se produjo un incremento del PIB en casi todas las provincias españolas (con marcadas diferencias entre unas y otras, desde luego), salvo en cuatro de ellas en las que destaca un excepcional retroceso: no sorprenderá leer que Jaén fue una de ellas.
Otro informe, publicado en este caso por Adecco a finales de 2019, permitía leer la letra pequeña de la presunta salida de la crisis por la vía de la devaluación salarial, constatando que el salario medio español estaba 433 euros mensuales por debajo de la media europea (un 20,7% menos), pero más de 1.100 euros por debajo del salario medio de Holanda, Alemania, Luxemburgo o Dinamarcaiv. Más significativa que la foto fija resulta la tendencia que apunta a un ensanchamiento progresivo de la brecha antes que a su reducción. 

La especialización productiva de las distintas regiones desmiente un cuento de la cohesión social europea, que atesora ya una credibilidad similar al de los Reyes Magos, en cuyo día, 5 de enero, publicó otro estudio de interés el Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía. Dicho estudio nos ayudaba a completar la foto con el dato de que el salario medio bruto de Andalucía es inferior a la media nacional nada menos que en 4.381 euros; un diferencial “Andalucía-España” muy similar al que soporta el conjunto del país con respecto a la media de la UE. El salario medio andaluz es similar al de Eslovenia, de manera que la dinámica centro-periferia se consolida y profundiza tanto a nivel europeo como en el interior de los distintos países que la conforman y que organizan sus economías en función de los flujos del capital global en lugar de hacerlo en función del interés nacional, o dicho de otra forma, de las necesidades de sus poblaciones. Por cierto, en la provincia de Jaén, “zona cero” del proceso de desindustrialización sostenido con el mecanismo de los ERE, el salario medio se situó 2.000 euros por debajo de la media andaluza. Periferia de la periferia.

También, justo antes de que acabara 2019, el Instituto Nacional de Estadística (INE) publicó su “Encuesta Trimestral de Coste Laboral”. En la anterior, relativa al segundo trimestrev, se revelaba que los costes laborales (salario bruto mas cotizaciones sociales menos subvenciones y bonificaciones) aumentaron en el segundo trimestre de 2019 un 2,4% con respecto al mismo trimestre del año anterior. Esa subida media (que haría pensar en un país que empieza a salir de la dinámica de empobrecimiento de sus asalariados) esconde una gigantesca desigualdad entre el notabilísimo aumento que se produce en sectores como “actividades financieras” (+7,3%), el aumento cercano a la media en el sector industrial (+3,1%), el escaso en actividades como el comercio (+1,3%) e incluso la caída en hostelería y “otros servicios”. Así, no extraña que las tres comunidades con costes laborales medios más elevados sean la Comunidad de Madrid, País Vasco y Cataluña (donde se concentran los sectores con empleos mejor remunerados) mientras que en el extremo opuesto se sitúan Canarias y un sur (otra vez Andalucía y Extremadura, además de Murcia), especializado en actividades de escaso valor, bajos salarios e intensa explotación de recursos, y condenado a convertirse en un especie de zona económica especial. La encuesta relativa al tercer trimestre no hizo sino confirmar la consolidación de una tendencia demoledora: en Andalucía los costes laborales aumentaron la mitad de la media nacional, ensanchándose hasta el extremo una brecha que no admite pronóstico de remisión si no es sobre el supuesto de un proyecto de país que contemple la rearticulación social y territorial del mismo y un replanteamiento de su papel como economía dependiente en el marco de la UE. La creación de nuevos empleos se concentra en puntos muy concretos del país (fundamentalmente Madrid y Barcelona, aunque esta última a distancia) mientras que otros territorios se tiende a la “desintegración”, tanto más en cuanto que los servicios, tanto públicos como privados, tienden a desaparecer en lo que el sociólogo francés Christophe Guilluy ha denominado la “espiral depresiva” en la que se sumen determinados territorios, agravada por que él mismo ha llamado un “descompromiso programado del Estado”.

