lunes, 15 de enero de 2018

Situémonos en que el saqueo y contaminación del modo de producción capitalista explica también las hambrunas y devastaciones en Africa pero también "los pueblos nunca dejaron de resistir, aún enfrentando severas represiones".

El sur y este de África: las amenazas para los pueblos y sus luchas de resistencia. Boletín N° 235 del WRM

15 de enero de 2018

Cada tanto, el boletín del WRM resalta las historias, luchas y reflexiones desde una parte específica del mundo. Este número se centra en las regiones del sur y este de África. Para comprender mejor las luchas de los pueblos en esta vasta región, es crucial reflexionar sobre su historia. Esto incluye a un sistema económico dominante, basado en un modus operandi violento y racista, que tiene sus raíces en muchas otras formas de violencia ejercida sobre las vidas y los medios de vida y sustento de los pueblos.
Violencia, apropiación y resistencia: sur y este de África
Este editorial destaca algunas partes de esta historia. Y esto, por supuesto, es solo la punta del iceberg.

El dominio colonial en el sur y este de África, que se remonta al siglo XIX, no se estableció fácilmente. Necesitó expediciones punitivas y represivas, así como estrategias y tácticas destinadas a destruir aquello que no era útil para los colonizadores. También requirió guerras territoriales para establecer un “orden” colonial. Los sistemas agrícolas se vieron afectados, con impactos paralelos en los bosques y las poblaciones que dependen de los bosques. La mayoría de los gobernantes coloniales adoptaron políticas que implicaron la alienación de la tierra, reservando gran parte de ella - especialmente la más fértil - para concesiones empresariales, colonos europeos y como “Tierra de la Corona”. Los pueblos indígenas fueron expulsados en gran medida a tierras menos fértiles. Por ejemplo, la Ordenanza de Tierras de 1923 en Tanzania, aprobada por los británicos, declaraba que toda su superficie terrestre - ocupada o desocupada - se consideraba tierras públicas, con un sistema de títulos que tenía predominio sobre la tenencia consuetudinaria. En el este de Zambia, se destinaron unas 900 mil hectáreas de tierra a más de 150 mil indígenas, mientras que a 80 colonos europeos se les asignaron alrededor de un millón 700 mil hectáreas. En Zimbabue se le arrebató a la población local grandes extensiones de tierra fértil que fueron asignadas a la empresa británica British South Africa Company, la cual se benefició de las actividades mineras a gran escala en la región. (1)


Estas reconfiguraciones impuestas y violentas del acceso y el control de la tierra y los bosques también impusieron un cambio en las prácticas, economías y culturas locales. La apropiación colonial redujo drásticamente la tierra disponible para la población indígena y reubicó a las comunidades. Se redujeron los períodos de barbecho, se alteraron las tradiciones y la organización local, se destruyeron los lugares sagrados y las plantas medicinales, se cambiaron los patrones de comercio y las pocas hectáreas de tierra que se dejaron para el sustento local terminaron siendo en su mayoría sobreexplotadas.

Las violentas apropiaciones de tierra también llevaron a una deforestación masiva que afectó directamente a las poblaciones indígenas. Como afirma un investigador de la Universidad Estatal de Washington: “Los grandes volúmenes de deforestación en el sur y el este de África fueron el resultado directo de que las empresas británicas talaron los bosques para dejar espacio a las minas de oro y de diamantes”. (2)


El investigador explica además cómo la British South Africa Company (BSAC) invirtió fuertemente en minas de oro, principalmente en Rhodesia (ahora Zimbabwe). Los supervisores mineros británicos controlarían desde unas 5 mil hectáreas a bastante más de 40 mil hectáreas de tierra. Pusieron en funcionamiento minas de oro con maquinaria pesada, mano de obra barata y madera: los túneles de la mina debían ser emparedados con madera, la maquinaria necesitaba combustible en base a la madera, los trabajadores necesitaban refugio construido con madera y había que construir almacenes de madera. Cuando las minas se quedaban sin madera, tenían que encargarla de otro lado, y esto podría ser “bastante costoso”. Una de las órdenes fue un contrato por 45 mil metros cuadrados de madera para construir ferrocarriles que permitirían la exportación de minerales. Es importante destacar sin embargo que mientras la compañía robaba impunemente la tierra, el oro y los diamantes de las poblaciones locales - con todos los impactos sociales y ambientales que esto conlleva -, esta consideraba que comprar madera era “costoso” para su negocio. No obstante, se deforestaron miles de hectáreas de bosques para apoyar la minería. Las minas de oro de Rhodesia fueron sólo el comienzo de la extracción maderera y la deforestación en esta región.

Una de las minas de oro más dañinas fue la de la empresa Witwatersrand Gold Mining Company en Sudáfrica. Los depósitos de oro se descubrieron por primera vez en julio de 1886, una época en la que las monedas de Europa y Estados Unidos estaban respaldadas por el oro guardado en los bancos nacionales. Siete mil europeos se establecieron en la mina a fines de ese mismo año. En 1899, 100 mil mineros africanos trabajaron duramente en la mina, principalmente porque se vieron obligados a ganar dinero para pagar los impuestos que habían fijado forzosamente los colonizadores. Los explotaban como mano de obra barata y bajo condiciones crueles. (3) Se estima que se utilizó, anualmente, alrededor de 2 millones 300 mil dólares estadounidenses en la compra de madera, solo para mantener en funcionamiento la mina. Esta mina usó más de 16 mil galones (unos 60.500 litros) de agua por día, principalmente de un acuífero subterráneo. El agua se volvió inservible para la población local hasta el día de hoy, debido a la contaminación causada por la mina, en particular por el drenaje de ácido tóxico. (4)

A pesar de la violenta confiscación de las tierras, los medios de subsistencia, las economías y las culturas, los pueblos nunca dejaron de resistir, aún enfrentando severas represiones. En ocasiones, sus luchas fueron silenciadas, ya sea por los regímenes coloniales o posteriores a la independencia y por los gobiernos de la región, que continúan al servicio de un sistema económico que no ha perdido su carácter colonial.

Este boletín incluye dos artículos sobre los graves impactos que resultan de los monocultivos de árboles que invaden la región. En este caso, las plantaciones están controladas por la empresa noruega Green Resources. Uno de los artículos analiza el impacto de las plantaciones de Green Resources en Mozambique y el otro, de sus actividades en Uganda. Otro artículo evalúa las consecuencias de las plantaciones establecidas por la empresa de celulosa y papel Portucel en Mozambique. Una contribución desde Zambia describe las numerosas presiones sobre los bosques y las tierras de los campesinos en ese país - desde la expansión de la minería y la agroindustria hasta los proyectos de carbono forestal (REDD+). Otro artículo destaca los pesados impactos diferenciados que sufren las mujeres y las niñas por la extracción de minerales en Zimbabue y Mozambique, como ejemplos de los muchos casos en la región. Un artículo de Zimbabue explora la relación estrecha y crucial entre ciertos árboles y animales y el sustento de las poblaciones locales. Y finalmente, otra contribución reflexiona sobre el empuje para construir más mega-represas en la región con el discurso de generar energía “limpia”. Pero, ¿quién se beneficiará de esa energía y quién se verá afectado por su infraestructura?
Notas
(1) Campbell B. (1996) The Miombo in Transition: Woodlands and Welfare in Africa, página 83
(2) 
Ver aquí
(3) Potenza, E. (1946) 
All that glitters, South African History Online – towards a people’s history.
(4) Idem 2
DESCARGUE EL BOLETÍN (PDF) A CONTINUACIÓN:

Recordemos a Cristina Kirchner vetando la ley de glaciares y su reunión con Peter Munk para situarnos en que hoy se profundiza esa transnacionalización

Para impulsar la minería en Argentina,
buscan cambiar la ley de glaciares.
15 de enero de 2018

