lunes, 10 de diciembre de 2018

"Hablamos de que destruyeron la potencia emancipatoria de los pueblos porque dispersaron a los movimientos sociales, se llevaron a los dirigentes a los ministerios, se corrompieron"." Lo que han hecho los gobiernos progresistas es profundizar el capitalismo, han traído más capitalismo, más transnacionales y más monopolios”.

Entrevista a Raúl Zibechi
El saldo negativo
 de los gobiernos “progresistas”
 y la nueva presidencia de México.
10 de diciembre de 2018

Por Gloria Muñoz Ramirez
Desinformemonos

Los gobiernos progresistas en América Latina “han resultado una regresión y para los pueblos indígenas han significado una doble o triple regresión, porque se les ha folklorizado. Hoy hay hombres de sombrero y mujeres de pollera en el parlamento, pero folklorizados, no representando políticamente a sus pueblos. Es una política de despojo que los fuerza a desplazarse. Y en esto no hay ninguna diferencia entre los gobiernos progresistas y los gobiernos de derecha y conservadores, como el de Perú o el de Colombia. La actitud anti-indígena es una constante en ambos casos”, advierte Raúl Zibechi, periodista uruguayo, escritor y acompañante desde hace más de 30 años de diversos movimientos sociales del continente.
“El saldo de los gobiernos progresistas en América Latina es negativo”, sentencia Zibechi en entrevista con Desinformémonos, luego de participar en una serie de encuentros con movimientos sociales e indígenas de Chiapas y Oaxaca, durante una breve gira por México en la que presentó su más reciente libro: Los desbordes desde abajo (Ediciones Bajo Tierra, 2018).
De la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia de México, Zibechi señala que no representa ningún cambio para la región. Y sus consultas, opina, “son mecanismos de desarticulación de la protesta”. Habrá resistencia, dice, “pues las luchas no van a desaparecer porque haya un gobierno que sonría”.
La desarticulación de los movimientos sociales, la inclusión de cuadros de abajo en el nuevo gobierno, la imposición de proyectos extractivistas, el aislamiento de los críticos, la polarización de la prensa, el rol de Estados Unidos, entre otros, son los temas de esta entrevista.
– ¿Cuál es el saldo de los gobiernos progresistas en América Latina?
– El saldo de los gobiernos progresistas en América Latina es negativo. El saldo es Bolsonaro, el saldo es Macri, es una Venezuela destruida. El saldo es Daniel Ortega, genocida, violador. Como dijo Chico de Oliveira en Brasil, fundador del Partido del Trabajo de los Trabajadores, “el lulismo fue una regresión política”.
Y cuando decimos esto no hablamos de esos millones que salieron de la pobreza pero que ahora volvieron, no hablamos de algunas cuestiones interesantes que se hicieron interesantes, como las cuotas para las personas negras en las universidades brasileñas. Hablamos de que destruyeron la potencia emancipatoria de los pueblos porque dispersaron a los movimientos sociales, se llevaron a los dirigentes a los ministerios, se corrompieron.
No hay país con gobierno progresista en el que no haya habido casos de corrupción. El que fue vicepresidente de mi país, Uruguay, que tiene un apellido noble, Raúl Sendic, debió renunciar a la vicepresidencia por un caso de corrupción. En Argentina tiraban bolsos llenos de dinero adentro de un convento para eludir el tema de la apropiación indebida que hubo.
El saldo es negativo, pero eso no quiere decir que no comprenda a la gente que los votó, que los apoyó y que los sigue apoyando, porque frente a eso está una derecha espantosa. Pero en resumidas cuentas el saldo es negativo.
– En concreto, ¿cuál es el saldo en el ámbito económico?
– En lo económico no hubo reforma agraria, pero no hubo una reforma del sistema impositivo. No hubo reformas estructurales. Hubo una mayor renta a los sectores populares, pero esa renta fue bancarizada, financierizada, y entonces consiguieron, a través de las políticas sociales, que la gente tuviera un poco más de dinero, pero tiene además un cartoncito como el de las tarjeta de crédito o débito, que necesitan para poder sacar el dinero de las políticas sociales del banco y con eso van a los las malls o de shopping a comprar televisiones de plasma, motos, coches. Es una integración a través del consumo.
Durante el periodo de Lula en Brasil, el sector que más lucró y que tuvo las mayores ganancias de su historia fue la banca. Entonces fue una integración de los sectores populares, pero a través del consumo, y eso despolitiza, y además enriquece a la intermediación bancaria.
– ¿Y los megaproyectos en territorios indígenas?
– El extractivismo, la soja, la expansión del agronegocio, la minería, generaron un desplazamiento o acorralamiento de los pueblos indígenas. Hay un caso en Brasil que es demencial y se llama Belo Monte, que es la represa, la tercera más grande del mundo, que desvía 100 kilómetros del río Xingú, y en esa cuenca que se vacía se van a morir de hambre o van a tener que emigrar los pescadores, los habitantes de las riberas, todas las personas que vivían del río y que son pueblos originarios. Pero además, la demarcación de las tierras indígenas no se respetó.
Por otro lado tenemos el ejemplo paradigmático que es Bolivia. En Bolivia el movimiento popular tenía cinco organizaciones que hicieron el pacto de unidad, y después de la marcha en defensa del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro-Sécure (TIPNIS) en 2011, el gobierno empezó a dividir a las organizaciones.
Hay dos organizaciones, y esto fuera de Bolivia se sabe poco: el Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (Conamaq) y la Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia (CIDOB), dos organizaciones históricas de los pueblos indígenas, a las que Evo Morales y Álvaro García dieron sendos golpes de Estado. Mandaron a la policía, echaron a los dirigentes legítimos y atrás llegaron, protegidos por la policía, los dirigentes afines al gobierno, al Estado. Esto es un auténtico golpe de Estado y sucedió en Bolivia.
Cuando decimos que el progresismo ha resultado en una regresión, para los pueblos indígenas ha significado una doble o triple regresión, porque se les ha folklorizado. Hoy hay hombres de sombrero y mujeres de pollera en el parlamento, pero folklorizados, no representando políticamente a sus pueblos. Es una política de despojo que los fuerza a desplazarse. Y en esto no hay ninguna diferencia entre los gobiernos progresistas y los gobiernos de derecha conservadores, como el de Perú o el de Colombia. La actitud anti-indígena es una constante en ambos casos.
– Vamos al terreno de las libertades. ¿Qué pasó en estos gobiernos con la libertad de expresión y con la libertad de manifestación? ¿Se llevaron a cabo “linchamientos” a quienes, desde la izquierda, se opusieron o cuestionaron lo que estaban haciendo?
– Durante los primeros años hubo una ampliación de libertades, de manifestación, de crítica, pero a partir de la crisis de 2008 hubo un repliegue de estos gobiernos. Una vez más Brasil es un caso paradigmático porque en junio de 2013, 20 millones de jóvenes salieron a las calles en 353 ciudades durante un mes, inicialmente contra el aumento del transporte, que es muy caro en Brasil (cada desplazamiento de autobús o metro vale entre 20 y 25 pesos mexicanos), pero terminó siendo una revuelta contra la desigualdad. São Paulo es la ciudad que tiene más helipuertos y helicópteros del mundo porque la burguesía no se digna a ir en coche por la superficie.
Esa revuelta contra la desigualdad tocó los límites del progresismo, que se limitó a repartir un poquito mejor la renta salarial, pero no la renta total y no tocó las desigualdades. Cuando surgió ese movimiento hubo un repliegue del gobierno de Dilma Rousseff, del PT y de la izquierda en su conjunto, y mandaron a la policía. Por supuesto que lo que habría tenido que haber hecho un gobierno de izquierda era ponerse del lado de la gente, pero al mandar a la policía generaron un vacío político y una desmoralización tan fuerte que de eso se vino aprovechando la derecha hasta el día de hoy. El 2013 fue un parteaguas en Brasil y en toda la región. Son los movimientos, la irrupción de la gente cansada de que le tomen el pelo, de que se burlen de ella, una de las dos o tres causas principales de la crisis de los progresismos en América Latina.
– ¿Y los medios de comunicación? ¿Qué papel jugaron y juegan?
– Sobre los medios de comunicación hay varias dinámicas. Hay países donde los Estados han ido avanzando sobre los medios de comunicación, como Venezuela, clausurándolos, domesticándolos o comprándolos. El grueso de los medios de comunicación de Venezuela son estatales o pro-estatales. El otro extremo podría ser Argentina, donde hay alrededor de 200 medios de comunicación culturales, autogestionados, digitales y en papel, como Desinformémonos en México. Esos 200 medios tienen entre cinco y siete millones de lectores mensuales, en un país de 40 millones de habitantes. Se trata de medios minoritarios, pero ya no son marginales. Más aún, cuando hay un conflicto, como cuando una fábrica de Monsanto se iba a instalar en las Malvinas Argentinas, y desde Uruguay, si se quería saber lo que pasaba, entrabas a la prensa de la derecha, La Nación, Clarín, y no aparecía nada. Entrabas a la prensa de la izquierda, como Página 12, y tampoco aparecía nada. Tenías que informarte en estos medios comunitarios o alternativos.
Estos medios ya no son una minoría marginada, sino que tienen una masa crítica, y cumplen el rol de que informan a los nuestros de lo que otros no informan.
– Hemos visto que se ha dado una polarización de los medios durante estos medios. Los que están con el gobierno, en este caso progresista, y los que tiene la ultraderecha…
Sí, claro. En Brasil está pasando algo increíble, Bolsonaro hace campaña contra la Red Globo, que es la hegemónica, y contra Folha de São Paulo, que es el periódico de las élites, y se apoya en las redes sociales y en los medios de comunicación evangélicos, que son de ultraderecha. Hay una reconfiguración de los medios muy interesante, que hay que seguirla, porque incluso Bolsonaro amenazó con clausura Folha de São Paulo, que es un escándalo, es como clausurar un diario de derecha de México. Es la misma actitud que tiene Donald Trump con los medios. Pero están emergiendo otros medios, como es el caso de los evangélicos, son una fuerza política y social que merece ser estudiada a fondo, y están compitiendo ya con la Red Globo en Brasil. Por otro lado, en la mayoría de los países existen medios como los nuestros, alternativos, pero no en todos tienen fuerza.
