domingo, 22 de abril de 2018

"Hacemos un llamado a nuestras hermanas y hermanos indígenas de todo el mundo para que podamos unirnos en una sola voz. No sólo en los Foros como éste, sino también en la actividad diaria en la defensa de nuestros derechos inalienables y que, junto a otros sectores de los pueblos oprimidos no indígenas, podamos hermanarnos en la lucha por un mundo más justo y armonioso".

Foro Permanente para 
las Cuestiones Indigenas
Naciones Unidas, 17ª. Periodo de Sesiones. 
New York, N Y

17 de abril de 2018. 

Gracias señora Presidenta:
Mi nombre es Nilo Cayuqueo, soy del pueblo mapuche y vengo de Los Toldos, una comunidad de la Provincia de Buenos Aires, región de la costa Atlántica, en el centro del país. Es la zona de la llamada “Pampa Húmeda”, cuya privilegiada fertilidad ha sido el motivo principal de los despojos que hemos padecido.
Estoy aquí en nombre de la Asociación del Mundo Indígena (IWA), Comunidad Mapuche La Azotea y también al Parlamento De Pueblos Originarios de la Zona Centro.
Pertenezco a la generación de los primeros delegados indigenas que fuimos a la ONU en 1977.
Argentina es un inmenso país de 2 millones 800 mil kilómetros cuadrados, con una población cercana a los 43 millones de habitantes. 2 millones quinientos mil somos indígenas pertenecientes a 34 pueblos distintos.
Señora presidenta, todos sabemos lo que pasó con la invasión a nuestro continente por parte de los europeos, donde hubo masacres y despojo de nuestros territorios ancestrales.
Hoy día, después de 526 años, la colonización no ha terminado, los estados que se formaron en la llamada Latinoamérica –que nosotros llamamos Abya Yala– hace poco más de 200 años, continúan actualmente tratando de exterminar a nuestros pueblos.
El capitalismo voraz y depredador que se ha implantado en nuestros territorios trae como consecuencia una deliberada intención de hacernos desaparecer. Ese capitalismo se apodera de nuestros territorios ancestrales y expulsa a nuestra gente a las urbes, donde actualmente vive la mayoría de los indígenas y campesinos empobrecidos del país; en las llamadas “Villas Miserias”, es decir, barrios totalmente marginales.
En los años setenta sufrimos una dictadura militar que exterminó e hizo desaparecer a más de 30 mil personas. La violencia también se aplicó sobre nosotros, los pueblos indígenas. Aunque ello es algo aún demasiado silenciado. Eramos jóvenes que queríamos cambiar este sistema injusto en el que vivíamos y tener un futuro mejor para nuestros pueblos. Por eso fuimos perseguidos.
Después del advenimiento de la llamada democracia en Argentina en 1983, la mayor parte de los gobiernos no respetaron los derechos que nos asisten como pueblos Originarios de Abya Yala.
Digo “llamada democracia” porque se trata de un sistema en el que la gente es usada para votar cada cuatro años, pero los pueblos no participan en ninguna de las decisiones importantes que afectan sus vidas. Los políticos gobiernan para seguir favoreciendo a las elites que se apoderaron de nuestros territorios y todas las riquezas.
Actualmente tenemos en argentina un  gobierno que, aunque fue elegido por el pueblo, es de una línea ultra derechista y con una mentalidad totalmente occidental-europea. Para este gobierno actual “en argentina todos son descendiente de europeos”, ignorando por completo a los pueblos indígenas.
Los puebos indígenas no tenemos ninguna participacion politica en la vida del pais y ni siquiera de nuestras vidas mismas.

En este momento, especialmente el pueblo mapuche esta bajo una campaña de estigmatización, tratando de descalificar a nuestras culturas. Los medios de comunicación dominantes, que responden a los intereses de las elites de este gobierno conservador, son parte de esa campaña de estigmatización. Se está construyendo sobre los pueblos indígenas una falsa idea de "peligrosidad", llegando incluso a acusarnos de "terroristas". Esto es un modelo de gestión gubernamental que en Chile carga con una larga y triste historia, y el actual gobierno nacional está haciendo gestiones evidentes para implantar deliberadamente ese modelo en nuestro país. Se trata, en definitiva, de impedir el reclamo por los territorios usurpados y el cuestionamiento al extractivismo y los negocios de empresas multinacionales, a través de perseguir mediática, judicial y represivamente a los pueblos que defienden sus derechos.

Nuestros Derechos Humanos fundamentales, están siendo violados.
El pueblo mapuche siempre vivió a ambos lados de la cordillera. Sin embargo, en el marco de esta alianza entre los Estados de Argentina y Chile, la policía y gendarmería de ambos países está maltratando y humillando a la gente mapuche cuando ésta cruza las fronteras, violando el Artículo 36 del Convenio 169 de la OIT.
Las fuerzas militares, gendarmería y policías reprimen e intimidan a indefensas comunidades que tratan de defender sus territorios. En agosto de 2017, la gendarmería reprimió a una comunidad e hizo desaparecer a Santiago Maldonado, un joven que apoyaba las luchas de una comunidad. 40 días después, Santiago apareció ahogado en el río que atraviesa la comunidad.
En el mes de noviembre pasado Rafael Nahuel, un joven mapuche que estaba desarmado y participaba en una manifestación, fue asesinado por la espalda por la policía.
Aunque los oficiales implicados en el hecho están identificados, la llamada justicia –que está ligada grandes poderes políticos y económicos– no ha hecho nada para enjuiciar y condenar a los asesinos.
En los últimos 10 años, 18 indígenas han sido asesinados en el país, por distintas fuerzas de seguridad. Hasta la fecha, no se ha procesado a ningún responsable. Las muertes de Santiago y Nahuel se suman a ellas. Pero hay allí un agravante. Porque, esta vez, la propia Ministra Nacional de Seguridad ha justificado los asesinatos y la represión ilegal, violando así leyes nacionales e internacionales.
Los gobierno de argentina y chile se han reunido para ponerse de acuerdo para poder reprimir con mas eficacia a los referentes mapuche que luchan por sus derechos en ambos lados de la frontera.
Facundo Huala, lonko de una comunidad en Argentina, está preso acusado por delitos que no fueron probados en Chile y ahora están tratando de extradictarlo.
El racismo en Argentina es descarnado y cruel, las personas por tener piel oscura y rasgos indígenas son maltratados, golpeados y humillados y muchas veces asesinados por las fuerzas llamadas de “seguridad”.

Explotación de los llamados recursos naturales
La explotación de la minería se da en todas las provincias, pues es política de Estado explotar la minería, sin importar las consecuencias negativas que esa actividad conlleva.
La explotación del modelo No Convencional llamado fracking para la extracción de gas y petróleo, es otra amenaza a los territorios, a la salud de las comunidades mapuche y al medio ambiente en general. Este Proyecto está localizado al sur de Argentina, en la provincia de Neuquén y muy próximo a la comunidad mapuche Campo Maripe.
En el marco del convenio entre la petrolera Chevron y el gobierno de Cristina Kirchner –a través de la compañía estatal YPF en 2014, el estado entregó en concesión a la compañía estadounidense que fue condenada por contaminación en ecuador, la cantidad de 40 mil Km2 de superficie. Estas concesiones se hicieron en forma secreta y sin la debida Consulta Previa y Consentimiento Informado de acuerdo al Convenio 169 de la OIT.
El gobierno actual ratificó el convenio y planea aumentar las concesiones y la producción. Pero, aunque el gobierno considera que esas tierras son fiscales, ellas son parte de territorios ancestrales del pueblo mapuche.

Las tierras y territorios de los Pueblos Indígenas no son reconocidos, pues hay una política de estado que es la de fomentar el extractivismo y de explotar al máximo y de manera irresponsable e inconsciente los llamados recursos naturales que, en gran parte, están en nuestros territorios.

Además, como consecuencia de la producción intensiva de transgénicos –especialmente la soja–. Hoy día se  arrojan a los campos más de 300 millones de litros de agrotóxico por año. Sin embargo, el gobierno tiene como meta el incremento de estos cultivos, aumentando el uso de los mismos y los desmontes donde viven las comunidades indígenas y campesinas.