Lo quieren Macri, las empresas y las provincias productoras; los ambientalistas dicen que perjudicaría a la naturaleza.
 (La Nación) Pasaron siete años desde la aprobación de la ley de glaciares, pero el debate sobre qué superficies son las que deben ser preservadas volvió a ponerse en discusión. Empresarios mineros y provincias como San Juan, Catamarca y Mendoza, asesoradas por la Secretaría de Minería de la Nación, impulsan una reforma de la norma para limitar la intangibilidad del ambiente periglaciar y así destrabar por lo menos 20 proyectos mineros.
Varias ONG advierten que la iniciativa pone en riesgo reservas vitales de agua dulce en zonas de lluvias escasas y aridez extrema. Y denuncian que el inventario de áreas a preservar que se hizo sobre la base de la ley que ahora se pretende flexibilizar incumple la propia norma al no incluir todas las superficies que contienen agua sólida. Se basan en un reciente fallo judicial que expone que el inventario incorporó solo extensiones de más de una hectárea, una limitación no establecida en la ley.
Las pretensiones de las mineras pasaron de ser cautelosas a abiertas. “Hay que hacer una ley técnicamente aceptable, que preserve los glaciares importantes y los vinculados al paisaje. Pero hay que dejar que la actividad se desarrolle en los que no tienen ninguna trascendencia”, afirmó Jaime Bergé, vicepresidente de la Cámara Argentina de Empresarios Mineros (CAEM), y señaló la necesidad de modificar los artículos 2º, 6º y 7º de la ley, justamente los que incluyen el ambiente periglaciar como área a proteger y prohíben la minería en esa extensión.
Los empresarios consideran que no todo el ambiente periglaciar hace un aporte significativo de agua a los ríos que nacen en la cordillera. Por eso la expectativa es reformular la ley para invertir la carga de la prueba y que ante la presentación de un proyecto minero se estudie si el ambiente periglaciar donde se quiere radicar la explotación opera como una reserva de agua y, de comprobarse que es así, que solo en esa instancia se lo desestime.
Para entender la dimensión de lo que está en discusión basta detallar que actualmente hay 21 proyectos mineros de grandes dimensiones en actividad, por lo que una hipotética reforma -según los empresarios- ayudaría a despejar el camino para incrementar considerablemente las exploraciones.
La herramienta que tienen los empresarios para volver a poner en debate el tema son las inversiones. Bergé detalló que en San Juan hay entre cuatro y cinco proyectos parados: “Nadie quiere poner US$2000 millones, la inversión inicial promedio, con esta ley”. Raúl Rodríguez, titular de la Cámara Mendocina de Empresarios Mineros, indicó que en esa provincia hay 20 proyectos parados, con una inversión estimada en US$16.000 millones, y reconoció que los 10 proyectos que él representa como abogado “podrían (según la interpretación que se hiciese de la ley) estar en zona considerada periglaciar”.
Informe
Un informe hecho en julio de 2016 por la Dirección de Gestión Ambiental, Recursos Hídricos y Acuáticos de la Nación detalla que existen 44 proyectos mineros “cercanos” a glaciares o ambientes periglaciares inventariados. De esos, solo uno está en actividad, Veladero.
Las pretensiones de las mineras ya habían surgido en 2008, en la previa a la aprobación de la primera ley de glaciares, vetada por Cristina Kirchner, y en 2010, cuando se sancionó la actual. Alberto Hensel, ministro de Minería de San Juan, afirmó que “la ley no define con claridad cuándo se considera que se está frente a un recurso hídrico estratégico” y reconoció que los proyectos mineros de Los Azules, Altar y Pachón se planificaron en zonas periglaciares.
Rodolfo Micone, secretario de Minería de Catamarca y presidente del Consejo Federal de Minería, coincidió en que es necesario modificar la ley porque “se hace referencia a un cuidado preventivo”, y destacó que esa prevención “ya viene dada por la ley nacional de prevención para la actividad minera”. El subsecretario de Energía y Minería de Mendoza, Emilio Guiñazú, opinó que “la ley puede ser mejorada” y señaló que tiene definiciones que “permiten interpretaciones para quien se oponga ideológicamente al desarrollo”.
Desde CAEM aseguran que la idea de modificar la ley tiene el visto bueno del presidente Mauricio Macri y afirman que se lo hizo saber el 14 de noviembre en la Casa Rosada. Además insisten en que la intención es poner el tema en la agenda legislativa de marzo. Voceros de la Secretaría de Minería, que encabeza Daniel Meilán, sostuvieron que no es la secretaría la que impulsa la reforma y señalaron a las provincias como promotoras: “Hemos sido consultados sobre aspectos técnicos de la ley y hemos prestado colaboración”.
Consecuencias
Ocurre que una reforma como la propuesta no pasaría inadvertida y tendría múltiples costos: políticos, con el antecedente de la carta que la diputada Elisa Carrió le envió a Meilán en noviembre, en la que le adelantó que modificar la ley de glaciares “implica ruptura de acuerdos básicos de Cambiemos”, y también traería repudio social por la regresividad en la protección ambiental.
“En la región andina central, La Rioja, San Juan, Mendoza y norte de Neuquén, los ríos solo se abastecen de precipitaciones níveas y cuando estas son escasas el flujo hídrico lo regulan los glaciares y ambientes periglaciares”, advirtió Gonzalo Strano, coordinador de la campaña de glaciares de Greenpeace.
Andrés Nápoli, director de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN), lo ejemplifica: “Los glaciares de escombro [tienen agua sólida en los poros de rocas] de San Juan tienen casi tres veces más agua que los embalses de Cuesta del Viento, Ullum y Caracoles juntos”.
Con la ley actual, en el país están protegidos 5742 kilómetros cuadrados de glaciares y ambiente periglaciar. Esa superficie de hielos y glaciares de escombros es la que suman las 15.703 áreas que el Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (Ianiglia) incluyó en el inventario que el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación planea publicar en su totalidad en marzo.
El ministro Sergio Bergman negó que Ambiente esté trabajando en un proyecto alternativo a la ley actual. Y respecto de la exclusión en el inventario de las áreas inferiores a una hectárea, consideró que se encuadra dentro del estándar científico internacional.

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UAC Unión de Asambleas Ciudadanas Contra el Saqueo y la Contaminación
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(Cuadernillo Sistematización Encuentros de la UAC -PDF-) -->
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Seamos concientes que los monocultivos de soja no son desiertos como transgénica su herencia ha sido modificada para existir con venenos mortales para todos los otros seres vivos. En cambio un desierto está compuesto por seres vivos con adaptaciones a las restricciones climáticas.

Otra muerte que no será 

tapa de diarios

15 de enero de 2018

A principios de noviembre a Diógenes Chapelet un “mosquito” que fumigaba un campo vecino lo envenenó. Enseguida se le cerró el pecho y le empezaron a salir manchas en el cuerpo. Hoy murió. Su familia, ignorada por las autoridades, fue amenazada. Ocurrió en Marcelino Escalada, Santa Fe. 

Por Revista Cítrica
A 130 kilómetros al norte de la capital santafesina se encuentra un pequeño pueblo: Marcelino Escalada, que pertenece al departamento San Justo. Según el último censo vivían en esta comuna menos de 2000 habitantes.
Como tantas localidades de esta zona, Marcelino Escalada centra su producción en la agricultura intensiva y fumigadora.
Circular por las rutas de esta zona del país es ser espectador de desiertos verdes, campos donde abunda el cultivo transgénico, donde aviones vomitan veneno y maquinarias que se parecen a mosquitos gigantes abren los grifos de sus canillas para rociar los suelos con agrotóxicos.
Diógenes Omar Chapelet tenía 75 años.
Vivía en Marcelino Escalada, y este fin de año fue trágico para él y su familia.
Cuando nacía noviembre, uno de los tantos mosquitos que suelen fumigar lo hizo en un campo de trigo que linda a solo 25 metros de la casa de Diógenes, quien en esa misma tarde, en su patio, aspiró el veneno.
"Familiares de Diógenes cuentan que en ese mismo momento se le cerró el pecho y que al día siguiente su piel se cubrió de manchas. Con el pasar de los días su situación empeoraba y su cuerpo se cubría de raros colores y ronchas rojizas"
A la semana y con su cuerpo enfermo Diógenes debió soportar una nueva fumigación que el viento desvió hacia su vivienda.
Era demasiado.
Decidió hacer lo único que podía hacer: una denuncia en sede policial.
Papeles, sellos, firmas, denuncias, informes formaron parte de esa burocracia denominada expediente.
Casi un mes después, el 13 de diciembre, el mismo Presidente comunal de la localidad, Clemente Faletto, y el técnico fitosanitarista Horacio Pennino, fueron a la casa de Diógenes.
Más que un técnico que iba a supervisar, Pennino, que es ingeniero agrónomo y forma parte del Ministerio de Producción de la provincia, se pareció a un representante de los dueños de los campos linderos. El, cuya función en tomar este tipo de denuncias, no pudo responder las preguntas que familiares le hicieron y se retiró ofuscado con los hijos y la esposa de Diógenes porque se negaron a firmar un acuerdo para que se siga fumigando.
No les importa nada, ni siquiera la salud de un vecino.
Lo que continuó no es para nada original. Sin acuerdo que les permita seguir fumigando, aparecieron las llamadas telefónicas intimidatorias.
Mientras tanto el cuerpo de Diógenes expresaba, cada vez más, los síntomas del veneno.
"Médicos, enfermeros y diferentes especialistas eran testigos de un cuerpo que, poco a poco, se iba apagando. Sus riñones comenzaron a fallar; remedios y corticoides intentaban dar batalla."
Un mes de internación y luego el traslado a terapia intensiva en la Clínica Centro de la Ciudad de San Justo iban preanunciando el final.
Este 8 de enero, su familia anunció que Diógenes falleció. Es otra víctima de las fumigaciones.
Al lado de su casa, el trigo transgénico sigue creciendo, se bambolea con el viento y a lo lejos, alguien está llenando de veneno algún mosquito que seguirá vomitando enfermedad y muerte.

Fuente: http://www.anred.org/spip.php?article15874

“Nosotros tenemos información, pero no la obtuvimos de parte de los directivos del Garrahan, porque ellos se negaron a hablar con nosotros, desde la jefa de trasplantes hasta el director del sector donde se alojan los chicos. Ninguno quiso darnos explicaciones sobre la cantidad de chicos con cáncer que hay y si es verdad que la mayoría son de Entre Ríos”.