Andalucía a la deriva en la crisis de la globalización.
Como ya escribimos anteriormente, la integración española en la Europa de Maastricht y el euro implicó un sacrificio de la economía nacional (particularmente de su industria) especialmente dañino para algunas zonas del país. Andalucía sufrió de manera especial un proceso de especialización productiva, subordinado a los intereses de la industria exportadora del norte de Europa, durante una primera década del siglo XXI marcada por los ERE; la segunda década, signada por la crisis y la supuesta salida de la misma, no ha hecho sino intensificar un problema estructural: según otro informe de Adecco de 2018, Andalucía perdió nada menos que un 15% de ocupación en su ya menguada industria entre 2008 y 2018. Alemania, según datos de Eurostat, era el único país de la zona euro que, en 2016, había recuperado niveles anteriores a la crisis en producción industrial, mientras que la tendencia a la baja continuaba en Italia, Grecia y España. Las dinámicas de centro-periferia afectan a múltiples niveles (“continentales”, nacionales y regionales) y se superponen creando cuadros monstruosos.
En este panorama, a provincias como la de Jaén solo les ha quedado la dependencia de un sector que ahora, además, vive una crisis sin precedentes: ya en 2019 los precios del aceite de oliva cayeron por debajo de los costes de producción sin que hubiera motivos de cantidad de producción que justificaran esa realidad, lo que motivó una serie de protestas que no comenzaron el mes pasado (más de 6.000 personas se manifestaron en Jaén en mayo y cerca de 20.000 en Sevilla al mes siguiente). La provincia de Jaén perdió el año pasado más de 500 millones de euros por los bajos precios del aceite de oliva, lo que puede dar cuenta de la depresión económica y social que amenaza a un territorio dramáticamente dependiente del sector (20% del PIB y 1,2 millones de jornales al año solo en la época de la recolección) como consecuencia de procesos de desindustrialización y subordinación como los arriba mencionados. 2020 se inicia con una situación aún peor tras la insuficiencia e ineficacia de los mecanismos de almacenamiento privado activados por la UE. Los productores están a la intemperie, demandan medidas de protección y aun a día de hoy, después de las grandes movilizaciones que han situado el problema de la agricultura en primer plano de la agenda mediática, continúan las medias tintas y el despeje de balones amparado en las exigencias del “libre mercado” para eludir una intervención pública que fije precios mínimos, como si eso que llaman “libre mercado” fuera una ley física y no una criatura fruto de las decisiones de los mismos que han sacrificado las economías de los territorios al monstruo “global”; como si el papel de los poderes públicos no fuera precisamente el de apretar el bozal a la criatura; como si, por ejemplo, los acuerdos que permiten una importación de aceite de oliva desde Marruecos, a precios irrisorios que presionan a la baja, sin aranceles ni límite de volumen, hubiera sido un fenómeno espontáneo y no el resultado de lo que han firmado unas cuantas manos “visibles” en un lugar y en un tiempo determinados.
Decisiones de ese tipo, junto con el papel de las descontroladas cadenas de distribución y comercialización, echan por tierra el esfuerzo y las inversiones de miles y miles de agricultores del olivar tradicional a los que se ha venido exigiendo una “modernización” y una mejora de la calidad que se han llevado a cabo sin recompensa. Por si fuera poco, irrumpen ahora en escena fondos de inversión que buscan beneficios rápidos y que pueden conseguir aun en un contexto de bajos precios, impulsando plantaciones de olivar superintensivo, altamente perjudicial para el equilibrio ecológico y con mínimos requerimientos de mano de obra, que asfixian a olivareros tradicionales e intensifican las lógicas de competencia a la baja en precios y salarios. La tierra, el trabajo, el agua, todo ello puede quedar arrasado una vez se exprima el máximo que permita trasladar el capital hacia otros mercados, dejando atrás un desierto abandonado si hace falta. El viejo metabolismo, ya de por sí precario en un modelo de especialización productiva, que de alguna forma garantizaba la continuidad de la vida rural a través de las generaciones, se ha puesto en cuestión por culpa de un enorme desequilibrio que afecta dramáticamente al olivar tradicional, cuya protección debiera ser prioritaria. Y la vida rural, no hace falta insistir mucho más en eso es un núcleo esencial de la vida misma en una provincia cuyo himno, incluso, se encuentra ligado a la identidad del olivo y del trabajo.
Y, sin embargo, no se trata solo de la agricultura; lo que se pone de manifiesto es la constatación cada vez más intensa de la falta de control, del desgarro de quienes sienten que ya no controlan ninguna de las fases del proceso económico y que lo único que les queda es pagar la factura que otros elaboran. Claro que la constatación afecta de manera sangrante a la agricultura, cuyos actores tienen cada vez menos que decir sobre sobre sus propios medios de producción, pero vale igualmente para el modo en que perciben su vida los trabajadores y trabajadoras autónomos en pequeñas y medianas ciudades, los (y sobre todo las) pensionistas imposibilitados de satisfacer sus necesidades vitales, los empleados y sus hijos e hijas jóvenes abocados a la economía uberizada, a la emigración a los grandes centros o a ambas cosas a la vez.
No es, pues, una cuestión que se preste a comprensión solo a partir de la lectura de indicadores económicos y estadísticos como los que hemos venido exponiendo en la primera parte de este artículo, sino también de una tensión cultural y existencial, de desvinculación de amplias capas de la población que apenas pueden sentirse integradas en un mundo “extraño” y un país jerarquizado en las funciones económicas de sus distintos territorios. No se trata solo de Jaén, Andalucía y Extremadura, pero esta región meridional representa una parte gigantesca, en nuestro país, de lo que Chistophe Guilluy, ha descrito como “el surgimiento de un nuevo mundo: el de las periferias, situado al margen de los territorios que concentran lo esencial del empleo y de las riquezas)”.vi
Lo que agrava la situación es aquello que el mismo autor apunta como una supresión de herramientas de cohesión social y territorial, algo que en España hace efectivo mediante los mecanismos dispuestos por la Ley de Estabilidad Presupuestaria; estos cuartean las funciones social y territorialmente redistributivas del Estado en sus distintos ámbitos, desde el poder central hasta los ayuntamientos pasando por las autonomías, principales detentadoras de competencias sociales. No es de extrañar, pues, que el último Informe FOESSAvii alertara, entre otras, de la “ruptura del pacto interterritorial” en España como consecuencia del proceso de “salida de la crisis impulsado por la UE”. Dicho informe coincide también con el sociólogo francés en subrayar el fenómeno de la desafección política de las clases populares y la desconfianza hacia un sistema político que no da respuesta a unas demandas y necesidades radicales que no van a desaparecer por mucho que se ignoren, fomentando la resignación, como se ha podido ver en las últimas semanas, y en la que no es extraño que intenten pescar unos populismos de derecha a los que no cabe oponer una mera “alternativa” liberal-progresista sino una propuesta material de fondo, democrático-popular.
Jaén, periferia de la periferia. Volver a comenzar cambiando de sentido.