– Hay otros medios, que no son alternativos ni marginales, sino grandes medios de izquierda, o críticos al poder, bien colocados en sus países, como Brecha en Uruguay, o Página 12 en Argentina. ¿Qué papel juegan con los gobiernos progresistas?
– Debo decir que Brecha fue crítico antes de la llegada de los gobiernos y durante los gobiernos progresistas. Siempre hemos sido un periódico crítico. Página 12, en cambio, se hizo kirchnerista y dependió hasta hoy de recursos bajados por el Estado. Todo lo malo tiene una parte buena, y acá en México lo van a vivir. La parte mala es que los progresistas nos destruyen o nos crean muchos problemas. La parte buena es que el escenario se clarifica, ya no quedan lugares para las medias tintas, estás o no con el Estado. Cuando estás con el Estado la excusa es q ue ahora lo gobierna la izquierda, pero estás con el Estado, eso es lo principal. Y los que se mantienen en su trabajo de autonomía, de trabajo por fuera de las instituciones.
Página 12 claudicó, en los 90 fue un diario bien importante no sólo en Argentina, tenía una estética particular y un impacto con tapas de página muy potentes. Por otro lado, hay otros medios que se han mantenido fieles a su trayectoria. Yo no quiero exagerar, pero diría que Brecha, en Suadamérica, es de los pocos que ha atravesado el progresismo con muchas dificultades económicas. No vivimos de Brecha, estamos mal económicamente, pero mantuvimos la dignidad y una posición independiente, aunque hay matices. Hay algunos periodistas dentro más afines al gobierno, pero siempre críticos.
– ¿Y cuáles son los costos de mantenerse críticos, desde la izquierda, a los gobiernos progresistas?
– Los costos de mantener la postura crítica son el aislamiento, no te llaman para hacerte entrevistas, te ignoran. Hay deterioro económico personal, tenemos que buscarnos trabajitos para sobrevivir, y eso es un costo importante, pero hay que fijarnos muy bien, hay una trampa del progresismo que hemos logramos sortear, pues así cómo como la profesión periodística, en el caso de Brecha, hoy tiene un salario muy bajo, pero ha habido una renovación generacional y de género. Y hoy la mayoría de la planta son personas jóvenes y mujeres. Los que quieren ganar más se han ido con el gobierno o a crear periódicos afines al progresismo, y los que nos quedamos, bueno, pues ganamos poco, pero ahí estamos.
– ¿Lo que nos estás diciendo es que nos va a ir muy mal a los que mantengamos una postura crítica, en el caso de México, a Andrés Manuel López Obrador?
– Yo no diría “irnos muy mal”. El aislamiento es duro, pero te hace más fuerte. Y además no aspiramos a hacernos ricos. Por ejemplo en Brecha, de 35 trabajadores, habrá cinco o seis con carro, los demás vamos en transporte público, y eso me parece que es muy importante porque marca algo que en este momento es una siembra, no se ve, pero están ahí las semillas y en algún momento van a florecer.
Pero lo que está sucediendo en México hay que leerlo de otro modo por dos razones. El ciclo progresista en América Latina inició por el 2000 y terminó por el 2014, y es un ciclo que fue posible gracias a los altos precios de las commodities, del petróleo, de la soja, del mineral de hierro, porque a las burguesías en esa época de bonanza económica no les importó mucho que les subieran un poco los impuestos, y porque los sectores populares estuvieron tranquilos. Pero hoy en día vivimos la post crisis del 2018. Las clases dominantes del mundo se han hecho más bestiales, más brutales. El uno por ciento tiene una riqueza como nunca soñó tener en la historia y se han hecho mucho más intransigentes, más ultras, y están en contra de los pueblos.
El gobierno de López Obrador llega en el momento en el cual las clases dominantes no están dispuestas a ceder en nada. Hay una situación que llevará muy rápidamente al gobierno a alinearse con los intereses empresariales. Estos pocos días que llevo en México he visto algo sorprendente. Prendo la televisión y en el parlamento unos diputados del PAN ponen una manta que dice “#NoALaDictaduraObradorista”. Son terribles, pero desde el primer día ya están oponiéndose, no le dan ninguna chance. Parece que eso va a marcar: Te doblegas completamente o vas a tener una oposición implacable como tuvo Dilma en sus últimos años en Brasil.
– ¿Qué representa la llegada de López Obrador para el Continente Americano?
Me gustaría decir que representa algo para la región, pero yo creo que no representa nada, porque desde el punto de vista de la integración regional latinoamericana, no aporta nada, y desde el punto de vista de un giro a la izquierda en la región, ya no es posible, y tampoco aporta nada y porque la política exterior, por lo que yo entiendo, va a ser de alineamiento total con el nuevo NAFTA y con las políticas de Donald Trump. Entonces yo no espero nada.
Si hubiera sido diez o quince años atrás, capaz que se podría esperar algo en un clima distinto, pero hoy en día, cuando hay una guerra comercial con China y con Estados Unidos, cuando hay un encrespamiento de las relaciones internacionales y una intransigencia muy fuerte, como hace una semana que se pelearon Trump y Macron y hubo un destrato mutuo muy fuerte… pues no hay margen para ninguna otra política.
– Háblanos de los movimientos sociales dentro de los gobiernos progresistas...
Los gobiernos progresistas han sido maestros en el arte de desactivar a los movimientos sociales y a la protesta social. Han cegado las bases sociales de sus movimientos con políticas sociales, pequeñas cosméticas que entusiasmaron a mucha gente que nunca había recibido nada. También cooptaron a los dirigentes de los movimientos.
El personal político de los gobiernos progresistas viene de abajo, los cuadros tecnocráticos que están al frente nacieron y conocen la cultura organizativa de los movimientos sociales, entonces, cuando están arriba saben muy bien qué teclas tocar para debilitar, y eso es muy peligroso.
Hay dos cosas que ponen en peligro a los movimientos sociales. Primero, el Estado se reviste de legitimidad con el progresismo, y un Estado con legitimidad, un Estado fuerte, es peligroso. Después, los saberes de abajo que han llegado allá arriba están destinados a debilitarnos. Y estas dos cuestiones juntas pueden ser enormemente depredadores para los movimientos populares. Un ejemplo es Bolivia con Evo Morales y Álvaro García, que se disfrazaron diciendo que era el gobierno de los movimientos sociales e hicieron los golpes de Estado a los mismos.
En Argentina está el caso piquetero. El movimiento piquetero fue completamente neutralizado, dispersado, destruido, por las políticas sociales. Hay un manual en un libro del Ministerio de Desarrollo Social, donde estaba la hermana de Néstor Kirchner, que dice que el funcionario ideal del Ministerio es “aquel militante social que en los 90 se opuso y organizó a la gente en la base social en los territorios contra el modelo neoliberal”. Succionan cuadros políticos y militantes y saberes a los Estados y eso es un elemento muy definitorio y fundamental.
El tercer ejemplo pueden ser los compañeros de Brasil del Movimiento de los Sin Tierra y de los Sin Techo, movimientos muy importantes, muy luchadores, con una trayectoria impecable, que reconocen que Lula y Dilma entregaron menos tierras con la reforma agraria que el gobierno neoliberal de Fernando Henrique Cardoso, pero aun así, los apoyaron porque hay un chorro de dinero que fue destinado a la educación, la vivienda, etcétera. Son movimientos potencialmente revolucionarios que quedaron neutralizados completamente.
– Y el caso de México, país al que también conoces muy bien desde hace un cuarto de siglo...
– En México hay muchos movimientos potentes. Los movimientos urbanos tienen una larga trayectoria de haber sido dispersados, sobre todo por gobiernos del PRD, pero me preocupan mucho los movimientos indígenas, que son una parte minoritaria de la población, pero importantísima, y me preocupa el aislamiento y la posibilidad de golpes o represiones quirúrgicas. Me preocupa mucho que en los próximos seis años haya un proceso de debilitamiento del zapatismo y del CNI (Consejo Nacional Indígena) y de otros movimientos indígenas y populares, que son los que se han opuesto a los grandes proyectos.
Hay una operación muy fina. Las consultas que se ha hecho y las que se van a hacer son mecanismos de desarticulación de la protesta. Mañana tú puedes decir que estás en contra del Tren Maya por tal o cual razón, y te van a decir que vayas y votes. En esta consulta, la del aeropuerto, hubo 1 millón y cacho de votos, pero yo creo que en las próximas consultas pueden votar más personas, y si votan más personas mayor será la legitimidad de la consulta, aunque sea ilegal, sin sustento jurídico y sin sustento de ningún tipo.
Supongamos que respeten la consulta. El mensaje que están enviando los progresistas y López Obrador es que el conflicto no vale la pena porque es riesgoso, que votando o apoyando al gobierno se van a solucionar los problemas. El mecanismo de la consulta busca encasillar y conducir la protesta al terreno de las urnas. ¿Para qué me voy a oponer a la carretera si estoy en contra y puedo votar. Y si pierdo, por lo menos pude opinar en un ejercicio democrático en el que no tuve que poner el cuerpo y la policía no me dio un golpe? Lo que se hace es deslegitimar el conflicto y deslegitimar la protesta, y eso va de la mano de aislar a los que protesten. Los que protestan aislados son rápidamente víctimas de la represión estatal. Ése es el riesgo que yo veo ahí.
Espero que la consulta no tenga la última palabra. Con la consulta los pueblos tienen dos opciones: o jugarse por la consulta, que no creo que sean tan poco hábiles, o que digan que hagan todas las consultas que quieran pero que ellos no quieren que el tren pase por ahí, que es lo que han hecho otros pueblos en América Latina.
Por suerte, en algunos casos como el de las comunidades zapatistas o Cherán, hay una fortaleza. Igual la van a pasar muy mal, creo yo y ojalá me equivoque, pero no es lo mismo pasarlo mal cuando están temblequeando a cuando estás bien y firme en tus bases, como los zapatistas.
Po otra parte, estoy seguro de que López Obrador se jubilará, no creo que se pueda reelegir, aunque me imagino que ya está pensando en reelegirse. Pasarán seis años, se irá Morena o no, pero el zapatismo va a seguir en pie, y eso es importante porque son luchas de cinco siglos que no van a desaparecer porque haya un gobierno que sonría o tenga buenos modales.