Toda esa actividad provoca más contaminación y, en consecuencia, enfermedades en la población y la muerte de la biodiversidad.
La salud de la población está en serios riesgos y ya tenemos un fuerte aumento de casos de cáncer de distinto tipo y otras enfermedades. Además, se está produciendo la muerte súbita de muchos jóvenes sin ninguna explicación científica.
Parte de los resultados de estos despojos y agresiones culturales son los suicidios. En mi comunidad, por ejemplo, se han suicidado 7 jóvenes entre 17 y 22 años en los últimos 6 años.

El Litio es un material muy valorado y fundamental para la fabricacion de celulares y baterias.
De acuerdo a IPS, existe en la madre Tierra 39 millones de toneladas de litio, de las cuales la mitad se encuentra en lo que hoy es argentina, chile y Bolivia.
En la provincia de jujuy en el norte argentina y cerca de la frontera con Bolivia, se han instalado mas de 8 proyectos de mineria donde se explota el litio. El gobierno planea dar concesion a 53 proyectos más, en una superficie de 876 mil hectareas. La gran preocupacion de los pueblos indigenas de esa region es que la explotacion minera traerá como consecuencia mas despojos de sus territorios como asi tambien mas contaminación y violacion de todo tipo. Tanto el gobierno provincial como el nacional, no ha hecho las consultas a las comunidades de acuerdo a la ley.
La comunidad Namqon en la provincia de formosa, ha sido victima por años de amendrentamiento y prepresion por parte del gobierno provincial. En la actualidad sus derechos siguen siendo violados pues la compañía DIOXITEK esta construyendo una planta procesadora de uranio solo a 3 kilometros. Esto es otra amenaza para salud de la poblacion Qom y a otras comunidaes aledañas a este lugar. Cabe mencionar que esa Planta fue reubicada de la provincia de cordoba a raiz de las quejas de los vecinos, y que,  ésta es otra muestra del racismo Ambiental en argentina.
Señora presidenta:
A raíz de estas violaciones y a la gran cantidad de situaciones de violencia sufrida por comunidades indígenas, el Estado argentino ha sido denunciado en varias oportunidades a nivel internacional. Por eso la Comisión Interamericana de Derechos Humanos otorgó medidas cautelares, entre otras, a favor de:
Comunidades Aborígenes Lhaka Honhat, Salta, que en el 2006 recomendóentregar los titulos de propiedad de 400 mil hectareas que pertenecen a cinco pueblos indigenas en eas region, sin que hasta la fecha el estado haya cumplido con esa recomendación a otorgar los mismos.
Comunidad Paichil Antriao en Neuquen. que se obstaculiza el acceso de los miembros de la comunidad Lof Paichil Antriao al Rewe Sagrado, y que familias de la comunidad fueron desplazadas del territorio que reclaman como tierra ancestral.
Comunidad El Nogalito (Pueblo Lule), Tucumán, Argentina, año 2012
La CIDH otorgó medidas cautelares para proteger la vida y la integridadpersonal de
esta comunidad, donde en 2012 tres miembros fueron heridos.
Comunidad Indígena Qom Navogoh La Primavera”, Formosa, Argentina(21/4/2011).: La comunidad alega que miembros de las fuerzas de seguridad habrían
perpetrado una serie de hechos de violencia contra los miembros de la
comunidad, que reclamaban los territorios usurpados.
Amnistia Internacional Argentina tambien solicito medidas urgentes en varios casos para poner en conocimiento y detener las violaciones de derechos humanos de los pueblos indigenas, de las cuales no se obtuvo ninguna respuesta por parte del estado.
Todo esto tiene un trasfondo politico, pues éste  gobierno como los anteriores, no han tenido voluntad política de avanzar con un Proyecto de Propiedad Comunitaria que reconozca a nuestros territorios y que venimos proponiendo por años.
Señora Presidenta:
Sabemos del esfuerzo de las Naciones Unidas para que  se elimine el racismo y la discriminación y se firmasen Acuerdos y Convenciones para la Eliminacion de todas formas de Racismo y Discriminación. Sin embargo, en Argentina estos Acuerdos y Convenciones como la Convención 169 de la OIT y la Declaración de los Derechos de los Pueblos Indígenas de la ONU no se aplican y son violados con toda impunidad por el gobierno.
Los organismos oficiales del gobierno argentino, encargados de defender y supervisar las leyes que reconocen nuestros derechos como el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas y otros organismos semejantes en las provincias, resultan ser entes inoperantes y muchos de ellos conjuntamente con los gobiernos,s promueven la corrupción y la división entre las organizaciones indígenas al ofrecer ciertos beneficios personales a un grupo para que convalide ciertas políticas que van contra de los pueblos indígenas mismos. Esto no es nada nuevo, pues en los gobiernos anteriores también existió.

En conclusión, señora Presidenta, venimos de los Cuatro Puntos cardinales del planeta para tratar de hacer oir nuestras voces. Voces que muchas veces son acalladas o ignoradas en los países de donde provenimos.
Estamos en una era donde, prácticamente, mandan las empresas multinacionales y las elites locales y con el resguardo de las fuerzas militares, policia, gendarmeria y los guardias privados.
El próximo mes de noviembre se llevará a cabo en Buenos Aires la reunión del grupo llamado G20, donde los dominantes países industrializados y los que pretenden serlo, se reunirán para planear cómo van a seguir lucrando y explotando a la madre Tierra y a los pueblos que en ella vivimos. Por lo tanto, queremos invitar a todas las hermanas y hermanos como así también a las organizaciones internacionales, campesinos, obreros, estudiantes a venir a Buenos Aires donde organizaremos el Foro de los Pueblos.
Decimos NO al Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea, porque se hace a espalda de los pueblos y este traera mas explotacion, contaminación y perdida de derechos. Hasta la fecha no ha habido alguna consulta con las comunidades indígenas, campesinas y otros sectores que serán afectados por ese acuerdo.
Sra presidenta:
La ONU está conformada por los países llamados independientes, pero muchos de ellos aún mantienen a sus pueblos en una condición de colonialismo interno.
El mundo esta en una creciente crisis que esta llevando al ser humano hacia la autodestrucción y lamentablemente no se avisora una solución.
Los pueblos indígenas tenemos miles de años de experiencia en vivir armonicamente con la Madre Tiera, y por eso consideramos que las Naciones Unidas tienen la oportunidad histórica de dar participacion politica en su seno a los Pueblos Indigenas.
Por otro lado, hacemos un llamado a aquellos gobiernos que aún creen que otra vida más justa y saludable puede y debe existir en nuestra madre Tierra, para que alcen sus voces en los Foros gubernamentales y puedan hacer entender que por sobre el dinero y las llamadas riquezas materiales, están en juego todas las vidas.

También hacemos un llamado a nuestras hermanas y hermanos indígenas de todo el mundo para que podamos unirnos en una sola voz. No sólo en los Foros como éste, sino también en la actividad diaria en la defensa de nuestros derechos inalienables y que, junto a otros sectores de los pueblos oprimidos no indígenas, podamos hermanarnos en la lucha por un mundo más justo y armonioso.                                        nilocayu@gmail.com

Nos convencen sobre lo central de derrotar a Macri y para ello unir al PJ. Es decir, en base a ‘nuestro’ sentido común sostenemos el círculo vicioso del poder tanto en dictadura como en democracia. Es hora de establecer puentes entre las luchas desde abajo.