La situación de la provincia de Jaén, como la de otras partes de este sur en la España periférica, necesita de una intervención de emergencia (renta garantizada, ayudas a las familias) que, en primer lugar, palíe las consecuencias más urgentes de un proceso de desindustrialización y de trasvase de rentas que ha dado lugar a cifras desempleo, precariedad y pobreza que están “en lo más alto” de la Unión Europea; y que, en segundo lugar, a partir de un proyecto de país orientado a su rearticulación social y territorial, garantizando su metabolismo con el medio natural, se ponga en marcha un Plan que impulse una estructura económica sólida y de futuro, atenta a las necesidades de nuestra gente, desde las de las generaciones más mayores hasta las de los más jóvenes, la viabilidad de cuyo proyecto de vida en su tierra es imperativo garantizar.

Se trataría de una Plan que priorice la inversión estratégica en la infraestructura ferroviaria como apuesta por la movilidad sostenible de pasajeros pero también por el empleo en el sector y el transporte de mercancías, en una provincia vertebrada interiormente y conectada con el resto del país para revitalizar la agricultura y recomponer la industria, tanto agroalimentaria como tecnológica. Lo primero, qué duda cabe, pasa por atender las exigencias que los olivareros ponen sobre la mesa estos días: intervención para garantizar precios mínimos que eviten tener que vender por debajo de costes de producción y asentar sobre un suelo seguro la idea de que la agrícola es una actividad viable y de futuro. Un Plan que pase por aprovechar los recursos del territorio y responder a las propias necesidades económicas (resulta escandaloso que la maquinaria de alta tecnología utilizada en nuestras almazaras se fabrique en el norte de Europa), las necesidades ambientales y las necesidades sociales por medio de un círculo virtuoso que, contemplara, además, la urgencia de un plan de choque en dependencia y otros servicios públicos, recuperando empleo, derechos laborales, derechos sociales y, en definitiva, con todo ello, un futuro posible. De todo esto hablamos hasta la saciedad en las campañas electorales de abril y, sobre todo, de noviembre, cuando quisimos poner encima de la mesa la idea de “Jaén, proyecto de futuro”.
35.728 personas apoyaron esta propuesta, con su voto, el 10 de noviembre de 2019 en la provincia de Jaén. 


Todas estas personas, y muchas más, son imprescindibles para ayudar a dar cuerpo a una movilización en defensa de un plan de rescate para la provincia que aborde su situación de manera integral, sabiendo que corresponde a los poderes públicos ordenar la economía para proteger a la gente de los llamados “mercados”. Jaén está en la calle y tiene la capacidad, hoy, de ensayar una red amplia de sujetos sociales en torno a un objetivo común, que sirva de modelo para el alumbramiento de un bloque basando en la auténtica mayoría del país. Este bloque puede tener su punto de partida en Andalucía y ser capaz de capaz de sumar una coalición entre el Norte y el Sur, respondiendo a las diversas exigencias de las distintas áreas culturales y económicas del país. Tanto el “nacionalismo españolista”, que también gobierna ahora la Junta de Andalucía, como el “secesionismo e independentismo catalán”, tienen como enemigo el peligro de un bloque social de ese tipo, ya que los desviste y vislumbra sus diferencias artificiales y sus identidades neoliberales y europeístas. Andalucía es la más interesada en construir un nuevo proyecto de país que derrote las políticas de las oligarquías españolas y catalanas y las europeas, el secesionismo elitista y autoritario de los de arriba.
Notas:
i “Andalucía tras la sentencia de los ERE en la crisis de la Europa alemana” http://www.rebelion.org/noticia.php?id=263418
ii “Lo que nos espera: la chispa que ha prendido en el campo”: https://blogs.elconfidencial.com/espana/postpolitica/2020-01-31/agricultores-ganaderos-manifestaciones-vox-psoe-up_2435507/
iii http://appsso.eurostat.ec.europa.eu/nui/show.do?dataset=nama_10r_3gdp&lang=en
iv https://www.elmundo.es/economia/empresas/2019/11/20/5dd50268fdddff6ba58b461b.html
v https://www.ine.es/daco/daco42/etcl/etcl0219.pdf
vi Guilluy, C., No society. El fin de la clase media occidental. Taurus, 2019, p.20.
vii https://www.foessa.es/blog/viii-informe-foessa-presentacion/
José Cabrero Palomares, adscrito de Podemos de la provincia de Jaén, ex-diputado autonómico, antiguo trabajador de Santana Motor y cooperativista.
Francisco Sánchez del Pino, adscrito de Podemos de la provincia de Jaén, cabecera de lista de la provincia de Jaén al Congreso por Unidas Podemos en las elecciones del pasado 10-N.