– ¿Y la resistencia?
– Habrá resistencia. Lo que han hecho los gobiernos progresistas es profundizar el capitalismo, han traído más capitalismo, más transnacionales y más monopolios. Esto de hacer mega obras en el sur es para cooptar al resto de México, porque ha sido la zona más rebelde y eso todos lo sabemos. Los pueblos van a resistir. Hay muchas personas que, como decimos en Uruguay, “no se comen la pastilla”, no se dejan engañar. La gente está alerta, además ya tienen 15 años de nuestra experiencia y saben lo que pasó en el sur. Habría que ser un poco más optimista.

– ¿Qué papel juega Donald Trump y Estados Unidos?
– Trump es más que Trump. Es la mayor intransigencia de las clases dominantes, de los ricos, y la mayor intransigencia del Pentágono, que tiene tanto peso como las clases dominantes. Esta gente se está inclinando por la guerra, por militarizar el escenario global. La guerra comercial contra China es una guerra y, comercial por ahora. La guerra va a escalar y es probable que lleguemos a guerras entre naciones con armas nucleares, eso que los zapatistas llaman el colapso.
El régimen Trump tiene aspectos del colapso, es una manifestación de la crisis del sistema, del imperialismo yanqui, pero también es una manifestación de que ellos pueden apostar al colapso antes de soltar la sartén que creen o temen que se les está escapando. Un escenario horrible. El que venga después de Trump, aunque sea demócrata, va a seguir muchos de los pasos de Trump. El gobierno de Trump no es un paréntesis, sino un viraje en las estrategias de las clases dominantes.
Estados Unidos apuesta cada vez más a la subordinación absoluta de México. Es un patio trasero del cual no van a soltar las garras y por lo tanto, en ese proyecto de tener a México subordinado, el gobierno de López Obrador les pueda venir incluso muy bien, pues esto de llevar las mega obras al sur, de facilitar el flujo de mercancías, commodities, minerales, maderas, todo lo que haya para sacar, los monopolios lo ven muy bien, y más si además consigue aplacar a una parte de la ciudadanía.

Lo que no va a conseguir este gobierno ni ninguno, por ahora, es bajar los niveles de violencia, los feminicidios, la actividad del narcotráfico, de la ilegalidad. Eso para Estados Unidos es algo importante, porque desde la guerra contra el narco apuesta a la violencia, al Plan Mérida, a la descomposición del tejido social. Todos son planes del imperio que ahora los va a ejecutar López Obrador. Con este señor además se van a cumplir los planes que profundizan el capitalismo, el monopolio, y lo que los compas zapatistas han llamado la cuarta guerra mundial, el despojo de los pueblos. Eso es lo que está a la orden del día.

– Para finalizar, ¿qué lectura le das al fenómeno migratorio que estamos viviendo estos días de Centroamérica hacia el norte?
– Quiero creer que con esta marcha masiva de migrantes está naciendo un movimiento, porque antes la migración era individual, de familias, gota a gota, pero ahora es masiva y organizada. Para movilizarse 7 mil personas todas juntas hay que estar organizado. Capaz que es la primera de muchas marchas y si es así es bueno, porque la migración solitaria es fácilmente reprimible, vulnerable, pero con esta probablemente la gente haya llegado a la conclusión de que es mejor migrar en masa para estar más protegidos. No tengo claro que Trump vaya a poder impedir el paso de los migrantes por la frontera, a pesar de todas las gárgaras que hace. Es un costo político muy alto. Lo bueno es que está naciendo algo nuevo, desde abajo.

"Hemos dicho hasta el cansancio que la inflación es un mecanismo de lucha de clases, que afecta a quienes viven de ingresos fijos, pero también a sectores empresarios que transfieren parte de su rentabilidad al capital más concentrado. Los capitales hegemónicos dominantes se apropian de la riqueza socialmente producida. Lo que se juega con el discurso oficial es el consenso electoral de la sociedad. No importa que ese consenso se logre como producto de la manipulación de la conciencia social, lo que interesa es ganar el sentido común. Un sentido que instalan las clases dominantes en su provecho. Así, resulta normal lo cotidiano, aun cuando sea desfavorable para la mayoría social".

Manipulación informativa 
para disputar consenso

10 de diciembre de 2018

Por Julio C. Gambina (Rebelión)