Las pretensiones del
neo-gamonalismo

12 de abril de 2018
Por Raúl Prada Alcoreza


Hemos dicho varias veces que uno de los grandes problemas de las sociedades humanas es que no aprenden de las lecciones históricas, políticas, económicas, que les tocó experimentar; aunque lo hagan más tarde, pierden un valioso tiempo, que muchas veces es largo. Concretamente, refiriéndonos a la llamada “izquierda” dijimos que, en vez de aprender, prefirió mantener su ideología, en distintas versiones, los mismos paradigmas, aunque contrastados por la propia realidad experimentada. Sin embargo, tenemos que decir lo mismo de la llamada “derecha”; tampoco aprende; es más, incluso es más tozuda que la “izquierda”. Ante la crisis de la “izquierda”, ahora, en pleno ingreso al siglo XXI, y el derrumbe de las formas gubernamentales clientelares, cree que esta caída avala sus posiciones recalcitrantemente conservadoras. No entiende que, mas bien, primero sus caídas, la de los gobiernos conservadores, la de los gobiernos liberales, la de las dictaduras militares, la de los gobiernos neoliberales, se debe a la ilegitimidad de sus formas gubernamentales elitistas, ilegitimidad que se manifiesta y se hace patente, cuando el pueblo sale a las calles a enfrentarlas.

La “izquierda” también llega a una crisis de legitimidad, aunque lo hace por otro rumbo; por la exacerbada demagogia, por un populismo estruendoso, pero inefectivo, por un derroche de imágenes y de ideología, sin sostén consistente en las composiciones de fuerzas y en las estructuras de poder. Entonces ambas formas de ilegitimidad tienen que ver con el manejo de poder por parte de élites, ya devengan éstas de los tradicionales conservadurismos o de las burguesías intermediarias emergentes, ya devengan éstas de los nuevos ricos que hablan a nombre del pueblo.

La “derecha”, que no ha aprendido las lecciones, quiere volver a gobernar, en algunos casos ya lo ha hecho, después de la crisis y caída de los “gobiernos progresistas”, de una manera no solo parecida a sus poses coloniales, raciales, pretendidamente “civilizadas”, ostentosamente jerárquicas y autoritarias, aunque al estilo propio, de las clases dominantes, que creen que han nacido para gobernar y enriquecerse a costa del pueblo; pueblo que debe agradecer por su existencia, la de la élite, la de la aristocracia criolla, la de la tecnocracia neoliberal. No entienden que, como se dice popularmente, los tiempos han cambiado; el pueblo no es el mismo que esquilmaron y despreciaron. Están ante un pueblo que ha aprendido a empoderarse, que sabe que la legitimidad la atribuye el pueblo, que el soberano es el pueblo. Aunque se haya equivocado apoyando a demagogos y usurpadores de las luchas sociales, sabe bien claro, donde se encuentran los amos originales, los patrones originales, los déspotas originales, a diferencia de los nuevos amos, los nuevos patrones y los nuevos déspotas, que emergen de las versiones populistas del siglo XXI.

¿Qué buscan con sus amenazas? Como en los más descarnados tiempos de la dictadura militar, despiadada con su pueblo y con los y las rebeldes, empero sumisa con los amos del mundo, sus máquinas de guerra, sus máquinas extractivistas, sus máquinas económicas. De “patriotas” sólo tienen ese apego delirante a los símbolos más generales, que se pierden en colores de la bandera o en la idea más engolosinada y abstracta de “patria” y de “nación”, cuando a la nación concreta y a la patria concreta, que radica en el pueblo y en las territorialidades, la dilapidan y destruyen, entregándola a la vorágine escandalosa de las empresas trasnacionales y del capitalismo financiero y especulativo. Militares y potentados de este estilo muestran los dientes, en pleno derrumbe de los “gobiernos progresistas”. No ven que lo que van a desatar es la movilización general, que puede derivar en la insurrección, que puede desatarse como levantamiento armado popular.

La hipocresía de las castas dominantes, históricas y herederas de la colonia, en la coyuntura presente, es que señalan como mal irradiante de la corrupción a las prácticas paralelas de los “gobiernos progresistas”, olvidando que todas sus formas gubernamentales, la de sus gobiernos, las practicaron con antelación. Además, que, en la composición de la estructura de poder de la corrupción, que encubrieron los “gobiernos progresistas”, ellos, estas castas, participaron abiertamente. Esta pose moral no se sostiene desde un principio, ni como comedia, pues no solo que se sabe quiénes estuvieron comprometidos en los dolosos comportamientos de sobornos, de prebendas, de desvíos de fondos, de traslados a cuentas privadas, sino que las mismas investigaciones lo han demostrado. Esta pose moral solo es válida para sus castas, pues el pueblo sabe de dónde viene y quienes son los actores.

¿Acaso la confianza de estas castas dominantes tradicionales, sobre todo de sus generales y estrategas, viene de cierta certeza de que el imperio los va apoyar? Incluso ante el espectro de un levantamiento popular, parecen apostar a este apoyo, como en los viejos tiempos. ¿Prefieren destrozar sus países, como ocurrió en los países árabes, donde intervino sinuosamente el imperio, en la forma de la cuarta generación de la guerra? Esta actitud no tiene que ver con el patriotismo, ni ninguna de sus versiones ideológicas, vengan de donde vengan, conservadoras, nacionalistas, socialistas; sencillamente, en términos fácticos y constitucionales es una traición a la patria. ¿No es más conveniente ponerse a dialogar, conformar diálogos de paz antes de la guerra?

La coyuntura es realmente incierta. Lo que no entienden las castas dominantes tradicionales es lo que significan las conquistas sociales, la ampliación y profundización de la democracia, aunque ésta sea formal; lo que significa ampliar los derechos sociales, generar los derechos colectivos y, mucho menos, los derechos de la naturaleza. Estas castas tienen restringida su humanidad a intervalos muy estrechos, donde conciben que humano lleva el nombre de hombre, además se lo imaginan blanco, como ellos de estirpe criolla; ampliando un poco de perfiles mestizos, empero de alcurnia. Los humanos de color no serían exactamente humanos, a no ser que sean sumisos y obedientes; la mujer es la costilla de Adán, entonces fiel esposa y respetuosa, por lo tanto, subordinada. Todo lo que entra en el denominativo de naturaleza es apenas campo de objetos o de cosas, recursos para beneficio y usufructúo del hombre; en la dimensión económica son materias primas.

Esta gente concibe la “felicidad” en el beneplácito de los halagos y reconocimientos dados en sus entornos, dados en los sistemas de signos de las castas. Por lo tanto, en los cuadros que se imaginan siempre están en el centro, como patriarcas, llevando adelante las tradiciones, las buenas costumbres, los valores aprendidos, las usanzas recibidas. En este sentido, no entra en sus cabezas la felicidad de los otros, menos la felicidad de las otras. Los otros y las otras son “felices” porque los tienen como íconos de la cultura, de la política, del “saber”, aunque este huele a moho; porque están alrededor de los patriarcas que velan por ellos. Por eso les molesta epidérmicamente ver marchas sociales, ser afectados por expresiones populares; peor aún, si son demandas, más grave cuando son interpelaciones. Cuando lo popular se hace gobierno, con todas sus contradicciones y mezclas insondables, interpretan lo que acaece como señales del apocalipsis. Esto solo puede suceder en el fin del mundo, cuando no hay orden, no hay valores, no hay jerarquías, que se respeten. Odian lo popular en todas sus formas y expresiones. Solo los más perspicaces juegan al gato pardo; se arriman al pueblo, incluso hacen gala de este acercamiento, viendo con buenos ojos estos roces, que confunden con “democracia”. Pero, estos gatos pardos son pocos, incluso pueden incursionar en política y participar de los cambios y transiciones. La mayoría de la casta es conservadoramente recalcitrante.

Sin embargo, la realidad efectiva, en la que se encuentran y en la que se despliegan y realizan como castas, es como un atado de contradicciones. Los señores de las castas tradicionales se involucran, secretamente, como en la noche, solapadamente, en lo mismo que se inmiscuyen, embarrándose, los políticos populistas; se implican en el lado oscuro de la economía y en el lado oscuro del poder. Cuando lo hacen, desprenden una especie de esquizofrenia; consideran que viven en mundos paralelos; lo que hacen lo hacen por aventura; sería como el principio de un comportamiento que busca dejar de aburrirse. Los involucrados en este juego paralelo, de manera aventurera, son también pocos; la mayoría lo hace por necesidad; la crisis de las castas, en la modernidad vertiginosa los empuja al pragmatismo más descarnado.