Fuente: https://rebelion.org/andalucia-y-la-espana-periferica-en-la-construccion-de-un-pais-distinto/

viernes, 21 de febrero de 2020

"Encaminarnos hacia una convergencia global orientada hacia una salida civilizatoria colectiva superadora de la actual nos desafía construir dialogalmente un nuevo pensamiento crítico, situado, con pertenencia de clase, intercultural, despatriarcalizado y descolonizado".

Pistas para un pensamiento crítico situado, con pertenencia de clase
Epistemologías desde abajo
12 de febrero de 2020
 
Por Isabel Rauber (Rebelión)

III. Pensar con los sujetos y 
no para (ni por) los sujetos
Lo expuesto hasta aquí perfila un reto clave para intelectuales orgánicos del campo popular y de la izquierda político-partidaria: dejar de pensar por y para los sujetos, y disponerse a pensar con los sujetos, a partir de sus experiencias, conocimientos, saberes y sabidurías concretas para ‑desde ahí‑ crecer colectivamente en pensamiento y acción liberadoras.
Esta definición resume y proyecta uno de las más importante principios de las epistemologías emergentes desde abajo , revolucionarias, transformadoras, en tanto habilitan, posibilitan y sustentan las búsquedas y creaciones del nuevo mundo, la nueva civilización rehumanizada en hermandad armónica con la naturaleza, con centro en la vida, la paz , el bienestar colectivo y la felicidad.
En la perspectiva expuesta resulta claro que la construcción de un nuevo pensamiento crítico emancipador es una obra colectiva que supone la interacción de intelectuales con los y las protagonistas de los procesos de resistencias, luchas, creaciones y construcciones de los pueblos.
Las propuestas y reflexiones de cada actor sociopolítico del campo popular aportan contenidos claves al nuevo pensamiento sociotransformador construido en interacción dialéctica con los intelectuales orgánicos, en proceso de diálogo colectivo para la producción de nuevos saberes.
Esto supone articular las diversas dimensiones del pensamiento reflexivo crítico, es decir, del saber que es elaborado en su dimensión estrictamente teórica, con el saber que emerge de abajo y que mayormente queda contenido (inmerso) en las prácticas . D e ahí, entre otras razones, la importancia de rescatarlas, sistematizarlas y conceptualizarlas. La articulación de estas dimensiones diversas e interconectadas posibilita la integración e interrelación y construcción de un renovado diálogo horizontal entre los saberes: “científico” y “popular”, encaminado a la construcción de un pensamiento colectivo común (pensamiento sobre pensamiento), indispensable para la producción de un nuevo pensamiento crítico estratégico situado sociotransformador indo-afro-latinoamericano.
Crear, no “aplicar”
En tanto la nueva civilización buscada solo puede ser producto de la creación de los pueblos, es inédita. Parte de la realidad concreta y de las experiencias de los sujetos populares, es decir, no está contenida en ningún texto; no es un algoritmo diseñado a priori que los sujetos tendrían que “aplicar”.
El nuevo mundo supone la conjunción de procesos epopéyicos de creación heroica colectiva que se nutrirán y a la vez abonarán desde abajo el pensamiento crítico para promover, fortalecer, impulsar, aprender… y crecer colectivamente en ese empeño. Y para ello –desde esta perspectiva epistemológica‑, sus creadores, militantes sociales, intelectuales y académicos, tienen que ser parte del mismo. Es la democracia de la epistemología y por consiguiente de la política desde ella construida.
En tal sentido, vale subrayar que la primera y principal fuente de aprendizaje que tenemos es la experiencia colectiva de los pueblos; reflexionar críticamente a partir de ellas, con sus protagonistas, es fundamental. Al decir de Houtart: “Ver‑juzgar‑actuar, constituye la base de nuevas esperanzas que puedan reconstruir la adhesión de nuevas generaciones, actualmente muy despolitizadas.” [2016]
Y aquí radica un nudo epistemológico clave para el pensamiento crítico situado: la inseparabilidad sujeto‑objeto, teoría‑práctica, a la que se articulan pensamiento y acción, ser social y conciencia social, lo objetivo y lo subjetivo. Esto significa que:
‑La realidad social histórico-concreta es el punto de partida inequívoco de todo análisis social, económico, político, filosófico, cultural y, a su vez, también el destino de los mismos. Está claro, en esta perspectiva, que el pensamiento solo puede ser de la historia, si lo es en la historia.
No hay apriorismo en las reflexiones ni en las conclusiones de los análisis y las propuestas. Estas se construyen interarticulada y orgánicamente con las luchas de los movimientos sociales (indígenas, obreros, campesinos, de mujeres ... ).