Más allá de los problemas económicos, la inflación y la recesión con sus consecuencias regresivas en materia de pobreza, caída del salario y suba del desempleo, el discurso oficial macrista manipula la información para disputar consenso social de cara a las elecciones del 2019. Siente el gobierno que para sus objetivos “cierra bien” el año 2018, con la aprobación del Presupuesto 2019, de ajuste reaccionario, y un balance propio de éxito de la Cumbre del G20 que lo vincula al poder mundial. Con ello, se anima a sustentar una nueva vuelta de tuerca a la política represiva, de acción policial con derecho a matar, que por ahora encuentra rechazo en buena parte del movimiento social y aun en las propias filas e instituciones afines. La convicción gubernamental es que la demanda por seguridad se asocia a la defensa de la propiedad privada y no a la seguridad social medida en satisfacción de derechos sociales, algo que pretende reformar reaccionariamente. El objetivo es el control social, por eso pretenden disciplinar a la población.
En rigor, la inflación anual se acerca al 50% con un efecto regresivo sobre la mayoría de la población de bajos ingresos, pero como la tendencia es a la reducción luego del pico de los últimos meses, el oficialismo hace propaganda con augurios de mejores tiempos para el año entrante. Claro que la reducción pronosticada para el 2019, un 25% aproximadamente, será mayor al 15% que se anunciaba para todo el 2018 hace apenas un año. Es curioso el caso de la suba de los precios, que actúa como mecanismo de distribución regresiva del ingreso y la riqueza y que sin embargo es utilizado como mecanismo de propaganda sobre el combate a la inflación. Crece la inflación y se sostiene que se la combate y se lo hace con medidas regresivas, de mayor ajuste vía política monetaria restrictiva que agudiza los efectos de la recesión e impacta en la merma del consumo popular.
Ocurre lo mismo con las tasas de interés. La noticia es ahora que se elimina el piso del 60% como tasa de referencia del BCRA y por ende, la propaganda trasmite la baja de la tasa desde el máximo del 73% de hace pocas semanas, a menos del 60% en estos días. Claro que se omite que hace pocos meses la tasa de referencia era del 40% y ya era un guarismo elevado para pensar en políticas activas de crédito para el desarrollo productivo. Todo es propaganda, sin importar las consecuencias sociales. El horizonte ofrecido por el discurso es que todo irá mejor, que se combate la pobreza aunque ésta aumente.
Se trata de un discurso donde siempre se corre el límite del campo de juego. Si el máximo admisible era un 15% de inflación para 2018 y se alcanzará el 50%, entonces hay que mostrar, en el discurso oficial, lo positivo de una reducción al 25% probable para 2019, dejando en el olvido el propósito del 15% de hace apenas un año. No se argumenta sobre las pérdidas de ingresos en el periodo de años de ascenso y tendencia actual a la reducción de los precios; un fenómeno que arrastra el presente y el futuro.
En el medio, son cifras millonarias que se transfieren desde la mayoría de la población de menores ingresos a los pocos sectores concentrados de altos ingresos. Lo que unos pierden, otros lo ganan y por eso, en economía nada se pierde, solo cambia de bolsillo el dinero. Unos pocos acumulan lo que la mayoría pierde. Por eso hemos dicho hasta el cansancio que la inflación es un mecanismo de lucha de clases, que afecta a quienes viven de ingresos fijos, pero también a sectores empresarios que transfieren parte de su rentabilidad al capital más concentrado. Los capitales hegemónicos dominantes se apropian de la riqueza socialmente producida. Lo que se juega con el discurso oficial es el consenso electoral de la sociedad. No importa que ese consenso se logre como producto de la manipulación de la conciencia social, lo que interesa es ganar el sentido común. Un sentido que instalan las clases dominantes en su provecho. Así, resulta normal lo cotidiano, aun cuando sea desfavorable para la mayoría social.
La estrategia se estimula desde las redes sociales, los medios de comunicación y los intelectuales orgánicos, que como cultura mayoritaria encuentra legitimidad en los poderes del Estado, los que impulsan un proceso creciente de legitimación de un plan reaccionario de reformas estructurales. El camino se transita desde la disputa de la conciencia y el sentido común hacia la legalización que lo institucionaliza. Hay que remitir a la historia para verificar que la propiedad privada se consolidó en la Constitución previa siembra de la conciencia social demandante de su defensa. La propiedad privada fue primero demanda y luego institución, lo que habilitó su carácter de permanencia en el tiempo como derecho inviolable, inalienable e imprescriptible.
Es el mecanismo que verifica la estrategia del presente. La estrategia asumida apunta a instalar un diagnóstico y un rumbo en la sociedad para luego legitimarlo institucionalmente. Si se leen los argumentos en la fundamentación del presupuesto del ajuste se encontrará la falacia para la manipulación social. En el documento presentado al Parlamento se aducen problemas climáticos, sean inundaciones o sequías, como si el modelo productivo nada tuviera que ver con el fenómeno del cambio del clima. El modelo productivo no se discute y no solo se avanza con el complejo sojero, sino que ahora se agrega la explotación de los hidrocarburos no convencionales. También se señalan causas externas, como la guerra comercial entre EEUU y China u otras variables del contexto internacional como la suba de la tasa de interés en EEUU. Se sostiene que son fenómenos de la economía mundial que afectan a la Argentina, que “…hasta entonces venía bien…”, según el relato oficial. Es verdad, pero se elude el impacto de la propia política de desfinanciamiento del Estado con el deliberado aumento del endeudamiento público para cancelar deuda y facilitar la fuga de capitales. Así, se sostiene que el país “venía bien”, con abundante financiamiento externo, y en la coyuntura, se cruzó una tormenta por los fenómenos enunciados que derivaron en la búsqueda del auxilio del FMI.
Se confirma el rumbo al señalar que: menos mal que acudimos al FMI, sino la situación hubiese sido peor. Imposible de demostrar contra los hechos de la intervención del Fondo. La propia política oficial lleva directo al FMI y se explica que no había más remedio, que no había otra y el resultado es una hipoteca por varios años para sustentar el rumbo que solo beneficia a muy pocos sectores altamente concentrados de la economía. El consenso político construido hacia el 2015 se sostuvo en la elección de medio turno en 2017 y se pretende sostener con la repetición de un segundo periodo presidencial entre 2019 y 2023, con Macri o alguien que otorgue continuidad al proyecto de restructuración regresiva del PRO-Cambiemos.
¿Qué busca el proyecto en el gobierno en un mundo complejo?
Consolidar un bloque dominante en el orden capitalista local, restaurando la lógica de dominación que asoció a la burguesía terrateniente y al capital externo en el modelo de inserción subordinada de la Argentina entre fines del Siglo XIX y comienzos del Siglo XX. No se trata de repetir la situación ni el bloque en el poder, sino una lógica de dominación que otorgue estabilidad al orden local del capitalismo, afectado por inestabilidades y disputas por décadas de lucha en el poder. Por eso la alusión a 70 años de decadencia de la Argentina en el argumento del oficialismo.
Insistamos que no se trata de repetir aquellas condiciones de fines del siglo XIX y comienzos del XX, sino de intentar resolver la disputa gestada desde la industrialización de la década del 20 del siglo pasado, la que desordenó la lógica de la dominación con nuevos actores que disputan la hegemonía del orden local y que en este trayecto casi centenario hacia el presente han generado disputas en el poder a costa de la mayoría de las clases subalternas, especialmente el pueblo trabajador. No es un dato menor la alternancia radical y peronista entre 1916 y 2015, bajo gobiernos constitucionales. La burguesía fabril emergente en el proceso industrializador busco su asociación al capital externo en un ciclo de fusiones e internacionalización de su actividad económica para disputar un lugar en el bloque de poder, donde la banca local y extranjera jugó un papel de financista, inducido con rumbos específicos en diferentes gobiernos del periodo que mencionamos, sean constitucionales o producto de dictaduras militares.
Para la industrialización subordinada se contó con nueva institucionalidad y aporte profesional, científico e intelectual, junto a la inspiración y actividad militar, en gobiernos constitucionales o dictatoriales. No se trata de identificar a los gobiernos dictatoriales con los constitucionales, pero sí de mostrar que los cambios estructurales hacia la industrialización desde comienzos del Siglo XX constituyó un fenómeno que trasciende los diferentes gobiernos desde los 20 y más aún el golpe del 1930 hasta 1975/76, donde la disputa por construir un nuevo bloque de poder se hace evidente y se sostiene hasta el presente. La des-industrialización relativa desde 1975/76 lo hace evidente. Digo relativa porque el proceso tiene un doble sendero, el de la modernización empujada por las transnacionales actuantes en el país y la transnacionalización de los capitales locales, donde Techint resulta emblemática, o si se quiere, ARCOR, recuperando aquello de aceros o caramelos. Es una modernización asociada al cambio de las relaciones sociales de producción, lo que supuso: a) la reaccionaria reforma laboral y previsional, aún en proceso y objetivo central del proyecto PRO-Cambiemos; b) la reestructuración del Estado vía privatizaciones, desregulaciones y mercantilización de los derechos y la vida cotidiana, aún en proceso con las reformas educativas, sanitarias o judiciales, entre muchas; c) la reinserción subordinada del país en el sistema mundial hegemonizado por EEUU y convalidando con la suscripción de tratados bilaterales en defensa de las inversiones externas.
Pero esos proyectos que apuntan a resolver la disputa en el poder se cruzan con las nuevas realidades y complejidades del sistema mundial, evidenciado con la aparición de China y el debate falaz sobre la globalización o el proteccionismo, que esconde la disputa hegemónica del sistema capitalista mundial. Falaz digo porque es una contradicción que acompaña al orden capitalista desde su origen, incluso en las formulaciones teóricas que sustentan el orden del capital. El capitalismo dominante inglés, europeo o estadounidense convivió con el proteccionismo y un discurso aperturista, sustentado de manera ambivalente por sendas teorizaciones afines a esos objetivos.
La disputa por el poder en la Argentina explica décadas de inflación, mecanismo de la lucha de las clases por el poder y la dominación. Es la especificidad nacional que cuesta entender, lo que aparece como difícil para explicar. Muchos se interrogan porque hay inflación elevada en Argentina o incluso en Venezuela, mientras la mayoría de los países ofrecen escenarios de estabilización. Macri creía en campaña electoral que él con sus adhesiones ideológicas y políticas podía resolver esa ecuación, precisamente por su origen y alineamiento con la burguesía más concentrada. La realidad de la disputa por la apropiación del plusvalor generado en el país es lo que sostiene el ciclo inflacionario que acumula décadas en la Argentina, y no muy distinto es lo que ocurre en la tierra de Bolivar. La inflación solo fue contenida transitoriamente en momentos de estabilización de una franja dominante en el poder, como se pudo apreciar en el proyecto inicial de Videla y Martínez de Hoz, o luego con Menem y Cavallo.
El gobierno Macri pretende, desde el consenso electoral ponerle hegemonía al capitalismo local y pasar a liderar una reestructuración política más allá de la tradición radical-peronista. Esa hegemonía piensan es la que podrá inducir el cambio económico necesario para estabilizar la economía capitalista local. Cuenta como socio principal a Trump y al gobierno de EEUU, aun cuando su apuesta originaria era el espíritu aperturista y globalizador que surgía del discurso demócrata de Hilary Clinton. En ese camino puede incluirse incluso la desaparición de sectores de la cúpula empresarial hoy afectados por procesos judiciales. Macri llegó al gobierno en 2015 con un diagnostico errado sobre el momento del sistema mundial, pero con un firme propósito de poner fin a la disputa por el poder en el orden local y por ello su adaptación y acercamiento explícito al gobierno Trump, incluso el oportunismo por aprovechar el empuje chino, si es que puede, incluso si se lo permite el vínculo con Washington. Queda por verse si logra el objetivo.