NUESTRAS VIDAS VALEN MÁS QUE SUS GANANCIAS

Natalia Bazán: “Bienvenidos a Gualeguaychú,

la ciudad del cáncer”

12 de enero de 2018

La mamá de Antonella González dialogó con La Izquierda Diario. Cuenta la experiencia durante el tiempo que su hija peleó contra la leucemia y sobre lo que vino después de su muerte.
@Juana_Galarraga
Natalia Bazán es una mujer que tuvo que aprender a la fuerza. En un período menor a dos años, su hija de nueve se enfermó de leucemia, murió y ahora es un símbolo. Ella la convirtió en una imagen poderosa, una idea que desgarra. La cara de Antonella González sin pelo por la quimioterapia, está en las redes, en las noticias de algunos medios, para recordar que en Gualeguaychú hay algo que los está matando.
La cara de Anto y el dolor de su mamá que la extraña desde el 6 de noviembre de 2017, es algo que quizás muchos no quisieran ver. En el año y medio que Anto peleó por vivir, Natalia entendió que a las cosas hay que decirlas y al dolor hay que mostrarlo. Por eso sigue subiendo videos de su Antito escuchando música, fotos de la internación en el Garrahan, de las condiciones en las que estaba cuando recibió el trasplante de médula, después de cinco quimioterapias que le destrozaron el cuerpo.
El dolor de la familia de Anto es la contracara de la ambición de quienes hacen de la vida de una población entera, una especie de ruleta rusa. Al que le toca, le toca el duro costo de enfermar y hasta morir en "honor" a las ganancias de los patrones ambiciosos. Fumigaciones con glifosato en campos sojeros, contaminación en tierra y aire por las empresas del parque industrial, los desechos de Botnia en el río Uruguay y la chimenea de aquella pastera, que a pesar de una inmensa lucha, ahí sigue en pie y no para de humear. “Quiero que se dejen de llenar los bolsillos a costa de la muerte de nuestros hijos”, afirma cada vez que puede Natalia Bazán y he aquí la principal conclusión que sacó en este largo y doloroso proceso: si la gente y los chicos se enferman en Gualeguaychú, alguien es responsable. La muerte de Antonella no puede quedar impune.
El tramo inicial de la pelea que impulsa la familia fue por encontrar un donante de médula ósea. Sin embargo, con el paso de los meses comprendieron que la pelea es otra. “Los chicos no se tienen que enfermar. Yo no hago más campaña por la donación de médula. Ahora sé que no es ninguna solución”, se lamenta Natalia. Anto soportó con fortaleza muchos meses hasta que apareció su donante, pero luego del trasplante no sobrevivió.
Por medio del intendente Natalia le envió una carta a Mauricio Macri con fotos de Anto, pero nunca le respondió. “Yo le pedía que se hagan las cosas en el hospital de Gualeguaychú. Y también le pedía que se ponga en Argentina un laboratorio de alta complejidad, ya que hoy hay que mandar las muestras a Estados Unidos para saber si alguien es compatible para donar médula ósea. Los chicos se mueren esperando un donante”.
Natalia y un sector de vecinos de la localidad entrerriana, exigen a las autoridades la realización de estudios para determinar con exactitud, cuáles son los factores que hacen que en Gualeguaychú, la cantidad de casos de cáncer por habitante triplique la media nacional. “Quiero saber contra quién tengo que ir”, le dijo Natalia al intendente de la ciudad, Esteban Martín Piaggio, un día en que el funcionario se acercó a su casa después de la muerte de Anto. “Si no me ayudás tendré que ir contra vos”, le aseguró, con plena conciencia de que la suya es una pelea difícil, pero con la determinación de una madre a la que nadie puede contarle nada sobre el dolor.
Natalia aprendió que lo que pasa en Gualeguaychú es un crimen social y que ante semejante injusticia no queda otra que pelear. Quiere que la foto de Antonella despierte a la población presa del mismo aire, la misma comida y la misma agua que pudo haberla enfermado. Tiene miedo por sus otros hijos. Quiere que ninguna otra madre ni ningún otro padre vea morir a un hijo así. “Antonella lloraba lágrimas de sangre por la quimio y eso es algo que yo tengo acá”. El puño en el corazón de Natalia marca con fuerza donde le duele más.

Lamentable

“Es lo que hay que hacer, es lamentable, pero es lo que hay que hacer para tratar de paliar allá. Lo que nos pasaba a nosotros, era que necesitábamos para comer en Buenos Aires y tener además para que coman los que estaban acá. Si necesitabas algo ¿qué hacés? lo ponés en Facebook y siempre a alguien le va a llegar”. Héctor Daniel González, papá de Antonella, también cuenta sobre sus aprendizajes.
El 6 de enero, familiares y amigos convocaron a una nueva marcha contra el cáncer y por justicia para Anto. Ese día se cumplieron dos meses de su fallecimiento y además, coincidió con el inicio del carnaval y la temporada turística en la ciudad. “No me importa si tengo que estar sola. Yo voy a ir a pararme a la costanera a gritarles a los turistas ‘bienvenidos a la ciudad del cáncer’”. Natalia recuerda que desde que se desató la lucha contra las papeleras, el carnaval de Gualeguaychú abría cada noche de desfile con una bandera de arrastre con la consigna “Sí a la vida, no a las papeleras”. La temporada pasada, los familiares de Antonella solicitaron a la comisión organizadora del carnaval que les permitieran desfilar con una bandera por la lucha contra el cáncer. “No nos dieron permiso, pedimos, insistimos, pero no nos dejaron pasar”, explica.
El intento de caminar por el corsódromo con su bandera, fue una de las tantas iniciativas que impulsaron los familiares de Anto para visibilizar su historia. Si hay algo que supieron hacer, fue aprovechar la potencia de las redes sociales. Así obtuvieron que lo que pasaba con su hija, tuviera una amplia repercusión a nivel nacional e internacional. Así fue que muchas personas se acercaron a ellos para ayudarlos y porque querían conocer a Anto. Así fue que aprendieron también, muchas cosas sobre el funcionamiento del Estado.
El papá y la mamá de Anto tuvieron que pelear para conseguir un lugar apto para vivir, dado que los hoteles que dispone el Estado para niños oncológicos están en condiciones deplorables. Tuvieron que lidiar con la “burocracia de los medicamentos”, con la casa de Entre Ríos en Capital Federal, con autoridades del Garrahan, con el Hospital Centenario de Gualeguaychú y con la municipalidad.
“A ellos les molesta que uno diga lo que pasa porque no les conviene. Siempre fueron retos de parte del hospital o de la provincia”, cuenta Natalia. Cuando necesitaban medicación, además de tratar de obtenerla a través de la Casa de Ente Ríos, los papás de Anto apelaban a la solidaridad de sus seguidores en Facebook.
“Una vez, cuando publiqué que la casa de Entre Ríos no se hacía cargo de la medicación, me llamaron para decirme por qué, si yo no había hecho el trámite. Y yo les digo ‘pero si yo ya sé cómo es’. Y enseguida la medicación apareció, me la mandaron del hospital de Gualeguaychú, siendo que es una quimioterapia de 85 mil pesos. Eso no estaba acá. La otra quimio que demoró cuatro meses a través de la casa de Entre Ríos, salía 30 mil pesos y esa que salía 85 mil, apareció como por arte de magia”.
“La gente del municipio, la gobernación de Entre Ríos, el hospital Garrahan, estaban todo el tiempo en contacto y viendo lo que nosotros hacíamos. Yo publicaba algo en el Facebook en contra de ellos o quejándome y enseguida me llamaban y me decían algo”, remata Natalia.

No puede ser un negocio

“Nosotros tenemos información, pero no la obtuvimos de parte de los directivos del Garrahan, porque ellos se negaron a hablar con nosotros, desde la jefa de trasplantes hasta el director del sector donde se alojan los chicos. Ninguno quiso darnos explicaciones sobre la cantidad de chicos con cáncer que hay y si es verdad que la mayoría son de Entre Ríos”, denuncia Natalia y agrega que “durante todo el tiempo que Anto estuvo en el hospital, tanto en el de Gualeguaychú como en el Garrahan, el Municipio estuvo al tanto de todo lo que pasaba con ella. Tenían contacto permanente con los directivos de cada hospital. Sabían todo sobre Anto. Por eso ahora más que nunca deberían apoyarnos en serio y exigirle al Garrahan que muestre las estadísticas”.
La falta de información pública impide ver las dimensiones del crimen que se está cometiendo. Los papás de Antonella conocieron, durante su estadía en el hotel Carlos Calvo y en el Garrahan, a muchos pacientes oncológicos niños provenientes de la provincia de Entre Ríos.
La provincia sojera por excelencia, donde se encuentra Urdinarrain, uno de los pueblos más fumigados con glifosato del mundo, es el lugar de donde proviene el ministro de Agroindustria, Luis Miguel Etchevehere.
   Vos decís que nuestras vidas no pueden ser un negocio. ¿Por qué decís eso? 

   Por lo que dijo Etchevehere, sobre que el glifosato no hace mal y que hay que poner más papeleras – responde Natalia a La Izquierda Diario.
“Estuvimos un año y cinco meses con Antonella en el Garrahan, vimos otra realidad. Estuvimos con muchas madres, de Gualeguaychú y de otros lugares. La última que conocí es de Rosario del Tala, la mamá de Lucas, un chiquito que falleció al otro día que murió Anto. A él le pasó lo mismo que a mi hija, le diagnosticaron un problema respiratorio y cuando lo trasladaron a Paraná terminó siendo leucemia”, recuerda Natalia.

El mundo y su risa


Cuando sus papás hablan de ella, cualquiera pensaría que Antonella era más grande, de más edad. Cuesta creer la fuerza que cabía en su cuerpito. Era solidaria. Repartía donaciones en el hotel donde se hospedaba con los demás nenes y nenas que estaban pasando por lo mismo. Su sueño era fundar una ONG para ayudar a otros chicos. Eso es lo que hizo su mamá. Quería donar sus juguetes y eso es lo que va a hacer su mamá. Porque ella lo deseaba y desde su corazón infante, soñaba con un mundo en el que los niños no sufran. Amaba la música y para cualquiera que no lo haya hecho, vale la pena ver los videos y fotos que publica su mamá. En algunas escenas se la ve enferma, pero en muchas otras se la ve jugando y disfrutando de cosas simples como un burbujero. Porque su risa a pesar del dolor que padecía, la fuerza con la que se aferró a la vida y peleó por ella, dice mucho del mundo donde se vive y de aquello por lo que necesariamente hay que luchar.
Fuente: http://www.laizquierdadiario.com/Natalia-Bazan-Bienvenidos-a-Gualeguaychu-la-ciudad-del-cancer

domingo, 14 de enero de 2018

“Todo lo que nos afecta, nos concierne, nos apasiona, nos sostiene o nos ata a la vida. Ese tejido es nuestro aquí y ahora. El primer gesto de revuelta es percibirnos inmersos en esa trama, en esa gigantesca malla”.