Al articular el pensamiento con las prácticas sociotransformadoras, el pensamiento crítico que las capta y sintetiza en conceptos y categorías, resulta ‑por su génesis‑ histórico, inacabado… y demanda, por ello, actualización y desarrollo permanentes junto con la construcción de nuevos conceptos. Se trata por tanto de un pensamiento abierto a la vida de los sujetos y sus prácticas en sus realidades histórico-concretas.
Son las prácticas sociohistóricas concretas de los actores-sujetos populares por cambiar la sociedad en que viven en el sentido de su liberación, las que posibilitan y articulan este pensamiento crítico situado con pertenencia de clase que, a la vez, se caracteriza por ser autocrítico, liberador y de liberación.
“Sin teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionario”, sintetizaba Lenin, lo que señala también, interdependientemente, que sin movimiento revolucionario no hay teoría revolucionaria; son ambos a la vez o no son.
A diferencia de los saberes absolutos abstractos que abundan en las academias, que luego buscan canales para “aplicarse” a la realidad, el nuevo pensamiento crítico emancipatorio en gestación , el pensamiento crítico situado, no busca “aplicarse” a la realidad porque nace de ella, en interacción con sus protagonistas, los/las que piensan, disputan y construyen la nueva realidad. No cimenta sus posiciones y propuestas en legados académicos dogmáticos coloniales , eurocéntricos o nortecéntricos ni busca legitimarse en estos espacios; define su sentido en función del horizonte político intercultural de la transformación de la sociedad desde la raíz, desde abajo, por los de abajo en articulación con intelectuales, académicos...
Hacia un nuevo tipo de intelectual orgánico
Esto presupone el diálogo horizontal de saberes, miradas y experiencias, en construcción articulada desde abajo. Y constituye parte de las nuevas dimensiones del desempeño de lo que nos hemos acostumbrado a identificar como intelectual orgánico. En la perspectiva epistemológica expuesta, este no es “el que sabe y orienta”, sino el que construye conocimiento, saberes y conciencia crítica colectiva junto con los actores-sujetos concretos de una sociedad determinada, partiendo de sus realidades, compartiendo prácticas, búsquedas, ideales y horizontes estratégicos para la liberación del yugo del capital.
Esto hace a una nueva forma de pensar el saber: como realidad presente y diseminada (múltiple) entre las distintas actoras y actores sociales del continente. El pensar no es un patrimonio exclusivo de la intelectualidad, está entre todos nosotros y nosotras, y tenemos que aprender a extraerlo, hacerlo palpable y construirlo (articularlo) colectivamente. Esto, claro está, sin desmerecer la necesidad de contar con pensamiento teórico en el sentido pleno del concepto; las dos vertientes son necesarias. 8
La organicidad de los intelectuales comprometidos se define entonces, no por su pertenencia partidaria, sino por su capacidad de ser y sentirse parte del proceso sociotransformador, en diálogo constante con los actores que lo protagonizan. Debe ser comprometido para ser creíble, y crítico para ser útil y así contribuir al avance del conocimiento y la conciencia colectiva. Y asumir que los protagonistas no están destinados a “ejecutar” o “aplicar” las ideas generadas por intelectuales, académicos o políticos, sino que son también creadores y portadores de ideas, conocimientos, pensamientos… el desafío es poner todos estos conocimientos y saberes diversos en común para producir un saber colectivo orientado hacia un horizonte estratégico común.
La creación de una nueva civilización, capaz de contener en pie de igualdad a las múltiples civilizaciones existentes y sus cosmovisiones para crear y construir un mundo en el que quepan todos los mundos, es tarea de multitudes no de élites iluminadas. En este espíritu van formándose las nuevas generaciones de luchadores sociales e intelectuales militantes orgánicos por la vida, conscientes de la integralidad manifiesta en la unidad entre humanidad y naturaleza, el reconocimiento de la diversidad y la búsqueda del equilibrio en la paridad, equidad y horizontalidad de sus interrelaciones.
La construcción de nuevo pensamiento crítico emancipatorio resulta entonces raizalmente articulada con los proceso de construcción‑acumulación de conciencia y poder propio que llevan adelante con sus luchas y propuestas los actores sociopolíticos del campo popular en el continente. Los análisis críticos sistemáticos de sus experiencias, la identificación colectiva de sus logros, sus errores y enseñanzas concretas constituyen una suerte de brújula epistémica sociopolítica que abona el camino hacia una nueva civilización. En este empeño es especialmente importante:


  • Salir del cerco ideológico, político, cultural y mediático del poder hegemónico.
  • Que los sujetos (concretos) recuperen su centralidad protagónica práctica y teórica.
  • Replantearse desde abajo los caminos de transición hacia la nueva civilización.

En conclusión, el desafío –en este sentido‑ supone construir colectiva y dialogalmente un
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En conclusión, el desafío –en este sentido‑ supone construir colectiva y dialogalmente un nuevo pensamiento crítico, situado, con pertenencia de clase, intercultural, despatriarcalizado y descolonizado. Esto es clave para crear, pensar y simultáneamente encaminarnos hacia una convergencia global orientada hacia una salida civilizatoria colectiva superadora de la actual.

Bibliografía empleada
Houtart F. (2016). Carta a Marta Harnecker, compartida conmigo (4/10/16)
Marx, Carlos y Federico Engels (1845). La ideología alemana. 5ª ed. 1970. Barcelona (España) Ediciones Grijalbo.
Rauber, Isabel (2017) Refundar la política. Desafíos para una nueva izquierda latinoamericana. Ed. Continente-Peña Lillo, Buenos Aires.
Rauber, Isabel (2014) “Sujeto plural, descolonización y nuevo tipo de organización política (El legado de Camilo Torres)”, en: Unidad en la diversidad. Camilo Torres y el Frente Unido del Pueblo. pp. 301-322. Fundación Colectivo Frente Unido (CFU); Periferia Fondo Editorial; Ediciones Desde Abajo, Bogotá.
Rauber, Isabel (2012). Revoluciones desde abajo. Ed. Continente-Peña Lillo, Buenos Aires
Rauber, Isabel (1998). Género y poder. Ed. UMA, Buenos Aires.
Samanamud, Jiovanny (2009). “Interculturalidad, educación y descolonización” En: Integra Educativa Vol. III / Nº 1 79
Yampara (2009). En: Integra Educativa Vol. III / Nº 1 77.
Notas:
1. Según Marx: “El modo como los seres humanos producen sus medios de vida no se reduce a la reproducción de su existencia física, dado quemanifiesta un modo de vida del que son portadores. Esos seres humanos son tanto lo que producen como el modo como lo producen, siendo esto último el primer hecho histórico del que constantemente son protagonistas (…).” [Marx y Engels (1845: 19, 20, 28]
2. “Con la palabra clase popular yo quiero dar a entender los pobres de Colombia. Naturalmente que desde el punto de vista estrictamente sociológico yo comprendo que es una expresión bastante vaga, pero es la expresión que el pueblo entiende. Yo no creo que en Colombia los pobres tengan una conciencia de clase. Y en mi concepto tener la conciencia de clase es uno de los elementos importantes para constituir una clase, pero para designar a los pobres, y para no referirme únicamente a los obreros, sino también a los campesinos he utilizado esa expresión de clase popular”. [C. Torres, 2014: 126]
Partiendo de la realidad latinoamericana, al referirse a los sujetos del cambio, Torres comienza reconociendo a los pueblos indígenas y sus realidades e identidades como sectores sociales que hacen al sujeto social y político; también se refiere, en ese sentido, a las poblaciones mestizas, a los obreros, a los campesinos, a las clases medias, a los empobrecidos de las ciudades y el campo, a los hombres y las mujeres, a los jóvenes, a las organizaciones sociales… [Rauber: 2014: 302]
3. Ver [Rauber, 2014: 305]
4. La interculturalidad supone la interrelación de las culturas, modos de vida y cosmovisiones diferentes. Y esto trae debates y pugnas por el corrimiento de los poderes históricos acuñados acerca de la posesión del conocimiento verdadero y válido consolidado en las sociedades coloniales y poscoloniales sobre la base del monoculturalismo, las academias, las instituciones públicas... Por otro lado, la interculturalidad se diferencia del multiculturalismo‑aunque lo presupone‑, porque no es una sumatoria estática de la diversidad sino que propone su interacción e interdefiniciones en pos del enriquecimiento y crecimiento mutuo colectivo a partir de ella.
5. “El planteamiento de género, en su cuestionamiento, llega hasta los cimientos mismos de la cultura del poder patriarcal heredado y desarrollado por el capitalismo. De ahí su fundamental importancia para un replanteamiento profundo del conjunto de relaciones sociales y del poder de una sociedad dada, en el sentido de nuevo proyecto social. No digo que sea suficiente, pero sí necesario, imprescindible, insoslayable.” [Rauber, 1998: 7]
6. Completitud-incompletitud: conceptos claves de las cosmovisiones indígenas. Lo que está solo, según esta lógica, está fraccionado, incompleto, y busca ‑casi ontológicamente‑ su completitud; la complementariedad es parte de esa búsqueda.
7. El levantamiento indígena de Chiapas, por ejemplo, es parte del proceso de toma de conciencia de sus integrantes acerca de su realidad. Y se construyó con el apoyo de la concepción y las prácticas político-pedagógicas de la educación popular desarrolladas en función de transformar las condiciones de vida colectivas, que fue , a la vez, un proceso de construcción de alternativas para la vida. Es decir, que supone, simultáneamente, la construcción de sujetos con capacidad de autonomía. Y esto también es parte de la descolonización.
8. Ver [Rauber, 1998: 7]

Consideremos que:"No existe una única cosmovisión 'verdadera'. Los nuevos paradigmas epistemológicos civilizatorios interculturales descolonizados en construcción se fundamentan en la riqueza de la pluralidad y diversidad, y se anclan en principios tales como: solidaridad, ética, diferencias, equilibrio, complementariedad, paridad, horizontalidad, espiritualidad, democracia intercultural, vivir bien, buen vivir, autogestión, vida comunitaria, redes sociales".