Si en el 2001 disputaban los acreedores externos, las privatizadas de servicios públicos y la banca, contra sectores productivos y exportadores del campo y la industria; en el presente los alineamientos colocan de un lado a los grandes productores y exportadores del campo y la industria junto a empresas privatizadas que bregan por la liberación de las tarifas y una economía especulativa asociada a la banca, la deuda y el libre movimiento internacional de capitales; y del otro a los sectores vinculados al mercado interno y de menor desarrollo tecnológico, que no necesariamente constituyen el cambo de la pequeña y mediana empresa, por eso las quejas en la Unión Industrial o sectores asociado al comercio. Esa disputa por el poder económico encuentra límites ideológicos en la burguesía, que aun dificultada su renta en el mercado local, adhieren a un discurso de apertura e inserción subordinada en un marco de tendencias globales con las contradicciones surgidas de las guerras comerciales y monetarias que tensionan el sistema mundial. Se constituye como dijimos en un sentido común de época, que puede identificarse con cierto corrimiento a la derecha del espectro y la oferta política. Es el camino que se confirma con Trump, Macron, Macri o Bolsonaro, con los matices que cada uno de ellos supone.
¿Se puede pensar a contramano?
El problema limitante para romper la lógica del poder apunta a promover un objetivo de modelo productivo y de desarrollo más allá y en contra del capitalismo, porque de lo contrario, es la lógica de hacer funcionar al orden del capital lo que genera el círculo vicioso de gobiernos que estimulan reformas que son desarmadas en renovadas gestiones de restauración conservadora, tal como expresa la historia desde la existencia de gobiernos constitucionales desde 1916. Hace tiempo, en época de la bipolaridad mundial (1945/1991) se aludía en un lenguaje eufemístico a la economía de mercado y a la centralmente planificada, como dos estrategias de desarrollo. Con la desarticulación de la URSS fue ganando consenso el restablecimiento de la categoría capitalista como horizonte de posibilidad y rechazo a la posibilidad del socialismo. Fue Cavallo quien en los 90 restableció el objetivo por el capitalismo y más recientemente se retomó un discurso por el capitalismo nacional, imposible en tiempos de transnacionalización de la economía. El Senador Pichetto argumenta en estos días demandando al peronismo bregar por un “capitalismo moderno”, alejado del combate al capital históricamente formulado, más allá de haber constituido alguna vez una consigna realista.
Las oposiciones diversas al macrismo con posibilidad de ser gobierno se asumen en la disputa por la gestión del orden capitalista local y ese es su límite. El orden capitalista es mundial y está atravesado por las tensiones de la disputa global, claro que con las especificidades locales, que para el caso de la Argentina presenta contradicciones en el núcleo económico y político del poder. Por eso se privilegia la estrategia electoral y se prefirió, por ejemplo, no acompañar la movilización popular contra el G20 en la semana de acción sustentada por parte del movimiento popular que ve el problema del país y del mundo en la estrategia asociada de las corporaciones transnacionales, los organismos mundiales y los principales Estados del sistema mundial, más allá de la adscripción al liberalismo o al proteccionismo. En los tratados de libre comercio o en la defensa de las inversiones vía tratados bilaterales o multilaterales se juega la dominación global del capital transnacional. Es una constante de las últimas cuatro décadas, más allá de momentos distribución del ingreso, los que no modificaron cuestiones esenciales del modelo productivo y de desarrollo. Ello es imprescindible en un modelo sustentado desde las automotrices, el complejo sojero, petrolero o en el circuito favorable a la libre circulación del capital y la especulación. Resulta lógico no confrontar a las políticas del G20 si se aspira a ser parte del cónclave, aun con la crítica al orden hegemónico.

Así como las derechas se legitiman electoralmente previa instalación de su sentido común en la sociedad, cualquier pensamiento alternativo en el movimiento popular y la izquierda, tiene la necesidad de instalarse previamente como práctica y pensamiento social generalizado que pueda disputar el poder a la dominación y construir otro orden posible en una transición desde el capitalismo a otro orden de cooperación, solidaridad, des-mercantilización y privilegio a la satisfacción de derechos sociales vía producción de bienes de uso y no de cambio, respetando el medio ambiente, la diversidad de género y el respeto mutuo contra toda forma de discriminación y racismo.


"Si nos preguntamos qué clase de era es, pues su principio fundamental es desactivar los mecanismos de solidaridad social y soporte mutuo, y el compromiso popular en la determinación de las políticas. No se llama así. Se le llama “libertad”, pero “libertad” implica subordinación a las decisiones de un poder concentrado, no responsable, privado".

Entrevista a Noam Chomsky
Destruyendo la democracia
10 de diciembre de 2018


Christopher Lydon
El Viejo Topo


Nota de edición: Noam Chomsky cumplió el pasado viernes (7-12) noventa años. En esta entrevista, el gran lingüista y activista vincula la laminación de los valores democráticos con la caída de la tasa de beneficios y la alternativa fabricada por los amos del poder: el neoliberalismo.