Reseña
Habitar el presente: una lectura de Ahora,
del Comité Invisible
12 de enero de 2018


Por Amador Fernández-Savater
eldiario.es


La libre elección es hoy nuestra jaula. La imposibilidad para vivir aquí y ahora es su consecuencia
“La asombrosa realidad de las cosas / es mi diario descubrimiento / Cada cosa es lo que es, / y es difícil explicarle a nadie cómo me alegra esto / y cuánto me basta. / Basta existir para sentirse completo” 
(Alberto Caeiro)

El pensamiento crítico reprocha a nuestra sociedad vivir aplastada en un “presente perpetuo”: un presente cerrado sobre sí mismo, sin apenas memoria del pasado ni proyecto de futuro. Nuestro problema, desde esta perspectiva, es que vivimos a corto plazo, en lo inmediato, con el presente como único horizonte posible. Sobre todo la gente más joven. Y lo que nos hace falta es recuperar el “sentido histórico” -porque sólo el pasado esclarece el presente- y la facultad de la esperanza, la apertura a otros futuros posibles.
Pero, ¿estamos seguros de esto? ¿Vivimos realmente instalados en el presente, es ese nuestro problema?
No se diría si consideramos la cantidad de gente que acude hoy a terapia para que le ayuden a recuperar la capacidad de vivir aquí y ahora porque su cabeza no para nunca de viajar entre lo pendiente y lo posible: mails por contestar, entregas que acabar, nuevos proyectos que abrir, etc.
No se diría si consideramos lo extendido que está el llamado síndrome FOMO (fear of missing out), esa sensación recurrente de “estar perdiéndote algo”, de que “la vida de los demás es más interesante que la tuya”, de que “algo va a pasar” y no es ahí donde tú estás; la compulsión bulímica a consumir “experiencias de vida”, a pasar de una a otra sin estar nunca aquí y ahora.
No se diría si consideramos la multiplicación de “cronopatologías”: la percepción de que el tiempo se acelera, de que “no hay suficientes horas” y de vivir permanentemente en una “fuga hacia adelante” que hace imposible la experiencia de un tiempo pleno y completo, el disfrute de una duración (estar con gusto, estar en algo).
No. No vivimos excesivamente instalados en el presente. Es un error del pensamiento crítico contemporáneo, un desfase entre la teoría y la experiencia cotidiana. Nuestro problema más bien es el contrario: la incapacidad generalizada para estar aquí y ahora, la erosión de la atención. No vivimos encerrados en ningún presente perpetuo, sino en un tiempo contraído entre los pendientes y los posibles.
Este me parece que es el corazón y uno de los hilos centrales del último libro del Comité Invisible, titulado significativamente Ahora. Un libro abarrotado, como los anteriores, de poderosas imágenes, reflexiones y sugerencias para captar el presente en clave de transformación social.
Ni la mejor terapia, ni el mejor cursillo de mindfulness pueden modificar las condiciones de vida que nos generan tanto malestar. En el mejor de los casos, nos ayudan a elaborar de un modo más positivo nuestra relación con ellas, minimizando los daños. En el peor, nos enseñan a “vivir bien en un mundo que está mal”, fomentando la anestesia y la desconexión de lo común como vías de salida y curación.
La propuesta del Comité Invisible es muy distinta: entender lo que nos pasa desde una crítica radical de la vida cotidiana y pensar el cambio social como un ejercicio de atención plena a las potencias que laten ya en las situaciones que atravesamos (y nos atraviesan). Revincular la regeneración de nuestras capacidades y la transformacion de nuestras condiciones de vida, la sanación y la revolución.

La uberización del mundo
¿Qué está pasando? ¿Cómo hemos perdido el presente, quién nos lo ha robado? Según el Comité Invisible, la explicación hay que buscarla en la expansión del dinero como mediación de toda relación social, la mercantilización generalizada.
Pensemos en lo que representa por ejemplo la llamada “economía colaborativa”, Uber o Airbnb. Es la extensión de la racionalidad instrumental en ámbitos y espacios donde aún no había penetrado: a partir de ahora un cuarto vacío en casa o un asiento libre en el coche serán vistos como “ocasiones de negocio” aprovechadas o perdidas. Se puede calcular sobre cualquier trozo de la realidad... y la precariedad azuza.

Existencialmente, el trabajo ha perdido centralidad en nuestras sociedades porque ya no lo hay, es precario e intermitente, no estructura sólidamente la vida. Pero a la vez todo se ha vuelto trabajo: una fiesta es la ocasión de “hacer contactos”, estar en las redes sociales es un modo de “ganar visibilidad”, las relaciones sociales son consideradas un “recurso” (hay que distinguir primero entre “relaciones que aportan” y “relaciones tóxicas”), etc.
Nuestras destrezas, capacidades y saberes son “capital humano” que debemos cuidar y gestionar. Somos a la vez el producto, el productor y el vendedor del producto. Cada cual su propia empresa, guiada por el esfuerzo constante de autovalorización.

El Comité Invisible cita la novela de Bernard Mourad Los activos corporales, que recrea la ficción de un capitalismo extremo en el que las personas pueden salir a bolsa como “sociedades unipersonales” en el marco de la “Nueva Economía Individual”. Pero no se trata de ninguna ficción, sino de la exageración de la realidad que ya vivimos. Especulamos constantemente sobre nuestro valor: hay que hacerse creíble, merecer crédito, que nos acrediten; aumentar nuestra apreciación, atractivo y reputación. Por cierto, Mourad fue consejero especial de Emmanuel Macron en las últimas elecciones francesas.
El capital se hace mundo y produce su humanidad. Y quienes llevan esta tendencia al extremo son curiosamente nuestros héroes (y heroínas): los futbolistas, los actores, los youtubers, los autores de éxito, etc. Compadezcámoslos, nos dice el Comité Invisible, porque viven peor que nadie: en un tour de auto-promoción permanente, encadenados a un capital-reputación que gestionar sin tregua, obligados a gustar a un público cada vez más abstracto. Son dinero viviente.

En definitiva, la humanidad se vuelve “optimizadora”. El cálculo pérdida-ganancia, la búsqueda de rentabilidad y la evaluación utilitaria de todo (nuestro cuerpo, nuestros saberes, etc.) se aplican en cualquier momento y lugar. Incluso los pocos gestos gratuitos que nos permitimos -un regalo, un don, un favor- se valoran en vistas a un beneficio futuro. Hacemos fracking en el subsuelo de la tierra y en el subsuelo de nosotros mismos.
Pero, ¿cómo se relaciona todo esto con la cuestión del tiempo, del presente, del aquí y ahora?
Es muy sencillo: ya nada es lo que es, sino lo que podría ser, lo que podríamos ganar con ello. Siempre puede haber algo más, algo mejor. Mejor que la persona que tengo al lado, mejor que el lugar en el que me hallo, mejor que lo que estoy haciendo. Vivir aquí y ahora implica una renuncia insoportable a lo que podría ser, es de losers.

El dinero todo lo difiere, dice el Comité Invisible. Vivimos escindidos: estamos aquí, pero también allí, al acecho “de algo más”. Nada alegra o basta por sí mismo, nada es completo y redondo en sí mismo. La vida está en otra parte. Lo existente se nos aparece en forma de opciones, equivalentes e intercambiables, y siempre puede haber una mejor. La libre elección es hoy nuestra jaula. La imposibilidad para estar-ahí y la incapacidad para estar-con son sus consecuencias.

El tejido de las situaciones
¿Contra qué atenta esta expansión “totalitaria” del mercado? ¿Qué perdemos de vista cuando optimizamos? ¿Con qué dejamos de tener relación?
No es el “yo” o el “verdadero yo”, como nos dicen tantas filosofías terapéuticas o New Age, sino el mundo y la vida entendidos como una multiplicidad infinita y concreta de situaciones que nos atraviesan y constituyen.

Como explica Juan Gutiérrez, somos seres abiertos y engarzados a otros seres. Vivimos vinculados con los otros, pero también con las cosas, los lugares, las máquinas y los demás seres vivos. La memoria nos engarza con los muertos y los no-nacidos heredan las consecuencias de nuestros actos. Somos engarces, siempre singulares, de un tejido del que también somos tejedores.

Por tanto, el territorio de resistencia no es el Yo, sino los entramados materiales y simbólicos en los que estamos inscritos, que somos. Lugares vivos por los que sentimos apego, situaciones de vida que nos conciernen, vínculos que nos hacen y deshacen. Todo lo que nos afecta, nos concierne, nos apasiona, nos sostiene o nos ata a la vida. Ese tejido es nuestro aquí y ahora. El primer gesto de revuelta es percibirnos inmersos en esa trama, en esa gigantesca malla.
Según el Comité Invisible, la actual “fragmentación del mundo” es una ocasión para percibirnos mejor en ese plano de realidad. ¿En qué sentido?
Por todas partes estallan las formas de lo Uno: las formas trascendentes, centralizadoras y homogéneas de organizar la vida en común. La Ley y el Derecho, ideadas para una ciudadanía indistinta y abstracta, se pulverizan en mil decretos, normas y legislaciones de excepción con vistas a cuestiones o sujetos específicos; el Estado-nación se ve hoy superado por arriba (debe doblegarse a poderes globales) y cuarteado por pulsiones independentistas, secesionistas o autonomistas por abajo; las identidades fuertes (la Humanidad, el Trabajador) ya no funcionan como polos de identificación; y la biografía, como narrativa unitaria y coherente del Yo, se desmigaja en una sucesión de “estados”, como nuestros perfiles de Facebook.