Habría que preguntarse: ¿qué diferencia hay entre unos y otros, entre los corruptos de las castas dominantes tradicionales y los corruptos populistas? La respuesta no está en que hacen lo mismo, pues hacen lo mismo de diferentes maneras. Los de las castas lo hacen para mantener las apariencias; requieren sostener sus altos y renombrados estilos de vida; en cambio, los populistas lo hacen porque desean lo que son las castas dominantes, quieren ser lo mismo. Creen que para ser lo mismo basta el dinero, sumas grandes de dinero.
Ahora bien, entre estos extremos del intervalo social de la corrupción, hay puntos o trazos medios; se trata de los que provienen de la mal llamada “clase media”.

Los militares devienen de ahí. En las dictaduras militares las jerarquías castrenses se involucran también en prácticas paralelas de enriquecimiento privado. Era como el cobro a su acción decidida y lapidaria por salvar a la sociedad del “comunismo”. Es más, creen que lo que hacen es más “legitimo” pues son la institución tutelar de la “patria”; concentran en la institución armada del Estado el valor simbólico de la “patria” y son la defensa indiscutible de la “nación”. El problema de esta concepción, que no llega a estructurarse como ideología, sino tan solo como conjunto de pretensiones, entra en contradicción con su quehacer, con sus prácticas y desenvolvimientos. Las dictaduras militares han servido a la geopolítica del imperialismo en plena guerra fría, entregando el país a las incursiones económicas de la hiper-potencia vencedora de la segunda guerra mundial. Esto no es “hacer patria”, como les gusta decir, sino externalizar los recursos y la soberanía a la geopolítica imperialista.
También devenidos de las “clases medias” se encuentran los políticos liberales y neoliberales. Empecemos con los segundos; bajo el manto del ajuste estructural, de requerimiento del equilibrio económico, los gobernantes neoliberales, se aprovecharon de las privatizaciones para hacerse ricos. Los liberales, que son anteriores, incursionaron en estas prácticas paralelas, tan viejas como la misma historia del poder, empero, en escalas mucho menores que los exaltados neoliberales, más jóvenes y audaces.

Estamos entonces ante una variopinta estratificación social de la corrupción, donde se incluyen los populistas y los “izquierdistas”. Ante esta gama no es sostenible ningún discurso de pretensiones moralistas, que pueda mostrarse como ejemplar. Todos están implicados. Entonces, no se trata de señalar solo a parte de esta gama variopinta de la corrupción, sino de desmontar y desmantelar toda la economía política del chantaje. Llamemos a las cosas por su nombre; no es sostenible la inculpación de la corrupción a los populistas, suponiendo que el populismo incentiva la corrupción. La corrupción es tan vieja como el poder, sus genealogías son tan largas y mutantes como las genealogías del poder. Los corruptos no solamente son populistas, tampoco solo “izquierdistas”, son también neoliberales, liberales, militares, conservadores. Entonces no juzguemos la corrupción porque es populista, desde la otra perspectiva ideológica, porque es neoliberal, u otra cosa, sino que la corrupción es eso, corrupción y que los corruptos son corruptos.

No busquemos la culpa en lo que dicen que son, en su ideología, sino en las dinámicas y funcionamientos mismos de las estructuras y formas de poder; sobre todo de ejercer el poder.

El debate de fondo no está en qué por qué Lula y no Temer, por qué Dilma y no otros implicados de la oposición congresal, sino en hasta cuándo los pueblos van a sostener las formas de reproducción del poder, sean de “derecha” o de “izquierda”, para simplificar. El acontecimiento político no puede comprenderse si se lo reduce a la figura esquemática y simplona del movimiento del péndulo; pasa de “derecha” a “izquierda”, después de “izquierda” a “derecha”. Esto es un reduccionismo harto inocente. El tema es que tanto unos como otros participan de la reproducción del circulo vicioso del poder. Entonces se trata de discutir cómo salimos del circulo vicioso del poder.

Fuente: https://www.bolpress.com/2018/04/12/las-pretensiones-del-neo-gamonalismo/

Difundamos: "Como en la lucha contra el apartheid en Sudáfrica, el movimiento BDS llama a todos los artistas y figuras culturales a respetar el bloqueo palestino, no violento y mantenerse alejado del apartheid Israel hasta que los derechos del pueblo palestino estipulados por la ONU sean respetados”.

Natalie Portman rechaza un premio de Israel por los crímenes en Gaza

22 de abril de 2018

La artista de Hollywood dijo que "los acontecimientos recientes en Israel han sido extremadamente angustiosos para ella y que no se siente cómoda participando en ningún evento público en Israel" y que "no puede con su conciencia seguir adelante con la ceremonia". El boicot contra el apartheid israelí cada día cobra mas fuerza. 
Por ANRed
Después de décadas de flagrantes violaciones de los derechos humanos contra los palestinos, la reciente masacre durante las protestas de la Marcha del Retorno que se cobro la vida, al menos, unas 40 personas asesinadas a manos de las fuerzas israelíes. El escándalo internacional de la políticas genocidas del actual gobierno de Israel ha sido globalmente rechazada incluso figuras de la cultura israelí, como Natalie Portman, consideran ahora que sería inmoral que continué la "ceremonia".
La artista ya se había movilizado el pasado 22 de enero junto a otras celebridades como Eva Longoria, Viola Davis, Alfre Woodard, Scarlett Johansson y miles de manifestantes desde Los Ángeles hasta Nueva York por la defensa de los derechos de las mujeres y en contra de las posturas del presidente Donald Trump sobre migración, aborto, y los derechos de las mujeres y la comunidad LGBT cuando se cumplía el primer aniversario de su presidencia.
El movimiento liderado por palestinos, Boicot, Desinversión y Sanciones ( BDS, por sus siglas en inglés) nominado para el Premio Nobel de la Paz por defender los derechos de los palestinos, ha estado creciendo en la corriente cultural de los últimos años. De los veintiséis nominados al Oscar en 2016, ninguno ha aceptado un viaje de propaganda israelí con todos los gastos pagos.
Hacia fines de 2017, la estrella de Nueva Zelanda, Lorde, escuchó las peticiones de los activistas de BDS y anunció la cancelación de un concierto en Tel Aviv. Luego debió soportar un hostigamiento y la difamación dirigida por el lobby israelí en los Estados Unidos. La respuesta no se hizo tardar y un centenar de artistas de Hollywood, firmaron una carta en The Guardian en la que expresaban su apoyo.
Un informe del Washington Post sobre la solidaridad que se expreso por Lorde concluyó:
"Es casi seguro que Lorde sea uno de los últimos artistas importantes en programar una cita para un concierto en Israel sin parecer haber considerado completamente las implicaciones globales. A partir de ahora ... el solo programar una fecha de concierto en Israel será considerado un acto político".
El rechazo de Portman a los honores israelíes subraya esta conclusión.
Como fue el caso en la lucha contra el apartheid en Sudáfrica, el movimiento BDS llama a todos los artistas y figuras culturales a respetar el bloqueo palestino, no violento y mantenerse alejado del apartheid Israel hasta que los derechos del pueblo palestino estipulados por la ONU sean respetados.
La Campaña Palestina para el Boicot Académico y Cultural de Israel (PACBI) se inició en 2004 para contribuir a la lucha por la libertad, la justicia y la igualdad de los palestinos. PACBI aboga por el boicot de las instituciones académicas y culturales israelíes, dada su profunda y persistente complicidad en la negación de Israel de los derechos palestinos según lo estipulado en el derecho internacional.

sábado, 21 de abril de 2018

" Nos invitan a retomar el caminar milenario por los senderos inciertos, pero hermosos, donde la reproducción de la vida más allá del Estado-capital no es una utopía, sino una práctica cotidiana y necesaria para defender la vida. ¡Por eso nos debe importar Tariquía, por eso debemos defenderla!".