Incluimos aquí un fragmento de una conversación entre Chomsky y Lydon, extraída de Comments Off on Destroying Democracy, en la que el veterano activista vincula la laminación de los valores democráticos con la caída de la tasa de beneficios y la solución dada por los poderes políticos y económicos a esa caída: el neoliberalismo.
Todo lo que te pedimos es que nos expliques dónde estamos en este mundo, cuando…
—Eso es fácil.
…cuando tanta gente está al borde de algo, de algo histórico. ¿Puede hacernos un sumario?
—Bueno, un breve sumario, creo que si se le echa un vistazo a la historia después de la Segunda Guerra Mundial, algo extraordinario ha sucedido. En primer lugar, la inteligencia humana ha creado dos bombas capaces de acabar con nuestra existencia –o como mínimo con nuestra existencia organizada–, ambas después de la Segunda Guerra Mundial. Una de ellas nos es familiar. De hecho, las dos lo son. La Segunda Guerra Mundial terminó con el uso de las armas nucleares. Fue inmediatamente obvio el 6 de agosto de 1945, un día que recuerdo muy bien. Fue obvio que la tecnología se iba a desarrollar hasta el punto de un definitivo desastre. 
En 1945, el Bulletin of Atomic Scientists inauguró su famoso Reloj del Apocalipsis. Se puso en marcha cuando faltaban siete minutos para la medianoche. En 1953 ya se había movido dos minutos hacia la medianoche. Ese fue el año en que los Estados Unidos y la Unión Soviética hicieron explotar sus bombas de hidrógeno. Pero resulta que ahora comprendemos que al término de la Segunda Guerra Mundial entramos en una nueva era geológica. La llamamos Antropoceno, la era en que los humanos producen un impacto severo, de hecho casi desastroso, sobre el medio ambiente. El reloj volvió a cambiar en 2015 y, de nuevo, en 2016. Inmediatamente después de la elección de Trump, a finales de enero del año pasado, el reloj se volvió a adelantar, faltando solo dos minutos y medio para la medianoche, lo más cerca que ha estado desde 1954. Así que hay dos amenazas existenciales –que pueden, en el caso de que haya una guerra nuclear, exterminarnos; y, en el caso de catástrofe medioambiental, crear un impacto severo sobre nuestra forma de vida– y quizás más.
Ocurrió un tercer acontecimiento. Empezando alrededor de los años setenta, la inteligencia humana se dedicó a eliminar, o por lo menos a debilitar, a las principales barreras contra estas amenazas. Lo llaman neoliberalismo. Hubo una transición en la época que algunos denominaron estado de bienestar, los cincuenta y los sesenta, con un gran periodo de crecimiento, de crecimiento igualitario, progreso en la justicia social y así…
La socialdemocracia…
La social democracia, sí. A veces se le llama “la edad de oro del capitalismo moderno”. Esto cambió en los setenta, cuando se estableció la era del neoliberalismo en la que vivimos desde entonces. Si te preguntas qué clase de era es, pues su principio fundamental es desactivar los mecanismos de solidaridad social y soporte mutuo, y el compromiso popular en la determinación de las políticas.
No se llama así. Se le llama “libertad”, pero “libertad” implica subordinación a las decisiones de un poder concentrado, no responsable, privado. Eso es lo que significa. Las instituciones gubernamentales –u otros tipos de asociaciones que posibilitan la participación de la gente en la toma de decisiones– son sistemáticamente debilitadas. Margaret Thatcher lo dijo muy educadamente: “la sociedad no existe, solo existen individuos”.
De hecho, estaba parafraseando, seguramente de forma inconsciente, a Marx quien, en su condena de la represión en Francia, dijo “la represión está transformando a la sociedad en un saco de patatas, solo individuos, una masa amorfa que no puede actuar conjuntamente”. Era una condena. Para Thatcher, es un ideal –y eso es el neoliberalismo. Destruimos, o como mínimo desacreditamos los mecanismos de gobierno a través de los cuales la gente, al menos en principio, puede participar en la medida en que esa sociedad sea democrática. Así que debilitadlos, desacreditad a los sindicatos, a otras formas de asociaciones, dejadlos como un saco de patatas y, mientras tanto, transferid la toma de decisiones a poderes privados y no responsables; todo con la retórica de la libertad.
¿Qué conlleva esto? La única barrera que nos protege de estas destructivas amenazas es una sociedad comprometida, una sociedad informada y comprometida que actúe conjuntamente para desarrollar los medios que permitan hacer frente a estas amenazas y responder a ellas. Esta ha sido sistemáticamente debilitada, deliberadamente. Quiero decir, en los setenta hablábamos de esto. Hubo un gran debate entre la élite sobre el peligro de que hubiera demasiada democracia y la necesidad de lo que llamaron “moderación” en la democracia, para que la gente fuera más pasiva y apática, para que no moleste demasiado; eso es lo que hacen los programas neoliberales. Lo mezclas todo y ¿qué sale? Una tormenta perfecta.
Todo el mundo ve los titulares, con el Brexit, Donald Trump y el nacionalismo hindú y el nacionalismo en todas partes y Le Pen; se ponen más o menos juntos y sugieren un fenómeno mundial real.
—Está claro y era predecible. No se puede saber en qué momento pero, cuando se imponen políticas socioeconómicas que conducen al estancamiento o al declive para la mayoría de la población, a deslegitimar la democracia, a que las decisiones políticas no estén en manos del pueblo, el resultado es gente descontenta, enfurecida y atemorizada. Y este es el fenómeno que, de forma engañosa, se conoce como “populismo”.
—No sé qué piensas de Pankaj Mishra pero a mí me gusta su libro “La edad de la ira”, que empieza con una carta anónima a un periódico de alguien que dice “Deberíamos admitir que no solo estamos aterrorizados sino que también estamos desconcertados. Desde el triunfo de los vándalos en Roma y el norte de África, nada ha sido tan incomprensible y difícil de revertir”.
—Ahí está el fallo del sistema informativo, porque es muy comprensible y muy obvio y muy simple. Fíjate, por ejemplo, en los Estados Unidos, que ha sufrido mucho menos por estas políticas que otros países. Toma el año 2007, un año crucial justo antes del derrumbe. ¿Cómo era aquella magnífica economía que era tan elogiada en aquél momento? Era una en la que los salarios de los trabajadores americanos, de hecho, eran más bajos que en 1979, cuando empezó el periodo neoliberal.
Este hecho no tiene precedentes históricos, exceptuando situaciones tras catástrofes, guerras o cosas parecidas. Fue un periodo largo en el que los salarios reales habían decrecido, aunque se amasaron riquezas en algunos bolsillos. También fue una época en la que se crearon nuevas instituciones, instituciones financieras. Si nos fijamos en los años cincuenta y sesenta –la llamada época dorada– los bancos estaban conectados con la economía real. Esa era su función. No había caídas en la banca porque había regulaciones de los mercados financieros.
A principios de los años setenta hubo un cambio drástico. En primer lugar, las entidades financieras se inflaron a gran escala. En 2007 obtuvieron un 40% de beneficios. Por lo tanto, dejaron de estar conectadas a la economía real.
En Europa, la forma en que se desacredita a la democracia es muy directa. Las decisiones están en las manos de una troika que no ha sido elegida: la Comisión Europea, que no se vota; el FMI, por supuesto no votado; y el Banco Central Europeo. Ellos son los que toman las decisiones. Así que la gente está enfadada, está perdiendo el control de sus vidas. Ellos son los que sufren las consecuencias de las políticas económicas, y el resultado es ira, desilusión, descontento, etcétera.
Hemos visto en las pasadas elecciones francesas que los dos candidatos eran ajenos al establishment. Los partidos centrales se han hundido. Lo vimos en las elecciones americanas. Dos candidatos fueron capaces de movilizar a las masas: uno de ellos era un multimillonario odiado por el sistema, el candidato republicano que ganó las elecciones –pero fijaros en que una vez toma posesión es el antiguo sistema el que dirige el país. Puedes manifestarte en contra de Goldman Sachs durante el periodo de campaña, pero asegúrate de que se encarguen de la economía cuando seas presidente.
Así que la cuestión es, en un momento en que la gente está casi lista para actuar y casi lista para reconocer que este juego no funciona, ¿tenemos la capacidad, como especie, de actuar en consecuencia, de adentrarnos en ese estado de perplejidad y, más adelante, pasar a la acción?
—Pienso que el destino de nuestra especie depende de ello; recuerda, no es solo desigualdad, estancamiento, estamos ante un desastre terminal. Hemos creado la tormenta perfecta. Estos deberían ser los titulares de cada día. Desde la Segunda Guerra Mundial hemos creado dos medios de destrucción. Desde la era neoliberal hemos desmantelado la forma en que los manejamos. Esas son nuestras tenazas, eso es a lo que nos enfrentamos y, si no resolvemos ese problema, estamos acabados.
Quiero volver al libro de Pankaj Mishra “La edad de la ira” por un momento. No es la edad de la ira, es la edad del resentimiento contra las políticas socioeconómicas que han dañado a la mayor parte de la población durante las últimas generaciones que, conscientemente y como principio, han desvirtuado la participación democrática. ¿Por qué no debería haber ira?
—Pankaj Mishra lo llama –es una palabra nietzscheana– “resentimiento”, que hace referencia a un cierto tipo de ira explosiva. Pero él dice que “es la característica distintiva de un mundo en el que la promesa moderna de igualdad colisiona con una masiva disparidad de poder, educación, estatus, y….”
—Esto ha sido diseñado así. Mira los años setenta: en el panorama, el panorama de la élite, había una gran preocupación con el activismo de los años sesenta, un período tumultuoso. Hizo que el país se convirtiera en civilizado, lo que para ellos puede ser peligroso. Lo que pasó es que grandes sectores de la población –que habían sido pasivos, apáticos, obedientes– intentaron entrar en la escena política de una u otra forma para presentar sus intereses y preocupaciones. Los llaman de “especial interés”. Eso significa minorías: la gente joven, los ancianos, los agricultores, los obreros, las mujeres… En otras palabras: la población. La población es un “especial interés” y su función es observar en silencio; esto está claro.
A mediados de los setenta se publicaron dos documentos bastante importantes. Venían de lugares opuestos en el espectro político, ambos influyentes y ambos alcanzaron las mismas conclusiones. Uno de ellos, relativamente más a la izquierda, fue escrito por la Comisión Trilateral –los liberales internacionalistas, tres de los grandes países industrializados, la administración del presidente Carter, beben de esa fuente-. Es el más interesante, “La crisis de la democracia”, un informe de la Comisión Trilateral. Samuel Huntington, de Harvard, miraba con nostalgia los días en los que, como él dice, Truman era capaz de dirigir el país con la ayuda de unos cuantos ejecutivos y abogados de Wall Street; en ese momento todo estaba bien, la democracia era perfecta. Pero en los años sesenta todos concluyen que se complicaron las cosas porque los de “especial interés” empezaron a intentar entrar en la política y eso causa demasiada presión, que el estado no puede soportar.
—Recuerdo bien ese libro.
—Necesitamos moderar la democracia.
No solo eso, le dio la vuelta a la frase de Al Smith. Al Smith dijo que “la cura para la democracia es más democracia.” Huntington dijo, “no, la cura para esta democracia es menos democracia”.
—No fue él. Fue el régimen liberal, hablaba en su nombre. Es el punto de vista consensuado de los liberales internacionalistas y las tres grandes democracias industriales. Ellos –en su consenso– concluyeron que la mayor parte del problema es, en sus propias palabras, que “las instituciones son las responsables del adoctrinamiento de los jóvenes”. Las escuelas, las universidades, las iglesias, no están haciendo bien su trabajo. No están adoctrinando a los jóvenes adecuadamente. Los jóvenes tienen que volver a ser pasivos y obedientes, entonces se arreglará la democracia. Eso sería el lado izquierdo.

Pero, ¿qué hay en el lado derecho? Un documento muy influyente: “El memorando Powell”, que se publicó al mismo tiempo. Lewis Powell, un abogado de empresa y, más tarde, juez del Tribunal Supremo; escribió un memorando confidencial para la Cámara de Comercio de EEUU que fue muy influyente y que, más o menos, desencadenó el moderno “movimiento conservador”. La retórica es bastante disparatada. La visión general es que una izquierda alborotadora se ha apoderado de todo. Tenemos que utilizar los recursos de los que disponemos para vencer a esta izquierda desbocada que está dañando la libertad y la democracia.
Pero hay algo más. Como resultado del activismo de los años sesenta y la militancia laboral, hubo una caída de la tasa de beneficio. Esto no es aceptable, así que había que revertir esta caída, había que debilitar la participación democrática. ¿Qué llega? El neoliberalismo, que tiene exactamente esos efectos.
Entrevista realizada por Christopher Lydon y publicada en el nº 361 de El Viejo Topo, febrero de 2018

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=250023

"Nos falta entender a plenitud -y con humildad- que la experiencia humana emerge de relaciones, significados y prácticas entre seres humanos y no-humanos, todos constitutivos de la misma naturaleza de quien somos apenas una pequeñísima extensión. Todos -humanos y no humanos- somos actores indispensables en el teatro de la vida, pero no somos los únicos y menos aún los principales protagonistas. Por eso al primer paso, debe seguir un segundo: entendamos que la naturaleza es sujeto de derechos".