Podemos sin duda lamentar este desmantelamiento. Deplorar la disolución de las viejas formas de pertenencia e identidad. Criticar, desde el resentimiento hacia el presente, el “caos” que emerge y prolifera por todos sitios. Hay buenas razones: la fragmentación es también choque y guerra civil entre distintas formas de vida, multiplicación de burbujas autorreferenciales, aislamiento y babelización.
Pero también es posible, como sugiere el Comité Invisible, abrazar la fragmentación. En el fondo, las formas de lo Uno recubrieron siempre con abstracciones los vínculos situados que somos: territorios, apegos, comunidades, hermandades y sororidades. La fragmentación los pone por el contrario al descubierto, los hace visibles.
En lugar de quejarnos de lo que ya no hay y debería haber (Estado, padre, sindicatos), podemos sumergirnos en el caos del presente, ver también sus potencias, aprender a relacionarnos con él sin distancia, la distancia de un Ideal, de un Modelo de cómo deberían ser las cosas. Partir de lo que hay para generar los vínculos, los lugares, los saberes y las comunidades que nos hagan más fuertes, más libres y más felices.

La política y lo político
El Comité Invisible nos dice: el tejido de las situaciones de vida es el plano de realidad donde habitan las potencias de transformación del mundo. Es decir, la potencia está ahí donde estamos, no en otra parte.
Pero la concepción clásica de la política nos dirige todo el rato hacia esa “otra parte”. Nos tienta siempre en un mismo sentido: abandonar las situaciones de vida, juzgadas como demasiado “limitadas”, “pequeñas” o “aisladas”, para empezar a jugar en otro dominio “más serio”, “más global”: el poder político, el Estado, las instituciones, etc.

"La política” se piensa así como una esfera particular, separada y diferente de la vida cotidiana, donde se decide sobre “lo general”, sobre “lo de todos”. Una esfera que es siempre propia de especialistas y expertos: los políticos o los militantes revolucionarios que aspiran a sustituirlos, tanto da.
Lo importante nunca está aquí y ahora, en este pedazo de realidad concreta que comparto con estos otros también concretos, sino siempre “más arriba”, “más allá”, “más tarde”. En el Estado, en la dimensión europea de las luchas, en la revolución venidera...
Este planteamiento reproduce las condiciones de espera en dos sentidos al menos:

·         En primer lugar, se abandona el plano vital donde habitan las potencias, instrumentalizándolo y vaciándolo para mejor “asaltar los cielos”, pero pronto se descubre que el cielo del poder es un lugar de pura impotencia. Es inútil esperar por ejemplo que Manuela Carmena o Ada Colau vayan a detener por sí solas la gentrificación que vuelve inhabitables nuestras ciudades mientras los demás seguimos con nuestra vida igual. Y es inútil también criticarlas por ello: es la queja del consumidor iluso al que le habían prometido otra cosa. Criticar es otra manera de esperar.

·         En segundo lugar, se genera una militancia permanentemente insatisfecha, ansiosa y que salta de una cosa a otra sin profundizar en nada. Se crean y se abandonan colectivos, los vínculos se vuelven muy instrumentales, la angustia es permanente. Porque nada vale en sí mismo, todo es medio para un fin (que nunca llega). Y si todo es medio para un fin, nunca hay verdadera presencia, nunca hay verdadero presente, nunca hay verdadera plenitud.

De ese modo, el militante político está aquejado finalmente de los mismos males que el “empresario de sí mismo” neoliberal: agobiado en mil proyectos, corriendo como el hamster en la rueda, siempre proyectando "algo más", desea secretamente que lleguen las vacaciones para “desconectar”. Es muy importante pensar esto a fondo: el mercado y la política son dos figuras del nihilismo, es decir, dos formas de la desvalorización del aquí y ahora en nombre de un “más allá”. Dos figuras de la falta.
El Comité Invisible sugiere distinguir “la política” de “lo político”. “Lo político” no sería una esfera o un dominio propio. No sería un nombre, sino un adjetivo. Es decir, no ocurre “más allá” de las situaciones de vida, sino que es una cierta intensificación o declinación de éstas.

Lo que hay aquí y ahora no es “restringido”, “limitado” o “pequeño”, como nos dice la concepción clásica de la política, sino infinito. Sólo desde aquí podemos entender lo que ocurre allí, como sólo tras el atentado de 2004 en Madrid pudimos entender lo que ocurría a diario en Irak. Sólo desde “ahora” podemos relacionarnos de forma viva con el pasado, que también fue un ahora y sólo puede volver a cobrar vida si lo leemos desde las búsquedas del presente.
No se trata de “pasar” de lo pequeño a lo grande. Porque eso que llamamos grande, general o global no es sino un “compuesto” de situaciones particulares, un “efecto de conjunto” de una multitud de interacciones inmediatas y minúsculas. Cada situación contiene en sí mismas todas las potencias: se trata de desplegarlas. Y de producir nuevos compuestos, nuevos entrelazamientos entre ellas.

Desmercantilizar
Recapitulamos: nuestro problema no es vivir excesivamente instalados en el presente, sino en un tiempo contraído entre la lista de los pendientes y la proyección de los posibles.
Esta contracción del presente tiene que ver con la expansión “totalitaria” de las relaciones de mercado a toda la vida social: cualquier espacio, cualquier momento se vuelve una “ocasión de negocio”. Nunca es lo que es, sino lo que podría ser.
Vivir el presente pasa por percibirnos inscritos en situaciones y vinculados con otros, engarces de una inmensa malla donde también tejemos y destejemos. La fragmentación actual del mundo es una oportunidad para percibir con más claridad los aquí y ahora concretos que nos constituyen.
La potencia de transformación late en esas situaciones de vida y no “en otra parte”. Pero la concepción clásica de la política redirige siempre nuestra atención y nuestro deseo hacia un “más allá”: más lejos, más arriba, más tarde.
"Lo político” es un adjetivo y no un nombre. Es una cierta elaboración de las situaciones. ¿Cuál? La fuga de la economía: la desmercantilización radical de la vida y el mundo. La experiencia del comunismo.
El Comité Invisible habla mucho de amor en Ahora, lo que seguramente incomodará, sorprenderá o irritará a más de uno. ¿A qué viene mezclar el amor con la política? ¿No es la emancipación una cuestión de voluntad, compromiso militante, estrategia y poder (o contrapoder, que es lo mismo pero al revés)?

La emancipación es caracterizada en este libro como una experiencia de continuidad con los otros y con el mundo. No estamos solos, no empezamos y acabamos en nosotros mismos, nos prolongamos unos a otros y prolongamos el mundo. Lo común es una experiencia de continuidad sensible a través de los vínculos. Pero, ¿qué vínculos?

Si el Comité Invisible habla tanto de amor -también de amistad, pero menos que en A nuestros amigos- es porque se trata de la experiencia más común y masiva de un “vínculo en interioridad”. El amor nos “enseña” que no sólo existen las relaciones instrumentales.
Mientras que la relación instrumental es de “quita y pon” (la quitamos y nos quedamos igual), el vínculo en interioridad nos constituye: duele si hay separación porque perdemos un trozo de nosotros mismos.
Mientras que el vínculo instrumental está animado por el cálculo pérdida-beneficio (o la estrategia medio-fin), el amor “no echa cuentas”: es un vínculo des-interesado, afinitario, apasionado.
Mientras que el vínculo instrumental es “libre” como el de un contrato (siempre revocable), el vínculo en interioridad nos compromete, nos implica, nos obliga como un pacto.

Desmercantilizamos la vida y el mundo cuando construimos situaciones de vida a través de los vínculos en interioridad. Vínculos entre los seres, entre los seres y los lugares, entre los seres, los lugares y los objetos, entre los seres, los lugares, los acontecimientos, etc.
En las zonas desmercantilizadas, las cosas pueden resplandecer de nuevo porque son inconmensurables. Pueden permanecer singulares porque no tienen precio.Pueden volverse concretas porque ya no son equivalentes ni intercambiables.Llevan la recompensa en sí mismas. Están aquí y ahora.
Es el comunismo. No un régimen político, sino un mundo. El mundo “más allá de la economía” en el que la riqueza se define por la abundancia de tiempo y de vínculos. El mundo que se puede habitar plenamente y no sólo a medias, el mundo de la presencia. No un horizonte utópico, sino una experiencia. La experiencia de continuidad con los seres y el mundo. Una experiencia presente, una experiencia del presente.


"Nos hace pensar que la política se hace en un lugar abstracto y separado de la vida, un lugar 'excepcional' que requiere un tipo de saber y disposición igualmente 'excepcional', la comuna se construye ahí donde uno está, desde lo que hace la vida relevante, desde las relaciones que hay, recombinando los saberes existentes, desde donde cada cual tenga puesto el cuerpo, el deseo y la atención. Se trata de politizar la vida, no de 'movilizarse'”.