Neocolonización extractivista y resistencia comunitaria en el sur de Bolivia
¿Por qué debe importarnos 
tanto Tariquía?
18 de abril de 2018

Por Pavel López y Gaya Makaran
Rebelión
Tariquía[1], en la geografía boliviana parecía un lugar recóndito, alejado de nuestras preocupaciones cotidianas, ni céntrico ni estratégico en los mapas geopolíticos del continente, y de repente emerge, gracias a la lucha de las comunidades que lo habitan, como un nuevo referente de resistencia al extractivismo y al autoritarismo estatal que pretende imponerse en nombre de un interés general, “nacional” abstracto por sobre la opinión, voluntad y autodeterminación social de quienes allá reproducen sus vidas. Los planes estatales de explotación petrolera en esta reserva natural, presentados como “necesarios”, son muy claramente concebidos en el brutal, maquiavélico y ya evidente tablero neocolonial del despojo territorial promovido por un gobierno que hace rato ya se muestra en contubernio y genuflexo ante las fauces de la actual fase de acumulación capitalista con su cara neoextractivista en la región.

Pero ¿por qué debería importarnos Tariquía, más allá de una simple solidaridad o identificación con la lucha de los/las comunarios de este territorio otrora área protegida? ¿Qué pertinencia tiene aquel puntito en las cartografías sociopolíticas de Bolivia y de América Latina?

Es que Tariquía no es la única, forma parte de una extensa red de resistencias y defensas comunitarias que tienen lugar en Bolivia y en toda Latinoamérica, resistencias ante un enemigo común que, independientemente de las banderas partidarias y los colores ideológicos, acosa a los territorios, pueblos, comunidades y formas de vida, las que, precisamente se resisten a la voracidad de la acumulación capitalista y sus proyectos de muerte.
Podríamos decir, parafraseando a Boaventura de Sousa Santos, que el colonizador retorna, montado en un buldócer, sembrando carreteras, represas y torres petroleras o desquiciadas tuberías para el fracking. Su bandera es la del “progreso”, “desarrollo” y “combate a la pobreza”, su cruz es la del capital transnacional que en alianza con el Estado arremete contra las últimas fronteras que le puso la naturaleza a la acumulación capitalista.

Esta nueva conquista, en la última década y media ha sido impulsada por los gobiernos “progresistas” o autodenominados “de izquierda”, los que en nombre del bienestar social y la soberanía nacional han emprendido proyectos de “desarrollo” y “modernización” capitalista, aunque lo que se ha evidenciado haya resultado, en la realidad de sus alcances y bestialidad de sus efectos, en “proyectos de muerte” para los territorios y para sus poblaciones y ecosistemas, en una inocultable reprimarización de modelos económicos con base extractivista, en contra principalmente de comunidades rurales y pueblos indígenas que desde los años 80 han resistido el embate neoliberal y han ido recuperando y resguardando sus territorios y sus modos de vida en un esfuerzo por su r-existencia (Porto Gonçalves) y autodeterminación social.

Este retorno del colonizador se inscribe en una larga historia de conquista y colonización de las tierras y poblaciones de América Latina, Abya Yala, que según las épocas, cambiaba de discurso legitimador, pero siempre respondía al proyecto de acumulación originaria del capital unido a la homogeneización cultural que tenía como objetivo asegurar la hegemonía plena de la empresa colonizadora. Se trata de someter la tierra y al ser humano que la habita para que sea “útil” y “productivo”; combatir lo otro y al otro como incompatible con el propósito de un monopolio epistémico planetario del capitalismo en tanto orden civilizatorio; quemar la selva “salvaje” con el fuego de la civilización, puesto que la Tierra no es madre, sino una virgen que hay que poseer, penetrar y domar violentamente; son pautas del ethos del colonizador que ha pervivido hasta nuestros días.

La colonización puede ser física y simbólica, violenta y sutil, se lleva contra los territorios y los cuerpos, contra los modos diversos de pensar el mundo y de reproducir la vida, su objetivo es su destrucción o subordinación a las lógicas “modernas” que viabilizan la acumulación del capital.

La expropiación del ser humano de su capacidad multidimensional de decidir sobre su vida en colectivo, es una característica de la esclavitud moderna, donde la libertad se vuelve ilusoria: los caminos del colonizador llevan siembre al mismo lugar, no permiten el caminar libre en la selva de senderos comunitarios, clausuran espacios, trazan los límites de líneas rectas que cortan los territorios, liquidan pensamientos, compran conciencias, imponen costumbres. Nos convencen que no hay alternativas, que hay que adaptarse o morir. El espacio-tiempo del capital pretende imponerse sobre espacios-tiempos de los pueblos y comunidades y, por supuesto, a los espacios-tiempos de la naturaleza y sus ciclos bio-reproductivos con una lógica utilitarista y racionalista que de racional tiene muy poco.

La nueva empresa colonizadora se presenta hoy, sin embargo, más ambiciosa que las de antaño, puesto que esta vez pretende expandirse más allá de sus lugares tradicionales, que en el contexto latinoamericano corresponden en gran medida con enclaves extractivistas, e imponerse de manera irreversible y definitiva, imposibilitando la disputa por el espacio-tiempo, al subsumir todo el territorio y todas las formas de vida a la lógica del capital y a su espacio-tiempo único. Esta ambición totalizadora del capitalismo actual que trasciende la dimensión meramente económica y permea todos los aspectos de la vida humana, desde la organización política, reproducción cultural, relación con la naturaleza, etc., encuentra todavía resistencias que se “empeñan” a defender sus modos particulares de vida más allá, aunque difícilmente fuera, del binomio Estado-capital, apostando por la comunidad como base de una posible autonomía social.

Estas luchas, aunque muchas veces invisibilizadas, criminalizadas y perseguidas por el aparato estatal, siguen siendo una importante señal de la vitalidad de los sujetos comunitarios y marcan al mismo tiempo los límites de la empresa extractivista.

El gobierno del Movimiento al Socialismo en Bolivia revela en este y otros tantos casos su apuesta ultra-extractivista que se caracteriza por la continuidad con varias de las apuestas del modelo neoliberal y el reforzamiento de la dependencia del capital transnacional, pero esta vez con un despliegue estatal incuestionable dirigido contra la autonomía social de aquel subsuelo político rebelde que hizo posible su arribo al poder. De hecho, el “Estado Plurinacional” en manos del masismo constituye un muro de contención y un aparato de desarticulación de las resistencias de “los de abajo”, impensable siquiera en la época neoliberal y como tal es una herramienta perfecta de dominación capitalista en servicio de las oligarquías nacionales (viejas y nuevas) y mundiales. En este sentido, la actual tendencia gubernamental/estatal también apunta re-subalternizar a los sujetos políticos autónomos, al dividir y destruir las grandes organizaciones indígenas y populares, expresión de un proyecto político propio, que tanto tiempo y con tanto esfuerzo se han ido articulando en el país. De ese modo, el gobierno del MAS como fuerza política y como fuerza monopólica estatal, a pesar de sus ambiciones de presentarse como representante del proyecto indígena-popular y de una supuesta refundación plurinacional se ubica, más bien, como una fuerza, primero de contención y cooptación, y luego de desmovilización, fragmentación y represión, cuya única ambición parece ser la “modernización” capitalista del país en base a la expansión extractivista proyectada sobre el despojo y la destrucción socioterritorial, a la vez que va acentuando cada vez más sus rasgos estadocéntricos, nacionalistas, caudillistas, patriarcales y autoritarios.
De esta manera, en nombre de un proceso “revolucionario”, hace ya tiempo desmentido y desenmascarado por la contundencia de la realidad, mediante el cual se pretendía supuestamente desactivar las formas coloniales, republicanas y capitalistas del Estado y su modo de relación con la sociedad, desde hace algún tiempo en Bolivia, como vimos, se estaría asistiendo más bien a su antítesis, al afianzar en alianza con las viejas élites el modelo del Estado-nación monopolizador, capitalista, extractivista y neocolonial, que promueve una neocolonización de espacios que históricamente fueron visto como “territorios baldíos” o de conquista, y que en las últimas décadas han venido desarrollado procesos de resistencia frente a las políticas avasalladoras del Estado-capital. Por lo que l a estrategia gubernamental estaría acaso proyectada y desplegada para pacificar a los sujetos rebeldes ya sea a través de cooptación, la fragmentación o la represión, sobre todo de sujetos sociocomunitarios y de base territorial.
En ese sentido, con el conflicto entorno a la defensa comunitaria de Tariquía queda claramente evidenciada la demanda de autodeterminación social como derecho colectivo de decidir y definir la vida en común, a partir, por un lado, de la defensa de sus formas de producción y reproducción social y económica y, por otro lado de las formas comunitarias de relación con su entorno, es decir de eco-territorialidades frente a una asonada extractiva. Nos muestra que un horizonte contra-hegemónico en Bolivia hoy se presentaría básicamente en torno a las manifestaciones de estas resistencias comunitarias, indígenas como en el caso TIPNIS, campesinas como en Tariquía, o articuladas entre ambos actores como vemos en la lucha contra el proyecto hidroeléctrico Rositas en el Chaco boliviano.