70 años... no son nada
Derechos humanos y derechos 
de la naturaleza,
un aliento de esperanza.
10 de diciembre de 2018

Por Alberto Acosta (Rebelión)
 “Levántate, en pie, defiende tus derechos.
Levántate, en pie, no dejes de luchar”
Bob Marley
Setenta años de la Declaración de los Derechos Humanos parecen nada; tal como los siglos transcurridos desde la Revolución Francesa, cuando se asumieron los Derechos del Hombre y del Ciudadano (por no mencionar el trágico destino de quien, en aquel momento, pidiera los Derechos de la Mujer y la Ciudadana). Basta abrir cualquier periódico del planeta para constatar -ya desde la primera página- (casi) siempre noticias sobre alguna violación a dichos derechos. Y eso sin mencionar las violaciones estructurales de los derechos a la vida (derechos fortalecidos no solo en los derechos políticos, sino en los derechos sociales, culturales y ambientales de individuos y pueblos, todos igualmente violados casi a diario).
A pesar de tantos discursos escuchados y acciones desplegadas por años, falta muchísimo para la real vigencia de los derechos humanos. Más allá de las buenas intenciones, las organizaciones y las instituciones especializadas, la actualidad de tales derechos es sombría más aún en el mundo empobrecido. Pero si bien la realidad induce a un pesimismo profundo, el derrotismo es inadmisible. Los avances civilizatorios son lentos, a ratos imperceptibles, pero existen y debemos evaluarlos y analizarlos, sin caer tampoco en triunfalismos de ocasión. El objetivo es redoblar esfuerzos para que los derechos humanos sean una realidad que trascienda las meras proclamas.

Pensarlos como mecanismo de medición de procesos en marcha no ha dado resultados satisfactorios. Apenas un ejemplo: medir los impactos sociales y ambientales de las políticas económicas no basta para detener la irracionalidad del capital. El saldo será siempre lúgubre y frustrante si la humanidad y su madre -la naturaleza- no son el centro de atención de la política y la economía. No bastan las políticas sociales paliativas de los impactos de la acumulación capitalista…
Buscar imposibles equilibrios macroeconómicos sacrificando y empobreciendo a poblaciones enteras debe condenarse de entrada. Siempre las políticas económicas -agrarias, industriales, comerciales, etc.- deberían diseñarse bajo el respeto pleno de los derechos humanos. A la postre el asunto no es solo económico, sino fundamentalmente de ética política. Sin olvidar las expresas restricciones en la legislación nacional e internacional sobre derechos humanos, urge dar al menos dos pasos adicionales.

Un primer paso implica superar la lógica mercantil -todo se vende y se compra, desde escrúpulos y principios hasta la propia vida- que ha penetrado en todas las esferas de la existencia incluso mercantilizando la naturaleza: se establece bancos de semen o vientres de alquiler; comercializa el clima; se construye el mercado de la información genética (que sueña con transformarnos en “maquinas inteligentes” que vuelvan irrelevante a lo “humano”)... La experiencia humana se transforma profundamente y hasta puede extinguirse, a menos que rompamos radicalmente la actual globalización del capital. A pesar de eso hay logros en temas de equidad de género, participación de la sociedad civil… avanzamos lentamente en el derrocamiento del dominio patriarcal y de la colonialidad. Pero toda esa lucha será inútil si no detenemos al desenfrenado tren de la Modernidad y sus delirios de auto-aniquilación.
Nos falta entender a plenitud -y con humildad- que la experiencia humana emerge de relaciones, significados y prácticas entre seres humanos y no-humanos, todos constitutivos de la misma naturaleza de quien somos apenas una pequeñísima extensión. Todos -humanos y no humanos- somos actores indispensables en el teatro de la vida, pero no somos los únicos y menos aún los principales protagonistas. Por eso al primer paso, debe seguir un segundo: entendamos que la naturaleza es sujeto de derechos (recuperando experiencias como de la Constitución de Ecuador).
Ambos pasos, cual vigorosas alas, pueden llevarnos a la discusión y el abordaje de cuestiones vitales para la humanidad y por ende la naturaleza. Nos toca organizar la sociedad y la economía asegurando la integridad de los procesos naturales, garantizando los flujos de energía y de materiales en la biosfera, preservando siempre la biodiversidad del planeta. En estricto, los derechos a un ambiente sano para individuos y pueblos son parte de los derechos humanos, pero no son derechos de la naturaleza. Las formulaciones clásicas de derechos humanos como los derechos a un ambiente sano o calidad de vida son antropocéntricas, y deben entenderse separadamente de los derechos de la naturaleza. Tampoco cabe aceptar que los derechos humanos se subordinan a los derechos de la naturaleza, como afirmó algún solemne ignorante. Al contrario, ambos tipos de derechos se complementan y potencian.
Entender los alcances civilizatorios de los derechos de la naturaleza demanda liberarnos de dogmas y de viejos instrumentarios analíticos. En el tránsito hacia una civilización biocéntrica no solo cuenta el destino, sino también los caminos que lleven a una vida en dignidad. Garantizando a todo ser, humano y no humano, del más pequeño y humilde al más grande y majestuoso, un presente y un futuro, aseguraremos la supervivencia humana en el planeta. Supervivencia hoy amenazada por las ambiciones de lucro y de poder. Así, los derechos humanos y los derechos de la naturaleza, complementarios como son, sirven de hoja de ruta y aliento de esperanza.
Vistas así las cosas nada nos puede conducir al desánimo. Aspiremos siempre a más derechos, nunca dejemos de luchar.-
El autor es conomista ecuatoriano. Expresidente de la Asamblea Constituyente. Excandidato a la Presidencia de la República del Ecuador.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=249949

II. Tengamos en cuenta al Estado represor con fachada de democracia y veamos su historia .

La Tablada: desaparecidos en democracia

10 de diciembre de 2018
Este lunes 10 de diciembre comienza el juicio oral y público por el asesinato de José Díaz. El único imputado es el General Alfredo Arrillaga, máximo responsable del operativo militar que entre el 23 y 24 de enero de 1989 torturó, asesinó y desapareció a integrantes del Movimiento Todos por la Patria(MTP), durante el final del gobierno de Raúl Alfonsín. 

Por Comisión por la Verdad y Justicia por los crímenes cometidos en la Represión de la Tablada.

¿Qué pasó?
Entre el 23 y el 24 de enero de 1989, el Movimiento Todos por la Patria (MTP), fundado en la Nicaragua de la revolución sandinista, realizó un intento de copamiento del Regimiento de Infantería Mecanizado (RIM) 3 General Belgrano de La Tablada. Los hechos se dieron tras sucesivos alzamientos militares, que tenían como finalidad garantizar la impunidad de los militares acusados por las violaciones a los derechos humanos de la última dictadura genocida. En ese contexto, luego de los levantamientos de Semana Santa, Monte Caseros y Villa Martelli, los integrantes del MTP deciden la acción, en la que unos 70 integrantes del MTP ingresan al Regimiento.Tras más de 40 horas de resistencia, y ya acorralados por los militares, acuerdan rendirse exigiendo condiciones que garantizaran sus vidas. Temían que los mataran; los hechos demostrarían que lamentablemente sus temores eran razonables. Los ojos de un país entero se posaban entonces sobre La Tablada. El presidente Raúl Alfonsín y el juez federal de Morón, Gerardo Larrambebere, llegaban al regimiento.

Irene Provenzano, hija de Pancho Provenzano, uno de los desaparecidos de La Tablada, y de Claudia Lareu, asesinada en el copamiento, relató en el marco de la radio abierta que se realizó el jueves en la 38º Marcha de la Resistencia de las Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, que su papá “está vivo hasta el 24 de enero y es uno de los que negocia la rendición de compañeros y compañeras que todavía estaban vivos, y por su trayectoria como militante y por el rol que tenía en el MTP, es particularmente buscado por los militares y separado del grupo de detenidos el día 24, y nunca más vuelven a aparecer”

Los 4 desaparecidos de la Tablada

Como Pancho
, Iván Ruiz, Carlos Samojedny y José Díaz permanecen desaparecidos desde ese 24 de enero de 1989.