Reabrir la cuestión revolucionaria 
(lectura del Comité Invisible)

enero 2015

Por Amador Fernández-Savater 
(c) Este texto puede copiarse y distribuirse libremente, con o sin finalidades comerciales, con o sin obras derivadas, siempre que se mantenga esta nota.
1- Introducción: extender las plazas
Recientemente, en un viaje a Argentina, un amigo de allá me preguntó, tras escuchar mi relato sobre las peripecias políticas que van del 15M a Podemos, si en la sociedad española hay un impulso al cambio que va tomando formas distintas o el deseo de volver a vivir en un capitalismo “tranquilo”. Es decir, si hay elementos de una “mutación civilizatoria” o se quiere volver a lo que había pero ya no hay (ni siquiera como expectativa), un cambio sin cambio.
No supe bien qué contestar, más allá de alguna banalidad (“un poco de todo”, “depende de para quién”), pero la pregunta se me quedó retumbando dentro. ¿Cuál es el movimiento de fondo de lo que estamos viviendo desde 2011? ¿Se trata de “ver caer” a los culpables de que las cosas ya no son como eran y buscar quien nos devuelva a la “normalidad” o de inventarnos otras maneras de vivir?
Siete años después de publicar ese paradójico best-seller subversivo que fue La insurrección que viene, el último libro del colectivo Comité Invisible (CI) arranca constatando que “las insurrecciones, finalmente, han llegado”. Primavera árabe, 15M, Syntagma, Occupy, Gezi... Y a partir de ahí hace una apuesta: en los movimientos de las plazas hay indicios de una “mutación civilizatoria”, sí, pero sin lenguaje ni brújula propia, en medio de una gran confusión.
A nuestros amigos es un pequeño acontecimiento en el mundo editorial, no en el sentido de que sea un éxito de ventas o de marketing, sino una anomalía en las maneras de escribir y publicar. No es un libro de autor, otra marca personal en la red de los nombres, sino que viene firmado por la denominación ficticia de una constelación de colectivos y personas que sostienen que “la verdad no tiene propietario”. No es un libro que surja simplemente de la lectura de muchos otros libros, sino también de un conjunto de experiencias, de prácticas y de luchas que consideran importante pensarse y contarse a sí mismas. No es un libro que pretenda alimentar un ruido de temporada ni convencer a nadie de nada, y por eso se dirige “a los amigos”, a los que de alguna manera ya caminan juntos aún sin conocerse, proponiendo una serie de señales, como esas muescas que dejan los senderistas para otros amantes de las caminatas, con la diferencia de que este camino no existe con anterioridad, sino que se hace (colectivamente) al andar.
El dato, el suelo del que parte el libro, como hemos dicho, son las potencias y los impasses de los movimientos de las plazas, no entendidos como una serie dispersa de erupciones inconexas, sino como una secuencia histórica de levantamientos entrelazados. Estos movimientos irrumpen y alteran profundamente los contextos en los que se desarrollan, hundiendo legitimidades que parecían sólidas como la roca y redescribiendo la realidad, pero parecen finalmente chocar con un muro (la política macro) y entrar en reflujo (Occupy, Gezi). Es ahí que aparece o puede aparecer la “operación hegemónica”: aprovechando el quiebre/desplazamiento del sentido común generado por el clima de las plazas, se trata de conquistar la opinión pública, los votos y el poder institucional, para forzar los límites del capitalismo parlamentario desde dentro, mediante políticas efectivamente socialdemócratas (Syriza en Grecia, Podemos en España).
¿Hay otras opciones? ¿Se puede imaginar una prolongación no electoral o institucional de la potencia de las plazas (que no suponga, claro está, una simple “vuelta atrás”, a los pequeños grupos de convencidos, a los proyectos micro, a las luchas puntuales y locales)? Entre la reposición del verticalismo político y la tentación de la nostalgia y el resentimiento, ¿cómo seguir e ir más lejos?
El CI propone su propia alternativa: reabrir la cuestión revolucionaria. Es decir, replantear el problema de la transformación radical (de raíz) de lo existente, clausurada por los desastres del comunismo autoritario del siglo XX. El problema de la ruptura con el capitalismo parlamentario como único marco posible y de la emergencia de una nueva idea/sentimiento de la vida. La revolución, “no tanto como objetivo, sino como proceso”, es decir, no tanto como un horizonte abstracto o ideológico, un puro “deber ser” sin anclaje en el deseo y la realidad, sino como “perspectiva”, como un punto de vista capaz de alcanzar muy lejos pero a partir de donde se está, pie a tierra. Esa perspectiva revolucionaria sería, según el CI, la del pasaje del “paradigma del gobierno” (que en Occidente lo regula todo: el orden político, económico e íntimo) al “paradigma del habitar”, un viraje a un tiempo físico y metafísico. Volveremos sobre ello.
 Reabrir la cuestión revolucionaria, ¿una propuesta excesiva, irreal, delirante, inoportuna, de minorías para minorías...? Seguramente, sí. Pero a la vez, ¿qué desplazamiento político significativo ha nacido como una opción mayoritaria, reflejo del sentido común? ¿No ha sido siempre por fuera del posibilismo donde se han abierto las cuestiones decisivas? ¿Y no es cada vez un “puñado de locos” (esclavos, obreros, negros, mujeres, homosexuales...) los que empiezan las mutaciones más importantes? La política transformadora nunca ha consistido en un “cálculo de mayorías”, sino en una nueva verdad que se dirige potencialmente a cualquiera.
“Nos hemos tomado el tiempo para escribir, esperando que otros se tomen el tiempo para leer”, dice el CI. Me he peleado con el libro varias semanas, porque para mí mucho de lo que se dice es extraño, contraintuitivo o directamente choca de plano con lo que pienso. Pero en este caso me parece que vale la pena chocar. Finalmente, me puse a escribir como una manera de entender mejor, de reapropiarme del texto desde mis experiencias y referencias. Es lo que puedes leer a continuación, una presentación del libro que es al mismo tiempo mi interpretación, que mezcla sus palabras y las mías, destacando cuatro de los puntos fuertes que podemos encontrar entre sus páginas.
2- Las verdades éticas
El cuerpo ardiendo de Mohamed Boauzizi frente a la comisaría de Sidi Bouazid, las lágrimas de Wael Ghönim en la entrevista televisiva tras ser liberado de la detención secreta por parte de la policía egipcia, el desalojo nocturno de los 40 de Sol... Las escenas que durante los últimos años han tenido fuerza para abrir situaciones políticas (primavera árabe, 15M) no oponen saber a ignorancia. En ellas hay palabras y voces más que discursos y explicaciones, hay personas comunes y anónimas que dicen 'basta', hay cuerpos que ocupan con valentía el espacio haciendo lo que no deben, hay gestos locos en el sentido de imprevistos e imposibles que desafían el estado de cosas con la vida al descubierto, hay la pesada materialización policial de un orden odioso... Son escenas que redefinen y desplazan para todos el umbral entre lo que toleramos y lo que ya no toleramos más. Escenas que nos conmueven y convocan al mostrar un corte, un choque, una lucha entre vidas dignas e indignas de vivirse. El CI afirma que si los movimientos de las plazas han descolocado tantísimo a los “militantes de toda la vida” es por esto: no parten de ideologías políticas, no parten de una explicación del mundo, sino de verdades éticas. ¿En qué sentido, cómo se diferencia una “verdad ética” de una verdad tal y como estamos acostumbrados a entenderla, como adecuación del enunciado y la cosa?
Rebobinemos un poco: antes de bajar a las plazas del 15M, ¿acaso no sabíamos (cada cual por su lado) lo que estaba pasando, que la crisis es una estafa, que lo que llaman democracia y no lo es, que la política de los políticos está corrupta y subordinada a las exigencias de la economía? ¡Hasta lo decía Iñaki Gabilondo en prime time, en términos no tan diferentes de los que emplea hoy Pablo Iglesias! Secretos a voces. Y, sin embargo, la calle se mantuvo muy silenciosa entre 2008 y 2011. Todos sabíamos, pero no pasaba nada. La verdad, como simple enunciado objetivo, no posee por sí misma la capacidad de sacudir la realidad. Un poder deslegitimado puede seguir operando, porque no se sostiene fundamentalmente sobre nuestro acuerdo y consenso (creencias o fe en sus explicaciones), sino sobre la sujeción de los cuerpos, la anestesia de las sensibilidades, la gestión de la imaginación, la logística de nuestras vidas, la neutralización de la acción.
Las verdades éticas, sin embargo, no son descripciones del mundo, sino afirmaciones a partir de las cuales lo habitamos y nos conducimos en él. No son verdades objetivas y exteriores, sino sensibles: lo que sentimos ante algo más que lo que opinamos. No son verdades que tengamos por separado, sino que nos vinculan a otros que perciben lo mismo. No son enunciados que puedan dejarnos indiferentes, sino que nos comprometen, nos afectan, nos requieren. No son verdades que iluminan, sino verdades que queman.
¿Por qué serían tan importantes las verdades éticas, desde un punto de vista transformador? Para el CI, la política no opone un grupo a otro, un discurso a otro, sino un mundo a otro. El neoliberalismo juega en ese nivel y de ahí su fuerza. Es decir, no sólo es la imposición de ciertas políticas macro, sino también “el hecho de que se admita en lo sucesivo como natural una relación con el mundo basada en la idea según la cual cada uno tiene su vida”. El neoliberalismo no es principalmente ideológico sino “existencial” y sus catástrofes están ya implícitas en esa idea de la vida, materializada en los gestos más cotidianos.
Si el CI afirma que la potencia política de las plazas reside en sus verdades éticas es porque estas nos arrancan del individualismo (cada cual para sí) y nos vinculan por todas partes a personas y a lugares, a maneras de hacer y pensar. De pronto ya no estamos solos frente a un mundo hostil, sino entrelazados. Afectados en común por la inmolación de un semejante, la demolición de un parque, el desahucio de un vecino, el disgusto por la vida que se lleva, el deseo de otra cosa. Sentimos que el destino de uno tiene que ver con el destino de los otros. La emoción misma de la palabra que se compartía en las plazas tenía que ver con el hecho de que se trataba de palabras imantadas por esas verdades que vehiculan otras concepciones/sentimientos de la vida.
La política consiste, pues, en la construcción, a partir de eso que sentimos como una verdad, de formas de vida deseables, capaces de durar y sostenerse materialmente. Las verdades éticas dándose un mundo
3- Crítica de la democracia
Sin embargo, para el CI, la reivindicación o exigencia de democracia (bajo ninguna de sus formas: representativa, directa, digital, constituyente...) no tiene que ver con las verdades éticas que emanan de las plazas. Más bien al contrario: el imaginario y el horizonte de la democracia nos desvía fatalmente, conduciéndonos a un campo minado. Es un punto de choque con el sentido común de los movimientos de las plazas, resumido en la famosa consigna de “democracia real ya”. ¿Cómo se explica esto?