Pistas para un pensamiento crítico situado, con pertenencia de clase
Epistemologías desde abajo
12 de febrero de 2020
 
Por Isabel Rauber (Rebelión)

(...)Interculturalidad y descolonización
Al reconocer (y reconocerse) parte activa de las experiencias colectivas, al contribuir a recuperar y analizar críticamente los caminos de resistencia, luchas, organización y creación de lo nuevo, los diversos actores y actoras sociales populares resultan co-partícipes de la creación de horizontes comunes de conocimientos, saberes y sabidurías, fortaleciendo así sus prácticas sociotransformadoras colectivas. Esto supone articular la diversidad y, en ello resulta clave la perspectiva intercultural y la descolonización. Ambas contribuyen a ampliar las miradas sectoriales y a derribar muros de contención y divisiones apriorísticamente fijadas entre los/las actores/as diversos, sus identidades, saberes y culturas.
Lo intercultural remite de inmediato, en primer lugar, a un ámbito de prácticas sociopolíticas y cognitivas que están en contradicción con los paradigmas predominantes en el pensar, el saber y el “deber ser” dominantes, hasta hace poco considerados los únicos valederos y eficientes, hoy en crisis profunda.4 Por un lado, porque lo intercultural significa ‑de entrada‑ el reconocimiento de la diversidad de identidades, culturas, cosmovisiones, saberes, modos de vida y organización sociales (económicas, políticas y jurídicas), todas racionalidades válidas que es necesario rearticular sin exclusiones ni jerarquizaciones en sus interrelaciones. Por otro lado, porque esto pone en cuestión el sentido y el contenido de la racionalidad –del poder occidental‑ predominante hasta ahora. Todo ello remite las miradas hacia los creadores de las diferentes racionalidades, es decir, a los sujetos de la producción y reproducción de la vida (comunitaria, urbana, social), a los sujetos de los saberes, a los sujetos de las transformaciones sociales (culturales, políticas, económicas). En segundo lugar, es saludable tener en cuenta que el propio planteo de la interculturalidad es intercultural. Es decir, sus contenidos, definiciones y significaciones, son diversos y múltiples.
No hay una única propuesta intercultural monolítica (dogmática); el abordaje de esta dimensión en estas páginas no pretende, por tanto, ser “la interpretación” de la interculturalidad, ni todo “lo que hay que saber” acerca de ella, sino brindar los elementos claves que permiten colocar a la interculturalidad como una de las piedras conceptuales (y prácticas) fundantes de la nueva racionalidad plural y multidimensional ya en gestación.
Construir colectivamente un pensamiento crítico emancipatorio y las alternativas emancipadoras, requiere nutrirse y articular diferentes experiencias, saberes, sabidurías y cosmovisiones. Y esto hace imprescindible que todos y todas dejemos de lado viejos prejuicios discriminatorios y jerárquicos, en lo organizativo y también en lo cultural, para reconocer(nos) y aceptar(nos) en la diversidad, entendiéndola –no como una “desgracia” que hay que soportar, sino‑ como fuente enriquecedora, forjadora de capacidades colectivas para conocer, saber y poder actuar con equidad y mayor tino. Esto supone, obviamente, desterrar la concepción (y las prácticas propias) del pensamiento y la verdad únicos, correspondientes con la ideología, cultura y hegemonía de los poderosos. A este proceso, se lo identifica como descolonización. La descolonización abre las entendederas y el corazón para adentrarnos en este empeño munidos con los posicionamientos interculturales. Ambas: interculturalidad y descolonización resultan entrelazadas en este proceso que es cimiento y parte del complejo proceso de liberación.
No existe una única cosmovisión “verdadera”. Los nuevos paradigmas epistemológicos civilizatorios interculturales descolonizados en construcción se fundamentan en la riqueza de la pluralidad y diversidad, y se anclan en principios tales como: solidaridad, ética, diferencias, equilibrio, complementariedad, paridad, horizontalidad, espiritualidad, democracia intercultural, vivir bien, buen vivir, autogestión, vida comunitaria, redes sociales.(...)

"Tratemos de abrir las entendederas, despojarnos de la herencia colonial del pensamiento único, para crear y construir dialogal e interculturalmente lo que será –ya se avizora‑, un nuevo “pensamiento crítico” abierto, centrado en el quehacer sociotransformador de los sujetos populares, intercultural, con identidades socioclasistas claras"

Pistas para un pensamiento crítico situado, con pertenencia de clase
Epistemologías desde abajo
12 de febrero de 2020
 
Por Isabel Rauber (Rebelión)

(...)II. Sacudirse el fantasma de la modernidad


Los reclamos, las tareas y los desafíos para el “pensamiento crítico” son muchos y se multiplican potenciándose unos a otros a diario. Urgen cambios raizales. No bastan aggiornamientos formales o retoques; se trata de abrir las entendederas, despojarse de la herencia colonial del pensamiento único, para crear y construir dialogal e interculturalmente lo que será –ya se avizora‑, un nuevo “pensamiento crítico” abierto, centrado en el quehacer sociotransformador de los sujetos populares, intercultural, con identidades socioclasistas claras, es decir, con pertenencia de clase y compromiso con la búsqueda, creación y construcción de una nueva civilización.