José Díaz (Maradona) nació en Santiago del Estero. Militante internacionalista, participó de la lucha revolucionaria en Nicaragua desde el año 1982, donde nace su hijo.  Luego fue parte de la guerrilla en Guatemala, en contra de la dictadura de José Efraín Ríos Montt. En 1987, regresa a la Argentina y se suma al MTP. El 23 de Enero de 1989 ingresa a La Tablada, lo detienen junto a Iván Ruiz. La televisión española registra el momento: Iván y José son capturados y caminan hacia el cuarte con los brazos en alto, escoltados por un soldado. Ese es el último registro de ambos. José fue torturado y fusilado. Desde entonces, ambos continúan desaparecidos.

Iván Ruiz vivió el exilio en Europa y viajó a la Nicaragua revolucionaria. Con sólo 14 años se alistó como voluntario para integrarse a los batallones de la frontera norte. A fines de 1988 Iván viaja a Buenos Aires para sumarse al grupo del MTP que ingresarían al cuartel. Esa mañana del 24 de Enero es detenido junto a José Díaz. Tenía 20 años, fue torturado y hasta el día de hoy desaparecido.

Carlos (el Sordo) Samojedny, luego de militar estudiantil, integró  el PRT-Córdoba y, un poco más tarde, la guerrilla rural del ERP en Tucumán. Estuvo preso durante más de diez años, en la cárcel escribió Psicología y dialéctica del represor y reprimido, sobre la supervivencia de los presos políticos en la dictadura. Quedó en libertad en junio de 1984 y se sumó al proyecto con quienes luego fundarán el MTP en Managua. Fue uno de los principales dirigentes del MTP y daba cursos de filosofía y marxismo a los compañeros más jóvenes en el conurbano bonaerense. El 24 de Enero se entregó junto a otros compañeros, fue apartado del grupo por los militares, y desaparecido hasta hoy.

Francisco (Pancho) Provenzano, militó en la secundaria en plena dictadura de Onganía. Luego se sumó al PRT ERP. Distribuía Estrella Roja y los boletines fabriles entre operarios y vecinos. Fue preso político por primera vez en 1975 en la Cárcel de Devoto, luego en Enero de 1976, durante el gobierno de Isabel Perón. A fines de 1982 recupera su libertad. En 1986 nace Irene, hija de Pancho y Claudia Lareu. Por esos años se suma al grupo que funda el MTP. A partir de 1986 el MTP queda encargado de la tarea de pensar un diario de izquierda que atendiera la problemática de Derechos Humanos, y en 1987 sale a la calle como Pagina/12. La mañana del 24 de Enero de 1989, agitando  un trapo blanco, fue el encargado de hablar con el jefe del operativo militar, Arrillaga. Su reclamo de garantías es aceptado. Con las manos en la nuca, y una herida de bala en un brazo, Pancho cierra la fila de compañeros que se entregan. Minutos más tarde los militares lo apartan del resto. Segundos después es fusilado y su cuerpo habría sido quemado. Hoy aún está desaparecido. 

Irene Provenzano repasa las particularidades de los cuatro casos. “Sobre Iván y José hay mucha documentación fílmica y fotográfica del momento en que ellos se rindieron y fueron puestos a disposición de fuerzas militares, que se los llevaron desarmados hacia el fondo del cuartel. Nunca más se encontraron sus cuerpos. Hubo una versión militar en ese momento, que pretendió hacer creer que Iván y José se habían escapado de una ambulancia. Esa fue la versión que el juez a cargo de la causa, (Gerardo) Larramebebere, y los fiscales creyeron (entre ellos Nisman). En el caso de mi viejo y de Carlos Samojedny, se rindieron el 24 de enero. Los militares los separaron explícitamente a ellos dos. Se los llevaron y no sabemos qué pasó después de eso”, contó Irene en diálogo con La Retaguardia. Algunos testigos incluso dijeron escuchar que les decían “a ustedes les venimos siguiendo la carrera hace rato, que suerte que nos volvemos a encontrar acá”.

El juicio

Después de 30 años, este lunes 10 de diciembre –paradójicamente el mismo día en que se celebra la restauración democrática- y luego de la intervención y exigencia de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) para que se realice “una investigación independiente, completa e imparcial de los hechos acontecidos a partir del 23 de enero de 1989 (…) con el objeto de identificar y sancionar a todas las personas que resulten individualizadas como responsables de las violaciones a los derechos humanos”, comienza el primer juicio contra el General Alfredo Arrillaga, principal responsable del operativo militar de recuperación del cuartel de La Tablada y de la muerte y desaparición de los integrantes del Movimiento. De lo se tratará también en este juicio es de sentar las bases para futuras acusaciones por las violaciones a los derechos humanos que se cometieron contra los integrantes del MTP luego de la rendición, en pleno período democrático: “cuando se produce la rendición de los compañeros se cometen todas las violaciones a los derechos humanos que se habían cometido en la dictadura y en la mayoría de los casos, en manos del mismo personal militar que había sido protagonista en la década del ’70. Después de 30 años logramos que llegue a juicio oral el caso por uno de los compañeros que está desaparecido, José Díaz”, agregó Irene Provenzano.
La continuidad entre las violaciones a los derechos humanos en dictadura y en democracia parece sintetizada en el accionar del imputado en el juicio que empieza el lunes. “Arrillaga tiene muchas condenas por delitos de lesa humanidad. Tiene prisión domiciliaria y más de 80 años. Actuó en la trágica ‘Noche de las corbatas’, en 1977 en Mar Del Plata; es un represor consolidado y uno de los fundamentales. Fue el que asumió el mando en la recuperación del cuartel, quien estuvo a cargo de la rendición y de la integridad de la vida de los compañeros, y es el responsable de la muerte y desaparición de cuatro de ellos” afirmó Irene.

Juicio y castigo a los culpables

La imputación por la que hoy llega a juicio Alfredo Arrillaga es del 2009. Irene también se refirió, en la radio abierta de la reciente marcha de la resistencia al proceso de lucha por justicia y castigo a los responsables: “No es que la justicia de hoy decidió imputar a Arrillaga. Es un proceso muy largo de la lucha de compañeras y compañeros militantes y abogados de la causa que permite que lleguemos a juicio hoy. Aún en esta coyuntura tan represiva en términos de los derechos humanos, nuestras expectativas son altas. Muchas ya están cumplidas, en términos de que haya llegado a juicio oral y de que podamos estar hablando de esto y amplificando a toda la comunidad comprometida lo que tiene que ver con la denuncia de las violaciones a los derechos humanos en La Tablada. Eso es un logro y un desafío alcanzado. Esperamos que se condene a Arrillaga por su responsabilidad de La Tablada, pero nuestra expectativa también es que a partir del juicio podamos recoger pruebas para imputar a muchos responsables más, que son responsables no sólo de lo que pasó con José, sino de lo que ocurrió con el resto de los compañeros”.

En La Tablada no solamente hay que denunciar las desapariciones, también hubo torturas, fusilamientos y ejecuciones sumarias a integrantes del MTP que se encontraban ya desarmados después de la rendición. De acuerdo a Irene Provenzano, “hubo torturas a los compañeros cuando estaban presos y a disposición del juez. Hubo complicidad judicial y política de encubrimiento a lo que pasó en La Tabalada”. A pesar del contexto adverso, “la expectativa es que todo esto tenga una plataforma de visibilidad y una consecuencia después en términos jurídicos, en futuras imputaciones y futuros juicios. El juicio es, para nosotros, una primera plataforma de denuncia y búsqueda de justicia, y esperamos que nos permita seguir en juicios posteriores buscando la verdad y consiguiendo el castigo para los responsables”.

Cabe recordar que quienes sobrevivieron al copamiento sufrieron vejámenes y torturas y padecieron más de 10 años de prisión, logrando su libertad plena recién en 2002, tras una ardua lucha de organizaciones de derechos humanos y movimientos de izquierda, que incluyó una prolongada huelga de hambre de los presos políticos del MTP. Fueron indultados por el presidente Eduardo Duhalde, junto a Mohamed Alí Seineldín, preso por sus levantamientos militares; otra vez la teoría de los dos demonios.
El juicio se desarrollará en el Tribunal Oral Federal Número 4 de San Martín, presidido por Alejandro De Corvez, los días 10, 12 y 14 de diciembre, así como el 3, 4, 7, 9, 11, 14 y 15 de enero de 2019, y la sentencia se prevé que podría estar el 5 de febrero. Desde la Comisión por verdad y justicia por los crímenes cometidos en la represión de La Tablada, se convoca a acompañar este proceso judicial, para amplificar la denuncia de las violaciones a los derechos humanos en democracia como en dictadura, y lograr además de la condena judicial, la condena social de los responsables políticos y materiales de lxs asesinadxs y desaparecidos de La Tablada.

Audio
: Irene Provenzano en la Marcha de la Resistencia de las Madres de Plaza de Mayo LF

*Este diario del juicio por los desaparecidos de La Tablada es una herramienta de difusión llevada adelante por integrantes de diferentes colectivos de medios comunitarios, alternativos y populares, con la finalidad de difundir esta instancia de justicia que tanto ha costado conseguir. Agradecemos todo tipo de difusión y reenvío, de modo totalmente libre, citando la fuente.


Fuente: http://www.anred.org/?p=107888