Un aspecto central de estas luchas, es que están protagonizadas de manera significativa por las mujeres que destacan por su firmeza y coraje, al posicionarse como referentes de la resistencia, más allá de sus organizaciones tradicionales, ocupando espacios hasta hace poco monopolizados por dirigentes únicamente varones, como sindicatos regionales. ¿Cómo se explica este fenómeno? Ellas mismas lo explican, evocando su papel que desempeñan como mujeres en sus comunidades: son las encargadas de reproducir la vida, de cuidar y alimentar, de asegurar el agua fresca, la leña y los alimentos que les da la naturaleza, incluidos proyectos como la apicultura en Tariquía. Ellas saben que la destrucción del bosque supondrá un peligro directo para el sustento de sus hogares, el futuro de sus hijos y sobre todo su autonomía productiva. Son justo las mujeres que primeras sufren la violencia , tanto directa como estructural del ethos colonizador, derivada del capitalismo, en sí patriarcal, que históricamente ha apuntado tanto a la subordinación de la mujer a través del despojo de los medios de reproducción de vida, de sus conocimientos y del control sobre su cuerpo[2]. Así, las mujeres de Tariquía, del TIPNIS, de Rositas y de otros tantos frentes de lucha y resistencia responden con una “digna rabia”, decididas a defender su dignidad, junto con los territorios donde sustentan y reproducen la vida, a decir de Arturo Escobar los “territorios de vida”, frente a los proyectos de muerte que asedian cada vez con más brutalidad.

¿Cuál sería el desenlace de esta tensión entre el proyecto recolonizador del MAS y las resistencias comunitarias? El escenario puede parecer negro: las históricas organizaciones indígenas quedaron fragmentadas y debilitadas, los horizontes emancipatorios estrechados o incluso borrados, los márgenes de la autonomía social se vuelven cada vez menores y la penetración simbólica y física de la modernidad capitalista, por más barroca que sea, en los espacios “otros” es considerable. Sin embargo, el gobierno del MAS, aunque quiera aparentarlo, tampoco es un buldócer arrollador invencible, y actualmente parece más bien el coloso con pies de barro, sumido en una crisis aguda, multidimensional e insostenible, desde la pérdida de legitimidad y credibilidad por las inconsistencias entre la práctica y el discurso, el descontento social por el malfuncionamiento de los servicios básicos como la educación y la salud, el hastío generalizado por los groseros niveles de la corrupción, hasta la protesta contra sus ambiciones de perpetuación en el poder del Estado y sus métodos autoritarios e impositivos que sustituyeron hace tiempo ya la negociación y el diálogo, todo esto con las simultáneas dificultades con mantener el control centralizado y discrecional de excedentes, así como la consecuente red clientelar de apoyos, ante la baja de los ingresos de los commodities.

No obstante, de la tierra quemada por el proyecto neocolonizador están brotando nuevas o, más bien, renovadas formas de resistencia comunitaria que con el tiempo podrían crecer y entretejerse para hacerle frente a este panorama gris o un horizonte poco esperanzador que se avecina. Son espinas y piedras en el camino del capital y aunque muchos vean su lucha como condenada al fracaso, allá siguen como las lianas que envuelven y penetran el motor de la locomotora capitalista, frenando cuanto pueden el galopar planetario hacia el precipicio. Nos invitan a retomar el caminar milenario por los senderos inciertos, pero hermosos, donde la reproducción de la vida más allá del Estado-capital no es una utopía, sino una práctica cotidiana y necesaria para defender la vida. ¡Por eso nos debe importar Tariquía, por eso debemos defenderla!
Notas:
[1] La Reserva Nacional de Flora y Fauna de Tariquía se encuentra en la región suroeste de Bolivia, en el departamento de Tarija que forma parte de un corredor ecológico Tariquía-Baritú. Su ecosistema corresponde a la subregión biogeográfica de bosque húmedo montañoso. Consituye una reserva natural de una notable diversidad de recursos biogenéticos y de fuentes de agua para la región. Historicamente ha enfrentado grandes amenazas provenientes principalmente del avance de la frontera agrícola, explotación maderera, la ganadería extensiva, y ahora la explotación petrolera. Está habitada comunidades campesinas dedicadas principalmente a la agricultura de subsistencia, apicultura (mujeres) y aprovechamiento sustentable del bosque. Fue declarada Reserva Natural mediante Ley 1328 en 1992 a petición explícita de sus habitantes. El gobierno de Evo Morales mediante del Decreto Supremo 2366 del 20 de mayo de 2015 legaliza la exploración y explotación de hidrocarburos en áreas protegidas del país, incluida la Reserva de Tariquía, lo que reactivó la movilización de las comunidades en defensa de este territorio. En marzo de 2018 el MAS aprobo leyes para la exploración y explotación de hidrocarburos en las áreas de San Telmo Norte, Astillero que son parte de la Reserva, a cargo de la petrolera Petrobras junto con la estatal YPFB (la inversión del proyecto sería de 700 millones de dólares y abarcaría una superficie de 21.093 ha). A esto se suma lo que el año pasado se conoció por parte de un estudio de CEDIB sobre el proyecto hidroeléctrico Cambarí, que sería construido en el núcleo de la Reserva. En abril de 2018 en el encuentro en Tarija entre el gobierno de Bolivia y los representantes de las petroleras, la empresa estatal YPFB declaró abrirse al fracking. 

[2] Véase Silvia Federici, Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria, Madrid, Traficantes de Sueños, 2010.

Pavel López es Investigador social y activista boliviano. Gaya Makaran es investigadora del CIALC UNAM.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=240523

Sabemos "que unos u otros de la curiosa casta política del mundo, a pesar de sus diferencias, se reclamen como el ejemplo y el modelo a seguir, es cómico, hace reír. Los pueblos del mundo, tanto los pueblos de la inmensa periferia de la geografía política del sistema-mundo moderno, como los pueblos del centro cambiante del sistema-mundo, tienen experiencias sociales acumuladas y memorias sociales que han guardado los tejidos de huellas de las experiencias; los pueblos saben, por lo menos intuyen que sus gobernantes, sus representantes, sus defensores, sus empresarios, son los anacronismos institucionales ateridos, persistentes, incrustados como garrapatas, a los cuerpos vitales de los pueblos".

La imagen angelical del imperio

20 de abril de 2018
Por Raúl Prada Alcoreza

La ideología es, como dijimos, la máquina imaginaria de producción fetichista; en las ideologías concretas hay peculiaridades. Algunas, las más antiguas, retrotrayendo el concepto moderno de ideología a los imaginarios religiosos, lo que no corresponde, pero, a fines de comparación sirve, se consideran escrituras sagradas; por lo tanto, la enunciación de la palabra de Dios. En consecuencia, la indiscutible verdad. Esta pretensión de verdad divina la heredaron las ideologías de la modernidad, sobre todo, las que se despliegan durante el siglo XX, a decir, de Alan Badiou, ultimatista. Si bien, la verdad moderna no se reclama de divina, se pretende la verdad histórica; por lo tanto, de la razón histórica. Pero, también hay ideologías que pretenden la verdad pragmática, ya venga ésta reclamada por medio de la investigación empírica, controlada en laboratorio o, en su caso, como verdad empírica, del sentido común, correspondiente a la experiencia individual, de familia o de grupo. El liberalismo es la otra ideología desenvuelta en la modernidad de alcance mundial, con pretensiones de verdad, aunque esta no se reclame de histórica, sino como verdad jurídica-política, como realización del Estado de derecho y de la Constitución, como verdad equivalente a la libertad; sin embargo, libertad restringida a la libertad individual, acotada en los derechos civiles y políticos. Libertad de mercado y libertad de empresa, que van asociadas al derecho inalienable de la propiedad privada y a las garantías constitucionales y estatales a la propiedad privada. Desde esta perspectiva ideológica, la libertad no es pensada como potencia, como potencia corporal y como potencia social.