 La concepción clásica de la política divide las cosas entre un sujeto (que gobierna) y un mundo (de cosas, de personas, de procesos, etc.) a gobernar. Es el paradigma que rige el mundo desastrosamente, al hacer de él un objeto de control. Pues bien, la democracia forma parte de este paradigma, ya sea en su versión jerárquica (la democracia representativa, según la cual “el pueblo no delibera si no es a través de sus representantes”) o en su versión directa o asamblearia.
En el ágora democrática, los seres racionales argumentan y contraargumentan para tomar una decisión (la ley), pero la asamblea que los reúne sigue siendo un espacio separado de la vida y de los mundos: se separa de hecho para mejor gobernarlos. Se gobierna produciendo un vacío, un espacio vacío (el llamado “espacio público”), en el que los ciudadanos deliberan libres de la presión de “la necesidad”: la materialidad de la vida, aquello que designamos, desligándolo de lo político, como lo “reproductivo”, lo “doméstico”, lo “económico”, la “supervivencia” o la “vida cotidiana”, queda fuera, a la puerta de la asamblea.
La crítica del CI a la democracia directa no es sólo una crítica teórica o abstracta, sino que se puede entender mejor como una observación de los impasses y los bloqueos de las asambleas de los movimientos recientes: la palabra que se distancia de la acción, colocándose “antes”; las decisiones que no implican a quienes las toman; el sofoco de la iniciativa libre y de los disensos; el fetichismo de los procedimientos y los formalismos; las luchas de poder para condicionar las decisiones; la centralización y burocratización, etc. Para el CI, nada de todo ello es “accidental”, sino “estructural”. Tiene que ver con la separación instituida por la asamblea entre las palabras y los actos, entre las palabras y los mundos. (Por supuesto, la “democracia digital” no soluciona nada de esto, sino que más bien agrava algunos problemas: reino de la opinión donde no se sabe quién habla, las decisiones no tienen consecuencias, etc.)
La potencia de las plazas no estaba para el CI en las asambleas generales, sino en los campamentos, es decir, en la autoorganización de la vida común (infraestructuras, alimentación, guarderías, enfermería, bibliotecas, etc.). A partir de las necesidades inmediatas que iban surgiendo (no desde un plan, un “ante”), coordinando los esfuerzos locales y situados (no desde un centro, ni siquiera democrático), pensando mientras se hacía, lo que se hacía y desde lo que se hacía, en un puñado de días se construyeron decenas de pequeñas ciudades en el corazón mismo de las grandes. No a través de “la” asamblea como lugar soberano, sino de mil prácticas distintas de autoorganización.
Los campamentos se organizaron según lo que el CI llama el “paradigma del habitar”, que opone al del “gobierno”. En el paradigma del habitar, no hay vacío u oposición entre sujeto y mundo, sino que los mundos se pliegan sobre sí mismos para pensarse y darse formas. No se decreta lo que debe ser, sino que se elabora lo que ya está siendo. No se funciona a partir de una serie de metodologías, procedimientos y formalismos, sino de una “disciplina de la atención” a lo que pasa (cómo pasa, por dónde pasa...); las decisiones no se toman, ni por mayoría ni por consenso, sino que más bien prenden, se decantan en la discusión; no son elecciones entre opciones dadas, sino invenciones que surgen de la presión de un problema o una situación concreta; y las aplican quienes las toman, comprobando en primera persona lo que implican, confrontándolas con la realidad, haciendo de cada decisión una experiencia.
La libertad, para el CI, no tiene que ver con la “participación”, o con la elección y el control de los representantes, sino con el despliegue de las iniciativas, con la construcción de mundos habitables, con prácticas concretas. No tanto con “poder decidir” como con “poder hacer”. Finalmente, la democracia no sólo forma parte del paradigma del gobierno, sino que lo hace además de manera insidiosa porque pretende confundir a los gobernantes y a los gobernados. Un grito como “no nos representan” abre ahí una brecha escandalosa, pero nunca tarda en llegar un “verdadero demócrata” que nos asegura que con él, esta vez sí, habrá “un gobierno de la gente”. Y los gobernados quedan así de nuevo reabsorbidos en los gobernantes. Un poder relegitimado de ese modo, un poder que dice emanar del “pueblo en acto” (por ejemplo de las plazas), un “gobierno del 99%”, puede ser el más opresor de todos. ¿Quién podría cuestionarle? Sólo el 1%. La parte se hace pasar por el todo y coloca al adversario en la posición de monstruo, criminal, enemigo a abatir. Es en este sentido que el recuerdo del 15M será siempre un peligro (y un campo de disputa), en tanto que “marea destituyente” y creación de mundos autoorganizados, sin rastro de “poder constituyente” o “nueva institucionalidad”. Devenir y permanecer ingobernables pasa, pues, por renunciar a legitimarse en un principio superior, por quedar alegremente siempre al desnudo como el rey del cuento, asumiendo el carácter siempre local y situado, arbitrario y contingente, de toda posición política.
4- El poder es logístico
Los tunecinos ocuparon la Kasbah, los griegos plantaron sus tiendas de campaña frente al Parlamento en plaza Syntagma, los portugueses intentaron entrar por la fuerza en la Asamblea de la República, aquí rodeamos el Parlament catalán en junio de 2011 y el Congreso el 25S de 2012... Rodear, asaltar, ocupar los parlamentos: los lugares de poder institucional han hechizado la atención y el deseo de los movimientos de las plazas (y, tal vez por eso, los dispositivos electorales son la continuación lógica).
Pero, ¿es seguro que ahí está el poder? El CI tiene una idea muy distinta: el poder es logístico y reside en las infraestructuras. No es de naturaleza representativa y personal, sino arquitectónica e impersonal. No es un teatro, sino una estructura de acero, un edificio de ladrillo, un canal, un algoritmo, un programa informático.
Según el brillante y contradictorio autor italiano Curzio Malaparte en su libro Técnica del golpe de Estado, aquí mismo estaba el corazón de la discusión entre Lenin y Trotsky la víspera de la revolución rusa. Para Lenin, se trataba de suscitar y organizar un levantamiento general de las masas proletarias que desembocase en el asalto al Palacio de Invierno. Para Trotsky, por el contrario, la revolución no pasaba por combatir a pecho descubierto al gobierno y a sus ametralladoras, ni por tomar palacios o ministerios, sino por adueñarse de la organización técnica de la sociedad: centrales eléctricas, ferrocarriles, teléfonos, telégrafos, puertos, gasómetros, acueductos, etc. Para ello, no se necesitaban masas proletarias algunas, sino una tropa de asalto de “mil técnicos”: obreros especializados, mecánicos, electricistas, telegrafistas, radiotelegrafistas, etc. A las órdenes de un ingeniero-jefe de la revolución: el mismo Trotsky.
Según la historia (¿o fábula?) de Malaparte, los mil técnicos de Trotsky se ejercitaron durante meses en “maniobras invisibles”: infiltrándose aquí y allá, lograron mapear y documentar la distribución de los despachos, las instalaciones de luz eléctrica y de teléfono, el plano de los edificios y de los servicios técnicos de la capital. Llegado el momento, burlaron la vigilancia policial (más atenta a un posible levantamiento popular que al deslizamiento de pequeños grupos) y tomaron todas las infraestructuras del Estado. El asalto al Palacio de Invierno fue espectacular y pasó a la historia, pero en realidad sólo fue la manera de comunicar que el poder ya había cambiado de bando, haciendo caer a la vista de todos una cáscara vacía.
Del mismo modo, el CI piensa que el gobierno no reside en el gobierno, sino que está incorporado en los objetos y las infraestucturas que organizan nuestra vida cotidiana (y de los que dependemos completamente). Toda Constitución es papel mojado, la verdadera Constitución es técnica, física, material. La escriben quienes diseñan, construyen, controlan y gestionan la infraestructura técnica de la vida, las condiciones materiales de existencia. Un poder silencioso, sin discurso, sin explicaciones, sin representantes, sin tertulias en la tele (y al cual es del todo inútil oponerle una contrahegemonía discursiva).
Ignorar al poder político, centrarse en las infraestructuras: aquí terminan las resonancias con el singular Trotsky de Malaparte. Porque para el CI no se trata de “adueñarse” de la organización técnica de la sociedad, como si ésta fuese neutra o buena en sí misma y bastase simplemente con ponerla al servicio de otros objetivos. Ese fue el error catastrófico de la revolución rusa: distinguir los medios y los fines, pensar por ejemplo que se podía liberar el trabajo a través de las mismas cadenas de montaje capitalistas. No, los fines están inscritos en los medios, cada herramienta y cada técnica configura y a la vez encarna cierta concepción de la vida, implica un mundo sensible. No se trata de “apoderarse” de las técnicas existentes, sino de subvertirlas, transformarlas, reapropiárselas, hackearlas.
El hacker es una figura clave en la propuesta política del CI. O, más bien, el espíritu hacker (en sentido social, amplio, más allá de lo puramente digital) que consiste en preguntarse (siempre mediante el hacer) cómo funciona esto, cómo se puede interferir en su funcionamiento, cómo podría funcionar de otro modo y compartir sus saberes. El espíritu hacker rompe la naturalización de las “cajas negras” entre las que vivimos normalmente (infraestructuras opacas que constriñen nuestras posibilidades y gestos más cotidianos), haciendo visible los códigos de funcionamiento, encontrando fallos, inventando usos, etc. Todo lo contrario del cuento sobre el tecnofetichismo.
Pero no se trata de sustituir a los “mil técnicos” de Trotsky por “mil hackers”. Lo que se precisa más bien (a lo que se parece un proceso revolucionario efectivo) es a u n devenir-hacker colectivo, de masas, sin ingeniero-jefe. Es decir, la puesta en común de saberes que no son opiniones sobre el mundo, sino posibilidades muy concretas de hacerlo y deshacerlo. Saberes que son poderes. Poder de construir y de interrumpir, poder de crear y de sabotear. Un devenir-hacker colectivo son miles de personas que bloquean en tal punto neurálgico un megaproyecto de infraestructuras que amenaza con devastar un territorio y sus formas de vida. Un devenir-hacker de masas son miles de personas que construyen pequeñas ciudades en medio de las grandes, capaces de reproducir la vida entera durante semanas.
Las “maniobras invisibles” donde se preparan los procesos revolucionarios son todos aquellos espacios políticos donde se comparten saberes, escuelas de conocimientos compartidos y de contra-habilidades, lugares de cacharreo, puntos de cruce entre saberes técnicos y formas de vida disidentes. ¡Menos mítines y más hacklabs!