"Tratemos de buscar, crear y definir alternativas superadoras a esta locura de la muerte, lo que demanda un “pensamiento crítico” consciente de las exigencias del tiempo histórico en el que se desarrolla y de las realidades en las que los sujetos populares despliegan sus experiencias de resistencia, luchas y creaciones con grandes atrevimientos políticos, expresándolos con toda la riqueza de la diversidad de su existencia, sus identidades, culturas, cosmovisiones, cosmopercepciones, conocimientos, saberes, sabidurías, pensamientos y prácticas sociales y comunitarias (base para su articulación)".

Pistas para un pensamiento crítico situado, con pertenencia de clase
Epistemologías desde abajo
12 de febrero de 2020
 
Por Isabel Rauber (Rebelión)
I. Salir del cerco de
la epistemología occidental
Elementos de partida

Parecería un lugar común comenzar haciendo referencia a la crisis civilizatoria que nos atraviesa y por la que atravesamos. Pero es necesario recordarla para tener presente que –aunque muchos lo reconozcan teóricamente- es importante enfrentarla con la profundidad y multidimensionalidad que ella tiene e impone, es decir, desde la raíz para desde ahí buscar su superación.
La cualidad de “civilizatorio” indica que se trata de una crisis de los cimientos mismos del sistema - mundo dominante, hegemónico, del cual –en este caso‑ se buscaría “salir”, superar, ir “más allá”. Esto es: superar-reemplazar-abandonar el sistema de producción y reproducción que lo gestó, expandió y afianzó multidimesionalmente en sus modos de vida y en la existencia y espiritualidad humanas. No solo en lo económico, sino en lo político-institucional, en la educación, el conocimiento, la cultura, la ideología, la subjetividad, el lenguaje, la comunicación social y sus medios, las interrelaciones humanas, en la producción y reproducción de su hegemonía en todos los órdenes de la vida.
En tanto economía es sociedad, un modo de producción y reproducción económica es a la vez un modo de producción y reproducción social; define modos de vida, de interrelacionamiento humano y con la naturaleza, modos de pensar, de sentir, de soñar, desear y morir.
Hoy transitamos un tiempo de agotamiento civilizatorio integral y multidimensional: de un modo de producción, reproducción, distribución (intercambio), apropiación y acumulación económica, cultural, social y política capitalista que se ha desarrollado a tal punto que evidencia descarnadamente su irracionalidad creciente, situación que prácticamente ha anulado su inicial racionalidad [Hinkelammert]. Esta irracionalidad se expresa nítidamente en su irrefrenable destrucción de la vida; es un modo de no-vida que cínicamente los defensores del capital pretenden sostener y defender, disfrazándolo como una evolución “natural” de la sociedad y, por tanto, “irremediable” para la humanidad. Por eso resulta “saludable” no confiar en sus propuestas de soluciones a los problemas por ellos mismos creados, ni adoptar sus pretendidas alternativas de “superación” de los anteriores patrones de “desarrollo”, por ejemplo, la llamada “economía verde”.
Indagar una salida por fuera de esta civilización generada y sostenida por el capital requiere de la creación colectiva global del conjunto de sujetos sociales populares, para pensar y construir propuestas capaces salir del cerco económico-cultural del capital y poner fin a sus mecanismos de producción y reproducción, a sus preceptos ideológicos y a sus paradigmas justificatorios.

Se trata de buscar, crear y definir alternativas superadoras a esta locura de la muerte, lo que demanda un “pensamiento crítico” consciente de las exigencias del tiempo histórico en el que se desarrolla y de las realidades en las que los sujetos populares despliegan sus experiencias de resistencia, luchas y creaciones con grandes atrevimientos políticos, expresándolos con toda la riqueza de la diversidad de su existencia, sus identidades, culturas, cosmovisiones, cosmopercepciones, conocimientos, saberes, sabidurías, pensamientos y prácticas sociales y comunitarias (base para su articulación). Esta cualidad del pensamiento crítico es la que expreso con el concepto “pensamiento crítico situado”.
Implica asumir el desafío histórico de buscar, crear y construir una nueva civilización, basada en una cosmovisión abierta que ‑dando cabida a diversas cosmovisiones‑, promueva la armonía, el intercambio y la complementariedad entre los seres humanos y con la naturaleza, en búsqueda, creación y tránsito hacia un nuevo modo de producción, reproducción y acumulación sociales, que se haga cargo de promover y sostener la reproducción en equilibro con la naturaleza. Esto se expresará en un nuevo modo de vida.1

Una semblanza del modo de vida al que aspiramos resulta sintetizada, por ejemplo, en la propuesta de los pueblos indígenas originarios conocida como el vivir bien o buen vivir: en equilibrio, equidad entre los seres humanos y con la naturaleza de la cual somos parte; sin asimetrías de poder. Esto contrasta con las propuestas consumistas de bienestar y progreso individuales (e individualistas) alimentadas por la filosofía occidental moderna (capitalista). Se asienta en un principio civilizatorio para la vida que, en aras de ella, promueve y defiende el bien común: “No es posible vivir bien si los demás viven mal”. No resultan compatibles con él las guerras, ni el saqueo, ni las desigualdades extremas que provocan hambre, enfermedades, muertes… que destruyen nuestro hábitat y –con ello‑ nuestra humanidad. De ahí que su carácter civilizatorio para la vida, sea una de las claves para pensar crear un mundo nuevo.(...)