Entonces el liberalismo se ha situado como verdad institucionalizada, como verdad jurídica en el Estado de derecho, que coloca a la Ley por encima del pueblo, el soberano de la república. También como verdad política, en los marcos de la democracia institucionalizada, formal y restringida, aceptada en el juego de las representaciones y delegaciones. Lo sugerente de todo esto es que determinada república, la primera república moderna, se considera como el paradigma a seguir por el resto de las democracias formales. Particularmente se les exige seguir su camino a las repúblicas flamantes del siglo XIX y a otras repúblicas que nacieron en el siglo XX. Lo llamativo es que la versión oficial o estatal de esta ideología liberal tenga una imagen angelical de sí misma. Sobresale esta narrativa fantasiosa en las difusiones de la hiper-potencia y complejo militar-economico-cientifico-tecnologico-cibernetico-comunicacional, el gendarme del imperio, del orden mundial.

Se trata de una narrativa cinematográfica, al estilo de Hollywood, que resume el guion a la confrontación entre buenos y malos; el gendarme del imperio es el bueno, en tanto que los “Estados totalitarios” son los malos; peor aún, los “Estados canallas”. Como se podrá ver esta es otra versión del darwinismo social e histórico, que clasificó a las sociedades entre salvajes, bárbaras y civilizadas. En este caso, la civilización no solo se asume como civilización moderna, sino, de manera más restringida, como el “estilo de vida americano”. La diplomacia de esta hiper-potencia ha tenido que tratar con diplomáticos de todos los países, entre ellos, de los países que llaman del “tercer mundo” o “en desarrollo”. La imagen que tienen de estos diplomáticos de los Estado-nación subalternos, considerados vasallos del imperialismo vigente, es que son unos barbaros metidos en asuntos de la élite dominante mundial, la diplomacia de carrera. Si bien es ese un discurso solapado, que sobresale en las conductas y los comportamientos, desmintiendo lo que se dice diplomáticamente, el discurso contrasta con los actos intervencionistas del imperialismo, a lo largo de las historias políticas de la modernidad. Estas actuaciones tendrían que ser calificadas de bárbaras, desde la perspectiva del Estado de derecho y desde los derechos de las naciones y Estados en el contexto internacional. Sin embargo, se cierra los ojos ante la evidencia descomunal de la violencia imperial; se prefiere tener como referente la imagen angelical que tiene de sí mismo el imperio.

El discurso dominante en la diplomacia de la hiper-potencia tiene sus acompañantes, que repiten la misma narrativa en versiones nacionales, en los países de la inmensa periferia del sistema-mundo capitalista. Los medios de comunicación han sido los mecanismos de difusión de esta narrativa cinematográfica y siguen siendolo; hay también periodistas y comunicadores que se encargan de hacerlo, aunque lo hagan de manera más sutil. Al difundir la información del testimonio de diplomáticos norteamericanos sobre su experiencia en países donde cumplieron funciones, lo hacen como si se tratara de una “fuente objetiva” y no de una fuente viciada por prejuicios ideológicos. Esta condescendencia se hace más notoria cuando el mismo testimonio confiesa, en otras palabras, no de manera directa, la intervención militar de su país en un Estado-nación soberano. Una intervención militar es eso, una intervención que viola la soberanía del Estado agredido, que vulnera el derecho internacional, que corrompe a militares del país afectado y ejecuta su intervención al estilo de comandos especializados. Un caso paradigmático es lo que ocurrió en Bolivia, a fines del primer quinquenio del siglo XXI.

Este delito, el de intervención militar a un Estado-nación por parte de la hiper-potencia, si bien ha sido denunciado, no se la inculpado y procesado en los Tribunales internacionales competentes, ni se ha denunciado como corresponde en Naciones Unidas. Lo que se ha hecho es una persecución política a todo sospechoso o indilgado de sospecha de estar comprometido en el robo y desarme de misiles. En términos constitucionales, lo que han hecho los implicados nacionales es traición a la patria; lo que ha hecho la hiper-potencia es cometer un delito flagrante contra un Estado-soberano, interviniendo militarmente, aunque sea de manera secreta. Todo esto, además a nombre de “lucha contra el terrorismo”. Los misiles no estaban en manos de “terroristas” sino del ejército del Estado-nación; en todo el caso el terrorismo lo cometió el comando “Rambo” de la hiper-potencia.
La imagen angelical del imperio contrasta con su pragmatismo político, militar, económico. El contraste se hace notorio en la llamada “guerra contra el terrorismo”, también en la llamada “lucha contra el narcotráfico”.

La “guerra contra el terrorismo”, declarada en el gobierno del presidente George W. Busch, ha sido una excusa para intervenir Irak, un país que no estaba involucrado en el atentado del 11 de septiembre de 2001; una excusa para establecer un “Estado de excepción” encubierto en el propio país. La “guerra contra el terrorismo” ha derivado en conformar organizaciones fundamentalistas, que desatan la “guerra santa” en el Medio Oriente y en otras latitudes, ocasionando la destrucción de otros países, cuyos Estados eran considerados “peligrosos”, pues no seguían la línea del establishment internacional. La “lucha contra el narcotráfico” ha servido y es útil para contener, controlar y desviar el segundo o primer negocio más grande del mundo. Entre otras cosas, además de blanquear en el propio país dominante el magnífico flujo dinerario, entre otras cosas, para armar a grupos insurgentes en contra de gobiernos “socialistas” en Centro América.

¿De qué se habla cuando se usa en el discurso la distinción entre “coca tradicional” y “coca ilegal” o “coca excedentaria”? ¿De que la “coca excedentaria” va directamente al narcotráfico, como se dice explícitamente en el discurso? ¿Este es el problema de fondo? La economía política del chantaje, donde se encuentra la economía política de la cocaína, es decir, el lado oscuro de la economía-mundo, es complementaria del lado luminoso e institucional de la economía-mundo. El ingreso a la dominancia del capitalismo financiero y especulativo, en el ciclo largo del capitalismo vigente, ha ocasionado no sólo la expansión del lado oscuro de la economía, sino que ésta haya atravesado las mallas institucionales y empresariales del lado luminoso de la economía. Lo que hace este discurso, relativo a la imagen angelical del imperio, es mostrarse como el bueno de la película, ocultando las evidencias de las concomitancias del imperio no solo con el lado oscuro de la economía sino con el lado oscuro del poder.

En todo caso, el testimonio del diplomático norteamericano es revelador de a donde alcanza la intervención y la influencia de la hiper-potencia. No solo en lo que respecta a su capacidad para montar y efectivizar una intervención militar secreta, sino también en lo que respecta a la influencia e incidencia que tiene la misma embajada de la hiper-potencia en relación a personajes de la política boliviana. Se pueden catalogar sus intervenciones como consultivas, en unos casos, que, al mismo tiempo, connotan consultas a la embajada norteamericana; en otros, incluso de disuasivas, adelantando la reacción del Departamento de Estado y de la Casa Blanca al Respecto. En otros casos, es patente la definición y delimitación política, además de su accionar respecto a determinados temas problemáticos; uno, es el que tiene que ver con el narcotráfico; otro, tiene que ver con la relación del Estado boliviano con los gobiernos de Hugo Chávez de Venezuela y Fidel Castro, primero, Raúl Castro, después, de Cuba. Como se puede ver la embajada establece el rayado de la cancha, como se dice y, a partir de este rayado, busca incidir, influir, llegar a acuerdos o, por último, dejar en claro la diferencia de posiciones.