5- Las comunas
La política clásica propaga el desierto porque está separada de la vida: se hace en otro sitio, con otros códigos, en otros tiempos, etc. Hace el vacío (abstracción de los mundos sensibles para gobernar) y por tanto lo extiende. La revolución sería, por el contrario, un proceso de repoblamiento del mundo: la vida aflorando, desplegándose y autoorganizándose, en su pluralidad irreductible, por sí misma.
Como propuesta política, el CI llama “comuna” a la forma en la que podría darse ese despliegue autoorganizado de la vida. La palabra francesa “comuna” tiene al menos dos sentidos (además de la evocación histórica, bien importante): un tipo de relación social y un territorio.
La comuna es, por un lado, un tipo de lazo. Frente a la idea del liberalismo existencial de que cada cual tiene su vida, la comuna es el pacto, el juramento, el compromiso de afrontar juntos el mundo. Por otro lado, es un territorio. Son lugares vivos donde se inscribe físicamente un cierto compartir, la materialización de un deseo de vida común.
¿El CI propone entonces formar tribus, bandas? No exactamente, porque la comuna es distinta a la comunidad, no vive cerrada/aislada (en ese caso se apergamina y muere), sino siempre atenta a lo que se le escapa y desborda, en una relación positiva con el afuera. Ni medios para un fin, ni fines en sí mismas, las comunas siguen una lógica de la expansividad y no del autocentramiento.
¿Están hablando de política local, barrial? No exactamente, porque el territorio de la comuna no está dado previamente, no preexiste, sino que es la propia comuna la que lo activa, crea y dibuja, mientras que éste le ofrece a su vez refugio y abrigo. El territorio de la comuna no tiene límites acotados, es una geografía móvil y variable, en construcción permanente. Un grupo de amigos puede ser una comuna, una cooperativa puede ser una comuna, un colectivo político puede ser una comuna, un barrio puede ser una comuna... Quizá hacer un contraste con la política clásica sirva para entender mejor la propuesta del CI.
Si la concepción clásica nos hace pensar que la política se hace en un lugar abstracto y separado de la vida, un lugar “excepcional” que requiere un tipo de saber y disposición igualmente “excepcional”, la comuna se construye ahí donde uno está, desde lo que hace la vida relevante, desde las relaciones que hay, recombinando los saberes existentes, desde donde cada cual tenga puesto el cuerpo, el deseo y la atención. Se trata de politizar la vida, no de “movilizarse”.
Si la concepción clásica nos hace pensar que la política se guía por un mapa previo (la izquierda contra la derecha, el proletariado contra la burguesía), las comunas dibujan sus propios mapas, deciden con quién cooperar y con quién chocar, situación por situación, punto por punto, desde una lógica de la estrategia y no dialéctica, es decir, partiendo de la amistad (el incremento de la potencia en el encuentro) y no de la enemistad (la unificación por designación del enemigo común). Amigos y enemigos igualmente concretos y situados, con los que tenemos “contacto”, de los que tenemos “experiencia”, que aumentan u obstaculizan nuestra potencia, no entes abstractos o ideológicos.
Si la concepción clásica nos hace pensar que “organizarse” es afiliarse o participar en una estructura única, con un mando centralizado, líneas de arriba-abajo, correas de transmisión, formalismos homogéneos, las comunas más bien se componen, se conectan, se comunican, se cruzan, cooperan y colisionan entre sí, sin articularse en una fastasmática “unidad”, sino manteniendo siempre su autonomía y su pluralidad; tan irreductiblemente plurales como lo son las formas de vida sobre la tierra.
El problema de la organización es, por tanto, el problema de pensar cómo circula lo heterogéneo, no cómo se estructura lo homogéneo. El desafío de inventar formas y dispositivos de traducción, momentos y espacios de encuentro, lazos transversales, intercambiadores, ocasiones de cooperación, etc. Lo “universal” no se construye poniendo entre paréntesis lo particular (situado, singular), sino por profundización, por intensificación de lo particular mismo. En cada situación está el mundo entero si nos damos tiempo para buscarlo. Sería difícil por ejemplo pensar en una experiencia con mayor capacidad de interpelación y al mismo tiempo tan inscrita profundamente en un territorio muy concreto como el zapatismo. Como dice el poeta Miguel Torga, “lo universal es lo local sin los muros”.
La “organización” más importante es, finalmente, la vida cotidiana misma, en tanto que red de relaciones susceptible de activarse políticamente aquí o allá. Cuanto más densa es la red, cuanta más calidad tienen esas relaciones, mayor es la potencia política de una sociedad.
6- Final: elogio del tacto
También las revoluciones se han pensado y llevado a cabo desde el paradigma del gobierno: un sujeto contrapuesto al mundo (la vanguardia) que lo empuja en la buena dirección; el pensamiento como ciencia y Saber con mayúsculas; la acción como aplicación de ese saber; la realidad como materia informe que modelar; el proceso revolucionario como “producto” o ajuste fino entre medios y fines, etc.
Forzar las cosas desde el exterior: las revoluciones que se hacen desde ahí resultan un desastre y abrasan a los revolucionarios en el voluntarismo. Ser militantes, en el paradigma del gobierno, implica estar siempre enfadados con lo que pasa, porque no es lo que debería pasar; siempre regañando a los demás, porque no se enteran de lo que debieran; siempre frustrados, porque a lo que hay le falta esto o aquello; siempre angustiados, porque lo real está permanentemente en la dirección equivocada y hay que someterlo, dirigirlo, enderezarlo; implica no disfrutar, no dejarse llevar nunca por la situación, no confiar en las fuerzas del mundo, etc.
Habría otro camino. Aprender a habitar plenamente, en lugar de gobernar, un proceso de cambio. Dejarse afectar por la realidad, para poder afectarla a su vez. Darse tiempo para aprehender los posibles que se abren en tal o cual momento. Es en este sentido que el CI afirma que “el tacto es la virtud revolucionaria cardinal”. Si la revolución es el incremento de los potenciales inscritos en las situaciones, el contacto es a la vez lo que nos permite sentir por dónde está circulando la potencia y el modo de acompañarla sin forzarla, con cuidado. Y de esa sensibilidad estamos más necesitados que de mil cursos de formación en contenidos políticos. “La inteligencia estratégica nace del corazón... Incomprensión, negligencia e impaciencia: he ahí al enemigo”.
Referencias útiles:
El Comité Invisible tiene cuenta en twitter: https://twitter.com/anosamis Pepitas de Calabaza (de manera conjunta con Sur+ de México) anuncia la edición castellana de A nuestros amigos para marzo: http://www.pepitas.net/libro/a-nuestros-amigos
Mientras, del Comité Invisible puede leerse: Llamamiento (y otros fogonazos): http://acuarelalibros.blogspot.com.es/2009/06/presentacion-en-barcelona-llamamiento-y.html La insurrección que viene: https://translationcollective.files.wordpress.com/2010/09/la_insurrecccion-que-viene-def1-12.pdf La génesis del Comité Invisible es la revista Tiqqun (aquí los dos números): http://tiqqunim.blogspot.com.es/

Fuente: http://www.eldiario.es/opinion/comite_invisible-revolucion_EDIFIL20150123_0001.pdf