Todo esto es ilustrativo, no sólo en lo que respecta a la imagen angelical que tiene el imperio sobre sí mismo, sino, particularmente, al accionar de la extensa malla diplomática que la hiper-potencia despliega por el mundo. De todas maneras, la interpretación del testimonio diplomático tiene que ser contextuado en el momento, en el presente, concretamente en la coyuntura o coyunturas mundial, regional y nacional. La república de Estados Unidos de Norte América experimenta una fase problemática, para decirlo suavemente, en la historia política de la democracia formal americana, implantada desde la independencia y promulgación de la Constitución. Haciendo un resumen de lo que expusimos en otros ensayos, a propósito, se hacen patentes los problemas de legitimidad de la república. La llegada a la presidencia de Donald Trump muestra la crisis inmanente de la república, crisis manifestada abiertamente, es decir, de manera trascendente, durante la guerra de Secesión; crisis sumergida después de esta guerra; crisis inmanente que se hace parcialmente o tibiamente patente durante la guerra del Vietnam; y, que ahora, reaparece con rasgos que marcan cierta trascendencia.

Es como si hubiera dos Estados Unidos de Norte América; uno, que recuerda el acto constitutivo harringtoniano, de perfil utópico; el otro, que se remonta a la actitud colonial y racial de las oleadas conquistadoras de peregrinos. Durante la guerra de Secesión se enfrentan estos dos momentos constitutivos diferentes; la victoria del Norte equivale a la consolidación de la república, del Estado Federal, de la Constitución liberal y de la democracia institucionalizada. Sin embargo, al parecer, las heridas que dejó la guerra no se cerraron, tampoco se clausuraron las concepciones de mundo que se enfrentaron en la guerra. El racismo es como un hábito en parte de la población norteamericana; así como los hábitos liberales se manifiestan en la otra parte de la población. La crisis inmanente se ha venido manejando y controlando con la alternancia partidaria entre demócratas y republicanos; sin embargo, desde las presidencias de los Busch, padre e hijo, se ha venido desgastando y haciéndose patente su incrementada ineficacia, sobre todo, en lo que respecta a lograr legitimidad.

Trump llega a la presidencia pugnando con la élite del partido republicano; convoca no solamente a sectores de base descontentos republicanos, sino incluso demócratas descontentos con el partido demócrata terminan votando por Trump. Parte de la clase trabajadora, amenazada por el fantasma del desempleo, vota por Trump, incluso quizás muchos desempleados. Sectores nacionalistas lo hicieron, así como los sectores más recalcitrantes conservadores y cierta “clase media” acomodada, que buscó un hombre fuerte, ante la visión de partidos debilitados y con convocatorias disminuidas y rutinarias. Por lo menos, la crisis institucional de los partidos le abrió el camino a la presidencia, sin hablar todavía de la crisis de legitimidad que se enuncia en el régimen liberal, en su etapa decadente.

Presentarse como el paradigma de la “democracia” ante el mundo es, por cierto, la pose de la gendarmería del imperio. Presentarse como la cara angelical del orden mundial es como presentar un cuento de hadas en una feria de novelas. Los cuentos de hadas no solamente están dirigidos a los niños, sino que buscan mediante una pedagogía inocente y esquemas morales, restringidos hasta la caricatura, educar sobre los valores morales. La novela, desde lo que define como la primera novela Michel Foucault, El Quijote de la Mancha, corresponde a las narrativas del anti-héroe y de las tramas que interpretan los dramas de la modernidad.

Hay pues un desajuste grande y un anacronismo visible en esta pretensión de aparecer como ángel en una supuesta guerra cósmica entre ángeles y demonios, cuando se trata de guerras modernas fratricidas, empujadas por las geopolíticas de las potencias imperialistas, después, como guerras policiales para preservar el orden mundial. Los hombres no son ni ángeles ni demonios, son cuerpos donde se inscriben las historias políticas y dejan sus huellas los diagramas del poder. Forman parte de dramas singulares, tramas singulares, tejidos singulares entrelazando hilados, compositores de combinaciones contradictorias y hasta explosivas. Los hombres son mónadas en los vendavales de la dramática. Para comprender lo que pasa en las coyunturas y contextos, que trata de describir la historia política, que trata de explicar el análisis político, es menester situarse en los planos y espesores de intensidad de estas dramáticas. Lo más lejos de una comprensión es esta narrativa del ángel en lucha contra demonios.

No hablemos de la hiper-potencia, que dejó la figura del imperialismo, como serpiente que cambia de piel, al finalizar la guerra del Vietnam, al ser derrotada por un país guerrero de la periferia del sistema-mundo capitalista. Ahora es el gendarme del imperio, del orden mundial de las dominaciones de la civilización moderna, en su fase decadente. Hablemos de los hombres que supuestamente la dirigen o, por lo menos creen que lo hacen, sin darse cuenta que son simples fichas en la rechinante maquinaria de los diagramas de poder, las cartografías políticas, los mapas económicos, del sistema-mundo moderno. No controlan el mundo efectivo, diremos, aunque tenga más alcance que la connotación conceptual de mundo, la realidad, sinónimo de complejidad; lo que controlan o parecen controlar es el mundo de las representaciones, el mundo representado, es decir, el mundo imaginario de sus narrativas maniqueas.

El mundo efectivo los desborda, desborda a sus máquinas de poder, a sus máquinas de guerra, a sus máquinas económicas. Por eso, lo que planean, sobre todo, con los juegos de poder de sus geopolíticas, de sus conspiraciones, de sus intervenciones ocultas de servicios secretos, que se autonombran eufemísticamente de “inteligencia”, no les sale, pues los efectos masivos que provocan son incontrolables.

Hay que entender, a estas alturas de las historias políticas de la modernidad, que las formaciones ideológicas, las formas de Estado, las formas de gubernamentalidad, ya sean liberales o socialistas, ya sea neoliberales o “progresistas”, son las formas mutantes de las administraciones públicas de la acumulación originaria y ampliada de capital. Resolvieron, a su modo, a su estilo, los problemas que enfrentó la economía-mundo y el sistema-mundo capitalista en sus distintas etapas de acumulación, en los distintos contextos y en las diferentes coyunturas. Que los liberales se reclamen de “demócratas” es otra de sus poses, pues su “democracia” es restringida, acotada, usurpada al pueblo, diferida y transferida a los representantes, delegados y gobernantes. Que los “socialistas” se reclamen de portadores de la justicia social es también una pose; no puede realizarse la justicia social sin su substrato y, a la vez, complementariedad, que es la libertad. Que los neoliberales se reclamen de eficientes y competentes, es una pose, por así decirlo, posmoderna; ni fueron ni lo uno ni lo otro, salvo si se entiende que fueron eficientes en desentenderse y privatizar, externalizándolas, de las reservas naturales, de las empresas públicas, del ahorro de los trabajadores, de la salud y de la educación.

El procedimiento de vaciamiento es eficaz en su demoledora destrucción social. Que los “progresistas” se reclamen de algo tan barroco como el “socialismo del siglo XXI” no es exactamente una pose, sino una confesión de su desorientación en el laberintico presente, donde “izquierda” y “derecha” se confunden para hacer lo mismo, continuar con el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente.

A estas alturas del partido, como dice el refrán popular, que unos u otros de la curiosa casta política del mundo, a pesar de sus diferencias, se reclamen como el ejemplo y el modelo a seguir, es cómico, hace reír. Los pueblos del mundo, tanto los pueblos de la inmensa periferia de la geografía política del sistema-mundo moderno, como los pueblos del centro cambiante del sistema-mundo, tienen experiencias sociales acumuladas y memorias sociales que han guardado los tejidos de huellas de las experiencias; los pueblos saben, por lo menos intuyen que sus gobernantes, sus representantes, sus defensores, sus empresarios, son los anacronismos institucionales ateridos, persistentes, incrustados como garrapatas, a los cuerpos vitales de los pueblos. ¿Cuándo los pueblos se liberarán de estos anacronismos y darán rienda suelta a sus potencias sociales, a la potencia creativa de la vida?

Fuente: https://www.bolpress.com/2018/04/20/la-imagen-angelical-del-imperio/